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Bitácora PI

Presente y futuro de España

UN DILEMA ELECTORAL AQUEJADO DE INQUIETANTES VARIABLES

UN DILEMA ELECTORAL AQUEJADO DE INQUIETANTES VARIABLES

Ismael MEDINA


 
   Leí hace tiempo a un sociólogo norteamericano, ahora no recuerdo su nombre, que las encuestas se acomodan al interés de quienes las pagan. De ahí que los cuestionarios suelan ser capciosos. Y trufadas las muestras. Menudean los sondeos de opinión a medida que se aproxima la convocatoria de elecciones generales. Los resultados de unos y otros desembocan en lo que se ha dado en llamar "empate técnico" entre el P(SOE) y el PP. Luego hay que leer entre líneas, como ha hecho "ABC" con la reciente del CIS, parta deducir posibles desplazamientos del voto descontento de unos y otros partidos. Resulta asimismo revelador, y la experiencia lo confirma, que muchos de los consultados ocultan su verdadera intención por temor a que no esté garantizado el secreto y puedan ser identificados. El "no sabe" o "no contesta" suele ser abultado. Es el motivo de que me incline hacia un análisis histórico de los resultados electorales.

 

   Alguna vez he aludido en mis crónicas a este tipo de análisis, los cuales me han llevado a la conclusión de que el resultado electoral lo decide un porcentaje de votantes que suele oscilar, según las circunstancias, entre un 2 y un 13 por ciento, como máximo, de los que acuden a las urnas. Un fenómeno que se repite desde las elecciones de 1931 a las de 2004. Y no sólo en España. La traslación de los resultados a la composición parlamentaria guarda asimismo una estrecha relación, no pocas veces arbitraria, con el sistema electoral vigente en cada régimen político.

   Es de sobra sabido que el cómputo nacional de votos dio el triunfo a las candidaturas favorables al régimen monárquico, aunque por escaso margen. La proclamación de la II República fue un golpe revolucionario al que se plegó Alfonso XIII al sentirse desamparado por quienes estaban obligados a defenderlo. Prefirió un exilio deshonroso a salir con los pies por delante. Son asimismo elocuentes los resultados de las elecciones de febrero de 1936, las cuales dieron paso a un radical proceso revolucionario que acabó con la II República. Estos son los datos: Frente Popular, 4.519.929 votos; conjunción derechista, 4.511.931; centro, 512.921; PNV, 148.581. El PNV decidió adscribirse al Frente Popular, anteponiendo su inclinación nacionalista a su condición conservadora y de la gran mayoría de sus votantes. Defecciones similares de dieron en algunos minoritarios partidos centristas. Lo subrayo por cuanto el fenómeno se reproduce hoy con muy superior entidad y gracias a él se mantiene Rodríguez en el poder.

 

LO QUE ARROJARON LAS URNAS DESDE 1977 A 2000

 

   ¿Y que ocurrió en las elecciones generales celebradas en España entre 1977 y 2004? Conviene advertir de entrada, aunque sea de sobra conocido, que la ley electoral todavía vigente favoreció el acceso a las cámaras parlamentarias de un gran número de partidos minúsculos, además de potenciar los nacionalistas. La importación de la ley D´Hont favoreció a los partidos más votados en cada circunscripción al atribuirle el candidato en disputa. Me limitaré por tanto a los dos partidos mayoritarios. Pero no sin advertir que el hundimiento de UCD, consecuencia de una conspiración interior, favoreció de manera ostensible al partidos socialista hasta que la derecha se reagrupó partiendo de la minoritaria Alianza Popular.

   Elecciones de 1977.- UCD, 6.310.391 votos; PSOE, 5.371.866

   Elecciones de 1979.- UCD, 6.292102 votos; PSOE, 5.477.037.

   Elecciones de 1982.- PSOE, 9.836.579 votos; AP-PDP, 5.412.401; UCD, 1.549.447.

   Elecciones de 1986.- PSOE, 7.601.985; Coalición Popular, 5.247.677; CDS, 1.838.799

   Elecciones de 1989.- PSOE, 6.996.593 votos; Partido Popular, 5.117.049; CDS, 1.617.716.

   Elecciones de 1993.- Partido Popular, 8.089.235 votos; PSOE, 7.872.245.

   Elecciones de 1996.- Partido Popular 9.224.696 votos; PSOE, 7.894.535.

   Elecciones de 2000.- PP, 10.321.178 votos; PSOE, 7.918.752.

   Elecciones de 2004.- PSOE, 11.026.163 . votos; PP, 9.635.491.

 

   No es el momento de analizar la incidencia que en los resultados tuvieron en cada convocatoria los índices de paro, de precios u otros de carácter económico. Aunque sí recordar que las elecciones de 1982 se vieron afectados por la voladura interna de la UCD y la acción institucional del 23 de febrero de 1981. Y que en los resultados de 2004 adquirió decisiva influencia el ilícito y revolucionario aprovechamiento de la matanza del 11 de marzo por el P(SOE). Otros factores a tener en cuenta son el aumento del censo electoral y el porcentaje de abstención en cada convocatoria. La inclusión del CDS en los resultados de 1986 y 1989 me pareció aconsejable para una mejor valoración, habida cuenta de que sus votos se sumarían en gran medida a los del PP a partir de 1993.

 

EL EQUILIBRIO ELECTORAL ENTRE PSOE Y PP

 

   Una mínima depuración de las subidas o bajadas adventicias nos sitúa ante la evidencia de un habitual equilibrio electoral entre del PSOE y el PP. Ambos partidos mayoritarios disponen de una masa de seguidores que difícilmente cambiarán su voto por muchos y grandes que sean los errores de una u otra clase dirigente. Una adscripción a la que en el caso del P(SOE) se une el llamado "voto cautivo", especialmente voluminoso en Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, una parte importante de cuya base electoral vive de las subvenciones, casi sin dar golpe.

   Prevalece en unos otros sectores del electorado el viejo tópico de izquierda y derecha, acentuado en los últimos años por la calculada exhumación de la "mentira histórica". La izquierda histérica, que no histórica, enarbola la bandera del antifranquismo para resarcirse de su derrota y ocultar las tremendas culpas de sus antecesores. Y la etiquetada como derecha abjura de la victoria los suyos para que no la acusen de franquista e incluso de fascista. Fraude histórico de una parte y cobardía histórica de la otra. La consecuencia es el retorno a una fractura similar a la de los años treinta, pese a que tanto la izquierda como la derecha han perdido sus señas de identidad, atrapadas como están por quienes manejan los hilos del poder mundial.

   Se ha escrito que el partido que gana unas elecciones municipales vencerá en las siguientes generales. No creo que sean comparables unos y otros comicios. Los partidos de ámbito local se multiplican por doquier y enmascaran el tópica anclaje de izquierda y derecha. La diferencia fue mínima en el global nacional de las municipales de 2007 entre PSOE ( 7.758.783 votos) y PP (7.915.014): sólo 156.231 votos más para los populares. También las anteriores cifras evidencian la realidad antes descrita de que existe una masa casi invariable de votantes que permanecen emocionalmente fieles a las siglas a que se adhirieron. Y como las mayorías absolutas sólo se han registrado en tres ocasiones, habrá de admitirse la dificultad de que se repita un tal desenlace electoral en marzo de 2008, salvo conmociones susceptibles de acrecer la participación y de inclinar el voto del descontento en una determinada dirección.

 

DEL VOTO VOLÁTIL Y LAS DEPENDENCIAS DEL INTERNACIONALISMO

 

   He examinado varios de los estudios comparativos que se hicieron entre los resultados electorales y los índices socioeconómicos en cada coyuntura. Se obtiene la conclusión de que tales situaciones apenas si afectan a la masa de los electores fieles a los partidos en liza. Pero sí a los comprendidos en la franja del llamado "voto útil" que suele oscilar entre el 2 y el 13 por ciento a que me refería al comienzo. Un voto volátil que para algunos configura un difuso y eufémico partido centrista.

   Han existido partidos que se titularon de centro, si bien se trataba de iniciativas personales o de grupo que perseguían arrebatar votos a la izquierda y a la derecha para lograr escaños parlamentarios. Y hubo, y hay, personajes ambiciosos que se proclaman centristas, sea en la izquierda o en la derecha, por análogos motivos. Tampoco faltan aquellos cuyos desvíos de una u otra índole los tienen atrapados y son frágiles ante el chantaje de quienes pueden airearlos con pruebas. Suelen caer en claudicaciones deshonrosas ante el chantaje de su propio partido, del contrario o de concretos poderes mediáticos. O se ven forzados a despegarse de la línea programática o la disciplina de su partido para acercarse al contrario, aún a costa de provocar fricciones y desconcierto entre los suyos. De unos y otros casos hay ejemplos notorios.

   Tampoco cabe eludir la existencia de infiltraciones resolutivas de determinados poderes mundialistas en las estructuras de dirección de los partidos. Una cuestión nada desdeñable que tratan con asiduidad y conocimiento de causa algunos de los que comentan mis crónica en Foro. En más de una ocasión me he referido a la ficción de la alternancia entre izquierda y derecha en el gobierno de las naciones para consolidar la ficción de una democracia derivada en totalitarismo partitocrático. Y señalé que esa fue la causa de que Aznar, nada más ganar sus primeras elecciones, anunciase que no permanecería más de dos legislaturas al frente del gobierno. No quería ser abatido como lo fue González tras apalancarse en el poder en una tercera legislatura. Ahora ha anunciado Bono, el más pastelero y cínico de los políticos emergidos tras el transaccionismo democratizador, además de discípulo aventajado de Tierno Galván, muy activo miembro de la masonería, que Rodríguez no abordará una tercera legislatura. Da por hecho que seguirá en la Moncloa tras las elecciones de 2008. Y que él asumirá la presidencia del Congreso de los Diputados. ¿Será así?

 

LAS ELECCIONES DE 2008 Y SUS CONDICIONAMIENTOS

 

   Al carecer de dotes de augur, debo atenerme a datos reales para aventurar el desenlace de la próximas elecciones generales. El diagnóstico debe tomar en consideración los factores que pueden inclinar la balanza del descontento a favor del Partido Popular, pese a la campaña de desgaste de la figura de Rajoy que desde hace tiempo mantienen las terminales mediáticas del P(SOE) y que él favorece a causa de su carácter melifluo. E incluso columnistas habituales de periódicos teóricamente conservadores como "ABC", prisionero de las conveniencias de Vocento, instrumento de un sector autista del empresariado vascongado. Y a pesar también del progresismo laicista de Ruiz-Gallardón y del liberalismo bilbderbergiano de algunas de sus figuras.

   Seis factores sobre todo condicionan a priori un triunfo electoral de Rodríguez: su incitación y apoyo desmesurados a las derivas secesionistas; las también inconstitucionales cesiones de soberanía en el curso de las negociaciones con ETA y su desembocadura en el chantaje criminal del bandidaje terrorista; la intromisión partidista en las instituciones fundamentales del Estado de Derecho; una desastrosa política exterior que ha aislado a España dentro y fuera de la Unión Europea y nos ha convertidos en el hazmerreír internacional; la incitación a un nuevo despertar guerracivilista a cargo de la Ley de Memoria Histórica; y el derrumbe de la economía con sus perniciosos efectos sociales en cuanto a la capacidad adquisitiva de una gran mayoría de españoles. La masa de los electores socialistas le seguirá votando pese a todos desvaríos, aunque sean previsibles las defecciones. El sonado anuncio de Rodríguez Ibarra de que se da de baja en el partido puede tomarse como un indicio.

   El descontento beneficiará al PP, aunque su programa electoral no aborde con rigor y entereza propuestas, que aprovechen a fondo y sin ringorrangos los errores y desviaciones protagonizadas por Rodríguez. Tendrá los votos de al menos una parte de los descontentos y atemorizados. Es los más presumible que ganará por mayoría relativa más o menos acentuada, lo que le situaría en una posición comprometida: asumir una oposición recrecida o pactar con CiU y PNV a cambio de nuevas cesiones de soberanía del Estado a los secesionismos catalán y vasco, amén de traicionar a su electorado, una parte del cual lo votará tapándose las narices y guiado por la necesidad de que no gane el neofrentepopulismo centrifugador. Es el dramático reto histórico a que se enfrenta Rajoy y planteaba en una anterior crónica, la cual provocó en Foro una viva e ilustrativa polémica.

   Si las variables de las series electorales que he recogido prestan validez a la hipótesis de una mayoría relativa del PP, parece evidente que Rodríguez tiene harto más posibilidades de permanecer en el poder con el apoyo de las minorías taifales. Ha dicho que no seguirá al frente del gobierno si el PP le sobrepasa aunque sólo sea por un voto. ¿Pero quién puede dar crédito a un tramposo empedernido?

 

EL DILEMA ENTRE OPTAR POR EL MAL MENOR O EL MAL MAYOR

 

   La mayoría de los electores se enfrentarán en marzo de 2008 al grave dilema de si quieren apear del poder a Rodríguez y a quienes hasta ahora lo han mantenido. O si se avienen a una nueva legislatura socialista que llevará a España definitivamente al despeñadero. O dicho de otro modo: si optar por el mal menor, para muchos el PP, o por el mal mayor, sin duda Rodríguez. Pero el desplazamiento del mal mayor requeriría una mayoría absoluta del mal menor. Cada quien habrá de decidir según su conciencia, sin desconocer que el mal menor también es un mal.

   He pretendido analizar la situación con realismo y abstrayéndome de personales criterios, los cuales conocen de sobra quienes me siguen en Vistazo a la Prensa. Los argumentos de Mariana y de otros foristas son personalmente irreprochables. Y todos conocen que no pocos de ellos los he sostenido, según ponía de manifiesto A. García. Pero, insisto, perseguí en la anterior crónica, y ahora en ésta, dibujar el paisaje electoral en términos objetivos, aún a despecho de mis afecciones personales, de sobra conocidas. Lejos de mí la intención de convencer a nadie para que vote al mal menor, como parece que más de uno ha malentendido.

   El cosificado marco de la disputa partitocrática no cambiará mientras no irrumpa en la escena política una oferta patriótica y social capaz de encabezar la rebeldía de un amplio sector de españoles. Una eventualidad que el despotismo partitocrático se cuida de bloquear. Y que favorece la multiplicidad de ofertas de similar contenido patriótico. Considero algo más serio que una mera necedad el empecinamiento personalista de algunos en ser cola de ratón, en vez de buscar la unión para, cuando menos, abordar el intento de rugir como un león pese a los severos impedimentos del sistema.

   La historia enseña que sólo en situaciones de quiebra del sistema emergen de manera espontánea los líderes capaces de cambiar el destino de los pueblos. O que, como sostienen algunos astrofísicos, el desorden es manantial de nuevo orden. El problema desde esta perspectiva es el de atisbar qué nuevo orden puede emerger del caos a que nos conducen Rodríguez y, en general, quienes son instrumentos titiriteros del iluminismo a través de sus múltiples brazos.

¿CONDENA USTED EL FRANQUISMO?

¿CONDENA USTED EL FRANQUISMO?
Pío MOA
Esta trampa para elefantes, que tanto miedo causa al PP, es muy fácil de desactivar, pero si no se hace con energía y despliegue de medios, siempre tendrán ventaja  los tramposos (por describirlos con suavidad). Ayer, en la conferencia de Nuevas Generaciones del barrio de Salamanca, un periodista de un diario ultramanipulador de extrema izquierda –por desgracia no hay una izquierda normal en este país: UP y D y Ciutadans son de momento minorías muy pequeñas—, preguntó si los presentes, Isabel San Sebastián, García de Cortázar y yo, o Nuevas Generaciones, condenábamos el franquismo. Yo me iba ya, con prisas, e improvisé la siguiente respuesta: "No condeno al franquismo porque libró a España de la revolución, de la guerra mundial y de un nuevo intento de guerra civil que fue el maquis. Estoy más bien con Marañón y con Besteiro, que aceptaban aquel régimen, con todos sus defectos, porque salvaba al país de algo mucho peor. Y de la izquierda, la que me parece respetable es la de Besteiro, no la de Largo Caballero o Prieto. Y ustedes,  ¿condenan al Frente Popular? ¿Condenan las checas?".

   

   Amplío aquí la respuesta: No pienso en modo alguno enrolarme en el amplio coro de antifranquistas que une en un haz, en un fascio, a Josu Ternera, a Otegui, a Carod, a Ibarreche, a Maragall, a Zapo, al portavoz de la corrupción y el terrorismo gubernamental Rubalcaba… No, no pienso agregarme a ese coro que condena al franquismo y lucha contra él cuando ya no existe.  A ese coro que no condena, en cambio, las quemas de iglesias y bibliotecas, preludio del holocausto de clérigos y creyentes; que no condena la insurrección guerracivilista del 34; que no condena el proceso revolucionario abierto por el Frente Popular, y otros hechos que fueron, precisamente, los causantes de la guerra civil y la dictadura franquista. No me uno a quienes imponen una ley totalitaria y golpista que  exalta a los asesinos de las checas, tipo García Atadell, denigra en la misma proporción a los inocentes como Besteiro y derruye las bases de la convivencia en libertad. Esa gente que con el pretexto del antifranquismo está socavando la independencia judicial, intentando meter en la cárcel a los discrepantes, y con su "memoria" absolutamente perturbada  está liquidando la herencia de la transición y la democracia real que todavía tenemos.

    Cierto, habría sido preferible una democracia a la dictadura autoritaria (no totalitaria) de Franco, pero para que haya democracia tiene que haber demócratas, y tras la devastación intelectual, moral y política causada por el Frente Popular,  casi todo el mundo había dejado de creer en la democracia en España. Una situación a la que nos están llevando de nuevo los enterradores de Montesquieu, los políticos tipo Filesa y GAL, ahora compinchados con los terrorismos y los separatismos, y todos ellos, eso sí, muy "antifranquistas".

    No condeno el franquismo porque de él  y no  del antifranquismo -- totalitario y terrorista  en su mayoría--,  de la paz y prosperidad legadas  por el franquismo, han nacido la democracia y la monarquía constitucional que estos antifranquistas retrospectivos están echando abajo.

   Veo ahora que el periodista sinvergüenza escribe que "tuvo miedo de una agresión" porque mis palabras fueron aplaudidas por los asistentes al acto, cuando a él no sólo se le permitió expresarse, sino que se me indicó que permaneciera en el acto unos minutos más, cuando ya me iba, a fin de contestar a su pregunta. Este tipo de envenenadores profesionales de las conciencias, que tanto denunció Besteiro, predomina hoy en los medios de masas. Y su responsabilidad es enorme.

   Insisto: a nuestra generación se le presenta un desafío  muy grave, que debemos resolver. Es preciso responder con la máxima energía para frenar el proceso que nos lleva a la liquidación de las libertades y de la misma España. Generación miserable la que lo consintiera o se arrugase ante los perpetradores del crimen.

UNA MEMORIA QUE ENVILECE

UNA MEMORIA QUE ENVILECE

José UTRERA MOLINA

 

   Vivimos un tiempo en el que la estupefacción, el asombro y la sorpresa indignada reinan por doquier. Nuestra existencia, normalmente tranquilizada por los muchos años que ha vivido sin mortales sobresaltos, contempla ahora sin dar crédito a lo que ve el perfil resignado de la actual situación española, donde todo nuestro ser físico y moral se revela con la amarga angustia de la impotencia. ¿Es posible que un solo hombre, me refiero claro está, al presidente Zapatero, albergue tal caudal de odio en su alma para ser capaz de reconducir la historia de España a una situación de conflicto, de confrontación y de reverdecimiento de antiguos rencores? Por haber ejercido función política durante muchos años, me he abstenido siempre de realizar una crítica ligera y apresurada referida a los que ostentaban responsabilidades políticas, pero en esta ocasión no tengo más remedio que lanzar mi «yo acuso» a quien increíblemente, por una incomprensible nostalgia del pasado, está dispuesto a abrir de nuevo las zanjas que los años habían cubierto de hierba apacible.

 

   La principal tarea del gobernante es tratar, sin duda, de obedecer el código de sus convicciones sin producir detrimentos insoslayables en aquellos que se sitúan en una posición adversa. La prudencia es una virtud superior a la astucia; la serenidad, la clave de cualquier género de comportamiento responsable. La demagogia temeraria deja de ser un error para convertirse en un mal incalculable. Insisto en que volver otra vez a recordar lo que el tiempo ha cubierto con su peso y con su valor es un disparate de tremendas e insospechadas consecuencias. El ejercicio de la reconciliación nacional lo llevamos a cabo hace mucho tiempo. En las filas del Frente de Juventudes, donde yo me honré en pertenecer, jamás se habló de rojos ni se lanzaron vituperios contra los que considerábamos adversarios. Yo pertenezco a una generación que no hizo la guerra, pero fui testigo con nueve años de la tragedia que asoló a nuestra tierra. En mi propia familia sentí el desgarrón que suponía esta lucha fratricida. Un hermano de mi madre, comandante de la Guardia Civil en Albacete, fue fusilado y rematado horas después a bayonetazos en el Hospital Naval de Cartagena. Mientras tanto, en otro lugar de nuestra misma tierra, un hermano suyo pertenecía al ejército republicano. Moriría después en el exilio. Nadie puede, pues, acusarme y como a mí, a centenares y a miles de españoles, de haber fomentado una moral cainita. Mejor que memoria histórica, cabría decir olvido histórico, porque aunque creemos que la situación originada por la República española demandaba una solución quirúrgica, y la verdad no puede estar en modo alguno en dos sitios, los que servimos unos ideales de justicia y de amor no nos podemos resignar ahora a refugiarnos en un silencio cómplice, ante lo que acontece actualmente en la vida española, es decir, con la ruptura de su unidad, con la suicida disgregación que esta ley supone, con la sumisa aceptación de culpabilidades no existentes y con el olvido de hechos reales que muchos de nosotros contemplamos en nuestra primera juventud atónitos y prematuramente desesperados. Esta demagogia social nos puede conducir de nuevo a un enfrentamiento que no existe, a una lucha apagada en el tiempo y, en la razón, a un conflicto señalado tan sólo por una memoria que pretendió la integración y que no suscitó nunca el ánimo de contienda entre los españoles. La responsabilidad histórica del actual presidente tiene caracteres de enormidad, es un salto mortal, una daga venenosamente afilada para que se introduzca de nuevo en el corazón de los españoles y que también produce un hecho que quizás no hayan tenido en cuenta los legisladores: que el actual Rey de España, que lo es de todos los españoles, aceptó en su día la legitimidad histórica del 18 de julio. La condena total al Régimen no admite excepciones e incorpora a la figura del Rey a esta condenación.

  

   De todo lo escrito, me gustaría señalar un ejemplo claro de cómo actuamos la mayoría de los hombres que ostentamos responsabilidades políticas en el Régimen anterior. En cierta ocasión, un gobernador civil de una provincia española, cuyo nombre no hace al caso recibió una carta desgarrada y patética de un miembro del Partido Comunista condenado a muerte en la prisión de Burgos. En aquella carta se dirigía al gobernador del que había tenido noticias y sabía que actuaba en su misión con generosidad y con justicia. Al recibir la carta el hombre que ostentaba la responsabilidad de Gobierno en la provincia, se trasladó a la capital de España para lograr cumplir el deseo de quien rogaba poder asistir a su madre, gravísimamente enferma, en los últimos días de su vida. Aquel gobernador consiguió el traslado del recluso a la provincia de Ciudad Real y éste permaneció junto a su madre hasta que recibió las últimas paletadas de tierra. Este militante del Partido Comunista vive aún, se llama Benito Ruiz, y habita en la calle Ciudad Real de Miguelturra.

   Él dio siempre muestras -porque quedó indultado años después- de una gratitud fervorosa y conmovida dirigiendo cartas significativas a quien había realizado aquellas gestiones por su nobleza y generosidad. No bastaría con conocer esta anécdota, a la que podríamos sumar centenares de actos que evidenciaban por parte de los vencedores o de los hijos de los vencedores un ánimo de reconciliación definitiva. Es posible que la fuerza mediática desatada a favor de la corriente que ha originado el presidente del Gobierno crean lo contrario, pero yo afirmo en este artículo que el tiempo pasará factura de este colosal error y que los españoles veremos claramente que en la angelical sonrisa del presidente Zapatero no había nada más que la turbia mirada de un rencor inabatible.

INCONSCIENCIA PRESUPUESTARIA

INCONSCIENCIA PRESUPUESTARIA

Adolfo MONCADA

 

   El desafío lanzado por el Presidente de la Comunidad Autónoma Vasca, al anunciar la convocatoria de un referéndum de "pre-autodeterminación", ha servido para hacer desaparecer del debate político la cuestión de los Presupuestos Generales del Estado. Mientras que el gobierno anuncia, cual si fuera Papá Noel, regalos para todos en forma de subvenciones, rebajas y cheques, de carga electoral inocultable, los datos económicos y las previsiones no justifican tales alegrías.

   El presidente del gobierno ha utilizado los Presupuestos como arma electoral, como moneda de pago para la consolidación del clientelismo político. Lo ha hecho con los ojos puestos en las próximas elecciones. No es una novedad. De forma similar, según soplara el viento político, se han comportado todos los presidentes  para granjearse, por ejemplo, el apoyo nacionalista o para ganar poder territorial. La diferencia quizás estribe en el descaro de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

   Los españoles están aturdidos ante la avalancha de unas ofertas que se suceden a velocidad pasmosa. Regalos  que nadie rechazaría, pero que tienen un costo tasado en varios millones de euros, superando el afamado superávit de las cuentas públicas. Ahogados por la peregrina idea, muy extendida, de que "paga el Estado y no nos cuesta" no aciertan a percibir su significado. La realidad es que estas promesas electorales se convierten en un gasto consolidado al que tendremos, más tarde o más temprano, que hacer frente. Por eso la anunciada rebaja de impuestos, que no alcanzará a un número trascendente de ciudadanos, no es tan importante. No estamos ante una reducción general de impuestos -básica, en la situación actual y previsible, para el crecimiento económico-; es, simplemente, un maquillaje publicitario que no reduce la alta presión fiscal española. Lo que importa a ZP y a su equipo es el mensaje y no el contenido.

   Los Presupuestos han servido para pagar peajes y limar los efectos nocivos de un proceso de reformas estatutarias, que convertirá la futura elaboración del presupuesto nacional en una auténtica torre de Babel.

 

   El gobierno ha preferido la publicidad a la realidad; ha ignorado conscientemente los datos que aconsejan prudencia: enfriamiento de la construcción, crecimiento bajo del empleo (la peor tasa en doce años), inflación situada en torno al 3% (estamos en el 2.7%), endeudamiento de las familias... En esta coyuntura, Ibarreche ha acabado haciéndole un inmenso favor a ZP y a un Partido Popular que no sabe muy bien cuál debe ser su posición.

VIVIENDA Y PROPIEDAD: EL GRAN FRACASO SOCIALISTA

VIVIENDA Y PROPIEDAD: EL GRAN FRACASO SOCIALISTA

Adolfo MONCADA

   La vivienda fue uno de los grandes temas utilizados por José Luis Rodríguez Zapatero en los inicios de su andadura  como inquilino de la Moncloa. El buenismo del presidente creyó encontrar la gran solución en la creación de un Ministerio de la Vivienda, sin percatarse que copiaba a Francisco Franco. Al frente del mismo se colocó una ministra de cuota pero flanqueada por hombres (el 100% de los altos cargos). Los votantes socialistas, los votantes progresistas, los votantes de izquierda entendieron que la finalidad del mismo era hacer posible el, cada vez más difícil, acceso a la vivienda.

   Los fracasos y las decepciones han sido continuos. El planteamiento del, en otros aspectos, radical presidente nunca ha sido el de hacer posible la adquisición de la vivienda; su objetivo es invertir la tendencia y hacer de la vivienda de alquiler la primera opción. Una solución factible ya que, según sus técnicos, existe en España vivienda suficiente para ello. De ahí que la Ministra, el Presidente y una parte del grupo dirigente socialista trataran de difundir, sin mucho éxito, que lo progresista es el alquiler y no la propiedad. La creación de una Agencia Oficial de Alquiler ha servido, simplemente, para gastar partidas presupuestarias y dar algún que otro empleo. La gran aportación de la Ministra fue tratar de abaratar los pisos para jóvenes creando los famosos minipisos. La ariscada respuesta en las filas de las propias Juventudes Socialistas, los "nuevos rojos", acabó aparcando el proyecto.

 

   Una legislatura ha transcurrido y el gobierno no ha sido capaz de ofrecer ni una sola medida efectiva. Ante las críticas, sociales y mediáticas, ya que la oposición tampoco ha presentado una opción concreta, el gobierno y el ministerio han recurrido al argumento de que, hoy, la vivienda en vez de crecer en su precio al 17% lo hace al 6%. La realidad es que esta caída, que no es del precio sino del crecimiento del precio, es producto de la imposibilidad de una parte significativa del mercado para afrontar el coste de una vivienda, que ya no puede reducir más su espacio sin recibir el calificativo de zulo; lo que conduce a una limitación de la inversión especulativa a la que muchos españoles, en estos años, se han dedicado con especial ahínco. Por no hacer nada, el gobierno ni tan siquiera se ha atrevido a entrar en el descontrol en que se mueven los precios de la VPO, donde la picaresca, en expansión constante desde hace más de dos décadas, ha acabado desvirtuando su finalidad.

   Para afrontar las elecciones, José Luis Rodríguez Zapatero, buscó un cambio de cara, pero nada más. El rostro amable de la Promoción de Viviendas de Alquiler Socialista es Carmen Chacón. La oferta, el Plan de Vivienda presentado, in extremis, que ha provocado hasta las críticas de El País. Más que un plan es una chapuza. Se ha limitado ha reordenar todas las medidas puestas en marcha por el Ministerio. Realizado con premura, por el imperativo publicitario electoral, hasta ha reducido los beneficios y los posibles beneficiarios. El objetivo del mismo, conviene subrayarlo, no es hacer posible el acceso a la vivienda en propiedad; el objetivo es impulsar la opción del alquiler, para poder así mejorar las cifras en la próxima legislatura. Aunque el gobierno haya ignorado que este tipo de medidas siempre acaban incrementando los precios.

 

   El Plan de Promoción de Viviendas de Alquiler pergeñado por el gobierno es, más que otra cosa, el reconocimiento del fracaso político en este terreno. La constatación de que el socialismo se ve incapaz de racionalizar los precios para permitir que los españoles puedan acceder a la vivienda en propiedad. Algo en lo que, por otra parte, no parece poner mucho interés, porque el socialismo real siempre ha sentido alergia por la propiedad.

LA ARCADIA FELIZ DE ZP SE DESMORONA SIN QUE LA OPOSICIÓN SE ENTERE

LA ARCADIA FELIZ DE ZP SE DESMORONA SIN QUE LA OPOSICIÓN SE ENTERE

Francisco TORRES

 

   Semana a semana los datos económicos van configurando un paisaje muy distante al de la Arcadia feliz pacientemente dibujada por el gobierno, difundida por el aparato mediático que le rinde apoyo y pleitesía y escasamente contestada por la oposición. En este sentido, asombra a muchos la escasa capacidad de la oposición, del Partido Popular, a la hora de contradecir, en este punto, el discurso de José Luis Rodríguez Zapatero; pese al reiterado anuncio del presidente de hacer del mismo una de sus bazas electorales. Sólo ahora, cuando se produce un repunte del paro, tímidamente, Mariano Rajoy, ha hablado de la dilapidación de la herencia de Aznar, pero sin entrar en profundidad en el debate, ni aportar más alternativa que simples generalizaciones. Golpear sin concretar parece ser la estrategia que va a utilizar el presidente del PP pues ya en su discurso programático tras el periplo estival ante las mesnadas populares se limitó a hablar de la prioridad que la cuestión económica tendrá para su futuro gobierno.

 

   No es la primera vez que este modesto historiador escribe sobre la falsa imagen de bonanza económica generada, con insistencia, por el gobierno. En varias ocasiones me he referido a la manipulación de los datos económicos que el gobierno ha hecho aprovechando los cambios introducidos en la metodología contable del Estado. Los ajustes contables son unas variaciones que se producen cada cierto tiempo y que maquillan los datos ante quienes no son expertos en la materia. Estos ajustes han sobredimensionado los, en líneas generales, buenos datos españoles. La manipulación se produce cuando un gobierno aprovecha, en beneficio propio, esta circunstancia ocultando el alcance real de estos ajustes; también la oposición es culpable por no denunciarlo. Como la materia es árida conviene poner un ejemplo clarificador. Si entramos en los datos referidos a nuestra renta y al PIB es fácil explicar la distorsión porque, por ejemplo, no se contempla el factor corrector de la diferencia entre el número de habitantes reales y el número de habitantes legales; sobre todo cuando después se presenta el incremento del consumo -lógico por ese plus de población- como factor destacado.

   José Luis Rodríguez Zapatero esperaba que unos datos, más o menos bondadosos, le permitieran mantener, hasta las elecciones, la ficción. El optimismo congénito del presidente y su confianza ciega en su autoproclamada buena estrella harían el resto. En todo caso, la culpa de una desaceleración económica y de las dificultades de los españoles para llegar a fin de mes, recaería en elementos ajenos a su influencia; de ahí el socorrido recurso a las decisiones del Banco Central Europeo ante las que nada se puede  hacer. Además, estima que los datos del crecimiento económico español le permiten mantener sin grandes apuros su discurso. Imprudentemente, confiando en su buena estrella, lanzó el mensaje, al iniciarse el periplo estival, en consonancia con la imagen de éxito económico que quiere transmitir, de que su gobierno había conseguido llevar el paro a su nivel más bajo conseguido por España en democracia. Estuvo bien la salvedad de "en democracia", porque alguien podía haber recordado el pleno empleo conseguido en los años sesenta por el régimen de Franco.

 

   José Luis Rodríguez Zapatero, manejando los datos económicos, ha conseguido hasta apabullar a la oposición. Mariano Rajoy fue incapaz de contestar el pretendido éxito de ZP cuando hasta el más torpe de los estudiantes sabe que el empleo repunta a partir de Semana Santa por la demanda creciente del sector turístico. Razón a la que se suma la oferta de empleo agrario y la hipotética continuidad de la absorción de mano de obra por parte de la construcción. La imprudencia de ZP, probablemente impulsada por sus asesores económicos más cercanos que suelen puentear la prudencia de Solbes, hizo que no prestara atención a las advertencias sobre la desaceleración en la construcción, ni fuera capaz de empañar su buena estrella la posibilidad de que las expectativas turísticas no se cumplieran. También decidió prescindir de la constante subida del precio del dinero por parte del BCE o del barril de petróleo. El consumo, aupado sobre una población en constante expansión por la llegada de inmigrantes, también mostraba signos de freno mientras que los bancos alertaban sobre el incremento de la morosidad, y muchos de los préstamos están vinculados al consumo. El resultado de esta burbuja es que transcurrido poco más de un mes desde el anuncio eufórico se ha producido un repunte del paro y los expertos anotan que éste va a continuar creciendo en los próximos meses. Sin embargo, como el debate económico, tiene escasa  incidencia en el electorado, salvo que la situación se agrave de forma alarmante, el gobierno ha conseguido que se contemple el hecho como algo puntual, producto de una coyuntura determinada.

 

   Toda la maquinaría socialista se ha puesto en marcha para tranquilizar a los españoles y responsabilizar a una coyuntura que Solbes rotula como de incertidumbre; con ligera aparente disonancia, el presidente prefiere mostrarse confiado expresando su tesis de que la situación económica global permitirá a España afrontar esta situación. La trastienda de esta imagen publicitaria es mucho más compleja pues el presidente se ha mostrado presto a la hora de conseguir la neutralidad de los poderes económicos en el próximo embite electoral, de ahí la reunión sostenida con Emilio Botín. El presidente no quiere choques o que una serie de malos datos y escasa capacidad de respuesta por parte del gobierno haga que el mundo del interés busque nuevos horizontes políticos. Sobre todo cuando es evidente que el presidente va a prescindir de Solbes y éste va a prescindir del presidente. El mundo económico teme las excentricidades y las boutades de ZP, por ello, el presidente ha buscado tranquilizarlo. No muy lejos debe quedar el temor a que Rodrigo Rato se convierta en una baza popular.

   José Luis Rodríguez Zapatero, una y otra vez, exhibe como gran logro, sin grandes desmentidos por parte de la oposición, un mejor reparto de la riqueza y el incremento y expansión de los beneficios sociales. En su delirio ha llegado a decir que, en realidad, los españoles somos ahora más ricos. Se ha amparado para ello en otro truco contable: somos más ricos porque nuestras viviendas se han revalorizado. Sin embargo, la realidad es que el poder adquisitivo real de los españoles no ha hecho más que descender; que la situación salarial real es comparativamente inferior en su crecimiento a la de los años del desarrollo. Más riqueza, pero España es, por ejemplo, uno de los países con el SMI más bajo de Europa y el más bajo de los países cabecera de la UE. José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió a elevarlo hasta alcanzar los 600 Euros aunque de momento se sitúe en los 570 Euros, pero quedando muy lejos de los 800 que, como mínimo, señala la UE.

 

   La Arcadia feliz de ZP, sostenida en los argumentos macroeconómicos, se está desmoronando entre los españoles, pese a que la imagen de éxito se mantenga. Las reiteradas subidas del precio del dinero y las previsibles de cara al otoño-invierno, pese al mensaje tranquilizador del BCE, han roto muchas economías familiares. El endeudamiento de las familias es muy alto, la capacidad de ahorro se encuentra muy mermada y la factura hipotecaria conduce a reducir los gastos. Es algo que se ha notado este verano en el sector turístico (se mantienen en líneas generales las magnitudes pero desciende el gasto por persona) y en el porcentaje de españoles que no han podido asumir unas vacaciones o que las han reducido recurriendo, en muchos casos, a la opción de la residencia de gran familia.

   España, como todos los países de primer orden de la UE, tiene un problema de inflación. El gobierno, merced al ajuste y a la consideración que tienen los productos, mantiene la tesis de que ésta, aunque al alza, se contiene. La realidad es muy distinta cuando las familias corrigen en su cesta de la compra las magnitudes que se utilizan para contabilizar la inflación. Las subidas acumuladas desde primeros de año, en los productos que de verdad afectan al bolsillo familiar medio, dejaban, antes de un agosto de negros presagios, muy atrás las previsiones de inflación del gobierno y, por supuesto, el incremento salarial. Esta situación ha podido ser apartada del debate político, incluso de la realidad colectiva del español medio, hasta que los incrementos en los artículos básicos, de artículos de primera necesidad (frutas, hortalizas, leche, pollo, pan...) se han hecho dramáticamente reales de cara al próximo otoño-invierno. La cesta de la compra lleva disparándose desde hace unos meses sin que se hayan tomado medidas.

 

   La realidad económica de la Arcadia feliz de ZP es la de unas familias endeudadas, con un facturas hipotecarias que rondan el límite de lo asumible, con problemas para superar el día 20 del mes, sin capacidad de ahorro real, que ahora se enfrentan a nuevos incrementos en las hipotecas y en artículos básicos. Quizás ZP haya olvidado que el día que estalló la revolución en Francia fue cuando las cuatro libras de pan alcanzaron los inasumibles 10 sous. En los países de primera línea, las revoluciones son sueños del pasado, pero quizás éste sea el verdadero talón de Aquiles del presidente, aunque a diferencia de lo acontecido en Troya, aquí no existe un Paris capaz de empuñar el arco que lance la flecha capaz de arrebatarle su aura de glorioso triunfador.

ENTRE LA INCOHERENCIA Y LA IGNORANCIA

ENTRE LA INCOHERENCIA Y LA IGNORANCIA

Francisco TORRES

 

   La incoherencia y la ignorancia suelen darse la mano, con excesiva y temible regularidad, en las páginas de nuestra prensa y en la palabra de nuestros opinantes. El chiste fácil, que a veces se vuelve contra lo que se pretende denunciar, también.

   Viene al caso recordarlo porque, a raíz de la delirante y peligrosa propuesta del BNG, secundada ardorosamente -cómo no- por la izquierda "ortodoxa" y socialista, de hacer cantar a los niños de Galicia un pretendido himno gallego preñado de odio, por no mencionar el racismo que el mismo implementa, Pachi e Idígoras, habituales autores del editorial-dibujo del diario EL MUNDO, que mantiene una línea contraria a estos experimentos nacionalistas, colocaban la imagen tópica de un gallego con la caricatura del responsable del desatino (camisa de cuadros, boina y pantalón negro) junto con otra que representaba a Francisco Franco. Rotulaban el dibujo con un fácil y escasamente inteligente: "¡Qué manía! ¡Otro gallego que obliga a cantar el himno nacional en la escuela!".

 

   Resulta evidente que el viejo y desfasado liberal-progresismo antifranquista ciega, una vez más, a los autores. Es necesario afirmar, y máxime hoy día, que rendir homenaje a la bandera española y entonar el Himno Nacional -rotulo con mayúscula intencionadamente- en las escuelas no es algo censurable. A la inversa es algo encomiable que sucede en muchos países, incluidos aquellos que tienen una organización federal. Esta práctica impregna de amor a la Patria, sirve para asentar los signos de identidad y, precisamente, vacuna contra el nacionalismo.

   Pachi e Idígoras, pero también el responsable de EL MUNDO, se han dejado llevar por ese "antifranquismo estructural" que guardan en el fondo de su corazón y éste les ha conducido a errar el tiro. La equivocación, además, ha quedado barnizada con la pátina de la ignorancia pues les ha llevado, insensatamente, a equiparar el invento gallego con el Himno Nacional, transformando el chiste fácil en una estúpida legitimación a la inversa, en un reconocimiento implícito de la razón nacionalista del BNG.

   El prejuicio antifranquista no es excusa para trazar una comparación inviable. Puede ser, sin embargo, que el diario EL MUNDO, nueva biblia de un sector de la derecha española, esté en contra, y está en su derecho, de que se rinda homenaje a la Bandera y se oiga el himno nacional en las escuelas, pero no puede cubrir esa opinión con la condena de algo que debería ser normal.

 

   Nota.- Ni tan siquiera el prejuicio se sostiene cuando se recurre al argumento fácil de la letra. La que entonces se entonaba, obra de José María Pemán, no tiene connotación de odio alguna; en sus estrofas sólo aparecen dos pequeñas concesiones al tiempo en que se hizo pero, por lo demás, es asumible por cualquier español.

¿ES QUE NO TENÉIS SANGRE EN LAS VENAS? (Reproche para católicos).

¿ES QUE NO TENÉIS SANGRE EN LAS VENAS? (Reproche para católicos).

José Javier ESPARZA 

 

   Es por lo de la Educación para la Ciudadanía, claro. ¿Por qué iba a ser, si no? Es el mayor atentado que se ha tramado en decenios contra la autonomía moral de la gente. Es la mayor intromisión imaginable en la libertad de verdad, que es la libertad interior. Y sin embargo, aquí apenas se mueven cuatro gatos. La prensa disidente hace circular titulares de impacto: "Ya hay 3.500 objetores en el mes de junio". Gran cosa, ¿eh? Tres mil quinientos en todo el país. En un vagón del Metro caben doscientas personas. Echad la cuenta. Es verdad que en las Termópilas bastaron trescientos. Pero esto es otra cosa. Esto es peor.

   ¿Dónde os habéis metido? ¿Debajo de las piedras? ¿Es que nadie os ha explicado lo que os estáis jugando? ¿O es que no lo queréis ver –para no fatigaros, tal vez, o para no meteros "en líos"?

 

   A vuestros hijos van a enseñarles que nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color con que se mira –y que ese color, mayormente, tira a bermellón. Van a enseñarles que no existe una forma recta de ser y de estar, sino que todas valen lo mismo –es decir que lo malo es bueno, porque lo bueno no es tal. Van a enseñarles que ETA es un grupo vasco armado que fue torturado alevosamente por la democracia española. Van a enseñarles que la guerra civil no ha terminado y que la reconciliación fue un error, porque no hizo justicia. Van a enseñarles que papá y mamá son conceptos vacíos e intercambiables por otros. Van a enseñarles todo eso, no con materiales teóricos mínimamente contrastables, sino con una buena porción de bazofia que, por otro lado, jamás fue escrita para educar a nadie, sino, deliberadamente, para todo lo contrario. Y lo más importante: os están diciendo, no a vuestros hijos, sino a vosotros, que la formación moral de los críos ya no es cosa vuestra, sino que ahora el Estado se hace cargo. Y vosotros, a descansar. Mamá-Estado se ocupa. Qué bien.

   Aquí hay dos cosas atroces. Una: que el Estado invada la competencia de la familia en el ámbito moral, extirpe la libertad de educar conforme a los propios principios e imponga a las personas una determinada concepción de las cosas. Esto es algo que sólo cabe en una democracia corrompida, cuando una clase política aupada al poder se atribuye una potestad que nadie le ha concedido. Es también curioso que el Estado venga a clavarnos esta zarpa justo cuando más debilitado está: el Estado ya apenas nos protege, ha dejado de dominar su propia moneda, ha subordinado la Defensa a grandes organizaciones internacionales, las empresas han de recurrir a guardias privados porque la policía no basta, los ciudadanos han de pagarse la sanidad por su cuenta si quieren ser bien atendidos, hemos de suscribir planes de pensiones con los bancos porque la jubilación no nos llegará… Y es este Estado, decrépito e impotente, el que se permite ahora secuestrar la soberanía moral de las personas singulares. Repito: no de la Iglesia, ni de la Conferencia Episcopal ni del PP, sino la soberanía moral de las personas singulares, de la gente de la calle, tu soberanía y la mía.

  

   La segunda cosa atroz es esta otra: la invasión del espacio moral viene bajo las banderas de una visión absolutamente sectaria de las cosas, una visión que se ha construido en el último cuarto de siglo bajo los escombros de dogmas ideológicos derrumbados, una visión expresamente contraria a la cultura mayoritaria de la sociedad, a los fundamentos tradicionales de nuestra civilización, a los principios objetivos de lo que centenares de generaciones de europeos han considerado natural. No estamos ante un movimiento de "progreso"; estamos ante un movimiento de simple inversión. El propósito de los invasores no es otro que darle la vuelta a todo. ¿Y pueden hacerlo? Moralmente, no. Pero si nadie se opone, ¿por qué no? Y aquí es donde se echa de menos un poco más de nervio ciudadano.

   Por ahí, en la plaza, uno oye de todo. Que si no llegará la sangre al río. Que si ya lo arreglarán las comunidades autónomas. Que si no será tan fiero el león como lo pintan. Que si, después de todo, sólo es una asignatura, que dejará tan poca huella en los alumnos como las demás (¿?). Que, al fin y al cabo, eso que se enseña en Educación para la Ciudadanía es lo que se ve en la calle, y que los niños tienen que ir haciéndose a esas cosas. Excusas de mal pagador. Sobre todo, excusas ciegas, expedientes para escurrir el bulto y no querer afrontar lo esencial, a saber: que no se trata de que se enseñe tal o cual cosa, sino de que pretenden robarnos una porción importantísima de libertad personal. 

 

     Es la libertad

  

   Veréis: uno puede tolerar que el mundo sea una cueva de ladrones, que la televisión se haya convertido en territorio canalla, que los políticos abusen de las esperanzas de la gente (y los banqueros, de sus ilusiones), que los periódicos y la publicidad impongan una forma de ser y pensar decididamente absurda… Uno puede soportar todo eso porque, al fin y al cabo, ante la avalancha siempre es posible clavarse en la puerta de casa, coger el hacha y gritar "no pasarán". Pero lo que uno no puede tolerar es que cojan a tus hijos y les laven el coco al progresista modo. Por ahí no se puede pasar. Porque se trata de vuestros hijos. Y sin embargo, hermanos, lo estáis tolerando. ¿Qué os pasa? ¿Es que no tenéis sangre en las venas?


   A los medios de la derecha religiosa, que admiran el ejemplo norteamericano, les gusta entregarse a ensoñaciones de regeneración, incluso de cruzada. Sueño vano. ¿Sabéis por qué en las sociedades con mayoría católica es impensable, hoy por hoy, un proceso semejante al norteamericano? Porque en los Estados Unidos la mayoría religiosa avanza sobre la base de asociaciones civiles, grupos de ciudadanos, comunidades con una voluntad de presencia política y social; pero aquí, en la Europa cristiana, y más especialmente católica, sólo una minoría exigua de ciudadanos actúa en la sociedad como creyente, el tejido asociativo civil es mínimo o inexistente, su capacidad de presencia social y política es reducidísima, muchos creyentes tienen alergia a la política o carecen de formación, la inmensa mayoría de los ciudadanos opta por la pasividad pública y prefiere delegarlo todo –en parte por tradición, en parte por pereza- en las espaldas de la jerarquía. "Los obispos sabrán qué hay que hacer" es una frase extraordinariamente socorrida. Y los obispos lo saben, claro que sí, pero el problema es que no son ellos quienes pueden hacer, sino los ciudadanos, las personas, y para eso hace falta un grado de compromiso que se diría completamente inalcanzable.      

 

   Por supuesto: este reproche va dirigido a unos católicos que parecen haber perdido por completo el sentido de la libertad personal, pero al menos aquí, entre la grey de los fieles, ha habido voces dispuestas a jugarse el pecho. Mucho peor es la situación ahí fuera, en la llamada "sociedad", donde una muchedumbre infinita de almas grises se muestra dispuesta a tragarlo todo con tal de no someter a agitación su adiposa conciencia. La reacción de los católicos ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía es tibia hasta la depresión, pero la actitud general de la sociedad es indiferente hasta la náusea. Hemos llegado a un punto tal de sumisión –al sistema, al dinero, a la comodidad burguesa, a lo "políticamente correcto"- que cuesta un mundo hacer ver a la gente que lo que está en juego es su libertad. Esa es la imagen del tirano de nuestro tiempo: ya no un déspota que te roba la cartera mientras te amenaza con la porra, sino un simpático cacicón que, mientras te rasca la barriga, te roba el alma. Y tú aún vas y te ríes.

   Hay que presentar la objeción de conciencia contra esta asignatura. Es vital. Habría que hacerlo incluso si uno estuviera de acuerdo con los planteamientos doctrinales del Gobierno, porque ni siquiera en ese caso estaría justificado que el Estado se arrogue el derecho a imponerlos por ley. Jünger decía en alguna parte que la verdadera libertad es la que reside en el propio pecho. Esta gente nos quiere abrir el pecho y sacarnos la libertad como se sacaba el corazón en los viejos sacrificios humanos. No. No pasarán. Objeta. Mañana. Ya.