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ESPAÑA CLAUDICA EN GIBRALTAR

ESPAÑA CLAUDICA EN GIBRALTAR

Inmaculada MOMPÓ

 

   Tres días después aún deben seguir riendo el ministro británico de Exteriores, Geoffrey Hoon, y el así llamado primer ministro de Gibraltar, Peter Caruana. El 18 de septiembre de 2006 queda incorporado a la historia como la fecha en la que el más incapaz ministro español firmó el ignominioso Tratado de Córdoba, con el que arruinó las posibilidades españolas de recuperar el territorio gibraltareño que usurpa la Gran Bretaña.

 

   Hagamos memoria. En 1700 falleció sin descendencia el rey Carlos II, no sin antes haber designado en su testamento a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, como sucesor en la Corona de España. Inglaterra y Austria no permanecieron impasibles ante la reunión de los tronos español y francés por una misma dinastía y se apresuraron a apoyar las pretensiones del archiduque Carlos de Austria, primo de la reina viuda. De esta forma, las potencias europeas libraron sobre suelo español la Guerra de Sucesión, en realidad un conflicto por la hegemonía continental con simple apariencia de guerra civil. En 1704 la flota anglo-holandesa bombardea la fortaleza de Gibraltar, en el extremo sur de España, y se apodera de la ciudad tras huir de ella sus habitantes a las poblaciones de San Roque y Algeciras. Tras el cese de hostilidades con el triunfo del que reinaría como Felipe V, Inglaterra retuvo Gibraltar en su poder por su estratégica ubicación en el estrecho que separa el Atlántico del Mediterráneo. La paz quedó sellada con el Tratado de Utrecht en 1713, cuyo artículo X dice así: "El Rey Católico, por si y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortaleza que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno". A principios del siglo XX, valiéndose de una epidemia de cólera como pretexto, los británicos levantaron la verja que existe actualmente en el terreno del istmo, sobre territorio que les era ajeno. Más tarde, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, también se construyó un aeropuerto en el istmo, con parte de la pista en terrenos ganados al mar, en la bahía de Algeciras. Ambos hechos contradicen flagrantemente el Tratado de Utrecht [1].

  

   Si hemos de calificar en forma no excesivamente abrupta la actuación de la Gran Bretaña a lo largo de estos tres siglos de permanencia en el Peñón de Gibraltar habremos de utilizar, cuando menos, el adjetivo de torticera. Desde un punto de vista jurídico es incuestionable el pleno derecho de los anglosajones a ocupar "the rock", como ellos llaman al peñón, pues el Tratado de Utrecht ampara esta mutilación del territorio español, para vergüenza y oprobio de la dinastía reinante todavía y de momento. Pero ese mismo tratado internacional, que siempre han esgrimido con arrogancia en cada ocasión que un gobierno español intentó volver a negociar la soberanía sobre la colonia, no puede obligar a una sola parte mientras que la otra queda en absoluta libertad para incumplirlo sistemáticamente y desde el primer momento. Ésta ha sido la conducta habitual británica, por lo demás nada que no sea de esperar de un pueblo que condecora a los piratas y convierte el latrocinio en hábito nacional. Hemos reseñado cómo se apoderaron de una porción de terreno en el istmo que une la diminuta península con el resto de España, pero ya desde el siglo XVIII Inglaterra no se consideró obligada a cumplir sus compromisos. Valga como ejemplo la prohibición expresa en el referido Tratado de conceder asentamiento a judíos y musulmanes, que jamás se llegó a hacer efectiva. Muy al contrario, Gibraltar ha sido desde sus orígenes como colonia británica cabeza de puente del contrabando de mercancías desde el norte de África y otros puntos del Mediterráneo hacia España y los contrabandistas siempre fueron, en abultada proporción, judíos y musulmanes.

 

   Ya en la segunda década del pasado siglo el gobierno de España llevó ante el comité de descolonización de Naciones Unidas la situación de Gibraltar. Se obtuvieron dos resoluciones de la Asamblea General (2231, de 1966 y 2353, de 1967) que instaban al inicio de conversaciones entre España y Gran Bretaña para poner fin a la situación colonial de Gibraltar y, como suele ocurrir con las resoluciones de la ONU que incomodan a los poderosos, quedaron en simple papel mojado. En 1969 la metrópoli otorga una constitución a los gibraltareños - conocidos como "llanitos", lo cual no deja de ser una gran humorada para referirse a quienes habitan al pie de una montaña - de forma que Londres se reservaba los asuntos exteriores y de defensa, mientras que los asuntos locales serían administrados por un ejecutivo estrictamente gibraltareño.

   España interpretó entonces que la concesión de autogobierno contravenía el Tratado de Utrecht y, como certera represalia, el ministro Fernando de Castiella cerró en 1969 la verja de Gibraltar para privar a la colonia de comunicaciones terrestres. El cierre de la verja asestó un severo golpe a la economía de Gibraltar, sumido en una grave crisis que Gran Bretaña contrarrestó mediante la inyección constante de fondos vía subvenciones. A partir de ese momento el gobierno y la población gibraltareños comienzan a reclamar la autodeterminación del territorio, fenómeno llamado a entorpecer extraordinariamente la solución del litigio. Gran Bretaña consiguió en 1982 del débil ministro socialista Fernando Morán la reapertura de la verja, con el consiguiente cese de la sangría económica que hasta ese momento acarreaba la colonia a su metrópoli, e inició con España el proceso de Bruselas de 1985, por el que dio comienzo un diálogo que incluía el diferendo sobre la soberanía del territorio. El proceso estaba condenado al fracaso de los propósitos españoles por la obstinación de Gran Bretaña de respetar los supuestos "derechos" de los gibraltareños y de convertir la negociación bipartita en un coloquio tripartito, al conceder carácter de parte interesada al gobierno local. Con independencia del tipo de gobierno en cada época - de izquierdas, de derechas, democrático, dictatorial o absolutista - España jamás ha renunciado a considerar Gibraltar como territorio propio y la existencia de la colonia británica como un contencioso entre Madrid y Londres en el que el gobierno del peñón nada tenía que decir. Y ello precisamente por atenerse estrictamente al Tratado de Utrecht, como ya se indicaba más arriba, repetidamente esgrimido por Londres en justificación de su dominio sobre el territorio y punto de origen del status británico del Peñón pero que, al tiempo, excluye taxativamente cualquier soberanía alternativa a la británica que no sea la propiamente española [2].

   Ha tenido que presidir el gobierno de España un completo irresponsable como José Luis Rodríguez Zapatero para que el ministerio de Exteriores sea ocupado por un perfecto inútil como Miguel Ángel Moratinos. Este zote de mayúscula incompetencia acaba de quebrar la firmeza diplomática española sostenida durante tres siglos, al tiempo que sienta las bases para una perpetuación colonial o para un tal vez previsible Gibraltar independiente. Veamos cómo:

     1. Antes de tres meses se dotará de normalidad a los servicios aéreos del aeropuerto de Gibraltar. Asimismo, España y el Reino Unido solicitarán el levantamiento formal de la suspensión de todas las medidas de la Unión Europea en materia de aviación que actualmente pesa sobre el aeropuerto del Peñón.

     2. Establecimiento de vuelos directos desde el Peñón a cualquier otro aeropuerto de España y viceversa, sin controles policiales españoles o gibraltareños. Aumenta de esta forma el caos de la política migratoria del gobierno español al abrir una puerta más de entrada a la inmigración ilegal.

     3. Se acepta el uso conjunto del aeropuerto del Peñón (uso compartido de suelo español usurpado); los aeropuertos próximos a Gibraltar serán considerados "alternativos" en los vuelos hasta allí. Ese uso compartido es una vieja reivindicación de la colonia para dar un fuerte impulso al turismo y, en un mercado tan competitivo, eso podría ser un revés para algunos aeropuertos muy cercanos como Jerez o Málaga (uno de los veinte mayores de Europa por volumen de viajeros), pero también puede afectar a otros como el de Sevilla o incluso el de Melilla.

     4. La controvertida cuestión de la presencia de policía española en la terminal única del aeropuerto se solventa con la construcción de una terraza o voladizo en un extremo ésta que penetrará en territorio español. Las Fuerzas de Seguridad españolas pasarán diariamente a la terminal - y consecuentemente al istmo de Gibraltar - y controlarán pasaportes dentro de ella, pero en la práctica estarán en territorio español. Así pues, no se adquiere ventaja diplomática alguna sino, más bien al contrario, España reconoce unilateralmente la soberanía extranjera sobre el territorio. La salvaguarda de la soberanía española sobre el istmo se evapora definitivamente y no avanza un ápice en el propósito de restaurar la integridad del territorio nacional.

     5. Hasta ahora los buques que partían de Gibraltar o que llegaban allí no podían hacer escala en ningún puerto español. esta prohibición también se levanta y, como en el caso anterior, a cambio de nada, mientras que las autoridades gibraltareñas disponen ahora de puertos tan cercanos como el de Algeciras, uno de los más importantes de España, para desarrollar su economía y fortalecer su sector turístico.

  

   Cuando la Gran Bretaña decida dejar Gibraltar no será para reintegrarlo a España, según pactó en el momento de la ocupación. No asistiremos a una resolución del conflicto colonial conforme a la pauta de China en el caso de Hong-Kong sino al estilo de lo perpetrado en 1981 con el Belice usurpado a Guatemala. A fin de cuentas, toda aberración parece pequeña a un gobierno enajenado, cuyo mayor afán no es otro que traicionar al pueblo que lo eligió y disolver la nación que juró defender. Ya sólo nos resta contemplar cómo la reina de Inglaterra condecora a Zapatero y a Moratinos como "caballeros de la Orden del Imperio Británico"; Roma no pagaba a traidores pero Inglaterra, sí. 

 


 

[1] "Pero, para evitar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña, sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra" (...) Tratado de Utrecht, artículo X.

[2] "(...) Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo la propiedad de dicha ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla". Ibid.

 

LA CONMOCIÓN DE UNA CITA

LA CONMOCIÓN DE UNA CITA

Alberto BUELA

 

   Cualquiera que escribe sabe que las citas son, o bien para apoyar lo que afirmamos  o bien para fundamentar lo que criticamos. No existen las citas neutras, salvo en los bodrios académicos que se escriben como compendios de citaciones. Pero esos escritos nadie los toma en serio, ni quienes los escriben ni quienes los leen, pues es sabido que forman parte del sistema de simulacro científico-intelectual para justificar los sueldos del Estado que se cobran puntualmente a fin de mes.

   Pero cuando se intenta hablar y escribir de verdad, en forma comprometida, la finalidad de las citas es para apoyar aquello que decimos o para criticar lo que no queremos hacer directamente nosotros. Y en general, aquel que se siente criticado saca la cita de contexto para radicalizar su sentido y provocar así una reacción en contrario a la buscada. Y esto fue lo que sucedió con el discurso del Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, donde el Papa citando al emperador de Constantinopla Manuel II afirmó  que en el Corán  en un primer momento (segunda Sura) se afirma que no se puede imponer la religión compulsivamente, mientras que luego a medida que el Islam se expandía por Asia, Africa y Europa, se incorpora la conversión a través de la violencia.

   Benedicto XVI apoyado en Manuel II condena esta práctica y las respuesta del mundo musulmán es la quema de iglesias cristianas y el asesinato de una monja. En tanto los líderes religiosos a través del jefe de la Unión Mundial de Ulemas (sabios islámicos) llamaba a crucificar al Papa.

 

   Una cita sacada de contexto provocó una conmoción mundial, ¿por qué?. Porque la dijo el Papa y la Iglesia católica, como afirmara Vittorio Messori, "junto con los fumadores y los cazadores, son una de las tres categorías que no están protegidas por lo políticamente correcto, y de las que, por tanto, se puede hablar mal libremente" y porque los que hoy dirigen el Islam no son los sufíes (sus místicos, como lo fue el filósofo converso René Guenón) sino los ulemas fanáticos que controlan las masas y sus reacciones.

 

   El Papa no dijo nada que de hecho no haya ocurrido en los países musulmanes:

   a) en 1992 decapitaron en Arabia Saudita a un ministro cuando se descubrió que era cristiano.

   b) en Argelia fueron asesinados, no hace mucho, una veintena de curas, monjes y monjas por el hecho de ser cristianos.

   c) en Sudán se han producido masacres tremendas de cristianos en el genocidio de Dafour.

   d) en Nigeria se produjo el genocidio de Biafra, matando todo un pueblo.

   e) en la isla Skri Lanka (Ceilán) los musulmanes asesinan sistemáticamente a los cristianos.

   f) en Filipinas la guerrilla musulmana elimina por método a los cristianos.

   g) hace tres años ante Indonesia, Portugal tuvo que rogar por la vida de los habitantes cristianos de Timor que los estaban cazando como moscas. En una palabra, y siguiendo estos ejemplos, vemos como sigue vigente aquel juicio del emperador Manuel II: "La orden de Mahoma es difundir la fe por medio de la espada en aquellos lugares donde el Islam es poder".

 

   Sin ir más lejos, Argentina en la época de Menem cambió la construcción de una plaza en los suburbios de Ryad, por una majestuosa mezquita en el centro de Buenos Aires, porque en Arabia Saudita no existe la libertad religiosa y ni siquiera se permite practicar las variantes chiita o sunnita del Islam, sino sólo el wahabismo oficial.

 

   Esta cita del Papa y la conmoción mundial que ha provocado, dio al traste con un falso concepto de diálogo que la Iglesia viene manejando desde hace casi medio siglo, pues puso al descubierto por la reacción provocada en el mundo musulmán que no existe diálogo inter religioso  entre cristianos y musulmanes. Ni los sufies ni los santos están invitados a ello, sólo los burócratas del espíritu. Pues, como afirmara lúcidamente hace unos días Luis María Bandieri: "Un diálogo, esto es - a través del logos- supone que los dialogantes tiene una identidad, que no ocultan. Y esa identidad tiene que estar en claro, porque, si no, ¿con quién estoy hablando? ¿Con un agente encubierto? La clarificación de la identidad permite el respeto mutuo. De otro modo hay ocultamiento y simulación" [1].

 

   Y para ello la Iglesia tiene que terminar con el consenso como metodología de acción política para fijarlo como meta, en una palabra, debe dejar de utilizarlo como método. La Iglesia tiene que volver a plantearse como disidente ante el orden mundial reinante dentro del cual está, y formando parte activa, el mundo musulmán fanático y anticristiano.

   Es que es sólo a partir del disenso que se puede fundar un verdadero diálogo, y de allí intentar llegar a un consenso. Pues, como  hemos dicho en otro lugar: "Nada más lejos de él, que el parloteo - hablar por hablar y discutir por discutir- y que la jovial disposición a un compromiso que no compromete a nada. Tal suele ser el tan celebrado consenso" [2].

 

   El progresismo cristiano que está metido hasta el tuétano dentro del orden moderno, que si busca un cambio lo busca a partir del proyecto moderno aunque con premisas no ilustradas (es la única diferencia con el mundo laico, liberal e ilustrado), ha quedado mudo ante la conmoción de la cita papal. La dirigencia de Occidente ha guardado un silencio vergonzante ante la reacción desmesurada del mundo musulmán que magnificó y desvirtuó una cita para ser utilizada como pretexto para justificar asesinatos futuros.

   Es que la actual dirigencia Occidental de cristiana tiene solo la etiqueta. Piénsese en lo que pudiera ser la reacción de un Zapatero, un Prodi, un Fox, Chirac, o un Lula. Nada; carecen de reacción. Es que al carecer de convicciones lo único que cuenta es el respeto a las formalidades jurídicas. Y como no existe ninguna instancia jurídica que condene el asesinato de los cristianos en los países musulmanes, guardan respetuoso y vergonzante silencio ante la cita del viejo Papa.


 


[1] Bandieri, Luis María: Cuando el diálogo es puro verso, en internet

[2] Buela, Alberto: Teoría del disenso, Buenos Aires, Ed. Cultura et Labor, 2004, p. 7

ALDABONAZO EN RATISBONA

ALDABONAZO EN RATISBONA

Jorge GARCÍA-CONTELL

 

   El pasado 13 de septiembre Benedicto XVI pronunció un discurso en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona ([1]). Su auditorio estaba compuesto por algunos de los más preclaros maestros de las ciencias y las humanidades en Alemania. El contenido, denso y profundo, y el registro erudito en el lenguaje del orador eran obligados, especialmente si se tiene en cuenta que años atrás el hoy Papa fue catedrático y vicerrector de esa misma Universidad. La exacta y completa comprensión del discurso - en términos académicos, una lección magistral - no está al alcance de todos y, para ser exactos, pocas personas se hallan en condiciones de entender la integridad del mensaje transmitido: el texto y su contexto.

   Por inverosímil que pueda en principio parecer, la referencia a una cita de Manuel II Paleólogo ha dado literalmente la vuelta al mundo a través de titulares, editoriales y crónicas de prensa. El Papa aludió a un diálogo sostenido entre aquel emperador bizantino y un sabio persa acerca del cristianismo y el islam en 1391, en el cual el monarca decía: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». Llamaradas de ira incendian desde entonces el mundo islámico; el resto del discurso se desprecia y no se toma en consideración que en modo alguno se trate de un embate contra el islam, hasta el punto de contener una invitación expresa al diálogo apacible entre religiones. A nadie parece importar que el mensaje principal exhorte al acercamiento racional a la noción y conocimiento de Dios desde el campo de la ciencia.

 

   Se multiplican por doquier las exigencias de rectificación y buena parte del mundo musulmán exige a Benedicto XVI que pida públicas disculpas por la ofensa supuestamente inferida. El gobierno pakistaní convocó al embajador de la Santa Sede para expresar su profundo desagrado. El tiranuelo corrupto y avieso que reina en Marruecos llamó a consultas a su embajador ante el Vaticano. En Somalia una monja italiana ha sido asesinada. En Palestina han ardido varias iglesias cristianas. Un grupo fundamentalista iraquí hizo pública su amenaza de provocar atentados terroristas en la ciudad del Vaticano. Resumiendo: el mundo islámico se siente agraviado por una cita histórica del siglo XIV en la que se le reprocha su tradicional proselitismo por medio de la violencia; para demostrar la falsedad del autor de la cita y la iniquidad del Papa, se desata una ola de violencia verbal y física de la peor especie. O, dicho en otras palabras, desde el preciso momento en que alguien ose mencionar que la difusión del islam siempre ha sido precedida de la guerra - por más que se trate de una simple constatación de hechos históricos - pondrá en grave riesgo su integridad física e incluso su osada vida. Hay que reconocer que, si algo evidencian los musulmanes, es su arrogante nitidez a la hora de mostrar sus intenciones.

   Por otra parte, no deja de llamar la atención que abigarradas muchedumbres salgan a las calles para injuriar a Benedicto XVI, maldecir a los cristianos e incendiar cruces. No llama la atención porque conducta distinta sea esperable en los fieles fanáticos de una fanática fe, sino por el hecho que mencionaba al inicio de estas líneas. Ni mucho menos todos los cristianos son capaces de leer el texto íntegro del discurso, sin abandonarlo por ser genuinamente académico y, por tanto, poco ameno. De entre aquellos que mantengan su atención hasta el punto final, sólo algunos lo habrán comprendido en su integridad, incluidas las múltiples referencias filosóficas que contiene. Así pues, lo que verdaderamente sorprende es que tantos musulmanes, habitantes de países subdesarrollados con altas tasas de analfabetismo y donde la instrucción superior es exclusiva de privilegiados, muestren tan airadamente su indignación por un texto que para ellos es doblemente confuso y abstruso. Parece bastante clara la intervención de minorías sectarias y decididas a explotar un victimismo tan falso y mendaz como políticamente rentable.

 

   Pero hay otra faceta que sorprende e indigna más todavía en toda esta barahúnda de reacción ante las palabras del Papa Ratzinger. El diario "The New York Times", en su editorial del 14 de septiembre, consideraba que el discurso fue "peligroso y trágico" y que venía a "crispar las relaciones entre cristianos y musulmanes". Es preciso hacer gran acopio de cinismo para escribir semejante embuste, desde ese periódico y en ese país. Claro que, a la vista de los acontecimientos que se suceden diariamente y desde hace años, no faltará quien interprete que el definitivo sometimiento del oriente medio es una etapa necesaria antes del completo establecimiento del "one world" y a ese fin sirve inmejorablemente azuzar un artificial conflicto religioso entre los dos grandes monoteísmos, mientras queda indemne y al margen el tercero menor. Y por supuesto nunca está de más, en esta época de relativismo ético y pseudoespiritualismo "new age", alimentar la idea según la cual los males y la intransigencia derivan necesariamente de las religiones dogmáticas.



[1] http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg_sp.html

 

DINERO SINDICAL, DINERO POPULAR

DINERO SINDICAL, DINERO POPULAR

Francisco TORRES

 

   Las cuentas de los sindicatos vienen a ser algo así como las fabulosas cuentas del Gran Capitán; sólo que Fernández de Córdoba, al menos, sí tuvo que explicar sus gastos a los reyes. Los grandes sindicatos han establecido, en España, una relación simbiótica con el Estado, altamente satisfactoria ya que éste les subvenciona y no les pide cuentas. Si el control de las cuentas de los partidos es un enorme castillo de naipes el de los sindicatos resulta inexistente.

   Los sindicatos no viven de sus afiliados, viven a expensas de los Presupuestos Generales del Estado, o menos eufemísticamente hablando de nuestros impuestos. Nuestro dinero sufraga sus gastos, sus liberados, sus actividades y sus bagatelas. Un dinero que como no les cuesta ganarlo, como no nace del trabajo, manejan alegremente. Reivindicando un añejo patrimonio sindical -aunque tal sindicato no existiera en aquellos tiempos- se han hecho con una importante red de inmuebles inmejorablemente situados cuyas cargas también salen de nuestros impuestos. Sin el dinero público el actual sistema sindical, los grandes sindicatos, probablemente dejarían de existir.

 

   Comisiones Obreras, que no vive de sus afiliados; que, según se dijo en su día, parece ser experta a la hora de utilizar las ventajas del sistema temporal de contratación, posee un magnífico local en el centro de Madrid, con un teatro incluido. A ese escenario, sufragado con nuestros impuestos, suben representaciones que difícilmente obtendrían el más mínimo respaldo del público. Comisiones Obreras, que vive de los dineros públicos, ha cedido ese teatro a Pepe Rubianes amparándose, como último recurso dialéctico, en que el “derecho al trabajo” no puede perderse por opiniones personales; porque sin ese argumento difícilmente podría explicarse el empeño sindical mostrado a la hora de conseguir que Rubianes actuara en Madrid de forma inmediata.

   Las actividades de los sindicatos, culturales o formativas, también son posibles merced a la subvención oficial. Actividades que, en estos años, tampoco han estado libres de sospecha. La actuación del señor Rubianes en ese teatro, al igual que iba a suceder en el Teatro Español, la pagamos todos. Comisiones Obreras no ha tenido la decencia, tras admitir entre líneas que en la protesta ciudadana nada tenía que ver el contenido de la obra, de exigir al actor una retractación clara y sin máscaras de sus insultos a España y a los españoles. No lo ha hecho porque el brazo sindical del PCE sólo saca pecho en cuestiones políticas y cree que con su acción contribuirá a la manipulación de la memoria histórica, a la revancha histórica, que anida en el corazón de ese esperpento político que encarna Gaspar Llamazares.

FALSIFICACIONES Y RÉDITOS DE 1714

FALSIFICACIONES Y RÉDITOS DE 1714

Miquel PORTA PERALES

 

   El politólogo británico Anthony D. Smith advierte que el nacionalismo inventa la nación seleccionando aquellos rasgos o hechos, reales o imaginarios (lengua, mitos, símbolos, historia, tradición, cultura, carácter, etcétera), susceptibles de cohesionar el sentimiento de identidad nacional. Y Smith concluye que el nacionalismo convierte la nación en un «relato que recitar» y «aprender a través de las imágenes que proyecta, los símbolos que usa y las ficciones que evoca». En resumen, la nación sería un conjunto de fábulas históricas y figuras literarias. Al respecto, el proceso de invención de la nación catalana durante el XIX es paradigmático: se manipula y mitifica la historia al tiempo que se nacionalizan determinadas características de orden local o comarcal previamente depuradas de lo extraño, que suele ser lo español. Y en ese proceso, el 11 de septiembre de 1714 -ejemplo de cómo se tergiversa la historia a mayor gloria de la nación inventada- ocupa un lugar de privilegio. Ante la inminente celebración de la Diada, conviene cuestionar la interpretación oficial y repasar lo sucedido en su complejidad. Y conviene también sacar alguna conclusión en clave de presente.

 

   Se debe empezar recordando que el 1 de noviembre de 1700 Carlos II muere sin descendencia y que su último testamento otorga la corona de España a Felipe de Anjou, que se convertirá en Felipe V. Se debe recordar también que, después del nombramiento, se forma una coalición internacional (Inglaterra, Holanda, Austria y Portugal) contra un bloque franco-hispano que acumula un poder excesivo. Puestos a recordar, hay que añadir que Felipe V jura las Constituciones del Principado y que Cataluña se mantiene fiel a la monarquía borbónica hasta 1705, en que la oligarquía comercial barcelonesa firma el Pacto de Génova con ingleses y austriacos en virtud del cual el Principado cambia de bando y declara su fidelidad al pretendiente austracista, el archiduque Carlos. El Pacto de Génova data de junio de 1705, pero Carlos no conseguirá entrar en Barcelona hasta noviembre del mismo año, cuando logra acabar con la resistencia de la ciudad. Finalmente, Carlos, al ser nombrado en 1711 emperador de Austria, perderá su interés por Cataluña. Y en el año 1713, la coalición internacional también se desinteresará del conflicto y firmará el Tratado de Utrecht. Ni que decir tiene que las tropas austracistas, que habían prometido defender las constituciones catalanas, abandonan Cataluña. El 11 de septiembre de 1714 el ejército de Felipe V entra en Barcelona.

   Conocidos los hechos y su circunstancia, hay que remarcar algunos detalles que el nacionalismo catalán olvida o tergiversa. Por ejemplo: que en 1702 Felipe V jura las Constituciones catalanas y, en consecuencia, no se puede decir que los borbones anulan el régimen político propio de Cataluña; que el cambio de bando que tiene lugar en 1705 -probablemente, una traición en toda regla- obedece a los intereses de una oligarquía barcelonesa perjudicada por el bloqueo del Mediterráneo impulsado por la coalición antiborbónica; que el compromiso de los catalanes, como demuestra la resistencia al pretendiente austracista una vez firmado el Pacto de Génova, está con Felipe V. Otro detalle: contrariamente a lo que se dice, el austracismo sólo triunfó en el triángulo formado por Barcelona, Igualada y Tarragona. ¿Una guerra de Cataluña contra la imposición de un rey extranjero? Dejando a un lado que los dos pretendientes eran extranjeros, lo que resulta plausible es que estamos ante un conflicto creado por la infidelidad de una oligarquía barcelonesa que veía amenazados sus negocios y privilegios, porque si es cierto que Felipe V respetó los fueros y concedió exenciones fiscales al Principado, no es menos cierto que negó determinados prerrogativas a una oligarquía dañada por el bloqueo del Mediterráneo. Y si se trata de recordar que el Decreto de Nueva Planta fue de signo abolicionista, también hay que recordar un par de cosas. Primera: que la abolición llegó como consecuencia del cambio de bando de 1705. Segunda: que el Decreto de Nueva Planta limitó muy seriamente el poder de la oligarquía, impulsó un programa de reformas y modernización que permitió el desarrollo de Cataluña y, como dijo Vicens Vives, significó el desescombro de una sociedad feudal saturada de privilegios y privilegiados. Quien perdió la libertad no fue Cataluña, sino las clases dominantes.

 

   Alguien preguntará por Rafael Casanova, «el héroe de la resistencia nacional catalana» que cada 11 de septiembre recibe flores en su tumba y monumento. En pocas palabras: la noche del 10 al 11 de septiembre de 1714, nuestro héroe -partidario, por cierto, de pactar con los atacantes- está en la cama; sólo acude al frente cuando le avisan de la gravedad de lo que ocurre; es herido levemente en un muslo y retirado de inmediato a la retaguardia; atendido de la herida quema los archivos, consigue un certificado de defunción, delega la rendición en otro consejero, y huye de la ciudad disfrazado de fraile. Posteriormente, reaparecerá en Sant Boi de Llobregat, donde ejercerá la abogacía sin ningún tipo de problema, recibiendo el perdón de Felipe V. En definitiva, sacando a colación la terminología del nacionalismo catalán, Rafael Casanova -vaya paradoja- no es sino un botifler, un traidor españolista.

   ¿La razón de la manipulación y mitificación de lo ocurrido? Al nacionalismo catalán, la tergiversación histórica, el «relato que recitar» y «aprender» de Smith, le es indispensable para cohesionarse y cultivar la imagen de una Cataluña secularmente asediada por una España de la cual hay que desconfiar o liberarse para realizar el sueño de la reconstrucción nacional. Y note el lector que si los tiempos cambian que es una barbaridad, el nacionalismo catalán -indefinición política, papel determinante del interés económico, búsqueda del privilegio bajo la forma de derechos históricos- continúa siendo hoy igual que ayer. La falsificación de 1714 todavía da réditos.

 

(ABC. 10-9-2006)

SAN MARTÍN Y ROSAS

SAN MARTÍN Y ROSAS

Mario MENEGHINI

 

   Éste es un tema que pocas veces se trata. San Martín, pese a tantos libros nefastos que se han publicado en los últimos años, conserva una imagen indiscutida para la mayoría de los argentinos. No ocurre lo mismo con Rosas, que presenta una imagen polémica; no puede desconocerse que los primeros historiadores pertenecieron al sector político que se enfrentó con él. Por eso, para tratar de ser objetivos es necesario arriesgarse a una exposición árida, analizando la cuestión en base a hechos y documentos concretos.

  

   Los antecedentes que hoy se conocen, demuestran que hubo una relación de admiración mutua entre estos próceres, de los cuales es posible advertir una suerte de vidas paralelas. San Martín, llevando la libertad a tres pueblos. Rosas, consolidando la obra del Libertador. Resulta explicable que los dos hayan experimentado esa atracción recíproca, que suele existir entre aquellos dirigentes de empresas semejantes.

   Hubo actitudes de Rosas hacia el Gral. San Martín y de éste a Rosas. Podemos mencionar dos estancias en la provincia de Buenos Aires, a las que Rosas denomina con el nombre de San Martín, a una, y Chacabuco, a la otra.

   En 1841, el Ayudante de Órdenes del almirante Brown, que era Álvaro Alzogaray -quien se destacaría luego en el combate de la Vuelta de Obligado- le trasmite la propuesta de bautizar al bergantín Oscar, recientemente adquirido para la flota, con el nombre de Ilustre Restaurador. Rosas se opone, y ordena que se lo bautice con el nombre de San Martín a este velero que participó en muchos combates y llegó a ser el barco insignia de la flota.

   En varios de los mensajes a la Legislatura de Buenos Aires, para informar sobre la marcha del gobierno,  que Rosas dirigía anualmente pese a tener Facultades Extraordinarias, menciona elogiosamente a San Martín.

   Cuando muere el Libertador, la Gaceta de Buenos Aires, por orden de Rosas, publica durante diez días una biografía muy bien escrita del Padre de la Patria. La firma "un argentino", pero se sabe que el autor era el joven Bernardo de Irigoyen, que trabajaba para el Gobernador.

   La misma disposición favorable, encontramos en San Martín respecto a Rosas, siendo de destacar el mayor gesto de aprecio y admiración consistente en legarle su sable, en el párrafo tercero de su testamento ológrafo, firmado el 23-1-1844 y depositado -como era costumbre de la época- en la Legación Argentina en París: "El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República, contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla". En aquellos años vivían aún figuras prominentes, con sobrados méritos para hacerse acreedores de esa distinción. Entre los militares, que compartieron acciones bélicas con San Martín, recordemos a Las Heras, Soler, Necochea, Paz, La Madrid, y Guido, su mejor amigo. Entre los colaboradores políticos de su gesta libertadora, vivía Pueyrredón. Entre los marinos vivía el prócer máximo de nuestra Armada, el Almirante Brown. De los personajes civiles, que podrán hacer recibido el legado, podríamos mencionar a Larrea, único sobreviviente de la Primera Junta, y a Vicente López y Planes, autor del Himno Nacional. Pero San Martín, distinguió a quien se acercaba más a sus propios valores, y el glorioso sable fue para Rosas. Esta decisión ha sido motivo de comentarios y de dudas.

   Algunos sostuvieron que hubo un testamento posterior en el cual San Martín corrige las disposiciones del firmado en 1844. Por su parte, el Dr. Villegas Basavilbaso, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, al entregarle el 17-8-1960, al entonces Presidente de la Nación Dr. Frondizi, el testamento original rescatado de Francia, incluye en su discurso una interpretación de la cláusula tercera del testamento. Afirma que San Martín le lega su sable a Rosas, porque era en ese momento el Jefe del Estado, y no por sus merecimientos. Deducción pueril que no resiste el menor análisis.

   Otra interpretación, que ha sido compartida por muchos, la hace uno de los biógrafos más conocidos de San Martín, don Ricardo Rojas, que en artículos periodísticos en 1950, expresó que San Martín le hizo el legado a Rosas únicamente por su política exterior. Resultaría, entonces, que Rosas fue un patriota cuando defendió a su país de la agresión externa, pero fue un tirano cuando combatió a los unitarios, que promovieron y cooperaron con esa misma agresión. Resulta, sin embargo, que el mismo prócer, en carta que le escribe a Rosas, el 10 de junio de 1839, le dice: "...porque lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer".

 

   Como se advierte, no es posible separar los dos aspectos de la política, porque son partes de una misma gestión pública. Lo que ocurre, es que se insiste en presentar a San Martín, sin debilidades ni pasiones, como a un Santo de la Espada, al que no se puede involucrar en definiciones políticas. Esto es imposible en los dirigentes que quieren a su patria y, si bien es cierto que el Libertador no quiso participar en las luchas fratricidas, nunca ocultó su opinión y la manifestó con franqueza.

   Surge de la lectura de las siete cartas personales que le escribió a Rosas, en doce años de intercambio epistolar recíproco, así como en la correspondencia a Guido y a otras personas, que San Martín nunca permaneció neutral ni indiferente ante las situaciones que vivía el país. San Martín sostuvo que, para cortar de raíz los males argentinos, era necesaria una mano fuerte, para establecer el orden. Y en la última carta a Rosas, del 6-5-1850, tres meses antes de su muerte, le expresa: "...como argentino me llena de un verdadero orgullo al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecido en nuestra querida Patria; y todos estos progresos efectuados en circunstancias tan difíciles en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados yo felicito a Ud. sinceramente como igualmente a toda la Confederación Argentina. Que goce Ud. de salud completa y al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento del pueblo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. éste su apasionado amigo y compatriota que besa su mano." José de San Martín

   Se puede advertir que, de los cuatro logros alcanzados por Rosas, según San Martín, los tres primeros: prosperidad - paz interior y orden, son inherentes a la política interna; y el cuarto: honor nacional, sería un logro de la política externa. Además, San Martín hace abstracción de esa dicotomía, aplaudiendo la gestión global del Restaurador, al decir: por todos estos progresos... por tantos bienes realizados... yo felicito a Ud., etc.

 

   Aunque resulte curioso, San Martín y Rosas nunca se conocieron personalmente; y la relación a distancia, se inicia con motivo de la intervención armada que el reino de Francia inicia en el Río de la Plata, en 1838, cuando el Libertador llevaba ya quince años en el exterior.

   El conflicto surgió cuando Francia reclamó el beneficio del trato de Nación más favorecida, considerando el gobierno argentino que eso debía ser consecuencia de un tratado bilateral, y no como una concesión gratuita. El cónsul pidió los pasaportes y se trasladó a Montevideo logrando que la flota francesa realizara un bloqueo del puerto de Buenos Aires, medida que representaba iniciar hostilidades en condiciones riesgosas para nuestro país, teniendo en cuenta la disparidad de fuerzas.

   Fue en ese momento que San Martín se dirige al gobernador de Buenos Aires, a cargo de las relaciones exteriores de la Confederación, dando comienzo a la relación entre ambos. La carta está fechada en Gran Bourg, el 3-8-1838, y en ella se expresa: "...ignoro los resultados de esta medida; sin son los de la guerra, yo sé lo que mi deber me impone como americano...esperar...sus órdenes si me cree de alguna utilidad...inmediatamente de haberlas recibido, me pondré en marcha para servir a mi Patria en la guerra contra Francia en cualquier clase que se me destine."

 

   Desde su retiro, en 1823, fue ésta la primera y única vez que San Martín ofreció regresar al país y tomar las armas. El gesto del Libertador es de mayor valor, si se tiene en cuenta el análisis técnico que había hecho en carta a Guido: "...temo mucho que el gobierno pueda sostener con energía el honor nacional y se vea obligado a suscribir proposiciones vergonzosas". Es decir, que estuvo dispuesto a volver no para sumarse a una victoria segura, sino para defender la bandera aún previendo una derrota.

   La habilidad diplomática de Rosas consigue capear el temporal, y se suscribe un tratado que representa un triunfo para la Argentina. Actitud opuesta a la de San Martín muestra Alberdi, quien desde Montevideo fue el mentor ideológico de la intervención extranjera en el Río de la Plata, sosteniendo: "que la razón sea de Francia o de la República Argentina no es del caso averiguar en este instante"... "la conveniencia y el honor de un pueblo están en no ser hollados por un tirano...".

   En 1845, Francia inicia una segunda intervención, aliada ahora con Inglaterra. Otra vez se establece el bloqueo, por la flota anglo-francesa, y se toma la isla de Martín García. En esta ocasión, el 11-1-1846, San Martín escribe a Rosas para manifestarle que si no fuera por insuperables motivos de salud: "...me hubiera sido muy lisonjero poder nuevamente ofrecerle mis servicios que aunque conozco serían inútiles demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de Inglaterra y Francia contra nuestro país, éste tiene aún un viejo defensor de su honra e independencia".

   Pese a no poder trasladarse físicamente, San Martín colabora redactando un informe profesional sobre la intervención, advirtiendo que no dudaba que las potencias podrían apoderarse de Buenos Aires, pero que no podrían sostenerse mucho tiempo y esto hace técnicamente inviable la operación. El informe fue publicado en un diario londinense que destaca que el autor es el militar que logró la liberación de Buenos Aires, Chile y Perú, del yugo español.

   En 1849 insiste en carta a un ministro francés que los gastos y dificultades serán inmensos, debido a la posición geográfica del país, al carácter de sus habitantes y a la distancia desde Francia, y que es deber de estadistas pesar las ventajas que deben compensar los sacrificios. Esta carta contribuyó al nuevo triunfo diplomático de Rosas, pues fue leída en el Parlamento y tenida en cuenta para decidir  el cese de hostilidades.

   El mismo Alberdi, en su estudio titulado "La República Argentina, treinta y siete años después de la Revolución de Mayo", rectifica su opinión, criticando la colaboración de los unitarios con el extranjero invasor, y aunque sigue viendo en la mano de Rosas la vara de la dictadura, dice que ve también en su cabeza la escarapela de Belgrano.

 

   Quiero terminar esta reflexión, recordando un editorial del diario El Tiempo de Buenos Aires, de 1897, escrito con motivo de la repatriación del sable del Libertador, por Leopoldo Lugones, en el que afirma que Rosas: "...hizo pelear a su pueblo y batiéndose -ambidiextro formidable- con un brazo contra la traición que ponía en venta la propia tierra por envidia de él, y con el otro contra la invasión que venía a saquear en tierra extraña..." "Y por segunda vez se salvó la independencia de la América...", "San Martín sintió que sus canas eran todavía pelos viriles, comprendió toda la grandeza del esfuerzo del Dictador, y dijo que en mejor mano no podía caer la prenda heroica. Redactó su testamento partiendo la herencia en dos: dejó su corazón a Buenos Aires, y su sable a Don Juan Manuel de Rosas".

 


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   Exposición en Panel, realizado en el Cabildo de Córdoba (4-9-2006).

   Fuentes:

   -French, Carlos. "Reciprocidad entre San Martín y Rosas"; revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Nº 60, 2000, pgs. 108/119.

   -Fernández Cistac, Roberto. "San Martín y la intervención extranjera"; ibídem, pgs. 120/127.

EL CORCET DE LOS INTELECTUALES CORRECTOS Y SUS SPONSORS

EL CORCET DE LOS INTELECTUALES CORRECTOS Y SUS SPONSORS

Alberto BUELA

            

                  (Nadie puede dar lo que no tiene)

 

   Muchos nos preguntan hoy cómo uno puede coincidir en parte y a veces en todo con autores tan disímiles como Alasdair MacIntayre, Slavoj Zizek, Michel Maffesoli, Massimo Cacciari o Alain de Benoist para hablar de los extranjeros. Es que estos son los intelectuales que llevan hoy adelante el mundo de las ideas. Son de los pocos que están pensando sobre lo que es y existe, tal como se da en nuestros días. Y no simplemente copiando y diciendo "más de lo mismo".

    Al acabarse una visión totalizadora del hombre, el mundo y sus problemas, y acá nos referimos a la cosmovisión ilustrada que se desarrolló a partir del siglo XVII, al hacerse más complejas y complicadas las relaciones del hombre con su medio social, político, económico y cultural, estos pocos pensadores nos brindan hoy hilos conductores, siempre parciales, pero que de alguna manera nos permiten reconstruir una cierta visión holística de lo que es y existe. Hay que agregar además que se acabó, por estéril e incompleta, la autoridad de los grandes capitostes del pensamiento universal. Los grandes y promocionados autores que forman lo que se ha dado en llamar la policía del pensamiento, ej. Eco, Grass, Savater, Argullol, Rorty, Fuentes, Vargas Llosa, capotaron. Se quedaron sin un mensaje válido. Es puro esteticismo literario y político sin ningún contenido sustancial. Venden sí, porque existe esa máquina extraordinaria de fabricar imbéciles que es el circuito publicitario massmediático. Pero sus ideas carecen de encarnadura ante los problemas que plantea nuestro tiempo.

 

   Las modas y sobre todo las modas literarias y filosóficas pasan y muy rápido. Lo que quedan son los clásicos y los pensamientos que se transforman en clásicos, esto es, aquellos que siempre tienen una respuesta adecuada para los temas de nuestro tiempo. Para poner un ejemplo francés, nación que desde hace 200 años tiene la hegemonía cultural en el "mundo bolita". ¿Quién lee hoy a León Robin,  Brunschwig, Jankélévitch, Levinas, Levy-Bruhl y tantos otros que ocuparon por años las cátedras de la Sorbona? Nadie. ¿Quién lee seriamente desde la filosofía a los actuales Derrida, Henry-Levy, Grucksman o Finkielkraut, a pesar de la masiva publicidad que reciben sus obras? Nadie.

   Ni que hablar del ámbito local (1) el panorama es desolador. Las fuentes de información exclusiva son los dos grandes diarios y lo que no aparece en ellos no existe.

   Y así hablando de los franchutes, ¿quién sabe en nuestro medio de la existencia de Pierre Boutang, la contraparte de Sartre, autor de cientos de trabajos de la mejor y más profunda índole, o de Jean Cau, Gibert Comte, Pierre Gripari, Claude Karnoouh, Jean Sévillia, Claude Rousseau, incluso de Simone Weil o Gustave Thibon? Casi nadie.

 

   Y como nadie puede dar lo que no tiene. ¿Qué pueden darnos nuestros sedicentes pensadores como Lanatta, Grondona, Caparrós, Aguinis, Kovaldoff, si como dice el tango: "vos tenés el mate lleno de infelices ilusiones"? Nada. Confusión y más de lo mismo. Si hablamos de historia contemporánea tenemos que pensar como "se piensa". Es imposible cuestionar, por ejemplo, un tema demonizado como la función de las cámaras de gas en los campos de concentración. Cuando está requeteprobado, por propios investigadores judíos como Norman Finkelstein en La industria del holocausto (2003) que existieron las cámara de gas pero que el gas ziklon B mata piojos pero no al hombre y que los nazis mataron a los judíos y gentiles en los campos de concentración con un tiro en la nuca. Esta es la realidad que mostraron los registros alemanes devueltos por los rusos a Alemania en el 2001.

   Si hablamos de política y cuestionamos la democracia formal que impera en nuestros países, donde todos somos iguales pero algunos más iguales que otros,  inmediatamente, somos tildados de antidemocráticos y fascistas.

   Si hablamos de cultura y cuestionamos la doctrina del multiculturalismo propuesta desde los centros de producción de sentido por el imperialismo yanqui para mantenernos más divididos de lo que estamos en el "mundo boli" nos cuestionan por hegemónicos. Aun cuando nosotros postulemos un interculturalismo para Suramérica.

   Si hablamos de ideología de los derechos humanos contraponiéndola a "los derechos de los pueblos" nos tildan de populistas.

   Y así todo, y sigue y sigue. A cada relato políticamente correcto se le puede oponer una visión y versión alternativa. Y esto es lo que no se acepta. Y no permite el corcet del pensamiento políticamente correcto.

 

   Pongo un ejemplo personal, aun cuando el consejo nos dice que en la vida hay que hablar mucho de las cosas, poco de los otros y nada de uno. Lo hago porque el caso nos viene como anillo al dedo. Quiero aclarar que si critico a estas personas es para remediar el mal que ocasionan, porque no es de mi intención  utilizar el mal como pretexto para desahogarme. 

   Entré a trabajar el año pasado (2005) en el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires porque alguna autoridad del Instituto me reconoció el mérito de hablar de Suramérica y no de Sudamérica, galicismo evidente. Mi tarea fue, cosa que hice, intentar pensar la identidad bonaerense y perorar por toda la provincia en ese sentido. Algo habremos dicho porque los materiales salieron publicados en Madrid.

   Cambiaron las autoridades y, sin agua va ni agua viene, me dejaron cesante sin más. Consulto, y el actual presidente es un peronista progresista que se dice de izquierda, lo que se llama un funcionario políticamente correcto y formando parte del pensamiento único. ¿Qué se puede esperar de semejante demócrata? Un acto totalitariamente democrático. Me dejó sin laburo y sin mediar ninguna explicación... porque sí. Claro está, este pequeño hombre ruín, la única persecución que sufrió en su vida fue cuando su mamá, en su Olavarría natal, lo corría para que tomara el café con leche. Nadie puede dar lo que no tiene.

 

   Está claro que estos personajes no son verdaderos intelectuales pero eso sí, son gestores de intelectuales y aquí nace el problema. La culpa no es del chancho sino de quien le da de comer, y este tipo de personajes son quienes les dan de comer a los intelectuales. ¿Pero a cuáles? A los que ellos eligen. Y ahí estamos fritos, forfai diría un reo.

   Porque: nadie puede dar lo que no tiene.

 

   Este es el  background  político cultural que le ofrecen desde la provincia de Buenos Aires al presidente. Algo lamentable. Pero Kirchner, será lo que sea pero no come vidrio. Este paquete no se lo venden. Ni hablemos del dinero que le salen estos cambios al erario público de la provincia  con tantas idas y vueltas.

   Vemos entonces cómo el maridaje entre políticos políticamente correctos y pensamiento único, consolida el relato de la policía del pensamiento que nos viene a decir cómo, cuándo y dónde debemos pensar y sobre todo: qué debemos pensar y responder.

   Así el poder político a través de sus gestores (los agentes políticos) al carecer de conciencia política soberana, autónoma y nacional se transforma en el sponsor principal del pensamiento políticamente correcto.

   A su vez, el intelectual correcto, le es útil por dos: a) no sólo no lo cuestiona los chachuyos de los funcionarios, porque está cobrando, sino que b) justifica ese tipo de poder vicario y dependiente de decisiones que, en general,  nos vienen tomadas desde afuera. Se produce así este corcet o brete que se retroalimenta a sí mismo conformado por agentes políticos que no pueden preguntarse más allá de lo dado e intelectuales que vienen a justificar el statu quo reinante.

Así, el cambio el cambio es lo único en lo que no pueden pensar. Renace de sus cenizas el viejo y conocido gatopardismo: Hacer como que cambia algo para que, en definitiva, nada cambie.

 

 

 

(1).- Recuerdo cuando yo era muchacho y comenzaba a estudiar filosofía León Dujovne y Risieri Frondizi (que es de la misma cofradía) eran los  marajás de Capurtala de la carrera. Con los años se apagó su estrella, sea porque se descubrió que Frondizi copió sus tesis de E. Gilson, sea porque los trabajos de Dujovne eran todos un refrito. Aparecieron luego los Barilko, los Jalfen, los Madanes, los Klimosky que se terminaron cociendo en su propia salsa. Hoy tenemos los Kovaldoff, los Abraham, los Feimann, los Heller, los Aguinis, los Rotzinger, etc,etc.  Todo un esfuerzo de publicidad inútil sólo para engrupir a los otarios. La gilada es la consumidora de cultura, en Argentina, a través de los diarios La Nación, Clarín y su hijo putativo Página 12.

   Ciertamente que ellos "logran vigencia" por estar publicitados semana tras semana, día tras día, en los grandes medios gráficos, pero lo que no logran es permanencia. Y éste es su drama, gastan dinero e influencias en su promoción y publicidad y terminan apagándose como la luz de un fósforo en el momento mismo de su muerte. ¿Quién puede proponer hoy, sin caer en el ridículo y la burla, un congreso de filosofía para estudiar el pensamiento de León Dujovne o Jaime Barilko?

   Es que en el orden filosófico y específicamente metafísico es un pensamiento absolutamente inconsistente. Nadie puede dar lo que no tiene.

III JORNADAS "LA HISPANIDAD HOY"

III JORNADAS "LA HISPANIDAD HOY"

XXXV REUNIÓN DE INSTITUTOS ARGENTINOS DE CULTURA HISPÁNICA

Fechas: 19, 20 y 21 de octubre de 2006

Lugar: Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. (Argentina).  

   
  

   OBJETO: Las presentes jornadas tienen por finalidad el estudio, diagnóstico y reflexión sobre temas acuciantes y controvertidos que se están dando en la comunidad Iberoamericana de Naciones con el objetivo de plantear estrategias para el futuro.
  

   TEMAS: Desafíos Culturales para Hispanoamérica Hoy.

   A. Cultura de la vida y de la muerte: aborto, eutanasia, eugenesia, planificación y salud reproductiva
   B. Cultura de la sexualidad: perspectiva de género, homosexualidad, transexualismo, lesbianismo, travestismo, bisexualidad, etc. 
   C. Los derechos humanos: los derechos del niño por nacer, matrimonio homosexual, adopción por matrimonios homosexuales, filosofía cristiana y derechos humanos.

   D. Orientaciones políticas: indigenismo y neoindigenismo y su acción o incidencia en las formaciones y movimientos políticos iberoamericanos

 

   PARTICIPANTES: Existirán dos categorías de participantes: los activos y los oyentes, según presenten o no ponencias. Asimismo se contará con la presencia de invitados especiales.

 

   PONENCIAS: CONDICIONES: Las ponencias deberán ser trabajos originales e inéditos, con una extensión que no supere las 15 páginas, incluyendo el aparato erudito. También deberá enviarse un resumen del contenido de un máximo de treinta líneas.

   Los trabajos deberán ser presentados observando las siguientes condiciones:

 

   - Máximo 15 páginas tamaño A4, incluidas las notas.
   - Fuente: Times New Roman 12, espaciado sencillo
   - En el encabezado, a la derecha, en la primera hoja, apellido y nombre del ponente e institución académica a la que pertenece, si así lo fuera.

 

   Los trabajos podrán ser presentados hasta el día viernes 13 de octubre inclusive como plazo máximo y único, en un soporte digital (CD o diskette 3 ½) personalmente o por correo postal o por correo electrónico en las siguientes direcciones:
Domicilio del Sr. Presidente, Ignacio Tejerina Carreras, Av. Hipólito Yrigoyen 421, 1º Piso  "A", Córdoba Capital, Tel. (0351) 469-7498;

Sede del Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba, Av. Rafael Núñez 3947, Bº Cerro de las Rosas, 5009, Córdoba.

Correo electrónico: info@culturahispanicacba.com.ar; culturahispanicacba@yahoo.com.ar

 

   Las ponencias recibidas serán sometidas a la consideración de la Comisión Organizadora, que constatará la observancia de los requisitos formales arriba establecidos y su adecuación al temario de esta convocatoria, del mismo modo que debe poseer una fundamentación seria con las referencias bibliográficas correspondientes. En caso que las ponencias superen un número determinado se formarán dos o más comisiones para su tratamiento.

 

   Las ponencias se expondrán por no más de 15 minutos y luego podrán utilizarse hasta 10 minutos para su debate.

 

   Las ponencias seleccionadas podrán ser publicadas por el Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba, según las posibilidades materiales de ese momento y siempre que se cuente con el material solicitado en diskette o CD. Si es posible la publicación, debe realizarse dentro de los 12 meses posteriores a las Jornadas, y en caso contrario, los autores tienen libertad de publicarlo donde lo consideren conveniente.

 

   AUTORIDADES:  La autoridad de las Jornadas será la Comisión Organizadora que estará integrada por el Prof. Ignacio Tejerina Carreras como  Presidente; el Lic. Gustavo H. Ramos, como Vicepresidente y el Ing. Luis Maltese Guerra como Secretario.

 

   El Costo previsto para la inscripción en las Jornadas es de $ARG 30 (US$ 10) para los participantes activos y $ARG 20  (US$ 7) para los oyentes.