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Mundo Hispánico

EVO MORALES DESPEJA INCÓGNITAS

EVO MORALES DESPEJA INCÓGNITAS

Inmaculada MOMPÓ

 

  El decreto de nacionalización de los hidrocarburos bolivianos disipa las dudas que el presidente Morales había sembrado con su dialéctica, aparentemente torpe y oscura pero más bien de calculada ambigüedad. El Movimiento al Socialismo (MAS) ganó las elecciones en diciembre de 2005 con varias propuestas programáticas abiertamente revolucionarias entre las que en su día destacamos el propósito de reconstruir Bolivia sobre las ruinas del “estado colonial”, combatir  la globalización (impropiamente identificada con la civilización occidental) y restaurar el imperio incaico, el mitificado Tahuantinsuyo, que incluía porciones de los territorios de las actuales repúblicas de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Argentina y Chile.

 

  No obstante, más que los disparates históricos e ideológicos de Morales, sus postulados en materia económica acapararon titulares y crónicas en los medios de comunicación y entre ellos especialmente la voluntad de asumir el control de las reservas y los pozos de hidrocarburos, así como la dirección de la cadena productiva, incluida la fijación de precios para el consumo interno y la exportación. Lógicamente el triunfo del MAS inquietó a las multinacionales petroleras y gasistas afincadas en Bolivia, por cuanto suponía de amenaza para su confortable statu quo y, al tiempo, preocupó a los gobiernos de Brasil, España o Francia habituados a recaudar cuantiosos tributos sobre los beneficios de Petrobras, Repsol-YPF o Total.

 

  Así las cosas, el flamante presidente electo Morales inició un viaje oficial a principios de enero de 2006 que le llevó a Cuba y Venezuela donde confraternizar con Castro y Chávez, aliados estratégicos desde antes de las elecciones, para luego visitar España, Francia, Holanda, la sede de la U.E. en Bruselas y seguidamente China, donde proclamó su admiración ferviente por la sangrienta pesadilla de la “revolución cultural” maoísta.
  Si nos concentramos en su paso por España habremos de recordar que la cordialidad que recíprocamente se manifestaron Morales y Rodríguez Zapatero no nacía del protocolo diplomático sino de una íntima afinidad: ambos se habían alzado hasta el poder con el apoyo de la cadena mediática PRISA. Al parecer, las multinacionales y sus opíparos beneficios capitalistas se dividen entre imperialistas y progresistas atendiendo básicamente a la etiqueta política de sus aliados: paradojas de la globalización. El diario “El Mundo” en su edición del 5 de enero de 2006 se hacía eco de las declaraciones del presidente boliviano: “Evo Morales comentó que desde que el grupo mediático español Prisa se hizo con la participación en varios medios de comunicación bolivianos, estos han dejado de acosarlo, como hacían antes. En la rueda de prensa posterior, el presidente boliviano fue preguntado por ello y respondió sin tapujos que Prisa "parece el jefe de campaña del Movimiento al Socialismo", su partido.” Sin duda Morales es un hombre de suerte al contar con tal relevante aliado porque, entre otros negocios, PRISA participa mayoritariamente en la principal cadena de televisión del país, la ATB, y posee la dirección editorial del diario "La Razón", el mayor y más influyente periódico boliviano. No acaban ahí las relaciones del social-indigenismo boliviano con la prensa española porque fueron dos periodistas españoles quienes dirigieron su departamento de prensa durante la campaña electoral, corriendo con los gastos una ONG. Se trató del catedrático de periodismo en la Universidad de La Laguna (Tenerife), José Manuel de Pablos, y el periodista Francisco Simón, redactor en excedencia del diario “Levante”, quienes se asentaron en Bolivia desde octubre de 2005 mediante un acuerdo de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) - surgida en el seno de la Universidad de Valencia- con el Movimiento Al Socialismo (MAS).

 

  Así pues Rodríguez Zapatero, al estrechar la mano de Morales, no dibujaba en su rostro esa vacua y perenne sonrisa que le caracteriza; antes bien sonreía íntimamente complacido al recibir a “uno de los suyos”, pues nada une más que el respaldo común de una misma multinacional. Progresista, se sobreentiende. Es comprensible que el presidente boliviano se sintiera movido a tranquilizar a su homólogo español. Así declaró públicamente que “las empresas privadas no tienen nada que temer y descartó que Repsol YPF estuviera entre los "bandidos" a los que ha venido denunciando en los últimos días, aunque reiteró que aplicará "mano dura" a las empresas que no paguen sus impuestos e incumplan las leyes bolivianas. El presidente electo insistió en su estrategia de nacionalización de los recursos naturales bolivianos. Sin embargo, Morales reiteró tanto ante los empresarios como en rueda de prensa en La Moncloa que aunque el Gobierno "va a ejercer su derecho de propiedad, eso no significa expropiar ni confiscar".” (diario “El Mundo”, 4-1-06). Por su parte, el diario “20 Minutos” en su edición de aquella misma fecha deba cuenta de las entrevistas de Morales con los ministros españoles de Exteriores e Industria: “Tras reunirse primero con el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en la sede de su ministerio, el dirigente boliviano se encontró con el titular de Industria, al que se le preguntó si Morales mencionó la nacionalización o la expropiación de activos de compañías extranjeras. 'No. Ha estado muy prudente', respondió el ministro a los periodistas.”

 

  Los tan sagaces como intrépidos gobernantes españoles se dieron por satisfechos. Creyeron que el programa electoral del MAS era simple papel mojado destinado a no cumplirse jamás, tal como se acostumbra en España. Dieron por irrelevantes las reiteradas contradicciones de Morales, quien simultaneaba el anuncio de “ejercer los derechos del pueblo boliviano sobre la propiedad de sus hidrocarburos” con la aclaración de no pretender la “confiscación o expropiación de las propiedades de las transnacionales”. El gobierno español juzgó a Morales tan progresista e igualmente falaz como el socialismo ibérico tiene sobradamente acreditado. Y abrió la bolsa: “Evo Morales ha conseguido un compromiso firme de Zapatero para condonar casi 99 millones de euros de la deuda que Bolivia mantiene con España a cambio de planes de educación. Tras reunirse con Zapatero en Moncloa, el presidente electo de Bolivia ha reiterado que nacionalizará los recursos naturales de su país, pero no confiscará ni expulsará a las empresas extranjeras que cumplan la ley. (...) Moraleda (portavoz del gobierno español) ha explicado que esta decisión es la primera plasmación práctica del compromiso adquirido en la Cumbre Iberoamericana. Además, aseguró que España ha aumentado significativamente su cooperación hacia Bolivia en el presupuesto de 2006, hasta alcanzar los 60 millones de euros” (El Mundo, 5-1-06). Buen pellizco, pardiez.

 

  Cuatro meses después, tras retransmitir las televisiones de todo el mundo las imágenes de Morales ocupando una explotación gasista al mando de un imponente despliegue militar , “el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reconoció hoy que la decisión del presidente de Bolivia, Evo Morales, de nacionalizar los hidrocarburos, plantea un problema, pero rechazó que vaya a afectar a la ayuda al desarrollo que España destina a ese país” (Agencia EFE, 5-1-06). Y es que a un compañero, por mentirosillo que sea, no se le abandona.

 

  Permítaseme establecer muy sucintamente mis conclusiones:

 

  1. Hasta 1988 Repsol fue una empresa pública española, propiedad de todos y cada uno de los españoles. En esa fecha, el gobierno pseudosocialista presidido por Felipe González inició su privatización, que fue culminada años después por el gobierno liberal de José Mª Aznar. Desde entonces es propiedad exclusiva de sus accionistas, entre los que no me cuento, sus intereses son enteramente privados. Su defensa ante eventualidades de ámbito político corresponde al consejo de administración, no a los españoles en general ni desde luego a mí en particular.
  2. Creo evidente que el gobierno de Rodríguez Zapatero acertó plenamente al atribuir a Evo Morales poco respeto a la palabra empeñada, aunque erró al pensar que incumpliría su compromiso con los bolivianos cuando verdaderamente lo que no iba a respetar era su mensaje tranquilizador a las autoridades españolas. Lo grave es que, a cambio de unas pocas palabritas, se llevó de España un millonario botín que sus dadivosos compañeros socialistas le regalaron. Ese dinero sí era de los españoles y fue expoliado aviesamente y con engaño.
  3. El inane que habita en el Palacio de la Moncloa parece no inmutarse. Su única reacción hasta hoy es anunciar el próximo viaje a La Paz de una delegación negociadora encabezada por el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos y, conociendo al “compañero Desatinos”, sería preferible no hacer nada porque con él todavía nos puede resultar más cara la fiesta.
  4. Contrasta vivamente la flema y pasividad de Zapatero con la indignación que manifestó el pasado mes de diciembre. Recuérdese que un humorista radiofónico español telefoneó a Evo Morales, inmediatamente después de su victoria electoral, imitando la voz del presidente del Gobierno español y haciéndose pasar por él. Una broma, más o menos jocosa, dirigida a quien todavía no era Jefe del Estado boliviano fue interpretada por Zapatero y Moratinos casi como incidente diplomático de primera magnitud. Se exigió a la emisora su disculpa formal y el 22 de diciembre de 2005 el embajador español en La Paz presentó excusas oficiales ante el ministro boliviano de Exteriores, Armando Loaiza.

 

  Y en este asunto lo más grave, lo verdaderamente preocupante, es que si Evo Morales ha llevado a la práctica el epígrafe de hidrocarburos de su programa electoral previsiblemente también intentará “refundar Bolivia” y “derrotar la civilización occidental”.

MALVINAS: CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

MALVINAS: CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

Mario MENEGHINI

 

  Con motivo de celebrar este año el vigésimo cuarto aniversario de la gesta de Malvinas, conviene difundir la verdad de lo ocurrido en la guerra y no dejar pasar afirmaciones que inducen a la confusión o a la duda. Los errores y debilidades propias deben ser reconocidos, pero no debe permitirse la diatriba ni la calumnia sobre las reales motivaciones de una guerra que la Argentina no provocó imprudentemente y que una vez desatada supo afrontar con entereza.
  El tiempo transcurrido y la multiplicidad de opiniones discordantes producen confusión y lleva al desaliento. De allí la necesidad de un análisis integral, que revise los conceptos vertidos por dirigentes que critican la decisión misma de ir a la guerra:

 

  - Morales Solá: “Galtieri... imaginó que la ocupación militar de las islas Malvinas oxigenaría el régimen y que él mismo podría proyectar una larga duración en el poder”.
  - El Gral. Balza: “Fue un desatino” (Clarín, 2-4-98.
  - Di Tella: “La derrota en las Malvinas produjo la felicidad de la democracia”.
  - Angeloz: “La funesta idea de un general borracho” (junio 88, en campaña presidencial).

 

1) Comienzo de la guerra: el incidente de las islas Georgias

 

  Casi simultáneamente con la asunción del General Galtieri, como Presidente de la República Argentina, el embajador británico autorizó el viaje a las Georgias de Sur del empresario argentino Davidoff, que contrató con la Compañía escocesa Salvensen para desguazar una estación ballenera en esas islas. El contrato molestó al gobernador Hunt, vinculado al Comité de las Islas Malvinas (lobby), pues:


  - en junio 82 la Oficina Investigaciones Antárticas británica abandonaría las Georgias (Gritviken)
  - el único buque de la marina, rompehielos Endurance, dejaría el área en mayo l982
  - los obreros argentinos con contrato hasta el 84 serían la única presencia en las islas.

 

  Davidoff, habiendo notificado a la embajada británica, salió el 16-12-81 en el rompehielos Almirante Irizar para inspeccionar el lugar que debía desmantelar, llegando a puerto Leith  el 20-12  (Informe Franks, 161/259); allí inspeccionó las estaciones balleneras, un dique seco abandonado, tanques, calderas, tuberías, todo eso material recuperable para ser vendido como chatarra.
  El negocio era apetecible; se estimaba que existían alrededor de 35.000 toneladas de hierro y acero que podían arrojar un ingreso de 7 millones de libras, correspondiéndole a Salvenson 115.000 como compensación. Es poco razonable pensar que un comerciante como Davidoff arriesgaría la oportunidad de su vida, por cometer un acto de provocación.
  El 31 Hunt recomendó iniciar un procedimiento contra Davidoff; la cancillería (Foreign Office) respondió que no iniciara un procedimiento y si Davidoff solicitaba autorización se le debía conceder.
  El 9-3 Davidoff informó a la embajada que 41 trabajadores viajarían (11-3) en el Bahía Buen Suceso, que era un transporte de la Marina, dedicado a operaciones comerciales, y en el que no había personal militar ni armas de guerra (llegaron el 19-3).

 

  La segunda cuestión a dilucidar es quién provocó el incidente que originó la guerra. El gobernador de las Malvinas aseguró que los ingleses de la base científica se enteraron de la presencia argentina al escuchar disparos de armas de fuego, utilizadas para cazar renos, y que habían izado una bandera argentina. Si esto fuera cierto, no cabría duda que la provocación fue argentina. Sin embargo, los obreros atestiguaron que cuando desembarcaron, ya ondeaba la bandera en el lugar. Otra bandera que llevaban ellos, aún se encontraba a bordo del buque. Pero ocurre que, según el diario de la agencia antártica británica, capturado el 3-4 en Grytviken, fueron el día 18 de marzo a “buscar argentinos a Leith”, lo que coincide con el hecho de haber encontrado en Bahía Buen Suceso a tres ingleses, al arribar el buque. Es evidente entonces, que la bandera fue colocada por ellos. En el mismo diario citado, figura esta frase: “Al fin se va el Isatis (yate francés) que volvió ayer puesto que los helicópteros del Endurance lo sobrevolaron para chequearlo. Los otros franceses se están convirtiendo en una peste, ya están disparando sus rifles en Grytviken y matando ciervos. Estamos disgustados y no podemos expresar la animadversión general que provocan sin recurrir a malas palabras. Digamos que no están actuando con propiedad” (17/3/82). (1)
  Fueron, por lo tanto, dichos franceses los que dispararon y no los argentinos, y no existió por parte de las autoridades nacionales intención de comenzar la guerra.
  Mientras tanto, el 21 zarpó el Endurance, embarcando 21 infantes de marina, y el comandante de la base británica informó a los trabajadores que su presencia era ilegal, pues no habían sellado las tarjetas blancas (Acuerdo de Comunicaciones/71). Desde el día 23 el Endurance estaba anclado en Grytviken, a la espera de órdenes.

 

  El Canciller argentino, Dr. Costa Méndez,  pidió que la expulsión se revocara si Davidoff ordenaba a sus empleados completar la formalidad de ir hasta Gritviken y hacer sellar las tarjetas. El embajador estuvo de acuerdo, pero Hunt sostuvo que las Georgias no estaban incluidas en el acuerdo de 1971 y que debían sellarse los pasaportes. Costa Méndez respondió al embajador el 28 que los trabajadores deben permanecer en Georgias pues se les ha otorgado la documentación idónea. También insistió en que las Georgias estaban explícitamente comprendidas en el Acuerdo de 1971, cosa que los británicos habían reconocido en la reunión de Nueva York celebrada un mes atrás.

  Cabe destacar que la presencia de estos argentinos no representaba ninguna amenaza: primero, porque no eran militares, y la segunda porque en Georgias no había población, sólo estaba en personal de investigaciones antárticas y en otra zona. Fueron los propios británicos quienes convirtieron el asunto de las Georgias en un incidente.
  El 29, la primera ministra Margaret Thatcher y decidió el envío de un submarino nuclear a la zona de conflicto. El 30 la situación comienza a descontrolarse; en Londres el ministerio de Defensa decide duplicar el numero de infantes de marina de la guarnición de Malvinas, y confirma la orden de enviar un segundo submarino nuclear. Ese mismo día el embajador recibió un mensaje para el Canciller que procuraba solucionar el conflicto, pero el embajador sugirió que se retuviera el mensaje un par de días esperando la reacción de Estados Unidos, y fue entregado recién a la tarde del 31, esas 24 horas fueron decisivas pues esa misma noche un informe de inteligencia indicaba al gobierno ingles que se había fijado el 2 de abril para iniciar operaciones bélicas. Ante tanta precisión en la información, puede deducirse que ya contaban con los datos satelitales norteamericanos.

 

2) Causas

 

  Se ha sostenido reiteradamente que las Fuerzas Armadas llevaron al país a la guerra por una necesidad de mejorar su imagen y mantenerse en el poder. Recordemos, sin embargo, que Galtieri asume el 22-12-81, cuando la Multipartidaria ya estaba formada, pues se habían previsto las elecciones y entrega del poder en marzo de 1984. Si hubiera sido una decisión arbitraria, no se explica la reacción de la opinión pública que, según encuesta de Gallup (Clarín, 1-5-82), en un 90 % apoyaba la defensa de Malvinas por la fuerza. También la Multipartidaria manifiesta (10-4) total respaldo al gobierno. El propio Dr. Angeloz, que más tarde emitió la crítica que señalamos, el mismo 2 de abril afirmaba en un comunicado con su firma: “Hace a su hidalguía en esta oportunidad manifestar su solidaridad y su argentina complacencia por la recuperación de las islas Malvinas y las Georgias del Sur” (La Nación, 29-7-88). Asimismo, la Comisión coordinadora de la colectividad británica apoya al gobierno, “que siempre se ha identificado con buscar una solución pacifica al diferendo sobre las Malvinas”. Por su parte, Ernesto Sábato, declaraba en Radio Nacional de España: “No se engañen en Europa. No es una dictadura la que lucha por Malvinas, es la nación entera” (Busser, 261).

 

  En cambio, en Inglaterra, la situación era la siguiente. El partido Conservador, en el gobierno, tenía 75 % de imagen negativa. La Marina Real, había quedado en situación de inferioridad, pues al obtener de EU el sistema misilítico Trident, en reemplazo al Polaris, era condicionada en la OTAN al combate antisubmarino. Estaba vendido el portaaviones Invencible, y el buque Endurance dejaba el Atlántico sur. Debe computarse, asimismo, la actitud del Gobernador Hunt y del lobby Falklands, que presionaban por una actitud enérgica contra la Argentina.
  Tengamos en cuenta que el 30 de marzo, el encargado de negocios argentino en Londres, informó que la televisión inglesa dio la noticia del envío de 2 submarinos nucleares clase Hunter Killer; uno de ellos había zarpado el 25 desde Gibraltar (noticia confirmada por el New York Times), y que interpretaba que el gobierno había optado por un endurecimiento frente al caso Georgias. A su vez, en el informe Franks (230), se incluye una evaluación al 30 de marzo, estimando que el desembarco en Georgias no había sido planificado por el Gobierno argentino. No cabe dudas entonces que la decisión de llegar al enfrentamiento bélico surge de la actitud británica, artificialmente intransigente.

  El gobierno argentino no podía aceptar las exigencias de desalojar a los obreros de Davidoff que estaban cumpliendo un contrato legalmente formulado, ni obligarlos a presentar sus pasaportes, pues:

 

  - estaban en un territorio en disputa
  - se habían cumplido todas las formalidades establecidas
  - admitir el uso de pasaportes era aceptar la pretensión británica de soberanía sobre las islas Georgias.

 

  Si nuestro país hubiera tolerado el desalojo por la fuerza, o hubiera accedido a evacuar a los obreros bajo amenaza, o hubiera aceptado el visado de pasaportes, ello habría significado una verdadera abdicación del derecho de soberanía sobre el Atlántico sur, por aplicación de la doctrina conocida como “stopell” (reconocimiento tácito de derechos).
  Ya no había alternativa válida para la Argentina.

 

3) Justificación

 


  La decisión de ir a la guerra no fue sorpresiva ni caprichosa, se produjo un agravamiento progresivo que la hizo inevitable. Durante muchos años nuestro país se prestó a las negociaciones; el agosto de 1968 el Reino Unido en un memorandum llegó a afirmar que reconocería la soberanía argentina en fecha a convenir. En 1971 se firma el Convenio de Comunicaciones. En junio de 74 el embajador ingles a cancillería manifiesta la disposición a compartir la soberanía, opción que el presidente Perón estaba dispuesto a aceptar.
  Pero en 1975 se produce un cambio de actitud, debido al informe Grifith que revelaba la existencia de cuencas petrolíferas en el área Malvinas. En 1976, unilateralmente, Gran Bretaña envía la misión Shackleton de exploración, que provoca la reacción de la Cancillería el 2-1-76 (gobierno constitucional: Sra. de Perón): advirtiendo que “su gobierno, juntamente con las FFAA... actuarán sin precipitación, pero con toda la persistencia, la prudencia y la energía que sean necesarias para lograr justicia.” El 13 se produce el retiro de embajadores y el 4-2 el destructor Storni efectúa disparos de advertencia.

 

  Ya durante el gobierno militar, y ante la ausencia de avances diplomáticos, el gobierno propone (1-3-82) reuniones mensuales, advirtiendo que desea una pronta solución y que mantiene el derecho a elegir libremente el procedimiento que mejor consulte a sus intereses.
  Por lo tanto, cuando se produce el incidente de las Georgias, la Argentina se vio obligada a ejercer el derecho a la legítima defensa, previsto en la Carta de las NU, art. 51, en caso de ataque armado, hasta tanto el Consejo de Seguridad tome las medidas adecuadas para mantener la paz. El Fiscal de la Cámara Federal, que juzgó a los Comandantes en Jefe, afirmó que: “La Argentina, pues, no agredió, fue agredida”; concepto ratificado por la Cámara en su pronunciamiento.
  También el Catecismo de la Iglesia Católica (p. 2308)  reconoce que una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico no se podrá negar a los gobiernos el derecho de legítima defensa, si bien detalla varios requisitos. En este caso - como ha demostrado el filósofo Caturelli - se dieron todos los requisitos para considerarla una guerra justa (CIC 2309).

 

  El plan no fue irracional. Como es normal en todas las fuerzas armadas, en base a las hipótesis de conflicto, el Estado Mayor prepara planes para el caso de tener que utilizar la fuerza. Por ejemplo, GB tenía ya en septiembre/81 su Plan de Contingencia para el caso que la Argentina optara por la vía militar. En ese plan se estimaba que el tiempo de navegación de la flota sería de 20 días, con el inconveniente que el envío de la flota podía provocar o precipitar la acción que se quería disuadir: eso fue exactamente lo que ocurrió.
  La Junta Militar argentina, el 23-3 analizó los estudios efectuados por una Comisión de Trabajo formada por el General Gracia, Almirante Lombardo y Brigadier Plessl, designada en el mes de enero, aprobando un Plan de Campaña tentativo, aunque no se fijaba ninguna fecha. Recién el 30-3 ante el ataque inminente, se fijó el día D para el 2-4.
  El propósito de ocupar las islas no era el de iniciar una escalada bélica, por el contrario, se buscaba forzar a una negociación seria, y en caso de surgir un gesto de buena voluntad antes de la ocupación se anularía la operación. La misma debía ser incruenta, y una vez finalizada, quedaría en las islas una pequeña guarnición.
  Se preveía que las negociaciones tendrían el apoyo de las Naciones Unidas y de Estados Unidos;  esto último no era una suposición ingenua: en la noche misma del 2-4 hubo una cena en la embajada argentina en Washington, a la que asistieron la embajadora Kirkpatrick, la plana mayor de la secretaría de Estado, y jefes militares, a tal punto que el embajador británico dijo que era un agravio para su país.
  Con respecto a la posibilidad de que las NU exigieran un acuerdo, había varios antecedentes; el más relevante fue la ocupación por Nasser (Egipto) del Canal de Suez, en 1956, presionando el organismo internacional para que Gran Bretaña y Francia no atacaran a Egipto, que desde entonces quedó con el canal.
  Otro antecedente destacable es que en diciembre de 1976, 6 años antes de la guerra, la marina instaló un observatorio en las islas Thule (Sandwich), y GB sólo envió una nota de protesta, sin tomar ninguna otra medida.

 

4) Resultado

 


  No era inevitable la derrota. Según el Instituto de  Estudios Estratégicos de Londres, hasta el 13 abril, la Argentina tuvo posibilidad de triunfo. Cambia el panorama, por la ayuda de EEUU. Aun así, los ingleses sufrieron las pérdidas más grandes desde la 2da. Guerra.
  Debe entenderse que el conflicto era político, y no se pretendía una confrontación total, por eso era posible para la Argentina lograr el objetivo que se había fijado. Además, era una obligación patriótica actuar en defensa de los intereses nacionales. En el fallo de la Cámara Federal que juzgó a los Comandantes, en noviembre de 1988, se reconoce que: “Asiste razón a las defensas cuando sostienen lo mezquino que puede resultar vincular la decisión de participar en un combate evaluando previamente la entidad del contrincante. La necesidad política de responder a las agresiones que afectan la subsistencia del Estado, pasa por el imperioso deber de asegurar la respuesta al avance del enemigo.”
  La guerra terminó cuando el Gral. Menéndez, gobernador de Malvinas, firma el Acta de Rendición ante el Gral. Moore; antes de firmar, tachó la palabra incondicional que figuraba en el texto, y recién firmó. La verdadera rendición incondicional fue posterior, y decidida por gobiernos constitucionales.

 

5) Consecuencias

 

  Es falso que la guerra perjudicó los  derechos argentinos. En noviembre de 1982, la Asamblea General de NU, por  resol. 37/9, declaró:

 

  - el mantenimiento de la situación colonial en Malvinas es incompatible con los ideales de las NU;
  - reafirma la necesidad de respetar los intereses de los habitantes (no de los deseos);
  - pide reanudación de negociaciones por la soberanía.

 

  Esta resolución fue aprobada con el voto de EEUU y reiterada en 1983. En 1990 (20-10) la Unión Interparlamentaria Mundial, con delegados de 112 países, consideró a la cuestión Malvinas una situación colonial. En 1996, la cumbre de Presidentes del Mercosur respaldó  a la  Argentina, y en 1998, también la  OEA manifiesta su  respaldo en la reunión de Lima.
  Por su parte, en el informe Kershaw, elaborado por iniciativa del Parlamento británico, en 1983, se reconoce que: “problemas sustanciales diplomáticos, militares, financieros y económicos, seguirán enfrentando a GB y las islas Falklands a menos o hasta que se logre un acuerdo negociado de la disputa con la  República Argentina”. El mismo informe reconoce que “el peso de la evidencia es más favorable al título argentino”.

  La Constitución Nacional, en la reforma de 1994, en su Primera disposición transitoria, ratifica para la Argentina su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas, y que la recuperación es un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

 

6) Verdadera rendición

 

  Es debida a una actitud política y cultural de una parte considerable de la dirigencia argentina, que no ha vacilado en efectuar propuestas incompatibles con la Constitución Nacional:

 

  - Escudé: reconocer a los kelpers el derecho  de autodeterminación, con soberanía compartida en el mar (Clarín, 2-7-92).
  - Menem: soberanía compartida, “que flamee la bandera argentina en las islas, por ejemplo, con la bandera inglesa, ya es un paso adelante” (Nac, 30-12-96).
  - Di Tella: conviene adoptar el  modelo Hong Kong (Nac, 22-9-89).
  - Vanossi: Estado confederado a la Argentina con derecho a secesión (Nac, 27-7-93).

 

  La rendición diplomática se instrumentó con dos tratados, aceptados por el gobierno del presidente Carlos Menem, sobre la base de la fórmula del paraguas, consistente en postergar indefinidamente el debate sobre la soberanía de las islas, mientras se acuerdan cuestiones económicas, que sólo benefician a Gran Bretaña. Por ello afirmaba el profesor Ricardo Paz, que el paraguas es un instrumento aceptado por las autoridades argentinas para facilitar a los ingleses el goce pacífico de la usurpación.

  Por el primer tratado, de febrero de 1990, celebrado en Madrid, ambos países decidieron restablecer relaciones diplomáticas. Gran Bretaña dispuso cancelar la llamada Zona de Protección militar, en torno a las islas, pero reemplazarla  por un sistema de información entre las Fuerzas Armadas, en un área similar a la anterior, y pese a declararse haber cesado las hostilidades. Como única explicación para tamaña concesión, el entonces canciller, Dr. Cavallo, declaró en la Cámara de Diputados (29-3--90): “hubo una guerra y la Argentina la perdió”. El profesor Baquero Lazcano calificó, por eso,  a este tratado de rendición incondicional.

  El segundo tratado, fue celebrado en septiembre de 1995, en Nueva York, y es un acuerdo sobre hidrocarburos en la zona de Malvinas. Establece una zona de 21.000 km2, donde las regalías petroleras serían a partes iguales (6 % para cada país); en la superficie restante (40.000 km2), el beneficio no será equitativo: 3 % para Argentina, 9 % para Gran Bretaña. Estos datos no están consignados con claridad, sino que surgen de la interpretación efectuada por los especialistas, ya que el Canciller Di Tella manifestó crípticamente que el tratado incluía: cosas escritas, cosas no escritas, y cosas deseadas. Lo escrito es un tratado, al igual que el de Madrid, aunque en ambos casos se los haya denominado declaraciones, para eludir la aprobación del Congreso.
  El acuerdo petrolero contiene una trampa, iniciada en el tratado de Madrid, donde se incluyó un mapa de la Zona de Conservación Pesquera, de 150 millas en torno de las islas, fijada unilateralmente por Gran Bretaña. En ese mapa aparece un segmento recortado que fija de hecho una delimitación marítima entre Estados colindantes. En el segundo tratado, esta línea media indica las dos áreas especiales creadas para la explotación de hidrocarburos, configurando un stopell -reconocimiento indirecto de derechos-, que implica cerrar el paraguas y admitir tácitamente la soberanía británica sobre las islas, limitándose la Argentina a aceptar una parte de los beneficios económicos derivados de la explotación del petróleo en el Atlántico sur.

 

7) Situación actual

 

  La mejora en lo que respecta a Malvinas dependerá de dos factores: patriotismo y eficiencia. El patriotismo no es un simple sentimiento, es una actitud racional y moral de defensa integral de lo propio. Es preciso, también, el estudio sistemático y profundo de los problemas nacionales, desde una actitud patriótica. Lamentablemente, en la política exterior argentina, han estado ausentes en últimas décadas, tanto la eficiencia profesional como el patriotismo. Una de las acciones pacíficas que recomiendan los expertos es solicitar a la Corte Internacional de Justicia una opinión consultiva sobre la obligación del Reino Unido de negociar la controversia por la soberanía, cumpliendo la reiterada exhortación efectuada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
  En última instancia, siempre es cierto lo que afirmaba Juan Pablo II: “Un pueblo es débil si acepta su derrota y si olvida el mandato de estar despierto cuando llegue su hora”.


 
 (1) Virginia Gamba: “El Peón de la Reina”, Buenos Aires, Sudamericana, 1984, pág. 124-133.

 

  Bibliografía

 


  - Franks, Honorable Lord. “El servicio secreto británico y la guerra de las Malvinas”; Mar Dulce, 1985, 157 pgs.
  - Cerón, Sergio. “
Malvinas: ¿gesta heroica o derrota vergonzosa?”; Sudamericana, 1984, 344 pgs.
  - Gamba, Virginia. “
El peón de la Reina”; Sudamericana, 1984, 207 pgs.
  - Busser, Carlos. “
Malvinas, la guerra inconclusa”; Fernández Reguera, 1987, 462 pgs.
  - Costa Méndez, Nicanor. “
Malvinas: ésta es la historia”; Sudamericana, 1993, 334 pgs.
  - AAVV. “
Malvinas hacia el futuro”; Revista Militar, Nº 742, Enero / marzo 1998.
  - De Vita, Alberto. “
Malvinas/82, cómo y por qué”; Instituto de Publicaciones Navales, 1994, 271 pgs.
  - Mayorga, Horacio. “
No vencidos”; Planeta, 1998, 382 pgs.
  - Silenzi de Stagni, Adolfo. “
Política petrolera y la cuenca Marina Austral”; Centro de Estudios Gral. Mosconi, 1981, pgs. 2/3.
  - Lanus, Archibaldo. “
De Chapultepec al Beagle”; Hyspamérica, T. II, 1986, pg. 202.
  - Pinto, Mónica. “
Islas Malvinas / Falkland, Georgias y Sandwich del Sur: algunas consideraciones relativas a los hidrocarburos”; en: Boron-Fandez (comp.). “Malvinas hoy: herencia de un conflicto”; Puntosur, 1989, pg. 138.
  - Rizzo Romano, Alfredo. Revista Línea, marzo/1990, pg. 37.

HORAS DECISIVAS EN EL PERÚ ( 2)

HORAS DECISIVAS EN EL PERÚ ( 2)

Jorge GARCÍA-CONTELL

 

  Una vez escrutado el 98% de los votos, puede afirmarse que será el expresidente Alan García (Partido Aprista - Alianza Popular Revolucionaria Americana) quien se enfrente con Ollanta Humala (Unión por el Perú - UPP) en la segunda vuelta de las elecciones peruanas, tras aventajar por escasas décimas de diferencia a Lourdes Flores de Unidad Nacional. Conviene recordar que en los comicios del pasado 9 de abril no sólo se disputaba la Presidencia de la República pues también se renovó la asamblea parlamentaria. La fragmentación del nuevo hemiciclo y la ausencia de una mayoría sólida condicionarán decisivamente las decisiones presidenciales en esta nueva legislatura, con independencia de quién llegue a ser el nuevo ocupante de la Casa de Pizarro.

 

  Alan García Pérez, respaldado por algo más de un 24% de los votantes, es un veterano en la escena pública peruana pues ya fue Presidente del Perú de 1985 a 1990. Su quinquenio de gobernación se recuerda como un periodo turbulento y conflictivo: animado desde su inicio por el afán de conquistar la soberanía nacional sobre los recursos naturales y financieros en beneficio de la inmensa mayoría desfavorecida de peruanos, no obstante su gestión acabó resultando muy poco afortunada y de graves consecuencias económicas para el Perú. Congeló los depósitos bancarios en dólares y con esta medida desincentivó el ahorro y minó la confianza en el sistema financiero. Decretó una moratoria unilateral de la deuda externa durante los dos primeros años de su mandato pero, en lógica consecuencia, cerró al país las puertas de los organismos internacionales y dio comienzo la época de la hiperinflación. Intentó nacionalizar la banca y las compañías de seguros, aunque la medida quedó paralizada y frustrada ante los Tribunales de Justicia. Los servicios públicos en general, desde la telefonía hasta el suministro de agua potable, se deterioraron vertiginosamente hasta niveles de ineficacia nunca antes conocidos. El terrorismo marxista-leninista-maoísta de Sendero Luminoso alcanzó su punto álgido en aquellos años, golpeando reiteradamente y placer mediante voladuras de instalaciones energéticas, secuestros y coches bomba: literalmente llegaron a dar jaque al Estado. A lo largo del anterior mandato de García la inflación creció un 2.178 % (no es una errata: dos mil ciento setenta y ocho por ciento) y su consecuente azote devastó la ya castigada sociedad peruana: desaparecieron las reservas internacionales (US$ -105 millones) del Banco Central de Reserva; la deuda externa creció de US$ 13.000 millones a US$ 20.000 millones; el número de las familias pobres se triplicó, pasando del 16% al 45%; uno de cada dos niños en edad escolar tenía desnutrición crónica (48%); siete de cada diez peruanos estaban subempleados; Un millón de puestos adecuados de trabajo se perdieron; las exportaciones cayeron un 16% en términos reales; los agricultores y campesinos peruanos se empobrecieron porque la producción cayó un 13% mientras aumentó la importación de alimentos en un 48%. A todo ello habría que añadir un rosario de escándalos de corrupción de altos cargos apristas en el que no falta la implicación del propio expresidente: la actual Fiscal de la Nación presentó una denuncia por enriquecimiento ilícito, amén de otros cargos, contra Alan García.

 

  Ollanta Humala Tasso, receptor del 30’7% de los votos, es el segundo de los siete hijos de Isaac Humala, fundador del "etnocacerismo", ideología nacionalista tanto en cuanto pueda ser compatible un fenómeno esencialmente moderno como el nacionalismo con la exaltación y mitificación de la época incaica. El nombre Ollanta significa "guerrero que todo lo mira". El etnocacerismo propugna que el poder sea detentado por indígenas y mestizos - mayoría de la población - en detrimento de los criollos blancos, lo cual no deja de ser el envés de la discriminación racial clásica pero no menos racista.

  Oficial del Ejército, actualmente retirado del servicio activo, en 1992 combatió contra los núcleos guerrilleros de Sendero Luminoso en Tingo María y desde aquella época se le acusa de haber cometido diversos atropellos y violaciones de los derechos humanos de la población civil, si bien hasta la fecha no han podido presentarse pruebas concluyentes. En octubre de 2000, auxiliado por su hermano Antauro, también militar, y al mando de un grupo de soldados y reservistas asaltó la mina de Toquepala (Tacna) para exigir la renuncia del Presidente Fujimori. Su indigenismo racialista y sus furibundas diatribas antioligárquicas han de ser consideradas sui generis. Inicialmente fue acusado de xenofobia, en noviembre y diciembre de 2005, por los dirigentes de la Asociación Judía del Perú. Tras una reunión de Humala con Isaac Mekler, presidente de dicha entidad, fue exonerado por éste de las sospechas de "antisemitismo", hasta el punto que el propio Mekler se unió a la candidatura de Humala en la UPP. Posteriormente se ha hecho público que la principal fuente de financiación de la campaña de Humala proviene de la fortuna de Isaak Galski, propietario de una gran flota pesquera y de la mayoría de las industrias conserveras del país e igualmente mantiene una estrecha relación con otro empresario israelita: Salomon Lerner Ghitis, quien a su vez mantenía sólidos vínculos con el siniestro Vladimiro Montesinos.

  En febrero de 2006 anunció su intención de legalizar el aborto, lo que le valió la condena de la Iglesia católica, aunque con actitud heterodoxa dentro del progresismo contemporáneo ha tildado a un periodista crítico de "maricón", al tiempo que le amenazaba con "fusilarlo". Su estrecha relación con los actuales presidentes de Venezuela y Bolivia, súmamente críticos hacia la Comunidad Andina de Naciones (Hugo Chávez ya ha solicitado el abandono venezolano de dicha institución) extiende las dudas sobre la supervivencia del órgano de integración regional. Humala participa plenamente de la retórica antiliberal de Morales y comparte con él similares proyectos de recuperación del control de los recursos naturales. Similares incluso en su inconcreción y difusa vaguedad. Se opone a la reciente firma del TLC con los EE.UU. por el presidente saliente, Alejandro Toledo. Personalmente saludaríamos con entusiasmo esta actitud si tuviera visos de provenir de un espíritu verdaderamente patriótico con vocación de integración iberoamericana. El inquietante perfil humano y político del candidato Humala nos hacen recibir con suma prevención sus iniciativas, sobre todo cuando parecen encajar a la perfección en el cada vez más consolidado engranaje Castro-Chávez-Morales.

  El futuro del Perú está en manos de uno de estos dos hombres. Una disyuntiva de acero.

CARTA AL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CÓRDOBA (Argentina)

CARTA AL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CÓRDOBA (Argentina)

Alberto R. APREA 

 

  Córdoba, Abril 05 del 2006

 

  Al señor Rector de la UCC
  Rdo. P. Rafael Velasco S.J.
  Presente

 

  Señor Rector:

  ¿Hacia dónde va la Universidad Católica de Córdoba?

  Me dirijo al señor Rector con el propósito de tratar una vez más la deplorable iniciativa del Consejo Académico de esa Universidad de otorgar un Doctorado Honoris Causa a la Sra. Estela de Carlotto.

  Deplorable por tres razones principales:

 

a) Por presentar a la Sra. De Carlotto como abuela de hijo de madre desaparecida;

b) Por ser dicha persona un acabado símbolo de parcialidad unilateral en defensa de los derechos humanos de los terroristas comunistas que enlutaron nuestra patria, declarando una verdadera guerra a la Nación, en su intento fracasado de tomar el poder por la violencia, para luego instalar un régimen colectivista como ya lo hiciera el tirano Fidel Castro en el actual país-cárcel, como es Cuba.

c) Por ser la referida persona una militante abortista, defensora pública de la “matanza de los inocentes”.

 

  Veamos. En primer lugar hay que decir que se equivoca ese Consejo Académico, y de manera inexplicable, al promover a la Sra. De Carlotto como “abuela de Plaza de Mayo”, cuando en realidad nunca lo fue, ya que dicha condición jamás pudo ser probada en ninguno de los estrados judiciales  por donde ella misma desfiló.

  En segundo lugar, es imposible acreditar que ese Consejo Académico y a quien él reporte, pueda ignorar a qué corriente ideológica responde esa señora, su grupo y afines. De la misma manera, es también imposible creer que dicha unidad académica, de una Universidad oficialmente católica, pueda ignorar que “el comunismo es el adversario más completamente opuesto a su doctrina; tan poderoso, tan brutal, tan astuto como otro igual la Iglesia no ha encontrado en su historia bimilenaria” y, al mismo tiempo, ignore las reiteradas condena hechas desde la Cátedra de Pedro, a la filosofía marxista. Para muestra, dos de ellas: “El comunismo es intrínsicamente perverso...” (Beato Pío IX, Encíclica “Divini Redemptoris”).  “Millones de nuestros contemporáneos aspiran legítimamente a recuperar las libertades fundamentales de las que han sido privados por regímenes totalitarios y ateos, que tomaron el poder por caminos revolucionarios y violentos, precisamente en nombre de la liberación del pueblo. No se puede ignorar esta vergüenza de nuestro tiempo: pretendiendo aportar la libertad se mantiene a naciones enteras en condiciones de esclavitud indignas del hombre”. (Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, Congregación para la Doctrina de la Fé, 06 de Agosto de 1984, en “Instrucción sobre algunos de los aspectos de la Teología de la Liberación”).

 

  Sobre el aborto, tratándose de un misiva a un claustro universitario, comienzo citando a un especialista en investigaciones de células tronco-embrionarias de renombre universal, el Dr. Jerôme Lejeune, de la Universidad René Descartes, París, padre de la genética moderna y descubridor del Síndrome de Down. Sostiene él que la vida comienza con la fecundación  del óvulo por el espermatozoide, como también que el anencéfalo es un ser humano vivo, aunque mal formado, merecedor de toda la protección legal.

  Afirma el Dr. Lejeune: “Lo que define a un ser humanos es ser miembro de nuestra especie. Así, siendo extremadamente joven (un embrión) o que sea una persona de edad, no cambia de una especie a otra. Él es de nuestra estirpe. Esto es una definición. Diría, más precisamente, que guardo el mismo respeto a la persona humana, cualquiera que sea el número de kilos que pese, o el grado de diferenciación de sus células”.

 

  Pero, sobre todo, al ser ésa una Institución católica, debería tener muy presente la doctrina de la Iglesia sobre este punto, que siempre condenó al aborto, y en los términos más firmes, al punto que el Canon 1.398 del Código de Derecho Canónico, conmina con pena de excomunión “latae sententiae” (automática, independiente de la proclamación formal), al católico que provoque un aborto seguido de muerte del “non natus” y a quienes voten y se empeñen  en aprobar cualquier proposición legislativa que promueva el aborto. La Santa Sede a advertido en distintas ocasiones que los políticos y legisladores católicos no pueden aproximarse de la Sagrada Comunión si defendiesen proyectos de ley en ese sentido.

  Sin duda, el “crimen profesional más monstruoso de la historia” es el que se cometió contra Nuestro Señor Jesucristo. Salvando las insondables distancias en lo que toca al Hombre-Dios y al género humano, bien se podría decir que el crimen del aborto es el que le sigue, con el agravante que es la propia madre, que junto con el profesional-carrasco, forman un “tribunal especial” que condena a muerte a su hijo no-nacido.

 

  Ante esta situación, ¿pretende ese Consejo Académico, con su propuesta, poner a una militante abortista como ejemplo a seguir por las generaciones más jóvenes?  Sin duda, si se continuara sustentando esa deformidad, los integrantes de ese Consejo pasarían a ser parte de una suerte de “tribalismo académico” que pretende destruir “los restos que aún humean” de la Civilización Cristiana, al intentar transformar la noble y firme doctrina de la Iglesia en un conglomerado de relativismo y falsedades.

  Ese nombramiento contradice tan abierta y frontalmente el Magisterio y la doctrina de la Iglesia sobre el comunismo, que ya se cobró más de 100.000.000 de víctimas  desde la Revolución bolchevique de 1917 y el aborto, que sólo en el año 2005 produjo más de 45.000.000 de asesinatos, esos sí, de “lesa humanidad”, que bien se podría pensar que ese Consejo Académico tiene el inconfesado propósito de revocar el principio: “UBI ECCLESIA IBI CHRISTUS, UBI PETRUS IBI ECCLESIA”.

 

  Es necesario reconocer también que, “mil veces más peligrosos que los enemigos declarados son los que combaten a la Ciudad Santa dentro de sus propios muros”, por lo que bien merecen los que sustentan y refrendan ese nombramiento, lo que el beato Pío IX dijo de aquellos: “Aún cuándo los hijos del siglo sean más hábiles que los hijos de la luz, sus ardiles y sus violencias tendrían, sin duda, menos éxito si un gran número, entre aquellos que se llaman católicos, no les tendieran una mano amiga. Sí, infelizmente, hay quienes parecen querer caminar de acuerdo con nuestros enemigos, y se esfuerzan por establecer una alianza entre la luz y las tinieblas, un acuerdo entre la justicia y la inequidad…..Ellos son, ciertamente, mucho más peligrosos y más funestos que los enemigos declarados, no sólo porque los secundan en sus esfuerzos, como también porque, manteniéndose en el extremo límite de las opiniones condenadas, toman una apariencia de integridad y de doctrina irreprochable, incitando a los imprudentes amigos de conciliaciones y engañando a las personas honestas, que se rebelarían  contra un error declarado. Por eso, ELLOS DIVIDEN LOS ESPÍRITUS, RASGAN LA UNIDAD Y DEBILITAN LAS FUERZAS QUE SERÍA NECESARIO REUNIR CONTRA EL ENEMIGO”. (Carta al Pte. y miembros del Círculo San Ambrosio de Milán , 06.III.1873). Sin duda, una verdadera quinta columna dentro de una Universidad católica.

 

  Frente a este hecho, se podría parafrasear el título de un artículo del eminente líder católico brasileño, que fuera profesor de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo e inspirador de las Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP),  Dr. Plinio Côrrea de Oliveira, lamentablemente ya fallecido, que a raíz de varios desvaríos dentro de las filas católicas, se preguntaba “¿Quién es católico dentro de la Iglesia Católica?". Aquí se podría indagar “Quién es católico dentro de la Universidad Católica de Córdoba entre quienes promueven, aceptan, facilitan, consienten o sustentan la disforme  propuesta de otorgar un Doctorado Honoris Causa a la tal Sra. De Carlotto?"

 

  A no ser que la lógica haya desertado totalmente de esa alta casa de estudios, se torna imperativo retirar esa propuesta delirante del Consejo Académico por el bien espiritual y psicológico no sólo de la comunidad de esa Universidad, sino la de todo Córdoba y del país, ya que la noticia de este hecho cruzó las fronteras de la provincia desde el mismo momento que se conoció la renuncia del Dr. Rey Nores (*) . Será también la única manera de evitar que la sangre de los muy pequeños inocentes y de las múltiples víctimas de la secta comunista, caiga sobre la cabeza de quienes defiendan semejantes crímenes.

 

  Esta situación crea la impresión que la impiedad, desde la Universidad Católica de Córdoba, escogió esta época de Cuaresma para agregar un tormento más a la Pasión de Nuestro Señor Jesús Cristo.

  Para terminar, se podría decir que ante “un mundo que se derrumba”, solo la proclamación íntegra del ideal católico, nos colocará en la senda  de la victoria prometida por Nuestra Señora de Fátima, cuando afirmó que, después de los castigos ejemplificadores que vendrán si el mundo no se convierte, “por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará”.

 

  Nota:

 

  (*): El Prof. Dr. José Narciso Rey Nores, miembro del Consejo Académico y antiguo Decano de la Facultad de Derecho de la Univ. de Córdoba, dimitió el pasado mes de marzo en protesta por la concesión del doctorado Honoris Causa a Estela de Carlotto. Igualmente presentó su dimisión el Prof. Francisco Aliaga, del Departamento de Derecho Laboral.

HORAS DECISIVAS EN EL PERÚ (1)

HORAS DECISIVAS EN EL PERÚ (1)

Jorge GARCÍA-CONTELL

 

 

  Escribo estas líneas cuando todavía faltan horas para que concluya el recuento de votos en Perú. De los veinte candidatos que se disputaban la Casa de Pizarro, los sondeos realizados junto a los centros de votación son unánimes al destacar a Ollanta Humala (Unión por el Perú) como ganador con aproximadamente un 30% de los sufragios. Habrá que esperar hasta el fin del escrutinio oficial para saber quién se enfrentará en segunda vuelta a Humala, pues la práctica igualdad entre Lourdes Flores (Unidad Nacional) y Alan García (APRA) no permite aventurar pronósticos.

 

  Los peruanos han votado en un clima de general decepción hacia la clase política tradicional. El Congreso es una de las instituciones peruanas más desprestigiadas, lo cual es ciertamente comprensible si tenemos presente que los legisladores del parlamento unicameral perciben un salario equivalente a 10.000 dólares al mes mientras que el salario mínimo en el Perú es de 124 dólares. Por otra parte, los miembros del Congreso en esta legislatura que ahora concluye han destacado, más que por la labor que se les supone propia y específica, por un abultado rosario de escándalos que van desde el hurto al Estado y el nepotismo hasta los abusos sexuales a menores.

  La pobreza y la desigualdad forman parte del panorama social en la región andina y en la mayoría de Hispanoamérica. Perú no constituye una excepción sino, más bien uno de los ejemplos destacados. Según datos de CEPAL, casi la mitad de la población peruana sobrevive en condiciones de pobreza y algo menos de una cuarta parte soporta pobreza extrema. Paradójicamente nos estamos refiriendo a un país que en los últimos ejercicios ha registrado un crecimiento económico medio del 5% anual. La importante demanda de cobre y otros minerales desde Asia, los elevados precios de las materias primas y los bajos tipos de interés han permitido que Perú obtuviera superávit por cuenta corriente y redujera su deuda externa durante tres años consecutivos. Así y todo, es obvio que la bonanza económica pasa de largo ante la mayoría de su población para disfrute de sólo unos pocos. Nada original, por desgracia.

 

  Ollanta Humala es un oficial retirado del ejército que participa del “etnocacerismo” ideológico, versión peruana del indigenismo continental con ribetes de abierto racismo. Su aprecio por la tradición prehispánica – muy respetable – ha llegado en ocasiones a traducirse en desprecio por la única cultura común a toda Iberoamérica, lo cual es, simplemente, una majadería. Y una majadería de singular calibre si adicionalmente se tiene presente su reconocida francofilia. Como en el caso de Evo Morales, la prensa internacional fija su atención en los declarados propósitos del candidato de estatizar el sector de hidrocarburos, amén de la minería, elevar los impuestos y revisar los contratos suscritos entre la República del Perú y compañías transnacionales. Este programa no me inquieta y me limito a desear éxito a quien finalmente se alce con la Presidencia, sobre todo en la acuciante tarea de revestir de dignidad las condiciones de vida del pueblo peruano. Por el contrario, sí me alarma que desde la Casa de Pizarro alguien se aventure por el tenebroso camino de desandar la historia y atente contra la única identidad cultural común de los peruanos, de los iberoamericanos y de los hispanos de uno y otro lado del Atlántico. De sobra conocemos en España a nuestros “indigenistas” autóctonos y la penuria intelectual que destila su pluma cuando firman decretos y reglamentos.

¿DESDE CUÁNDO EXISTE ESPAÑA?

¿DESDE CUÁNDO EXISTE ESPAÑA?

José Manuel RODRÍGUEZ PARDO

 

  Es muy habitual escuchar la sentencia de Ortega y Gasset, tan famosa como errónea: «Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho», suponiendo que el resto son partes postizas y periféricas de una España que decaería junto a Castilla durante el siglo XVII y que daría paso a su descuartizamiento definitivo. Pero para existir España ha tenido que sufrir un proceso de unificación previo a su presunta castellanización: ¿de dónde viene Castilla? La Hispania que era provincia del Imperio Romano, aún sin ser formalmente España, ya determina una unidad que con la caída del Imperio Romano se convertirá en un Estado visigodo cuya identidad es cristiana, la de la Iglesia católica. Gustavo Bueno ha señalado este origen y su desarrollo en varias de sus obras, como "España frente a Europa" o "España no es un mito".

 

  Con la invasión musulmana del año 711 la identidad católica sigue existiendo, pero la unidad quedó fragmentada en varias partes. En esta coyuntura es habitual citar la teoría de los cinco reinos que Ramón Menéndez Pidal y en cierta medida Claudio Sánchez Albornoz han defendido, donde cinco unidades independientes (Castilla, León, Aragón, Navarra y Portugal) mantendrían distintos núcleos de resistencia frente al Islam. Frente a esta tesis, utilizada de forma partidista por los políticos actuales para fundar el origen de sus autonomías (como el denominado “Reyno de Navarra”), hay que defender que la unidad visigótica se mantiene, pero bajo una forma nueva, la de un Imperio cristiano enfrentado al Islam que comienza con la victoria de Pelayo en Covadonga y se mantiene con el Oviedo de Alfonso II el Casto y Alfonso III el Magno, convertido en un centro de peregrinaje capaz de competir con Roma gracias al Camino de Santiago, y que une solidariamente, frente al Islam, a los “Cinco Reinos”. El Reino con capital en Oviedo pronto alcanza los límites del Río Duero y su capital se traslada a León y posteriormente al Valladolid castellano, con Alfonso VI, “Emperador Toledano”, y Alfonso VII, “Emperador de toda España”, incluyendo los reinos de taifas musulmanes que le pagaban tributo. Quienes se separaron de este proyecto imperial, como Portugal y la Corona de Aragón inicialmente, lo hicieron no para declarar su independencia, sino para confirmar su sumisión y servilismo ante el Papa.

 

  En 1492 España sobrepasa el recinto peninsular, conquistando las Islas Canarias y llegando a América con Colón (John Elliott en La España Imperial dice que el viaje de Colón se llevó a cabo porque los Reyes Católicos querían sorprender a los turcos por la espalda, dando la vuelta al mundo), con lo que el proyecto imperial español, cuya identidad la marcaban el Trono y el Altar, se renueva y no entrará en decadencia durante el siglo XVII, a pesar de los tópicos orteguianos: durante el siglo XVIII verá reforzada su unidad tras la victoria de Felipe V frente al Archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión. Sin embargo, con la caída del Antiguo Régimen y la independencia de América en el siglo XIX, la unidad de ese imperio se verá fragmentada y transformada en un conjunto de repúblicas independientes cuya identidad ya no será la del Trono y el Altar sino el uso del español, lo que hoy se conoce como Hispanidad. La unidad de España, sin embargo, se mantendría dentro de los cánones de la nación política contemporánea inspirada en la Constitución de 1812. En la actualidad, su identidad hispana se vería amenazada por los nacionalismos fraccionarios que intentan imponer de forma postiza sus lenguas autonomistas, ya sea catalán, gallego, vasco o valenciano, lo que en una perspectiva de varios centenares de años podría suponer un golpe definitivo a la unidad de España.

ARGENTINA - URUGUAY: CUANDO LA OPINIÓN PÚBLICA ES UN PROBLEMA

ARGENTINA - URUGUAY: CUANDO LA OPINIÓN PÚBLICA ES UN PROBLEMA

Manuel MORA Y ARAÚJO

 

  Buscando una explicación racional de este hecho revestido de muchas pasiones y poca racionalidad, puede concluirse que el factor que ha impulsado el crecimiento del conflicto más allá del control de los gobernantes argentinos es la opinión pública.

 


  Desde el momento en que el gobierno uruguayo autorizó la instalación de dos plantas celulósicas para la fabricación de papel sobre la orilla oriental del río Uruguay y la provincia argentina de Entre Ríos objetó, el conflicto entre ambos países ha venido creciendo como una bola sin manija. Este es un caso de esas “little things that can make big differences”.

  El gobierno uruguayo alega que la tecnología que utilizarán esas plantas garantizan un impacto ambiental controlado, avalando su postura con un informe técnico del Banco Mundial. El gobierno de Entre Ríos -con el apoyo de organizaciones ambientalistas nacionales e internacionales- cuestiona la imparcialidad de ese informe. Hace algunas semanas el gobierno argentino decidió respaldar a la provincia de Entre Ríos; tal vez fue ese el momento fatal. El asunto comenzó a adquirir tintes mayores, y cuando el gobierno argentino intentó poner paños fríos, ya resultó tarde. Los paños fríos del presidente Kirchner consistieron en definir el entredicho como un tema estrictamente ambiental y anunciar que lo remitiría a la Corte de La Haya -aparentemente con la intención de ganar tiempo para una negociación gobierno a gobierno-. El gobierno uruguayo entendió que el remedio es peor que la enfermedad, y replicó amenazando con pedir la intervención del Mercosur -cuya integridad ya está seriamente amenazada por otros motivos-.

  El clima apasionado que envuelve la controversia y que agudiza el conflicto se alimenta diariamente por la actitud de protesta activa de grupos ciudadanos de las localidades argentinas aledañas al río Uruguay, donde las organizaciones cívicas utilizan una de las más conocidas herramientas argentinas para protestar: los cortes de rutas. Impiden el tránsito por los puentes que vinculan a los dos países a través del río, afectando tanto al movimiento de transportes de carga como al flujo de turistas al Uruguay.

 

  La escalada del conflicto ya ha comprometido la relación de la Argentina con Chile, debido a que camiones chilenos ven impedido el paso hacia el Brasil vía Uruguay. Desde luego, camiones de origen argentino y brasileño sufren el mismo efecto. El conflicto también ha comenzado a repercutir políticamente dentro de la Argentina: dirigentes políticos y líderes de opinión, y hasta algunos gobernadores del mismo partido del presidente Kirchner, piden al gobierno de Entre Ríos más sangre fría en el tratamiento del problema. Que la Argentina deteriore sus vínculos con el Uruguay, que la integridad del Mercosur se vea amenazada, que Chile se sienta unilateralmente afectado en sus intereses y que eventualmente Brasil termine manifestándose a favor del Uruguay -lo que todavía no ha ocurrido de manera oficial, pero es probable- parecen consecuencias excesivas en vistas de las dimensiones reales del problema.

 

  Buscando una explicación racional de este hecho revestido de muchas pasiones y poca racionalidad, puede concluirse que el factor que ha impulsado el crecimiento del conflicto más allá del control de los gobernantes argentinos es la opinión pública. No sólo en la provincia de Entre Ríos -lo que explica la predisposición de su gobernador, que el año próximo buscará la reelección- sino en toda la Argentina. El clima de la opinión pública en estos tiempos está muy teñido por la presunción de que toda iniciativa empresaria es en principio pasible de sospechas y de que cualquier acusación contra las empresas es a priori creíble aun antes de haber sido sustanciada en instancias apropiadas. La opinión pública está restringiendo fuertemente los espacios dentro de los cuales los gobernantes pueden moverse sin tomar altos riesgos políticos. Se la necesite y se le teme. Y cuando la opinión pública se expresa mediante los mismos recursos que los gobernantes han legitimado reiteradamente en otras ocasiones, resulta difícil descalificarla con argumentos diplomáticos, técnicos o simplemente prudentes.

SOBRE HUNTINGTON Y “SUS” CIVILIZACIONES

SOBRE HUNTINGTON Y “SUS” CIVILIZACIONES

Miguel ARGAYA

 

  No es impropio de mí desconfiar de todo aquello que el Sistema promueve y airea sin escatimar esfuerzo. Supongo que se trata de una costumbre que me habrá llevado a veces a suponer más de lo que hay, y aun al error; pero no dudo de que muchas más me ha permitido escapar del conformismo bobalicón, ese otro gran enemigo de la verdad.

  Me ha pasado últimamente con un libro muy difundido y conocido -pero poco leído, al parecer-: El choque de civilizaciones, de Samuel Huntington (Barcelona, Paidós, 2001), del que se me ha hablado muy bien desde posiciones políticas diversas. Lo que traigo aquí son ni más ni menos que mis anotaciones, comenzando por un resumen -forzosamente breve, de sólo seis párrafos, pero espero que riguroso- de las tesis de Huntington.

 

1º.- Huntington prevé un orden internacional nuevo en que los conflictos no son ya de clases o ideológicos, sino “entre civilizaciones”. “Las relaciones entre civilizaciones han pasado, de una fase dominada por la influencia unidireccional de una civilización sobre todas las demás, a otra de interacciones intensas, sostenidas y multidireccionales entre todas las civilizaciones” (p. 60). “Las civilizaciones son las últimas tribus humanas y el choque de civilizaciones es un conflicto tribal a escala planetaria” (p. 247). “El mundo, o se ordenará de acuerdo a las civilizaciones o no tendrá orden alguno” (p. 186).

 

2º.- Huntington define la “civilización” como “el agrupamiento cultural humano más elevado y el grado más amplio de identidad cultural que tienen las personas, si dejamos aparte lo que distingue a los seres humanos de otras especies. Se define por elementos objetivos comunes, tales como lengua, historia, religión, costumbres, instituciones, y por la autoidentificación subjetiva de la gente” (p. 48). Elementos de entre los cuales, sin embargo, “el más importante suele ser la religión” (p. 47).

 

3º.- De acuerdo a lo anterior, cataloga un máximo de 8 grandes “civilizaciones” contemporáneas: Japonesa; Sínica o Confuciana; Hindú; Budista; Musulmana; Cristiano-Ortodoxa; Africana; Latinoamericana; y Occidental o Cristiano-Occidental (p. 50-53). A ésta última la llama también, en otros sitios, Civilización Noratlántica (p. 52-53).

 

4º.- Son características de la Civilización Occidental, según Huntington: el legado clásico, la pluralidad de lenguas, la separación de la autoridad espiritual y temporal, el imperio de la ley, el pluralismo social, los cuerpos representativos y el individualismo (p. 81.83), pero sobre todo “el cristianismo occidental, primero catolicismo y después catolicismo y protestantismo" (p. 81). Se trata de “Europa y Norteamérica, más otros países de colonos europeos como Australia y Nueva Zelanda”, que han sentido “los efectos de la Reforma y han combinado la cultura católica y protestante” (P. 52). Para Huntington, la Civilización Occidental surgió en los siglos VIII y IX y desarrolló sus características propias en los siglos  siguientes, aunque no comenzó a modernizarse hasta los siglos XVII y XVIII (p. 81).

 

5º.- Los conflictos importantes a los que debe hacer frente la Civilización Occidental son, inevitablemente, con las más civilizaciones más orientales. “Sus relaciones con Latinoamérica y África, civilizaciones más débiles que han sido dependientes de Occidente en alguna medida, registran grados muy inferiores de conflicto, particularmente con Latinoamérica” (p. 218). Las diferencias que Huntington establece con ésta son, en todo caso, claras: aunque la civilización Latinoamericana está “íntimamente emparentada con Occidente” (p. 52), Huntington alega que “incorpora elementos de las viejas civilizaciones indígenas” (p. 51) y que “ha tenido una cultura corporativista y autoritaria que Europa tuvo en mucha menor medida y Norteamérica no tuvo en absoluto” (p. 52). Curiosamente, Huntington minusvalora el componente católico en el ámbito latinoamericano. Es cierto que no lo desdeña, pero lo relativiza al afirmar que “latinoamérica ha sido sólo católica, aunque esto puede estar cambiando” (p. 52) hacia una “protestantización” (p. 117). Se establecen también diferencias con la Civilización Ortodoxa, emparentada con el ámbito bizantino y marcada por “el despotismo burocrático y las limitadas influencias del Renacimiento, la Reforma, la Ilustración y demás hitos de la cultura occidental” (p. 51).

 

6º.- Las grandes superpotencias de la Guerra Fría pasan a capitanear a su vez, como verdaderos “Estados centrales” (p. 185), las Civilizaciones de las que forman parte, actuando dentro de ellas como “fuentes de orden” (p. 186). “Estos procesos son muy claramente visibles por lo que respecta a las civilizaciones occidental, ortodoxa y sínica” (p. 185).

 

7º.- Ante el nuevo “orden” de civilizaciones, Occidente, según Huntington, debe esforzarse en tres objetivos: mantener su superioridad militar; promover la democracia occidental entre las demás civilizaciones; y controlar y restringir la inmigración en Occidente de los no occidentales (p. 220).

 

  Hasta aquí, Huntington. No cabe duda de que nos encontramos ante un argumentador brillante... y no poco tramposo. Veamos dónde está la “trampa”.

 

*1ª trampa: Señalar a las viejas superpotencias de la Guerra Fría como inequívocos “Estados centrales” de tres de las civilizaciones catalogadas (precisamente las más activas y capaces, hoy en día: la occidental, la ortodoxa y la sínica). Da a entender, sobre todo, que Huntington no acaba de creerse su teoría de la “sustitución” del “antiguo” orden por uno “nuevo”. Más bien parece que aboga por conservar y consolidar viejas y ya muy malgastadas “capitanías”; en el caso “occidental”, sin duda, la estadounidense. Llamar “noratlántica” a la civilización occidental es, por otra parte, una perversión retórica que nos retrotrae subliminalmente a la OTAN, a la que por cierto se cita no pocas veces en el libro.

 

*2ª trampa:  Determinar como objetivos defensivos de Occidente sólo los tres que recoge el punto 7º, es traicionar la esencia misma del concepto de “civilización” planteado por Huntington, y cuyo elemento más importante (según veíamos en el punto 2º) es la “religión”. Al parecer ésta no merece consideración defensiva alguna; como sí, en cambio, la “democracia occidental”, que debe ser incluso -según el autor- “exportada” y promovida. Se diría que para Huntington aquélla -la religión- figura como excusa, y ésta -la democracia liberal- como “fundamento” de la Civilización Occidental.

 

*3ª trampa: ¿No es mucho decir que la Civilización Latinoamericana se distingue de la “Occidental” porque “ha tenido una cultura corporativista y autoritaria que Europa tuvo en mucha menor medida”? ¿Habrá que recordar dónde surgieron las primeros ensayos autoritarios y corporativistas, y dónde alcanzaron su desarrollo más perfecto (el totalitarismo), y hasta qué punto Latinoamérica no hizo sino importar lo que le vino de fuera?

 

*4ª trampa: ¿Por qué, a la hora de definir su “civilización latinoamericana”, minusvalora Huntington el componente católico? El hecho de que pueda efectivamente estar cambiando hacia una protestantización no desvirtúa que la razón fundacional de la Civilización Latinoamericana sea -si es verdad que las civilizaciones se definen, como quiere Huntington, por su elemento religioso- la religión católica. También la Civilización Occidental está cambiando, si no ha cambiado ya, hacia una secularización muy notable, y el ideólogo norteamericano no duda en catalogarla todavía como “cristiano-occidental”. Se diría que de un modo u otro se quiere evitar que la Catolicidad se constituya por sí en eje vertebrador de una “civilización”. Parece quererse que sólo tenga efecto en cuanto que “participe” de la cristiandad occidental a la sombra del protestantismo, verdadera “cabeza” intelectual y política del modelo.

 

*5ª trampa: ¿Por qué fijar el inicio de la Civilización Occidental en los siglos VIII-IX? Si es verdad que se considera la “Cristiandad” como razón fundamental de Occidente, ¿por qué no incluir también en ella los siglos IV-VII? ¿Por qué dejar fuera a San Agustín, a San Atanasio, a Orígenes, a Clemente de Alejandría, a San Isidoro, a Boecio, a San Beda, la labor del monacato oriental o la de San Gregorio Magno? ¿Tal vez porque de esta manera es más fácil disociar -como quiere Huntington- el Cristianismo occidental del oriental? Si es verdad que la Ortodoxia no se ha impregnado de la Reforma ni de la Modernidad, sino superficialmente, también lo es que ha vivido como parte -y parte sustancial- de la Cristiandad durante casi ochocientos años, cuando lo cierto es que Reforma y Modernidad no tienen aún más de cuatro siglos de vida. Claro, que aquellos ocho anteriores la vinculan no poco con una catolicidad que Huntington parece querer desdeñar como factor civilizatorio fundamental.

 

  Es obvio que al señor Huntington “no le salen las cuentas” en cuanto introduce en su tramposo universo la Catolicidad. Por eso la devalúa, la mistifica como “parte” de algo o la niega, según conveniencia, cosa que no hace con ningún otro “factor civilizatorio”. Desgraciadamente para el norteamericano, la historia y el sentido común se resisten a sus simplificaciones. Todo cobra, en cambio, significación, si se entiende como dos cosas enteramente diferentes la Cristiandad y la Modernidad.  Por de pronto, vale señalar que varias de las características con que Huntington define “su” Civilización Occidental son propias tan sólo de la cultura protestante, no de la católica: la separación westfaliana de religión y política, por ejemplo, “producto idiosincrático -según el autor- de la civilización occidental” (p. 61), se debe menos a la tesis “gelasiana” (explicitada en 494, en una carta del Papa Gelasio al Emperador oriental,  y que contemplaba dos autoridades diferentes -detentadas por potestades distintas- pero complementarias: el Sacerdotium, de carácter espiritual, y el Imperium, de carácter temporal) que a la teoría luterana de la “doble moral”, que plantea una radical separación entre “moral privada” (sometida a los valores cristianos) y “moral pública” (secularizada). De hecho, la separación de la autoridad espiritual y la temporal, por la que la Iglesia había luchado hasta el siglo XVI, se esfuma en cuanto el protestantismo concede al soberano la primacía religiosa de la Nación. Lo único que “vuelve” en Westfalia es Maquiavelo. Y lo único con lo que Huntington “choca” es con la realidad de una “Civilización Católica” que fue hegemónica entre los siglos IV y XVI, que fue vencida en el XVII, que inundó la España Americana y que tuvo y tiene aún en el ámbito hispanoamericano su reserva de futuro. De ahí, sin duda, la agresiva “protestantización” que sufre desde hace medio siglo desde el norte y que Huntington perspicazmente detecta.

 

  Si en este siglo XXI ha de haber un “choque de civilizaciones”, cuéntese con esa “Civilización Católica”, que es evidentemente iberoamericana, pero también más que iberoamericana en cuanto que nace y se desarrolla en origen como un imperio oceánico y transcontinental, y hereda vía España la vieja Cristiandad, la Civilización Occidental. Sin ella, las tesis de Huntington no pasan de fiasco. Dígase, para que no triunfe la mentira.