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Bitácora PI

REFLEXIONES

REFLEXIONES

Jesús FLORES THIES, Coronel de Artillería

 y 210 firmantes más.

 

   Los firmantes de esta reflexión sobre España somos un grupo de militares de la más variada procedencia y graduación, además de un grupo de mujeres, esposas y viudas del Ejército de Tierra, Marina o Aire, y otros adheridos pertenecientes a la gran familia militar. No tenemos otro procedimiento para hacernos oír que la publicación de este texto en los medios de comunicación que accedan a insertarlo. Todos tenemos en común la profesión, o relación con ella, y tres ideas fundamentales que llevamos clavadas en el alma: Dios, Patria y Ejército. En este grupo se incluyen nuestras familias con las que compartimos estos mismos ideales.

 

   Vemos con auténtica tristeza que nada ni nadie se opone a la campaña que desde hace unos años se ha desatado sobre la sociedad española tendente a sacar a Dios del alma de nuestra Nación, del alma de las familias españolas. Obras de teatro blasfemas, películas insultantes para nuestras conciencias cristianas, tertulias que hacen burla de nuestra fe y programas anticristianos, son normales en cadenas de televisión estatales o autonómicas. No faltan tampoco las exhibiciones pornográficas ni los brutales ataques a la Iglesia Católica, en muchos casos subvencionados por entidades institucionales, como es la anual exhibición blasfema en la cabalgata del llamado  "Día del Orgullo Gay".

   Nos entristece e indigna la actitud de los poderes estatales y autonómicos, y nos sorprende la actitud, en muchos casos, poco combativa de la Jerarquía de la Iglesia Española (Iglesia somos todos) que a veces parece temerosa de perder lo que algunos consideran privilegios, y que no son tales, porque obedecen a una tradición y a unos tratados firmados con la Santa Sede.

   Las gigantescas concentraciones de fieles en las visitas del Papa muestran que gran parte de España sigue siendo católica, pero nosotros, católicos con "fe de carbonero", comprendemos que no es fácil desenvolverse en un Estado que presume de laico militante y que trata de arrancar a Dios de las aulas de los centros de enseñanza, pero esta comprensión no nos impide pedir a la Iglesia una actitud más combativa. 

   Nos parece, cuanto menos tibia, la actitud de gran parte de esta Iglesia Española ante la Historia reciente que engloba la mayor persecución religiosa de la historia de la Humanidad. Las declaraciones de algunos obispos y sacerdotes nos producen decepción y sonrojo ¿Cómo es posible que haya que mendigar de iglesia en iglesia para decir una misa en el aniversario de la muerte del Generalísimo Franco, que fue restituyó y reconstruyó sus templos, seminarios y bienes arrasados o saqueados durante una II República que hoy se pretende "santificar"?. ¿Han olvidado que ese régimen puso en manos de la Iglesia la educación de los jóvenes españoles? También queremos y necesitamos una actitud más valiente e incansable de la Conferencia Episcopal en temas  candentes, como el del institucionalizado crimen del aborto.

 

   España, nuestra Patria, está atravesando un momento seriamente delicado. La unidad de España, que tantos siglos y sacrificios necesitó para consolidarse, está en un serio peligro. El Estatuto Catalán encierra todos los "mimbres" para que en un futuro próximo el Principado de Cataluña se independice. El mismo camino lleva el futuro Estatuto Vasco. Uno y otro inspirados en falsas reivindicaciones y auspiciados por partidos separatistas, que en el caso vasco se agrava por hallarse detrás una organización terrorista. El reciente festival separatista que hemos visto en un campo de fútbol, ante las miradas condescendientes de los presidentes autonómicos catalán y vasco, y la nula reacción institucional, nos muestra la profundidad del pozo en el que estamos cayendo. Después llegarán los estatutos gallegos, valencianos, mallorquines, canarios... directamente "traducidos" del modelo catalán, estatutos a los que la derecha política se adhiere de forma suicida.

 

   Nosotros creemos que nuestra Patria puede salvarse si los españoles despertamos de una vez y nos damos cuenta de lo que se está jugando España en manos de unos políticos profesionales que, sin mandato constitucional alguno, hacen de nuestro viejo solar el arcón de sus ambiciones de poder. Si en aquel año lejano en que se votó la actual Constitución Española se hubiera dicho que lo que se votaba iba a traer los lodos estatutarios actuales ¿se habría aprobado? ¿No ha sido el pueblo español engañado, por unos inconscientemente, y por otros con plena conciencia de sus objetivos disolventes de la denominada Patria común? Si en aquellos años se hubiera dicho que ofender a la Bandera de España no era delito, que esa Bandera iba a quemarse impunemente en ciertos estadios de fútbol o que iba a desaparecer de Ayuntamientos y hasta de plazas de toros de España, que se iban a arrasar los Monumentos a los Caídos... ¿se habría votado la Constitución? Nosotros mostramos nuestro disgusto, por decirlo de manera literaria y suave, y adelantamos que no admitiremos un final deshonroso para nuestra Patria.

 

   España no puede desaparecer por arte de magia gracias a unos coyunturales profesionales de la política. La situación increíble a la que se ha llegado en las Vascongadas, y también en Navarra, de la que se quieren apoderar, así como el dejar hacer a los resentidos nacionalistas catalanes para hacer desaparecer "lo" español de nuestro Principado, es responsabilidad compartida de la derecha y de la izquierda parlamentarias. Hoy esa derecha trata de dar marcha atrás a sus errores pasados, pero indudablemente con notable retraso. Y también observamos con profundo disgusto algunos gestos incomprensibles y los descorazonadores silencios reales.

   Calvo Sotelo, cuyo asesinato apenas si aparece en esa rara "memoria histórica" institucional, dijo que el Ejército era la columna vertebral de la Patria, lo que a algunos provoca una risa nerviosa, pero han pasado los años y la frase del diputado asesinado se ha mantenido incólume. Si esta columna vertebral de la Patria enferma, se reblandece o se pudre, la Patria se derrumba. Quizá sea éste el objetivo de muchos porque, pese a todo, la existencia del Ejército es una garantía para la existencia de España. Al Ejército se le ha amordazado de forma anticonstitucional, y se le ha convertido, además de mudo, en un ente sordo y ciego. No existe organismo ni institución oficial alguna en esta democracia que nos represente. Cualquier grupo o gremio, incluidos los emigrantes o los okupas, tienen medios que expresen o acojan sus aspiraciones o quejas libremente, sin cortapisas; el Ejército, no. El "Mando", la denominada "Cúpula", sólo interviene en temas de servicio, y de forma muy limitada, porque se ha dejado maniatar por el poder hasta el punto de no haber dejado oír públicamente su voz ante la maniobra desintegradora del Museo del Ejército; el abandono del de Montjuich a su propia suerte; la destrucción de placas y monumentos castrenses, posiblemente con recuerdos de sus propios padres o abuelos; el permitir sin mover un músculo el final precipitado del servicio militar obligatorio por razones exclusivamente electoralistas; cambiar los versos de un poema a los Caídos para no molestar a los nacionalistas... ¿Hará algo ese "Mando" cuando se ordene suprimir la Oración de los Caídos, las tradicionales misas en celebraciones castrenses o los ascensos por antigüedad? Por simple odio, o rencor no contenido, se ha ofendido y despreciado gravemente a la familia militar quitando el monumento ecuestre dedicado al Generalísimo Franco en la Academia General Militar de Zaragoza, de la que fue su primer director y modelo de virtudes militares. Gran parte de los que firmamos esta reflexión fuimos educados en esa Academia a la que prestigió y dotó de inmarchitable espíritu. Nosotros no vamos contra la disciplina, que defendemos porque nos consideramos libres, vamos contra la humillante sumisión sin más. La disciplina es algo más noble y más profundo. El Ejército debe y puede hablar.

 

   El Ejército, hoy FF.AA., es una carta en la baraja del juego político, pero el que tuvo retuvo, y gracias a sus reducidos y silenciados cuadros de auténticos profesionales de la milicia y del honor, vigilados y observados con antipatía y recelo por muchas instituciones del Estado, se mantiene la esperanza de que España no se desintegre. Ni la política partidista de los ascensos selectivos ni determinados altos cargos bien remunerados, podrán exterminar el espíritu de nuestros compañeros en activo que, a Dios gracias, siguen siendo una pesadilla para las tramas y planes antiespañoles vigentes. Confiamos en ellos y ellos lo saben.

 

   Nos oponemos a la falaz campaña cainita de la "Memoria Histórica", así como a la condena de un régimen que es Historia, nuestra Historia, y en el que servimos con lealtad y entusiasmo a España en el Ejército de forma generosa y sacrificada durante gran parte de nuestra vida militar. No aceptamos la inicua ley de "Memoria Histórica",  que más que un absurdo intento de reescribir la Historia, es un gravísimo error cuyas consecuencias pagarán los sectarios legisladores con la recreación de las dos Españas, que es quizá lo que pretenden. No olvidamos que cualquier condena es una ofensa a nuestros ideales y a nuestras Hojas de Servicio, condena que ninguno de nosotros va a aceptar ni a tolerar.

   Estamos con las víctimas del terrorismo, con las miles de familias destrozadas por una banda de asesinos. Todos los firmantes de estas reflexiones somos de alguna forma víctimas de ese terrorismo, pues son centenares los familiares y compañeros asesinados por servir a España hasta las últimas consecuencias. Son ya miles los muertos y mutilados cuya sangre demandará Justicia hasta el final de los tiempos. No se debe negociar con asesinos, porque consensuar una presunta paz con asesinos es una monstruosidad.

 

   No somos nostálgicos porque defendamos nuestro pasado; nosotros miramos hacia el futuro, porque queremos que España vuelva a ser la Patria de todos los españoles con un horizonte limpio y con un destino común.

ACERCA DEL "ORDEN CRIOLLO" DE MI AMIGO ALBERTO BUELA

ACERCA DEL "ORDEN CRIOLLO" DE MI AMIGO ALBERTO BUELA

Ignacio G. TEJERINA CARRERAS

 

   Hace muy pocos días, he leído en el blog español BITÁCORA PI el artículo "El Orden Criollo"

(http://bitacorapi.blogia.com/2006/112801-el-orden-criollo.php) destinado a los amigos del autor en la Quiaca y sur de Bolivia. Lo leí con mucho interés porque la temática es muy afín a mis pensamientos desde hace años, ya que desde hace más de una década, a solicitud mía, se creó el Departamento de Estudios Criollos del Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba. A posteriori, la editorial El Copista, de Córdoba, me publicó mis "Raíces Criollas", en el año 1994, obra que contó con el auspicio de la Municipalidad de Córdoba, Capital, a través del llamado Fondo Estímulo para la Actividad Editorial Cordobesa, ordenanza 1808.

   Como tengo amistad con el profesor Buela y gran pasión por lo criollo, por ser quien esto escribe criollo de 14 generaciones en el país, me veo en la necesidad de hacer algunas puntualizaciones sobre ello:

 

   1) El autor expresa que la tradición política del orden criollo la hallamos primero en Juan de Garay, quien "fundó Buenos Aires y cofundó Santa Cruz de la Sierra junto a Ñuflo de Chávez"; luego en Hernandarias, después en el letrado del siglo XVII Juan Solórzano Pereira, nuestros próceres gobernadores del período de la Independencia... etc. Lo expresado hasta aquí es parte de la realidad, pero de la realidad mediterránea y rioplatense. Como hombre del Interior, acostumbrado a una visión parcial de la historia con epicentro en el Puerto, no puedo dejar pasar por alto algo muy importante. Más allá de los yeguarizos que trajo Pedro de Mendoza en 1536, el primer hito documental de la fundación de lo que hoy es Argentina, es el 29 de junio de 1550, cuando Núñez del Prado funda la ciudad de Barco con acta de fundación, constitución de Cabildo, es decir los requisitos primordiales de la legislación española en América para tener categoría jurídica. Esta ciudad sufriría traslados, el último hecho por Francisco de Aguirre, quien le cambiaría el nombre original, en 1553, por el de Santiago del Estero, que hoy es legítimamente llamada Madre de Ciudades, precisamente por ser ella la primera ciudad en territorio argentino. Además, y esto es muy importante, el tener ya una ciudad y empezar a nacer ya hijos de la cruza de españoles e indios, da origen al nacimiento de nuestra Patria. La llamada "Fundación de Buenos Aires" por Pedro de Mendoza, fue sólo  un asentamiento y por lo tanto, lo de Juan de Garay no fue una "segunda fundación", sino la única; el asentamiento de D. Pedro de Mendoza nunca tuvo acta fundacional ni cabildo, de modo tal que le corresponde a Juan de Garay el honor de haber fundado lo que hoy conocemos como ciudad de Buenos Aires en 1580, después de haber fundado Santa Fe en 1573.


   Pero más importante que todo lo dicho anteriormente es que cuando Juan de Garay fundó Santa Fe y Buenos Aires, ya existía un orden político criollo, conformado por las siguientes ciudades, ya fundadas y consolidadas y en una dinámica generadora de la sociedad hispanocriolla: Santiago del Estero, fundada en la fecha arriba citada, Córdoba fundada por Jerónimo Luis de Cabrera el 6 de julio de 1573, Mendoza fundada por Pedro del Castillo 1560, San Juan por Jofré en 1562, San Miguel de Tucumán en 1565 por Diego de Villarruel, Talavera de la Reina fundada el 15 de julio de 1567 por el gobernador Diego Pacheco. Esta ciudad de Talavera también tuvo el célebre nombre de Esteco y se situaba en la región conocida como Palca Tucumán y después fue el resultado de la fusión de 2 poblaciones, Talavera del Esteco y la Villa de la Nueva Madrid o Madrid de las Juntas, reunidas en 1609 por decisión del gobernador Alonso de Rivera. La primitiva Talavera estaba en el poblado llamado Cáceres que habían levantado Jerónimo de Olguín, Diego de Heredia y Juan de Berzocana en 1566, cuando se dirigían a Charcas llevando como prisionero a Francisco de Aguirre.

   Esta ciudad de Talavera de Madrid, o Esteco, alcanzó bastante importancia, a tal punto que en 1623, cuando el breve In Supereminent de S.S. Gregorio XV, permitió a los jesuitas otorgar grados académicos en su colegio máximo de Córdoba, el Obispo Julián de Cortázar dispuso que la ceremonia de graduación se realizara allí. El permanente acoso de los indios redujo la ciudad a su mínima expresión, a tal punto que en 1689 contaba con sólo 5 vecinos y 21 soldados de la guarnición y se preveía su traslado al Valle de Choromoros, en jurisdicción de San Miguel de Tucumán. El 13 de septiembre de 1692 un violento terremoto sacudió a la ciudad, causando 11 muertes y dejándola completamente en ruinas. El sismo se sintió con intensidad en San Miguel de Tucumán, Jujuy y Salta, atribuyéndose la salvación de esta última a la intercesión de la imagen de Ntro. Señor Jesucristo que se venera en la Catedral salteña, imagen conocida desde entonces como el Señor del Milagro. La mayor parte de los sobrevivientes de Esteco se refugiaron en la zona Metán, en donde poco después fue levantado un fuerte llamado del Rosario, germen de la actual población de Rosario de la Frontera. Ya abandonada por sus habitantes, Esteco terminó por desaparecer.

 

   En otro punto de su artículo, el Dr. Buela dice que la tradición cultural del orden criollo "se funda en el poema épico por excelencia de la ecúmene hispanoamericana: el Martín Fierro, que tiene un antecedente ilustre en la primera parte del Facundo". Lamento no coincidir con el amigo Buela, pero es muy común desconocer todo ese gran bagaje cultural que tenemos los que hemos nacido en la Antigua Gobernación de Tucumán o en Cuyo.  La verdadera cultura argentina fundacional es la tucumanense, reconocida por brillantes pensadores del interior argentino, y que tiene dos fuentes fundamentales, el pueblo mismo del que ya hablaremos y la Universidad de Córdoba, que desde principios del siglo XVII fue un faro luminoso para Sudamérica. Me permito tomar para esta parte de mis comentarios a dos autores tucumanos, uno, poco conocido y casi exclusivamente en el ámbito de su provincia, aunque también he visto publicaciones suyas que se venden en librerías católicas de Buenos Aires, Miguel Cruz. El otro, es un filósofo tucumano ya fallecido, D. Alberto Rougés, también poco conocido, como ocurre casi siempre con aquellos que no han podido exhibirse en las vidrieras de Buenos Aires.

   Miguel Cruz sostiene lo que no es negado por nadie (*1), que la cultura de la Cristiandad fue la que es legada a América, sufriendo las transformaciones propias de los aportes de los aborígenes y que  ya que, como dice el autor "Si Argentina es parte y porción americana de la cultura de la Cristiandad por sus orígenes, ya que América como tal, tomó de esa manera y por su bautismo, conciencia de simultánea globalidad continental e histórica, y de su lugar en el mundo como un Nuevo Mundo, bien podemos llamar a esta instancia inaugural y arquetípica como nuestra Cultura Argentina Fundacional".

   ¿Y dónde  esa cultura comienza a forjarse y a desarrollarse  en nuestro país? ¿Y quién la ha revelado y hecho conocer? Pues bien, esta cultura surge primitivamente en el Tucumán y ha sido relevada por ese gran estudioso que fue Juan Alfonso Carrizo, que recorrió diversas provincias argentinas de lo que hoy se llama el NOA (Noroeste Argentino) y rescató canciones, poemas, cuentos, anécdotas, romances, villancicos, etc. escuchando a viejos lugareños, campesinos curtidos por el sol, muchos de ellos analfabetos y poseedores y transmisores de lo mejor del Siglo de Oro español. Carrizo publicó en 1926 "Antiguos cantos populares Argentinos. Cancionero de Catamarca", publicación a la que siguieron innumerables aportes, como "Cantares del Tucumán" y otros. Nos informa Miguel Cruz que como Carrizo era un Don Nadie en el mundo de la cultura, le había pedido a Ricardo Rojas su padrinazgo, para que lo prologase la obra y ésta no cayera en el vacío. Sigue diciéndonos Cruz que el hecho es que el libro de Carrizo y sus conclusiones parecían el comienzo de un formidable alegato contra toda la obra de investigación de Rojas y en especial sus estudios sobre "los gauchescos". Nos dice Cruz que Rojas pretendía cimentar en obras como el poema Martín Fierro de José Hernández los fundamentos literarios de una cultura argentina a defender y restaurar, considerándolas derivados genuinos de la auténtica tradición poética criolla. Con gran acierto Cruz recuerda  que Vicente Fidel López, hablando del poema gauchesco "Santos Vega o los Mellizos de la Flor", de Hilario Ascasubi, decía que "cuando los tipos poéticos de nuestra vida actual hayan desaparecido (...) los cuadros y las creaciones del Sr. Ascasubi serán sin disputa la fuente, los antecedentes homéricos de nuestra cultura literaria". Por el contrario, nos dice Cruz, Juan Alfonso Carrizo llegaba a afirmar  lo siguiente: "seguir estudiando la poesía popular argentina en los poemas gauchescos es un grave error", agregando "la falta de investigación por un lado y un exceso de patriotismo por otro, ha impedido ver claramente la filiación literaria de nuestros poemas gauchescos".  Y aquí yo mismo me formulo una pregunta ¿Qué quiso decir Carrizo con exceso de patriotismo? ¿No será un patriotismo iluminado desde el Puerto?

 

   Creo necesario volver a Cruz cuando establece la diferencia entre la poesía del Martín Fierro y los cancioneros de siglos anteriores que rescató Carrizo. Al respecto dice Cruz: "La poesía de los cancioneros de Carrizo contiene las manifestaciones más verídicas de nuestra cultura argentina fundacional. Ella era en sus orígenes común a todo el arco de la sociedad, tanto de los núcleos urbanos como rurales. Cuando Carrizo la recogió ya sólo entre los paisanos campesinos, fue porque allí sobrevivía como ´folclore´, pero éste no era de ningún  modo su ámbito esencial".

   "Es una poesía de tradición popular. Decimos popular por la viva vigencia que tuvo entre el pueblo, lo que según los criterios antiguos no equivalía sin masa vulgar..."

   "Tengamos presente que mientras tal poesía, en su momento popular es un fenómeno colectivo, cuando pasa luego a ser tradicional, se convierte en un hecho comunitario, es decir con identidad histórica y no con mera identificación transeúnte".

   "El pueblo como tal no crea la poesía de su patrimonio oral; esta es siempre obra de autores singulares, luego anonimados, y aún puede provenir el patrimonio de otros pueblos. Pero lo que hace y sí importa, porque es allí donde pone su sello de posesión y donde manifiesta su personalidad distintiva en este proceso de apropiación, es que adopta y tal vez adapta, elige y a veces corrige determinadas posesiones poéticas y de determinada manera".

  

   Con todo acierto nuestro autor citado nos dice que los temas de la poesía fundacional argentina en sus mejores expresiones, son temas tomados de la cosmovisión medieval europea y vertidos en los moldes de versificación usuales en el Siglo de Oro español, que tiene una expresión de pretensiones universales  sin peculiaridades regionalistas que se hayan buscado de intentos, empapados de religiosidad popular y aunque aparentemente menos "criollistas" paradojalmente lo más argentino que hay.  Abundar en la diferenciación del significado del Martín Fierro o el valor nacional del Martín Fierro y el significado de todo el patrimonio de lo que nosotros hemos llamado cultura argentina fundacional es una obra de la mayor envergadura, para que transiten y hundan el escalpelo en ello todos los que quieran comprender la esencia de lo nuestro, y este no es el objetivo de estas líneas, sólo para anhelar a aquellos que se sienten estudiosos de lo nuestro y desprovistos de preconceptos lo puedan hacer. Pero también debemos hacer una aclaración: defender la cultura que ingresa por el norte del país de ningún modo es hacer localismo porque, como ya lo dice Cruz, en los tiempos antiguos esta cultura y sus expresiones poéticas eran comunes al íntegro territorio argentino, e iban y venían desde Lima pasando por la gobernación del Tucumán - es decir Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y Córdoba - para llegar al NE de la Pampa bonaerense y que los matices de diferencia que adquirían en esta última región - por influencia del Paraguay - eran mínimos dentro del cause común que las unía  a todas en una sola correntada por el camino del Perú. A su vez Cuyo - Mendoza, San Juan y San Luis - recibían desde Chile las influencias nacidas de una misma e igual vertiente, la virreinal peruana. Así lo afirma Cruz que los viejos cancioneros bonaerenses lo demuestran pese al escaso material documentado y lo mismo lo hacía, para las provincias cuyanas, en 1938, el "Cancionero popular cuyano" de Juan Draghi Lucero.

   ¿Por qué esta homogeneidad cultural desapareció más aceleradamente al sur de la patria que al norte, hasta el punto que muchos llegaron a creer con el tiempo que los versos del "Martín Fierro" eran una cabal muestra del cancionero fundamental?, se pregunta Miguel Cruz y luego afirma que seguramente, porque la Modernidad invadió por el Atlántico haciendo su desembarco en el Puerto de Buenos Aires.

   También y permítaseme la extensión de estas reflexiones, es digna de hacer una rápida mención a quienes valoraron la obra de Juan Alfonso Carrizo, entre ellos el conocido poeta y dramaturgo español José María Pemán, quien conoció a Carrizo en una sesión de la Academia de Letras y se citaron para verse al día siguiente en lo que Pemán llama "el laboratorio de su brujería" en la modesta casa de Carrizo en la calle Chimborazo de Buenos Aires. Sólo repito lo que escribe Pemán y cita Cruz "Me enseña (Carrizo) sus baterías de trabajo. Ha logrado un fichero con millares de papeletas, de todos los cancioneros españoles. Gracias a él, en cuanto caza un cantar por esos cerros y cuestas, puede investigar su pedigrí español. Los apuntes que él trae del campo y las papeletas de su armario se aproximan como dos polos eléctricos y entre los dos, invariablemente, salta la tradición española. Y es esa la voz sincera y limpia de todo un pueblo: el pensar, el sentir, el amar, el burlar y el llorar de la Argentina. Y todo encuentra su hondura materna, su eco fraternal en los cancioneros españoles. El armario de Carrizo es cancela de novios, reja de flores, donde Argentina y España se cambian sus coplas. Allí pelan la pava, dialogan, hacen ´payada´. Muchos no lo saben, pero Sevilla y Buenos Aires se han cambiado los anillos en una casita de la calle Chimborazo.  "

 

   Y por último, no puedo dejar de citar al filósofo tucumano Alberto Rougés que tuvo en sus manos los cancioneros de Carrizo y que no dudó en escribir un franco alegato donde confrontaba la cultura fundacional que los campesinos del Tucumán, a la incultura civilizada de la educación pública del país, según nos informa cabalmente Miguel Cruz citando luego afirmaciones del filósofo. Yo recojo sólo algunas: "No logramos volver nuestro asombro a los que hemos tenido la singular fortuna de ser testigos de la prodigiosa cosecha de poesía tradicional que Juan Alfonso Carrizo ha recogido en la campaña tucumana, tan intensamente industrial, donde la actividad económica parecía haber hecho desaparecer toda vida espiritual. ¿Cómo ha sido posible tal cosecha? ¿Cómo ha podido formarse y conservarse un acervo poético que, por su forma y contenido, pertenece al gran Siglo de Oro español? Si alguna vida orientada en el sentido de la cultura hay en esta campaña ¿no es lógico, acaso, que ella se encontrara en las generaciones formadas por al educación pública del país en las últimas décadas, puesto que en aquella viven numerosos egresados de institutos secundarios y no pocos que han cursado estudios universitarios?. Sin embargo, no ha sido entre ellos que Carrizo ha encontrado el acervo cultural. Lo mismo ha ocurrido en Salta, Jujuy y Catamarca. El gran tesoro ha sido hallado entre los viejos labriegos que cultivan con sus manos el solar heredado.  Y no se lo ha encontrado en la parte exterior de la personalidad de éstos, como lo están en la nuestra esas cosas que, una educación poseída por el fetichismo de la cantidad, obliga a llevar hasta los exámenes, y que no tardan en despegarse. Lo ha encontrado en el fondo mismo del alma de quienes lo llevaban. Porque esa poesía no se ha conservado en libros o en otro género de publicaciones, sino en la memoria de aquellos labradores, antiguos cantores o juglares, y en manuscritos amarillentos de puro viejos, que nadie copia desde hace muchos años y que a nadie interesaban sino a aquéllos. Transmitido de boca en boca, de corazón en corazón, el tesoro poético ha viajado años y aún siglos para llegar a nosotros, como que en él se encuentran algunas piezas de poesía juglaresca española del siglo XVI. Para que aquel se conserve, pues, ha sido indispensable que los que lo llevaban en la memoria lo comprendieran, lo vivieran, fueran capaces de estimarlo, de gustar los delicados matices del ingenio, del sentimiento y de la expresión que hay en él. Más aún, puesto que esa poesía no se canta desde hace más de 20 años, puesto que nadie viene por ella, su conservación no ha sido posible sin la fidelidad de un gran amor, sin la conmovedora fidelidad hasta la muerte de aquellos viejos labriegos. ¿Quién entonces sería capaz de negar a éstos cultura? ¿Quién pone más fervor que ellos en valoraciones de cultura, en lo que es más esencial en éstas?

   El interrogante vuelve nuevamente a la carga: ¿cómo es posible que sean cultos esos ancianos que casi no han conocido la escuela, y que no lo sean, que carezcan de interés por las cosas de la cultura, que no las estimen, que no perciban su valor, los hijos y nietos de aquéllos, beneficiarios de la, al parecer, considerable obra de educación que realiza el país? ¿Es por ventura posible que no sena cultos, que carezcan de valoraciones de cultura, de un interés, serio por ésta, los hombres formados por la sociedad nueva, sociedad de vida fácil, orgullosa de su poder material y de su riqueza? Pero ahí están los hechos, hechos que todo el mundo puede comprobar aún. Ahí está la realidad, evidente, paradójica, conturbadora, angustiosa. Desde el punto de vista de la cultura ¡qué triste papel  hacia la casi unanimidad de los egresados de nuestra enseñanza superior, en relación a aquel anciano admirable, D. Apolinario Barber, muerto ahora poco, de más de noventa años, que le dictó a Carrizo más de doscientas composiciones  que se sabía de memoria, salvando así del olvido a verdaderas joyas poéticas! ¿Será que nuestra educación pública es impotente para refrenar la tendencia excesivamente materialista de nuestro ambiente social, su orientación casi exclusiva hacia finalidades puramente económicas? ¿O será que la concepción de la vida humana que intenta realizar nuestra educación pública es esencialmente materialista? Estamos sin duda en una de esos círculos viciosos tan frecuentes  en los fenómenos de la vida: la educación se explica por la sociedad y la sociedad se explica por la educación. La culpa es de ambas, pues".

 

Consideraciones finales

 

   Más o menos a a la mitad de su trabajo, el Dr. Buela dice algo con lo cual coincido totalmente: que el orden criollo implica la existencia de una cosmovisión, o sea una visión totalizadora del hombre, del mundo y de sus problemas. Para mí es lo que yo llamo la cosmovisión de la Hispanidad, la que produce un tipo de idiosincrasia que es común a todos, que nos hace sentir y reaccionar de una manera semejante donde quiera que vivamos. Afirma José M. Pérez Prendes que "ser iberoamericano es simplemente poseer un talante, una actitud ante la vida y las cosas, postura que se define radicalmente para implantar ese mismo orden según la cual la vida va antes que las cosas". En un trabajo suyo este autor nos dice textualmente "si algo puede dar Iberoamérica al mundo es su modo de verle, su modo de vivirle a los que sólo se plantean la posibilidad de explotarle y consumirle." (*2). Es esa vieja idiosincrasia con que nos encontramos en todos los viejos criollos de pueblos, aldeas, parajes y barrios populares argentinos. Esa idiosincrasia  donde tiene mucho que ver, como lo dice en un brillante trabajo suyo Alberto Buela, expresando que "los elementos estructurales de nuestra conciencia iberoamericana están dados por la mixtura o simbiosis, este último término no esta tomado ni de la química ni de la psicología, sino en su sentido etimológico estricto (syn = con) (bios = vida) de lo católico - no está tomado aquí como categoría confesional, sino antropocultural - y lo indo tomado aquí como cosmovisión y no como dato arqueológico."  (*3)

 

   Otra coincidencia con el Dr. Buela es la caracterización de rasgos de lo hispánico a través de los valores jerárquicos y no horizontales (los padres mandan y los hijos obedecen); el sentido de la libertad, el valor de la palabra empeñada y la preferencia de sí mismo.

   Como aporte particular podría decir que  a mi parecer hay tres clases o tipos de criollos: el que podría designarse como criollo originario, aquél cuyos antepasados se encuentran entre los primeros pobladores y conquistadores llegados a América, cuya inmensa mayoría se mestizó con los pueblos aborígenes. Estos criollos son de origen biológico y cultural. Los segundos serían aquellos descendientes de españoles venidos después de nuestra independencia y de todos los europeos asiáticos venidos antes o después de  la constitución de 1853, y por último, los criollos culturales, aquellos que no tienen  sangre nativa por ninguno de sus 4 abuelos, 8 bisabuelos y 16 tatarabuelos, pero que han nacido en este país, lo aman y aman su cultura asumiéndola totalmente.

   Y por último, y acá vuelvo a coincidir con el Dr. Buela, en nuestro orden criollo la primacía no se obtiene por la antigüedad - por supuesto en el país - sino "acá la primacía la tiene aquel que llevó a la perfección la forma de ser americana y éste fue el criollo como producto de ese abrazo fenomenal, tanto en la lucha como en el hecho que se produjo a partir de 1492" (*4)

 

 

Notas

 

   (*1) Cruz, Miguel "Poesía popular de la Argentina criolla". Grupo del Tucumán, San Miguel de Tucumán, 1998.

   (*2) Pérez Prendes, José María, Et Al.: En "Iberoamérica, una comunidad",  Madrid, ediciones de Cultura Hispánica, 1989, Tomo II, página 835.

   (*3) Buela, Dr. Alberto, El ser de Iberoamérica, en "Ensayos iberoamericanos". Editorial Cultura et Labor. Bs. As., 1194

   (*4) Buela, Dr. Alberto "El orden Criollo", trabajo que hemos considerado en estas líneas.

NOTAS SOBRE GRIEGOS Y CRISTIANOS (para que alguno más entendido agregue algunas otras)

NOTAS SOBRE GRIEGOS Y CRISTIANOS (para que alguno más entendido agregue algunas otras)

Alberto BUELA

 

   Hoy, el hombre de nuestros días se encuentra con una disposición de medios casi infinita para su conocimiento pero, parece ser, que cada vez se extraña más de sí mismo. Esto lo decía muy bien el filósofo italiano Augusto del Noce (1910-1989): La característica de nuestra época es aquella singular unión entre la máxima perfección en los medios y la máxima confusión respecto de los fines [1].

   Se nos preguntará: ¿para qué queremos hablar a comienzos del siglo XXI sobre las diferencias más notables entre griegos clásicos y cristianos? Para buscar el esclarecimiento a través de los fines.

 

   El gran filólogo de la primera mitad del siglo veinte Wilamowitz [2] ha hecho notar que la palabra theós que sirve para designar el concepto de Dios en los griegos "tiene primordialmente un valor predicativo". Es decir, los griegos no afirmaban primero la naturaleza y existencia de Dios como van a hacer luego los cristianos, cuando enunciaban sus atributos afirmando: Dios es amor, Dios existe o Dios es bueno. Para los griegos, por el contrario, al tener el término theós antes que nada un valor predicativo, afirmaban: El amor es theós, es decir, el amor es un dios o la victoria es un dios.

   Lo que querían significar cuando afirmaban que  el amor es un dios, es que hay cosas más que humanas no sujetas a la muerte, es decir, eternas. Y además, al sostener que el amor es un dios están los griegos afirmando que lo divino no puede revelarse sino a través de una experiencia. "Experiencia, aquí significa, que los dioses no pueden ser objeto de una invención, ni de una creación del espíritu ni de una representación" aclara Friedrich Georg Jünger en su prólogo al libro de Walter Otto: El espíritu de la religión griega antigua [3].

 

   La segunda gran distinción entre griegos y cristianos es la relación entre Dios y el mundo. Para los griegos, que son politeístas, los dioses no trascienden el mundo. Habitan y viven en la naturaleza y sus hábitos son similares a los hombres. Sus luchas y amores inmortalizados por Homero, Hesíodo y los grandes clásicos del teatro griego nos lo muestran de continuo. Por el contrario, el Dios cristiano es uno, son monoteístas, y además transcendente al mundo. Dios y mundo son antitéticos. Dios tiene en grado eminente las mejores virtudes de los hombres, así si el hombre es bueno, Dios es la bondad. Si el hombre es amante, Dios es amor.

   Esta trascendencia infinita la salva la teología cristiana introduciendo la noción de participación, así el hombre participa de la naturaleza divina a través de su alma, que es lo divino en él y lo que lo constituye: anima forma corporis. Aparece acá la aguda observación del filósofo español Zubiri cuando afirma: "Para el griego existen el cielo y la tierra; para el cristiano, el cielo y la tierra son el mundo, sede de esta vida: frente a ella la otra vida. Por esto, el esquema cristiano del universo no es el dualismo "cielo-tierra", sino "mundo-alma"  [4].

 

   La tercera de las diferencias entre griegos y cristianos se da en orden a las fuentes.

   Así, la religión griega no es la religión de la doctrina correcta. No tiene ningún libro sagrado cuya adecuada interpretación fuese el saber de los sacerdotes [5], como sucede con la religión cristiana que posee el Antiguo Testamento que comparte con los judíos y el Nuevo testamento, que le pertenece particularmente. Al no tener la religión griega un libro sagrado, lo que hace la ilustración griega con la crítica del mito, no es ninguna oposición real a la tradición religiosa. Lo que realiza es una reinterpretación a través de la filosofía, su invención más genuina, a partir del siglo VI. Esto explica porqué en Platón se mezclan la filosofía y la tradición religiosa.

   La vieja verdad (los mitos religiosos) y la nueva comprensión (la filosofía) son una sola cosa. El paso del mito al logos no es algo traumático sino una consecuencia natural del propio desarrollo histórico político cultural del pueblo griego.

   La religión griega tiene su esencia en el culto público y la tradición mítica. La religión cristiana perdió el culto público a partir de la Reforma y el Iluminismo para quedar reservada a culto privado. En tanto que la tradición hermenéutica sólo es respetada en parte, y sólo en parte, por el catolicismo, cuando acepta el magisterio de la Iglesia.

 

   La cuarta diferencia la encontramos en el sentido de la historia. Así para los griegos ésta es circular mientras que para los cristianos es lineal. La circularidad griega con su eterno retorno de lo mismo se manifiesta en la teorías de la mnemtenpsicosis o transmigración de las almas- limitada a los seres vivos- o como en la del aión, referida al mundo y su acontecer. Es interesante notar cómo los términos aión y iuvenis, eternidad y juventud tienen la misma raíz (ayu-yu), que expresa la eternidad como una perenne juventud, como movimiento cíclico. El eón griego es una gran unidad no normalizada de tiempo que indica una plenitud completa.

   Para el cristiano, por el contrario, el eón es Cristo, como plenitud del hombre. Para el griego la inmortalidad se logra cuando, al decir de Aristóteles "un hombre engendra a un hombre" en tanto que para el cristiano la plenitud se logra en la salvación por Cristo. La salvación y por ende la inmortalidad para el cristiano es personal, en tanto que para el griego la inmortalidad, en el mejor de los casos, es de la especie. Tal como afirma el Estagirita.

 

   El sabio del mundo griego, el sophós, detiene su mirada en el espectáculo de la totalidad y se detiene asombrada sobre ella, para luego dar una explicación. La admiración (taumázo) es el principio del saber, y su sabiduría consiste en vivir conforme a la Naturaleza (homologoumenos tee physei zeen).

   El sabio del mundo cristiano, el santo, que tiene mucho de oriental, interpreta el sentido profundo de los acontecimientos a la luz del datum revelado. Su sabiduría consiste en ir más allá de la naturaleza, en sobreelevarla. De todas maneras existe una profunda diferencia entre el santo y el sabio oriental, pues este último funda su sabiduría en el presagio y aquél no.

 

   La quinta diferencia se da en torno a la muerte y es un poeta alemán Theodor Däubler (1876-1934) quien nos recuerda el rasgo típico de asunción de la muerte para los griegos cuando nos dice: Las plantas nos enseñan el morir suave de los paganos. Los estoicos y su idea del suicidio como un sacramento laico y humanista es la que mejor la representa.

   Por su parte la muerte para los cristianos es el final de la vida como peregrinación terrena y consecuencia del pecado original y su sentido último es "estar con Cristo" (Flp.1,23). Los cristianos envueltos en formas sacramentales consideran a la vida como una donación de Dios que debe ser conservada para su honor y salvación. El cristiano es administrador, no propietario de la vida, y por lo tanto no puede disponer de ella. El suicidio no le está permitido.

 

   La sexta, y última gran diferencia, se da en el  concepto de logos. Es sabido que este término tiene en el Liddell-Scott, el más prestigioso diccionario de griego clásico, setenta y dos acepciones, lo que hace arriesgada una afirmación unívoca del concepto de logos en los griegos. No obstante lo cual, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el logos es, antes que nada, para los griegos razón y palabra, y que al ubicarse y moverse más allá del mundo sensible, permite la definición del hombre como el animal que posee logos (zoon logos éjon). Por el contrario para el cristiano el logos es Dios quien se encarnó bajo la condición de hombre: "Y el logos se hizo carne" (Juan, I, 14). Un verdadero sin sentido para la mente griega. La idea de un "logos encarnado"  a la que se confería, además, poder de salvación era incompresible para la mente griega, de allí se explican las burlas en el Areópago de Atenas que sufre San Pablo. El genio cristiano, como muy bien hace notar el mejicano Ramón Kuri es que "Los Padres de la Iglesia van a confiar a los conceptos griegos la compresión de la verdad más antigriega,... al captar la verdad del cristianismo en su afirmación más desconcertante: la de la Encarnación"[6]. Así se presenta la paradoja que el lenguaje griego está presente en el Nuevo Testamento, pero lo que ya no está presente es el logos griego sino el logos cristiano.

 


[1] del Noce, A.: Agonía de la sociedad opulenta, Pamplona, Eunsa, p.11.-

[2] Wilamowitz-Moellendorff, Ulrich von (1848-1939) quien fue conocido en el ambiente filosófico a través de su escrito La filología del futuro, en donde realiza una acérrima crítica al libro de Nietszche sobre El origen de la tragedia

[3]  Otto, W.: L´Esprit de la religion grecque ancienne(theopania), Paris, Berg Intenational, 1995.-

[4] Zubiri, X.: Naturaleza, historia y Dios, Madrid, Editora nacional, 1974, p. 162.-

[5] Gadamer, H.: Cfr. Mito y Razón, (1954).-

[6]  Kuri, Ramón: Logos griego y logos cristiano, en revista Logos N° 100, México DF, enero-abril 2006.-

LA MASA ORTEGUIANA EN LA LEGITIMACIÓN DE LA DEMOCRACIA LIBERAL COMO DERECHO, VERDAD Y RELIGIÓN.

LA MASA ORTEGUIANA EN LA LEGITIMACIÓN DE LA DEMOCRACIA LIBERAL COMO DERECHO, VERDAD Y RELIGIÓN.

José Martín BROCOS

 

   1. La decrepitud de la época presente consecuencia de la deificación tiránica de la democracia liberal.

 

   La democracia partitocrática y liberal en esencia se encuentra viciada en los planos ético, cultural, político y jurídico. Escribe Tomás de Aquino: "Si finalmente, el régimen injusto es ejercido por muchos, se llama democracia, es decir, principado del pueblo, esto es, cuando la masa plebeya oprime (...) por la fuerza numérica de la multitud (...) viene a ser un tirano" (Tomás de Aquino. De Regimine Principum, lect. 2, n. 8. Trad. de Victorino Rodríguez sobre el texto latino de la edición de Raimundo M. Spiazzi, O.P., en Opuscula philosophica Divi Toomae Aquinatis, Ed. Marietti, Taurini-Romae 1954).

   Glosa Victorino Rodríguez que el sentido peyorativo de esta democracia en que una masa de los ciudadanos se impone a una minoría más calificada oprimiéndola es mantenido también en los comentarios que Tomás de Aquino realiza a los libros de la Ética y de la Política de Aristóteles (Rodríguez 1978:32.34).

 

   La democracia liberal es la idolatría de la masa, el culto al pueblo, vox populi, vox Dei, en la creencia de Rousseau cuando proclama en "Du Contrat Social" que "la voluntad general es siempre recta" y debe aceptarse como tal aserto. Estamos ante la "demolatría", la dictadura partitocrática camuflada de democracia liberal o de democracia popular proletaria que marcha vertiginosamente hacia la profunda sima de la  subversión total.

   Subversión ética por el relativismo según el cual no hay verdades morales objetivas. Carente de este arraigo ontológico el hombre y la sociedad "quedan expuestos a la  violencia de las pasiones y condicionamientos abiertos u ocultos" (Zenit, 2004, Octubre 19), creándose así un hombre amorfo, carente de voluntad, incapaz de dominar sus instintos; un mundo juvenil desamparado y desorientado.

   Subversión cultural al desligar la cultura de la vida y de la "fidelidad viva a la herencia de las tradiciones" (Gutiérrez García, 2001:221). La nueva cultura deshumanizada, evanescente, estandarizada y desarraigada de la verdad, degenera en instrumento de decadencia moral del ambiente. Nada de idea de trascendencia del ser humano, de presencia de la interioridad, y la inteligencia sólo tiene un uso: producir y obtener bienes materiales -para que el animal goce lo más que pueda de sus instintos-. La consumación de la democracia liberal conduce al multiculturalismo axiológico que deriva en la entronización social del relativismo y acaba en el nihilismo ontológico[1].

   Subversión política al no inspirarse el Estado en valores eternos acaba siendo beligerante con la Justicia y la Verdad. No hay creencia en valores superiores a la opinión y a la voluntad de los pueblos, de ahí que el relativismo es totalitario al pretender vivir en un régimen de monopolio ideológico que sirve para dilucidar la verdad, intentando trastocar el orden de la naturaleza, que no puede ser alterado ni modificado aunque lo acuerde una mayoría. En este sentido los derechos del Estado han de estar enmarcados en los derechos de Dios. Cuando esto no es así estamos frente a un absolutismo fundamentalista.

   Subversión jurídica ya que el positivismo jurídico constitucional, creado por el positivismo filosófico del siglo XIX, erige al hombre como centro de gravedad del universo fundando los "`derechos humanos´ (...) en sí mismos" (Wagner de Reyna, 2004:82, enero-febrero), y al no considerar el derecho divino positivo, así denominado en la Edad Media (D`Ors, 1982:35) y concretado en la única norma suprema moral objetiva capaz de elevar al hombre, la moral católica, ni el derecho natural como armonía entre la causa primera y las causas segundas (Vallet de Goytisolo, 1997:40), da la posibilidad a que la sociedad se infecte de hedonismo (D`Ors, 1982:127), utilitarismo, sentimentalismo o racionalismo.

 

   Un régimen liberal nunca lleva aparejada la libertad, pues la libertad sin su referencia a la verdad, se autodestruye. El propio Rousseau (libro III, capítulo IV) llegó a reconocer en Du Contrat Social: "Si tomamos el término en el rigor de su acepción, jamás ha existido verdadera democracia, ni existirá jamás. Es contra el orden natural que la mayoría gobierne y que la minoría sea gobernada". Y continuaba escribiendo, mostrando Rousseau su fe (libro II, capítulo VI): "Por sí mismo, el pueblo quiere siempre el bien, pero por sí mismo no siempre lo ve. La voluntad general es siempre recta, pero el juicio que la guía no siempre está iluminado".

 

   En la práctica las democracias liberales son una verdadera oligarquía partitocrática, "escuela de todo tipo de corrupciones (...), corrupción económica, pero también de la moral personal e ideológica" (Malpica, 2005, Junio)[2], con un poder desmedido, totalitario y absoluto, que ha tomado el poder del Estado y que ejerce sin escrúpulos ni tapujos la capacidad demagógica y de manipulación, y con una ideología anticristiana que socava los valores morales[3], lo relativiza todo, erosiona el núcleo fundamental de la sociedad, que es la familia, el sentido del orden, de la disciplina y de la sobriedad a través de una creciente relajación de costumbres, de una permisividad sin límites, y de un sistema educativo siempre tendente a la estatalización, como uno de los métodos preferidos por los totalitarismos para el control de la sociedad y para la creación de sus futuras masas. Son los tiempos en que la mentira se hace verdad, lo grosero normal, el error se adueña de los espíritus y la patria se hunde en un permanente malestar; son los tiempos de la decrepitud social, de la modorra colectiva, del pacifismo feminoide y de los homínidos manfloritas. De forma que en estos momentos, se está violando el orden natural, negando al hombre la posibilidad de buscar y encontrar el bien, la verdad, la belleza, pues éstas ya no existen. Todo queda en un juego de subjetivismos impuesto por aquel que tiene el poder. Asistimos a la ruptura del pensamiento secular, donde, hasta hace poco, no se negaba la presencia de los trascendentales; hoy se niegan. Vemos también la tendencia absolutista del poder; el Estado quiere controlar e imponer el orden espiritual y moral (Legorburu, 2005, Julio-Agosto, 4-5, Discurso de Alfonso Coronel de Palma, Presidente Nacional de la ACdP).

 

   1.1. La subversión del derecho.

 

   Desde el racionalismo el derecho informa la moral[4]. Las leyes se forman de la moral de la sociedad, una moral desde la razón sin fe; ergo el Derecho también crea la moral, o una forma de moral subjetiva, puesto que la masa considera comúnmente que lo que afirma el Derecho es moralmente lícito. De forma que "la concepción positivista del derecho, junto con el relativismo ético, no sólo quitan a la convivencia civil un seguro punto de referencia, sino que envilecen la dignidad de la persona y amenazan las mismas estructuras de la democracia" (Juan Pablo II, 1996:7,2). Nos encontramos frente a un redivivo "totalitarismo, revestido de piel de democracia" (Orlandis, 2005:378, mayo-junio-julio).

   El positivismo jurídico "equivale a un tremendo non serviam frente al lado jurídico de nuestra naturaleza y al responsable último de ella" (Millán Puelles, 2003:14, julio) al rechazar una moral objetiva presente en la ley, de forma que nada impide al gobernante legislar lo que le de la gana. Decide sólo el quórum de los votantes en el referéndum y todo está sujeto al vaivén de las mayorías. Así el sufragio universal en la democracia liberal se convierte en un método para legitimar las veleidades y contradicciones sin límites de las masas que condicionan todo lo divino y lo humano a la voluntad de la mitad más uno. Si ya no es la justicia según la naturaleza y la razón la que genera las leyes, sino "el pueblo soberano, en un sentido puramente numérico, necesariamente la democracia degenera en demagogia, o sea en desenfreno antipolítico y finalmente en anarquía" (Ottonello, 2004:799, noviembre-diciembre). La democracia real se transmuta en despotismo totalitario del vulgo. De esta manera la ley (...)  ya no ordena el bien común, sino que el poder impone sus intereses, haciendo de lo legal, lo moral. Asimismo, los aparatos burocráticos crecen, y lo político responde sólo al uso y conservación del poder y no al servicio y dirección de la comunidad en orden al bien de la misma (Legorburu, 2005, Julio-Agosto, 5, Discurso de Alfonso Coronel de Palma, Presidente Nacional de la ACdP).

 

   Constatamos el establecimiento de nuevos derechos humanos ideológicos por consenso[5], derechos ficticios que son un privilegio y que nacen de la pura arbitrariedad sin fundamento en la naturaleza[6], a la par de una vorágine legislativa del Parlamento, una inflación de derechos en que el Estado legisla en todo fundamentalmente en virtud de tres fines en su origen nobilísimos: salud, seguridad y progreso, y que en la práctica supone un recorte acelerado de las libertades públicas y una estatalización de la vida social violando el justo principio de subsidiaridad.

   Los parlamentos ligados a caprichosos imperativos partidistas y a una sofística soberanía popular amparada por el consenso o por la aceptación de mayorías y convertida en un valor absoluto aprueban leyes bajo apariencia de juego democrático formal, pero no porque constituyan un bien al hombre, supongan beneficios para la sociedad, y esté acorde con el Bien común (S.Th. I-II, q. 90, a.4) inmanente y trascendente (Rodríguez, 1978:131.133). Este planteamiento perverso del positivismo jurídico, reductor en su concepción del hombre y de la sociedad, es la fuente del absolutismo democrático al negar los derechos de Dios, y por ende los del hombre. El hombre previamente manipulado es "cosificado" como un número de una masa que se computa para establecer una legalidad civil.

 

   El "Nuevo derecho" de origen calvinista pasa a convertirse en un sistema de control social, de propaganda ideológica y de envilecimiento moral, al responder la ley a la imaginación judicial y a criterios subjetivos, relativizando la justicia. Los principios liberales y democráticos que subyacen y sustentan a este "Nuevo derecho" se tienen como verdad apodíctica, como "un dogma laico de la nueva religión" (Ordóñez Maldonado, 2005:53, enero-febrero), de forma que estamos abocados a la desconstrucción de la naturaleza humana y a la demolición de "lo que de permanente había en el ser humano y reconducirlo al terreno donde no hay nada que responder porque ya nada se pregunta" (Martínez-Sicluna y Sepúlveda, 2003:632).

 

   La verdadera democracia debe tener garantías para que los deberes y derechos fundamentales del hombre, derivados de la misma ley natural entendida como "la participación de la criatura racional en la ley eterna" (S. Th. I-II, q.91, a.2), sin derivación al permisivismo, se respeten y potencien como necesarios en el proceso de personalización de cada uno de los miembros de la sociedad. Desde este prisma la verdadera y sana democracia, iusnaturalista y participativa, debe preservar ante todo la dignidad trascendente de la persona humana, rechazando la interpretación subjetiva individual o colectiva de los derechos del hombre para una correcta orientación al bien común general. Sólo así la democracia es un bien precioso y necesario para la sociedad (Juan Pablo, 1995:101,4,5), al referirse los derechos del hombre a lo que el hombre es por naturaleza y en virtud de su dignidad, y no a las expresiones de opciones subjetivas propias de los que gozan del poder de participar en la vida social o de los que obtienen el consenso de la mayoría (Juan Pablo, 2002:6,2).

 

   1.2. La subversión de la fe católica y de la educación al negar la existencia legal de una  verdad objetiva.

 

   ¿Entendemos la declaración Dignitatis Humanae sobre libertad religiosa del Concilio Vaticano II como hipótesis o como tesis? Si desterramos a Dios de la vida pública y no asumimos jurídicamente la existencia de una Ley Natural perenne, permanente, inmutable y con carácter de obligatoriedad moral universal, todo es posible. De igual modo, si presentamos y concedemos como tesis lo que siempre ha sido una hipótesis, ergo la  equiparación legal al error con la Verdad en el más alto nivel que es el religioso, todos los demás errores, siempre y en todo tiempo menores aunque sean más llamativos, quedan legitimados y también tendrán, a fortiori, sus derechos equiparados a la Verdad.

 

   El problema de la dualidad hipótesis-tesis surge al final de las luchas político-religiosas del siglo XIX y lo encontramos relacionado con la progresiva instalación doctrinal del liberalismo dentro de la Santa Sede y la asunción de la teoría del mal menor al alimón con la libertad religiosa[7]. Si presentamos la libertad religiosa como hipótesis coyuntural de carácter fáctico entonces no me obliga; por el contrario si elevamos la misma libertad religiosa a rango de tesis, si me obligaría, pero e aquí la paradoja que el propio Concilio es de hipótesis, no de tesis.

   El liberalismo socio-político instalado en la hipótesis convertida en tesis y trasmutada en dogma-axioma civil indiscutido sólo admite objetivamente la existencia de Dios como opinión personal siempre que no trascienda del ámbito privado, pero le niega los derechos del reinado social invocando una supuesta tolerancia, que en la práctica es una hipocresía fruto de un sistema tiránico. En el fondo subyace el inmanentismo antropocéntrico que pretende sustituir la representación popular por la soberanía popular, término falaz puesto que soberanía viene de Dios por parte de la autoridad.

   En la enseñanza de conocimientos y educación de las personas en un régimen liberal nos encontramos con el error larvado de privar de fundamento metafísico toda ciencia fragmentando de esta forma la identidad personal "al rebajar y limitar el bien al que ordena la libertad humana" (García López, 1990:33) y cercenando de este modo la posibilidad de educación integral del educando y su pleno desarrollo con el correcto ejercicio de la responsabilidad. Sin ejercicio de la responsabilidad personal no podemos hablar de libertad en la sociedad. Si se controla la escuela, los contenidos impartidos, se influye sobre las conciencias, y los individuos acabarán pensando y actuando como el poder pretende.

 

   1.3. La democracia liberal como nueva religión cívica.

 

   La democracia liberal inorgánica es el nuevo dogma laico y de vigencia universal axiomáticamente indiscutible. Una serie de principios de calado epistemológico forjan la ortodoxia y conformidad democrática. Así del sufragio universal, en definitiva de la opinión maleable de una mayoría, nacen decisiones trascendentales como el gobierno de pueblo, los valores morales imperantes, nunca permanentes, o la educación de los hombres.

 

La democracia se presenta apriorísticamente como la más alta e inapelable referencia, el único sistema legítimo monopolizando lo "políticamente correcto". La Voluntad General, negada toda trascendencia e instancia inmutable, se alza como la única fuente de ley y poder; de ahí el radical inmanentismo antropocéntrico de este sistema político, que niega el derecho intrínseco de precedencia de la religión verdadera incluso en países de Cristiandad considerándolo como opinión o asunto privado. La democracia liberal sobre los derechos de la Verdad y la civilización, a los que aplica el derecho común, de suerte que nos preguntamos con el filósofo rumano Stan M. Popescu, afincado en estas bellas tierras de Córboba, Argentina, si la democracia es "el Gobierno de todo lo peor, y todo lo peor hecho gobierno".

 

El ideal de igualdad de los ciudadanos y de legalidad popular, reduce la legitimidad en la democracia al ámbito moral y privado (D`Ors, 1982:126-127), afectándose incluso en la misma familia que no diferencia entre mujer e hijos legítimos e ilegítimos (D`Ors, 1982:126), y que tiende "por el empeño de la democracia en eliminar entre los individuos las diferencias por razón de sexo, necesarias en un orden fundado en la familia, en despenalizar el adulterio y disolver la misma institución familiar" (D`Ors, 1982:127).

 

Postular una sociedad sin fe y sin principios inmutables, sin derechos fundamentales del hombre fundados metafísicamente ni normas estables, carente de una base moral intangible, de puntos claros y sólidos de referencia, y al arbitrio de una opinión pública, caprichosa y voluble, teledirigida como masa dócil autómata en función de la dictadura de la mitad más uno, no puede conducir más que a la crisis y ruina de la civilización occidental (D`Ors, 1982:133), en donde se difumina y corrompe los propios contornos de la naturaleza humana entrando en una progresiva decadencia social y liquidación moral, endémica y degenerativa, y cuyo fin es la autodestrucción por consunción interna.

 

   2. Planteamiento de soluciones. Nuestra hora y nuestro tiempo: la hora y el tiempo de las élites seleccionadas por su perfección moral.

 

   ¿Es legítimo un sistema político qué destruye la Fe, la Patria y la Familia? La respuesta es no. Y sin legimitidad no hay legalidad (D`Ors, 1998).

 

   El mundo lo gobiernan las minorías. Siempre ha sido, desde Aristóteles hasta Rousseau y Duverger, y será así. Las masas "no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad" (Ortega y Gasset, 2005:73). Hoy día estamos frente a un gobierno demagógico de una minoría-masa, que no del pueblo, que  actúa alejada de la excelencia. Masa "es el hombre medio (...) lo mostrenco social, es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en sí un tipo genérico" (Ortega y Gasset, 2005:76). Las masas "no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva" (Ortega y Gasset, 2005:77).

   La sociedad "es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuos o grupos de individuos especialmente cualificados" (Ortega y Gasset, 2005:76). Durante siglos la minoría gobernante fue una minoría selecta[8], sabia y organizada, una aristocracia de los mejores[9] con la finura moral de un gobernante ejemplar, consecuente con la Tradición y con la trascendencia de la vida humana la que hizo progresar la Humanidad, y que respondía a ideales nobles. Hoy, por el contrario, gobiernan el mundo, otra minoría, pero masificada,  que responde sólo a intereses y a egoísmos, y cuyos rasgos, como los del "hombre-masa actual se asimilan a "la conocida psicología del niño mimado" (Ortega y Gasset, 2005:114).

   La masa numéricamente siempre constituirá una mayoría. Sólo una minoría de personas tiende al heroísmo y a la santidad de vida, con una continua preocupación por los bienes espirituales templando el alma en la lucha interior por medio de las virtudes cristianas. De esta condición, en el mundo actual tan naturalista y tan selvático (...) son escasos los que impetran la gracia divina, y por el contrario, son legión [la masa] los que tienen como único anhelo conseguir la felicidad en esta vida, cosa que esperan alcanzar mediante las reformas de las estructuras sociales y económicas (Vegas Latapie, 1969:132).

   Estamos gobernados por una minoría-hombre-masa, que "arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto" (Ortega y Gasset, 2005:80) y que se cree "que él es el Estado, y tenderá cada vez más a hacerlo funcionar con cualquier pretexto, a aplastar con él toda minoría creadora que lo perturbe" (Ortega y Gasset, 2005:168-169), no por minorías rectoras seleccionadas por su perfección moral, con vocación de servicio tendente a buscar el bien común.

   Las  masas "se han hecho indóciles frente a las minorías; no las obedecen, no las siguen, no las respetan, sino que, por el contrario, las dan de lado y las suplantan" (Ortega y Gasset, 2005:83). Como la masa va ser siempre mayoría y la masa gobierna teórica y prácticamente en la democracia liberal, por el bien común general, en orden al último fin y a los fines intermedios, es nuestro deber en la sociedad, como minoría selecta purificada, elevada y dignificada por la Gracia, como élite moral e intelectual de la sociedad en la búsqueda heroica de la santidad y en el cultivo de la sabiduría, alcanzar por todos los medios posibles el gobierno político usurpado y detentado por la masa.

 

   Con razón, el gobierno mejor es el gobierno por los mejores, de los justos; de ahí que debamos considerar que ha llegado nuestro tiempo y nuestra hora, "la hora de los selectos, (...) de los selectos en su integridad, su conocimiento, su espiritualidad y su sacrificio, de los selectos en la vocación en la Iglesia de Cristo" (Legorburu, 2005, Julio-Agosto, 6, Discurso de Alfonso Coronel de Palma, Presidente Nacional de la ACdP), y sostener el sano pluralismo obligatorio en las cosas opinables y excluyentes en las malas según los principios inmutables de la moral cristiana; ergo, la necesidad de salvaguardar unas pocas cuestiones, entre ellas las relacionadas con la Religión y la defensa del derecho natural, de decisiones y votaciones, ofreciendo la máxima libertad para cuestiones accidentales y secundarias.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS (APA).

 

Libros

 

Aquino, Tomás de (2001). Summa Theológica (3ª ed., reimp.). Madrid: BAC.

 

D`Ors, Alvaro (1982). Una introducción al estudio del Derecho (5ª ed.). Madrid: Rialp.

 

D`Ors, Alvaro (1998). La violencia y el orden. Madrid: Criterio.

 

Fernández de la Mora, Gonzalo (1986). El crepúsculo de las ideologías. Madrid: Espasa-Calpe, Col. Austral.

 

García López, Jesús (1990). Individuo, Familia y Sociedad. Los derechos humanos en Tomás de Aquino (2ª ed.). Barañain-Pamplona: EUNSA.

 

Gutiérrez García, José Luis (2001). Introducción a la Doctrina Social de la Iglesia. Barcelona: Ariel.

 

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Rodríguez, P. Victorino (1978). El Régimen Político de Sto. Tomás de Aquino. Madrid: F.N. Editorial, S.A.

 

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Vaissière, Jean Marie (1966). Fundamentos para la política. Madrid: Speiro.

 

Vallet de Goytisolo, Juan (1997). Qué es el derecho natural. Madrid: Speiro.

 

Capítulos de libros

 

Rodríguez Luño, Ángel (2004). Leyes imperfectas e inicuas. En Consejo Pontificio para la Familia (Comp.), Lexicón. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas (pp. 669-673). Madrid: Palabra.

 

Vegas Latapie, Eugenio (1969). El mito del igualitarismo. En J.A García de Gortázar y Sagarmínaga, F. Canals Vidal, J.Mª. Petit Sullá, Vladimiro Lamsdorff-Galagane, F. Puy Muñoz, J.Mª. Coronas Alonso et al. Los Mitos Actuales. Actas de la VII Reunión de Amigos de la Ciudad Católica, celebrada en Barcelona en el Instituto Filosófico La Balmesiana, los días 1, 2 y 3 de noviembre de 1968 (pp. 129-154). Madrid: Speiro.

 

Artículos de revista o publicación periódica

 

Legorburu, J.M. (2005, Julio-Agosto). "A pesar de las dificultades, vivimos un momento maravilloso para la ACdP". Los socios, venidos de toda España, acudieron a la XCIII Asamblea General [Discurso del Presidente, Alfonso Coronel de Palma y diversas ponencias analizando la situación actual]. ACdP. Boletín informativo de la Asociación católica de propagandistas, p. 3-9.

 

Malpica, J.J. (2005, Junio). Luis Sánchez de Movellán: "Los partidos políticos han sido escuela de toda clase de corrupciones". [Círculo de Estudios de Crítica Política]. ACdP. Boletín informativo de la Asociación católica de propagandistas, p. 22.

 

Martínez-Sicluna y Sepúlveda, Consuelo (2003). El derecho natural a la luz de la fe. Verbo, 417-418, 627-637.

 

Massini-Correas, Carlos I. (2003). Del positivismo jurídico al valor ético del derecho. Nuntium. Edición en español, Julio, 9, 26-31.

 

Millán Puelles, Antonio (2003). Positivismo jurídico y dignidad humana. Nuntium. Edición en español, Julio, 9, 12-17.

 

Ordóñez Maldonado, Alejandro (2005). El nuevo derecho, el nuevo orden mundial y la revolución cultural. Verbo, 431-432, 33-73.

 

Orlandis, José  (2005). Ley injusta y conciencia cristiana. Verbo, 435-436, 371-378.

 

Ottonello, Pier Paolo (2004). Los derechos fundamentales del hombre. Verbo, 429-430, 793-809.

 

Wagner de Reyna, Alberto (2004). El hombre del siglo XXI. Verbo, 421-422, 81-84.

 

Artículos de periódico

 

Zenit (2004, Noviembre 19). El relativismo, amenaza de la democracia. Según Juan Pablo II. El Rotativo, p. 37. Zenit (2004, Octubre 19). El relativismo, amenaza actual de la democracia; según Juan Pablo II. La verdad, sin embargo, es el antídoto contra el fanatismo, afirma. Zenit [Base de datos en línea]. Extraído el 12 octubre, 2005 de Zenit, Agencia Internacional Católica de Noticias. Disponible: <http://www.zenit.org/spanish/archivo/0010/ZS001011.htm#847>

 

Medios electrónicos en Internet

 

Transparency International (2004). Barómetro Global de Corrupción de Transparency International 2004. [En línea] Extraído el 7 noviembre, 2005 del sitio oficial de Transparency Internacional:

<http://www.globalcorruptionreport.org/download_es.html>

<http://www.transparency.org/surveys/barometer/barometer2004_faq_esp.html>

 

Juan Pablo II (1995). Evangelium vitae. Encíclica. 25.03.1995 [En línea] Extraído el 8 octubre, 2005 del sitio oficial de la Santa Sede:

<http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae_sp.html>

 

Juan Pablo II (1996) Llamamiento a los científicos para que detengan la producción de embriones humanos. Discurso a los participantes en dos congresos internacionales sobre el derecho y la familia. 24.5.1996 [En línea] Extraído el 8 noviembre, 2005 de Notivida, Boletín de Noticias que se relacionan con la promoción y defensa de la vida humana y la familia:

<http://www.notivida.com.ar/documentos/JPII/mensajesydiscursos/Mensajesydiscursos%20JP%20II%2019960524.html>

 

Juan Pablo II (2002). Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a la Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida. Discurso 27.02.2002 [En línea] Extraído el 17 octubre, 2005 del sitio oficial de la Santa Sede:

<http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2002/february/documents/hf_jp-ii_spe_20020227_pont-acad-life_sp.html>


 


[1] Consúltese nuestro estudio Brocos Fernández, J.M. (2005 Noviembre). El Multiculturalismo como imposición ideológica y su entronque con el nihilismo ontológico. Arbil, 98, Artículo 2 [Online]. Disponible en <http://www.arbil.org/arbi-d98.htm>%20ISSN%201697-1388.

[2] Según TI los partidos políticos son las instituciones más corruptas del mundo. El informe publicado el 9 de diciembre de 2004, muestra que tras los partidos políticos, las instituciones más corruptas mundo son los parlamentos, la policía, el poder judicial y los medios de comunicación (Transparency Internacional, 2004).

[3] Escribe al respecto Fernández de la Mora (1986:61) que "las normas implícitas en cualquier ideología (...) aspiran a ser los fermentos del Derecho constitucional, y de la moral social".

[4] Por el contrario "toda ley humana tiene razón de ley en tanto en cuanto se deriva de la ley natural. Si en algo se separa de la ley natural no será ley, sino corrupción de ley" (S. Th. I-II, q.95, a.2).

[5] El consenso no puede servir para fundar la legitimidad política de la democracia al basarse meramente en un acuerdo de partes, que ha sido históricamente falsada. V.gr. el régimen nazi o las legislaciones de exterminio masivo del nasciturus en las sedicentes democracias. Escribe al respecto Jesús García que la convicción de que las leyes que regulan en positivo o negativo "el ejercicio de las libertades de todos los ciudadanos se han de establecer por consenso mayoritario de estos, sin que haya que respetar ningunas normas previas, objetivas, universalmente válidas (...) es la concepción del puro liberalismo" (García López, 1990:31). Por otro lado, "el consenso, el acuerdo, el procedimiento comúnmente aceptado o una ficción constructivista, como son todas las afirmaciones relativas, no pueden justificar por sí mismas proposiciones deontológicas incuestionables o absolutas" (Massini-Correas, 2003:30, julio).

[6] Estas leyes injustas (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:669-670) según la concepción clásica no son leyes. Escribe San Agustín: "Non videtur esse lex quae iusta non fuerit" (De libero arbitrio, 5). Santo Tomás aseverará "Lex esse non videtur quae justa non fuerit" (S.Th. IIa-IIae, q. 96, a.4).

[7] Lamennais, Dom Sturzo y Maritain como los abanderados de un Estado aconfesional que deja libertad para parchear a las consecuencias. Frente a la tesis tradicional de que el Estado tiene que ser esencialmente católico, la hipótesis, presentada y elevada a rango de tesis tras la Declaración Dignitatis Humanae del  Concilio Vaticano II, afirma que ese mismo Estado puede ser aceptable y coyunturalmente aconfesional en función de la teoría del mal menor con algunas consecuencias compatibles con el cristianismo -la propina-. La Constitución liberal es entonces aceptada como tal proponiéndose sólo cambios accidentales, nunca subvirtiendo el Estado para conseguir una Constitución católica, término que no deja de ser una contradictio in terminis al ser la constitución un pacto consensuado y coyuntural entre políticos y no unas "Leyes Fundamentales". Dilthey afirmaba que el Derecho Natural es un hallazgo y no es un artefacto, es decir, analógicamente la Constitución es un artefacto y las Leyes Fundamentales pretenden llegar a ser unos hallazgos de la investigación filosófica e histórica de la nación y con cimiento en la naturaleza humana y en la Revelación divina. Jean Marie Vassière (1966) muestra la aplicación que hace Tomás de Aquino a través de la teoría del conocimiento a la búsqueda de la verdad política. De esta forma la verdad política se tiene que buscar o establecer en un pacto de determinación artística en que se encuentran y cruzan el idealismo descendente de la autoridad con el nominalismo ascendente de la representación popular. Así las dictaduras bajan el punto de cruce al dar preeminencia al idealismo descendente, mientras que el paradigma de la democracia liberal es el nominalismo ascendente y tiene una de sus concreciones ejemplarizantes en la famosa frase de Adolfo Suárez, primer presidente español tras la transición política de un Estado autoritario confesionalmente católico, regido por unas Leyes Fundamentales y constituido en democracia orgánica, a un Estado aconfesional en forma de democracia constitucional e inorgánica monopolizada por una partitocracia, que expreso aquello de "llevar a lo político lo que a nivel de calle era normal".

[8] "Las minorías selectas, (...) el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores" (Ortega y Gasset, 2005:77). Desde este prisma "no son selectos para sí mismos, sino selectos para servir a los demás, con olvido de sus propios intereses" (Legorburu, 2005, Julio-Agosto, 9, Ponencia de José Luis Gutiérrez, Consejero Nacional de la ACdP).

[9] Nos referimos a una aristocracia de la virtud y del talento, clases dirigentes y modélicas en su comportamiento aristocrático batiéndose bajo el espíritu de la verdad. Escribe Ortega que "la división en sociedad de masas y minorías excelentes no es, por tanto, una división en clases sociales, sino en clases de hombres, y no puede coincidir con la jerarquización en clases superiores e inferiores" (Ortega y Gasset, 2005:78). De hecho "dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica" (Ortega y Gasset, 2005:78).

VOTO ÚTIL, PROPAGANDA INSTITUCIONAL Y DOCTRINA DEL MAL MENOR: La restricción del derecho al voto en libertad

VOTO ÚTIL, PROPAGANDA INSTITUCIONAL Y DOCTRINA DEL MAL MENOR: La restricción del derecho al voto en libertad

Francisco TORRES GARCÍA

 

 

   No sería una incoherencia establecer, como axioma, la igualdad conceptual entre libertad, vida democrática y voto, entendiendo éste como expresión puntual de la recta opinión del ciudadano. Voto y libertad son, en términos políticos, inseparables. Hasta tal punto es así que el voto sin libertad, de opción y de elección, no pasa de ser más que una máscara capaz de tornar en opaca la realidad, un falso reflejo de lo que debería ser una vida política realmente democrática.

 

   No es necesario, aunque si sea positivo recordarlo, insistir en el hecho de que el voto es tanto más libre cuanto  menores son los condicionantes, sobre todo externos, que operan sobre el ciudadano a la hora de pronunciarse en las consultas electorales. Tampoco es preciso resaltar el hecho incontrovertible de que el voto absolutamente libre es un raro privilegio que sólo alcanzan los escasos y celosos mantenedores de la supremacía de la libertad del individuo.

 

   Una sociedad democráticamente sana tiene la obligación de respetar y de proteger el derecho del individuo, de la persona, a ejercer su derecho al voto en libertad, incluyendo en esa libertad la decisión del ejercicio del mismo. Una sociedad democráticamente sana tiene la obligación de exigir al Estado y a los partidos que respeten de forma escrupulosa, en una acción de máximos y no de mínimos, esa libertad.

 

 

   Difícilmente se podría sostener que de un modo teórico el Estado, en su faceta de elemento controlado por un gobierno salido de los partidos, y los partidos no comparten el concepto del derecho al voto en libertad. El problema aparece cuando se desciende desde el concepto abstracto a la aplicación práctica. Colocados en esa posición, tanto el Estado como los partidos, entienden legítima la utilización de modos que condicionan, reducen y limitan el voto libre. Dos de las más usuales de estas prácticas son: la tesis del mal menor combinada con el denominado voto útil y las campañas institucionales que se ponen en marcha con cada consulta electoral.

 

   Teóricamente las campañas institucionales, que acompañan a cada llamada a las urnas, son meramente informativas del hecho en sí: la convocatoria de elecciones. Ahora bien, lo cierto es que en su mensaje, además de la parte puramente informativa sobre el proceso electoral, sobre el modo de ejercer el derecho al voto, aparece un mensaje que trata de forzar al ciudadano en su primera decisión: votar o no votar. De esta forma se pretende transformar lo que es, por definición, un derecho en una obligación, olvidando que la abstención es también una forma de utilizar políticamente el derecho al voto. En este sentido, la propaganda institucional, secundada en la intención por los partidos, trata, sistemáticamente, de coartar la libertad de la persona. Después viene la forma en que se transmite el mensaje que suele ajustarse muy relativamente a la verdad en los argumentos que utiliza para convencer-impeler al ciudadano.

 

 

   El voto del ciudadano está condicionado, siempre, por el sistema electoral. El sistema electoral acaba, de forma indirecta, coartando o reconduciendo la libertad del ciudadano a la hora de votar. Con el sistema electoral se potencia el utilitarismo del voto cuando se hace muy difícil la obtención de representación política para la mayoría de las formaciones que concurren a los comicios. Los partidos, instalados en el binomio turnante poder/oposición, procuran mantener sistemas electorales que les garanticen tanto el control del propio partido político como la transformación del voto real al voto teóricamente próximo circunscrito a dos o tres grandes opciones.

 

   Reiteradamente, cuando se aproxima el tiempo electoral, los grandes partidos, los titulares del binomio poder/oposición, incluyen en sus programas el tema de la reforma electoral. La reforma electoral está planteada en dos direcciones: la primera, que pide, teniendo presente la madurez de la sociedad, mayores dosis de democracia; la segunda, que busca conseguir mayorías más amplias y seguras. Afirmen lo que afirmen, prometan lo que prometan, lo cierto es que quienes ocupan el espacio político institucionalizado como poder/oposición, los grandes partidos, prefieren un sistema electoral mayoritario. Los ciudadanos se pronuncian, lógicamente, por un sistema realmente proporcional.

 

   La idea democrática, sobre todo en casos como el español, ha obligado a mantener un sistema proporcional aunque corregido para primar a las mayorías. En la actualidad, utilizando como argumento coyuntural la influencia de los nacionalistas, influencia que es resultado de la decisión política del binomio poder/oposición, porque ese mismo binomio podía haber actuado de forma distinta con respecto al nacionalismo parlamentario, los grandes partidos comienzan a plantearse la viabilidad de la transformación del sistema electoral español en un sistema mayoritario al estilo británico. Una fórmula que reduciría aún más el derecho al voto libre y en libertad.

 

   Un sistema electoral mayoritario busca la marginación política, civil y representativa de la pluralidad política; está diseñado para mantener mayorías hegemónicas muy difíciles de romper.

 

 

   La perversión de la vida democrática sana que se realiza, entre otros elementos, a través del sistema electoral es la que engendra y da visos de realidad a la denominada teoría del voto útil o del mal menor. Voto útil y mal menor, siempre presentes, se sobredimensionan cuando los sistemas electorales tienden al modelo mayoritario. El ciudadano ya no vota, ya no se pronuncia, básicamente, en relación a un programa y a una visión histórica e ideológica de la opción política, lo hace condicionado por el sistema de recuento electoral y adjudicación de escaños. El voto se transforma así en un voto negativo, ya que se realiza en “contra de alguien” y no a favor de alguien.

 

   La tesis del voto útil y del mal menor actúa así como elemento de catarsis que lleva al ciudadano a subordinar sus posiciones ideológicas, su criterio objetivo, a la creación de mayorías, convirtiendo el voto libre en voto cautivo. Un voto que, además, acaba, en muchas ocasiones siendo despreciado. Las mayorías políticas, conseguidas merced a este sistema indirecto de control del voto, acaban legislando contra los principios y creencias de quienes sufrieron este secuestro de la libertad a la hora de acudir a las urnas. Ejemplo clarificador de ello es lo que sucede en España con el voto católico y con el llamado voto de derechas.

 

   Las argumentaciones difundidas al uso no pueden revestir mayor pobreza intelectual, aunque sea difícil negar la efectividad que han tenido sobre el cuerpo electoral. La tesis del voto útil o del mal menor no niegan la validez de las posiciones ideológicas desde las que el ciudadano está dispuesto a ejercer su derecho al voto, lo que pretenden es reducirlas al ámbito personal, cultural o asociativo. Sin negar la validez de las tesis ideológicas del ciudadano pretenden que, a la hora de la verdad política, el votante haga una reflexión que, obviando su posición ideológica en aras del beneficio para la comunidad, le conduzca a depositar su confianza en uno de los dos o tres grandes partidos engendrando así una mayoría absoluta. La opción del votante por cualquiera de las demás opciones minoritarias es considerada un desperdicio del derecho al voto.

 

 

   Otra de las argumentaciones favoritas de los defensores de las teorías del “voto útil y del mal menor”, cuando resulta inviable el convencimiento, es afirmar que, aunque el total del programa no sea compatible con las posiciones propias se debe apoyar a aquel que en mayor medida se le asemeje, debido a la imposibilidad de que esas ideas, defendidas por una fuerza política, lleguen a tener un peso suficiente para influir en la vida pública. Fundamentando el argumento con la difusión de la idea defensiva de cerrar el paso al adversario político.

 

   La conjunción de la aparente proximidad política entre la propuesta del partido que difunde la tesis del mal menor o del voto útil, o ambas, de la oposición frontal a otra fuerza política y de la posición ideológica del ciudadano, es la que convence mayoritariamente a un sector amplio del cuerpo electoral a dar por buena esta práctica. El desengaño, el desencanto se produce cuando el ciudadano percibe que con su voto no sólo no ha contribuido a la defensa de sus Principios, cuando entiende que su voto va ha servido para apoyar políticas contrarias a su propio pensamiento, lo que sucede reiteradamente en temas de defensa de la vida, familia, matrimonio, seguridad...

 

   Las tesis del voto útil y del mal menor se han convertido en uno de los instrumentos favoritos a la hora de coartar el derecho a votar en libertad, por lo que es preciso desandar el camino, vencer el peso de la costumbre y proscribir cualquier forma de limitación, ya que todo lo señalado, todo el proceso someramente descrito empobrece sobremanera la vida democrática.

SETIÉN, EL JOMEINI DE ETA

SETIÉN, EL JOMEINI DE ETA

Eduardo GARCÍA SERRANO

 

   El documento de EL MUNDO TV emitido en Antena-3, titulado “En el nombre del Padre", nos mostró una Iglesia vasca que no es más que una gorrinera de obispos intrigantes y de curas traidores vendidos a ETA. Un montón de mierda, en fin, coronado por el alzacuellos de Setién, el jomeini de ETA, padre espiritual de la doctrina que equipara a víctimas y verdugos y líder de todos los curas malnacidos que se niegan a oficiar misas por los españoles asesinados por ETA.

   Lo cierto es que, siendo un convencido partidiario de la separación Iglesia-Estado, cuando escucho a Setién y a su recua de cabestros con sotana vomitar azufre no puedo más que echar de menos aquellos tiempos en que los papas gobernaban la Cristiandad como auténticos césares.

 

   Dice Setién que “para hablar con ETA no es imprescindible que deje de matar”. O sea que entre asesinato y asesinato, conversación. Entre un guardia civil de Cáceres zurcido a balazos y otro de Murcia cosido a tiros, negociación. Setién es un sofista ultramontano cuyas meditaciones no son más que reflexivas crueldades esparcidas mediante la vieja técnica de persuasión desde el púlpito y la sutil eficacia del susurro en el confesionario. Sus homilías y cartas pastorales son un brebaje venenoso compuesto de verdades distorsionadas, medias verdades, mentiras, propaganda, prejuicios y conveniencias políticas separatistas, vertidas allí donde el asesinato es el pan nuestro de cada día en el nombre del padre. Del padre de Sabino Arana.

 

   La escandalosa colaboración de ciertos elementos de la Iglesia con ETA se remonta a los tiempos embrionarias de esta organización de asesinos. Conviene no olvidar que ETA nace en una sacristía de una parroquia vasca y que su primer atentado lo perpetra después de haber consultado con un sacerdote, según cuenta el jesuita e historiador Fernando García de Cortázar en su libro El Nacionalismo Vasco.

   Hay ejemplos de esta colaboración entre curas trabucaires y terroristas de ETA capaces de amotinar la sangre del católico más templado, y de llenar de espanto el espíritu de los feligreses más leales a la jerarquía de la Iglesia:

   Roger Idart, conocido como el Obispo Rojo de Sarre, participó en el secuestro en 1970 del cónsul alemán en San Sebastián. Francoise Garat, párroco de Expélete, ha sido reiteradamente detenido por cobijar a etarras huídos de España tras perpetrar asesinatos en nuestro país. Otro de los sacerdotes filoetarras es Martín Carrere, cura francés vigilado estrechamente por la policía por sus caridades para con todo tipo de terroristas desamparados. El párroco de Socoa, Pierre Larzábal, ha afirmado en más de una ocasión que “el País Vasco está bajo ocupación extranjera, igual que lo estuvo Francia bajo los alemanes. Esta es una guerra como la II GM. Luego hay que matar".

   El fraile capuchino Eustaquio Mendizábal, alias Chiquía, comenzó pasando etarras a Francia, estructuró el frente armado de ETA, participó en robos y atracos y, finalmente, murió abatido a tiros por la Guardia Civil. Otro curita de su escuela, Fernando Arburúa, fue más activo que el fraile Chiquía: asesinó a un guardia civil retirado en Irún con una sangre fría espantosa, lo remató con siete disparos en la cabeza. Cuando este piadoso angelito fue detenido, la Guardia Civil encontró en su mesilla de noche 38 balas del calibre 9 mm Parabelum, munición habitualmente utilizada por sus feligreses de ETA. Juan Martín Arrecibitia, párroco de Gorriti (Navarra), colaboró activamente en el atentado que pulverizó la central telefónica de Rios Rosas en Madrid. Su misión consistió en robar dos coches para transportar la Goma-2 para este atentado. Se presentó al Senado por HB, fundó una revista financiada por ETA, se negó siempre a casar a ningún guardia civil, y se inventó un juego para niños, parecido al Monopoli, en el que se ganaban puntos financiando a ETA y matando guardias civiles: El cura Juan Echave, miembro de la plana mayor de ETA, declaró "defender al pueblo vasco de la Policía y de la Guardia Civil”. Y el arcipreste de Irún fue detenido y condenado por haber dado cobijo, refugio y cobertura en la iglesia del Santo Cristo de Artiga a los etarras Recarte y Galarza cuando huían la policía después de haber asesinado a tres personas en Santander.

 

   La Iglesia Vasca se niega a celebrar funerales por las víctimas de ETA mientras ampara a los asesinos. ¿Y el Papa y la Conferencia Episcopal Española, qué hacen? Mi fe ni tiembla ni se tambalea pero no gracias a ellos, sino a pesar de ellos. Mi fe no flaquea en la duda porque me niego a traicionar a la mujer que acunó mi infancia con sus oraciones. Era mi madre.

LA MISERABLE RENDICIÓN DE UN GOBIERNO CANALLESCO

LA MISERABLE RENDICIÓN DE UN GOBIERNO CANALLESCO

Teófilo

 

   El pasado mes de marzo cuando la banda terrorista ETA anunció su enésima tregua. El gobierno de Zapatero creyó ver los cielos abiertos al proclamar sus esperanzas en lo que llamó "proceso de paz". Las notas discordantes en tan armónica melodía sonaron desde las filas de la oposición, muy contados medios de comunicación y algunas organizaciones políticas y sociales sin presencia parlamentaria. Eso fue todo. El optimismo progresista sobreabundó hasta la nausea y muy pocas voces se alzaron en contra de lo que ofrecía todos los visos de una rendición incondicional del Estado. Rendición a costa de la soberanía nacional y la integridad territorial de España. Claudicación del Estado de Derecho que guardaba silencio ante la exigencia terrorista del cese de la actuación policial.

 

   No tardaron los hechos en dar la razón a quienes expresamos nuestra indignación:

 

    -  Quedó en evidencia la colaboración efectiva de altos mandos de la Seguridad con la banda de asesinos al descubrirse que una redada policial había sido malograda merced a una oportuna llamada telefónica a un cabecilla terrorista para alertarle del riesgo que corría.

   -   Los melífluos llamamientos del gobierno al entramado "político" de la banda para comprometerse pública y definitivamente en el abandono de las armas fueron respondidos invariablemente con desdén y arrogancia.

   - Se hizo pública la indignidad del equipo dirigente socialista al revelarse que mantiene conversaciones periódicas con la banda desde hace más de tres años. Esto es, mucho antes del inicio de la falsa "tregua", antes incluso de que el PSOE ganara las elecciones de 2004 y mientras permanecía vigente el llamado "pacto antiterrorista" entre los dos principales partidos políticos españoles.

   - En ningún momento los terroristas suspendieron su chantaje y extorsión económica a empresarios y comerciantes.

   - Es patente el constante rearme de las células terroristas. El pasado verano robaron centenares de revólveres en una fábrica francesa y hace escasos días estuvieron muy cerca de apropiarse de varias toneladas de material explosivo.

 

   Mientras tanto, el gobierno opta alternativamente entre negar la evidencia y guardar silencio. Sabe que su humillación ante el terrorismo es percibida cada día más como una postración de toda España, de todos y cada uno de los españoles decentes y honrados. Los terroristas no están dispuestos a esbozar ni siquiera un leve gesto amistoso que permita a Zapatero exhibir el mínimo éxito político. Al mismo tiempo, el gobierno está comprobando la temeridad que entraña acariciar a una fiera sedienta de sangre.

   Ya no es posible contener el clamor que se alza en la sociedad: ¿Qué debe el PSOE a ETA? ¿A qué se comprometieron? ¿Por qué los españoles han de pagar las deudas que el PSOE contrae con terroristas?

 

   Recomendamos encarecidamente la contemplación del muy clarificador vídeo que aquí insertamos:

 

EL ORDEN CRIOLLO

EL ORDEN CRIOLLO

Alberto BUELA

 

A los amigos de la Quiaca y sur de Bolivia

 

   Lo primero que plantea tan arduo tema es responder a la pregunta ¿desde dónde vamos a hablar del orden criollo?. Y respondemos, desde la tradición nacional argentina e hispanoamericana.

 

   a) Y esta tradición tiene un origen fáctico, de hecho, en los setenta y dos yeguarizos que trae Pedro de Mendoza a Buenos Aires en 1536, donde los pocos que quedaron, algunos murieron y otros se los comieron durante esa terrible hambruna porteña de cinco años que duró la aventura mendozina. Ordenada la despoblación de la primera Buenos Aires por Irala y desobedeciendo sus órdenes de degüello fueron largados a campo y se reprodujeron libremente durante cuarenta años, llegando a la cifra estimada de setecientos mil. De modo tal que la base fáctica, el hecho bruto y concreto del orden criollo es la cultura del caballo y todo aquello que la rodea.

 

   b) La tradición política del orden criollo la hallamos primero en Juan de Garay, hombre ejemplar si los hubo, más americano que español pues llegó a América a los trece años, fundó Buenos Aires y cofundó Santa Cruz de la Sierra junto a Ñuflo de Chávez y gobernó Asunción del Paraguay,  luego en Hernandarias, después en el letrado del siglo XVII Juan Solórzano Pereira, gobernador de Huancavelica, nuestros próceres y gobernadores criollos del período de la Independencia como San Martín y Güemes, Rosas luego, y ya en el siglo XX Roque Sáenz Peña, algo en Irigoyen y finalmente Perón, con sus luces y sombras. (estos gobiernos de corte criollo y nacional se reproducen en mayor o menor medida en toda Nuestra América. No es acá el lugar para enumerarlos).

 

   c) La tradición cultural del orden criollo se funda en el poema épico por excelencia de la ecúmene hispanoamericana: el Martín Fierro, que tiene un antecedente ilustre en la primera parte del Facundo, como primer estudio sociológico descriptivo de la realidad argentina a mediados del siglo XIX, y tiene sus consecuentes en trabajos como La Tradición Nacional de Joaquín V. González, quien incorpora la cultura montañesa. En torno al criollismo de Ernesto Quesada, que se completa con El Payador de Lugones, serie de conferencias en el teatro Odeón a las que asiste el entonces presidente Roque Sáenz Peña y su ministro del interior Indalecio Gómez.

 

   Vista a vuelo de pájaro la tradición nacional en sus tres dimensiones: fáctica, política y cultural, cabe ahora preguntarse ¿qué es una tradición y una tradición nacional?

   La tradición debe entenderse no como el traspaso de cosas de una generación a otra, de padres a hijos o de abuelos a nietos. No. La tradición es sólo y exclusivamente, la transmisión de las cosas valiosas de una generación a otra. Es decir, aquellas cosas que tienen insertas un valor que por ello se pasan de denominarse bienes. Así, un bien es una cosa que lleva inserta un valor. Esto es lo que constituye el meollo de una tradición: la transmisión de valores encarnados en las cosas y no simplemente "la declamación de los valores" al modo libresco o pedagógico.

   En cuanto a lo nacional, concepto que viene de nación y cuya raíz es el verbo latino nasco que significa nacer, es un proyecto político-cultural que un pueblo determinado busca darse en la historia del mundo. Lo nacional significa primero el lugar donde se nace, es algo vinculado a la tierra, de allí proviene el término nación, que en esta primera aproximación se limita al país, que viene del paisaje, lugar donde habitan los paisanos, quiere indicar el genius loci que nos rodea al caer a la existencia en este mundo cada uno de nosotros. Pero no acaba allí la idea de nación y nacional sino que se extiende a aquello que pretendemos ser y hacer los paisanos como pueblo en la historia de mundo.

   De modo tal que la tradición nacional reclama para existir, alternativamente,  estos dos elementos: país y proyecto, historia y futuro.

 

   Planteadas así las cosas podemos entrar ahora en el tema de esta meditación, el del orden criollo.

   Éste fue el orden que se dio fácticamente con la cultura del caballo, que se dio políticamente con los gobiernos que privilegiaron y defendieron lo nuestro y que se dio culturalmente cuando pensamos con cabeza propia.

   Antes que nada debemos prevenirnos y afirmar que, el Don Segundo y toda su comercialización arequera, (el gaucho visto con los ojos del hijo del patrón, Doll dixit), el Santos Vega, leyenda mitómana para profesores de literatura, el Fausto formado por palabras gauchas y conceptos vacíos (criollada de gringo fanfarrón, que anda jineteando la yegua de su jardinera, Lugones dixit) y el floklorismo de gauchos de tienda nada tiene que ver con lo criollo. Todo ello es un remedo, una mala copia.

   El orden criollo implica la existencia de una cosmovisión, es decir, una visión totalizadora, hoy se dice holística, del hombre el mundo y sus problemas, expresada en el estilo de nuestros hombres de campo o del hombre de ciudad que siente el campo.

   Y acá viene y hay que hacer una distinción fundamental entre lo gaucho y lo criollo. Distinción que hiciera Juan Carlos Neyra en un impecable, breve y profundo ensayo. El gaucho y lo gaucho término peyorativo hasta que lo recuperan San Martín y Güemes y es bueno que se recuerde y se lo recuerde desde acá, desde la Quiaca, implica una forma de vivir que necesariamente se da en el campo, en donde el gaucho muestra todas sus habilidades camperas, todas sus pilchas como en esta fiesta, todas sus destrezas en juegos como el pato, la taba, la sortija y en danzas como el triunfo, el gato, la zamba, la cueca, la chacarera o el chamamé. En donde los silencios tienen sus sonidos y los trabajos sus tiempos en un madurar con las cosas, tan propio del tiempo americano.

   ¿Y lo criollo entonces? Criollo es aquel que interpreta al gaucho y lo criollo es un modo de sentir, una aproximación afectiva a lo gaucho. Es por  eso que lo gaucho es necesariamente criollo pero un criollo puede no ser gaucho. De allí que esos viejos camperos de antes decían: Nunca digas que sos gaucho, que los otros lo digan de vos.

   Así, se pudo acertadamente escribir: Si gaucho es una forma de vivir, criollo es una forma de sentir" [1]

   Y esta distinción se ve claramente en la estrofa del poema nacional que dice:

Tiene el gaucho que aguantar

Hasta que lo trague el hoyo,

O hasta que venga un criollo

En esta tierra a mandar.

 

   Estrofa que muestra en forma evidente como el gaucho es quien sufre, quien padece un modo de vida, en este caso en la época posterior a Rosas, de explotación e injusticias, y las esperanzas están puestas en un criollo, el aquel que siente lo gaucho, que interpreta cabalmente lo gaucho y que pueda llegar a mandar, a gobernar.

   De modo tal que el orden criollo nace de la interpretación más acabada de aquello que la Argentina dio al mundo de más genuino: el gaucho. Y que en Nuestra América se llamó huaso en Chile, montubio en Ecuador, cholo en Perú, camba en Santa Cruz, coya en La Paz, gaúcho en el sur de Brasil, borinqueño en Puerto Rico, ladino en Guatemala, llanero en Colombia y Venezuela, charro en México.

 

   Pero avancemos un poco más y pasemos con nuestro aporte del plano descriptivo al plano metafísico. Y así afirmamos que si bien es indudable que se ha producido paulatinamente con el surgimiento de la sociedad industrial y de consumo la desaparición de lo criollo bajo la forma del gaucho, el llanero, el montubio, el charro, o el huaso, ello no nos permite, de ninguna manera, afirmar la desaparición de los valores que alentaron a este tipo de hombre. Lo gaucho es la forma en donde se plasmó de mejor manera lo criollo, pero lo criollo es el fondo, es el núcleo aglutinado de valores que le da sentido a lo gaucho. En una palabra, que desaparezca la forma, en tanto que apariencia, (hoy los centros tradicionalistas son sólo apariencia de lo gaucho) no nos autoriza a colegir que murió su contenido; esto es, el alma gaucha, o sea, la expresión más propia de lo criollo.  Muy por el contrario, lo que se tiene que intentar es plasmar bajo nuevas apariencias o empaques los valores que sustentaron a este arquetipo de hombre, como lo son: a) el sentido de la libertad, b) el valor de la palabra empeñada, c) el sentido de jerarquía y d) la preferencia de sí mismo. No existe ningún pensador nacional iberoamericano, más allá de las disímiles posiciones políticas, que no sostenga estos cuatro principios fundamentales del alma hispanoamericana.

   Así el orden criollo nace a partir de allí y es expresión política y cultural de esa esencia propia y específicamente nuestra, esto es, de la ecúmene, de esta gran casa que es América, que como lo hóspito nos recibe, nos hospeda a todos nosotros (aborígenes, gauchos y gringos) que desde lo inhóspito hemos llegado a América buscando la posibilidad de ser plenamente hombres.

   Acá la primacía no se obtiene por la antigüedad, como nos quieren hacer creer hoy en día las voces publicitadas del indigenismo, acá la primacía la tiene aquel que llevó a su mayor perfección la forma de ser americano y este fue el criollo como producto de ese abrazo fenomenal, tanto en la lucha como en el lecho, que se produjo a partir de 1492. En donde Europa y América dejaron de ser lo que eran y habían sido hasta entonces para ser otra cosa distinta, diferente, nueva y no vista nunca antes: Y aquí  en América surgimos nosotros, "ni tan español ni tan indio", el mundo criollo y su orden, que llegó a su plenitud cuando cuajó un arquetipo humano que en Argentina fue el gaucho. Y que fue descripto acabadamente por texto por el Facundo, el Martín Fierro, La Tradición Nacional, el Payador o Romances de Río Seco. Y que llegó a su plenitud política cuando fue bien interpretado por hombres como San Martín, Güemes, Rosas, Sáenz Peña, Yrigoyen y Perón.

 


[1] Neyra, Juan Carlos: Introducción criolla al Martín Fierro, ed. Huemul, 1979, p.22.-