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Bitácora PI

DINERO SINDICAL, DINERO POPULAR

DINERO SINDICAL, DINERO POPULAR

Francisco TORRES

 

   Las cuentas de los sindicatos vienen a ser algo así como las fabulosas cuentas del Gran Capitán; sólo que Fernández de Córdoba, al menos, sí tuvo que explicar sus gastos a los reyes. Los grandes sindicatos han establecido, en España, una relación simbiótica con el Estado, altamente satisfactoria ya que éste les subvenciona y no les pide cuentas. Si el control de las cuentas de los partidos es un enorme castillo de naipes el de los sindicatos resulta inexistente.

   Los sindicatos no viven de sus afiliados, viven a expensas de los Presupuestos Generales del Estado, o menos eufemísticamente hablando de nuestros impuestos. Nuestro dinero sufraga sus gastos, sus liberados, sus actividades y sus bagatelas. Un dinero que como no les cuesta ganarlo, como no nace del trabajo, manejan alegremente. Reivindicando un añejo patrimonio sindical -aunque tal sindicato no existiera en aquellos tiempos- se han hecho con una importante red de inmuebles inmejorablemente situados cuyas cargas también salen de nuestros impuestos. Sin el dinero público el actual sistema sindical, los grandes sindicatos, probablemente dejarían de existir.

 

   Comisiones Obreras, que no vive de sus afiliados; que, según se dijo en su día, parece ser experta a la hora de utilizar las ventajas del sistema temporal de contratación, posee un magnífico local en el centro de Madrid, con un teatro incluido. A ese escenario, sufragado con nuestros impuestos, suben representaciones que difícilmente obtendrían el más mínimo respaldo del público. Comisiones Obreras, que vive de los dineros públicos, ha cedido ese teatro a Pepe Rubianes amparándose, como último recurso dialéctico, en que el “derecho al trabajo” no puede perderse por opiniones personales; porque sin ese argumento difícilmente podría explicarse el empeño sindical mostrado a la hora de conseguir que Rubianes actuara en Madrid de forma inmediata.

   Las actividades de los sindicatos, culturales o formativas, también son posibles merced a la subvención oficial. Actividades que, en estos años, tampoco han estado libres de sospecha. La actuación del señor Rubianes en ese teatro, al igual que iba a suceder en el Teatro Español, la pagamos todos. Comisiones Obreras no ha tenido la decencia, tras admitir entre líneas que en la protesta ciudadana nada tenía que ver el contenido de la obra, de exigir al actor una retractación clara y sin máscaras de sus insultos a España y a los españoles. No lo ha hecho porque el brazo sindical del PCE sólo saca pecho en cuestiones políticas y cree que con su acción contribuirá a la manipulación de la memoria histórica, a la revancha histórica, que anida en el corazón de ese esperpento político que encarna Gaspar Llamazares.

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