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Bitácora PI

Presente y futuro de España

ADELANTE CATALUÑA

ADELANTE CATALUÑA

Francisco TORRES

 

   Pocas cosas van a variar en Cataluña tras la celebración de las elecciones autonómicas. Sea cual sea el resultado habrá un único vencedor: el nacionalismo. La campaña electoral y los cambios de estrategia del Partido Popular con respecto a las reformas autonómicas, o mejor dicho con respecto a su discurso público, han puesto de manifiesto una realidad incontrovertible: los teóricos partidos nacionales, socialistas y populares, pactaran con el nacionalismo el día después. El escenario no es difícil de imaginar: alianza CiU con el socialismo o el Partido Popular o reedición del tripartito porque el bloque nacionalista, CiU-ERC, difícilmente alcanzará una mayoría suficiente para gobernar.

   Las elecciones autonómicas van a servir, eso sí, para crear la imagen de un falso apoyo mayoritario de la sociedad catalana al Estatut; para, según el consabido lenguaje nacionalista, profundizar en la línea del autogobierno. En estas circunstancias, al elector que quiere mostrar su oposición al régimen nacionalista, sólo le quedan dos opciones, porque ni el PP ni el PSOE constituyen una alternativa a la actual situación política catalana, una opción “progre” y una opción transversal. La opción “progre” ha contado con un cierto respaldo mediático; la opción transversal ha hecho su campaña en silencio. Si creemos las encuestas, ambas tienen reducidas posibilidades de éxito, de obtener representación. Sin embargo ambas comparten el valor testimonial de la comparecencia en un ambiente hostil. Una opción es “Ciudadanos”, la papeleta progre y de izquierdas. Otra es Adelante Cataluña, la papeleta transversal.

 

   Adelante Cataluña es una alternativa política surgida en el Principado, a efectos electorales, de la mano de los partidos Alternativa Española y DN, apoyada por las asociaciones ADN, RH, ACAE y ADES. Sus listas están formadas por españoles de Cataluña o catalanes de España. Intentan abrir hueco en el entramado institucional del régimen nacionalista. Son los hombres y mujeres que han continuado, durante años, homenajeando la Bandera en Cataluña; los que pleitearon cuando comenzó, hace ya casi dos décadas, el proceso de inmersión lingüística; los que se opusieron, desde el principio, al Nuevo Estatuto; los que consideran que el régimen nacionalista ha arruinado a Cataluña y quienes quieren construir, a partir de aquí, una opción no nacionalista para Cataluña. Ahora, a nosotros, a quienes puedan por razón de circunscripción, nos corresponde apoyarla con el voto, porque allí no existe más voto útil para España que éste.

GALLARDÓN O LA RECREACIÓN DE LA UNIÓN DINÁSTICA

GALLARDÓN O LA RECREACIÓN DE LA UNIÓN DINÁSTICA

Francisco TORRES

 

   Los amantes de la historia política de la Edad Media y la Edad Moderna saben que la mejor garantía para la perdurabilidad de una alianza pasaba entonces por el matrimonio de estado. La burguesía rehizo, sin mayor complicación, esta costumbre a través de los matrimonios de conveniencia, para así ampliar el dominio económico o para ganar prestigio social a través del ennoblecimiento.

   Viene al caso la rememoración de la costumbre porque el ínclito alcalde de Madrid, autopostulado sustituto de Mariano Rajoy en caso de fracaso, ha vuelto sus ojos hacia las viejas costumbres de la mano de la próxima “boda gay” de Quique Sarasola con, según dicen los expertos, su novio de toda la vida. Nada mejor para sellar el amplio apoyo que entre sectores de la izquierda despierta Gallardón que una boda de poder.

   El gran fasto gay madrileño, en el que la bautiful people liberal, socialista y económica se va a dar cita; el lugar a donde acudirá el gran oráculo del socialismo, Felipe González, es la gran oportunidad. Tamaña cita, que probablemente servirá para abrir el mundo del colorín a las uniones homosexuales, demanda el oficio de quien aspira a ser el nuevo “obispo laico” para las “bodas” de hombre con hombre o mujer con mujer; de quien cree poder hacerse portavoz del mismísimo Dios en el responso laico. La noticia es pues que Alberto Ruiz Gallardón ha dicho que sí a la propuesta de “oficiar” el enlace el próximo 26 de octubre en Madrid.

  

   Alberto Ruiz Gallardón, y quienes a buen seguro le van a acompañar, siendo miembros destacados del Partido Popular, ha dicho que sí al ofrecimiento. Lo ha hecho desafiando una vez más a la Iglesia y a un sector del PP que quedó desautorizado por la dirección del partido (Rajoy y Fraga a dúo) cuando pidió sanciones contra el alcalde de Madrid por su oficio en la anterior boda gay; lo ha hecho porque es el mejor escenario para exhibir su vitola progresista, para ganar votos progresistas.

   Gallardón, candidato también de Polanco y Sarasola, dos prebostes de indudable peso en el socialismo, ha encontrado en esta “boda homosexual” el marco ideal donde reverdecer sus laureles de repelente niño progre y desafiar al voto derechista, porque entiende que al final, los de derechas de toda la vida, acudirán presurosos a votar al PP para que no gane la izquierda y porque los heraldos que alzan enojadas protestas en contra suya, llegado el instante final, nunca apoyarán a otra fuerza política que no sea el PP.

ESPAÑA CLAUDICA EN GIBRALTAR

ESPAÑA CLAUDICA EN GIBRALTAR

Inmaculada MOMPÓ

 

   Tres días después aún deben seguir riendo el ministro británico de Exteriores, Geoffrey Hoon, y el así llamado primer ministro de Gibraltar, Peter Caruana. El 18 de septiembre de 2006 queda incorporado a la historia como la fecha en la que el más incapaz ministro español firmó el ignominioso Tratado de Córdoba, con el que arruinó las posibilidades españolas de recuperar el territorio gibraltareño que usurpa la Gran Bretaña.

 

   Hagamos memoria. En 1700 falleció sin descendencia el rey Carlos II, no sin antes haber designado en su testamento a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, como sucesor en la Corona de España. Inglaterra y Austria no permanecieron impasibles ante la reunión de los tronos español y francés por una misma dinastía y se apresuraron a apoyar las pretensiones del archiduque Carlos de Austria, primo de la reina viuda. De esta forma, las potencias europeas libraron sobre suelo español la Guerra de Sucesión, en realidad un conflicto por la hegemonía continental con simple apariencia de guerra civil. En 1704 la flota anglo-holandesa bombardea la fortaleza de Gibraltar, en el extremo sur de España, y se apodera de la ciudad tras huir de ella sus habitantes a las poblaciones de San Roque y Algeciras. Tras el cese de hostilidades con el triunfo del que reinaría como Felipe V, Inglaterra retuvo Gibraltar en su poder por su estratégica ubicación en el estrecho que separa el Atlántico del Mediterráneo. La paz quedó sellada con el Tratado de Utrecht en 1713, cuyo artículo X dice así: "El Rey Católico, por si y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortaleza que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno". A principios del siglo XX, valiéndose de una epidemia de cólera como pretexto, los británicos levantaron la verja que existe actualmente en el terreno del istmo, sobre territorio que les era ajeno. Más tarde, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, también se construyó un aeropuerto en el istmo, con parte de la pista en terrenos ganados al mar, en la bahía de Algeciras. Ambos hechos contradicen flagrantemente el Tratado de Utrecht [1].

  

   Si hemos de calificar en forma no excesivamente abrupta la actuación de la Gran Bretaña a lo largo de estos tres siglos de permanencia en el Peñón de Gibraltar habremos de utilizar, cuando menos, el adjetivo de torticera. Desde un punto de vista jurídico es incuestionable el pleno derecho de los anglosajones a ocupar "the rock", como ellos llaman al peñón, pues el Tratado de Utrecht ampara esta mutilación del territorio español, para vergüenza y oprobio de la dinastía reinante todavía y de momento. Pero ese mismo tratado internacional, que siempre han esgrimido con arrogancia en cada ocasión que un gobierno español intentó volver a negociar la soberanía sobre la colonia, no puede obligar a una sola parte mientras que la otra queda en absoluta libertad para incumplirlo sistemáticamente y desde el primer momento. Ésta ha sido la conducta habitual británica, por lo demás nada que no sea de esperar de un pueblo que condecora a los piratas y convierte el latrocinio en hábito nacional. Hemos reseñado cómo se apoderaron de una porción de terreno en el istmo que une la diminuta península con el resto de España, pero ya desde el siglo XVIII Inglaterra no se consideró obligada a cumplir sus compromisos. Valga como ejemplo la prohibición expresa en el referido Tratado de conceder asentamiento a judíos y musulmanes, que jamás se llegó a hacer efectiva. Muy al contrario, Gibraltar ha sido desde sus orígenes como colonia británica cabeza de puente del contrabando de mercancías desde el norte de África y otros puntos del Mediterráneo hacia España y los contrabandistas siempre fueron, en abultada proporción, judíos y musulmanes.

 

   Ya en la segunda década del pasado siglo el gobierno de España llevó ante el comité de descolonización de Naciones Unidas la situación de Gibraltar. Se obtuvieron dos resoluciones de la Asamblea General (2231, de 1966 y 2353, de 1967) que instaban al inicio de conversaciones entre España y Gran Bretaña para poner fin a la situación colonial de Gibraltar y, como suele ocurrir con las resoluciones de la ONU que incomodan a los poderosos, quedaron en simple papel mojado. En 1969 la metrópoli otorga una constitución a los gibraltareños - conocidos como "llanitos", lo cual no deja de ser una gran humorada para referirse a quienes habitan al pie de una montaña - de forma que Londres se reservaba los asuntos exteriores y de defensa, mientras que los asuntos locales serían administrados por un ejecutivo estrictamente gibraltareño.

   España interpretó entonces que la concesión de autogobierno contravenía el Tratado de Utrecht y, como certera represalia, el ministro Fernando de Castiella cerró en 1969 la verja de Gibraltar para privar a la colonia de comunicaciones terrestres. El cierre de la verja asestó un severo golpe a la economía de Gibraltar, sumido en una grave crisis que Gran Bretaña contrarrestó mediante la inyección constante de fondos vía subvenciones. A partir de ese momento el gobierno y la población gibraltareños comienzan a reclamar la autodeterminación del territorio, fenómeno llamado a entorpecer extraordinariamente la solución del litigio. Gran Bretaña consiguió en 1982 del débil ministro socialista Fernando Morán la reapertura de la verja, con el consiguiente cese de la sangría económica que hasta ese momento acarreaba la colonia a su metrópoli, e inició con España el proceso de Bruselas de 1985, por el que dio comienzo un diálogo que incluía el diferendo sobre la soberanía del territorio. El proceso estaba condenado al fracaso de los propósitos españoles por la obstinación de Gran Bretaña de respetar los supuestos "derechos" de los gibraltareños y de convertir la negociación bipartita en un coloquio tripartito, al conceder carácter de parte interesada al gobierno local. Con independencia del tipo de gobierno en cada época - de izquierdas, de derechas, democrático, dictatorial o absolutista - España jamás ha renunciado a considerar Gibraltar como territorio propio y la existencia de la colonia británica como un contencioso entre Madrid y Londres en el que el gobierno del peñón nada tenía que decir. Y ello precisamente por atenerse estrictamente al Tratado de Utrecht, como ya se indicaba más arriba, repetidamente esgrimido por Londres en justificación de su dominio sobre el territorio y punto de origen del status británico del Peñón pero que, al tiempo, excluye taxativamente cualquier soberanía alternativa a la británica que no sea la propiamente española [2].

   Ha tenido que presidir el gobierno de España un completo irresponsable como José Luis Rodríguez Zapatero para que el ministerio de Exteriores sea ocupado por un perfecto inútil como Miguel Ángel Moratinos. Este zote de mayúscula incompetencia acaba de quebrar la firmeza diplomática española sostenida durante tres siglos, al tiempo que sienta las bases para una perpetuación colonial o para un tal vez previsible Gibraltar independiente. Veamos cómo:

     1. Antes de tres meses se dotará de normalidad a los servicios aéreos del aeropuerto de Gibraltar. Asimismo, España y el Reino Unido solicitarán el levantamiento formal de la suspensión de todas las medidas de la Unión Europea en materia de aviación que actualmente pesa sobre el aeropuerto del Peñón.

     2. Establecimiento de vuelos directos desde el Peñón a cualquier otro aeropuerto de España y viceversa, sin controles policiales españoles o gibraltareños. Aumenta de esta forma el caos de la política migratoria del gobierno español al abrir una puerta más de entrada a la inmigración ilegal.

     3. Se acepta el uso conjunto del aeropuerto del Peñón (uso compartido de suelo español usurpado); los aeropuertos próximos a Gibraltar serán considerados "alternativos" en los vuelos hasta allí. Ese uso compartido es una vieja reivindicación de la colonia para dar un fuerte impulso al turismo y, en un mercado tan competitivo, eso podría ser un revés para algunos aeropuertos muy cercanos como Jerez o Málaga (uno de los veinte mayores de Europa por volumen de viajeros), pero también puede afectar a otros como el de Sevilla o incluso el de Melilla.

     4. La controvertida cuestión de la presencia de policía española en la terminal única del aeropuerto se solventa con la construcción de una terraza o voladizo en un extremo ésta que penetrará en territorio español. Las Fuerzas de Seguridad españolas pasarán diariamente a la terminal - y consecuentemente al istmo de Gibraltar - y controlarán pasaportes dentro de ella, pero en la práctica estarán en territorio español. Así pues, no se adquiere ventaja diplomática alguna sino, más bien al contrario, España reconoce unilateralmente la soberanía extranjera sobre el territorio. La salvaguarda de la soberanía española sobre el istmo se evapora definitivamente y no avanza un ápice en el propósito de restaurar la integridad del territorio nacional.

     5. Hasta ahora los buques que partían de Gibraltar o que llegaban allí no podían hacer escala en ningún puerto español. esta prohibición también se levanta y, como en el caso anterior, a cambio de nada, mientras que las autoridades gibraltareñas disponen ahora de puertos tan cercanos como el de Algeciras, uno de los más importantes de España, para desarrollar su economía y fortalecer su sector turístico.

  

   Cuando la Gran Bretaña decida dejar Gibraltar no será para reintegrarlo a España, según pactó en el momento de la ocupación. No asistiremos a una resolución del conflicto colonial conforme a la pauta de China en el caso de Hong-Kong sino al estilo de lo perpetrado en 1981 con el Belice usurpado a Guatemala. A fin de cuentas, toda aberración parece pequeña a un gobierno enajenado, cuyo mayor afán no es otro que traicionar al pueblo que lo eligió y disolver la nación que juró defender. Ya sólo nos resta contemplar cómo la reina de Inglaterra condecora a Zapatero y a Moratinos como "caballeros de la Orden del Imperio Británico"; Roma no pagaba a traidores pero Inglaterra, sí. 

 


 

[1] "Pero, para evitar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña, sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra" (...) Tratado de Utrecht, artículo X.

[2] "(...) Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo la propiedad de dicha ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla". Ibid.

 

DINERO SINDICAL, DINERO POPULAR

DINERO SINDICAL, DINERO POPULAR

Francisco TORRES

 

   Las cuentas de los sindicatos vienen a ser algo así como las fabulosas cuentas del Gran Capitán; sólo que Fernández de Córdoba, al menos, sí tuvo que explicar sus gastos a los reyes. Los grandes sindicatos han establecido, en España, una relación simbiótica con el Estado, altamente satisfactoria ya que éste les subvenciona y no les pide cuentas. Si el control de las cuentas de los partidos es un enorme castillo de naipes el de los sindicatos resulta inexistente.

   Los sindicatos no viven de sus afiliados, viven a expensas de los Presupuestos Generales del Estado, o menos eufemísticamente hablando de nuestros impuestos. Nuestro dinero sufraga sus gastos, sus liberados, sus actividades y sus bagatelas. Un dinero que como no les cuesta ganarlo, como no nace del trabajo, manejan alegremente. Reivindicando un añejo patrimonio sindical -aunque tal sindicato no existiera en aquellos tiempos- se han hecho con una importante red de inmuebles inmejorablemente situados cuyas cargas también salen de nuestros impuestos. Sin el dinero público el actual sistema sindical, los grandes sindicatos, probablemente dejarían de existir.

 

   Comisiones Obreras, que no vive de sus afiliados; que, según se dijo en su día, parece ser experta a la hora de utilizar las ventajas del sistema temporal de contratación, posee un magnífico local en el centro de Madrid, con un teatro incluido. A ese escenario, sufragado con nuestros impuestos, suben representaciones que difícilmente obtendrían el más mínimo respaldo del público. Comisiones Obreras, que vive de los dineros públicos, ha cedido ese teatro a Pepe Rubianes amparándose, como último recurso dialéctico, en que el “derecho al trabajo” no puede perderse por opiniones personales; porque sin ese argumento difícilmente podría explicarse el empeño sindical mostrado a la hora de conseguir que Rubianes actuara en Madrid de forma inmediata.

   Las actividades de los sindicatos, culturales o formativas, también son posibles merced a la subvención oficial. Actividades que, en estos años, tampoco han estado libres de sospecha. La actuación del señor Rubianes en ese teatro, al igual que iba a suceder en el Teatro Español, la pagamos todos. Comisiones Obreras no ha tenido la decencia, tras admitir entre líneas que en la protesta ciudadana nada tenía que ver el contenido de la obra, de exigir al actor una retractación clara y sin máscaras de sus insultos a España y a los españoles. No lo ha hecho porque el brazo sindical del PCE sólo saca pecho en cuestiones políticas y cree que con su acción contribuirá a la manipulación de la memoria histórica, a la revancha histórica, que anida en el corazón de ese esperpento político que encarna Gaspar Llamazares.

VERANITO DE AMORES

VERANITO DE AMORES

Miguel Ángel LOMA

 

   La fórmula es tan simple como repetida por su probada eficacia. Se fija un objetivo, se concreta en un mensaje con dos ideítas que resulten fácilmente asimilables por la masa, se agita todo y se distribuye machaconamente desde los medios de comunicación por los voceros del régimen. Como es obvio, la última parte es la trascendental; tan trascendental como el que los sujetos receptores del mensaje tengan buenas tragaderas. El mensaje actual es claro: con un gobierno simpaticón y tolerante, y no como el que presidía el belicoso tío del bigote, ha llegado el momento maduro de la paz. Los pobrecitos etarras llevan tres años sin asesinar y, eso, para quienes se alimentan de la muerte, es garantía suficiente de ayuno salvífico. Da igual que ni se arrepientan ni renuncien a sus pretensiones;ante la invocación del sagrado nombre de la paz todos debemos plegarnos, y el pueblo español... es tan generoso.

   El principal obstáculo a este montaje también es obvio: las víctimas del terrorismo, salvo contadas excepciones. Por eso se intenta permanentemente dividirlas y se margina su participación en «el proceso», un proceso de negociada traición. «No pueden ser interlocutores porque están afectadas por el dolor y el odio»; esto no se dice exactamente así, pero es parte implícita del mensaje gubernamental. Se las patea el estómago dialogando con los asesinos, a la vez que se las menciona mucho en todas las declaraciones repitiendo insistentemente que siempre estarán presentes en la memoria, que muchas gracias por los servicios prestados, que no sabéis cómo os comprendemos, etc., etc.; y luego se las intenta comprar con ayudas y subvenciones económicas. Cree el ladrón.

   Mientras tanto, la masa de ciudadanos españoles con derecho a voto sestea, pasa y pasea. Ya se sabe, mientras la sangre no te salpique directamente, tú mira para otro lado. A la masa se la movilizaba para que se manifestase con las manitas pintadas de blanco cantando aquello de «Eta escucha, aquí tienes mi nuca» y otras memeces de similar rima; pero ahora lo que toca es la amnesia: «Eta escucha, el pueblo está en la ducha», que hace mucho calor y no es cosa de alterarse. ¿Y aquello del espíritu de Ermua? Pues eso..., si la misma palabra lo dice: mero espíritu evanescente, y ya se sabe el valor que tiene el espíritu en una cultura laica. Sin necesidad de alterar apellidos nos han pegado el cambiazo: hemos pasado de Miguel Ángel a Pepiño; de Blanco a Blanco y tiro porque me espanto.

   Como todo no se puede controlar, hay algún fleco que se escapa y el lobo asoma la patita sin disimulo. La actitud de Chapote ante los tribunales se convierte en un chapapote que destroza mil pretendidos discursos de paz. Pero rápidamente el inefable ministro de Justicia sale al quite para tranquilizar a la parroquia: hay etarras buenos y susceptibles de rehabilitación, y otros malos que no saldrán de la cárcel. Los buenos son los que eligen a las víctimas y, sin necesidad de mancharse las manos de sangre, encargan a tipos como Chapote la ejecución de las faenas. Repartiendo rosas y besos entre los cercanos a los asesinos, aparecen en escena los faranduleros progresistas, los que viven del cuento cultureta y de las subvenciones. Éstos sí que han sufrido y se han jugado la vida denunciando el terror etarra. ¡Pedazo de intelectuales comprometidos!

   Zapatero y su partido se sienten los dueños del tablero («contamos con la mayoría de votos y, por lo tanto, quien se enfrente a nuestra política se enfrenta al pueblo soberano»), y modifican las reglas del juego a su conveniencia. No recuerdo en qué parte del programa socialista se incluía la negociación con los terroristas, pero el caso es que nos toca tragarnos a los criminales de ETA como animales democráticos de compañía; a Otegui, como hombre de paz; a Carrillo, Carod y Zerolo, como referentes éticos, y al pasotismo ciudadano, como ejemplo de tolerancia del nunca bien ponderado pueblo español. Vale, a la fuerza ahorcan. Pero que no pretendan vendernos su insensata irresponsabilidad, su cobardía y entreguismo bajo el ropaje de graves razones de Estado, altura de miras, patriotismo y generosidad. Que estos socialistas, no es que hagan de la necesidad virtud, sino que son capaces de transformar sus miserias morales en causas de beatificación.

   ¡Ha llegado la sacrosanta hora de la paz y del diálogo! Pues muy bien, que dialoguen, que dialoguen mucho. Y como estas cosas también requieren de su ritualismo, que se busquen un lugar simbólico y evocador, pero a la vez relajado y tranquilo. No sé..., bajo el árbol de Guernica quizás sea ya una imagen muy gastada..., habría que buscar otro árbol..., sí, un buen escenario para estos diálogos podría ser bajo el árbol donde le descerrajaron los dos tiros en la nuca a Miguel Ángel Blanco. Que organicen allí mismo unas buenas merendolas veraniegas con productos de la tierra: frutos secos, nueces y cosas así; y que bendiga la mesa Setién. Y como dicen que del roce nace el cariño, si después de tanto diálogo y de tanto tender puentes de entendimiento con los asesinos la relación va a algo más profundo, no hay problema: siempre nos quedará Gallardón.

EL INCIERTO FUTURO DEL ESPAÑOL MEDIO

EL INCIERTO FUTURO DEL ESPAÑOL MEDIO

Francisco TORRES

 

Problemas estructurales, propaganda, manipulación y carencias de la política económica española.

 

   Incremento de precios, inflación, caída del poder adquisitivo de los españoles, endeudamiento de las familias, salarios bajos, problemas de productividad, huída de las inversiones, emigración, consumo, desequilibrio entre exportaciones e importaciones son elementos que están presentes en el panorama político español. El tema económico se encuentra ausente de un debate político excesivamente centrado en problemas, en muchos casos, artificialmente creados por la propia clase política. Los españoles, que perciben las consecuencias de la falta de una política económica que haga frente a los problemas estructurales de nuestra economía, sienten, a pesar de la fiebre consumista, la incertidumbre del futuro.

 

   La larga etapa de crecimiento de la economía española, que se prolonga por encima del retraimiento del crecimiento en los países más ricos de la zona euro, está sirviendo para dejar en sombras una serie de problemas, de carácter más estructural que coyuntural, sobre los que parece que no se desea intervenir.

   El crecimiento económico y el crecimiento del empleo, utilizados demagógicamente, están ocultando otras realidades que perciben de forma, cada vez más alarmante, los españoles de a pie. Una percepción que, sin embargo, no trasciende a un debate político centrado en otros temas: responsabilidades del 11-M, reformas autonómicas, política sobre terrorismo, uniones homosexuales… Así, por ejemplo, a duras penas apareció la cuestión socioeconómica en el último debate sobre el Estado de la nación, no siendo un tema trascendente para el presidente del primer partido de la oposición.

 

   Desde hace unos años, especialmente desde la adopción del euro, los españoles tienen la percepción de que, tras la primera subida resultante del denominado “efecto redondeo” que el gobierno ni supo, ni pudo, ni quiso contrarrestar, vivimos en un incremente constante de los precios. Los españoles han visto cómo los precios se han equiparado o aproximado a los de muchas de las principales ciudades europeas sin que los salarios y los servicios hayan crecido en igual proporción.

   Los datos son, a este respecto, tan clarificadores como contundentes. El incremento de los precios en España ha sido constante desde 1998. Hasta el 2006 ese crecimiento ha superado en un 9.6% el de la media de la zona euro. Ciertamente este incremento no ha desacelerado de forma trascendente el crecimiento económico porque, al mismo tiempo, se ha acelerado el consumo. Un consumo que, sin embargo, no es producto del aumento del poder adquisitivo, sino de la ampliación del empleo y la caída del ahorro. La realidad es que, desde 1997, el salario medio en España sólo ha crecido en un 0.4%. De hecho, según el Euroíndice laboral IESE-Adeco, el salario medio lleva descendiendo desde finales del 2004, lo que deja en entredicho gran parte de las afirmaciones del presidente del gobierno. En la actualidad, según datos del año 2005, el salario medio español sólo se sitúa por encima de Polonia y Portugal. Las diferencias sobre el salario bruto resultan abismales: en Inglaterra se sitúa en 3607 euros, en Alemania en 3061, en Francia en 2615, en Italia en 2331 y en España en 1992 euros. La realidad es que mientras los precios se aproximan en muchos productos, los salarios se alejan.

 

   El mantenimiento de los niveles de consumo (incluyendo en el mismo la adquisición de la vivienda), pese a los bajos salarios, alentado por los bajos tipos de interés que se han mantenido varios años, ha tenido como consecuencia el crecimiento del endeudamiento de los hogares españoles y la incapacidad para el ahorro. Así, la tasa de ahorro cae sistemáticamente desde hace tiempo. Los préstamos hipotecarios, responsables de una parte trascendente del endeudamiento, crecen a un ritmo anual del 27%, pero el poder adquisitivo de los españoles no sigue un camino paralelo. Un ejemplo, según los informes de La Caixa, las rentas obtenidas por las familias han crecido en un 30% pero el metro cuadrado lo ha hecho en un 80%.

   El esfuerzo familiar para la adquisición de una vivienda, si nos dejamos llevar por los datos más favorables o por los más críticos, la diferencia es pequeña, crece de forma constante, duplicándose en los últimos cinco años. Hoy, muchos españoles comienzan a ver cómo se aleja el sueño de una vivienda. Si volvemos a los datos facilitados por La Caixa resulta que, sobre un piso de cien metros cuadrados construidos, sólo el 50% de las familias podrían acceder a la vivienda con una financiación del 75%; lo que se reduciría a menos del 40% si se tiene que financiar el 100%. Frente a esta situación la única opción real, por la propia demagogia del gobierno y la ausencia de una política real de vivienda, es alargar las hipotecas, por encima incluso de la vida laboral, y buscar viviendas más reducidas que dificultan el desarrollo de la vida familiar.

 

   El español medio que, desde hace menos de diez años, ha entrado en la espiral de consumo generada por los bajos tipos de interés y el crecimiento de la economía española, se encuentra ahora ante una situación preocupante: sin crecimiento salarial determinante y con una elevación de los tipos de interés que va a continuar. A ello se tiene que sumar una inflación descontrolada que revierte en su contra porque el gobierno ha decidido no adoptar medidas de contención más allá de las que imponga el Banco Central Europeo a través de la subida del precio del dinero. Excusa, pro otra parte, excelentemente manejada pro el gobierno para justificar su falta de respuestas.

 

   La pregunta lógica, a tenor de lo expuesto, radicaría en la contradicción aparente entre el crecimiento económico y la situación de los salarios. La respuesta es bastante simple, en gran parte es debida a que el crecimiento del empleo se ha estado produciendo en sectores donde los salarios son moderados (la construcción) y porque, además, se sufren los efectos de las mucho más bajas remuneraciones de los inmigrantes (algo más de cuatro millones de personas). Esta situación, junto con las reformas, ha conducido a una caída de los costes laborales cifrada en un 1.92%, según los datos del 2005.

   El gobierno esperaba que la moderación salarial y la reducción de costes sumadas al mantenimiento del consumo incrementaran la competitividad, intentando que así se corrigiera, sin más, el fuerte desequilibrio entre exportaciones e importaciones. La realidad es que los salarios bajos han acabado frenando las inversiones y la renovación en busca de la competitividad y que, al mismo tiempo, no se ha conseguido solventar el problema de la baja productividad del trabajador español. La productividad real descendió en el 2005 un 0.29%. Y no parece que las reformas laborales, o los plantes estatales o autonómicos, teniendo presente el problema de la presencia masiva de trabajadores inmigrantes -legales o irregulares-, vayan a conseguir mejorarla.

 

   El gobierno tampoco ha propuesto ninguna medida para hacer frente a una inflación, superior al 4%, que atenaza tanto a los españoles como a las empresas. De hecho, la tensión inflacionista, los problemas de productividad y los procesos de deslocalización de las grandes multinacionales, están creando un panorama donde los problemas de viabilidad pueden conducir a posibles cierres como los que ya se anuncian.

    Cierto es que los gobiernos han perdido, por la cesión de competencias al Banco Central Europeo, parte de su capacidad de respuesta ante el fenómeno inflacionista al no controlar el precio del dinero. Esto, sin embargo, sólo es un límite, no una barrera insalvable. Los gobiernos de la zona euro pueden hacer frente al problema inflacionista incrementando su recaudación o conteniendo el gasto público. El gobierno no se ha inclinado ni por lo uno ni por lo otro. Los anuncios de los Presupuestos venideros, los compromisos de gastos que conllevan las promesas del gobierno, indican que José Luis Rodríguez Zapatero no baraja la contención, que no va a recortar el gasto público de una Administración carísima. No se ha atrevido a aplicar, pese a que en esa línea iban sus propuestas, una reforma del IRPF que eleve el tipo sobre el ahorro y reduzca o elimine las deducciones y desgravaciones, aunque algo de eso se haya plasmado en la última reforma.

 

   Todo lo apuntado, pese a su gravedad, pese a lo que puede significar para muchos españoles en un futuro inmediato, en un país donde se está produciendo una huída masiva de la inversión por la inestabilidad que ha generado y va a generar la reforma autonómica, ha desaparecido del debate político. Los españoles sólo perciben las consecuencias: incremento de precios; incapacidad para el ahorro; problemas económicos a final de mes; reducción de la calidad de vida por el aumento de la factura mensual de la deuda (fundamentalmente hipotecaria). El gobierno se escuda, amparado en su conglomerado mediático, en los precios del petróleo (que afectan a todas las economías) y en las decisiones del BCE, explotando a su favor, al mismo tiempo, los datos de crecimiento y de empleo para no entrar en el debate. La oposición, a la que parecen faltar propuestas alternativas, también parece pensar que el debate está en otros temas.

DELINCUENCIA E INSEGURIDAD: RETO AL ESTADO

DELINCUENCIA E INSEGURIDAD: RETO AL ESTADO

Inmaculada Mompó

 

   Thomas Hobbes fue el primer filósofo de la modernidad que articuló la tesis del pacto de renuncia de derechos individuales a cambio de la protección de un soberano poderoso, aunque su teoría goza hoy de bastante menor popularidad que la de Jean-Jacques Rousseau, plasmada en “El contrato social”, de agudizado individualismo y sustento ideológico de los estados liberales. Podríamos debatir acerca de sus aportaciones doctrinales, pero el acuerdo sería unánime a la hora de señalar la legítima defensa frente a la agresión injusta como uno de los derechos fundamentales de todo individuo, derecho que resulta menguado y condicionado por la legislación penal. Personalmente soy una decidida defensora de dicha mengua y me repugna la libérrima aplicación del principio de autodefensa armada en los EE.UU. Pero, y en este punto suscribo la teoría de Hobbes, siempre y cuando el Estado asuma su responsabilidad y cumpla con su obligación de custodio y salvaguarda de la vida, la integridad física, la libertad y el patrimonio de los ciudadanos.

 

   Ese entramado teórico se desmorona ante nuestros ojos aquí y ahora. España se convirtió hace ya tiempo en un paraíso de delincuentes, por efecto de las legislaciones penal, procesal y penitenciaria. En los últimos siete años se ha detectado un imparable ascenso de los delitos perpetrados por extranjeros, hasta alcanzar la proporción de ocho de cada diez. Analizando la casuística delictiva puede observarse una especialización según nacionalidades:

 

   A. Las llamadas bandas latinas (ñetas, salvatruchas, latin-kings…) incurren preferentemente en pequeños robos, amenazas, extorsiones callejeras y agresiones. Sus integrantes son jóvenes inadaptados que imitan el modelo del desarraigo por antonomasia: el de los jóvenes hispanos marginales y automarginados de los barrios hispanos en EE.UU. Operan en demarcaciones urbanas cuyos límites son fruto del pacto o de la guerra entre bandas diferentes.

   B. Los inmigrantes del África negra están especializados en la venta ambulante de todo tipo de falsificaciones, desde prendas de vestir y complementos hasta películas y música en CD y DVD y suelen operar por cuenta de terceros, frecuentemente de nacionalidades asiáticas. No pocos de los delincuentes africanos aspiran a obtener un mayor rédito de su actividad criminal y penetran en el sustancioso mercado de la droga: han llegado a desplazar a los gitanos de la “gama baja” del sector, es decir el comercio de cocaína más adulterada y de menor precio.

   C. Los magrebíes (marroquíes, tunecinos y argelinos) comercian preferentemente con los derivados de la marihuana. Es creciente su participación en delitos contra la propiedad, violaciones y atracos a mano armada.

   D. Los chinos abarcan una amplia gama de infracciones penales, desde la extorsión hasta la explotación laboral de menores pasando por el blanqueo en negocios aparentemente legales de dinero procedente de otras actividades ilícitas. Su particular hermetismo llega, de momento, hasta el punto de reducir casi exclusivamente sus actos criminales al interior de su propia comunidad.

   E. Las bandas organizadas de delincuencia transnacional están compuestas por ciudadanos de la Europa Oriental. Son un sector delictivo de crecimiento exponencial, tanto en número de integrantes, como en crímenes cometidos. Por ende, puede afirmarse sin dudarlo un instante que representan el mayor motivo de alarma pues su modus operandi se caracteriza por una brutalidad insólita y extrema. A finales de la década de 1990 comenzaron a introducirse en España antiguos miembros de la guerrilla separatista albanesa de Kosovo, el UÇK de triste memoria y mitificado por una prensa irresponsable al dictado de las consignas norteamericanas. Su hipócrita solicitud de “asilo político” les facilitó el inicio en España de las mismas prácticas que habían estrenado en el sur de Serbia: pillaje, saqueo y asesinato sin escrúpulos. Tras ellos llegaron y siguen llegando oleadas de rumanos, búlgaros y rusos – no pocos de ellos antiguos miembros del ejército o policía de sus respectivos países.

 

   El Estado de Derecho se quiebra en España por varios flancos y el de la impunidad de los delitos, o la desorbitada benevolencia de las penas impuestas, es uno de ellos. Parafraseando a Guillaume Faye podemos afirmar que los extranjeros en España, en su mayoría, son trabajadores y no delincuentes aunque es indudable que la mayoría de los delincuentes son extranjeros. Que los españoles somos un pueblo hospitalario es una realidad indudable, pero en ningún caso deseamos convertirnos en víctima colectiva de la hez internacional. Y ante esta disyuntiva la respuesta posible y necesaria es única: quien ha confundido esta tierra con un coto de caza ha de salir de su error a bordo de un avión tras ser fulminantemente expulsado de España. El status jurídico de residente extranjero queda reservado para quien con nosotros desee trabajar y vivir en paz; quien retribuya nuestra generosa acogida con su desprecio por nuestras leyes sólo merece la condición de repatriado.

EL GOBIERNO RINDE AL ESTADO ANTE ETA

EL GOBIERNO RINDE AL ESTADO ANTE ETA

Francisco TORRES

 

   Hace unos meses comentaba aquella declaración de Arnaldo Otegui en la que afirmaba que “estaban ganando”. El jueves veintinueve de junio, tras el anuncio del presidente del gobierno, de José Luis Rodríguez Zapatero, dando naturaleza oficial a unas negociaciones que se han estado desarrollando en los últimos meses, los terroristas, en las cárceles o en libertad, los abertzales de Batasuna y muchos de los simpatizantes y militantes del PNV, pudieron brindar abiertamente por la victoria. El Estado español se postraba ante las condiciones de la banda terrorista, confirmaba sus promesas a la banda, seguía el calendario impuesto por ellos y admitía una negociación política en la que no se obviaría el tema de la autodeterminación. Rodríguez Zapatero lo ha admitido todo, de ahí que haya afirmado que “respetará las decisiones que tomen los ciudadanos vascos”.

 

   El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no sólo ha puesto el Estado en trance de liquidación, a través de un insensato programa de reformas autonómicas por las que nadie, salvo la clase política, mostraba ese aparente y prefabricado estado de necesidad que tanto se ha cantado, sino que ahora, además, rinde el Estado ante una banda terrorista. Todo ello, simplemente, por la necesidad clara y manifiesta de mantenerse, a cualquier precio, en el sillón de la Moncloa.

   José Luis Rodríguez Zapatero ha puesto en marcha un suicidio político o un asesinato de la nación por mera ambición personal. Su objetivo, al que lo subordina todo, no es otro que perpetuar el socialismo en el poder, subsanando los flecos que el zapaterismo dejó abiertos en su paso por el gobierno, porque para él el sistema político vigente sólo es patrimonio de la izquierda. Para ello ha buscado recomponer la vieja entente socialismo-nacionalismo, aderezada por el apoyo del radicalismo separatista y del viejo comunismo. Pero, José Luis Rodríguez Zapatero es consciente de que eso puede no ser suficiente para ganar las próximas elecciones. Desde los inicios de la legislatura el presidente del gobierno ha dejado bien claro cuál sería el gran impulso, el gran lema, la gran coartada, para conseguir que en las urnas se revalide su victoria: conseguir el “fin” de ETA como organización terrorista a cualquier precio.

 

   El presidente del gobierno, que es presidente de todos los españoles, ha preferido atender a su partidismo programático, dejarse llevar por su peligroso radicalismo de opereta, por su interpretación errónea de los conceptos de paz o ciudadanía, confundiendo el republicanismo de su gurú político con el homenaje al sectarismo de la II República, a atender las justas reclamaciones de las Víctimas del Terrorismo o a oír el auténtico clamor popular que se ha desatado en España contra la negociación. Ha preferido escudarse en la prefabricada campaña de autosatisfacción lanzada por los muchos medios afines al gobierno, alguno de los cuales camina descaradamente hacia las aguas del panfleto.

 

   El presidente del gobierno, señor José Luis Rodríguez Zapatero, además ha engañado a los españoles y ha pasado por encima de las formas democráticas que afirmaba respetar. El suponer que la propuesta de ZP ante el parlamento iba a cosechar un apoyo mayoritario, debido a la mayoría aritmética de que goza, no es razón suficiente para no llevar esa propuesta al debate parlamentario. ZP ha ido al Parlamento pero se ha quedado en el vestíbulo; ha cambiado los diputados por los periodistas, quería foto y voz pero prohibía las preguntas. Así de claro y así de sencillo. El presidente del gobierno ha faltado a su palabra de llevar la cuestión al Parlamento, porque hasta el más lego de los mortales entendía que se trataba de discutirla en la Cámara. Ni tan siquiera ha buscado la excusa del lógico secreto, pues prescindió de la Comisión de Secretos Oficiales. Lo único que ha buscado Rodríguez Zapatero ha sido el aplauso de Batasuna y lo ha conseguido.

 

   El presidente del gobierno, señor Rodríguez Zapatero, además de rendir, con sus actos y su declaración, el Estado ante la banda terrorista ha humillado a España. Ni tan siquiera puede escudarse en que se trata de una negociación de igual a igual, porque ni tan siquiera eso es verdad. Los terroristas están un peldaño más alto que el Estado y se han permitido el lujo de humillarlo.

   Humillación, porque los terroristas han impuesto el calendario y se lo han recordado a ZP: el plazo de la tregua concluía a final de junio, ni un día más.

   Humillación, porque el gobierno ya había aceptado una serie de condiciones previas.

   Humillación, porque ni tan siquiera las acciones de Grande Marlaska han servido para paliar esa humillación, pues la respuesta del nacionalismo-terrorismo ha sido: “usted no sabe con quién está hablando”.

   Humillación, porque los terroristas ya conocían la decisión del gobierno, porque los presos de ETA sabían que el gobierno aceptaba las condiciones previas de ETA, porque los que han comparecido ante los jueces en las últimas semanas lo han hecho con la chulería del vencedor que incluso transmitían a sus familiares.

   Humillación, porque el gobierno ya tiene el calendario y la hoja de ruta para hacer de Batasuna el gran interlocutor.

   Humillación, porque la banda se ha permitido el lujo, durante ese “alto el fuego permanente”, de continuar con la extorsión haciendo muy difícil de creer la “verificación” de esa tregua que el gobierno ha encontrado satisfactoria según el señor Rubalcaba.

   Humillación, porque el gobierno ya tiene en esa hoja de ruta la salida al tema Batasuna mediante la creación de un nuevo partido que, por serlo, no tendría que condenar nada.

   Humillación, porque el gobierno va a autorizar el acercamiento de los presos de ETA.

   Humillación, porque aunque se acepte que el proceso de excarcelación sea lento e individualizado se propone la vuelta al régimen de beneficios pentitenciarios.

   Humillación, porque ya se ha manifestado que, en otoño, José Luis Rodríguez Zapatero recibirá a Arnaldo Otegui en la Moncloa.

   Humillación, porque la negociación lleva de la mano la entrega de España a los designios políticos de los terroristas.

   Humillación, porque se ha prescindido de las Víctimas, porque se ha pasado sobre la sangre de las Víctimas, porque el gobierno afirmó que el homenaje y el recuerdo a las Víctimas era una prioridad y éste ha consistido en dar legitimidad política a una banda terrorista.

 

   A los españoles, a las víctimas, sólo les queda el derecho a la protesta. Protesta que, naturalmente no podrá nunca llegar a los señores diputados. Esos mismos diputados que permitieron, para su indignidad, que una coraza policial impidiera el paso a una representación de las Víctimas que quería colocar ante el Congreso una corona de flores manchadas en recuerdo de la sangre derramada. Para las Víctimas cordón y policía, para las amigas del gobierno, para las Bardem de turno, todas las facilidades para repartir rosas por la Paz. Y mientras la SER y los paniaguados dirigentes socialistas pugnan por competir en el homenaje al “hombre de la paz”, a José Luis Rodríguez Zapatero a los demás nos queda el derecho a la protesta.

 

   Sólo la rebelión ciudadana, sólo la acción de la sociedad civil puede parar la humillación y la entrega. Sólo la protesta diaria, individual o colectiva, contra toda negociación, porque algunos sólo están en contra del modo en que se va a negociar pero no de la negociación en si misma, puede convertirse en la espada de Damocles que impida a ZP la rendición y la humillación definitiva. En nuestras manos está.

   Pero mucho cuidado, no vaya a acontecer como en tantas otras ocasiones. Mucho cuidado porque como sucedió cuando España se movilizó tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, se buscará que la protesta no se desborde, se buscará controlar la reacción, reconducirla. Los signos son preocupantes y conviene denunciarlos. Se está jugando, como siempre, con el lenguaje y puede resultar que exista una negociación respetable y otra inasumible. Conviene, tener presente la actitud del Partido Popular en otras ocasiones, porque ahí están las declaraciones de Mariano Rajoy de las que se desprende que no es que se esté contra la negociación sino contra esta negociación. Al igual que no se está contra la legalización de Batasuna sino contra su legalización tanto en cuanto no desaparezca ETA y se convierta en un partido legal.