Blogia

Bitácora PI

LA FILOSOFÍA COMO RUPTURA CON LA OPINIÓN, O EL EJERCICIO DEL DISENSO

LA FILOSOFÍA COMO RUPTURA CON LA OPINIÓN, O EL EJERCICIO DEL DISENSO

Alberto BUELA

                                                                                            

   Aun cuando desde los presocráticos se viene sosteniendo la escisión entre filosofía y opinión por aquello de  Heráclito de Éfeso cuando afirmaba que “El vulgo como los asnos prefiere la paja al oro”, es ciertamente Platón quien  plantea en forma específica el tema de la filosofía como ruptura con la opinión. Para el hombre de espaldas anchas la contraposición entre doxa y episteme; doxa y sophia es total, el ejemplo clásico es la alegoría de la línea en la República.
 
   En general puede decirse que esta caracterización de la filosofía ha sido adoptada por los verdaderos filósofos que en el mundo ha habido, desde Platón hasta Ciorán. Por el contrario los profesores, los que viven de la filosofía han sido siempre propensos a pensarla como justificación de lo que se hace y piensa en ese momento. La filosofía de la universidad o de la academia hoy, para poner por caso J. Habermas,  es coincidente con la opinión publicada. Para ellos pensar es consensuar, para los genuinos filósofos,  pensar es disentir.

   El disenso es lo que permite crear teoría crítica, tanto en ciencias sociales como en filosofía. Y hoy, la mediocridad de ambas disciplinas radica en esta incapacidad de pensar críticamente. O lo que es lo mismo, explica la vigencia de un pensamiento único.

 

   Así el pensamiento consensual por boca de los gurús de turno nos dice que la crisis de representatividad política radica en la corrupción de los políticos. Y así propone múltiples mecanismos para purificarlos: eliminación de las listas sábanas, no repetición de los mandatos, declaraciones juradas de bienes, etc.,  mecanismos que no son de suyo malos, pero que no llegan al meollo profundo del problema, pues son pensados desde un pensamiento no- crítico, desde el pensamiento conformista.
 Por el contrario pensar desde el disenso implica caracterizar la crisis de representatividad política no como una falla de los medios para hacerla, lo cual no es falso pero no es suficiente para especificarla, sino por que lo que está en juego es la anulación de la política dado que ha cesado el principio de soberanía de las naciones.

   La sola mención del principio de soberanía transforma cualquier pensamiento en políticamente incorrecto. Pues el concepto de soberanía es considerado por la opinión publicada pasado de moda, inactual, no vigente. 
   Propongamos otro tema: el del imperialismo, para que se pueda apreciar aún más las diferencias. Para el pensamiento único, en su versión socialista, el imperialismo es la madre de todos los males y se ubica en Wall Street, y en su versión liberal no existe. Sólo existen empresas exitosas.
   Por el contrario, para el pensamiento no conformista el  imperialismo no está localizado en un lugar sino que se maneja en un espacio abierto de flujos de capitales sin codificar y desterritorializado. El verdadero poder está ejercido por los poderes indirectos o indeterminados que bloquean ciertos canales y facilitan otros, ejerciendo el gobierno por condicionamiento de respuestas y no directamente.
 
   Como puede apreciarse, en un caso se continúa caracterizando al imperialismo con las categorías socialistas del siglo XIX y en el otro, se lo describe más bien como imperio de la especulación dineraria o república usurocrática mundial, al decir de Ezra Pound. ¿Se aprecia la diferencia de caracterización de las nociones de crisis política e imperialismo para el pensamiento consensual y para el disidente? Bueno, esto mismo pasa en todos los ámbitos y planteos.

 

   Hace ya muchos años un filósofo alemán, Nicolai Hartmann, daba algunos simples consejos para constituir un buen pensamiento crítico. “El fenómeno, dato primario de la realidad, formula espontáneamente una interrogación; el problema resulta suscitado por la conciencia del sujeto en virtud de esa interrogación; la teoría es la respuesta que da el hombre a la pregunta por el fenómeno(1).Así, primero había que describir sin  preconceptos el fenómeno, esto es ir a las cosas mismas. No llegar a la realidad a través de la opinión o una idea preconcebida. Esto que hoy se llama ideologizar. En segundo lugar poner a la vista todos los problemas que esa realidad nos plantea, dejando para el final la elaboración de la teoría crítica que  los explique y resuelva. Si se resuelven hay un desarrollo del saber, de lo contrario, quedan como problemas abiertos que son los que muestran la existencia de un algo inaccesible en el fondo del ser.

   Es interesante notar que el pensamiento consensual  al no ser crítico, aunque piense que lo es, adopta  la vanguardia como método, la ciquiricata de los suyos como expresión y el silencio para los que no piensan de igual manera. El pensamiento disidente debe hacer un doble esfuerzo, primero poder ser aceptado como pensamiento por la opinión publicada que como hemos dicho forma parte del pensamiento consensual y, en segundo lugar, elaborar teoría crítica y no simplemente  teoría de demonización como hace el pensamiento conformista.

   ¿Qué filósofo europeo o yankee lee a Nimio de Anquín o a Jorge  Voglio? Ninguno. Porque sus nombres carecen de sentido para ellos, dado que sus centros de producción de sentido de  las cosas, acciones y  pensamientos no los consideran filósofos. Y eso que, el primero hizo escuela y el segundo llegó a vicepresidente de su país.

   Ante esta realidad es dable rescatar la función moral del disenso que consiste aquí en expresar la opinión de los menos, de los diferentes ante el discurso homogeneizador de la ética discursiva o comunicativa que sólo otorga valor moral al consenso. Pues este pensamiento consensual – discursivo e ilustrado - viene en tanto que discursivo  como un nuevo nominalismo a zanjar las diferencias con palabras y no a través de la preferencia o postergación de valores, como lo hace el disenso. Y en tanto que ilustrado, sólo permite la crítica de aquellos pensamientos, los llamados políticamente no correctos, o situaciones sociales que no encarnen los ideales ilustrados de igualdad y democracia(2). Así, la crítica nunca va dirigida a los modelos socialdemócratas sino a los que decididamente no lo son, como en Iberoamérica, Castro o Chávez.

 

   Pensar, y sobre todo pensar desde América, es disentir. Disentir ante el pensamiento único y políticamente correcto, pero disentir también ante la normalidad filosófica impuesta por el pensamiento europeo.

   El esplendor del mundo, el sentido prístino de mundus  es el de nítido o limpio, consiste en la diversidad étnica y cultural que lo constituye como un pluriverso y no como un simple universo como pretendió el pensamiento ilustrado. Este pluralismo cultural no debe ser entendido como un multiculturalismo en tanto relativismo cultural que conduce simultáneamente a la exclusión de otras culturas, sino que el pluralismo debe ser entendido como un interculturalismo donde cada identidad se piensa entre otras pero a partir de su diferencia. 
   El multiculturalismo se dirige a la defensa y preservación de la identidad cultural limitando los intercambios, porque su presupuesto filosófico es el democratismo cultural que acepta que todas la culturas valen por igual. Es en el tema la última expresión del pensamiento moderno: el totalitarismo relativista de la decadente antropología occidental.

   El interculturalismo viene a sostener que las identidades culturales se constituyen viviendo con y entre otras, pero esta convivencia se hace a partir del respeto a la diferencia específica de cada una de ellas. El mundo no es una mezcolanza. Su presupuesto filosófico es que las culturas valen distinto, en tanto que producen significaciones de mayor o menor valor universal. Esto no quiere decir que se pueda establecer una toponimia geométrica de cada cultura, sino simplemente que las diversas ecúmenes culturales ante idénticos fenómenos producen expresiones de mayor jerarquía y superioridad unas respecto de otras.  
 
   Esta posición, enraizada en el disenso, es la que permite la quiebra del relativismo cultural contemporáneo.


1. - Hartmann, Nicolai: Metafísica del conocimiento, Buenos Aires, Ed.Losada, volumen I, 1957, pág.174.-
2.
- Cfr.Buela, Alberto: Ensayos de Disenso, prólogo de A.Wagner de Reyna, Barcelona, Ed.Nueva República, 1999, pág.84.

ISRAEL ATACARÁ A IRÁN

ISRAEL ATACARÁ A IRÁN

Adrián SALBUCHI

 

   Los antecedentes que nos motivan a aseverar esto son múltiples y están íntimamente ligados a la propia historia del Estado de Israel de cuya fundación en 1948 se acaban de cumplir 58 años, y a la enorme influencia detentada por organizaciones favorables al sionismo internacional en todo el mundo.  Esta influencia es notablemente poderosa dentro de los Estados Unidos de Norteamérica que hoy es la nación cuyo poderío bélico y económico le permite jugar el rol de “árbitro de última instancia” en buena parte del planeta y, desde luego, en el Medio Oriente.

 

   La influencia de organizaciones e intereses del sionismo internacional también hacen sentir su poderosa ingerencia en nuestra región en general y, muy especialmente, en la Argentina que sufrió los ataques terroristas contra la Embajada de Israel en marzo 1992 y la sede de la AMIA/DAIA en julio 1994.  Organizaciones políticas, estatales, de inteligencia, económicas y mediáticas de Israel y Estados Unidos, en connivencia con funcionarios del gobierno argentino e intereses de diversa índole en nuestro país, han aprovechado ambos actos criminales para favorecer sus intereses geoestratégicos en la región y en el mundo, en detrimento del Interés Nacional argentino.  Incluso, en el caso AMIA, vienen tratando desde hace casi una docena de años – sin éxito aún – de inventar una supuesta “pista iraní”, obviamente inexistente, que ha involucrado al Mossad israelí, a la Embajada de Estados Unidos, a los gobiernos locales desde Menem a Kirchner, a poderosos Lobbies [1] sionistas locales e internacionales y a los multimedios adictos al Sistema.  Quizás el símbolo más bochornoso de esto es el caso del destituido juez Galeano quien llegó al extremo inmoral de coimear a un preso pagándole US$ 400.000 de fondos pro-sionistas para inculpar a supuestas conexiones locales y, de esta manera, ayudar a armar una falsa pista local que terminara inculpando a Irán, Siria y Hezbollah por los atentados.

 

El Lobby Sionista Mundial

 

   No debe sorprendernos en absoluto que poderosas organizaciones sionistas hayan logrado intervenir de manera descarada en los asuntos internos de la República Argentina, pues no sólo tienen el poder de torcer políticas de Estado en nuestro país sino - lo que es mucho más dramático - logran hacerlo en los propios Estados Unidos de Norte América. 

   En agosto de 2005, el autor del presente artículo publicó un libro titulado “Bienvenidos a la jungla: dominio y supervivencia en el Nuevo Orden Mundial[2] en el cual se aborda la problemática del Imperio anglo-estadounidense-israelí y la problemática del sionismo y su influencia mundial en general, y sobre la Argentina, en particular. A su vez, hemos ampliado este tema en dos artículos aparecidos en El Traductor Gráfico titulados “La falsificación de la historia como instrumento de dominio” (No. 36 de fecha 6 de marzo de 2006) y “La Democracia…ha muerto” (No. 37 de fecha 19 de marzo de 2006), ambos disponibles en www.eltraductorradial.com.ar.  Referimos al lector a este material como complemento a lo expuesto en el presente artículo.

 

Una perspectiva más equilibrada

 

   Hoy se agudiza la crisis en torno a Irán, supuestamente debido a su plan nuclear, por lo que se torna fundamental lograr una visión más objetiva de este tema, sin las groseras estridencias, griterío e insultos propalados por quienes desde los ámbitos público y privado defienden causas indefendibles.

   Destacamos algunas consideraciones que permitirán comprender mejor lo que realmente está ocurriendo:

El Programa Nuclear Iraní

  • Este Programa no debiera ser – y, como veremos, no lo es - el tema central que preocupa a Estados Unidos y a sus aliados, por cuanto Irán es una nación tradicionalmente pacífica hacia otros Estados y no representa ninguna amenaza a los EEUU.  En tiempos modernos, mientras que Irán no agredió a ninguna otra nación sin embargo en varias ocasiones fueron las “democracias” como Estados Unidos, Gran Bretaña y las potencias europeas las que invadieron y agredieron a Irán.  A modo de ejemplo, recordemos que durante la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña y su entonces aliada la Unión Soviética invadieron juntas a Irán (entonces llamada Persia), el 26 de agosto de 1941, para garantizarse el acceso a su petróleo que les resultaba fundamental en la guerra que ambas libraban contra la Alemania nacionalsocialista.
  • Luego, tras la Segunda Guerra Mundial, los servicios secretos de Gran Bretaña (MI5) y de los Estados Unidos (CIA) orquestaron un golpe de Estado que en agosto de 1953 desplazó al democráticamente elegido premier iraní Mohammad Mossadeq por haber nacionalizado el petróleo, instaurando en su lugar al Shah Reza Pahlevi, persona totalmente subsirviente a los intereses occidentales.  Tras la revolución de los Ayatollahs en 1979 que desplazó al Reza Pahlevi, la geopolítica anglo-estadounidense-israelí maniobró para que Irak invadiese Irán en 1981 iniciando así una larga y sangrienta guerra entre ambas naciones que duraría casi ocho años, y en la que Estados Unidos apoyó militarmente al iraquí Saddam Hussein en contra de los Ayatollahs iraníes (eran las épocas en que Saddam era el “bueno” de la película). Claramente, Irán ha sido  victima y no victimaria en los conflictos mundiales contemporáneos, situación exactamente inversa en los casos de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel.  Que su actual gobierno haya tenido durísimas expresiones respecto de Israel no hace más que reflejar su voluntad de hacer frente a la prepotencia israelí dentro del marco de lo que se describe en este artículo.

 

Las armas nucleares de Israel

 

  • En la actualidad, el Estado de Israel viene declamando que “el mundo” no debe tolerar el plan nuclear iraní, sabiendo bien que “el mundo” en estos asuntos se refiere no a los pueblos y gobiernos del planeta, sino al enorme poder decisorio concentrado en Washington DC.  La propia Israel ya en 1981 bombardeó la central nuclear iraquí ubicada en Osirak (Irak), por supuesto sin que las Naciones Unidas pudiera hacer absolutamente nada al respecto fuera de “deplorar” ese flagrante e ilegal ataque contra la soberanía de Irak.  Israel bien sabe que sus acciones son siempre inimputables en todos los máximos foros mundiales gracias, precisamente, al apoyo irrestricto de Estados Unidos.  No habría de sorprender, entonces, que Israel decida tomar la “iniciativa” para “resolver” en forma unilateral el “problema de Irán”, lanzando algún ataque sorpresa quirúrgico contra las siete principales instalaciones nucleares iraníes, hoy perfectamente identificadas por los servicios secretos de Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña.
  • Algunas de éstas instalaciones conforman blancos muy difíciles de destruir por tratarse de profundos complejos subterráneos, de ahí que Israel haya recibido hace ya cuatro años casi mil bombas “bunker-busters” (destructoras de bunkers) en forma gratuita de manos de los Estados Unidos que son aptas, precisamente, para este tipo de ataque.  Ellas permitirían a Israel lanzar un ataque sorpresa con armas convencionales “bunker busters”, sabiendo que le queda la opción de lanzar un ataque nuclear con las casi 300 bombas atómicas que Estados Unidos le cediera a Israel tras la Guerra de los Seis Días de 1967. Parece perderse de vista sistemáticamente en los multimedios monopólicos mundiales el hecho de que el único Estado que tiene armas de destrucción masiva en el Medio Oriente y que ha manifestado de manera altamente creíble su voluntad de utilizarlas es, precisamente, el Estado de Israel.
  • En verdad, lo que tiene a Israel preocupada es la voluntad política iraní avalada por su enorme prestigio cultural en el mundo musulmán, de no permitir que el sionismo israelí utilice su fuerza militar para forjar el milenario sueño bíblico de reconstruir el Eretz Israel: el imperio sionista que habría de abarcar desde el Nilo hasta el Eúfrates.  De ahí su necesidad prioritaria de aniquilar a Irán.
  • Estados Unidos, a su vez, no solo necesita del petróleo de toda la región, sino que se halla inmensamente preocupado por la inauguración de la “Bolsa de Petróleo Iraní” que entraría en directa competencia mundial con los tres principales mercados que hoy monopolizan las operaciones de compra y venta del petróleo, con sedes en Nueva York, Londres y Dubai.  La particularidad a destacar es que esos tres mercados operan casi exclusivamente en dólares estadounidenses, mientras que la Bolsa iraní lo hará en Euros, Yuans, Rublos y otras monedas, menos el dólar. Es así que si esa Bolsa del Petróleo iraní logra imponerse en los mercados mundiales del petróleo, hará que los billones de petrodólares que hoy circulan por circuitos financieros alejados de Estados Unidos y sus intereses, tiendan a fluir hacia los mismos en forma rápida y descontrolada.  Ese flujo masivo de dólares hacia Estados Unidos resultaría en algo que los argentinos conocemos demasiado bien: un exceso de moneda ocasionará inflación y, si se descontrola, también una potencial hiperinflación del dólar estadounidense [3].

 

Israel ataca a Irán

 

  • Dentro de este marco, puede entonces preverse un escenario de guerra en el cual Israel lance un ataque sorpresa contra Irán destruyendo algunas o todas sus instalaciones nucleares, lo que tendrá como respuesta inmediata un seguro y duro ataque iraní contra Israel.  Ello conducirá inmediatamente a una intensificación de la guerra, obligando a Estados Unidos a intervenir en defensa de su aliado israelí.
  • Pero Irán no es Irak, y seguramente esa intensificación de las acciones bélicas conducirá por caminos difícilmente previsibles y que incluirán el casi seguro uso de armas nucleares israelíes o norteamericanas con resultados y derivaciones imprevisibles para Medio Oriente, Europa y los propios Estados Unidos.  Recordemos que Irán mantiene muy estrechas relaciones estratégicas y comerciales con Rusia y China que, contrariamente a lo ocurrido con la invasión de Irak en marzo 2003, esta vez serían serán jugadores activos e importantes.
  • Hoy prevemos un ataque israelí a Irán como detonante de una nueva y catastrófica crisis en Medio Oriente, por cuanto el gobierno de George W. Bush actualmente no tiene el  apoyo político y popular necesario para tomar esa iniciativa.  Sí, en cambio, tendría el apoyo político y popular para intervenir militarmente “en defensa de su principal aliado en Medio Oriente, el Estado de Israel”, una vez que éste haya iniciado la guerra.
  • Tan probable resulta este escenario futuro, que resulta notable constatar cómo algunos de los máximos analistas políticos en los Estados Unidos hoy están alertando sobre los orígenes de esta peligrosísima situación en la que se ha colocado Estados Unidos en el Medio Oriente y ante el mundo.
  • Por ejemplo, el ex-Asesor de Seguridad Nacional del presidente James Carter e ideólogo y co-fundador de la Trilateral Commission, Zbigniew Brzezinski, acaba de manifestar que sería una verdadera locura que su país agrediera a Irán.  “En síntesis”, dice Brzezinski, “un ataque contra Irán sería un acto de locura política, que pondría en marcha una conmoción progresiva de los asuntos mundiales. Con EE.UU. como blanco creciente de la hostilidad generalizada, la era del predominio  norteamericano podría tener un fin prematuro”.  Luego agrega diciendo que “a pesar de que EE.UU. es claramente el actor predominante en el mundo actual, no cuenta ni con el poder ni con la inclinación interna como para imponerse y mantener su voluntad a la luz de una resistencia costosa y prolongada. Esta es la lección que aprendió con sus experiencias en Vietnam e Irak”.  Concluye Brzesinski diciendo que “Tratar a Irán con respeto y dentro de una perspectiva histórica contribuiría al avance de ese objetivo. La política norteamericana no debiera verse afectada por el actual clima de urgencia que recuerda de forma ominosa al que precedió a la equivocada intervención en Irak”. [4]

 

El fondo de la cuestión

 

  • Precisamente, este “actual clima de urgencia” también preocupó a dos prestigiosos académicos estadounidenses John J. Mearsheimer del Depto. de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago y Stephen M. Walt, Decano de la Facultad John F. Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, quienes publicaron un ensayo muy importante titulado “El lobby israelí y la política exterior de los Estados Unidos”, el pasado mes de marzo[6]. En el mismo, los autores demuestran la influencia determinante, excesiva y peligrosa para el interés nacional estadounidense que detentan organizaciones, lobbies y grupos de presión que tienen los intereses del sionismo internacional como objetivo principal por encima de los de Estados Unidos.
  • Notablemente, destacan la enorme influencia del American Israeli Political Action Committee (AIPAC – o sea, Comité de Acción Política Estadounidense-Israelí), señalando su enorme capacidad para mover influencias económico-.financieras, mediáticas, políticas y dentro del propio gobierno, no titubeando en señalar el verdadero miedo que AIPAC impone a legisladores, periodistas y militares que no se subordinan.  Éstos usualmente terminan optando por el silencio antes de atraerse las iras de estas fuerzas favorables al sionismo internacional que “pueden terminar con sus carreras profesionales” según lo describen los autores.  En su importantísimo trabajo, los autores demuestran con copiosas referencias, notas y tomando fuentes inapelables, la gran peligrosidad que representa para Estados Unidos y el mundo el hecho de que la mayor potencia nuclear del planeta (Estados Unidos) parece estar dirigida por funcionarios e intereses que priorizan las necesidades de un tercer Estado extranjero (Israel).
  • En “Bienvenidos a la jungla…” y otros escritos, he descripto este fenómeno sin precedentes – al menos por la manera desembozada en que se lo lleva a cabo - como un verdadero secuestro del Estado norteamericano por fuerzas que priorizan los intereses del sionismo internacional y su Estado político, Israel.  Las consecuencias para el mundo, el Medio Oriente y también para nuestra región y país están hoy a la vista.
  • El informe impecable de Mearsheimer y Walt ha causado gran revuelo en los Estados Unidos y sólo puede congratularse el gran coraje intelectual y cívico de ambos autores al haber publicado su informe en el marco prestigioso de la Faculty Research Working Papers Series de la John F Kennedy School of Government, Harvard University, en momentos en que el gobierno de su país estaría por dejarse arrastrar a una aventura bélica en Irán por el sionismo internacional, la que probablemente devenga en una guerra nuclear.  Mearsheimer y Walt le están haciendo un enorme servicio al interés nacional de su país. Como era previsible, las iras del sionismo no se hicieron esperar y Mearsheimer y Walt recibieron críticas despiadadas de algunos de los más conspicuos defensores del sionismo. Incluso el intelectual trozkyista Noam Chomsky, usualmente crítico respecto de las apetencias imperialistas de los neoconservadores en Estados Unidos, no pudo con su genio y también criticó este informe diciendo que el lobby israelí no es el culpable de los desastres de la política exterior norteamericana, sino mas bien son los intereses petroleros los grandes culpables, cosa que Mearsheimer y Walt demuestran de manera convincente que decididamente no es el caso.

 

  Hace pocos días el London Review of Books publicó un nuevo y breve artículo de Mearsheimer y Walt en el que contestan algunas de las críticas que recibieron a su ensayo, que creemos muy ilustrativo y cuya traducción ofrecemos como Anexo al presente artículo.

   Claramente, se están jugando cartas muy fuertes en estos momentos que no solo hacen al futuro de Medio Oriente sino al de la paz en el mundo entero. Quien lance una bomba nuclear en el marco de los conflictos en Medio Oriente habrá abierto las puertas de un infierno que disparará una probable cuarta guerra mundial. 

   El Evangelio nos enseña que lo importante no es tanto lo que se dice y declama, sino lo que se hace.  “Por los frutos los conoceréis” nos recuerda el Evangelista, y esos frutos nos dicen a las claras cuáles naciones han sido invasoras y avasalladoras sistemáticas de otros pueblos, como trágicamente lo pueden testimoniar los pueblos mártires de Palestina, Irak y Afganistán. 

   Y si realmente queremos saber algo acerca del uso “pacífico” que hacen las “democracias” de las armas de destrucción masiva nucleares, sería muy aleccionador entonces consultar a los habitantes de Hiroshima y Nagasaki.

 El Traductor Radial

 

  NOTAS:

 

[1] Según lo explican John Mearsheimer y Stephen Walt (Universidades de Chicago y Columbia, respectivamente), la palabra "Lobby" conforma un término sintético  conveniente para describir la coalición informal de individuos y organizaciones  que de manera activa trabajan para modelar la política exterior estadounidense  en una dirección pro-Israel.  Nuestro uso del término no sugiere que "el  Lobby" conforme un movimiento unificado con un liderazgo centralizado, ni que los individuos dentro del mismo no puedan estar en desacuerdo en ciertos temas.

[2] Ediciones Anábasis, Córdoba 2005, 272 págs.

[3] Referimos al lector al artículo “Muerte y resurrección del dólar” que describe este proceso en mayor detalle.  A su vez, conviene recordar que esta fue también una de las razones que motivaron la gran urgencia de parte de Estados Unidos de invadir Irak en marzo de 2003, por cuanto apenas cinco meses antes, en Noviembre de 2002 Saddam Hussein había comenzado a vender su pequeña cuota de petróleo de u$s 1.000 millones por año dentro del marco del programa “Oil for Food” patrocinado por Naciones Unidos en el marco de las sanciones entonces vigentes contra Irak, en Euros en lugar de dólares.  Lo que conformaba un peligrosísimo antecedente en caso de ser imitado por otras naciones.  La invasión de Irak fue también un elocuente mensaje a todo el mundo acerca de lo qué le pasará a cualquier país que ose con salirse del “área dólar”.  Claramente, la Moneda es un factor de Poder (ver “Bienvenidos a la jungla…” Cap. VIII, “ La Moneda”, pag. 149 y subsig.).

[4]  Ver artículo “EE.UU e Iran: la vision de Brzezinski”, diario “Clarín” de Buenos Aires, 09 May 2006 - http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/04/30/z-03903.htm

[5] Hay una versión abreviada de este trabajo de Mearsheimer y Walt publicado por el London Review of Books (Vol. 28, No. 6, 23-Mar-2006), disponible en www.lrb.co.uk, del que hemos colocado una traducción al castellano en www.eltraductorradial.com.ar.

LA FASCINACIÓN DE LA IZQUIERDA POR EL ISLAM

LA FASCINACIÓN DE LA IZQUIERDA POR EL ISLAM

Manuel CRUZ

 

A propósito de Tariq Ramadán y de la “alianza de civilizaciones”


  Poco a poco, a fuerza de subvenciones, foros pagados e insistencia gubernamental, se abre paso, como debate intelectual y político, la propuesta de “alianza de civilizaciones” del presidente Rodríguez Zapatero, cada día más entusiasmado con haber encontrado una especie de lámpara maravillosa, en espera de que alguien la frote por azar y surja de ella un genio capaz de organizar un nuevo orden mundial donde reine la paz perpetua. Moratinos lo ha expresado con palabras casi mágicas, después de escuchar al presidente de Irán su reciente discurso sobre la necesidad de borrar del mapa a Israel. Más o menos, antes incluso de escuchar a Tariq Ramadán en Madrid y de convocar al embajador iraní en el Palacio de Santa Cruz, nuestro inefable ministro nos ha venido a decir lo siguiente: “¡Ven ustedes! Si la “alianza de civilizaciones” fuese ya efectiva, el señor Ahmadineyad hubiera corrido a abrazar al señor Sharon, en lugar de querer arrojarlo al mar!


  Permítanme una ironía encadenada, encuadrada en una interrogante. ¿No creen que es una pena que esa “alianza”, concebida por Zapatero a la vista de la sala vacía de las Naciones Unidas, no se haya establecido ya como norma de convivencia mundial? Porque, fíjense en algunas de las cosas que el mundo se está perdiendo sin esa alianza maravillosa: la paz entre israelíes y los países islámicos; la renuncia iraní a sus proyectos nucleares por carecer ya de sentido; la disolución de la red de Al Qaaida al proclamar Ben Laden su repentina conversión al racionalismo laicista de Occidente; la detención por Siria de los autores del asesinato de Rafic Hariri y el desarme de las organizaciones terroristas que cobija y alienta; la consolidación de la democracia en Iraq, convertida en ejemplo de todos los países árabo-islámicos para abrazar el pluralismo y, lo que acaso sería mejor aún, la proclamación de la libertad religiosa en Arabia Saudita; la retirada de Bush de Iraq acompañada por el anuncio del desmantelamiento de todas las bases americanas por el mundo; el abandono por China de todas las lacras de la doctrina maoísta además del reconocimiento de la independencia de Taiwán; el abrazo de Castro a sus disidentes con la consiguiente convocatoria de elecciones libres en Cuba; el acuerdo de Marruecos y Argelia para entregar el Sahara Occidental al Polisario; la integración de Rusia, Turquía y de todos los ribereños del Mediterráneo sur en la Unión Europea; la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos; la independencia de Cataluña, el País Vasco y Galicia...

    Todo ello y mucho más con el añadido de la consagración de Zapatero como nuevo emperador universal de la paz y con Moratinos de embajador volante para ajustar flecos de posibles conflictos sin resolver... ¡Qué mundo feliz nos estamos perdiendo, amigos míos, por la lentitud con que la ONU está afrontando el reto de esa maravillosa “alianza” -lámpara de Aladino- superadora de la vieja Carta fundacional de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y hasta del mismísimo Decálogo.

 

   Ironías y sueños aparte, y reconociendo la necesidad de un permanente diálogo entre todas culturas dominantes en las distintas partes del planeta para un mejor conocimiento mutuo, la realidad que el propio Tariq Ramadán ha venido a presentar en Madrid es que una de esas culturas, la islámica, padece desde hace décadas una profunda crisis de identidad cuya primera consecuencia ha sido el nacimiento del terrorismo islamista. Tanto Al Qaaida como los demás movimientos “reformistas” surgidos en el mundo árabe, desde el wahabismo saudita del siglo XVIII a los más modernos “yihadistas” palestinos, afganos, pakistaníes, argelinos, marroquíes o sirios, alimentados por las doctrinas de Hasan Al Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes egipcios, pretenden una sola cosa: el restablecimiento del califato, la reislamización del mundo árabe y, finalmente, la conversión del decadente mundo occidental al Islam. Tariq Ramadán, como nieto de Al Banna, como filósofo, islamólogo y teólogo islámico, así como por su conocimiento de la cultura europea, está plenamente convencido de la decadencia espiritual de Occidente y de su pérdida de la fe en Dios, manifestada en hechos tan concretos como “la tolerancia de la homosexualidad, el adulterio, el aborto, la eutanasia, la masonería, los intereses bancarios de usura y otros males que gangrenan la sociedad” en palabras de otro islamólogo polemista, el profesor Ibrahim Hane, de la Universidad de Dakar. De ahí la necesidad, proclamada hace años por uno de ideólogos islámicos, el sudanés Hasán El Turabi, de “redimirlo” mediante la expansión pacífica y paciente de un Islam europeo, desprovisto, eso sí, de algunos postulados coránicos “revisables”, al menos durante una larga moratoria propuesta por Ramadán, como la igualdad de género, los castigos corporales a la mujer y la pena de muerte.

 

   No me uno a quienes han criticado la presencia de Ramadán en Madrid por sus ambigüedades en la condena de los atentados terroristas de Nueva York, Washington y Madrid. Al contrario, resulta un ejercicio muy didáctico para los españoles ajenos a su existencia, el conocimiento del pensamiento de este personaje, aclamado por buena parte de las nuevas generaciones de islámicos europeos como uno de sus líderes espirituales más prestigiosos. Ramadán tiene un objetivo: la “europeización” del Islam... para islamizar Europa. En eso consiste todo su progresismo. Condena el terrorismo islamista, pero lo comprende no solo por la humillación encadenada que han sufrido los árabes desde el reparto colonial por Francia e Inglaterra después de la I Guerra Mundial hasta la “nabka” o desastre, sufrida tras la proclamación de Israel como Estado independiente en tierras palestinas. No le he escuchado a Ramadán ningún palabra de reconocimiento de Israel; en cambio no desaprovecha ocasión de atacar a los judíos europeos... y de considerar a los musulmanes como víctimas de una persecución parecida a la sufrida por los judíos desde el “affaire” Dreyfus.

 

   El discurso de Ramadán se nutre de otra idea: corresponde a los musulmanes europeos “realizar un profundo trabajo de educación contra el extremismo y explicar que el mejor medio de ayudar a los palestinos no consiste en matar inocentes en Londres o Madrid sino en hacer oír la voz del Islam por medios democráticos”. En otras palabras: la mejor forma de imponer el Islam no es por el terror sino por la persuasión, mediante la integración de los musulmanes en la sociedad occidental... utilizando sus instituciones pero sin asimilar su forma de ser. Por supuesto, Ramadán no ignora la retórica occidental: hay que hacerse amable para un mundo que ha dejado de ser creyente y reconocer que los problemas actuales del Islam no derivan de su odio a Occidente sino de la triple crisis que padece: la ausencia de democracia en los países islámicos, la incomprensión de los textos coránicos fundamentales y el escaso diálogo existente entre musulmanes. Y añade: “El Islam padece tal crisis de autoridad que no importa quién puede decir lo que quiera, desde lo más extremista hasta lo más piadoso y auténtico”... Más aún: de acuerdo con las nuevas tendencias que se manifiestan en el seno de los Hermanos Musulmanes egipcios, Ramadán se permite autorizar a los musulmanes a abandonar su fe, siempre y cuando la respeten una vez abandonada...

 

   Por supuesto, la voz de Ramadán es tan sólo una más de las muchas que se alzan dentro de este curioso debate intra-islámico sobre la mejor forma de llevar su fe al desahuciado Occidente. Los hay mucho más radicales que critican al profesor suizo su “blandura” en la prédica de un Islam europeo, como el citado Ibrahim Hane, y otros que no dudan en suscribir una profunda reforma del Islam para adaptarlo a la laicidad europea. Es el caso del profesor de Filosofía del Liceo de Niza, Abdennur Bidar, que propugna nada menos la supresión del Corán de todos los versículos que van en contra de los derechos humanos, especialmente los relativos a la supuesta superioridad islámica sobre las demás religiones, la violencia y la guerra santa.

   Curiosamente, Bidar no ha sido invitado a Madrid a presentar su manifiesto por un auténtico Islam europeo, independiente de todas las corrientes integristas y reformistas islámicas. Sin duda se debe a esa especie de fascinación que buena parte de la izquierda europea siente por el Islam histórico, el de las conquistas de los siglos VII y VIII, el que se asentó desde La India a España. Por cierto que Tariq lleva su nombre en honor del caudillo que desembarcó en Algeciras y llamó a la Roca Yebal-tarik, nuestro Gibraltar...

 

   Hay que leer al converso islamista Roger Garaudy, viejo ideólogo del Partido Comunista francés en cuyo comité central militó durante más de once años, para entender la seducción que el Islam comunitario ejerce sobre quienes combaten la idea misma de la identidad europea como fruto de la cultura cristiana. Garaudy, como tantos agnósticos y masones españoles de nuestro tiempo, combate el humanismo cristiano interpretado como fundamento del imperialismo y del colonialismo, del que dice no haber aprendido nada bueno pero que, en cambio, se embelesa con una religión, el Islam, por su fundamento comunitario que considera muy cercano al triunfo de la lucha de clases... El Islam, ya se sabe, o es comunitario o no es nada. En esencia sería, por tanto, un comunismo que admite la existencia de Dios, un Dios lejano e impersonal que deja su mensaje para hermanar a todos los hombres sin distinción de clases o etnias... siempre y cuando todos ellos se sometan a su última revelación: el Corán. Y no deja de resultar llamativo, en sentido contrario, la “sintonía” que algunos teólogos islamistas reformistas ignorantes de la religión cristiana, creen encontrar entre el Alá del Islam y el “Arquitecto universal” que reconoce la masonería, gracias a lo cual no cae en la “idolatría” cristiana que admite “tres” dioses... Recordemos de paso que el mayor pecado que puede cometerse, según el Corán, es precisamente, la “asociación” del Dios único a otros “dioses” (en el caso cristiano, el misterio de la Trinidad que rechazan de plano porque Mahoma no lo entendió).

 

   Se trataría, por tanto, de ver en el Corán un ariete definitivo contra la cultura cristiana, esa que ahora quiere erradicar de España el señor Zapatero, en unión de otros dirigentes europeos que llevan su cristofobia a escribir “cristo” con minúsculas para ignorar definitivamente la figura de Cristo como Dios encarnado. En este sentido cabría preguntarse hasta qué punto la “alianza de civilizaciones” supone un malicioso intento de Zapatero de facilitar la invasión de Europa por el mismo Islam derrotado en Granada y Lepanto al objeto de borrar, poco a poco, las huellas del pensamiento cristiano de Europa y en la ingenua creencia de que los nuevos musulmanes se diluirán también en el relativismo laicista.

   La respuesta a esta pregunta podríamos encontrarla en el entusiasmo que han mostrado por la iniciativa del presidente español tanto el rey de Marruecos como el ex presidente iraní Mohamed Jatami, precursor por cierto de otro “diálogo de culturas” que quedó en agua de borrajas... La “alianza”, en este caso, consistiría esencialmente en una especie de pacto para facilitar la islamización de Europa a cambio de una supuesta paz, en la medida que podrían apaciguarse los anhelos islamistas de conquistar para Alá al descreído Occidente. No se crea, sin embargo, que con ello se alcanzaría la soñada paz perpetua, porque aquél Islam de los nazaríes granadinos y de los otomanos de la Sublime Puerta, no es el mismo que profesan los miles de secuaces de Ben Laden, los islámicos europeos de Tariq Ramadán o los islamistas que acechan el trono del propio Mohamed VI... La crisis islámica proseguiría, pero ya sería una mera lucha interna en la que Europa no sería el enemigo.

 

   Puede que todo esto que escribo sea una mera fábula, aunque esté basada en hechos reales. No creo que Zapatero esté preparado para aceptar el Islam como hizo Garaudy, pero tampoco creo que la izquierda esté dispuesta a renunciar a su cristofobia como motor del cambio social que se propone en su proyecto laicista. Al mismo tiempo, los afanes del Islam radical de ocupar el supuesto vacío espiritual de Occidente, son evidentes. De acuerdo con lo que afirmaba el cardenal Siri, Europa puede ser islámica mañana mismo, pero no será porque la izquierda no lo impida sino porque los católicos no estemos preparados para recuperar su identidad cristiana. Lo que nunca será Europa es un continente descreído y laicista, a imagen de quienes hoy nos gobiernan. Al final, ésta es nuestra esperanza, el triunfo será de Cristo.

CÓDIGO DA VINCI. ¿PARTE REALIDAD Y PARTE FICCIÓN?

CÓDIGO DA VINCI. ¿PARTE REALIDAD Y PARTE FICCIÓN?

P. Ariel BUSSO

 

  No tengo la plena seguridad de que esta conferencia sea realmente útil. Sí, así de simple. La posible utilidad fue el motivo que medió para el largo intervalo que llevó a decidirme a escribir estas líneas. Pero fue menos de lo que me llevó leer la novela.

  Confieso que no sentí menoscabada la cultura si me hubiera privado de leer ese libro. Y así es: no aumentó la cultura, pero confieso que hizo bien a la virtud de la paciencia.

  Había bajado por internet The Times, de Londres, el 21 de junio de 2003 y un párrafo del famoso comentarista de ese medio, Peter Millar, decía: “Este libro es, sin dudas, el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo del pulp fiction que he leído”. Un crítico del New York Times, citado en el diario La Razón de España, calificaba a la obra como “insulto a la inteligencia”. La periodista Cynthia Grenier, en el Weekly Standard del 22 de septiembre de 2003, exclamaba: “Por favor, alguien debería dar a este hombre (refiriéndose al autor) y a sus editores clases básicas sobre la historia del cristianismo y un mapa”.

  Todo esto mantuvo lejos de mi lectura a esta novela. Pero la insistencia de mucha gente que pretendía una aclaración y la persistente presencia en el primer lugar de ventas del libro me llevó a leerlo. Y estos dichos, estos escritos, estos hechos terminaron por convencerme a hablar de este libro. Quizá a destiempo, pero creo que es mejor, porque las novedades pasan, las cosas nuevas no: son siempre viejas porque son vigentes. La novela será un recuerdo vago de aquí a un par de años (para nosotros, no para el autor ciertamente, ni mucho menos para sus editores –más de 30 millones de ejemplares vendidos, traducida a más de 30 idiomas y con los derechos en manos de Columbia Pictures, con la dirección de Ron Howard y a Russel Crowe de protagonista; se trata de una verdadera cultura de masas y dólares-). En cambio nuestro conocimiento seguirá actual.

 

LA NOVELA

 

  Se trata de una novela policial, cuyo tema principal es la búsqueda de muchas verdades tras el asesinato macabro de un hombre en el museo del Louvre. A partir de ese momento, y en sólo una noche, los protagonistas, un hombre norteamericano y una mujer francesa, persiguen la solución del misterio a través de los vericuetos de reales e irreales símbolos. 
   La novela mezcla algunos pocos hechos reales, muchas leyendas, recopila teorías, rumores e interpretaciones dudosas, de una manera increíblemente libre de complejos. El resultado es una obra de ficción que por momentos suena verosímil al que conoce poco de esto. Al que nada sabe, este libro no tiene trascendencia alguna: es una novela y nada más.  Pero para todos nosotros, el resto del mundo ¡Tenemos que quedar pasmados ante la revelación fabulosa de que hemos sido engañados durante mucho tiempo, en la conspiración desenmascarada por El Código Da Vinci, nada más ni nada menos que hace dos mil años!
   Y si no sabemos nada del arte renacentista italiano del siglo XV y nunca hemos oído hablar de los evangelios gnósticos hallados en Nag Hammadi, si identificamos borrosamente a María Magdalena con la pecadora pública, y Constantino resuena sólo como un nombre de vagas reminiscencias de la historia de Roma, esta novela puede generarnos muchas dudas. O lo que es peor, ninguna duda, y sólo asombro ante el tamaño del engaño que se ha desarrollado ante nuestros ojos ingenuos y los de tantos hombres y mujeres durante siglos.
   Los Templarios, el Priorato de Sión, el Opus Dei, las Cruzadas, los grandes genios de la pintura, la literatura y la música, varios Papas, y hasta el mismísimo Walt Disney se pasean por las muchas páginas de la novela, apareciendo y desapareciendo por los pasadizos de la trama a voluntad de su autor, y siempre tratando de dejar atrás un eco de misterio. Como la sonrisa de la Mona Lisa. Todos saben algo que nosotros no sabemos.

 

   ¿Qué es verdad? ¿Qué es ficción de todo esto? En medio de la controversia, surgen lugares, hechos, personas indiscutiblemente reales. El mismo autor dedica el comienzo del libro para dejar asentados los hechos, señalando explícitamente que “Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces”. Si esto fuera indiscutible, si todos los hechos fueran verdad y no ficción, ¿Entonces también podría ser verdad la solución del enigma según Dan Brown?

 

EL MENSAJE

 

   El mensaje que transmite la novela es básicamente el siguiente:

 

1. Jesús no es Dios: ningún cristiano pensaba que Jesús es Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea del 325.
2. Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos, portadores de su sangre, son el Santo Grial (sangre de rey = sang real = Santo Grial), fundadores de la dinastía Merovingia en Francia y, a su vez, antepasados de la protagonista de la novela en cuestión.
3. Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús adoraban "el sagrado femenino"; esta adoración a lo femenino está oculta en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden del Priorato de Sión -a la que pertenecía Leonardo Da Vinci- y en mil códigos culturales secretos más.
4. La “malvada” Iglesia Católica, inventada por el emperador Constantino en el 325, persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino, matando millones de brujas en la Edad Media y en el Renacimiento, destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando sólo los cuatro evangelios que les convenían bien retocados. En la novela, el maquiavélico grupo Opus Dei, trata de impedir que los héroes saquen a la luz el secreto: que el santo Grial, no es el cáliz de Cristo que buscaban los caballeros medievales, sino los hijos de Jesús y la Magdalena y que el primer dios de los "cristianos" gnósticos era femenino.

 

   Pero veamos algunas de estas cuestiones.

 

   1.- ¿Inventó Constantino el cristianismo?

 

   Toda la base "histórica" del autor descansa sobre una fecha: el concilio de Nicea del año 325. Según su tesis, antes de esta fecha, el cristianismo era un movimiento muy abierto, que aceptaba "lo divino femenino", que no veía a Jesús como Dios, que escribía muchos evangelios. En este año, de repente, el emperador Constantino, un adorador del culto -masculino- al Sol Invicto se apoderó del cristianismo, desterró a "la diosa", convirtió al profeta Jesús en un héroe-dios solar y montó una redada a la manera stalinista para hacer desaparecer los evangelios que no le gustaban.
   Para cualquier lector con algo de cultura histórica, esta hipótesis resulta absurda porque: Existen textos que demuestran que el cristianismo antes del 325 no era como dice la novela. La Patrística es rica heredera del mundo cultural griego y romano y sin embargo dejan claras pruebas del Cristianismo positivo. Ignacio de Antioquia a fines del siglo I y comienzo del II, por ejemplo; san Irineo de Lyon en Adversus Haeresis (S. II).
   Incluso si Constantino hubiese querido cambiar así la fe de millones ¿Cómo habría podido hacerlo en un concilio sin que se diesen cuenta no sólo millones de cristianos sino centenares de obispos que acudieron al concilio? Muchos de los obispos de Nicea eran veteranos supervivientes de las persecuciones de Diocleciano, y llevaban sobre su cuerpo las marcas de la prisión, la tortura o los trabajos forzados por mantener su fe. ¿Iban a dejar que un emperador cambiase su fe? ¿Acaso no era esa la causa de las persecuciones desde Nerón: la resistencia cristiana a ser asimilados como un culto más? De hecho, si el cristianismo antes del 325 hubiese sido tal como lo describen los personajes de Brown y muchos neognósticos actuales, nunca habría padecido persecución ya que habría encajado perfectamente con tantas otras opciones paganas. El cristianismo fue siempre perseguido por no aceptar las imposiciones religiosas del poder político y proclamar que sólo Cristo es Dios, con el Padre y el Espíritu Santo.
   Además está la lógica ¿Cómo podrían haberse dejado matar miles de personas por un alguien del cual no creían que era Dios?

 

   2.- ¿Los cuatro evangelios fueron obligatorios recién desde la época de Constantino?

 

   El autor sostiene que Constantino hizo destruir ochenta evangelios por ser contrarios al pensamiento religioso del emperador. De este modo sólo quedaron cuatro y bastante corregidos que son los que hoy conocemos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Para el neófito esto le despierta un interrogante ¿Tendrá algo de razón?
   El estudio de la historia y de la exégesis bíblica, demuestra que es muy diferente a lo que propone la novela. En el siglo II ya conocían a los cuatro evangelios que eran llamados así: “los cuatro evangelios”. A los otros que circulaban ya en el siglo II (nótese la fecha cercana al tiempo del Redentor) se les llamaban apócrifos.
   Ya Irineo de Lyon, uno de los Padres de la Iglesia, escribió a fines del siglo II: “Los evangelios no pueden ser sino cuatro (Juan, Lucas, Mateo, Marcos)... Un evangelio en cuatro formas... siendo así las cosas, dan muestra de vanidad, ignorancia y atrevimiento, aquellos que destruyan la forma del evangelio, y que aumentan o disminuyen el número de los evangelios: algunos lo hacen para presumir de haber encontrado algo más de la verdad, otras para condenar las Economías de Dios” (Contra las herejías, III, II, 8-9).

  Aquellos evangelios de fines del siglo II son exactamente como los que leemos hoy.  No hay ningún cambio ni retoque. Existe gran cantidad de copias y traducciones que lo atestiguan. Claro está que lo saben los estudiosos de la creencia bíblica, a los que no tuvo en cuenta el autor para elaborar esta parte de la novela. O sí. ¡Quien sabe!

 

   3.- ¿Jesús es Dios?

 

   En la novela, el personaje del historiador inglés Teabing, afirma que en Nicea se estableció que Jesús era "el Hijo de Dios". Un repaso a los evangelios canónicos, escritos casi 250 años antes de Nicea, muestra unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios. Brown lo que está haciendo es copiar de uno de los libros pseudohistóricos que más ha plagiado para hacer su best-seller, Holy Blood, Holy Grial, en el que se afirma que "en Nicea se decidió por voto que Jesús era un Dios, no un profeta mortal".
   La verdad es otra. Los cristianos siempre han creído que Jesús es Dios desde el principio, y así figura en los evangelios y en escritos cristianos muy anteriores a Nicea. Por ejemplo, y para disgusto de mormones, testigos de Jehová o musulmanes (tres credos actuales que niegan que Jesús era Dios) podemos leer cómo Tomás dice al ver a Jesús resucitado:  [Juan 20,28] Ho Kurios mou ho Theos mou (Mi Señor y mi Dios). O en Romanos 9,5; carta dictada por San Pablo a Tercio en casa de Gayo, en Corinto, en el invierno del 57 al 58 d.C: "de ellos [los judíos] son los patriarcas, y como hombre ha surgido de ellos el Cristo, que es Dios, y está por encima de todo". O en Tito 2,13: "esperamos que se manifieste la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo". O en 2Pedro1,1: "Simón Pedro, sirviente y apóstol de Jesucristo, a aquellos que por la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo han recibido una fe tan preciosa como la nuestra".

 

   Hay muchas otras citas que demuestran que los cristianos tenían clara la divinidad de Cristo mucho antes de Nicea: [Carta a los efesios de San Ignacio de Antioquía, c.35-c.107 d.C]. [Diálogo con Trifón, San Justino Mártir, c.100-c.165 d.C]. [Contra los herejes, libro 3, San Ireneo de Lyon, c. 130 -200 d.C]. [Exhortación a los griegos, de San Clemente de Alejandría, 190 d.C]. [El alma 41:3, por Tertuliano, año 210 d.C]. [Las doctrinas fundamentales 1:0:4; por Orígenes, c.185-c.254 d.C.].
   Entre los años 111 y 113, Plinio el joven, gobernador de Bitinia, en la actual Turquía, le pregunta en una carta al emperador Trajano, qué hacer con un grupo que “se reunía en un día fijo antes del alba y cantan coros alternativos a un Cristo como a un dios...” (Carta 10,96). De hecho, en Nicea el debate era sobre las enseñanzas de Arrio, un sacerdote herético de Alejandría que desde el 319 enseñaba que Jesús no era Dios. De unos 250 obispos, sólo dos votaron a favor de la postura de Arrio, mientras que el resto afirmaron lo que hoy se recita en el Credo, que el Hijo de Dios fue engendrado, no creado y que es de la misma naturaleza (substancia, homoousios) que el Padre, es decir, que Dios Hijo es Dios, igual que Dios Padre también es Dios, un mismo Dios pero distintas Personas. Pese a esta unanimidad de los padres conciliares, el historiador Teabing en la novela dice que Cristo fue "designado Dios" ¡por un estrecho margen de votos!

 

   4.- En el libro hay también errores históricos

 

   Por ejemplo:

 

  • Los discos solares egipcios se convirtieron en halos de santos católicos.
    El arte cristiano expresa conceptos bíblicos, como las caras luminosas de Moisés (en el Sinaí) y Jesús (en la Transfiguración). Para ello usan un recurso común, los halos o nimbos que ya usaba el arte griego y el romano. Los emperadores romanos, por ejemplo, aparecen en las monedas con cabezas radiantes. Nada que ver con los discos solares egipicios.
  • Los pictogramas de Isis amamantando a su milagroso bebé Horus fueron el modelo para las imágenes de la Virgen María con el Niño Jesús.
    La imagen de una madre amamantando es común a egipcios, romanos, aztecas, mayas, chinos, hindúes o filipinos cualquier otra cultura que represente la maternidad. Isis, en los primeros siglos de nuestra era, ya no era una diosa popular de la agricultura egipcia, sino un culto mistérico de tipo iniciático para élites greco-romanas, culto que, por cierto, no incluía rituales sexuales que tanto gustan al autor. Los artistas cristianos, a la hora de representar a María con Jesús (una madre con un niño), usaron los modelos artísticos de la sociedad en la que estaban.
  • La mitra episcopal, el altar, la doxología y la comunión fueron tomados directamente de religiones mistéricas paganas anteriores.
    En primer lugar la mitra que usan los obispos no está inspirada en religiones mistéricas antiguas. No aparece en Occidente hasta mediados del s. X y en Oriente no se usa hasta la caída de Constantinopla en 1453. Más bien tiene su origen en la usanza sacerdotal del Antiguo Testamento, que bien lejos estaba de lo mistérico.
    Luego, el altar es - como el cristianismo mismo - de origen judío, no pagano. Hay 300 referencias a altares en el Antiguo Testamento. El altar de los sacrificios del Templo de Jerusalén es el punto de referencia del judaísmo antiguo y del simbolismo cristiano. Nada que ver con cultos paganos. Basta leer el libro de los Macabeos en la Biblia, o a las luchas de Esdras y Nehemías para restaurar el templo y el altar profanados.
    La Doxología (doxa=gloria; logos=palabra) no es más que la oración del Gloria: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres; te alabamos, te bendecimos, te adoramos..." usa lenguaje puramente cristiano, con conceptos trinitarios y utilizando continuamente pasajes del Nuevo Testamento. Nada que ver con cultos mistéricos paganos. Lo mismo para la doxología después de la plegaria eucarística que se usa en la Misa.
    Además, la comunión y "comer a Dios": parece ser que en los niveles superiores del culto a Mithras existía una comida sagrada de pan y agua o pan y vino. No hay datos que indiquen que los mitraístas consideraran que en esa comida "comían un dios" ni nada similar. De nuevo, el origen de bendecir y compartir el pan es judío, como explica con detalle Jean Danielou en su estudio “La Biblia y la liturgia”. Jesús instituyó la Eucaristía cristiana durante una chabourá, una comida sagrada judía. La lectura exegética de la Ultima Cena nada sugiere de misterico.
  • El domingo, día sagrado cristiano, fue robado a los paganos.
    Desde el principio, los cristianos vieron el día después del sabbath, es decir, el día primero de cada semana, como el más importante, día de su reunión. Ya lo hacían en época de San Pablo (ver Hechos 20,7: "y en el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan...", o 1 Cor 16,2, cuando Pablo pide reunir las colectas y diezmos el primer día de la semana). Danielou, en “La Biblia y la Liturgia”, dedica todo su capítulo 16 a hablar de "El octavo día", con citas de Ignacio de Antioquía, de la Epístola de Barnabás, de la Didajé, todos autores de finales del.s.I y principios del s.II. Todos hablan del "dies domenica" (día del Señor). San Justino, hacia el 150 d.C es el primer cristiano en usar el nombre latino de Día del Sol para referirse al primer día de la semana.
    Ya en el concilio de obispos hispanos de Elvira, en el 303 d.C se proclamó: "si alguien en la ciudad no viene a la iglesia tres domingos seguidos será excomulgado un tiempo corto, para que se corrija". Sólo 20 años después, en 321, Constantino declara oficialmente el domingo como día de descanso y abstención del trabajo. O sea, que el domingo es un "invento" cristiano, que posteriormente adoptó la sociedad civil, y no una fiesta pagana robada por cristianos, justo lo contrario de lo que dice la novela de Brown.
  • También al dios hindú Krishna, recién nacido, se le ofreció oro, incienso y mirra
    Esta afirmación es extraída, al parecer, del libro [Los 16 salvadores del mundo crucificados] escrito por Kersey Graves en 1875. Graves no da nunca documentación de sus afirmaciones. Ésta del oro, incienso y mirra parece simplemente un invento. En la literatura hindú no salen estos elementos por ningún sitio. Pero además, si era Oriente ¿por qué no podría tener elementos comunes estas civilizaciones?. Esto ni menoscaba ni exalta alguna teoría a favor o en contra.

 

HISTORIAS SIN HISTORIA...

 

   Sandra Miesel, una periodista especializada en literatura moderna popular, no puede evitar hacer un listado de errores misceláneos del libro, como ejemplo de su "impecable" documentación.

 

  • Se dice que el planeta Venus se mueve dibujando un pentagrama, el llamado "pentagrama de Ishtar", simbolizando a la diosa (Ishtar es Astarté o Afrodita). Al contrario de lo que dice el libro, la figura no es perfecta y no tiene nada que ver con las Olimpiadas. Las Olimpiadas se celebraban cada cuatro años y en honor de Zeus, nada que ver con los ciclos de Venus ni con la diosa Afrodita.
  • El novelista dice que los cinco anillos de las olimpiadas son un símbolo secreto de la diosa; la realidad es que cuando se diseñaron las primeras olimpiadas modernas el plan era empezar con uno e ir añadiendo un anillo en cada edición, pero se quedaron en cinco.
  • En la novela presentan la larga nave central y hueca de una catedral como un tributo secreto al vientre femenino, con las nervaduras como pliegues sexuales, etc... Está tomado del libro de pseudohistoria The Templar Revelation, donde se afirma que los templarios crearon las catedrales. Por supuesto es falso: las catedrales las encargaron los obispos y sus canónigos, no los templarios. El modelo de las catedrales era la iglesia del Santo Sepulcro o bien las antiguas basílicas romanas, edificios rectangulares de uso civil y mucho antes en el tiempo que los templarios que el autor identifique catedral con el arte gótico constituye una básica equivocación. Catedral es el templo donde está la silla (cátedra) del Obispo y donde tiene su sede para enseñar, regir y santificar. No tiene nada que ver con el tamaño o el arte del edificio. En el mundo hay miles de templos más antiguos y más amplios que algunas catedrales. En la zona de los Abruzzos, en Italia, aún se conservan intactas catedrales románicas, anteriores al medioevo del que pretende describir Dan Brown. Y no son góticas.
  • El Priorato de Sión realmente existe. Se trata de una asociación francesa registrada desde 1956, posiblemente originada tras la II Guerra Mundial, aunque clamen ser herederos de masones, templarios, egipcios, etc... No es creíble la lista de Grandes Maestres que da la novela: Leonardo Da Vinci, Isaac Newton, Victor Hugo...
  • La novela dice que el tetragramaton YHWH, el nombre de Dios en letras hebreas, viene de "Jehová, una unión física andrógina entre el masculino Jah y el nombre pre-hebreo de Eva, Havah". Al parecer, nadie ha explicado a Brown que YHWH (que hoy sabemos que se pronuncia Yahvé) empezó a pronunciarse "Jehová" en la Edad Media al interpolarse entre las consonantes las vocales de "Adonai". El alfabeto hebreo no escribe vocales.
  • Las cartas del tarot no enseñan doctrina de la diosa; se inventaron para juegos de azar en el s.XV y no adquirieron asociaciones esotéricas hasta finales del s.XVIII. La idea de que los diamantes de la baraja francesa representan pentáculos es un invento del ocultista británico A.E. Waite. ¿Qué dirán los esotéricos de la baraja española con sus copas (¿símbolos sexuales femeninos?) y sus espadas (¿símbolos fálicos, quizá como los garrotes...?)
  • El Papa Clemente V no eliminó a los templarios en un plan maquiavélico ni echó sus cenizas al Tíber. El Tíber está en Roma y Clemente V no, porque fue el primer papa que vivió en Avignon, Francia. Toda la iniciativa contra los templarios fue del rey francés, Felipe el Hermoso seguido por miles de oportunistas codiciosos.
  • Mona Lisa no representa un ser andrógino, sino a Madonna Lisa, esposa de Francesco di Bartolomeo del Giocondo. Mona Lisa no es un anagrama de los dioses egipcios Amón e Isa (Isis). Parece ridículo, pero allí está como una afirmación impecable.
  • En La Última Cena de Leonardo, no aparece el cáliz que se describe. Aparece el joven San Juan, el discípulo amado. La novela dice que el joven guapo en realidad es María Magdalena y que ella es el Grial, el cáliz. La verdad es que no sale el cáliz porque el cuadro está describiendo la Última Cena tal como sale en el Evangelio de San Juan, sin institución de la Eucaristía, más concretamente cuando Jesús avisa "uno de ustedes me traicionará..." en el cap. 13,21.
  • La novela habla de que Leonardo recibió muchos encargos de la Iglesia y "cientos de lucrativas comisiones vaticanas". En realidad Leonardo pasó poco tiempo en Roma y apenas le mandaron algún encargo. Además no existía el Vaticano, ya que éste nació en 1929. Ni siquiera los Papas estaban en la colina Vaticana mucho tiempo. Habitualmente residían en el palacio de Letrán.
  • La heroína de la novela, Sophie Neveu, usa el cuadro de Leonardo La Madonna de las Rocas como un escudo y lo aprieta tanto a su cuerpo que se dobla: Pero esto es asombroso, porque se trata de una pintura sobre madera, no sobre lienzo, y de casi dos metros de alto. ¿Cómo podrá “doblar” la madera? ¿Y de 2 metros de alto? ¡Imposible!
  • El sexo como ritual y “camino hacia Dios” no existe en la tradición hebrea. Todo lo contrario. Las hieródulas o sacerdotisas sagradas, no existían entre los judíos. Sólo la tradición cananea las contaba entre ellos y esta costumbre es reprobada hasta con la muerte por los profetas y otros justos del período real hebreo.
  • Según los protagonistas de la novela, "durante trescientos años la Iglesia quemó en la hoguera la asombrosa cifra de cinco millones de mujeres". Ésta es una cifra repetida en la literatura neopagana, wicca, new age y otras, aunque en otras se habla de 9 millones. ¿Los neopaganos necesitan una "shoah" propia?. Cuando acudimos a historiadores serios se calcula que entre 1400 y 1800 hubo en Europa unos 50.000 procesos por brujería. Claro que no todas fueron quemadas y no todas eran mujeres. Y la mayoría no murieron a manos de oficiales de la Iglesia, ni siquiera de católicos. La mayoría de víctimas fue en Alemania, coincidiendo con las guerras campesinas y protestantes del s.XVI y XVII. Cuando una región cambiaba de denominación, abundaban las acusaciones de brujería y la histeria colectiva. Los tribunales civiles, locales y municipales eran especialmente entusiastas, sobre todo en las zonas calvinistas. De todas formas, la brujería ha sido perseguida y castigada con la muerte también por los egipcios, griegos, romanos, vikingos, etc... El paganismo siempre mató brujos y brujas. La idea del neopaganismo feminista de que la brujería era una religión feminista precristiana no tiene base histórica de ninguna clase.
     

 

¿ALGO MÁS?

 

   Y se podría seguir diseccionando los errores, sin referirnos para nada a su calidad literaria que no es la finalidad de esta conferencia, porque tampoco soy competente.
   Pero ¿Vale la pena tanto esfuerzo por una novela? La respuesta es afirmativa para miles de jóvenes y adultos poco informados, porque esta novela será su primer, quizá el único contacto con la historia antigua de la Iglesia, una historia regada por la sangre de los mártires y la tinta de evangelistas, apologetas, filósofos y Padres. Muy poca gente ha hecho un curso de Historia de la Iglesia o se ha internado en la seriedad de historiadores como Jedin, Hertling o Villoslada, que han dedicado su existencia a la investigación y a la escritura. No sería digno de los cristianos del s. XXI ceder sin lucha ni respuesta ante una nueva forma de paganismo, el espacio que los cristianos de los primeros siglos ganaron con su fidelidad comprometida a Jesucristo.

 

   Pero hay algo más. En la página 11 el autor Dan Brown afirma: “Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces”.
   Ya se habían usado historias de amor sobre temas eclesiásticos, como “El pájaro canta hasta morir” o en forma de policial medieval, como ribetes de Ágata Christie en “El nombre de la rosa” del ocurrente Humberto Ecco, por nombrar a dos conocidos contemporáneos. Más atrás en la historia también Diderot inventó algún sarcasmo en “La religieuse” o se tomó en solfa algunas costumbres clericales en “Los cuentos de Canterbury” de Chaucer o en “El Decameron” de Bocaccio. Pero eran eso, no pretendieron ser más que eso. Pero en esta novela, el autor pretende ser científico. Aprovecha la fascinación de lo misterioso, con apariencia científica.
   Si no hubiera tenido tanta difusión y tantos comentarios, esta novela hubiera pasado desapercibida. Pero a muchas personas les despertó un interrogante, a otros los ofendió, a muchos los llamó a silencio aunque con el precio de la duda. Y para tantos otros sólo fue una novela más.
   La gran mayoría sólo sabe de la novela su título y los comentarios que de ella se hicieron.
   ¿Hablar de la novela, no es darle más publicidad? No lo sé. La meta es otra: como sacerdote recibí infinidades de consultas acerca de este libro, de los que lo leyeron con detenimiento hasta los que sólo escucharon hablar de él. Es tedioso y a veces poco didáctico contestar a todas y a cada una de las consultas. Por eso poco importa si esto constituye o no otra forma de marketing del libro, porque la verdadera finalidad es pastoral. Tan simple como eso.

 

LO POSITIVO

 

   Atención. El cristiano no tiene un interés fijo sobre un capital adquirido de una vez para siempre. A él le viene solicitando el mundo aspectos del conocimiento que deberá mantenerlos vivos o actualizados siempre.

   Nos encontramos con cristianos adultos que están convencidos de haber aprendido todo el saber en el catecismo de Primera Comunión. Más de una vez habrán sentido el peso de la pereza y la inercia del cristiano mediocre. Está convencido que sabe todo ¿Qué más le podrán enseñar? San Ambrosio de Milán decía que “sólo el que lee mucho y comprende lo que lee, puede volcar en los otros la sobreabundancia de la comprensión de los misterios de Dios”.

   “La ignorancia es el peor enemigo de la fe”, decía Juan Pablo II en un discurso en Buenos Aires. En este campo, en el de la constante búsqueda de la verdad, es necesario tener en cuenta una serie de consideraciones:

 

   1-     Es necesario estar personalmente convencidos de que esta búsqueda de la verdad es indispensable para ser fieles. La pereza y la inercia a no esforzarse por saber más de nuestra fe, conduce a la tibieza espiritual y esclerosis en la fe.

   2-     La instrucción en la verdadera fe (verdadera no sólo de la conciencia del que cree, sino en la verdadera fe. Ése era el trabajo del Cardenal Ratzinger antes de ser Benedicto XVI). Hay que tener pasión por la verdad, verdadero sentido de la propia pequeñez e ignorancia.
   El cristiano no está exento de contagiarse del analfabetismo que produce la cultura del eco y la sombra de otro lenguaje que no es el suyo. Sólo un constante deseo de instrucción lo salvará de la parálisis de la inteligencia, causa infalible de las parálisis de la fe.

 

   “La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos. El comienzo de la Sabiduría es el verdadero deseo de instruirse, querer instruirse, es amarla; amarla, es cumplir sus leyes, observar sus leyes, es garantía de incorruptibilidad, y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios: así, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza”.

 

   Con más conocimiento y formación, la novela “El Código Da Vinci” sólo hubiera sido eso: una novela, donde Dan Brown, el autor, señala a un profesor de simbología de la Universidad de Harvard metido en un problema de asesinato y mito.
   ¡Ah! Y algo más: en la Universidad de Harvard no existe ni siquiera una cátedra de simbología...

LA EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO OCCIDENTAL A TRAVÉS DEL ARTE, O VICEVERSA

LA EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO OCCIDENTAL A TRAVÉS DEL ARTE, O VICEVERSA

Arturo FONTANGORDO 

 

Introducción

 

  He tenido oportunidad de acceder a un breve, pero interesantísimo, texto de mi buen amigo el arquitecto José María Rubio Anaya, que lleva por título “Aproximación al Anticlasicismo Gótico”. Forma parte este trabajo de su tesis doctoral “La experiencia espacial en el claustro medieval”.

  Se trata de unas páginas realmente sugerentes sobre filosofía del arte. En ellas, se enfoca el problema de la “ruptura” con el equilibrio clásico por parte del arte gótico como una consecuencia lógica del pensamiento medieval, teocéntrico y escolástico, enmarcándola en la búsqueda de la belleza. Cuestión esta de la belleza que trasciende las formas sensibles para acercarse, en sentido platónico y aristotélico, a la Belleza identificada con el Bien, y a la Belleza suprema con el Bien supremo, es decir, con el Acto puro, con Dios, en un ascenso intelectual hacia la Verdad, cuya tendencia está marcada en el alma del hombre.

  A la luz de esta reflexión, la armonía clásica griega aparece con un claro carácter antropomorfo, a la medida del hombre, mientras que el desequilibrio vertical gótico sería una manifestación de la impotencia material del artista para plasmar en su obra el verdadero orden de las cosas, que es reconocido por su alma. Al hombre de hoy, impregnado, en el mejor de los casos (sobre esto volveré luego), de espíritu clásico, este desequilibrio le llega a resultar incomprensible, pues ciertamente lo es si se prescinde de la cosmovisión que lo alumbra. Precisamente al hilo de esto, justifica el autor la relación íntima que existe entre el gótico y la obra de Gaudí, erróneamente interpretada cada vez que se obvia su condición de católico, y su intención de poner su obra al servicio de su fe.

Sirva esta pequeña introducción para resumir el contenido del texto citado y para dar pie a las reflexiones personales que éste me sugirió. Reflexiones que se siguen de la tesis que intitula la primera parte del texto de José María Rubio: “El Arte como proyección del hombre”, el arte concebido y estudiado como un reflejo fiel de las vibraciones de la cuerda espiritual de su época.

 

2. La Antigüedad clásica

 


  Como decíamos, el arte clásico griego, y, por extensión, el de Roma, es una manifestación de armonía, equilibrio y proporción. Naturalmente, sabemos que estamos haciendo una tremenda simplificación con esta afirmación tan general; hubo una evolución y una serie de estilos a lo largo de los más de 1.000 años que cubre este período, pero podemos considerar que el espíritu que los alentaba era muy similar, por más que su decadencia en la época helenística y en los últimos siglos del Imperio fuese evidente.

  La práctica religiosa en esta Edad Clásica está más relacionada con el orden social que con una verdadera búsqueda de la divinidad. Los hombres sabios, los filósofos, respetaban las creencias tradicionales politeístas más por los beneficios que, según ellos, aportaban a la polis y al Estado que porque tuviesen una fe auténtica. Es así que Aristóteles llega donde llega en sus investigaciones sobre el Primer Motor Inmóvil... El paso del mito al logos se había realizado ya, con todo lo que ello implicaba.

  Considerado desde esta óptica, el equilibrio clásico proporciona a la razón humana una sensación de paz y de grandeza “autocomplacida”. Autocomplacencia que se debe a que se concibe al intelecto como exento de su parte más espiritual, a la razón sin relación alguna con el alma inmortal. Efectivamente, la experimentación de la “belleza” proviene de la analogía con la Belleza suprema, pero el artista clásico no es consciente de esta relación, y construye su obra de acuerdo con una forma aferrada al canon humano de perfección, a la satisfacción sensible. La grandeza del templo clásico es una grandeza sospechosa del mismo antropomorfismo que denunciaba Jenófanes respecto al panteón griego; cabría admitir, visto así, la objeción nietzscheana, cuando califica al espíritu apolíneo como “demasiado humano”. El clasicismo es, pues, el triunfo de la razón ajena a la Revelación, plenamente justificado en este caso dada su condición precristiana.

  El cristianismo, con fuerza social real a partir del Edicto de Milán, a principios del siglo IV, no llega a tener tiempo de modificar estas concepciones artísticas dándoles continuidad, al producirse un cambio de era: llegan los bárbaros y arranca la Edad Media.

 

3. El Medievo

 

  Si hablamos de pensamiento en la Edad Media, necesariamente hemos de hablar de Teología, de la ciencia suprema como entonces bien se concebía, a la que sirven las demás, incluyendo a la Filosofía. La Edad Media, pues, abarca desde la etapa última de los Santos Padres hasta el fin de la hegemonía de la escolástica.

  La cosmovisión cristiana, por mor de la conversión progresiva de los pueblos bárbaros, imperó sobre la herencia grecolatina y sobre el propio paganismo prefilosófico de los invasores. El perfeccionamiento de los desarrollos teológicos guarda una exacta correspondencia con la evolución del arte medieval:
   a) Primero, los diferentes artes prerrománicos, como el visigótico, el mozárabe o el asturiano en el caso de España. Más o menos toscos, intentan entroncar con escasos medios con la difuminada imagen del clasicismo que perduraba en el “subconsciente colectivo”, y se llegaban a ver influenciados en cierta medida por “culturas superiores”, como la bizantina.
   b) Segundo, el románico del arco de medio punto y del contrafuerte, de los muros gruesos y las ventanas chicas, del alma recia y las proporciones modosas. Representa la solidez de los cimientos, pero, a la vez, la aparición de algo realmente nuevo y con unidad de espíritu, coherente en sí mismo. Aún sin alcanzar la plenitud, es condición de posibilidad de lo que luego llegue; una especie de adolescencia necesaria.
   c) Por último, el arte gótico, el arte teológico por antonomasia. El arco ojival, apuntando hacia arriba, las etéreas arquivoltas sosteniendo el entramado constructivo, las vidrieras que llenan los templos de una fantasía luminosa, y las torres, esbeltas, lanzadas más que levantadas, que a punto parecen de despegar del suelo. El arte de la desproporción entre lo horizontal terrestre y lo vertical celestial; el punto de encuentro de la naturaleza caída con su Creador, hacia quien quiere elevarse. Cuando uno entra en una catedral gótica, ciertamente experimenta la sensación de alejarse del mundo. No es sólo la impresión física de grandiosidad; es un auténtico movimiento espiritual, que parece llevar al alma a cotas impensables cuando, minutos atrás, el cuerpo cruzaba un paso de peatones. ¡Qué bien se reza en una catedral gótica!

 

  Es así el gótico el consecuente lógico y natural de las formas anteriores. El gótico se “asienta” en el románico, algo que es literalmente cierto en muchas construcciones, donde, lo dilatado de su construcción, hizo combinar los estilos.

  Su explosión en el siglo XIII coincide con el período de mayor esplendor de la escolástica, una de las mayores cimas del pensamiento humano, cuando los sabios cristianos fueron capaces de dejar perfectamente dibujado para la historia el camino filosófico en el que se aunaban, como piezas del mismo rompecabezas que son, Fe y Razón.

  Llegados a este punto, no se extrañará el lector si afirmamos que no encontramos que sea meramente casual la coincidencia en el tiempo del declive gótico con el ocaso escolástico del siglo XV. Ambos fenómenos van de la mano; ambos gigantes sucumben ante una nueva cosmovisión que supone un giro copernicano respecto al mundo medieval.

 

4. La Edad Moderna: Renacimiento, Barroco y Neoclásico

 

  A partir del Quattrocento italiano, el veneno del antropocentrismo se instala en las conciencias de las clases cultas de una parte importante de Europa. No es éste el lugar de profundizar en las causas y manifestaciones externas de este cambio radical. Durante los siglos XV y XVI, España fue prácticamente la única nación europea que, gracias al excepcional celo de sus católicos monarcas, conservó íntegramente su Fe, y mantuvo las escuelas de pensamiento en Teología, Derecho, Filosofía, etc., plenamente conformes a la doctrina de la Iglesia.

  Sigue, por ende, sin ser casualidad, que la edificación y, en general, el arte religioso en España continuase siendo clarísimamente preponderante sobre el civil (lo que no sucedía en la Italia de los mecenas y condottieri), y que las influencias renacentistas pasasen prácticamente desapercibidas, sustituidas por estilos autóctonos, como el gótico flamígero, el herreriano o, incluso, el colonial en América. ¡Cuántas veces hemos oído despreciar estas formas artísticas como fruto del retraso español a la hora de recoger las “modas” europeas! Si hablamos de un siglo en el que España era el centro del mundo, ¿qué sentido tiene afirmar una falacia tan bobalicona?

 

  El humanismo y el erasmismo generaron el caldo de cultivo, en Europa, que hizo posible el retorno a las formas clásicas, como consecuencia del retorno al hombre como medida de todas las cosas, como ombligo de las investigaciones especulativas. Para muchos de aquellos pensadores, la Fe en la que fueron bautizados dejó de ser el centro de sus vidas, para adoptar el papel de mero árbitro social que tenía el paganismo antiguo. Tirando del hilo, se llega a la Reforma protestante, al desgarro de la Iglesia, y a la herida abierta y supurante que sufre Occidente desde hace 500 años.

   Sin embargo, en Trento tiene lugar la reacción. La Reforma católica o Contrarreforma, iluminada por el Concilio y ejecutada con precisión militar por los seguidores del Capitán de Loyola, planta cara y combate de tú a tú con la nueva posición intelectual mayoritaria. En el plano militar, el combate lo mantiene España frente a la entente de potencias protestantes y a la doblez de la católica Francia.

 

  En cuanto al arte, el siglo XVII ve nacer un nuevo estilo católico, pedagógico y de lucha contra los herejes: el barroco. Supera al gótico en muchas facetas, en la escultórica y pictórica, sobre todo, como es lógico atendiendo a los progresos técnicos habidos en tres siglos, y a la preponderancia que se concederá a la representación de los santos y de escenas relacionadas con los dogmas recién definidos.

  Pero, entre tanto, el racionalismo, heredero del humanismo de Erasmo, Petrarca y Castiglione, se había ido consolidando con Descartes, Spinoza, Leibniz y la mecánica de Newton, que, al quedar ya definida al margen de la Teología, como una cuestión “técnica”, escapa a su control y ejerce una insana influencia en las clases educadas, que estaban siendo progresivamente dominadas por las tesis racionalistas.

  Así, el siglo XVIII es el siglo de la “Ilustración”; el siglo de Voltaire, Rousseau y Montesquieu; el siglo de la masonería deísta y presuntamente filantrópica; el siglo de la Enciclopedia frente a la Iglesia “oscurantista”; el siglo que culmina con la Revolución Francesa entronizando a la diosa Razón en Nôtre-Dame. El siglo XVIII es el siglo del neoclásico, el siglo de vuelta generalizada a la concepción antropocéntrica, con el imperativo categórico de Kant como telón de fondo de la nueva moral autónoma, que renuncia a la ley objetiva.

 

  El deseo de fidelidad a los modelos antiguos se vio alentado por los descubrimientos arqueológicos que a mediados del siglo XVIII asombraron a Europa, principalmente las ruinas de Pompeya y Herculano. La voluntad arcaizante se expresa sobre todo en una arquitectura civil (e incluso religiosa, como el caso de la Iglesia de la Madeleine de París) de líneas rectas y proporciones clásicas, que recupera los cinco órdenes arquitectónicos empleados por los romanos, y por unos motivos en escultura y pintura que, abandonando casi por completo la temática religiosa, vuelven a representar principalmente escenas mitológicas paganas. Entre tanto, por cierto, en España se seguía haciendo barroco, una vez más.

  El afán de recuperación de la Antigüedad se llegó a plasmar en los símbolos políticos: no es tampoco casual que los revolucionarios franceses reclamasen para sí la herencia estética de la República romana, ni que Napoleón hiciese lo propio con el Imperio (romano a secas; ni sacro, ni romano-germánico, que, históricamente, le quedaba mucho más cerca). Con las guerras napoleónicas, entramos en la última división histórica que plantearemos: la Edad Contemporánea.

 

5. La hidra de cien cabezas: el arte contemporáneo

 

  Intentar una descripción sistemática del arte de los últimos doscientos años resulta tan complicado como abordar una historia de la filosofía de ese mismo período. ¿Qué nos encontramos al estudiar el pensamiento contemporáneo? El último sistema filosófico propiamente dicho, el de Hegel, y, a partir de ahí, un totum revolutum de idealismo y materialismo extremos, de positivismo, voluntarismo, nihilismo, irracionalismo, utilitarismo, psicologismo y existencialismo... Desde luego, no menos “ismos” de los que se encuentran en arte, hasta que ya ni siquiera con “ismos” se puede catalogar esta “hidra de cien cabezas”, como ocurre a día de hoy.

  Quizás, para abordar la crítica de este período no merezca la pena entrar en el detalle de desglosar cada movimiento artístico y cada línea de pensamiento, y convenga más un examen del “espíritu de la época”, del común denominador que subyace debajo del revoltijo informe. Es, posiblemente, la única manera de forjar interiormente una idea clara, una visión general, un “aroma” de lo que es el mundo de hoy y el de nuestros abuelos: el hombre como centro, el leitmotiv de los diversos retornos al clasicismo, pero ya consolidado y llevado hasta sus últimas consecuencias.

 

  Decía al principio que el hombre moderno está, en el mejor de los casos, impregnado de espíritu clásico. Es decir, en el mejor de los casos, aún no ha pervertido su gusto como para admitir las “propuestas” de los “artistas” de hoy, que buscan “la sorpresa y no la belleza”. Tengo a veces la impresión de que, con el arte contemporáneo, pasa lo mismo que con el retablo de las maravillas de Cervantes, que, por vergüenza, nadie se atreve a decir lo que todo el mundo ve, o sea, que se trata de un bodrio sin sentido. Pero estoy convencido de que aún hay una amplísima mayoría de intelectos que sigue encontrando lo bello en lo proporcionado y lo armonioso, en lo clásico; es natural que así sea.

  Este párrafo induce dos consideraciones. La primera, en la que coincidimos plenamente con José María Rubio, es que el hombre contemporáneo encuentra muchísimas dificultades para comprender e interpretar el gótico y el arte medieval en su conjunto. Dificultades que se deben a su formación, a su estructura mental, que es ajena a las categorías que guiaban las cabezas de aquellos artistas. Obviamente, si le es difícil entender, absolutamente imposible le será crear de acuerdo con aquella concepción, salvo excepciones, como la ya comentada de Antonio Gaudí.

  La segunda es que, pese a su aparente oposición diametral, en el fondo, el espíritu clásico y el espíritu moderno tienen el mismo origen: la ausencia de Dios. El primero, al buscar conscientemente la belleza, y al estar, originalmente, justificado por la falta de la Revelación, podría identificarse con la religión natural. Sin embargo, cuando dos mil años nos separan ya del Calvario, cuando contamos con dos mil años de Teología católica, y encontramos que el hombre renuncia voluntariamente a Dios como centro del Cosmos, abandonarse al clasicismo es sólo el primer paso antes de la degeneración.

 

  Es útil aquí hacer un alto en el discurso y confrontar estas afirmaciones con algunas realidades artísticas contemporáneas:
   a) El Romanticismo, que, en cierta medida es una vuelta al medioevo y al gótico, no conlleva, en absoluto, una restauración del pensamiento, sino que se trata de un mero esteticismo de raíz sentimentalista, alejado de la especulación racional. En el fondo, y a pesar de su apariencia externa, sigue formando parte del “espíritu moderno”, tanto en su versión artística como en la política, que admite intrínsecamente la soberanía popular y es el origen remoto del supuesto “derecho de auodeterminación” de los pueblos.
   b) El arte en los tres totalitarismos del siglo XX:

  • El caso del comunismo es la realización práctica del racionalismo que olvida la trascendencia, llevado hasta sus últimas consecuencias: ¿para qué buscar la belleza, si no es útil, si no sirve para nada? En definitiva, el último paso del materialismo.
  • En el nacionalsocialismo encontramos la paradoja de una doctrina reconocidamente irracionalista, de una mística pagana, combinada con una estética sublime, considerada desde un punto de vista clásico, de la armonía de la línea, de la grandiosidad apabullante, del ansia de perfección. Paradoja que exterioriza la identificación íntima entre lo clásico, lo pagano y lo irracional, cuando la razón humana ya no tiene excusa para dejar al margen a Dios, Uno y Trino.
  • La democracia liberal, donde todo vale, de la que nos ocuparemos retomando la línea argumental.

 

  Cerrado el paréntesis, continuamos. Lógico fue que, al bascular por última vez el centro de gravedad filosófico hacia el hombre, primeramente se retomase la estética clásica. Una vez afianzado el cambio en las conciencias, empero, la evolución hacia el Modernismo (la suma y compendio de todas las herejías, como bien aleccionaba San Pío X) es absolutamente evidente. Si se parte del hombre como centro, del hombre como medida de las cosas, se termina necesariamente en el relativismo moral y político, es decir, en el modernismo religioso y en el liberalismo.

  De ese relativismo, de ese espíritu moderno, las consecuencias estéticas son exactamente las que hoy padecemos: todo vale, el arte es la “expresión emocional” del artista, no hay belleza y proporción objetivas, no hay ningún canon que respetar. El verso chirriante sustituye al soneto; el heavy metal y la música experimental a la sinfonía; los engendros del Guggenheim a Murillo; los “performances” a la danza y al teatro; las agrupaciones de chatarra a Miguel Ángel. Y, arquitectónicamente, la nueva teología se plasma en las iglesias planas, camufladas con el ambiente, asamblearias, sin vocación ascendente; en todas esas nuevas iglesias de los barrios de las ciudades, que tan poco ayudan al alma orante.

 

  Impertérritas, contemplándonos desde lo más alto de sus torres, las catedrales góticas parecen preguntarse, o preguntarnos a nosotros: ¿cuándo nos volveremos a entender?

 

  Arbil

LA MÁQUINA DEL TIEMPO DE GUILLERMO ROCAFORT: "Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo almogávar"

LA MÁQUINA DEL TIEMPO DE GUILLERMO ROCAFORT: "Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo almogávar"

Juan V. Oltra

 

  Resulta difícil de por sí hacer la crítica de un libro. Hacerla de forma objetiva, imposible, más cuando la materia tratada apasiona. Tarea de titanes si el autor es, además, amigo. Sin embargo, soy consciente de que hay que trabajar en esa dirección, buscar en nuestro subjetivo interior todos los rasgos de objetividad que encontremos y trenzarlos olvidando todo lo demás para, con esa cesta, poder empezar a recoger frutos.

  En busca de esa catarsis me embarqué yo a bordo del libro “Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo almogávar”, texto de mi amigo y sin embargo admirado Guillermo Rocafort.

 

  Hacía escasas horas que abusando de su amabilidad, Guillermo había dado una charla a mis alumnos, cuando empecé su lectura. Me disponía a darle una lectura combinada, invento que utilizo cuando no quiero que un libro me mediatice, cuando no quiero que el autor me termine vendiendo nada: compartir la lectura con cuatro o cinco títulos más es la mejor manera de evitar que nadie secuestre mi mente. Pero no pudo ser, fue imposible… una vez empezada la lectura me sumergí en el vórtice de la vida almogávar. Los gritos de “Desperta Ferro” mientras golpeaba con la espada el suelo al tiempo que miraba con fiereza a mis enemigos me impedían pensar. Sin saber cómo, me encontré en un barco camino de Bizancio, me vi desfilando ante Andrónico Paleólogo. Me descubrí segando cabezas de turcos. Nunca he probado el LSD ni otras sustancias con efectos estupefacientes, pero el vuelo que emprendí debía ser algo parecido, con la ventaja de ahorrarme el síndrome posterior.

  Si, debía estar preparado: había leído y oído de forma previa palabras que reputaba en exceso generosas para con la obra. Craso error; no había generosidad sino justicia. Se trata de un libro que más que leerse, se ve, se vive. Cuando el autor nos sumerge en la intrahistoria de la llamada “venganza catalana”, la sangre enemiga nos salpica, nos obliga a chapotear en ella para avanzar, no muy deprisa, pues da miedo a que el volumen concluya y el goce termine.

 

  Tengo que hacer una apostilla. He dejado claro que me cabe el orgullo de llamar amigo a Guillermo Rocafort. Pues bien, aunque no fuera sí, aunque ese libro lo hubiera escrito la persona más deleznable y malvada del mundo, mi criterio sobre su obra se mantendría. Pocos libros han tenido en mí estos últimos años el efecto de “abducirme”, como si en lugar de páginas tuviera las luces de un Objeto Volante No Identificado. Y es que, visto a posteriori, esto era absolutamente esperable. Guillermo, además de amar a este personaje, un hombre excepcional en la historia universal al que se encuentra unido genéticamente, es de por sí alguien capaz de aunar en su persona la reflexión y la acción propia de un caudillo almogávar: profesor universitario, Caballero legionario, abogado…

 

  En resumen: les invito a hacerse con este libro, publicado por Aura editores, que les hará codearse con este héroe, este soldado fiel a la Corona de Aragón, que surge de entre la neblina mezcla de mito y realidad que envuelve aquellos oscuros años. Oscuros o negros: no olvidemos que el negro, es el color de la guerra.

  Es preciso, pues, concluir estas líneas con un homenaje a los almogávares, con sus gritos de combate: ¡AUR! ¡AUR! ¡Desperta Ferro!

SOCIEDAD Y SECULARIZACIÓN EN ESPAÑA: UNA REFLEXIÓN ANTE LA POSICIÓN DEL EPISCOPADO

SOCIEDAD Y SECULARIZACIÓN EN ESPAÑA: UNA REFLEXIÓN ANTE LA POSICIÓN DEL EPISCOPADO

Francisco TORRES

 

   Los datos estadísticos sobre la posición de los españoles con respecto a la religión católica y a la Iglesia, sobre sus tendencias mayoritarias en materia moral, sobre aquellos elementos de la Fe que ya no asumen muchos de los que se declaran católicos y en los que no creen el resto de la población, sobre la evolución y desestructuración de la familia, reflejan, al menos, tres consecuencias incuestionables: la primera, el avance de la secularización ha sido incontenible en la última década; la segunda, el catolicismo ha quedado reducido, en amplísimas capas de la población, a un mero elemento cultural; la tercera, la evidente imposición del relativismo ha quebrado, en muchas conciencias y sobre todo en el comportamiento social, tanto la Fe como la búsqueda del camino en la Norma.

   Según las diversas encuestas publicadas, cuyos datos se refieren como máximo a las magnitudes del 2005, el número de españoles que se declaran católicos se sitúa sobre el 77%. Ahora bien, la lectura de los datos secundarios indica que se trata de un catolicismo genérico, de raíz cultural y ornamentación social, cada vez más distante de la Iglesia. Sólo un 20% de los declarados católicos acuden a la Santa Misa los domingos como mínimo y un 13% más lo hace en alguna ocasión al mes. Por el contrario un 46% no acude casi nunca, haciéndolo sólo para determinadas celebraciones. Las series estadísticas testifican cómo se está produciendo, día a día, mes a mes, año tras año, el permanente retroceso del peso de la Fe en la sociedad, reduciendo su penetración real, su peso e influencia, en la misma. Como ejemplo anotemos que los que acuden a la Santa Misa los domingos se reducen, encuesta tras encuesta, con respecto a los que van alguna vez al mes o varias al año. Pongamos estos datos en relación con el continuo crecimiento de los matrimonios civiles, que ya rondan el 40%, lo que revela la pérdida de Fe entre los jóvenes, pese a la permanencia del catolicismo que podríamos denominar de “rito y ornamento”, cuando hasta hace una década se mantenían los matrimonios no religiosos en torno al 23%. En esta línea también resulta significativo señalar el retroceso de alumnos que cursan religión en los centros educativos: está situado en un 54% entre los alumnos de Bachillerato, cursos, recordémoslo, en los que la elección está más desvinculada de las decisiones de los padres. La pérdida de peso del catolicismo entre los jóvenes resulta cada vez más alarmante.

 

  Este marco de continuada reducción del peso del catolicismo, de secularización, de abandono muy significativo de elementos básicos de la moral cristiana, incluso entre los que se declaran católicos, es el que está permitiendo al gobierno, por la falta de resistencia social, poner en marcha un programa de laicidad cuyo objetivo es la imposición de la denominada moral laica del llamado moderno humanismo, de raíz inmanentista. Programa laicista que cuenta con la evidente tolerancia de la oposición del Partido Popular que formalmente mantiene en su ideario la inspiración cristiana, porque para éste la “cuestión religiosa” pertenece al orden de lo individual y no al orden de lo colectivo y, porque, además, existe en el Partido Popular una corriente importante dispuesta a difundir los mismos presupuestos filosóficos del gobierno, defendiendo el “humanismo secular”, tal y como se puede deducir del artículo publicado por la revista de la “Fundación para el análisis y los estudios sociales”, laboratorio de ideas del PP, que preside José María Aznar (Teresa Giménez Barbat, “Por un humanismo secular”, Cuadernos de pensamiento político nº 8, octubre-noviembre 2005). El objetivo de estas políticas, que promocionan y facilitan los procesos de secularización, es: para la izquierda, reducir el catolicismo a un mero elemento cultural, sin influencia social, salvo en cuestiones asistenciales, y con la menor presencia externa posible, erradicando la moral cristiana de la mentalidad colectiva de los españoles, lo que aseguraría su primacía política; para el centro derecha, buscar la convivencia entre un “humanismo secular” colectivo, que recoja en abstracto valores cristianos (Vida, Familia, Moral …) pero que, al mismo tiempo, mediante la legislación haga inviable su permanencia como realidad tangible en la sociedad (aborto, uniones homosexuales, modelos plurifamiliares…) pues en ningún momento se está dispuesto a eliminar dicha legislación o a variarla para aplicar una reducción progresiva de sus efectos.

 

Secularización, Estado, Partidos y Pastoral.

 

   La preocupación entre una parte significativa de la Iglesia en España por el incremento acelerado del proceso de secularización de la sociedad, independientemente de la orientación laica del Estado que impulsa la Constitución de 1978, se ha hecho notoria en la última década. El Plan Pastoral elaborado por la Conferencia Episcopal en el año 2000 ya recogía la necesidad de afrontar el proceso de secularización de los católicos. Los datos estadísticos indican que si bien existía el diagnóstico no se ha conseguido ni frenar ni ralentizar esa secularización.

   La Conferencia Episcopal ha abordado el problema desde el punto de vista del orden interno, de la acción pastoral, de lo que la Iglesia transmite desde los púlpitos y las catequesis y las conclusiones son, como veremos, estremecedoras. La Jerarquía eclesiástica, entre líneas, asume que ha existido y existe lo que podríamos denominar un “desviacionismo” (aunque prefieran utilizar términos más suaves como “concepciones erróneas” o “interpretaciones deficientes”) ampliamente extendido a la hora de comunicar a los fieles la doctrina; que lo que definen como la “fe de los sencillos” se ha visto conmovida en sentido negativo por la falta de claridad en la exposición y por los mensajes contradictorios que les han llegado en materia teológica y moral.

   La Jerarquía es sensible pues a las críticas que, desde organizaciones seglares, desde medios católicos, han ido difundiéndose desde mediados de los años sesenta. Desde diversos medios, en este tiempo, se ha alertado, constantemente, sobre ese “desviacionismo” litúrgico, teológico y moral. Un “desviacionismo” que ha sembrado entre los fieles, sencillos o instruidos, la duda y el relativismo; porque el relativismo también anida hoy entre los católicos. La Conferencia Episcopal asume hoy lo que hace tres décadas denunciaba una minoría; lo asume cuando el problema ha adquirido una dimensión preocupante para el mantenimiento de un catolicismo de Fe frente a un catolicismo puramente cultural y cada vez menos social.

 

   Ciertamente la secularización no es un problema propio y particular de España, es común a todo Occidente. Quizás la Conferencia Episcopal, por la propia historia reciente de España, por la situación de privilegio en que se ha desenvuelto su acción en casi toda la historia de España, no ha acertado a la hora de disociar las dos vertientes del problema, de distinguir entre la secularización, ahora laicismo radical, del Estado y la secularización de la sociedad. En estas circunstancias ha entendido que la segunda era consecuencia de la primera y que, por tanto, la vía más acertada para hacer frente al problema era mantener una serie de posiciones dentro del Estado, utilizando un poder de influencia sobre la sociedad que, aunque parezca un contrasentido, por ello mismo se ha ido reduciendo. La Conferencia Episcopal, aún hoy, no parece querer asumir una realidad objetiva: que tanto el Estado como los dos partidos mayoritarios sólo contemplan a la Iglesia de una forma instrumental, pues, por reducida que sea su capacidad de influencia, aún puede ser decisiva en un 20%-30% de los electores. Esta contemplación instrumental de la Iglesia ha hecho que en las últimas tres décadas el proceso de separación de la Iglesia y el Estado, el proceso de creación de un Estado totalmente laico, haya sido muy lento; estando en función del proceso de secularización de la propia sociedad. Las reformas legales que han roto el predominio de la moral cristiana sólo se han producido cuando la sociedad ha cambiado mayoritariamente sus reglas morales de comportamiento o, en su defecto, ha caído en el más absoluto relativismo expresado en el “yo no lo haría pero no puedo prohibirlo…” Un relativismo del que, como reconoce la propia Conferencia Episcopal, la Iglesia española no es irresponsable sino que ha contribuido, por el desviacionismo, a su desarrollo. Relativismo, y esto no lo reconoce la Conferencia Episcopal, que, en muchas ocasiones y en muchos sacerdotes, ha venido determinado por la neutralidad o la benevolencia hacia las opciones políticas.

 

   Un ejemplo diáfano de lo expuesto, que hace fácilmente comprensible lo apuntado, es la actitud adoptada por los obispos catalanes en la 179 Conferencia Episcopal Tarraconense, celebrada después de la publicación de la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal. En ella, los obispos catalanes han acordado, implícitamente, abstenerse a la hora de dar una orientación clara a los católicos con respecto a la votación próxima del Estatuto de Cataluña. Los obispos catalanes se han pronunciado por dar libertad de voto a los fieles, manifestando sólo “preocupación” por algunos aspectos del articulado que “contradicen el espíritu del humanismo cristiano”, esos puntos se refieren al aborto libre, al matrimonio homosexual, al reconocimiento de adopción por parejas homosexuales, a la manipulación del embrión, a la eutanasia… pidiendo sólo que cuando se aplique el texto se haga “con generosidad”. Con esta decisión los obispos catalanes, continuando con la línea de actuación de la Iglesia con respecto al poder de las últimas décadas, colocan por encima de elementos fundamentales de la moral cristiana el Estatuto, esperando mantener una cierta capacidad de influencia sobre el poder.

 

  El contrasentido, independientemente de la valoración que en función de la Fe se puede hacer, independientemente de la aplicación que se haga de la relación Iglesia-Estado desde una perspectiva católica, se da cuando, para hacer frente a la secularización, a través de la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal, se indique que: “quienes reivindican su condición de cristianos actuando en el orden político y social con propuestas que contradicen expresamente la enseñanza evangélica, custodiada y transmitida por la Iglesia, son causa grave de escándalo y se sitúan fuera de la comunión eclesial. Los fieles deben defender y apoyar aquellas formaciones o actuaciones políticos que promuevan la dignidad de la persona human y de la familia”. Hasta para el más lego en materia política, hasta para el más laxo en la interpretación conceptual, resulta evidente que el Estatuto va contra elementos clave de la Moral y la Fe católica, que su visión de la Vida o la Familia son incompatibles y que su aplicación contribuirá a incrementar un proceso de secularización que en Cataluña es más acentuado que en otras partes de España, y a ello habrá contribuido, de forma sustancia, la no-oposición disfrazada de libertad promovida por la Conferencia Episcopal Tarraconense.

 

   Sin embargo, precisamente, la posición de la Iglesia, en el pasado y en el futuro, ante las relaciones Iglesia-Estado, ante las propuestas de las opciones políticas, ante los idearios de los partidos es un elemento, pese a su trascendencia, porque contribuyen al proceso de secularización, que la Conferencia Episcopal no ha sabido o no ha querido valorar. Y al creyente, al sencillo, le parece que se le pide una actuación y una posición en la vida pública que, después, la propia Iglesia no está dispuesta a sostener.

   Si bien la Conferencia Episcopal asume la necesidad de la reevangelización, elemento capital del pensamiento de Juan Pablo II; si bien asume, implícitamente, que, pese al programa pastoral del año 2000, los resultados han sido muy pobres; si bien es capaz de entrar, parcialmente, en la crítica interna que parece ser bandera de Benedicto XVI; si bien parece dispuesta a hacer frente a la secularización interna de la Iglesia y al desviacionismo fortaleciendo la doctrina, tal y como defendían Juan Pablo II y Ratzinger; no asume, aún, la nueva posición que Benedicto XVI señala para la Iglesia en Occidente que es la de tener presente su condición de minoría olvidando las situaciones de privilegio, actuando así con mayor libertad, independencia y coherencia.

 

La última instrucción pastoral.

 


  Resulta difícil de entender por qué la Conferencia Episcopal ha rotulado, a la hora de publicar su Instrucción Pastoral, con el título de “Teología y Secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II”, sobre todo cuando no aparece una exposición de motivos en ese motivo. Es evidente que, una y otra vez, como no puede ser de otro modo, la Conferencia Episcopal se apoya en el Concilio, pero no es menos cierto que, a la inversa, leyendo entre líneas, también aparece un hecho incontrovertible: que muchas de las desviaciones, tanto teológicas como litúrgicas, proceden de la interpretación de dicho Concilio. Para nadie que conozca la historia reciente de la Iglesia en España es extraña la conmoción que en los medios eclesiásticos, religiosos y seglares produjo el Concilio y sus efectos.

 

   La Conferencia Episcopal parte de un hecho incontrovertible, el avance radical del proceso de secularización que ha extendido la propuesta de vivir como si Dios no existiera, expandiendo el “ateismo y agnosticismo pragmáticos según los cuales Dios no sería relevante para la razón, la conducta y la felicidad humanas”. Frente al mismo propugna una decidida acción pastoral que, en primer lugar, depure al discurso eclesial de las deficiencias y los errores; entendiendo que en estas deficiencias y en estos errores está la razón de la pérdida de Fe de los sencillos, elemento capital de la secularización de la sociedad.

   Esta Instrucción Pastoral, aprobada en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española celebrada el treinta y uno de marzo, ha tenido una gestación de dos años, se ha debatido en las dos últimas Asambleas Plenarias y por fin ve la luz. Texto importante pero insuficiente. Importante por lo que de reforma interna puede suponer; insuficiente porque no entra en el problema de la relación de la Iglesia con la sociedad actual. Casi se podría decir que se trata de un texto encaminado a poner freno a la secularización de la Iglesia y los católicos que aún se mantienen vinculados a la misma, pero que no entra en el problema de la reevangelización de la sociedad o de la reevangelización de quienes se declaran católicos pero están alejados de la Iglesia. De hecho, la propia Conferencia Episcopal va a iniciar otros estudios en relación a la asistencia a la Santa Misa y al alejamiento progresivo y continuo de la sociedad.

 

Una lectura inversa.

 


   Se ha escrito que el documento de la Conferencia Episcopal es un importante ejercicio de autocrítica. Una vez leído atentamente nadie sería capaz de negar la afirmación. Quizás lo más interesante, para tener un dictamen certero de la situación real de la Iglesia, de los factores que desde ella han contribuido al proceso de secularización, sea realizar una lectura inversa del documento.

   En España se ha producido y se está produciendo un anuncio “mediocre” del Evangelio, porque se están propagando “enseñanzas que dañan la unidad e integridad de la fe, la comunión de la Iglesia” proyectando “dudas y ambigüedades con respecto a la vida cristiana”. La Iglesia está padeciendo en España una “secularización interna”, cuyo origen está en parte situado en la difusión de “propuestas teológicas deficientes relacionadas con la confesión de fe cristológica. Se trata de interpretaciones reduccionistas que no acogen el Ministerio revelado en su integridad. Los aspectos de la crisis pueden resumirse en cuatro: concepción racionalista de la fe y de la Revelación; humanismo inmanentista aplicado a Jesucristo; interpretación meramente sociológica de la Iglesia, y subjetivismo-relativismo secular en la moral católica”.

 

   Entre las “propuestas teológicas deficientes” que se han extendido en España aparece la equiparación de la Revelación con otras religiones, mostrándolas como equivalentes o complementarias; no respetar la idea de que “vivir según la fe requiere profesar de manera completa e íntegra el mensaje de Jesucristo” rechazando la idea de selección de aspectos; la difusión de propuestas que siembran la duda y la desconfianza en el Magisterio de la Iglesia; los errores en la interpretación de la Sagrada Escritura con lecturas ajenas al sentido con que fueron escritas; explicación de la misión de Cristo reduciéndola al aspecto terreno (presentándola incluso como política-revolucionaria); presentar la muerte en la Cruz como un fracaso y no como expresión de la voluntad de morir por la salvación de los hombres; disociación del Jesús histórico del “Cristo de la fe”; negación del carácter real, histórico y trascendente de la Resurrección de Cristo, reduciéndola a la mera experiencia subjetiva de los apóstoles; errores en el Misterio de Cristo, procurando orillar su preexistencia, su filiación divina…; los errores sobre la Virgen María que socavan la dimensión mariana; separación del Cristianismo y la Iglesia. Y señala la Conferencia Episcopal cómo estas “propuestas teológicas deficientes” han pasado “de ámbitos académicos a otros más populares, a la catequesis y a la enseñanza escolar”.

 

   Si la primera parte del documento se centra en esos errores y propuesta teológicas deficientes, la segunda parte aborda los “abusos en el campo de la celebración litúrgica, especialmente en los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia. ¿Cómo no manifestar un profundo dolor cuando la disciplina de la Iglesia en materia litúrgica es vulnerada?”. Los errores que señala el documento son preocupantes porque han sembrado entre los fieles la duda en: la fe de la Iglesia en la venida del Señor en gloria al final de los tiempos, en la resurrección de la carne, en el juicio final y particular, en el Purgatorio, en la posibilidad de la condenación eterna o de la Bienaventuranza eterna. Existe, afirman los obispos, un silencio sobre estas verdades en la predicación y en la catequesis.

   La tercera parte del documento aborda los desafíos en el campo moral a los que se enfrenta la evangelización. El dictamen es rotundo, los cristianos han perdido las convicciones y las certezas. En este apartado la Instrucción Pastoral lo que hace es reafirmarse en la doctrina, lo que indica que tampoco este campo está libre de las deficiencias y los errores. La Iglesia tiene que explicar a la comunidad cristiana cuál es la Norma en materia de dignidad de la vida humana, amor conyugal, sexualidad, vida (“es contrario a la enseñanza de la Iglesia sostener que hasta la anidación del óvulo fecundado no se puede hablar de vida humana, estableciendo así, una ruptura en el orden de la dignidad humana entre el embrión y el mal llamado pre-embrión”).

 

   Cierra el documento con una llamada, en consonancia con Roma, a la participación de los católicos en la vida pública y política. Recuerda que el católico tiene que actuar en la vida pública conforme a sus convicciones, por lo que desautoriza la interpretación, usual entre los políticos que se presentan como católicos, de “arrinconar las convicciones religiosas en la conciencia individual”. Con respecto a las opciones políticas, la instrucción reconoce un cierto pluralismo de opciones, pero con unos límites: “defender y apoyar aquellas formaciones o actuaciones que promuevan la dignidad de la persona humana y de la familia. En el caso de que no se pueda eliminar una ley negativa sobre estas materias (aquí los obispos se pierden porque todas pueden ser derogadas por reforma), el fiel católico debe trabajar por minimizar los males que ocasione”. Pero el documento ignora la desorientación que han producido en el católico muchas de las orientaciones que los obispos han dado en los tiempos electorales y que han contribuido, por ejemplo, a la creencia de que el aborto pude ser lícito o ético en determinados supuestos.

 

Preguntas finales.

 


   Es evidente que, para la Conferencia Episcopal, la secularización de los católicos es consecuencia, además de los factores externos, que sólo se tienen presentes muy sucintamente, con escasa definición, y que también son concurrentes, de la secularización interna de la propia Iglesia, de las deficiencias y errores en la difusión del mensaje. A ello ha contribuido el apoyo que han encontrado en “miembros de Centros académicos de la Iglesia, y en algunas editoriales y librerías gestionadas por Instituciones católicas”.

   Todo ello, deficiencias teológicas, propuestas teológicas equivocadas, errores, abusos litúrgicos, omisión de temas, desorientación moral, ha zarandeado las creencias de padres, educadores y catequistas que son quienes cierran la cadena de transmisión del mensaje evangélico. Y el fracaso de la educación religiosa entre los jóvenes, de las catequesis no puede ser más evidente cuando un porcentaje altísimo de esa juventud acaba abandonando la Iglesia.

   Ahora bien, si el dictamen no puede ser más rotundo, si tenemos presente que esta situación ha sido denunciada reiteradamente en las últimas décadas, la pregunta es ¿por qué se ha esperado tanto para iniciar la corrección del camino?; y, sobre todo, ¿estaremos a tiempo de invertir el camino siendo la Iglesia española y la Conferencia Episcopal coherentes con su dictamen y no agravando la desorientación de los católicos o todo volverá a quedar subordinado, en los instantes cruciales, a la relación política establecida con el Estado y los partidos?

 

  ARBIL.

¿LA GRAN EUROPA O LA GRAN CATÁSTROFE?

¿LA GRAN EUROPA O LA GRAN CATÁSTROFE?

Pierre HILLARD

 

   En estos principios del siglo XXI, la construcción de Europa se acelera. Por un lado, la reunión de Jefes de Estado en Copenhague los días 12 y 13 de diciembre de 2002 abrió la puerta a diez nuevos candidatos: Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Lituania, Letonia, Estonia, Chipre y Malta. Estos países se integraron en la UE el 1 de mayo de 2004. Otros países como Rumanía y Bulgaria esperan su turno, quizá para 2007. Turquía, apoyada por los Estados Unidos, hace presión para incorporarse a esta Europa que a menudo combatió en el pasado.

 

El principio federal

 

  Por otro lado, observamos que la elaboración de una Constitución europea bajo los auspicios de Valéry Giscard d´Estaing toma forma. Se afirma el principio federal ampliamente. Por último, la política de descentralización del Gobierno de Jean-Pierre Raffarin (mayo de 2002 -) dibuja una nueva Francia. En adelante, las regiones están en condiciones de adquirir un peso que las vuelve incontrolables. Por lo tanto, las reivindicaciones identitarias se hacen palpables. Cada vez más representantes bretones, corsos, vascos..., reclaman mayores derechos y nuevas libertades para permitir la expansión de sus características específicas. Todos estos elementos, aparentemente distintos, se basan en realidad en lo mismo. Se trata de construir una Europa federal etno-regionalista en el marco de la Unión Europea (UE), en relación con los Estados Unidos por medio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Varios textos permiten tener una visión global del proyecto europeo y el papel determinante desempeñado por Alemania y comprender mejor las evoluciones que se prevén de nuestro continente.

 

1. Los documentos etno-lingüísticos

 

  Podemos destacar dos documentos europeos en condiciones de promover los fenómenos identitarios: el Convenio Marco para la Protección de las Minorías (1) y la Carta de las Lenguas Regionales o Minoritarias (2). Estos dos documentos que entraron en vigor respectivamente el 1 de febrero de 1998 y el 1 de marzo de 1998 dan la posibilidad a los grupos étnicos de reafirmarse. La redacción de estos textos se debe, inicialmente, a un instituto: la Unión Federalista de las Comunidades Étnicas Europeas (UFCE), cuya sede está en Flensburg, al norte de Alemania. El Ministerio del Interior de la República Federal de Alemania, el Estado Federado del Schleswig Holstein, el Estado Federado de Carintia y la Fundación Hermann Niermann de Dusseldorf financian este organismo. El objetivo de la UFCE consiste en promover la emergencia de grupos étnicos a los que se atribuyen toda clase de derechos: políticos, educativos, administrativos... Su programa se cerró definitivamente en 1992 y se reunió en una obra: "Ethnos 46" (3). Los participantes son todos juristas alemanes y austriacos, sin contar con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Austria y el Ministerio de Interior de Alemania. Es esta fuente jurídica la que redactó estos dos textos europeos o, más exactamente, germano-europeos.

 

- La puesta en acción

 

  La Carta de las Lenguas Regionales o Minoritarias fue redactada en función de la Resolución 192 (1988) del Consejo de Europa. Su ponente fue un abogado alemán, Herbert Kohn, miembro del Comité Jurídico de la UFCE. Gracias a su trabajo, la Carta permite la utilización de las lenguas regionales en ámbitos tan distintos como la enseñanza (artículo, la justicia (artículo 9), los medios de comunicación (artículo 11), y facilita los intercambios transfronterizos (artículo 7 y 14). Es necesario retener bien estos artículos 7 y 14 que hacen mención a las fronteras. Además, estas medidas se reflejan también en otros documentos, en particular el que trata sobre el convenio-marco para la protección de las minorías... Basándonos siempre en los trabajos reunidos en la obra "Ethnos 46", es un alto funcionario del Ministerio del Interior alemán, Rolf Gossmann, quien consiguió durante el año 1994 insuflar la parte fundamental de este programa en este Convenio-marco. Es necesario saber también que este mismo personaje es el agente de conexión entre el UFCE y el Gobierno alemán. En cualquier caso, la aplicación de este documento desde su entrada en vigor representa una verdadera convulsión puesto que permite el reconocimiento oficial de todos los grupos étnicos en la Unión Europea.

  En cierto modo, este documento germano-europeo reanuda el ideal de los pangermanistas del siglo XIX: "desprender el substrato étnico de su ganga estatal antes de proceder a nuevas combinaciones". En todo lo que sea reconocer la promoción de todas las características propias de las minorías étnicas (artículo 5), el Convenio-marco para la protección de las minorías se asocia a la Carta de las Lenguas Regionales o Minoritarias y afirma en su artículo 17 los elementos que están en condiciones de debilitar a fondo el trazado de las fronteras en Europa.

 

  Dice esto: "Las Partes se comprometen a no obstaculizar el derecho de las personas que pertenecen a minorías nacionales a establecer y a mantener, libre y pacíficamente, contactos más allá de las fronteras con personas que se encuentran legalmente en otros Estados y, en particular, con aquéllas con las que tienen una identidad étnica, cultural, lingüística o religiosa, o un patrimonio cultural compartido".

  Esta etnización de toda Europa encuentra su toque final en la Carta de Derechos Fundamentales (4). Los jefes de Gobierno la firmaron en la última Cumbre de Niza, en diciembre de 2000. Entró en vigor después del voto positivo de los irlandeses en octubre de 2002. La Carta de Derechos Fundamentales confirma sin ambigüedad este principio, en particular, en sus artículos 21 y 22 donde expresamente se afirma que las discriminaciones étnicas, lingüísticas, sexuales y religiosas están prohibidas. Esta oficialización de la etnicidad despegará verdaderamente a partir del momento en que se le conceda un marco político adecuado. El federalismo es el apoyo.

 

2. La regionalización de Europa

 

  El reconocimiento del principio federal en las instancias europeas se basa en tres documentos que son, aquí también, germano-europeos. Son las Cartas de la Autonomía Local y Regional y el Convenio-marco sobre la Cooperación Transfronteriza llamada también Carta de Madrid.

 

  La Carta de la Autonomía Local se promovió gracias a un texto de 89 páginas titulado "Las instituciones regionales en Europa" por un ponente alemán de nombre típicamente francés: A. Galleta. Este documento permite la autonomía local en todos los ámbitos: político, administrativo, da derecho a disponer de recursos financieros propios suficientes... Pero en este asunto, los grupos étnicos que residen sobre una superficie de territorio reducida están en condiciones de reclamar la autonomía territorial que corresponde a su emplazamiento. Estas pretensiones tomarán un cariz más vivo con el proyecto de la Carta de la Autonomía Regional. Este texto fundamental se apoya en la recomendación 34 (1997) del ponente alemán y diputado socialista del Estado Federado de la Baja Sajonia, Peter Rabe. Fue en marzo de 1996 cuando se presentó el primer proyecto por el gobierno de este land. En ese momento, su Ministro-Presidente se llamaba Gerhard Schröder, canciller desde 1998.

 

- La parcelación

 

  El objetivo supremo de este documento es el mismo que en el caso anterior, pero a una escala más extensa. Permite la expansión completa de las "regiones-Estado" que están en condiciones de pasar por encima de la autoridad del Estado y tratar directamente con las instituciones europeas. Esta promoción de la autoridad política de las regiones irá a la par que la de los principios etno-lingüísticos citados más arriba. En efecto, el preámbulo del "Proyecto de Carta de la Autonomía Regional" estipula sin rodeos esto: "De acuerdo con el artículo 1 del Convenio-marco para la protección de las minorías nacionales, el respeto de los derechos humanos incluye el de las minorías. Las regiones pues deben respetar los derechos de las minorías que se encuentran en su territorio". Como se puede constatar, todo esto es simplemente el reconocimiento del etno-regionalismo.

 

  Por último, este proceso de desintegración de los Estados tomará su forma más completa con la Carta de Madrid. En apariencia, un organismo europeo propulsó este último documento, pero enteramente alemán por sus fundadores y sus dirigentes: la Asamblea de las Regiones Fronterizas Europeas (ARFE), cuya sede se encuentra en Gronau. Este organismo tiene por objetivo supremo transformar las fronteras de Estado en fronteras administrativas gracias a las euro-regiones. Estas entidades territoriales en una y otra parte de una frontera, actúan como disolventes volviendo caducas las fronteras estatales. Eso permite todas las modificaciones territoriales y los desplazamientos de fronteras. Obviamente, esto no puede sino agradar a los vascos y a los catalanes que pueden esperar una unificación de las partes francesas y españolas. Como bien dice el diputado europeo, Alain Lamassoure: "Europa unificará el País Vasco".

 

3. El ramillete final

 

  Francia se ha comprometido a promover sus regiones. El principio debe ser próximamente reconocido en una revisión de la Constitución de la V República (1958) durante una reunión del Congreso en Versalles. Esto no es más que la exacta aplicación del artículo 2 del proyecto de la Carta de la Autonomía Regional que afirma claramente que "el principio de la autonomía regional debe en la medida de lo posible reconocerse en la constitución".

  Las cosas van muy rápidamente puesto que es necesario completar todo esto para la elaboración de un Código Civil europeo (véase la recopilación Dalloz de 25 de julio de 2002). Fue bajo la dirección de un jurista alemán, Christian von Bar, cuando el Parlamento Europeo decidió en julio de 1999 crear un Código Civil europeo que debe erradicar a todos los otros. Esta uniformación jurídica acompaña a la revolución política y geopolítica que se desarrolla actualmente bajo nuestros ojos. En efecto, el Código Civil de cada país es de alguna manera la sustancia propia de la historia de una nación. Sustituirlo por un Código Civil común, es borrar la memoria jurídica de cada país y acelerar por ahí la pérdida de la conciencia nacional.

 

  La promoción de las regiones políticamente autónomas y de sus caracteres étnicos acompañan a este borrado de la memoria. Por otra parte, Christian von Bar afirmó con una franqueza heladora después de su conferencia el 12 de abril de 2002 en la Grand Chambre del Tribunal de Casación en París, que "Carlomagno nos recuerda que Europa es más antigua que los Estados que la componen. En nuestra comunidad, redescubrimos a Europa en su totalidad". Estas observaciones tiran por tierra mil doscientos años de historia de la lenta sedimentación de los Estados-nación. El ideal propuesto es en resumidas cuentas la vuelta al Imperio Carolingio. El Euro, que entró en circulación a principios del año 2002, ¿no sería finalmente más que una moneda de Imperio cuyo objetivo final sería servir de medio de intercambio entre las regiones que constituyen el Estado federal europeo que se avecina?

 

- El ideal étnico en el parlamento europeo.

 

  El fenómeno se arraiga en un partido político europeo, el Partido Democrático de los Pueblos de Europa - Alianza Libre Europea (PDPE - ALE) en relación directa con el grupo de los Verdes que elaboró un mapa de la Europa étnica en 1997 (por el momento, solamente la Unión Europea) bajo los auspicios del Parlamento Europeo. Como muestra este mapa, Francia estalla en distintas entidades, como Gran Bretaña. Se percibe una extraña relación con el mapa de la Europa de las regiones de las Waffen-SS, reproducida en el Anexo de mi libro (P. Hillard, "Minorías y regionalismo", éd. F.- X. de Guibert). El gran vencedor de estos repartos étnicos es el cuerpo germánico que, además de Alemania, asocia a Austria, a la Suiza germanófona, a Alsacia, al país de Metz, a Luxemburgo y a los cantones de habla alemana belgas. Al beneficiarse de una cohesión cultural, el mundo de habla alemana será el gran beneficiario de estas convulsiones "tribales".

  Es necesario razonar siempre en términos de informes de poder. La entidad de habla alemana, compuesta por 90 millones de individuos y económicamente la más potente de Europa, ejercerá un poder de atracción tal que todo el perímetro de su territorio entrará bajo su dependencia. Es de alguna manera, el renacimiento de un nuevo Sacro Imperio Romano de Occidente. Esta dislocación del cuerpo europeo irá en aumento, ya que el Ministerio de Interior alemán apoya a un centenar de movimientos autonomistas en Europa que incluye a los bretones, a los alsacianos, a los flamencos y a los saboyanos, sólo en Francia (véase Anexo 34 de mi libro). Estos últimos, al igual que los grupos étnicos de otros Estados de la Unión y como los de los nuevos miembros desde 2004 (Polonia, Hungría, Estados bálticos...), podrán entonces agitar el espectro de la secesión.

 

  Podemos incluso ir más lejos. Las poblaciones extraeuropeas, en el marco de los derechos humanos y del derecho a la diferencia estarán en condiciones de reclamar una extensión de estos derechos a su favor. Los textos germano-europeos los autorizan. Lo que es más, la entrada programada de Turquía en la Unión Europea acelerará esta implantación étnica musulmana sobre todo el continente. Numerosos Kosovos deben preverse. Europa se dividirá aún más. Inevitablemente rivalidades interétnicas vinculadas a los intereses económicos y al egoísmo inherente al hombre favorecerán múltiples guerras. Esto será como "la guerra del fuego" y "Mad Max" juntos. Europa ha caído desgraciadamente en una espiral infernal. En efecto, un sabio del siglo pasado decía: "De ordinario, en política, los efectos se perciben cuando comienzan a producirse, es decir, cuando es demasiado tarde "(5).

 

NOTAS:

1. Comité ad hoc para la proteccion de las minorias nationales (CAHMIN), Strasbourg, Editions Conseil de l’Europe, 1994.

2. Mapa europeo de lenguas regionales o minoritarias e informe explicativo, Strasbourg, Editions Conseil de l’Europe, 1993.

3. Felix Ermacora y Christoph Pan, "Volksgruppenschutz in Europa" (Protection des groupes ethniques en Europe), Ethnos 46, Braumüller, 1995.

4. Carta de los Derechos Fundamentales de la Union Europea, Strasbourg, Editions du Conseil de l’Europe, 2001.

5. Jacques Bainville, "Réflexions sur la politique", Paris, Librairie Plon, 1941, p. 18. Copyright 20 février 2003-hillard/ (diploweb.com)