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LA FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA COMO INSTRUMENTO DE DOMINIO

LA FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA COMO INSTRUMENTO DE DOMINIO

Adrián SALBUCHI

Quien controla el pasado controla el presente;
quien controla el presente, controla el futuro
”.
George Orwell – “1984

 

”La historia no es simple “pasado”. Es la forma que suelen adoptar
las angustias y las luchas del presente. Es por eso que ante una
misma historia existen – y deben existir – distintas  interpretaciones
historiográficas… La tarea del pensador es analizar las conexiones
de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de
los que quieren confrontar “el mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”.

Norberto R. Ceresole - “La falsificación de la realidad”

 

 

La única verdad es la realidad”.
Juan D. Perón

 

  Para un pueblo, conocer su pasado - su historia - es tan importante como lo es para un individuo conocer quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces. Las personas que sufren de amnesia quedan inermes ante la voluntad ajena y corren el riesgo de que cualquier pillo los embauque haciéndose pasar por su “amigo”, o “hermano”, o “familiar” para así aprovecharse de él. 
Lo que les ocurre a estos individuos puede ocurrirle también a los pueblos si olvidan, confunden o desconocen el pasado; con las tecnologías modernas, incluso puede ocurrirle al mundo entero. Hoy, poderosísimos grupos compactos disponen de los medios para literalmente controlar nuestra visión del pasado - la Historia – y del presente, descarrilando así la Realidad que es reemplazada por una suerte de “realidad virtual”, alineada con sus propios y a menudo inconfesables objetivos e intereses.

 

LA “INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO”


  Bajo este insinuante título el historiador norteamericano Norman Finkelstein, profesor de teoría política en la City University of New York, Hunter College, publicó en el año 2000 un libro muy polémico: “The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering(1), en el que critica los poderosos motivos financieros y geopolíticos de quienes hoy promueven en forma exagerada el así llamado “Holocausto” con el fin de, entre otras cosas,  extraer gigantescas sumas de dinero para el Estado de Israel a un conjunto de “víctimas pudientes”: bancos suizos, los gobiernos estadounidense y alemán, grandes empresas alemanas y otras víctimas actuales y futuras. 
  Finkelstein define a Israel como un Estado terrorista, invasor y altamente peligroso no sólo para la paz en Medio Oriente sino de todo el mundo, particularmente si se considera su enorme capacidad nuclear gracias a las Armas de Destrucción Masiva atómicas que desde hace décadas le cediera sumisa y obedientemente Estados Unidos de Norte América. Norman Finkelstein se inserta en la corriente de pensamiento de su amigo y mentor Noam Chomsky, ambos prestigiosos intelectuales judíos anti-sionistas, que se han ganado las iras de la poderosísima maquinaria del sionismo internacional, al calificar a sus principales organizaciones y operadores como "gangsters" y "delincuentes"; al celebrado propagador del Holocausto, Elie Wiesel (2) como su “payaso residente”; y a las exigencias sionistas a Alemania para que les pague gigantescas reparaciones monetarias, como un desfachatado “chantaje”.
  Lo interesante del caso es que Finkelstein se inserta dentro de un creciente conjunto de historiadores, periodistas, intelectuales y sectores de opinión a nivel mundial que no aceptan mansamente el Dogma del Holocausto, emanado desde los centros de poder esencialmente privado del Nuevo Orden Mundial ubicados en Nueva York, Londres, París y Jerusalén, entre otras ciudades.  Se trata de un amplio sector de personas intelectualmente independientes que consideran que esta auténtica “Industria del Holocausto” como bien la define Finkelstein, es utilizada no solo para el robo de dineros públicos y privados en todo el mundo, sino también para justificar el genocidio que hoy perpetra el Estado de Israel contra el cautivo pueblo palestino y otras futuras agresiones en distintas partes del mundo que ya empiezan a avizorarse.

 

TERRORISMO INTELECTUAL


  En el actual y tan liberal "mundo desarrollado" existe, sin embargo, un auténtico terrorismo intelectual que prohíbe – en algunos países bajo pena de cárcel - que se investigue y se propague cualquier opinión o investigación que siquiera cuestione la veracidad de este Dogma del Holocausto.  Así, se ha perseguido e incluso encarcelado a historiadores como el francés Robert Fuarisson, a centros de investigaciones como el Instituto de Revisionismo Histórico de California, al investigador alemán Ernst Zundel y, más recientemente, el prestigioso historiador inglés David Irving, quien fuera arrestado en Austria bajo un viejo cargo que data del año 1989 cuando osó dar una conferencia en la que cuestionó la historia oficial de los 6 millones de judíos muertos en los campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial, aseverando – como mantienen muchos investigadores – que más allá de la persecución de los judíos en la Alemania nacionalsocialista, no existe sustento serio y verificable a esa tremenda cifra de los 6 millones. (3) 
  Esta cifra casi emblemática y cabalística de 6 millones hoy se acepta como buena, no porque se halle avalada por investigaciones históricas serias y sólidas, sino porque se la ha repetido, dramatizado y taladrado en el imaginario colectivo gracias a los cientos de miles de  millones de dólares invertidos a lo largo de sesenta años de propaganda en películas, documentales propagandísticas, libros, novelas, entrevistas, actos, monumentos, recordatorios, “memorias activas”, y muchas otras acciones psicológicas colectivas tendientes a imponer el “Holocausto de los 6 millones” como una realidad, a pesar de carecer tal cifra de un riguroso sustento fáctico. 
  Uno de los tantos instrumentos de guerra psicológica utilizados en este proceso es la neoyorquina Anti-Difamation League (ADL – www.adl.org), una de las organizaciones de choque encargada de ejercer presión de todo tipo contra quienes cuestionen el Mito del Holocausto en cualquier parte del mundo. Utilizando una metodología agresiva, copiosamente financiada y con amplia cobertura entre los multimedios monopólicos mundiales, la ADL ejerce una suerte de terrorismo intelectual tendiente a acallar toda crítica hacia el sionismo, sus objetivos mundiales y sus operadores, esgrimiendo – a menudo con tono rayano en la histeria – la acusación de “¡antisemitismo!” contra quienes pretendan promover un estudio serio de estos temas fundamentales, o cuestionen las políticas israelíes, equiparando erróneamente “antisemitismo” con “antisionismo(4).  Señalemos que la ADL opera estrechamente con la muy influyente y exclusiva logia masónica judía B´Nai B´Rith.

 

SIN PELOS EN LA LENGUA…

 

  Es dentro de este marco que creemos conveniente interpretar las agudas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, realizadas hace pocos días en La Meca, Arabia Saudita, cuando expresó dudas sobre la veracidad de la historia oficial en torno al Holocausto judío y sugirió que Israel debiera ser trasladada a Europa. Ello, naturalmente, generó el inmediato rechazo de las muy poderosas organizaciones sionistas mundiales y de los gobiernos y multimedios bajo su control, notablemente los de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Austria y, desde luego, de la propia Israel.
  Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que hoy tienen Irán y su gobierno entre los medios “occidentales”, la lógica de Ahmadinejad es históricamente impecable.  Entre otras cosas, manifestó el jefe de Estado iraní que "algunos países insisten en decir que Hitler mató a millones de inocentes judíos en una caldera y ellos insisten a tal punto en esto que si cualquiera dice algo contrario a lo que ellos condenan, es enviado a prisión" (por ejemplo, el historiador David Irving hoy encarcelado en Austria).  "Aunque no aceptamos esta afirmación (la del “Holocausto”), si suponemos que es verdad nuestra pregunta para los europeos es: "¿Es la matanza de personas judías inocentes llevada a cabo por Hitler la razón para que respalden a los ocupantes de Jerusalén?"  "Ahora que admiten que los judíos fueron oprimidos, ¿por qué deben pagar el precio los musulmanes palestinos?  Dado que ustedes (por los europeos) fueron los que los persiguieron, ofrézcanles ustedes un pedazo de tierra al régimen sionista para que pueda establecer allí el gobierno que más desea.  Nosotros lo apoyaremos", indicó Ahmadinejad.  "Que Alemania y Austria den dos o tres de sus provincias al régimen sionista y el problema estará resuelto desde sus raíces". (5)
  Innegablemente, Ahmadinejad está poniendo el dedo en la llaga, lo que pudo verificarse en la seguidilla de reacciones casi histéricas de las “democracias occidentales”, comenzando por las de la flamante canciller germana Angela Merkel, quien consideró "totalmente inaceptables" esas declaraciones iraníes recordando que "con nuestra responsabilidad histórica en mente, solo puedo decir que las rechazamos en los términos más duros". 
  Ahora, bien, nosotros preguntamos: ¿Por qué ese “rechazo” germano?  Si la actual Alemania está tan convencida de la veracidad del Holocausto de los 6 millones, y si su gobierno rechaza lo que muchísimas personas dentro y fuera de aquella otrora gran Nación hoy creemos en el sentido de que se trata de una tergiversación histórica, entonces que Alemania y Austria (oficialmente, los perpetradores del “Holocausto”) le cedan en compensación a los sionistas alguno de sus bellos Länder como Silesia, o Westfalia, o Brandenburgo, o, incluso – ¿por qué no? la histórica Baviera... 
  Haberles tirado este fardo a los palestinos, robándoles su Nación podrá ser muy cómodo para los aburguesados y decadentes alemanes y austriacos de hoy, pero el costo para los palestinos ha sido uno de genocidio, sangre, tortura, vejaciones, miseria y humillación.  ¿Por qué deben los palestinos pagar las culpas de alemanes y austriacos?  Máxime cuando la intrusión de Israel en el mundo musulmán ha sido causa de casi sesenta años de guerras, invasiones, y crímenes contra prácticamente todos los pueblos islámicos por parte de las fuerzas militares de Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña.
Ursula Plassnik, ministra de relaciones exteriores de Austria por su parte dijo que "no se pueden plantear dudas sobre el derecho a la existencia de Israel", no sólo aludiendo a estas declaraciones de Ahmadinejad sino también a las que hiciera el líder iraní hace poco tiempo invitando a "borrar a Israel del mapa".   A su vez, Raanan Gissin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sharon manifestó su preocupación ante “el consenso que existe en muchos círculos del mundo árabe de que los judíos no tienen derecho de establecer un Estado judío democrático en su patria ancestral”. 
  Por nuestra parte, agregaríamos que no sólo en el mundo árabe se cuestiona ese derecho a usurpar tierras ajenas, sino que en nuestro continente y en nuestra Argentina, somos muchísimas las personas que sostenemos precisamente ese punto de vista.  El Sr. Gissin incluso le recordó al presidente Ahmadinejad que "los judíos hemos estado aquí mucho antes que sus ancestros", dando a renglón seguido "gracias a Dios que tenemos la capacidad de disuadir y prevenir que semejante declaraciones se transformen en realidad".

  Resulta muy interesante la posición israelí.  Señalemos que si todos los pueblos y etnias del mundo se dedicaran a reclamar las tierras que según sus Libros Sagrados y tradiciones culturales, religiosas y étnico-raciales les corresponden porque “sus ancestros llegaron antes”, ello indudablemente generaría enormes cambios en el mapa mundi político.  Sin ir más lejos, los norteamericanos deberían retirarse de la totalidad del territorio que hoy ocupa su poderosa nación para devolvérselo a las naciones Sioux, Chinook, Tonkawa, Wichita, Ute, Apache, Delaware, Algonquin, Iowa, Cheyenne, Mojave, Mohawk, Chocktaw, Iroquí, Miami, Omaha y muchas otras tribus originarias, cuyas tierras les fueron robadas por el gobierno de EE.UU. a lo largo de casi cuatro siglos de invasiones y genocidios.  Pues, no caben dudas que estas tribus “llegaron ahí mucho antes” que los conquistadores ingleses, holandeses, españoles, portugueses, alemanes e, incluso, inmigrantes judíos que se establecieron en esas tierras para terminar fundando el voraz imperio hoy conocido como Estados Unidos de Norte América.
  Similarmente, en estas latitudes sudamericanas, nosotros los argentinos – al menos quienes somos de descendencia europea italiana, española, sajona, y también quienes sean miembros de la comunidad judía – debiéramos todos ir preparando nuestras maletas para retirarnos de estas tierras usurpadas hace apenas un par de siglos a las tribus Ranquel, Pampa, Mapuches, Comechingones, Guaraní, Tobas, Selcnam, Aimara, Ranquel, Quilmes, Guayaquí, entre tantas otras.
  Y con respecto a la “posibilidad de disuadir y prevenir" a la que alude el vocero del premier Ariel Sharon, no nos caben dudas de que tienen esa capacidad por cuanto las fuerzas del sionismo israelita hoy han logrado secuestrar al propio gobierno de los Estados Unidos de Norte América para que opere como instrumento dócil y subordinado a sus propios intereses geopolíticos mundiales, de claro corte mesiánico y racista.  Este insólito y complejo proceso mediante el cuál se secuestró el Estado norteamericano tiene nombre y apellido concreto: el así-llamado “Project for a New American Century” (www.newamericancentury.org), sobre el cual brindamos detalles en el Cap. V. del ensayo "Bienvenidos a la Jungla…:” (pags. 105 a 113.)

 

Y A NOSOTROS, ¿QUÉ NOS IMPORTA TODO ESTO?


  Cada vez que nuestra prensa pueril informa sobre estos temas, siempre lo hace fuera de contexto, usualmente en forma incompleta, y siempre de manera distorsionada, consecuencia de su obligado alineamiento con la visión global impuesta por los dueños del Nuevo Orden Mundial.  En síntesis, alineados sumisamente a los intereses del sionismo internacional. 
  Así, leemos en el matutino “Clarín” de Buenos Aires del 10-Dic-05, que las declaraciones del presidente iraní "expresan un sentimiento antisemita, intolerante, beligerante y antidemocrático", dijeron en Argentina, en un comunicado conjunto, la AMIA, la DAIA y la Organización Sionista Argentina, que "reclamaron al presidente Néstor Kirchner que se sume a la condena al presidente iraní por sus dichos”. Seguramente, Kirchner prontamente obedecerá, mientras que el mismo artículo periodístico vuelve a azuzar el “peligro nuclear” representado por Irán (soslayando que el verdadero peligro nuclear actual para la paz mundial son Estados Unidos, Israel y el Reino Unido), e incluso lanza una no muy velada amenaza sobre un futuro ataque israelí contra Irán al recordar que “Israel quiere que haya una actitud más firme de la comunidad internacional sobre el programa atómico que desarrolla Teherán. Ya en 1981, la Fuerza Aérea israelí bombardeó el reactor atómico iraquí Osirak, a 17 kilómetros al sur de Bagdad.”  No recordamos que por entonces las Naciones Unidas sancionaran a Israel por semejante agresión flagrante contra la soberanía iraquí, por más que hoy el siempre genuflexo secretario general de la ONU Koffi Annan se manifieste “horrorizado” por las declaraciones de Ahmadinejad cuestionando el Mito del Holocausto.

 

  Conviene recordar que las presiones sionistas sobre la República Argentina vienen de larga data.  Desde que su propio fundador Theodor Herzl propusiera en 1896 - hace ya más de un siglo - fundar el Estado israelita en territorio argentino “a cambio de una compensación financiera” (Preguntamos: ¿cobrará esto forma a través de algún venidero “canje de deuda por territorio”?). Hoy, esas presiones han derivado en un tremendo deterioro diplomático entre la Argentina e Irán, que no sólo le ha costado a nuestro país la pérdida de miles de millones de dólares en exportaciones a Irán a lo largo de la última década, sino que – muchísimo peor - nos arrastra peligrosamente a involucrarnos directamente en la guerra que Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña hoy preparan contra Irán, al tiempo que nos comportamos de manera despreciable al agredir e insultar gratuitamente al noble y milenario pueblo iraní. 
  Las consecuencias potencialmente catastróficas para nuestro país de haber permitido semejantes maniobras por parte de servicios de inteligencia de ciertos Estados foráneos, apenas  pueden enfatizarse.  Los graves peligros que hoy corre la Argentina al estar en manos de un gobierno integrado por personajes ignorantes en materia internacional como el presidente Néstor Kirchner - quien hasta hace pocos días confió nada más y nada menos que nuestra Cancillería a un personaje inepto, claramente incapaz e impotente para tomar decisiones como Rafael Bielsa - nos exime de todo otro comentario.

 

¿QUIÉNES SON; DÓNDE ESTÁN NUESTROS ENEMIGOS?

 

  La propia existencia de un Estado Nacional soberano implica un relacionamiento con todos los demás Estados nacionales soberanos y con otros operadores en el escenario mundial.  Lo queramos o no; nos guste o no. 
  Para abordar este hoy tan complejo y peligroso entorno externo sobre el cual la Argentina tiene poco o ningún control ni poder, debemos comenzar por comprenderlo, identificando cuáles son las amenazas y oportunidades que nos presenta, para luego diseñar las políticas y planes de acción correspondientes que promuevan nuestro objetivos y consoliden nuestros intereses.  Una Nación seria dispone de instrumentos concretos para estas tareas, que incluyen al Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa y – se supone – un presidente mínimamente lúcido, idóneo y equilibrado.
  La auténtica Política – mal que le pese a nuestra dirigencia de politiqueros de alcantarilla - es la Política Exterior, que es el plano donde una Nación se mide con otros Estados, a menudo vastamente más poderosos.  Un axioma fundamental de la Política Exterior requiere identificar a los Estados y operadores amigos, diferenciándolos de aquellos que se presentan como enemigos o al menos adversariales, para luego poder buscar alianzas con los primeros, y tomar acciones preventivas y de defensa respecto de los segundos. 
  Los Estados y operadores identificados como “enemigos” no lo son porque sean “malos”, sino  porque tienen otros intereses y otros objetivos no coincidentes con los nuestros, que al promoverlos pueden potencialmente entrar en conflicto indirecto o directo con nuestro país. Ahora bien: cuando esos Estados y operadores externos identificados como enemigos o adversariales resultan ser vastamente más poderosos que nosotros y, encima, claramente agresivos, entonces tenemos un problema.  Y cuando se presenta este tipo de problema, hay que hacer algo con el mismo, puesto que si se lo deja solo, decididamente no desaparecerá.  Todo lo contrario: aumentará su peligrosidad, presión y amenaza.  En nuestro caso, lo hará hasta que el Estado Nacional argentino ya no pueda hacer nada ante su creciente presión, fuera de ceder ante intereses y objetivos foráneos, claramente en detrimento de los objetivos e intereses de nuestro Pueblo (si no, no los hubiéramos identificado como enemigos, ¿verdad?). 
  Para administrar este complejo panorama, una Nación dispone de una Cancillería, de Fuerzas Armadas, de un Ministerio de Economía; en síntesis: para eso una Nación tiene un Estado Nacional cuyas estructuras se confían a un conjunto de ciudadanos que se integran en lo que denominamos “el Gobierno” que administra – para bien o para mal - los destinos del país. De más está enfatizar que colocar a un Gobierno de ineptos en las estructuras de Poder del Estado, termina resultando fatal para la Nación.
  Por eso, hoy la Argentina debe abordar esta compleja problemática internacional desde un ángulo diferente alineado en base a:
   (a) un enfoque equilibrado de la historia contemporánea (para comprender los orígenes del problema); 
   (b) un enfoque equilibrado respecto de las titánicas fuerzas que hoy conforman y deforman la política mundial (para comprender las amenazas que enfrentamos) y, por sobre todo,
   (c) un enfoque alineado con el Interés Nacional Argentino, o sea, el Bien Común de la mayoría de sus 39 millones de habitantes y no tan sólo los intereses de alguna de sus minorías sociales, económicas o étnicas (para preservar la Nación).


  Primeramente, resulta, como mínimo, sospechoso verificar la manera en que nuestros multimedios “formadores de opinión” se alinean sistemáticamente con la visión e intereses sustentados por la “historiografía oficial” promovida desde las más poderosas y violentas naciones del mundo.  Naciones que desde hace siglos son enemigas – o al menos adversarias – reales y concretas de la Republica Argentina: me refiero al Reino Unido y a los Estados Unidos de Norteamérica, que a lo largo de varios siglos nos han agredido y siguen agrediendo en los frentes económico, financiero, político, moral y militar casi sin interrupción, sea directamente o a través de sus agentes y operadores dentro del país en los sectores público y privado. 
  Así por ejemplo, y en relación a la compleja problemática en torno a la Segunda Guerra Mundial – contienda que definió quiénes serían los dueños del planeta en las décadas subsiguientes – y su desenlace, hemos adoptado la irracional posición de asumir como "nuestro enemigo" a una satanizada Alemania derrotada en aquella terrible y complejísima contienda bélica de hace más de sesenta años. Sin embargo, tanto Alemania y Austria como su principal aliado Japón, jamás agredieron a la Argentina ni a nuestro continente, ni nos atacaron ni vulneraron nuestros intereses, como sí lo hicieron y siguen haciendo sistemáticamente la rapiña  estadounidense y británica.  Tampoco olvidemos que la Unión Soviética, entonces aliada de Estados Unidos e Inglaterra, en los años sesenta y setenta lanzó contra nosotros sus huestes guerrilleras iniciando una catastrófica guerra civil en nuestro país.  Así caímos bajo un sincronizado efecto de “pinzas”, mediante el cual nuestro pueblo era agredido, por un lado, por la URSS a través de la guerrilla apátrida y sus “jóvenes idealistas”, mientras que por el otro, sufrimos la represión, entrega y traición de una cúpula cívico-militar usurpadora del Estado que se alineó estúpidamente con la geopolítica de Estados Unidos.
  Así llegamos a la irracionalidad de considerar como nuestros “amigos” a Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel que decididamente no lo son; al tiempo que creemos que son nuestros “enemigos” aquellas fuerzas opositoras a la alianza anglo-estadounidense-israelí: desde Alemania y Japón como actores históricos en la mayor contienda bélica del siglo XX, hasta Irán y las organizaciones liberación islámicas en Palestina, Irak y Afganistán. Esta Argentina cultural e intelectualmente colonizada pareciera disfrutar del veneno que a diario le hacen beber a borbotones.

 

NADA QUE VER CON NOSOTROS…

 

  El Estado de Israel es un país foráneo aliado a Estados Unidos y Gran Bretaña.  Si pensáramos con nuestro propio cerebro y no con el de nuestros enemigos y adversarios tanto fuera como dentro del país, entonces mantendríamos aunque más no sea una actitud decorosamente neutra y objetiva ante la catástrofe desatada en Medio Oriente desde hace más de medio siglo.  Como muestra de un mínimo de autoestima intelectual no aceptaríamos sin más la historia oficial mundial interesadamente propagada e impuesta por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en momentos en que casi ni se conoce cuál fue esa misma historia desde el punto de vista de los grandes derrotados de aquella Guerra Mundial, y no me refiero a los gobiernos títeres que hoy ocupan el poder en Alemania y Austria “por la gracia de un Dios tribal” que atiende en Nueva York, Londres y Jerusalén, entre otras cosmopolitas metrópolis.
  Desde 1945, la Opinión Pública planetaria ha sido informada sobre terribles matanzas, campos de  concentración y persecuciones perpetradas por la Alemania nacionalsocialista.  Sin embargo, aquello viene ocurriendo en un marco sin precedentes y único en la historia de la humanidad en el que un Estado (el Tercer Reich alemán) sucumbió militarmente en forma total e inerme a manos de sus irreconciliables enemigos (Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia), que así lograron robarle su territorio, condenar a sus dirigentes (la travestía jurídica de los Juicios de Nuremberg son un símbolo de ello), robarle cientos de miles de patentes, inventos, procesos industriales y derechos intelectuales de toda índole, y – muy importante – quitarle la totalidad de su documentación de Estado, especialmente aquella calificada como secreta; todo como gran botín de guerra. Aquella documentación fue retirada y llevada a Nueva York, Londres, París y Moscú desde donde con los años se fue escribiendo una "historia oficial" según la conveniencia, intereses y objetivos mundiales de aquellas potencias victoriosas.  Entre esos futuros objetivos y planes se encontraba la creación, el financiamiento y la poderosa militarización ad aeternum del Estado de Israel. 
  A modo de ejercicio mental, preguntamos: ¿cuál sería la imagen que tendría el mundo hoy si la totalidad de los documentos secretos de, por ejemplo, Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel cayeran íntegramente en manos de sus adversarios para que éstos los seleccionaran y armaran su propia “historia oficial”, con el fin de satanizarlos y promover su propio conjunto de objetivos? ¿Se imagina el lector las cosas que descubriríamos si pudiéramos, por ejemplo, investigar a fondo  los capítulos más oscuros, sanguinarios, perversos, patológicos y destructivos escondidos en los archivos secretos de la CIA, del Pentágono, y de la Nacional Security Agency estadounidenses?  O del MI6 y el Foreign Office británico?  O del Mossad, Shin Beth y Fuerzas de Defensa Israelí? 
  Hoy, los Estados Unidos ni siquiera logra quedar bien parada ante la opinión pública a pesar de ser la nación más poderosa del planeta.  Imaginémonos cómo quedaría ante la opinión pública si se pudiera desnudar a estadounidenses, británicos e israelíes íntegramente como ellos hicieron con Alemania a partir de 1945… ¿Cuántos “Tribunales de Nuremberg” tendríamos que montar para juzgar y condenar a los Kissinger, Truman, Eisenhower, Roosevelt, Bush, Johnson, McNamara, Bundy, Kennan, Deutch, Baruch, Mongenthau, Cheney, Perle, Wolfowitz, Feith, Rockefeller, Harriman, Clinton, Albright, Carlucci, Reagan, Hoover, Westmoreland, Rusk, Schwartzkopf, Powell, Braden,  Rhodes, Kagan, Podhoretz, Brzezinski, Abrams, Negroponte, Bolton, Dulles, Rice, Rumsfeld, Baker, Casey, Berger, Armitage, Lehman, Kaplan, Helms, Solardz, Sokolski, Thatcher, Churchill, D’Amato, Nixon, Ford, Carter, Eden, Carrington, Nott, Harris, Shamir, Meir, Sharon, Netanyahu, Barak, Peres, Gore, Beghin, Gurion, y tantos, tantos, más.   El mundo jamás habría visto tantos encumbrados juzgados por crímenes de lesa humanidad, genocidio y de crímenes contra la paz.
  Por eso, el alineamiento vergonzoso y sistemático de todos los gobiernos argentinos desde hace al menos treinta años a favor de los objetivos, intereses y planes de los dueños del Nuevo Orden Mundial conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel debe terminar.  Este vulgar proceso de decadencia se vio agudizado a partir de la traición menemista de los años noventa en todos los planos de la vida nacional y de sus relaciones internacionales, signadas desde entonces por las “relaciones carnales” con el imperio anglo-norteamericano-israelí (hoy intactas bajo el gobierno Kirchner que mantiene los ejes principales de esa sumisión, a pesar de haber cambiado el “estilo”).  
  En el caso específico de las declaraciones del presidente iraní, recordemos que la Argentina acusó a Irán por los atentados de la AMIA y, tangencialmente, de la Embajada Israelí, solo aportando pistas falsas, “pruebas” obviamente plantadas por fuerzas israelíes y norteamericanas que se hicieron cargo de investigar ambos “Ground Zero” en marzo 1992 y julio 1994.  Así, se trabajó durante más de una década en inventar una obviamente inexistente “pista iraní” con el bochornoso espectáculo que incluyó a un juez federal cometeando a un preso para que dé falso testimonio (el destituido juez Galeano) y, hace pocas semanas, a un histérico fiscal de Estado (Nissman) mostrando una foto de un supuesto “terrorista asesino” que se auto-inmoló en el atentado a la AMIA, tesis que rápidamente quedó descartada debido a su burda falsedad.  Todo, por supuesto, con altísima cobertura mediática de los diarios, radios y televisión local. Pero hoy se sigue trabajando intensamente para “encontrar” las “pruebas” que den sustento a la “pista iraní” que necesitan Bush y Sharon para armar un nuevo casus belli, esta vez contra Irán, mientras que lo que realmente hace falta es profundizar en la mucho más verosimil “pista israelí” (remitimos al lector al Cap. VI de nuestro citado ensayo “Bienvenidos a la Jungla…”).

 

LA CÁBALA DE LAS CIFRAS

 

  Para comprender cómo opera el mecanismo mistificador en torno a los 6 millones, señalemos que en un entorno mucho más pequeño y reciente en nuestro país, hemos visto un proceso parecido al propagarse el mito de los “30.000 desaparecidos”, cifra que no sólo no tiene ningún sustento, sino que la propia CONADEP – Comisión Nacional de la Desaparición de Personas creada por el gobierno Alfonsín en 1984 - en su conocido informe “Nunca Más”, describe la existencia de unos 8.700 “casos” denunciados de personas desaparecidas, al tiempo que reunió pruebas concretas que permitieron juzgar a los militares responsables en sólo un par de centenares de casos. 
  Aun entre esta cantidad mucho menor de “desaparecidos” descriptos por la CONADEP, hallamos casos notables de “desaparecidos” que terminaron apareciendo en el exterior; incluso alguno ha llegado a integrar el actual gobierno del presidente Kirchner, como el caso notable de la Dra. Carmen Argibay quien figura en el listado del informe “Nunca Más”, y que recientemente fuera nombrada jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por Kirchner. 
  Lo importante es señalar que, también aquí, el mito fue echado a rodar dinamizado por los medios de difusión que lo repiten una y otra y otra vez, taladrándolo en el cerebro de la ciudadanía, hasta que se lo terminó integrando de preppo al imaginario colectivo argentino. Señalamos esto para enfatizar la importancia que tiene no permitir que se falsifique la realidad - según la frase de Norberto Ceresole citada al inicio de este artículo -, lo que decididamente NO implica en lo más mínimo justificar la barbarie, estupidez y entrega del gobierno cívico-militar que usurpó el poder en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. 
  Los despreciables victimarios deben pagar por sus crímenes.  Sin embargo, una cosa es castigar a los individuos responsables – especialmente por tratarse de militares de alta gradación - y otra muy diferente es defenestrar a la institución de las fuerzas armadas y de seguridad, esenciales para la defensa y seguridad del Estado Argentino. Así, un conjunto de personajes internos y externos se ha aprovechado del terrible dolor de aquellos años para promover otros intereses menos confesables que apuntan a lograr la paulatina disolución y destrucción de la República Argentina.
  Moralmente, un solo ser humano injustamente perseguido o muerto merece Justicia, haya sido perseguido por militares argentinos, alemanes, estadounidenses, iraquíes, soviéticos, o israelíes, o por fanáticos chinos, sionistas, franceses o ingleses.  Pero la Justicia debe ser pareja y para todos y no sólo para algunos.  Y si hemos de condenar a militares argentinos y jerarcas alemanes, también debemos condenar a torturadores israelíes e ingleses y a invasores norteamericanos. 
  Por eso, pongamos las cosas en su justa proporción: ¿6 millones del Holocausto? ¿30.000 Desaparecidos? La exageración no sólo no acerca la Justicia y la Verdad, sino que, todo lo contrario, las aleja e insulta la memoria de quienes fueron realmente víctimas en todas estas complejas contiendas y guerras.
  Primero, entonces, generemos un ámbito objetivo y equilibrado que permita conocer los datos reales en torno a estos dolorosos hechos y procesos, y luego podremos determinar las cantidades de víctimas que sucumbieron. Hoy parece que se hace al revés: primero se tiran las cifras que permiten armar el Mito más conveniente para determinados objetivos encubiertos y luego se ejerce presión para obligar a todos a creer en ellas, con lo que se cobra una víctima más: la Verdad.
  Lo hemos dicho reiteradamente: si los Argentinos hemos de superar los males que nos aquejan, lo primero a hacer consiste en “entender y saber de qué se trata”, lo que por sobre todas las cosas presupone pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno.


 (1) También publicado en la Argentina bajo el título "La Industria del Holocausto: Reflexiones sobre la Explotación del Sufrimiento Judío" (Siglo XXI de Argentina Editores, Buenos Aires, 2002), extrañamente, hoy casi inhallable en nuestras librerías.
 (2) Premio Nobel de la Paz de 1986, miembro del poderoso Council on Foreign Relations, Inc., de Nueva York, y Gran Pope del Mito del Holocausto a nivel universal.  En 1980, Wiesel fue nombrado presidente del Consejo Estadounidense del Monumento al Holocausto por el entonces presidente Jimmy Carter (a su vez, también miembro del Council on Foreign Relations y de la Trilateral Commission de David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger y Maurice Greenberg, entre muchos otros poderosos).  www.eliewieselfoundation.org
 (3) Recordamos al lector que en 1935, Alemania sancionó legislación que severamente coartó las libertades individuales de los judíos en aquél país, prohibiéndoseles ocupar cargos públicos y ejercer diversas profesiones, aunque se les permitió ejercer sus actividades comerciales (solo así se explica que, más de tres años después, en Octubre 1938 pudiera tener lugar la lamentable “Noche de los Cristales” en la que miembros del partido nazi rompieron las vidrieras de miles de negocios pertenecientes a judíos en las ciudades alemanas, en protesta por la muerte del encargado de negocios alemán en la embajada de París a manos de un asesino judío).  Resulta notable señalar que aquella legislación – las conocidas “Leyes de Nuremberg” de Septiembre 1935 – se basaron, entre otros antecedentes, sobre la legislación y las constituciones estatales racistas de los Estados norteamericanos de Louisiana, Alabama, Mississippi, Georgia, Carolina del Sur y Arkansas, y también en las leyes del Apartheid que regían en la británica Sud Africa, que desde hacía décadas dejaron sin derechos civiles a los pobladores negros, reduciéndolos a un estado de cuasi-esclavitud que habría de perdurar décadas después de que la Alemania nacionalsocialista fuera derrotada por los democráticos norteamericanos e ingleses.  Las vueltas de la historia…
 (4) Para un análisis más profundo, ver del autor “Bienvenidos a la Jungla: Dominio y Supervivencia en el Nuevo Orden Mundial” (Ediciones Anábasis, Córdoba, 2005, 252 pags), particularmente su Cap. VI sobre el tema del “Sionismo”  
 (5) Citado por “La Nación” de Buenos Aires, 09-Dic-05, artículo “Irán desata otra polémica mundial: propone mudar Israel a Europa”.  También “El País” de Madrid de misma fecha, artículo “El presidente de Irán propone que Alemania y Austria acojan a Israel”

EL HOLOCAUSTO DE EMBRIONES

EL HOLOCAUSTO DE EMBRIONES

Nicolás JOUVE DE LA BARREDA (*)

 

  Se acaba de cumplir el 25 aniversario de la implantación de la fecundación in vitro, y, aunque han nacido por este método más de un millón de niños en el mundo occidental, muchos otros han quedado olvidados en congeladores.

 

  Además de los exiguos resultados de la fecundación in vitro (FIV), hay otro aspecto más lamentable: el enorme problema que representan los embriones que se pierden, olvidados en congelación, destruidos por la manipulación, reducidos tras la implantación o sacrificados para fines distintos a los reproductivos.
  Se están creando centros para la investigación con células de origen embrionario en Andalucía, Valencia y otras regiones. Además, se está procediendo a la aprobación en España de proyectos de investigación que implican la mal llamada clonación terapéutica, y se espera para los próximos meses la tramitación de una Ley, impulsada por el actual Gobierno, que desarrollará y ampliará el Real Decreto 2.132, de 29 de octubre de 2004, por el que se establecían los «Requisitos y procedimientos para solicitar el desarrollo de proyectos de investigación con células troncales obtenidas de preembriones sobrantes». Una ley que es previsible que deje en manos de los investigadores la utilización e, incluso, la producción de nuevos embriones, para su uso sin restricciones con fines de investigación, y una puerta abierta hacia la eugenesia.

 

  ¿Son los embriones seres humanos reales, o simples conglomerados de células? ¿Qué hacer con los embriones sobrantes, producto de reproducción in vitro? Por definición, en biología sabemos que un embrión constituye la etapa inicial de la vida de un ser vivo. Si se habla de embriones humanos se trata de vidas humanas nacientes. De esto no caben dudas ni es ético alimentarlas. En los últimos años, se han acumulado pruebas científicas irrefutables desde la genética, la biología celular y la embriología. En primer lugar, en el cigoto se constituye la información del genoma individual, o sea, la identidad genética, el conjunto de la información sobre cómo va a ser (es ya) el nuevo individuo humano. Desde la concepción, una vez fusionados los núcleos gaméticos materno y paterno, queda determinado todo sobre las características del nuevo ser humano y que ya no variarán hasta la muerte. La expresión de estos genes irá aflorando a medida que llegue su turno durante el desarrollo.

 

  En segundo lugar, desde la biología celular, los trabajos de la doctora Magdalena Zernicka-Goetz, en el Wellcome/Cancer Research (Cambridge, Inglaterra), publicadas en Nature hace dos años, demuestran que, «en la primera división celular, ya existe una memoria de nuestra vida». En ese instante queda determinado el plano general del desarrollo del ser recién concebido.
  De cumplirse las condiciones necesarias, el embrión irá atravesando los diferentes estadios morfogenéticos hasta el nacimiento. Al cabo de 4, 5 días presentará el estado de blastocisto y tendrá la forma de una bola hueca, en cuyo interior presentará una masa de un centenar de células, de las que surgirán todos los tejidos y órganos, que empezarán a formarse superada la anidación en el útero materno.

 

  La anidación es el primer paso para una gestación. Proporciona la oportunidad al embrión de que se complete su programa de desarrollo, establecido en su genoma individual desde el momento de la concepción. A partir de esta etapa crucial, se acentúa la relación y dependencia entre el embrión y el ambiente materno, pero la cualidad de vida humana ya existía desde el principio. Un embrión no acogido en su momento en el ambiente materno se detiene, se colapsa en su desarrollo y muere, a menos que se le congele. Pero la congelación es otra fuente de problemas. Tras 25 años de FIV, se supone que existen más de 1.500.000 embriones congelados en todo el mundo, de ellos, unos 200.000 en España. ¿Qué hacer con ellos?

 

Dignos desde su origen

 

  Partamos de la base de que la condición de vida humana es independiente del origen del embrión. La artificialidad de su producción o de su conservación no altera ni su naturaleza biológica ni su dignidad de vida humana. Frente a la situación planteada por la acumulación de vidas humanas congeladas, se han propuesto varias posibles soluciones: la ideal es la primera, la devolución a la propia pareja de la que procedan, para futuros embarazos. La segunda, la adopción por otra pareja diferente, sería aceptable si se piensa en los embriones congelados, pero habría que regular el procedimiento para evitar los abusos comerciales, o la compra-venta de úteros de alquiler. La tercera, dejar morir a los embriones manteniéndolos en estado congelado, es muy discutible, pues han sido creados para la vida y no puede considerarse ético; no hay una diferencia clara entre dejar morir o matar. El cuarto supuesto, la utilización para la investigación, es inaceptable desde todos los puntos de vista, ya que se trata de sacrificar los embriones sin darles la más mínima oportunidad, y además no hay necesidad de ello. Hoy, todas las investigación básicas sobre temas de desarrollo embrionario son fruto de trabajos experimentales realizados con animales, que nos ofrecen las mismas posibilidades de avanzar en el conocimiento, y no plantean problemas éticos. Pero, sobre todo, para las aplicaciones biomédicas y clínicas no hay por qué recurrir a las células madre embrionarias. Tras varios años de investigación, no han dado ningún resultado aceptable. La alternativa más eficaz son las llamadas células madre adultas, extraíbles de tejidos somáticos de los propios pacientes a tratar, ante un problema de un tejido deteriorado, y que por lo tanto no requieren el sacrificio de embriones.

  (El Prof. Jouve de la Barreda es catedrático de Genética, en la Universidad de Alcalá)

 

LAS CRUZADAS, EL ISLAM Y EL PUENTE AÉREO

LAS CRUZADAS, EL ISLAM Y EL PUENTE AÉREO

Vittorio MESSORI

 

  Revolviendo en mi archivo he encontrado una carpetilla con apuntes que tomé en un verano lejano en el que decidí dedicar mis lecturas estivales a las cruzadas. Quería extraer una serie de apuntes para el diario «Avvenire», pero poco después decidí suspender mi firma y el material acumulado se quedó allí, olvidado. Con aquella búsqueda intentaba responder a las inquietudes de muchos lectores, que me recordaban que había dedicado algunos párrafos pero no había profundizado nunca en el tema. Tampoco lo voy a hacer aquí, faltaría más: me limitaré a extraer algunas anotaciones. Por ejemplo, el de un especialista, el medievalista católico Franco Cardini, que un día, por aquella época en que Juan Pablo II no paraba de pedir disculpas históricas, se levantó un día de mal humor por lo que a él, como historiador, le parecía un inaceptable anacronismo y escribió: «Queriendo ser más papista que el Papa, creo que, a la larga lista de delitos atribuidos a los cruzados (“fanáticos, violentos, intolerantes, ladrones, supersticiosos...”) añadiría una acusación más: eran estúpidos. No se explica, si no, que hayan tardado tanto en llegar a Jerusalén, atravesando montañas y desiertos, pudiendo haber cogido el puente aéreo...».

  Prosigue Cardini: «¿Creéis que me he vuelto loco? No, lo digo absolutamente en serio. Si resulta tan evidente que los cruzados no podían disponer de aviones porque todavía no estaban inventados, tampoco se puede pretender que pudieran razonar según los parámetros de tolerancia y de respeto a la vida humana que Occidente elaboró tan fatigosamente entre los siglos XVI y el XIX». Y añadía como conclusión: «Alguno rebatirá que esos principios ya estaban en el Evangelio, y que los cruzados, en teoría, eran cristianos. Sin duda, pero la fe cristiana en los siglos XI, XII y XIII no era comprendida ni vivida como en nuestros días». El historiador remacha: «Que Dios me perdone, pero las excusas que se le piden a los bisnietos en nombre de los antepasados me producirían una sonrisa si no fueran una violación de los deberes del historiador -que debe comprender y no condenar de modo ingenuamente anacrónico- y son una grave injusticia para aquellos creyentes que nos precedieron».

 

  Fue el mismo Cardini el que volvió a recordar más adelante cómo el moderno Occidente ha contribuido a crear la reacción islámica de la que ahora es objetivo. En el mundo musulmán, todo lo que viene de Europa, de Israel, de América, es calificado, invariablemente y con odio, de «cruzada». «Cruzados» son los israelitas que destruyen casas y levantan muros; «cruzados» son los americanos que bombardean y ocupan; «cruzados» son los europeos, aunque lleguen a ellos con organizaciones humanitarias. En realidad, como ya ha documentado el historiador florentino, la memoria de las expediciones de los siglos X y XI había desaparecido prácticamente entre los musulmanes, e incluso en las zonas que contemplaron aquellos enfrentamientos. En efecto, objetivamente hablando, las cruzadas -que movilizaron a pocos miles de hombres- fueron un pinchazo de aguja en un mundo islámico que abarcaba desde Portugal a Asia central. Pero llegó la era del colonialismo y de los Gobiernos europeos -empezando por el francés-, compuestos por masones, y que actuaban como brazos políticos de las Grandes Logias, se inquietaron porque en el séquito de las tropas que conquistaban territorios en África y en Asia había misioneros. Era necesario neutralizarlos. De ahí el gran interés por instalar también en aquellos lugares la contra-Iglesia, la masonería, en la que educar a los hombres notables locales. A aquellas logias se les confió también la propaganda anticatólica: ¿cómo tomar en serio a unos sacerdotes cuyos predecesores habían organizado y gestionado campañas de guerra contra el islam, que habían masacrado a niños, violado a mujeres, robado tesoros y a todo esto le habían llamado «cruzada»? La memoria de aquellos hechos, disfrazada con las ropas de la tan cacareada leyenda negra, fue resucitada, anunciada a la plebe (que a menudo no había oído hablar de nada de eso) y cada vez se radicalizó más. El colonialismo se acabó, pero la semilla sembrada había cogido fuerza: el odio destinado a la Iglesia terminó por involucrar a todo Occidente, con los resultados que ahora vemos.

 

  La cruzada no fue una agresión y no fue una Guerra Santa: fue legítima defensa. Y ésta es una verdad que a la gente le cuesta asumir. Y, sin embargo, bastaría un pequeño atlas histórico para poder comprender. Cuando Constantinopla hizo llegar a Europa su llamada de auxilio, el extensísimo imperio romano de Oriente había quedado reducido a los límites de Grecia, menos de la mitad de Italia. Tras la conquista de Oriente Medio y de toda África del Norte, a los guerreros de Alá les faltaba sólo un paso más para acabar de una vez con el último bastión de la cristiandad. Para los cristianos, acudir en ayuda de los hermanos era un deber sagrado.

 

  Ciertamente, la Historia es misteriosa, y a los ojos humanos, quizá cruel. Nacidas también como empresas de solidaridad entre cristianos orientales y occidentales, las cruzadas terminaron por crear entre las dos comunidades un muro que todavía no se ha conseguido resquebrajar. Aquella Constantinopla que los turcos no habían conseguido expugnar hasta entonces, fue tomada y saqueada en 1204 por un ejército que había partido de Europa con la insignia de la cruzada y que, en lugar de hacerlo contra los infieles, terminó por enzarzarse con los propios hermanos en la fe.

 

  Si la cruzada no fue agresión, no fue tampoco, por tanto, guerra de religión. Lo que importaba era volver a abrir a los cristianos la vía de la peregrinación hacia el Santo Sepulcro; nadie tenía intención de convertir al Evangelio a los seguidores del Corán. No hubo esfuerzos misioneros y, aparte de algún hecho aislado de grupillos fanáticos, ningún musulmán fue incordiado por profesar su fe. La Iglesia, por tanto, no puso nunca este objetivo en sus cruzadas. Como muestran las fuentes, en Jerusalén los mismos Templarios, dispuestos siempre a la batalla si fuera necesario, tenían una mezquita junto a su iglesia, y cada uno dejaba que el otro rezase a su Dios. Los primeros intentos de conversión en aquellos lugares se remontan al siglo XIII, como obra de los franciscanos, cuando ya todo había terminado para los reinos cristianos y el islam había vuelto a extender su manto. No es casual que aquellos frailes terminaran casi todos siendo martirizados.

 

  No a la hostilidad. En cuanto a la relación con los judíos, me remito a lo que escribe un historiador americano actual, Thomas F. Madden. Me parece significativo, dado que se trata de un estudioso protestante: «Como en cualquier conflicto, hubo desventuras, errores y crímenes. A comienzos de la primera cruzada en 1095, un grupo conducido por el conde Emicho de Leiningen, se abrió camino a lo largo del Rin robando y asesinando a los judíos que se encontraban a su paso. Los obispos locales intentaron sin éxito frenar la masacre. A los ojos de aquellos guerreros, los judíos eran enemigos de Cristo. Matarlos, por tanto, no era pecado. Efectivamente, creían que se trataba de un acto de rectitud, pudiendo utilizar así el dinero de los judíos en financiar la cruzada hacia Jerusalén. Pero se habían equivocado y la Iglesia condenó firmemente la hostilidad contra los judíos».

  Cincuenta años más tarde, cuando la segunda cruzada estaba a punto de comenzar, san Bernardo proclamaba que no había que tocar a los judíos: «Preguntad a quien conozca las Sagradas Escrituras qué es lo que se dice para los judíos en el salmo: “Ruego por que no sean destruidos”, está escrito. Los judíos son para nosotros la palabra viva de la escritura, nos recuerdan aquello por lo que siempre sufrió nuestro Dios [...] bajo los principios cristianos soportan una prisión dura, pero “aguardan el tiempo de su liberación”».

  Con todo, un tal Radulf, monje cisterciense, azuzó a unos cuantos contra los judíos de Renania, a pesar de las cartas que le envió Bernardo para frenarlo. Finalmente, el santo se vio obligado a acudir personalmente a Alemania, donde tomó a Radulf y lo devolvió a su convento y así terminó con las masacres. El historiador norteamericano Thomas F. Madden afirma: «A menudo se dice que las raíces del Holocausto se encuentran en estos pogromos medievales. En realidad, las raíces se remontan mucho más atrás, son más profundas y se extienden más allá del tiempo de las cruzadas. Muchos judíos perecieron, pero el objetivo verdadero no era realmente matar a los judíos, sino exactamente el contrario: papas, obispos y predicadores aseguraron que los judíos no iban a ser hostigados. En la guerra moderna llamamos a las muertes trágicas como estas “daño colateral”. En los EE UU, con las tecnologías “inteligentes”, se ha asesinado a muchos más inocentes que todos los que pudieron matar nunca los cruzados. Pero ninguno osaría decir seriamente que el objetivo de las guerras americanas es masacrar mujeres y niños».



  España y la cruzada. Los caminos del mundo fueron abiertos por la fuerza y el entusiasmo de un ideal poderoso, que no fue sofocado con el final de las expediciones y que permanecía en el umbral de la edad contemporánea. Las velas de las carabelas de Colón llevaban la gran cruz roja de las cruzadas: se intentaba llegar a las Indias navegando hacia Occidente para encontrar oro y plata que sirvieran para financiar la reanudación de la lucha. Esta vez con España que, una vez atravesado el estrecho de Gibraltar, alcanzaría la remota Jerusalén con una marcha victoriosa a través del Norte de África. Éste era el sueño de los Reyes Católicos.

 

  Pero ya en 1245 se había abierto hacia Oriente la vía de Asia: el franciscano Giovanni da Pian del Carpine había sido enviado, diez años antes de Marco Polo, a la tierra de los mongoles para obtener su alianza, sorprender al islam entre dos fuegos y reanudar la cruzada. El mismo objetivo tuvieron, en 1253, las embajadas que san Luis de Francia envió a Persia (con el dominico Ivo el bretón) y a China (con el franciscano Guillermo de Rubruck).

  ¿Quién recuerda ahora que a la salvación de Europa contribuyó una realidad que sin las cruzadas no habría sido posible? Por ejemplo, la Orden del Temple y los templarios u hospitalarios, que nacieron para atender los Santos Lugares en Tierra Santa. Cuando fue expulsada de allí, después de Chipre, y más tarde de Rodas, la orden, instalada en Malta, se convertirá en la mayor potencia de todo el Mediterráneo, la única capaz de hacer frente a las flotas otomanas y mantener el mar limpio de las embarcaciones de piratas que lo surcaban a la caza de cristianos para vender como esclavos en Argelia o Túnez.

 

  La «Garzantina», la pequeña enciclopedia Universal, es el instrumento de primera formación más difundido en Italia, desde hace años. Yo lo tengo sobre el escritorio, como libro de primeros auxilios. Voz «cruzadas»: «Expediciones que tuvieron como base razones sociales, económicas y políticas». Éstas, y sólo éstas, según el manual. La fe, por tanto, no es un razón suficientemente importante como para incluirla, para explicar quizá que, durante siglos, millones de ricos y pobres, de jóvenes y viejos, de hombres y de mujeres (¡cuántas familias partieron al completo!) hayan afrontado miserias, fatiga y hasta la muerte persiguiendo el sueño de liberar, para siempre, los lugares santificados por Cristo. En la primavera de 1097, cuando los jefes dieron la señal de partida de Constantinopla, eran más de cien mil. Cuando, dos años después, en junio de 1099, llegaron bajo los muros de Jerusalén, eran menos de veinte mil: los otros habían muerto durante el camino o habían sido capturados, para ser vendidos como esclavos, por incursiones de saqueadores y piratas. Pero cuidado, no saquéis a relucir la fe para explicar semejante obstinación en alcanzar la meta a cualquier costa. ¿A quién queréis engañar, cristianos? ¡Sabemos muy bien que los motivos eran solo sociales, económicos y políticos! Palabra de enciclopedia.

 

  Políticamente incorrecto. Hablábamos de Franco Cardini, el historiador. Le debemos también una biografía de san Francisco en la que hace justicia al santo, todo diálogo, tolerancia, ecologismo; un texto construido antes del romanticismo y de las ideologías actuales, que lo instrumentalizan para su propia propaganda. En realidad, el Francisco «verdadero» se sumó a la quinta cruzada y no sólo no dijo nunca una sola palabra de condena o de crítica, sino que llegó a dar consejos a los jefes de la expedición sobre los modos y los plazos para afrontar la batalla bajo Damietta. Y se lamentó profundamente de que el éxito no acompañara a los cristianos.

  Cardini subraya cómo muchos biógrafos modernos han revestido de ropajes políticamente correctos aquella experiencia del Santo que se concilia mal con la caricatura de «tonto del lugar» que predicaba a los pajarillos, hablaba con los lobos y abrazaba alegremente a todos los que se encontraba por el camino. Incluido el sultán, aquel al que el Francisco histórico, no el del mito, fue a visitar. No para dialogar, sino para convertirlo, desafiándolo a una prueba para ver si era más poderoso el Dios de Jesús o el de Mahoma.

  Pero volvamos a Cardini: «Para sostener la imagen “correcta” del santo se han utilizado argumentos que rozan el ridículo. Por ejemplo, que nunca llevaba armas (fingiendo ignorar que su condición de clérigo le prohibía llevarlas). Se han forzado las fuentes para leer - en un episodio en que Francisco desaconseja a los cruzados ofrecer batalla, porque había tenido una visión de la derrota- una especie de astucia para evitar el combate. Se ha dicho además -¡y sin justificación alguna!- que predicó a los cruzados para que abandonaran las armas. Y se ha dicho también, para rematar esta galería de bobadas, que «Francisco ha demostrado querer convertir a los fieles a través del amor, y no con la espada».

MESTIZAJE E IGUALITARISMO EN AMÉRICA

MESTIZAJE E IGUALITARISMO EN AMÉRICA

Alberto BUELA 

 

  Parece ser que ya pasó la época en que los ensayistas que se ocupaban de la índole de nosotros, los americanos, sostenían la superioridad de la raza blanca europea, afirmando que éramos más o menos capaces en la medida en que nos acercábamos a tan preciado arquetipo de hombre. Ellos nos juzgaron según pautas dadas por el Iluminismo y la Ilustración, y tuvieron su plenitud durante dos siglos y medio -XVIII, XIX y primera mitad del XX-.


  Si, hipotéticamente, hay algo de bueno en las consecuencias de la segunda guerra mundial, ello es la quiebra definitiva de la imagen eurocéntrica de hombre. A partir de allí el hombre europeo pierde su validez universal y se transforma en un tipo más de las distintas figuras de hombre que habitamos este mundo.
  Hoy, y desde hace medio siglo, ha adquirido plena vigencia la teoría del mestizaje para explicar lo que somos nosotros, los americanos. Así tenemos mestizajes de toda laya. Aquellos que nos hablan de mestizaje cultural: en América convergen todas las culturas. Somos la raza cósmica. Racial: a la América ibérica se superpone la africana, luego la latina, ahora la coreana etc. Lingüística: en nuestra América no hablamos el portugués y español peninsulares sino ya una lengua diferente a aquellas. Ontológico: Sosteniendo, según la teoría hilemórfica, que el indio es la materia y el europeo la forma. Político: nuestras formas de gobierno son democracias autoritarias, mezcla de caudillos y de pueblo. 
  La consecuencia de esta teoría del mestizaje es la miserable, bastarda y claudicante “teoría de la no-conclusión de América”, según la cual América aún no es. Ejemplar típico de los sostenedores de esta vergonzante teoría es nuestro compatriota, el confundido Carlos Dufour quien, muy suelto de cuerpo cual mariposa gringa que es, afirma: ”La dialéctica de nuestra identidad estará en ser lo que no somos y en dejar de ser lo que fuimos”. Es la tesis típica de aquellos que carecen de enraizamiento a su tierra y a sus tradiciones.
  Esta teoría del mestizaje, bajo sus distintas variantes, supone que los aportes son por partes iguales en todo. Aún cuando algunos pongan más el acento en lo indio -los indigenistas- y otros en lo latino -los latinoamericanistas-. La idea de igualdad está en la base de la teoría del mestizaje. Y éste es el aspecto más falaz de dicha teoría.

 


  Vayamos por partes. Nosotros no negamos que en nuestra América se haya producido un mestizaje. Es más, creemos que el fruto más logrado de ese colosal abrazo que se dan, durante tres siglos, tanto en la lucha como en el lecho, peninsulares y aborígenes es la América criolla, la América morena. Lo que nosotros negamos es que seamos el producto de un “igualitarismo cultural” en donde la cosmovisión bajomedieval que traían españoles y portugueses haya aportado por partes iguales con la cosmovisión indiana en la constitución de lo que somos. No. De ninguna manera. El mestizaje que se dio en América, y hay que decirlo con todas las letras, no es un entrecruzamiento por partes iguales, pues en los aspectos superiores de la vida del espíritu - lengua, religión, filosofía, instituciones, etc.- el aporte ibérico fue incomparablemente mayor que el indiano. Y es por este aporte que nosotros, los americanos, somos herederos legítimos de las tres grandes figuras cosmovisionales que ha producido Occidente: la greco-romana, la heleno-cristiana y la hispano-portuguesa. Y en este sentido podemos decir, disculpen la inmodestia, que nosotros lo iberoamericanos somos el verdadero Occidente, y ello no tanto por nuestro méritos sino mas bien porque hemos sido menos zapados, menos corroídos por la modernidad. Y en esta defensa ante la avasallante marcha del mundo moderno, no poco ha tenido que ver el aporte indiano con su categoría de tiempo.

 


  Nuestra conciencia hispanoamericana, y esta es una de nuestras principales tesis, surge de la simbiosis de dos cosmovisiones: la bajomedieval o arribeña y la indiana o precolombina.

  Nuestra conciencia  se constituye hablando filosóficamente no como un compuesto sustancial sino como un mixto perfecto, puesto que nuestra identidad surge por fusión y no por mezcla de diversos elementos completos en sí mismos - lo bajomedieval y lo indoamericano como cosmovisiones- que forman un todo natural: la conciencia hispanoamericana que es análogamente diferente a los elementos de que está compuesta. Esto es a lo indo y a lo europeo bajomedieval.

  Pero ¿qué rasgo propio de aquellos aborígenes de mil lenguas y centenares de etnias perdura en nosotros? Y ¿qué rasgos propios habitan en nuestra conciencia de aquellos españoles de mil razas que poblaron Iberia y forjaron América? Destacamos dos: la categoría de tiempo que nos viene de nuestra matriz telúrica y el sentido jerárquico de la vida y de valores objetivos que proviene de la cosmovisión católica ó bajo medieval “que es la que rescata al indio americano de la oscuridad de sus ídolos”, en la expresión de Jaime Eyzaguirre. Aclaremos que cuando hablamos de “lo católico”  no lo hacemos en tanto que categoría confesional sino en cuanto a que es el rasgo que caracteriza la Weltanschauung del hombre europeo arribado a las tierras americanas.

 


  Así pues, esta conciencia europea, incluso hasta las últimas olas migratorias, no pasó por los diferentes estadios de lo que Christopher Dawson denominó Revolución Mundial. Es decir, Reforma, Revolución Francesa, Revolución Bolchevique y Revolución Tecnocrática. En una palabra nosotros forjamos nuestra identidad asumiendo la fuerza vital y los valores de la Europa anterior a la Revolución Mundial, aunque encarnados en forma diferente debido a la gran matriz americana - el genius loci: clima, suelo y paisaje- y éste es el motivo por el cual Hispanoamérica toma desde el comienzo, desde el siglo XVI, un camino diferente al resto de Occidente. Para nosotros lo tradicional y lo local no se oponen a lo occidental como en Africa o Asia, sino que es lo occidental auténtico moldeado por el aporte indiano. Lo criollo es nuestra manera de ser occidentales.

 


  Si los rasgos históricos básicos de Occidente son: el indo-europeo como substrato lingüístico, la noción de ser aportada por la filosofía griega (que las tradiciones no occidentales jamás presintieron ni barruntaron), la concepción del ser humano como persona que aplica su voluntad libre en la propiedad como aporte romano, el Dios uno y trino personal y redentor como aporte más propio del cristianismo y la instrumentación de la razón como poder científico y tecnológico que le ha dado hasta el presente la primacía sobre Oriente. Y estos elementos fundantes son reemplazados por la alienación lingüística del baby talk; el reemplazo del pensamiento reflexivo por la gnosis moderna como atajo al saber; pérdida de los méritos de la persona en el anonimato igualitarista; disolución del mensaje cristiano de salvación en un mensaje puramente social y participación activa en el poder de coerción por parte de Oriente. Nosotros, los hispanoamericanos, estamos en contra de este Occidente porque no es otra cosa que nuestra guillotina. Y esto, hoy en día, lo comprende claramente el mundo musulmán que distingue en forma tajante entre el occidente judeo-anglo-sajón y el occidente Iberoamericano.

 

  Si al comienzo de esta meditación intentamos responder a la pregunta de ¿quiénes somos?, corresponde ahora contestar a la pregunta de ¿qué es América?. Y ésta es la segunda de nuestras tesis.
  Así, sostenemos que América debe ser entendida como “lo hóspito” donde el hombre, sea en su búsqueda de gloria y riquezas, sea huyendo del hambre, la guerra, la enfermedad, la persecución, busca realizar plenamente su naturaleza. En América, y esto vale para la totalidad de su territorio, todos somos inmigrantes desde los primeros aborígenes que entraron por el estrecho de Bering hasta las últimas oleadas de asiáticos que están llegando estos días. América se diferencia del resto del mundo por su capacidad de hospedar (hospitari) a todo hombre que como huésped (hospitis) viene de lo in-hóspito. América es pues “lo hóspito”. Ahora bien, esta aparente pasividad receptiva lleva ínsita una actividad modificadora, que mediante la acción del ya mencionado genius loci americano - clima, suelo y paisaje- transforma a lo recibido.

 

  Para concluir entonces y volviendo al comienzo de nuestra exposición, digamos que la mayor dignidad de una cultura en nuestros días está en relación directa con la conciencia clásica. Ni España, Inglaterra, Francia o Alemania para constituir su identidad mezclaron lo clásico con lo bárbaro sino que dejaron que aquel informara a éste. De igual manera la identidad americana no se debe buscar en el mestizaje a partes iguales sino en la aproximación a las fuentes clásicas de cultura occidental pero, eso sí, vistas y vividas desde América.

 

  Repitámoslo, nuestra exigencia es doble, por un lado tenemos la obligación de pensar y actuar a partir del enraizamiento a la tierra americana y sus tradiciones telúricas, pero en la medida en que nuestra expresión americana se aparte de lo heleno, romano, hispano, cristiano tanto menos tendrá validez universal nuestra cultura y tanto menos será nuestra dignidad y nobleza. Un ejemplo emblemático, tomado del arte, acerca de lo que queremos decir es la Misa Criolla de Ariel Ramírez o los imagineros de nuestro norte argentino o la platería y tejeduría pampa.

"EL HOMBRE AL QUE KIPLING DIJO SÍ", una joya de Martín Otín

"EL HOMBRE AL QUE KIPLING DIJO SÍ", una joya de Martín Otín

Juan V. OLTRA

 

  Uno de mis géneros favoritos es el de la biografía y memorias. Extranjeros como Mao, Stalin, Jomeini, Groucho, Hergé, Woodrow Wilson; compatriotas que han sido pilares de nuestra historia (Cortés, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el César Carlos) o personajes tremendamente menores (Pedro J. Ramírez, González-Mata –Cisne-, Jesús Gil) me han acompañado, divertido, sulfurado, enardecido… despertado mil sensaciones en las ocasiones en que uno disfruta de esos maestros que no riñen y amigos y que no piden, los libros.

  De entre todas las épocas, de entre todos los personajes, la mayor población de espíritus de papel que pueblan mis estanterías, gira en torno al 36 y la España revuelta de esos días, tantas figuras que ocuparían el espacio entero de este artículo: Azaña, Franco, Pestaña, Abad de Santillán, Durruti, Queipo de Llano, Prieto, Serrano Súñer, Carrillo, Millán Astray, José Antonio…

  Sobre este último, los títulos se multiplican. Hagiografías mezcladas con panfletos injuriosos, libros cargados de amor o de odio, Ximénez de Sandoval, Pecharromán, Arce, Gibson, Aguinaga, Vidal, Almirante, Payne, Elwood, Gibello… ellos y muchos más escribieron libros con la vida de José Antonio Primo de Rivera como eje. Todos respetables (si bien hay que reconocer que unos más que otros), pero todos cojos. A bastantes les falta mucho… y a algunos les sobra algo.

  Aunque de otros centenarios (Jardiel, Edgar Neville, Franco, Prieto), debería haber adquirido la costumbre de no esperar una obra verdaderamente memorable, pasé el 2003 repasando referencias bibliográficas que me alumbraran en la búsqueda del libro sobre José Antonio que pudiera recomendar sin más, sin tener que elaborar una lista prolija e interminable para que errores y defectos se  compensen con las luces de los distintos textos.

  Inútilmente. Pasó el 2003. Pasó también el 2004 y ¡sorpresa!, llegó el 2005 con un libro bajo el brazo del incombustible Miguel Ángel Vázquez, creador de la figura del editor-mendicante, nueva orden religiosa para este siglo XXI profano.

  El texto de José Antonio Martín Otín, “El hombre al que Kipling dijo sí” (colección “El gallo de marzo”, Ed. Barbarroja 2005), siguiendo el poema de cabecera de José Antonio como eje, descubre fuentes inéditas (tantos años han tenido que pasar escondidas para que brillen más y mejor), construye una obra sólida, estupendamente redactada, dejando ver el oficio periodístico del autor, y sobre todo una sensibilidad digna de encomio.

  Éste, éste es el libro. Ya puedo apagar la linterna y volver al barril. He encontrado a José Antonio Martín Otín. Y a Miguel Ángel Vázquez, premio doble.

  Sólo me queda una duda ¿es este autor hijo del divisionario Pepe Martín, viajero en el Semíramis cuando la historia se escribía con hierro?


Addenda.

  Hace tiempo ya que mi ejemplar de “El hombre al que Kipling dijo sí” reposa en mi estantería de libros escogidos (fetichista que es uno, y ustedes disimulen) y, dado que estas líneas que acaban de leer fueron escritas en caliente, con la ilusión aún brillante por la lectura de un libro más que deslumbrante, también sobre éstas ha paseado el viejo Cronos, indomable hijo de Gaia y Urano.

  En este lapso me llegó, de manos amigas, la confirmación de algo que ya barruntaba: Martín Otín es el hijo de Pepe Martín Ventaja, guripa que ejerció durante once años de embajador en el infierno, inquilino de los campos de concentración de Stalin.

  Diez años han transcurrido ya desde que Martín Ventaja forma a las órdenes de Muñoz Grandes entre luceros. Y descansa en paz, seguro, compartiendo orgulloso con sus compañeros de formación el estupendo libro de su hijo. Y no será sólo amor de padre.

UNIÓN EURODISNEY

UNIÓN EURODISNEY

Inmaculada MOMPÓ

 

  Cada hombre es hijo de su época. Los niños castellanos del siglo XI se deleitaban escuchando a los trovadores cantar las hazañas de Rodrigo Díaz y los del XXI, en todo el mundo, se embelesan ante los largometrajes de la factoría Disney. Este detalle podría tomarse como uno de los puntos de fractura del mito optimista del progreso indefinido, aunque no es ésta la cuestión que hoy me ocupa. Soy débil ante las ilusiones de mis hijos y no me supe negar a su insistente demanda, de modo que no ha mucho visitamos la Disneylandia parisina, uno de los más acabados productos del innato talento yanqui para el espectáculo.

 

  Franqueadas las verjas de acceso, ante los ojos del visitante se muestra sin ambages la clave de interpretación del parque en su totalidad: una plaza desde la que nace la “main street” recrea fielmente el corazón de una ciudad californiana de principios del siglo XX. Al menos, replica con fidelidad la idea que de tal escenario han forjado en nosotros los decorados del cine norteamericano. Los rótulos de los comercios y las indicaciones figuran inscritos en inglés, ese idioma al que inadecuadamente se llama “la lengua de Shakespeare” cuando debería de atribuirse su patronazgo a Theodore Roosevelt o a John Wayne. Para ser exactos, incluso han sido redactadas en inglés las indicaciones de los accesos reservados a la plantilla de la empresa: “Cast members only”. Diversos establecimientos en apenas un centenar de metros ofrecen comida – al menos, materia comestible - para llevar y, como no podía ser de otra forma, las especialidades de "fast food" satisfacen hasta la última exigencia del paladar más atrofiado y del estómago peor acostumbrado. En realidad, por más que EuroDisney se ubique geográficamente en las cercanías de París, se halla espiritualmente enclavado en Hollywood.

 

  Más allá de las anécdotas, el descomunal parque de atracciones sorprende a quienes lo visitan por vez primera y no a todos por idénticos motivos. En mi caso, quedé fascinada por el casi perfecto trasunto que ofrece de la Unión Europea. La postiza imitación de todo cuanto evoca a los Estados Unidos, a su desquiciado y ostentoso estilo de vida, se adueña paulatinamente de este planeta. Esta vieja Europa hace ya mucho tiempo que renunció a crear, confunde la felicidad con la risa y  - como cuna de la modernidad que es - asimila vorazmente cuanto de huero e inane en el mundo existe. La Europa que presenció su propio crepúsculo en el siglo XVI se engaña a sí misma al creerse renacida bajo la bandera estrellada de la Unión Europea. Porque esa Unión constitutivamente laica, campeona de la inmanencia e idólatra de la opulencia, no pasa de ser el espíritu de Gil Pato materializado en Derecho administrativo y mercantil.

 

  La Unión Europea del siglo XXI disimula su agonía demográfica con la masiva importación de mano de obra barata y, de tal guisa, remeda el “melting pot” multicultural norteamericano, magníficamente representado en la plantilla laboral de EuroDisney. Es notable, en Europa en general y en EuroDisney muy particularmente, la correlación étnico-laboral que determina una relación inversamente proporcional entre la pigmentación epidérmica y la calidad de los puestos de trabajo.

 

  El orden económico europeo precisa del fomento de nuevas necesidades, inducidas y falsas por igual, y del creciente consumo de todo tipo de productos esencialmente inútiles. No puede detenerse el ciclo productivo y cuando la técnica satisface cumplidamente las necesidades básicas, las necesarias y hasta las convenientes la lógica del mercado dirige a los consumidores, convencidos de ser nada menos que ciudadanos libres, hacia lo trivial, lo superfluo y lo inane. Qué se vende y por qué se compra son hoy preguntas absurdas cuya formulación está fuera de lugar. Es irrelevante plantearse por qué existe, quién fija y por qué cambia incesantemente la moda en el vestir. O por qué las grandes estrellas musicales carecen patentemente de facultades artísticas. O cuál es el motivo de que los juguetes infantiles hayan convertido a los niños europeos en apéndices y terminales tecnotrónicos. La única lógica vigente y el auténtico imperativo de nuestra época son los que impulsan en incesante expansión la espiral del consumo de materias primas, recursos técnicos y mano de obra. EuroDisney exhibe en sus galerías comerciales – en sus "shoppings" -  la quintaesencia de este estilo europeo de vida tosco y vulgar, aunque allí lo denominan “merchandising”.

 

  La Unión Europea haría bien en adoptar como himno oficial la cancioncilla que entonan Ichaboad y Mr. Toad, personajes de una de las películas Disney, lanzados a una frenética carrera:

 

Nos vamos a corre que corre
sin llevar ningún fin en particular.
Nos vamos a corre que corre
sin mirar si el camino es perpendicular.
No importa dónde vamos
pero hay que galopar pues hay que llegar,
llegar sin tardar, a ningún lugar.

 

  A fin de cuentas los visitantes de EuroDisney saben que todo cuanto allí miran y tocan, todo lo que hacen y sienten, es irreal, falso y artificioso, aunque placentero. Saben bien que no es duradero y que su disfrute se prolongará sólo hasta donde su bolsillo pueda costear esa orgía de futilidad. Los europeos de la Unión también intuyen algo semejante.

LAS RAZONES REALES DE UNA DESTITUCIÓN

LAS RAZONES REALES DE UNA DESTITUCIÓN

Adolfo MONCADA

 

  Los presos de ETA han salido a relucir en todas y cada una de las múltiples ocasiones en las que los sucesivos gobiernos han intentado negociar o pactar con la banda. Desde la afamada alternativa KAS, casi cumplida, la liberación de los presos ha sido una exigencia previa de la banda o, en su defecto, el acercamiento inmediato de los presos.

  La estrategia de ZP, que pasa por conseguir articular una mayoría permanente vinculando el nacionalismo al socialismo o viceversa, tiene en Vascongadas un carné de presentación: el pacto con ETA y su mundo. La lógica de los acontecimientos indica que los prolegómenos de ese pacto ya se han llevado o se están llevando a la práctica. El insuficientemente comentado “Vamos ganando” de Arnaldo Otegui es la palmaria demostración de que el gobierno ha decidido otorgar antes de recibir, de que ha decidido rendir el Estado de Derecho. De momento las condiciones previas parecen evidentes: desmantelamiento de la corriente socialista opuesta al pacto con el nacionalismo; cierre del Pacto Antiterrorista y de la alianza, en este terreno, PP-PSOE; difusión propagandista de una nueva vía para el Plan Ibarreche, incluso yendo más allá, a través de la entente nacionalismo-independentismo-socialismo; derogación en la práctica de la Ley de Partidos, permitiendo la comparecencia pública primero y la participación en los comicios después de Batasuna; puesta en libertad, gracias a la inhibición de la Fiscalía, de cientos de etarras al amparo de una interpretación tan laxa como interesada del Código Penal….

  Si los cálculos no son erróneos, en los próximos cuatro años, algo más de un centenar de etarras podrían ser excarcelados. Entre ellos estarían, y esto es lo trascendente para la negociación, los dirigentes Parot, Paquito y Gadafi, individuos que tienen a sus espaldas la responsabilidad de cientos de crímenes.
 
  Siguiendo los dictados del presidente del gobierno, tanto el Ministro de Justicia como el Fiscal General del Estado, han ido preparando, allanando, el terreno. El último capítulo, no por burdo lo suficientemente evidente, arrancó con la destitución, con voluntad de servir de ejemplo coercitivo, de Eduardo Fungairiño. Desde la Audiencia se estaba trabajando para que no se pudiera hacer fraude a la Ley aprovechando sus resquicios, sobre todo en lo referente a las penas de los terroristas. Era empeño de Fungairiño evitar que, merced a una interpretación intolerable de la Ley, los terroristas pudieran salir a la calle. El segundo capítulo se está escribiendo después de la advertencia. Se trata de conseguir que los fiscales no sólo obedezcan sino que, además,  no traten de presentar oposición en esta materia a las decisiones políticas ejecutadas por el funesto emparejamiento de López-Aguilar con Conde-Pumpido.

  Frente a esta maniobra, frente a esta indignidad sólo se alzan las voces de un reducido número de periodistas y las reclamaciones, llenas de dignidad, de la AVT. Ahora corresponde a la oposición librar una auténtica batalla política y jurídica encaminada a poner coto a la entrega definitiva del Estado de Derecho a una banda terrorista. En estas circunstancias no son suficientes ni las palabras ni las explicaciones parlamentarias.

MAYORÍAS ABSOLUTAS VERSUS BLOQUES PLURIPARTIDISTAS: Hacia un nuevo modelo de correlación de las fuerzas políticas

MAYORÍAS ABSOLUTAS VERSUS BLOQUES PLURIPARTIDISTAS: Hacia un nuevo modelo de correlación de las fuerzas políticas

Francisco TORRES
 
  ¿Se han terminado las mayorías absolutas vinculadas a un solo partido o por el contrario continúan siendo el objetivo estratégico de las dos grandes fuerzas políticas existentes en España? ¿Se producirá en España un fenómeno similar al de otros países europeos con la irrupción de las fuerzas políticas transversales? ¿Han iniciado los partidos mayoritarios un cambio de estrategia sustituyendo la noción de partido = mayoría absoluta por la de partido hegemónico dentro de un bloque más amplio, configurado con anterioridad a los procesos electorales? ¿Está el socialismo constituyendo ese bloque mientras que la oposición se aferra al modelo antiguo?


 
  Casi todos los politólogos comparten la tesis del fin de la concreción de partidos-ideologías heredado del final de la II Guerra Mundial; aunque, en muchos casos, no fuera más que un remozamiento del modelo asentado durante el siglo XIX. Esta concreción de partidos, definidora del régimen político, se asentó sobre la tesis de agrupar la voluntad electoral de los ciudadanos, como eje vertebrador del juego político, en dos corrientes alternas: conservadora y liberal primero; conservadora-liberal y socialista, revolucionaria o no, después; democratacristiana y socialdemócrata más tarde. Estas corrientes podían quedar no adscritas a un único partido, aunque uno de ellos tuviera la capacidad de polarizar un mayor número de adhesiones convirtiéndose en la fuerza hegemónica del sector.

  Los profundos cambios acontecidos en la mentalidad colectiva, la imposición de la secularización de los modos de vida, la minusvaloración del Estado social, la desintegración del sistema de valores tradicional y la lenta disolución de los bloques ideológicos, entre otros factores, han contribuido a que las diferencias entre ambas corrientes, entre ambos espacios, fueran, en sus límites políticos, cada vez menos nítidas apareciendo un amplio espacio de convergencia electoral. Un espacio que se definió como "centro", sinónimo de moderación, que, en algún momento buscó traducirse en una fuerza política concreta y que en la actualidad se dibuja como un espacio sociológico más que político; espacio electoral por el que han acabado compitiendo, por su falta de adscripción definida, las dos grandes opciones políticos, favoreciendo el proceso de convergencia política.

  Teóricamente, circunscribiéndonos al modelo europeo, subsisten las marcas que se identifican con los términos derecha, centro o espacio de convergencia e izquierda; habitualmente se utiliza la polarización terminológica de derechas e izquierdas; aparentemente se mantienen las diferencias conceptuales entre unos y otros, auque se utilicen más como elemento descalificador del contrario que como elemento definidor. Inconscientemente, esta distribución, inexacta e irreal, continua ejerciendo una importante presión a la hora de la emisión del voto, convirtiéndose en elemento decisivo cuando, en las vísperas electorales, se hace realidad el denominado "vértigo electoral".

  Atendiendo a esta cuestión, basta mirar a Europa para sostener que, desde hace una década, algo está cambiando en este paisaje. Los partidos políticos tradicionales, que han dominado la escena política desde el final de la II Guerra Mundial, ya no son el único referente. Existe, en toda Europa, una amplia corriente de desencanto, de deseo de cambio con respecto a los partidos, de irrepresentatividad política, de disociación sociológica de los ciudadanos con respecto a las dos grandes opciones, que ha comenzado a cristalizar en la presencia en la vida pública y en las instituciones de otro tipo de fuerzas políticas, a las que se ha intentado marginar aplicándoles clichés propios de otros tiempos históricos. Fuerzas políticas que están logrando la identificación de ese nuevo espacio político con su opción. Son las denominadas fuerzas transversales porque su voto, a pesar de la visión simplista con la que a veces se aborda el fenómeno, no procede de un área concreta, definida y limitada; son grupos que logran integrar en su discurso elementos definidores que antes aparecían, teóricamente, vinculados en exclusiva, aun cuando fuera de forma propagandista, a una de las dos grandes opciones que se ofrecían al elector. Elementos que, además, los partidos tradicionales han ido relegando al subordinarlos al interés supremo de permanecer en el poder. Elementos que, en manos de los partidos tradicionales, presentan alto grado de incompatibilidad, pero que en el discurso de estos grupos adquieren una nueva vertebración integradora, capaz de hacer que se sientan partícipes del mismo, espacios sociales supuestamente antitéticos.  

  Hasta ahora, en la mayor parte de los países, el recurso de quienes se desenganchaban o no creían en los partidos políticos tradicionales era o votar a la opción que pareciera menos mala o, simplemente, abstenerse. Hoy, se pude afirmar que una parte sensible de esos ciudadanos comienza a optar por apoyar con su voto el cambio que anuncian los grupos transversales. Transversalidad, sociológicamente distante de la definición política que, en concordancia con la distribución tradicional de las fuerzas políticas, se da a cada uno de estos grupos en cada uno de sus países. Transversalidad definida por un discurso que escapa a las formulaciones de derecha e izquierda, haciendo posible que, votantes antiguos de esos espacios, cambien su voto, siendo capaces, al mismo tiempo, de atraer un voto nuevo cada vez menos condicionado por las etiquetas políticas.

El modelo español ante el cambio.

  Este proceso aún no se ha hecho tangible en España, aunque existan grupos que se identifiquen con esa ubicación política. El régimen de partidos, en España, se encuentra mantenido por la pervivencia propagandista de la división ideológica y por la propia Ley Electoral. Quienes estudian los comportamientos electorales y realizan proyecciones de futuro determinan que en España, pese a la permanencia del modelo bipartidista, lentamente, se va a producir un cambio significativo en el régimen de partidos. Cambio que va a ir más allá de la aparente respuesta actual, forzada por los partidos nacionalistas / separatistas / independentistas, que, sin embargo, obedece al esquema de partidos heredado del siglo XIX. ¿Razones? Fundamentalmente dos: primera, que el efecto "peso de la historia" se va diluyendo aceleradamente; segunda, que la renovación generacional del electorado dificulta la permanencia de la adscripción ideológica heredada.

  Ante esta realidad las fuerzas políticas tradicionales se han ido reubicando a sabiendas de que el comportamiento electoral de los españoles está comenzando a cambiar. Quienes trazan las estrategias de los partidos, en función de la realidad sociológica de nuestro cuerpo electoral, asumen, cada vez con más certeza, que alcanzar el objetivo de la "mayoría absoluta", que ha regido o condicionado el comportamiento del electorado en las dos últimas décadas, será cada vez más difícil; que la conciliación política, en un solo partido o programa, de grupos sociológicos / sociales diversos, que hasta hoy se hacen presentes en un voto más o menos uniforme, será cada vez más compleja.

  De forma un tanto simplista, pero al mismo tiempo fácilmente comprensible, podemos asumir que la base de esa ruptura del comportamiento electoral, probablemente, vendrá determinada porque la base social que hasta ahora, pese a su diversidad, deposita su confianza en un solo partido, que tiene  intereses distintos, que tiene valores distintos, se verá cada vez menos representada en ese partido; pues, en ese esquema, su capacidad de presión, su capacidad de pesar a la hora de tomar las decisiones políticas prácticamente desaparece, asumiendo la idea de que es mejor, sin dejar de formar parte de un bloque mayor, tener una representación propia desde la que obtener réditos, desde la que hacer valer su voto como minoría dentro de una mayoría de bloque.

  Atendiendo a esta realidad, difícilmente prescindible, los diseños estratégicos que buscaban la obtención de la mayoría absoluta como gran opción están comenzando a orientarse hacia la consecución de amplios bloques pluripartidistas bajo una fuerza política dominante. Bloques en los que el ciudadano se siente más representado y más defendido, porque su voto no se diluye en el monolítico partido único sino que, al fragmentarse, obliga a la fuerza hegemónica del bloque a tenerlo presente.

La reubicación política en socialistas y populares.

  La reordenación del espacio político teniendo presente ese dibujo del futuro inmediato (irrupción de las fuerzas transversales, configuración de los bloques de gobierno, aparición de grupos de presión ideológica, intervención directa de la sociedad civil…) ya se está produciendo, aunque la vorágine política del último año lo esté difuminando. Si nos acercamos al modelo español es fácil percibir, sin grandes análisis, el inicio de fragmentación del espacio sociológico que ocupan tanto el Partido Popular como el Partido Socialista, lo que no puede traducirse en una quiebra electoral inmediata. Sin embargo, existen grandes diferencias con respecto a las vías y posibilidades de reubicación de ambos partidos que son, salvo desintegración y atomización, los ejes constitutivos de los dos posibles bloques de gobierno, pero que, al mismo tiempo, comienzan a asumir que por sí solos, pese a antidemocráticas primas electorales, no pueden llegar a constituir ese bloque.

  La experiencia europea nos indica que el modelo de la izquierda está agotado, que éste es incapaz de generar más opciones, pese a la irrupción de los denominados grupos verdes; grupos que, pese a su teórica transversalidad, no han logrado configurarse más que como un sector más de la izquierda o como receptor de las viejas añoranzas de la izquierda revolucionaria que ha cambiado el marxismo por la ecología, algo que igualmente sucede con los denominados grupos antiglobalización. Se trata pues de un espacio que ya se encuentra tradicionalmente dividido en dos, tres o cuatro opciones.

  Parece evidente que el socialismo, tras su salida del poder en 1996, ha experimentado una profunda reflexión con respecto a la necesidad de asegurar un bloque de dominio que le pueda dar y mantener, nuevamente, la mayoría absoluta. Los estrategas socialistas asumieron que el PSOE era, como partido, insuficiente para lograr ese objetivo.

  José Luis Rodríguez Zapatero ha hecho suyo el análisis y la tesis y está tratando de conformar ese bloque: reconstruyendo, por un lado, la vieja alianza española de republicanos-socialistas-nacionalistas; por otro, asegurando una importantísima red mediática capaz de apagar cualquier voz crítica y, finalmente, asegurando la vinculación ideológica de las nuevas generaciones de votantes a través de la introducción en el modelo educativo de pautas de adoctrinamiento que impidan a ese nuevo elector disociarse de las pautas de comportamiento electoral heredadas. Nadie puede negar que en esto, Rodríguez Zapatero, esté actuando con una indudable astucia política. Así, hemos visto como el socialismo ha procurado cambiar su imagen corporativa, su marca para superar la desintegración del "peso de la historia" y sobre todo la pérdida de la "adscripción ideológica heredada" por la renovación generacional del electorado; y ahora asistimos a la concreción de su alianza con los llamados nacionalistas moderados una vez que juzga completado el ciclo con el nacionalismo radical. Con todo ello, el socialismo, pretende contener la erosión que está sufriendo la base sociológica del bloque que encabeza. De momento esta erosión no es políticamente preocupante ya que, al contrario que está sucediendo en otros países de Europa, en España no se está produciendo la conjunción entre los votantes tradicionales de la izquierda, que vuelven la espalda a los partidos socialistas o comunistas, y los nuevos grupos transversales, aunque, paradójicamente, se estén acelerando las condiciones óptimas para que el proceso se abra (problemas sociales, ruptura de la integridad de la nación, inmigración, inseguridad, empobrecimiento…). De momento, los analistas socialistas, asumen que esa pérdida de electores, reducida por el "vértigo electoral" y la falta de opciones, irá a otros grupos de izquierda, a grupos ecologistas, al voto testimonial o a la abstención pero, en ningún caso, se podrá traducir en un trasvase de votos a las aguas de la oposición, entre otras razones por el mantenimiento de la ficción derecha-izquierda.

  A diferencia de los movimientos estratégicos que, desde hace años, están removiendo las aguas de la izquierda, existe en el Partido Popular una inconsciente quietud.

  La evolución política española ha acabado configurando dos realidades muy distantes: por un lado, el cada vez más definido bloque de izquierdas pinzado con el nacionalismo; por otro, un partido, el Partido Popular, que se aferra a la tesis del partido = bloque = mayoría absoluta. Una visión muy extendida entre el grupo dirigente y el grupo burocrático de los populares, de ahí su insistencia en la idea de recuperar la mayoría absoluta. Esta concepción del partido igual a bloque está produciendo enormes tensiones en el seno del PP, no por la hipotética división de su grupo dirigente sino por la propia insatisfacción que está generando en su base sociológica. Una base que se ha ampliado tanto que, en algunos sectores, ya no se identifica, aunque aún mantenga la intención de voto, con el discurso oficial del partido. Los estrategas populares no han asumido la noción de bloque y fuerza hegemónica del mismo, aferrándose a la imagen del voto útil y el mal menor. Son conscientes del proceso de "desencanto" y buscan asegurar la fidelidad del votante a través de la creación, utilización o simple aparición como beneficiario de grupos que, de un modo u otro, manteniendo una posición crítica con respecto al PP, representen a esos ciudadanos que se sienten incómodos en el discurso popular, con la clara intención de reconducir su protesta hacia las posiciones menos rotundas del discurso popular. Sin embargo, a diferencia de lo que acontece en la izquierda, el volumen de electores que, en un momento dado, superando el vértigo electoral, se inclinan por la abstención, al no disponer más que de opciones meramente testimoniales, tiene un impacto cada vez más negativo en las expectativas electorales.

  Aparentemente, el Partido Popular, confía en que esta realidad pese poco debido al efecto antizetapé, pero el tiempo largo que aún queda hasta las próximas elecciones puede tamizarlo mucho y, aunque en las encuestas sobre intención de voto las diferencias entre socialistas y populares sean mínimas, continúan siendo trascendentes entre los populares y el bloque que está conformando la izquierda. Por todo ello, los estrategas del Partido Popular, si quieren volver al poder deberán replantear su estrategia sustituyendo la concepción partido = bloque por la de partido hegemónico dentro de un nuevo bloque.

El espacio transversal.

  Sociológicamente los grupos transversales han surgido de espacios insertos tradicionalmente en lo que comúnmente se entiende por derecha. Desde ahí han logrado articular un discurso que, sin embargo, ha sido capaz de atraer a votantes de izquierda. Muchos de estos grupos, en Europa, en la actualidad, capitalizan una buena parte del voto obrero. El populismo y el cosismo, que constituye una parte de su discurso, sintoniza, sin grandes problemas, con amplias capas sociales. Los elementos más tradicionales de su discurso no generan, sin embargo, rechazo, porque constituye la base cultural y moral real de los ciudadanos, por lo que no se producen problemas de identificación ideológica, porque se trata de conceptos igualmente transversales. Su presencia lleva nuevos aires y modos a la política, atrayendo a los electores desencantados de los partidos de centroderecha o izquierda que se orientaban, en función de la coyuntura política, hacia la abstención.

  Este espacio transversal es el único capaz de generar nuevas mayorías de gobierno, nuevos bloques, al otorgar representación y valor real a grupos sociológicamente amplios, introduciendo importantes cambios políticos. Todo ello sin perder su independencia política y sin dejar a un lado el compromiso con sus votantes, con sus principios y valores. Es el único espacio donde quedan sectores suficientes de votantes para ello; muy por encima de los votos libres del denominado "centrismo sociológico" que en realidad disputan socialistas y populares.

  Cierto es que estos grupos generan una profunda desconfianza; fundamentalmente por lo que encierran de ruptura del monopolio político que ejercen los partidos tradicionales, por lo que difícilmente escapan a un proceso de  anatemización mediático-político. Sin embargo son estos grupos los que rompen la hegemonía que el socialismo tiene a la hora de constituir esos bloques políticos mayoritarios. Un socialismo, conviene recordarlo, que manteniendo el esquema habitual sólo abandona el poder tras años de catastrófica gestión.