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Bitácora PI

VERANITO DE AMORES

VERANITO DE AMORES

Miguel Ángel LOMA

 

   La fórmula es tan simple como repetida por su probada eficacia. Se fija un objetivo, se concreta en un mensaje con dos ideítas que resulten fácilmente asimilables por la masa, se agita todo y se distribuye machaconamente desde los medios de comunicación por los voceros del régimen. Como es obvio, la última parte es la trascendental; tan trascendental como el que los sujetos receptores del mensaje tengan buenas tragaderas. El mensaje actual es claro: con un gobierno simpaticón y tolerante, y no como el que presidía el belicoso tío del bigote, ha llegado el momento maduro de la paz. Los pobrecitos etarras llevan tres años sin asesinar y, eso, para quienes se alimentan de la muerte, es garantía suficiente de ayuno salvífico. Da igual que ni se arrepientan ni renuncien a sus pretensiones;ante la invocación del sagrado nombre de la paz todos debemos plegarnos, y el pueblo español... es tan generoso.

   El principal obstáculo a este montaje también es obvio: las víctimas del terrorismo, salvo contadas excepciones. Por eso se intenta permanentemente dividirlas y se margina su participación en «el proceso», un proceso de negociada traición. «No pueden ser interlocutores porque están afectadas por el dolor y el odio»; esto no se dice exactamente así, pero es parte implícita del mensaje gubernamental. Se las patea el estómago dialogando con los asesinos, a la vez que se las menciona mucho en todas las declaraciones repitiendo insistentemente que siempre estarán presentes en la memoria, que muchas gracias por los servicios prestados, que no sabéis cómo os comprendemos, etc., etc.; y luego se las intenta comprar con ayudas y subvenciones económicas. Cree el ladrón.

   Mientras tanto, la masa de ciudadanos españoles con derecho a voto sestea, pasa y pasea. Ya se sabe, mientras la sangre no te salpique directamente, tú mira para otro lado. A la masa se la movilizaba para que se manifestase con las manitas pintadas de blanco cantando aquello de «Eta escucha, aquí tienes mi nuca» y otras memeces de similar rima; pero ahora lo que toca es la amnesia: «Eta escucha, el pueblo está en la ducha», que hace mucho calor y no es cosa de alterarse. ¿Y aquello del espíritu de Ermua? Pues eso..., si la misma palabra lo dice: mero espíritu evanescente, y ya se sabe el valor que tiene el espíritu en una cultura laica. Sin necesidad de alterar apellidos nos han pegado el cambiazo: hemos pasado de Miguel Ángel a Pepiño; de Blanco a Blanco y tiro porque me espanto.

   Como todo no se puede controlar, hay algún fleco que se escapa y el lobo asoma la patita sin disimulo. La actitud de Chapote ante los tribunales se convierte en un chapapote que destroza mil pretendidos discursos de paz. Pero rápidamente el inefable ministro de Justicia sale al quite para tranquilizar a la parroquia: hay etarras buenos y susceptibles de rehabilitación, y otros malos que no saldrán de la cárcel. Los buenos son los que eligen a las víctimas y, sin necesidad de mancharse las manos de sangre, encargan a tipos como Chapote la ejecución de las faenas. Repartiendo rosas y besos entre los cercanos a los asesinos, aparecen en escena los faranduleros progresistas, los que viven del cuento cultureta y de las subvenciones. Éstos sí que han sufrido y se han jugado la vida denunciando el terror etarra. ¡Pedazo de intelectuales comprometidos!

   Zapatero y su partido se sienten los dueños del tablero («contamos con la mayoría de votos y, por lo tanto, quien se enfrente a nuestra política se enfrenta al pueblo soberano»), y modifican las reglas del juego a su conveniencia. No recuerdo en qué parte del programa socialista se incluía la negociación con los terroristas, pero el caso es que nos toca tragarnos a los criminales de ETA como animales democráticos de compañía; a Otegui, como hombre de paz; a Carrillo, Carod y Zerolo, como referentes éticos, y al pasotismo ciudadano, como ejemplo de tolerancia del nunca bien ponderado pueblo español. Vale, a la fuerza ahorcan. Pero que no pretendan vendernos su insensata irresponsabilidad, su cobardía y entreguismo bajo el ropaje de graves razones de Estado, altura de miras, patriotismo y generosidad. Que estos socialistas, no es que hagan de la necesidad virtud, sino que son capaces de transformar sus miserias morales en causas de beatificación.

   ¡Ha llegado la sacrosanta hora de la paz y del diálogo! Pues muy bien, que dialoguen, que dialoguen mucho. Y como estas cosas también requieren de su ritualismo, que se busquen un lugar simbólico y evocador, pero a la vez relajado y tranquilo. No sé..., bajo el árbol de Guernica quizás sea ya una imagen muy gastada..., habría que buscar otro árbol..., sí, un buen escenario para estos diálogos podría ser bajo el árbol donde le descerrajaron los dos tiros en la nuca a Miguel Ángel Blanco. Que organicen allí mismo unas buenas merendolas veraniegas con productos de la tierra: frutos secos, nueces y cosas así; y que bendiga la mesa Setién. Y como dicen que del roce nace el cariño, si después de tanto diálogo y de tanto tender puentes de entendimiento con los asesinos la relación va a algo más profundo, no hay problema: siempre nos quedará Gallardón.

ACTUALIDAD Y PROSPECTIVA DE LA GUERRA EN MEDIO ORIENTE

ACTUALIDAD Y PROSPECTIVA DE LA GUERRA EN MEDIO ORIENTE

Horacio CALDERÓN

 

   En el marco de una increíble declaración en la que el presidente de los EE.UU., George W. Bush, aprecia que el presente baño de sangre en el Líbano servirá para diseñar un “nuevo Medio Oriente”, la evolución de los acontecimientos políticos y militares en esta región permite asegurar sin ambages que Hizballah -con el respaldo de Irán y en menor medida de la Siria secular y laicista del presidente Bashar Al-Assad- mantiene en sus manos la iniciativa estratégica de la guerra, situación que Israel tratará de revertir seguramente con una ampliación del conflicto en el curso de las próximas horas o tal vez muy pocos días. 

   Tal parece que el presidente norteamericano renueva las aspiraciones de repartir los estratégicos territorios mesorientales -con el respaldo del poder bélico de la superpotencia hegemónica bajo su comando y el de sus aliados inmediatos, tal como lo hicieron las grandes potencias coloniales a la finalización de la II Guerra Mundial y sucesivamente en las décadas posteriores, terminando con la natural integración geopolítica de algunas regiones, separando países con poblaciones que convivían armónicamente, y encerrando dentro de las mismas fronteras a etnias y tribus que eran enemigos irreconciliables. La consigna maquiavélica de “dividir para reinar” -que llevaron a la práctica las potencias coloniales del pasado- se hace carne también en el presente, donde se intenta modificar nuevamente el mapa mundial, según el antojo de la superpotencia hegemónica y de los poderes reales -visibles o no- que la sustentan. 

   Demostrando desconocer la historia del Medio Oriente, George W. Bush acaba de manifestar que aunque la lucha en Líbano es “dolorosa y trágica”, también presenta una oportunidad para cambios en el Medio Oriente, una región que ha “sufrido décadas de tiranía y violencia”; como si la “democracia” que intenta imponer EE.UU. -con el costo de decenas de miles de vidas en el caso de Irak-, debiera ser aceptada cueste lo que cueste, a todo trance y sin contemplaciones, cual mandato de signo “celestial”, por Estados soberanos e independientes que tienen derecho a  ser sujetos y no objetos de la Historia y artífices de su propio bienestar y destino, preservando sus raíces religiosas, sus culturas, sus tradiciones y su mismo honor nacional.

 

   Los sangrientos sucesos que enlutan toda la región mesoriental no son sino la proyección sangrienta de aquellos “crujidos” que podían escucharse en la estructura del poder mundial a partir del derrumbe del imperio soviético comunista mundial, del surgimiento a posteriori del “nuevo orden internacional” y más tarde del proyecto unilateral y hegemónico cuyo centro político, estratégico y militar son los Estados Unidos de Norteamérica.

   Siguiendo el precepto alquimista “solve et coagula” (“disuelve y concentra”) y en el marco de un proceso globalizador y globalizante bajo su control, los EE.UU. y sus aliados buscan pulverizar el concepto y las instituciones propias del Estado-Nación, a efectos de concentrar en las menores manos posibles el control mundial.

 

No se trata lo arriba indicado de un producto de denuncias paridas desde centros de irradiación del pensamiento nacionalista surgidas en diferentes países, sino de manifestaciones taxativas surgidas de documentos producidos por los mismos centros del poder mundial. Ya este analista ha abordado en informes y ensayos anteriores, el hecho objetivo de que muchos de los grandes conflictos y amenazas surgidos en las estratégicas regiones del Medio Oriente y sus respectivas “esferas de influencia”, se deben sin duda alguna al nacimiento, desarrollo y expansión de procesos violentos de oposición a la superpotencia hegemónica -es decir EE.UU. y sus aliados-, capitalizados por minorías musulmanas extremistas que hacen uso del terrorismo como parte de una guerra asimétrica basada en un agenda política que no tiene otro objetivo que luchar también por el dominio global, en el marco del reverdecer mundial del Islam.

 

   Resulta imposible comprender sin esta larga introducción las delicadas aristas de la guerra actual desatada en territorio libanés y los objetivos que animan a los principales actores enfrentados: el Estado de Israel respaldado por EE.UU. y el movimiento terrorista Hizballah, surgido en Líbano con el objeto de fundar en dicho país un Estado musulmán extremista de la secta chiíta, inspirado a su vez en la revolución iraní alumbrada por el ayatolá Ruhollah Jomeini.

   Hizballah ha elaborado durante años una muy bien elaborada estrategia para enfrentarse a Israel tal cuál lo está haciendo en este momento, poniendo en jaque a uno de los Estados con las fuerzas armadas y de seguridad y servicios de inteligencia más poderosos y sofisticados del planeta. Israel ha sido tomada por sorpresa en cuanto a la capacidad del enemigo se refiere, sea por fallas en el sistema de reunión de información, sea vez por fallas cometidas en todo el proceso de inteligencia, sea finalmente por graves errores de juicio de sus gobernantes.

   La respuesta bélica de Israel, proporcional a su verdadero objetivo -destruir al Hizballah-, está plagada desde el comienzo del presente conflicto de violaciones a las normas más elementales del Derecho Internacional, del Derecho de Gentes, de las convenciones y protocolos internacionales que ordenan resguardar de ataques a la infraestructura civil y también de todo aquello que concierne al Derecho Humanitario. Dejar sin castigo a los responsables de los gravísimos crímenes cometidos por Israel, con el pretexto de terminar con la mencionada milicia terrorista a costa del sufrimiento de un pequeño país indefenso como Líbano, constituiría un peligrosísimo precedente que implantaría aún más la “ley de la selva”, en un ya complicado panorama político y jurídico internacional.

 

   Un capítulo aparte merece el Hizballah, que ha secuestrado de hecho a la población del Líbano, de cuyo parlamento y gobierno forma parte con numerosos legisladores y dos miembros de su gabinete de ministros. Además, con el agravante de no representar más que una porción minoritaria aunque sumamente combativa de ese país, en los que los musulmanes de la rama sunnita del Islam, los cristianos maronitas y de otros ritos y los drusos (65 por ciento de la población entre todos estos últimos, aproximadamente) se han convertido en meros espectadores, sino también en víctimas principales del presente conflicto.

   Hizballah ha construido a lo largo de los últimos años sus refugios en zonas pobladas, desplegado y escondido columnas enteras de milicianos armados con miles de misiles, dentro de poblaciones atestadas de civiles y que se desplazan desde el inicio del conflicto transportando material bélico por líneas interiores del territorio libanés, provocando los ataques indiscriminados de Israel y con ellos la muerte de cientos de civiles inocentes, incluyendo mujeres y niños. También, desde luego, el desplazamiento de ciudadanos nativos y extranjeros a países vecinos, mientras otros tantos han quedado aislados y a merced de las bombas en sitios inaccesibles, de los cuales resulta imposible escapar luego de la destrucción sistemática de la red de carreteras y autopistas por parte de la aviación y artillería israelíes.

   Los responsables de los ataques con miles de misiles lanzados por el Hizballah contra poblaciones civiles inocentes de Israel, provocando la respuesta indiscriminada a su vez por parte de este país, merecen asimismo ser juzgados por tribunales militares de excepción y sus principales dirigentes erradicados de la vida política del Líbano, desarmados sin condiciones y obligados a cumplir a rajatabla la Resolución 1559 del año 2004 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que ordena el desbande de todas las milicias activas en este azotado país.

 

Los sucesos acaecidos en el Líbano no sólo no disminuyen de intensidad, sino que amenazan expandirse a toda la región como consecuencia de acciones que se presume puedan desarrollar alguna o todas las partes en conflicto:

 

   En el caso de Israel, lanzando una invasión masiva del Líbano para acabar con el hasta ahora victorioso Hizballah -revertiendo los efectos políticos, psicológicos y militares de la catástrofe en que se encuentra actualmente- y los ataques de esta fuerza con misiles a blancos de su país, que prometen incluso alcanzar ciudades como Tel Aviv, planteando en ese caso un grave desafío geopolítico al Estado judío. Las acciones actuales y la concentración de blindados hacen presumir que utilizará las zonas bajo su control en el sur libanés para lanzar un asalto a gran escala contra el valle de la Bekaa y tal vez fortificaciones a lo largo del río Litani, como se ha adelantado días pasados en escritos de este analista.

 

   Por parte del Hizballah, con el objeto de provocar esas acciones y llevar a Israel a una situación similar a la que se encuentran EE.UU., Gran Bretaña y sus aliados luego de la inaudita y catastrófica invasión y posterior ocupación de Irak, expandiendo el teatro de operaciones libanés y comprometiendo la estabilidad del gobierno sirio, que el primer ministro Ehud Olmert y sus principales asesores no tienen interés en derrocar, salvo circunstancias excepcionales. Una prueba de esto es que la destrucción de las carreteras que unen Líbano con Siria en recientes bombardeos israelíes, apuntan a defenderse de un potencial ataque sirio, pero asimismo son una demostración de que las fuerzas judías no abrigan intenciones -a menos que sean atacadas- de intentar un avance hacia Damasco.

 

   La irrupción de Al-Qaeda en el conflicto entre Israel y el Líbano -hasta el momento limitada al plano de las palabras-, no constituye de manera alguna un dato menor, ya que este movimiento terrorista perteneciente a la rama sunnita del Islam está violentamente enfrentado a los sectores chiítas y a sus principales líderes, como el guía espiritual iraní, el gran ayatolá Alí Jamenei y el presidente de ese país, Mahmoud Ahmadinejad. Asimismo, siente que su liderazgo a nivel global está siendo eclipsado por Irán y su principal válido, el Hizballah libanés; es por ello que intentará a cualquier costo reconquistar la iniciativa perdida durante los últimos tiempos, situación que se ha profundizado a partir del protagonismo de líderes islamistas emergentes a escala ya mundial como el jeque Hassan Nasrallah.

   El reciente y amenazador mensaje del lugarteniente de Osama Bin Laden, Ayman Al-Zahuahiri, debe ser incluso interpretado como una orden destinada a activar células de la organización Al-Qaeda o de otros movimientos o grupos terroristas asociados alrededor del mundo, para que estos lancen nuevos ataques contra blancos previamente designados o dejados a criterio de los comandantes operacionales en el terreno.

 

   La probable evolución de la situación durante las próximas semanas en todo Medio Oriente, sumadas a acontecimientos que en prospectiva se conocen como hechos portadores de futuro, permite ya imaginar escenarios que no sólo pueden alterar la paz regional, sino derramarse globalmente y hacia territorios tan lejanos como Iberoamérica.

   Los efectos de la actual visita del presidente Hugo Chávez a Irán y su reiterada y confirmada alianza estratégica con este país, amenazan trasladarse -tal vez no de jure pero sí de facto- a países con gobiernos como el de la Argentina, que mantiene una estrecha relación política y también estratégica con Venezuela y podría verse comprometida por años con los efectos de los conflictos de alta intensidad que se avizoran a escala global y regional.

   El aislamiento en que se encuentra el gobierno argentino de la realidad mundial -en este aspecto acompañado por gran parte de la dirigencia política- llega al punto de alcanzar un grado notable de alienación, que a su vez le impide visualizar las soluciones necesarias para defender el interés nacional en esta etapa tan difícil que atraviesa el gran escenario global.

   Dicho panorama se agrava  en el caso argentino, en virtud de las amenazas regionales existentes: terrorismo, narcotráfico, crimen organizado trasnacional y los procesos de convergencia existentes entre ellos, como también por algunas otras emergentes, tal el caso del etno-nacionalismo, del neoindigenismo, y muy especialmente de la intersección de agendas entre Venezuela e Irán, que incluyen el interés de desarrollar proyectos altamente sensibles, como los que conciernen al sector de la energía nuclear.

PENSADORES CATOLICOS POPULARES (y 2)

PENSADORES CATOLICOS POPULARES (y 2)

Alberto BUELA

 

   Sabíamos de antemano que este espinoso asunto iba a traer cola. Y si bien la mayoría de las recepciones fueron laudatorias hubo tres o cuatro que hicieron observaciones críticas, de las cuales la más profunda fue la del jesuita Horacio Bojorge que me escribió: "Creo que no es del todo justo plantear esas tres alternativas como equidistantes o equivalentes. Creo que merecen un tratamiento diferencial porque no distan del mismo modo de lo que usted desea señalar como auténtico". Y tiene razón, el hombre. No distan de igual manera de lo que nosotros intentamos señalar como lo genuino del pensamiento católico.

   Es dable aclarar que la intención de mi pequeño artículo ha sido exponer en forma esquemática, cómo todas estas corrientes se dirigen, incluso a pesar de ellas, al extrañamiento del pensamiento genuinamente católico. Con ello no pretendo alzarme "yo mismo" como juez. Simplemente intenté relatar algo que "está ahí", a la mano y a la vista. En cuanto a los autores citados, lo son por ser los públicamente más conocidos, y nada más.

 

   Volviendo a la aguda observación que me plateara el padre Bojorge, veamos cómo podemos aclarar el asunto.

   En primer lugar, si nos atenemos como fenomenólogos simplemente "a lo que aparece", la invariante del pensamiento católico clásico está más cerca del pensamiento católico popular en su aspecto doctrinario, habida cuenta que como afirma Ernst Robert Curtius: "La formación de un canon contribuye a afianzar una tradición. Y a lado de la tradición literaria de la escuela están la jurídica del Estado y la religiosa de la Iglesia, que son las tres potencias universales de la Edad Media: studium, imperium, sacerdotium". El apego a la tradición entendida como apego al canon de la Iglesia es un rasgo típico de esta corriente. Claro está, que en muchos casos esta tradición se confunde con lato conservadorismo; esto es, la valoración de las cosas por el solo hecho de ser viejas o la valoración del pasado, sólo por ser pasado. Cuando en realidad la tradición debe entenderse como transmisión de una cosa valiosa de una generación a otra. Como transmisión de bienes, que no son más que cosas que tienen insertos valores. El pensamiento católico clásico se aleja de lo popular en cuanto deudor de la segunda escolástica que despliega sus raíces a través del racionalismo wolffiano (1679-1754) y su heredera, la manualística filosófica de los siglos XIX y XX. Como agudamente me acaban de observar:"Parten de un «deber ser» formado como pre-juicio absolutamente racionalista, y como es obvio, lo que «es» no coincide con ellos, por eso nunca entienden las formas en que se expresa un pueblo".

 

   En cuanto al pensamiento católico liberal, que en Argentina tiene en la revista Criterio su fiel representante, busca el entrelazado del mundo moderno y el mundo católico. Hay un esfuerzo constante - que si bien nace con Felicité de Lammenais y su revista L´Avenir (1830) se consolida con Marc Sanguier y su movimiento de Le Sillon a principios del siglo XX- que busca y sostiene al mismo tiempo un discurso católico y moderno, con lo cual se transforma en liberal en política y economía, mientras que lo católico queda reducido al culto privado. Se acepta, de hecho, la derrota de la contrareforma católica, al abdicar en la defensa de lo católico como culto público. De ahí, al rechazo de las formas cultuales populares no media ninguna distancia.

 

   Tenemos finalmente, la tercera de las invariantes que recorre el pensamiento católico durante la segunda mitad del siglo XX: la socialcristiana, hoy progresista. Esta corriente que nace al calor de la liberal se revela contra ella como un hijo díscolo. Y si bien acepta su discurso moderno rechaza su falta de encarnadura popular. Este carácter bicéfalo generó por un lado la teología de la liberación de neto corte marxista (ideología también moderna como el liberalismo) y por otro, la teología de la liberación de carácter popular. Y en este último aspecto intentó penetrar los movimientos populares en la cabeza de sus dirigentes. Acción en la que fracasó. Es que en muchos casos se aceptó el discurso socialcristiano pero se fracasó rotundamente en la conversión (metanoia) de las almas de los agentes políticos y sociales. Lo que mostró una vez más que el cristianismo es, antes que nada, un saber de salvación que lleva por añadidura un mensaje social. Al invertir los términos, al poner el carro delante del caballo, se quedaron sin agentes ejecutores.

 

   Desde el punto de vista politológico profano donde nos situamos, y no eclesial, fue una consecuencia más del concilio Vaticano (1963-1965) que se constituyó sobre el presupuesto ideológico del socialismo como potencia geográficamente activa. Hablando en criollo, la Iglesia le jugó unos porotos al socialismo. Su consecuencia natural fue el paso del proyecto de la democracia cristiana de Pio XII al socialcristianismo de Paulo VI.

   Filosóficamente hablando, la Iglesia intentó llevar a cabo una contradictio in terminis, la reconstrucción del proyecto moderno pero bajo premisas no ilustradas. Heidegger diría: un hierro de madera.

   Abreviando, todo esto va políticamente al traste con Juan Pablo II y la caída del Muro, aunque como invariante del pensamiento católico sigue en nuestros días pero, ahora alejada ya de los movimientos populares, se inserta en los aparatos de poder de la institución Iglesia; es por eso que Guzmán Carriquiry (uruguayo y funcionario vaticano) puede definir a la Iglesia en forma descarada e impropia en su último libro, y con la presencia convalidante del cardenal primado de Argentina, como institución del consenso.

   Así, para la quintaesencia del progresismo católico, la Iglesia, signo de contradicción, palabra de vida eterna, testimonio irrecusable de la muerte de Cristo en la cruz, termina siendo con el aplauso entusiasta de casi todo el episcopado argentino, una oficina de las Naciones Unidas, siempre lista, como boy scout laico, a sentarse en la "mesa del consenso" que convocan los gobiernos de turno.

EL INCIERTO FUTURO DEL ESPAÑOL MEDIO

EL INCIERTO FUTURO DEL ESPAÑOL MEDIO

Francisco TORRES

 

Problemas estructurales, propaganda, manipulación y carencias de la política económica española.

 

   Incremento de precios, inflación, caída del poder adquisitivo de los españoles, endeudamiento de las familias, salarios bajos, problemas de productividad, huída de las inversiones, emigración, consumo, desequilibrio entre exportaciones e importaciones son elementos que están presentes en el panorama político español. El tema económico se encuentra ausente de un debate político excesivamente centrado en problemas, en muchos casos, artificialmente creados por la propia clase política. Los españoles, que perciben las consecuencias de la falta de una política económica que haga frente a los problemas estructurales de nuestra economía, sienten, a pesar de la fiebre consumista, la incertidumbre del futuro.

 

   La larga etapa de crecimiento de la economía española, que se prolonga por encima del retraimiento del crecimiento en los países más ricos de la zona euro, está sirviendo para dejar en sombras una serie de problemas, de carácter más estructural que coyuntural, sobre los que parece que no se desea intervenir.

   El crecimiento económico y el crecimiento del empleo, utilizados demagógicamente, están ocultando otras realidades que perciben de forma, cada vez más alarmante, los españoles de a pie. Una percepción que, sin embargo, no trasciende a un debate político centrado en otros temas: responsabilidades del 11-M, reformas autonómicas, política sobre terrorismo, uniones homosexuales… Así, por ejemplo, a duras penas apareció la cuestión socioeconómica en el último debate sobre el Estado de la nación, no siendo un tema trascendente para el presidente del primer partido de la oposición.

 

   Desde hace unos años, especialmente desde la adopción del euro, los españoles tienen la percepción de que, tras la primera subida resultante del denominado “efecto redondeo” que el gobierno ni supo, ni pudo, ni quiso contrarrestar, vivimos en un incremente constante de los precios. Los españoles han visto cómo los precios se han equiparado o aproximado a los de muchas de las principales ciudades europeas sin que los salarios y los servicios hayan crecido en igual proporción.

   Los datos son, a este respecto, tan clarificadores como contundentes. El incremento de los precios en España ha sido constante desde 1998. Hasta el 2006 ese crecimiento ha superado en un 9.6% el de la media de la zona euro. Ciertamente este incremento no ha desacelerado de forma trascendente el crecimiento económico porque, al mismo tiempo, se ha acelerado el consumo. Un consumo que, sin embargo, no es producto del aumento del poder adquisitivo, sino de la ampliación del empleo y la caída del ahorro. La realidad es que, desde 1997, el salario medio en España sólo ha crecido en un 0.4%. De hecho, según el Euroíndice laboral IESE-Adeco, el salario medio lleva descendiendo desde finales del 2004, lo que deja en entredicho gran parte de las afirmaciones del presidente del gobierno. En la actualidad, según datos del año 2005, el salario medio español sólo se sitúa por encima de Polonia y Portugal. Las diferencias sobre el salario bruto resultan abismales: en Inglaterra se sitúa en 3607 euros, en Alemania en 3061, en Francia en 2615, en Italia en 2331 y en España en 1992 euros. La realidad es que mientras los precios se aproximan en muchos productos, los salarios se alejan.

 

   El mantenimiento de los niveles de consumo (incluyendo en el mismo la adquisición de la vivienda), pese a los bajos salarios, alentado por los bajos tipos de interés que se han mantenido varios años, ha tenido como consecuencia el crecimiento del endeudamiento de los hogares españoles y la incapacidad para el ahorro. Así, la tasa de ahorro cae sistemáticamente desde hace tiempo. Los préstamos hipotecarios, responsables de una parte trascendente del endeudamiento, crecen a un ritmo anual del 27%, pero el poder adquisitivo de los españoles no sigue un camino paralelo. Un ejemplo, según los informes de La Caixa, las rentas obtenidas por las familias han crecido en un 30% pero el metro cuadrado lo ha hecho en un 80%.

   El esfuerzo familiar para la adquisición de una vivienda, si nos dejamos llevar por los datos más favorables o por los más críticos, la diferencia es pequeña, crece de forma constante, duplicándose en los últimos cinco años. Hoy, muchos españoles comienzan a ver cómo se aleja el sueño de una vivienda. Si volvemos a los datos facilitados por La Caixa resulta que, sobre un piso de cien metros cuadrados construidos, sólo el 50% de las familias podrían acceder a la vivienda con una financiación del 75%; lo que se reduciría a menos del 40% si se tiene que financiar el 100%. Frente a esta situación la única opción real, por la propia demagogia del gobierno y la ausencia de una política real de vivienda, es alargar las hipotecas, por encima incluso de la vida laboral, y buscar viviendas más reducidas que dificultan el desarrollo de la vida familiar.

 

   El español medio que, desde hace menos de diez años, ha entrado en la espiral de consumo generada por los bajos tipos de interés y el crecimiento de la economía española, se encuentra ahora ante una situación preocupante: sin crecimiento salarial determinante y con una elevación de los tipos de interés que va a continuar. A ello se tiene que sumar una inflación descontrolada que revierte en su contra porque el gobierno ha decidido no adoptar medidas de contención más allá de las que imponga el Banco Central Europeo a través de la subida del precio del dinero. Excusa, pro otra parte, excelentemente manejada pro el gobierno para justificar su falta de respuestas.

 

   La pregunta lógica, a tenor de lo expuesto, radicaría en la contradicción aparente entre el crecimiento económico y la situación de los salarios. La respuesta es bastante simple, en gran parte es debida a que el crecimiento del empleo se ha estado produciendo en sectores donde los salarios son moderados (la construcción) y porque, además, se sufren los efectos de las mucho más bajas remuneraciones de los inmigrantes (algo más de cuatro millones de personas). Esta situación, junto con las reformas, ha conducido a una caída de los costes laborales cifrada en un 1.92%, según los datos del 2005.

   El gobierno esperaba que la moderación salarial y la reducción de costes sumadas al mantenimiento del consumo incrementaran la competitividad, intentando que así se corrigiera, sin más, el fuerte desequilibrio entre exportaciones e importaciones. La realidad es que los salarios bajos han acabado frenando las inversiones y la renovación en busca de la competitividad y que, al mismo tiempo, no se ha conseguido solventar el problema de la baja productividad del trabajador español. La productividad real descendió en el 2005 un 0.29%. Y no parece que las reformas laborales, o los plantes estatales o autonómicos, teniendo presente el problema de la presencia masiva de trabajadores inmigrantes -legales o irregulares-, vayan a conseguir mejorarla.

 

   El gobierno tampoco ha propuesto ninguna medida para hacer frente a una inflación, superior al 4%, que atenaza tanto a los españoles como a las empresas. De hecho, la tensión inflacionista, los problemas de productividad y los procesos de deslocalización de las grandes multinacionales, están creando un panorama donde los problemas de viabilidad pueden conducir a posibles cierres como los que ya se anuncian.

    Cierto es que los gobiernos han perdido, por la cesión de competencias al Banco Central Europeo, parte de su capacidad de respuesta ante el fenómeno inflacionista al no controlar el precio del dinero. Esto, sin embargo, sólo es un límite, no una barrera insalvable. Los gobiernos de la zona euro pueden hacer frente al problema inflacionista incrementando su recaudación o conteniendo el gasto público. El gobierno no se ha inclinado ni por lo uno ni por lo otro. Los anuncios de los Presupuestos venideros, los compromisos de gastos que conllevan las promesas del gobierno, indican que José Luis Rodríguez Zapatero no baraja la contención, que no va a recortar el gasto público de una Administración carísima. No se ha atrevido a aplicar, pese a que en esa línea iban sus propuestas, una reforma del IRPF que eleve el tipo sobre el ahorro y reduzca o elimine las deducciones y desgravaciones, aunque algo de eso se haya plasmado en la última reforma.

 

   Todo lo apuntado, pese a su gravedad, pese a lo que puede significar para muchos españoles en un futuro inmediato, en un país donde se está produciendo una huída masiva de la inversión por la inestabilidad que ha generado y va a generar la reforma autonómica, ha desaparecido del debate político. Los españoles sólo perciben las consecuencias: incremento de precios; incapacidad para el ahorro; problemas económicos a final de mes; reducción de la calidad de vida por el aumento de la factura mensual de la deuda (fundamentalmente hipotecaria). El gobierno se escuda, amparado en su conglomerado mediático, en los precios del petróleo (que afectan a todas las economías) y en las decisiones del BCE, explotando a su favor, al mismo tiempo, los datos de crecimiento y de empleo para no entrar en el debate. La oposición, a la que parecen faltar propuestas alternativas, también parece pensar que el debate está en otros temas.

EL MARTIRIO LIBANÉS

EL MARTIRIO LIBANÉS

Jorge GARCÍA-CONTELL

 

   Escribo estas líneas tras leer la prensa de hoy, 25 de julio, festividad del Apóstol Santiago. Las crónicas que llegan desde Oriente Medio, desgraciadamente sin variación desde hace casi dos semanas, dan noticia del éxodo masivo de la población libanesa, del creciente número de víctimas – en su inmensa mayoría civiles inocentes y desarmados – de la destrucción concienzuda de todo un país por el ejército israelí y de la obstinación suicida de Hezbolá en provocar más ira a un gigante ya iracundo en demasía. Hasta la fecha me había resistido a escribir sobre la invasión del Líbano, lo admito sin ambages, por temor a que la incomprensión de unos y otros convirtiera mis palabras en ofensas intolerables y mis pobres argumentos en anatemas contra su autor. Al fin me decido, movido no tanto por la insistencia de algunos amigos como por la ineludible exigencia, para quien suele escribir sobre asuntos de actualidad, de un conflicto que ya cuenta los cadáveres con cifras de cuatro dígitos.

 

   Los medios de comunicación tienden a explicar la ofensiva israelí contra su vecino del norte según la tesis del propio Estado hebreo. Las esporádicas provocaciones que los chiítas de Hezbolá venían llevando a cabo desde su refugio libanés llegaron a un punto intolerable con la captura de soldados judíos. Israel, según el discurso oficial, ejerce su derecho a la autodefensa. Somos muchos los que comprendemos y admitimos este razonamiento sólo en parte, no tanto por cuanto dice – cierto por completo – sino por cuanto omite, que no es poco. Esta operación de castigo no puede comprenderse si no se circunscribe en un conflicto único, iniciado en 1948, que se ha manifestado intermitentemente desde entonces en tres guerras arabigoisraelíes, la diáspora de la mayoría del pueblo palestino, la anterior invasión del Líbano en 1982, el auge del fundamentalismo islámico y una inacabable sucesión de atentados terroristas a los que Israel replica con la frialdad del principio “acción – reacción” y con tan implacable dureza que resultaría inconcebible en cualquier país occidental. No es la presente una simple hemorragia que mana de una herida; más bien se trata de una úlcera infecta que se ha extendido durante decenios sobre un cuerpo enfermo y, con trágica regularidad, manifiesta su avance sangrando y supurando.

   El análisis sistemático de los orígenes y episodios de este conflicto excede los límites y propósitos de este artículo e intentarlo en apenas dos hojas me obligaría a incurrir necesariamente en trivialidad. Tras la previa puntualización, me limito a comentar las actuales operaciones militares y dejo a criterio del lector el contexto amplio en el que se desarrollan y sin el cual son incomprensibles. Huyo de la autosuficiencia que sobreabunda en las columnas de opinión y, puesto que de una guerra hablamos, recurro a un clásico de la civilización occidental, santo Tomás de Aquino, a la hora de analizar si una guerra puede ser considerada justa.

 

      a) Causa justa, o previa agresión que justifique una legítima defensa. Podremos encontrarla en las acciones de Hezbolá, sin duda. Soy consciente de la  omisión deliberada de cualquier referencia a los acontecimientos precedentes desde la fundación del Estado de Israel y ya he explicado por qué procedo de este modo.
     b) Último recurso. Antes de recurrir a la guerra, una nación ha de emplear todos los medios posibles para resolver las diferencias. Si el origen del conflicto se localiza exclusivamente en los fanáticos de Hezbolá, posiblemente haya que reconocer que no queda otro medio al alcance de Israel que el recurso a las armas.
     c) Previsión de ser los males que acarree la guerra menores que los que ocasionaría no declararla. Nadie que aspire a enjuiciar los hechos con objetividad puede conceder el beneficio de la proporcionalidad a Israel. Es indudable que el Estado hebreo, como nación soberana, tiene derecho a gozar de la inviolabilidad de sus fronteras y el pacífico respeto a la vida y libertad de sus ciudadanos, pero la captura de dos soldados y el lanzamiento de cohetes de corto alcance difícilmente se corresponde en el plano militar con el bombardeo aeronaval masivo, el bloqueo marítimo, la destrucción sistemática de carreteras y centrales hidroeléctricas y el éxodo de la población civil.
     d) Expectativa razonable de alcanzar la victoria. Israel sabe que su incursión tras la frontera del Líbano es un “paseo militar”. El Líbano, desgarrado por una crudelísima guerra civil de la que apenas comenzaba a recuperarse, reducido de facto durante largos años a la condición de protectorado sirio y desprovisto de fuerzas armadas que en rigor puedan así denominarse, no es rival para el coloso bélico israelí. La victoria está cantada desde el mismo instante en que el primer cazabombardero israelí penetró en el espacio aéreo libanés. La victoria en esta batalla, sí, pero el triunfo final en un conflicto que dura ya cincuenta y ocho años es más que dudoso, al menos en este momento. Israel lo sabe e igualmente conoce que los nuevos rencores y los antiguos que su acción aviva no se extinguirán sin antes engendrar nuevas tragedias.
     e) Recta intención. Santo Tomás abundaba en un concepto ya desarrollado anteriormente por san Agustín. Muy gráficamente, el de Hipona excluía “el deseo de dañar, la crueldad de la venganza, un ánimo implacable enemigo de toda paz, el furor de las represalias, la pasión de la dominación y todos los sentimientos semejantes” de las intenciones merecedoras del calificativo de “justas”. La valoración de las intenciones israelíes me temo que estará teñida de subjetivismo y, según quién la enjuicie, las conclusiones serán unas u otras. Emplazo al lector a observar con detenimiento las imágenes que diariamente sirven las cadenas de televisión, a leer pausadamente las crónicas de guerra de las agencias informativas, y a determinar en qué medida es aplicable el principio aquí enunciado.

 

   Para concluir traigo a colación las palabras de Giaco Ventura, presidente de la Cámara de Comercio Hispano-Israelí, citadas hoy por el diario “Las Provincias”. El señor Ventura se mostraba crítico con la condena que dirigentes socialistas habían formulado de la intervención israelí y se preguntaba: “¿Cómo reaccionaría el ejército español si un país vecino dejase caer misiles en la ciudad de Valencia?” Personalmente opino que el señor Ventura pudo buscar comparaciones más afortunadas pues con la elegida facilita a sus interlocutores responder a la gallega, con otra pregunta. Durante decenios los terroristas de ETA se refugiaron en el sur de Francia y usaban las localidades fronterizas como bases logísticas desde las que organizar y dirigir sus criminales ataques contra la unidad y soberanía españolas. ¿Cómo habría reaccionado la comunidad internacional si España hubiese invadido el sur francés, bombardeando las ciudades y todo tipo de infraestructuras de toda Francia? ¿Qué calificativo habría recibido en las Naciones Unidas esa hipotética represalia si en su primera quincena hubiese supuesto la precipitada huída hacia el exilio de un siete por ciento de la población total francesa?

PENSADORES CATÓLICOS POPULARES

PENSADORES CATÓLICOS POPULARES

Alberto BUELA

A Julio Piumato, que de esto sabe

 

   Me vienen pidiendo desde hace algún tiempo que escriba sobre este tema, que es tan urticante como escribir acerca de los judíos; lo único que se logra son más enemigos de los que uno ya tiene.
   En este asunto hay, volens nolens, tres invariantes clásicas. Por un lado los pensadores católicos a secas, en general profesores universitarios que no son proclives a estar cerca del pueblo. Son nacionalistas vinculados más bien a una elite conservadora. Otra, es la corriente de pensadores católicos liberales, que se mueven dentro del statu quo reinante, en donde el pueblo está limitado al formalismo democrático de la elección. Y en tercer lugar encontramos a los pensadores católicos para quienes el cristianismo es más bien un saber social que un saber de salvación. Y aquí se nuclean  los demócratas cristianos, los socialcristianos, los cristianos progresistas, en fin, todos aquellos que Perón definió magistralmente como: pececitos colorados que nadan en agua bendita.

 

   En los tres grupos se presentan múltiples matices, pero en general y acercándonos al tema sine ira et studio, podemos decir que en el primer grupo por ser un pensamiento dirigido a educar una elite, el pueblo está ausente, sea porque no se lo tenga en cuenta (vgr. José María de Estrada) o se lo niegue expresamente por un antiperonismo visceral (vgr. Antonio Caponetto). En el segundo grupo aparece el pueblo pero como requisito de la democracia procedimental (vgr. Mariano Grondona). Y por último, en la tercera invariante el pueblo se presenta como parodia o simulacro, pues es un pensamiento, en definitiva, ilustrado en donde se incorpora al pueblo “como sí” existiera, pero todo su discurso va dirigido a la hipotética dirigencia (política y sindical) de ese pueblo (vgr. Guzmán Carriquiry).
   En todos los casos la vinculación con la jerarquía eclesiástica es fluida y permanente, unos con unos obispos y otros con otros, más afines. No hay que olvidar que desde el punto de vista profano-politológico la Iglesia ha sido definida magistralmente como complexio oppositorum = conjunto de opuestos. Lo que en criollo se entiende que hay de todo y para todos los gustos.

 

   Así planteado el asunto: ¿hay lugar para un pensamiento católico popular? ¿Ha habido ejemplos en ese sentido?

   El catolicismo es popular en Nuestra América no tanto como planteo teológico (que está siendo reemplazado por el protestantismo o la New age) sino como un saber de salvación imbricado con las creencias ancestrales de América. Su mérito ha sido, aquí en nuestra tierra como lo fue en Europa antes, el saber incorporar la simbología de la sacralidad pagana a su mensaje. Esta religiosidad popular en su manifiesta heterodoxia es la mejor defensa en orden a las identidades nacionales. Va más allá de los planteos teoréticos y está más acá en la apreciación de los valores vitales por parte del hombre iberoamericano.
   El pensamiento católico liberal, por ilustrado, odia visceralmente este tipo de religiosidad popular que, con su existencia, desarma todo el andamiaje racional que viene desarrollando desde Lamennais (1782-1854); Sangnier y Maritain hasta hoy. El pensamiento católico a secas, desprecia esta religiosidad como algo menor perteneciente al “mundo bolita” y el pensamiento católico progresista o socialcristiano la toma a cuenta de inventario, para usarla y decodificarla en los moldes de sus categorías de pensamiento que son siempre centro europeas como hizo, en su momento, la teología de la liberación o en la Iglesia como “institución del consenso” según hoy día proponen Carriquiry et alii (1)

 

   El auténtico pensador católico popular, y hay que decirlo con todas las letras, es antes que nada anticlerical, pues sabe “desde el vamos”, que la trahison des clercs, el espíritu de logia y la reacción mujeril, es la moneda corriente del clericalismo ya sea seglar, jesuítico o de “la obra”. Después distingue claramente entre el mensaje cristiano como saber de salvación personal y colectivo (por aquello del cuerpo místico) y la doctrina social de la Iglesia, siempre acomodaticia a los tiempos en que van saliendo las sucesivas encíclicas papales. Denuncia las acciones reales (y no las que él se imagina) del imperialismo y de los poderes indirectos y ocultos (la sinarquía, diría Perón) que se realizan en orden a la explotación y el extrañamiento de sí mismo y de nuestros pueblos. Rechaza la anfibología por principio, porque el decir de los pueblos es simple, como bien decía Goebbels (2) : “su idioma es sí o no”. “Al pan, pan y el vino, vino” nos enseñaron a nosotros. Sin ir más lejos el mismo Cristo recomienda: “Sea vuestro idioma sí, sí; no, no.”

   Esto último lo aleja años luz del pensamiento católico ilustrado y su elucubración en el vacío, ya sea en su versión liberal, ya en la progresista. La contrapartida es que se queda sin recipiendarios dentro de la “institución Iglesia”. Y como todo lo que se recibe al modo del recipiente es recibido y hoy no hay quien reciba al pensamiento católico popular en el seno de la Iglesia, porque ella misma a través de sus corrientes principales se mueve dentro del pensamiento único y políticamente correcto. Su discurso es un poco al ñudo.

 

   En cuanto al pensamiento, que denominamos, católico a secas, no busca ni pretende ninguna proyección política y social, se encuentra reducido y autolimitado a las cátedras de las sedicentes universidades “católicas”;  a los manuales y libros de enseñanza. Es una especie de rémora escolar salpicada con citas de autores contemporáneos, en su gran mayoría, y aquí la inconsecuencia, provenientes de tradiciones filosóficas no-católicas. Y verdadero disparate, un desatino intelectual.
   Si, por lo que vemos, el pensamiento católico popular no tiene lugar dentro de la Iglesia, ya que esas tres invariantes históricas tienen su proyección política como gorilas (Caponetto), oficialistas (Grondona) y oportunistas (Carriquiry)(3), el pensamiento católico en tanto pensamiento popular está obligado a plantearse como disidente respecto de lo que dice y hace, la Iglesia como institución del consenso: que niega el hecho de tener enemigos y se pretende alzar como “instancia neutra de las partes en pugna”. Una especie de amorfo “estado bodiniano”. Y en este sentido tanto liberales como progresistas coinciden con la versión de la Iglesia como institución del consenso porque ellos, por principio, niegan la relación amigo-enemigo y no piensan sobre la realidad tal como es y se da. Sino a través de sus preconceptos y prejuicios al estricto modo iluminista.

   Por el contrario, el pensamiento católico popular, no niega la existencia del enemigo sino que lo que niega es su vigencia. No lo rige a él, el enemigo  ni con su mundo categorial, ni con su mundo de valores, ni con su mundo de fines. “Es que el disenso, hemos afirmado en otro lugar, que se manifiesta como negación, tiene distinto sentido en el  pensamiento popular que en el culto o ilustrado. En este último, regido por la lógica de la afirmación, la negación niega la existencia de algo o alguien, en tanto que en el pensamiento popular lo que se niega no es la existencia de algo o alguien, sino su vigencia. La vigencia puede ser entendida como validez, como sentido.
El disenso niega el monopolio de la productividad de sentido a los grupos o lobbies de poder, para reservarla al pueblo en su conjunto, más allá de la partidocracia política.
La alternativa hoy es situarse más allá de la izquierda y la derecha. Consiste en pensar a partir de un arraigo, de nuestro genius loci dijera Virgilio. Y no un arraigo cualquiera sino desde las identidades nacionales, que conforman las  ecúmenes culturales o regiones que constituyen hoy el mundo. Con esto vamos más allá incluso de la idea de Estado-nación, en vías de agotamiento, para sumergirnos en la idea política de gran espacio y cultural de ecúmene
(4).
   Un ejemplo paradigmático de expresión del pensamiento católico popular ha sido el caso del ensayista Vittorio Messori en un trabajo titulado: "El anticatolicismo ha sustituido al antisemitismo" en donde afirma, entre otras cosas, que: "los católicos junto con los fumadores y los cazadores, son una de las tres categorías que no están protegidas por lo políticamente correcto, y de las que, por tanto, se puede hablar mal libremente”. (5)

   Y ¿a qué católicos se refiere? Ciertamente que no a los pensadores católicos a secas, que viven cómodamente apoltronados en las cátedras de los Estados anticatólicos, ni a los católicos liberales, que viven de acuerdo con el régimen de turno ni a los católicos progresistas que insisten en la construcción del proyecto católico y moderno a la vez. A los que se refiere Messori, es a los pueblos católicos y sus convicciones profundas que han sido dejados de lado y nadie los defiende.
¿No llama acaso la atención que mientras que en el mundo hay Estados oficialmente  declarados laicos (Francia), musulmanes (Arabia Saudita), y judíos (Israel) no exista ningún Estado oficialmente católico? ¿Y que ni católicos liberales, progresistas, ni académicos propugnen la instalación de gobiernos explícitamente católicos que gobiernen en sintonía con el núcleo espiritual de nuestros pueblos?

 

   Los pensadores populares católicos van a insistir una y mil veces en la incorporación de “lo católico” como elemento antropocultural y no simplemente confesional en la constitución de la identidad de los pueblos de la América indoibérica. Van a insistir en la crítica a la representatividad formal y al logro de la representación orgánica por parte de nuestros pueblos. A la sociedad civil regida por el contrato y el negocio van a oponer la comunidad regida por valores compartidos. Es que el pueblo no delega su poder en las instituciones del Estado, porque estas en su versión demoliberal, no alcanzan a expresar las demandas auténticas de los pueblos. El pueblo tiene que crear sus propias instituciones.
   Pero, claro está, recuperar lo católico como datum antropocultural es develar la vigencia de lo que “está ahí”, al alcance de la mano pero cubierto por una maraña de sinsentidos y disvalores. Y para ello hay que ocuparse en serio del otro, que generalmente, en nuestras tierras del sur de América, es el pobre y el desvalido. Y tomarlo en serio es, antes que nada, presentarse uno seriamente, tal como uno es. Evitando la parodia de dar la impresión que uno es bueno y piadoso. Decir cuales son nuestras verdades, aquellas que le dan sentido a nuestra existencia y entonces, recién entonces, preguntarle al otro por él. Poner antes las cartas sobre la mesa, porque el que más tiene más debe dar.

 

   ¿De qué le sirve al pueblo argentino que su cardenal primado (junio de 2006) aparezca arrodillado en un escenario haciéndose bendecir por un pastor protestante? De nada. Es un acto de ilustrados para conformar sus vanidades o pero aún, su propias urgencias. Para el pueblo es una burla, una mueca burda, de gente que en la vida está al ñudo. Un cambalache al decir del gran Discepolín.

   Los pueblos quieren y aman aquello que les es propio y son felices cuando pueden mostrar sus diferencias: el tango, el mate, el fútbol, la taba, las cuadreras, los bailes y cantos populares. Para los pueblos como para todo hombre de bien, la amenaza a la identidad, tanto personal como colectiva, no es la “identidad del otro”, sino que su identidad no sea reducida a la de todos por igual.

 

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NOTAS:

 

1.-  Guzmán Carriquiry: "Una apuesta por América latina", San Pablo, 2006.-
2
.-  Lo cito a propósito, para que se espanten los policías del pensamiento como los Presman y Yomal de Radio Cooperativa, conocida como “la radio de Verbisky”, que utilizan su programa de radio como “nuevos Wiesenthal”, cazando brujas que no coincidan con el ideario de periódico Nueva Sión del que son escribas. (Ver: http://bitacorapi.blogia.com/2006/061002-wiesenthal-en-radio-cooperativa.php)
3
.-  Esta corriente es hoy la mayoritaria, y dado su oportunismo connatural gira hoy alrededor del cardenal Begoglio, y si no nombro a más autores es para no seguir ganándome enemigos.
4
.-  Buela, Alberto: "Ni izquierda ni derecha: pensamiento popular", http://www.arbil.org/(82)buel.htm, 2004. También en revista Tierra y Pueblo N°8, Valencia, abril 2005.-
5
.-  Messori, Vittorio: op.cit. Roma, 21 de octubre 2004.-

LA CUMBRE DE CÓRDOBA, UNA NUEVA POSIBILIDAD PARA LA UNIÓN SURAMERICANA

LA CUMBRE DE CÓRDOBA, UNA NUEVA POSIBILIDAD PARA LA UNIÓN SURAMERICANA

Carlos A. PEREYRA MELE 

 

   Realmente leer, o escuchar a los “analistas” de política del País en los principales medios de comunicación masivos, sobre la XXX Cumbre de Jefes de Estado del MERCOSUR y Asociados, son de un nivel tan pobre que sorprende o son intentos de minimizar y confundir ante esta posibilidad de construir una nueva realidad Geopolítica del Continente Suramericano (de Grupos de Poder establecidos), después de casi 200 años de camino independiente pero balcanizados, recostados en seudonacionalismos de estancia, limitado su alcance hasta donde la vista permita.

    Hoy nuevamente se replantea con fuerza la Unión de la Región, desmintiendo a esos mismos “expertos” que habían dado certificado de defunción al MERCOSUR hace apenas dos meses. Se limitan a analizar las anécdotas de dos presidentes muy mediáticos como son Castro Ruz y Chávez Frías, (importantes por la denuncia de la presencia militar de USA en el continente), estos “expertos” sólo le dan trascendencia a los kilométricos discursos de Castro, o si fueron o no a una cena, parece más un informe de una revista dedicada al mundillo de la farándula o cholulaje, que se agotan al terminar de leerlas. Pero estos que descubren, por ejemplo, la dictadura de Castro Ruz no tienen la misma apreciación que tiene los capitalistas que sí van en masa a la China comunista a hacer negocios sin preocuparse por los DD.HH. en ese país. Son los mismos que nos plantean la falsa dicotomía de Democracia o Populismos como símbolo de nuestro supuesto atraso con relación a otros países, acusando a Chávez Frías de populista para desmerecer sus triunfos electorales con una prensa totalmente opositora.

  

   Pero además sólo plantean las lógicas divergencia e intereses de cada País integrante, como que es imposible la Unión en las actuales circunstancias. Yo me pregunto en voz alta, divergencias son las del Nafta que permite la libre circulación de los inversiones y traslados de los Capitales entre Canadá, Estados Unidos y México, pero impide la libre circulación de los recursos humanos, y en estos días vemos que EE.UU. construye un muro de costa a costa controlado por efectivos militares para que los habitantes de México no puedan ingresar al mercado laboral de USA… y el Nafta lleva mas de 10 años de funcionamiento.

   O cuando nos hacen análisis simplistas para demostrarnos que la actual Unión Europea fue un tránsito aceitado en su gestación y se olvidan que cuando se creó el Mercado Común Europeo, firmado por Bonn, Roma y París, no permitió por imposición francesa el acceso de la Gran Bretaña que recién lo hizo en los años setenta, o recientemente cuando se incorporan los países que pertenecieron al exbloque Soviético, fueron condicionados a no permitir un éxodo de sus habitantes a las regiones mas consolidadas de la Unión Europea para no causar problemas demográficos y económicos.

 

   Hoy por ello, cuando termina la XXX reunión de Presidentes de la mayor parte del Continente en la Ciudad de Córdoba, debemos destacar los logros importantes en el arduo camino a metas superiores, como que el MERCOSUR con la incorporación de Venezuela se transforme en el eje de la Unión Suramericana, ya que concentra el 75% del Producto Bruto. Que Argentina y Brasil se ratifican en la calidad de locomotora del MERCOSUR, que se planteó que la Unión supere el ámbito meramente económico hacia estadios superiores; que se da con el reforzamiento de un Parlamento que regule disposiciones para cada uno de sus integrantes; y la participación de entidades sociales (esto permitirá un incremento de la Unión); la decisión del Gobierno de Bolivia sumará las reservas de hidrocarburos más las venezolanas nos posicionan con mayor fuerza en el mercado mundial. Pero además acordamos nuevos caminos estratégicos a profundizar como son tratados con países como la India y Sudáfrica y nuevas relaciones con la Unión Europea. El Banco de Desarrollo Suramericano propuesto por Argentina, o el Código Aduanero del MERCOSUR, la implementación del Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM), la adopción de la Estrategia para el Crecimiento del Empleo en la región… en definitiva son cuarenta y tres los puntos a “analizar” y no reducir la Cumbre a anécdotas y comentarios intrascendentes.

   Como analista político y especialista en Geopolítica, creo que lo ocurrido en Córdoba ha sido demasiado importante para ser tratado en pocas líneas pero el camino es el correcto y depende de que todos los actores sociales, políticos, intelectuales y económicos nos esforcemos en consolidar este acto en potencia, participando y exigiendo a los gobiernos de turno a profundizar este camino. Y es un deber de los que tenemos estas mismas ideas desde cada uno de nuestros puestos de trabajo, que realicemos un esfuerzo por reforzar esta Unión para el bien de cada Nación y el Futuro Regional en un mundo cada vez más competitivo y organizado en Bloques continentales económicos y políticos.

DELINCUENCIA E INSEGURIDAD: RETO AL ESTADO

DELINCUENCIA E INSEGURIDAD: RETO AL ESTADO

Inmaculada Mompó

 

   Thomas Hobbes fue el primer filósofo de la modernidad que articuló la tesis del pacto de renuncia de derechos individuales a cambio de la protección de un soberano poderoso, aunque su teoría goza hoy de bastante menor popularidad que la de Jean-Jacques Rousseau, plasmada en “El contrato social”, de agudizado individualismo y sustento ideológico de los estados liberales. Podríamos debatir acerca de sus aportaciones doctrinales, pero el acuerdo sería unánime a la hora de señalar la legítima defensa frente a la agresión injusta como uno de los derechos fundamentales de todo individuo, derecho que resulta menguado y condicionado por la legislación penal. Personalmente soy una decidida defensora de dicha mengua y me repugna la libérrima aplicación del principio de autodefensa armada en los EE.UU. Pero, y en este punto suscribo la teoría de Hobbes, siempre y cuando el Estado asuma su responsabilidad y cumpla con su obligación de custodio y salvaguarda de la vida, la integridad física, la libertad y el patrimonio de los ciudadanos.

 

   Ese entramado teórico se desmorona ante nuestros ojos aquí y ahora. España se convirtió hace ya tiempo en un paraíso de delincuentes, por efecto de las legislaciones penal, procesal y penitenciaria. En los últimos siete años se ha detectado un imparable ascenso de los delitos perpetrados por extranjeros, hasta alcanzar la proporción de ocho de cada diez. Analizando la casuística delictiva puede observarse una especialización según nacionalidades:

 

   A. Las llamadas bandas latinas (ñetas, salvatruchas, latin-kings…) incurren preferentemente en pequeños robos, amenazas, extorsiones callejeras y agresiones. Sus integrantes son jóvenes inadaptados que imitan el modelo del desarraigo por antonomasia: el de los jóvenes hispanos marginales y automarginados de los barrios hispanos en EE.UU. Operan en demarcaciones urbanas cuyos límites son fruto del pacto o de la guerra entre bandas diferentes.

   B. Los inmigrantes del África negra están especializados en la venta ambulante de todo tipo de falsificaciones, desde prendas de vestir y complementos hasta películas y música en CD y DVD y suelen operar por cuenta de terceros, frecuentemente de nacionalidades asiáticas. No pocos de los delincuentes africanos aspiran a obtener un mayor rédito de su actividad criminal y penetran en el sustancioso mercado de la droga: han llegado a desplazar a los gitanos de la “gama baja” del sector, es decir el comercio de cocaína más adulterada y de menor precio.

   C. Los magrebíes (marroquíes, tunecinos y argelinos) comercian preferentemente con los derivados de la marihuana. Es creciente su participación en delitos contra la propiedad, violaciones y atracos a mano armada.

   D. Los chinos abarcan una amplia gama de infracciones penales, desde la extorsión hasta la explotación laboral de menores pasando por el blanqueo en negocios aparentemente legales de dinero procedente de otras actividades ilícitas. Su particular hermetismo llega, de momento, hasta el punto de reducir casi exclusivamente sus actos criminales al interior de su propia comunidad.

   E. Las bandas organizadas de delincuencia transnacional están compuestas por ciudadanos de la Europa Oriental. Son un sector delictivo de crecimiento exponencial, tanto en número de integrantes, como en crímenes cometidos. Por ende, puede afirmarse sin dudarlo un instante que representan el mayor motivo de alarma pues su modus operandi se caracteriza por una brutalidad insólita y extrema. A finales de la década de 1990 comenzaron a introducirse en España antiguos miembros de la guerrilla separatista albanesa de Kosovo, el UÇK de triste memoria y mitificado por una prensa irresponsable al dictado de las consignas norteamericanas. Su hipócrita solicitud de “asilo político” les facilitó el inicio en España de las mismas prácticas que habían estrenado en el sur de Serbia: pillaje, saqueo y asesinato sin escrúpulos. Tras ellos llegaron y siguen llegando oleadas de rumanos, búlgaros y rusos – no pocos de ellos antiguos miembros del ejército o policía de sus respectivos países.

 

   El Estado de Derecho se quiebra en España por varios flancos y el de la impunidad de los delitos, o la desorbitada benevolencia de las penas impuestas, es uno de ellos. Parafraseando a Guillaume Faye podemos afirmar que los extranjeros en España, en su mayoría, son trabajadores y no delincuentes aunque es indudable que la mayoría de los delincuentes son extranjeros. Que los españoles somos un pueblo hospitalario es una realidad indudable, pero en ningún caso deseamos convertirnos en víctima colectiva de la hez internacional. Y ante esta disyuntiva la respuesta posible y necesaria es única: quien ha confundido esta tierra con un coto de caza ha de salir de su error a bordo de un avión tras ser fulminantemente expulsado de España. El status jurídico de residente extranjero queda reservado para quien con nosotros desee trabajar y vivir en paz; quien retribuya nuestra generosa acogida con su desprecio por nuestras leyes sólo merece la condición de repatriado.