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EL ISLAMISMO Y LAS IZQUIERDAS EN IBEROAMÉRICA

EL ISLAMISMO Y LAS IZQUIERDAS EN IBEROAMÉRICA

Horacio CALDERÓN

 

   1/. Convergencia de actores estatales islamistas y marxistas-leninistas y de la izquierda iberoamericana

 

   Lo primero que puede observarse es el proceso de convergencia que existe entre actores estatales como Irán, por un lado, y Venezuela, Cuba y Bolivia por el otro, cuyas agendas sólo pueden tener como objetivo común enfrentar a los EE.UU. y sus aliados. A dicha agenda confluyen numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que cuentan con una importantísima financiación por parte de actores estatales, no estatales y donantes particulares.

   No son ajenos a este proceso de convergencia formaciones como el denominado "Foro de San Pablo" y "Foro de Porto Alegre", que son solo algunas de las bisagras visibles entre las alas del islamismo y de sectores de la extrema izquierda de Ibero América. Dicho proceso se ve acompañado por la peligrosa agenda política de algunos gobiernos de países europeos -tal el caso de la España de José Luis Rodríguez Zapatero-, que por malicia o ignorancia abren las puertas al peligro islamista. No son pocos los dirigentes políticos -en todo el mundo- que consideran que organizaciones terroristas como Al-Qaeda y el Hizbollah son de alguna manera aliados en la lucha contra la hegemonía global de los EE.UU. Mas allá de las razones para tal comportamiento político, puede verse de que manera muchos países bajan sus defensas, creando las condiciones necesarias para que el peligro terrorista pueda crecer y desarrollar sus actividades amparados por la vigencia de un "garantismo" suicida, olvidando hasta el objetivo proferido por Al-Qaeda, que reclama el derecho a "reconquistar" España para añadirla como una perla más a la corona de su soñado califato.

 

   Sería asimismo injusto acusar solamente a la izquierda de dejarse deslumbrar por la perspectiva de ver debilitado a los EE.UU. y a sus aliados aunque sea a manos de tamaños enemigos, porque Internet está infectada de mensajes con deseos y loas de gloria y victoria al terrorismo islamista, firmados por personas que de "zurda" -sea disculpada esta expresión- sólo tienen la mano izquierda cuando nacen con esa característica.

 

   2/. Convergencia entre el islamismo terrorista,  la izquierda insurreccional y el crimen organizado

 

   La conexión entre terrorismo y crimen organizado se incrementa notablemente a partir de la declinación del volumen de respaldo de Estados a grupos terroristas, que comienza con el desmembramiento del bloque soviético, aunque ya existía el precedente en Colombia de  la ecuación FARC-Narcotráfico. Desde hace más de quince años ha crecido notablemente la relación entre el crimen organizado transnacional y el fenómeno cambiante del terrorismo con alcance global. Esto ha sido muy bien expuesto en estudios sobre modelos de convergencia entre terrorismo y crimen organizado, realizados por expertos como la criminóloga Tamara Makarenko y el argentino Juan Belikow.

 

   El cuadro expuesto es tan sólo un muestreo de las alianzas que se han establecido hasta el presente, aunque tales lazos son extremadamente sutiles en caso de organizaciones altamente secretas como Al-Qaeda Central, dados los temores a una penetración de la inteligencia enemiga o a una fuga de información que pueda conducir a la localización de sus comandantes y cuadros más valiosos. Sobre todo en el caso de pandillas de extrema peligrosidad como las denominadas "Maras Salvatruchas", que están bajo constante vigilancia. La sinergia que se produce entre terror y crimen contribuye sin duda a debilitar las alianzas internacionales, a licuar el poder político de los Estados y a minar  progresivamente la efectividad de las fuerzas de seguridad y policiales.

   La dirigencia política en el ámbito mundial no ha comenzado siquiera a tomar conciencia de este fenómeno de convergencia mencionado y muchos de sus dirigentes parecen a veces coincidir en que la exposición de esta realidad es sólo el producto de thinks tanks y expertos cuyas exposiciones están dirigidas a alentar casus belli que alienten la intervención militar estadounidense en teatros como Colombia y la Triple Frontera, para citar sólo dos ejemplos.

 

   La cibernética usada en términos de terror-espacio y crimen-espacio por sociedades criminales y las organizaciones terroristas más sofisticadas, como la mafia rusa y Al-Qaeda, por ejemplo, hacen extremadamente difícil la detección de contactos y operaciones. Los cerebros del tecnoterrorismo marchan siempre un paso delante de las fuerzas de la ley, cuando se trata de detectar medidas y contramedidas de seguridad para penetrar la defensa de los blancos.

   La actual situación en Bolivia es sin duda otro importante y sensible factor de riesgo que hace a la seguridad regional, dado que las organizaciones terroristas de signo islamista -que cuentan con células en Paraguay y Brasil- podrían ver en ella una oportunidad para establecer sus redes lejos del monitoreo de países vecinos. No en vano se registran desde hace muchos años viajes de personajes vinculados a organizaciones etno-nacionalistas de países iberoamericanos a centros de formación religiosa islamista y tal vez también a campos de entrenamiento en Paquistán.

   En este panorama que se levanta en el futuro de Bolivia y regiones adyacentes, el terrorismo con perfil etnonacionalista podría convertirse en una nueva amenaza contra la seguridad regional, diferente al de Al-Qaeda o el Hizballah, pero parte al fin de una de los más graves desafíos que puede percibirse en el escenario de Ibero América. Las acciones conjuntas que tienen como eje en Colombia al narcoterrorismo encabezado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a los carteles de la droga ligados también a otras formaciones políticas como la anticomunista Fuerzas de Autodefensa de Colombia, y a sociedades criminales como la mafia rusa, deben encontrar una respuesta definitiva, que no puede terminar sino en la derrota y rendición incondicional y en la erradicación definitiva de esos flagelos de nuestra región.

           

   El cuadro de situación actual, con eje en Colombia y Venezuela, y además en los Andes Centrales, que incluye la presencia de actores estatales y no estatales islamistas, se agrava con la existencia de una constelación de gobiernos en Sudamérica, que por razones ideológicas y políticas rechazan contar con un plexo legal en el cual puedan respaldarse acciones contra las nuevas amenazas. En el caso de la Argentina, al desafío islamista global y regional se suma el peligro del narcoterrorismo que tiene epicentro en Colombia -encabezado por las FARC-, como también en Bolivia, organizaciones todas ellas aliadas con sociedades criminales asentadas en esos países y en casi toda la región.

           

   3/. Potenciales atentados

 

   La República Argentina no ha estado, está ni estará al margen de la guerra global ni de lo que sucede en Cercano y Medio Oriente, entre otras cosas porque ya tuvo su bautismo de sangre a manos del terrorismo islamista, de signo diferente a Al-Qaeda, pero islamista al fin, que de manera alguna ha quitado a nuestro país de la lista de blancos permanentes y/o de oportunidad.

   El desafío de Al-Qaeda alcanza al país de manera plena, porque su comandante e ideólogos son lo suficientemente inteligentes y cultos, como para saber que el  país es mayoritariamente blanco, católico y que, además, cuenta con una de las colectividades judías cualitativa y cuantitativamente más importantes en el ámbito mundial; colectividad que además está históricamente ligada al Estado de Israel desde el momento mismo de su fundación, como casi otras similares de la Diáspora.

   En cuanto a organizaciones como el Hizballah, el país estaría a salvo de nuevos ataques en la medida en que el conflicto en el Líbano no estalle nuevamente, dado que en ese caso sería ridículo pensar que no lanzaría nuevos ataques, como se ha reiterado en fecha reciente. Lo mismo ocurriría si Irán fuera atacado por EE.UU., Israel o una coalición de países, como sucedió en Irak, ya que en ese caso se activarían las células de ataque en casi todo el mundo. Lo han afirmado dirigentes iraníes y del mismo Hizballah al más alto nivel y, como dice un conocido axioma judicial, "a confesión de parte relevo de prueba". El Ministro de Inteligencia iraní Gholam-Hussein Mohseni-Ezhei, manifestó el 13 de julio que "si América o cualquier otro país ataca a Irán, estará poniendo en peligro sus intereses y su vida económica, política, y social". Esto lo confirma también The Middle East Media Research Institute, citando a la Agencia IRNA (http://www.irna.ir/fa/news/view/line-2/8504259863110433.htm), que dice: "El mismo país que intente atacar a Irán necesita saber que pagará un precio exorbitante. América no tiene el valor de tomar tal acción contra Irán, ya que en este evento pondremos en peligro todos sus intereses vitales. Las fronteras geográficas de nuestra guerra contra los americanos no se limitarán simplemente al suelo americano. Al contrario, tendremos como objetivo todos los intereses de este país alrededor del mundo".

   El problema que se crea luego del lanzamiento de ataques terroristas como el que sugiere la reciente amenaza arriba mencionada, es que la especial y muy compleja estructura organizacional del tándem terrorista Irán-Hizballah, hace muy difícil llevar a los estrados judiciales a los ideólogos y ejecutores de atentados como los de la AMIA, a pesar de amenazas públicas como la arriba mencionada. Una vez que un ataque ocurre, queda el sello de los autores, pero se hace muy difícil probar de manera contundente los diferentes grados de responsabilidad a lo largo de los eslabones involucrados, ya que organizaciones como el Hizballah utilizan brazos con diferentes nombres, tal el caso de la Yihad Islámica (caso Embajada de Israel) o Ansar Allah (AMIA), justamente para evitar la persecución judicial.

   Deben en consecuencia arbitrarse las medidas necesarias para prevenir los efectos negativos y/o peligrosos para nuestra seguridad nacional del potencial impacto de los sucesos en Medio Oriente y otras regiones, a través de cualquiera de las formas descriptas e incluso de su convergencia o combinación con las restantes.

GALLARDÓN O LA RECREACIÓN DE LA UNIÓN DINÁSTICA

GALLARDÓN O LA RECREACIÓN DE LA UNIÓN DINÁSTICA

Francisco TORRES

 

   Los amantes de la historia política de la Edad Media y la Edad Moderna saben que la mejor garantía para la perdurabilidad de una alianza pasaba entonces por el matrimonio de estado. La burguesía rehizo, sin mayor complicación, esta costumbre a través de los matrimonios de conveniencia, para así ampliar el dominio económico o para ganar prestigio social a través del ennoblecimiento.

   Viene al caso la rememoración de la costumbre porque el ínclito alcalde de Madrid, autopostulado sustituto de Mariano Rajoy en caso de fracaso, ha vuelto sus ojos hacia las viejas costumbres de la mano de la próxima “boda gay” de Quique Sarasola con, según dicen los expertos, su novio de toda la vida. Nada mejor para sellar el amplio apoyo que entre sectores de la izquierda despierta Gallardón que una boda de poder.

   El gran fasto gay madrileño, en el que la bautiful people liberal, socialista y económica se va a dar cita; el lugar a donde acudirá el gran oráculo del socialismo, Felipe González, es la gran oportunidad. Tamaña cita, que probablemente servirá para abrir el mundo del colorín a las uniones homosexuales, demanda el oficio de quien aspira a ser el nuevo “obispo laico” para las “bodas” de hombre con hombre o mujer con mujer; de quien cree poder hacerse portavoz del mismísimo Dios en el responso laico. La noticia es pues que Alberto Ruiz Gallardón ha dicho que sí a la propuesta de “oficiar” el enlace el próximo 26 de octubre en Madrid.

  

   Alberto Ruiz Gallardón, y quienes a buen seguro le van a acompañar, siendo miembros destacados del Partido Popular, ha dicho que sí al ofrecimiento. Lo ha hecho desafiando una vez más a la Iglesia y a un sector del PP que quedó desautorizado por la dirección del partido (Rajoy y Fraga a dúo) cuando pidió sanciones contra el alcalde de Madrid por su oficio en la anterior boda gay; lo ha hecho porque es el mejor escenario para exhibir su vitola progresista, para ganar votos progresistas.

   Gallardón, candidato también de Polanco y Sarasola, dos prebostes de indudable peso en el socialismo, ha encontrado en esta “boda homosexual” el marco ideal donde reverdecer sus laureles de repelente niño progre y desafiar al voto derechista, porque entiende que al final, los de derechas de toda la vida, acudirán presurosos a votar al PP para que no gane la izquierda y porque los heraldos que alzan enojadas protestas en contra suya, llegado el instante final, nunca apoyarán a otra fuerza política que no sea el PP.

JEHOVÁ versus ALLAH

JEHOVÁ versus ALLAH

Denes MARTOS

 

   Introducción

   ¿Comenzó la Tercera Guerra Mundial? Quizás no. Por lo menos, no todavía. Aun considerando la crueldad y la magnitud de la masacre de Medio Oriente con la última invasión del Líbano por parte de Israel, sería muy exagerado hablar del inicio de la Tercera Guerra Mundial a esta altura de los acontecimientos. Todo parecería indicar que, en estos momentos, Israel necesita algo de tiempo para asimilar la derrota y, tanto como para darse un respiro, se ha resignado a utilizar algunas tropas de Naciones Unidas como amortiguador en su frontera Norte. 

   Pero, por supuesto, esto no quiere decir que la situación es estable ni, mucho menos, que el conflicto ha sido superado. El problema subsiste, las causas de la crisis subsisten y los rencores no sólo subsisten sino que han aumentado, alimentados por la sangre de miles de cadáveres. En estas condiciones no se puede hablar del fin de la guerra. La actual situación es apenas de aquellas que surgen al fin de cualquier batalla - previsiblemente una de las muchas que habrá en el porvenir. Es una situación de calma relativa y provisoria mientras las fuerzas se reagrupan, se reorganizan y se preparan para la próxima batalla de una contienda que continúa.

   ¿Se saldrá de control esa guerra? ¿Dejará en algún momento de ser un conflicto localizado, restringido a una zona geográfica determinada, para convertirse en una hecatombe de dimensiones mundiales? Es difícil vaticinarlo. Una de las pocas cosas que hemos aprendido en los últimos cincuenta años es que no se puede adivinar el futuro. A lo sumo se lo puede llegar a prever sobre la base de tendencias y de experiencias pasadas, más algún grado de intuición cuya validez sólo quedará demostrada - o invalidada - a posteriori, cuando los hechos futuros se hayan convertido en el presente del observador.

   De modo que no podemos adivinar lo que sucederá. Pero, desde la óptica de la experiencia y las tendencias actuantes, el panorama es bastante poco alentador. Están dadas prácticamente todas las condiciones para que el conflicto se vuelva incontrolable. Si el desmadre sucederá - o no - eso es algo que ningún analista serio puede pronosticar. Pero ya hoy es evidente que bastaría con que alguien cometa un error grave para que eso suceda.

   Los barriles de pólvora están puestos en su lugar. Todo lo que falta es una chispa.

 

   La guerra y el terrorismo

   ¿De qué elementos está constituida la mezcla explosiva que alimenta el conflicto en Medio Oriente?  Como en todo enfrentamiento complejo y grave, no es posible contentarse con aceptar los dos o tres argumentos más o menos oficiales que se mencionan como causas de la disputa. En estos casos, los argumentos esgrimidos por tirios y troyanos no son muchas veces más que los motivos que unos y otros se animan a confesar en público. Para un análisis a fondo ni siquiera alcanzaría con mencionar las motivaciones inconfesadas porque problemas de esta índole no se agotan en los argumentos de los cuales los participantes son conscientes. De hecho, en estos casos, los argumentos esgrimidos por lo general no son más que excusas para justificar lo que no se quiere decir. Y las cosas que no se quieren decir no son más que manifestaciones conscientes y racionalizadas de motivaciones total o parcialmente irracionales de las que los involucrados pueden hasta no tener conciencia en absoluto.

   Así, lo primero que hay que tener en claro y poner en negro sobre blanco para empezar a entender lo que sucede en todo el espacio geopolítico de Medio Oriente es la guerra en si misma. Y no necesariamente esta guerra sino la guerra contemporánea como tal.  De la serie de acontecimientos de los últimos meses y hasta de los últimos años se pueden sacar - y de hecho se han sacado - innumerables conclusiones. Sobre las mismas se pueden hacer, por supuesto, innumerables comentarios. Podríamos aquí, siguiendo ese método, comenzar señalando las interrelaciones que existen entre Israel y los EE.UU. así como las que hay entre el Hizbollah e Irán. Podríamos luego analizar las sectorizaciones que existen dentro del Islam y quizás hasta ponerlas en paralelo con las que hay entre EE.UU. y Europa (y hasta en Europa misma). Podríamos, luego, tratar el tema de las relaciones entre Irán y China y tras esto, considerar la situación de Moscú y la población musulmana que históricamente ha formado todo un cinturón en la frontera Sur del Imperio Ruso. Podríamos hablar de petróleo, de geopolítica, de euros y de dólares; de intereses económicos, de posibilidades tecnológicas y de cuestiones demográficas.

   Sería quizás interesante pero me temo que no serviría de gran cosa. Por de pronto, basta con recorrer el mar de literatura que existe sobre el conflicto para darse cuenta de que eso ya se ha hecho. Pero, además, estaríamos errándole al objetivo porque soslayaríamos un factor esencial: estaríamos hablando de algunas causas - o posibles causas - del conflicto pero no del conflicto mismo. Estaríamos hablando de los ingredientes de esta guerra pero no de los elementos constitutivos y esenciales de la guerra contemporánea.

   Después de las dos Guerras Mundiales europeas - y muy especialmente durante y después de la segunda - en Occidente hemos perdido algo muy importante: la capacidad de acotar la guerra y mantenerla dentro de ciertos límites respetados por todos los contendientes. La enorme mayoría de los comentaristas actuales ignora olímpicamente que la humanidad europea de Occidente llegó en su momento a lograr algo sin antecedentes en toda la Historia de la humanidad; algo que raya en lo casi increíble: Europa consiguió reglamentar la guerra.

   No me estoy refiriendo aquí a las cuatro convenciones de Ginebra del 12 de Agosto de 1949, ni tampoco a la anterior normativa de La Haya de 1907. Estas normas, como la enorme mayoría de las leyes escritas, fueron prácticamente violadas al día siguiente de ser ratificadas por quienes las suscribieron. Como que ya habían sido violadas antes de firmarse los tratados. A lo que me refiero es a los usos, las costumbres, las tradiciones y el comportamiento normal de los combatientes regulares que Europa consiguió desarrollar y que no sólo son muy anteriores a los convenios mencionados sino que hasta los hicieron posibles y aceptables en absoluto. Me refiero al Derecho Internacional continental europeo que todavía Clausewitz daba por sobreentendido.

   Las convenciones de Ginebra no innovaron en nada ni crearon ningún concepto jurídico nuevo. Más aún: trataron - con bastante poco éxito - de restaurar un orden jurídico internacional que había sido subvertido casi por completo durante la Segunda Guerra Mundial europea. El trato correcto a los prisioneros; la atención humanitaria de los heridos; el criterio básico de que "La tropa combate al enemigo; de los delincuentes se encarga la policía"; el respeto por el enemigo que se rinde; la clara identificación de los contendientes por uniformes, estandartes y símbolos de rango; el concepto de que la guerra es un enfrentamiento entre Estados y no entre personas;  pero, por sobre todo, la diferenciación tajante y clara entre lo militar y lo civil; son todos conceptos - y la lista está lejos de ser exhaustiva - que provienen de ese Derecho Internacional europeo que podemos llamar clásico. El fracaso de las convenciones ginebrinas responde al hecho de que este marco jurídico se rompió definitivamente con el surgimiento de la guerra revolucionaria moderna. Dentro de la lógica de esta nueva clase de guerra, el oponente deja de ser el adversario al que hay que vencer y se convierte en un enemigo al que hay que matar. Mientras la guerra europea convencional clásica evolucionó hasta convertirse casi en un duelo entre caballeros al servicio de dos Estados enemistados, la guerra revolucionaria moderna retrocedió al antiguo y primitivo concepto del enemigo personal cuya aniquilación física total se exige en aras de la propia supervivencia. Así, mientras las guerras clásicas podían terminar con la derrota del enemigo, las guerras actuales sólo pueden terminar con su funeral.

 

   Una de las consecuencias de esto es la necesaria criminalización del oponente. La tradición europea clásica todavía permitía respetarlo y aun rendirle honores dado el caso. Esto fue posible porque su muerte - si bien ciertamente muy posible y quizás hasta probable - no resultaba necesaria e indispensable para la victoria. Bastaba la rendición del ejército enemigo para ganar la batalla y, a veces, hasta la guerra. Por el contrario, la guerra actual, basada más en el modelo del guerrillero que en el del soldado regular, necesita demonizar y criminalizar al enemigo desde el momento en que el objetivo realmente buscado es su exterminio. No se puede justificar la intención deliberada de matar y destruir a una persona si antes no se la ha presentado como despreciable, vil, peligrosa, malévola y hasta sanguinariamente criminal.

   Ésa es la "lógica" subyacente a la guerra irregular y lo que actualmente se ha dado en llamar "terrorismo" no es nada más que la evolución necesaria y consecuente de la guerrilla como método de librar una guerra. Al abandonar la enemistad acotada y reglamentada de la guerra clásica hemos caído en la enemistad absoluta y sin límites de la guerra irregular que ya no es un enfrentamiento armado entre soldados profesionales que representan a organismos políticos jurídicamente constituidos sino una pelea primitiva entre enemigos personales dispuestos a masacrarse mutuamente.

   Que en la ecuación todavía intervengan - al menos técnicamente - algunos Estados (ya sea con tropas regulares o con formaciones "paramilitares"), no cambia demasiado las cosas. La "lógica" de la guerra actual sigue siendo el aniquilamiento y no tan sólo la derrota del enemigo. Consecuentemente, una fuerza aérea regular bombardeará a toda una ciudad, matando a cientos de miles de civiles inocentes, porque, al no poder delimitar exactamente al enemigo por sus símbolos, por su uniforme y por sus estandartes o banderas, considerará como enemigo - no al ejército que ya no puede identificar - sino a toda la población de un espacio geográfico que ha sido declarado zona enemiga. Y de la misma manera en que criminalizará a los combatientes reales para justificar su irrevocable decisión de matarlos, forzosamente habrá de criminalizar también a toda la población del área para, de alguna manera, justificar su decisión de bombardearla sin consideración alguna por los que vayan a morir.

   De esta forma, la existencia o inexistencia de símbolos identificatorios hasta se vuelve completamente irrelevante y la diferenciación entre "regular" e "irregular", entre "soldado" y "guerrillero", entre "militar" y "terrorista",  termina borrándose. Con o sin uniforme, con o sin estructuras de mando y control convencionales, con o sin responsabilidades exigibles por superiores jerárquicos, la guerra actual parte del principio de que el enemigo es un criminal peligroso y, puesto que es un criminal, se halla fuera de la ley y cualquier cosa que se haga para matarlo está permitida.   Con ello, Occidente ha retrocedido cerca de dos mil años.

   La pista de que esto es así la ofrece, entre muchos otros síntomas, la infernal hipocresía con la que se manejan conceptos bélicos como, por ejemplo, los de "agresor" y "agresión". Algo que ha obligado a los norteamericanos a reinventar la vieja excusa de la "guerra preventiva". El mismo concepto de "terrorismo" es intrínsecamente hipócrita porque lo que importa ya no es el acto en sí sino quien lo comete. Exactamente la misma acción será considerada justificable si es cometida por los "buenos" mientras que se convierte en execrable si la cometen los "malos". Por supuesto: los buenos somos siempre "nosotros" y los malos son siempre "ellos".

   Entre quienes creen que "ellos" son siempre "los árabes", pocos quieren recordar, por ejemplo, que - entre 1945 y 1948 - mientras Palestina se hallaba bajo el mandato británico, la organización sionista clandestina Irgun Zvai Leummi, bajo el mando de Menahem Beghin, lanzó cientos de ataques terroristas contra los británicos. Durante varios meses entre 1945 y 1946 las operaciones respondieron a la coordinación del Movimiento de Resistencia Hebreo y estuvieron dirigidas por el Haganah. Pero, en un momento dado, Beghin decidió jugar su propio juego y organizó un atentado con explosivos contra el Hotel King David de Jerusalén dónde se hallaban alojadas las autoridades administrativas británicas. En el atentado murieron 91 personas; entre ellas 28 británicos, 41 árabes e incluso 17 judíos.  Más tarde, las Irgun irrumpieron en la prisión de Acre donde ahorcaron a dos sargentos británicos.

   Lo esencial en esto no está tanto en la naturaleza de las operaciones comandadas por Beghin. Ni siquiera está en que este mismo Menahem Beghin llegara, después, a ser Primer Ministro de Israel. Porque si vamos al caso, en realidad fue más lejos: aun a pesar de su responsabilidad en la masacre de Deir Yassin, hasta llegó a ganar en 1978 el Premio Nóbel de la Paz compartido con Anwar Al-Sadat. Lo verdaderamente relevante es que todo lo relatado no ha impedido que la misma Gran Bretaña siga hoy a los EE.UU. en su política de apoyo a Israel y en su feroz crítica a los irregulares árabes cuyos actos de guerra no difieren sustancialmente de los recién reseñados. La política exterior británica adoptó con ello la lógica norteamericana contenida en la frase que algunos adjudican a Cordell Hull refiriéndose a Trujillo y otros a Franklin D Roosevelt refiriéndose a Anastasio Somoza: "... puede que sea un hijo de puta, ¡pero es nuestro hijo de puta! ".

   Los atentados de las Irgun y de Beghin podrán haber recibido algunas críticas tanto dentro como fuera de Israel pero terminaron siendo perdonados porque fueron perpetrados por "nuestros" buenos. Los cometidos por el Hizbollah o por Hamas no se perdonaron nunca porque fueron cometidos por los malos "de ellos". Los actos no difieren. La diferencia está exclusivamente en quien los comete.

   Con ese mismo principio, las operaciones en las que la CIA muchas veces tuvo metida su mano, se catalogaron como "operaciones encubiertas" en el marco de una "guerra no-convencional". Pero los operativos, esencialmente idénticos, llevados a cabo por los grupos armados de la década del '70 se consideraron "acciones terroristas" cometidas por "bandas subversivas". Aunque, por supuesto, la hipocresía también funciona al revés. Si uno escucha a ciertos intelectuales de izquierda, las operaciones guerrilleras de los '70 no habrían sido sino la respuesta "del pueblo en armas" frente a la agresión del "terrorismo imperialista" y las operaciones de la guerra antisubversiva se mencionan como actos de "represión" feroz cometidos por el "terrorismo de Estado". De nuevo: los hechos prácticamente no difieren. La diferencia está tan sólo en quien los comete y la valoración de los mismos depende del bando al que pertenece el que los evalúa.

 

   El proyecto sionista

   Dentro de este contexto de enemigos absolutos que insisten en el mutuo exterminio, las motivaciones adquieren, obviamente, una gran importancia. En consecuencia, también adquieren al menos cierta importancia los argumentos que hacen referencia a dichas motivaciones aunque, como ya se ha señalado, la argumentación en general no tiene muchas veces demasiado que ver con la verdad subyacente.  Bajo este aspecto es imposible dejar de señalar que el argumento sionista principal posee una debilidad histórica casi insalvable.

   La destrucción de Jerusalén por Tito Augusto tuvo lugar en el año 70. A partir de ese momento - o como máximo después del fracaso de la rebelión del Bar Kochba en el 135 DC - los judíos vivieron dispersos por prácticamente todo el mundo. El actual Estado de Israel se fundó en 1948. Sea como fuere que evaluemos a la Diáspora y sea cual fuere el valor que le adjudiquemos al ritual religioso que mantuvo a Jerusalén y a Israel dentro de la tradición cultural judía con la reiteración de la fórmula "El próximo año, en Jerusalén", el hecho concreto y objetivo es que los judíos reclaman hoy un territorio del que estuvieron ausentes como pueblo políticamente organizado durante más de 1.800 años.

   El argumento sionista es débil por la sencilla razón de que no resiste la prueba de la generalización del caso. Porque, con el mismo principio, los iraníes actuales podrían reclamar casi todo el Irak (o viceversa); los egipcios podrían exigir todo el territorio hasta la Cuarta Catarata más la península del Sinaí (Dénes: ojo que la Peninsula del Sinai volvió a Egipto como parte del acuerdo de paz entre Sadat y Beghin...); y, si vamos al caso, los italianos - reivindicándose como herederos del Imperio Romano - podrían reclamar prácticamente todo el Mediterráneo. Por un principio algo similar, los mapuches podrían demandar un buen pedazo de la Argentina. Los apaches sobrevivientes podrían exigir que se les devuelva Arizona, Nuevo México, un buen pedazo de Texas y hasta la parte noroeste de México mismo. Los celtas galeses podrían reivindicar sus derechos sobre Gran Bretaña. Más aun: la casi totalidad de la Comunidad Europea podría tener pretensiones territoriales sobre la India y el Tibet si es cierto que los pueblos indoeuropeos originales partieron desde allí.

 

   Como puede apreciarse - y los ejemplos citados son apenas una muestra de los miles que se podrían construir - la generalización del reclamo no resiste el menor análisis. Si es cierto que los "pueblos originarios" tienen derechos sobre territorios que perdieron por conquista o por abandono, entonces los únicos auténticos dueños de la tierra serían los descendientes directos del Hombre de Neandertal porque hasta los sucesores del Hombre de Cromagnon tendrían una titularidad cuestionable.  Pero, además de eso, el argumento sionista es débil porque ya en la mente de su propio fundador, en los escritos de Teodoro Herzl mismo, Palestina no aparece como un reclamo irrenunciable.  Todo lo contrario: "Que se nos otorgue la soberanía sobre un pedazo de la superficie de la Tierra, de un tamaño suficiente para satisfacer nuestras justas necesidades como pueblo; todo lo demás lo conseguiremos nosotros mismos." (T.Herzl "El Estado Judío"- Cap. "El Plan"). De modo que, básicamente y en principio, lo que Herzl tuvo en mente fue tan sólo "un pedazo de la superficie de la Tierra". O sea: una colonia para colonos judíos. Algo - y no por casualidad - perfectamente encuadrable dentro del espíritu colonialista de fines del Siglo XIX.

   Más aun; hay todo un capítulo dedicado a dilucidar la pregunta "¿Palestina o Argentina?". Vale la pena repasar íntegramente la parte sustancial de este capítulo. "Argentina es uno de los países por naturaleza más ricos de la Tierra; posee una superficie gigantesca con escasa población y un clima templado. La República Argentina tendría el mayor interés en cedernos un pedazo de territorio. La actual infiltración judía ha producido obviamente irritación; habría que esclarecer a la Argentina sobre la diferencia esencial de la nueva inmigración judía. Palestina es nuestra inolvidable patria histórica. Tan sólo este nombre sería un poderoso y emotivo llamado de reunión para nuestro pueblo. Si Su Majestad el Sultán nos diese Palestina, podríamos comprometernos a arreglar por completo las finanzas de Turquía. Para Europa constituiríamos un pedazo del muro contra el Asia; proveeríamos el servicio de avanzada de la cultura contra la barbarie. Como Estado neutral, permaneceríamos conectados con toda Europa, la cual tendría que garantizar nuestra existencia. Para los lugares sagrados de la cristiandad se hallaría una forma jurídica internacional de extraterritorialidad. Constituiríamos la guardia de honor alrededor de los lugares sagrados comprometiéndonos con nuestra existencia al cumplimiento de este deber. Esta guardia de honor sería el gran símbolo para la solución de la cuestión judía después de dieciocho, para nosotros penosos, siglos." (T. Herzl Op.Cit. Cap. "¿Palestina o Argentina?").

 

   Va de suyo que estos pasajes pueden interpretarse de varias maneras y, de hecho, han suscitado toda clase de comentarios. Pero más allá de los mismos, y más allá de la obviamente interesante referencia a la Argentina, creo que hay dos puntos que merecen ser destacados. El primero de ellos es la idea de la "avanzada de la cultura contra la barbarie" y el segundo punto es que "Europa tendría que garantizar la existencia" del nuevo Estado.  Lo de la "avanzada de la cultura contra la barbarie" ya apunta a un enfoque que es, como mínimo, exclusivista. Aún si se dejan de lado las convicciones doctrinarias religiosas; aún haciendo abstracción de que estamos hablando de un pueblo que afirma - al menos cuyos creyentes afirman - haber hecho un pacto personal con Dios; aún así quien se considera parte de una "avanzada de la cultura" frente a un conjunto innominado de "bárbaros" difícilmente esté imbuido de la sincera disposición a convivir pacíficamente con ellos. El ejemplo más inmediato de esto lo tenemos en nuestro propio país. En la Argentina el antagonismo entre "civilización" y "barbarie" respondió al mismo enfoque mental básico. Sus resultados están en los libros de Historia. Y en los cementerios.

   Por el otro lado, la idea de que la existencia de un organismo político soberano esté garantizada por otro organismo político, es una idea que no sólo resulta contradictoria en si misma; no sólo constituye un sinsentido político - un Estado soberano cuya existencia está garantizada por otro Estado sencillamente no es un Estado soberano - sino que explica bastante bien el actual papel de los EE.UU. en relación con Israel siendo que, desde fines del Siglo XIX a esta parte, Europa ha perdido la gravitación política que tenía en tiempos de Herzl.

   Se ha discutido mucho acerca de si Israel es - o no -el Estado número 51 de la Unión; si es - o no - tan sólo un "portaaviones terrestre" ubicado en Medio Oriente para actuar de avanzada de los EE.UU; o bien si, por el contrario, los EE.UU. son - o no - la colonia más importante que Israel posee fuera de Palestina. Luego del trabajo de Mearsheimer y Walt sobre el lobby israelí en los EE.UU., la última proposición no parece tan descabellada. Con todo, la discusión puede ser interesante desde ciertos puntos de vista, pero termina siendo políticamente irrelevante. Resulta irrelevante porque, en realidad, ninguno de los dos países es soberano. No solamente porque alguno de ellos puede llegar a estar en relación de dependencia del otro sino porque, tanto Israel como los EE.UU. dependen del Poder de una plutocracia financiera internacional que los domina a ambos. En la base misma de la idea sionista tenemos, pues, dos elementos importantes para evaluar su papel en la contienda: una intención exclusivista por un lado, aunada a un proyecto intrínsecamente contradictorio y políticamente inviable por el otro. 

 

   El antisemitismo y el núcleo del conflicto

   Hace tan sólo unos 10 o 20 años atrás nadie podía ni siquiera alzar la voz contra las operaciones de Israel sin ser automáticamente crucificado bajo acusaciones de nazifascismo y antisemitismo. Por la época de Golda Meir o Menahem Beghin, el criticar a los israelíes era, sencillamente, impensable.

   Es notorio cómo eso ha cambiado. Hoy son claramente más enérgicas, más audibles y sobre todo más generalizadas las voces que se oyen censurando las acciones y el comportamiento de los israelíes. Hasta ha surgido una simpatía inclinada a exculpar las acciones y el comportamiento de sus oponentes árabes. Lo más sorprendente de esto es que la tendencia parece haberse originado, no en el campo de las fantasías neonazis, sino en el de los intelectuales de izquierda y, en muchos casos, hasta en el de los intelectuales judíos de izquierda.

   En el pasado Siglo XX, allá por los años '50 y '60 - incluso prácticamente hasta fines de los '80 - los que se dedicaban a criticar a los judíos utilizaban reediciones clandestinas de la propaganda panfletaria del NSDAP de los años '30, echaban mano a versiones por lo general bastante dudosas de Rosenberg, Hitler, Goebbels, Julius Streicher o, incluso, citaban in extenso a los ubicuos e inextinguibles Protocolos de los Sabios de Sión. El hecho es que en la actualidad, la crítica al sionismo y a Israel no descansa, en absoluto, sobre ninguna de esas piezas de museo. Dicha crítica se encuentra con extrema facilidad - y bastante actualizada - consultando la opinión de intelectuales judíos como Norman Finkelstein, Noam Chomsky e Israel Shamir; artistas judíos como Gilad Atzmon; rabinos como Yecheskel Roth, Avruhom Leitner, Rav Koppelman, V. Soloveichik y Joel Teitelbaum; o ex militantes comunistas como Roger Garaudy y una larga lista de otros más.

 

   ¿El antisionismo ha suplantado al antisemitismo? No exactamente. Sería de una ingenuidad infantil negar que hay críticos esencialmente "antisemitas" que utilizan el antisionismo como argumento eficaz. Con todo, esto podrá ciertamente hablar en contra de la sinceridad de algunos "antisemitas" pero no invalida en principio y necesariamente la validez de los argumentos. Dos más dos no dejan de ser cuatro por más que lo diga alguien que, por algún motivo, no me quiere.  Más aún: desde una óptica "neonazi" - de algún modo habrá que llamarla - un antisionismo hasta sería una desviación ideológica. Los nacionalsocialistas alemanes nunca estuvieron en contra de que el pueblo judío tuviese un Estado propio. Hasta jugaron con la idea de ofrecerle Madagascar y es por demás probable que, de haber ganado la guerra, los alemanes hubieran desalojado a los ingleses de Palestina y dejado que se instalaran en ella los partidarios de Herzl. La Alemania nacionalsocialista y el Movimiento Sionista tuvieron más de un punto de contacto y en más de una oportunidad. Se haría muy cuesta arriba construir una enemistad incondicional entre nazis y sionistas - al menos de parte de los nazis quienes consideraron al sionismo como una solución bastante atractiva para deshacerse sin demasiado esfuerzo de los judíos residentes en Alemania.

   Nada menos que Alfred Rosenberg, el principal ideólogo de Hitler, supo llegar a escribir que: "el sionismo debe ser vigorosamente sostenido a fin de que un contingente anual de judíos alemanes sean llevados a Palestina."  (Cf. A. Rosenberg: "Die Spur des Juden im Wandel der Zeiten", Munich 1937, p. 153). Desde el ámbito de las SS, la posición pro-sionista de Heydrich también es bastante conocida. Y esto no es extraño si tenemos presente que la organización sionista alemana funcionó legalmente en el III Reich hasta 1938 - cinco años después de la llegada de Hitler al poder y apenas un año antes de estallar la Segunda Guerra Mundial.  Su periódico, el Jüdische Rundschau se publicó hasta ese mismo año. (Cf. Leibowitz, Israël et Judaïsme, Ed. Desclée de Brouwer, 1993. p. 116). Dentro de este contexto no es nada sorprendente que Hannah Arendt, en su libro Eichmann en Jerusalén mencione la pasividad cómplice de los Consejos Judíos en Alemania, mayormente controlados por sionistas.

   Por el otro lado, el término mismo de "antisemitismo" es poco menos que indefendible. "Semita" es una denominación lingüística. No existe una "raza semita". Y no existe por la misma razón por la cual tampoco existe un diccionario braquicéfalo o una gramática de ojos rasgados. Los "antisemitas" verdaderos - los pocos que realmente hubo - no fueron más que europeos irrecuperablemente chauvinistas que se basaron en una definición más que discutible del concepto de raza. La posición podrá haber sido hasta cierto punto explicable dados los conocimientos científicos, lingüísticos y antropológicos que se tenían entre mediados del Siglo XIX y principios del XX, pero resulta insostenible en la actualidad.

   Es cierto que es posible detectar algunos casos en los que la unidad lingüística se condice con una relativa homogeneidad racial. Pero de allí a aceptar que la unidad lingüística es indicio de homogeneidad racial media un abismo que sólo la ignorancia consigue salvar. Basta con pensar en que, con ese criterio, las personas de raza negra en los EE.UU. deberían ser considerados "anglosajones" y los haitianos que hablan hoy un patois francés catalogarían como "latinos".   De modo que, si alguien es realmente nazi, no podrá - sin caer en desviacionismos doctrinarios - negarle a Israel el derecho a la existencia como Estado. Menos aún como Estado constituido sobre vínculos de sangre, suelo y tradición cultural; porque justamente sobre esas bases se fundó el Estado Nacionalsocialista del III Reich.

   Pero y por otra parte, si alguien es realmente antisemita, ni podrá tomar partido por los árabes en contra de los judíos, ni tampoco por los judíos en contra de los árabes porque, si ha de ser honesto consigo mismo, sobre la base de un antisemitismo, racial o lingüístico, no hallará jamás una forma segura y unívoca de diferenciarlos. Basta con poner lado a lado la fotografía de Yasser Arafat y la de Jacobo Timmerman para darse cuenta del problema planteado.  Míreselo como se quiera, lo del antisemitismo filonazi, tal como vulgarmente se lo esgrime para rechazar la oposición al sionismo, es algo que se cae por reducción al absurdo. Si el argumento histórico del sionismo es débil, su principal argumento propagandístico es directamente ridículo ya que supondría imaginar que los miembros de un entorno etnocultural "semítico" se vuelven "antisemitas" por el sólo hecho de oponerse a Israel.

   A lo largo de su vida en la diáspora el pueblo judío tuvo, y padeció, numerosos enfrentamientos con miembros de otros pueblos y otras culturas. Lo que sucede es que, en más de 1800 años, éste es el primer conflicto grave que el pueblo judío debe enfrentar en Palestina misma. Sencillamente la cultura judía parece no estar preparada para explicarse una enemistad surgida dentro de su propio entorno etnocultural. En los enfrentamientos anteriores los intelectuales judíos siempre podían echarle la culpa de todos los rencores y de todas las animadversiones a los "arios" antisemitas, a los "cristianos" antisemitas, a los "bárbaros" antisemitas, o simplemente a los goim salvajes e ignorantes, incapaces de valorar y respetar la cultura hebrea. Por desgracia para Israel, esa cómoda fórmula de autojustificación étnica pudo haber funcionado con razonable éxito en el ámbito de la diáspora pero no resulta aplicable al ámbito de Medio Oriente.

   El enemigo que hoy enfrenta Israel no es un enemigo externo. Es un enemigo de su propio ámbito y, por lo tanto, un enemigo interno. Por eso es que, en última instancia, todo el conflicto es más una guerra civil que una guerra internacional. Por eso, también, esta guerra es tan sangrienta; porque, como se sabe, las guerras más inciviles son siempre las guerras civiles. Es una guerra civil para la cual el pueblo judío no está ni intelectual ni emocionalmente preparado. Se pasó más de 1800 años luchando contra enemigos externos. No sabe cómo manejar a un enemigo interno.

   En cuanto a los musulmanes, éstos cometen la equivocación de considerar que los israelíes son representantes de Occidente. Desde cierto punto de vista es comprensible: más de mil ochocientos años de diáspora no han pasado en vano y, por más que lucharan contra la asimilación, las comunidades judías forzosamente se "occidentalizaron" en alguna medida y han llevado a Israel esa característica que los diferencia. El entorno árabe también estuvo expuesto a la influencia de Occidente pero eso sucedió hace muchísimo tiempo atrás - allá por la época de la influencia helénica posterior a Alejandro Magno - y se interrumpió en gran medida precisamente luego de la irrupción del mahometanismo, cuando el Islam atacó a Europa primero por el Oeste invadiendo España y luego por el Este, invadiendo los Balcanes para llegar incluso hasta las puertas de Viena.

   Desde entonces el Islam  viene considerando a Occidente como su enemigo externo. Debido a ello y puesto que los israelíes provienen de una diáspora diseminada en su mayor parte por Occidente, los musulmanes consideran a los judíos como enemigos provenientes de otra cultura. Una percepción que se ve aún más reforzada por el apoyo incondicional que los EE.UU. le brindan a Israel.

   El hecho es que ambos actores principales del conflicto de Medio Oriente actúan como si estuviesen siendo agredidos por un enemigo externo. Los israelíes todavía se comportan como si estuviesen siendo objeto de algún pogrom organizado por la Okhrana de Minsk y los árabes reaccionan como si los israelíes fuesen los integrantes de una décima Cruzada. No es así. Ambos contendientes pertenecen al mismo ámbito etnocultural y el papel desempeñado por los EE.UU. no es más que el de un socio funcional a los intereses israelíes. Es un socio que, dado el caso,  puede llegar a tratar de hacer su negocio propio pero cuya estrategia central está puesta al servicio de la defensa del interés nacional de Israel.

   Lo más importante en esto es que ninguno de los principales involucrados pertenece al ámbito de la cultura occidental. El Islam ha sido tan enemigo de Occidente que lo invadió dos veces - una por el Oeste a través de España, otra por el Este a través de los Balcanes - y casi lo destruye. El judaísmo jamás se asimiló y sus dirigentes han hecho, y siguen haciendo, enormes esfuerzos para evitar hasta la posibilidad de una asimilación. Basta leer la literatura sionista actual para percibir de inmediato que una de las cuestiones centrales que más preocupa a los intelectuales sionistas es precisamente la posibilidad de que la identidad judía se diluya por asimilación a Occidente.   Sería hora de que en Medio Oriente tanto árabes como judíos comprendiesen que la guerra en la que están involucrados no es contra ellos sino entre ellos.

   Porque hasta que no lo comprendan, no habrán entendido el núcleo central del conflicto y la resolución del mismo seguirá siendo políticamente imposible.

 

   La metafísica subyacente

   A pesar de todo lo dicho, sería un grave error suponer que el conflicto de Medio Oriente se explica de un modo totalmente satisfactorio a través de sus causas y fuerzas impulsoras raciales, ideológicas, económicas, históricas o políticas. Suponer eso sería ignorar probablemente lo más esencial.

   Más de diez mil años de Historia conocida demuestran que, detrás o por debajo de toda gran contienda bélica, en última instancia, hay un conflicto de índole religiosa.   Esto, por supuesto, requiere algunas precisiones; sobre todo en Occidente donde el relativismo cientificista se ha hecho casi universal.

   Cuando intelectuales con posición religiosa declarada afirman que todo conflicto grave es, en última instancia un conflicto religioso, esto por supuesto no significa que toda disputa seria implica la intervención de alguna estructura religiosa institucional. Ni siquiera implica necesariamente el involucramiento explícito de una o más doctrinas específicamente religiosas. Han habido muchas guerras en las que no ha participado ninguna Iglesia orgánicamente constituida y por lo menos otras tantas en las que no hubo ningún dogma teológico en discusión.   Lo que la observación significa es que, en última instancia, las convicciones realmente profundas y arraigadas de los seres humanos son, o bien convicciones explícitamente religiosas, o bien operan exactamente de la misma manera en que lo hace una fe religiosa. Berdiaeff, por ejemplo, demostró que el comunismo soviético, en la época de la plenitud de su prestigio, operaba como una verdadera religión, por más profesión teórica de ateísmo que hicieran los comunistas. 

   Las grandes guerras, los conflictos realmente importantes, se libran por ideales y convicciones. Y todos los ideales realmente grandes, y todas las convicciones realmente profundas, descansan en última instancia sobre una profesión de fe. Y la fe no puede ser más que de índole religiosa. Simplemente sucede que los seres humanos no tenemos otra forma de expresarla.

   No es posible fundamentar la guerra sobre la razón. Desde el punto de vista racional toda guerra es un sinsentido. Bajo la lupa de la razón toda guerra es perfectamente estúpida. Las guerras - las verdaderas; no las grescas más o menos sangrientas desatadas por codicia, por ambición o por afán de Poder - los conflictos armados de gran envergadura se libran por cuestiones de fe y no por cuestiones racionales. Tan cierto es esto que, incluso quienes persiguen guerras por conveniencia no tienen más remedio que disfrazarlas con grandes argumentos patrióticos o ideológicos para llevar los seres humanos al combate. Siempre hará falta decir que la guerra se libra por la libertad, por la democracia, por la verdad, por el honor, por la Patria o - como con increíble incongruencia también se ha dicho - por la paz. Sucede que nadie está dispuesto naturalmente a morir o a matar por un pozo de petróleo, por un yacimiento de uranio, por el saldo de una cuenta corriente o por la sed de Poder de algún circunstancial politicastro.

   A esto hay que sumarle que Medio Oriente no funciona como Occidente. A lo largo de nuestra Historia y, por cierto que después de muchos y muy sangrientos enfrentamientos, en nuestra cultura nos hemos acostumbrado a considerar al Estado desde una óptica exclusivamente laica bajo cuya protección pueden llegar a convivir las creencias religiosas más dispares. El Estado occidental contemporáneo ha renunciado a ser confesional. Se declara prescindente cuando no directamente indiferente en materia religiosa. De las "dos espadas" que otrora poseía el Rey por Gracia de Dios - la terrenal y la espiritual - el Estado actual sólo ha retenido una y ha declarado su casi total desinterés por quien se queda con la otra.   Si esto es positivo o negativo, eso es algo que admitiría largos y complicados debates. En Occidente es cierto que hoy ya no ocurren matanzas por cuestiones dogmáticas teológicas. Pero también es cierto que la política se ha vuelto esencialmente inmoral.

   Sea como fuere, lo importante es comprender que Medio Oriente no ha seguido este camino. Ni en Israel ni en los países musulmanes el Estado es prescindente en materia religiosa. La religión no sólo forma parte constitutiva de la política sino que, en muchos casos, hasta determina directamente la política del Estado. La ley civil no es independiente de la ley religiosa. Todo lo contrario: la ley religiosa prevalece por sobre la ley civil. El Estado de Israel no está fundado ni sobre el Código Napoleónico ni sobre el Derecho Romano. Está fundado sobre la Ley de Moisés. Israel, que pregona ser la "única democracia en Medio Oriente" ni siquiera tiene una Constitución. Casi exactamente del mismo modo, los países musulmanes tampoco se rigen por una Constitución pergeñada por diez o quince abogados. Los países musulmanes se rigen por el Corán. Israel se rige por la Torá y el Talmud. Más allá de que ambas concepciones religiosas tienen sus agnósticos, sus escépticos y, seguramente, hasta sus ateos.

   Para entender el conflicto de Medio Oriente no basta con comprender que la guerra contemporánea ha dejado de ser un conflicto acotado entre Estados con voluntad de Poder para convertirse en un conflicto absoluto entre personas con voluntad de matar.  Y tampoco basta con comprender la esencial crueldad de las guerras civiles. No basta porque en Medio Oriente la guerra es algo todavía mucho peor que eso. Es una guerra entre concepciones religiosas que sencillamente no pueden, ni quieren, coexistir porque sus fieles están firmemente convencidos de que admitir la posibilidad de una rendición sería cometer una traición a Dios. 

   En lo esencial, a lo que desde 1948 estamos asistiendo en Medio Oriente no es ni a una guerra entre el Estado judío y algunos Estados árabes, ni tampoco a tan sólo una guerra tribal entre terroristas imbuidos de diferentes ideologías o aspiraciones geopolíticas. A lo que estamos asistiendo es a un enfrentamiento a muerte entre Jehová y Allah en cuyos nombres los combatientes consideran lícito cometer las atrocidades más increíbles porque, para cada bando, el enemigo es un enviado del Demonio.   Esto incluso refuerza lo antes señalado en cuanto al carácter de guerra interna que tiene el enfrentamiento a causa de sus factores etnoculturales comunes. Porque resulta ser que Jehová y Allah están emparentados.

   Por de pronto, ni el judaísmo ni el mahometanismo son religiones estrictamente monoteístas como generalmente se sostiene. Tanto el judaísmo como el mahometanismo provienen de una raíz politeísta - o "henoteísta", si se quiere, aunque no panteísta - según la cual los dioses de los demás pueblos existen pero el del pueblo propio es el único "verdadero". Tanto Jehová como Allah son, por tradición, dioses tribales. Dioses de un pueblo, y de un pueblo solo, que originariamente coexistieron con las deidades de los demás pueblos y que se diferencian en innumerables aspectos del Dios Padre Universal único concebido por el cristianismo desde sus mismos orígenes. La hegemonía de estos dioses tribales adquirió con el tiempo características de exclusividad y este exclusivismo, llevado al extremo de un fanatismo intolerante, es lo que a ambos les otorga ciertas características similares al monoteísmo. Lo exclusivo siempre tiende a presentarse como único.   Entre muchas otras cosas esto explica el fenómeno que ha llamado la atención de varios observadores y que es la innata intolerancia de las religiones y sectas que reivindican sus orígenes de Medio Oriente; los fundamentalistas cristianos incluidos.

   Los judíos convirtieron a "su" dios en "el" Dios. De tener un dios pasaron a creer que tienen A Dios.  Hasta hicieron un pacto con él e interpretaron el concepto de "pueblo elegido" como un contrato de exclusividad. Para ellos sólo "su" dios es Dios; y Dios es el dios de Israel y sólo de Israel.

   Por su parte, los mahometanos hicieron casi exactamente lo mismo. La palabra "Allah" es, en realidad, una contracción de otras dos palabras: al- que significa "el" y ‘ilah" que significa "deidad masculina". "Allah" significa, por lo tanto, "El Dios", y es significativo que algunos eruditos árabes se opongan a que "Allah" sea traducido por "Dios" en Occidente con el argumento de que el término "Dios" admite el plural "dioses" mientras que "Allah" sólo admite el singular. Y esto es importante porque sólo siendo "El" Dios es que Allah consiguió dejar de ser "un" dios y diferenciarse de los demás dioses del entorno árabe pre-islámico tales como Hubal, al-Lat, al-Uzzah o Manah.

   Pero, resulta que lo realmente significativo es que ambas deidades provienen de un caudal cultural común. La denominación "Allah" es muy anterior a Mahoma. El padre de Mahoma, que obviamente nació antes del movimiento religioso fundado por su hijo, ya se llamaba "Abdullah" que significa "siervo de Allah". Pero también, algo así como cuatro o cinco siglos más tarde, "Abdullah" fue el nombre del abuelo de Maimónides, el rabino y teólogo judío más célebre de la Edad Media, quien escribió la mayor parte de sus obras en árabe firmándolas a su vez como "Mussa bin Maimun ibn Abdullah al-Kurtubi". Y esto no es tan extraño como parece. En arameo bíblico la palabra para "Dios" es Elaha  (o "Alaha" en siríaco), que a su vez proviene de la misma raíz proto-semítica ‘ilah que, en hebreo, ha dado lugar a términos como "Eloah" o "El".

   El conflicto de Medio Oriente es, esencialmente y en última instancia, un conflicto religioso. Es la lucha entre el "Partido de Dios" - el Hizbollah - contra el "Pueblo de Dios" - Israel.  Jehová y Allah se han declarado la guerra. Y el problema está agravado por el hecho de que ambos son algo así como primos hermanos. Son dioses tribales de tribus emparentadas y la lucha por la hegemonía de estos dioses tribales es irresoluble.

No hay solución terrenal posible a la guerra entre dos dioses todopoderosos que compiten por las almas de una misma familia.

 

   Frente a esta situación, lo mejor que podría hacer Occidente - y acaso lo único - sería hacer exactamente lo contrario de lo que hoy están haciendo los EE.UU. y Europa. Lo mejor para todos - y acaso lo único viable - sería apartarse lo más posible y mantenerse lo más lejos posible del conflicto. Porque, así como está planteado, no tiene solución. Más aún: si los EE.UU. dejaran de alimentar la contienda apoyando incondicionalmente a Israel en nombre de un "judeocristianismo" que sólo existe en la fantasía de cristianos herejes que terminaron dándole al Antiguo Testamento una relevancia que no le corresponde; si los múltiples lobbies dejasen de arrastrar a Occidente hacia la conflagración para agredir e invadir a la región y buscar el enfrentamiento con cada vez más países, pues, en ese caso, la guerra quizás podría llegar a terminar por agotamiento; ya sea de los contrincantes o de los recursos bélicos. De no ser así, ténganlo por seguro: continuará.

   Continuaremos asistiendo a masacres; continuaremos enterándonos de bombardeos, atentados, explosiones y muertes. Continuaremos viendo a niños despedazados, desenterrados de los escombros y sostenidos en brazos por una madre o un padre desesperados. Continuaremos viendo el interior de algún ómnibus tapizado con los intestinos y los restos de pasajeros mutilados, volados en pedazos por la carga explosiva de algún suicida. Continuaremos oyendo el discurso de los politicastros y de los intelectualosos embanderados tratando de imponernos la decisión de tomar partido por alguna de las facciones en pugna. Y continuaremos teniendo que soportar las acusaciones de antisemitas, neonazis, racistas, genocidas y sólo Dios sabe cuantos epítetos imbéciles adicionales, lanzados contra todos los que se nieguen a glorificar a un bando para ayudar a destruir al otro.  En lo personal, debo adelantar desde ya que los epítetos no me interesan en lo más mínimo. Cuando veo a un niño muerto me importa un bledo quién lo mató. Lo único que me importa es que hay un niño muerto. La muerte de ese niño tiene, al menos para mí, entidad suficiente como para volver absolutamente irrelevantes todas las excusas o explicaciones que puedan llegar a esgrimir quienes lo mataron. Sea quienes hayan sido los que lo mataron.

   Pero, además de eso, por más que se trate de disimular la cuestión con el eufemismo hipócrita de "daños colaterales", sigo sin poder hallar argumento alguno que excuse la matanza indiscriminada de civiles indefensos. Sigo, y creo que seguiré, sin poder justificar una guerra en la que mueren indiscriminadamente ancianos, mujeres, niños y personas que no tienen absolutamente ningún poder para influir - sea de la manera que fuere - en la evolución del conflicto.

   Pero, probablemente lo mío sea un anacronismo. Lo que pasa es que todavía sigo creyendo en que, más allá de las enemistades y más allá del combate, hay cosas que un hombre de honor sencillamente no puede hacer. Sigo sintiendo una repugnancia instintiva por quienes matan a alguien que no se puede defender. Todavía sigo adhiriendo a la antigua concepción del Derecho Internacional europeo clásico que excluía a los civiles de un combate librado entre ejércitos pertenecientes a Estados soberanos. Todavía sigo creyendo en aquél viejo código de honor que decía que la guerra es una cosa entre soldados; un combate entre guerreros.

   Y, pónganme el epíteto que me pongan, sigo y seguiré creyendo en que, restaurando e imponiendo aquél antiguo Código de Honor, contribuiríamos positivamente a hacer de este planeta un sitio menos cruel y menos repugnante de lo que es hoy en ciertas partes. Seguramente no sería un mundo perfecto. Pero al menos sería un lugar más agradable para vivir.

 

© El Traductor Gráfico

BOLIVIA ENTRE LA DESMESURA Y LOS FALSOS PROFETAS

BOLIVIA ENTRE LA DESMESURA Y LOS FALSOS PROFETAS

Alberto BUELA

 

   Como desde nuestra primera juventud hemos leído todo lo que caía en nuestras manos sobre Bolivia, además nuestro maestro José Luis Torres (1902-1965) siempre nos hablaba del país del Altiplano, sobre sus hombres y sus cosas, cada vez que viajamos allá sentimos que conocemos todo. Pero no es así, cada viaje nos sorprende con algo inesperado. La última vez cuando fuimos a visitar a nuestro querido amigo Andrés Solíz Rada y su exquisita señora, nos sorprendió la más ordenada (sea por etnias o actividades) y kilométrica manifestación que vimos en nuestra perra vida. Era la primera manifestación por la nacionalización de los hidrocarburos en tiempos del Goñi Sánchez Lozada.

   En esta última del 3 al 8 de octubre, nos sorprendió la desmesura, aquello que los griegos llamaban la hibris, que se tradujo como lo híbrido, como lo son aquellos animales que como la mula no dan cría o aquellos actos humanos infecundos. La desmesura de dos muertos cocaleros en un parque nacional y la de dieciséis muertos en Huanuni (Oruro) en un enfrentamiento entre pobres: mineros contra cooperativistas. Y con 18 muertos servidos a la mesa, el vicepresidente García, el típico intelectual de la izquierda progresista se despacha un discurso por la televisión sosteniendo, sin que se le mueva un pelo de su cabellera prolijamente peinada a la moda, que hacía dos días él había estado allí y que había mandado crear una comisión. Nos acordamos de Perón y aquella enseñanza suya: cuando no se quiere hacer nada se crea una comisión.

   Habló García Linera como si estuviera situado en la luna o en otro país, cuando es él una de las  cabezas del poder ejecutivo. Incluso tuvo el descarado tupé de referirse a los derechos humanos del pueblo boliviano, tópico sagrado de la ideología progresista.

 

   Pero el hecho cierto es que la responsabilidad de esas muertes es del gobierno, pura y exclusivamente. Hace ya ciento cincuenta años, mucho antes de la Guerra del Pacífico, Juan Bautista Alberdi sentenció: Bolivia es un Estado imposible. Y lo dijo a propósito de su error constitutivo garrafal: el Estado Unitario. Pero eso es tema para otra meditación. Volvamos al tiempo de hoy donde el principal problema es la incapacidad de los funcionarios bolivianos (políticos o de carrera) para administrar los aparatos del Estado.

   Y como mar de fondo de esta incapacidad manifiesta (el ministro de minería hizo dieciséis reuniones con los cooperativistas y los mineros, García Linera dixit, y no pudo fijar una política), está el discurso indigenista del gobierno de Morales, en donde habla "del indio ideal" a una Bolivia en donde los indios son reales y los criollos (Morales incluido) son la mayoría de la población.

 

   ¿Quién puede estar en contra de Evo que vino a reemplazar un régimen corrupto, falaz y descreído como el del muñeco norteamericano de Goñi? Nadie o muy pocos. El pueblo boliviano está en contra del mal gobierno de Evo, en contra de la desmesura de García Linera, en contra de ese enfrentamiento ficticio entre criollos y aborígenes.

   Es por eso que es una ruindad que un gringo como Heinz Dieterich, vendedor de recetas revolucionarias para "latinoamérica" como él dice, anuncie un golpe de Estado para el 11 de octubre. Claro está, porque el 12 es el día de la raza, con lo que los hispanocriollos festejarán doblemente. Qué manera de tomar de boludos a los bolivianos y a los suramericanos en general, de este gringo que viene a alentar una dialéctica que sólo existe en su cabeza. ¿Será por eso que el comandante Chávez lo terminó echando? Hablar de cosas que cosas no son (revolución del 11 de octubre), y proponer programas irrealizables como el de crear una economía latinoamericana (sic, El Mundo, 8-10-06 p.10) cuando nos cuesta un Perú establecer pautas económicas binacionales, es ser funcional al imperialismo que se dice combatir. Lo que tendrían que hacer los bolivianos con ideólogos a la violeta como éste, es darle una patada en el culo y echarlo a la mierda, porque los está tomando de imbéciles. Pero claro, como es marxista no se lo puede tocar, como si no hubiera marxistas que le han hecho y le hacen el juego al imperialismo.

 

   En resumidas cuentas, nuestro balance de cinco días en Bolivia es que, más allá de las buenas intenciones que pudiera tener el gobierno, éste no gobierna, y así, al quedar en libertad la presión de los distintos lobbies, al no haber gobierno, se resuelve con la muerte en las calles de la gente que lucha por sus intereses concretos.

   Que a Evo lo volteen de un golpe o lo dejen que se fría en sus propias contradicciones eso no lo podemos saber ni nosotros ni nadie, pues en la caja de Pandora la prognosis (la comprensión del futuro) quedó encerrada, pero lo que sí podemos saber es que Bolivia necesita una constitución federal que contemple además de la representación partidocrática una representación estamental que defienda su diversidad cultural. Pero claro, esto es demasiado pedirle a la dirigencia boliviana ganada por el discurso multiculturalista norteamericano (García Linera), el discurso marxista-indigenista de Evo y el discurso liberal-burgués de la oposición.

   Bolivia no tiene hoy un discurso nacionalista y antiimperialista al mismo tiempo, como el que supo tener con hombres como Carlos Montenegro o Augusto Céspedes. Lo más parecido era Andrés Solíz Rada y Evo Morales lo echó.

LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE LA INMIGRACIÓN

LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE LA INMIGRACIÓN

Alberto RECARTE

 

   En los párrafos que siguen, en otras siete secciones diferentes, he procurado sistematizar los aspectos negativos de una inmigración del tamaño e imprevisibilidad como la que nos afecta.

   Dentro de lo que cabe, lo más sencillo es explicar el aumento del gasto público, que distorsiona las cuentas de las autonomías y corporaciones locales, y lo más difícil acertar con el grado de importancia de los otros fenómenos que, en el caso español, están acompañando a este proceso, como la presencia de mafias, que intervienen ya en la propia organización de la inmigración, y su posible efecto corruptor en un sistema político no preparado, ni legal ni prácticamente, para enfrentarse a ese tipo de problemas.

   En estos últimos meses, por otra parte, estamos asistiendo a un nuevo fenómeno, la llegada a Canarias de miles de subsaharianos, atraídos por la política de "papeles para todos" de este gobierno. Hasta ahora, y a pesar de su dramatismo y espectacularidad, las pateras y los cayucos eran desde un punto de vista cuantitativo anécdotas en un mar de inmigrantes. Están dejando de serlo y son ya un problema de magnitud equivalente al que tuvo que enfrentarse Estados Unidos con la llegada de todo tipo de embarcaciones procedentes de todo el Caribe, y que les obligó a modificar las leyes de acogida. Un cambio político que el actual gobierno, populista y demagogo, no se atreverá a afrontar.

 

   1.-  El aumento del gasto público

 

   Donde se produce un aumento inmediato del gasto por la presencia de inmigrantes es en la educación. En conjunto, según el Ministerio de Educación, hay al menos 460.000 alumnos de padres inmigrantes matriculados en primaria y secundaria en toda España. El coste medio por alumno para la administración correspondiente, en este caso la autonómica, fluctúa entre los 2.600 y los 3.600 euros anuales por alumno, por lo que el total puede ascender a 1.360 millones de euros anuales. Un gasto que recae totalmente sobre las autonomías, mientras los ingresos fundamentales derivados del trabajo y legalización de inmigrantes los recibe la administración central (cotizaciones a la seguridad social e IVA, como hemos visto en el apartado anterior). Un gasto que la administración central no está compensando a las autonomías.

 

    +    El gasto en sanidad también es relevante con una población extranjera residente. Con un número de altas del entorno de las 3.700.000 personas, según el padrón municipal, y un coste por persona y año de 1.000 euros aproximadamente -una cifra probablemente más alta, aunque ése sea el gasto medio-, los gastos sanitarios totales de la población inmigrante que paga la administración autonómica alcanzan, al menos, los 3.700 millones de euros. Y también en esta ocasión lo soportan las autonomías, con una compensación mínima por parte de la administración central.

 

     +   El coste derivado de las prestaciones y subsidios de desempleo ascenderá en 2006, probablemente, a 770 millones de euros y su tendencia es a crecer a ritmos superiores al 20% anual. Téngase en cuanta que la tasa de desempleo de los inmigrantes es superior a la de los españoles y que está aumentando.

 

      +  No hay, por ahora, gasto por pensiones contributivas, porque lo reciente del fenómeno implica que prácticamente ningún inmigrante ha cotizado un número de años suficientes para generar derecho a pensión. Por eso la situación financiera de la seguridad social es tan positiva. Recibe cotizaciones sociales y no paga nada a los inmigrantes. Los gastos educativos, sanitarios, por desempleo y otras eventualidades no corren a cargo de la seguridad social.

 

   El total, por tanto, directamente cuantificable, del incremento de gasto público provocado por los inmigrantes, asciende a un mínimo de 6.000 millones de euros.

 

   2.-  El aumento del gasto público no cuantificable

 

   El incremento de población que suponen los inmigrantes está obligando a hacer inversiones extraordinarias en todo tipo de infraestructuras: carreteras, conducciones de agua, urbanización de nuevos centros de población, construcción de colegios, hospitales y centros de salud, de comisarías, juzgados y prisiones. Las necesidades de una población de 44 millones de personas obligan a invertir masivamente en todo tipo de infraestructuras. ¿Cuánto supone esa nueva inversión? No dispongo de ningún dato solvente que pueda aproximar la cifra.

   Al margen de las infraestructuras, los gastos anuales derivados de las mayores necesidades en salarios y otros gastos consuntivos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, juzgados y prisiones es relevante, aunque difícil de calcular. Por más que, por ejemplo, cerca del 40% de todos los presos que cumplen condena en cárceles españolas (en total, alrededor de 80.000 personas) sean extranjeros.

   Otro dato relevante es el gasto en el que incurren los ayuntamientos, con presencia significativa de inmigrantes, por la prestación de todo tipo de servicios sociales y por ayuda para la vivienda de los menos favorecidos que, en muchas ocasiones, también son inmigrantes.

 

   3.-  El crecimiento de la economía sumergida

 

   He señalado anteriormente que la presencia de inmigrantes en la mano de obra introduce flexibilidad en la economía española. Pero también es cierto que la continua presencia de cientos de miles de ilegales, animados por los sucesivos procesos de regularización del PP y del PSOE (el último, el más escandaloso, el correspondiente a 2005, que ha supuesto un sonoro efecto llamada), obliga a operar a trabajadores y empresas con dinero negro en muchas ocasiones.

   El dinero negro distorsiona el cálculo económico y significa competencia desleal para todos los que cumplen estrictamente con la legislación. Es difícil valorar cuánto de la economía sumergida está provocado por los inmigrantes ilegales y sus empleadores y cuánto por el comercio de drogas, la multiplicación de robos y hurtos y por los todavía muy altos impuestos. Tenemos datos que indican que es un fenómeno importante y descontrolado; uno de ellos es la enorme cantidad de billetes de 500 euros en circulación en España, una acumulación que ha llamado la atención al propio Banco Central Europeo.

 

   a/.  La inseguridad pública

 

   Bastaría con que el 1% de los inmigrantes fueran delincuentes para que tuviéramos un problema de orden público de gran magnitud. Problema que sí tenemos. Un 1% de 4.000.000 personas son 40.000 personas. En la cárcel hay más de 30.000 extranjeros y son muchos miles más los delincuentes que están en búsqueda y captura, en libertad condicional o en libertad sin cargos, pero delinquiendo.

   Los problemas de orden público se pueden convertir en irresolubles si los delincuentes operan a través de mafias, lo que parece está ocurriendo en España. Por la experiencia de otros países, las mafias pueden acabar con cualquier estado de derecho o en transición a una posible democracia; lo hemos visto en Italia, en Rusia y en toda Latinoamérica. Y es evidente que no tenemos ni leyes, ni jueces, dispuestos a luchar contra ese fenómeno. El problema de las mafias es que corrompen a las distintas administraciones públicas y los organismos que las integran.

   Es verdad que es más llamativo el problema de asesinatos, robos, con violencia y sin ella, y hurtos, pero el problema es más grave si esa violencia se ejerce a través de mafias, que con enormes cantidades de dinero a su disposición influyen sobre grupos de funcionarios, policías, jueces y políticos. Sin minimizar el coste económico de tener que protegerse contra la violencia. Muchos de los puestos de trabajo que se están creando son absolutamente improductivos, y no me refiero sólo al conjunto de funcionarios ocupados para protegernos a todos, nacionales e inmigrantes honrados, sino a los gastos en seguridad personal y las inversiones en incrementar esa seguridad.

 

   Otro apartado diferente, y que también genera gasto público, que es lo que estamos analizando en esta ocasión, es el de la denominada "violencia de género". Si más de la tercera parte de todas las mujeres asesinadas son inmigrantes, es evidente que se trata de un fenómeno importado con la inmigración, que se suma a la violencia existente en nuestra sociedad antes de la llegada de inmigrantes.

 

   b/.  Los costes económicos, sociales y políticos derivados de una población que no se integra

 

   En la experiencia europea, con inmigraciones consolidadas desde hace 40 años, como ocurre en el caso de Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda y países nórdicos, la religión musulmana, en su interpretación más integrista, impide la convivencia a largo plazo y la integración con la población autóctona de las personas con esa religión. El coste de la no integración puede ser brutal, no ya por la violencia terrorista de los radicales islámicos, sino por las inversiones, gastos y reorganización de la vida social a que obliga el fenómeno terrorista.

   En España, tenemos la experiencia de cómo ETA ha influido y condicionado el desarrollo de muchas instituciones sociales y políticas. Las elevadísimas cifras de radicales islamistas entre la población musulmana, que hemos cifrado en torno a las 800.000 personas, multiplica la gravedad del fenómeno.

   En países como Francia la radicalización y el enquistamiento social y político de una enorme masa de inmigrantes se ha traducido en xenofobia, la constitución de partidos de ultraderecha y la desaparición del estado de derecho en las zonas donde se asientan los inmigrantes radicales.

 

   c/.  La explotación fraudulenta del estado del bienestar

 

   Nuestro sistema de protección social, denominado vulgarmente estado de bienestar, sin ser tan extremo en sus ayudas como los de los países de la Europa continental desarrollada, está pensado para una población determinada, la española, de escaso crecimiento demográfico y con una población activa relativamente reducida.

   La llegada masiva de inmigrantes y su incorporación al mercado de trabajo supone ingresos por cotizaciones sociales para la seguridad social y compromisos a muy largo plazo en pensiones. Los posibles problemas son los derivados de la absoluta gratuidad de la educación y sanidad y el acceso generoso a las prestaciones y subsidios de desempleo y a todo tipo de pensiones no contributivas. En caso de una crisis que afectara con especial virulencia al sector de la construcción, por ejemplo, los pagos por desempleo podrían dispararse.

   Ésta es la experiencia, por otra parte, de los países europeos más desarrollados. Sus legislaciones tampoco previeron la integración masiva de inmigrantes. Por presiones políticas y sindicales han sido incapaces de adaptar su legislación a esa nueva realidad y han terminado por tener un problema financiero de primer orden en sus respectivos sistemas de seguridad social.

 

   d/.  El crecimiento de la población no productiva de origen inmigrante

 

   Ya hemos visto en los datos sobre inmigración que la tasa de actividad de los inmigrantes no europeos es altísima, en torno al 70%. Esa situación puede cambiar en cuanto el fenómeno del reagrupamiento familiar se extienda. Lo lógico es que, si el país de origen es un estado fallido, el cabeza de familia reclame a toda su familia. No sabemos de qué magnitudes estamos hablando. Posiblemente de millones de personas, directamente no productivas, que tendrán que vivir con los bajos salarios que, en general, logran los inmigrantes y a los que habrá que ayudar, de acuerdo con nuestra legislación, con todo tipo de transferencias sociales.

 

   Que yo sepa nadie ha podido calcular ni las posibles personas implicadas ni el coste adicional para las administraciones públicas de integrar a esas familias reconstruidas.

LA LUCHA POR LOS RECURSOS NATURALES

LA LUCHA POR LOS RECURSOS NATURALES

Carlos A. PEREYRA MELE

 

   En el nº 4 de la Revista Vértice del corriente año, dos artículos plantean  el tema del recurso estratégico "agua dulce", que se transformó ya no en un bien común de la sociedad global sino en un bien estratégico. Pero para establecer esta idea de los conflictos por el control de los Recursos Naturales (tierras, energía, agua y biodiversidad), ahora todos dentro de la categoría de estratégicos a nivel global, debemos partir del fin de la lucha ideológica que enfrentó capitalismo y el comunismo. Liquidada la bipolaridad con la caída del Muro de Berlín en el 89 y la implosión de la Unión Soviética en el 91, las relaciones internacionales comenzaron a pesar más por las tensiones geopolíticas que por los criterios ideológicos. Y por ello quedó expedito, a nivel global, el predomino una sola Súper Potencia Militar capaz de mantener tres conflictos bélicos en distintas regiones del Globo terráqueo que afectaran "Su Seguridad" a la vez. Sin comprometer su capacidad militar, en este marco EE.UU. bajo las administraciones especialmente de los gobiernos Republicanos, pero también bajo el Presidente Clinton, desarrollaron una política de expansión de su complejo industrial armamentista tecnológico. Vuelven entonces por sus fueros los criterios geopolíticos y geoestratégicos en el análisis de las relaciones internacionales; esto se realizó bajo los siguientes principios básicos de los "tanques de ideas" que luego gobernarían a Estados Unidos de Norteamerica:

 

    "Incrementar significativamente el gasto en defensa si queremos hacer frente a nuestras responsabilidades globales hoy y modernizar nuestras fuerzas armadas para el futuro.

    Fortalecer nuestros lazos con los aliados democráticos y enfrentar aquellos regímenes hostiles a nuestros intereses y valores.

    Promover en el exterior la causa por la libertad política y económica.

    Aceptar la responsabilidad del papel exclusivo jugado por América en preservar y extender un orden internacional favorable a nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios."

 

   El mundo de hoy lo podemos esquematizar así:

    Una globalización severamente agravada por el unílateralismo de Estados Unidos, el mundo se está dividiendo en cuatro niveles diferentes.

 

    1. Nivel supremo. Supremacía absoluta (o casi) de EE.UU.

    2. Nivel de elevada autodeterminación. Allí se encuentran sólo la Unión Europea y Japón.

    3. Nivel de resistencia. Ahí están China, India y Rusia, que tienen capacidad de limitar la interferencia de la globalización en su propio territorio. O sea, tienen autodeterminación interna y muy limitada autodeterminación externa.

    4. Nivel de dependencia. El resto de los países.

 

   En este marco debemos analizar los conflictos actuales y a los futuros, después del llamado 11S (atentado a las Torres Gemelas), que EE.UU. lleva adelante lo que la misma administración declaró como "Guerra Infinita", contra lo que unilateralmente declara Estados Malignos con su definición de "Eje del Mal". Para ello ha establecido cerca de mil bases militares en alrededor de 180 países e inició dos guerras: las de Afganistán e Irak.

 

   Con esta metodología los EE.UU. intentan por consiguiente establecer su permanente superioridad, no sólo militar sino económica,  y el fin último es el control de recursos naturales renovables y no renovables, pues al tener el control de los mismo, primero se asegura su provisión  y segundo controla los desarrollos de posibles competidores. Pero están surgiendo nuevos "Espacios Continentales Económicos", caso de China, Rusia y es muy probable que India integre ese Bloque Geopolítico próximamente, a los que debemos sumarle la Unión Europea y Japón, que ubicarían a China, Rusia e India a nivel de elevada autodeterminación, como son los dos antes nombrados y no en el de resistencia en que se encuentran en este momento. Y ello conllevaría el triunfo del multilateralismo sobre el actual unilateralismo global. La posición más positiva para Argentina y sus Socios. Creo que seria ocioso volver a destacar la importancia estratégica del tema del agua dulce, en el caso Argentino, que muy claramente analizan el Cnel. Ferrer en las páginas 40 y 41 y del Sistema Acuífero Guaraní y Jorge Santa Cruz en las páginas 42 a 47 de la antes mencionada "Vértice Económico" Año 2, Nº 4.

 

   Este análisis previo nos lleva a considerar la falta de capacidad de pensamiento estratégico en Argentina público y privado. En el mundo globalizado de nuestros días, contar con una visión de país de largo plazo constituye un activo estratégico valiosísimo, ya que en él compiten las naciones y las empresas, con acervos de capital de toda índole. En efecto, la mayoría de los países que durante las últimas décadas han tenido las tasas más altas de crecimiento económico y desarrollo son precisamente aquellos que han contado con una visión nacional de mediano y largo plazo acompañada de las correspondientes políticas de Estado.

   ¿Por qué mi preocupación? Porque coincido con el pensador Francés Alain Touraine, en la hipótesis sobre cómo analizar los nuevos paradigmas del mundo después del 11 de septiembre: "Estaríamos asistiendo al paso de la lógica de la sociedad a la lógica de la guerra. La potencia hegemónica, Estados Unidos, ha decidido no resolver más los problemas por la vía diplomática y por el diálogo sino por la intervención y por la guerra, llevada, si fuera preciso, a cualquier parte del mundo." Esta estrategia se enmarca dentro de la actual dinámica de la globalización económico-financiera, que no quiere saber de ningún control o regulación social y política. Exige campo abierto para hacer la guerra de los mercados.

   Esa lógica la podemos comprobar en casi todas las regiones del mundo, también observamos que el despliegue militar de Estados Unidos es coherente con estos enunciados. Esta hipótesis relativa a nuestra región y área de influencia nos debe importar por los intereses en juego. Es necesario analizar los hechos en un correlato de acontecimientos ya que en forma aislada y fuera de contexto, parecen de escasa importancia, mientras que en conjunto nos indican que la tesis de Touraine también se cumple aquí.

   Si se permite -además- que los mismos desarrollen una dinámica sin nuestro control, seguramente derivaran en acciones contrarias a nuestros intereses nacionales y los del continente Suramericano. Por ello, saber que el despliegue de unidades militares de USA en Paraguay, con su base en la localidad de Mariscal Estigarribia, las maniobras "antiterroristas" efectuadas este año en ese país, organizadas por el Comando Sur de EE.UU., que están en la supuesta "zona conflictiva" denominada Triple Frontera, con monitoreo del Acuífero Guaraní y de un Estado "fallido" como denominan algunos asesores del Gobierno de USA, que es rico en Gas y Petróleo como es el caso de Bolivia, debe en principio dar luces de precaución ante este mundo en lucha por los Recursos Naturales.

 

   Para tener una idea mas concreta de qué estamos hablando algunas cifras para tener en cuenta sobre nuestro Continente Suramericano: Tierras: reservas cultivables en gran cantidad y bajo suelos degradados, Energía: 11% reservas de Petróleo 15% de la producción mundial del crudo, 6% de las reservas de Gas y el 20% del potencial mundial de recursos hidroenergeticos, Agua: 20% del agua dulce del planeta el Acuífero Guaraní es el tercero del mundo y Biodiversidad: el Pantanal de Matto Grosso es la mayor extensión húmeda del planeta y la mayor reserva de biodiversidad del planeta, en Argentina la mayor biodiversidad están en las Yungas -Salta-Jujuy- y en la selva Misionera.

   Cabe tener presente el despliegue en la región del Continente Suramericano de Bases Militares de USA que es la siguiente: Aruba Base Reina Beatriz; Curazao Base Hato Control de Venezuela, Colombia Bases aeronavales El Arauca, Tres Esquinas; Larandia y Puerto Leguizamon todos estos dentro del "Plan Colombia", Ecuador Base Aeronaval de Manta, Perú Base Fluviales Iquitos y Nanay, Paraguay Base mariscal Estigarribia y por ultimo la Base de su socio Estratégico El Reino Unido de Gran Bretaña con su Base Militar Malvinas. Como podemos apreciar los Recursos Naturales están bien rodeados y controlados y no estamos hablando de teorías conspirativas, sino de realidades concretas verificables como son los recursos naturales de Suramérica y el despliegue de Bases Militares

   Por ello, en suma, la experiencia comparada mundial evidencia que el desarrollo (y no el mero crecimiento económico) de un país es más exitoso cuanto mayor es el compromiso por parte de todos los actores (políticos, económicos, sociales) en impulsarlo con una visión estratégica consensuada de mediano y largo plazo. De ahí la importancia de comprender que su construcción, lejos de ser la tarea de un solo hombre, de un solo partido o de un solo sector, debe verse como el compromiso de toda la sociedad expresado a través de sus diversos actores, sectores e instituciones. Sólo así, tal compromiso será exitoso y sostenible en el largo plazo.

 

   En este marco y teniendo en cuenta los nuevos "Espacios Continentales Económicos" considero que dado la actual Globalización, nuestro pensamiento Estratégico y Geopolítico debe estar direccionado a  alcanzar el nivel de resistencia y que nos permita Ser con autodeterminación interna. Debemos trabajar la idea de la profundización de nuestros acuerdos regionales, por encima de quienes momentáneamente conduzcan los destinos de cada Estado del Continente, y desarrollar al máximo nuestras potencialidades porque, si hay un nuevo multilateralismo, la formación de un sistema Suramericano de cooperación basado en el núcleo duro del MERCOSUR (Argentina, Brasil y sus socios Uruguay y Paraguay y Venezuela, desde la construcción del MERCOSUR, tienen observables condiciones para subir del nivel de dependencia al de resistencia... siempre que se hagan las cosas apropiadamente. Es una oportunidad única que todavía nos ofrece la historia), nos permitirá un nivel de interlocución internacional muy importante con un "Espacio Continental Económico" propio. Y así realmente poder disponer de los recursos que a corto tiempo nos serán demandados.

LA CONMOCIÓN DE UNA CITA (y II)

LA CONMOCIÓN DE UNA CITA (y II)

Alberto BUELA

 

   Luego de terminada la primera parte de nuestro artículo La conmoción de una cita [i] nos llega la información del diario digital Forum Libertas en donde se afirma que tanto la cadena inglesa BBC como los diarios New York Times (EEUU) y The Guardian (Inglaterra) participaron en la tergiversación del texto pontificio, su difusión en el mundo islámico y el exacerbamiento de los ánimos de los sectores musulmanes más radicales. Su papel fue "como gasolina al fuego musulmán", asegura el informativo. Tras destacar que para los medios informativos seculares como eclesiales, el discurso del Papa no tuvo mayor relevancia por su carácter esencialmente académico, consideró que "la BBC empezó el alboroto mundial". Así el jueves 14, la cadena BBC de repente empieza a difundir un informe en árabe, turco, parsi (la lengua persa de Irán), urdu (hablado en Pakistán) y malayo, con el título: El discurso del Papa excita la ira musulmana.

  

   Esto es una prueba evidente que los poderes mundiales indirectos, sobre todo en el ámbito de los mass media llevan adelante una política informativa anticatólica. No en vano el más significativo analista metapolítico católico, Vittorio Messori pudo afirmar hace ya dos años que: en nuestra época el anticatolicismo ha reemplazado al antisemitismo.

   Las interpretaciones marxistas de esta conmovedora cita como es el caso de nuestro amigo el profesor panameño Moisés Chong Marín en el sentido que la Iglesia funciona en sintonía con el imperialismo caen por su propio peso. Las versiones marxistas como las de otro amigo, el geólogo Néstor Gorokosky, que explica las agresiones anticristianas en países musulmanes porque los cristianos son los imperialistas, ya que no hay ningún Estado musulmán que lo sea, se caen también con esta información fidedigna.

   Por otro lado las interpretaciones progresistas, socialdemócratas y anticristianas, sostienen - con cita o sin cita - siempre lo mismo, que: "de qué se queja el Papa, si la Iglesia expandió en América el cristianismo con la espada matando a los indios"  (un autor llegó a escribir que fueron 120 millones los que mató, cuando nuestro viejo profesor de la UBA en Historia de América I, don Angel  Rosemblat, nada sospechoso de cristiano, se aburrió de probar que la población precolombina debía estimarse entre 12 a 13 millones de almas).

   Una vez más aparece la versión anglo-holandesa de la leyenda negra. Y ante esto no se puede decir nada. Salvo recordar lo que afirma el mexicano Carlos Pereyra, el primer autor revisionista de la historia de América: "La historia oficial de la conquista, colonización e independencia de Hispanoamérica debe ser reescrita, porque lo que se enseña actualmente es una mentira a designio contra España, la Iglesia católica y, fundamentalmente, contra los americanos,  a fin de que extrañados de nosotros mismos, el imperialismo anglosajón nos domine más fácilmente". 

 

   Finalmente, llama la atención el silencio de la jerarquía eclesiástica y su falta de apoyo hermenéutico a la cita del Papa y su reacción. Le han soltado la mano. Y si alguna opinión hemos escuchado estuvo al lado de la interpretación liberal (ej. La Nación diario) en el sentido que: la cita del Papa fue inadecuada e inoportuna.  Como si el Papa fuera monseñor Basiotto. Un verdadero renunciamiento. Su táctica es siempre la de las gallinas en el gallinero de mi madre cuando de chico las azotábamos con la gomera: la de la gallina distraída que nunca se defiende sino que pega la vuelta cacareando.

   Estas fueron las principales interpretaciones que se volcaron a los medios, con las que nosotros disentimos, por lo que estamos obligados a exponer la nuestra.

 

   Vayamos al grano:

   Las citas no son neutras; cuando se las hace es o para avalar lo que decimos o para criticar otra postura, y esto último hizo el Papa, por más que ahora diga que no. Y si ahora pide disculpas es signo de debilidad. La manipulación de sus dichos por parte de los poderes indirectos para crear una situación de conflicto con el mundo musulmán, muestra que también la Iglesia es instrumentada por la hidra del imperialismo.

   Esta manipulación y la posterior respuesta de Benedicto XVI pusieron de manifiesto que este Papa es influenciable y condicionable. En definitiva, la BBC y el New York Time meten a la Iglesia en el zafarrancho iniciado por Bush con el bombardeo de Irak y terminado por Israel con el bombardeo indiscriminado al Líbano.

   Están induciendo la respuesta musulmana para que se pelee con la Iglesia y el Papa, para pasar ellos a un segundo plano.

 

   La Iglesia desde el punto de vista profano está liquidada, puede vivir de las migajas de la diócesis de Nueva York. No hay en el mundo ni un solo Estado confesionalmente católico, cuando sí hay veintisiete Estados Musulmanes y un Estado Judío. No hay en el mundo ni siquiera un solo gobernante existencialmente católico, eso sí, hay muchos que lo son formalmente. No hay ninguna política católica de ningún organismo internacional. Y entonces ¿con cuántas divisiones cuenta el Papa?, preguntó Pepe Stalin, y siguió masacrando ucranianos a diestra y siniestra hasta que se cansó.

 

   El mundo es esto que tenemos y no lo que queremos emocionalmente que sea. Si vinculamos al imperialismo con el sometimiento de las naciones pobres estamos todos de acuerdo, pero cuando lo vinculamos al sometimiento de la Iglesia, nos dicen que la Iglesia es imperialista. ¿Quién fue el único poder que se opuso a la guerra de Irak? No fue acaso el viejo Papa Juan Pablo II. ¿Quién se opuso a la guerra en Centroamérica? ¿No fue acaso el obispo Romero, a quien asesinaron con un tiro en plena misa? Acaso no afirmó Noam Chomsky en innumerables trabajos que la Iglesia católica fue quien enfrentó a los Estados Unidos en la guerra centroamericana. 

 

   Seguro que saltará algún buey corneta que dirá: pero Benedicto XVI no es ni Juan Pablo ni Romero. Idiota, es la Iglesia, dijo Cliton. Pues la Iglesia desde el punto de vista profano fue definida por el gran Maldonado (y varios siglos después por Carl Schmitt) como complexio oppositorum (conjunto de opuestos) con lo cual quiso decir que hay de todo, tanto para un zurcido como para un fregado. Hay de todo y para todos los gustos y tendencias.

 

   El mundo musulmán no anda con tantas sutilezas, la Iglesia, los yanquis e Israel son lo mismo en el mensaje cultural y político de los ulemas (maestros de escuela), que son la verdadera fuente del fanatismo. Por el contrario la sabiduría de los sufies (los santos y místicos musulmanes) no se la tiene en cuenta ni políticamente, ni en los programas culturales de los Estados musulmanes.

 

   Hace ya unos años conocí una polémica entre dos buenos pensadores: el español Ernesto Milá y el italiano Claudio Mutti en donde éste pinta magistralmente la riqueza cultural del Islam a lo que el español le responde que, literariamente todo ello es cierto, pero que él, preso en las cárceles de París junto a militantes islámicos, pudo recoger el principio: obedecemos estas leyes hasta que podamos cambiarlas por las nuestras. La relación con el mundo musulmán no es libresca ni ilustrada sino política y de poder. No hay tercera vía ni término medio. Y esto lo ha visto muy bien Bandieri en su artículo Cuando el diálogo es puro verso.

 

   Nosotros no somos quienes para dar consejos y menos a una entidad bimilenaria como la Iglesia, pero ésta se tiene que plantear claramente como disidente al orden mundial. Obsérvese que decimos disidente y no opuesta, pues la oposición suele quedarse en la negación de aquello a lo que se opone, en tanto que la disidencia quiere decir que propone otro sentido (etimológicamente diV =bis= dos u otro, y  sensus= sentido). Tiene que dejar de lado la definición que le asignara el progresismo católico con Guzmán Carriquirry como institución del consenso, para transformarse en institución del disenso al orden constituido, al statu quo reinante.

   Tiene que volver a su mensaje claro y distinto de consejo evangélico: sea vuestro idioma si, sí, no, no.

   Retomar la metodología de la conversión individual y personal dejando de lado el método de los discursos colectivos que son para gloria del pastor y no ad maiorem gloriam Dei. Finalmente la conmoción de esta cita papal no se produce, como dice uno de mis mejores amigos (guardo su nombre): "citar a un Emperador bizantino hoy día, cuando los yanquis asesinan chicos en Irak y los israelíes tiran bombas racimos y de fósforo en el Líbano, es un grave error, es hacer el caldo gordo al atlantismo".

   No, la conmoción de la cita se produce porque los mass media, en manos de ese imperialismo que tira bombas y mata impunemente, han buscado implicar a la Iglesia en una lucha a la que se opuso desde el comienzo.

 

  


 

[i] http://bitacorapi.blogia.com/2006/092001-la-conmocion-de-una-cita.php

PROYECTO NACIONAL Y PLANEAMIENTO

PROYECTO NACIONAL Y PLANEAMIENTO

Mario MENEGHINI

 

    1. Introducción

   Desde hace varias décadas se menciona frecuentemente el tema del proyecto nacional, aludido como un elemento imprescindible para superar la crisis argentina, y se alega que la carencia del mismo es uno de los factores de dicha crisis. Sin embargo, son escasas las propuestas  realizadas en orden a la elaboración de un proyecto concreto. Es posible que haya algunos trabajos que no conozcamos, pero los que han trascendido, son únicamente los diez que detallamos en el Anexo.

   Ahora bien, lo que acotamos al principio es algo más grave; que ni siquiera desde la sociedad -academias, universidades, colegios profesionales, partidos políticos, etcétera- haya habido interés en el estudio del tema que nos ocupa. La situación descripta explica la confusión conceptual en que se incurre al abordar la cuestión del proyecto nacional. Por eso, nos interesa tratar de desbrozar los aspectos de fondo que implica encarar la elaboración de un proyecto.

 

   Podemos definir la expresión proyecto nacional como un esquema concreto y coherente de valores, fines, políticas públicas y distribución de responsabilidades, conocido y consentido por la mayoría de la población de una sociedad[1]. Si analizamos los antecedentes argentinos, comprobamos que existen notables coincidencias en todos los documentos citados; en especial, en los dos que fueron impulsados desde el Estado. En efecto, tanto el  generado desde el Ministerio de Planeamiento (l977), como el que fuera leído por el Presidente Perón ante la Asamblea Legislativa, tres años antes, parten de una cosmovisión  similar. Aluden a una cultura "cuyos valores fundamentales reconocen como fuente el acervo religioso y moral del Cristianismo, el saber filosófico de la Grecia clásica y la tradición político-jurídica de la antigua Roma". [2]

   Los principios básicos sostienen que:[3]

    -El hombre es una persona, creada por Dios, dotada de cuerpo y alma, y poseedora de un destino trascendente.

    -El hombre no se basta a sí mismo, sino que necesita de la sociedad. Esta es una pluralidad de personas unidas moralmente de manera estable para la consecución de un bien común. La sociedad humana es una sociedad de sociedades.

    -La primera de esas sociedades naturales es la familia. Su constitución y su desarrollo responden -como los derechos humanos- a leyes naturales anteriores a toda organización social.

    -Más allá de la familia, las necesidades, intereses y aspiraciones de tipo económico, social, cultural o religioso impulsan al hombre a agruparse en sociedades intermedias, con el fin de defender y promover bienes comunes particulares.

    -La historia y la geografía crean, sobre la base de las familias asentadas en un territorio, una comunidad étnica y ética, la Nación, fundada en la lengua, la historia, la cultura, las costumbres y las aspiraciones comunes. Es una comunidad de destino en lo universal.

    -Sin confundirse con la Nación, la sociedad,  territorialmente delimitada, crea un órgano especializado en el mando que es el Estado, destinado a regir dicha sociedad.

 

   2. El proyecto de la generación del ochenta

   No podemos dejar de señalar una contradicción notoria, en que incurren algunos de esos trabajos cuando, al par de sostener los principios detallados, se manifiesta que el único proyecto nacional que tuvo la Argentina fue el de la generación de l880.

   En primer lugar, el supuesto "agotamiento" de dicho proyecto no fue otra cosa que la cronológica verificación de una política errónea, que podríamos analogar con lo ocurrido en la última década con la "convertibilidad". Nadie puede negar que se lograron progresos materiales, "pero no hacer de la Argentina una gran nación. Y no porque sus planes fracasaron, sino porque sus propósitos no apuntaban tanto a la grandeza política como a la perfección sociológica e institucional".[4] No faltaron sin embargo advertencias de lo que ocurriría, como la de Vicente Fidel López, que escribió en la Revista del Río de la Plata: "Somos dependientes del comercio extranjero y de las comisiones que lo agilitan: nuestra producción, es decir nuestra materia prima, que es lo único que la constituye, depende necesariamente de la demanda de los mercados extranjeros. Ellos nos fijan la línea a que puede llegar. Ellos nos tienen bajo su tutela despótica".[5]

   Pero, además, y esto es mucho más grave, los fundamentos ideológicos de la generación del 80 son opuestos a los principios antes expuestos, e impulsaron un intento deliberado de reemplazo de nuestra raíz cultural cristiana por otra basada en el positivismo y el utilitarismo. En efecto, se sancionaron, entre otras, leyes de registro civil, de matrimonio y de educación laica. Esta última -Nº 1420-, provocó la oposición del Nuncio Apostólico, Mons. Matera,  que fue expulsado del país por el gobierno de Roca.

 

   3. Análisis teórico[6]

   Hecha esta introducción, debemos profundizar en cuestiones teóricas, bastante áridas, para determinar si es posible, estrictamente hablando, elaborar un proyecto nacional como anticipación del futuro, y que no sea, por lo tanto, una simple utopía.

   Debemos plantearnos este interrogante sobre la posibilidad misma de planificar, antes de iniciar la primera etapa que es la confección del modelo. Se trata, entonces, como suelen decir los juristas, de una cuestión de previo y especial pronunciamiento, analizar la factibilidad de anticipar el futuro, que se nos presenta como esperanza, como temor o como incógnita. Pero como necesitamos salir del presente, de una u otra manera tenemos que anticiparnos al porvenir. Para eso utilizamos la profecía, la prudencia o el proyecto. Como no pretendemos hacer aquí un análisis teológico ni ético, descartamos las dos primeras formas de predicción para abocarnos al proyecto.

   La primera afirmación sobre el futuro es negar que se identifique con la nada. Consideramos que algo, para ser, basta con que posea capacidad de existir -aunque no exista actualmente- ya sea con una existencia real, ideal o volitiva. El futuro de un acontecimiento, de un objeto o de un sistema, puede ser considerado como ente real posible, como ente ideal o como ente volitivo, según sea el enfoque con que se aborde.

El futuro como posibilidad (ente real): el pasado dejó de tener entidad actual, mientras el presente demuestra en acto su posibilidad de existir, y el futuro todavía no la ha concretado por falta de actualización. Pero si aún no existe y no se sabe como será, al resultar posible ya es un ente real y, como tal, es lícito inquirir sobre él. En cada circunstancia, son muchos los futuros posibles -futuribles- existen algunos pocos probables -futurables. El riesgo de elegir el escenario que tenga más chance de concretarse y resultar conveniente, depende, especialmente, del procedimiento utilizado.

El futuro como conjetura (ente ideal): certidumbre es la convalidación lógica de la veracidad de un pensamiento. Por lo tanto, según afirma Bertrand de Jouvenel: sólo se puede conjeturar sobre el mañana, y nunca alcanzar certeza. Es decir, que el análisis predictivo nos aporta un conocimiento de opinión, de manera que la materia objeto del planeamiento es opinable por naturaleza, sólo es susceptible de aproximación conjetural. Lo mismo podemos decir sobre lo político: es pasible de certidumbre en cuanto a sus contenidos pasados o presentes, pero es sólo opinable en cuanto receta para el futuro.

El futuro como proyecto (ente volitivo):  proyecto es mucho más que extrapolación en el tiempo; el vocablo se refiere a la intervención necesaria de la voluntad humana en su configuración. Si bien generalmente se proyecta de acuerdo a lo que se cree posible, aquí resulta dominante el ámbito de lo deseable. Para lo posible utilizamos la razón, en lo probable domina la voluntad. Entonces, el porvenir es para el hombre, en tanto sujeto actuante, dominio de la libertad y del poder; para el hombre, en tanto sujeto que conoce, el porvenir es dominio de la incertidumbre.

 

   4. Los riesgos de predecir (futurología)

    a) la aplicación de recursos cuantitativos a los aspectos cualitativos de la vida social, como si se pudiera revelar el porvenir por computación;

    b) identificar el traslado en el tiempo, como si se tratara de un traslado en el espacio, de modo que cada etapa de un proceso social sería semejante a las sucesivas estaciones que recorre un tren, descartando la posibilidad de utilizar otra vía, avanzar a otra velocidad, u omitir algunas estaciones.

    c) considerar el porvenir como el aspecto aún no concretado de un sistema, del cual conocemos ya su estructura y comportamiento (imperio milenario, paz perpetua, sociedad sin clases).

 

   Evitaremos el intento de hacer futurología y su consecuencia más dañina, la ingeniería social, si reconocemos que la sociedad no es una cosa susceptible de manipular, ni el porvenir un destino asequible por medio de los dudosos oráculos de una nueva ciencia ficción. No es más que otra aplicación del racionalismo, que, sobre la base de un supuesto contrato social, pretendió codificar legalmente todas las conductas humanas posibles, según un modelo de hombre abstracto y fungible. Ahora se pretende, también, diseñar el futuro.

 

   5. El planeamiento

   Conociendo ya las limitaciones del conocimiento humano, y evitados los riesgos de la voluntad desbocada, resulta posible encauzar la acción sistemática mediante el planeamiento. En primer lugar, aunque dispongamos de la mejor información y el sistema más sofisticado para procesarla, siempre  tendremos que elegir entre opciones posibles. En segundo término, los instrumentos técnicos pueden facilitar dichas decisiones, pero no reemplazar la virtud de la prudencia. De allí las limitaciones de la tecnocracia, puesto que el gobernante siempre tiende a ejercer su derecho a la conducción,  y los gobernantes a reclamar su derecho a la participación en las decisiones políticas.

   Santo Tomás enseña que, por imprevisible que sea la conducta humana nada es tan contingente que no tenga en sí alguna parte de necesidad. De manera que no sólo es posible sino muy útil al bien común la planificación. Pero siempre, que los planes cuenten con el apoyo de sus protagonistas, quienes deben participar en su elaboración, ejecución y modificación.

 

   6. Hacia un proyecto nacional argentino

   Habiendo desbrozado el camino de las dudas teóricas, podemos retomar la exposición sobre la forma de determinar un proyecto nacional argentino. Los antecedentes existentes, especialmente los dos surgidos desde el ámbito oficial, son precedentes valiosos, como asimismo, las denominadas "Políticas Nacionales", aprobadas en 1970, por Decreto Nº 46 de ese año. No obstante al haber transcurrido más de un cuarto de siglo y haber variado el contexto, es imprescindible una actualización y, sobre todo, hacerlos operativos, puesto que nunca tuvieron incidencia en la realidad.

   En otra aclaración conceptual, debemos acotar que lo que denominamos proyecto nacional, equivale a un plan de largo plazo (entre 30 y 100 años) donde se especifiquen los criterios y pautas sobre la manera de procurar el desarrollo de un país. Es, en realidad, un modelo, que contiene una cosmovisión o concepción doctrinaria, y un conjunto de hipótesis -futurables- sobre lo que puede y conviene ser realizado para lograr el tipo de desarrollo elegido.

   En todo proceso de planeamiento, la elaboración de un modelo, surge de la primera etapa que es la confección del diagnóstico, y que contiene premisas y restricciones. Sobre la base del diagnóstico, serán fijados los objetivos, diseñadas las políticas y estrategias, y recién entonces podrá iniciarse la programación concreta de acciones a ejecutar. Así descripto el proceso, fue el Consejo Nacional de Postguerra, creado en agosto de 1944, el primer antecedente de un organismo argentino dedicado a la planificación. Dos años después, la Secretaría Técnica de la Presidencia, que había asumido las funciones del Consejo citado, presentó el Primer Plan Quinquenal, y, con mayor o menor énfasis, se utilizó el planeamiento hasta 1970, fecha en que dejó de funcionar el Estado argentino.

   El cese del Estado, fue concomitante con la aprobación del Plan Trienal 1974/77, y la presentación pública del Modelo Argentino, por parte del General Perón, el 1-5-1974. En agosto de 1973, en un mensaje a los Gobernadores, Perón explicaba que la crisis argentina comenzó "por lo más grave que puede producirse: la destrucción del hombre; ha seguido por lo más grave que puede haber después de eso, que es la destrucción del Estado." El llamado Plan Trienal, que en realidad comprendía cuatro años, fue elaborado en poco más de dos meses, y no era más que un conjunto de programas sin consistencia. Perón no se privó de señalar: "He quedado en cierta medida admirado de que ustedes hayan podido elaborar un plan que a nosotros nos costó dos años de trabajo, y la tarea de 300 o 400 personas que actuaron en el Consejo Nacional de Postguerra..."[7]. Tres días antes, hablando en la CGT, había afirmado: "Pero en seis meses no hay plan que se pueda concebir ni realizar..."[8].

 

   7. Acerca del Estado

   Es obvio que si no funciona el Estado, es imposible que se cumpla una función tan compleja como es el planeamiento, que exige el trabajo interdisciplinario de un equipo de especialistas. Por eso, estimamos que hoy la tarea prioritaria consiste en el esclarecimiento conceptual, pues en el mismo campo nacional han proliferado ideas que provienen de otras ideologías y han contribuido a la confusión y a dificultar la búsqueda de soluciones. Por ejemplo, se identifican frecuentemente los conceptos de nación y estado, y se repite la definición liberal de estado: nación jurídicamente organizada. En realidad, al ser la nación una realidad cultural, no puede nunca organizarse, ni modificarse sus componentes, por una decisión voluntarista; surge y se perfecciona espontáneamente, a lo largo de siglos de vida en común. Lo que sí puede organizarse es la sociedad, entendida como conjunto de personas y grupos que conviven en un territorio determinado. Precisamente, el Estado es el órgano de síntesis, planeamiento y conducción de una sociedad determinada, destinado a lograr el bien común.

   El ejercicio de las tres funciones señaladas en la definición, es requisito indispensable para la existencia de un Estado; cuando dejan de cumplirse, el Estado desaparece, aunque se mantengan las formalidades constitucionales, y un gobierno. Esto es lo que ha ocurrido en la Argentina.

   En cuanto a la función de síntesis, o de integración social, Perón propuso lo que denominó comunidad organizada; un sistema social y político con una conducción centralizada en el gobierno, una ejecución descentralizada, a cargo de los distintos organismos del Estado, y un pueblo libremente organizado. La solidaridad social es una fuerza poderosa de cohesión, que sólo un pueblo maduro puede hacer germinar. Únicamente el pueblo libremente organizado en sociedad es actor de las decisiones, pues las organizaciones libres del pueblo -las entidades intermedias- son factores concurrentes con los órganos públicos, de modo que no sean absorbidas por el Estado, y lograr un equilibrio entre el derecho personal y el comunitario.

   La función de planeamiento, siempre es un instrumento importante de gobierno, y se torna crucial para un país en decadencia como el nuestro. Siempre, quien accede al gobierno tiene dos opciones: o gobierna por aproximaciones sucesivas, en forma errática según la presión de las demandas y de las circunstancias, o gobierna según un plan. Pero la Argentina actual ya no tiene opciones si no quiere desaparecer o convertirse en una factoría; necesita planificar, lo que significa que el diseño tiene que ser anterior a la decisión. Se planifica para procurar lo óptimo, se decide para tratar de alcanzarlo. El modelo o planeamiento de largo plazo, requiere definir los Objetivos Nacionales que deben ser consensuados. Para ello, debería implementarse una entidad como el Consejo para el Proyecto Nacional, integrado por las entidades representativas de los grupos sociales. El plan de mediano plazo, coincidente con el período presidencial, debe estar a cargo del Poder Ejecutivo, con participación del Congreso. Y el plan de corto plazo, corresponde al equipo ministerial.

   A las dos funciones anteriores, se agrega la de conducción, que corresponde al gobierno, con las siguientes modalidades:

    -Centralizar la conducción y descentralizar la ejecución.

    -Actuar con planificación.

    -Posibilitar la participación de todos los actores sociales.

    -Concebir al gobierno como un instrumento al servicio de la sociedad, para lo cual deberá lograr la máxima eficiencia posible.

    -Contar con funcionarios estables, que accedan a la función pública por el sistema  mérito, y  que permanezcan ajenos a los cambios políticos.

 

   El Estado no debe constituir una estructura institucional aislada dentro del país, como ocurre con las concepciones oligárquicas -marxistas y liberales. Se justifica únicamente si actúa en beneficio de la sociedad. Para ello, el aparato estatal debe procurar un perfeccionamiento continuo, de modo de aumentar su eficiencia y lograr las metas que fije el gobierno. Su actividad, como regulador de los grupos sociales, es esencial para lograr el máximo nivel de desarrollo económico, compatible con una redistribución equitativa de la riqueza que es producida por el conjunto de la población. Dicha regulación se efectuará en el marco de una concertación con los representantes de las organizaciones libres del pueblo.

   En resumen, el papel del Estado en esta nueva etapa institucional, se ajustará a las siguientes pautas:

    -El comportamiento del Estado -y su política económica y social- será regido por las directivas del Gobierno, que traducirá en decisiones concretas las líneas estratégicas fijadas en el Plan de Mediano Plazo, según los Objetivos consensuados con todos los sectores de la sociedad.

    -El Estado podrá hacerse cargo nuevamente de actividades productivas y de servicios públicos, que se consideren esenciales para el interés nacional. Pero, simultáneamente, acentuará el papel de los entes reguladores de los servicios privatizados y tercerizados, que deberán ejercer un control riguroso de las empresas concesionarias, en cuanto al monto de las tarifas y a la calidad del servicio brindado. Se dará prioridad en la concesión de empresas y servicios, al sector público no estatal, que evite en este campo el fin de lucro, y la intromisión de capitales extranjeros.

    -El federalismo, entendido como coordinación armónica de los tres niveles de gobierno, será fortalecido con una nueva metodología de distribución de los ingresos públicos entre el gobierno federal, los gobiernos de las 23 provincias, el Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, y los gobiernos de los 2.156 municipios. De esa manera, el gobierno federal podrá concentrarse en las cuestiones prioritarias: Justicia, Defensa, Relaciones Exteriores, Salud, Educación y Desarrollo Económico, pudiendo asumir plenamente las demás funciones los niveles provinciales y locales, tal como establece el esquema constitucional, distorsionado durante muchos años. En la última década, pese al drástico retraimiento en la producción de bienes y prestación de servicios, por parte del gobierno federal, acompañado de la supresión de 800.000 cargos públicos, continuaron concentradas las decisiones gubernamentales más importantes en ese nivel, siendo condicionados los gobiernos locales por las dificultades financieras crónicas, que hacen ilusoria la autonomía política.

    -El funcionamiento óptimo del sector público sólo será posible, si paralelamente, se modifica el sistema político, actualmente monopolizado indebidamente por los partidos, a tenor del artículo 38 de la Constitución Nacional. Es cierto que el ciudadano es representado como tal por dichas instituciones, pero la configuración política de una comunidad organizada implica la creación de un sistema de participación efectiva de los ciudadanos en la elaboración de las decisiones y en el control del cumplimiento de las mismas. Las personas deben poder participar también en su condición de trabajadores, empresarios, profesionales, etc., a través, por ejemplo, de un Consejo para el Proyecto Nacional. La concepción liberal no acepta más representación que la de los partidos; la comunidad organizada estimula la participación de los grupos sociales, garantizando una representación integral.

 

   8. Conclusión

   Luego de este pantallazo general sobre el tema, podemos concluir que en torno al concepto de proyecto nacional, deberíamos reflexionar seriamente sobre nuestra responsabilidad de ciudadanos de la República Argentina, en un momento verdaderamente dramático de su historia, en que hasta se está desdibujando el entramado de la nacionalidad y se está resquebrajando la concordia cívica. El general Perón en el Modelo Argentino, indicó el camino: "Nuestra Patria tiene todo lo necesario para que sus hijos sientan el gozo infinito de la vida. Dios nos ha brindado riquezas incalculables, sólo falta que asumamos la decisión irrevocable de realizar la empresa que nos aguarda"[9].

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Díaz Araujo, Enrique -Pithod, Abelardo - Randle, Patricio H. "Planeamiento y Nación"; OIKOS, Buenos Aires, l979, 191 pgs.

Massé, Pierre. "El Plan o el antiazar"; Barcelona, Edit. Labor, l968, l72 pgs.

Irazusta, Julio. "La generación del 80"; Buenos Aires, Ed. Docencia, l98l, 59 pgs.

Moreno, Antonio Federico. "El planeamiento y nuestra Argentina"; Buenos Aires, Corregidor, 1978.

Meneghini, Mario. "No existe soberanía pues no existe el Estado"; Buenos Aires, Tiempo Militar, 3-1-2003, pg. 13.

 

Anexo

    ANTECEDENTES ARGENTINOS SOBRE  "PROYECTO NACIONAL"

 

Ordenados por fecha de publicación

1) Villegas, Osiris. "Políticas y estrategias para el Desarrollo y la Seguridad Nacional"; Buenos Aires, De. Pleamar, l969, 285 pgs.

2) Junta de Comandantes en Jefe. "Políticas Nacionales", Decreto Nacional Nº 46/70.

3) Monti, Ángel. "Proyecto Nacional";  Buenos Aires, Ed. Paidos, l972, 293 pgs.

4) Perón, Juan Domingo. "El Proyecto Nacional. Modelo Argentino" (1-5-1974); Buenos Aires, Ed. El Cid, l986, 150 pgs.

5) Fundación Argentina Año 2000 -Centros de Estudios Prospectivos. "Proyecto Nacional. Síntesis"; Buenos Aires, 1974, l6 pgs.

6) Guevara, Francisco. "Proyecto XXI"; Buenos Aires, Edit. Ancora, l975, 238 pgs.

7) Ministerio de Planeamiento de la Nación. "Proyecto Nacional"; Buenos Aires, l977, 83 pgs. (síntesis).

8) Arguindegui, Jorge Hugo. "La nueva República. Pautas para un Proyecto Nacional"; Buenos  Aires, l986, 36 pgs.

9) Seineldin, Mohamed Alí. "Bases para un Proyecto Nacional"; Buenos Aires,1990, 32 pgs.

10) Calcagno, Eric Alfredo - Calcagno, Eric. "Argentina: derrumbe neoliberal y proyecto nacional"; Buenos Aires, Le Monde Diplomatique, 2003, 91 pgs.
 


 

[1]  Monti, Ángel. "Proyecto nacional; razón y diseño"; Buenos Aires, Paidos, 1972, pg. 12. Moreno, Antonio Federico. "El planeamiento y nuestra Argentina"; Buenos Aires, Corregidor, 1978, pg. 47.

[2]  Ministerio de Planeamiento de la Nación. "Proyecto Nacional"; Documento de Trabajo aprobado por la Junta Militar el 2 de agosto de 1977; pg. 7. Perón, Juan. "Modelo Argentino" (El proyecto nacional, 1974); Buenos Aires,  El Cid Editor,  6ta. edición, 1986, pgs. l35/l36.

[3]  Ministerio..., op. cit., pgs. 9/10. Perón, op. cit., pgs. 72/92.

[4]  Irazusta, Julio. "La generación del 80; profecías y realizaciones"; Buenos Aires, Docencia, 1981, pg. 7.

[5]  cit. p. Irazusta, op. cit., pg. 37.

[6]  En este tema, seguimos de cerca el artículo: Martinotti, Héctor Julio. "Prospectiva y planeamiento" (www.ucalp.edu.ar).

[7] Perón, Juan. 17-12-1973.

[8]  Perón, Juan. 14-12-1973.

[9] Perón, op. cit., pgs. 65/66.