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Bitácora PI

EL KAIRÓS EN LA EDUCACIÓN SEXUAL

EL KAIRÓS EN LA EDUCACIÓN SEXUAL

Alberto BUELA

¿Quién puede estar en contra de la educación sexual de los niños? Nadie, salvo un orate o un troglodita. Pero en esta sociedad permisiva del homo consumans estos personajes no tienen ningún peso ni incidencia real.
Pero entonces, ¿qué pasa con la reacción pública de los padres en contra de la enseñanza sexual en las escuelas primarias?. Ellos, por sus declaraciones, no están tanto en contra del modo, las maneras y los métodos que se emplean en su enseñanza, pero sí lo están sobre todo, si leemos atentamente las diferentes reacciones, en la crítica al destiempo respecto de la maduración de sus hijos en que se dictan estos programas.

Expresiones tales como: mi hija aún no maduró, o él es un nene, o sus prioridades son otras nos están indicando que los padres, sin saberlo pero con el conocimiento real de cada uno de sus hijos, le están diciendo al programa denominado “de salud sexual y procreación responsable”, defendido a rajatabla por el médico y aficionado a la filosofía José Mainetti, que el kairós no ha llegado aún.

El kairós para los filósofos griegos era el tiempo oportuno, vinculado con la ocasión pero más sustantivo que ésta. Es sabido que la ocasión la representaban los viejos romanos con pies alados y sobre una rueda, calva con un solo mechón en la frente y con un cuchillo que va cortando en la medida en que pasa. De ahí viene el dicho: a la ocasión la pintan calva. Así, la idea de ligereza que encierra esta figura, nos indica que a la ocasión hay que asirla cuando pasa; de lo contrario no hay cómo atraparla. Pero por otro lado, al tomarla hay que tener cuidado de no hacerlo antes que pase, buscándola de frente porque puede cortarnos. La ocasión sólo se la puede tomar cuando pasa delante nuestro. Ni antes ni después.

En cuanto al kairós griego, traducido por el tiempo oportuno, encierra la idea de “lo conveniente”. Está vinculado con lo apropiado, con la medida, con la idea de equilibrio. Y esta carencia es el sentido último de lo que están reclamando los padres al programa de educación sexual en las escuelas. Que al entregarles a niños y niñas de 11 años preservativos, pastillas anticonceptivas, la colocación de dispositivos intrauterinos, etc.etc. provocan el desequilibrio psíquico y emocional de niños a quienes aun no les llegó su kairós sexual. Este kairós sexual llega en los niños  a distintas edades, y sólo podemos determinarlo en cada uno cuando se va volviendo “especialista en manualidades”, como graciosamente indica el Gabo García Márquez.

El hombre al ser un quién y no simplemente un qué, es único, singular e irrepetible, como gustaba decir Max Scheler. Es persona, esto es, un ser moral y libre. Por lo tanto su maduración no es mecánica: a tal edad tal cosa y a tal otra, otra distinta. Y en el tema de la educación sexual que es un tema tan íntimo, tan privado, tan profundo, y por ende, tan rico, las autoridades tendrían que prever el escándalo en el inocente por una educación dada a destiempo. No olvidemos que skandalon en griego significa obstáculo, tropiezo e incluso, trampa.

Y lo que quiere todo padre para su hijo es que de entrada no tropiece en la vida, que no caiga en una trampa, que evite los obstáculos que le pueden hacer caer. Y esta falta de kairós en el programa de educación sexual en las escuelas argentinas, por la desmesura (la hybris griega opuesta al equilibrio) con que es llevado a cabo por autoridades, incapaces de vislumbrar el tiempo oportuno, el momento conveniente, termina siendo vivido por padres y alumnos como un desatino, una falta de criterio y sentido común, que es la crítica más demoledora que puede realizar el simple ciudadano de a pie u hombre vulgar. No olvidemos que nadie se queja de su falta de sentido común.

Por todo ello es que se dice que la primera y fundamental educación en todos los órdenes, el sexual incluido, debe  venir de los padres. Que luego los maestros sistematizarán y profundizarán. La cuestión no pude resolverse entre un obispo que habla de corrupción legal y un ministro que le contesta, fanático religioso. La cuestión sólo puede resolverse si las autoridades recapacitan y estudian detenidamente, casos testigos, y adaptan su programa de educación sexual al kairós sexual del niño a quien van a enseñar. Y los padres, por su lado se ocupen y pre-ocupen también en educarlos en tal sentido, reelaborando los materiales recibidos. Descartando ellos aquello que puede escandalizar a sus hijos y haciendo hincapié en los puntos más afines al kairós sexual de sus hijos, pues en esto todo padre es mucho más erudito que el sexólogo especialista.

EL INEFABLE MONTILLA, O EL BUEN SERVIDOR DE SU SEÑOR

EL INEFABLE MONTILLA, O EL BUEN SERVIDOR DE SU SEÑOR

Adolfo MONCADA

  Decir que en España se pueden estar reproduciendo las andanzas, a escala diferente, que alentaron las sospechas de la existencia de una trama de financiación ilegal y corrupción política, de los fenecidos (?) tiempos del felipismo, no deviene en exageración cuando, semana a semana, se pone de manifiesto la convergencia de las decisiones o de la inacción del Ministro de Industria, señor Montilla, convertido en comisario político del Ministro de Economía, señor Solbes, con los intereses estratégicos de una entidad financiera.

 

  En cualquier país occidental, aunque en algunos terrenos España ha entrado en una peligrosa sudamericanización setentera, los atisbos de sospecha publicados hubieran provocado que la presión mediática, política y social, condujeran al inmediato cese del Ministro, porque una dimisión ministerial en nuestra nación resulta casi imposible, ya que, objetivamente, lo mínimo que se puede afirmar es que el señor Montilla sirve a tres señores distintos y, posiblemente, a un único interés verdadero.

 

  En cualquier otro país, en cualquier democracia firme y real, hace tiempo que una Comisión de Investigación, de las realmente efectivas y no de las subordinadas que estamos acostumbrados a padecer, habría abierto un expediente con el nombre del Ministro. En cualquier país, una oposición firme y no dubitativa, claramente posicionada con respecto a la guerra de las fusiones, a la política de constitución de grandes consorcios, hubiera, al menos, exigido la comparecencia del Ministro y la clarificación pública del alcance real de las denuncias.

 

  En cualquier otro país, el anuncio de la Vicepresidenta del Gobierno de dejar en papel mojado una sentencia del Tribunal de Luxemburgo, en caso de ser contraria a la fusión a la fuerza de Gas Natural y Endesa, hubiera provocado una conmoción política, por lo que supone de disonancia, además de las implicaciones económicas, del perjuicio a la ciudadanía, con respecto al marco al que voluntariamente, y con público entusiasmo, España, y en especial el gobierno de ZP, se ha vinculado.

 

  Sin embargo, ahora sí como realidad y no como eslogan publicitario, España es diferente. Por ello, no es de extrañar la sonrisa complaciente ante las palabras de un Evo Morales que situaba a empresas españolas presentes en Bolivia en los estratos de la piratería. Probablemente acertó en el diagnóstico pero erró en la identificación, porque los bucaneros más parecen estar en el Ministerio que en las empresas.

 

  Existe convergencia evidente, pues, entre los intereses de una entidad financiera y las decisiones del Ministro de Industria. Convergencia a la que se añade el estrambote final del apoyo cerrado del gobierno en pleno a la famosa OPA. A muchos, sin embargo, más nos parece que si, pese al control mediático y propagandístico, comenzamos a sumar factores, el producto continua siendo el mismo, teniendo presente aquello que nos repetían en la escuela de que el orden de los factores no altera el producto. Y ese producto pasa por el retorno al sistema de los "amigos políticos" de la Restauración y al de los "otros amigos" del felipismo.

MILICIA, GÓNADAS Y PSIQUIS.

MILICIA, GÓNADAS Y PSIQUIS.

Jorge GARCÍA-CONTELL

  En 2004 José Antonio Gordo, que había servido anteriormente como cabo a bordo de un buque de la Armada española, se reincorporó a su puesto tras dictaminar un tribunal médico que su recién estrenada apariencia femenina no era causa de inaptitud. Se le facilitó una elegante falda blanca para su uniforme de gala y nueva documentación militar extendida a nombre de María del Mar, que sin duda es nombre adecuado a su puesto en las Fuerzas Armadas. En 2002 el agente de la Guardia Civil Juan Carlos Romero, hijo de guardia y con cuatro hermanos más en el benemérito Cuerpo, pidió licencia para iniciar un tratamiento hormonal y someterse a una operación para extirparse los genitales y la nuez amén de acrecer sus pechos. Hoy ha vuelto al servicio, con el nombre de Alba, tras dictaminar la Guardia Civil que la ausencia de testículos no mengua su aptitud.

 

  No soy profesional de la milicia y no me atrevo a opinar sobre si la presencia de unas determinadas gónadas aporta eficacia al tripulante de un navío en alta mar o si, por el contrario, su ausencia incapacita para salvaguardar el orden público. No; sólo soy una persona normal. Normal significa “sujeto a las normas”. A las normas de la naturaleza por ejemplo, o si ustedes lo prefieren de la biología.

 

 

  En 1990 la Organización Mundial de la Salud, plegándose ante la presión formidable del lobby rosa mundial, dejó de calificar las conductas homosexuales como patológicas. Existen, y siempre existieron, personas que afirman sentir su psiquis prisionera de un cuerpo que no les corresponde. En el siglo XXI la cirugía extirpa cartílagos e implanta glándulas a gusto del cliente, precisamente por ser cliente y no paciente. Antes se ha determinado que es en el cuerpo donde se halla la tara, el error. Pero la vía quirúrgica, la amputación y recreación de órganos, a la que hoy denominamos “transexualidad” no pasa de ser el fruto técnico de una convención social. Convención enteramente anormal, porque la ley natural y la ética caminan de la mano y no pueden disociarse caprichosamente pues los resultados de la arbitrariedad en estas materias suelen ser nefastos y, no pocas veces, monstruosos. Lo reconozca la OMS o no, lo afirme Agamenón o lo niegue su porquero, cuerpo y espíritu en el ser humano son de imposible escisión y la psiquis de cada individuo es adecuada a su estructura física y simultáneamente condicionada por ella. Si un sujeto se siente preso en un cuerpo inadecuado no padece un alteración física sino psíquica, mientras los sentimientos no surjan en los testículos sino en la mente.

 

 

  La tolerancia universal, también conocida como pensamiento débil, suele equiparar la transexualidad con la obesidad, patología incuestionablemente física, sin reparar en que la anomalía de esta última viene determinada por la no adecuación del cuerpo a sus proporciones y funciones biológicamente naturales. No es éste el caso que nos ocupa. Los transexuales poseen una estructura física biológicamente normal, perfectamente funcional y operativa que, sin embargo, rechazan con vehemencia. Más que con la obesidad, tal vez habría de compararse con la anorexia, hoy por hoy catalogada como patología psíquica. Al menos tanto en cuanto los médicos sean incapaces de mantener con vida a mujeres adultas que deseen pesar menos de cuarenta kilos; si algún día esta aberración llega a ser factible tal vez asistamos a la vindicación del derecho, digámoslo así, a la levedad física.

 

  Insisto y concluyo: desconozco por completo si era acertado o erróneo en la Guardia Civil equiparar la carencia de testículos con demérito de las virtudes castrenses. Simplemente me inspira una gran tranquilidad encomendar el uso de las armas sólo a personas psíquicamente equilibradas.

LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI. Orígenes de la Leyenda Negra

LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI. Orígenes de la Leyenda Negra

Pío MOA

Un rasgo especial de España es el papel desempeñado por el catolicismo en su formación, o más bien reconstrucción nacional.

En otros países, como Polonia o Irlanda, también ocurre, pero en ellos el opresor era otra variante del cristianismo, mientras aquí la diferencia con el adversario tenía mucho mayor calado, pues se trataba del Islam, dominador de gran parte del país durante cinco siglos, y de una parte menor dos siglos largos más. España se reconstruyó en una larga pugna con Al Andalus, desde mínimos núcleos de resistencia, y es el único país que, habiéndose islamizado en buena medida, volvió al cristianismo y a la cultura europea. Ello condicionó profunda y necesariamente la mentalidad popular, y marcó una fuerte peculiaridad con respecto al resto de Europa, ajena a tal experiencia, aunque beneficiaria de ella, pues la resistencia y reconquista españolas constituyeron una línea avanzada de defensa del continente.

Esto es bien sabido, pero suele prestarse menos atención a otro largo proceso histórico no menos crucial: la cima de la reconstrucción española, entre finales del siglo XV y principios del XVI, coincidió con una nueva ola de expansión islámica, esta vez de la mano del imperio otomano, que no ocultaba su designio de devolver España al Islam y convertir en pesebres para los caballos las aras del Vaticano. El Magreb se convirtió en una base de piratería e incursiones turco-berberiscas, mientras Italia y las posesiones hispanas en ella sufrían la constante presión del turco, dueño del mar. España volvió entonces a encontrarse en primera línea. La superpotencia otomana tenía fuerza bastante para extender sus brazos por el Mediterráneo y hacia el centro de Europa desde los conquistados Balcanes, y también esta segunda línea expansiva afectaba a España, por la alianza de los Habsburgos, y por una percepción del peligro mucho más aguda que en otros países. En 1521, ante el clamor de los húngaros por la amenaza turca, Lutero replicaba que oponerse a ella era contrariar los designios de Dios, que así castigaba los pecados de los cristianos. Tal idea sólo podía escandalizar a los españoles.

Esta lucha, sumamente ardua, empeoró con la escisión protestante y las consiguientes guerras entre europeos. También tomó entonces España sobre sí la defensa de lo que consideraba unidad cristiana, tanto en el terreno político y militar, como promoviendo la Reforma católica, culminada en Trento. La unidad cristiana le parecía una necesidad urgente frente a un islamismo a la ofensiva, pero no lo sentían de igual modo los "herejes", que sentían la amenaza otomana mucho más remota. Por ello los protestantes, sobre todo los holandeses y los ingleses, buscaron constantemente aliarse con Constantinopla para atacar juntos a la católica España, cuya lucha en dos frentes, agotadora de por sí, se complicaba en sumo grado.

Y por si fuera poco, también la católica y poderosa Francia siguió la misma estrategia, convirtiéndose en una plaga para el esfuerzo hispano. Cuando el rey francés Francisco I fue apresado en Pavía, en 1525, se las ingenió, desde Madrid, para mandar emisarios a Solimán el Magnífico e instarle a atacar a los Habsburgo. Al año siguiente, Solimán invadió Hungría y aniquiló literalmente al ejército húngaro, y tres años más tarde estaba ante Viena, por cuya salvación combatieron también los españoles. La alianza entre franceses, protestantes y turcos fue también visible en la guerra de las Alpujarras, o en la constante piratería y tráfico de cautivos desde las costas magrebíes, desde donde operaban corsarios ingleses y otros, o en los intentos de Guillermo de Orange por organizar ofensivas conjuntas y simultáneas. Francia cedió a los turcos bases en su costa mediterránea, para el saqueo de las costas y el comercio españoles, y el tráfico de esclavos cristianos. Serían las guerras de religión en Francia las que, paradójicamente, aliviaran aquella tremenda tensión para nuestro país. Como ha recordado César Vidal, España se vio prácticamente sola en Lepanto, cuya victoria cayó como una bomba en Francia y los países protestantes, los cuales se apresuraron a animar al turco a no desmayar en la guerra "contra los idólatras españoles", como expuso el embajador inglés.

Es fácil ver por qué franceses y protestantes actuaban así: temían que una potencia capaz de vencer a los otomanos lograse un poder absolutamente dominante en Europa. Para ellos, los turcos quedaban lejos y les convenía que España se desangrase en la lucha contra ellos. Sin embargo España difícilmente podía considerarse una auténtica superpotencia. Su población no pasaba de la mitad de la vecina Francia, con una administración mucho menos centralizada, y, en época de economía fundamentalmente agraria, tenía suelos peores y mucha menos agua que Francia, Inglaterra, Países Bajos o Alemania. Se ha calculado que las rentas de Carlos I solo sumaban la mitad de las del sultán de Constantinopla. Otra peligrosa debilidad era la presencia en su territorio de una quinta columna formada por una masa de población musulmana, añorante de Al Andalus, esperanzada en el poderío turco y presta a apoyar las incursiones berberiscas. España a duras penas lograba defender su litoral contra la permanente piratería turco-berberista y la frecuente inglesa, y en 1560, cuando una gran tormenta destrozó su flota cerca de Málaga, quedó desguarnecida y a merced de un ataque general por el Mediterráneo, aunque los otomanos no llegaron a aprovechar su magnífica oportunidad, quizá por no haberse percatado de ella.

Contra enemigos tan potentes y peligrosos, tenía la baza de su imperio ultramarino, conquistado en expediciones inverosímiles: de él extraía cuantiosos recursos financieros, pero con la obligada contrapartida de dispersar por medio mundo sus no muy nutridas fuerzas, como advertiría Richelieu. Y podía reclutar tropas y medios en Alemania, Italia, Flandes y otros lugares. Pero en conjunto la tarea le desbordaba necesariamente. Como dijo Nietzsche, España quiso demasiado.

Sorprende cómo un país con tales desventajas pudo sostener durante siglo y medio una lucha agotadora, de frente y por la espalda, por así decir, infligiendo a sus enemigos más reveses que los sufridos de ellos, y marcar los límites de la expansión otomana, francesa y protestante, creando de paso una brillante cultura. Pero eso fue ciertamente lo ocurrido. En cambio perdió muy pronto la batalla de la propaganda política, que en su forma moderna nació entonces, y nació en gran medida como propaganda antiespañola, consolidada en la llamada "Leyenda negra", compuesta de algunas verdades y muchas exageraciones. Y aunque España nunca fabricó una propaganda similar contra sus adversarios, la experiencia de aquel siglo y medio motivó en ella cierto desprecio y resentimiento hacia el norte de los Pirineos.

Rara vez se ha enfocado de este modo la historia de aquella época, y sin embargo los hechos y la lógica lo imponen. Para los españoles, la lucha contra la amenaza turca era natural y en cierto modo la continuación de la Reconquista. En cambio la guerra contra Francia y los protestantes le vino impuesta como una desagradable y costosa obligación. Probablemente todo esto, más la memoria de aquel tiempo de gloria, "el siglo de oro", contribuiría luego a que la Ilustración fuese recibida en España con desconfianza, máxime cuando el movimiento de "las luces" tomó en Francia un tinte abiertamente antiespañol, como una especie de desquite histórico.

CREDO

CREDO

Juan Luis CALLEJA

  Creo en una sola España. Madre fecunda, creadora del cielo limpio y la  tierra varia. Y de todas las Américas de América. Y en un sólo pueblo español, primogénito entre los hijos de España; nacido de la Madre, antes  de todos los descubrimientos.

   Pueblo de pueblos, nación de naciones, verdadero Reino de reinos  verdaderos.

  Engendrado y hecho; consustancial al Mare Nostrum, por el cual fueron hechas Grecia y Roma; cuyas aguas, por nosotros y por nuestra 
civilización, nos enviaron el Derecho.

   Y la Cruz.

   Y por obra del Apóstol Santiago, la Cruz encarnó en Iberia pagana. Y se  hizo España. Y corrieron los tiempos. Y, por nuestras culpas, España fue crucificada; padeció bajo el poder de la Media Luna y fue sepultada. Y resucitó al octavo siglo, según las crónicas. Y subió a las cumbres, donde estuvo sentada a la diestra de la Gloria. Y, por nuestra desidia, hubo de bajar al suelo y ser juzgada por amigos y enemigos. Y su imperio tuvo fin. Pero no su aliento.

   Creo en el amor a España, soplo vivificante que procede del honor y va hacia el mañana. Creo en el genio de España, horno de virtudes y redoma de  mezquindades; pero creo en España. La cual, con sus pueblos de aquí y de allá, debe ser justamente venerada, respetada y glorificada; que habló por boca de sus ejemplos, calló por dignidad y tiene pedida la palabra.

   Y creo en Castilla, que es una, santa y dolorida. Creo en las barras de Cataluña, en las cadenas del rey Sancho y en las Asturias de Santillana. Creo en el león de León y en la granada de Granada. Creo en el tañido de Compostela y en las Vascongadas de España.

   Creo en una sola España.

   Creo en la comunión de sus pueblos. Confieso una sola bandera por símbolo de esta fe, y por testigo de la Patria. Y espero la resurrección de los muertos a España.

   Y aliento para todos.

   El espíritu esté siempre con nosotros.

   Y en el Derecho.

COMUNIDAD SURAMERICANA: ¿CÓMO?

COMUNIDAD SURAMERICANA: ¿CÓMO?

Alberto BUELA

Cuando el 8 de diciembre de 2004 se lanzó en Cuzco la Comunidad Suramericana de Naciones llamamos la atención diciendo: “que pareciera tener sólo amigos. No sólo se convocó a los diez países suramericanos sino también a los enclaves coloniales de Holanda e Inglaterra en los pseudo países de Surinam y Guyana. Se olvidaron de Trinidad y Tobago,  Guayana francesa y Malvinas para hacer cartón lleno con el territorio de la América del Sur. Esta convocatoria realizada desde la ingenuidad política internacional más evidente tiene, a pesar de la buena voluntad de sus creadores, sus enemigos. Y estos son, en primer lugar, sus mismos creadores”.
 
Esta ironía se confirmó un año y medio después en la Primera Cumbre de presidentes de la Comunidad Suramericana de naciones que se realizó en Brasilia el 30 de septiembre de 2005. Con la ausencia de los primeros mandatarios de Suranam y Guyana, así como del gobernante de América del Sur más obediente a la geopolítica norteamericana: Alvaro Uribe de Colombia. La ausencia de Tabaré Vázquez de Uruguay se explica contrario sensu, pues previó el tono adverso de la Cumbre al documento que firmara en mancomún con Chávez.
 
Res non verba, la cosa no habla porque los hechos hablan por sí solos. Acá existe un país interesado vivamente en la Comunidad Suramericana y es Brasil, que además tiene intenciones no ocultas de liderazgo, el resto es “cartón pintado”. Nuestras cancillerías hacen como si se interesaran, pero no es más que un simulacro. Los hechos nos están indicando que su vocación de integración suramericana dista mucho de querer plasmarse en realidades político-económicas.
 
Por otra parte esa vocación hegemónica de la región por parte del Brasil salió a luz en el momento de la firma de la declaración final de la cumbre con la reacción de Hugo Chávez de no firmarlo, habida cuenta que no había sido discutido ni estudiado. “Venezuela no la da por aprobada. Ni siquiera se debatió la estructura institucional de la Comunidad. No aceptamos que se diga que hay una estructura aprobada. Si no se acepta un modelo de integración diferente del modelo del Mercosur o de la Comunidad Andina de Naciones - que clasificó de neoliberal - la integración de América del Sur puede fracasar”.
 
La declaración del presidente Chávez nos pone en una disyuntiva de acero: o cambiamos el modelo de integración en la construcción de la Comunidad Suramericana de Naciones o fracasamos una vez más. Esta nueva Comunidad nació, antes que nada, como una integración política, pero no puede hacerse bajo el modelo neoliberal sino sobre un modelo de desarrollo que en su proyección política reemplace paulatinamente el falso sistema de representatividad de la democracia liberal-burguesa, como sostenía Arturo Sampay, hasta el logro de una democracia participativa en donde todos los cuerpos intermedios de la sociedad civil puedan participar en la representación política.
 
Nunca se insistirá lo suficiente en aquel pensamiento liminar de Juan Bautista Alberdi en su Fragmento Preliminar: “aquello que debe caracterizar a la filosofía más adecuada a la América del sur es su aplicación a sus  problemas y necesidades concretas”. Hay que reemplazar los criterios ideológicos vigentes (los neoliberales) por criterios geopolíticos en donde se privilegien las ventajas comparativas de nuestro continente: tipo de población, complementación tecnológica y militar, “commodities”, riquezas del subsuelo (agua y petróleo), minerales estratégicos, vías navegables (del Plata al Guaira),  etc. En donde además se tenga en cuenta explícitamente la determinación del enemigo, porque si se pretende construir un gran espacio económicamente autocentrado de carácter bioceánico que involucre el destino de 346 millones de personas con una superficie el doble de EEUU y dos veces Europa occidental, no creemos que ello sea un chiste que complacientemente festejaran los poderes indirectos que manejan el mundo. Esto afecta muy importantes intereses como lo son los de las multinacionales empresarias y financieras.
  
Establecer un modelo de desarrollo y determinar el enemigo de éste, son los dos pasos previos que tienen que jugar una función sustantiva en la constitución de la Comunidad Suramericana de Naciones; de lo contrario sumaremos un fracaso más a los múltiples y variados intentos de integración regional que hemos intentado a lo largo de doscientos años de independencia virtual.

 Volvemos a insistir: el eje geopolítico de esta Comunidad Suramericana de naciones pivotea hoy a partir de Caracas y se extiende hasta Buenos Aires pasando por Brasilia, pero tiene que salir forzosamente al Pacífico por Lima, (no hay otra capitalidad disponible) que no sólo le brinda una salida bioceánica sino que sobre todo equilibra las tensiones entre los dos bloques que constituyen América del Sur: el luso y el hispano americano.

EL RETORNO DE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO, O LA POLÍTICA DE LA MORDAZA, LA SUBVENCIÓN Y EL AMIGUISMO

EL RETORNO DE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO, O LA POLÍTICA DE LA MORDAZA, LA SUBVENCIÓN Y EL AMIGUISMO

Adolfo MONCADA

 

   No se pude decir que, políticamente, las primeras semanas del año no hayan sido agitadas. Agitación política producto no sólo de las declaraciones y los anuncios, sino que también gravita sobre ella el descenso recurrente de las expectativas de voto del socialismo y de la popularidad del presidente.


 El señor Rodríguez, al que los medios suelen rotular como ZP o Zapatero, pidió a sus barones, a los dirigentes socialistas un esfuerzo personal para trasladar a la ciudadanía -como gusta decir al presidente- un programa basado en el inventillo del “patriotismo social” y recuperar la iniciativa política. Para ello, el discurso socialista, deberá imbuirse de la retórica feliz que practica el presidente y que hace desvanecer los problemas. Un discurso en el que hace mucho tiempo que la verdad feneció víctima del encubrimiento de las intenciones y del continuo disfrazar de las palabras.


 El señor Rodríguez, en su retiro navideño, articuló su nueva ofensiva política en torno a dos ideas: la primera, cerrar, como sea, el tema del Estatuto utilizando el recurso económico a fondo; la segunda, difundir las bases de un “patriotismo social” basado en anuncios de medidas que luego podrán o no podrán ser llevadas a cabo en función del endeudamiento y el presupuesto, siendo consciente, además, de que gran parte de la aplicación del mismo dependerá más de los gobiernos autonómicos que del gobierno central y que, por tanto, podrá quedar reducido a una serie de anuncios que demandarán una nueva mayoría para seguir adelante, lo que le valdrá como base para ganar las próximas elecciones.


 El señor Rodríguez ha vuelto a la arena política con las ideas claras y el ambiente espeso. Demasiados son los palos que tiene que tocar y muchas las fierecillas a las que domesticar.


 El señor Rodríguez ha protagonizado su particular retorno una vez que el eficaz Rubalcaba ha encontrado las posibles vías de desbloqueo del Estatuto, tras una negociación tan secreta como antidemocrática que ha vulnerado los principios esenciales del parlamentarismo democrático. El señor Rodríguez ha intervenido en el momento justo para asegurar la contrapartida, la zanahoria, con la que se puede contentar a Maragall y a los nacionalistas. Por ello el presidente ha afirmado que dará luz verde a la OPA de Gas Natural sobre Endesa, una fuente de ingresos para Cataluña con la que salvar el escollo de la financiación autonómica; y, de pasada, entre líneas, ha prometido una inversión en infraestructuras. Y, si hiciera falta para cerrar el trato, le resta un último inventillo “la consorciación con el Estado”.


 El señor Rodríguez ha vuelto a la arena política con las espaldas mediáticas bien cubiertas merced a la utilización de los Presupuestos Generales del Estado. Cada día, los presupuestos del 2006, a través de los habituales recursos de tapadillo, nos sorprenden sobremanera. Hace tiempo el consejero-delegado de Sogecable pidió una reducción del IVA para los canales de pago, y en España, realmente, sólo existe un gran canal de pago. Los presupuestos, en esas ampliaciones habituales, se han hecho eco de la petición y han procedido a la rebaja, lo que se traducirá en un incremento de los beneficios del grupo PRISA. Grupo que, por cierto, desembarcó en Bolivia para apoyar al indigenista Evo Morales.


 El señor Rodríguez, preocupado por las denuncias externas, ya que las internas suelen perderse, sobre las cortapisas a la libertad de expresión en España; alarmado por la aparente pérdida de credibilidad internacional por sus amistades y ayudas a regímenes tan preclaros como los de Brasil, Venezuela y ahora Bolivia, y por el secreto desembarco político en Angola; advertido de lo que supondría, tras las severas admoniciones de las grandes asociaciones de medios de comunicación del mundo, una censura a la política informativa que el gobierno pretende implantar y que, en forma de máximos, se está llevando a cabo en Cataluña con el CAC, se ha apresurado a afirmar que la puesta en marcha del Consejo Estatal de Medios Audiovisuales no seguirá la línea del CAC sobre los contenidos que se emitan, pero la intención de utilizar ese Consejo como instrumento de mordaza subyace en el anteproyecto del Ministro de Industria.
 El señor Rodríguez ha puesto, finalmente, aparente orden en el gallinero socialista con una reunión no orgánica en torno a las viandas de la Moncloa, en la que se ha pactado, también aparentemente, la opción socialista para las reformas estatutarias, pues las aguas andaban levantiscas en el socialismo por la falta de transparencia e información. El pacto de la cena de la Moncloa parece firme y tiene como horizonte la cesión límite del 50% del IRPF a las autonomías y la compensación por las pérdidas a través del Boletín Oficial del Estado.


 El retorno de ZP no ha podido ser más clarificador. Le queda al señor Rodríguez un as en la manga para ocultar errores y trapicheos, para anestesiar a la opinión pública y para desbordar a la oposición: su anunciada Ley de Igualdad.
 Ahora, conocidas las intenciones, sólo queda aguardar a los acontecimientos.

EVO MORALES: M.A.S. ES MENOS

EVO MORALES: M.A.S. ES MENOS

Inmaculada MOMPÓ 

  

   Es muy poco, en sustancia, lo que los medios de comunicación habían divulgado hasta la fecha sobre Evo Morales Aima, que asumirá la presidencia de Bolivia el 22 de enero, pero el hecho de que nos hayamos acostumbrado a leer o escuchar su nombre siempre precedido de las palabras “dirigente cocalero”, nimba en el Viejo Mundo al personaje con un aura de exotismo.
  

   Morales aparenta ser hombre humilde y sencillo: en un país de mayoría indígena sumida en la pobreza procede de una familia rural aimara de siete hermanos, cuatro de los cuales murieron siendo aún niños. Se inició en el sindicalismo ya en su juventud y consiguió su primera acta de diputado en 1997, enfrentándose desde entonces a la clase política tradicional de Bolivia y ganando celebridad por su defensa del derecho histórico de los campesinos al cultivo de la hoja de coca. En diciembre de 2005 un 54% de los votantes bolivianos respaldaron su candidatura a Presidente de la República.
   Las propuestas económicas contenidas en su programa electoral suscitaron la inquietud de algunos gobiernos del llamado Primer Mundo y singularmente de las empresas multinacionales que operan en Bolivia. Es comprensible la desazón de los directivos de Repsol-YPF al leer que el Movimiento Al Socialismo (MAS) se propone nacionalizar el sector de hidrocarburos, de modo que el Estado boliviano asuma no sólo la propiedad de las reservas y los pozos sino igualmente el control total y la dirección de la cadena productiva, incluida la fijación de precios para el consumo interno y la exportación. El programa del MAS literalmente insta a las empresas del sector a firmar nuevos contratos dentro del régimen de prestación de servicios y someterse a la dirección y el control estatal, o cesar sus operaciones en Bolivia. La primera semana de 2006 permitió a los españoles conocer algo más de cerca a Morales, en Madrid procedente de La Habana y Caracas y rumbo a París. Repitió algunas de sus consignas sobre el ejercicio del derecho de propiedad sobre todos los recursos naturales pero las matizó una y otra vez, de forma contradictoria y confusa, sin abandonar el terreno de la ambigüedad y con la clara intención de tranquilizar a las empresas españolas, evitando el término “nacionalización”. Muy similar puesta en escena acometió posteriormente en Francia. Tras repasar detenidamente las declaraciones publicadas del presidente electo es imposible determinar con seguridad si planea la nacionalización de los recursos naturales bolivianos, si se conformará con ajustar las condiciones y los márgenes de las empresas extranjeras o simplemente pretende que tributen a la hacienda pública, como llegó a afirmar en Madrid ante un estupefacto auditorio que dedujo sensu contrario que en Bolivia existen empresas que abiertamente gozan de bula fiscal.

   Con sinceridad, la faceta macroeconómica de Evo Morales es interesante por enigmática, pero de relevancia menor en comparación con su propósito de “refundar Bolivia”. Podemos encontrar las ideas que alimentan dicha refundación en el programa del MAS, en la sección de Principios Ideológicos que espigaremos a lo largo de este artículo, donde se afirma textualmente: “Se han cumplido 500 años de la presencia europea y 176 de vida republicana. Durante estos 500 años hemos estado dominados por la cosmología (sic) de la cultura occidental, dominación que no ha alcanzado ninguno de sus objetivos”. Creemos entender que el peregrino uso de la voz cosmología ha de ser tomado como sinónimo de cosmovisión, que es cosa distinta. El MAS incurre en un error conceptual de bulto al identificar la cultura occidental con el capitalismo de la modernidad y la globalización postmoderna, como veremos seguidamente. Tras denunciar con toda justicia la intolerable pobreza del subcontinente americano, y muy particularmente de Bolivia, con sus terribles consecuencias en sanidad, servicios, infraestructuras y analfabetismo, señala certeramente el objetivo último de la globalización: “La globalización no es otra cosa que los grandes consorcios de los países del norte (...) se adueñen por el camino de la capitalización de las riquezas más apetecidas que estuvieron en manos del Estado en los países del sur del mundo”. Pero, a renglón seguido, pisa el charco y añade: “Estos son los resultados por haber tomado el camino de copiar y remedar los fundamentos de la cultura occidental. (...) Los conceptos de globalización y economía de mercado se enmarcan en la cosmología occidental, como el viejo concepto de progreso que se desprendía del paradigma científico de la modernidad. (...) El denominado siglo de las luces de occidente ha caducado y ya no es ninguna opción para la humanidad”.

   ¿Por qué la obstinación del MAS de Evo Morales en identificar la cultura occidental con su extravío moderno y contemporáneo? Morales sabe – porque es de suponer que lo sabe – que la  civilización occidental, a la que América fue incorporada por su adscripción a la cultura hispánica, no guarda relación alguna con el fenómeno contemporáneo de la globalización. Morales - que ha cursado estudios de bachillerato - conoce que la civilización occidental arribó a las Américas en naves españolas y sufrió sucesivas crisis y fracturas en los siglos XVI a XVIII de forma que fue mutando sus basamentos en los siglos XIX y XX hasta hacerse irreconocible en nuestros días su cosmovisión primigenia. Presumiblemente Morales está informado de dónde surgieron las mutaciones de la civilización occidental y sabe que no tuvieron lugar en el espacio cultural hispánico. Morales, que hoy engrosa la relación de los conductores de pueblos, debe conocer que la modernidad y sus paradigmas como el cientificismo y el progreso indefinido no están vigentes en Bolivia, ni en España, desde hace quinientos años y, por lo tanto, miente sin pudor al trazar una línea continua desde la época virreinal hasta nuestros días, desde la Monarquía Católica hasta la era de la globalización.
   El problema de Evo Morales y del MAS no es otro que el de participar de esa entelequia demagógica y suicida conocida por indigenismo: un racismo socialmente aceptado y políticamente correcto. No faltará quien piense que es inconcebible que una opción política racista cuente con el apoyo incondicional de los medios de prensa bolivianos propiedad de la multinacional PRISA, arquetipo de progresismo, pero así es. Racismo es el desprecio profundo que Morales y los suyos profesan hacia todo aquello que provenga del “diferente”, del criollo blanco de origen español en este caso. Un desprecio, matizamos, nacido del resentimiento que brota de la clamorosa injusticia social. Y ese racismo conduce al MAS hacia la barbarie de formar un único lote con la civilización occidental, la cultura hispánica, el capitalismo, la globalización y – también, aunque de momento con sordina – el cristianismo. Precisamente en este sentido y no en otro ha de ser interpretada la implícita profesión de fe en la vieja superstición incaica contenida en los Principios Ideológicos: “Nuestra cultura andina y amazónica es fundamentalmente simbiótica y de total equilibrio con la naturaleza. Para nuestras raíces culturales el hombre no es el señor, ni el gerente ni el amo del planeta tierra. Somos parte de él, somos parte del todo (...) Para nosotros el planeta tierra tiene vida. Es inteligente y autorregulado. A este principio nuestros antepasados le han denominado Pachamama, es decir madre tierra y a ella, a la madre tierra no podemos violarla a titulo de dominarla no podemos venderla ni comprarla porque somos parte de ella y en ella criamos la vida, Pachamama quiere decir que el ser humano con y para la tierra y es lo contrario de la cultura occidental que vive de la tierra y sobre la tierra”.

   ¿Hacia dónde camina el indigenismo del MAS? Es difícil dar una respuesta concisa pues, ya antes de la asunción de la presidencia, el ímpetu viajero de Morales y su locuacidad ante los micrófonos desconciertan a cualquier observador racional. Resulta complejo aventurar cuáles serán las líneas maestras de un individuo que afirma unirse al “eje bolivariano” de Chávez y Castro, nada menos que... ¡¡¡para reconstruir el Tahuantinsuyo!!! Ardua labor la de predecir cómo gobernará un ferviente anticapitalista a cuyo favor trabaja la prensa del oligopolio capitalista de PRISA. Casi imposible imaginar qué bulle en la sesera de Morales, escéptico ante lo que denomina “Estado colonial boliviano” pero entusiasta cada vez que enumera las supuestas “naciones” aimara, quechua, guaraní, uru-chipalla, mojeña o chiquitana aunque, al mismo tiempo y sin rubor, proclama su anhelo por construir la Patria Grande... “latinoamericana”, por supuesto. Es vano hacer pronósticos sobre Morales, que vehementemente rechaza la civilización occidental, habla en español y se autodenomina americano “latino”. Si además, al visitar China, la declara su aliada ideológica y confiesa su admiración por la revolución cultural maoísta lo único razonable que resta es elevar plegarias por el pueblo boliviano.

   En definitiva, cuando el MAS proclama: “nuestras raíces culturales, las culturas andina y amazónica, han triunfado sobre los fundamentos de la cultura occidental”, todo individuo de mínima instrucción lamentará los despropósitos a los que se puede acceder desde el propio complejo de inferioridad. Pero, además, los espíritus sensibles experimentarán una profunda conmiseración ante la inmensa tragedia que se cierne sobre la ya desdichada Bolivia.