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"FITNA", UN DOCUMENTAL HOLANDÉS QUE DICE LO QUE MUCHOS CALLAN SOBRE EL ISLAM

"FITNA", UN DOCUMENTAL HOLANDÉS QUE DICE LO QUE MUCHOS CALLAN SOBRE EL ISLAM

 

   Geert Wilders, diputado holandés del Partido Nacional de la Libertad, es conocido por su activa política contra el Islam en Holanda, y ha solicitado repetidamente un freno a la inmigración de musulmanes a su país y la prohibición del Corán, por lo que ha recibido varias amenazas de muerte. Wilders vive bajo protección policial desde el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh, el 2 de noviembre de 2004, a manos de un islamista radical debido a la película ‘Sumisión’, en el que se criticaba la falta de libertad de las mujeres musulmanas. La coproductora del documental, la exdiputada de origen somalí Ayaan Hirsi Ali, tuvo que refugiarse en un paradero desconocido en Holanda y también en el extranjero a causa de las amenazas de muerte que se sucedieron tras la emisión del cortometraje.

 

   Wilders es responsable de la cinta "FITNA", donde se divulgan versículos (suras) del Corán muy poco conocidos en el mundo occidental. Son poco conocidos porque los propios musulmanes se cuidan de divulgarlos, dado su mensaje bestialmente fanático y completamente inhumano. Pero son también desconocidos porque el progresismo mundialista, amante de la "alianza de civilizaciones", de la multiculturalidad, y de los derechos humanos se horroriza ante la sola idea de que la gente normal, usted y yo, seamos conscientes de que la igualdad universal es una falacia. Los progres susbsisten gracias a la mentira de la igualdad, equivalencia e indiferencia entre culturas y civilizaciones. Los progres desean ocultar que la civilización cristiana y occidental está amenazada de muerte por la barbarie islámica que penetra en nuestros países, como nuevo caballo de Troya, por medio de una inmigración incontrolada.

 

   Juzguen ustedes mismos. "FITNA" ha sido vetada en Holanda por las emisoras de televisión, tanto por su mojigata corrección política como por miedo a sufrir las salvajes represalias que el Islam reserva a los "infieles". Así pues, Geert Wilders exhibe su cinta a través de internet. Tomémosla como una seria advertencia.

 

EL NO NACIONALISMO

EL NO NACIONALISMO

Vicente BLANQUER

 

   He leído el Blog de Pio Moa y siento que lo cierre. Estaba en desacuerdo en muchas cosas con él pero al menos sus intenciones eran limpias. Se empeñaba en volver al consenso del año 78 para salvar la democracia. Lo que en una o dos veces le dije es que era precisamente ese consenso y esas claudicaciones las que han conducido a la situación actual. No he seguido de forma continua su blog por lo que no sé a quiénes se refiere con eso de los nazis o los comunistas, aunque está claro que internet da lugar a todo.

   La primera claudicación, creo yo, es de carácter conceptual. Nunca me he identificado con el mensaje universalista y buenista de la Iglesia, entre otras cosas porque la política parte del principio de realidad y ese mensaje de que todos somos buenos y todos nos queremos y que las fronteras las han inventado los malos de la Historia es falso, lo digan los ilustrados o lo diga quien lo diga. Son las fronteras las que acaban con las guerras, no las que las provocan. En derecho, tanto la propiedad como la soberanía están sujetas a un orden y quien no distingue confunde. Las fronteras surgen a finales del siglo XVII para acabar con la anarquía de las fluctuaciones de poder, es decir con la ley del más fuerte. La erosión deliberada de las fronteras por el mundialismo, tanto el mundialismo oficial como el mundialismo tontorrón que no quiere oponérsele, no van modificar mi un milímetro la naturaleza humana, porque el hombre, guste o no guste, es un animal territorial, que cuando se siente agredido mata. Y eso no lo cambia ni la televisión, ni la pornografía ni la abeja Maya: es así. Creo un grave error intentar converger hacia la ideología humanitarista ilustrada por parte de no pocos sectores de la Iglesia. Es intentar crear una plataforma común sobre la nada. No estamos en la Grecia de Zenón y los antagonistas no se comportan racionalmente. Si la Iglesia trata a quienes la odian como si fueran gentes equivocadas y no como enemigos la destruirán porque falla la mayor: el otro no es bueno. ¿Y quién es el único bueno? Jesucristo.

  

   A partir de ahí la derecha española de los últimos treinta años ha renegado de sus orígenes. Por un lado reivindica parcialmente a Franco que consideran que no derrocó a la democracia sino al Frente Popular, lo cual es cierto, pero no es menos cierto que la causa de la causa del mal es causa del mal causado y la situación del Frente Popular, como todas las situaciones revolucionarias en España, desde el Trienio liberal, o incluso desde la guerra de independencia, están la base de una contradicción esencial en el hecho mismo de la democracia política que empieza por negar toda relación entre el orden trascendente y el orden inmanente de forma tal que el segundo resulta completamente autónomo; y evidentemente no se paran ahí. A los liberales se les llena la boca con la palabra libertad y se llaman a sí mismos liberales, o amantes de la libertad, como si a los demás nos importara un bledo la libertad pero ¿qué entienden por libertad los liberales? Cuando hablan de libertad, libertad de qué y para qué. Los liberales nunca responden a esta pregunta porque quien se define se obliga a argumentar y los liberales no creen en la razón sino en la fuerza. Si creyeran en la razón existirían unos principios universales capaces de obligar y obligarles a ellos a dar cuenta de sus actos.

   Por tanto la primera ruptura del liberalismo con el cristianismo consiste en negar la Revelación y lo hace afirmando la libertad de conciencia, confundiendo la subjetividad del individuo con la realidad de Dios y su autoridad. De ahí a negar la autoridad de Dios en los asuntos humanos sólo hay un paso, y no se trata de negar la autoridad de Dios en cosas discutibles como el Sábado sino en cosas fundamentales como el derecho a la vida de los inocentes y la justicia del castigo de los culpables. El paradigma de la Iglesia, del concilio Vaticano II a la actualidad, ha dejado de ser Cristo, la revelación y el Evangelio para pasar a serlo los Derechos Humanos, la Paz, la libertad, el Hombre y la Humanidad. Cierto que hay algunos sacerdotes para quienes la idea de Dios - no está tan claro si su realidad también - aún ocupa un lugar importante pero, a la hora de la verdad, a la hora de elegir entre Dios y la conciencia humana, eligen la conciencia humana. Creen que sería recomendable que la conciencia humana reconociese a Dios pero si no lo hace no pasa nada porque Dios es muy bueno y todos nos vamos a salvar. Tengo la impresión de que estos sacerdotes en su vida se han leído la Biblia y si lo han hecho no han entendido absolutamente nada. Sólo he leído la Biblia una vez en mi vida, a los 20 años y creo que la impresión es bien distinta de los nuevos tiempos.

   El liberalismo ha colocado al hombre en el centro de universo convirtiéndolo en ídolo de si mismo y dando la razón a Lucifer en el sentido de que el hombre es tan capaz como el propio diablo de caer en el mismo pecado de desear hacerse adorar. No en vano el único sito del mundo donde hay una estatua al Ángel Caído, Madrid, tiene esa estatua gracias a un gobierno liberal. Claro, el liberalismo no actúa directamente, tiende el fruto del conocimiento de la ciencia del bien y del mal como señuelo, pero, sin embargo, la gente sigue picando.

 

   La rebelión contra la nación forma parte a renglón seguido de la ideología iluminista que es un todo homogéneo en su lógica filosófica, aunque se presente con mil disfraces y con miles de muñecos que parecen tener voz propia. Si agudizamos un poco la vista observaremos que detrás de esa aparente diversidad hay una coherencia interna que nos permite llegar al ventríluoco. Weishaupt traza los siguientes enemigos a batir: Dios, la Monarquía, la Propiedad, la Nación y la Familia. Pues bien, para haber planteado un plan de acción tan audaz lo cierto es que, una detrás de otra, estas instituciones van cayendo. Y los argumentos y sofismas que hoy resuenan en nuestras conciencias son los mismos que este caballero formuló en su día porque las ideas, como las herejías, no viajan solas. Los calvinistas del XVI, se llaman en el siglo XVII hugonotes en Francia, Puritanos en Inglaterra y Presbiterianos en Escocia pero son lo mismo. Con el iluminismo sucede tres cuartos de lo mismo: la destrucción de la monarquía pretende destruir el principio de responsabilidad personal disolviéndolo en una asamblea. Es un paso muy peligroso desde el punto de vista moral. No hablo ya de una monarquía hereditaria sino del concepto de responsabilidad personal. A partir de ahí el hombre se convierte en esclavo de la masa, en esclavo de ese somos todos y no es nadie. Me resulta increíble el ver cómo aún hay ingenuos que creen que ese sistema es poco menos que un sistema de derecho divino, o esa bobada de que la democracia constituye la culminación de la tradición judeocristiana. Jesucristo apeló a la responsabilidad personal y el Yaveh bíblico también. Eso de que la transferencia de la responsabilidad personal a la asamblea es el sumum de la humildad, ¿o más bien, deberíamos decir de la cobardía?, (1) es la estrategia de combate de Weishaupt que recomendaba a sus sectarios siempre usar este esquema, esquema que él era perfectamente consciente de su falsedad y, de hecho, se mofa de él en sus escritos, pero, por lo visto el que sus escritos sean conocidos desde hace más de 200 años no sirve para que la sociedad, dentro o fuera de la Iglesia, se tome la molestia en reaccionar.

   Las naciones, al igual que la familia, forman parte de la realidad del hombre, son el universo social donde la persona interactúa de forma natural. Cuando un hombre interactúa con un extranjero debe llevar a cabo un esfuerzo por comprender su lengua y sus costumbres y, dependiendo de la cercanía, no siempre es fácil. Barruel se burla del cosmopolitismo revolucionario que pretende hacer del francés ciudadano del mundo cuando es incapaz de vivir en Francia sin guillotinar a la mitad de sus vecinos con los que han convivido desde siempre y cuya lengua conocen. El problema no es que estas cretineces se las crean los progres: es que la derecha siente necesidad de creérselas para sentirse reconocida, pero como las cosas son como son así estamos.

 

   La primera derrota de la derecha frente al separatismo es la de los conceptos. La derecha emplea con el separatismo la misma táctica que emplearon los "cristianos por el socialismo": asumir su vocabulario sin tener en cuenta que el vocabulario de los separatistas está viciado desde su origen e intenta recrear una realidad de la nada. Para ganar la batalla de las ideas hay que empezar por creer en la justicia de la propia causa porque si evitamos sistemáticamente el combate iremos dando la impresión de que rehuimos el tema fundamental y que, en el fondo, creemos que los separatistas tienen razón en todo o en parte. Cuando una parte de una nación plantea una demanda de secesión ésta puede venir planteada por cuestiones prácticas. Estas gentes aunque se consideren compatriotas, no quieren depender del gobierno nacional porque es tiránico, porque viola sus derechos religiosos, o por lo que sea, o por cuestiones ideológicas, se ha conseguido convencer a una parte de nuestros compatriotas de que no forman parte de la nación común y que en realidad son un pueblo distinto oprimido por una ocupación extranjera. El nacionalismo, aunque no lo parezca, es una causa universal porque se basa en el principio del derecho de todo pueblo a un trato justo, dentro del cual está el derecho a existir y a defenderse de una agresión extranjera. Padro Albizu, del Partido Nacionalista Puertorriqueño. definía el nacionalismo como la patria organizada para el rescate de la soberanía. Y ¿cuándo hay necesidad de organizarse? Pues evidentemente cuando hay una agresión. De este modo los españoles se organizan frente a Napoleón para recuperar la independencia de España. Es decir, el patriotismo como sentimiento no es nada si no se concreta en una acción organizada.

   El liberalismo, en la primera mitad del XIX va asociado a movimientos nacionalistas pero a partir de las unificaciones alemana e italiana marca las distancias porque del mismo modo que la ilustración se había desembarazado de un absoluto de carácter trascendente, como Dios, no estaba dispuesto a su preciosa libertad quedara coartada por un absoluto de carácter natural como la nación y, a la larga, tampoco soportará un absoluto de carácter natural como la familia. Es preciso ser muy severo con el planteamiento liberal para no dejarse ofuscar por utopías que, como son utopías, son inatacables. Se nos dirá: no ha fracasado el liberalismo sino sólo personas concretas. Con esta estratagema el liberalismo no fracasa jamás, cuando lo que hay que denunciar es la impostura del llamado liberalismo real, de la democracia real, igual que, en su día se denunció el socialismo real. Cuando los separatistas nos dicen que son nacionalistas nos están diciendo varias cosas: Primero que su proyecto político se refiere a una nación real; segundo que esa nación real ha sido injustamente privada de sus derechos y sometida a una agresión y, que en consecuencia, con arreglo al derecho universal a la legítima defensa, es legítima la resistencia armada contra el opresor. Si nosotros contestamos diciendo que nos oponemos al nacionalismo, venga de donde venga, lo que estamos diciendo es lo siguiente: Primero reconocemos la realidad nacional de los separatistas, no la negamos, sino que como estamos contra todos los nacionalismos vengan de donde vengan no reconocemos el derecho de los pueblos injustamente oprimidos a defenderse de una agresión real, empezando por aquel pueblo al cual afirmamos pertenecer, por ejemplo el español. Esto supone una derrota ideológica en toda regla y ya lo señaló en su día Aleix Vidal Quadras: no es nacionalista quien aspira a destruir su nación y en España no hay más nación que la nación española. El discurso del no nacionalismo es una derrota segura a la larga cuyo punto de fractura estriba en querer coger al toro por los cuernos. Hoy por hoy, desgraciadamente, el discurso del españolismo militante es el del llamado no nacionalismo y por ahí España se licua hacia Europa, hacia la inmigración y siempre hacia la nada. Un discurso español auténticamente nacional se enfrentaría con una gran probabilidad a una oposición jacobina, tanto de la llamada derecha conservadora, la estratega del no nacionalismo, como de la izquierda abiertamente antipatriota. Es un riesgo, cierto, pero para ir a la batalla, a cualquier batalla, y especialmente a una batalla por las ideas, hay que empezar por tenerlas claras uno mismo porque en el campo de operaciones ya no habrá más tiempo que para la acción y, si es necesario sacrificar la vida, al menos que la causa valga la pena.

  


 (1) ¿O es que si algo es malo, cuando el ponente es uno, pasa a ser bueno cuando la ponencia está respaldada por muchos? ¿En virtud de qué?

UNA RESPUESTA SERENA A LOS DETRACTORES DEL “INFORME SOBRE LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA”.

UNA RESPUESTA SERENA A LOS DETRACTORES DEL “INFORME SOBRE LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA”.

Gema y Rubén SÁNCHEZ MEDERO

 

"Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad". Proverbio árabe.

 

   Desde el primer momento en el que, tanto el Prof. Verstrynge como a nosotros, se nos pasó por la cabeza escribir un artículo sobre la inmigración, y que posteriormente recibiría el nombre, bajo bautismo apócrifo, de "El llamado Informe Verstrynge sobre Inmigración", éramos conscientes del peligroso terreno, abonado por la demagogia y la progresia de pose, que pisábamos. Cualquier cuestión relativa a la inmigración, aún que sea tratada con el mayor de los cuidados, levanta ciertos recelos. La manera de acometer su análisis se vincula, casi de manera inevitable, y siempre que no se trate de hablar con beneplácito de este fenómeno, con posiciones racistas o xenófobas. Nada más lejos de nuestra realidad la de hacer el juego a determinados partidos o intereses. Pero vincular cualquier crítica al actual modelo de inmigración, si es que se está desarrollando un modelo como tal, con las posiciones defendidas por la extrema derecha, resulta pueril, maniqueo y terriblemente decepcionante desde el punto de vista del espíritu crítico del que la izquierda presume y del que adolece en esta cuestión.

   Hemos decidido con el objeto de enriquecer en lo posible el debate suscitado, proceder a la contestación de los artículos que el "El Viejo Topo" ha publicado en relación con el "Informe" y, al mismo tiempo, abrir nuevas líneas de investigación y debate, publicar una segunda parte, o apéndice del mismo. Agruparemos, en éste artículo, los principales argumentos que barajamos en lo que consideramos bloques temáticos que, creemos, responden a lo expuesto por los detractores del "Informe" y a la necesidad del avance que se propone. No sin antes realizar una serie de apreciaciones concernientes al espíritu contenido de algunas de las críticas publicadas en EVT.

   Buena parte de los argumentos que intenta rebatir Stobart se sostienen en una inapelable verdad, en la enorme tragedia humana que asola una de las principales vías de entrada de inmigrantes a España. No es el único que recurre a esta argumentación a la hora de sustentar sus posiciones, pues Cañadell recurre a una casi dramática vinculación entre nuestros argumentos y un "machacar África" (EVT nº 233), por ejemplo. Tanto en un caso como en otro, y lejos de querer evitar una polémica por guardar las apariencias, la asepsia sentimental con la que se ha procedido en nuestro trabajo, en el tratamiento de los datos, no responde a un intento de pasar por alto esta realidad, sino a no cometer la imprudencia de alterar de manera demagógica el análisis de un fenómeno complejo. Estamos seguros de que tanto Stobart como Cañadell, cuando les duele la cabeza, toman una aspirina, aliviando su dolor y no demasiado su bolsillo, pues cuesta poco más de tres euros de euros la caja. No plantearán reparo ninguno a las políticas de explotación que siguen muchas industrias farmacéuticas en África, continente que se emplea como tradicional banco de pruebas. Y estamos convencidos de que tampoco lo harán al marcar el número sus familiares o amigos en su teléfono móvil fabricado en una China sin ningún tipo de respeto a los Derechos Sociales o Laborales de los trabajadores. Efectivamente, "detrás de cada estadística hay una tragedia personal y familiar que rara vez se cuenta en los medios" (Stobart EVT nº 241). Del mismo modo, y siguiendo esta línea demagógica en extremo, y ya que de números se trata, detrás de cada bajo precio de un producto fabricado en un país del Tercer Mundo o en vías de desarrollo, también hay una enorme tragedia de explotación en la que rara vez reparamos.

 

   En un segundo orden, en estas cuestiones previas que deben ser aclaradas, o al menos tenidas en cuenta, algunos de los autores que rebaten el "Informe", lo hacen debido a la falta de confianza que tiene en las cifras que se ofrecen. Puede resultar pretencioso cuestionar los datos ofrecidos por los organismos oficiales, pero resulta especialmente grave despreciar, como hace Stobart, al igual que Torres López y Gálvez Muñoz, la independencia del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), acusándolo de trabajar con un sesgo ideológico. En nuestro caso, continuaremos sin dudar del buen hacer y rigor científico del organismo público y autónomo dirigido por Fernando Vallespín. Del mismo modo que no pondremos en cuestión los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales o el Observatorio de la Inmigración de la Comunidad de Madrid.

 

Estados Unidos como el falso paradigma de la inmigración actual.

 

   Habitualmente se recurre a los Estados Unidos, y en las réplicas al "Informe" no podían faltar referencias a este país, como uno de los paradigmas (positivo) de la inmigración. Sin bien es cierto, y creemos que esto es indiscutible, Estados Unidos ha crecido gracias a este fenómeno desde los primeros compases de su independencia de la metrópoli. Pero también lo es que el desarrollo del fenómeno en este país no guarda relación con los movimientos migratorios que se están produciendo en la actualidad en Europa. A lo largo del siglo XIX y XX han recibido, según estimaciones, más de setenta millones de inmigrantes. Una cifra que podría parecer inasumible para cualquier Estado moderno, pero que debe matizarse con la realidad de un país que, tras su independencia, se encuentra en permanente construcción. No podemos pasar por alto que en el S. XIX, la mayoría de los Estados europeos se consideran acabados, al menos, en sus formas esenciales. Al contrario que Estados Unidos, que se encuentra en sus primeros pasos.

   Efectivamente, se trata de un país de inmigrantes, pero eso no quiere decir, al contrario de lo que presume el mito, que sea un país de puertas abiertas. A finales del S. XIX aparecen los primeros síntomas de rechazo a la inmigración, un rechazo protagonizado por la segunda o tercera generación de los "nuevos nativos". En 1882 se dicta la "Chinese exclusion act", un intento de limitar la inmigración china y asiática para preservar la identidad y cultura estadounidense, en otras palabras, la homogeneidad étnica (europea). Ya en el S. XX empiezan las limitaciones de mayor calado, en un primer momento continúan centrándose en los inmigrantes de origen asiático, con medidas como la "Asiatic barred zone" o la "The quota law" en 1921, con las que se imponen las primeras cuotas y con las que se tratan de beneficiar a determinados países o zonas emisoras, la inmigración europea, principalmente británica, para continuar con el intento de mantener la homogeneidad étnica. Medidas que se mantienen y acentúan con la instauración del sistema oficial de cuotas en 1952, la "Immigrant and nationality act", que se ha mantenido, con constantes reformas, hasta la actualidad.

   La importancia de estas medidas [principalmente las de los 50 y 60] radica en que ninguna presenta una restricción racial, pero sí de origen y, mucho más importante, se tiene un sistema de preferencia por formación y conocimientos. Se da prioridad y facilidades a todo aquel inmigrante que vaya a contribuir de una manera decidida con el desarrollo de los Estados Unidos, dando origen, en parte, a la famosa fuga de cerebros de terceros países. Sin bien es cierto, y no podemos pasarlo por alto, que pese a los esfuerzos restrictivos que han tomado los Estados Unidos, la inmigración ilegal ha proliferado, especialmente desde la década de 1970, en la que se acometieron medidas más restrictivas que no obtuvieron el éxito deseado por las autoridades.

 

Europa como receptora de inmigración en la segunda mitad del S. XX.

 

   En algunos países europeos la inmigración comenzó a ser importante, tras la II Guerra Mundial. Hasta entonces, el viejo continente había sido una zona emisora de emigrantes. El cambio se produce cuando países como Alemania, Francia, Bélgica, Reino Unido, Holanda, etc., devastados por la contienda mundial y ante la pérdida de buena parte de su juventud en los campos de batalla, empezaron a buscar trabajadores en los países periféricos y en las antiguas colonias para poder acometer la reconstrucción y atender a las nuevas fases de desarrollo económico que se encontraban experimentando gracias al Plan Marshall. Por tanto, el origen de la emigración masiva de los países periféricos hacia los países industrializados tenía como fundamento el reclutamiento activo de mano de obra por parte de los empresarios, ayudados por los Estados, con el objetivo de crear puestos de trabajo específicos (1). Pero esta situación cambia con la crisis económica y el reequilibrio poblacional que experimentan estos países desde 1973. Es a partir de entonces, cuando la Europa Occidental cierra sus fronteras a la inmigración laboral con el argumento de que ya no se necesitan más inmigrantes. Política que se mantiene hasta hoy, aunque introduciéndose matices importantes.

Por ejemplo, en Alemania el acceso a los puestos de trabajo seguirán cerrados para los ciudadanos de países no miembros de la Unión Europea, y sólo a través de reglamentos especiales como son los acuerdos bilaterales para trabajos de temporada, podrán optar a un puesto de trabajo (2). Mejor parados quedan los trabajadores altamente cualificados y los autónomos, ya que según la legislación actual los primeros no tienen que abandonar el país trascurrido los cinco años y los segundos recibirán un permiso de trabajo si invierten un millón de euros y crean 10 puestos de trabajo. En Francia, el proyecto de ley de "control de la inmigración" impone nuevas restricciones a la reagrupación familiar y permite el polémico uso de test genético para probar la filiación materna. En Bélgica, la policía ha reintroducido los controles sistemáticos en las fronteras terrestres, aéreas y marítimas, y al mismo tiempo, se ha llevado a cabo una amplia operación de regularización de los cerca de 70.000 extranjeros que residen sin papeles. Y el Reino Unido ante la demanda de los servicios sociales de los emigrantes, ha creado un fondo para los inmigrantes contribuyan en los gastos del Estado. De esta forma, los que aspiren a ser ciudadanos británicos estarán a prueba durante todo un año para demostrar que hablan inglés, que pagan los impuestos y que cumplen con la ley. Pero también se pedirá que contribuyan para ayudar a las comunidades a enfrentarse a la creciente inmigración, y aquellos que supongan una carga mayor para los servicios públicos pagarán más que el resto. Por tanto, el mito de la inmigración en Europa también ha desaparecido.

 

Madrid-Cataluña vs España, la parte y el todo.

 

   Otra cuestión, no menor, es el pretendido maquillaje que los diversos críticos pretenden realizar de un fenómeno como la inmigración, tratando de diluirla en cifras nacionales frente a cifras autonómicas o provinciales que nosotros aportamos. El "Informe", como saben, encontraba su base en la Comunidad de Madrid, y no lo hacía únicamente por ser el ámbito geográfico de sus autores. En esta Comunidad se encuentra el segundo mayor volumen de inmigración registrado en España, sólo superado por Cataluña. Parece evidente que si se desea analizar los efectos de la inmigración, se recurra a un estudio de aquellas zonas en las que el fenómeno se ha desarrollado con una mayor intensidad, con el objeto de completar un análisis con la mayor complejidad posible. Respecto a esta cuestión, tendremos que recordar que tras "el salto" poblacional que se produce entre 1996 y 2007, y que el INE cifra en el paso del 1’38% de inmigrantes en el año 1996 frente al 9% del total que suponen en 2007, más de 4.000.000 de personas, y éstas no se distribuyen de igual manera en la geografía española. El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en su Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración, cifra la proporción de población extranjera en Cataluña en un 22%, y en Madrid en un 20% (3). Por lo tanto, si queremos observar cómo incide la inmigración tendremos que detenernos a estudiar el fenómeno en Cataluña o Madrid, donde el porcentaje de población inmigrante es más del doble que la media nacional.

 

Cifras.

 

   Stobart considera que "no están entrando tantos inmigrantes en el país" (EVT nº 241). Una apreciación que dependerá, en gran medida, de su sentido de las cantidades. Puede que lo que para él no sea mucho para otros sí lo sea. En nuestra opinión sí lo ha sido, tal y como demuestran los datos del INE. Según este organismo (4), en el año 2001 la cifra de inmigrantes era de 1.370.657 (3’33% del total) y en 2007 era de 4.482.568 (9’93%), lo que supone un incremento del 202%. Si el crecimiento de un 202% no supone un alto crecimiento, es que no hicimos correctamente los ejercicios de cerca-lejos, mucho-poco de Barrio Sésamo.

   A estos datos, y en relación con el tratamiento alarmista que se suele dar a la entrada de cayucos, por lo que supone de tragedia humana, y sin perjuicio de lo expresado en párrafos anteriores, habría que aclarar que, según el padrón que maneja el INE, los inmigrantes procedentes del África Subsahariana y África del Norte empadronados en España son 785.279 (el 18’95% del total de población inmigrante legal), mientras que los inmigrantes procedentes de Europa del Este, la mayoría pertenecientes a países que han entrado recientemente en la Unión Europea y que por tanto están perdiendo la condición de inmigrante para obtener la de residente, son 735.506 (el 17’75%) y los iberoamericanos son 1.500.785 (36’21%). Por lo que quizás convendría revisar la percepción que se tiene de las fronteras sur de España como la principal vía de entrada de la inmigración.

 

Deslocalización de mano de obra.

 

   La economía española se asienta sobre la base de dos "fortalezas", discutibles, pero cuyo peso es incuestionable. La primera de ellas, de carácter más tradicional, es el estratégico sector servicios. Y, la segunda, y desde momentos posteriores al año 2000, en la construcción. El importante peso de estos dos sectores se hace evidente en el PIB. El 60% lo ocupa el sector servicios, mientras que la construcción se sitúa en un poco más de un 10%. Es decir, dos sectores que suponen casi las tres cuartas partes de una economía. Proporción que se mantiene si desgranamos el empleo en función del PIB. Así el sector servicios representa más del 65% de los empleos y la construcción más de un 12%. El sector industrial concentra más de un 17% del empleo español.

   Estos datos no son nada baladíes en la lógica del capitalismo salvaje del que hacen buen uso las economías actuales. Dentro de este modo de proceder, lo habitual es desmontar las fábricas de los países más desarrollados y llevárselas a países en vías de desarrollo o del Tercer Mundo, donde se abarata la mano de obra. Un fenómeno que se conoce como deslocalización y que ha alcanzado un gran desarrollo tanto en su puesta en funcionamiento como en su estudio, por lo que no nos detendremos en su explicación. No obstante, la deslocalización no depende del volumen de beneficio que la empresa o multinacional obtiene. Recientemente hemos podido leer en los medios de comunicación cómo el gigante de la telefonía móvil, la finlandesa Nokia, la empresa que más cuota de mercado tiene y la que más beneficio obtiene [7.205 millones de euros en 2007, un ascenso del 67% respecto al anterior ejercicio (5).] ha anunciado el cierre de su fábrica en Alemania para trasladarla unos cientos de kilómetros al Este, a un país en el que los derechos laborales de los trabajadores se encuentran bastante reducidos y en el que los salarios son mucho más bajos.

   Pero, ¿cómo abaratar el coste humano en un país cuyo principal motor económico no produce nada en una cadena de montaje? El sol, la playa, los centros comerciales y de ocio, los hoteles, los comercios, etc., no se pueden deslocalizar. Es una verdad tan evidente que no necesita discusión alguna. Por tanto, ¿cómo se pueden bajar los costes y aumentar los beneficios? Pues tal y como se ha venido haciendo en los últimos años, con una decidida apuesta por el aumento de precios y el control de los salarios. Y puesto que los "centros de producción" del sector terciario no pueden ser trasladados a países del Tercer Mundo o países en vías de desarrollo, pues se traslada la mano de obra a los primeros. Puede que por ello el 59% de la población inmigrante trabaje en el sector servicios, el 21% en la construcción, el 12% en el industrial. Parece que la patronal ha tenido claro que ni los servicios ni la construcción se puede deslocalizar, y que la única manera de rebajar los costes de producción era rebajar los costes humanos.

 

Crecimiento económico, "el milagro español".

 

   Se cuestiona, y tacha de liberal, la tesis sostenida por diversos autores, y que vincula la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, Unión Europea posteriormente, con el crecimiento económico español. Vinculando, de una manera un tanto soslayada pero bien dirigida, el aumento de la inmigración con el crecimiento de la riqueza. A este respecto caben dos objeciones, la primera de ellas es que el crecimiento económico español se inicia tras los primeros compases de la Transición en los que la crisis era la nota destacada, y que coinciden con la entrada en la Comunidad Europea, 1986, y la percepción de los primeros fondos. El paro, por ejemplo, descendió, tras el ingreso de España en la CEE, del 23% al 15% en sólo tres años (6). Buena muestra del aprovechamiento de los fondos europeos y su incidencia en la marcha de la economía y la generación de empleo.

   Además de la Unión Europea, el crecimiento económico español de los últimos años se ha asentado en un sector concreto, la construcción. Así lo indican todos los informes, suponiendo, como hemos visto, algo más del 10% del PIB y ocupando a gran parte de la población extranjera en este sector. Por eso cuando por la crisis económica ha hecho mella en este sector, el porcentaje de paro entre la población extranjera se ha visto incrementado.

   Así, según INEM los datos del paro no ha dejado de aumentar en el 2007, y el 40% de los nuevos parados son extranjeros (7). Evidentemente porque las actividades ligadas al ladrillo son las que han registrado el mayor aumento anual del paro extranjero con un 19,89%, seguido del sector servicios con 9%. En sólo un año, 2007, el desempleo ha crecido un 24% entre los trabajadores inmigrantes, frente al 5,3% de la media nacional. Como consecuencia, la factura en subsidios por desempleo de este colectivo ha engordado un 54% hasta los 116,1 millones de euros, - un 8,4% del gasto total (8). Y no sólo eso, sino que podrá aumentar los tiempos de duración del desempleo de los nativos, puesto que la cola de los solicitantes de empleo se alarga y, por tanto, también el tiempo de espera. Con lo cual no es cierto como sostiene Lucke Stobart que desde la segunda mitad de los años noventa, el paro no haya hecho otra cosa que bajar.

   Pero tampoco podemos decir que los inmigrantes contribuyan a la riqueza del país cuando envían sus ahorros a sus países de origen y gastan lo que es imprescindible en el de acogida. En España las remesas no han hecho más que crecer, en los primeros nueve meses de 2007, los fondos que enviaron los inmigrantes alcanzaron los 5.942 millones de euros, lo que supone un 23,3% más que en el mismo periodo del año anterior. Es más, las estadísticas del Banco de España muestran que el volumen de remesas se ha multiplicado por 5 entre 2000 y 2006 (9). Por tanto, no es de extrañar, que España sea el tercer emisor de remesas a nivel mundial, por detrás de Estados Unidos y Arabia Saudita. Así, las remesas se han convertido en un factor estratégico para el desarrollo de los países de origen, hasta el punto que desborda con creces la ayuda exterior que reciben, por ejemplo, de la Unión Europea (10), pero en cambio, apenas tienen repercusión para las arcas de la nación de acogida. Aunque son muchos los que pueden pensar, que el Estado de acogida se beneficia de las comisiones que cargan sobre estos envíos. El problema es que este tipo de comisiones oscilan entre el 2% y el 20%, y en España el coste medio de las mismas es del 4,1% mientras que en el Reino Unido, por ejemplo, alcanzan hasta el 40% para los envíos de 100 euros. De esta manera, la banca española ingresa por estos conceptos en torno a los 250 millones de euros anuales, pero eso no quiere decir que repercuta directamente en las arcas del Estado, aunque a la larga sí lo haga indirectamente. Lo mismo ocurre con los impuestos que gravan el consumo de IVA, debido al menor poder adquisitivo de los inmigrantes y la mayor tendencia al ahorro de los inmigrantes. Así, la cesta de la compra de un extranjero supone 3.995 euros al año frente a los 6.577 que invierte un nacional (11).

 

La inmigración y los salarios.

 

   En relación con lo expuesto en el apartado anterior deberíamos indagar en la posible incidencia, como ya hemos avanzado, de ese traslado de mano de obra, a los países receptores. A pesar de las subidas salariales son marcadas por el IPC y los convenios colectivos, no estamos en condiciones de afirmar que la inmigración no haya tenido ninguna repercusión en los salarios de los trabajadores. Evidentemente, la entrada de mano de obra adicional puede provocar: a) un descenso del salario de equilibrio limitado al nivel del salario mínimo; b) un aumento del desempleo entre la obra de mano nacional porque algunos de los trabajadores ya no están dispuestos a trabajar por el nuevo salario; c) la contratación de una fracción de la mano de obra no nacional; y d) el desempleo de algunos trabajadores no nacionales que, aun estando dispuestos a trabajar por un salario inferior al salario mínimo, no encuentran trabajo (12). Incluso, Altonji y Card, han llegado a demostrar cómo el impacto de la inmigración sobre los salarios puede depender de la distribución de cualificaciones de los inmigrantes en relación con la de los nativos. Para ellos, los salarios de los trabajadores cualificados como de los no cualificados permanecen invariables cuando la proporción de trabajadores no cualificados en el flujo de inmigrantes es igual a la proporción de trabajadores no cualificados en la población nativa. Sin embargo, si la proporción de no cualificados entre el contingente de inmigrantes es mayor que la proporción respectiva entre la población nativa, el efecto es un aumento de los salarios de los cualificados, pero un descenso de los salarios de los no cualificados (13). Entonces el impacto de la inmigración sobre el mercado de trabajo depende de las propias características de la población extranjera y del nivel de oferta y demanda.

   Así, se considera que los efectos en los salarios y el empleo son más negativos para algunos trabajadores nativos, debido al efecto de sustitución, y son positivos para trabajadores altamente cualificados. En este mismo sentido, Zimmermann, usando los datos del West German Socio-Economic Panel, concluye que en los años setenta la considerable proporción de mano de obra extranjera aumentó la frecuencia del desempleo entre los alemanes, mientras que en los ochenta el efecto negativo se produce sobre los salarios (14).

   Hatzious obtiene resultados similares, y sostiene que la inmigración no parece afectar al desempleo nativo sustancialmente, pero en cambio si parece que lo hace negativamente en los salarios. Es más, en estudio reciente se ha llegado a demostrar que el salario medio de los inmigrantes procedentes de países desarrollados es superior al de los trabajadores españoles tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres. En cambio, para los inmigrantes procedentes de países en desarrollo el salario medio es, por el contrario, inferior para ambos sexos (15).

 

Percepción ciudadana de la inmigración.

 

   "[...] más inmigración es igual a más racismo", por mucho que lo niegue Luke Stobart en su artículo publicado en enero por el EVT (nº 241). Y es que la tolerancia hacia las minorías étnicas ha sido menor en aquellos Estados que poseen una mayor proporción de inmigrantes, mientras que en aquellos que han contado con menor presencia extranjera la intolerancia presenta escasa incidencia (16). Es decir, en el racismo, la xenofobia y la intolerancia con los inmigrantes juega un papel fundamental la visibilidad. Si atendemos a los datos que nos proporciona Delgado Godoy podemos comprobar como los porcentajes más bajos de tolerancia los ostentan los tres países que tradicionalmente han sido receptores de inmigrantes en Europa (Alemania, Francia y Gran Bretaña), mientras con los índices más altos los poseen los países que en 2002 apenas contaban con inmigración, es decir, España e Italia (17). Ahora bien, estos dos últimos países han visto cómo poco a poco a medida que ha ido aumentado el número de inmigrantes residentes se han ido incrementando los niveles de intolerancia de su ciudadanía respecto a la inmigración. Así, lo demuestran las cifras que arroja la encuesta del CIS de noviembre de 2005. Sin ánimo de ser reiterativos, debemos recordar que el porcentaje de españoles que consideran que los inmigrantes que viven en España son demasiados o bastantes es de 92,9%. En este mismo sentido se han manifestado los madrileños en el último informe realizado por el Observatorio de Inmigración de la Comunidad de Madrid en diciembre de 2007. En éste, el 67% de los ciudadanos consideran que en Madrid empieza haber demasiados extranjeros, incluso ya el 74,6% de los inmigrantes que residen en nuestra comunidad están de acuerdo con esta afirmación. Cosa que por otra parte, nos parece normal, porque como señala Samir Naïr, una vez que el inmigrante está integrado en el país de acogida se vuelve más intolerante hacia los extranjeros e inmigrantes que llegan posteriormente (18).

   En otra encuesta elaborada por Díez de Nicolás y Ramírez Lafita en 1995 para el ISSP se llegaron a las siguientes conclusiones (19). En primer lugar, se observó que más de la mitad de los entrevistados en la casi totalidad de los países (20) afirman que el número de inmigrantes en su país debería disminuir algo o mucho. En segundo lugar, en la mayoría de los países predominaba el desacuerdo con la afirmación de que la inmigración era buena para la economía del país. Así se manifestaron Bulgaria, Eslovaquia, Hungría, Italia, Letonia, Noruega, República Checa, y Rusia. En tercer lugar, en nueve de los veintitrés países analizados, más del 50% de los entrevistados estaban de acuerdo en que los inmigrantes quitaban puestos de trabajo a los naturales del país (Bulgaria, Hungría, Eslovenia, Alemania Oriental, Eslovaquia, Letonia, Polonia, Rusia y Gran Bretaña). En cuarto lugar, la gran mayoría de los países predominaba la opinión de que la inmigración provoca un aumento de la criminalidad. En quinto lugar, diecisiete países se mostraron en un 60% de acuerdo a que su país tomará medidas más duras para impedir su entrada. En definitiva, pese a la gran disparidad económica, política y cultural de los países seleccionados, existe una enorme coincidencia entre los países con actitudes negativas ante la inmigración, y los que se muestran más favorables son los países que mantienen políticas gubernamentales claramente favorables, como Canadá y Nueva Zelanda, o los que poseen escasa experiencia de flujos de inmigrantes, como era el caso de Irlanda, Filipinas, o Japón.

   No podemos pasar por alto una realidad evidente, el conflicto de clase se ha extendido de alguna manera a la percepción que se tiene de este fenómeno, puesto que no se tiene la misma opinión de los inmigrantes cualificados o de los que poseen cierta posición socioeconómica que de los denominados "inmigrantes económicos". Los primeros no sólo son aceptados sino que son admitidos, mientras que los segundos son rechazados y marginados, ya que se les tienden a vincular con el aumento de la delincuencia, la violencia e inseguridad. Por tanto, no todos son extranjeros, sino sólo aquéllos que poseen unos rasgos étnicos y/o unas características socioculturales y socioeconómicas que se jerarquizan como inferiores a las nuestras. No debemos ser hipócritas, no es el mismo el grado de tolerancia que consigue un europeo o norteamericano que un hispanoamericano (exceptuando a argentinos y chilenos, donde podríamos encontrar además un factor étnico, esto es, el color de su piel), africano o asiático. Por tanto, el tipo de características que posee el propio inmigrante contribuye o dificulta su integración y su aceptación en la sociedad de acogida.

   Pero el grado de aceptación-rechazo también depende de la proximidad. Así, no es lo mismo la percepción que pueden tener las clases más desfavorecidas, que son las que soportan en mayor medida los costes de los flujos migratorios, difiere enormemente de la percepción que pueda tener la clase media-alta. Los primeros ven en el inmigrante un competidor y una persona que termina por degradar sus barrios, que les quitan sus trabajos, que favorecen la precariedad, que ponen en peligro su seguridad, etc. Mientras que los segundos, en cambio, ven en el inmigrante a un trabajador a bajo coste para sus empresas y hogares.

 

Gastos y Prestaciones Sociales.

 

   La expresión más generalizada entre los defensores a ultranza de los procesos migratorios, es que los inmigrantes cuestan menos de lo que ingresan. Como nos advierte Stobart (y otros), en su artículo "Contra la lepenización del discurso", en 2005 los inmigrantes aportaron a las arcas del Estado 23.402 millones de euros mientras que originaron un gasto de 18.618 millones, lo que significa que hicieron una aportación neta positiva de 4.784 millones de euros. Nosotros no vamos a negar la validez de los datos que nos aporta el mencionado autor. Es más, creemos que esta situación es cierta. El problema es, como afirma en 2006 el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, que el Estado ha tenido un superávit de 4.784 millones de euros pero las Comunidades Autónomas no se han beneficiado de este hecho, sino que son las grandes perjudicadas del aumento del gasto público que han supuesto para ellas la atención de inmigrantes. Así, por ejemplo, La Rioja ingresó 65 millones, pero sus gastos ascendieron a 151 millones de euros. Eso supone un déficit de 86 millones de euros, que sumados a la repercusión en los capítulos de inversiones elevarían el agujero presupuestario de la comunidad a 112,68 millones de euros (21). En el mismo caso, se encuentra Madrid que también arroja un saldo negativo, ya que el aporte global de los inmigrantes residentes en esta comunidad ascendió en 2005 a 1.115 millones de euros, mientras que los gastos en servicios sociales, sanidad y educación se situaron en 1.374 millones, por tanto, el déficit alcanza la cifra de 259 millones de euros.

   Pero la inmigración no sólo ha repercutido en la hacienda de las comunidades autónomas sino también en la propia del Estado español. Sólo hay que observar los presupuestos de 2007, donde por primera vez se introdujeron dentro de los gastos sociales una partida destinada exclusivamente a la inmigración. Así, "el Estado destinó 250 millones de euros a medidas relacionadas con la atención a los inmigrantes, como un fondo de apoyo a la acogida y programas de refuerzo educativo. Además, a través de los ministerios de Interior y de Administraciones Públicas se dotaron otros 60 millones a actuaciones no específicamente policiales" (22). Con esto no queremos decir que el Estado haya incrementado su partida presupuestaria en gasto social, pero lo menos si la ha redistribuido. Por tanto, la inmigración sí está repercutiendo y no siempre de forma positiva en el gasto social de las comunidades autónomas y del Estado.

 

- Prestaciones Sociales:

 

   Cada vez son más los que consideran que los inmigrantes son los grandes beneficiarios de las prestaciones sociales en detrimento de la población autóctona. En este sentido se manifestó el catedrático de Sociología de UNED, José Félix Tezanos, en el curso de verano "Tendencias en inmigración y exclusión social y sus impactos sociales en la España del S. XXI", al afirmar: "Las familias españolas de bajos ingresos están perdiendo prestaciones y servicios, pierden posiciones relativas, frente a familias inmigrantes, lo que les genera un sentimiento de rechazo". La cuestión es que las prestaciones y los gastos sociales son prácticamente los mismos, pero por contra hay más población demandante de este tipo de servicios. Las clases más desfavorecidas se encuentran ante la pérdida de prestaciones pero no ante el acceso o pertenencia a una nueva clase que le posibilite un mayor nivel o calidad de vida. Favoreciendo la aparición de conflictos cuando se atribuye a los "nuevos trabajadores" la captación de un buen número de programas y servicios sociales que conceden las instituciones públicas (23). La solución la encontraríamos, como es obvio, en el aumento del gasto en protección social, para que las familias españolas no vean a los inmigrantes como "competidores" para determinadas prestaciones. Porque está claro que con la actual asignación presupuestaria no se puede satisfacer las demandas sociales de la ciudadanía.

 

- Sanidad:

 

   En España la asistencia sanitaria es universal, por tanto, todos los inmigrantes, legales o ilegales, que se encuentren empadronados cuenta con una cobertura sanitaria (el empadronamiento no es necesario en los casos de urgencia). Esto supone un aumento de la población que adquiere derecho a ser atendido médicamente, lo que conduce inevitablemente a un aumento del gasto farmacéutico y un descenso del ratio del número de camas en hospitales por cada mil habitantes. Respecto a la primera cuestión, el aumento de la población extrajera está incidiendo en el gasto farmacéutico, tal y como apunta el informe "Determinantes de la evolución del gasto farmacéutico público en el ámbito autonómico", elaborado por FARMAINDUSTRIA, y que subraya, además, que si "se extrapola el gasto farmacéutico [de la población extranjera] total (no per cápita) en un contexto de crecimiento de la población, su efecto será aún mayor" (24), y que las Comunidades con un mayor porcentaje de población extranjera "experimentan un incremento de su gasto farmacéutico público per cápita superior a la media nacional".

   Si nos detenemos en la segunda cuestión, el ratio del número de camas hospitalarias por habitantes, según el Informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) sobre el entorno económico y social que se publica periódicamente, se ha registrado un descenso que ha pasado de 3,9 camas hospitalarias por cada mil habitantes en 2001 3,58 en el año 2007. Descenso que se ve agravado, en opinión de José Félix Tezanos, por la sobredemanda que se ha producido en el sistema de salud pública, sobre todo en los servicios de urgencias que ha visto cómo se han incrementado las pruebas en esta unidad. Además la barrera del idioma está planteando grandes problemas a los médicos que deben dedicar mucho más tiempo para hacer un diagnóstico, lo que indudablemente conlleva la utilización de más pruebas complementarias (25). Un esfuerzo, el que realiza la Sanidad Pública, que puede verse compensado por los ingresos que los inmigrantes realizan en concepto de Seguridad Social. Sin embargo, si descendemos al nivel autonómico, nivel de gobierno en el que se encuentran transferidas las competencias en materia sanitaria, en la Comunidad de Madrid los inmigrantes suponen un 12% de los afiliados a la Seguridad Social, pero sus cotizaciones, apenas llegan al 6% del total (26).

 

- Educación:

 

   En la Comunidad de Madrid un alumno extranjero supone un gasto anual de 2.976 euros, cien euros más que uno nacional (27). Además, el fenómeno de la emigración ha disparado el número de alumnos procedentes de familias inmigrantes en las escuelas españolas, multiplicando su número por diez, lo que supone ya el 7,39% sobre el total de alumnos matriculados en enseñanzas no universitarias.

 

Notas:

(1) BOLZMAN, C (1999) "Políticas de inmigración versus políticas del inmigrante", en Educación Social, Ene-Abr, pp. 10-15.

(2) ABC, 13/04/2007.

(3) http://extranjeros.mtas.es/es/general/DatosEstadisticos_index.html

(4) http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=%2Ft20%2Fe260&file=inebase&L=

(5) http://www.elpais.com/articulo/economia/Nokia/dispara/beneficios/netos/67/2007/elpepueco/20080124elpepueco_11/Tes

(6) http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa_reest_paro_pdftot.pdf

(7) Según los datos oficiales del Ministerio de Trabajo, del 31 de diciembre de 2006 a igual fecha de 2007, los extranjeros inscritos en los Servicios Públicos de Empleo se incrementaron en 41.814 personas, lo que supone un 24,57% más de desocupados.

(8) En: www.expansion.com (08/01/2008).

(9) Estudios Económicos de Caja Inmaculada, 30/12/2007.

(10) El volumen total de la Acción Exterior de la Unión fue de 5.867 millones de euros para todo el año 2006, según el informe del presupuesto que presentó el Tribunal de Cuentas de la Unión Europea-

(11) En: www.expansión.com (15/07/2006).

(12) González Ferrer, A. (2002) Efectos macroeconómicos de la inmigración. Impacto sobre el empleo y los salarios de los nativos. Papers Instituto Juan March, nº 66, pp. 133-153. p. 8.

(13) Altoni, J y Card, D. (1911) "The effects of inmigration on the labor market out comes of less-skilled native", en Bowd, A; Freeman, R. B. (eds) Inmigration, Trade and the Labor Market. University of Chicago Press, Chicago.

(14) Zimmermann, K. F. (1994) "Some general lessons for Europe´s migration problem", en Giersch, H. (ed.) Economic aspects of International i migration. Springer-Verlang.

(15) Simón, H. J.; Ramos, R y Sanromá, E. (2007) Segregación laboral y estructuras salariales de nativos e inmigrantes en España. Un análisis con datos emparejados empresa-trabajador. Workpaper Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, S. A.

(16) DELGADO GODOY, L. (2002) La inmigración en Europa: realidades y políticas. Documento de Trabajo, 02-18. Unidad de Políticas Comparadas (CSIC). p. 4.

(17) Actitud antes las minorías étnicas (2002)

PAÍSTOLERANTESAMBIVALENTESINTOLERANTES
Alemania53%29%18%
España77%18%4%
Francia55%16%19%
Finlandia71%21%8%
Suecia76%15%9%
Reino Unido58%27%15%

Fuente: DELGADO GODOY, L. (2002) La inmigración en Europa: realidades y políticas. Documento de Trabajo, 02-18. Unidad de Políticas Comparadas (CSIC). p. 4.

(18) NAÏR, S. (2001) "Inmigración e identidad", en El PAÍS, 12 de marzo.

(19) Díez Nicolás, J y Ramírez Lafita, M. J. (2001) La inmigración en España: Una década de investigaciones. IMERSO, Madrid

(20) La encuesta se realizó en: Alemania Oriental, Alemania Occidental, Italia, Bulgaria, Hungría, República Checa, Letonia, Noruega, Rusia, Eslovenia, Irlanda, Nueva Zelanda, Eslovaquia, Austria, Japón, Polonia, Gran Bretaña, Filipinas, Suecia, España y Canadá.

(21) En: www.larioja.com.

(22) En el Diario Hoy, 27/09/2006.

(23) La población inmigrante en Madrid consume el 46% de la factura en programas sociales de la región, entre los que se incluyen, prestaciones por desempleo, fomento de la inserción laboral o seguridad ciudadana, entre otros. En: www.expansión.com (15/07/2006).

(24) http://www.farmaindustria.es/farmaweb/7pb43811prod.nsf/0/a3f42686103a80bdc1256e770025dbdb/$FILE/25%20-%2034%20gasto%20farmaceutico.pdf

(25) Parrilla Ruiz, FM; Cardenas Cruz, Dp; Vargas Ortega, DA; Martínez Cabezas, S; Díaz Castellanos, M. A; Cárdenas Cruz, A. (2003) Reflexiones de la asistencia sanitaria al inmigrante en una unidad de urgencias. Medicina de Familia, vol. 4, nº 3, noviembre. (p. 44).

(26) En: www.expansión.es (15/07/2006).

(27) En: www.expansión.com (15/07/2006).

QUIÉNES NO FUERON LOS MUERTOS DE MALVINAS

QUIÉNES NO FUERON LOS MUERTOS DE MALVINAS

Alberto BUELA LAMAS

 

   Hoy, 2 de abril, el Ministerio de Defensa publicó en los principales diarios del país el listado completo con nombre y apellido de los muertos durante la guerra de Malvinas.

   Uno, que es un gran lector de entre líneas, desocupado y al ñudo en este día festivo, se detuvo en marcar los apellidos que más muertos han sobrellevado en la guerra, y así aparecen los González con 14, Gómez (14), García (12), Romero (10), Rodríguez (10), Sosa (6), Fernández (6), Pereyra (5), Torres (5), Aguirre (5), Díaz (5), Maciel (4), Sánchez (4), Vázquez (4),  Verón (4), Berón (4), Peralta (4), Ramírez (4), Benítez (4), Castillo (4), Castro (3), Medina (3), Álvarez (3), Ferreira (3), Gorosito (3), Ríos(3), Ávila (3), Juárez (3), Caballero (3), Medina (3), Monzón (3), Luna (3),Moreno (3), Núñez (3), Ruíz (3), Vargas (3) y siguen con dos muertos los Ahumada, Alegre, Andrada, Ávalos, Barrionuevo,  Barrios, Blanco, Busto, Cabrera, Cáceres, Cardozo, Casco, Chaile, Córdoba, Escobar, Falcón, Flores, Gallo, Guerrero, Heredia, Ibáñez, Lamas, Ledesma, López, Lugo, Márquez, Meza, Méndez, Miguel, Ojeda, Ortiz, Paz, Pérez, Quintana, Sevilla, Silva, Soria, Vera, Zabala.

 

   Lo primero que llama la atención es que todos estos apellidos son de origen hispano criollo. No hay apellidos extranjeros. Y entonces  ¿dónde están los gringos, dónde los judíos, los turcos, los franceses, los alemanes, los ingleses? ¿Dónde? ¿Acaso la Argentina no es un crisol de razas como nos enseñaban en la escuela? Donde están los Pellegrini, Nicolini, Paladini, Repetto, y tutti cuanti. Dónde los Sofovich, Gelblung, Verbisky, Bleger, Werthein, Elsztain, Ezkenazi, Telerman, Grobocopatel, Suar, Filmus, Heller y tantísimos otros.

   No están, no figuran entre la lista de muertos porque los muertos los puso el mundo criollo, como lo hiciera en las guerras de la Independencia, en las guerras civiles, en la guerra al malón y en la guerra de la Triple Alianza. Ésta es la realidad argentina: cuando hay que poner el cuero y exponer la vida todo sale del mundo boli. Y ¿saben por qué los muertos los pone el mundo criollo? Porque no tiene quién lo defienda. Nadie fue a pedir por ellos, nadie se acercó a las orejas de los milicos para que exceptuaran a sus hijos, parientes o amigos de ir a la guerra. Lo mismo le pasó a Fierro en la frontera: Nadie pidió por él.

   Pero ¡qué interesante que resultó este listado! Ahora que desde hace unos años todo el mundo, en especial el pobrerío, "trabaja de indio" para recibir los subsidios del Estado, nos encontramos sólo con tres apellidos de ese origen. Claro, si ellos tienen a los ingleses y a los pastores yanquis por detrás. ¿O dónde está la oficina de los mapuches sino es en Londres?

   Si sumamos  nomás los del listado que hicimos más arriba, tenemos 254 muertos donde al menos por dos veces figura el mismo apellido y que representa más de la mitad de los muertos en Malvinas. Esto confirma la tesis del gran canciller inglés Harold Macmillan quien en los días previos a la guerra afirmó: "Si los soldados y sus mandos son de origen hispano la batalla nos costará mucho". Y eso fue lo que sucedió. No al ñudo escribió el gran poeta nicaragüense Rubén Darío: "Preocúpate Roosevelt, que hay cien cachorros sueltos del león español".

 

   La ministra Garré, quien no tiene ningún muerto en Malvinas, como no lo tienen los de la Rúa, Kirchner, Menem, Duhalde, Alfonsín, no ha previsto que con este listado hecho público puede colaborar muchísimo al esclarecimiento de los cobros fraudulentos de los pseudocombatientes de Malvinas. ¡Qué no daría por ver el listado completo con apellido y nombre de los pensionados de Malvinas! Veríamos ahí cómo se multiplican a rolete los apellidos que en este listado ni figuran.

   Es que no hay nada que hacer, los gringos y otras yerbas le esquivan a la pelea y la lucha armada como el culo a la jeringa. ¿O no fueron acaso ellos los que inventaron el dicho: "Soldado que huye sirve para otra guerra"? ¿ Cuándo los judíos se destacaron en una guerra, que no sea esta ruindad que están realizando con los palestinos debido a su incomparable poderío militar sobre estos pobres desgraciados?

  

   Volvamos al título de este artículo: ¿Quiénes no fueron, entonces, los muertos de Malvinas? Los que usufructúan de la Argentina, los que "la viven", aquellos que han encontrado en la política y en las organizaciones sociales una salida laboral, los que conocen los mecanismos institucionales del poder para usarlo a su beneficio, la clase ociosa de los que no trabajan y que viven colgados de la teta del Estado. Así ellos, sus hijos y sus nietos son los que nunca van a dar la vida por la Patria, porque ellos saben en su fuero íntimo que pueden tener una doble ciudadanía y pueden vivir en otro lado tan cómodos como acá.

   Es que el arraigo, más allá de recibirlo por tradición familiar, es una elección, y esta gente, que son millones, no eligió a la Argentina como su lugar de arraigo. Esto explica, en parte, por qué hay hoy día alrededor de 200 mil millones de dólares de "argentinos" en el exterior y en el segundo semestre del 2007 se giraron 8.622 millones de dólares afuera.

   Se quedarán con los puestos, se quedarán con los cargos, se quedarán con la representación del país, se quedarán con nuestros dineros y nuestros campos (son los monopolios, estúpido), se quedarán con los bancos y los mass media, pero cuando llegue la hora de la lucha, la hora de la espada como decía Lugones, serán una vez más los hombres provenientes del mundo criollo los que "pondrán el cuero" en defensa de algo que ya no les pertenece pero que siguen amando y defendiendo.

   Si este mundo criollo despertara a la acción política y se diera una conducción qué otra cosa sería la Argentina, que en su breve historia republicana sólo ha tenido cuatro gobiernos criollos, el de Rosas, el de Roque Sáenz Peña, el de Yrigoyen y el de Perón, pues sólo en ellos y no en otros se cumplió aquel verso paradigmático del Martín Fierro:

 

Tiene el gaucho que aguantar

Hasta que lo trague el hoyo,

O hasta que venga un criollo

En esta tierra a mandar.

 

   (*) Alguno nos dirá y con razón cuántos dirigentes honorables de origen gringo que ha tenido el país, el último don Alfredo de Angelis, el del piquete de Gualeguaychú, seguro y lo reconocemos. Pero en el listado que publicó el Ministerio de Defensa la inmensa mayoría de los muertos los puso el mundo criollo, una vez más.

"EL MUNDO" Y EL COMPLEJO DE LOS PROGRES FRENTE A LOS INICIOS DE ETA

"EL MUNDO" Y EL COMPLEJO DE LOS PROGRES FRENTE A LOS INICIOS DE ETA

Francisco TORRES

 

   En muchas ocasiones, algunos españoles, nos hemos preguntado: ¿cuándo la izquierda pedirá perdón por sus errores en la lucha contra ETA? ¿Cuándo la izquierda pedirá perdón por el apoyo que brindó a ETA en sus primeros años? ¿Cuándo la izquierda reconocerá que tan terroristas eran los miembros de ETA en 1968 como en el 2008? Es usual que la progresía intelectual y periodística cuando tiene que condenar las actuaciones de ETA antes de 1975 sienta un cierto rechazo, que, incluso, busquen justificar tales acciones como antaño hicieron. ¡Cuántas veces hemos oído la cancioncilla de que Franco murió fusilando, olvidando mencionar que los ejecutados en 1975, condenados por los tribunales de acuerdo con los códigos entonces vigentes, eran terroristas con las manos manchadas de sangre inocente! Quizás porque esa misma progresía prefirió colocarse entonces al lado de los terroristas y todavía siente morriña.

   Han pasado décadas y, sin embargo, aún hoy, la progresía intelectual y mediática, por no decir la política, se resiste cuando tiene que condenar a la ETA de antes de 1975. Hemos leído como los terroristas se convierten en jóvenes activistas antifranquistas para evitar recordar que eran, precisamente, terroristas. Hasta algunos han pretendido que la consideración de víctimas del terrorismo no alcance a aquellos que cayeron antes del veinte de noviembre de 1975.

 

   Viene al caso la cuestión porque a finales de marzo el diario EL MUNDO, en su suplemento dominical "Crónica", incluía un trabajo de investigación, firmado por Aníbal Malvar, sobre las calles que en Vascongadas están dedicadas a los terroristas de ETA. Un trabajo de denuncia y protesta ahora que es moneda corriente la crítica a aquellos ayuntamientos nacionalistas que las mantienen, aunque también se deba recordar que esas actuaciones, en muchas ocasiones, no merecieron el mismo tratamiento cuando fueron puestos; parecía más cómodo mirar para otro lado.

   Condena sin paliativos a que se dediquen y permanezcan esos rótulos para esas calles o plazas. Sin embargo, como no podía ser de otro modo, el periodista choca con el complejo de progre antifranquista cuando repasa la historia de Txabi y Josefa Etxevarrieta, "mártires y héroes vascos" que tienen una avenida dedicada en Leioa, localidad gobernada por el PNV. El periodista, acomplejado, pletórico de antifranquismo, no tiene problema a la hora de escribir: "Su hermano Joseba fue uno de los ideólogos de la banda y defensor de Xavier Izko de la Iglesia en el proceso de Burgos (en el que comparecieron dieciséis supuestos miembros de ETA acusados a dedo por Franco y amenazados de pena de muerte)".

   No cabe mayor despropósito: los juzgados en Burgos aún hoy se consideran "presuntos" miembros de ETA y, evidentemente, inocentes porque fueron acusados a dedo por un Franco que no tenía nada mejor que hacer. O el citado periodista carece de la más mínima formación o siente que todavía está en 1970, compartiendo la idea de que ser terrorista es secundario ante la tremenda heroicidad de ser antifranquista. El viejo apoyo de la izquierda a ETA, que tan patente se hizo en el proceso de Burgos, todavía pesa. Sin embargo, para ETA, el sentido de su lucha estaba claro desde el principio y en la misma Franco y franquismo eran un mero accidente. En esta línea se expresaba, a principios de los sesenta, el medio de comunicación de ETA, Zutik: "El antifranquismo lucha contra Franco como si no hubiera opresión española sobre Euskadi. Nosotros luchamos contra la opresión española en Euskadi como si no hubiera Franco".

 

Haciendo historia que nunca viene mal.

 

   Los orígenes de ETA se remontan a los primeros movimientos contestatarios al PNV, que en 1956 había reorganizado sus juventudes bajo el nombre de Euxko Gastedi, poco antes, a la sombra de la universidad jesuita de Deusto, nace el antecedente directo de ETA, el grupo Ekin (1954). Ekin y el PNV son competidores en algunos sectores, sobre todo juveniles, que reivindican una mayor acción.

   En 1959 el grupo se transforma en una organización de activistas llamada ETA, en su seno se producirá la conjunción de las tesis nacionalistas con el marxismo revolucionario. Desde el inicio buscan la acción terrorista espectacular, al estilo de la voladura del hotel Rey David en Israel. Entre sus primeros plantes barajan la voladura del Gobierno Civil de Vitoria o volar un tren de excombatientes que acuden a celebrar la victoria. Dada su escasa militancia ETA busca clienta entre las juventudes del PNV. En esa época la representación en los contactos, por parte del PNV, la lleva José Antonio Echevarrieta para quien el enemigo no es el franquismo, es "la administración española que ocupa el país".

   La acción policial es rápida y en pocos meses ETA está desarticulada al detener la policía a unas cien personas. En 1962 se celebra en un monasterio benedictino francés la I Asamblea en la que se fija un objetivo máximo: "la unión, independencia y libertad de Euskalerría". Se creará en la nueva estructura un grupo militar. La II y III Asamblea serán clave en la marxistización de ETA. Para liberar Euskadi de la opresión "la violencia es necesaria. Una violencia contagiosa, destructora, que apoye nuestra lucha, la que nos han ensañado los israelitas, los congoleños, los argelinos".  Hasta 1968 ETA trabajará en su organización. En la IV Asamblea se admite el atraco para la provisión de fondos.  En la V Asamblea se asume el marxismo-leninismo y la lucha armada.

   En 1968 ETA irrumpe en la historia de España asesinando en un control al guardia civil José Pardines, en el 850 iban los terroristas Javier Echevarreita y Ignacio Sarasqueta. El compañero del miembro de la benemérita da la alarma. Se organiza una persecución en la que colaboran las radios de los camioneros. Los terroristas, localizados, hacen frente a la Guardia Civil. Echevarrieta cae en el enfrentamiento, el segundo se refugia en una Iglesia donde es detenido. Javier Echevarrieta, jefe de zona de ETA en Guipúzcoa pertenecía a una familia acomodada, Jardines, el guardia civil de tráfico, era miembro de una familia modesta de un pueblecito de Galicia. Ignacio Sarasqueta fue juzgado, condenado a muerte siendo la pena conmutada por Franco. La familia afirmó: "Muchas gracias al Caudillo. No lo podremos olvidar nunca". ETA, sin embargo, afirmó: "Desde ahora lo advertimos. Para nosotros Txabi Etxebarrieta vale más que todos los guardias civiles de Alonso Vega, él incluido. Ellos no lo han robado y pagarán por ello".

 

El antifranquismo da nueva vida a ETA.

 

   Después sería asesinado el inspector Melitón Manzanas, el responsable Izco de la Iglesia. La acción policial es rápida, en pocos días se detiene a 20 miembros de ETA recuperando explosivos y armamento. En 1969 ETA estaba prácticamente desarticulada y probablemente hubiera desaparecido de no mediar un agente externo: el apoyo del antifranquismo nacional e internacional.

   Un buen ejemplo de ello es la posición del PCE: Santiago Carrillo, en el Congreso comunista celebrado en Moscú, afirmará: "Y cuando se habla de héroes de la lucha antifranquista, cómo pasar en silencio la acción de los obreros, de los estudiantes y los intelectuales del País Vaco, entre los que destacan particularmente los comunistas, los católicos progresistas y los militantes de ETA, quienes combatiendo por los derechos nacionales de Euskadi, combaten por la libertad de todos los pueblos de España".

   En 1970, Francisco Franco ejerce por segunda vez el derecho de gracia. El terrorista Andoni Arrizabalaga, condenado a muerte por la colocación de un explosivo bajo un coche de la Policía Armada, obtiene la conmutación de la pena. La izquierda política y mediática, el progresismo cultural y periodístico, suele olvidar estas dos conmutaciones de pena.

 

El Proceso de Burgos.

 

   Todavía hoy el complejo del progre antifranquista obliga a mirar el Proceso de Burgos como una injusticia. La izquierda se movilizó para defender "a los heroicos luchadores" de ETA. Quienes luego, en la Transición, serían altos dirigentes de los diversos partidos ejercieron de abogados defensores: Gregorio Peces Barba (socialista designado por ZP Alto Comisionado para las Victimas del Terrorismo), Letamendía, Juan María Bandrés (posteriormente líder de EE), José Solé Barberá (miembro del PSUC). Conscientes de la culpabilidad de sus defendidos buscaron hundir la legitimidad del Tribunal Militar. Contaron con el apoyo de todos los partidos socialistas y comunistas europeos. Tanto Bandrés como Peces Barba presentaron a los terroristas como "defensores de la libertad". Allí se sentaba la práctica totalidad de la cúpula dirigente de ETA.

   En la Causa Sumarísima 31/69 comparecieron dieciséis miembros de ETA, la mayoría dirigentes de la banda que andaban muy lejos de ser presuntos, muchos de ellos se vanagloriarían de serlo, algunos escribirían sus memorias, pero el periodista prefiere ignorarlo. En el banquillo de los acusados estaban:

 

- Joaquín Gorostidi, jefe del Comité Ejecutivo Táctico de ETA.

- Francisco Javier Izco de la Iglesia, fundador de ETA y jefe de comando.

- Eduardo Uriarte Romero, subjefe de ETA en Bilbao.

- Jose María Dorronsoro, jefe de zona de ETA.

- Francisco Javier Larena, jefe de la zona de Durango.

- Mario Onaíndía, jefe del Frente Obrero en Eibar.

- Juan Abrisqueta, jefe de grupo en Basauri.

- Victor Arana Bilbao, jefe de zona en Guernica.

- Gregorio Vicente López Irauegui, jefe de la oficina pública de ETA.

- Juan Echave Garitacelaya, sacerdote y jefe de la oficina de propaganda de ETA.

 

   Todos ellos estaban acusados de terrorismo y rebelión en armas contra la unidad de la Patria. Fueron condenados a muerte: Francisco Javier Izco de la Iglesia, Eduardo Uriarte, Joaquín Gorostidi (los tres acreedores de dos penas de muerte), José María Dorronsoro, Francisco Javier Larena y Mario Onaindía. Franco conmutó, por tercera vez, las penas a los terroristas.

 

La lección de la historia.

 

   Franco, por tercera vez en un año, se inclinó por la conmutación de pena. Fueron muchos los que aplaudieron. Sin embargo, para los terroristas fue una muestra de debilidad. Izco de la Iglesia, en sus memorias, indica que en ningún momento temieron por sus vidas confiando en la presión internacional y en las necesidades de imagen del régimen. Para los miembros de ETA fue una demostración de debilidad. El régimen sólo estaba dispuesto a aplicar la cárcel. A algunos periodistas les convendría, antes de escribir, sacudirse los complejos y revisar los hechos.

TRABAJO, NO CAPITAL

TRABAJO, NO CAPITAL

Juan V. OLTRA

 

   El trabajo siempre ha sido el eje de la vida humana. Así, el segundo texto más antiguo que nos dejaron los griegos es un poema de Hesiodoto titulado "Los trabajos y los días", que canta el trabajo del agricultor. Sin embargo, hasta Frederick Winslow Taylor, nadie se había preocupado de eso que podemos llamar "la ingeniería del trabajo".

   Hoy se ve a Taylor como un defensor del capitalismo desaforado. Craso error. Taylor decía que el principal beneficiario del fruto de la productividad tenía que ser el obrero, no el patrón. Y si bien es cierto que no tenía respeto ninguno por los sindicatos de época, también se mostraba despectivo y hostil hacia los empresarios, a los que llamaba con soltura "cerdos". Su exigencia de que el estudio del trabajo se hiciera en asociación, o al menos con la consulta del obrero, provocó que lo tildaran de "perturbador" y "socialista"; algo que parecía una premonición: en los primeros momentos de la URSS, con los soviets en busca de una productividad que les sacara de un retraso milenario, se aplicaron técnicas tayloristas y fordistas, con no poco entusiasmo. Pero fue una premonición paradójica, pues fue Taylor quien mató a Marx. Veámoslo.

 

   Las técnicas de Taylor, una vez aplicadas, incrementaron la productividad. Con este desarrollo, el incremento de la riqueza a distribuir creció. Y si bien es cierto que siempre ha habido ricos y pobres, la existencia de una clase media ha sido la almohadilla precisa para evitar fricciones. Ejemplifiquémoslo con un detalle: hasta esos momentos, las diferencias entre un pobre de China, de Arabia o de los barrios marginales de Madrid o Londres no era mucha. Baste ver que hoy, sin contar con la educación, la salud o el ocio, el resultado de medir la diferencia es desolador (según los últimos datos, el PIB per cápita en China es de 1.470 dólares. En España, de 25.300). Así, el proletario de Marx se había convertido en un burgués: esto fue el principio del fin del marxismo. Y se remató cuando se comprobó que, al intentar alcanzar una sociedad libre y sin clases, lo que se provoca es un sistema más rígido aun que el capitalista.

   Claro que el bienestar económico no implica que salgamos ganando en conjunto: tradicionalmente, la familia había sido la unidad básica de producción. En el campo, en el taller, padre, madre e hijos trabajaban juntos. Cuando las industrias empiezan a aparecer surge un divorcio entre familia y trabajo. Los progenitores no se ven en todo el día, los hijos llegan a desconocer a sus propios padres...se preparaba un caldo de cultivo donde el eje que había centrado el pensamiento en Europa, el cristianismo, empezaba a dejar paso a sus hijos bastardos, y de rebote a la quiebra de la familia.

 

   Durante casi dos mil años, con el cristianismo fundamentando la idea de Europa, la libertad y la igualdad se convirtieron en la esencia básica de ella. En la aspiración suprema de todas las ideologías que se desarrollan en lo que en tiempos fue llamada la cristiandad, se parte de la proyección de esas dos ideas a la esfera de lo intelectual. Así, el credo del capitalismo es la expresión de que el progreso económico conduce a la libertad, y el marxismo espera esa sociedad libre de la abolición de las ganancias privadas. A medio camino, en una tercera posición, aparecen el fascismo y el nazismo, como revoluciones sociales, pero no socialistas; manteniendo el sistema industrial, pero sin ser capitalistas. Hay pues una clara línea directa que sale de Rousseau y llega a Hitler, incluyendo a Marx. Ideas que son burda copia del original y que van desmoronándose una detrás de otra: el fascismo está enterrado hace décadas, el socialismo periclitado y el capitalismo intentando reinventarse, aunque más allá de cualquier renacimiento y desarrollo, no se aprecia ningún nuevo orden. Mientras tanto, el eco de la libertad y la igualdad, se vuelven piedra.

   No hace falta ser un agudo observador para darse cuenta de que hoy estamos a las puertas de otro gran cambio. Con una única tendencia viva, el capitalismo, ésta aplica sus dogmas de manera inexorable, venciéndose a sí mismo, superando las rémoras que aún le sujetaban de un pasado muy presente: el estado protector, encargado de vigilar por la Justicia Social. Con Keynes prácticamente enterrado, tan necesario como fue para apuntalar al capitalismo en los últimos años 30, vemos al estado plegándose sobre si mismo, a la seguridad social en vías de extinción, al mal llamado mercado laboral cada vez más cerca de lo que es en sí un mercado, un mercado de esclavos... el trabajador como un bien de intercambio más, que puede ser arrojado a la basura como un limón exprimido cuando ha cumplido su función.

   En los primeros años, la inercia provocaba que el trabajador prolongara sus lazos familiares a la empresa, algo que se puede ver aun hoy en las empresas japonesas. Apareció la figura de los "empleados para toda la vida". Tanto es así que, en una sociedad tan ordenancista como la alemana, apareció la figura de los privatebeamte (funcionarios privados), que contaban con la misma seguridad laboral que los funcionarios públicos. Pero esto murió, tal y como murieron los gremios del siglo XIII. No resultaba rentable, simplemente.

   El trabajador deja de ser una persona para ser una pieza. Aparece el concepto del trabajador del conocimiento, en el que el saber es el único recurso significativo. Un trabajador cada vez más hiperespecializado, una evolución que me recuerda algún encuentro en congresos de ingenieros donde tuve oportunidad de conocer a compañeros formados en la URSS con títulos tales como "Ingeniero de rodamientos para papeleras", individuos que lo sabían casi todo de casi nada, y casi nada de casi todo. Alguien que no está preparado para rehacer su vida en tiempo de crisis. Muñecos rotos predispuestos a comulgar con ruedas de molino en todo aquello que no afecte a su especialidad.

   Con estos mimbres, el sistema consigue perpetuarse, crecer cada vez más sobre el cadáver de los beneficios sociales, de los propios trabajadores: ha logrado la muerte de la mística de la revolución.

   ¿Hay solución?

LA CIENCIA CONTRA LA FE

LA CIENCIA CONTRA LA FE

Raúl LEGUIZAMÓN

   Los dogmas de fe son muy difíciles -si no imposibles- de refutar con argumentos científicos. La historia de la humanidad lo atestigua sobradamente. Nuestro tiempo no escapa, por cierto, a esta regla, ya que en la actualidad, como en to­das las épocas, una buena cantidad de personas sigue obstinadamente creyendo cosas, no sólo desprovistas de todo fundamento científico, sino que, además, están en franca con­tradicción con el conocimiento científico que hoy poseemos.
   Para dar un ejemplo, entre cientos, de lo expresado, me referiré a la insólita creencia actual de mucha gente -curiosamente, muchos de ellos científicos- de que el hombre desciende del mono. Porque ha de saberse que el tan mentado y manoseado "antecesor común" del hombre y del mono, de quien hablan muchos científicos y divulgadores, no es ni puede ser otra cosa que un mono. El supuesto "antecesor común" sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. Es pusilánime si no deshonesto, decir otra cosa, agregaba Simpson. Es deshonesto, agrego yo.
   De manera que todos los esfuerzos de los antropólogos e investigadores en este tema, no se dirigen, en absoluto, a dilucidar, objetivamente y sin prejuicios, de qué modo se originó el hombre, sino de qué mono lo hizo.
   En otras palabras: el postulado de nuestro origen simiesco es una convicción de la que se parte, y no una conclusión a la que se arriba.
   Ahora bien, esta convicción, que muchos científicos y divulgadores sostienen encarni­zadamente (¡hasta el punto de mostrarla al público como un hecho científico y demostrado!), es -por definición- algo que está fue­ra del campo de la ciencia experimental, que se basa, precisamente, en la observación y reproducción experimental del fenómeno bajo estudio. Cosas evidentemente imposi­bles en este caso.
   De manera que, y a poco de respetar el significado de las palabras, esta creencia en el origen del hombre a partir del mono, es sólo una hipótesis de trabajo, una suposición, una conjetura, más o menos razonable, más o menos coherente, más o menos disparata­da, pero siempre de carácter hipotético. No sólo no demostrada, sino, aún más -por definición-, indemostrable. Y la ciencia es de­mostración.
   Lo que la ciencia puede legítimamente hacer a este respecto, es abordar el tema en for­ma indirecta, esto es, examinando la supuesta evidencia científica que demostraría la transformación del mono en hombre y, sobre todo, el mecanismo que se propone para explicar esta transformación, para ver si dicho mecanismo está en coherencia o en contra­dicción con las leyes científicas bien estable­cidas; o, al menos, con la sensatez.
   En otras palabras, si bien la ciencia no puede decirnos cómo fue realmente el origen del hombre -por ser esto metodológicamente imposible-, sí puede decirnos, en cambio, como no pudo haber sido este origen.
   Aclarado este punto, digamos que lo que hoy vemos (base primera del método científico) es que los hombres se originan de hombres, y que los monos engendran monos. Por consiguiente, y en razón del principio científico del uniformismo metodológico, según el cual el presente explica el pasado, lo legí­timo es suponer que los hombres siempre se originaron de hombres y nunca de monos. Son los científicos que sostienen lo contrario (esto es, que alguna vez los monos engendra­ron hombres, o se transformaron en tales) los que llevan el peso de la prueba. Es decir, los que deberían llevarlo, si este tema fuese tratado con un mínimo de rigor y de honesti­dad científica.
   Como no lo es, resulta que, paradójicamente, se acepta como dogma de fe (¡en nombre de la ciencia!) que el hombre desciende del mono; y a partir de este "dogma" se Interpretan y manipulan los datos científicos.
   Pero, ¿por qué -cabe preguntarse- esta convicción tan categórica sobre nuestro ori­gen? ¿Cuáles son los fundamentos científicos para tamaña certeza? Bueno, como expresé más arriba, fundamentos propiamente científicos no los hay. La razón determinante y fundamental por la cual muchos autores creen que el hombre se originó a partir del mono, es porque ellos aceptan ciegamente la hipótesis evolucionista-darwinista, que así lo afirma. Y punto.
   No obstante, como numerosos científicos, divulgadores, "charlatanes cósmicos" de la televisión, revistas "muy interesantes", libros de tex­to y trovadores diversos nos saturan diaria­mente con las "evidencias científicas" que "demuestran"' el origen simiesco del hombre, vale la pena que analicemos sucintamente estas supuestas evidencias, "abrumadoras"", según los más fervorosos creyentes en la hi­pótesis evolucionista-darwinista.    

 

Semejanzas  
  

 

   Pues bien, lector, aunque usted, como buen profano en el tema -al igual que yo-, nunca se haya dado cuenta o, lo que es más probable, nunca le haya otorgado la menor importancia, el hecho es que entre los monos y el hombre... ¡hay semejanzas!
   De acuerdo a este sensacional descubrimiento -que corta el aliento, realmente- existen, sin lugar a dudas, semejanzas entre los monos y el hombre. Efectivamente: tenemos ojos como los monos, cuatro extremidades, estómago, hígado, pulmones, corazón de cuatro cavidades, sangre caliente (depende ... ), etc.
   Si usted sigue, obstinada y escépticamente, creyendo que todo esto no significa absoluta­mente nada, y que existe -a pesar de las semejanzas- un abismo entre el mono y el hombre, créame que está en muy buena compañía, ya que miles de científicos en el mundo (y cada día más) opinan exactamente lo mismo.
   Y miles son, estimado lector. Lo que sucede es que su opinión no llega a la gente, pues en este tema existe una censura feroz. ¡Otra que Inquisición y Santo Oficio! Los científicos que no aceptan el "dogma darwinista" son inexorablemente excluidos de los ámbitos académicos y de los me­dios de difusión.
   Pero los creyentes en la hipótesis del origen simiesco del hombre, que son además -tengamos esto muy presente- los que 'tienen la manía" política, financiera y académica, insisten con místico fervor en las semejanzas.
   

 

El Eslabón Perdido

 

   Insisten pues, no sólo en las semejanzas actuales, que demostrarían, en todo caso, que los monos son, de acuerdo a la hipótesis darwinista, nuestros "primos"; sino también, y sobre todo, en las semejanzas fósiles, que certificarían la exis­tencia del sedicente "antecesor común", esto es, un mono en vías de hacerse hombre: el célebre "esla­bón perdido", que ya no existe, según dicen, pero que en un tiempo, allá, hace muchos años, parece que sí.
   Este mítico "eslabón perdido", luego de engendrar al hombre, habría desaparecido; nadie tiene la más remota idea de por qué. Pero mucho me temo que lo habría hecho para no cargar con la tremenda responsabilidad de haber engendrado algo tan peligroso e inadaptado como lo que le endilgan haber engendrado: la oveja negra de la familia, verdaderamente...
   De todas maneras, la excelsa dignidad de esta sublime reliquia (el "eslabón perdido") ha suscitado tanto fervor entre muchos científicos que desde hace más de un siglo se han emprendido in­numerables peregrinaciones para hallarlo.
   La búsqueda del "eslabón perdido" ha sido, y es, el alfa y la omega de la antropología. Algo así como los caballeros del Rey Arturo con el Santo Grial.
   ¿Y cuál es el criterio para decidir si un fósil es el famoso "eslabón perdido"? Pues, muy fácil: todo fósil de mono que tenga semejanzas con el hombre es -hasta que se demuestre lo contrario- el "antecesor común".  
 

 

Fósiles

 

   Y aunque usted no lo crea, lector, existen, definitivamente, fósiles de monos que muestran se­mejanzas con el hombre. Así es. Resulta que algunos restos fósiles de mono tienen incisivos y caninos más pequeños que otros monos, en for­ma semejante a los del hombre. Esto constituye, para muchos investigadores, una "demostración" de que estos monos habrían sido nuestros antepasados, sin tener en cuenta -al parecer- que existen monos vivientes (el Baduino Gelada, sin ir más lejos) que también tienen incisivos y caninos pequeños -como el hombre-, sin dejar por eso de ser un pelo menos monos que sus congéneres.
     Incluso el antropólogo Clifford Jolly señaló, hace ya más de veinte años, que las ínfimas variaciones en el tamaño y forma de los dientes de un animal son simplemente el producto de una adaptación a un tipo especial de dieta y que care­cen de toda significación genealógica.
   Otros restos fósiles de mono parecen indicar que dichos seres caminaban en forma aproxima­damente erecta (bípeda), con lo cual se concluye, triunfalmente, que estos monos estaban hacién­dose hombres.
   Lo que generalmente muchos autores olvidan de aclarar al público es que varios monos actuales (Hilobates Moloch, Pan Paniscus, entre otros) caminan en forma aproximadamente erecta. Pero., que yo sepa, ninguno de estos simpáticos pri­mates ha manifestado el más mínimo sentimiento de asombro, ni de júbilo, ¡ni de horror! tan siquiera (que sería mucho más lógico), ante la apasionante aventura dé estar transformándose en seres humanos.
   Pero, me dirá algún lector, ¿y qué pasa con el famoso Hombre de Neanderthal, el Pitecantropus Erectus, los Austrolopitecos africanos? ¿No son és­tos verdaderos 'homínidos", antepasados del hombre?
   Vayamos por partes. Para comenzar, digamos que el Hombre de Neanderthal no es ciertamente un 'homínido". A pesar de la "difamación antropológica" darwinista (la expresión es del famoso antropólogo americano Ashley Montagu), que lo mostró durante cien años (¡y aún hoy día!) como un bruto semiencorvado, de aspecto feroz y estú­pido, garrote al hombro y guarecido en su caver­na, hoy es un hecho universalmente aceptado que el Hombre de Neanderthal era completamente Sapiens, aunque con algunos rasgos degenerati­vos producidos por enfermedades (artritis y raquitismo) y por circunstancias ambientales adversas.
   A pesar de que esto del carácter plenamente humano del Hombre de Neanderthal se conoce des­de el año 1957, todavía hoy es frecuente encon­trar su representación semibestial; y no sólo en libros y revistas de divulgación. ¡No!, por ejemplo, el modelo semibestial del Hombre de Neanderthal recién fue retirado del Museo Field de Historia Natural de Chicago en 1975. ¿Fue arrojado a la basura? (lugar que le correspondía). Pues no, fue retirado del primer piso (orígenes del hombre) y colocado en el segundo piso, junto a los dinosaurios, con una leyenda que dice: "modelo alternati­vo del Hombre de Neanderthal" (!). Cabe destacar que la sección de los dinosaurios es la más visitada por el común de la gente, en especial por los niños y jóvenes de los colegios... Este es un ejem­plo acabado de la "honestidad científica", que le dicen.
   Respecto de los así llamados "Homo Erectus' (Pitecantropo y Sinantropo), habría mucho que decir. De los hallazgos originarios que dieron lugar a este grupo taxonómico, uno de ellos, el Hombre de Java (Pitecantropus Erectus), habría sido -según su propio descubridor, E. Dubois- lisa y llanamente un mono (gibón) de gran tamaño. El otro, el Hombre de Pekín, tiene todas las apa­riencias de haber sido otro de los tantos fraudes que se han cometido en este tema. Los supuestos "Homo Erectus" descubiertos más recientemente en Africa (Leakey y Walker, 1984) pareciera que por las descripciones serían neanderthales, esto es Sapiens.
   En relación a los tan mentados Austrolopitecos de Africa (incluida Lucy) desde ya le aclaro, lec­tor, que estos seres son definitivamente monos; no hay discusión al respecto: un metro de estatura; capacidad craneal entre 500 y 600 cc. (como el chimpancé, por ejemplo; la del hombre es de alrededor de 1500 cc.); forma del cráneo "abrumadoramente simiesca" (Lord Zuckerman); capaci­dad para columpiarse de las ramas como o mejor que la del orangután (Charles Oxnard), etc.
   Todos esos otros nombres que uno lee o escucha (Ramapiteco, Dryopiteco, Kenyapíteco, Sivapite­co, etc.) son todos, sin excepción, "totalmente mo­nos". El problema está en que el término "homínido" designa, precisamente, a cualquier mono que caminaba más o menos bípedamente, o que su descubridor sostiene que caminaba, y que tiene dientes más pequeños que los otros monos. Con eso ya es suficiente para graduarse de "homínido" y para que su descubridor (o inventor) se transforme, de la noche a la mañana en un Julio César de la antropología.
   Incluso respecto de estos criterios, no es cuestión tampoco de ser demasiado exagerados, ya que con apenas un diente, un trocito de mandíbula o un pedazo de cráneo, un antropólogo puede reclamar status de "homínido" para su hallazgo.
   En última instancia, un "homínido" es cualquier cosa que un antropólogo bautice como tal... ¡Inclusive un Homo Sapiens, como sucedió con el Hombre de Neanderthal!
   Aunque luego haya retractaciones o refutaciones, el hecho es que en la historia de la Antropología abundan los ejemplos de "homínidos" creados de esta manera. Bástenos recordar, por ejem­plo, el famoso Hombre de Nebrasca, "creado" en 1922 en base a una muela, que luego se descu­brió pertenecía a un pecarí.
   En las ilustraciones de la época aparecían el señor y la señora Hombre de Nebrasca, con sus dos hijos, varón y hembra por cierto -la familia tipo, digamos-; indumentaria: taparrabos, naturalmente; habitación: caverna, claro está; garrote al hombre él, amamantando ella, etc. Todo esto, repito, en base a una muela de pecari, especie de cerdo salvaje americano.
   A partir de 1960 y durante veinte años, el antropólogo David Pilbeam sostuvo que el Ramapi­teco era un "homínido", basado en un par de dientes y unos trocitos de mandíbula. En 1984 cambió de opinión y cree ahora que es un mono cualquiera. Pero mientras tanto, su publicitario Ramapiteco le valió a Pilbeam pasar de profesor de Antropología de la Universidad de Yale a la de Harvard (¡nada menos!). Esto, si bien no demuestra la evolución del Ramapiteco, al menos prueba la, "evolución" de Pilbeam.
   En 1980, el famoso antropólogo americano Noel Boaz llamó clavícula de un "homínido" a lo que luego se vio que era la costilla de un delfín (!). Según este antropólogo, la forma de la clavícula sugería que el ser en cuestión era un chim­pancé que caminaba erecto. ¿Cómo habría que haber bautizado a este "homínido"? ¿"Blooperpi­teco", quizá?
   En 1984 tuvo que cancelarse presurosamente un congreso internacional de antropología en España, donde iba a ser presentado en sociedad el recientemente hallado Hombre de Orce (Andalu­cía), por descubrirse que el fragmento de cráneo encontrado pertenecía, en realidad, a un borrico.
   En fin, la lista es larga. Y es quizá por ello que Sir Solly Zuckerman, una de las máximas autori­dades mundiales en anatomía, en su libro Beyond the Ivory Tower niega el carácter científico de todas estas especulaciones sobre los fósiles, compa­rando el estudio de los supuestos antepasados fósiles del hombre con la percepción extrasensorial (!), en el sentido de estar ambas actividades fuera del registro de la verdad objetiva, y en donde cualquier cosa es posible para el creyente en dichas actividades.   
 

 

Moléculas  
    

 

   Como todo este asunto de los fósiles era tan endeble que no resistía, ni resiste, el menor examen crítico, los creyentes en la hipótesis del origen simiesco del hombre decidieron buscar nuevos horizontes hermenéuticos para poder de­mostrar la hipótesis. Y así apareció el argumento de las semejanzas moleculares.
   Antes de proseguir, estimo conveniente hacer una aclaración categórica: todos estos argumen­tos, basados en semejanzas, para establecer pa­rentescos, son sólo sofismas, pues parecido y parentesco son dos cosas perfectamente distintas. El hecho de que individuos emparentados ten­gan generalmente semejanzas, no autoriza, en manera alguna, a concluir que individuos (o especies) con semejanzas estén necesariamente emparentados.
   Sostener lo contrario, esto es que la semejanza por sí misma constituye un prueba de parentesco, es una proposición que, estoy seguro, ningún biólogo aceptaría defender, ya que por el bien co­nocido fenómeno de la convergencia biológica, estructuras y funciones prácticamente idénticas pueden desarrollarse en individuos o especies genéticamente no relacionados. De manera que toda la argumentación basada en semejanzas, para probar parentescos, carece de fundamento científico.
   Pero volvamos a las semejanzas moleculares. Hace ya varios años, algunos científicos, con un tono deliciosamente jubiloso, demostraron que existen algunas moléculas (proteínas y ácidos nucleicos) semejantes entre el hombre y el chimpancé. Con lo cual quedaba "demostrado" que el hombre era pariente cercano de este antropoide. Y el alborozo fue indescriptible. Pero duró poco. Y en breve se transformó en una verdadera catástrofe, entre otras cosas, porque los árboles genealógicos entre el mono y el hombre propuestos por los biólogos moleculares estaban en franca contradicción con los árboles genealógicos propuestos, en base a los fósiles, por los paleontólogos.
   ¡Santo cielo! Claro, los nuevos exégetas no se imaginaban ni remotamente en lo que se metían. Con ingenuidad propia de niños -al fin y al cabo, de ellos es el Reino- se abalanzaron, exultantes de regocijo, a buscar semejanzas moleculares pa­ra demostrar, esta vez sí, "científicamente", cómo había sido el tránsito del mono al hombre.
   Cuando comenzaron a darse cuenta, ya era tarde. Porque lo que encontraron tiraba por el suelo todos los supuestos árboles genealógicos construidos pacientemente por los antropólogos, en años y años de esforzada e imaginativa labor. Una verdadera tragedia evolutiva.
   Tantos años de coleccionar un huesito por aquí, otro más allá, algunos dientes acullá, para armar la "evidencia" de nuestro origen; tantos años de fabricar modelos en pasta (totalmente imaginarios) de nuestros "antepasados" (vesti­menta, corte de cabello, color de piel y hábitos la­borales y matrimoniales incluidos); tantos años de manipular los datos radiométricos, de hacer desaparecer los fósiles "heréticos", es decir que "no encajaban" en la hipótesis; tantos años de de­cirle a la gente, desde la cátedra eminente hasta el libro de divulgación, cómo y cuándo el mono se había transformado en hombre..., ahora resul­taba ¡que había que cambiarlo todo! ¡No hay derecho!
   Y no era para menos. Por empezar, según los antropólogos moleculares (Vincent Sarich y Allan Wilson, sobre todo) el mono y el hombre se habrían separado del "antecesor común" hace apenas unos cinco millones de años; mientras que los antropólogos fósiles (es decir los que se dedi­can al estudio de los restos fósiles, claro) habían demostrado hasta el hartazgo que la separación habría ocurrido hace unos veinte o treinta millones de años (!).
   Le aclaro, lector, que esto de los millones de años son sólo especulaciones basadas en la hipótesis darwinista. No hay ninguna evidencia científi­ca seria de que estos millones de años hayan realmente existido. Los menciono simplemente para mostrar las groseras incoherencias de esta hipótesis, a partir de los datos de sus propios adherentes.
   Algunos, sobre todo entre los antropólogos fósiles, exclamaron: ¡herejía!, y comenzaron a blandir amenazadoramente sus huesos. Los moleculares, parapetados tras sus probetas, amenazaban con represalias a cargo de mutantes.
   El problema es que, para saber qué cosa es he­rejía, es imprescindible conocer primero qué cosa es la ortodoxia. Vale decir, debe, necesariamente, existir una teoría sólidamente estructurado y una autoridad que la proclame. Pero si cada antropólogo se fabrica su propio árbol genealógico, según su propia imaginación, ¿en base a qué diantres va a censurar la imaginación de otro antropólo­go? Si cualquier cosa es "ortodoxia", nada es he­rejía.
   De todas maneras, los moleculares ganaron la primera batalla, y la mayoría de los antropólogos fósiles terminaron aceptando las cifras propuestas por Sarich. Como la hipótesis dawinista -por no ser científica- es tan plástica que permite "explicar" cualquier cosa, la sangre no llegó al río.
   Pero dale que darás a las moléculas, los más insólitos hallazgos comenzaron a aparecer.
   La hemoglobina (proteína de los glóbulos rojos de la sangre), por ejemplo, planteó, de entrada no más, un enigmático problema. Es cierto que está presente en el hombre y en los monos, lo cual provocó un júbilo rayano en el trance místico (parece que algunos llegaron a la "visión unitiva" con Darwin). El problema es que también es­tá presente en todos los vertebrados. Aquí los aplausos comenzaron a ralear, y hasta hubo algu­nas voces que aconsejaron prudencia.
   Pero no faltaron los imprudentes, ya sea por un exceso de fervor y falta de una adecuada dirección espiritual, o quizá por algún resto de espíritu científico que los impulsó a tratar de ser coherentes; no faltaron, digo, quienes prosiguie­ron las investigaciones y encontraron que la susodicha hemoglobina -exactamente la misma clase de molécula- aparecía en las lombrices de tierra, en las almejas, en algunos insectos e, incluso, en algunas bacterias (!).
   ¡Qué horror! Y no era para menos: la hemo­globina no aparecía en forma gradual y progresiva, perfeccionándose cada vez más a medida que ascendía en la escala zoológica -como sería de esperar si la hipótesis evolucionista fuera cierta- sino que aparecía ya perfecta en algunas bacterias, luego desaparecía y volvía a aparecer en las al­mejas, luego en las lombrices, etc., sin experi­mentar ningún cambio evolutivo.
   No había absolutamente la más remota posibilidad de encajar estos hallazgos en ningún árbol genealógico que se pudiera imaginar. Y eso que la imaginación es la facultad más desarrollada en los científicos evolucionistas.
    Prácticamente los mismos resultados se obtu­vieron en base a los estudios realizados con la proteína citocromo C. No existen diferencias "evolutivas", es esto, aumento de su complejidad, entre el citocromo C de las bacterias y el del resto de los seres vivientes (!).
   Pero la cosa no terminó ahí. A un investigador se le ocurrió hacer lo mismo con otra molé­cula de proteína humana, fascinante, que se llama lisozima y que está presente en las lágrimas, para defender al ojo de las infecciones. ¡Pobre hombre!. Creo que sufrió una grave crisis de fe (darwinista), que sólo pudo superar gracias a prolongados ayunos, flagelaciones y cilicio.
   Y con justa razón; pues de acuerdo a sus brillantes trabajos con la lisozima, este científico (Richard Dickerson) demostró que el pariente más cercano al hombre es... ¡la gallina!
   Y así, todos los estudios efectuados sobre diversas moléculas (insulina, mioglobina, factor liberador de la hormona luteinizante, relaxina, etc.) produjeron árboles genealógícos totalmente diferentes y contradictorios.
   ¡No hay tan siquiera dos estudios efectuados en base a las moléculas que hayan producido árboles genealógicos semejantes!
   Esto representa el colapso total de la hipótesis evolucionísta, dice valientemente el brillante bió­logo molecular australiano -evolucionista él, aclaro- Michael Denton, en su estupendo libro Evolution: A Theory In Crisis.
   Y la catástrofe sigue ampliándose. En base a los estudios efectuados sobre la composición química de la leche (un líquido tan complejo y fundamental como la sangre), el animal más cercano al hombre es el burro.
   Esto ya me está gustando más, pues viendo lo que escriben muchos investigadores es este tema, me da la impresión, no sólo que venimos del bu­rro, sino que hace muy poquito que nos separamos de él. Aunque pensándolo bien, creo que soy injusto con el burro, pues, si pudiera hablar, estoy seguro que no diría disparates de este calibre. Una cosa es la ignorancia y otra la insensatez.
   Por otra parte, nuestro pariente más cercano, en base al estudio de los niveles de colesterol, sería una variedad de culebra (gartner snake) y, en base al antígeno A de la sangre, sería... ¡una variedad de frijol! (butterbean).
   Todos estos resultados no hacen sino confirmar lo que expresé más arriba: la semejanza -ósea o molecular- no prueba absolutamente na­da relativo al parentesco.
   Al fin y al cabo, todos los seres vivos están constituidos básicamente por las mismas -o se­mejantes- moléculas, por la muy sencilla razón de que los mecanismos vitales así lo exigen; con la obvia salvedad de que no pueden ser exacta­mente las mismas moléculas las de un pez, por ejemplo -que vive en el agua-, que las de un ser que vive sobre la tierra.
   Por ello es que el mundo de los seres vivientes no tiene nada que ver con los árboles genealógí­cos; esto es una pura fantasía, el mundo de los se­res vivientes es un mosaico en el cual elementos semejantes (moléculas, estructuras, funciones, etc.) se entremezclan para formar los distintos géneros o especies, sin que esto signifique que deriven unos de otros.
   A la manera de un cuadro, en el que el artista no necesita utilizar un color diferente para cada figura, sino que, variando las proporciones y las formas, puede, con relativos pocos colores, representar muchas figuras.
   Así, en el mundo de los seres vivos, las moléculas (estructuras, funciones) se disponen en un patrón mosaico o modular y no en un patrón arbóreo.
   El modelo mosaico se limita a manifestar que los elementos materiales se repiten en muchos seres vivos, sin intentar establecer supuestos parentescos descabellados. El modelo árbol genealógi­co pretende establecer parentescos, en base a de­terminadas semejanzas, y termina fatalmente en el absurdo. El patrón mosaico es ciencia; los árboles genealógicos son fantasías.
   Por ello es que en la naturaleza pueden darse multitud de seres vivientes con relativamente pocos elementos materiales. Pero por la proporción y la forma en que están dispuestos, originan seres esencialmente distintos, a pesar de las se­mejanzas.
   Por eso -repito- es que la semejanza no prueba el parentesco.

 

Comportamientos  
    

 

   Pero los autores evolucionistas, que parecen no entender este planteamiento, insisten con las seme­janzas. Y puestos a buscarlas, algunos antropólo­gos se lanzaron a comparar patrones de compor­tamiento (que es, sin duda, tan "válido" como comparar huesos o moléculas).
   El asunto tiene sus antecedentes allá por la década de 1920, cuando un biólogo (Crookshank, darwinista por cierto) sugirió que los negros (no los nuestros, sino los de Africa) descendían del gorila porque se sientan en el suelo de la misma manera que lo hace este antropoide. ¿Qué tal el razonamiento, lector? Los mongoles, en cambio -y por la misma razón- descenderían del oran­gután.
   De más está decir que este argumento ya no es aceptado por los antropólogos; entre otras ra­zones, porque los negros y los mongoles ahora tienen sillas para sentarse.
   Pero no se crea, lector, que estas especulacio­nes pertenecen a la "prehistoria" de la antropolo­gía. En realidad, y digan lo que digan, la época de oro del darwinismo fueron aquellos dichosos años; no sólo porque no se tenía la menor idea de genética, biología molecular y todos estos maldi­tos adelantos científicos que han ido, poco a po­co, ahogando el vuelo imaginativo de los investi­gadores darwinistas, sino también porque en aquella época los darwinistas eran sinceros y te­nían agallas para decir lo que pensaban, le cua­drase a quien le cuadrase.
   Así, el biólogo Klaatch decía que los negros descendían del gorila, los mongoles del orangu­tán (coincidiendo en esto con Crookshank) y los caucásicos del chimpancé; como ve, lector, nada de "antecesor común".
   Es más, ioh hermosas épocas en que se exhi­bían -según el orden evolutivo- el cráneo de un gorila, luego el del Hombre de Neanderthal (que por esa época era considerado poco más que un mono erguido), luego el de un negro, luego el de un irlandés (!) y luego, de más está decirlo,... el de un inglés. La evolución llegaba así a la perfec­ción...
  Parece que todos los seres de los pueblos so­metidos al dominio colonial británico eran sub­hombres, comentaba con su habitual ironía el ya desaparecido antropólogo americano Loren Eise­ley.
   David Pilbeam, actual profesor de la Univer­sidad de Harvard, cree ver en la conducta de los chimpancés suficientes semejanzas con la del hombre, como para sugerir que estos primates son los seres más estrechamente relacionados con nosotros. Jeffrey Schwartz, profesor de la Universidad de Pittsburg, ve esas ventajas, en cambio, en el orangután.
   Mientras tanto, un oscuro personaje de la ciu­dad de Córdoba, Argentina, (si bien nada más que un diletante, y bastante desequilibrado, por cierto) cree ver notables semejanzas en el com­portamiento de muchos seres humanos con cier­tas especies de reptiles; las serpientes, sobre to­do.

 

El Lenguaje

 

   Relacionado con esto de la conducta, hay otra línea de investigación que, si bien no goza de muchos partidarios, hace algunos años suscitó gran entusiasmo entre los investigadores en este tema. Me refiero al problema del lenguaje, esa ca­pacidad maravillosa, única, exclusiva del ser hu­mano, de expresar su pensamiento en forma articulada y simbólica, que marca una distancia abismal entre él y los animales.
   Los pensadores (científicos y no científicos) de todas las épocas sensatas entendieron que había aquí un misterio inabordable, un prodigio sin precedentes, y se limitaron a aceptar el hecho que confirmaba, una vez más, que el hombre es un ser único en la naturaleza.
   Pero apareció la hipótesis dawinista, que trans­formó el mundo científico en la ciudadela de la estupidez y la ceguera (si hemos de tomar en se­rio lo que decía Bernard Shaw), y pronto no falta­ron los investigadores que, coherentes con la hipótesis, se dijeron: si descendemos de los monos y somos capaces de hablar, entonces los monos también deben tener esta capacidad, al menos en potencia. Luego, si nos tomamos el trabajo de en­señarles, ellos también serán capaces de hablar. 
   Y dicho y hecho. Se realizaron experimentos: Lana (una chimpancé), Washoe (un chimpancé), Koko (un gorila) y Sarah (chimpancé). 
   El más famoso fue el realizado por el matri­monio Lachman con Lana. Durante varios años, estos investigadores se encerraron diariamente en la jaula con Lana, tratando, con abnegado y fervoroso ahínco, de enseñarle las "primeras le­tras".
   Desconozco francamente si estos científicos aprendieron a gruñir correctamente; es cierto que, día a día, aumentaba su repertorio de gruñidos, pero ¿cómo podríamos saber si estos gruñi­dos, según los monos, eran correctos? Lo que sí se sabe es que Lana, a pesar de los esfuerzos, no logró articular ni una sola palabra. ¡Qué digo pa­labra!, ni siquiera alguna forma de comunicación simbólica que fuese más allá de una simple res­puesta condicionada, tales como las que se pue­den lograr en pájaros, ratas o gusanos, como sen­tenció categóricamente J.B. Skinner, el "capo" en estos temas.
   Ahora digo yo, ¿por qué estos investigadores, en vez de tratar tan esforzado como estérilmente de enseñarle a hablar a un mono, no emprendie­ron la muchísima más fácil e inmensamente más fructífera tarea de enseñarle a hablar al único animal que sí es capaz de hacerlo? (¡y en varios idiomas!). Sí, lector, ¿por qué no eligieron al loro? He aquí otro rotundo ejemplo del patrón mosaico o modular de que hablábamos. Un animal que, in­cluso en los imaginarios árboles genealógicos evo­lucionistas, no tiene nada que ver con el hombre, comparte con él esta singularisima capacidad de emitir sonidos articulados.
   ¿Por qué no eligieron el loro? Muy sencillo: porque el loro, de acuerdo a la hipótesis danvinis­ta, no es ni remotamente antepasado del hombre. Aunque algunos chuscos sostienen que, sí bien el loro no es antepasado del hombre, sí lo sería de la mujer. Pero esto no tiene suficiente respaldo científico.

 

Siguen las Semejanzas...

 

   Esto nos demuestra, una vez más, que las se­mejanzas entre el mono y el hombre, en las que tanto se insiste, son semejanzas seleccionadas de acuerdo a la hipótesis evolucionísta. Las semejan­zas que no encajan en la hipótesis, se silencian.   De este modo, como acabamos de ver, en la capacidad de emitir sonidos articulados, caracte­rística altísimamente peculiar del hombre, somos semejantes al loro. En cuanto a la forma, tamaño relativo y posición de los órganos internos (las vísceras), el animal más parecido al hombre no es ciertamente el mono, sino el cerdo (en otros aspectos también ... ). De acuerdo a la estructura del pie, el animal más parecido al hombre es el oso polar. De acuerdo al tamaño y forma del cerebro (no sólo más grande, sino con un grado de cefali­zación -esto es, franco predominio del lóbulo frontal, asiento de las actividades psíquicas supe­riores- muchísimo más avanzado que los si­mios), el animal más parecido al hombre es el delfín. En nuestros hábitos alimenticios (omnívo­ros), somos mucho más semejantes, nuevamente, al cerdo y a la rata (sin suspicacias, por favor) que a los monos, la mayoría de los cuales son frugívoros. Y seguiría una larga lista de etcétera. To­do lo cual no hace sino corroborar lo que vengo diciendo: semejanza no prueba parentesco.
   Pero hay aún más. Los científicos que insisten con el tema del parentesco entre el mono y el hombre -basado en las semejanzas, y que no prueban absolutamente nada, como vimos- equi­paran, debido a su fe darwinista, pariente con an­tepasado. Pero esto, insisto, en razón de la fe dar­winista, que nos revela que venimos del mono.
   Pero incluso aceptando, a los fines del argu­mento, que somos parientes del mono, ¿no po­drían los monos ser nuestros descendientes?
   Si esto le suena a disparate, lector, le aclaro que comparto su postura; pero créame que es mucho menos disparatado que lo contrario. De hecho, el feto de mono y el mono recién nacido tienen muchas más semejanzas al feto y al recién nacido humano que a los monos adultos. Es de­cir, los rasgos típicos del mono se van acentuan­do con el tiempo. Desde luego que esto tampoco prueba nada; pero si le damos importancia al argumento del parecido, seamos por lo menos co­herentes y apliquémoslo siempre, y no única­mente cuando favorece la hipótesis que queremos demostrar.
   No le quepa la menor duda, lector, de que, si el feto o recién nacido humano tuvieran rasgos simiescos, esto sería proclamado clamorosamen­te como una demostración "contundente" de nuestro origen a partir del mono.
   Que el mono sea nuestro descendiente es, co­mo dije, un disparate; pero muchísimo menor que sostener que es nuestro antecesor. Por la sen­cilla razón de que es infinitamente más lógico y científico hacer descender lo inferior de lo supe­rior y no a la inversa.
   De hecho, ha habido y hay destacados antro­pólogos y primatólogos (Otto Schindewolf, Van der Horst, Westenhüfer, de Snoo, Wood jones, Geoffrey Bourne, y varios más) que aproximada­mente sostienen esa postura; esto es, que el "an­tecesor común" habría sido un ser mucho más parecido al hombre que al mono y que de él ha­brían derivado, más o menos horizontalmente, el hombre y, por degeneración, los monos actuales. Es decir que la "evolución" produciría "involución".
   Por cierto que estos antropólogos no tienen la más remota idea respecto del origen de ese su­puesto "antecesor común" -casi idéntico al hom­bre-; pero en este sentido, ¿están en mejor posi­ción los antropólogos darwinistas?, ¿tienen ellos, acaso, la más remota noción de dónde se originó el mono ancestral? En absoluto, no.
   Aunque las especulaciones abundan, lo cierto es que ¡nadie tiene la más pálida idea de dónde se originaron los monos! Lo cual llama cierta­mente la atención; pues, ¿cómo puede ser que to­dos los buscadores de fósiles que viven encon­trando restos de monos, supuestamente antece­sores del hombre, ¡nunca encuentren antecesores del mono!? ¿Es que éste se originó por genera­ción espontánea?, ¿o vino de otro planeta? ¿Có­mo puede ser que todo resto de mono encontra­do sea antepasado del hombre? ¿Es que el mono no tiene antepasados?
   No, lector. No los tiene; lo mismo que el hom­bre. Cuando aparecen los monos, son eso, perfec­tos monos. Cuando aparece el hombre, es hom­bre como nosotros. Esto es lo que muestra el es­tudio serio y sin prejuicios de los restos fósiles: aparición súbita y con plena perfección del hombre, del mono y de todas las especies animales y vegetales.
   Le aclaro, lector, que el consenso es unánime en este sentido. Ningún paleontólogo serio en el mundo puede mostrar un solo ejemplo de "esla­bón intermedio" de los cientos o miles que harían falta para dar forma a los imaginarios árboles genealógicos evolucionistas. A lo sumo se limitan a expresar su convicción (darwinista) de que serán encontrados en el futuro (lo mismo que Darwin decía hace más de un siglo). Es cuestión de se­guir cavando...

 

La selección natural

 

   Pero analicemos ahora algo sumamente im­portante en relación a este tema: el mecanismo que explicaría la transición del mono al hombre. Porque si no hay un mecanismo que explique más o menos racionalmente esta transición, adiós hipótesis darwinista (Darwin dixit).
   Pues bien, hay expresiones que adquieren un poder de sugestión tan grande que anulan la ra­zón y posibilitan la captación mística de la reali­dad, los "mantras" de los budistas, por ejemplo. La fe darwinista tiene, naturalmente, sus "matintras', y quizá el más importante de ellos sea la fa­mosa y todopoderosa "Selección Natural".
   Esta "explica" no sólo la transición del mono al hombre (esto es sólo una pequeña tontería), sino tam­bién el origen de todas las especies animales y vegetales de nuestro planeta. Sí, señor. Pero con una condición: que usted no pregunte qué es. Va­le decir, cuál sea su naturaleza. La Selección Natu­ral explica todo, a condición de que no se intente definirla racionalmente. En cuestiones de fe, nunca hay que racionalizar el misterio.
   Si usted, como recalcitrante hombre de poca fe darwinista, intenta buscar una definición más o menos coherente de qué es la Selección Natural, no la va a encontrar. Lo que encontrará son una veintena de balbuceos incoherentes al respecto. Cada científico la "define" como quiere. En reali­dad, casi nunca la definen; se limitan simplemen­te a invocarla.
    Cuando intentan dar una definición, hablan -más o menos "ex cathedra"- de reproducción di­ferencial, esto es, algunos individuos (los más "aptos") tienen mayor descendencia, y éstos son los favorecidos por la Selección Natural; mientras que otros (los menos "aptos") tienen menor des­cendencia y son eliminados.
   El problema es que -al no existir un criterio de aptitud- lo arriba expresado se convierte, au­tomáticamente, en una tautología; es decir, un razonamiento circular que no explica ni define nada, y confunde todo.
   Para decirlo de otra forma: los individuos más "aptos" tienen mayor descendencia. Y ¿por qué tienen mayor descendencia? Porque son más "aptos"... La tautología es obvia. Tan obvia que hasta algunos darwinistas (Waddington, por ejemplo) se han dado cuenta. ¡Cómo será!
   Y la razón de porqué la Selección Natural dar­winista no se puede definir con un mínimo de ri­gor (ni definir, ni observar, ni determinar la in­tensidad de su acción, ni predecir sus efectos) es que ella, en realidad, no existe. Se trata sólo de una metáfora para decir que algunos individuos viven más que otros (¡vaya con la novedad!) y, supuestamente, tienen mayor descendencia.
   ¿Cómo? ¿Que la Selección Natural es una me­táfora? Pero ¿quién se atreve a proferir semejante barbaridad? ¡Pues el propio Darwin!, en El origen de las Especies, capítulo cuarto. Y allí mis­mo agrega lo siguiente: "en el sentido literal de la palabra, la Selección Natural es un término falso".
   Como se ve, Darwin no era tan "darwinista" como sus seguidores. Lo que pasa es que los dar­winistas creen en Darwin, pero no lo leen. Y esto no constituye de ninguna manera una excepción, mi querido lector. Esto es una constante del ser humano. ¿Cuántos marxistas leen a Marx? ¿Cuántos liberales a Rousseau? ¿Cuántos cristia­nos la Biblia?
   Son los científicos antidarwinistas los que leen atentamente a Darwin. Los darwinistas, simplemente creen en él.
   Pero aun tomando la expresión Selección Natu­ral en sentido metafórico, como una "cosa" (que en realidad no existe) que explicaría "la supervi­vencia de los más aptos", fíjese, lector, que el re­sultado es exactamente lo contrario de lo que su­ponen los evolucionistas. Porque de ser así, la Se­lección Natural favorecería, por ejemplo, la supervivencia de los "mejores" monos; esto es, haría que los monos fuesen cada día más monos, pero no ¡menos monos y más hombres! Esto es un dis­parate.
   Lo que creo que sucede en relación a este punto, es que en muchos investigadores subyace, quizá en forma inconsciente, la íntima convicción -producto de antiguas creencias- de que el hom­bre es un ser superior al mono; es decir, más "evolucionado", más "perfecto". Pero desde el punto de vista meramente biológico, esto no es cierto. ¡Para nada!
   El mono no es un primate imperfecto, que lle­gará a la perfección cuando "evolucione" hasta hombre. De ninguna manera; el mono, en cuanto mono, es perfecto. Todos los seres vivientes son perfectos en su plano. Más aún, desde el punto de vista estrictamente biológico y, más precisa­mente, desde el punto de vista darwinista, el mono es francamente superior al hombre (las ra­tas mucho más aún). La demostración es muy simple, lector: abandonemos un hombre y un mono en medio de la selva y veamos quién tiene mayor capacidad de supervivencia. La leyenda de Tarzán, aunque divertida, es puro cuento. Exactamente igual que la hipótesis darwinista de la que es hija.
   El hombre no puede trepar a los árboles co­mo el mono, no puede defenderse del sol ni del frío sin ropas, ni de las inclemencias del tiempo sin techo; necesita cocinar sus alimentos, etc., etc. Por cierto que el hombre es infinitamente "supe­rior" al mono por su inteligencia; pero ésta no pertenece, en sentido estricto, a la biología. Lo que pertenece a esta ciencia es el cerebro, pero no la inteligencia, que se expresa a través del ce­rebro, pero no se identifica con él, como lo han señalado ya Bergson, W. Penfield, R. Sperry, C.D. Broad y Sir John Eccles, entre otros.
   Incluso, esto de la inteligencia es muy, pero muy relativo, lector; pues cuando ella supera el nivel mínimo de astucia indispensable para re­ventar impunemente al prójimo, se transforma, decididamente, en un factor antisupervivencia. ¿Quién sobrevive mejor, un estafador o un pen­sador, un prestamista o un artista, un atorrante a un laborante, especialmente en el "primer mun­do"?
   Y esto, hablando de los humanos. ¡Qué no pa­saría en el mundo animal! Imaginemos por un instante que, gracias a algún milagro dawinista, un pobre mono comenzara a desarrollar ciertas características humanas; que comenzara, por ejemplo, a emocionarse ante una puesta de sol; a estremecerse -como Pascal- contemplando las estrellas; a escribirle poemas a la mona dueña de su corazón (y que seguramente le habrá dado ca­labazas); a interrogarse sobre su origen y su des­tino... El mono que tuviera la singular desgracia de desarrollar cualquiera de estas características, sería inexorablemente aniquilado por la Selección Natural.
   Tiene muchas más probabilidades de sobre­vivir -de hacer buen dinero- un hombre hacién­dose el mono, que un mono haciéndose el hombre..., como vemos todos los días, helas, en este gran circo en que estamos inmersos.
   La Selección Natural, aun usada en sentido me­tafórico, haría que los seres vivientes se mantu­vieran siempre fieles al tipo, eliminando a los que se desvíen de él. Este sería el sentido correc­to de la expresión Selección Natural; expresión que, por cierto, no fue creada por Darwin -como muchos creen, y como él mismo se encargó de hacer creer-, sino, veinticuatro años más tarde por el naturalista inglés Edward Blyth, quien la usaba en el sentido que señalé más arriba.
   Para el lector interesado en ver cómo Darwin ocultó deliberadamente cualquier mención de E. Blyth, después de apoderarse de su concepto y de cambiarle su sentido, me permito recomen­darle el fascinante libro del ya desaparecido y fa­moso antropólogo americano Loren Eiseley: Dar­win And The Mysterious Mr. X.
   La llamada Selección Natural es una metáfora que indica la acción (imprecisa, aleatoria, imposi­ble de determinar y cuantificar) de un conjunto de factores en la naturaleza, que hace que los se­res vivientes permanezcan siempre fieles al tipo: los peces, peces; los anfibios, anfibios; los repti­les, reptiles; los monos, monos, y los hombres, hombres. Respecto de los hombres, la Selección Natural pareciera no estar muy activa últimamente...
   Me apresuro a aclarar que este efecto de la Se­lección Natural (estabilizador o conservador del tipo) ya ha sido reconocido -aunque a regaña­dientes- por varios científicos darwinistas (Simp­son, Maynard Smith, C. Willams, R. Lewontin y R. Leakey, entre otros). Usada en sentido contra­rio, esto es, como "algo" capaz de transformar una especie en otra, es un concepto absolutamente erróneo.
   Y esto es así, lector, porque las características de todo ser viviente están rigurosamente progra­madas -hasta el último detalle- a nivel del códi­go genético; esto es, en el conjunto de la informa­ción hereditaria que se transmite de los progeni­tores a su descendencia y que hace que cada ser viviente sólo pueda engendrar -en forma inexo­rable- otro ser viviente de su misma especie, y absolutamente ninguna otra cosa.
   Para que un ser viviente pudiera engendrar otro ser viviente esencialmente distinto, habría que cambiar totalmente su código genético (!). Y la selección Natural jamás puede hacer esto; por la sencilla razón de que ella "actúa" (metafórica­mente, se entiende) sobre el organismo ya for­mado y no sobre sus genes; o, como dicen los biólogos, ella actúa sobre el fenotipo y no sobre el genotipo.

 

Las mutaciones

 

   Pero, ¿y las mutaciones?, se preguntará algún lector- ¿No Pueden las mutaciones cambiar el código genético?
   ¡Ah!, las mutaciones... Este es otro de los sa­grados "mantras" del darwinismo (en realidad del neodarwinismo). Este "mantra", junto con la Selección Natural, explica también el origen de to­dos los seres vivientes; pero con la misma condi­ción: la de no analizarlo científicamente.
   Desde el punto de vista científico, las muta­ciones son alteraciones al azar en la composición química de los genes, esto es, en la complejísima molécula del ácido desoxirribonucleico (ADN), donde está codificada la información hereditaria.
   Ahora bien, en una estructura altamente com­pleja, un cambio al azar tiende inevitablemente a deterioraría. Para mejorarla, tendría que ser ca­paz de aumentar ese orden; y el azar -por defini­ción- no puede ni mejorar ni crear orden. Sólo una inteligencia puede hacer esto.
   Por eso es que el 99% de los cientos de miles de mutaciones estudiadas han sido dañinas, per­judiciales, deteriorativas o letales. En el mejor de los casos, han sido neutras, o porque el gen "ale­lo", es decir, el que viene del otro progenitor, su­ple la función del gen dañado por la mutación, o porque el cambio ha sido insignificante y no ha afectado la vitalidad del organismo.
   Las supuestas mutaciones "favorables" de que hablan algunos científicos, no son casi nunca verdaderas mutaciones; son solamente una ma­nifestación de la vitalidad genética que tiene to­do organismo, que hace que, en determinadas circunstancias, se expresen genes que ya estaban presentes -aunque reprimidos- porque su funcio­namiento no era necesario.
   Pero aun en el caso de que existieran mutacio­nes favorables, con eso no hacemos absoluta­mente nada. Pues la hipótesis evolucionista necesi­ta, imprescindiblemente, no mutaciones favora­bles, sino ¡transmutaciones!, es decir, mutaciones creativas, capaces de producir novedades biológi­cas (ojos, plumas, sangre caliente, etc.), que expli­quen la aparición de las distintas especies biológicas, desde la ameba al hombre. Y esto sí que es pura fantasía; y fantasía disparatada, irracional y anticientífica.
   La imposibilidad de que las mutaciones (ac­tuando al azar) puedan producir tan siquiera un órgano nuevo, se deriva fundamentalmente de su carácter perjudicial y de su escasa frecuencia. Además, para poder transmitiese a la descenden­cia, tienen que afectar a las células germinales y ser dominantes, es decir, prevalecer sobre el gen alelo, para tener algún efecto. Todo esto disminuye aún más su frecuencia.
   Pero hay otro problema; para que apareciera un órgano nuevo, las mutaciones "creativas" (que son, como hemos visto, puramente imaginarias; las que la ciencia conoce son todas deteriorativas o a lo sumo neutras) tendrían que encadenarse e integrarse en un mismo segmento del cromoso­ma para poder sumarse y dar origen, así, a un organo nuevo, que no se produciría por la acción de una mutación, sino de miles de ellas.
   Para producir un ojo, por ejemplo, todas las mutaciones tendrían que afectar el conjunto de genes que rigen esta función. Ahora bien, esto plantea una imposibilidad estadística absoluta, que ha sido exhaustivamente analizada por auto­res de la talla de E. Borel, C. Guye, Lecomte du Nüuy, G. Salet y otros.
   Hasta aquí hemos desarrollado el argumento de las mutaciones siguiendo el esquema de la hipóte­sis evolucionista, para demostrar que, aun así, es totalmente imposible que las mismas puedan crear novedades biológicas y transformar así las especies.
   Pero la cuestión es muchísimo más grave, aún. Y aquí hay que abandonar el dogma darwinista y pasar a la realidad; es decir, abandonar el terreno de la fantasía y pasar al de la ciencia.
   Porque la pseudociencia darwinista no tiene lugar en sus esquemas para el concepto de orga­nismo, es decir, un conjunto de estructuras inte­gradas que funcionan como un todo. Heredera, al fin y al cabo, del mecanicismo cartesiano, la hi­pótesis evolucionista piensa en términos de partes. Y así los darwinistas creen posible que un orga­nismo se puede ir modificando por partes que, al sumarse, producirían su transformación en otro organismo. Pero esto es puro desatino. Ignora la gran ley biológica del "todo o nada".
   ¿De qué le serviría a un mono, por ejemplo, desarrollar piernas de hombre, sin desarrollar si­multáneamente pelvis de hombre? ¿De qué le serviría una pelvis de hombre, sin columna ver­tebral de hombre? ¿Cómo puede haber mano de hombre, con brazo, antebrazo y hombro de mo­no? ¿Cómo puede haber columna vertebral de hombre, sin cráneo de hombre, y viceversa?
   Todas estas estructuras, o aparecen simultá­neamente y en estado de plena perfección, o no sirven para nada; por el contrario, son un estorbo para la supervivencia. Esto se aplica, por cierto, a todos los organismos vivientes.
   Y para que esto suceda, tiene que cambiar to­do el código genético, en forma simultánea y sin un solo error. Para ello debería ocurrir una mutación gigantesca, un reordenamiento radical de todo el código genético, dirigido y especifica­do hasta en los más mínimos detalles, para pro­ducir un ser 'viviente capaz de funcionar, esto es, de vivir. Lo cual constituye un milagro más gran­de que resucitar un muerto.
   Esto, que ya había sido planteado en la déca­da de los 30 por el insigne biólogo y paleontólogo alemán Otto Schindewolf, encontró su más aca­bado expositor en Richard Goldschmidt, uno de los tres o cuatro genetistas más eminentes del si­glo.
   Allá por la década del 40, R. Goldschmidt, fer­viente evolucionista él, después de haber dedica­do prácticamente toda su vida al estudio de las mutaciones, a pesar de creer en la transformación de una especie en otra, concluye diciendo que es absolutamente imposible explicarla mediante el mecanismo de las mutaciones.
   Publicó un libro (The Material Basis of Evolu­tion) y un artículo (American Scie., 40:97, 1952) de un rigor científico ejemplar, donde demuestra en forma abrumadora el carácter totalmente anti­científico de todo este macaneo respecto de las mutaciones.
   Nadie, absolutamente nadie, ha sido capaz de refutar las conclusiones de Goldschmidt en este sentido.
   La comunidad científica, como generalmente sucede, no hizo el menor caso de las conclusio­nes de este investigador. Siguieron -y siguen- lo más campantes, hablando tonterías sobre las mu­taciones, sin tomarse siquiera el trabajo de anali­zar sus escritos, ni los de muchos otros autores que sostienen lo mismo.

 

Conclusión

 

   Como ve, lector, en este sucinto análisis del te­ma, sólo he tratado de esbozar los problemas que plantea la transformación de un mono en un hombre, desde el punto de vista meramente bio­lógico.
   No he mencionado -salvo de paso- el proble­ma capital de la inteligencia del hombre, que marca una diferencia con el mono no de grado, como sostienen los darwinistas, sino de naturale­za, ya que este problema no puede ni siquiera plantearse en este contexto.
   Pretender explicar la inteligencia humana a partir de mutaciones al azar actuando sobre el cerebro de un mono es, simplemente, no saber de qué se está hablando. 0, por el contrario, saberlo demasiado bien...
   En suma: algunos monos tienen incisivos y caninos parecidos a los nuestros; otros caminan en forma aproximadamente erecta. Algunas mo­léculas de los monos son similares a las nuestras (¿y de qué pretenden los evolucionistas que estu­viésemos hechos?, ¿de plástico, acaso?).
   La Selección Natural, cualquier cosa que eso sea, significa que sobreviven los individuos más fieles al tipo (lo cual conserva la especie, no la transforma). Y las mutaciones son absolutamen­te incapaces de explicar tan siquiera la aparición de un órgano nuevo (novedad biológica).
   ¿Dónde está la supuesta evidencia científica de que el hombre se originó del mono? En ningu­na parte, por cierto. Es sólo un dogma de fe; de fe darwinista...
   Y ya sabemos que frente a la certeza de la fe, ningún argumento racional es efectivo.

PROPEDÉUTICA A LA TEORÍA POLÍTICA

PROPEDÉUTICA A LA TEORÍA POLÍTICA

Alberto BUELA

 

   Comencemos por los términos. Teoría, término que proviene del griego theoréin = contemplar, indica un conjunto de ideas que están sistemáticamente relacionadas, y pertenece tanto a la filosofía como a la ciencia. El filósofo se pregunta el porqué de las cosas, mientras que el científico se pregunta por el cómo.

   Toda teoría política está constituida sobre una concepción específica del hombre, el mundo y sus problemas. Para avalar esta afirmación obsérvese simplemente que para los griegos el hombre es ánthropos que etimológicamente significa "el que investiga lo que ha visto", "el que contempla". Mientras que para los romanos el hombre es homo, que proviene de humus, que significa "el que está parado en la tierra", "el terráqueo". Si continuamos esta aproximación etimológica nos podemos explicar el porqué la filosofía en los griegos y el derecho en los romanos son sus logros más genuinos y específicos.

   Así hemos tenido durante el siglo XX teorías políticas marxistas, liberales, fascistas, socialdemócratas, y en nuestro medio, peronistas, radicales y conservadoras.

 

   Esta disciplina se debe ocupar antes que nada de problemas pre-políticos o metapolíticos como son los del origen de la instalación del hombre en el mundo, que desarrollaremos en dos puntos: a) el nomos de la tierra y b) sobre el poder.

   Viene luego el objeto específico de la política con sus tres finalidades: el bien común; la seguridad exterior y la concordia interior y prosperidad.

   Para terminar con el tratamiento de los temas y problemas de lo público, que son los que preocupan a la comunidad en su conjunto, tales como: Pueblo, Nación, Estado, partidos políticos, sistemas partidistas, regímenes políticos y de gobierno, la comunidad internacional, las relaciones internacionales, diplomacia y organismos internacionales.

El nomos de la tierra

 

   Nuestra idea de norma deriva del término nómos  que proviene del verbo griego némein que significa tres cosas: 1) recoger, tomar, recolectar o apropiar. 2)  repartir, dividir, limitar o distribuir y 3) aprovechar, explotar, utilizar o asentar.

   Este concepto de nomos de la tierra es instaurador y no derivado de un principio de orden anterior. El establece la relación fundante del hombre con la naturaleza y los otros hombres. Nos está indicando la prístina y primigenia relación del hombre con la tierra. Así el hombre como recolector y cazador observa como la tierra contiene en sí misma una medida interna de la justicia: Da ante el esfuerzo de quien recoge y sabe cazar.

   En un segundo momento el hombre como agricultor labra la tierra y fija los límites entre lo fértil y lo agreste. La tierra otorga una segunda medida de justicia: La cosecha para quien la trabaja.

   Y en un tercer momento, el hombre deja su peregrinaje y se asienta, se apacienta sobre la tierra repartida y limitada para explotar y aprovechar regularmente sus frutos. Y es en este momento cuando nace la política, que no es otra cosa que la acción que permite organizar lo político. Todo nomos implica un poder.

   Los rasgos típicos que según Platón - ya viejo y en su último y breve diálogo Epínomis o Alrededor de las leyes -  hacían a los griegos superiores a los bárbaros son: 1) la educación o paidéia. 2) que tienen el auxilio del oráculo de Delfos y 3) su fidelidad a la observancia de las leyes. Estos tres rasgos han hecho que los griegos hayan perfeccionado todo lo que han recibido de los bárbaros. Estos tres elementos permitieron a los griegos inventar y tener política.

Lo político y la política

 

   Afirma muy acertadamente el renombrado pensador griego contemporáneo  Cornelius Castoriadis que: "los griegos no inventaron lo político  en el sentido de la dimensión de poder explícito siempre presente en toda sociedad, inventaron, o mejor dicho crearon la política como la ciencia que organiza dicho poder" (1). Esta distinción esencial nos pone sobre aviso acerca de la confusión que aún perdura hoy entre lo político- dimensión del poder explícito- y la política - institución conjunta de la sociedad -.

   Nosotros queremos llamar la atención que aun cuando "a partir de la década del 70 comenzó a imponerse en las principales lenguas europeas un distinción que buena parte del siglo XX había ignorado entre: lo político (Politisch, le politique, il politico, Political) y la política (Politik, la politique, la politica, Politics)" (2), en nuestro medio universitario, académico y político se ignora, a veces, por completo. Producto, fundamentalmente, de una concepción funcionalista y sociologista de nuestros los cientistas políticos.

   Así lo político es lo permanente, se dirige a la esencia, pues la comprensión del problema corresponde al ser de la política. Como categoría peculiar del ser lo político pertenece a la esfera de la naturaleza humana. Mientras que la política es lo perecedero, la actividad del hombre para organizar lo político. Pertenece al domino del hacer. Lo propio y específico de la política es lo político cuyo dominio está determinado por lo público, el cual se caracteriza por la distinción entre amigo y enemigo, pero este enemigo no es el enemigo privado(inimicus) sino el enemigo público(hostis) el que me hostiga o impugna (3).

   Cuando en 1965 se llevó a cabo en la Sorbona la defensa de una tesis sobre este tema el profesor Jean Hyppolite, traductor de Hegel, y prestigioso catedrático impugnó la tesis diciendo: Yo había cometido un error, pensé que nunca terminaría Ud. su tesis. Pero si Ud. tuviera razón y la noción de enemigo es el punto central de lo  político sólo me restaría cultivar mi jardín. A lo que el postulante respondió: Ud. no cometió un error sino dos. El primero Ud. lo ha reconocido y no insistiré en ello, el segundo, es creer que es suficiente cultivar su jardín para eliminar el enemigo. J. Hyppolite respondió: Si Ud. persiste no me queda más que suicidarme. Será entonces su tercer error Profesor, respondió el postulante, pues si Ud. se suicida su jardín quedará sin protección, su mujer y sus hijos también y su enemigo habrá vencido".

   Reiteramos que el enemigo no puede ser más que enemigo público (hostis) porque todo lo que es relativo a la comunidad se vuelve por este solo hecho asunto público. El conocido pasaje evangélico se refiere al perdón de enemigo privado cuando afirma: diligite inimicos vestros =Amad a vuestro enemigos (Mt. 5.44) y no diligite hostis vestros.

   El pensamiento light, il pensiero debole, el pensamiento políticamente correcto ha visto en esta distinción esencial una apelación a la guerra más que a  la convivencia y ha intentado diluir, incluso borrar, esta distinción para reemplazarla por la de adversarios o amigos con una visión opuesta, sin percatarse que el asunto no es una cuestión de nombres más o menos agradables al oído, sino de esencias.

   La idea de encontrar la paz entre los amigos es absurda, ya que por naturaleza la amistad es un estado de paz. Y es en realidad la noción de enemigo político (hostis) la necesaria para comprender acabadamente la idea de paz. Así podemos afirmar que quien rehúsa la idea de enemigo es un enemigo de la paz (incluso a pesar de él) pues hacer la paz, es hacerla con un enemigo.

Del poder: Legalidad y Legitimidad

 

   A la distinción entre lo público y privado y a la que existe entre amigo y enemigo debemos sumar ahora la tercera de las distinciones políticas aquella entre el mando y la obediencia o dicho en términos politológicos entre gobernantes y gobernados.

   La naturaleza del poder exige dos condiciones indispensables: que no sea esporádico sino estable, permanente y continuo, rasgos que en política lo define su mayor o menor institucionalización, y que sea colectivo, lo cual obliga al poder político ha ser forzosamente público. Es legítimo todo aquello que se encuentra fundado en el derecho, en la razón y en el valor. En el derecho, la legitimidad se vincula a la legalidad, en orden a la razón y a lo verdadero y en orden al valor a lo bueno.

   La teoría política hoy, no puede ser como antaño sólo una teoría del poder, sino una teoría de la autoridad legítima. 

 

   Se distinguen tres formas de legitimidad que acompañan al ejercicio del dominio o gobierno: a) la tradicional, basada en la validez por siempre de las tradiciones. b) la carismática, basada en la sumisión en el valor ejemplar de una persona. c) la racional o legal, fundada en la creencia de la legalidad de los reglamentos y el derecho. Las dos primeras son conocidas también como legitimidades de ejercicio y la tercera como legitimidad de origen.

   Ahora bien, estas legitimidades son simplemente formales, pues sólo caracterizan ciertos rasgos de la legitimidad, pero los principios reales o metapolíticos de la legitimidad son los fines a los cuales se consagran los distintos regímenes políticos. Considerados desde la teoría política, disciplina sobre la que estamos hablando, estos fines teóricos son tres: el bien común; la seguridad exterior y la concordia interior y prosperidad.

El objeto específico de la política

 

   La política la podemos definir no como el arte de lo posible según afirmó Leibniz y repitieron luego hasta el hartazgo, sino más bien como el arte de hacer posible lo necesario, como la definió Maurras, entendiendo por necesario aquellas carencias que el hombre tiene para realizar su esencia. Su objeto específico está constituido por el logro de los tres fines mencionados: el bien común; la seguridad exterior y la concordia interior y prosperidad.

   De modo general todo lo que obra, y específicamente el hombre, lo hace en busca de un interés o un bien de ahí que el bien tenga razón de causa final. Así el bien o fin final de la política es el logro del bien común. Que puede ser entendido bajos sus múltiples acepciones: eudaimonía o felicidad en Aristóteles,  salus populi en Hobbes, interés común en Rousseau, bien del Estado en Hegel, bien del país en Toqueville o bien público en Freund.

   Ciertamente que ese bien común o bien del pueblo consiste en la seguridad, entendida como  la protección contra los enemigos exteriores, en la paz interior y en el desarrollo de la riqueza y prosperidad de sus habitantes. Vemos así cómo en un primer momento- el de la seguridad exterior- el presupuesto del bien común está condicionado por la relación amigo -enemigo, y en este sentido la tarea de la política consiste en superar esa enemistad y establecer la paz.

   El logro de la vida buena, el famoso eu zen griego o la bona vita romana bajo el aspecto de política interior se llama concordia = cum cordis, significa compartir el corazón, sentir de la misma manera. Así como compañero viene de cum panis, que es compartir el pan. La concordia supone la superación de la enemistad interna. Esa concordia interior se funda en la participación en un proyecto común, dado por valores a realizar que en política se entienden como metas o fines.

   Vemos cómo la seguridad y la concordia constituyen los dos aspectos de un mismo bien, el fin de la práxis política, entendido como logro del bien común o bien del pueblo. Estos dos aspectos aseguran la paz. Pero como la felicidad supone un mínimo de prosperidad no puede haber paz interior sin prosperidad (trabajo, salud, educación, justicia).  Vemos entonces, cómo la política, un arte todo de ejecución que intenta hacer posible lo necesario tiene la exigencia, además, de ser eficaz.

   Esta comunidad de miras e identidad de sentimientos expresados a través de la concordia se concreta en las ideas de Patria y Pueblo, Nación y Estado, con lo que pasamos el tercero y último de los puntos de esta propedéutica a la teoría política.

Patria y Pueblo

 

   La patria como pater = tierra de los padres, nos indica no sólo el lugar de nacimiento, que no elegimos, sino además el patrimonio y tradición común, cultural, étnico, lingüístico, religioso que nos signa desde el momento que caemos a la existencia y que nos distingue del resto de los mortales. A la patria está vinculado el país y éste está enraizado con el paisaje, ese espacio geográfico e histórico que nos contiene. De ahí nace nuestro carácter de paisanos.

   Así los paisanos, los hijos del país, constituimos un pueblo, esto es, una comunidad de hombres y mujeres unidos por una conciencia común de pertenencia a un mundo de  valores (culturales, religiosos, lingüísticos, etc.) pero no necesariamente con una conciencia política común. Los pueblos no deciden cómo quieren ser; simplemente son, existen. Cuando poseen una conciencia política de lo que quieren ser allí pasamos a la idea de Nación o a ser el pueblo de tal o cual Nación.

Nación y Estado

 

   Brevemente podemos definir la Nación como proyecto de vida histórico que se da un pueblo cuando se transforma en una comunidad política. Es el pueblo cuando tiene un propósito político decidido.

   La idea de proyecto (pro-iectum) significa, como su nombre lo indica, algo tirado, yecto delante, pero al mismo tiempo un proyecto político genuino exige un anclaje en el pasado, éxtasis temporal que el pensamiento progresista rechaza de plano. Pues cuando él se vuelve sobre el pasado lo hace siempre como víctima. La idea de antiguo lo espanta, porque la vanguardia es su método.

   En la política hodierna, no sólo hay una incomprensión histórica sino, por lo que acabamos de afirmar, existe una incomprensión funcional de la idea de proyecto. Pues todo proyecto se piensa genuinamente a partir de una tradición de pensamiento nacional, de lo contrario es un producto de la razón ilustrada con lo cual se transforma en una nada de proyecto o en un proyecto inverosímil.

   El fin de la política nacional como arquitectónica de nuestra  sociedad, tiene que partir de un fundamento metafísico que me dice que la realidad (el ente) es lo que es más, lo que puede ser. Es sobre ese poder ser donde debe actuar la política, si es tal y no sólo apariencia. Y si actúa sobre lo que puede llegar a ser, debe actuar con pro-yectos y así la política será el principal agente del cambio de la realidad económica, social y cultural. De lo contrario seguirá convalidando y consolidando el statu quo vigente.

   En cuanto al Estado definido como la nación  jurídicamente organizada, no tiene un ser en sí (Stato fine como pensó el fascismo) sino que existe en y a través de sus aparatos. No es tampoco la máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra (como pensó el marxismo-leninismo), sino que es el instrumento que sirve como gestor al gobierno para el logro del bien común, entendido como felicidad del pueblo y grandeza de la nación.


 


 (1) Castoriadis, C: Le monde morcelé, París, Seuil, 1990, p.125.- Retoma este autor la distinción entre la política y lo político formulada por el eminente politólogo y jurista Carl Schmitt y desarrollada luego, próximo a nuestros días, en la escuela del realismo político por autores como Julien Freund, Gianfranco Miglio o Michel Maffesoli..

 (2) Molina Jerónimo: Julien Freund: lo político y la política, Madrid, Sequitur, 2000, p.34.

 (3) Fue Carl Schmitt quien en un trabajo de 1932, El concepto de lo político, realizó la primera caracterización de esta distinción política fundamental. Así sostiene inmediatamente ab initio: "La distinción propiamente política es la distinción entre amigo y enemigo. Ella da a los actos y a los motivos humanos sentido político. Este criterio no se deriva de ningún otro, representa en lo político, lo mismo que la oposición relativamente autónoma del bien y el mal en la moral, lo bello y lo feo en estética, lo útil y lo dañoso en economía".