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KOSOVO: ¿UN CONFLICTO DISTINTO Y DISTANTE?

KOSOVO: ¿UN CONFLICTO DISTINTO Y DISTANTE?

Carlos PEREYRA MELE

 

 

   "La Europa multiétnica, multinacional, multilingüe, multirreligiosa se ha traicionado a sí misma, ha traicionado su propio modelo. Europa no utilizó sus criterios relativos a soberanías y fronteras con nosotros. Por el contrario, nos dividió. Ellos reconocen repentinamente a Kosovo, lo que han negado y siguen negando a muchos de sus propios pueblos y otros pueblos lejanos del mundo: la separación unilateral respecto a los estados existentes. Occidente sólo está sembrando desintegración, caos y anarquía. Kosovo fue mantenido en el limbo desde hace diez años por la Unión Europea, porque quiere ser utilizado como un arma de la OTAN en contra de su enemigo Rusia. Lo que han hecho con Kosovo es abrir un camino que tarde o temprano tendrá consecuencias en muchos otros lugares del mundo. Lo que Kosovo significa hoy es simplemente una anexión soterrada de la OTAN frente a Serbia y a Rusia. Kosovo es un engendro, un polígono militar y un basurero de la OTAN". Prof. Nikolau Kuveljich

 

I Parte

 

   En el año 1982, en medio del fragor de la guerra de las Malvinas, el Presidente del Gobierno español, Calvo Sotelo, llamó así -"...un conflicto distinto y distante..."- a la confrontación militar de Argentina con Gran Bretaña. Pero, a pesar de la miopía del entonces gobernante democristiano, la batallas en los mares del sur estaban actualizando  otro conflicto en las entrañas mismas de Europa, el de la ocupación por los ingleses del peñón de  Gibraltar , que  el mismo Calvo Sotelo  reclamaba como territorio español.

   Para no repetir tan flagrante carencia de visión estratégica, las Cancillerías de América del Sur, los expertos en política internacional, y los centros de investigación de geopolítica de nuestro continente deberían, veinticinco años más tarde, descartar la posibilidad de que tanto los argentinos como los suramericanos puedan estar indemnes a las secuelas de este tipo de conflictos. Por ser supuestamente distinto y distante, lo ocurrido en los Balcanes no deja de afectar ni en lo inmediato ni en el futuro a todo el panorama mundial. Es necesario y urgente, analizar,  comprender y prever las consecuencias de las decisiones adoptadas por las naciones implicadas  y las formas en que repercutirán sobre este continente. También es momento de proponer las políticas tendentes a  neutralizar los efectos negativos que seguramente pueden tener para los intereses nacionales y regionales.

   La declaración unilateral de independencia de Kosovo coloca sobre el tapete un elemental principio en política: "Si bien se puede tomar desde el Poder cualquier medida, lo que no se puede hacer es escapar de las consecuencias que derivan de la aplicación de la misma".

 

   Kosovo, para profundizar en el tema, fue una de las provincias que componían la desaparecida Republica de Yugoslavia y es reconocida históricamente como la cuna de la identidad servia. Está poblada mayoritariamente por albaneses kosovares (de religión musulmana), mientras que Servia es de  población eslava  (cristiana ortodoxa), lo cual en si mismo plantea un conflicto de carácter étnico-religioso y que según la doctrina de las Naciones Unidas, no es -y muy por el contrario- una causa para el desmembramiento de las naciones. En consecuencia, es lógico reconocer que este nuevo país, nace sólo para ser un elemento de la geopolítica atlantista (EE.UU. y sus aliados Inglaterra y Francia) que al colocar una cuña en la región, plantean un conflicto latente a la Rusia de Putin y a su aliada Servia.

   Hablando de Kosovo, se lo puede definir con los siguientes parámetros: Geografía: 10.877 km2 de superficie. Fronteriza al sudoeste con Albania, al sudeste con Macedonia y al oeste con Montenegro. (La provincia de Tucumán tiene el doble de territorio: 22.524 km2). Población: Cerca de 1,8 millones de albaneses, entre 100.000 y 120.000 serbios. El 70% de la población tiene menos de 30 años. (La población Tucumán es de 1.457.357 habitantes),   además de su aislamiento territorial, ya que carece de salida de sus productos por puerto propio, su situación económica es grave. Es la región más pobre de Europa junto a Albania. La Unión Europea es el principal donante de fondos, con cerca de 1.000 millones de euros invertidos en proyectos de reconstrucción y reactivación de la economía.

 

   Y en este punto está la gran contradicción. En un mundo donde la tendencia es la de conformar cada vez mayores espacios económicos y geopolíticos, tan minúscula creación reúne todas las características de ser un Estado Fallido. Las propias argumentaciones de los neoconservadores de EE.UU en la defensa de sus teorías ultraliberales, avalan el principio de que estas mini repúblicas son contrarias a las estrategias del sistema  capitalista. En consecuencia, si existen, es sólo porque juegan el rol que EE.UU y algunos miembros de la OTAN necesitan para cumplir sus premisas de control y expansión. (Para América Latina describen a dos países en esas condiciones: Haití y Bolivia).

 

   Otro punto importante para analizar es el reconocimiento internacional obtenido tras su declaración de independencia. Sólo  lo hicieron EE.UU, Francia, Inglaterra e Italia  y si bien componen el núcleo central de los intereses de Occidente, ello ha provocado una seria fisura en la Unión Europea porque tal paso diplomático afecta a su "Doctrina de Fronteras". Ése es el caso de España, quien inmersa en la campaña de las elecciones generales, no se ha sumado a la "obediencia debida" de sus socios comunitarios y ha tratado que el tema no debilite aún más su difícil cohesión territorial. No obstante, el NO del gobierno de Zapatero no ha podido contener la cascada de declaraciones de los líderes independentistas vascos, catalanes y gallegos que han recibido la independencia de Kosovo como "...lluvia en época de sequía...". Es que en pocas semanas este incidente ha dado por tierra la doctrina que aplicaba la UE hace 20 años, tendente a evitar el desmembramiento de sus estados asociados y que había condenado a los movimientos separatistas poco menos que a la proscripción.

   Otro bloque fundamental de países implicados son los propios vecinos del nuevo Estado. Macedonia no ha reconocido la declaración que ha sido completamente  rechazada por Servia (lo que queda de la ex Yugoslavia). Sumando a esto la manifiesta oposición de Rusia y China (miembros del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto) se puede concluir que el contenido conflicto bélico de los Balcanes puede haber sido encendido otra vez por una nueva ingerencia internacional de EEUU.

 

   Otro tema que no es menor en la actualidad, es que la Unión Europea está inmersa en la  discusión por el ingreso de Turquía como estado miembro. Los sectores que se oponen a esa ampliación  argumentan que culturalmente los turcos no pertenecen a Europa por ser mayoritariamente de religión musulmana. ¿Cuál será ahora el pretexto para impedir su ingreso?  Para peor, se presuponía que tampoco Turquía reconocería la independencia de Kosovo pues sería reconocerle a los kurdos, que habitan su territorio, la posibilidad de que exijan, también ellos, su independencia (Turquía inició esta semana una invasión masiva en Irak para atacar las bases Kurdas con aprobación norteamericana). En consecuencia, Estados Unidos no sólo ha provocado el inicio de un nuevo conflicto de violencia sino que además ha patrocinado una escalada de segregaciones fraticidas que, con su efecto dominó, pueden arrasar la vieja Europa oriental. 

 

   Una vez descrito el conflicto y sus imprevisibles consecuencias para una región que en otras épocas fue tierra de confrontación entre Occidente y Oriente, entre cristianos y musulmanes, causante de la primera guerra mundial y de un equilibro inestable durante la guerra fría, es necesario volver a insistir en que la zona no es distinta ni distante con relación al Continente Suramericano. Se trata de una  creación contra natura por parte de un sector de potencias que han creado un "estado fallido" para que funcione como cabeza de puente en sus estrategias de hacerse con el control de importantes reservas naturales y energéticas que les son fundamentales para mantenerse en centro del poder mundial.

 

II Parte

 

 

   Después del tsunami destructor, que supuso la aplicación de políticas neoliberales cuya máxima expresión fue la década del 90, cuyo nefasto resultado fueron las catastróficas consecuencias económicas y sociales que afectaron a sus sociedades, ahora Iberoamérica discurre en resistir e intentar cambios y para ello recurren sus pueblos a distintos intentos. Entre los caminos para salir de la encerrona, unos lo hacen con modelos políticos  que los representantes de la globalización estigmatizan con el titulo de Nacional Populismo (Venezuela, Bolivia Ecuador); otros con medidas intermedias (Brasil, Argentina) si debemos destacar la falta un Proyecto Nacional aglutinador que opere las dos premisas fundamentales que mencionáramos en el párrafo anterior es la gran deuda que tiene el sistema político. De los dos, Brasil es el que más claro tiene una orientación hacia un proyecto nacional y regional. Otros países de la región con el barniz de una izquierda progresista consolidan los proyectos que nos ha programado el Imperio del Norte, a pesar de la resistencia de importantes núcleos de su población a las mismas (Chile, Uruguay y Perú) a través de los TLC.

 

   En nuestro continente son varios los conflictos que, de profundizarse, ponen en grave riesgo su unidad. A las dificultades por todos conocidas para afianzar el eje estratégico argentino-brasilero en el marco del MERCOSUR, junto a Paraguay y Uruguay, la incorporación de Bolivia y Venezuela le han dado un marco potencial de mayor envergadura al mercado regional, que evidentemente afecta y afectará - de consolidarse - los intereses y al destino que nos han programado el imperio y sus aliados. Por ello es necesario reconocer las debilidades y amenazas que se están desarrollando, impidiendo la concreción de nuestro espacio continental económico. Y estas amenazas son básicamente: la exacerbación de las nacionalidades aborígenes que, montadas en justos reclamos históricos, están siendo utilizadas como fundamentalismos étnicos para la disgregación. Otro frente de conflicto es el creado por las fuerzas secesionistas que con argumentos de una supuesta no participación en la tomas de decisiones políticas de los estados que las contienen, intentan en un primer paso una amplia autonomía; paso previo a una separación apoyada por los fuertes intereses económicos ligados a la política globalista diseñada por el imperio. Tal es el caso de los movimientos separatistas de la "media luna boliviana" que piden la incorporación de Bolivia a un TLC con USA. Otro conflicto es el de Malvinas con las recientes decisiones del aliado estratégico de EE.UU, la Gran Bretaña, en realizar un desplazamiento geopolítico hacia el Atlántico sur, que por ello decidió unilateralmente ampliar la zona de exclusión, no sólo en Malvinas sino en las islas del Atlántico sur y una proyección sobre el continente antártico, el último territorio todavía no explotado que queda en el planeta con grandes recursos minerales.

 

   EE.UU y la OTAN han movido sus piezas en los Balcanes para amenazar un flanco de la alianza ruso-servia, inventando un peón que por sus características es un Estado fallido, pero útil a sus fines. ¿Por qué no utilizar el mismo remedio si sus intereses estratégicos y económicos son puestos en peligro por la decisión de actos soberanos de países de América del Sur? Bolivia al nacionalizar su petróleo, se enfrenta a una doble "presión interior": sectores fundamentalistas indigenistas desestabilizadores y sectores secesionistas que bien pueden utilizar el "caso" Kosovo y solicitar el apoyo de EE.UU y sus aliados. Ésta sería la versión local suramericana del "choque de civilizaciones" que tan caro es a la política de Washington y así volver a controlar el recurso no renovable. ¿Qué pasara con las Malvinas si los kelpers proclaman su voluntad de independencia, siguiendo el ejemplo Kosovar? Seguramente el Reino Unido la aceptará y sus aliados apoyarán, pues las islas seguirán ligadas a la Commonwealth y a la Unión Europea,  dependiendo de las empresas multinacionales que explotaran el petróleo en el archipiélago.

  

   Estamos describiendo hipótesis de conflicto potenciales y reales, una de ella en pleno proceso de profundización como es el caso boliviano. El periodista Enrique Lacolla el domingo pasado escribía en su columna de La Voz del Interior lo siguiente: "Hoy, el escenario de este drama es el mundo. Desde los despedazados Balcanes corren mechas que alcanzan al País Vasco, Irak, Taiwán y, por qué no, las Islas Malvinas, sin olvidarse de las "nacionalidades aborígenes" y las pulsiones centrífugas de Bolivia, para no hablar del mundo árabe y del Asia central".

   América del Sur necesariamente debe tener un destino común y para ello vislumbramos una sola alternativa que es profundizar el proceso de integración del MERCOSUR (el eje Argentino-Brasilero, su núcleo duro). De allí la importancia de las conversaciones mantenidas en estos días por los presidentes Ignacio Lula da Silva y Cristina Fernández para establecer políticas de apoyo a nuestros vecinos que no permitan la profundización de los separatismos y fundamentalismos de cualquier índole ni den argumentos a los que pretenden la secesión. Fue clave la actitud de Brasil y Argentina ayudando al proceso boliviano, sosteniendo su gobierno y a Paraguay, dando apoyo sanitario para enfrentar la epidemia de fiebre amarilla. Y cerrar acuerdos en los campos de energía nuclear, industria militar  e intercambio de tecnología y también tratar de eliminar por consensos negociados las asimetrías y problemas de suministro de gas para los socios del mercado.

   La integración debe alcanzar todos los ámbitos de nuestras sociedades, hasta el militar, para defender nuestros recursos, como lo planteó recientemente Brasil, lo que permitirá establecernos como jugadores de primer nivel en el nuevo orden multipolar conflictivo que se esta conformando.

   Por ello ratificamos que lo sucedido con el caso Kosovo no es un conflicto distinto y distante y por ello los dirigentes políticos del MERCOSUR deben reconocer que lo ocurrido en los Balcanes no dejará de afectar, ni en lo inmediato ni en el futuro, a todo el panorama mundial. Es necesario y urgente, analizar, comprender y prever las consecuencias de las decisiones adoptadas por las naciones implicadas  y las formas en que pueden repercutir sobre este continente, para "curarnos en salud".

I ENCUENTRO UNIVERSITARIO "España, falsificada en su historia. Mentiras de uso común en el estudio de nuestro pasado"

I ENCUENTRO UNIVERSITARIO "España, falsificada en su historia. Mentiras de uso común en el estudio de nuestro pasado"

"Llega a ser lo que eres". PÍNDARO

  

   De entre todos los defectos del hombre, aquel de renegar de uno mismo es uno de los más lastimosos. Y sería un pecado venial, una falta leve, la de querer pasar por alto el nombre de la aldea de nuestros abuelos o el de querer disimular o camuflar nuestros orígenes. Pero cuando ese defecto o complejo, que puede merecer cierta dispensa -solamente cierta-, alcanza el grado de renuncia permanente de nuestro ser de españoles, entonces llegamos a convertirnos en renegados constantes de nuestra condición, y aquel vicio de nuestra conducta pasa a ser, sencilla y abiertamente, una tremenda inmoralidad con consecuencias prácticas gravísimas en todos los ámbitos sociales. Al fin y al cabo, si la mentira anida en lo que nos define ¿por qué esperar encontrar la verdad en cualquier otro sitio?

 

   Una comunidad que vive bajo estos supuestos sencillamente no es viable y esta situación -de desintegración política, social y cultural- es en la que nos hallamos. Vivimos en una España que reniega de si misma, que renuncia a su propio ser, mediante dos conductas muy concretas: la primera de ellas es la de todos aquellos que quieren postular a España como una "nación de naciones", "realidad plurinacional", Estado plural (siempre con lo del Estado a cuestas), y otras fórmulas de redefinir a España, que sirven todas para desnaturalizarla y convertirla en un conglomerado de "nacionalidades" con las que perpetuar las instituciones, los órganos de poder de cada Comunidad Autónoma y a sus políticos profesionales a la cabeza de los nuevos mini-Estados.

 

   La segunda de ellas consiste en ofrecer una visión del pasado en la que los hechos conformadores de la nación y de su proyección en el mundo son trastocados y aborrecidos; por ejemplo, la Reconquista pasa a ser un error o un atropello por el que hemos de pedir perdón; nuestra historia se muestra como un largo periodo de tiempo en el que todo era triste y gris, salvo en un intervalo lúcido pleno de colorido, libertades y felicidad, que -dicen- fue la II República. A la exaltación falseadora y acrítica de éste período sirve la llamada "Ley de la Memoria Histórica". El flamante nuevo "derecho a la memoria personal y familiar" justifica que el legislador santifique al bandofrentepopulista.

 

   Pero la labor sostenida de implantación de un nuevo concepto de "este país", en lugar de España, se viene haciendo también mediante la utilización sesgada e ideológica del lenguaje y la consolidación de un sistema educativo que reniega de la propia esencia de nuestra patria.

   El extremo más ridículo de esta deculturación programada desde el poder consiste en renunciar al mismo nombre de España incluso en las conversaciones más triviales. Aunque pueda resultar difícil referirse a España sin pronunciar su nombre, existe toda una corriente que recurre a fórmulas muy pesadas como por ejemplo "en este país" o "en el Estado español". Se evita decir "España" y, en su lugar, se nombra al "Estado", aparato "ortopédico-administrativo" del que se dota la nación para su gobierno. En consecuencia, con esta forma de llamarnos tan artificiosa, tan falta de verdad, han logrado los políticos las cotas más altas de elaboración. Pero este ridículo no es siempre risible, porque no resultan inocuas las expresiones legales que emanan las Cortes Generales, como no resultó inocente la redacción del artículo 2 de nuestra Constitución de 1978 cuando dice reconocer y garantizar el "derecho a la autonomía de nacionalidades y regiones". A lo que cabe preguntarse: ¿Qué son esas nacionalidades más allá del concepto constitucional de Comunidad Autónoma a la que se le reconoce una especial identidad histórica y cultural?

 

   El resultado de todos estos esfuerzos -sostenidos por dirigentes políticos, mediáticos y financieros con nombres y apellidos- es la destrucción de la conciencia nacional, que tiene como consecuencia primera la pérdida de nuestra libertad a manos de ciertos políticos ávidos de poder, unos políticos que han hecho de la "política" -en el sentido más peyorativo del término- su modo de vida eminentemente parasitario. Este panorama amenaza seriamente nuestro futuro y el de nuestros hijos. Para responder a esta gigantesca tarea de destrucción de la conciencia nacional ha sido organizado este I ENCUENTRO UNIVERSITARIO bajo el título: "España falsificada en su historia. Mentiras de uso común en el estudio de nuestro pasado". En él se tratarán los siguientes temas: "La República que no fue", "La Quimera de al-Andalus", "La Leyenda Negra" y "La Fábula Separatista".

 

   Se pretende analizar -como se colige del propio enunciado- diversas formas en que se nos sirve nuestra España falsificada. En primer término, la II República española, considerada hoy como un período en el que se esbozó un sistema de libertades públicas y democracia, resulta fácil comprobar que se quedó precisamente en eso: un malogrado intento. A continuación se analizará el mito de una España "multicultural" -la célebre y fantasiosa "España de las tres culturas"- cuya trágica ruptura radica exclusivamente en la presunta intolerancia de nuestros ancestros cristianos. Más adelante, se repara en la pesada carga que la Leyenda Negra supuso sobre nuestra inmensa labor evangelizadora y sobre el hecho mismo de la Conquista de América como hito de nuestra civilización.

   Por último, el evento se cerrará con una aproximación a la ensoñación delirante de los que se atribuyen unos orígenes no españoles y unos "hechos diferenciales" que dan lugar a la Fábula Separatista.

 

   Como resultado de esta iniciativa deberíamos ser capaces de responder a una sencilla y comprometida cuestión: ¿Hacia dónde nos lleva esta versión falsificada de la historia? Dicho de otro modo, ¿qué se pretende con ello? Detrás de esta propaganda falsaria y contrafáctica late la vocación concreta del progresismo relativista imperante que, por su carácter cosmopolita y antinacional, es enemiga de todos aquellos que consideramos que la existencia de nuestras comunidades nacionales, gestadas a lo largo de los siglos, son la primera garantía de nuestra libertad y de nuestro futuro.

   Con nuestros enemigos, que nadie lo dude, está la esclavitud y la muerte. Por eso, frente a las tendencias de un economicismo y un nihilismo desatados, mediante los que se nos quiere privar de lo que realmente somos, el retorno a nuestras raíces y a la colosal obra de los que nos precedieron, hace de la idea de España un refugio seguro y una poderosa barrera tras la que florece, aún hoy, lo más salvífico de los tiempos actuales.

Miércoles 5 de marzo - 18:00 h.

Salón de Grados - Facultad de Derecho (Univ. Complutense de Madrid)

Con la intervención de Pío Moa, A.D. Martín Rubio, Jesús Laínz y J.J. Esparza

DE LA GUERRA CIVIL A LA GUERRA DE RELIGIÓN

DE LA GUERRA CIVIL A LA GUERRA DE RELIGIÓN

José Javier ESPARZA

El Manifiesto

 

   Esta legislatura empezó con un siniestro revival de la guerra civil y está terminando con un grotesco retorno al año 711: el Gobierno declara la guerra a los obispos y la Junta Islámica proclama su apoyo al PSOE; ya solo falta que Zapatero, cual nuevo Agila, llame en su socorro a los moros (y Bono hará de Don Opas). Nunca como en esta legislatura ha sido tan cierto aquel apotegma de don Carlitos Marx según el cual todo en la Historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como parodia. El problema es que estas parodias de Zapatero laceran, escuecen, arañan y dejan tras de sí un reguero de discordia y enfrentamiento. Y todo ello, en nombre de la paz.

  

   No resulta fácil entenderlo. ¿Qué se gana enfrentando a la gente? Puede entenderse que, ante una ofensiva, el ofendido responda. Pero, ¿qué ofensiva había aquí antes de 2004, al margen de la de ETA y la de los separatismos? La guerra civil era un capítulo ya superado: unos y otros escribían unas y otras cosas, cada cual contaba su guerra y a nadie se le discutía el derecho a hacerlo, pero, sobre todo: nadie la vivía en presente de indicativo, como si estuviera ocurriendo otra vez. Los abuelos estaban muertos y enterrados. La reconciliación nunca fue un abrazo alegre y fraternal, pero sí una voluntad lo suficientemente firme como para ser efectiva. Pero en eso llega a este caballero, invoca a los muertos, abre las tumbas, saca a pasear a los cadáveres, vuelve a dividir España en dos bandos, dictamina quiénes son los buenos (ellos) y quiénes son los malos (los demás) y se propone ganar la guerra que perdieron setenta años atrás sus antepasados políticos. ¿Para qué?

   Del mismo modo, todos los problemas que el Estado constitucional pudiera tener con la Iglesia estaban ampliamente resueltos, y a plena satisfacción de ambas partes. El Estado, aconfesional, había prescindido de cualquier referencia religiosa explícita para contentar precisamente a los socialistas. La Iglesia había renunciado a su posición de privilegio en el Estado sin conservar más que los beneficios derivados de su hegemonía social, cultural e histórica. Los acuerdos diplomáticos entre España y la Santa Sede no incomodaban a nadie. Ni la Iglesia ha tratado de determinar la política del Ejecutivo, ni éste, en los años precedentes, había buscado conflicto alguno, más allá de los derivados naturalmente de posiciones ideológicas distintas. Pero ahora, de repente, el Gobierno proclama que la Iglesia es un problema: sacude corporativamente a los obispos, presiona social y políticamente a los católicos, amenaza a sus medios de comunicación y llega hasta el extremo de amagar con una supresión de los acuerdos Iglesia-Estado. ¿Por qué? ¿Para qué?

El túnel del tiempo

   La revisión de la guerra civil nos ha metido en un túnel del tiempo que conduce a la España de los años treinta. La bronca con la Iglesia nos sumerge en un pozo que conduce aún más lejos, a la Francia de 1905 o al México de 1920 y sus sectarias políticas anticlericales. Hay en ambos procesos algo profundamente morboso, una enfermedad del espíritu, una incapacidad de vivir el propio tiempo y acomodarse en la Historia. Es como si nuestra izquierda, incapaz de digerir dos procesos históricos consumados como fueron el horror del socialismo real y el naufragio económico de la socialdemocracia, hubiera decidido inventarse una historia nueva, una historia a la carta, para tener todavía algo que decir. Este malestar en la Historia debería hacer pensar a los intelectuales de izquierda; en vez de eso, los está arrastrando a la ceguera más radical, como la de esos tribunos que en los años setenta empezaron a cantar las delicias (quizá turcas) de un islam imaginario. Sería un ejercicio inofensivo si no fuera porque en su estela emergen pasiones que pueden llegar a hacerse incontrolables. Entonces la parodia volvería a teñirse de tragedia.

   Para que la parodia llegue al límite, la Junta Islámica, portavoz en España de un islamismo en absoluto moderado, ha pedido el voto para Zapatero. Es evidente que no pueden ser convergencias ideológicas las que han llevado a una comunidad que predica la sumisión de la mujer y la condena de la homosexualidad, a apoyar al partido del divorcio-exprés y los gaymonios. Hay que pensar más bien que se trata de una motivación estratégica: los musulmanes piensan que con Zapatero tendrán más oportunidades de penetración social. Nadie puede reprochar a los musulmanes que defiendan sus intereses. Lo que hay que preguntarse es qué no les habrá ofrecido Zapatero para que estos simpáticos amigos le comprometan el voto. Aquí la parodia empieza a convertirse en algo bastante más serio.

   Sea como fuere, el hecho es que la política socialista -que no es sólo Zapatero- nos ha metido en un camino absolutamente delirante: una política de lo no político donde la imaginación de una Historia que no fue ahoga las posibilidades de un país que realmente es. Si una mayoría de españoles sigue adhiriéndose a ese fantasma, entonces es que España ha optado por el suicidio.

KOSOVO Y LA ESTUPIDEZ ESPAÑOLA

KOSOVO Y LA ESTUPIDEZ ESPAÑOLA

Vicente BLANQUER

 

   La independencia de Kosovo debería a los españoles hacernos reflexionar en términos de razón de Estado y dejar de concebir la política en términos religiosos como si existiera una Iglesia internacional de la democracia.

   Belgrado y Washington han armado el Ejército de Liberación de Kosovo y han alentado el separatismo albanokosovar, satanizando al nacionalismo serbio para forzar a Serbía a romper con su tradicional política de amistad con los paises eslavos de cultura greco-ortodoxa, como Bulgaria y Rusia, obligando a la República Serbia a lanzarse en las garras de la Unión Europea. Claro que, si se le niega a un país tanto la posibilidad de tener su propia política como la de hacer valer su autoridad en el interior de su país o mantener su integridad territorial, ¿en que se diferencia, en ese caso, la condición de miembro de la condición de protectorado? ¿En qué se distingue la unión voluntaria de la anexión? Y si la condición de protectorado no difiere en esencia de la de súbdito a lo mejor es porque el proyecto europeo no resulta tan fascinante como sostienen los intelectuales españoles pagados por Bruselas.

 

   Recuerdo que en el día de la independencia de España hemos asistido abochornados a la prohibición del himno español en favor del himno europeo. ¿Casualidad? ¿Acaso los políticos españoles han recibido sugerencias de tono parecido relativas a los problemas vasco y catalán y de ahí no ese raro consenso sino la absoluta unanimidad en la apuesta por Europa? ¿Acaso el apoyo del parlamento europeo a la negociación con ETA debe ser asumido lacayunamente por el pueblo español? ¿Por qué no se es honesto y se dice que una democracia que pretende representar a varios pueblos, en el fondo no representa a ninguno, más que a unos intermediarios que fungen de árbitros absolutos? Y como todas las comparaciones resultan odiosas no estaría demás recordar que el alentar una minoría separatista para forzar una unión no deseada nos retrotrae a la crisis checa de 1938 cuando Hitler alentó al separatismo sudete para propiciar y obtener la adhesión "voluntaria" de Bohemia y Moravia al Reich por parte del doctor Hacha.

   ¿Tendrán nuestros políticos e intelectuales la presencia de ánimo y el coraje necesarios para denunciar la política de Bruselas, o incluso para reconsiderar nuestra adhesión a las Unión Europea? Porque si la Unión Europea no garantiza la supervivencia de España quienes sí creemos en España no veremos en la Unión Europea más que un doloroso accidente que deberemos sacudirnos, como en su día lo fue el califato, el imperio carolingio o el imperio napoleónico.

DOS INGENIEROS Y SUS VIDAS POCO PARALELAS

DOS INGENIEROS Y SUS VIDAS POCO PARALELAS

Juan V. OLTRA 

 

   Quiso la casualidad (aunque un buen amigo se empeña en recordarme que la casualidad no existe) que, a punto de terminar la lectura de "En una España cambiante", libro de memorias de quien fue ministro de Franco, Pedro González-Bueno editado por άltera, por aquella vieja costumbre malsana de llevar abiertos siempre cinco o seis libros al retortero, empecé "El fantasma del ingeniero ejecutado", un estudio de por qué fracasó la industrialización soviética, escrito por el profesor del M.I.T. Loren R. Graham  y editado en España por Crítica.

   Conforme avanzaba por éste me venían a la cabeza pasajes del primero. Dos ingenieros, curiosamente llamados Pedro, Pedro González-Bueno desde un libro, y Peter Palchinsky, desde el segundo, me gritaban desde el negro sobre blanco de sus páginas sus muchas coincidencias y al tiempo, diferencias.

 

   En efecto, aunque con algún lustro de diferencia entre uno y otro, ambos estuvieron relacionados con el poder, con el poder, aun más, de eso que hoy se llaman genéricamente dictaduras intentando homologar peras con manzanas. Pedro como ministro, Peter como consejero soviético. Pero no,... hay más.

   Pedro González-Bueno estudió una de las ingenierías más duras en la España de la época, y aún de hoy: la Ingeniería de Caminos. Peter Palchinsky por su parte, fue todo un talento en la ingeniería de Minas, reconocido por entonces internacionalmente. Pedro se interesó por la política, y durante la república fue un hombre de Calvo Sotelo. Cuando llegó la unificación, recaló en la Falange. Peter, por su parte, estuvo preso durante el mandato del Zar Nicolas II, por sus ideas (fue defensor de las teorías de Kropotkin, en particular en lo relativo a la educación en las ingenierías). Podía ser socialista pero no bolchevique, a pesar de lo cual fue llamado a colaborar con lo que él suponía sería el lanzamiento de una nación.

Pedro manifestó su discrepancia con el resto de los ministros en torno a una ley (la Ley de Bases de la Organización Sindical) y dimitió (aunque algunos afirmaron que "fue dimitido"). Aquí empiezan a separarse las historias. A Peter, por manifestar sus discrepancias, lo encarcelaron, torturaron y ejecutaron. Se sospechaba que fue uno de los inspiradores del Partido Industrial -aunque sus apetencias parece ser que se decantaban más por el Partido de los Socialistas Revolucionarios-. Al poco, su mujer, que se había marchado a otra ciudad para evitar ser reconocida, fue detenida... y su pista se pierde en el gulag.

 

   Resulta pues difícil hacer comparaciones entre los dos Pedros a partir de ese momento. Pedro triunfó como ingeniero, siendo recibido en múltiples ocasiones por Franco, y siguió sin dejar de mantener hacia él una fidelidad inquebrantable - por mucho que en su momento se enfrentara con Raimundo Fernández-Cuesta o con el poderoso Ramón Serrano Suñer, de quien según se destila de las páginas de sus memorias no pudo nunca llegar a perdonar-. Entre otras menudencias, a él se debe la presencia de Citroën en España.

   Y esto nos lleva a pensar si el caos de la Unión Soviética puede tener parecidos con el declive de este ingeniero, Peter, procesado como cabeza del Partido Industrial. En realidad su delito fue más de gestión que político: quejarse de problemas como la mala utilización de las energías o el derroche de fuerzas humanas. Hay que recordar a los desmemoriados que el soviet trabajaba con las formas de los ultracapitalistas: el fordismo y el taylorismo. En efecto, las doctrinas de Ford y de Taylor fueron parte del  léxico de los marxistas de esos años. No así en Palchinsky, quien propuso la "ingeniería humanitaria" para sustituir los métodos de producción de Taylor, oponiéndose al poder soviético. Eso provocó que en abril de 1928 lo detuvieran. El 24 de mayo de 1929 apareció una nota de prensa que informaba de que había sido el líder de una conspiración. Fue convicto de traición sin juicio y ejecutado por un pelotón de fusilamiento.

Pedro González-Bueno falleció de viejo, rodeado del amor de los suyos, en 1985.

Quizá sus vidas no sean tan paralelas. ¿Alguien se atreve a apuntar las causas?

SAN MARTÍN: NI MASÓN NI LIBERAL

SAN MARTÍN: NI MASÓN NI LIBERAL

Mario MENEGHINI

 

   Es común leer dos afirmaciones referidas al General José de San Martín: que integró la masonería, y que fue liberal. Con motivo de celebrarse, el 17 de este mes, el 230º aniversario del nacimiento del prócer máximo de la Argentina, nos parece conveniente enfatizar, categóricamente, que San Martín no tuvo jamás ningún vínculo con la masonería, ni profesó la ideología liberal.

   Como las autoridades masónicas efectuaron, en plena Catedral de Buenos Aires ("por primera vez en la historia"), un homenaje a quien denominan "el Más Ilustre Iniciado", es oportuno recordar que la masonería argentina adoptó una actitud desdeñosa hacia San Martín, hasta 30 años después de su muerte. Cuando llegan a Buenos Aires los restos mortales del Libertador, la masonería no participa en los homenajes, pues no lo consideraba uno de los suyos. La primera ocasión en que se sostiene que el general era masón y no católico, fue el 22-6-1883, con motivo del debate por la enseñanza primaria, por boca del diputado Emilio Civit. A partir de entonces, comenzará la leyenda urdida por la masonería argentina, sosteniendo, también, que la Logia Lautaro era una sociedad masónica, contradiciendo a dos Grandes Maestres: Mitre y Sarmiento, que afirmaron lo contrario.

     

   Consideramos que no se ha destacado suficientemente el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente,  con las dudas sobre este tema(1). Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato. Curiosamente, el Dr. Terragno también conoció esa información, en la misma época, por una nota del Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que afirma poseer, agregando, "que si alguien no figura en esos registros es porque nunca fue miembro de la masonería inglesa". Lamentablemente, dio a conocer ese valioso dato, 19 años después de haberlo obtenido.

   Es preciso difundir estas pruebas documentales de que el Libertador no fue masón, pues no se trata de una cuestión baladí, dado que la religiosidad del prócer ha sido demostrada, y que es incompatible la pertenencia a la masonería con el catolicismo; de lo contrario, como alertaba Aragón hubiera sido "infiel al uno o a la otra",  quedando en duda su honorabilidad.

 

Ideología liberal

 

   Como también se afirma a menudo que San Martín era liberal, es necesario esclarecer este otro infundio. Según parece, el vocablo liberalismo, fue usado por primera vez en lengua castellana hacia 1810 y fue adoptado en España por los partidarios de la Constitución de Cádiz, adversos al absolutismo de Fernando VII, sin ninguna manifestación de oposición al cristianismo. Explica el P. Castellani: "Lo que había de bueno en el liberalismo de antaño, de 1820 a 1860, consistía en una especie de ímpetu juvenil contra un montón de cosas que tenían que morir; a saber, el absolutismo de los reyes, inventado por los reyes protestantes; el despotismo demasiado cerrado de los Gremios y Corporaciones medievales y una decadencia de la Religión, que originó en Inglaterra el deísmo y en Francia el filosofismo. Así que toda la juventud europea a principios del siglo pasado [XIX] se conmovía con ese grito de Libertad, y sabía lo que significaba esa palabra ambigua, que no lo era para ellos; lo que no sabían era lo que estaba detrás. Se sentían apretados, estrechos y cansados y al decir ¡Libertad! decían queremos salir de esto." Esto, eran las miserias de la Corte borbónica, que Napoleón resumía así: la madre era adúltera, el padre consentido, el hijo traidor.

   Incluso el vocablo liberal, según el diccionario de la Real Academia Española, define a quien obra con liberalidad, virtud moral que consiste en distribuir uno generosamente sus bienes sin esperar recompensa. En cambio, el mismo diccionario, define al liberalismo como "sistema político-religioso que proclama la absoluta independencia del Estado, en sus organizaciones y funciones, de todas las religiones positivas".

   Estas acotaciones semánticas, sirven para distinguir entre aquella persona que, por distintos motivos, reivindica el nombre de liberal, simplemente, de quien adhiere explícitamente a la ideología liberal,  con conocimiento pleno de su contenido. Nada en la actuación pública de San Martín, ni en su vida privada, permite sostener que profesara la ideología liberal; por el contrario, se expresó negativamente sobre ella, en varias de sus cartas.

   La ideología liberal, tal como ha sido definida por sus autores principales - Locke, Montesquieu, Rousseau, Stuart Mill- es incompatible con el cristianismo. Así lo aclara el Papa Pablo VI, en la Octogesima adveniens: "Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder...." (26). Esta posición se mantiene invariable en la Iglesia, desde hace dos siglos.

   El Papa León XIII  (Enc. Libertas, l888) analizó tres grados posibles de liberalismo, y los consideró igualmente condenables. Explica el Prof. Caturelli: "Tanto el liberalismo extremo (ateo), como el liberalismo moderado (deísta), como el liberalismo muy moderado ("cristiano"), admiten una zona (el orden temporal) de autosuficiencia del hombre: el primero porque niega la existencia de un orden trascendente al temporal: el segundo porque lo ignora y el tercero porque lo separa. En el orden práctico, viene a resultar lo mismo."

   Esta aclaración es necesaria, porque algunos autores sostienen que San Martín fue un católico liberal;  así lo hace el Dr. Cuccorese, académico sanmartiniano, quien considera que no incurrió en contradicción,  pues el liberalismo recién fue condenado por la Enc. Quanta Cura, en l864, l4 años después de la muerte del Libertador.

   Debemos discrepar, puesto que los Papas comenzaron a cuestionar las ideas liberales, incluso antes de la Revolución Francesa. Por ejemplo, en la Alocución de Pío VI, el 9 de marzo de l789, y en la Carta del mismo Papa, de l79l, a los obispos de la Asamblea Nacional. Pero con respecto al liberalismo católico, recordemos que esta actitud ya se advierte cuando Talleyrand, Obispo de Autun, celebra misa en el campo de Marte, con trescientos sacerdotes adornados con la escarapela tricolor. La primera expresión teórica respectiva,  aparece cuarenta años después con Lamennais -sacerdote apóstata- y su periódico L'Avenir, que defienden precisamente el liberalismo católico, siendo esta posición condenada por Gregorio XVI, en la Enc. Mirari vos, promulgada en l832, mientras San Martín vivía en París, y l8 años antes de su fallecimiento. No está demás recordar, que el Papa Pío IX, aquel que conoció a San Martín, afirmó que "los llamados católicos liberales...son más peligrosos y funestos que los enemigos declarados...".

   En conclusión, puede afirmarse, con seguridad, que San Martín no fue masón ni liberal.

 

Fuentes:

 

 - Aragón, Raúl Roque. "La Política de San Martín"; Córdoba, Universidad Nacional de Entre Rios, 1982, pág. 19.

 - Bruno, P. Cayetano. "La religiosidad del General San Martín"; Buenos Aires, Ediciones Don Bosco, 1978, p32 págs.

 - Castellani, Leonardo. "Esencia del liberalismo"; Buenos Aires, Huemul, 1971, pgs. 24/25.

 - Caturelli, Alberto. "Examen critico del liberalismo como concepción del mundo"; Gladius, Nº 2, 1985, pg. 38

 - Cuccorese, Horacio Juan. "San Martín; catolicismo y masonería"; Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano-Fundación Mater Dei; 1993, pg. 145

-Episcopado Argentino. "Declaración"; 20-2-1959.

-Revista SÍMBOLO net, publicación de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Nº 69, diciembre de 2007, versión digital.

-Revista "Masonería y otras sociedades secretas"; Buenos Aires, Nº 2, noviembre de 1981, págs. 20/25; Nº 3, diciembre de 1981, págs. 15/20; Nº 5, febrero de 1982, págs. 30/35.

-Terragno, Rodolfo. "San Martín & Maitland"; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999, pág. 181: Librarian and Curator, United Gran Lodge of England, comunicación personal, 14-11-1980.

 


 (1) La documentación respectiva puede leerse en "San Martín no fue masón", en: http://forosanmartiniano.blogspot.com/

LA IGLESIA ANTE EL MOMENTO ELECTORAL

LA IGLESIA ANTE EL MOMENTO ELECTORAL

Francisco TORRES

 

   Sería necesario retrotraernos a los tiempos de la II República para encontrar una legislatura en la que los ataques a la Iglesia y a la Fe hayan constituido un elemento trascendente de la misma. Sería imposible, en el espacio de un artículo, relacionar todos y cada uno de los hechos. El gobierno, muchas veces por intereses electorales y de tensión ideológica, ha sido especialmente beligerante y una ola de anticlericalismo oficial que no popular se ha extendido por toda España. Una ola en la que han participado, y así es preciso constatarlo, varios dirigentes populares para intentar dar el último paso hacia lo que ya se denomina la "derecha pagana", promocionada por un sector de los medios afines al Partido Popular; y en este sentido se han publicado algunos artículos en el órgano de máxima influencia ideológica del Partido Popular, la revista FAES.

   El republicanismo ciudadano que es la teórica base ideológica de José Luis Rodríguez Zapatero, a lo que ha de añadirse un jacobinismo anticlerical, con pátina pseudointelecutal, heredado de la tradición de la izquierda española, señala como principal adversario ideológico a la Iglesia. De ahí que, en esta legislatura, José Luis Rodríguez Zapatero haya puesto en marcha un cambio educativo que tiene como objetivo fundamental eliminar las raíces cristianas de la sociedad a través de las nuevas generaciones. De ahí que, en esta legislatura, José Luis Rodríguez Zapatero haya puesto en marcha leyes que atentan directamente contra la Moral Objetiva. De ahí que, en esta legislatura, José Luis Rodríguez Zapatero haya tratado de controlar y reducir a la Iglesia Católica. Cuando Zapatero exalta la Alianza de Civilizaciones, el multiculturalismo y hasta el casi apoyo al Islam (no es extraño que las asociaciones islámicas españolas pidan el voto para el PSOE), lo hace también para minar la presencia social de la Iglesia Católica. En síntesis cabría decir que José Luis Rodríguez Zapatero entiende que su única y verdadera oposición es la Iglesia Católica. Todo ello ha sido posible porque no ha existido una oposición política real en este terreno. Porque cuando se suscita esta cuestión el Partido Popular prefiere mirar para otro lado, callar y capear el temporal.

   Además de esa acción política es necesario reiterar la proliferación de ataques a la Fe desde los más diversos ámbitos animados por esta corriente. En el mundo de los titiriteros han abundado: ahí está el señor Bassi disfrazado de Papa y consagrando preservativos; las exposiciones blasfemas de Ibiza, Extremadura, Valencia o Madrid, subvencionadas, según el caso, por populares o socialistas; los ataques televisivos con imágenes repulsivas emitidas hasta en horario infantil; campañas publicitarias basadas en el ataque a la Fe...

 

   Ahora llegan las elecciones y, como cada vez, la Iglesia, los obispos españoles dan unas orientaciones a los católicos que deben tener en cuenta a la hora de votar, aunque hasta la fecha es imposible afirmar que el peso de las mismas haya tenido consecuencias electorales importantes.

   Sería inútil tratar de negar que, en esta ocasión, la dureza de las orientaciones ha sido mayor, pero en la línea de lo que vienen diciendo desde hace años. La diferencia quizás radique en la imposibilidad que hoy tiene la izquierda para encontrar apoyos en el seno del Episcopado. En los tiempos del felipismo se hablaba de hasta seis obispos prosocialistas. La izquierda, además, está acostumbrada a contar con algunos sacerdotes, teólogos e incluso obispos a los que recurrir cuando quiere sembrar la discordia. Exaltados por los medios de izquierda hacen creíble su postura. La izquierda todavía no ha superado que aquel diálogo marxismo-cristianismo que tanto daño hizo a la Iglesia ha desaparecido y que herederos del mismo, como Setién, ya no tienen una gran credibilidad. La izquierda se rasga las vestiduras ante declaraciones que, evidentemente, la señalan con el dedo acusador, pero lo hacen porque no tienen, salvo los cuatro o cinco de Vallecas, nada que oponer. Antes no necesitaban mandar callar, bastaba con exhibir a los amigos. Hoy no le quedan amigos, por más que Francisco Vázquez ande por el Vaticano, que José Bono salga a intentar tapar los huecos con boutades tan preclaras como afirmar que los Obispos no son la Iglesia, o que José Luis Rodríguez Zapatero haga chistes mitineros y hasta se los ría.

   La izquierda no soporta su derrota en el proceso de infiltración en la Iglesia. A finales de los sesenta se imaginaba una Iglesia anulada por el peso de un sector izquierdista dispuesta a convertirla en un agente terreno para la revolución, un elemento que dejara a un lado la trascendencia y relegara las creencias morales al ámbito de lo particular, una Iglesia de cultura externa que no molestara el cambio silencioso, el triunfo de la "teología de la liberación". La llegada de Juan Pablo II y la inversión de ese proceso, el fin del diálogo marxismo-cristianismo, la caída de los marxistas teólogos que actuaban como auténticos caballos de Troya, la continuidad y reforzamiento que ha supuesto la llegada de Ratzinger y los cambios en la dirección de todas y cada una de las sedes episcopales ha sido un duro golpe. Los intentos de combatir este proceso desde los massmedia, desde el discurso de la izquierda, han chocado con una Iglesia que se refuerza al comprobar que sólo siendo fiel a sí misma puede iniciar el camino de la reevangelización. Es más, en la última década se ha incrementado el peso del compromiso que deben asumir los católicos en la vida pública. Roma anima a no conformarse, a defender las Vida, la Familia y las Raíces Cristianas sin fisuras. Algo que también comienza a preocupar a los partidos de la otra orilla, los grupos centristas, conservadores y liberales que también pretenden relegar las creencias al terreno de la conciencia, al terreno de lo individual y al marco de lo cultural.

   A la izquierda le preocupa lo que diga la Iglesia porque es consciente de que también depende de un voto católico que tiene adscrito, debido al confusionismo reinante, consecuencia muchas veces del mensaje ambiguo de muchos eclesiásticos y de la imposibilidad de hacer diferencias en el terreno moral entre las propuestas populares y socialistas.

   En los años sesenta, en los años de la progresía, de la izquierda divina, de la seducción de la nueva izquierda, los ataques o la ruptura con los elementos claves del orden moral defendido por la Iglesia no resultaban tan evidentes. El discurso de la izquierda se ha ido renovando para hacer bandera de temas que no figuraban en su agenda: aborto, ataque a la familia, homosexualidad, feminismo radical, trivialización del matrimonio. Si se repasa, por ejemplo, lo que sucedía en los países comunistas antes de los sesenta en estos temas se observará que andan a años luz de lo que hoy defiende la izquierda.

 

   Ratzinger hoy y Juan Pablo II ayer, entendían que la lucha no se da hoy entre la izquierda y la derecha; que el combate ideológico se produce entre quienes defienden la trascendencia y quienes no; entre quienes contemplan la civilización desde un punto de vista material y quienes la contemplan desde la espiritualidad. No se trata de un enfrentamiento de derechas e izquierdas, ya que en muchos casos, las primeras mantienen un planteamiento igualmente materialista barnizado con la brocha de la cultura cristiana.

   Hoy, Ratzinger es certero en su análisis, los cristianos, los católicos, en occidente deben asumir que son una minoría, que no constituyen el elemento rector, que, ni tan siquiera, tienen una capacidad de influencia determinante porque lo que para un católico, para un cristiano, constituye el núcleo de lo irrenunciable se encuentra en Europa en permanente retroceso. De ahí que el Papa, y por fuerza todos los obispos, insista en las obligaciones irrenunciables: defensa de la Vida desde la concepción hasta su fin natural; defensa de la Familia, resultado de la unión de un hombre y una mujer con vocación de procreación; defensa de la libertad para educar a los hijos... Elementos que, la izquierda combate y la derecha no defiende en toda su extensión. Si el Papa considera deber irrenunciable la defensa de estos Valores y Principios, lógicamente, choca con aquellos gobiernos que hacen políticas en su contra; de ahí la tensión creciente con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que ha pretendido dar una nueva lectura a la aconfesionalidad constitucional para intentar implantar un laicismo jacobino acorde con su republicanismo ciudadano.

   Cuando José Luis Rodríguez Zapatero planificó su republicanismo ciudadano en el terreno de la ingeniería social creyó que la oposición sería mínima, que tras la algarada  verbal vendría la calma y que, como en otras ocasiones, aquello que aprobara nunca sería derogado por el Partido Popular. Sólo en esto último acertó, ya que el propio presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, ha asegurado que no eliminará el divorcio-express, ni modificará la Ley del Aborto (Zaplana incluso está dispuesto a modificarla por consenso), ni retirará de forma completa Educación para la Ciudadanía (será sustituida por el estudio de la Constitución), y en el tema de los matrimonios homosexuales sólo cambiará el término matrimonio pero mantendrá las uniones homosexuales, que ya incluía el programa del PP en el 2004, que generan los mismos derechos jurídicos de familia, incluida la adopción (que de forma experimental ya realizaron, mediante la custodia, algunos gobiernos autonómicos populares), ni se opondrá a la investigación con embriones humanos (que también el PP admitía en el 2004). En lo que no acertó fue en la posición de una Iglesia que, hasta ahora, no pasaba de emitir alguna carta-pastoral.

 

   En esta legislatura los dos grandes opositores del gobierno han sido la Iglesia y la AVT. Las grandes manifestaciones han sido convocadas por ellos. Si Educación para la Ciudadanía ha logrado, a duras penas, mantenerse ha sido porque la Iglesia no se decidió a realizar, cuando aún era tiempo, una oposición rotunda y por que ZP consiguió camelar FERE, con promesas que es difícil pensar que se vayan a mantener. Por otro lado, José Luis Rodríguez Zapatero ha utilizado, y está utilizando, la Iglesia como fantasma que agitar para capitalizar el voto de izquierdas y movilizar el segmento de abstención de esta opción. Sin embargo, al mismo tiempo, el socialismo cuida mucho las formas y los dirigentes socialistas se prodigan en procesiones, romerías, ofrendas a Santos y hasta acuden a la beatificación de los mártires de la Cruzada en Roma mientras que aquí lanzan la denominada Ley de la Memoria Histórica. Una acertada campaña de imagen con la que mantienen cautivo un voto católico al PSOE que es fundamental.

   Han llegado las elecciones y el Episcopado ha dado su habitual instrucción para los católicos. Leyéndola se extraen dos lecciones: primera, el posicionamiento claro en contra del PSOE (señalado directamente por el tema de la negociación con los terroristas); segunda, el pacto realizado entre las diversas sensibilidades de la Conferencia Episcopal española, de ahí, por ejemplo, la incomprensible bendición a los nacionalismos.

   Probablemente, hasta las elecciones asistamos a la aparición de aclaraciones y posicionamientos por parte de los obispos de forma individual, sobre todo si se continúan produciendo los intentos de adecuación del mensaje general a los intereses particulares de algunos prelados muy favorables al Partido Popular. Así, por ejemplo, lo ha hecho el cardenal Cañizares. La nota de los obispos ha tenido como consecuencia que el epicentro del debate político se torne al enfrentamiento directo entre la Iglesia y el PSOE, con un curioso silencio por parte del principal beneficiado, el PP.  Debate que el socialismo está interesado en mantener como elemento de movilización de la izquierda más radical a favor de su opción o para restar votos de izquierda a opciones como UdP o Ciudadanos.

 

   Es necesario insistir en la noción de pacto entre las sensibilidades de la Conferencia Episcopal para medir el análisis de un texto que, como algunos comentaristas han subrayado,  textualmente invita a los católicos a no votar al PP y al PSOE, aunque primando la idea de que lo fundamental es no votar al PSOE. Es evidente que, algunos obispos, han introducido en el texto notas para un claro disentimiento con respecto a las posturas del PP en materia de Vida, Familia, Matrimonio... Cierto también que, para un número importantísimo de católicos, prácticamente para la mayoría, no existe esa ruptura y creen que el PP mantiene las mismas posiciones que la Iglesia en materia de Vida, Familia, Matrimonio. No es menos cierto que muchos obispos, encabezados por Antonio María Rouco Verela, entienden que es preferible el PP al PSOE.

   La nota de los obispos, leída textualmente, no ha sido tan rotunda como algunos han pretendido en su apoyo al PP. De hecho, han sido muchos los medios que han subrayado el hecho de que la "teórica" prohibición de voto para los católicos con respecto a algunas opciones afecta también al PP. Un efecto colateral que probablemente no tuvieron en cuenta alguno de los redactores.

   En un intento un tanto extraño de reconducir el debate, ha sido Martínez Camino el que salió, por dos veces en tres días, a tratar de reconducir hacia el PP el voto:

   Primero, tuvo que aclarar que cuando los obispos dicen que no se puede votar a quienes negocian con los terroristas no incluyen el tipo de diálogo que realizó el PP (aunque sin nombrarlo).

   Segundo, cuando le han preguntado por lo taxativo del texto en temas como uniones homosexuales (no por la utilización del término matrimonio) o defensa de la Vida desde su concepción hasta su fin natural, ha tenido que explicar que se debe aplicar la tesis del "mal menor", lo que invalida el absoluto irrenunciable que el Papa ha señalado a los cristianos.

   Finalmente, para tratar de salvar los muebles, el inefable portavoz de la Conferencia Episcopal, se ha escudado en la tesis de que ningún partido defiende realmente las tesis de la Iglesia, olvidando que no es el Evangelio el que se ajusta a los partidos, son los partidos los que, teóricamente, deben ajustarse al Evangelio si asumen el denominado "humanismo cristiano". Pudiera ser que el portavoz de la Conferencia Episcopal realizara una reserva mental, que Martínez Camino, en su argumentación, sólo contemplara la dicotomía PP-PSOE. La realidad es que sí existen grupos que están en política para defender esos puntos irrenunciables señalados por Su Santidad.

EN BUSCA DE LOS VALORES PERDIDOS

EN BUSCA DE LOS VALORES PERDIDOS

Alfredo AMESTOY

 

1. Los valores, en números rojos

 

   En el lenguaje bursátil, como en los frontones de pelota vasca, no está bien visto hablar de rojos. Los colores que distinguen a los contrincantes en la cancha son el azul y... el colorado; nunca el rojo, que eso aún recuerda a los perdedores de la Guerra Civil. Y en el parquet, para olvidar lo ocurrido en Wall Street en 1929, tampoco procedía hablar de números rojos. Se referían a ligeras pérdidas o a pérdidas generalizadas. Pero últimamente ya se empieza a utilizar números rojos para las pérdidas y verdes para las ganancias. Sirva la excusa no pedida para justificar la alarma por la profusión de números rojos que se observa en la cotización de los otros Valores.

   Luego repasaré la lista de valores en baja..., y en alza –que pocos, pero haylos–; aunque, ya que de números hablamos, mencionemos las dos cifras más representativas y que mejor refleja el crack moral que sufre este país. En este momento, en España, cada tres minutos se produce una ruptura matrimonial; y cada cinco minutos, un aborto. Éstos serían los dos números más rojos de la tabla. Y son los que más destacan, porque son como la punta del iceberg. O, mejor, como la punta de los cuernos que dicen que, junto con un gran rabo, luce el diablo... cuando va de uniforme. Porque aquí hasta el diablo ha colgado el uniforme y va de paisano.

   En España, más que al toro, tendríamos que coger al diablo por los cuernos, ya que este personaje, al que le hemos levantado en Madrid el único monumento que tiene en el mundo, campea aquí como Pedro por su casa y es el que parece mandar en el país. Porque, ¿quién sino él es quien ha provocado la caída de determinados valores?

   La verdad es que la maquinación, siempre diabólica, para alterar el precio de las cosas es un delito en España. La habilidad del Maligno para conseguirlo es proverbial. Su truco, sencillísimo: vender felicidad. Y es que, sobre el papel, ante la felicidad como valor supremo, el resto de valores quedan postergados y minimizados. La prueba es que la búsqueda de la felicidad figura como primer objeto y piedra angular de los ciudadanos en la Constitución norteamericana. Su búsqueda y su hallazgo. ¿Puede alguien renunciar a tan noble postulado? Parece que sí.

 

2. Lo prometido ya no es deuda

 

   Si fuera aficionado a la ruleta, mi pesadilla sería la desaparición de todos los números rojos. Ni es fijación ni manía persecutoria, pero lo rojo, que simula desaparecer de vez en cuando, aflora cuando menos lo esperamos. En la asignatura Educación para la ciudadanía se reedita, corregido y aumentado, aquel libro rojo de los escolares. Ha pasado tanto tiempo de aquel engendro –ahora dicen parida–, casi 30 años, que aquel libro bien pudo ser objeto de reflexión de aquel niño, hoy ya cuarentón, que tenemos al frente del Gobierno de España.

   Entonces, como ahora, se trataba de alterar los valores. Y que el profesor José Mana Valero, en su respuesta al libro rojo, que se tituló El otro libro –no rojo– de los escolares, describiera la situación que se quería favorecer e imponer, no deja lugar a dudas: Ceguera axiológica profunda; huída por sistema del esfuerzo; pérdida de la fe; desprecio a la familia, al matrimonio y a la autoridad; inmersión en la droga y en la sexualidad; desprecio de lo antiguo por antiguo. Y el autor añadía: «Es la escuela que quieren socialistas y comunistas. Nada de ideario, dicen. Con lo que implantan su ideario, que es no tener ninguno. Veintinueve años después hay que reconocer que, en gran parte, lograron su objetivo.

   ¿Qué es lo que ahora pueden pretender? La alteración de los valores es algo que ya han conseguido y, además, me empieza a parecer una frase hecha, un lugar común y un eufemismo que oculta un objetivo más perverso: la supresión de los principios. La axiología, que no sólo se adjudica el canon de los valores, sino que también juega el papel de árbitro, modifica, a veces, sin mala intención, el verdadero sentido que un valor, una virtud, tenía entre nosotros.

 

Honor... obliga

 

   En el caso de la popularidad que, por ejemplo, ha adquirido la autoestima, ha intervenido su uso y abuso a cargo de la pléyade de psicólogos argentinos que ofician en España. Pero esa palabreja no puede sustituir ni representar a nuestro amor propio, concepto de más amplia y honda significación en nuestra forma de entender la vida. Por cierto, la forma de entender la vida supera también al término cultura, que utilizamos para todo. Amor propio no sólo es distinto, sino que es más que autoestima. Como honor es más que lealtad.

   Para un anglosajón, la lealtad es suficiente, porque es de enorme valor, y el honor puede ser, para ellos, algo excesivo. El honor, más visigodo que romano, quizá el único valor acrisolado por cristianos, árabes y judíos, de común y total acuerdo, y que germina en el Renacimiento y eclosiona en el Barroco, ha sido hasta hace poco la clave de todas nuestras actuaciones. El sentido del honor ha impedido que, entre nuestros muchos defectos, destaque la traición. Por eso, aquí, más que grandes traidores hay pequeños, pero muchos, traicioneros.

   Y si a unos es la lealtad y a otros la nobleza la que les obliga, a nosotros era el honor el que acreditaba nuestros hechos y nuestras palabras. Así pues, la palabra de honor tenía la fuerza del juramento. Sustituido ya el juramento por la promesa, la palabra de honor es una pieza de museo tan rara como la Tizona de El Cid, el teléfono de Moscardó o el tricornío de Tejero.

   En esa Ley de la memoria histórica que algunos exhumadores quieren sacarse de la manga, antes que las reliquias de sus mondas, debían recuperarse valores en extinción como la palabra de honor.

   Nuestro pasado hebreo, tan presente y tan vigente, y que nos ha convertido por su obsesión prestamista, en el país más hipotecado del mundo, debía también –memoria histórica– recordarnos cómo la palabra, igual que ahora los pisos, se empeñaba. Y no en balde, en Hispanoamérica aún hablan de hipotecar la palabra.

   Aquí, hoy, a esta generación de jóvenes que vivirán hipotecados hasta su jubilación, les hablan de dar su palabra de honor como único requisito para hacer un trato, una operación comercial, y no lo podrían entender. Para ellos, palabra de honor es el nombre de un escote que suelen llevar muchas novias en su traje nupcial.

   Las novias, que antes eran prometidas, porque de palabra era como la gente se prometía amor eterno antes de pasar por la Vicaría. Para cumplir su promesa de matrimonio, miles de mujeres aguardaban el retorno del novio emigrante durante varios años; sin teléfono móvil para charlar de vez en cuando, sin Internet y sin apenas escribirse cartas. Por supuesto que lo prometido era deuda. Y la deuda había que pagarla.

 

No es lo mismo valer que costar

 

   Del mismo modo que en los negocios bastaba el apretón de manos y tomar algo para celebrarlo (que esto también tenía su rito y su nombre, el alboroque, y el' origen árabe de la palabra nos revela el tiempo de cuándo data esta costumbre, que se ha mantenido hasta finales del siglo XX), en el amor, no el beso, sino el hecho de cogerse la mano ya sellaba la promesa de matrimonio. Al menos en las Vascongadas, y así se constata en las letras de nuestras canciones. ¿Por qué ese gesto era suficiente? Porque se había dado valor a la palabra. el valor, el mérito –no el otro, el que se supone–, es algo que se da o se quita. Y, desgraciadamente, aquí nada puede hacer santa Rita.

   Nosotros tenemos el verbo valorar, y podemos dar valor a alguien o a algo, pero son los franceses los que acertaron plenamente con su expresión verbal mettre en valeur, que equivale, además de a valorar, a establecer valor, instituirlo.

   Sí, porque no es lo mismo valer que costar. Y, como en el chiste, no sería hoy mal negocio vender las cosas por lo que cuestan y comprarlas por lo que valen.

   En la otra Bolsa de valores ya dijimos antes que unos valores/virtudes bajan y otros suben, en medio de volatilidad sorprendente. Hay que comprender que, hoy, el mundo es de las mujeres. Y, como todo conquistador, lo primero que ha hecho la mujer es imponer su idioma. La mujer ha puesto en valor palabras que a ella le gusta pronunciar, escuchar o materializar; por ejemplo: tierno, cálido, cercano. En cambio, reciedumbre, magnanimidad, pundonor, honor... son virtudes a la baja, quizá por haber sido tan... masculinas.

   ¿Que una mujer puede también tener sentido del honor? ¡Claro que sí! Pero, igual que la prudencia era virtud más femenina que masculina, el honor –a veces por adjudicación– era privativa del hombre. La honra y la honradez eran prendas de mujeres. una mujer podía perder la honra. La mujer era honrada, y el hombre, honorable.

   No se tata de buscar el sexo a las palabras, como si fueran ángeles, pero las palabras nos pueden ayudar a resolver el gran crucigrama nacional, que, más que un damero de palabras cruzadas, es un rompecabezas.

   Las palabras de honor, los prometidos, o los deudos..., si desaparecen es porque ya hay muchas promesas sin cumplimiento y muchas palabras sin honor. Y, en lugar de deudos..., hay deudas.

   Cumplir la palabra o la promesa carece de valor, porque tampoco se habla de lo contrario, de romperla. Romper la palabra era una posibilidad y una determinación que se anunciaba.

 

La última promesa

 

   Como lo prometido ya no es deuda, la promesa incumplida juega el papel de falsa moneda que, como se sabe, siempre desplaza a las auténticas que hubiera y que deben retirarse de la circulación. Todo lo que toca la moneda falsa se devalúa y envilece...

   La pérdida de la confianza en la promesa política, en el compromiso del amor, en el valor del dinero, no contribuye a que éste sea un mundo más justo y más feliz. Pasan los siglos y aquí seguimos, sin pena ni gloria. A lo mejor tendrá que ser así, para que esperemos con más ganas el cielo que nos tienen prometido. Que, supongo, que esta promesa será cierta y que el cielo –¡no faltaría más que eso!– sea algo que valga la pena. ¿Valdrá la pena la gloria? Seguro que sí.

   A propósito... Hace tiempo que me pregunto cómo será el cielo. ¿Por qué no tratamos de imaginarlo?

 

3. El Cielo…, ¡ni te lo imaginas!

 

   Realmente es el único tema, asunto o negocio que merece la pena. Los jesuitas de Deusto –Deusto, la mejor universidad de Economía y Empresa–, a la salvación la llamaban el negocio de la salvación. O sea que, en Bilbao, igual que a la muerte se le llamaba el peor negocio, a la salvación se la consideraba un negocio magnífico.

   ¿Quién lo puede poner en duda? Se trata de la mejor inversión. A cambio de un brevísimo tiempo de ciertas renuncias, algunas obras buenas y de querer a los demás, como te quieres a ti, así de sencillo, toda una eternidad, o sea, in secula seculorum, de plena felicidad, con todo el bien sin mezcla de mal alguno. Esto sí que es una buena operación, un pelotazo muy superior a comprar el Palacio Real por un euro. Y ésta no es una hipoteca de esas que uno paga para que la disfruten los herederos. Esto es algo –lo único– que nos vamos a llevar al otro mundo.

   Entonces... ¿qué pasa? ¿Por qué no hay colas para hacer este negocio, como las hay para sacar el carnet de conducir, para el pasaporte, para obtener el permiso de residencia y poder vivir y trabajar en España? No es fácil la respuesta. Pero, después de mucho meditar, he llegado a la conclusión de que la gente no se preocupa en absoluto del último viaje y de asegurarse un futuro sin problemas, porque no lo ve claro. Porque para ese viaje no se necesitan alforjas..., ni papeles. No hay que rellenar impresos, ni firmar solicitudes, ni pasar la tarjeta de crédito. Es decir, la gente no se fía ahora de lo que es gratis, ni de un trámite en el que no hay documentos, ni escrituras, ni notarios, ni registradores...

   Naturalmente, la Iglesia nos podría decir que ¡claro que hay documentos y escrituras! ¡Nada menos que las Sagradas Escrituras! Y firmadas por muy acreditados notarios. Y es verdad. Pero la Biblia tiene mucha letra pequeña. Y ya se sabe que nadie lee la letra pequeña La razón: quizás porque en la letra pequeña –en contratos y en prospectos– siempre se dice lo que no se debe hacer y se advierte de riesgos, incompatibilidades o contraindicaciones.

   En cuanto a la letra grande, tampoco parece que se lee demasiado. Como nos descubre Benedicto XVI en su Jesús de Nazaret, si hay algún mensaje claro, y reiterado con insistencia, ése es la promesa del reino de Dios, concepto repetido 122 veces en los evangelios, para que nadie pueda alegar que él no se enteró.

 

Ver o no ver: ésa es la cuestión

 

   Lo que Jesús promete, el reino de Dios, es como el negocio turístico, un destino, un lugar donde finaliza el viaje. Porque aquí hay viaje. ¿Y cuál es el paquete de la oferta? Pues resucitar, que es algo que no incluye agencia alguna. Naturalmente, para resucitar hay que morirse antes. Esto se da por hecho, y ni figura en los contratos

   Lo que sí figura en el contrato cristiano es que, para entrar en el reino de Dios, en el Cielo, hay que arrepentirse de todas la fechorías y las barrabasadas que hemos podido hacer, y sólo con el corazón más limpio que una patena podremos ver a Dios. Esto, como es muy duro –muy fuerte, muy fuerte– es como si fuese la letra pequeña del contrato, y nadie la quiere leer. A este epígrafe le pasa lo mismo que al seguro de viaje, que, al ser un poco caro, pocos lo suelen suscribir, pretextando que todo puede ocurrir, pero lo más probable es que nada ocurra. Es decir, hacerse o no hacerse con un seguro, en el fondo, es hacer una apuesta. Así funcionan los seguros de vida, las rentas vitalicias y todo lo que, como el casamiento y la mortaja, del cielo baja.

   O sea que reservar plaza en el reino de Dios..., ¿es una apuesta? Teóricamente, sí. Puesto que hay que creer en esa oferta y hay que tener fe. Fe es, por definición, creer en lo que no vimos. Y, posiblemente, tan importante como la duda hamletiana, ver o no ver sea la cuestión. Hoy y siempre. En el minucioso inventario que del Nuevo Testamento hace el Papa, sobre que hay 122 alusiones al reino de Dios, cuánto pan multiplicó, o qué cantidad de agua convirtió en vino –exactamente 520 litros–, debían constar también las múltiples ocasiones en que Jesús hace referencia a los ojos, a la vista y a la visión, consagrando la alta función, la más espiritual, que el Creador otorgó al órgano no en balde considerado espejo del alma.

   Si aquí el alto precio, la dura prueba, es creer sin ver, el gran premio será, curiosamente, ver. Porque la unanimidad y la coincidencia entre teólogos, Padres de la Iglesia y Papas en torno a esta cuestión es asombrosa.

 

San Pablo redactó el mejor anuncio sobre el Cielo

 

   Por ejemplo, han pasado casi siete siglos desde Benedicto XII a Benedicto XVI, y este Papa mantiene lo que escribió su predecesor en la Constitución Benedictis Deus, del 29 de enero de 1336, cuando aún ni Copérnico, ni mucho menos Galileo, habían demostrado que la Tierra era redonda y se movía: «Los bienaventurados ven a Dios. Pero, ¿qué es lo que ven? Ven la divina esencia con visión intuitiva y aun facial y, viéndole de este modo, gozan de la misma divina esencia, y con tal visión y gozo son verdaderamente bienaventurados».

   Esta visión facial la había anticipado san Pablo en la Primera Carta a los Corintios, cuando precisa que le veremos cara a cara. Y es en la misma Epístola donde mejor se concreta y más se materializa el espectáculo, poniendo sonido a la luz y convirtiéndolo en audiovisual.

   Un publicitario no redactaría mejor el anuncio de una producción de Broadway: Ni ojo vio, no oído oyó, ni pasó al hombre por el pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman. Cuidado: no sólo hay luz y sonido, sino que hay cosas preparadas. Es decir, para que lo entendamos todos, además debe haber un buen catering. No es irreverente pensar que la Gloria, en resumidas cuentas, es como un lugar donde todos los días hay una gran fiesta, una boda fabulosa. No olvidemos que no ha habido boda como la de Caná y que, a pesar de Judas, la cena que quiso celebrar el Señor es la cena más importante de la Historia. Luego hay que suponer que las celebraciones celestiales serán memorables.

   La pena es que en la Gloria nada puede ser memorable, porque allí no existe la memoria histórica. En la eternidad no existe ya ni el futuro ni el pasado. Sólo Dios es sempiterno, pero hasta lo eviterno –que es lo que ha tenido un principio, como los propios ángeles– se convierte en eterno.

   Al margen de figuraciones y transfiguraciones, no olvidemos la gran Transfiguración, que fue el único anticipo celestial, una pequeña muestra que Jesús ofreció a los enchufados de siempre, Pedro, Santiago y Juan, y que les pareció tan fantástico que querían quedarse para siempre en el monte Tabor, no sabemos si renunciando a probar bocado.

   La verdad es que, como también les ocurre a los flamencos, los bienaventurados no comen. Ni comen ni beben. Por una sencilla razón que se explica en el Apocalipsis: «Ya no tendrán hambre, ni sed, ni descargará sobre ellos el sol ni el bochomo».

 

En el Cielo no se come

 

   San Juan –que, por cierto, tal y como les pidió Jesús, guardó el secreto de lo que pasó en el Tabor, y en su evangelio silencia todo lo que vio allí– no da pistas que nos permitan comprender la inmaterialidad y la resurrección al mismo tiempo, que no se limita a las almas, sino que incluye los cuerpos.

   La ausencia de hambre y, por tanto, la supresión de la comida, que nunca desdeñó el Señor, y lo destaca Benedicto XVI en su Jesús de Nazaret, no se compadecen con la importancia que Él quiso conceder al pan, gran protagonista evangélico, como metáfora y como realidad (en las tentaciones, en los milagros y, naturalmente, en la Eucaristía). El pan nuestro de cada día no nos lo tendrá que dar Dios hoy..., porque en el Cielo no existirán ni el hoy ni el mañana. Pero ya se sabe que en el mundo judeocristiano nos cuesta renunciar a los placeres de la mesa.

   El Cielo –el menos oscuro y más confesable objeto de deseo– es una página en blanco donde todo el mundo puede fabular sus historias. Y uno mismo tiene publicadas algunas de ellas. Hipótesis como, por ejemplo: ¿Van los animales al cielo?; El encuentro en el Cielo de Tip y Coll; o la cuestión más importante: En el cielo no hay televisión.

   Esta última afirmación está en la línea de la que hizo Álvaro de la Iglesia en su celebrada novela En el cielo no hay almejas, otra preocupación por la cocina en la Gloria, argumento tan recurrente en la gastronomía terrenal, donde a lo más delicioso se le llama gloria bendita, y tantas especialidades de la cocina conventual reciben el nombre de glorias, siendo el producto más paradisíaco el tocino de cielo.

   El humor ha encontrado también en el Cielo uno de los mejores decorados para situaciones divertidas e infinidad de chistes, pocas veces con malicia y siempre con simpatía, prueba evidente de que para todo el mundo, incluidos los intelectuales más descreídos, el Cielo es, si no un destino real, tabla de salvación, sí la ínsula barataria, la Arcadia feliz, o el ShangriLa.

   La necesidad de materializar el anhelo y convertir la utopía en algo al menos virtual nos lleva, a veces, a las versiones más histriónicas. La autora católica Rebeca Reynaud cuenta que un amigo se preguntaba, en broma, cómo sería el Cielo. E imaginó lo mejor: que allá los cocineros serán franceses; los mecánicos, alemanes; la policía, inglesa; los trovadores, italianos; y los organizadores, suizos. A diferencia del infierno, donde los cocineros son ingleses; los trovadores, suizos; la policía, alemana; los mecánicos, franceses; y la agencia organizadora es italiana.

   A propósito de la agencia de viajes, lo que está claro es que, al igual que no hay billetes de ida y vuelta al Cielo, ni viajes en grupo, ni vuelos charter, ni excursiones de jubilados, como el billete es individual y el viaje puede ser a la carta, a la medida, muy personalizado (como se dice ahora), el Cielo sea también algo muy particular. A lo mejor hay libertad para imaginar cada uno su Cielo, porque, lo mismo que no hay dos sueños iguales, también el Paraíso de cada uno puede ser diferente. Qué fea me parece la tierra cuando miro al cielo; y Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida esperó, que muero porque no muero... San Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús miraban al mismo Cielo, pero a lo mejor el Cielo que veían era distinto.

 

El cielo de musulmanes, budistas..., y nuestro séptimo cielo

 

   Tampoco es el mismo el Paraíso que aguarda a los musulmanes que el que esperamos los cristianos. Ni el nuestro tiene algo que ver con el de los budistas, un Cielo de veintisiete pisos, más alto que el nuestro, que no tiene más que siete, porque el no va más, la llamada corte celestial, con el Pantocrátor, los serafines, tronos y dominaciones, estará –digo yo, no me hagan mucho caso– no en el tercer cielo, hasta donde fue arrebatado san Pablo, sino en el séptimo cielo: el panangelicum. Todo lo contrario del pandemonium, que estará en el séptimo infierno.

   De tejas arriba, la proximidad de los ángeles quizá sea, después de la visión de Dios, el aspecto más sugestivo. No olvidemos la definición oficial del Cielo: Mansión en la que los ángeles, los santos y los bienaventurados gozan de la presencia de Dios. Los ángeles son los primeros vecinos de la mansión. Moisés, Elías y todos los profetas, serían muy posteriores; y los apóstoles..., unos recién llegados.

   Si en la escena del Gólgota incorporamos al tercer personaje, al tercer crucificado, ya la emoción pierde dulzura y adquiere patetismo. Es la demostración de que el Paraíso tiene puertas que no están abiertas de par en par. Hay que recordar, junto a las promesas, las advertencias. Por ejemplo: «Si no sois mejores que los escribas y los fariseos no entraréis en el reino de los cielos».

   No sé si es acertado referirse ahora a un matiz que a uno le parece interesante: el buen ladrón y el mal ladrón no encarnan el premio y el castigo de forma radical. El extremismo no puede caber en la justicia divina, como no cabe en su obra, en la propia Naturaleza, donde no existen la noche ni el día absolutos. No termina de anochecer, cuando ya empieza a amanecer.

   Entre el castigo severo y el premio gratuito hay algo que Jesús utiliza en una ocasión especialísima. Tras proclamar las Bienaventuranzas, y como resumen y corolario, exclama: «Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa es grande en el Cielo». ¿Y qué se va a recompensar? Quizás el amor y sólo el amor. Que es de lo que vamos a ser examinados al atardecer.

   Se habla de la gran generosidad del Señor. Dicen los estudiosos que Cristo, en muchas de sus intervenciones, tiende a sobrepasar la necesidad. Lo mismo en el vino del milagro de la boda que en el pan y en los peces de la multiplicación. Y no deja de ser una tremenda magnanimidad la mostrada en el pago de los salarios, en el trato indulgente al hijo pródigo y, más aún, en el desconcertante anuncio de que los últimos serán los primeros.

   De regir este criterio en el Paraíso, alguien que llegara hoy allí, ¿podría estar tan cerca de Dios como los propios apóstoles? Esta cuestión ha interesado a los teólogos que, además de coincidir en la existencia del filtro para una plena purificación, que eso debe ser el famoso purgatorio, subrayan que la gloriosa beatitud y la esperada lumen gloriae, con la visión de Dios y la consiguiente delectación o gozo, se alcanzará sólo tras el Juicio universal. Respecto a este Juicio se ha especulado que sería –que será– el medio para equiparar a las almas de los nacidos antes y después de la redención de Jesucristo.

 

En la tierra también podemos preverlo..., y probarlo

 

   Todo es comprensible, incluso ese juicio particular previo, antes de obtener la gloriosa beatitud, tras la resurrección de los cuerpos. Cuerpos que –aquí está la plenitud celestial– gozan ya de impasibilidad –el cuerpo ofrece total sumisión al alma–, claridad –el cuerpo se torna lúcido y traslúcido–, agilidad y sutilidad. Ingrávido, el cuerpo adquiere, además, penetrabilidad, y se cita el ejemplo del cuerpo de Cristo, que no encontró resistencia para penetrar con las puertas cerradas en el interior del Cenáculo.

   Naturalmente, este espectáculo, de miles y millones de seres, ya almas en gloria, desborda la imaginación humana, incapaz de concebir tanta maravilla. No hay realidad virtual capaz de recrear ese ámbito. Quizás, como hemos dicho antes, corresponde a cada uno imaginar su Cielo particular. Será el que más se aproxime al que uno desearía. Porque el Cielo, que siempre puede esperar, nos espera. ¿O es cierto que, lo mismo que solemos decir que aquí está el infierno y aquí pagamos muchas de nuestras culpas, también tenemos aquí un poquito de Cenáculo...? Podemos preverlo y, con suerte, probarlo.

   Las palabras de san Pablo, las más explícitas y expresivas sobre la gloria eterna, hablan también, según la Iglesia, de nuestra vida sobre la Tierra, en el sentido de que aquí puede estar el comienzo del Cielo, en la paz, el perdón y la unión con Cristo. Algo de esta eterna alegría brilla ya en medio de los cuidados y angustias de la vida. De modo pleno florecerá en el Paraíso que tenía Dios ante los ojos al crearnos. Y escrito está: «El reino que para vosotros está preparado desde la creación del mundo». Amén. Y que ustedes y nosotros lo veamos.