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Bitácora PI

SIGUEN LLEGANDO; SIGUEN MURIENDO

SIGUEN LLEGANDO; SIGUEN MURIENDO

Inmaculada MOMPÓ

 

  La noticia ha ocupado los titulares de todos los medios de comunicación españoles y ha sido repetida en buena parte de prensa extranjera: según cifras de Cruz Roja, desde el inicio de 2006 han muerto ahogados en aguas del Atlántico, entre Mauritania y las islas Canarias, más de 1.200 inmigrantes clandestinos africanos. La Guardia Civil eleva la cifra hasta los 1.700. Los pescadores que faenan en esa zona relatan a todo aquel que quiera escucharles que, con creciente frecuencia, al izar las redes descubren en su interior cadáveres humanos.

 

  Por más veces que se haya dicho o escrito, habrá que seguir exigiendo que cese este inhumano tráfico negrero del siglo XXI. La justicia y la solidaridad que invocan hipócritamente sus responsables exigen, precisamente, comenzar a deshacer los desmanes perpetrados desde hace más de una década en materia de inmigración.
  Los traficantes de mano de obra africana saben y hacen saber que de España nadie es expulsado, por más que el cruce irregular y clandestino de sus fronteras constituya una clara violación de la soberanía nacional. Los negreros de nuestra época conocen y difunden que los sucesivos gobiernos españoles, conservadores antes y socialistas ahora, proceden a regularizar periódicamente a todos aquellos que residen ilegalmente entre nosotros y, de igual manera, los propios inmigrantes alientan a sus allegados en los países de procedencia para que se sumen a este creciente aluvión. La hueca filantropía  de los gobernantes disimula su satisfacción al comprobar que esta inmigración fuera de control ha sido y es el mejor instrumento para acabar con la “rigidez” del mercado de trabajo. También se oculta que la “rigideces” a las que se refieren el FMI y la eurocracia de Bruselas no son más que los derechos sociales adquiridos por los trabajadores españoles a lo largo de un siglo.

 


  Los africanos saben y difunden que, una vez se instalen en España, jamás serán repatriados pues apenas existe algún tratado internacional sobre la materia entre sus respectivos países y España. Es más: conocen perfectamente que sus países de origen se desentienden de sus obligaciones y ejercen como expulsores de población, hasta el extremo habitual de negar que sus ciudadanos lo sean en realidad. Dicho sea de paso, este tipo de prácticas acredita fehacientemente que las supuestas repúblicas de África central y del sur no son propiamente estados y sus dirigentes ni siquiera merecen ejercer como jefes tribales.

 


  Mientras la administración española siga confundiendo sus obligaciones para con los españoles con su falsa devoción filantrópica, seguiremos contemplando las imágenes de nuestras patrulleras desembarcando con decenas de africanos a bordo. Como hasta ahora, pocos osaremos contar que, tras un reducido periodo de albergue gratuito a cargo del Estado, son transportados a la Península y “descargados” (no; no es una errata) en las calles de nuestras ciudades. ¿Imagina el lector qué haría para sobrevivir en un país extranjero, cuyo idioma desconoce, si careciese de las mínimas formación académica y capacitación profesional? Yo sí lo imagino; es más, estoy completamente segura. Me resignaría a ser una semiesclava, explotada por un empresario desaprensivo en condiciones infamantes: cualquier cosa antes que morir de hambre. Si no lo consiguiera, como tantísimos de ellos, yo estaría dispuesta para sobrevivir a prestar mis servicios como vendedora ambulante de ropa falsificada y discos copiados ilegalmente. Y, si ni ello me resultara posible, aceptaría unirme a una de las muchas bandas de delincuencia organizada que distribuyen drogas, asaltan viviendas o saquean comercios. Cuando el Estado “descarga” a un africano en una ciudad española, le está empujando directamente hacia la marginalidad social o hacia la delincuencia en nombre de los derechos humanos.

 


  Se sigue invocando la necesidad española de mano de obra, al tiempo que crecen vertiginosamente los inmigrantes desempleados. Se sigue repitiendo la consigna de la aportación decisiva de los inmigrantes al sistema público de seguridad social, cuando ya en junio de 2005 el Banco de España advirtió que el gasto de la Seguridad Social en atención a inmigrantes supera cumplidamente a los ingresos. Seguimos escuchando vaciedades sobre la “alianza de civilizaciones”, mientras el mundo islámico se radicaliza y mira a Europa como tierra de expansión por vía demográfica. Seguimos soportando la murga de la multiculturalidad, mientras las prisiones españolas se saturan de presos extranjeros y los ghettos son una realidad pujante en el corazón de nuestras ciudades. Mientras todo siga como hasta ahora, la clase política carecerá de legitimidad moral para lamentar cada nueva muerte en el Atlántico.

24 de marzo de 1976: ¿PUDO EVITARSE EL DERROCAMIENTO DEL GOBIERNO?

24 de marzo de 1976:  ¿PUDO EVITARSE EL DERROCAMIENTO DEL GOBIERNO?

Mario MENEGHINI

 

    Acaba de conocerse, por una carta de lectores al diario Clarín (18-3-06), el testimonio del Sr. Guillermo Bringiotti, quien, siendo estudiante de periodismo, tuvo oportunidad de entrevistar al presidente del Partido Radical, Dr. Ricardo Balbín, días antes de aquella fecha. Relata haber escuchado ésta frase textual: “Ya no hay nada que hacer, la suerte está echada”. Quienes vivimos intensamente lo acontecido en esos días, recordamos que el Dr. Balbín manifestó en una aparición por televisión: “Debe haber una solución, pero yo no la tengo”.
    Parece obvio que si el líder del principal partido opositor se expresaba así, es que no existía una alternativa viable al golpe  de Estado. Sin embargo, desde hace años se insiste, y acaba de repetirlo el actual gobierno argentino -con motivo de la ley que establece la fecha mencionada como feriado nacional- que el motivo del derrocamiento fue el deseo de instaurar una dictadura que reprimiera a quienes se opusieran a un nuevo modelo económico de explotación.

 

  Por cierto que no puede avalarse el método utilizado para combatir a los grupos subversivos que actuaron en la década de 1970, pero tanto el accionar terrorista como la represión ilegal ya existían antes del cambio de gobierno. Hubo 908 desaparecidos antes del 24-3-76, y la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha antiterrorista fue dispuesta en 1975 por un gobierno constitucional.
  El 24 de marzo, la sociedad argentina estaba al borde de la desintegración, con un sector público anarquizado y que había perdido el monopolio del uso de la fuerza. Todos los mecanismos constitucionales y todos los matices y las combinaciones imaginables dentro del sistema vigente se habían mostrado ineptos para revertir aquella carrera hacia la disolución (1). Además, como acaban de recordarlo los obispos, el derrocamiento del gobierno fue consentido por parte de la dirigencia de aquellos momentos (2). Como resume una reciente crónica periodística: Nadie alzó un dedo, siquiera una voz, se vivió una jornada de sugestiva normalidad, para quejarse por esa malhadada interrupción. Más bien, era admitida y hasta querida por imposibilidad de modificar la sistemática incompetencia de un gobierno (3).
   
    En realidad, hasta el último cuatrimestre de 1974 la opinión predominante en las Fuerzas Armadas era refractaria a involucrarse nuevamente en la conducción del Estado; incluso consideraban que el problema subversivo debía ser enfrentado por las fuerzas de seguridad y no por los militares. El panorama fue cambiando debido al fracaso del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) al intentar tomar un cuartel, lo que impulsó, como represalia, el asesinato indiscriminado de miembros de las Fuerzas Armadas, y esto, a su vez, comenzó a modificar la opinión militar.
    El gobierno constitucional, en 1975, encomendó a las Fuerzas Armadas la represión de la actividad guerrillera. Al inicio de 1976, había dos generales en actividad a cargo, respectivamente, de la Policía federal y de la SIDE (Secretaría de Informaciones del Estado). Si se dio el paso siguiente -asumir el gobierno- fue por la convicción de que era la única manera de terminar con el caos y vencer a la subversión (4).


  
Carencia de solución institucional


    
    Como la intervención militar en 1976 no fue la primera en la historia política argentina, es necesario detenerse a evaluar el motivo de fondo que produce esas interrupciones en la normal sucesión de autoridades constitucionales. Recordemos que las rupturas institucionales se produjeron, durante el siglo XX, en 1930, 1943, 1955, 1966 y 1976, sin contar el alejamiento forzoso del presidente Frondizi, en 1962, por aplicación discutible de la ley de acefalía.

 

    Carece de rigor analítico la suposición de una continuidad en el empeño de las Fuerzas Armadas de ocupar el poder. Además, con excepción de 1955, en que hubo enfrentamientos armados, los cambios de gobierno se hicieron pacíficamente, sin verificarse nunca -ni siquiera en el 55- las características de un fenómeno revolucionario. Tampoco existió nunca una casta militar, que se suceda en el tiempo, ni logias que transmitan a sus continuadores una manera unívoca de actuar en el plano político. El estilo de gobernar y las definiciones públicas de los jefes militares de 1976, no presentan la menor coincidencia con lo registrado 46 años antes, en el gobierno surgido del golpe de 1930.

  Consideramos evidente que hay un motivo estructural: la carencia de un remedio institucional, que opere en casos de emergencia. La opinión de los constitucionalistas es clara (5): quien asume el Poder Ejecutivo como consecuencia de un golpe de Estado es denominado presidente de facto, dado que no es un mero usurpador, y su investidura es admisible cuando se dan algunos requisitos:

 


a) el acatamiento pacífico de la comunidad;
b) la disposición de los medios para asegurar el orden, la paz, los servicios públicos y los derechos de los ciudadanos;
c) la necesidad de proveer, mediante la existencia de un gobierno, a la atención de aquellas necesidades;
d) el ejercicio público y pacífico del poder.

 


    Lo señalado no difiere de la doctrina clásica sobre el derecho de resistencia, que es asimilada por el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2243).

    Ahora bien, como en nuestro caso se repitió seis veces en un siglo la situación anómala de gobiernos imposibilitados de gobernar, que debieron ser reemplazados por autoridades de facto, debemos concluir que los golpes de Estado funcionan como verdaderas enmiendas constitucionales. Es decir que, al no estar prevista en la Constitución Nacional la solución jurídica que permita el reemplazo pacífico del gobierno que perdió la legitimidad de ejercicio, se admite de hecho la solución fáctica, avalada incluso por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia. Esto es consecuencia directa del sistema partidocrático, que ha impedido en todos los casos mencionados la utilización del juicio político, único remedio previsto en la Constitución.


    
   Cabe destacar, que en el dictamen del Consejo para la Consolidación de la Democracia (7-10-86), creado para procurar el perfeccionamiento  de las estructuras políticas, y que sirvió de base para la reforma constitucional de 1994, no se incluyó ninguna propuesta destinada a facilitar una solución institucional en las coyunturas analizadas. Es que el gobierno de entonces, había iniciado una maniobra, continuada por sus sucesores, destinada a evitar para siempre el peligro de golpe de Estado, mediante un recurso drástico: la destrucción de las Fuerzas Armadas. Ello se consiguió, a través de: a) la disminución paulatina del presupuesto militar, que impide el cumplimiento de la misión de las tres fuerzas, y congeló los sueldos del personal; b) la supresión por ley del servicio militar obligatorio; c) el descabezamiento reiterado de los mandos superiores, lo que dificulta un trabajo programado, y desarticula la carrera profesional basada en el mérito.

 

  Se ha señalado (6) que no puede existir un Estado, propiamente dicho, sin Fuerzas Armadas que constituyen una institución fundacional de la República, y simbolizan la unidad del pueblo, y la capacidad coercitiva que corresponde a la soberanía del poder estatal. Aquellas han mutado a una Guardia Pretoriana, disponible para ejecutar las órdenes del gobernante de turno, al margen de cualquier código de honor. Del Estado, ya inexistente, sólo resta el gobierno, hipertrofiado en un poder político personalizado carente de todo límite.
   Se ha logrado, entonces, el objetivo: impedir que las Fuerzas Armadas puedan actuar en el futuro como recurso extraordinario en situaciones límites, no solucionables por medio de las normas vigentes, de modo de garantizar la continuidad de la República.

 

 

(1).- Iribarne, Miguel Ángel. El rescate de la República; Buenos Aires, Emecé, 1978, p. 11.

(2).- Conferencia Episcopal Argentina, 15-3-06.

(3).- Ámbito Financiero, 20-3-06.

(4).- Fraga, Rosendo. La Nación, 19-3-06.

(5).- Bidat Campos, Germán. Manual de Derecho Constitucional Argentino; Buenos Aires, EDIAR, 1972, pgs. 695/697.

(6).- Sánchez Sorondo, Marcelo. La Argentina no tiene Estado, sólo gobiernos; en Revista Militar, Nº 728, 1993, pgs. 13/17.

ETA, MÁS FUERTE QUE NUNCA

ETA, MÁS FUERTE QUE NUNCA

Pío MOA

 

La tregua anterior se dio en una situación de debilidad de la banda, y como un modo de ganar tiempo para rehacerse. La actual es toda una declaración de triunfo: la ETA se siente muy próxima a ganar la partida. En la última etapa de Aznar, la ETA se hallaba acosada, fracasando una y otra vez en sus atentados, con su financiación semidestrozada y proscrito su aparato político. La hazaña se había logrado partiendo de un principio muy simple: la aplicación de la ley a los criminales: aunque parezca mentira, fue la primera vez que se hacía desde la Transición. Antes se perseguía a la banda bajo el supuesto de que no existía "solución policial", sino "política", y, por consiguiente, la vía policial –la legal en un estado de derecho– se supeditaba a la busca de acuerdos con los jefes terroristas. Ello significaba la quiebra de la ley y la legalización del asesinato como modo de hacer política. Era la vía preconizada desde el principio por el grupo Prisa y seguida vergonzantemente por todos los gobiernos, de derecha o de izquierda. Vergonzantemente, porque mentían a los ciudadanos negando sus tratos fraudulentos con la ETA, para ser desenmascarados de vez en cuando por los ufanos terroristas. La "vía política" consistió, en todos sus puntos, en una estafa a la democracia. Por el contrario, los gobiernos de Aznar demostraron que sólo la vía legal daba resultados y acercaba el fin de la pesadilla.

 

  En tales circunstancias, la llegada del gobierno actual ha sido la mejor noticia que haya tenido la ETA en su historia: tras verse al borde del abismo, ha podido recomponer sus aparatos y sus finanzas, se ha rearmado, ha probado que podía golpear donde y cuando quería, y ha logrado una parte muy sustancial de sus proclamados objetivos: liquidar la Constitución y abrir un proceso constituyente, o más bien desconstituyente, hacia la desintegración de España y de la democracia, que destruya todo lo construido desde la Transición. No es probable que se conforme con lo ya obtenido, pero ya ha adelantado un enorme trecho.

  Los terroristas y los separatistas jamás habrían logrado acercarse tanto a sus objetivos con sus solas fuerzas. Precisaban la colaboración de una fuerza nacional, y en los penúltimos tiempos de Aznar eso parecía imposible. El PSOE había optado por una política rara en él, renunciando a la mezcla de claudicación y terrorismo (GAL), para adherirse a la línea legalista de Aznar, en el Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Ello cegaba las salidas a los pistoleros y a los demás separatistas, y establecía la base obvia de cualquier estado que aspire a sostenerse: una plataforma de principios inatacables (democracia y unidad nacional), sobre los que hacer política, e impidiendo hacer política contra ellos. Sin embargo, esa actitud socialista duró muy poco, y las mismas fuerzas que presionaban por la "solución política", provocaron un cambio radical de postura: determinaron como enemigo fundamental al PP, no a los asesinos y secesionistas, y buscaron la alianza o complicidad de estos últimos para atacar directamente la Constitución. Una inversión completa del anterior pacto. Todos juntos organizaron grandes campañas desestabilizadoras.

 

  La maniobra, no sé si elaborada con detalle, se ha producido del siguiente modo. En primer lugar, el Plan Ibarreche-Ternera, plan separatista aunque conservase una ficción de unidad, útil para mantener a las Vascongadas en la Unión Europea. El plan fracasó aparentemente en el Parlamento, aunque sólo llevarlo a él ya pisoteaba la Constitución. Entonces entró el juego el plan B, de los separatistas catalanes, equivalente al anterior. La aprobación del estatuto secesionista catalán traería consigo, inevitablemente, la del plan Ibarreche-Ternera y un proceso de disgregación del país. Así, por una vía ligeramente indirecta, la alianza del PSOE con los secesionistas y los terroristas está destruyendo aceleradamente la Constitución.

  No es casual que la ETA declare su tregua cuando unas Cortes envilecidas, a impulsos de un gobierno anticonstitucional, aprueban la disgregación de España en pseudonaciones. La tregua anterior se dio en una situación de debilidad de la banda, y como un modo de ganar tiempo para rehacerse. La actual es toda una declaración de triunfo: la ETA se siente muy próxima a ganar la partida. Durante dos años ha advertido al gobierno de Zapatero: "tienes que ir hasta el final, o atente a las consecuencias". Y Zapatero y los suyos van cumpliendo, como hicieron después del 14-M con los islámicos. La ETA se siente más cerca que nunca de sus objetivos. Sus largos años de crímenes parecen tener por fin recompensa, y ésta sólo podía dárselo un gobierno enemigo y conculcador de la Constitución, es decir, de las libertades y de la unidad de España; es decir, un gobierno ilegal, porque lo es todo aquel que no guarda y hace guardar la ley, aunque haya salido de unas elecciones.

¿ESPAÑA ES EUROPA?

¿ESPAÑA ES EUROPA?

José Manuel RODRÍGUEZ PARDO

 

  Después de padecer durante los años 2004 y 2005 una propaganda estúpida e insufrible a causa del referéndum del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, parece conveniente un año después analizar el significado de tales fenómenos. Tal fue el revuelo y la propaganda a favor del “Sí a Europa”, que los inmigrantes residentes en España preguntaban con extrañeza si España es parte de Europa. Pero lo cierto es que sólo desde una posición ingenua, ignorante o simplemente de mala fe puede decirse que España volviera “al corazón de Europa” gracias al voto afirmativo al referéndum. O afirmar que España sea Europa sólo a partir del 1 de enero de 1986 a causa de nuestra adhesión a la unión monetaria europea. Más allá de los acuerdos de los burócratas europeos, es necesario conocer las distintas versiones de lo que suele denominarse como Europa.

 

  Como bien señala Gustavo Bueno en España frente a Europa y en España no es un mito, el concepto de Europa es esencialmente geográfico, y sólo tras el descubrimiento de América y la primera globalización efectiva, iniciada con la vuelta al mundo de Elcano en 1519, puede hablarse de una Europa definida en sus límites actuales. Dada la definición geográfica, en cuanto a lo cultural no cabe ninguna duda de que España es Europa mucho antes que Francia o Alemania, cuyos habitantes vivían en la barbarie mientras la romanización se consolidaba en la Península Ibérica. Tras la caída del Imperio Romano y su división en distintos reinos tenemos la “Europa política”, una verdadera jungla de Estados donde todos han querido dominar al resto, lo que ha provocado sangrientos conflictos; el último de ellos la guerra de Yugoslavia que derrocó al finado Milosevic, sin olvidar el más intenso del pasado siglo: la Segunda Guerra Mundial provocada por el deseo de los nazis de imponer su proyecto europeo. Conflictos que desmienten la Europa sublime de Husserl u Ortega y Gasset, para quien Europa era la solución de todos los males. Tras la segunda guerra mundial, Europa como parte de la civilización occidental vivió un proceso de reconstrucción dirigido por Estados Unidos para frenar el comunismo. Su resultado es la actual “Europa sin fronteras”, la unión monetaria y aduanera.

 

  Como resumen de estas versiones de Europa aquí enunciadas tenemos la actual Europa que cada día aparece en conversaciones y artículos periodísticos. La Unión Europea como unidad política es en realidad una Europa puramente virtual, una “Europa de papel” cuyo “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa” no puede ir más allá de lo firmado anteriormente en Maastrich o Niza: el artículo 80 del Tratado establece que cualquier Estado firmante puede retirarse del mismo cuando quiera. Pero ello no quiere decir que tal “Europa de papel” no tenga connotaciones políticas, las propias de una historia plagada de conflictos y rivalidades originada con el fin del Imperio Romano, como ya señalamos. Esta “Europa de papel” es realmente una plataforma desde la que imperios frustrados como Francia o Alemania intentan crear una suerte de dominio regional. Para España, cuya plataforma es la Hispanidad, Europa es simplemente un mercado económico donde vender sus productos, pero los acuerdos europeos comprometen su unidad, favoreciendo al nacionalismo secesionista, y debilitan su industria hasta haberla hecho desaparecer. Además, el español, lengua con pretensiones de universalidad, queda reducida en Europa a una más entre el checo, el italiano o el danés, aunque no precisamente para beneficio del alemán o el francés, sino del inglés que actualmente impera en todo el mundo.

ARGENTINA - URUGUAY: CUANDO LA OPINIÓN PÚBLICA ES UN PROBLEMA

ARGENTINA - URUGUAY: CUANDO LA OPINIÓN PÚBLICA ES UN PROBLEMA

Manuel MORA Y ARAÚJO

 

  Buscando una explicación racional de este hecho revestido de muchas pasiones y poca racionalidad, puede concluirse que el factor que ha impulsado el crecimiento del conflicto más allá del control de los gobernantes argentinos es la opinión pública.

 


  Desde el momento en que el gobierno uruguayo autorizó la instalación de dos plantas celulósicas para la fabricación de papel sobre la orilla oriental del río Uruguay y la provincia argentina de Entre Ríos objetó, el conflicto entre ambos países ha venido creciendo como una bola sin manija. Este es un caso de esas “little things that can make big differences”.

  El gobierno uruguayo alega que la tecnología que utilizarán esas plantas garantizan un impacto ambiental controlado, avalando su postura con un informe técnico del Banco Mundial. El gobierno de Entre Ríos -con el apoyo de organizaciones ambientalistas nacionales e internacionales- cuestiona la imparcialidad de ese informe. Hace algunas semanas el gobierno argentino decidió respaldar a la provincia de Entre Ríos; tal vez fue ese el momento fatal. El asunto comenzó a adquirir tintes mayores, y cuando el gobierno argentino intentó poner paños fríos, ya resultó tarde. Los paños fríos del presidente Kirchner consistieron en definir el entredicho como un tema estrictamente ambiental y anunciar que lo remitiría a la Corte de La Haya -aparentemente con la intención de ganar tiempo para una negociación gobierno a gobierno-. El gobierno uruguayo entendió que el remedio es peor que la enfermedad, y replicó amenazando con pedir la intervención del Mercosur -cuya integridad ya está seriamente amenazada por otros motivos-.

  El clima apasionado que envuelve la controversia y que agudiza el conflicto se alimenta diariamente por la actitud de protesta activa de grupos ciudadanos de las localidades argentinas aledañas al río Uruguay, donde las organizaciones cívicas utilizan una de las más conocidas herramientas argentinas para protestar: los cortes de rutas. Impiden el tránsito por los puentes que vinculan a los dos países a través del río, afectando tanto al movimiento de transportes de carga como al flujo de turistas al Uruguay.

 

  La escalada del conflicto ya ha comprometido la relación de la Argentina con Chile, debido a que camiones chilenos ven impedido el paso hacia el Brasil vía Uruguay. Desde luego, camiones de origen argentino y brasileño sufren el mismo efecto. El conflicto también ha comenzado a repercutir políticamente dentro de la Argentina: dirigentes políticos y líderes de opinión, y hasta algunos gobernadores del mismo partido del presidente Kirchner, piden al gobierno de Entre Ríos más sangre fría en el tratamiento del problema. Que la Argentina deteriore sus vínculos con el Uruguay, que la integridad del Mercosur se vea amenazada, que Chile se sienta unilateralmente afectado en sus intereses y que eventualmente Brasil termine manifestándose a favor del Uruguay -lo que todavía no ha ocurrido de manera oficial, pero es probable- parecen consecuencias excesivas en vistas de las dimensiones reales del problema.

 

  Buscando una explicación racional de este hecho revestido de muchas pasiones y poca racionalidad, puede concluirse que el factor que ha impulsado el crecimiento del conflicto más allá del control de los gobernantes argentinos es la opinión pública. No sólo en la provincia de Entre Ríos -lo que explica la predisposición de su gobernador, que el año próximo buscará la reelección- sino en toda la Argentina. El clima de la opinión pública en estos tiempos está muy teñido por la presunción de que toda iniciativa empresaria es en principio pasible de sospechas y de que cualquier acusación contra las empresas es a priori creíble aun antes de haber sido sustanciada en instancias apropiadas. La opinión pública está restringiendo fuertemente los espacios dentro de los cuales los gobernantes pueden moverse sin tomar altos riesgos políticos. Se la necesite y se le teme. Y cuando la opinión pública se expresa mediante los mismos recursos que los gobernantes han legitimado reiteradamente en otras ocasiones, resulta difícil descalificarla con argumentos diplomáticos, técnicos o simplemente prudentes.

LA RELACIÓN ORIENTE - OCCIDENTE EN FILOSOFÍA

LA RELACIÓN ORIENTE - OCCIDENTE EN FILOSOFÍA

Alberto BUELA

 

  Muchas veces nos han preguntado ¿qué relación existe entre la filosofía occidental y la oriental?; ¿es la filosofía o el pensamiento oriental superior al occidental?; ¿por qué ellos tienen santones o monjes y nosotros tenemos filósofos o profesores?; ¿cuál es el último fundamento de la diferencia entre ambas formas de pensar?. Éstas y otras muchas preguntas se realizan a diario en torno a la relación de los dos pensamientos.

 

  En general puede decirse que en Occidente se desconoce qué es lo que se piensa en Oriente y que en Oriente se ha simplificado mucho cuál sea el pensamiento de Occidente. Vayan pruebas al canto de un lado y de otro: hoy la cultura norteamericana reduce la cultura árabe en su conjunto a la categoría de terrorista y, por su parte, el mundo musulmán, que obviamente no abarca toda la cultura árabe, reduce Occidente a los Estados Unidos y algunos países de Europa.

  A este desconocimiento mutuo coadyuva el hecho cierto y verificable  de que aquellos occidentales que se lanzan a conocer el pensamiento de Oriente y todas su variadas ramas y escuelas (el Tao-Te- King de Lao-Tsé-700 a.C. para China; el budismo para la India; el sintoísmo japonés o el Zen; el sufismo para el amplísimo y variado mundo musulmán, el judaísmo talmúdico, etc.) se transforman ipso facto, no en estudiosos, sino en apologetas de aquello que se pusieron a estudiar como novedad. Es decir, pierden todo espíritu crítico sobre aquello que originalmente pretendían estudiar. Se produce así un desvirtuado y falaz acercamiento de Occidente a Oriente por vía de estos personajes, en su mayoría mediáticos, (los Beatles, Richard Gere, Madona, etc.) que adoptan la pose de quien todo lo sabe.

 

  Esta parodia del saber y conocer el pensamiento oriental ha hecho mucho daño porque ha venido ocultando desde hace más de medio siglo (en nuestro país la partida de nacimiento podría ser la fecha de encuentro entre Silvina Ocampo y Rabindranath Tagore -1861-1941- y termina con enamoramiento entre Fernando Sánchez Sorondo y Sai Baba, que tiene o tienen el récord de haberse tragado nueve penes en un solo acto “místico”). Como vemos esta relación con Oriente es muy poco seria y deja mucho que desear, sobre todo en nuestro medio.

  Recordemos, al pasar, que en el orden filosófico suramericano fue el liberal  Vicente Fatone, embajador en la India de la “revolución libertadora” que derrocara a Perón en el 55, quien más contactos acumuló, y otro tanto ocurrió con el trasandino Miguel Serrano, pero en el caso del chileno resultó ser un nazi convicto y confeso. Como vemos la relación con la India y sus pensadores dio tanto para un zurcido como para un fregado.

 

  Si elevamos un poco la puntería, y saliendo del plano local, podemos afirmar que el primer filósofo stricto sensu,  que se ocupó del pensamiento oriental en su versión hindú fue en el siglo XIX Arturo Schopenhauer (1788-1860): “Entre las cosas y nosotros se interpone un velo engañoso, el velo Maya del que habla la sabiduría india, a través del cual y casi por encantamiento, vemos las cosas como en sueño o como efecto de una ilusión óptica: apariencia vana y fugitiva”.
  Nuestra actividad regeneradora del mundo y de la vida (el querer vivir), que para Schopenhauer, es caótica, irracional y mala, halla su fundamento en el principio de la Noluntas: negación de la voluntad de vivir, no querer. Así el hombre siguiendo este principio debe convencerse íntimamente de la necesidad de la redención por el dolor. Y convencido también de la justicia del dolor como pena inevitable de esa culpa que es el querer vivir. Así Schopenhauer llega a la conclusión que sólo la aspiración a la Nada, la absorción del propio ser en la Nada es la Noluntas. (1)

  Qué cerca que llegó el Pesimista de Danzig al axioma capital del Buda relativo a que:  el sentido de la vida se halla en la extinción del yo y la supresión de la realidad tal como se nos da. El mundo es en sí malo y la existencia del hombre se reduce al sufrir.

 

  En cuanto a la noción de nada, no la entendió en sentido nihilista (ex nihilo, nihil fit : de la nada, nada sale) al modo occidental, sino vinculada a la idea de vacío, como ocurre con todo el pensamiento oriental sobre el tema del ser y la nada. Estamos tocando acá los últimos fundamentos de la diferencia en el pensar entre Oriente y Occidente. Las nociones de ser, nada, creación, persona son sustancialmente disímiles y su traducción se hace casi imposible.

  Vemos cómo para el mundo oriental la realidad, las cosas y el hombre, para existir verdaderamente se tienen que convertir en el símbolo de lo que son. La magistral técnica espiritual de Oriente para extinguir la realidad y el sufrimiento nos es (merced al connubio entre el yoga y el dinero) prácticamente desconocida, y poco y nada ha influido sobre Occidente cuyos pueblos son históricamente hablando partidarios de un heroísmo activo que busca transformar el mundo y dominar la naturaleza.

 

  Una segunda aproximación seria y responsable entre el pensamiento oriental y el occidental es la que realiza entre miembros de la llamada Escuela de Kioto y el filósofo Martín Heidegger. En el año 1921 concurre a Friburgo a participar de un seminario Hajime Tanabe, uno de los pensadores más significativos del Japón, quien expuso invitado por E.Husserl en la época titular de la cátedra, sobre la filosofía Nishida. A él siguieron, pasando los años, el barón Kuki, (el traductor de Ser y Tiempo al japonés), Keiji Nishitani, Tomio Tezuka, Tsuhimura, H. Hisamatsu y Daisetz Teitaro Suzuki.

  De este largo diálogo que duró desde 1921 hasta la muerte de Heidegger en 1976, se puede concluir que el filósofo de Friburgo es el más comprendido de los filósofos occidentales en Oriente. Que la idea del ser como aquello que hace ser al ente, corazón de la metafísica occidental, es traducida por el pensamiento (en este caso japonés) por la idea de vacío. Que es el nombre eminente del ser para ellos.
Heidegger en sus últimos años declaró que no tenía idea de qué era lo que encontraban sus amigos japoneses en su filosofía y no creía que su pensamiento fuera comprendido acabadamente en el ámbito oriental, pues le resultaba difícil creer a ciegas que sus ideas tuvieran el mismo significado en una lengua tan ajena a Occidente.

  La profundidad y consistencia de este razonamiento en el atardecer de la vida del más significativo filósofo de Occidente del siglo XX, nos obvia todo comentario. Dejemos que el lector saque sus propias conclusiones.

 

 (1) .- Cfr.: Schopenhauer, Arturo: El mundo como voluntad y representación.

DOS AÑOS DE ZP: UN BALANCE TIRANDO A DESASTROSO

DOS AÑOS DE ZP: UN BALANCE TIRANDO A DESASTROSO

Eulogio LÓPEZ

 

  Atengámonos a los hechos, que es frase de moda, aunque en tiempos de saturación informativa tal parece que las ideas están más claras que los mismos hechos. En dos años de Gobierno, Rodríguez Zapatero se ha apuntado los siguientes logros:

 

  1. Las dos españas. Radicalización de España, entre una semiderecha y una semizquierda más enfrentadas e irreconciliables que nunca. No habrá guerra civil porque la gente es mucho más cómoda y vive mejor que en 1936, pero el alineamiento creo que supera la de la II República. Si el PP crispó la sociedad, el PSOE simplemente la mantiene en enfrentamiento abierto. Mr. Bean se ha convertido en un especialista en despertar los fantasmas dormidos, naturalmente en nombre del diálogo y el talante (por detrás y por delante).

  Es más, ZP ha introducido entre odio civil un elemento que ya parecía olvidado: el ansia de venganza. De pronto, centenares de personas han descubierto que su bisabuelo fue fusilado en la guerra civil, o que a su bisabuela la mataron los milicianos del portal de al lado. Son los mismos que han descubierto que sería un olvido y una injusticia imperdonable no llevar ante la justicia, al menos ante la justicia de la historia, a los susodichos, y una cobardía no mantener el resentimiento hacia el tataranieto del tatarabuelo contumaz, facha o rojo. España se ha especializado en la arqueología y espeleología ideológica, es decir, en desenterrar tumbas.

 

  2. Una sociedad disgregada. El divorcio express ha acentuado el mayor mal social, político y económico, de las sociedades actuales: la disgregación de la familia, esa célula de resistencia a la opresión, la única institución donde a la gente no se la valora por lo que aporta, sino por lo que es. Al debilitar a la familia ZP ha creado la familia sin compromiso, es decir, hijos sin padres, la fábrica de minusválidos anímicos más grave que se recuerda.

 

  3. Mr. Bean lanzó la Ley contra la Violencia de género, con lo que consiguió otro logro de grandes proporciones: que la guerra de sexos, el enfrentamiento más estúpido de todos los conflictos actuales, se recrudeciera y se acentuara la política de la queja del feminismo. Toda la ley se basa en la esplendorosa mentira de que siempre es el varón el que violenta la mujer, cuando psicológicamente suele ocurrir lo contrario. Naturalmente no ha conseguido otra cosa que potenciar la violencia, tanto física como psíquica por parte de ambos sexos, además de instaurar la prevaricación permanente en juzgados de violencia y en juzgados de familia, verdaderas metástasis del Estado de Derecho.

  La combinación de la ley –o reforma legal- del divorcio express o matrimonio sin compromiso, con la ley de violencia de género es verdaderamente explosiva. A día de hoy, lo primero que hace cualquier esposa –convenientemente asesorada por su abogado- para exprimir a su ex, dejarle sin ver a los hijos y vaciarle la cuenta corriente, es amenazar –la amenaza basta- con alegar violencia de género. Es sabido que cuando a un varón le acusan de violencia de género sus abogados le aconsejan declararse culpable, aunque no lo sea, para reducir la pena.

 

  4. Con el matrimonio gay ha proporcionado el golpe de gracia a la familia. Lo malo no es el matrimonio gay –eso sólo es una estupidez de primer grado- sino el orgullo gay, potenciado por medidas como el mencionado homomonio. Antes, aquel que percibía tendencias homo trataba de reprimirlas; ahora, con tantos altavoces que le aseguran que es estupendo, se enorgullece de ellas y acaba en el infierno de practicarlas y sufrirlas.

  Otro de los logros de Zapatero es la Ley de Igualdad, auspiciada por los lobbies de fabricantes de mamparas y despachos trasparentes. Ya ningún varón se quiere arriesgar a que le acusen de acoso sexual, razón por la cual se están generalizando los despachos trasparentes y las mamparización de las empresas. Por supuesto, la mujer nunca acosa, según el zapaterismo.

  Al mismo tiempo, la ley faculta a sindicatos y ONG para actuar como sujetos de denuncia laboral por discriminación hacia la mujer en el ámbito laboral. Se van a hinchar porque, no se sabe muy bien por qué, el 50% de las mujeres se sienten discriminadas por razón de sexo, y el 99% consideran que ellas valen mucho más de lo que les pagan y de la función que ocupan.

 

  5. Fuerte con el débil y débil con el fuerte. La ley de reproducción asistida ha situado a España a la cabeza del progresismo mundial. Es una ley verdaderamente nazi, más que nazi, dado que en los años 30 y 40 no disponíamos de la tecnología homicida de la que ahora disponemos. Todos los medios para masacrar embriones humanos han sido puestos a disposición de investigadores sin escrúpulos, arquetipo Bernat Soria. Es la ley, en todo Occidente, que exhibe un mayor odio hacia la persona humana.

 

  6. Ataques a la libertad religiosa. Aunque por conducto interpuesto. Mientras la polémica, exagerada, sobre las viñetas, generaba honda preocupación en Moncloa, y Zapatero se apresuraba a recibir a los líderes islámicos, en el Círculo Bellas Artes –sucursal de PRISA, pagada por el PP- y desde la TV y los teatros se insulta a la Iglesia Católica y se blasfema una y otra vez contra la convicción mayoritaria de los españoles, sin que Mr. Bean diga una sola palabra.

 

  7. Niños educados en el ateísmo. Lo de menos es la financiación educativa. Lo de más es el empeño en criar chavales sin ninguna referencia trascendente. Si en algo ha puesto empeño el Gobierno ZP es en la asignatura Educación para la ciudadanía, y en alejar la religión, no de la escuela pública, que ya está bastante alejada, sino de los centros regidos por religiosos.

 

  8. Libertad de prensa. El nuevo reparto de canales de TV digital ha servido para fortalecer al oligopolio de editores. Todos ellos han recibido su premio, especialmente Polanco, y, además, se ha conseguido introducir un solo elemento más al banquete del poder informativo, el más importante de todos: La Sexta, el canal más socialista de todos.

  Lo único que se les escapa es Internet, y desde Moncloa se ha lanzado una gran campaña de desprestigio contra los medios digitales independientes.

 

  9. España no pinta nada en el mundo. La sustitución de la alianza con Estados Unidos por el eje franco-alemán se ha saldado con un rotundo fracaso: ahora son Francia y Alemania los que se vuelven hacia Washington. En Hispanoamérica, hemos apoyado a los regímenes que caminan hacia la dictadura o dictablanda, como Venezuela.

  Simplemente, en la esfera internacional estamos en la marginación. También en Iberoamérica.

  La Alianza de Civilizaciones y sus cesiones ante una religión tan agresiva –y que tanto odia a España- como el Islam, se están convirtiendo en uno de los grandes riesgos que asume nuestro país. En Ceuta y Melilla saben mucho de eso. Pero Mr Bean es muy insensato. Cuando la mayoría le dice que se equivoca, aplica la regla atávica: ¿No quieres caldo? Toma dos tazas.

 

  10. El fin justifica los medios. Se ha roto la solidaridad entre las regiones españolas. El anticatalanismo resulta cada vez más preocupante. Pero más grave resulta que se haya roto la idea de justicia y se haya trocado en mero posibilismo : conseguir el fin de ETA a cualquier precio y ofrecer a los nacionalismos cualquier logro con tal de que colaboren en el aislamiento de la derecha, tarea ésta última, que se está logrando con gran éxito.

 

  11. Reducción de las libertades individuales en nombre de la salud. El aborregamiento de los españoles ha atravesado su Rubicón con la nueva ley antitabaco de la ministra Salgado, a la que no se ha valorado convenientemente. Los atentados contra la libertad del zapaterismo siempre se hacen en nombre de la salud de los ciudadanos, sean las manipulaciones genéticas o el tabaco. El proceso no ha hecho más que empezar. A continuación llegan el alcohol y la obesidad.

 

  En el plano positivo, Zapatero ha conseguido éxitos en:

 

  1. La lucha policial -ojo, policial- contra el terrorismo etarra, una lucha que puede verse afeada por su posición política verdaderamente suicida frente a ETA.

 

  2. En la política migratoria –aun a costa de crear más inmigración ilegal. Mucho más abierta que la del PP.

 

  Luces y sombras en:

 

  1. En la política macroeconómica, especialmente positiva en el control del déficit. Su mejor media, sin duda, la de subir el salario mínimo. Eso sí, su política empresarial es un desastre, que amenaza con terminar con el mapa industrial español.

 

  2. La vivienda sigue siendo un desastre, y mantiene las mismas posiciones capitalistas de siempre, con una especulación que no cesa.

 

  No, el balance no es bueno. Más bien suena a desastre.

¿A QUIÉN BENEFICIA?

¿A QUIÉN BENEFICIA?

Eduardo ARROYO

 

  Cuando los traidores objetivos que promovieron en todo el mundo la guerra de Irak estaban en el apogeo de su propaganda, los auténticos conservadores americanos advirtieron de todo lo que ha sucedido después.

  Avisaron de que, pese a que Sadam era un personaje reprobable, era una guerra innecesaria que radicalizaría al islam, aumentaría el terror en todo el mundo y colocaría al principal valedor de Occidente en una situación de compromiso, en medio de una población que, lejos de anhelar la democracia, les odia cada vez más. Para colmo, los "liberados" han acabado votando un gobierno proiraní y antioccidental. El asunto de la democratización de Oriente Próximo, se dijo entonces, era una absurda utopía.

  Hoy desgraciadamente ya se sabe que es así, de manera que los principales valedores de gobiernos integristas islámicos son, paradójicamente, los EE.UU.

 

  ¿Es ahora diferente con Irán? Mohamed El Baradei ha dicho a Newsweek que actualmente no hay un "peligro claro" y Con Coughlin, el experto del Daily Telegraph en seguridad militar admite que a Irán le faltan entre 3 y 8 años para fabricar su primera bomba. Frente a esto Israel tiene 200 cabezas nucleares y los EE.UU. miles.

  ¿Cuáles serian entonces los costos de una acción militar? Los EE.UU. pueden destruir los nichos nucleares iraníes en 48 horas con misiles Cruise y bombas inteligentes. Pero Irán tendría tiempo de disparar sus misiles Sahab contra Israel y las tropas americanas y contra pipelines petrolíferos. Se detendrían las exportaciones de crudo iraní y el barril de petróleo alcanzaría 150 euros. El número de terroristas suicidas en un Occidente minado por la balcanización multiétnica podría multiplicarse por cuatro y la supuesta solidaridad prooccidental de países como Turquía se vería muy seriamente cuestionada. Dos balas certeras a Musarraf y a Karzai pondrían a Pakistán y a Afganistán en pie de guerra, con las tropas americanas esperando un nuevo Little Big Horn. Una recesion mundial, de consecuencias imprevistas, seria una posibilidad muy real.

  ¿A quién beneficiaría esto? ¿Merece la pena cuando los EE.UU. y sus aliados han negociado y diseñado políticas diplomáticas con Mao, Stalin –su viejo aliado- Castro, Breznev o Andropov? ¿La administración Bush o, en España, El Instituto Elcano, el diario ABC, o FAES, por citar algunos miembros del Partido de la Guerra, buscan sinceramente defender los intereses occidentales? El peligro islámico es muy otro: el PIB de los 22 países islámicos no suma el de España. El Islam no es para nosotros un peligro estratégico sino un peligro demográfico que avanza en nuestras ciudades y busca imponer sus creencias a una población ideológica y moralmente desarmada por gobiernos de izquierda y de derecha. En estas condiciones, Occidente lo último que necesita es una guerra con Irán, a menos que nos ataque, porque el verdadero enemigo está dentro.