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AVANCE TRANSVERSAL: RETROCESO DE LA IZQUIERDA

AVANCE TRANSVERSAL: RETROCESO DE LA IZQUIERDA

Jorge GARCÍA-CONTELL

 

  La revista Arbil publicaba en su número 92, de mayo de 2005, el artículo “Nosotros, la izquierda”, cuyo título encerraba una deliberada provocación y al tiempo lanzaba un desafío al lector para que se atreviera a desechar la terminología política en uso, todavía, pero a todas luces trasnochada.

  Señalábamos entonces que los movimientos llamados “terceristas” intuyeron premonitoriamente la necesidad de aunar cuanto de valioso existía en las corrientes ideológicas convencionales con el propósito, ambicioso como ninguno, de acometer el doble empeño de regeneración nacional y transformación del orden social. La voluntad de ayer se ve hoy reforzada por una evidencia que nadie cuestiona: la desaparición de la izquierda y la derecha, al menos como tendencias políticas identificables, para ser no tanto sustituidas cuanto vaciadas de todo contenido real. Lo bien cierto es que el inconformismo - síntoma inequívoco de vitalidad espiritual - que en el siglo XX rechazó la escisión forzosa en bloques antagónicos, da vida en el siglo XXI a un fenómeno nuevo y pujante: los movimientos transversales. Variopintos por definición pero todos ellos arraigados con firmeza en un puñado de principios, diferentes según los casos, y asidos al espíritu y la tradición de sus respectivas naciones. En el plano institucional son transgresores, hasta la insolencia en ocasiones. Irreverentes con los dogmas liberales, la mayoría de ellos sorprenden por su osadía al proponer reformas sociales heterodoxas en la era del apogeo capitalista. La eclosión en toda Europa de este tipo de movimientos ha seguido en casi todos los casos una misma sucesión de etapas: inicialmente se les silencia y oculta por el resto de partidos y la prensa, con unanimidad que cuestiona el supuesto pluralismo político e informativo de las “sociedades avanzadas”. Cuando comienzan a crecer y ganan parcelas de representación ciudadana son descalificados, habitualmente con escasa originalidad, desde los medios de comunicación mientras que la clase política se niega a reconocer a los molestos advenedizos, no ya como interlocutores, siquiera como representantes de la soberanía nacional. Finalmente, en aquellos países donde sus avances electorales son más destacados, acaban siendo forzosamente admitidos en las labores de gobierno. De momento, como socios menores en coalición pero su historia es muy reciente y se prevé prolongada en el tiempo, por lo cual previsiblemente no tardaremos en ver uno de estos partidos al frente de un gobierno nacional.

 

  Señalemos aquí una acusada paradoja en la identidad política de las fuerzas transversales y la percepción que de ella acusan sus votantes. Estos partidos rehúsan ser homologados con la izquierda o la derecha clásicas, pero cada vez que políticos y periodistas se refieren al austriaco FPÖ, al francés FN o al búlgaro ATAKA anteponen el adjetivo “ultraderechista” a sus siglas, con evidente intención no de calificar el sustantivo, sino de descalificar el sujeto. ¿Imagina alguien que el Partido Socialista, invariablemente, fuese motejado como “pseudoizquierdista del sector caviar”? Así y todo, en la mayoría de los casos, la concentración geográfica del voto arroja un dato concluyente: las fuerzas transversales de nuevo cuño pescan sus votos en los caladeros tradicionales de la izquierda y de la abstención y apenas, en proporción residual, consiguen hacerse con votantes de la derecha. Como paradigma de esta regla, recuérdese la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas de 2002, en las que el candidato socialista quedó relegado al tercer puesto por el Front National. Y todo ello muy a pesar de las campañas mediáticas de origen diverso que, al referirse a dichos partidos, inciden en sus aspectos programáticos más fácilmente identificables con postulados conservadores: identidad nacional, defensa de los valores tradicionales y apoyo a la institución familiar. Aunque así lo parezca, no estamos ante un caso de masoquismo electoral, ni tampoco puede hablarse con propiedad de sufragio esquizofrénico.

 

  Cuando una fuerza política opta por la transversalidad en su definición y, lo que es crucial, en sus propuestas programáticas y en su actividad cotidiana, está eligiendo el más tortuoso camino para transitar por la política. No tendría sentido que así obrara si no estuviera guiada por un riguroso propósito de ofrecer algo auténticamente distinto de lo que ya existe en el abanico electoral. Si así es, sus postulados habrán de alejarse nítidamente del espacio donde hoy se confunden izquierdas y derechas. Llame cada cual como prefiera a esa vasta confluencia: nuevo orden mundial, globalización, “one world”, etc. Al margen de la terminología, lo indubitable es que el sistema socioeconómico vigente genera damnificados en número creciente y ya abultado y, a poco que nos detengamos a considerar los hechos, es más sencillo encontrar a estos damnificados entre la izquierda sociológica que entre las capas sociales conservadoras:

  1. En la década de 1980 sufrimos en España el desmantelamiento de la siderurgia, la minería y la flota pesquera. Hoy el proceso se repite a escala continental, bajo el rótulo de “deslocalización” y abarca todos los sectores industriales. Quienes primera y directamente lo sufren son los trabajadores que pierden su empleo y entre ellos predominan los votantes de izquierda. Cuando los partidos transversales acusan a las empresas transnacionales de estar arruinando nuestro tejido productivo esos votantes de izquierda son los primeros que asienten.
  2. En línea con lo anterior, ni a liberales ni a progresistas se les ocurrirá cuestionar cómo se permitió el ingreso de China en el exquisito club del libre mercado conocido como Organización Mundial del Comercio. Lo cierto es que desde entonces las manufacturas chinas, de bajo precio e igual calidad, inundan los comercios de Europa y amenazan la supervivencia de la industria textil, del calzado, juguetera y del mueble, entre otras. Cuando los partidos transversales claman contra la alianza internacional entre el capitalismo y el mandarinato comunista ganan respaldo entre los trabajadores de esos sectores productivos que asisten inermes a la conquista china de la producción, distribución y comercialización mundiales.
  3. Si la inmigración masiva y descontrolada colapsa los servicios públicos singularmente la sanidad, las consecuencias las sufrirán sus usuarios pero no los tomadores de pólizas de seguros médicos privados. Si esa misma inmigración toma al asalto las instalaciones deportivas municipales, se apropia de ellas y extorsiona a los chicos españoles alquilándoselas por horas, los socios de clubes deportivos privados no se inquietarán en exceso. Si un aluvión de mano de obra poco cualificada y también poco exigente inunda la construcción, la agricultura y la hostelería, se angustiarán los trabajadores locales, forzados a elegir entre el desempleo o la competencia a la baja en condiciones laborales africanas, pero no sus empleadores. Si la delincuencia y la inseguridad convierten en inhabitables grandes zonas de nuestras ciudades – teniendo presente que en España el 70% de los delitos son perpetrados por extranjeros – es claro que los españoles que residen en esos barrios son las principales víctimas y precisamente en esos núcleos se concentra hasta hoy el grueso del voto de izquierdas. Nadie, absolutamente nadie salvo los partidos transversales, cuestiona hoy los flujos migratorios indiscriminados y el falso mito de la multiculturalidad que definitivamente se ha consumido en las hogueras de la revuelta islámica en Francia.
  4. En España los votantes conservadores no parecen muy preocupados por el agravio comparativo que suponen las ayudas estatales a la natalidad vigentes en Bélgica, Francia o Alemania y las ridículas limosnas que se conceden en España. Posiblemente no se inmutan porque los matrimonios españoles, de izquierdas y de derechas, son los menos prolíficos del mundo pero en los países citados única y exclusivamente los partidos transversales se muestran escandalizados ante la multiplicación de magrebíes, tan polígamos como ociosos, que sangran mensualmente el erario público. En Bélgica, Francia o Alemania este hecho indigna más a los nacionales que en verdad necesitan esas ayudas y solivianta mucho menos a quienes pueden perfectamente prescindir de ellas.

 

  Hasta aquí, sucintamente, algunas de los hechos que demuestran cómo el progresismo, domesticado y seducido por el nuevo orden mundial, está relajando la guardia en su fortaleza electoral mientras que extramuros asedia un nuevo ejército. Se dan las condiciones óptimas para el avance de las opciones transversales en los feudos tradicionales de la izquierda, hoy ya muerta por suicidio ideológico.

SOBRE LA CANDIDATURA TURCA A LA UNIÓN EUROPEA

SOBRE LA CANDIDATURA TURCA A LA UNIÓN EUROPEA

Vittorio MESSORI

 

  Una mirada a la Historia

 

  Se discute si aceptar o no la candidatura de ingreso a la Unión Europea de Turquía. Confieso que, en general, esta nuestra Unión no me ha apasionado nunca particularmente, reservo sentimientos y emociones a otras realidades, diversas de esa mezcla de intereses económicos a menudo egoístas o corporativos de burocracias farragosas y muy pagadas, de hipocresías políticamente correctas, aquella mezcla, por lo tanto, de cartas y funcionarios que se mueve entre Bruselas y Estrasburgo. Entonces, no me acaloraré demasiado ni siquiera por las cosas turcas de las que se debate y se debatirá. Tampoco esta vez haré lo que nunca he hecho y nunca haré: firmar, a saber, manifiestos indignados, o participar en ruidosas manifestaciones de protesta.

  Me limito a decirme desconcertado (por usar un eufemismo) al ver tomada en serio –y quizá, al final, aceptada– la petición de entrar en Europa por parte de aquella anti-Europa por excelencia que, históricamente, ha sido el ex-imperio otomano. Sólo por una invención geográfico-política la actual Turquía es considerada como parte del Viejo Continente, teniendo la soberanía de la región en torno a Estambul. Pero precisamente este jirón de tierra es el testigo de una de las más grandes tragedias europeas: desde 1453, Constantinopla, la Nueva Roma, la tercera ciudad santa de la cristiandad, fue conquistada por los turcos que la hicieron musulmana con la fuerza, que la hicieron, durante siglos, tanto su capital política como religiosa para todo el Islam, como sede del califato, que han transformado en mezquita (y después en museo) la venerada basílica de Santa Sofía y, con ella, centenares de otras iglesias, que las han cambiado incluso el nombre. ¿Qué se diría de nosotros, cristianos, siempre bajo acusación y siempre dispuestos a pedir perdón por aquellas incursiones defensivas que fueron las cruzadas (y Jerusalén, para nosotros, era precisamente algo distinto que Constantinopla para los musulmanes), si hubiésemos hecho, y continuásemos haciendo impunemente lo mismo en Bagdad, en Damasco o –y el parangón no es impropio– en la misma Meca?

 

  Son aquellos mismos turcos que, durante siglos, han oprimido, desangrado, martirizado a Grecia, los Balcanes, una vasta parte de Europa oriental, y que se han retirado alrededor del Bósforo sólo a causa de una serie sangrienta de guerras y de revueltas. Son aquellos turcos que, durante siglos y siglos, impidieron la navegación y desolaron las riberas del Mediterráneo con sus incursiones piratas: una de las causas del bajo desarrollo del sur de nuestro continente fue precisamente la necesidad de abandonar las costas, en continuo peligro, retirándose al interior, sobre montañas intransitables e inhóspitas. Son aquellos turcos que, hasta casi la mitad del siglo XIX, arrancaban cada año un niño a cada familia cristiana, lo hacían musulmán fanático y le hacían un soldado del Islam en el cuerpo de élite de los Jenízaros: una de las salidas militares más perversas, porque daba a los sultanes la satisfacción de masacrar a los bautizados sirviéndose de guerreros despiadados que eran sus mismos hijos.

 

  El genocidio armenio

 

  Extraña organización, esta Unión Europea que discute seriamente sobre la petición de Turquía de entrar a formar parte de ella y que, también, en 1999 ha reconocido oficialmente como genocidio el asesinato, entre 1915 y 1917, de al menos un millón y medio de cristianos armenios precisamente a mano de los turcos. Mientras otros centenares de millares fueron masacrados en los años precedentes. El reconocimiento de aquella tragedia aterradora por parte de Europa y algunos Estados nacionales ha sido tardío, y fue contestado ásperamente por los Gobiernos otomanos que se han sucedido hasta hoy.

  Los Estados Unidos no quieren todavía oír hablar de genocidio armenio (el Presidente Clinton mismo intervino para bloquear una iniciativa del Senado), porque cuentan con Turquía como aliado fiel en Oriente Medio. Pero también porque, en los Estados Unidos, ha intervenido el potente lobby hebreo que defiende ásperamente el monopolio de la palabra genocidio que, se sostiene, debe ser reservado sólo a la persecución nazi de los hebreos. La Shoah, como la llaman, debe ser considerada única, todas las demás persecuciones no tienen el mismo significado inconmensurable y la misma intensidad de dolor. Esto no lo decimos nosotros: no nos lo permitiremos nunca. Lo dice un hebreo, hijo de un superviviente al exterminio, Norman Finkelstein, del que la editorial Rizzoli acaba de publicar ese informe escandaloso que es La industria del Holocausto, con el subtítulo La explotación del sufrimiento de los hebreos (por parte de otros hebreos). Escribe, entre otras cosas, Finkelstein:

  «La defensa hebrea de la unicidad del Holocausto es indigna desde un punto de vista moral, y terminará constituyendo una especie de terrorismo intelectual; sin embargo persiste. El punto es entender el porqué. En primer lugar, un sufrimiento único confiere derechos únicos. El mal único del Holocausto pone a los hebreos en un plano diverso respecto a los demás, y les concede una reivindicación respecto a todos estos otros. Para Edward Alexander, la unicidad del Holocausto es un capital moral, y los hebreos deben reivindicar la soberanía de este patrimonio precioso. En efecto, la unicidad del Holocausto sirve a Israel como coartada…» Y así sucesivamente, en un crescendo implacable de acusaciones. Palabras duras, como se ve, que a ninguno que no fuese hebreo como este estudioso le estaría permitido hoy decir.

  Finkelstein recuerda que, en Israel y, en general, en el mundo hebreo, «hacer mención de un genocidio de los armenios (o de los gitanos, o de cualquier otro grupo humano fuera de los israelitas) es tabú, es denunciando de inmediato como un intento innoble de banalizar el Holocausto». Por ejemplo, Elie Wiesel (Premio Nobel, pero para Finkelstein supremo profesional de la explotación de la Shoah con, entre otras cosas, un caché de 25.000 dólares y una limusina con conductor por cada conferencia sobre Auschwitz), y las organización hebreas más importantes, se retiraron de un congreso internacional sobre el genocidio en Tel Aviv, e hicieron presiones para que el encuentro fracasase, visto que sus organizadores, «resistiendo a las advertencias del Gobierno israelí, habían incluido algunas secciones dedicadas al caso armenio». Observa también este hebreo políticamente incorrecto que, en el gigantesco Holocaust Memorial de Washington, financiado y gestionado por el Gobierno Federal, se ha eliminado prácticamente cualquier referencia a los armenios, así como a los gitanos que, sin embargo, con más de medio millón de víctimas a mano de los nazis, tuvieron en proporción pérdidas más altas que los israelitas. «Pero –escribe siempre Finkelstein– reconocer el genocidio de los gitanos, en el mismo período y con los mismos culpables, habría implicado la caída de la exclusiva del Holocausto, con una pérdida sobresaliente de capital moral».

  Así –añade el escritor–, mientras cada año, en todos los 50 Estados de la Unión norteamericana, se celebra el Día de la Memoria del Holocausto, «los del lobby hebreo del Congreso impidieron la institución de una jornada de recuerdo del genocidio armenio», amén del gitano. En un reciente, muy informado y sereno estudio de la Civiltà Cattolica precisamente sobre las resistencias que encuentra hoy el esfuerzo para no perder la memoria de la terrible masacre perpetrada por los turcos, se les califica de muy impresionados porque el ministro israelí Simon Peres, en una visita a Ankara, «ha definido sin sentido las peticiones de los armenios, que pretenden el uso de los términos holocausto y genocidio también para su millón y medio de muertos, sobre una población total, presente entonces en Turquía, de dos millones y cien mil personas». Peres, en una entrevista, ha corroborado: «La del pueblo armenio ha sido una tragedia, no un genocidio». No nos olvidemos que, al menos hasta ahora (aunque las recientes elecciones, con la victoria del partido islámico, mandan mensajes inquietantes), Turquía ha sido para Israel el único aliado en el mundo musulmán y el proveedor de mucho de lo que sirve para mantener su ejército tan preparado.

 

  En realidad, puesto que, según la misma definición de las Naciones Unidas, «genocidio es el exterminio de un grupo nacional, étnico o religioso», pocas veces el término es adecuado como en el caso de Armenia. Lo reconoció también Juan Pablo II en su visita en su visita a finales del año 2001, donde no vaciló en hablar de un pueblo mártir por su fe. El objetivo pretendido (alcanzado: no hay armenios en las provincias turcas donde eran, o mayoría, o minoría particularmente numerosa) fue la supresión total, con una masacre masiva que cancelara hasta el recuerdo de la más que bimilenaria presencia armenia en aquel territorio, que llegó a ser de los turcos otomanos, llegados como intrusos e invasores, sólo a partir del siglo XIV. Lo que los turcos se propusieron, antes y durante la Gran Guerra, fue precisamente y explícitamente una solución final.

 

  Para un creyente, el pueblo armenio no es uno cualquiera como tantos otros: aquí nace –en 301, por lo tanto incluso antes de las leyes de tolerancia constantinianas– el primer reino cristiano de la Historia. Aquí, en tierras abruptas y de fronteras (sacudidas, entre otras cosas, de continuos terremotos), esta gente supo permanecer fiel bajo las agresiones y las dominaciones brutales de otras innumerables culturas y religiones. En particular, continuó pacientemente firme en su fe, como una piña en su Iglesia (que para muchos armenios fue la católica), también durante los siglos en los que a los turcos otomanos tuvo que pagar el duro tributo de dhimmi, sometida, y aceptando las humillaciones usuales para todos los bautizados bajo la opresión islámica. De los sultanes de Estambul obtiene, de hecho, el título de comunidad más fiel: en efecto, con tal de ser dejada en paz para vivir como cristiana, daba a aquel César con turbante lo que pretendía, sin quejarse mucho y sin buscar rebelarse.

  El Gran Mal (como los armenios llaman a su holocausto) comenzó con la crisis del Imperio otomano y el surgir, por compensación, del nacionalismo turco, frente al que, por parte cristiana, se trató de reaccionar. Algunos partidos, de inspiración socialista y condenados por la Iglesia, recurrieron también al terrorismo. Así, entre 1894 y 1896, una serie de matanzas ordenadas por Estambul llevó a un primer exterminio de 300.000 armenios y a millares de conversiones forzosas al Islam. Pero el genocidio verdadero y claro será consumado por los Jóvenes Turcos, partido nacionalista y racista que pretendía proceder a una verdadera y propia limpieza étnica. En 1909, se hizo una atroz prueba general, con el exterminio de 30.000 armenios de la Cilicia, bajo la mirada indiferente de las potencias sedicentes cristianas, comprometidas en un juego político entre Turquía y Rusia. Como en casos precedentes, la Iglesia católica fue la única que levantó la voz para denunciar y protestar, con documentos, medidas diplomáticas y artículos oficiosos en la Civiltà Cattolica.

 

  Al estallar la guerra, en 1914, Turquía, aliada de alemanes y austro-húngaros, sufrió una derrota en el frente caucásico, donde los armenios siempre han sido de casa, en absoluta mayoría. La ocasión es propicia para liberarse finalmente del problema. Mientras los soldados armenios en el ejército otomano son todos desarmados, usados como bestias de carga hasta el agotamiento de las fuerzas y después fusilados, para el millón y doscientos mil de los otros armenios en el Cáucaso llegó de Estambul la orden de deportación al remoto desierto asiático. Ocurrieron después hechos aterradores: el que no fue matado por las bayonetas, la fatiga, o por los golpes, encontró la muerte por el hambre, la sed, la postración en la meta, donde en realidad no hay más que arena. Al final de la guerra, ya no hay armenios en el Cáucaso: el exterminio, allí, terminó con más de un millón de muertos; los pocos supervivientes, o huyeron hacia Rusia, o pasaron a engrosar la ya notable diáspora. Quedan otros, además, en las zonas occidentales de la península de Anatolia: de éstos se ocupará Kemal, el héroe nacional, llamado Ataturk o padre los turcos, con nuevas matanzas y con la cancelación de la sentencia de la inmediata posguerra, con la que el Estado otomano, reconociendo la terrible matanza, había condenado a muerte a los políticos que fueron responsables de ella. Desde entonces, hablar de genocidio armenio está oficialmente prohibido en Turquía: una negación contra toda evidencia que, como hemos visto, cuenta con poderosos apoyos también en el exterior. Mientras tanto, los eurócratas discuten si aceptar o no bajo la bandera azul con doce estrellas a aquellos que ciertamente no son personalmente culpables, pero que hasta ahora no han querido reconocer todo lo que hicieron sus padres.

"JOSÉ ANTONIO, ESE DESCONOCIDO" (Antonio Gibello)

"JOSÉ ANTONIO, ESE DESCONOCIDO" (Antonio Gibello)

Primo SIENA

 

  Una de las biografías más interesantes del fundador de Falange Española, se debe a la acuciosa investigación del madrileño Antonio Gibello García que la publicó en 1985 dedicándola “a cuantos españoles, falangistas o no, creen en la dignidad del hombre, en la justicia y en la Patria”. Se trata, pues, de una biografía que ya desde el título - José Antonio, ese desconocido – está cargada de un intenso valor simbólico.

 

  “Desconocido” – según el Diccionario español de Sinónimos y Antónimos de Federico C. Sainz de Robles – además de “ignorado” y “olvidado” significa sin embargo: “misterioso” e “incógnito”; términos que me parecen ajustarse perfectamente a la figura deslumbrante de  José Antonio Primo de Rivera.
  Rubén Darío consideraba “misterioso” al visionario quien sabe encontrar mayores misterios en lo común de la vida que en el reino de la fantasía, y por estar consciente que el mayor enigma está en el propio Hombre, ese misterioso visionario participa del profundo misterio humano.
  En el cálculo matemático, “incógnito” es el término ignoto que debe ser descubierto y valorado.
  José Antonio Primo de Rivera es desconocido en ese doble sentido: misterioso cuando capta el significado del  microcosmos humano, definiendo al hombre como un conjunto de cuerpo y alma, portador de valores universales y capaz, por lo tanto, de un destino eterno; y es incógnito en cuanto término humano ignoto de una ecuación política todavía por resolver y valorar.
  La ecuación política joséantoniana resultó de difícil resolución ya en su inquieto amanecer en la España invertebrada de los años treinta del Siglo Veinte. En efecto, desde un principio, José Antonio desconcertó tanto a los derechistas como a los mismos seguidores de su padre al sostener, en 1933 frente al Parlamento, que la dictadura cívico-militar del general Miguel Primo de Rivera – a pesar de sus nobles intenciones y del admirable sacrificio de quien la encarnó  - “fracasó trágica y grandemente porque no supo realizar su obra revolucionaria”. Y el desconcierto abarcó los círculos del nacionalismo burgués y patriotero de entonces, cuando el jefe nacional de Falange Española negó de ser nacionalista por considerar que “el nacionalismo es el individualismo de los pueblos”: pura sandez, en su opinión, porque quiere “implantar los resortes espirituales más hondos sobre una mera circunstancia física” cual es un territorio nacional con sus pueblos,  peculiaridades y tradiciones.
  A ese nacionalismo romántico – hijo directo de la utopía de Rousseau sobre la bondad del hombre corrompido por la civilización – él, con la inspiración del poeta, se atrevía a contraponer la concepción clásica de la patria que clava sus puntales no en lo sensible, sino en lo intelegible.Y esa patria – “empresa común en lo universal” – tendida sin peso ni volumen “hacia el ámbito eterno donde los números cantan su canción exacta”,  es la traducción moderna del providencialismo escatológico cristiano que Donoso Cortés y Menéndez y Pelayo consideraban ya en el siglo XIX  la conditio sine qua non para la necesaria renovatio de España.

 

  Por esa patria española – que fue concreta encarnación de Imperio, antes de ser la evocación poética de una ineludible integración histórica en su destino providencial – iban a caer asesinados, a los pocos meses de fundada la Falange, decenas de sus jóvenes militantes; la muerte de los cuales despertaba la reprobable ironía de encarnizados adversarios y escépticos espectadores, quienes criticaban a José Antonio porque  “mandaba a morir a sus muchachos para vender las utopías de Platón en veinte centavos”. Reproche éste, que hacía referencia al hecho de que la mayoría de los jóvenes militantes ofrendaban sus vidas para  divulgar en las calles la prensa del movimiento falangista.
  En la España caduca de los años treinta, resultaba muy difícil entender por qué muchos jóvenes – después de haber dejado los “sembrajos” de la izquierda y de la derecha parlamentarias – habían vestido, con heroico sentido de milicia, una camisa azul bordada en rojo “exactamente encima de la diana alborotada del corazón” por un yugo y un haz de cinco flechas: simbólica insignia de la España imperial de los Reyes Católicos.
  Más aun, resultaba casi incomprensible que los falangistas reclamaran el pan de la justicia para las masas españolas olvidadas en remotas tierras, declarando a la vez su firme rechazo al socialismo incapaz de restablecer la paz social, rota por el pésimo funcionamiento de los regímenes liberales y descarriándose  además hacia la interpretación materialista de la vida y de la historia.
No era fácil entenderlos, porque esos jóvenes representaban aquel quid  “incógnito” y  “misterioso” que envolvía a la Falange y a su Jefe; quien había alcanzado la jefatura del movimiento más por una designación del destino que por aspiración personal.

 

  En realidad José Antonio, en el momento de comprometerse en la política militante, había confesado que podía servir para todo, "menos para caudillo fascista" porque estaba convencido que "ser caudillo tiene algo de profeta, necesita una dosis de fe, de entusiasmo y de cólera"; y él si bien tenía una dosis de fe y entusiasmo pensaba no compartir nada con el profeta inspirado. Sin embargo profetizará su mismo destino en 1935, observando que al producirse la degeneración histórica de las instituciones tutelares de una nación, el único recurso que queda es una  nueva simiente histórica, habiendo la antigua ya agotado toda su fecundidad. Pero al mismo tiempo se preguntará quién podría ser el sembrador de las semillas nuevas.
  Su interrogación quedó como flotando en el aire, hasta el amanecer de un trágico  20 de noviembre de 1936, cuando el sembrador elegido por el destino fecundará la tierra exhausta de España con su propia sangre para propiciar la cosecha nueva de los tiempos futuros. En aquel amanecer, el sembrador salido desde los surcos de la historia finalmente tendrá un rostro y un nombre: José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia.
  El 20 de noviembre de 1936, el Jefe nacional de Falange enfrenta estoicamente su destino de muerte, pero no sin haber intentado alejarlo de sí, luchando con fiereza e inteligencia en contra del espíritu de venganza de un pseudo “tribunal del pueblo” (porque no es algo fácil aceptar un destino de muerte a los treinta y tres años de vida), y sin arriar un milímetro el oriflama de su dignidad personal y política.
  En esa trágica conclusión de su vida, se renueva – en otro sentido – el rito emblemático por medio del cual en tiempos protohistóricos se refrendaba con la sangre el valor trascendente del poder de los Reyes.
Según nos relata James O. Frazer en su célebre “Rama de Oro”,  los símbolos del poder recobran valor al matar ritualmente al Rey cuando declinaba su fuerza y carisma; pero en el caso de José Antonio, el sacrificio ritual se cumple matando no a un Rey agotado, sino a quien era, por su vigor juvenil,  la expresión potencial del nuevo poder del mañana.
Aquí la misteriosa vocación de José Antonio – incidiendo con el misterio del rito sangriento – nos desvela la “incógnita” de su destino: el destino del profeta que debía anunciar a España y a Europa un mensaje  que hasta ahora  por muchas razones ha quedado incumplido.
  José Antonio ha sido tal vez – especialmente en el exterior de España – considerado un “fascista”; y a mi parecer indebidamente. Digo indebidamente, y no porque él mismo,  en una conversación circunstancial, aclaró que Falange Española no era un movimiento fascista, y que – a pesar de tener con el fascismo italiano algunas coincidencias en puntos esenciales de valor universal – iba perfilándose cada día con caracteres peculiares propios.

 

  José Antonio no pudo ser fascista, como no lo fueron – a pesar de todo – los mismos secuaces  de  Mussolini en Italia; y eso por la sencilla razón  - según mi opinión – que si bien existió el “mussolinismo”  (en el mismo modo en que existió el “franquismo” en España), pues el fascismo italiano hasta el 1945 nunca existió por sí mismo, por paradójica  y osada que pueda parecer esta afirmación.
  El “mussolinismo” (esto es: el fascismo mussoliniano) fue un fenómeno “cesariano”.¡Ahora bien!, las creaciones del César moderno no tienen vida y perfil propio hasta que perdura la vida del propio César que domina y ensombrece a su propia criatura, de tal manera que su proyecto doctrinal y político puede tentar la suerte de una vida autónoma sólo después de la muerte del padre; es decir: en un contexto ajeno a la dictadura cesariana. Por lo tanto en los tiempos modernos, las doctrinas y las expresiones políticas expresadas por el cesarismo coincidieron con la voluntad del dictador, justamente en un sentido físico tal, que todo fatalmente terminó cuando se acabó la vida misma del César.
  Fue así como los varios fascismos que brotaron en Europa a lo largo de la primera mitad del siglo veinte, fueron en realidad formas diferentes de “cesarismo” carismático (según la nota definición de Spengler) que intentaron con distintos matices encauzar - entre  los diques autoritarios de las “dictaduras soberanas”-  la crisis sociopolítica de Occidente, agotándose con la vida misma del dictador.
  El caso del comunismo me parece distinto, con la sola excepción del comunismo anómalo cubano encarnado por Fidel Castro: mezcla folklórica de caudillismo tropical y de estalinismo. El comunismo ortodoxo es una empresa política colectiva y burocrática guiada por la entidad impersonal del partido – moderno Minotauro enmascarado – que domina totalitariamente individuos, sociedad y Estado. Por lo tanto la dictadura colectiva comunista logró sobrevivir en cierta medida a la muerte misma de sus fundadores, hasta acabar por la implosión del mismo sistema colectivista, erosionado por sus internas contradicciones sociopolíticas y existenciales.
  ¡Ahora bien! Su trágico destino evitó a José Antonio los riesgos eventuales del cesarismo; y privándolo del premio del poder, le evitó además el desgaste que la realidad del mando impone con frecuencia a la esperanza cuando vuelca su vigor imaginativo en la dureza de la experiencia. Así que no sabemos como habría podido ser el falangismo con José Antonio en el poder. Podemos sólo imaginar con los ojos esperanzados que intentan adivinar las eventualidades de la historia.
  En ese aspecto, José Antonio Primo de Rivera continúa siendo “ese desconocido” que puede llenar todavía los sueños de una política restituida a la pureza del sentido heroico de la vida y por medio de los cuales quisiéramos aliviar las amarguras y decepciones de un presente  algo inestable y sombrío.

DEL 20-D AL 11-M, UNA HISTORIA DE FALACIAS Y ENCUBRIMIENTOS

DEL 20-D AL 11-M, UNA HISTORIA DE FALACIAS Y ENCUBRIMIENTOS

Ismael MEDINA

 

  Ayer tarde compré "23-F. La verdad", de Francisco Medina. Un libro escrito con garbo periodístico cuya lectura concluí cuando ya amanecía. Más que de la verdad habría que hablar de las medias verdades autojustificativas o de las falsedades encubridoras de la mayoría de los entrevistados, incluidas las insinuaciones, más que revelaciones, de los dos misteriosos informadores con los que comió en Toledo y con las que cierra el libro. La verdad queda soterrada. No destapada. Francisco Medina deja a la iniciativa del lector que obtenga sus propias conclusiones, si bien le marca hábilmente el camino para identificar al "elefante blanco" de la acción institucional. Juan Pla atribuye a "algunos" esa cualificación. Pero le recuerdo, y no por vanidad, que fui yo quien la acuñó desde mi espacio en "El Alcázar" y la he mantenido desde entonces hasta hoy, cada vez con mayores motivos para aseverarlo.

 

  Acción institucional fue en su origen y en su desenlace el 23-F, pues desde espacios institucionales bien definidos se montó la operación y desde parejos espacios institucionales se desmontó. Guardo en mi biblioteca todos los libros que se han escrito sobre la acción institucional del 23 de febrero de 1981, incluidos aquellos tres primeros de urgencia, escritos al dictado del coronel Calderón para desviar la atención sobre su personal implicación, la cual deja bastante clara Francisco Medina, y de la verdadera y nada reducida "trama civil", integrada por un influyente sector empresarial. De todos estos libros considero los más atendibles los de Juan Blanco ("23-F: Crónica fiel de un golpe anunciado", Ed. FN) y Ricardo Pardo Zancada ("23-F. La pieza que falta", Ed. Plaza Janés).

  Este mediodía del 23 de febrero, mientras tomaba el aperitivo en un bar de barrio, he asistido, en el espacio televisivo de la Quintana, a la disputa entre Francisco Medina y el locoide Miguel Ángel Aguilar, empecinado siempre en imponer su sectario criterio, se trate de lo que se trate. Fui el único en interesarme por el sonido y la imagen de la caja tonta. La casi docena de clientes y el dueño del establecimiento conversaban sobre sus asuntos y ninguno de ellos se interesaba por las versiones de lo que sucedió ese mismos día, hace 25 años. Un aniversario inflado artificialmente por los medios, aireando algunos como revelaciones lo que era de sobra conocido. También el Congreso de los Diputados ha encendido las candelas retrospectivas para ratificar su homenaje a Juan Carlos I como "salvador de la democracia", pretensión abortada por ERC. Sería más consecuente hablar, a mi parecer, de salvador de sí mismo y de la monarquía. Y de rechazo, de un sistema pseudemocrático a cuyos más bajos escalones degenerativos asistimos como consecuencia del golpe de Estado encubierto montado sobre la matanza el 11 de marzo.

 

  El esfuerzo rememorativo a que asistimos no sólo persigue convertir en mito democrático el desenlace del 23-F y en hacer ostentación de valor aquellos mismos que, dentro y fuera del Congreso, demostraron su cobardía. También, y sobre todo, enterrar responsabilidades y traiciones de lo alto a lo bajo. El 23-F no fue un hecho político aislable de un proceso que encadena crímenes, desmanes y conspiraciones causalmente ligados entre sí e inseparables del proceso de corrupción de un sistema que nació aquejado de poliomelitis institucional. He abordado en Vistazo a la Prensa el análisis de algunos de esos eslabones y suscitado en el Foro un prolijo debate sobre los mismos al que quienes participaron en ellos aportaron datos esclarecedores. Desde entonces se han incorporado a Vistazo miles de lectores, algunos de los cuales piden información que desconocen. Presumo que les interesará un recordatorio esquemático de los mismos.

 

EL MAGNICIDIO DEL 20 DE DICIEMBRE de 1973

 

  Los problemas de salud de Franco y la proximidad de su muerte extremaron la pugna entre los implicados en la reforma hacia la democracia convencional que el Caudillo había trazado, fieles al heredero que había designado. Frente a éstos se situaban los partidarios de la ruptura, de los que la Junta Democrática era su centro de actuación, a los que don Juan de Borbón y Battenberg facilitaba el juego, en pugna con su hijo para ocupar el trono. Estos últimos consideraban a Carrero Blanco un obstáculo a remover, según escribió Rafael Calvo Serer ("¿Hacia la III República Española? En defensa de la Monarquía democrática". Ed. Plaza Janés).

  El compromiso de Carrero con Franco no era, como todavía se sostiene, perpetuar el franquismo, sino garantizar un progresivo proceso de marcha hacia la democracia de partidos mediante sucesivas reformas de las Leyes Fundamentales, uno de cuyos objetivos era la confirmación de su sucesor como rey de España. Remover a Carrero no sólo suponía para los rupturistas bloquear la presunta continuidad del franquismo. También impedir la sucesión en la persona del Príncipe de España, postular la candidatura de su padre y, con la aceptación de éste, promover un referéndum para que los españoles se decidieran entre monarquía y república, convencidos de que sería ésta última la que ganaría por goleada. Desconocían que Carrero Blanco, aún más monárquico que Franco, había entregado al Príncipe de España una carta de dimisión sin fecha tras ser nombrado presidente del Gobierno. Franco lo supo tardíamente a través de sus servicios de información y acaso fuera el origen de su enigmática frase "no hay mal que por bien no venga", contenida en su discurso de condolencia por la muerte de Carrero.

  Los impulsores del atentado contra el presidente del gobierno fueron doce políticos, entre ellos miembros de la Junta Democrática, reunidos en un chalé de Aravaca. Uno de éstos trasladó la iniciativa al grupo comunista que preparaba el atentado de la calle del Correo. De allí, a través de un joven militante de la Liga Comunista Revolucionaria, se pasó el recado a ETA. Es posible que con el beneplácito del secretariado del PCUS para los partidos comunistas en los países no comunistas al que ambas organizaciones pertenecían. El grupo de los cuatro desarrolló el aparato logístico de respaldo a la cuadrilla de ETA encargada de materializar el atentado. Está relatado con minuciosidad por Genoveva Forest Tarrat, mujer de Alfonso Sastre, ambos componentes del grupo que dispuso el atentado de la calle del Correo. Pero se han ocultado datos esenciales para un mejor entendimiento de aquella conspiración. Me refiero a los aportados por González-Mata, en un tiempo jefe de estancia de la CIA en España, en "Les vrais maitres du monde" (Ed. Grasset & Fasquelle, 1979), nunca traducido y editado en España.

  De acuerdo con las revelaciones de González-Mata las muy precisas informaciones de la CIA sobre los preparativos del atentado, así como los avisos de los jesuitas y de la Embajada de Italia, fueron bloqueadas a determinados niveles de los servicios de seguridad del Estado, lo que hace suponer que también del lado de la operación reformista existía la conveniencia de provocar con la muerte de Carrero un clima aprovechable de tensión. Ante la inutilidad de los avisos, el mando superior de la CIA resolvió que sus agentes facilitaran el atentado, una vez que a nuestras instituciones no parecía importarles la muerte de su presidente de gobierno y ésta convenía a sus previsiones políticas para democratizar España una vez que Franco desapareciera. Fue así como un mercenario especializado en los más sofisticados ingenios explosivos, el mismo que terminó con la vida de lord Mountbatten, introdujo por Torrejón dos minas de última generación y las colocó sobre la parrilla dispuesta por ETA. Me refiero a Johny Maxwell, más conocido con el apodo de El Afortunado, que habitualmente residió en Panamá.

  La investigación policial y la indagatoria judicial habían progresado mucho y estaban a punto de descubrir todo el pastel cuando, tras el referéndum sobre la Ley de Reforma Política, fueron legalizados los partidos políticos y estos constituyeron el Congreso de los Diputados. Uno de los objetivos principales de la inmediata ley de amnistía fue el archivo de la causa del magnicidio y la ocultación para siempre de quienes fueron los inductores. También, por supuesto, del conexo atentado de la calle del Correo, en cuya investigación se habían encontrado relaciones institucionales con el PCE clandestino en el registro de la casa en que se ocultaba Sánchez Montero.

 

EL ATENTADO DE LA CALLE DE ATOCHA TAPADERA EMOCIONAL DE LA LEGALIZACION DEL PCE

 

  La legalización del PCE era un compromiso que venía de lejos y en el que se involucraron personajes de la confianza del Príncipe de España como el general Díez Alegría y Nicolás Franco Pascual de Pobill. El problema para Adolfo Suárez, para Gutiérrez Mellado, para Rodolfo Martín Villa y para el entorno más directo de éstos residía en la cerrada oposición de los cuadros de mando de las Fuerzas Armadas y en el peligro de que su reacción derivara en la liquidación del transacionismo democratizador. Era necesario un respaldo emocional susceptible de dotar de cobertura política y social a la pactada inserción del PCE en el entramado institucional del Estado. La proporcionó el atentado contra el despacho de abogados de Comisiones Obreras en la calle de Atocha.

  Agentes del SECED, infiltrados en entre los incautos y apasionados miembros de Fuerza Joven, se dieron a la recluta de los más propicios para una sangrienta operación de la que fueron mero instrumento encubridor. Los agentes del SECED apodados Barco y Barber se entrevistaron dos días antes con el cabecilla del grupo en la cafetería Dólar. Barco, por cierto, estuvo destinado en la comandancia de la Guardia Civil de Valencia, a las órdenes del general Prieto, y fue el que interfirió los avisos de un sargento de la Benemérita, situado en París, de que se preparaba un atentado contra el almirante Carrero Blanco.

 

  El entierro de los asesinados se convirtió en una multitudinaria y bien organizada manifestación fúnebre, no sólo de la izquierda, en la que se apoyó Suárez para sancionar definitivamente la "democratización" del PCE, operación en la que tanto empeño puso Martín Villa para que Carrillo viniera a España. Y de coartada para presionar a los altos mandos militares con el argumento de que una reacción extemporánea podría conducir a enfrentamientos guerracivilistas.

  La investigación policial sustrajo a la indagatoria judicial datos relevantes de los que cito los más llamativos:

  * En el despacho de abogados se debía celebrar a esa hora una reunión preparatoria de dirigentes comunistas para preparar una huelga destinada a ejercer presión conducente a la aceptación plena del PCE en el nuevo régimen partitocrático.

  * Una hora antes del atentado dichos dirigentes recibieron un telegrama avisándoles de que la reunión quedaba suspendida. Pero lejos de irse a sus casas, aguardaron en una cafetería cercana. Y debió ser uno de ellos el que sacó del despacho de abogados los tres millones de pesetas destinados a financiar la huelga.

  * Los impactos de los disparos en la pared y en los cuerpos de los muertos y los heridos superaban holgadamente en número los que podían hacerse con las pistolas, habida cuenta, además, de que uno de los agresores se abstuvo de hacerlo. Los impactos de la pared fueron rápidamente tapados

  * Detrás de aquellos a los que se imputaron los disparos se encontraron once casquillos con marca en caracteres cirílicos del calibre utilizado por las metralletas Ingram, Pero su existencia no apareció en el sumario. Años más tarde fue tomada en Italia a un terrorista de aquella nacionalidad, vinculado al atentado de la calle de Atocha, una metralleta Ingram cuyo número estaba registrado entre las de dotación del ya en ese momento CESID.

  * Una tarde me visitaron en casa los padres de uno de los encausados. Habían leído mis artículos sobre el atentado y venían a pedirme que insistiera en mis argumentos pues así ayudaría a su hijo y a que se conociera la verdad. Les dije que sólo podría avanzar en la investigación si su hijo me concedía una entrevista en la cárcel y me confiaba lo que conocía de la preparación y de lo que realmente sucedió. Días más tarde volvieron cariacontecidos. La iniciativa había irritado al hijo, quien les exigió de manera abrupta que se abstuvieran del cualquier iniciativa en su favor.

 

EL ATENTADO DEL HOTEL CORONA DE ARAGÓN LO COMETIÓ ETA

 

  El gobierno Suárez, bajo la dirección del vicepresidente Gutiérrez Mellado, realizó un esfuerzo desmesurado para ocultar que ETA había cometido el atentado del Hotel Corona de Aragón, el cual pudo costar la vida la viuda de Franco y a alguno de sus allegados. Fuera por cuenta propia o fuera por inducción, como en el magnicidio del 20 de diciembre de 1973, ETA escogió el escenario y la fecha con indudable sentido estratégico si lo que pretendía era extremar la tensión militar y civil, ya acentuada por la sangrienta reiteración de sus atentados. Y estuvo a punto de conseguirlo, al menos en Zaragoza. Era lo que temía el gobierno, empavorecido por el riesgo de que una salida de los cadetes de la Academia General Militar prendiera una mecha difícil de atajar. Gutiérrez Mellado se aplicó con ahínco en tres direcciones, sobre todo: bloquear la comunicación con el exterior a los cadetes y a los familiares presentes para que no conocieran la existencia del atentado hasta después de concluida la ceremonia de entrega de despachos; falsear la existencia del atentado atribuyéndolo a un incendio procedente de la churrera de la cafetería ubicada en el semisótano; y silenciar a toda costa la autoría de ETA, tarea esta última a la que se aplicó el gobernador civil, al que luego se premiaría con la subsecretaría de Interior. Laína consiguió que no se publicara la llamada de ETA a la prensa zaragozana atribuyéndose la autoría. Y el gobierno de que no trascendiera en España la reivindicación hecha posteriormente por ETA a Radio Bayona. Al propio tiempo se proporcionaba a los medios material insistente para consolidar en la opinión pública y en lo ambientes castrenses la especie del incendio de la churrera.

  Estuve tres veces n Zaragoza para investigar lo sucedido. En todas esas ocasiones visité el Hotel Corona de Aragón acompañado por el jefe del Servicio de Higiene y Seguridad en el Trabajo, cuyos técnicos habían investigado a fondo las causas del siniestro. El informe no dejaba lugar a dudas: la explosión se había producido en el vestíbulo del hotel, generando en torno a las 2.000 calorías y propagando el fuego escaleras abajo hacia la churrera de la cafetería. Lo evidenciaban, por ejemplo, que el lugar más afectado era el centro del vestíbulo, junto a la columna en que fue depositado el ingenio explosivo, y que un sofá estaba quemado por delante, pero no por la trasera, cercana a una rejilla de aireación que habría de ser la afectada a tenor de la teoría oficial de la churrera. Mantuve asimismo una larga entrevista con el juez instructor que, pese a los intentos de que asumiera la tesis gubernamental, concluyó que el incendio se debió a "causas exógenas". En definitiva, a un atentado. También al magistrado se le ocultó que ETA había asumido la autoría. Sobre lo recogido en mis visitas a Zaragoza escribí detallados informes en "El Alcázar", el último de ellos con un largo número de incisivas preguntas al gobierno que nunca tuvieron respuesta.

  El gobierno interfirió por todos los medios a su alcance, que eran muchos, el recorrido judicial hasta llegar al Tribunal Supremo que años más tarde hubo de reconocer la existencia de "causas exógenas" en el origen del incendio, sin precisar que se trataba de un atentado atribuible a ETA.

  Se pudo concretar que en el hotel pernoctaron tres jóvenes que se registraron con nombres falsos. Un empleado vio salir del hotel a dos de ellos muy poco antes de la explosión, dejando en el vestíbulo una bolsa de mano. No se les pudo encontrar o no se los quiso buscar. Entre los muertos hubo uno cuya cadáver quedó sin identificar y nunca fue reclamado. Llama poderosamente la atención, de otra parte, la laxitud de las medidas de seguridad en torno al hotel y en su interior cuando eran frecuentes los sangrientos atentados de ETA y en él se alojaban la viuda del anterior Jefe del Estado, varios de sus familiares y numerosos mandos militares, algunos de ellos de indudable notoriedad.

  A los familiares de las víctimas, en particular las militares, se les trató de compensar y acallar mediante diversos arbitrios. Pero se cumplió el objetivo predeterminado de que muertos y heridos no fueron víctimas de ETA, motivo por el cual no se contabilizaron como víctimas del terrorismo. Una infame elusión que no corrigieron los gobiernos posteriores. Una sistemática conjura de ocultación similar a la que se reprodujo con el atentado del monte Oiz y con la matanza del 11 de marzo. Ahora, tras una larguísima pelea jurídica, ha conseguido uno de los heridos que se le reconozca una indemnización. Pero no como víctima de ETA, sino de un genérico atentado.

 

EL AVIÓN "ALHAMBRA DE GRANADA" FUE DERRIBADO

 

  No sólo traigo a colación estos atentados, insisto, por mor de su sórdido trasfondo político y lo que encierran de perverso ocultamiento gubernamental. También algunos lectores que no vivieron aquellos acontecimientos han solicitado en el Foro información acerca los mismos, en particular el del monte Oiz a raíz de un esclarecedor artículo de Oscar Molina sobre seguridad aérea en el que aludía al siniestro del avión "Alambra de Granada". También lo investigué y resumo los datos más sobresalientes del atentado.

 

  El vuelo anterior de Iberia con destino a Bilbao fue suspendido a causa de una amenaza de atentado. No obstante se dio la salida a primera hora de la mañana al "Alhambra de Granada" en el que viajaba el ex ministro López Bravo, entonces alto directivo bancario. Tenían reservado billete en ese vuelo Francisco Fernández Ordóñez y un notorio diputado socialista cuyo nombre se resiste ahora la memoria a facilitarme. Poco antes de la salida del avión cancelaron el viaje. Habían recibido una llamada desde Barcelona advirtiéndoles que si tomaban el avión corrían peligro sus vidas. La llamada la hizo un exgobernador de Guipúzcoa que había mantenido contactos con ETA a través de una periodista de la que se decía era su amante. No avisó, sin embargo, a su compañera de bufete en Madrid, cuyo marido viajaba en ese avión, pilotado por un irreductible patriota, frecuentemente denigrado, el comandante José Luís Patino, al que cuadraba políticamente atribuirle una irregularidad en el acercamiento al aeropuerto, a despecho su bien ganada fama de concienzudo y avezado profesional.

  La investigación técnica demostró que el "Alhambra de Granada" iba ya en caída libre cuando tropezó con la antena instalada en el monte Oiz. Una anciana casera declaró que vio caer el avión tras una llamarada antes de alcanzar la antena. Uno de los motores fue encontrado a distancia de dicho monte, aproximadamente a la altura de donde la anciana dijo que entró en caída al tiempo de la llamarada. El motor fue entregado aceleradamente al Mossad para su análisis y nunca se ha sabido más de él.

  No se tomó la precaución, como es habitual, de cerrar de inmediato la zona del siniestro a curiosos o interesados que bien pudieron arramblar con piezas vitales para la investigación. Se ocultó con presteza que la Guardia Civil encontró un artilugio lanzagranadas en un altozano próximo a la línea habitual de descenso de los aviones con destino a Bilbao.

  ¿A qué pasajero o pasajeros pretendían los inductores del atentado sellar la boca con la muerte? Es la pregunta clave que a nadie interesó desentrañar. ¿Acaso la de Gregorio López Bravo? Un amigo que conversaba frecuentemente con López Bravo me dijo que en las dos últimas reuniones lo encontró muy decepcionado ante el desarrollo de los acontecimientos políticos en España y le insinuó que estaba dispuesto a sacar a la luz graves secretos que conocía. ¿Acaso lo sabía alguien importante al que las eventuales revelaciones del ex ministro podían afectarle? El periódico "Ya" comenzó a publicar unos reportajes sobre el caso en los que se recogían algunos de los datos antes anotados y algunos más. El tercero, harto más explícito, no vio la luz. Fue secuestrado. Así me lo confesó su autor, no periodista, con el que había intercambiado información.

 

LA ACCIÓN INSTITUCIONAL DEL 23 DE FEBRERO DE 1981

 

  Creyeron los transaccionistas hacia la democracia partitocrática que, además de cerrar las indagatorias judiciales a las que ya he aludido, la precipitada amnistía, de la que se beneficiaron conocidos terroristas etarras en prisión, así como la recuperación del Estatuto de Vascongadas, daría sobrada satisfacción a los cabecillas de ETA y al PNV, de cuyo seno nació la banda. Pero les equivocó su antifranquismo, recién estrenado en muchos casos. ETA se dio en adelante con criminal fruición al asesinato de militares, guardias civiles, policías, políticos y paisanos de diverso rango. La tensión crecía dentro y fuera de las Fuerzas Armadas, acentuada por el secuestro de las víctimas y su entierro subrepticio, todo ello a instancia del vicepresidente Gutiérrez Mellado, en el que Suárez, un trepador nato, había depositado su plena confianza para estos y otros indignos menesteres. Suárez llegó a creer que su intimidad con el monarca le garantizaba la continuidad sine die en el poder. No llegó a calibrar que trataba con un Borbón para el que era sólo un instrumento con fecha de caducidad.

  Conviene recordar que el Club de Bilderberg, en cuyas listas aparece ahora la reina Sofía, celebró una reunión extraordinaria en el Hotel Son Vida de Palma de Mallorca, en septiembre de 1975, bajo la presidencia el general Haig, para tratar exclusivamente de España y Portugal. Se acordó que el tránsito a la democracia tras la muerte de Franco, una vez accedido don Juan Carlos al trono, debía encomendarse a "hombres nuevos". No por carecer de antecedentes franquistas sino por pertenecer en su mayoría a la generación del rey, objeto de un libro esclarecedor de José Luís Navas. Todavía siendo Príncipe de España recibía discretamente en el Palacio de la Zarzuela a muchos de los que asumirían el transaccionismo democratizador, entre ellos a Felipe González, cabecilla del llamado "socialismo del interior", creado por el SECED a instancias de Carrero Blanco, para disponer de un PSOE doméstico frente al histórico en el exilio. Y subrayo que se trataba de reuniones discretas y no secretas por cuanto los servicios de información tenían enterado a Franco de tales visiteos.

  Ya desde aquellos años estaba persuadido el actual monarca de que para consolidar la monarquía precisaba que, una vez apuntalada la democracia por un gobierno centrista, que debía encabezar Adolfo Suárez, quien tan variados servicios le había prestado, era conveniente un gobierno socialista, a ejemplo de lo que ocurría en Suecia, que tenía por modelo. Se imponía una alternancia en el gobierno similar a la de dos mandatos, habitual en los USA. La ocasión para cumplir ese proyecto se consolidó a lo largo de 1980. Comenzaron en el seno de UCD, las conspiraciones contra Suárez. UCD era en realidad una ocasional amalgama de pequeños partidos de variado pelaje doctrinario, más que ideológico, muy propicio para su voladura interna. Y la ocasión llegó con el Congreso de UCD a celebrar el mes de enero en Mallorca. Suárez se vio traicionado por aquellos en quienes más confiaba, al tiempo que el monarca le forzaba a dimitir. Pero Suárez no se resignaba y con la esperanza de retornar algún día al poder contraopó con la designación de Leopoldo Calvo Sotelo como sucesor, aún a sabiendas de que su osada maniobra era anticonstitucional. El monarca parecía persuadido de que la desaparición de Suárez aflojaría la ya insoportable tensión militar y civil y de que contribuiría a conseguirlo un gobierno socialista manejable a causa de la previsible mayoría relativa en el parlamento. Las amigables relaciones mantenidas con Felipe González desde hacía años contribuían sin duda a fortalecer esa presunción. La operación estaba avalada desde los USA. El poder real establecido en torno a la presidencia norteamericana contaba con varios hombres de su confianza en la dirección del PSOE que le garantizaban la disponibilidad de Felipe González para que España se incorporase a la OTAN sin que afectara a lo acuerdos bilaterales firmados en tiempos de Franco y a la permanencia de sus bases militares.

  La operación de la alternancia se vio seriamente condicionada, sin embargo, por las agudas tensiones que se registraban entre los mandos militares, en cuyos cuartos de banderas circulaban con profusión escritos contra el gobierno y el sistema, algunos de los cuales recogí en mi libro "España indefensa". El malestar por la legalización del PCE, la irrupción altanera de Santiago Carrillo, el temor a la quiebra de la unidad de España implícita en el Estado de las Autonomías y los constantes atentados del bandolerismo etarra se habían exacerbado. Y tanto el gobierno como el monarca conocieron que un grupo de coroneles, que contaban con el apoyo implícito de una amplio sector de la oficialidad, preparaba un golpe de Estado de corte nasserista. Cundió la alarma y poco a poco fue fraguando el proyecto de un contragolpe que lo anulara. Sobre el proyecto de un "golpe de timón", a imitación del que llevó a De Gaulle al poder, trabajaban desde hacía meses adictos a la monarquía. Francisco Medina identifica en su libro a Luís María Ansón como uno de sus más entusiastas promotores.

  Tampoco se daba descanso en parecida línea el general Armada, al que el monarca había retirado su confianza, cansado de que su antiguo preceptor le diera lecciones y criticara algunos de sus comportamientos. Lo sustituyó por Sabino Fernández Campo y lo alejó a un puesto de mando en Lérida. Surgió así un enfrentamiento entre ambos que influyó no poco en el desenlace de la acción institucional del 23 de febrero de 1981, cuyo primer objetivo radicaba en congelar el golpe de los coroneles disidentes. A dicho propósito obedecieron las reuniones que el teniente general Milans del Bosch mantuvo con sus representantes para anunciarles la existencia de una acción institucional encabezada por los generales y auspiciada por el rey que satisfaría sus exigencias. Los coroneles cayeron en la trampa y debieron pensar: "Que se mojen los generales".

  El golpe tipo De Gaulle preveía un gobierno de concentración bajo el mando de un militar de prestigio y de la confianza del monarca entre cuyas misiones figuraba la reforma de la Constitución. Un proyecto que coincidía con el que había trabajado asiduamente el general Armada con el concurso de profesores y periodistas y al que se debían sus encuentros en Lérida con dirigentes socialistas. En este sentido enviaba informes al monarca. La decisión de éste de forzar el nombramiento de Armada como segundo de Gabeiras tropezó con la resistencia de Gutiérrez Mellado, entre otros, y no parece que fuera del agrado de Sabino Fernández Campo, quien consciente de la gravedad de la situación acaso se sintiera postergado. Se produjo así una duplicidad que se haría patente el 23 de febrero en el palacio de la Zarcuela. La confianza del rey estaba depositada en Armada y en Sabino la de la reina. El golpe de los coroneles en Grecia y el posterior fracaso de la torpe intentona del todavía rey Constantino hicieron mella en doña Sofía y le crearon un consistente recelo hacia los militares. No era favorable a la acción institucional que se preparaba.

 

  Llegado a este punto, y para no incidir en pormenores de la acción institucional de sobra conocidos, anotaré algunos datos generalmente silenciados:

  * La llamada "operación Galaxia" no fue tal. Resulta absurdo imaginar que un militar inteligente y de sólida formación como Antonio Tejero pudiera pensar que la ocupación del Congreso de los Diputados prosperase sin contar con el respaldo activo del Ejército. Se trataba en realidad de un estudio teórico que había madurado y sobre el que debatía con su amigo Sáez de Ynestrillas en una cafetería, el lugar menos adecuado para una conspiración. Estudio de otra parte ampliamente conocido que el CESID y Juan José Rosón aprovecharon para presumir la preparación de un golpe de Estado inexistente, pero cuya divulgación como cierto y la subsiguiente represión podría servir de vacuna.

  * Armada debió convencerse de que la ocupación del Congreso de los Diputados podía servir de detonante y ofrecerle la coartada para postular como salida el gobierno de concentración que había proyectado. Precisamente para que la opinión pública contemplase su aceptación por los diputados que Tejero tenía retenidos se mantuvieron abierta la cámaras de televisión, a la espera también de que para sancionarlo apareciera el "elefante blanco", que no era Armada ni ninguno con cuyos nombres se especuló. Sólo el monarca, en mi criterio, tenía competencia constitucional para sancionar lo que aprobara el parlamento a instancias del gobierno que había de presidir Armada.

  * La entrevista entre Tejero y Armada en el despacho de abogados de Pintor Juan Gris fue organizada por José Luís Cortina y su hermano Antonio, muy vinculado a la GODSA fraguista y a la CEOE cuyos dirigentes contemplaban con buenos ojos la acción institucional. Tejero se comprometió con Armada a que la ocupación del Congreso sería incruenta. Pero Armada le ocultó su propósito de encabezar a su costa un gobierno de concentración en el que estuvieran representados todos los partidos, incluido el comunista.

  * Durante la tradicional reunión del Consejo Superior del Ejército la víspera del Epifanía se ajustó la estrategia de la acción institucional. Se mostraron los mejor dispuestos los capitanes generales monárquicos y el republicano González del Yerro el más reticente.

  * El 23 de febrero estuvieron acuarteladas y en estado de alerta las unidades operativas de la mayoría de las capitanías generales. En varias de ellas con dotación de combate.

  * El mando de la unidad de transmisiones encargada de la línea verde que enlazaba al monarca con los capitanes generales recibió dos días antes de la acción institucional orden de mantener la red libre de interferencias.

  * El único civil al que Miláns del Bosch confió su plan de ocupación de Valencia, como parte de la acción institucional dispuesta por Armada en nombre del Rey, le preguntó consternado si había contado con los jefes de las unidades operativas. La respuesta de Miláns fue terminante: "Yo no conspiro. Doy órdenes". En efecto, y como es sabido, entregó a dichos mandos un sobre sellado con las instrucciones de lo que les competiría hacer, el cual sólo abrirían cuando recibieran orden de hacerlo mediante un mensaje en clave. Tan seguro estaba Miláns del Bosch de que el rey encabezaba la acción institucional que en su nombre sacó las tropas a la calle y las retiró cuando el monarca se lo ordenó.

  * Al general Aguado, que vivía en el mismo edificio que Armada, le extrañó dos noches antes de la acción institucional, la cual ignoraba, que la puerta de acceso al edificio permaneciera abierta después de la hora habitual de cierre y el conserje estuviera en su puesto. Este le informó que el general Armada tenía una reunión y le había rogado encaminar a los invitados. En ese momento entró el general Gabeiras y a Aguado le llamó la atención su sobresalto mientras lo saludaba. Se escondió en un recoveco del amplío vestíbulo y vio entrar a la mayoría de los que luego aparecerían en la lista de gobierno de Armada, además del marqués de Mondéjar. Señal inequívoca ésta última, a mi parecer, de que el monarca estaba tras la acción institucional. El general Aguado, a petición de don Adolfo de Miguel, defensor de Tejero, aceptó testificar sobre este extremo. Pero primero el juez instructor y luego el Tribunal Militar denegaron la prueba.

  * Tejero y sus oficiales conocían que al menos 47 parlamentarios disponían de armas cortas. El grueso de la fuerza que debía acceder al hemiciclo tras de Tejero se entretuvo más de lo previsto en recoger las armas de los policías encargados del servicio de seguridad del Congreso, los cuales las entregaron de buen grado. Las imágenes de la entrada de Tejero en el hemiciclo evidencian que inicialmente sólo le seguían media docena de efectivos entre oficiales y números.

  * Armada había organizado la operación de tal suerte que ninguno de los que intervinieron o se comprometieron a intervenir, salvo acaso José Luís Cortina y Calderón, conocían la operación en su conjunto, Sólo lo que directamente afectaba a cada sector. Gutiérrez Mellado estaba informado por el CESID de una parte de lo que se tramaba. Y en particular de que no corría peligro. Esa convicción fue la que le indujo a plantar cara a los ocupantes, posiblemente en la creencia de que los diputados seguirían su ejemplo y abortarían la operación, habida cuenta de que Tejero y sus hombres cumplirían el compromiso contraído de no hacer sangre. Fue en ese instante cuando uno de los tenientes disparó su metralleta al techo para intimidar a los parlamentarios y evitar una posible carnicería.

  * El guardia civil que se situó junto al escaño que ocupaba Adolfo Suárez me contó durante la vista del proceso que el todavía presidente del gobierno se volvió airado a Gutiérrez Mellado y le dijo: "Esto no era lo acordado". Parece evidente que no fueron pocos los que, de una u otra manera, estaban al tanto de la operación Armada.

  * Al producirse la entrada de Tejero y sus hombres en el Congreso de los Diputados los componentes de la Brigada de Información fueron invitados por un superior a tomar las metralletas y acudir a apoyarlo. Pero ya estaban casi a las puertas del Congreso cuando se les ordenó el retorno. Así me lo relató un inspector de dicha Brigada. Laína encabezaría poco más tarde la comisión de subsecretarios que asumió la figura de un gobierno de emergencia en sustitución del inmovilizado en el Congreso. Su influencia en el desenlace fue harto menos resolutiva de lo que luego se propaló. En circunstancias tan confusas como la acción institucional propenden los que ganan a ponerse medallas.

  * Pese a ser el jefe de la JEME y superior directo de Armada, el teniente general Gabeiras se mantuvo en pie junto a la mesa que ocupaba aquél y desde la que hacía llamadas telefónicas y daba órdenes ante 17 subordinados de diverso grado. Una confirmación más de que Gabeiras estaba en la trama. Una vez consolidada la operación Tejero, abandonó Armada la mesa y alzando en su mano derecha un ejemplar de la Constitución anunció: "Voy al Congreso para formar gobierno". Gabeiras no opuso objeción alguna. Un teniente coronel le preguntó si le acompañaba junto a otros de los presentes. Respondió que no lo precisaba. Está comprobado que transcurrió algo más de media hora desde su salida de la Jefatura del Estado Mayor del Ejército, en Cibeles, a la Carrera de San Jerónimo. ¿Dónde estuvo? Uno de tantos misterios de la acción institucional. Corrió la voz de había acudido al palacio de la Zarzuela. Pero Sabino Fernández Campo se apresuró a desmentirlo.

  * El mensaje del monarca a través de TVE fue grabado a las 22,30. Pero no se transmitió hasta casi tres horas más tarde. ¿Por qué ese retraso si para cuando se grabó ya estaba desfondada la operación? Una lectura minuciosa y suspicaz del mensaje real evidencia una calculada ambigüedad y que habría valido igual en el caso de que Tejero no hubiera impedido el acceso de Armada al hemiciclo y se formara el gobierno que había configurado con la aquiescencia de quienes habrían de integrarlo. Incluso la interpolación de un par de líneas, fáciles de suprimir sin que se perciba en una grabación estática como aquella, habría servido en el supuesto de un gobierno como aquel para cuya instauración creyó Tejero que se le había implicado en la acción constitucional.

  * La noche del 23-F también tuvo mucho de esperpéntico en el vecino Hotel Palace. Allí establecieron su puesto de mando los generales Aramburu y Sáenz de Santamaría. El vestíbulo estaba abarrotado de periodistas, políticos, policías y militares que entraban y salían continuamente. De vez en cuando accedían ujieres del Congreso portando grandes cestos para recoger bocadillos, escoltados por guardias civiles ocupantes. Pero nadie tomaba decisiones y los cordones de seguridad establecidos en los accesos a la Carrera de San Jerónimo más parecían destinados a preservar la ocupación que para contribuir a su liquidación. No opusieron resistencia alguna a que Pardo Zancada y sus hombres accedieran al Congreso. ¿Qué esperaban Aramburu y Sáenz de Santamaría para tomar decisiones? Sólo cuando Armada regresó del Congreso, derrotado por Tejero, comenzaron a moverse, aunque de manera incierta, como si carecieran de instrucciones precisas. Se sintieron liberados cuando Armada firmó el famoso "pacto del capó".

  * La unidad militar de transmisiones controló y anotó durante el juicio en la sede del Servicio Geográfico Militar las llamadas telefónicas que hacían o recibían los encausados. Todas menos las de Armada y José Luís Cortina en cumplimiento de órdenes superiores. Un sospechoso privilegio, sin duda.

  * Durante la mañana de la vista de la causa en que tocó el turno a José Luís Cortina el fiscal le sometió a un inclemente e infructuoso interrogatorio que el tribunal suspendió con aparente anticipación para continuarlo por la tarde. Se supo entre los procesados que Cortina, malhumorado, hizo una llamada telefónica en el interregno. Cuando se reanudó la vista el fiscal cubrió con brevedad el expediente y ante la sorpresa general renunció a hacer más preguntas.

  * Cuando se repasan las penas impuestas a los encausados, sólo una parte muy reducida de los militares y civiles que colaboraron con Armada en la preparación y ejecución de la acción institucional, resulta llamativo que fueran precisamente los procesados del CESID quienes salieron mejor parados, pese a ser, con Armada, los que la montaron y conocían todos sus entresijos. Existió un desmesurado interés político y judicial reduccionista a la hora de los procesamientos y en dejar a salvo otras implicaciones, en particular la extensa trama civil con cuya colaboración contó Armada. Algunos de los que colaboraron activamente en los preparativos de la acción institucional estaban en la lista de gobierno. Había que cargar la responsabilidad sobre selectivas cabezas de turco para evitar perjudiciales salpicaduras. Era difícil salvar a Armada, pero se contaba con su silencio por su devoción hacia la monarquía y al efecto hacia su titular, del que había sido preceptor y fiel secretario de la casa real. Miláns y Tejero, en particular este último, fueron los elegidos para atribuirles la condición de "sargento Vázquez".

  * Tiempo más tarde, al hilo de los tópicos aniversarios, una de las cadenas de televisión dedicó el programa "La máquina de la verdad" al 23-F. Estaban invitados para el debate varios periodistas, entre ellos los que habían escritos libros al dictado de Calderón, y algunos políticos de escasa monta. Pero el invitado estrella era el capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez Valiente, ligado al CESID hasta que concluyó la acción institucional. Sánchez Valiente escapó de España llevando consigo un maletín con documentos comprometedores, según se comentaba con insistencia. Permaneció en los USA durante un prolongado periodo, al decir de algunos, protegido por la CIA, lo que no pudo ser probado. Pero a lo que iba: Sánchez Valiente se sometió a un interrogatorio conectado a la máquina de la verdad. Salió airoso de todas las preguntas. La última fue la más comprometida: ¿Quién era el esperado "elefante blanco"?. Sánchez Valiente, ante el estupor del presentador y de los asistentes, respondió sin vacilar: "El Rey". El intérprete de la máquina anunció que no mentía. El presentador, consternado, requirió que se repitiera la prueba dos veces más con el mismo resultado. Como el programa no era en directo hubo tiempo para sustituir ese final y trucar uno neutro. Así me lo relató luego uno de los presentes.

 

LA OCULTACIÓN, LA FALACIA Y EL SECTARISMO COMO SISTEMA

 

  El anterior rebobinado pone de manifiesto que el actual sistema se ha construido sobre corrompidos materiales históricos que lo impregnan. Aquellos mismos en buena parte que prostituyeron y desfondaron en gran medida los procesos democráticos desde la constitución de Cádiz a la de 1978. Una historia perversa de conspiraciones, de iluminismo, de violencia, de arbitrariedad, de corrupción y de sangre que alcanzó brutal dimensión el 11 de marzo en Madrid y cuyas consecuencias nos retrotraen, ahora en el interior de España, al abismal hundimiento nacional del 98 y a la disolvente remembranza izquierdista del frentepopulismo. Sobre la sangre y la traición se persigue hoy desde el gobierno y sus aliados ganar la guerra revolucionaria que provocaron y perdieron hace 66 años. En esas estamos.

LA MUJER Y LA NACIÓN

LA MUJER Y LA NACIÓN

Mario MENEGHINI

 

  Con motivo del próximo segundo centenario de la Argentina, nos parece oportuno reflexionar sobre la mujer y la nación. Puesto que la mujer es el eje de la familia, y la familia es la base insustituible de la nación.

 

  La persona humana  es creada, desde el principio, como varón y mujer; la vida de la colectividad humana lleva la señal de esa dualidad originaria. De ella derivan la masculinidad o la femineidad de cada persona; esta es la primera afirmación de la igual dignidad del hombre y de la mujer: ambos son personas igualmente. El hombre y la mujer aportan su propia contribución, gracias a la cual se encuentran, en la raíz misma de la convivencia humana, el carácter de comunión y de complementariedad.
  Ambos sexos están, pues, ordenados a complementarse, en una mutua coordinación que influye sobre las múltiples manifestaciones de la vida  social, ya sea desde el matrimonio, ya sea a través del celibato voluntario. En las diversas realidades, pueden, hombre y mujer coordinar esfuerzos en bien de la sociedad de la que forman parte y, por extensión, a la nación.
  Cuando la mujer abandona el puesto que le corresponde en la sociedad, ésta, y con ella la nación, pierden su rumbo y caen, inevitablemente, en el vacío. Teniendo igual dignidad que el hombre, la mujer posee cualidades físicas y espirituales diferentes del hombre, que se fundan en la misma naturaleza femenina, orden natural que no se puede trastocar sin que la propia naturaleza vuelva a restaurarlo. Sólo una obstinada ceguera o una ideologización utópica pueden desconocer o ignorar esta realidad.

 

  La mujer debe, primero, ser fiel a su naturaleza y a la dignidad que correspondientes, para luego pensar en otros objetivos, sean ellos económicos, culturales, sociales o políticos. Pues la maternidad, por ejemplo, no es incompatible para una mujer con la utilización de su talento. Precisamente, en los últimos meses, varias mujeres -que son madres- han asumido la máxima magistratura de su país (Chile, Alemania, etc.). Lo antinatural, y por ende antifemenino, sería que, sin la vocación decidida, o sin aptitudes relevantes, antepusiera el ejercicio mediocre de una profesión, al silencioso, aunque heroico, gobierno del hogar y crianza y educación de sus hijos.
Es que la influencia de la mujer es insustituible. Ella es naturalmente formadora, educadora de sus hijos, dadora de vida, y ello es tan así, que aún siendo soltera ejerce en diversos medios esa capacidad que le es propia.
Dijimos que la mujer es el eje de la familia; y en la familia toda persona encuentra satisfacción a las legítimas aspiraciones y afectos propios de la vida privada. La familia da lugar al nacimiento de nuevos seres que perpetúan la sociedad y procura el mantenimiento del orden social, sin el cual no se podría vivir. En todas las razas y en el curso de cada existencia individual, la familia es el primer medio de educación: no sólo produce los renuevos que perpetúan la raza, sino que transmite a cada uno de sus miembros, poco a poco, desde su nacimiento, la práctica de la ley moral.
  No solamente durante la niñez y la juventud es la familia el medio más poderoso de educación; en la edad adulta continúa ejerciendo gran influencia moral sobre la persona, a la que mantiene en la senda del deber y atrae al camino de la virtud y la dignidad a través del ejercicio del sacrificio, del trabajo y de todas las virtudes domésticas que elevan y ennoblecen. En el orden social la familia es, además, depositaria y transmisora de las tradiciones sociales y políticas del pueblo, que van pasando de generación en generación.
Históricamente, hallamos a la familia constituida, en una u otra forma, desde los tiempos más primitivos. El hombre, un ser necesariamente social que en aislamiento no podría realizar ninguno de sus fines humanos, donde quiera y como quiera se lo estudie, se ofrece al observador formando parte de esa comunidad natural y afectiva, que todas las edades conocieron y todas las civilizaciones han respetado, porque en ella descansa y se asegura la perpetuación de la especie.
  El género humano se propaga por generación. Una generación que, por naturaleza, debe obtenerse no como resultado de una relación casual de los dos sexos, sino por una unión estable del varón con la mujer. La familia es la más antigua de las instituciones sociales y si bien está subordinada -desde ciertos puntos de vista- al Estado, constituye el fundamento de la sociedad al ser la institución vital por excelencia, aquella sin la cual no existiría ninguna de las otras instituciones.

 

  Cabe señalar que la familia inestable provoca graves inconvenientes:
   - incrementa el individualismo
   - amortigua el espíritu de solidaridad
   - rebaja el sentimiento de respeto a la autoridad de los padres
   - dificulta la conservación de las tradiciones populares y domésticas, que contribuyen a la continuidad histórica de los pueblos.

 

  Si hay una realidad cada vez más evidente en la sociedad contemporánea es la crisis de la familia, que se manifiesta sobre todo en el rechazo de valores tradicionales como la fidelidad conyugal o la misión educadora de los padres.
  Esta crisis, que  en esencia es una crisis de civilización, tiende a ser vista como resultado inevitable de una evolución socio-cultural, cuando, en realidad, es provocada por la acción de quienes profesan determinadas ideologías o integran grupos de presión. Por ejemplo, los proyectos de educación sexual que se han presentado en la Legislatura de Buenos Aires y en el Congreso, han sido preparados por la Sociedad Gay-Lésbica, lo que explica las deformaciones que se pretende imponer, negando en la práctica el derecho de los padres sobre la educación de sus hijos. También existen teorías educativas que conducen a una dictadura de los niños, mediante un permisivismo que, muchas veces, diluye la primacía de los deberes de los padres. Respetar al niño no es consentir en su autodeterminación prematura, que no le corresponde ni está en condiciones psíquicas y espirituales de concretar.

 

  La educación familiar también contribuye a la educación cívica, al transmitir el sentimiento del arraigo, el orgullo de la pertenencia a una tradición, el apego, respeto y defensa de los valores que hacen a la identidad nacional. Cicerón llamaba a la familia “principio de la ciudad y semillero de la República”, pues de ella salen los hombres que deben dirigir sus destinos.
  Como sostiene el sociólogo Kliksberg, la sociedad paga costos altísimos por el debilitamiento de las familias. La familia es fundamental para la formación afectiva, espiritual y emocional de los jóvenes. No son supuestos. Se ha verificado que el 50% de su rendimiento escolar está ligado al grado de apoyo y estímulo del núcleo familiar. También es importante para difundir actitudes de salud pública preventiva.
  La familia es también la más efectiva unidad preventiva del delito con que cuenta una sociedad. Si forma éticamente a los jóvenes a través del ejemplo, los apoya y controla, ello será de alta incidencia. Estudios realizados en distintos países indican que dos tercios de los delincuentes jóvenes vienen de familias desarticuladas. Asimismo, se ha comprobado que cuando los miembros de la familia comen juntos en forma regular se producen efectos favorables en los niños. Una comida cotidiana en la que se discute lo que pasa en el hogar, en el trabajo, en el país y en el mundo, y en la que los niños participan, ayuda a su futuro. Hay menos problemas de comportamiento, menos problemas internos, como depresión y ansiedad, y menos problemas externos, como agresiones y delincuencia.

 

  Felizmente, según una reciente encuesta efectuada por la agencia Gallup en nuestro país, para el 80% de los argentinos, la familia fundada en el matrimonio es el eje sobre el cual debe organizarse la vida social. En la fidelidad a esa concepción del hogar como ámbito formativo que determina la educación y la orientación moral de las personas aparece expresado el espíritu de una sociedad firmemente decidida a conservar lo mejor de su tradición cultural y espiritual.
  Por supuesto, la idea de la familia como célula básica de la sociedad remite, en principio, a una imagen teórica o abstracta del núcleo hogareño. Es sabido que entre ese modelo ideal y la experiencia concreta de todos los días existen, a menudo, distancias difíciles de salvar. Pero los modelos abstractos son síntesis culturales necesarias: la humanidad se vale de ellos para asegurar la conservación de ciertos valores y transmitirlos de generación en generación. La cultura opera siempre mediante visiones idealizadas de la realidad.
Por todo lo señalado, corresponde valorizar especialmente el rol que se atribuye a la familia, que se destaca hoy como un agente difícil de sustituir en la lucha contra la delincuencia y contra las desviaciones morales que llevan a los jóvenes a los abismos de la drogadicción o de la violencia. La contención familiar será siempre un aliado fundamental en el combate contra esos flagelos sociales, recurrentes y sombríos.
  Debemos destacar que el Foro Ético Mundial que acaba de realizarse en Méjico, resolvió gestionar ante las Naciones Unidas la declaración de la familia como Patrimonio de la Humanidad.

 

  ¿Qué es la nación? Los símbolos que la representan: la bandera, el himno, el escudo, no expresan integralmente el concepto de nación o patria. La nación está asentada en un territorio, pero es más que eso. La nación son también los argentinos que viven en ese territorio, los argentinos que han muerto por ese territorio, y aquellos que en el futuro vivirán en él.
  Por eso la nación es una familia grande. San Agustín decía: “Ama a tus padres y más que a tus padres, a tu patria, y más que a tu patria sólo a Dios”.
  La nación esta integrada por nuestra familia y por todas las otras familias que están vinculadas entre sí, porque habitamos el mismo territorio, hablamos la misma lengua, compartimos una tradición común, tenemos una historia común, y compartimos un mismo destino. La nación es un agregado de familias.
  Decíamos que la nación es algo más que el territorio, pero el territorio es para la nación, lo que es la casa para la familia. Aunque, actualmente, en este mundo moderno de los edificios de departamentos y de las torres, la casa se ha transformado en algo así como una máquina de vivir: un lugar de alojamiento transitorio donde se duerme y se come, y que no evita el sentimiento de desarraigo.
  Cuando pensamos en el soporte físico de la nación, debemos pensar más bien en las casas de nuestros antepasados, donde la familia se aquerenciaba y que tenia historia en sus paredes, en sus plantas, en sus muebles; en esa casa que había sido habitada durante generaciones, en la cual se arraigaba profundamente una familia. Decía León Degrelle: “hace falta haber sido nómada de los pisos anónimos, donde uno se sienta como en un tren, para conocer la pasión y la nostalgia del primero y el mejor de los paisajes, de ese marco de nuestro corazón que es nuestra casa”.

 

  Así también debemos pensar cuando hablamos del territorio de la nación; de la base material en la cual se sustenta esta gran familia que todos nosotros constituimos.
  Y decíamos que la nación no la integramos solamente los que estamos viviendo hoy; como expresara un poeta francés: la nación son los hombres y los muertos. Por eso la componen los predecesores, que establecieron los fundamentos de esta nación. Aquellos que formaron parte de los primeros regimientos que lograron la independencia de la Argentina y ayudaron a otros países hermanos a independizarse. Aquellos que habitaron los fortines para defender las fronteras de los malones, y los que tendieron cadenas sobre el Paraná para detener las tropas anglo-francesas en la Vuelta de Obligado.
  Y, más tarde, también se agregaron a la nación quienes, habiendo nacido en otras tierras, vinieron a trabajar y se arraigaron, como lo están haciendo hoy miles de extranjeros, algunos venidos desde muy lejos -China, Corea, Rusia- pudiendo aquerenciarse en poco tiempo, precisamente porque la Argentina es una nación con valores que atraen pues están desapareciendo en otros lugares: hospitalidad, tolerancia, solidaridad.
  Se ha definido a la nación como: “la porción de tierra donde un alma puede respirar”.
  Por eso, los argentinos que hoy vivimos en este territorio, hemos recibido una herencia que debemos custodiar celosamente, para entregarla a nuestros descendientes. Esa herencia, que llamamos patria cuando miramos al pasado, pues es la tierra de los padres, y llamamos nación, cuando miramos al heredero. Hoy somos administradores de esa herencia, que no nos pertenece en propiedad, pues debemos transmitirla, sin malversarla.

 

  Aunque en el futuro algunos argentinos, indignos de ese nombre, prefirieran renunciar a vivir en una nación con identidad propia, para obtener los beneficios económicos derivados de subordinarse a una potencia, los demás tendríamos la obligación moral de oponernos. El vínculo que nos une con la nación no es un contrato voluntario, es un sello indeleble que recibimos con el nacimiento. Así como no elegimos a los padres, tampoco elegimos la nación. Pero así como tenemos la obligación de amar a nuestros padres, también debemos amar a nuestra nación. Por encima de ese nivel, el amor al prójimo se diluye en fronteras lejanas. Mientras más se ama a la humanidad abstracta, se ama menos a los hombres en concreto. Ése es el riesgo que comienza a advertirse en la Argentina; se están aflojando los lazos que mantienen la cohesión social en un pueblo. Cuando se pierde el sentido de pertenecer a una nación, ésta se disgrega, desaparece la concordia y el sentido de la unidad.
  Cuando una crisis se prolonga mucho tiempo, como ha ocurrido en nuestro país, surge la peor de las tentaciones, que es mucho peor que sufrir una derrota militar, una derrota externa: es la tentación de la derrota interna. Es la tentación del desaliento, de la desesperación, de pensar que no hay salida. La tentación de bajar los brazos y llegar a la conclusión de que no vale la pena luchar; la de rendirnos. Por eso nunca es más grande y fuerte un pueblo, que cuando conserva sus raíces que se hunden profundamente en el pasado. Un pueblo que reniega de su pasado, o lo desconoce, no tiene ningún porvenir en el futuro. Entonces, debemos mirar hacia ese pasado y al ejemplo de quienes nos precedieron, para pensar después en nuestro presente y para pensarlo sin desanimarnos, a pesar de todo y cueste lo que cueste.

 

  Cuando Juan Pablo II era todavía Arzobispo, en Polonia -país que tuvo que padecer primero la invasión nazi y después largos años de tiranía comunista- afirmaba: “No nos desarraiguemos de nuestro pasado, no dejemos que éste nos sea arrancado del alma, es éste el contenido de nuestra identidad de hoy. No puede construirse el futuro más que sobre este fundamento. Que nadie se atreva a poner en tela de juicio nuestro amor a la patria. Que nadie se atreva”.

 

  Para concluir, el rol de la mujer es insustituible en una nación vigorosa, que mantenga su identidad propia. Pero a su vez, cuando los integrantes de una nación renuncian a mantenerse independientes, la vida social asumirá rápidamente los criterios que estén de moda en las grandes potencias o sean difundidos por organismos internacionales. En ese caso, la mujer verá dificultado mantener el rol que le compete, según hemos detallado al comienzo. Esto significa que la nación quedará convertida en una colectividad amorfa, desgajada de sus raíces originales, y la mujer perderá la protección de una comunidad que la ayude a mantener su esencia. De allí que la relación mujer / nación es de la máxima importancia, y debería ser motivo de honda reflexión al cumplirse el segundo centenario de la Argentina.

 


Fuentes:
-Klisksberg, Bernardo. “
La familia en peligro”; La Nación, 6-1-06.
-Editorial “
Familia, fundamentos de la sociedad”; La Nación, 21-1-06.
-Barisani, Blas. “
Apuntes para una historia de la familia”; Buenos Aires, Claretiana, 1998.
-Ezcurra, Alberto Ignacio P. “
Sermones patrióticos”; Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1995.
-Siebert, Marta. “
La mujer en la problemática actual”; Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1996.

LOS CAMBIOS DEL AMOR CRISTIANO

LOS CAMBIOS DEL AMOR CRISTIANO

Alberto BUELA

 

  Dice Kierkegaard en su Diario Íntimo , que el colmo de la ortodoxia es abrir el paraguas antes que llueva. Y esto vamos a hacer nosotros, de entrada, con el presente artículo, llamar la atención al lector: que la mayoría de los pocos que lo lean van a estar en desacuerdo.

  Sobre lo que sea el amor cristiano hay millones de tratados de dos mil años para atrás de modo tal que no creemos que podamos decir nada nuevo al respecto, pero lo que pretendemos hacer, en forma brevísima, es mostrar cómo cambió el concepto de amor cristiano.

 

El original amor cristiano

 

  El primigenio concepto de amor es entendido como un acto de naturaleza espiritual que por esencia va dirigido en primer lugar a la persona espiritual: A Dios, los hombres y el cuerpo como templo del espíritu. Así el primer precepto cristiano que sintetiza los diez mandamientos es: “Amarás a Dios con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”.

La referencia “al prójimo”, como singular concreto, no es característica de la esencia del amor cristiano. Porque para éste es indiferente en tanto que acto espiritual dirigido a la persona espiritual, que ella (la persona) sea la del amante o la del prójimo. Primer gravísimo error que se viene deslizando desde siglos en el campo cristiano, en donde lo sustantivo es “el prójimo”.
Es por eso que un filósofo, teólogo y santo varón como el danés Soren Kierkegaard  afirma tajantemente que: “Lutero pretende siempre explicar el amor como simple amor al prójimo, casi como si no existiera también la obligación de amar a Dios(1)

 

  La dirección primera del acto de amor es hacia la propia salvación. A pesar de la turbia mezcolanza que sufrió esta idea en dos mil años recuerdo aún haber preguntado a nuestra madre: ¿por qué tenemos que rezar? Porque agrada a Dios, por nuestra salvación y la de los otros. En este sentido va la sentencia de nuestra poesía popular: Aquel que se salva, sabe, y el que no, no sabe nada. Recogida por el primer filósofo argentino, Alberto Rougés, en Educación y Tradición (1938).
Vemos cómo la primitiva idea cristiana de amor es un principio supremo espiritual que organiza la vida en forma ascendente. Se la puede encontrar aún hoy en ciertas órdenes antiguas como los benedictinos.

  El medio que utilizaban en su realización los primeros cristianos era la ascética, que servía para la liberación de la personalidad espiritual, haciendo que el hombre sea lo más independiente posible respecto de los estímulos externos. Esta primera ascética no hacía del cuerpo algo malo, sino que el cuerpo, la carne misma bajo la idea de la resurrección de la carne estaba santificada e incorporada al reino de Dios.
Así pues, el primer ascetismo cristiano no tuvo por objeto la represión o peor aún la extirpación de los impulsos naturales, sobre todo los sexuales, sino el poder y dominio sobre ellos y su espiritualización. No fue nunca el ideal ascético de hombre el eunuco o il castrato.

 

La desfiguración del amor cristiano

 

  Esta deformación, que ha sido estudiada tangencialmente por la genialidad de Max Scheler en su primera época (2), tiene dos fuentes: a) el humanismo cosmopolita antiguo y b) la filantropía moderna.

  El estoicismo corriente que utiliza todos los materiales de las filosofías anteriores (la de Heráclito, Platón y Aristóteles) se divide en antiguo (Zenón, Crisipo), medio (Panecio) y nuevo. En esta última etapa, que se desarrolla en la  época imperial romana y que coincide con el nacimiento del cristianismo, se da el predomino casi exclusivo de los temas morales. Cabe aclarar que ninguno de los representantes del estoicismo es netamente griego. La procedencia de casi todos es de regiones distantes de las metrópolis. Así esa carencia de lazos directos con la patria de origen explica, psicológicamente, su sentimiento cosmopolita, común a todas las escuelas helenísticas posteriores a Alejandro Magno. Pero también encuentra su fundamento en la ética de los estoicos que van a sostener que el único y verdadero bien es la virtud que consiste en la rectitud de conducta, de vivir conforme a la naturaleza y la razón. Existe una ley natural que es común a todos los hombres. De este concepto de ley natural procede el de fraternidad universal y el humanismo cosmopolita. “El hombre bueno es ciudadano del universo”; su relación con las demás colectividades, la nación, el reino, la patria es secundaria y accidental.

  La indudable influencia de la escuela nueva del Pórtico sobre el cristianismo, cuando éste busca categorías filosóficas donde volcar su mensaje en el momento en que la Iglesia se va universalizando, es un tópico que ningún investigador en ética pone hoy en duda. El prístino amor cristiano de salvación se transforma en “amor a los hombres” o “amor a la humanidad” por influencia del envase estoico que utiliza para llevar su mensaje.

  En cuanto a la filantropía moderna, históricamente ubicada en los movimientos humanitarios de la Ilustración, nace como una protesta contra Dios y contra la patria y se funda en el resentimiento, en opinión de Scheler, y su dirección es hacia lo genérico, no al acto personal de amor del hombre al hombre, sino a la institución benéfica que él estima. Así hoy, con la firma de un cheque a las ONGs. se sobrevuelan las caridades concretas, núcleo de la caridad cristiana.

  La norma del amor filantrópico consiste en que cuanto mayor es el círculo a que se refiere – la nación, la región, la humanidad- tanto más valioso es el amor. Vemos, por un lado, cómo la cantidad reemplaza a la cualidad y por otro cómo el “amor lejano” viene a reemplazar el “amor al prójimo” que no es otra cosa que el “próximo”.

  La filantropía penetra el mundo de las ideas cristianas, y el caso emblemático es el de la Compañía de Jesús (3) que consagró el principio de “amor a los hombres” en vez de los principios de “la propia salvación”. Así la inclinación de los moralistas jesuitas hacia “la flaqueza humana” es una concesión a la filantropía frente a la idea cristiana de amor.

  Su instrumento, el ascetismo, se transforma en tortuoso, en represivo. El dualismo del racionalismo cartesiano entre res cogitans y res extensa se mueve como telón de fondo del drama del ascetismo moderno que demonizó el cuerpo. Y así llenó de cruces el mundo diciendo: “Salva tu alma”, como si el alma se pudiera salvar separada del cuerpo. Este angelismo filosófico se extendió incluso a la abstención  de los bienes culturales y su goce. Incluso la técnica de San Ignacio de Loyola de sumisión a la autoridad, como extensión de la idea militar de disciplina y de obediencia ciega en donde el general es al ejercito lo que el yo a los pensamientos. No es en terreno cristiano donde nace este ascetismo, sino más bien en terreno del neoplatonismo y del esenismo.

  Así como el gran mérito de Nietzsche fue denunciar que la moral de su tiempo se fundaba en la objetividad cuando en realidad era expresión de una voluntad subjetiva. La moral provee la máscara casi para cualquier cara, afirmaba. Es que el resentimiento era el fundamento de esa moral cristiana- burguesa. Pero, al mismo tiempo, el gravísimo error de Nietzsche, y el de toda la corriente neopagana y gnóstica que lo continuó hasta nuestros días, es confundir el genuino amor cristiano con su turbia mueca y deformación moderna.

Coda: El nuevo Papa Benedicto XVI acaba de publicar su primera encíclica Deus charitas est, que toca este tema del amor cristiano, invitamos a leerla desde este núcleo de ideas que hemos planteado.

 

1.- Kierkegaard, S: Diario Íntimo,(del 2/1 al 7/9/1849) Ed. Santiago Rueda, Bs.As., 1955, p. 273.- 
2.- El filósofo alemán tiene dos épocas bien diferenciadas. Una primera, cuando era considerado el “Nietzsche católico” y una segunda, las más publicitada a través de su libro El puesto del hombre en el cosmos en donde desbarranca hacia un panteísmo ético espiritual, pasto de cultivo de los insípidos profesores universitarios de filosofía.
3.- Hubo en Argentina un profesor de latín que se pasó la vida desgañitando contra los jesuitas, pero su crítica sólo barruntó acordes nominales y musicales, pero nunca llegó a las ideas, al fondo del asunto. Fue así que terminó sosteniendo, abrazado por su método sólo a las palabras, que la misa no es misa y que el Papa no es verdadero Papa.

¿QUÉ TIENEN DE MALO LOS BANCOS PRIVADOS DE SANGRE DEL CORDÓN UMBILICAL?

¿QUÉ TIENEN DE MALO LOS BANCOS PRIVADOS DE SANGRE DEL CORDÓN UMBILICAL?

Rafael SERRANO

 

 

En España se empieza a recurrir a ellos y el Ministerio de Sanidad se opone

 

  La sangre del cordón umbilical (SCU) es rica en células madre válidas para tratar distintas clases de cáncer como linfomas o leucemias. Cada vez se les descubren más aplicaciones en medicina regenerativa, como sucede con otras células madre, con la ventaja de que éstas son de las más fáciles de obtener. Ya en 2004 se hicieron en Japón más trasplantes con ellas que con las de médula ósea.

 

  Como las células madre de SCU duran congeladas quince años o quizá más, se pueden usar para tratar al mismo niño del que se obtuvieron si después desarrolla una enfermedad, como un cáncer infantil, a no ser que el mal sea hereditario (p.ej., la anemia de Falconi), pues en tal caso las células madre tendrían el mismo defecto genético. Y si las células valen pero el mismo niño no las necesita, pueden servir para otra persona genéticamente compatible, que puede ser incluso alguien sin relación de parentesco, aunque eso es mucho menos probable.

 

  Se comprende, pues, que cada vez más padres quieran conservar la SCU para su mismo hijo o un familiar, aunque depositarla en un banco privado cuesta 1.500 euros o más. Podrían donarla a un banco público, pero entonces no la tendrían reservada para uso propio. Ciertamente, la probabilidad de que lleguen a necesitarla es muy pequeña; pero lo mismo ocurre con otras muchas eventualidades para las que la gente contrata pólizas de seguro: muerte en accidente, incendio… Además, el sistema público español no cubre el transporte si en el lugar del parto no hay banco, mientras que los privados se encargan de todo. En el caso de clientes españoles, tienen que trasladar la SCU al extranjero, porque en España solo están autorizados los bancos públicos. Uno privado que empezó –dicen sus responsables– con todos los permisos fue cerrado por la autoridad en cuanto se divulgó el caso.

 

  Y es que a la Administración española le parece muy mal que la gente contrate esos servicios. El Ministerio de Sanidad se apresuró a asegurar que la Ley de Trasplantes no los permite, y por si hubiera dudas se ha puesto a preparar un decreto para prohibirlos expresamente. El Sistema Nacional de Trasplantes, dependiente del Ministerio, se opone porque contradicen los principios básicos de la donación, consignados en la Ley de Trasplantes: altruismo y que no haya ánimo de lucro.

  Guardar la SCU del hijo no es una pura manifestación de altruismo, aunque no lo excluye: quien guarda células a sus expensas también podría donarlas si valieran para otro. Con 20.000 muestras de SCU en el sistema público español, los bancos privados –con unas decenas de clientes en el país, hasta ahora– no son "competencia", y si se permitieran en España, podrían sumarse al conjunto. Cuantas más muestras haya en bancos, público o privados, mayor es la probabilidad de encontrar células válidas para quien las necesite.

Donde sí hay ánimo de lucro

  En todo caso, no se puede prohibir a nadie que conserve la SCU donde quiera, ni se ve cómo puede eso ser ilegal. La Ley de Trasplantes impone la gratuidad para impedir el tráfico de órganos; pero el depósito de SCU en un banco privado, aunque tenga precio, no es venta de células. Si al Ministerio le preocupa el posible tráfico de material biológico, haría mejor en mirar a otro sector, donde el riesgo es real y el ánimo de lucro evidente. Las clínicas de reproducción asistida recurren a la donación de gametos, que por ley ha de ser gratuita; pero se permite una compensación por las molestias, por donde se puede colar el tráfico.

 

  En el caso de la donación de óvulos, las molestias de la estimulación ovárica son importantes. Entre el 0,3% y el 5% o más de las mujeres sometidas a ese procedimiento sufren complicaciones como dolor severo, fallo renal o riesgo de quedar infértiles, explica la Prof. Natalia López Moratalla en una entrevista para el semanario "Alba" (27 enero-2 febrero 2006). Por eso, añade la profesora, "las mismas molestias de la multiovulación para la mujer que quiere ser madre se consideran lo suficientemente fuertes para que las clínicas de fecundación "in vitro" congelen los embriones en vez de repetir el tratamiento y la punción". En el caso de una donante, hará falta una poderosa motivación o una satisfactoria compensación por las molestias.

 

  El peligro de tráfico encubierto no sería para preocupar si la donación de óvulos fuera rara. Pero resulta que España es el país europeo donde más se practica, con gran diferencia: en casi el 11% de los ciclos de reproducción asistida, según muestran los datos recopilados por la ESHRE (Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología; cfr. "Assisted reproductive technology in Europe, 2000", en "Human Reproduction" 19 [2004]: 490-503). En España, que registra el 5% de los ciclos que se realizan en Europa, los ciclos con óvulos donados (cerca de 1.600 en 2000) son el 24% del total del continente.

 

  El actual equipo del Ministerio de Sanidad ha redactado la última reforma de la ley de reproducción asistida, que da vía aún más libre a las clínicas del ramo. Permite la criba eugenésica de embriones para hallar "bebés medicamento", generar embriones sin finalidad de reproducción, la clonación "terapéutica", crear híbridos de humano y animal y casi cualquier uso de los embriones. Son prácticas por las que se cobra o que pueden reportar beneficio económico. Resulta paradójico que los mismos promotores de este "laissez-faire" se erijan en campeones del altruismo cuando algunos pagan para conservar sus células.

DANTE EN SANTIAGO

DANTE  EN  SANTIAGO

Primo SIENA 

 

Extraordinario encuentro con el célebre desterrado florentino, que nos expresa su opinión sobre la humanidad actual

 

  Caminando por Santiago de Chile, hace unos días, en los alrededores del Cerro Santa Lucía nos encontramos con un extraño personaje, vestido con  un colorido traje largo del siglo  XIV, quien se paseaba por el cerro en actitud austera. Su perfil duro, marcado por una singular nariz aguileña, denunciaba una conocida fisionomía salida de las famosas láminas de La Divina Comedia grabadas por Gustave Doré.
  Cuando - al preguntarle quién era - Él nos contestó, con un marcado acento toscano: "Yo soy aquel que A mitad del camino de la vida / me encontré en una selva oscura / con la senda derecha ya perdida", tuvimos la certeza de lo que habíamos imaginado desde un principio. Nuestro insólito visitante era nada menos que un insigne desterrado florentino, bautizado el 26 de marzo de 1266 con el nombre de Durante de Aligherio, pero conocido en todo el mundo como Dante Alighieri: el magno poeta que exploró los tres reinos del Más Allá, relatando después su viaje catártico en el celebérrimo poema La Divina Comedia.
  Impresionados por este extraordinario encuentro, nos atrevimos a preguntar a nuestro ilustre visitante, por cuál especial privilegio Él había podido regresar al presente hormiguero de la humanidad viviente, desde el Ultramundo alcanzado en vía definitiva la fatal noche entre el 13 y el 14 de setiembre de 1321.
  Dante nos contestó con toda naturalidad que Él gozaba, en el presente temporal, del don de una especial ubicuidad que le permitía manifestarse en nuestro mundo bajo su semblante corporal.

 

  "Aproveché la ocasión - agregó Dante - de este privilegio concedido una tantum por el Amor ardiente que mueve al Sol y las demás estrellas, para dar una vuelta por el mundo, comprobando así que la humanidad actual no ha mejorado mucho respecto aquella de mi existencia terrenal. A lo sumo, ha agravado su condición en la misma medida de decadencia moral que acompaña casi siempre el mejoramiento de un tren de vida, muchas veces ficticio, siendo todavía atrapado en la materialidad de la selva áspera y fuerte que oculta la luz suprema del Invictus Sol Justiciae.
  "Todo eso - continúa nuestro poeta - he podido averiguarlo tanto con los entusiastas catecúmenos de la globalización reunidos en el World Economic Forum, como  con sus fogosos opositores. Los unos y los otros no han comprendido que la condición determinante de la Paz y la Concordia radica en la Justicia del unicuique suum (esto es, a cada cual lo suyo). No han entendido, además, que una veraz alternativa al mundialismo globalista - por el cual hoy en día los poderes apátridas del dinero tratan de imponer la homologación de las culturas por medio de la homogeneización de los mercados - es constituido por el universalismo postulado en mi tratado De Monarchia: modelo imperial en el que las diferencias étnicas y sociológicas de pueblos distintos no son aplastadas, sino asumidas en la estructura jerárquica del imperio.
  "Hay que recuperar la lección romana del ex pluribus unum, porque la autentica unidad está compuesta por el concierto de la multiplicidad que refleja el íntimo deseo de trasladar las inquietudes del hombre de todos los tiempos, desde el kaos del precario terruño que nos hace tan feroces, hacia las armonías del kosmos universal".
  El poeta, que habla con el ardor y la fluidez verbal propia de  los italianos de Toscana, concluye el apasionado relato de su punto de vista con una pausa de silencio, que aprovechamos de inmediato para preguntarle la motivación de su extraordinaria presencia en este alejado rincón del mundo.

 

  "En mi poema La Comedia - nos aclara Dante - recogiendo la opinión de los científicos de aquel tiempo, he descrito el hemisferio sur del globo terráqueo como  una inmensa extensión oceánica, donde se elevaba la colina sagrada del Purgatorio. Pero, después de haber sido asumido definitivamente en el Más Allá, descubrí  que  el hemisferio austral también estaba poblado. Desde entonces, tuve la curiosidad de visitarlo, sobre todo desde cuando, algún tiempo atrás,  encontré en mi mundo un compatriota del Siglo Veinte asumido al cielo de Marte por haber  difundido en vida la belleza del Logos y haber cantado piadosamente el fuego / en tiempos de su reino oscurecidos; según está grabado en su tumba terrenal de Alta Gracia, pueblo de la provincia de Córdoba, donde él murió en 1995 y ubicado en la tierra austral denominada Argentina".
  "Me enteré que se trataba del eminente humanista italo-argentino Carlos Alberto Disandro, quien definió la América de habla romance como América Románica y no América Latina, como es uso corriente. Lo que despertó en mí la curiosidad de visitar su tierra".
  "Seguí entonces el vuelo del águila, que me indicó proceder siempre del Oriente hacia el Occidente (Paraíso XX, 57). Y aquí estoy, en esta  extrema Terra Australis entre costa y cordillera, denominada Chile, escudriñando en la vastedad del Océano Pacifico el destino metapolítico de la América Románica que - bajo el cuidado de la constelación de la Cruz del Sur - espera impaciente la restauración de su raíz  principial (esto es, su principium absolutum) junto a la recuperación de su idiosincrasia mítico-religiosa e histórico-cultural, para franquear victoriosamente la pérdida catastrófica del Ser". 
  Cuando Dante se calla, de pronto una luz cegadora lo envuelve  sustrayéndolo de nuestra vista.
  Nos quedamos solos, mientras que de los recovecos del alma nos sale una pregunta: ¿Fue sueño, realidad, ficción?
  No sabemos …
  Por cierto fue algo verosímil, porque - aún después de su muerte fisiológica - el gran poeta florentino nunca ha dejado de vivir, como bien destacaba Giovanni Papini  en su  Dante vivo.
  Su Divina Comedia - observaba agudamente Papini - "es un milagro poético que quería obrar un milagro espiritual y por eso no pertenece solamente a la pequeña historia del genero humano". Por consiguiente, Dante es siempre actual y moderno, residiendo su modernidad y actualidad precisamente en estar Él involucrado en su tiempo con pasión de protagonista, pero con altura de miras que le permite de elevarse por encima de la cotidianidad de los acontecimientos.
  Él nos enseña, entonces, que se puede ser reaccionario y revolucionario a la vez: añorar lo mejor del pasado y  contestar a los defectos del tiempo presente con la firme voluntad no de destruir, sino de promover  un cambio positivo.   
  Su afán por una potestad espiritual ajena a las veleidades temporales y su radical repulsión para toda interferencia entre actividad económica y misión sacerdotal, permanece un anhelo permanente de la humanidad.
  Su enseñanza de que sin fuertes raíces en la tradición no hay porvenir fructuoso, es algo válido para todos los tiempos.
  La lucha dantiana a la usura y a la plutocracia apólides, es de perenne actualidad, como nos ha demostrado otro gran poeta de nuestros tiempos difíciles, simbolista como Dante: Ezra Pound.
  La modernidad de los conceptos estéticos dantianos, que lograron conjugar la poesía con la teología, ha sido confirmada en el siglo XX por un eminente poeta católico como Paul Claudel.
  Su uso de las aliteraciones intencionadas, su manejo de los juegos de palabras, como la invención de vocablos nuevos, ha sido rescatado por un escritor considerado de los más refinados entre los modernos: James Joyce.
  Vintila Horia - el preclaro escritor rumano-español que en la segunda mitad del siglo pasado vivió en carne propia el desgarro del exilio injusto sufrido por Dante en el siglo XIV - lo definió "más modernista y vanguardista" que los futuristas y surrealistas de nuestro recién pasado.
  La obra de Dante queda inmortal porque en ella Él supo elevar los vicios y las virtudes humanas a términos universales como la política y la teología, manifestando su ilimitada admiración para la nobleza del alma, la firmeza del carácter, la fidelidad a sus ancestros y a su patria. Su grandeza está consignada en la capacidad del poeta florentino de considerar las limitaciones de los elementos mortales y caducos de la vida, para luego trascenderlos en una visión de eternidad.
  Tierno y piadoso, orgulloso y sabio, simple como un niño, duro y severo como un "capitán de ventura": ¡ése fue Dante!
  Persona de pensamiento audaz, de pasiones profundas, de fuertes emociones, luchador indomable, de temple vigoroso, Dante no pertenece sólo al tiempo en el que vivió.
  Él permanece vivo, más allá de su época: poeta-profeta universal, contemporáneo del hombre de todos los tiempos.