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Bitácora PI

DEBATE FOTOGRÁFICO

DEBATE FOTOGRÁFICO

Serafín FANJUL

 

   Hace unos días, Esteban González Pons, uno de los peperos encumbrados por el dedo de Rajoy y personaje que infunde desconfianza en cuanto abre la boca (yo no le compraría ni una barra de pan), nos cantaba la palinodia por enésima vez con motivo de la salida de la cárcel del asesino De Juana Chaos: "Es un deshonor para la democracia", "Una humillación para las víctimas", "La sociedad ha fallado"... hasta llegar al último refugio en el que todo se diluye y nadie debe responder por nada: "Todos somos culpables".

   Pues no, don González, un servidor y la inmensa mayoría de los españoles no somos responsables de que el criminal se vaya de rositas. Sí lo son los políticos que abolieron del Código Penal anterior los aspectos más duros con los delincuentes mientras reforzaban las garantías para que se sigan riendo de nosotros; y también lo son los juristas que día sí y día también insisten en poner en la calle a forajidos y gentuza sin entrañas agarrándose a especiosidades chistosas: al uno porque dice sufrir depresiones en la cadena, al otro porque asegura estar enfermo y a otra -¡qué jueces tan cariñosos!- para que pueda quedar embarazada en un clima psicológico propicio.

 

   Enternece tanta dulzura dedicada a asesinos asquerosos, aunque no tanto como el burladero que se han buscado jueces y políticos: el llamado Código franquista, un burladero de talanquera doble. La primera, esgrimida triunfalmente por pesoes y peperos, es achacar la reducción de penas a aquella compilación legal, por supuesto olvidando que si se aplicara aquel Código, hace años que se habría ejecutado al De Juana, con lo cual nadie se acordaría de él, ni estaría en situación de burlarse de nosotros. Demasiado arroz para tan poco pollo, pero habría sido así. Mas ya ni siquiera se trata de reimplantar la pena de muerte, tan sólo se reclama por parte de algún padre destrozado (los de Mari Luz Cortés o Sandra Palo, por ej.) o algún jurista consciente de sus obligaciones (hay algunos) que se instaure la cadena perpetua, y lo dicen a medio gas, en voz bajita, al aclarar: "revisable". No se atreven a pedirlo con rotundidad por la mala imagen que le han creado entre progres y tontines de la derecha, aunque, gran paradoja, una mayoría sustancial de españoles está a favor de imponerla a criminales especialmente repulsivos.

 

   La segunda línea del burladero consiste en aseverar campanudos que "nuestro ordenamiento jurídico", o "nuestra Constitución", no admiten la posibilidad de cadena perpetua -como si fuese la palabra de Dios-, de forma que los escasos juristas que dan la cara se dedican a argumentar en terreno de leguleyos, buscando resquicios por los que colar la medida, en vez de cortar por lo sano y poner el asunto en los términos que entiende la gente a la perfección y en los que tendrían el apoyo popular: si hay que cambiar un párrafo, o dos, de la Constitución, se cambian, ¿dónde está el problema?
   Sin embargo, lo más gracioso -en algo tan trágico- es que unos días después de haber González Pons cargado la responsabilidad del "fracaso de la Justicia" sobre el "todos somos culpables", se descuelga su compadre Federico Trillo -crisol de lealtades y de prudente verbo- desengañando al personal: olvídense de la cadena perpetua, ése no es el debate, nosotros, los que sabemos, ya hemos decidido que no, que no hace falta y etc. Así pues, en tanto don González lloriquea difuminando responsabilidades, su amigo don Trillo nos conmina a abandonar toda esperanza: la Justicia y la legislación son suyas, de los políticos, y no van a remover sus pasteleos -con lo peligroso que eso es- porque asesinen a una niña, o a cincuenta, o porque al De Juana le hayan salido baratos sus veinticinco trofeos. Aquí, lo importante de verdad es la fotografía, pero si los mandarines y propietarios de la política y la justicia se oponen a la perpetua, que se opongan y se retraten, pero sin el padre de Mari Luz Cortés.

KIRCHNER: UNA DERROTA INNECESARIA

KIRCHNER: UNA DERROTA INNECESARIA

Alberto BUELA

 

   Es fácil hablar después que el sol se puso, pero la filosofía como el búho de Minerva sale a volar a esa hora. No es una actividad de adivinos ni de horoscoperos sino siempre, en su uso sano, se ocupa de lo que es pero y sólo recién a partir de allí- de la realidad- intenta barruntar lo que puede ser.

   La derrota primero en las calles, creando un acto paralelo hace dos días, que le salió como la mona pues la gente del campo lo triplicó en asistencia. Un acto lanzado como presidente del PJ cuyo palco estaba cubierto con gente de saco y corbata, más propia del funcionario público que de peronista, mientras que "los descamisados" estaban en el palco del campo. Un acto sin alegría y donde los oradores previos a él hablaron por compromiso y sin convicción.
   Y en segundo lugar, hoy por la madrugada, el senado le votó en contra el proyecto de ley de retenciones móviles a las exportaciones de granos.

 

   ¿Cuál es la causa de esta derrota doble?. Un error gravísimo de conducción política, más allá de las fallas morales como son la prepotencia, el mal carácter y el orgullo.

   Kirchner se equivocó dos veces seguidas. Cometió, por un problema seguramente de falta de formación política (a Perón lo leen anecdóticamente) dos fallos garrafales. Primero: valoró o estimó mal las fuerzas del enemigo (la oligarquía ganadera ¿?) y segundo: estimó mal las fuerzas propias (los senadores cuando no hay un proyecto político que los contenga pertenecen a la Nación).

   Fue una derrota innecesaria porque existieron varios momentos en esta disputa de cuatro meses de duración en donde Kirchner como conductor pudo haber mostrado cintura política y llegar a una solución negociada. No fue así, se encaprichó en una decisión inamovible que lo llevó a una derrota que bien se podría haber evitado.

   Esto deja dos consecuencias principales: a) Arrastra al gobierno de su mujer, Cristina Fernández, que para seguir vivo tiene que cambiar, o mejor aun, crear una estrategia propia y b) profundiza el desprestigio del peronismo fabricando más gorilas en la sociedad.

   Respecto del primer punto lo más lógico es que Cristina Fernández reacomode su gabinete gubernamental y considere que los ministros heredados de su marido, siguen siendo de su marido y no de ella.
   Y en cuanto al segundo punto es dable notar que en este último mes, a partir de su asunción como presidente del PJ, Kirchner ha producido más antiperonismo que conversos. Los otros 70 miembros del Consejo del Partido deberían tomar nota de este dato irrecusable, pues lo lleva a la ruina.

UNICEF, OMS Y EL ABORTO: LAS PRUEBAS A TU ALCANCE

UNICEF, OMS Y EL ABORTO: LAS PRUEBAS A TU ALCANCE

Bitácora PI

 

Enlaces a los sitios oficiales de esas organizaciones donde ellos mismos lo confirman

      1º.- Completo manual de la OMS sobre práctica del aborto llamado "Aborto sin riesgos": métodos de aborto, instrumentación necesaria, etc. La guía no tiene desperdicio, incluye la negación de secuelas (pág. 43), cómo montar o mejorar un abortorio (56), cómo "derivar" a las embarazadas (66), incluso recomendaciones para combatir "barreras legales" (93).

   Además, es muy rica en eufemismos: el aborto es llamado "aborto sin riesgos"; los centros donde se practica son "servicios seguros"; quienes lo practican son "proveedores".

 

     2º.- Tanto en el buscador de la OMS (http://www.who.com/) como en el de UNICEF (http://www.unicef.com/), pueden encontrarse cientos de documentos propios donde el aborto es conceptuado como un derecho más de la mujer a su salud ("salud reproductiva").

 

     3º.- En el libro de la OMS "Implantación de la maternidad segura en los países", figura una relación del instrumental obstétrico recomendado (ver puntos 7 y 8), numerado por la propia organización, donde no faltan el aspirador y otros instrumentos necesarios para practicar abortos, como el decapitador Braun, el perforador craneal Simpson, etc.

 

     4º.- Un documento de UNICEF, la organización internacional que defiende la infancia, llamado "Salvando vidas de mujeres" donde figura el equipo médico EMOC (siglas de "cuidados obstétricos de emergencia"). En su página 91 podemos ver todo el instrumental necesario para practicar abortos, bajo los epígrafes de "equipos para craneotomía", "equipos de evacuación uterina" y "equipos de aspiración manual".

 

     5º.- El plan de suministros hospitalarios de UNICEF para 2007 donde no faltan, comprados por miles de unidades, los instrumentos para realizar abortos (pág. 2): 1.500 aplastacráneos Braun, 1.500 decapitadores Braun, succionadores, etc.

   UNICEF es esa respetable organización internacional que protege la infancia y se publicita con las fotos de niños vivos, cuando paradójicamente se dedica a matarlos. ¿No te dejes engañar por su propaganda falaz. No colabores de ninguna forma con UNICEF y, por supuesto, no vuelvas jamás a comprar sus tarjetas de felicitación en Navidad.

BICENTENARIO ARGENTINO

BICENTENARIO ARGENTINO

Mario MENEGHINI

 

 Exposición realizada en la Tertulia de los Caballeros de Don Bosco, Córdoba, 12-7-2008.

 

      1. Es importante analizar el tema que nos convoca hoy, puesto que se están programando actividades para celebrar en el 2010 el Bicentenario de la Argentina; en un momento de profunda crisis en el país. Aunque, como señala Mons. Aguer: "lo propio de la Argentina es, al parecer, vivir en crisis permanente y que, en todo caso, eso ya no puede llamarse crisis sino decadencia" (1) . Agrega el Arzobispo de La Plata: "Lo que hoy pareciera más notable es un clima de irritación, de división, de descontento, de protesta, de queja, una especie de atomización social que estamos padeciendo". Estos síntomas evidencian que está debilitada la concordia, factor imprescindible para que exista una nación en plenitud, y para que se cumpla el anhelo de la Oración por la Patria: el compromiso por el bien común.

 

     2. El doble centenario de un país, es ocasión propicia para reflexionar en profundidad sobre los problemas y la mejor manera de superarlos en el futuro, de allí que sea razonable que se hable de un Pacto del Bicentenario. Pero, en primer lugar, debemos precisar los términos, puesto que, en realidad, se trata de un aniversario equívoco, por lo que es necesario distinguir dos aspectos involucrados en esta celebración. En efecto: ¿el bicentenario alude a la nación o al Estado argentino?

 

     3. Si se toma la expresión Nación Argentina como equivalente a Estado Argentino, es necesario decir que el mismo no quedó constituido el 25 de mayo de 1810, fecha en que se formó un gobierno propio, pero provisorio, hasta que el Rey Fernando VII - que estaba preso de Napoleón - reasumiera su corona. El Estado Argentino sólo surgiría seis años después, con la Declaración de Independencia. En efecto, al asumir sus cargos los integrantes de la Junta Provisional Gubernativa, consta en el acta de acuerdos del Cabildo: "el presidente [Saavedra], hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar lealmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano Fernando VII y sus legítimos sucesores y guardar las leyes del Reino...".

 

     4. Por otra parte, si se toma la expresión Nación Argentina en su sentido sociológico, como conjunto de personas que conviven en un mismo territorio y poseen características comunes: étnicas, lingüísticas, culturales, históricas y religiosas, y manifiestan el deseo de continuar viviendo juntas; la Argentina ya estaba consolidada antes del 25 de mayo. A partir del 29 de junio de 1550, con la fundación de la ciudad de Barco -la actual Santiago del Estero- comienza la lenta formación de nuestra nación. Consideramos que en ocasión de las invasiones inglesas, quedó en evidencia que la Argentina como nación estaba ya consolidada pues:

 

       I ) Existía ya en el territorio del Virreynato del Río de la Plata, mayoría de criollos, algunos de los cuales, como Saavedra y Belgrano -integrantes de la Primera Junta-, desempeñaban funciones públicas de importancia.

 

       II ) Existía, como lo afirma el sociólogo Guillermo Terrera, una cultura criolla argentina que para 1750, tenía caracteres propios y definidos.

 

      III ) No existían en número suficiente tropas profesionales para repeler el ataque extranjero, de modo que la resistencia estuvo a cargo de las milicias criollas y de los vecinos que se sumaron voluntariamente a la lucha. Sería impensable que esto ocurriera en una sociedad cuyos integrantes se conformaran con ser una colonia. Precisamente, la decisión masiva  de los criollos de combatir, revela a un pueblo con identidad propia que asume la  defensa de  su tierra, pese a la ausencia del Virrey, que se había replegado a Córdoba.

 

     IV ) Si queremos fijar en una fecha la vigencia de la nacionalidad argentina, la que corresponde es la del 12 de agosto de 1806, cuando se produce la Reconquista de Buenos Aires. Con buen criterio, en Salta se ha constituido una comisión de homenaje a "La década del bicentenario argentino: 2006-2016".

 

      5. Desde el comienzo de la vida independiente, el Estado Argentino fue el marco formal de una sola nación, por lo que ambos aspectos mencionados están estrechamente vinculados; a lo que puede agregarse que uno de los factores concurrentes en el  debilitamiento de la nación, es la desaparición del Estado.

 

     6. El Dr. Marcelo Sánchez Sorondo ha estudiado el tema (2), y conviene conocer su argumentación. Sostiene este autor, que todo Estado incluye un gobierno, pero no todo gobierno implica que existe un Estado. El Estado es una entidad jurídico-política, que surge recién en una etapa de la civilización, como complejo de organismos, al servicio del bien común. Supone una delimitación explícita del poder discrecional; si un  gobernante puede afirmar "el Estado soy yo", queda demostrada la inexistencia de un Estado. Pues la hipertrofia del poder personal, sin frenos, es un síntoma de la ausencia de un Estado.

   En toda institución -y el Estado es la de mayor envergadura en un territorio determinado-, el dirigente se subordina a la finalidad perseguida y a las normas establecidas. "No hay Estado si el contexto político y el orden jurídico que lo encuadran son una ficción y por momentos una superchería. Cuando el poder no se emplaza en la órbita de las instituciones sino que se adscribe a una tipología grupal o meramente personal, entonces no se alcanza ese nivel de civilización política que implica la existencia en plenitud, la plenipotencia del Estado" (3). El gobierno no encuadrado en un Estado, es errático y caprichoso; sirve únicamente para el enriquecimiento e influencia individual de los gobernantes, que no pueden lograr el funcionamiento eficaz de la estructura gubernamental. De allí la paradoja de culpar al Estado de todos los problemas, cuando el origen de los problemas es la ausencia del Estado.

 

     7. En síntesis, la Argentina no tiene Estado, sólo gobiernos. Pero, para intentar demostrar esta tesis, es necesario profundizar en las notas características que distinguen a un Estado contemporáneo, más allá de las formalidades constitucionales y del tipo de gobierno establecido. Para ello, utilizaremos el esquema del Profesor de Mahieu (4) quien define al Estado como el órgano de síntesis, previsión y mando, de una sociedad territorialmente delimitada, que procura el bien común. Es decir, que sólo puede calificarse de Estado, aquel que cumple las tres funciones básicas señaladas.

 

A. La función de síntesis. La unidad social es el resultado de la interacción de las diversas fuerzas sociales constitutivas, síntesis en constante elaboración por los cambios que se producen en los grupos y en el entorno. La superación de los antagonismos internos no surge espontáneamente; es el resultado de un esfuerzo consciente por afianzar la solidaridad sinérgica a cargo del Estado. A semejanza del director de orquesta, es el Estado el que logra crear "una melodía social unitaria y armoniosa" (5). El poder estatal tendrá legitimidad en la medida en que cumpla dicha función, garantizando la concordia política.

 

B. La función de planeamiento. El Estado centraliza la información que le llega de los grupos sociales; recopila sus problemas, necesidades y demandas. Los datos son procesados y extrapolados en función de los fines comunes, fijados en la Constitución Nacional y en otros documentos, que señalan los objetivos políticos y los valores que identifican a un pueblo. Con mayor o menor intensidad, según el modelo gubernamental elegido, es en el marco del Estado donde debe realizarse el planeamiento global que establezca las metas y las prioridades en el proceso de desarrollo integral de la sociedad, en procura del Bien Común. Por cierto que, en una concepción jusnaturalista, el planeamiento estatal sólo será vinculante para el propio Estado, y meramente indicativo para el sector privado. La autoridad pública no debe realizar ni decidir por sí misma "lo que puedan hacer y procurar las comunidades menores e inferiores", en palabras de Pío XI. Pero, debido a la complejidad de los problemas modernos, el principio de subsidiariedad resulta insuficiente para resolverlos sin la orientación del Estado, que mediante el planeamiento se dedique a "animar, estimular, coordinar, suplir e integrar la acción de los individuos y de los cuerpos intermedios" (6).

 

C. La función de conducción. La esencia de la misión del Estado es el ejercicio de la autoridad pública. La facultad de tomar decisiones definitivas e inapelables, está sustentada en el monopolio del uso de la fuerza, y se condensa en el concepto de soberanía. El gobernante posee una potestad suprema, en su orden, pero no indeterminada ni absoluta. El poder se justifica en razón del fin para el que está establecido y se define por este fin: el Bien Común temporal.

 

      8. Si un Estado no posee, en acto, estas tres funciones, ha dejado de existir como tal o ha efectuado una transferencia de poder en beneficio de organismos supraestatales, o de actores privados, o de otro Estado. Ésta es, precisamente, la situación argentina, pudiendo citarse la opinión de tres intelectuales prestigiosos:

* Dr. Jorge Vanossi (siendo Ministro de Justicia): "La Argentina es un Estado debilucho, que está al borde de la anomia..."(La Nación, 17/3/02).

* Dr. Manuel Mora y Araujo: "...el Estado argentino no funciona. No cumple su papel, no brinda a la sociedad los servicios que se esperan de él..."(La Nación, 20/3/02).

* Dr. Natalio Botana: "...podemos llegar a una conclusión provisoria muy preocupante: que tenemos una democracia en un país sin Estado y sin moneda." (Clarín, 28/4/02).

 

   La Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, al analizar el reciente conflicto con el campo (26-6-08), cuestiona en su dictámen el "grave deterioro del sistema institucional que diluye la firmeza propia de un auténtico Estado de Derecho".

   Como hipótesis, nos animamos a decir que el Estado argentino dejó de funcionar como tal a partir de junio de 1970, pues, aplicando el esquema teórico expuesto, podemos advertir que desde  la fecha indicada resultaron afectadas las tres funciones básicas.

 

    9. En conclusión, si es correcto el análisis, la prioridad absoluta consiste en restaurar el Estado, y procurar que actúe eficazmente al servicio del bien común. Ello no ocurrirá como consecuencia necesaria de elaborar un buen diagnóstico. Por eso, decía Don Ricardo Curutchet: "No basta con denunciar que se pierde la Argentina, es necesario actuar para contribuir a salvarla". Es insensato confiar en que, precisamente en el momento más difícil de la historia nacional, podrá producirse espontáneamente un cambio positivo. Sólo podrá lograrse si un número suficiente de argentinos con vocación patriótica, se decide a actuar en la vida pública buscando la manera efectiva de influir en ella. Un dirigente político no puede limitarse a exponer los principios de un orden  social abstracto. La doctrina tiene que estar encarnada en hombres que cuenten con el apoyo de muchos, formando una corriente de opinión favorable a la aplicación de la doctrina. Debe encararse con seriedad la preparación de un Proyecto Nacional y la constitución de equipos aptos para aplicarlo.

 

     10. Desde hace cuarenta años se menciona frecuentemente el tema del proyecto nacional, aludido como un elemento imprescindible para superar la crisis argentina, y se alega que la carencia del mismo es uno de los factores de dicha crisis. Sin embargo, son escasas las propuestas realizadas en orden a la elaboración de un proyecto concreto.

La expresión proyecto nacional ha sido definida como: "un esquema concreto y coherente de objetivos, instrumentos y distribución de responsabilidades, conocido, aprehendido, consentido y aceptado por la colectividad o por su mayoría efectiva y políticamente significativa y perdurable, las cuales se sienten entonces identificadas con él" (7).

 

     11. Si analizamos los antecedentes argentinos, comprobamos que existen notables coincidencias en todos los documentos existentes; en especial, en los dos que fueron impulsados desde el Estado. En efecto, tanto el generado por el Ministerio de Planeamiento (1977), como el que fuera leído por el Presidente ante la Asamblea Legislativa, tres años antes, parten de una cosmovisión similar. Aluden a una cultura "cuyos valores fundamentales reconocen como fuente el acervo religioso y moral del Cristianismo, el saber filosófico de la Grecia clásica y la tradición político-jurídica de la antigua Roma" (8).

 

      Los Principios básicos, sostienen que (9):

    -El hombre es una persona, creada por Dios, dotada de cuerpo y alma, y poseedora de un destino trascendente.

   -El hombre no se basta a sí mismo, sino que necesita de la sociedad. Esta es una pluralidad de personas unidas moralmente de manera estable, para la consecución del bien común. La sociedad humana es una sociedad de sociedades.

   -La primera de esas sociedades naturales es la familia. Su constitución y su desarrollo responden -como los derechos humanos- a leyes naturales anteriores a toda organización social.

  -Más allá de la familia, las necesidades, intereses y aspiraciones de tipo económico, social, cultural o religioso, impulsan al hombre a agruparse en sociedades intermedias, con el fin de defender y promover bienes comunes particulares.

  -La historia y la geografía crean, sobre la base de las familias asentadas en un territorio, una comunidad étnica y ética, la nación, fundada en la lengua, la historia, la cultura, las costumbres y las aspiraciones comunes. Es una comunidad de destino en lo universal.

  -Sin confundirse con la nación, la sociedad, territorialmente delimitada, crea un órgano especializado en el mando, que es el Estado, destinado a regir dicha sociedad.

 

     12. Sobre la base de: a) la distinción previa de los conceptos de nación y Estado, b) la necesidad de restaurar el Estado, y c) la elaboración de un Proyecto Nacional que contenga los principios citados, podrá celebrarse dignamente el Bicentenario Argentino, logrando superarse la decadencia actual y lograr una Patria apasionada por la Verdad y comprometida con el Bien Común.

 


 (1) Aguer, Héctor. "Sabiduría para un diálogo en la verdad que cierre heridas"; alocución televisiva, 5-7-08.

 (2) Sánchez Sorondo, Marcelo: "La Argentina no tiene Estado, sólo Gobiernos", Revista Militar Nº 728, 1993, p. 13-17

 (3) Sánchez Sorondo, Marcelo: op. cit., p. 14

 (4) de Mahieu, José María: "El Estado Comunitario", Bs., As., Arayú, 1962

 (5) de Mahieu: op. cit., p. 92

 (6) Pablo VI: Enc. "Populorum Progressio", 1967, § 33.

 (7)  Monti, Ángel. "Proyecto nacional" (1972), p. 12.

 (8) "Proyecto Nacional" (1977), p. 7. "Modelo Argentino" (1974), p. 135/136.

 (9) "Proyecto Nacional" (1977), p. 9/10. "Modelo Argentino" (1974), p. 72/92.

CRISIS, HUELGAS Y ENCUESTAS: NOTAS SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA.

CRISIS, HUELGAS Y ENCUESTAS: NOTAS SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA.

Francisco TORRES

 

   Es usual reiterar que, como democracia, vivimos en un régimen de opinión pública. Ésta se registra, entre las sucesivas consultas electorales, en encuestas. Cierto es que las encuestas, por independientes que aparentemente sean, contienen elementos de control, manipulación o reconducción de la opinión pública. Las encuestas marcan tendencias y también sirven para marcar tendencias. Existen encuestas para publicar y encuestas para no publicar. Nadie ignora el peso que las encuestas tienen, por ejemplo, en la política americana. Ningún partido con opciones de gobierno puede funcionar sin un importante gabinete de análisis demoscópico. Nadie duda, por ejemplo, de la calidad del equipo que asesora al socialismo en esta materia.

   Reiteradamente el equipo demoscópico que asesora al socialismo ha dado muestras de su profesionalidad. Ese equipo hizo de la marca ZP una realidad y es el mismo capaz de imponer términos que penetren en amplios sectores de la sociedad tergiversando la realidad. A pesar de la hilaridad que hayan podido despertar, del chiste fácil, conceptos como desaceleración o transferencia de agua han cubierto perfectamente los despropósitos del presidente del gobierno. Evidentemente de nada habría servido el recurso constante al eufemismo si el socialismo no contara con un importantísimo aparato mediático de difusión y con la escasa capacidad de quienes se le oponen para obtener credibilidad fuera de sus espacios habituales de penetración social.

 

   La crisis económica, que en algunos aspectos puede ser la más dura de los últimos cincuenta años, es ya una realidad difícil de camuflar. La constante subida de los precios, el incremento del paro, la progresiva asunción de los datos macroeconómicos negativos, las correcciones permanentes de las previsiones, los anuncios de recortes... están ya en la sociedad. Varios de los defensores mediáticos de la tesis zapaterista de la desaceleración ya utilizan el término crisis y el gobierno acabará, llegado el momento oportuno, asumiéndolo. La credibilidad del gobierno en el tema económico ha comenzado a resentirse. De hecho entre un 60% y un 80% de los españoles consideran, de un modo u otro, negativa la gestión del gobierno y asumen (60%) que la situación empeorará. Zapatero confía en dos cosas: primero, que la oposición popular es incapaz de capitalizar esa situación; segundo, que la crisis colocará a España en una situación muy difícil en los próximos dos años, lo que tendrá un coste político en las encuestas, probablemente la caída en intención de voto llegue a situarse entre cinco y siete puntos, pero después se iniciará una progresiva recuperación que le hará situarse en una posición buena de cara a las elecciones de 2012. Entonces ZP se presentará como el salvador de España ante la crisis.

   Tres meses después del triunfo electoral José Luis Rodríguez Zapatero, sin oposición política real, se enfrenta a la primera gran contestación social. Ese es su talón de Aquiles, la destrucción de la paz social. Algo a lo que no está acostumbrado. Contestación que ha tenido en la huelga del transporte su gran escaparate pero que comenzó en el sector pesquero y agrario, que tendrá continuidad en otros sectores. Contestación que tendrá, en los próximos meses, efectos insospechados sobre los precios. Contestación que Zapatero pretende calmar mediante compromisos económicos que, por fuerza, devolverá las cuentas del Estado al déficit y cuyo traslado a la microeconomía alimentará la inflación real. Contestación que se ha hecho visible en el eslabón más débil de la cadena; un sector al borde de la quiebra por la caída de los precios y el incremento de los costes. El gobierno prefiere la subvención a que un traslado masivo del incremento de gastos a los productos conduzca a una aceleración insostenible de la inflación y a la subida, hasta límites inasumibles, de muchos productos de la cesta de la compra.    

 

   José Luis Rodríguez Zapatero, sin embargo, sigue conservando un importante apoyo electoral. Sorprendentemente el desgaste sufrido es aún mínimo. Probablemente porque las argumentaciones del presidente han sido asumidas sin dificultad por un porcentaje altísimo de españoles: la crisis es producto de la coyuntura externa; los acuerdos económicos de la UE limitan la capacidad de maniobra; el incremento de los precios del petróleo no es culpa del gobierno; la economía española tiene reservas para hacer frente a la crisis y ayudar a los ciudadanos. Además, lo cierto es que el gobierno carece de oposición.

   Los resultados de las elecciones de marzo de 2008 hicieron entrar en crisis a toda la oposición: desde Izquierda Unida a los nacionalismos pasando por el Partido Popular. Los problemas internos de todos los partidos de la oposición, donde todos buscan redefinirse ante el éxito de la fórmula ZP, han hecho que los efectos de la crisis económica no se hayan traducido en una pérdida importante de credibilidad del gobierno.

   Quienes rodean al principal dirigente de la oposición, Mariano Rajoy, le han dicho que será la crisis económica la que le aúpe a la Moncloa; sólo necesita arañar unos cientos de miles de votos por su izquierda, depurar el PP de sus guiños más derechistas y no decir nada. La propia crisis, aderezada con el miedo a la izquierda, hará que los votantes propios o prestados cierren filas, que no se produzca escisión alguna y que el voto cautivo que el PP tiene por su derecha permanezca como hasta ahora, siendo fiel aunque contribuya con ello a derruir los principios que defienden (Vida, Familia, competencias del Estado, terrorismo, unidad de España...) La crisis económica, los errores permanentes del gobierno, la falta de respuestas adecuadas también han servido para evitar que la crisis interna en que vive el Partido Popular se traduzca en una pérdida de apoyos electorales; incluso, incomprensiblemente, mejora la opinión sobre Mariano Rajoy.

   De cara a los próximos meses todo el mundo esperaba los primeros datos sobre las repercusiones políticas de la crisis y de la primera contestación social. La huelga del transporte ha incidido directamente sobre los ciudadanos y muchos van a pagar directamente los platos ratos, los efectos colaterales de una huelga que ha causado pérdidas económicas incuantificables. Huelgas que no se van a cerrar porque el alza de los precios del petróleo continuará en los próximos meses. En España los precios del carburante son más bajos que en el resto de la Europa occidental y el objetivo es igualarlos. Ni tan siquiera esta igualación pondrá fin al problema porque ya se anuncia que en poco tiempo el precio del barril podría llegar a los doscientos dólares y el litro de gasolina alcanzaría su punto estable en los dos euros por litro. Y el gobierno carece de una propuesta sólida para hacer frente a esta realidad. Pero no obviemos que el tancredismo de la oposición, el silencio de la oposición, la falta de propuestas de la oposición en este terreno está al mismo nivel.

 

   Ha sido el diario EL MUNDO el primero en publicar una encuesta que contemple el estado de la opinión pública tras la primera semana de huelga en el transporte. Por razones de apoyo político el diario ha resaltado dos hechos: primero que el PP se sitúa a un punto del PSOE y que Rosa Díez es la política más valorada (por encima de Zapatero y Rajoy). La crisis nos habría devuelto al celebérrimo empate técnico y colocaría a Mariano Rajoy en una inmejorable posición para hacer frente al congreso popular de junio. La interpretación favorable al PP, que nos devuelve a los tiempos anteriores a las elecciones, debe ser, sin embargo, analizada.

   Leyendo los datos con detenimiento parece que EL MUNDO se han inclinado por la interpretación menos mala de un hecho incuestionable: el escaso desgaste del gobierno. Los datos son evidentes, el PSOE sólo pierde un 2.6% en la intención de voto. Sin embargo, conviene indicar que una parte de esa disminución ni tan siquiera es producto de la crisis, siendo lógica por el número de votantes que fuera de la tensión electoral se liberan del voto útil, de ahí la recuperación de IU. Otro de los datos que EL MUNDO ha preferido ignorar es el escaso crecimiento del PP, un 0.3%; lo que significa que no es el beneficiario del desgaste de la crisis. Algo sobre lo que los dirigentes populares deberían reflexionar.

   Los resultados de la encuesta contienen otros datos importantes para saber qué está sucediendo y qué podría suceder en la política española. Retrocedamos al año 2000. José María Aznar alcanzó la mayoría absoluta consiguiendo un 44.5% de los votos. Lo hizo frente a un partido socialista que atravesaba la mayor crisis interna de su reciente historia política, con una coyuntura económica muy favorable, en un momento expansivo y con una gestión coyunturalmente efectiva aunque estructuralmente cuestionable (España había conseguido situarse en los niveles de convergencia que se tenían al final del franquismo). Casi suponía aproximarse a los porcentajes que sociológicamente tenía el electorado ni socialista ni nacionalista al comienzo de la Transición; en el camino de reconstruir la mayoría sociológica perdida que debería traducirse en una mayoría política hegemónica. No fue así porque Aznar nunca consiguió situarse por encima de una media que le daba el 44.3% antes del 11-M. Imbuidos por su propia propaganda no fueron capaces de entender que la izquierda, agrupada en dos partidos, obtuvo un 39.6% de los votos, lo que matizaba el desastre socialista.

   Las elecciones del 2004 supusieron la recuperación de la izquierda (el PSOE obtuvo el 42.6% de los votos) con un 47.6% de los votos. Pese a todas las críticas lo cierto es que Zapatero mantuvo en la legislatura una intención de voto situada en torno al 41%; lo que apuntaba a la falta de capacidad de la oposición popular a la hora de rentabilizar el desgaste del gobierno ya que el PP se mantuvo en un 39%.

   Las elecciones del 2008 dieron al PSOE un 43.9% de los sufragios. La izquierda, que ahora contaba con tres opciones (PSOE, IU e UPD) sumó el 48.9% de los sufragios; además rompió a favor del PSOE el voto nacionalista de izquierdas. Las elecciones del 2008 dibujaron en la izquierda una nueva situación ya que los votos, que superarían el 50% de añadirse el voto nacionalista de izquierdas, pueden trasvasarse en función de las circunstancias coyunturales sin menoscabar el conjunto y, por tanto, la hegemonía en el poder; pudiendo, además, distanciarse de las servidumbres nacionalistas.

 

   La encuesta de EL MUNDO viene a reforzar esta tesis. Si el gobierno pierde apoyos, y probablemente perderá más en el futuro, éstos no se trasladan a la oposición; se mueven hacia opciones de izquierda con las que es posible construir mayorías en el futuro. La encuesta indica que esas tres opciones vuelven a repartirse casi el mismo apoyo de hace unos meses. PSOE, IU y UPD obtendrían ahora un 48.8% de los votos (la izquierda habría perdido un 0.1%). Los 2.6 puntos que pierde el PSOE son recogidos tanto por IU como por UPD. Muy pocos se inclinan por el PP. Y es que, paradójicamente, la existencia de una única opción viable para quienes ni votan socialista-comunista, ni nacionalista juega a la contra del Partido Popular.

DILEMAS SOBRE LA PARTICIPACIÓN EN DEMOCRACIA

DILEMAS SOBRE LA PARTICIPACIÓN EN DEMOCRACIA

Mario MENEGHINI

 

   Muchos intelectuales católicos, en Europa y América, sostienen que la democracia -generalmente mencionada así, sin distingos, como si fuese un vocablo unívoco- conduce inevitablemente a la perversión en la sociedad donde existe, siendo moralmente ilícita cualquier participación en ese tipo de régimen.  Consideramos necesario profundizar en este tema, pues da lugar a legítimos disensos, no sólo en los aspectos instrumentales de la acción política, sino también en la interpretación de los principios doctrinales. Por razones de espacio, los argumentos detallados de nuestra posición se encuentran en un blog (1), limitándonos en este artículo a resumir la conclusión.

 

   Que la política contemporánea ofrece un panorama desolador nadie lo puede negar, pero ante este horizonte, consideramos que no basta con trabajar en el campo de la cultura, y criticar la realidad presente, esperando que se produzca un cambio positivo, puesto que: "El poder es la facultad de mover la realidad, y la idea no es capaz por sí misma de hacer tal cosa"(2).

   Como se pregunta Gómez Pérez (3): ¿qué hacer mientras tanto? Porque, si mientras damos el buen combate en el plano religioso e intelectual, nos abstenemos de actuar a través de las instituciones vigentes, "la política, que es un asunto humano de primera importancia, queda relegada al campo de lo casi pecaminoso y, de rechazo, el cristianismo se convierte en algo ya ultraterreno, cuando en realidad su dimensión trascendente no ahorra ahora sino que estimula la acción en las entrañas de la historia".

 

   Cuando se analizan cuestiones temporales, conviene recordar la afirmación de Fulvio Ramos (4), quien reflexionó sobre la democracia: "Los cristianos sabemos que en la búsqueda de una recta ordenación social, las soluciones que se hallen serán siempre imperfectas como imperfecta es toda obra humana, y que el sumo bien y la suma perfección no son atributos humanos sino divinos, que sólo podremos alcanzar en la eterna bienaventuranza". En otro párrafo del mismo libro, al referirse Ramos a la enseñanza pontificia sobre las formas de gobierno y temas conexos, afirma: "Como ya expresamos, respecto de estas cuestiones tan contingentes y variables no caben las posturas dogmáticas. Lo que sí ha rechazado la Iglesia es el principio de la soberanía popular, el individualismo como base de la vida social y la democracia de masas que es su consecuencia".

 

   Precisamente, un problema, al abordar cuestiones políticas, es no precisar adecuadamente  el límite entre lo doctrinal y lo prudencial. Por cierto que es lícito a todo católico opinar de acuerdo a su propio criterio en temas opinables, pero no en cuestiones que han sido definidas por la Doctrina Social de la Iglesia. Si se afirma, por ejemplo, "la intrínseca ilegitimidad de origen que posee todo gobierno democrático" (5), debe aclararse que se trata de una opinión, que no se basa en ningún pronunciamiento del Magisterio. Sorprende que personas inteligentes y honestas, crean que la acción cívica sólo se justifica cuando existen posibilidades de acceder al poder para aplicar íntegramente la sana doctrina.

   Asumir una posición rigorista en temas de procedimiento, implica colocar a quien defiende la necesidad de actuar en la vida cívica, pese a las dificultades, en una situación casi herética, siendo que dicha participación ha sido insistentemente recomendada por los Papas.

 

   El enfoque realista en materia política ha sido destacado por Joseph Ratzinger (6): "Ser sobrios y realizar lo que es posible en vez de exigir con ardor lo imposible ha sido siempre cosa difícil... El grito que reclama grandes hazañas tiene la vibración del moralismo; limitarse a lo posible parece, en cambio, una renuncia a la pasión moral, tiene el aspecto del pragmatismo de los mezquinos".

 

   Es cierto que, en determinadas circunstancias, es lícito negarse a participar activamente en política. Pero, la decisión de abstenerse, de manera permanente y en todas las instancias y niveles electorales, no puede fundamentarse en ningún documento pontificio. Pese a las objeciones que la Iglesia ha hecho al sufragio universal -método utilizado en casi todos los países- nunca ha afirmado que votar implique una falta; por el contrario, exhorta a votar como exigencia moral, según se indica taxativamente en el Catecismo de la Iglesia Católica (p. 2240), y en la Constitución Gaudium et Spes (p. 75).

    Procurar el reemplazo de los procedimientos actuales de selección de gobernantes, constituye un noble esfuerzo, siempre que la alternativa propuesta sea factible y no una fórmula abstracta, para ser aplicada en un futuro indefinido. Sobre eso escribió Pablo VI: "La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas" (7).

 

   Para finalizar, nos estimulan a continuar el arduo camino de servir al bien común con los instrumentos disponibles, los consejos de Santo Tomás Moro (8), Patrono de los Gobernantes y Políticos:

 -"Si no conseguís todo el bien que os proponéis, vuestros esfuerzos disminuirán por lo menos la intensidad del mal".

 

-"La imposibilidad de suprimir enseguida prácticas inmorales y corregir defectos inveterados no vale como razón para renunciar a la función pública. El piloto no abandona su nave en la tempestad, porque no puede dominar los vientos".

 


 

 (1) Para facilitar la lectura, hemos agrupado varios artículos en dos archivos, a los que puede accederse directamente desde este lugar:

  • a) Doctrina política de la Iglesia:

 http://foroazulyblanco.blogspot.com/search/label/Doctrina%20pol%C3%ADtica%20de%20la%20Iglesia 

 

  • b) Dilemas que plantea la acción política:

 http://foroazulyblanco.blogspot.com/search/label/Dilemas%20de%20la%20acci%C3%B3n%20pol%C3%ADtica  

 

 (2) Guardini, Romano. "El poder"; Guadarrama, 1963, pág. 22.

(3) Gómez Pérez, Rafael. "Introducción a la política activa"; Editorial Magisterio Español, 1978, págs. 105/106.

(4) Ramos, Fulvio. "La Iglesia y la democracia"; Cruz y Fierro, 1984, págs. 200 y 183.

(5)  Revista Cabildo, nº 74, editorial.

(6) "Cristianismo y política"; Revista Internacional Communio, julio-agosto de 1995.

(7)  Carta Apostólica "Octogesima Adveniens", p. 37.

[8]  "Utopía"; Sopena Argentina, 1944, pág. 64.

LA HEGEMONÍA INTELECTUAL DE LA IZQUIERDA PROGRESISTA

LA HEGEMONÍA INTELECTUAL DE LA IZQUIERDA PROGRESISTA

Alberto BUELA

 

   Una tipología elemental de lo que se entiende por izquierda progresista se apoya en cuatro o cinco rasgos fundamentales.

 

  1.  
    1. La creencia de una existencia en sí de la igualdad humana, cuando los seres humanos sólo somos iguales en dignidad, pero en sí mismos diferentes unos de otros.
    2. La igualdad humana acompañada del rechazo a toda distinción de clase, género o raza.
    3. Hostilidad a todo lo que confiere poder desde el mundo económico, llámese empresas, negocios o mercado.
    4. Desprecio a los sentimientos patrióticos y a todo aquello que huela a militarismo u orden cerrado.
    5. Buena disposición a creer en la buena fe de todos aquellos que hablan de lucha y de liberación.
    6. Sentimiento de culpabilidad por el pasado de su país si ha intervenido en guerras de conquista o colonización.

 

   En definitiva, el intelectual de izquierda progresista tiende a repudiar el mismo orden social que le permite tiempo libre para estudiar, pensar, enseñar e incitar al cambio.

   La paradoja de nuestros días es que por primera vez en la historia existe una hegemonía cultural del progresismo a escala completa, en las universidades, academias, colegios, iglesias, prensa y televisión. Pero al mismo tiempo el proletariado industrial ha desaparecido, dejando de formar parte del imaginario colectivo y la opinión popular se aleja más y más de las ideas denominadas «progresistas». El fracaso mundial de la socialdemocracia en el poder ha hecho que éste pase a manos de los ejecutores de políticas liberales en casi todo el mundo. La hegemonía intelectual de la izquierda progresista se da en todo el ámbito de la cultura y en la creación de la opinión pública, pero el manejo de los hechos políticos y económicos está en manos de los ejecutores liberales.

 

   El intelectual progresista a través de una hermenéutica de la sospecha siente la persecución obsesiva del poder y de la opresión del discurso tradicional, pues éste se maneja a través de la balanza equilibrada entre orden y libertad o autoridad y espontaneidad popular. Pero, ¿cómo funciona esta hegemonía? Como un grupo de interés unido por la ideología dominante de la igualdad, que se asegura un cargo rentado en una actividad de servicios respaldada por el Estado.

   El intelectual progresista de izquierda adquiere de por vida una renta estable como garantía contra el desastre social. El obtener una renta por actividades cuyos riesgos no caen sobre sus hombros, hace que su principal preocupación sea conseguir nuevos fondos para alimentar el grupo de interés para asegurar a cada uno de sus miembros la permanencia en el cargo.

   ¿Cómo reacciona ante la crítica o la disidencia interna? Con el complot del silencio, sostenía Arturo Jaureche. A lo que habría que agregar: Con la demonización y la denuncia de incompetencia intelectual de aquel que piensa distinto. La crítica a lo políticamente correcto encarnado por el progresismo paga un precio costoso. Criticarlo, sea al enquistado en las universidades como al de las Iglesias, la prensa o la televisión es perder prestigio intelectual por carecer del reconocimiento de los pares que en su mayoría guardan silencio ante el disidente.

 

   La ideología igualitaria es tranquilizadora, se instala y se extiende suavemente en los ámbitos comentados, pero tiene un grave inconveniente la amenaza que representa el talento y la excelencia humana. El músico Salieri al no poder ser más que Mozart, le reclama al crucifijo antes de echarlo al fuego: «Tu me diste la vocación pero no los talentos». Éste es el gran drama de la izquierda progresista, la esterilidad en la producción de sentido y en el orden de la investigación. La Universidad de Buenos Aires bajo el rectorado del judeo-argentino Oscar Schuberoff en estos últimos 16 años es el más claro ejemplo de lo que queremos decir: Raleó a los pocos profesores talentosos y no permitió el acceso a ningún sapiente. Hoy el descrédito internacional de la UBA está generalizado.

 

   En el fondo es un ataque sostenido al concepto de mérito y aunque postula apoyar los estándares generales de educación y cultura, lentamente los socava. Porque no cree en la importancia de ningún criterio universal, salvo el de la igualdad de los hombres, es por ello que rechaza visceralmente la larga tradición del pensamiento tradicional que hunde sus raíces en la filosofía griega, la religión católica y el derecho romano.

   Este pensamiento tradicional tan íntimamente vinculado a la vida de los pueblos occidentales y especialmente a los iberoamericanos se le torna incomprensible al intelectual progresista de izquierda, porque en las elecciones no cuenta nunca con los votos y jamás sintió el placer de participar de sus fiestas.

   La ideología igualitaria lo lleva, irremediablemente, al resentimiento en la moral que tan magistralmente caracterizara el filósofo Max Scheler (1875-1928): « Propio del resentimiento es la falsificación de los valores pues como no puede ver con alegría valores superiores (los talentos en el genio, las virtudes en el santo y las proezas en el héroe), oculta su verdadera naturaleza bajo la exigencia de igualdad. En realidad lo que quiere es la decapitación de los que poseen esos valores superiores que le indignan».

NI ESPAÑA NACIÓ EL 2 DE MAYO, NI FUE UN LEVANTAMIENTO LIBERAL

NI ESPAÑA NACIÓ EL 2 DE MAYO, NI FUE UN LEVANTAMIENTO LIBERAL

José Javier ESPARZA
 

 

   Al hilo del bicentenario del 2 de Mayo estamos escuchando afirmaciones muy discutibles: que la nación española nació en 1808, que el 2 de Mayo fue un levantamiento liberal, que Cataluña o el País Vasco no combatieron por España, sino por su propia independencia... ¿Qué hay de verdad en todo ello? Vamos a verlo con los propios textos de la época. Y avancemos ya la conclusión: ni España nació en 1808, ni el 2 de mayo fue un levantamiento liberal, ni Cataluña y Vascongadas combatieron al margen de España.
 

   ¿Qué paso exactamente el 2 de mayo? Pasó esencialmente lo siguiente: en una situación de colapso del Estado, con un ejército extranjero dueño de España y con la familia real retenida fuera del país, se produjo una insurrección popular contra los invasores; insurrección alimentada al mismo tiempo por personalidades relevantes de la monarquía absoluta, distinguidos miembros del clero, militares patriotas y elementos de las clases más humildes donde lo mismo encontraremos artesanos y campesinos que curas de barrio. A la insurrección popular le siguió un movimiento político, institucional, pero fragmentario, distinto según ciudades y provincias, al principio dubitativo, que trató de llenar el vacío dejado por el colapso del Estado borbónico: nacen las Juntas. Ese movimiento no trató de crear un estado de nuevo cuño, sino que actuó a partir de las instituciones vigentes. Así las juntas locales, inmediatamente después de haberse proclamado en franca oposición a los franceses, estimulan la creación de una Junta Suprema Central que permita convocar a las cortes y reconstruir la unidad de la nación.
 

La nación no nació en 1808
 

   Hay que decir "de la nación" porque así lo dijeron expresamente aquellos caballeros. No es verdad que antes de 1808 no existiera una idea de nación en España. La historiografía liberal suele decir que el concepto moderno de nación surge en España en 1808, y que antes de esa fecha sólo había un vago sentimiento de comunidad cimentado sobre la sumisión a la corona, que actuaba como si España fuera una posesión personal suya. Podríamos enredarnos en debates sin fin sobre qué quiere decir exactamente "nación" y cuándo puede hablarse de "nación moderna". Lo que a nosotros nos interesa subrayar aquí y ahora es que los españoles de antes de 1808 tenían una clara conciencia de pertenecer a una comunidad política, que esa comunidad se identificaba, en efecto, con la corona y también con la religión, pero que, además, la llamaban "nación" sin mayores complicaciones conceptuales, según se puso de moda hacerlo a lo largo del siglo XVII. Esa idea de comunidad nacional es precisamente la que recoge la Junta de Valencia en julio de 1808 cuando solicita, antes que ninguna otra, la formación de una junta central que unificara a todas las juntas locales. Lo dijo en estos términos:
 
"Toda la Nación está sobre las armas para defender los derechos de su Soberano. Cualquiera que sea nuestra suerte, no podrá dejar de admirar la Europa el carácter de una Nación tan leal en el abatimiento que ha soportado por tanto tiempo, por puro respeto a la voluntad de sus Soberanos, como en la energía que ahora muestra, falta de tropas, y ocupado su territorio y las fortalezas de sus fronteras por un ejército francés sumamente poderoso. No es menos digno de admiración, que tantas provincias diversas en genio, en carácter y aún en intereses, en un solo momento y sin consultarse unas a otras se hayan declarado por su rey (...) Es indispensable dar mayor extensión a nuestras ideas, para formar una sola nación, una autoridad suprema que en nombre del Soberano reúna la dirección de todos los ramos de la administración pública. En una palabra, es preciso juntar las Cortes o formar un cuerpo supremo, compuesto de los diputados de las provincias, en quien resida la regencia del Reino, la autoridad suprema gubernativa y la representación nacional".
 
   Este texto es muy importante: aquí está condensada toda la doctrina política vigente en la España de 1808. Los españoles -de todas las provincias, sin excepción- se consideran una nación e identifican su derecho con el de su soberano, el Rey. No hay contradicción entre el sentimiento nacional y la lealtad al monarca, por absoluto que éste sea. Las Cortes, que se consideran representantes de la nación, son además las regentes del reino mientras el Rey está ausente. Esta no es la nación según la entendieron las revoluciones liberales, pero no por eso deja de ser la nación. Que no se diga, pues, que en la España de 1808 no había una idea de nación.
 

Catalanes y vascos, patriotas españoles
 

   Esa idea de la nación, entendida como pertenencia a una comunidad política y que existía mucho antes de 1808, es la que va a despertar una ola de sentimiento patriótico en toda España. También en Cataluña y el País Vasco. La imagen de una Cataluña o un País Vasco que lucharon contra Francia por su propia independencia, al margen del esfuerzo colectivo de la nación española, ha sido muy propalada por los separatistas, pero es completamente falsa. Al contrario, lo que se comprueba en los textos de la época y en los estudios posteriores más dignos de crédito es que vascos y catalanes combatieron por España y por sí mismos como españoles, con una idea muy clara de que su libertad era la de todos sus compatriotas.
 
   Es muy evidente el caso catalán. Allí los franceses, apoyados en una minoría de elementos separatistas, ofrecieron incluso declarar el catalán lengua oficial para una Cataluña concebida como extensión del imperio napoleónico al sur de los Pirineos. Frente a la oferta francesa, la inmensa mayoría de la población catalana prefirió seguir defendiendo a España y, de hecho, después de la guerra aquellos separatistas tuvieron que abandonar el país como "afrancesados". Recordemos que Agustina de Aragón era una catalana. Los catalanes se batieron igualmente en el Bruc, en Gerona y en otros muchos puntos, con partidas guerrilleras que se convirtieron en una pesadilla para los franceses. En Cataluña, como en el resto de España, la gente peleó por la religión, la patria, la corona y la libertad, y todo era para ellos una y la misma cosa, y todo respondía al nombre de España.
 
   Igualmente claro es el asunto en el País Vasco, donde, por cierto, la represión francesa fue muy cruenta desde el primer instante. También desde el primer instante fue clara la determinación de las juntas vascas de defender a España y a la Corona contra la invasión napoleónica. Y hacerlo, además, precisamente en nombre de su españolidad. Hay un documento irrefutable que es la proclama de la Junta de Vizcaya en el mismo año de 1808, apenas desencadenado el movimiento insurreccional contra los franceses, y que es un auténtico llamamiento a la unidad nacional española. Decía así:
 
   "Los vascongados a los demás españoles. Españoles: somos hermanos, un mismo espíritu nos anima a todos. Aragoneses, valencianos, catalanes, andaluces, gallegos, leoneses, castellanos, olvidad por un momento estos mismos nombres de eterna armonía y no os llaméis sino españoles. Recibid como prueba incontrastable del espíritu que nos anima, los holocaustos que ofrecen a la libertad española los Eguías, los Mendizábales, los Echevarrías y otros infinitos vascongados".
 
   Son palabras, estas de la Junta de Vizcaya, que hoy chocarán a una sociedad sometida al adoctrinamiento del nacionalismo vasco, que ha falseado la Historia, pero la realidad es la que es: los vascos, como los catalanes, fueron patriotas españoles como el que más. Y ahí estaban, en efecto, "los holocaustos que ofrecen a la libertad española infinitos vascongados", como decía la proclama.
 

El 2 de mayo no fue un levantamiento liberal
 

   ¿Quiénes eran los que así hablaban? Eran, esencialmente, gentes que provenían del antiguo régimen. No hubo una revolución liberal en España en 1808. La presión de los elementos liberales vendrá después, en la formación de las cortes y en sus trabajos constituyentes, pero no en el momento de la insurrección. Tampoco hubo una revolución popular: los casos de trastornos sociales en los que las clases populares atacan a los estamentos privilegiados son contadísimos. Cuando se producen, no obedecen a una causa de revolución social, sino al afrancesamiento de tales o cuales objetivos de la ira popular; ira, por otra parte, a cuyo desencadenamiento no serán ajenos algunos clérigos, como ocurre en Valencia. Es interesante repasar la lista de las personas designadas por las provincias para componer la Junta Suprema Central: la gran mayoría son militares del círculo del rey como Palafox, magnates de la iglesia como Bonifaz, Castanedo o Ribero; grandes de España y ex ministros de la Corona como Floridablanca y Jovellanos... Quien recoge la soberanía es la flor del Antiguo Régimen.
 
   Cuando la Junta Central organice la reunión de Cortes, bajo la presidencia del obispo de Orense, no veremos a una institución que se propone comenzar una revolución liberal, sino a un cuerpo clásico del antiguo régimen que jura sus cargos en nombre de la religión y del rey. Este fue el juramento de los miembros de las cortes de Cádiz en septiembre de 1810:
 
"¿Juráis la santa Religión Católica, Apostólica, Romana, sin admitir otra alguna en estos Reinos? ¿Juráis conservar en su integridad la Nación española, y no omitir medio para libertarla de sus injustos opresores? ¿Juráis conservar a nuestro muy amado Soberano el Señor Don Fernando VII todos sus dominios, y en su defecto a sus legítimos sucesores, y hacer cuantos esfuerzos sean posibles para sacarlo del cautiverio y colocarlo en el Trono? ¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la Nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la Nación?".
 

   Luego pasarán otras cosas. Veremos cómo el sector liberal maniobra para adquirir una relevancia que inicialmente no poseía. Veremos cómo a Cádiz acuden, por las circunstancias de la guerra, numerosos suplentes cuyo voto no será el que se les había encomendado. Veremos cómo unas cortes convocadas para prolongar la legitimidad de las cortes del antiguo régimen se transforman en unas constituyentes que auspician un cambio hacia un régimen nuevo. Todo esto, en cualquier caso, será después. Lo veremos otro día.
 
   Lo fundamental: a partir de 1808 España vive un proceso que, como escribió el Conde de Toreno se sustancia en tres movimientos consecutivos: levantamiento, guerra y revolución. Pero ni el 2 de mayo fue un levantamiento liberal, ni Cataluña y el País Vasco combatieron al margen de España, ni España, en fin, nació en 1808.