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Bitácora PI

¿CONDENA USTED EL FRANQUISMO?

¿CONDENA USTED EL FRANQUISMO?

Pío MOA
Esta trampa para elefantes, que tanto miedo causa al PP, es muy fácil de desactivar, pero si no se hace con energía y despliegue de medios, siempre tendrán ventaja  los tramposos (por describirlos con suavidad). Ayer, en la conferencia de Nuevas Generaciones del barrio de Salamanca, un periodista de un diario ultramanipulador de extrema izquierda –por desgracia no hay una izquierda normal en este país: UP y D y Ciutadans son de momento minorías muy pequeñas—, preguntó si los presentes, Isabel San Sebastián, García de Cortázar y yo, o Nuevas Generaciones, condenábamos el franquismo. Yo me iba ya, con prisas, e improvisé la siguiente respuesta: "No condeno al franquismo porque libró a España de la revolución, de la guerra mundial y de un nuevo intento de guerra civil que fue el maquis. Estoy más bien con Marañón y con Besteiro, que aceptaban aquel régimen, con todos sus defectos, porque salvaba al país de algo mucho peor. Y de la izquierda, la que me parece respetable es la de Besteiro, no la de Largo Caballero o Prieto. Y ustedes,  ¿condenan al Frente Popular? ¿Condenan las checas?".

   

   Amplío aquí la respuesta: No pienso en modo alguno enrolarme en el amplio coro de antifranquistas que une en un haz, en un fascio, a Josu Ternera, a Otegui, a Carod, a Ibarreche, a Maragall, a Zapo, al portavoz de la corrupción y el terrorismo gubernamental Rubalcaba… No, no pienso agregarme a ese coro que condena al franquismo y lucha contra él cuando ya no existe.  A ese coro que no condena, en cambio, las quemas de iglesias y bibliotecas, preludio del holocausto de clérigos y creyentes; que no condena la insurrección guerracivilista del 34; que no condena el proceso revolucionario abierto por el Frente Popular, y otros hechos que fueron, precisamente, los causantes de la guerra civil y la dictadura franquista. No me uno a quienes imponen una ley totalitaria y golpista que  exalta a los asesinos de las checas, tipo García Atadell, denigra en la misma proporción a los inocentes como Besteiro y derruye las bases de la convivencia en libertad. Esa gente que con el pretexto del antifranquismo está socavando la independencia judicial, intentando meter en la cárcel a los discrepantes, y con su "memoria" absolutamente perturbada  está liquidando la herencia de la transición y la democracia real que todavía tenemos.

    Cierto, habría sido preferible una democracia a la dictadura autoritaria (no totalitaria) de Franco, pero para que haya democracia tiene que haber demócratas, y tras la devastación intelectual, moral y política causada por el Frente Popular,  casi todo el mundo había dejado de creer en la democracia en España. Una situación a la que nos están llevando de nuevo los enterradores de Montesquieu, los políticos tipo Filesa y GAL, ahora compinchados con los terrorismos y los separatismos, y todos ellos, eso sí, muy "antifranquistas".

    No condeno el franquismo porque de él  y no  del antifranquismo -- totalitario y terrorista  en su mayoría--,  de la paz y prosperidad legadas  por el franquismo, han nacido la democracia y la monarquía constitucional que estos antifranquistas retrospectivos están echando abajo.

   Veo ahora que el periodista sinvergüenza escribe que "tuvo miedo de una agresión" porque mis palabras fueron aplaudidas por los asistentes al acto, cuando a él no sólo se le permitió expresarse, sino que se me indicó que permaneciera en el acto unos minutos más, cuando ya me iba, a fin de contestar a su pregunta. Este tipo de envenenadores profesionales de las conciencias, que tanto denunció Besteiro, predomina hoy en los medios de masas. Y su responsabilidad es enorme.

   Insisto: a nuestra generación se le presenta un desafío  muy grave, que debemos resolver. Es preciso responder con la máxima energía para frenar el proceso que nos lleva a la liquidación de las libertades y de la misma España. Generación miserable la que lo consintiera o se arrugase ante los perpetradores del crimen.

LA SIMA IBEROAMERICANA SE TRAGA LA HISPANIDAD

LA SIMA IBEROAMERICANA SE TRAGA LA HISPANIDAD

José Javier ESPARZA

(El Manifiesto)

 

   Una auténtica comunidad política, para ser algo más que retórica, debe tener consecuencias prácticas, reales y concretas en el orden del poder mundial. Si no, no puede hablarse de comunidad en términos políticos. Hoy la comunidad iberoamericana es una realidad en el ámbito diplomático, porque hay reuniones con periodicidad fija y porque hay mecanismos estables de cooperación -sobre todo en materia asistencial-, pero no es una comunidad política. No lo es porque lo iberoamericano no existe como un poder definido y visible en el concierto mundial del poder.

Lo iberoamericano

   Para que lo iberoamericano exista como un espacio singular en el ámbito internacional, debería poder ser identificado por sus rasgos específicos. ¿Cuáles son esos rasgos? ¿Qué es lo que define al espacio iberoamericano? En realidad, los rasgos sobre los que se construye lo iberoamericano, a ambos lados del atlántico, son sólo dos: una lengua común, que es la española, y una cultura compartida, que es la católica. Podría ser más que suficiente para constituir una línea política, un vector de poder, es decir, una manera concreta de organizarse políticamente. El idioma español, hablado por 400 millones de personas como primera lengua y como segunda por bastantes millones más, podría ejercer una influencia decisiva en un mundo donde las tecnologías de la comunicación y la información han adquirido un valor preponderante. En cuanto a la cultura de matriz católica, es evidente que puede inspirar una manera muy concreta de organizar las sociedades tanto en lo económico como en lo moral.

   Ahora bien, tales rasgos específicos poseen un valor muy débil en el mundo contemporáneo. La cultura de matriz católica, porque ha sido sustituida universalmente por la de matriz protestante y, a través de ésta, por el materialismo del mercado total. Y la lengua española porque, no nos engañemos, el que mucha gente hable un idioma no significa estrictamente nada en términos de poder si ese idioma no es también el de los grandes negocios, las tecnologías punta, la investigación científica, las fuentes de energía o las armas más perfeccionadas, y el español, en todos estos terrenos, dista de aspirar a liderazgo alguno. En esas condiciones, los rasgos centrales de lo iberoamericano carecen de valor político: no pueden configurar un polo de poder.

La comunidad iberoamericana y sus enemigos

   Hay otro asunto de la mayor importancia, y es la muy distinta perspectiva con que se percibe este tipo de cumbres a cada lado del Atlántico. En España la perspectiva es post-nacional, en América sigue siendo nacional. En España, como en el resto de Europa, hablamos en términos post-nacionales porque hemos entregado ya buena parte de nuestra soberanía -la moneda, lo esencial de la Defensa, etc.- a instituciones supranacionales, ya se trate de la Unión Europea o de la OTAN. Pero en América se sigue hablando en términos nacionales -y en ciertos casos, violentamente.

   En efecto, la mayoría de las naciones iberoamericanas vive inmersa en un mundo que pivota en torno a los Estados-nación, mundo que no ahorra violentos conflictos fronterizos como los que han vivido Perú y Ecuador o rifirrafes como el de Argenina y Uruguay a propósito de las papeleras. Los proyectos multinacionales que han surgido en América, como Mercosur, apenas si avanzan a trancas y barrancas porque ninguno de sus miembros está dispuesto a renunciar al poder económico nacional en beneficio de regulaciones transnacionales. Y a eso se suman nuevos proyectos de carácter revolucionario, como el de Hugo Chávez y su "bolivarismo", que vienen a ser una especie de nacionalismo multinacional americano, porque su ambición es extenderse por todo el continente sur.

   Merece la pena detenerse en Hugo Chávez, dado que este señor ha tenido la deferencia de dinamitar la Cumbre con sus acusaciones a España. Chávez, típico ejemplo de personaje en busca de autor, ha pasado de un nacionalismo autoritario difuso a un neoleninismo no mucho mejor definido. En este tránsito, la invocación de Simón Bolívar -un sujeto cuya verdadera historia habrá que contar algún día- ha servido de coartada mítica para dorar un proyecto de poder eminentemente personal que aspira a convertirse en algo más. A fecha de hoy, el proyecto bolivariano puede resumirse así: que las naciones iberoamericanas -o latinoamericanas, como dicen ellos- se apoyen en sus recursos naturales para conformar un polo de poder autosuficiente, definido por la oposición a los Estados Unidos en lo exterior y por un cierto tipo de socialismo en lo interior. Este horizonte seduce hoy a mucha gente -y no sólo de izquierda- en la América hispana. Y sería completamente legítimo si no fuera porque, evidentemente, son muchos los países americanos que no lo comparten.

   El hecho es que, en la perspectiva de Chávez, la mera idea de lo iberoamericano, es decir, de cualquier lazo político entre América y España, es un obstáculo de primera magnitud. España es un obstáculo porque es un país aliado de los Estados Unidos, inmerso en la Unión Europea y adscrito al núcleo motor de la globalización. Y lo iberoamericano incomoda a Chávez porque supone desplazar la atención de los países de "nuestra América", desviar su horizonte desde lo continental hacia lo oceánico, abrirles una perspectiva -la de la Hispanidad- que es incompatible con ese neonacionalismo que el venezolano predica. Por eso Chávez se ha convertido, entre otras cosas, en portavoz del nuevo indigenismo. Chávez aspira a romper la comunidad iberoamericana como Bolívar rompió la monarquía hispánica.

¿Y vale la pena?

   En estas condiciones, la pregunta para nosotros, españoles, es si tiene algún sentido mantener la rutinaria pantomima de una comunidad iberoamericana de naciones que carece de potencia para imponerse en el escenario mundial, que carece de ideas-fuerza capaces de identificarla como poder político y que carece también de voluntad común entre sus miembros.

   Nuestra respuesta es que sí, vale la pena. Ante todo, por razones de identidad: el lugar de España en la Historia Universal está inevitablemente ligado a la América hispana; lo que nos define como nación histórica es la empresa americana, y lo que nos define como sujeto cultural singular es esa lengua que se habla a ambos lados del océano. Si queremos que España sobreviva como agente histórico con una identidad específica, si no queremos disolvernos en el mundo sin forma de la globalización y del mercado planetario, entonces es preciso que nuestra política se dirija hacia aquellos horizontes que nos son enteramente propios. El americano lo es.

   Pero la política reposa sobre el poder, y no puede ser de otro modo. Si esa comunidad iberoamericana no se traduce en política real, esto es, en política de poder -en la organización de los recursos energéticos, en la configuración de un polo cultural hispano, en el lanzamiento de plataformas científicas y tecnológicas propias, en compromisos efectivos en materia de defensa-, entonces no habrá más que un parloteo retórico sin trascendencia alguna.

   ¿Y sobre qué base edificar ese proyecto de poder? Sobre lo único que nos hace singulares y que nos hermana: la lengua española y la tradición cultural católica. ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra ultramodernidad globalizada -y ellos, en América, a su política de nacionalismo retardatario- para meternos en esos berenjenales? Probablemente, no. También aquí habrá que mover montañas.

 

SIMULACRO Y RESENTIMIENTO EN LA SOCIEDAD DE CONSUMO

SIMULACRO Y RESENTIMIENTO EN LA SOCIEDAD DE CONSUMO

Alberto BUELA


   La simulación como mecanismo de dominio, lo hemos afirmado en otros trabajos (1), se aproxima cada vez más a la perfecta imitación; lo aparente ha logrado sustituir a lo real y verdadero.

   El presente ya no es promesa porque el futuro nos ha alcanzado. Todo nos indica que el futuro es la profundización del simulacro en todos los niveles. Se ha enseñoreado la mentira en todas partes. Los gobiernos progresistas de todo el mundo levantan como bandera, en una actitud más declamativa que real,  la "igualdad de oportunidades", oportunidades que al no abrirse ni brindarse por los méritos sino por acomodo, terminan penalizando a los bien dotados, que abrumados se retiran de la vida pública y política, en un repliegue que aprovechan los mediocres.

   La impostura del progresismo al otorgar infinidad de derechos, pero de hecho incumplibles, que se compromete y obliga a respetar, pero que al no poder satisfacer transfiere la responsabilidad al ciudadano perjudicado para su cumplimiento. Así, la culpa es de la víctima que no supo hacer respetar sus derechos. Ellos desde el poder solo administran los conflictos, no los resuelven. Incluso se juzga a los criminales de la Dictadura Militar "como sí" fueran criminales. Y no por ser criminales. Incluso se les agrega el epíteto de "genocidas", con lo cual se bastardea además la idea de genocidio.

 

   Es que para el progresismo la idea de simulacro le es consustancial a su pensamiento. Sin ir más lejos, cuando la futura presidente de los argentinos viajó a Francia y hablo del "genocidio de la dictadura", Sarkozy, principal instrumento del sionismo francés, ni la recibió y el lobby hebreo galo lo tomó como une boutade. Es que la seriedad del tema de genocidio y su carácter extremo y profundísimo  es tal que, de hecho, hasta ahora solo ha sido reconocido en el mundo el holocausto judío de la segunda guerra. Ni el genocidio armenio, ni el de Biafra, ni el camboyano (2,3 millones de muertos en tres años) ni el mayor de la historia de la humanidad, el holondonor ucraniano con 10,4 millones) han podido ser declarados genocidios. Es que el progresismo usa y gasta los términos pero no produce ningún efecto a partir de ellos, sea para aplicarlos sea para anularlos. Se agota como Habermas en la comunicación, en el chamuyo diría un reo.

 

   Con todo esto dicho, que son datos contundentes e inconmovibles, nuestro gobierno progresista sigue, viento en popa, acusando de genocidas a diestra y siniestra a cuanto personaje se le cruza por el camino. Hace unos días nomás le tocó al cura von Wernich, quien fue juzgado, no por sus convicciones políticas, ni por su participación en las torturas, ni por sus asesinatos sino que fue juzgado "como sí fuera un criminal" y no por ser criminal. La farsa, el simulacro llegó al límite que le asignaron un juez judío para juzgar a un cura, cuando es sabido, hasta por el más zafio, que eso es un sin sentido. Que existen prejuicios éticos-religiosos por parte del juez que cualquier incipiente abogado puede hallar y así pedir la invalidación del juicio. Se pasaron por el traste la tensión existente entre la Sinagoga y la Iglesia en el seno de la historia de Occidente. La saltean, no es tenida en cuenta, ni siquiera como dato menor. Un verdadero cambalache jurídico, político y teológico. ¿Cuánto puede durar esta condena?. Lo que un flatus (pedo) en una canasta. Pero no importa igual hay que simular. Y lo lamentable que las víctimas reales de la dictadura, lo toman por serio. Creen en semejante fantochada

   Esto nos recuerda cuando el 29 de agosto de 1799, fecha en que murió el papa Pío VI prisionero de los franceses, los periódicos obedientes a Napoleón publicaron la noticia bajo el título: "Murió Pío VI y el último". Porque tanto Bonaparte como los jacobinos y la sociedad francesa ilustrada, pensaban que al desaparecer el Antiguo Régimen se cerraba un capítulo de la historia y desaparecía también la Iglesia. Es que el progresismo siempre ha tenido la tendencia a hacer finalizar un período de la historia y comenzar otro con ellos mismos. Así toda la historia reciente de España se resume en Zapatero y sus leyes de reparación histórica para comenzar desde cero. Esto es, para comenzar desde él mismo.

   Con Kirchner pasa más o menos lo mismo. Se despiertan todos los demonios ocultos que encierra la sociedad para hacer "como sí" se los juzgara a través de juicios fraudulentos e inmorales, dejándolos luego en una especie de limbo o vida vegetativa, sin eliminarlos, con lo cual, estos demonios tarde o temprano vuelven a sus andadas. Desoyen el sabio consejo de Maquiavelo: "al enemigo no hay que herirlo; hay que matarlo". Ese gran filósofo que es Massimo Cacciari lo ha calado hondo: "los gobiernos progresistas de hoy se manejan con la idea de pax apparens administrando los conflictos pero no resolviéndolos".

   ¿Cómo terminó la parodia y simulacro del juicio de Napoleón a la Iglesia? Roma acogió y refugió en el palacio Venecia a Leticia, su madre y también a sus hermanos Luciano y Luis. Y además le envió al abad corso Vigco a Santa Elena para que le diera los últimos sacramentos. Es que el simulacro y la farsa, sobre todo en la justicia, no puede desplazar por mucho tiempo a la verdad. Porque la esencia de la justicia es la restitutio y cuando está mal administrada reclama eso: restitutio. Y los regímenes progresistas que piensan en todo momento comenzar la historia, lo que hacen es desarmar la historia para armarla ad hoc, en función de sus aspiraciones políticas. Ellos se manejan con la idea de "la historia que no pasa" de la que habla Ernst Nolte. Lo que explica el por qué de la exaltación actual de la memoria por sobre la historia y, por ende, la manipulación de la historia en función de sus intereses subjetivos y políticos.

   Lo grave es que las víctimas de las dictaduras totalitarias y sangrientas cambian sus antiguos padecimientos por dinero, indemnizaciones o pensiones ad vitam. Quedando para toda la vida representando el papel de víctimas en uso del monopolio del sufrimiento,  papel que no les deja lugar para el desarrollo de su propio ser íntimo, el de su propia índole. Y así van por el mundo y por la historia perorando acerca de sus padecimientos pero, casi nunca, pudiendo hablar de lo que realmente hacen, y de lo que realmente sufren y gozan en la vida que aún les queda por vivir. Seguramente, lo más cierto es que estos pobres seres, hombres y mujeres, utilizados por el progresismo sólo para justificar sus ambiciones políticas y de poder, me van a acusar en Argentina de defender al, políticamente, indefendible cura von Wernich y en España de defender al régimen franquista. Ante  ambas acusaciones sólo me queda un recurso: váyanse bien al carajo. Pues si éste fuera el caso, solamente mostraría que la alienación de estos pobres seres ha sido total y completa. Los han dejado en condiciones de no entender absolutamente nada de nada. Reducidos a ser un "cacho de carne con ojos" cuya motor es el resentimiento, que nació, como dice Nietzsche "en el momento mismo en que no les dejaron hacer aquello que quisieron hacer".

   Esta mezcla de progresismo y resentimiento nace en nuestras sociedades contemporáneas a partir de aquello que denominó Gonzalo Fernández de la Mora: la envidia igualitaria. Porque el resentimiento, que es un sentimiento tan sutil que hasta los alemanes han importado el término para designarlo en francés ressentiement, es como su nombre lo indica: un volver a sentir que expresa una emoción negativa, que podemos caracterizar como "rencor", entendido como un enojo retenido. Así pues, vinculados al resentimiento expresado en el rencor aparecen la venganza, la envidia, la maldad, el odio,  la ojeriza, la perfidia. Motores emocionales que mueven, como sucedió con el jacobinismo napoleónico, al  progresismo político de nuestros días.

   No podemos dejar de recomendar sobre el tema del resentimiento el extraordinario, el libro, fuera de lo común, de Max Scheler El resentimiento en la moral (1924) en donde el filósofo desmenuza en sus mínimos detalles este sentimiento tan propio de la modernidad, que conforma esa turbia amalgama entre utilitarismo, negación de lo superior, impotencia vital, filantropía, subjetivización de los valores, socialismo cristiano y "el hecho de que el espíritu judío represente un gran papel como el más antiguo usuario del resentimiento" (p.204).

 

(1).- "Ensayos de Disenso", Ed. Nueva República, Barcelona 2004 y "Metapolítica y filosofía", Ed. Theoria, Buenos Aires 2005

VERDADES INCÓMODAS Y MENTIRAS RENTABLES

VERDADES INCÓMODAS Y MENTIRAS RENTABLES

Miguel Ángel LOMA

 

   Al Gore, ex vicepresidente demócrata de EE.UU., premio Príncipe de Asturias y reciente Nobel de la Paz, está siendo merecedor de todos los reconocimientos mundiales gracias a su documental «Una verdad incómoda» (An Inconvenient Truth), obra premiada con un Oscar de Hollywood donde nos muestra una alarmante denuncia sobre los males del cambio climático producido por la civilización, y el infierno que nos aguarda de no modificar nuestros hábitos de consumo.

   Con tantos premios y reconocimientos (y los que aún le quedan por recibir) Gore se ha erigido en el mayor profeta del ecologismo progresista, lo que enfatiza más aún su incoherencia personal entre lo que predica y lo que hace, porque además de poseer una mina de zinc en Tennessee que produce altas cantidades de vertidos tóxicos, el consumo energético de su «modesta» mansión de veinte habitaciones y ocho cuartos de baño, es veinte veces mayor que el de la familia media norteamericana. Y eso que el hombre debe parar poco en casa porque anda por medio mundo difundiendo su oscarizado documental y dando conferencias como la que impartió el pasado mes de junio en Canarias por la módica retribución de 240.000 euros.

 

   Como en ecologismo progresista o en progresismo ecologista nadie gana a nuestro presidente Zapatero, su «Gobierno de España» (ese que cualquier día lanza una campaña publicitaria en la tele enseñándonos a utilizar el papel higiénico por ambas caras) acaba de gastarse 580.000 euros en la adquisición de 30.000 copias del documental de Gore para distribuirlas por todos los colegios españoles, una labor que ya se venía realizando entre los alumnos de secundaria de los colegios británicos y que provocó la denuncia del documental por un padre que no quería que a sus hijos les lavaran el cerebro (cosas de padres). Casualmente, el día anterior al que Gore iba a ser premiado con el Nobel de la Paz, se conocía el resultado judicial de aquella denuncia, y un juez de la Corte Suprema del Reino Unido sentenciaba señalando que, si bien las cuatro hipótesis del documental están apoyadas por la investigación publicada en respetadas revistas y de acuerdo con las últimas conclusiones del Panel Internacional del cambio Climático, cuenta con nueve errores científicos, amén de padecer un claro sesgo político, una visión alarmista, exagerada y unilateral, y un tratamiento apocalíptico que sienta como dogmas afirmaciones que no han sido contrastadas o que incluso han resultado rebatidas. Ocioso es advertir que, tras el sesgo político señalado en su sentencia por el juez británico, dicho documental ha recibido el espaldarazo definitivo para su visionado obligatorio por los críos españoles dentro de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

   En resumen, que el documental de Gore, más que tratarse de una verdad incómoda, es una verdad a medias, o lo que es lo mismo: una mentira, pero mentira que está resultando sumamente rentable para algunos porque el tema mueve mucho, pero que mucho dinero; su difusión constituye un instrumento eficaz para sembrar la denominada «cultura del miedo». (Para una visión diferente sobre el temible cambio climático y de qué va eso de la «cultura del miedo», recomiendo la lectura de la novela de Michael Crichton titulada «Estado de miedo» (State of Fear), obra muy documentada y que, a diferencia de lo que sucede con la mayoría de best sellers de este autor, difícilmente veremos llevada a la pantalla porque no deja precisamente bien al mundillo de Hollywood).

  

   Y es que, en nuestro tiempo, saber que nos encontramos ante una auténtica verdad incómoda es algo relativamente fácil de comprobar, porque el efecto que produce su denuncia, haya o no documental de por medio, actúa en sentido adverso de lo que está sucediendo con Gore: ni premios, ni reconocimientos, ni conferencias millonarias, ni apoyos del progresismo, ni Oscar, ni Nobel de clase alguna, sino todo lo contrario.

   Si alguien quiere descubrir una verdad incómoda de alcance mundial, yo le brindo la siguiente: el macabro negocio del aborto aceptado socialmente como una conquista de la humanidad y vendido como un avanzado derecho a la salud. Esa sí que es una verdad incómoda y de efectos devastadores con los seres humanos más indefensos, que el ecologismo progresista bendice y promociona con toda paz.

 

LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE LA INMIGRACIÓN

LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE LA INMIGRACIÓN

Alberto RECARTE

 

   En los párrafos que siguen, en otras siete secciones diferentes, he procurado sistematizar los aspectos negativos de una inmigración del tamaño e imprevisibilidad como la que nos afecta.

   Dentro de lo que cabe, lo más sencillo es explicar el aumento del gasto público, que distorsiona las cuentas de las autonomías y corporaciones locales, y lo más difícil acertar con el grado de importancia de los otros fenómenos que, en el caso español, están acompañando a este proceso, como la presencia de mafias, que intervienen ya en la propia organización de la inmigración, y su posible efecto corruptor en un sistema político no preparado, ni legal ni prácticamente, para enfrentarse a ese tipo de problemas.

   En estos últimos meses, por otra parte, estamos asistiendo a un nuevo fenómeno, la llegada a Canarias de miles de subsaharianos, atraídos por la política de "papeles para todos" de este gobierno. Hasta ahora, y a pesar de su dramatismo y espectacularidad, las pateras y los cayucos eran desde un punto de vista cuantitativo anécdotas en un mar de inmigrantes. Están dejando de serlo y son ya un problema de magnitud equivalente al que tuvo que enfrentarse Estados Unidos con la llegada de todo tipo de embarcaciones procedentes de todo el Caribe, y que les obligó a modificar las leyes de acogida. Un cambio político que el actual gobierno, populista y demagogo, no se atreverá a afrontar.

El aumento del gasto público

 

   Donde se produce un aumento inmediato del gasto por la presencia de inmigrantes es en la educación. En conjunto, según el Ministerio de Educación, hay al menos 460.000 alumnos de padres inmigrantes matriculados en primaria y secundaria en toda España. El coste medio por alumno para la administración correspondiente, en este caso la autonómica, fluctúa entre los 2.600 y los 3.600 euros anuales por alumno, por lo que el total puede ascender a 1.360 millones de euros anuales. Un gasto que recae totalmente sobre las autonomías, mientras los ingresos fundamentales derivados del trabajo y legalización de inmigrantes los recibe la administración central (cotizaciones a la seguridad social e IVA, como hemos visto en el apartado anterior). Un gasto que la administración central no está compensando a las autonomías.

   El gasto en sanidad también es relevante con una población extranjera residente. Con un número de altas del entorno de las 3.700.000 personas, según el padrón municipal, y un coste por persona y año de 1.000 euros aproximadamente –una cifra probablemente más alta, aunque ése sea el gasto medio–, los gastos sanitarios totales de la población inmigrante que paga la administración autonómica alcanzan, al menos, los 3.700 millones de euros. Y también en esta ocasión lo soportan las autonomías, con una compensación mínima por parte de la administración central.

   El coste derivado de las prestaciones y subsidios de desempleo ascenderá en 2006, probablemente, a 770 millones de euros y su tendencia es a crecer a ritmos superiores al 20% anual. Téngase en cuanta que la tasa de desempleo de los inmigrantes es superior a la de los españoles y que está aumentando.

   No hay, por ahora, gasto por pensiones contributivas, porque lo reciente del fenómeno implica que prácticamente ningún inmigrante ha cotizado un número de años suficientes para generar derecho a pensión. Por eso la situación financiera de la seguridad social es tan positiva. Recibe cotizaciones sociales y no paga nada a los inmigrantes. Los gastos educativos, sanitarios, por desempleo y otras eventualidades no corren a cargo de la seguridad social.

   El total, por tanto, directamente cuantificable, del incremento de gastopúblico provocado por los inmigrantes, asciende a un mínimo de 6.000 millones de euros.

El aumento del gasto público no cuantificable

 

   El incremento de población que suponen los inmigrantes está obligando a hacer inversiones extraordinarias en todo tipo de infraestructuras: carreteras, conducciones de agua, urbanización de nuevos centros de población, construcción de colegios, hospitales y centros de salud, de comisarías, juzgados y prisiones. Las necesidades de una población de 44 millones de personas obligan a invertir masivamente en todo tipo de infraestructuras. ¿Cuánto supone esa nueva inversión? No dispongo de ningún dato solvente que pueda aproximar la cifra.

   Al margen de las infraestructuras, los gastos anuales derivados de las mayores necesidades en salarios y otros gastos consuntivos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, juzgados y prisiones es relevante, aunque difícil de calcular. Por más que, por ejemplo, cerca del 40% de todos los presos que cumplen condena en cárceles españolas (en total, alrededor de 80.000 personas) sean extranjeros.

   Otro dato relevante es el gasto en el que incurren los ayuntamientos, con presencia significativa de inmigrantes, por la prestación de todo tipo de servicios sociales y por ayuda para la vivienda de los menos favorecidos que, en muchas ocasiones, también son inmigrantes.

El crecimiento de la economía sumergida

 

   He señalado anteriormente que la presencia de inmigrantes en la mano de obra introduce flexibilidad en la economía española. Pero también es cierto que la continua presencia de cientos de miles de ilegales, animados por los sucesivos procesos de regularización del PP y del PSOE (el último, el más escandaloso, el correspondiente a 2005, que ha supuesto un sonoro efecto llamada), obliga a operar a trabajadores y empresas con dinero negro en muchas ocasiones.

   El dinero negro distorsiona el cálculo económico y significa competencia desleal para todos los que cumplen estrictamente con la legislación. Es difícil valorar cuánto de la economía sumergida está provocada por los inmigrantes ilegales y sus empleadores y cuánto por el comercio de drogas, la multiplicación de robos y hurtos y por los todavía muy altos impuestos. Tenemos datos que indican que es un fenómeno importante y descontrolado; uno de ellos es la enorme cantidad de billetes de 500 euros en circulación en España, una acumulación que ha llamado la atención al propio Banco Central Europeo.

La inseguridad pública

 

   Bastaría con que el 1% de los inmigrantes fueran delincuentes para que tuviéramos un problema de orden público de gran magnitud. Problema que sí tenemos. Un 1% de 4.000.000 personas son 40.000 personas. En la cárcel hay más de 30.000 extranjeros y son muchos miles más los delincuentes que están en búsqueda y captura, en libertad condicional o en libertad sin cargos, pero delinquiendo.

   Los problemas de orden público se pueden convertir en irresolubles si los delincuentes operan a través de mafias, lo que parece está ocurriendo en España. Por la experiencia de otros países, las mafias pueden acabar con cualquier estado de derecho o en transición a una posible democracia; lo hemos visto en Italia, en Rusia y en toda Latinoamérica. Y es evidente que no tenemos ni leyes, ni jueces, dispuestos a luchar contra ese fenómeno. El problema de las mafias es que corrompen a las distintas administraciones públicas y los organismos que las integran.

   Es verdad que es más llamativo el problema de asesinatos, robos, con violencia y sin ella, y hurtos, pero el problema es más grave si esa violencia se ejerce a través de mafias, que con enormes cantidades de dinero a su disposición influyen sobre grupos de funcionarios, policías, jueces y políticos. Sin minimizar el coste económico de tener que protegerse contra la violencia. Muchos de los puestos de trabajo que se están creando son absolutamente improductivos, y no me refiero sólo al conjunto de funcionarios ocupados para protegernos a todos, nacionales e inmigrantes honrados, sino a los gastos en seguridad personal y las inversiones en incrementar esa seguridad.

   Otro apartado diferente, y que también genera gasto público, que es lo que estamos analizando en esta ocasión, es el de la denominada "violencia de género". Si más de la tercera parte de todas las mujeres asesinadas son inmigrantes, es evidente que se trata de un fenómeno importado con la inmigración, que se suma a la violencia existente en nuestra sociedad antes de la llegada de inmigrantes.

 

Los costes económicos, sociales y políticos derivados de una población que no se integra

 

   En la experiencia europea, con inmigraciones consolidadas desde hace 40 años, como ocurre en el caso de Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda y países nórdicos, la religión musulmana, en su interpretación más integrista, impide la convivencia a largo plazo y la integración con la población autóctona de las personas con esa religión. El coste de la no integración puede ser brutal, no ya por la violencia terrorista de los radicales islámicos, sino por las inversiones, gastos y reorganización de la vida social a que obliga el fenómeno terrorista. En España, tenemos la experiencia de cómo ETA ha influido y condicionado el desarrollo de muchas instituciones sociales y políticas. Las elevadísimas cifras de radicales islamistas entre la población musulmana, que hemos cifrado en torno a las 800.000 personas, multiplica la gravedad del fenómeno.

   En países como Francia la radicalización y el enquistamiento social y político de una enorme masa de inmigrantes se ha traducido en xenofobia, la constitución de partidos de ultraderecha y la desaparición del estado de derecho en las zonas donde se asientan los inmigrantes radicales.

La explotación fraudulenta del estado del bienestar

 

   Nuestro sistema de protección social, denominado vulgarmente estado de bienestar, sin ser tan extremo en sus ayudas como los de los países de la Europa continental desarrollada, está pensado para una población determinada, la española, de escaso crecimiento demográfico y con una población activa relativamente reducida.

   La llegada masiva de inmigrantes y su incorporación al mercado de trabajo supone ingresos por cotizaciones sociales para la seguridad social y compromisos a muy largo plazo en pensiones. Los posibles problemas son los derivados de la absoluta gratuidad de la educación y sanidad y el acceso generoso a las prestaciones y subsidios de desempleo y a todo tipo de pensiones no contributivas. En caso de una crisis que afectara con especial virulencia al sector de la construcción, por ejemplo, los pagos por desempleo podrían dispararse. Esta es la experiencia, por otra parte, de los países europeos más desarrollados. Sus legislaciones tampoco previeron la integración masiva de inmigrantes. Por presiones políticas y sindicales han sido incapaces de adaptar su legislación a esa nueva realidad y han terminado por tener un problema financiero de primer orden en sus respectivos sistemas de seguridad social.

El crecimiento de la población no productiva de origen inmigrante

 

   Ya hemos visto en los datos sobre inmigración que la tasa de actividad de los inmigrantes no europeos es altísima, en torno al 70%. Esa situación puede cambiar en cuanto el fenómeno del reagrupamiento familiar se extienda. Lo lógico es que, si el país de origen es un estado fallido, el cabeza de familia reclame a toda su familia. No sabemos de qué magnitudes estamos hablando. Posiblemente de millones de personas. Directamente no productivas, que tendrán que vivir con los bajos salarios que, en general, logran los inmigrante y a los que habrá que ayudar, de acuerdo con nuestra legislación, con todo tipo de transferencias sociales.

   Que yo sepa nadie ha podido calcular ni las posibles personas implicadas ni el coste adicional para las administraciones públicas de integrar a esas familias reconstruidas.

ORIGEN DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

ORIGEN DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Mario MENEGHINI (1)

 

Síntesis de la conferencia pronunciada el 26-10-07, en el Seminario sobre Teología de la Liberación. Convto. de Sto. Domingo, Córdoba (Argentina).

 

 

   1. Recientemente, hemos celebrado el centenario de la Encíclica "Pascendi Dominici Gregis", de San Pío X, quien, poco después, emitió el Decreto "Lamentabili", sobre los errores del "Modernismo". En este documento se condenan 65 proposiciones erróneas, sostenidas por los teólogos modernistas; nos interesa recordar dos de ellas:

 

     59. Cristo no enseñó un determinado cuerpo de doctrina aplicable en todo tiempo y a todos los hombres, sino que más bien inició un movimiento religioso adaptado o adaptable a los diversos tiempos y lugares.

     63. La Iglesia se muestra incapacitada para defender con eficacia la moral evangélica al adherirse obstinadamente a doctrinas inmutables que no pueden estar en armonía con el progreso moderno.

 

   2. Precisamente, en la herejía modernista encontramos un antecedente remoto de las desviaciones doctrinarias en que incurre la llamada Teología de la Liberación (TL), que hace su aparición pública de manera concomitante con la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Medellín, en 1968. Poco antes, en una reunión de sacerdotes y laicos, realizada en Chimbote (Perú), al P. Gustavo Gutiérrez le tocó exponer sobre el problema del desarrollo quien consideró que era más bíblico hablar de una teología de la liberación, nombre con el que tituló posteriormente un libro.

   Según el P. Poradowski, la influencia marxista en el CELAM se nota ya en 1963, y se refleja en el enfoque y el vocabulario utilizado en el documento del 68:

     5.15. (...) una Iglesia auténticamente pobre...audazmente comprometida en la liberación de todo el hombre y de todos los hombres...

     2.16. América Latina se encuentra...en una situación de injusticia que puede llamarse de violencia institucionalizada...

 

   3. Cuando Juan Pablo II inaugura la siguiente Conferencia, en Puebla, considera necesario aclarar en su mensaje (28-1-79): corren hoy por muchas partes -el fenómeno no es nuevo- relecturas del Evangelio (...) se pretende mostrar a Jesús como comprometido políticamente...e incluso implicado en la lucha de clases.

   4. No puede dejar de señalarse la crisis de identidad, que afecta en esa época a muchos sacerdotes y religiosos, que piden la reducción al estado laical, así como la evidente disminución de vocaciones. Las manifestaciones de rebeldía intraeclesial se hacen patentes en el rechazo generalizado a la Encíclica "Humanae Vitae", de Pablo VI, en 1968.

 

Fuentes:

 

   5. Se nota actualmente entre los cristianos la presencia de un saduceísmo moderno; no se niegan los dogmas, pero se acentúa unilateralmente lo temporal, silenciando lo relacionado con la vida eterna.

   6. Uno de los teólogos que ha influido en la formación de la TL  es Karl Barth, pastor protestante suizo. Fue el primero en impulsar la idea de que Cristo y Marx coinciden en la construcción de la sociedad del futuro, y es posible entonces, una simbiosis de las dos  cosmovisiones, pudiendo citarse su libro  Reino de Dios en la tierra, de 1948.

   Barth se muestra incluso más extremista que Lenin, de quien discrepa con su libro El Estado y la revolución, pues sostiene que el Estado debe ser sustituído inmediata y completamente mediante la revolución marxista, ya que el Estado es esencialmente malo y no se puede esperar que desaparezca sino que es necesario destruirlo, pues constituye una violencia institucionalizada.

   Su teología postula la  identidad Reino de Dios = sociedad socialista, de allí que concluya: el marxismo, a su manera, combate por el Reino de Dios. Para él, el mensaje cristiano no abarca al hombre ni a la sociedad, sino exclusivamente al proletariado. De esa manera -tal como Marx y Engels- aplica al proletariado la teoría mesiánica talmúdica: una clase social (el proletariado) por sus sufrimientos (pues es explotada y oprimida por la burguesía), redimirá a la humanidad, pues al liberarse por la revolución marxista, liberará, al mismo tiempo, a la clase burguesa y construirá una sociedad ideal, sin clases.

   Este autor influye en los teólogos de la liberación: Gutiérrez, Assmann, Comblin, Segundo, Sobrino, Boff, etc.

 

   7. La teología política

   Los principales representes de esta corriente son Jurgen Moltmann (protestante, autor de Teología de la esperanza, de 1969), y Juan Bautista Metz (católico, autor de Teología del mundo, de 1970).

   La teología de  Moltmann, influenciada por Ernst Bloch, es un reflejo del neomarxismo de la  Escuela de Frankfurt, a la que pertenecen Adorno, Habermas y Marcuse, que focaliza su critica en las condiciones represivas de la sociedad.  Lo determinante en el cristianismo -según Moltmann- no es la fe sino la esperanza: ser cristiano es meterse en la historia,  vivir para un futuro nuevo, que viene porque contribuimos a crearlo; y el deber de la teología  es un deber político.

   Metz, también influenciado por Bloch, sostiene que el hombre de hoy comprende el mundo a partir de si mismo, y no a partir de Dios.  La Iglesia  es concebida como una institución de libertad de crítica frente a la sociedad.

   De la teología política, saca la TL el  mesianismo inmanentista, expresado en un compromiso con la lucha de clases.

 

   8. Marxismo heterodoxo latinoamericano

   Pueden incluirse en este apartado, varios antecedentes:

     -La Revolución mejicana de 1910, contra  Porfirio Díaz utilizó un concepto de pueblo contrapuesto al de oligarquía. Las principales reivindicaciones fueron la reforma agraria y la nacionalización de los recursos naturales. La revolución es, especialmente, liberación del pueblo indígena, al que debe restituírsele las riquezas que le robaron los blancos.

     -La Reforma Universitaria, de Córdoba, en 1918, según Sacheri, fue la confluencia natural de anarquistas, liberales románticos, agnósticos e incipientes admiradores de la Revolución soviética, iniciada un año antes. Los intelectuales se atribuyen el rol de vanguardia del pueblo.

     -En 1924, Haya de la Torre, funda el movimiento peruano APRA, Alianza popular Revolucionaria Americana; que representa una síntesis de Revolución  Mejicana y de las ideas de la Reforma Universitaria.

   Del marxismo heterodoxo latinoamericano, extrae la TL su posición antiimperialista y su concepción clasista de pueblo.

 

   9. Teoría neo-trotskista de la dependencia estructural

   Después de la década del 50, surge esta teoría, como interpretación del subdesarrollo. El fracaso de los planes de desarrollo, iniciados por la Alianza para el progreso, impulsada por el presidente Kennedy, influyó en la difusión de esta teoría, incluso en la Cepal (Comisión Económica para América latina). Los discípulos de Gunder Frank, como Cardoso, en Brasil, vinculan el subdesarrollo de América latina con el desarrollo de Estados Unidos; el capitalismo generaría un centro hegemónico, y una periferia dependiente. La única solución es la ruptura con el capitalismo y la opción por el socialismo. Esta teoría aporta un instrumento de análisis sociopolítico, supuestamente científico.

   10. Reforma dentro de la Iglesia

   El deseo neomodernista de transformar la Iglesia  desde el interior, se manifiesta en autores como Teilhard de Chardin. En una carta -conocida en julio/68- expresa: "Estoy convencido: es de una Cristología nueva extendida a las dimensiones orgánicas de nuestro nuevo Universo de la que se apresta a salir la Religión del mañana....yo no veo mejor medio de promover lo que anticipo que trabajar en la reforma...por dentro...".

   La creencia de un progreso histórico necesario de la humanidad, lleva fatalmente a la asimilación del marxismo que aparece como la última etapa  del mundo moderno. Esta tendencia es aprovechada  por el partido comunista, como vía para captar  católicos. El Card. Wyzsinki, primado de Polonia, denunció en 1964 al grupo PAX, que estaba dedicado a interpretar el Concilio, y era dependiente del P.C. polaco. También denuncia la vinculación de Pax  con la agencia Informaciones Católicas Internacionales que difundía en ámbitos católicos  el socialismo y apoyaba a Fidel Castro. El representante en Argentina de esta agencia era el P. Jorge Mejía, director de la revista Criterio.

 

La denominación "Teología de Liberación"

 

   11. En la Instrucción Libertatis Nuntius, se reconoce que la liberación es un tema fundamental  del Antiguo y el Nuevo Testamento; tomada en si misma, la expresión teología de la liberación,  es plenamente válida. Las observaciones de este documento están dirigidas a las desviaciones en que incurren algunos teólogos que usan dicha denominación, y se nutren del pensamiento  marxista.

   12. La Congregación para la Doctrina de la Fe, advierte que las críticas que merecen los teólogos de la liberación, de ninguna manera   pueden servir pretexto a quienes se atrincheran en actitudes de neutralidad o indiferencia ante los trágicos problemas originados en la miseria y en la injusticia.

 

Corrientes

 

   13. Entre los autores que han utilizado la expresión Teología de la Liberación, se pueden distinguir tres corrientes:

     Pastoral-episcopal: que tuvo su origen  en Medellín, y donde se sitúan la mayoría de los Obispos del continente. Los principales expositores de esta corriente son los Cardenales Pironio y López Trujillo. En esta tendencia, se centra la pastoral en la conversión interior, y como consecuencia de la misma, se deberían transformar las estructuras sociales; si bien es ajena a la influencia marxista, ha utilizado a veces una terminología ambigua o confusa.

     Marxista-moderada: No deja de lado lo religioso, pero se otorga prioridad  a lo socio-político, con lo que el aspecto religioso se diluye o relega. Este tendencia dio origen a agrupaciones de sacerdotes, a partir de un Mensaje firmado por 18 obispos del tercer mundo, en 1967 (15-8), cuya cabeza visible era Mons. Helder Cámara. En la Argentina, esa declaración originó una carta de adhesión de 270 sacerdotes (31-12-67), quedando constituido el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. En la carta se expresaba:

     Nos alienta comprobar que posiciones como la que Uds. hacen públicamente contribuyen a superar la antinomia entre cristianismo y socialismo...

   Marxista-rígida: para esta tendencia, la liberación temporal es la auténtica liberación, y es la liberación política la que incluye y supera la dimensión religiosa; se desagrega de la anterior corriente, a partir de 1971. En esa fecha, Pablo VI emite la Carta Apostólica Octogessima Adveniens, en que señala con precisión que un católico no puede adherir, sin contradecir su fe, ni a la ideología marxista ni a la ideología liberal. En una reunión en Ecuador, en 1975, queda manifiesta el alejamiento con el Magisterio, afirmándose en una de las conclusiones:

     Debe adoptarse el instrumental del análisis marxista y promover la toma del poder político por parte del proletariado...

 

   14. En realidad, el acercamiento al marxismo y a la utilización de la violencia, se venía incubando desde antes. En Buenos Aires, la revista Cristianismo y Liberación, dirigida por García Elorrio, ex seminarista, dedicó un número (Nº 5, 1967), a homenajear al Che Guevara; allí puede leerse este poema (Campos, 46):

 

"Jesús, baja de la cruz, se terminó el calvario.

Toma el fusil Camilo, deja los clavos y dispara

Se acabó la era de la segunda mejilla"

 

Conceptos fundamentales

 

A) Mesianismo y secularización

   15. La Instrucción Libertatis Nuntius señala que la TL se sitúa en la perspectiva de un mesianismo temporal. Mesianismo deriva de mesías (ungido); término que los judíos antiguos reservaban para  designar al  representante de Yahvé, descrito por los profetas como un rey que vendría establecer el reino universal  de la paz. Fue creciendo la convicción de que sería un caudillo político  que  restablecería el reino de Israel  en toda su grandeza. De un modo similar, la TL procura llevar a los hombres hacia la felicidad temporal, a través del cambio revolucionario de las estructuras injustas.

   16. La TL cree que es factible construir una sociedad perfecta. No deja de ser curioso, pues, como sostiene el P. Gustavo Morello, desde el Concilio, la iglesia deja de considerarse sociedad perfecta y se asume como pueblo de Dios...(Morello, p. 30).

   17. La Securalización del Reino es el proceso mediante el cual el hombre autónomo, niega la posibilidad de un orden sobrenatural. Si el racional. y el ateísmo  proponían hacer del hombre un Dios, la  TL pretende hacer de Dios un hombre. Según reconoce el P. Gutiérrez, la evolución teológica  de la distinción natural-sobrenatural, tiende a eliminar todo dualismo.

 

 B) Liberación

   18. Como explica Caturelli (45/49),  se puede rescatar el sentido positivo término liberación como acción de poner en libertad, quitar impedimentos para el acto libre; es restitución de la libertad. Indica un proceso de perfeccionamiento interior; de ningún modo la liberación produce o genera la libertad humana.

   19. El P. Horacio Saravia en seminario reciente afirmó que el concepto de libertad auténtico es el de los guaraníes: el hombre no es libre si la comunidad no lo es. Y contrapuso el concepto de libertad, con el más pleno de liberación; como el que uso -aclaró- la TL y Pablo Freire. Resulta extraño que un sacerdote desconozca la reflexión de  San Pablo (1 Cr., 20-24): Permanezca cada uno en la condición en que se encontraba cuando fue llamado. ¿Eras esclavo cuando fuiste llamado? No te preocupes con eso. ...Pues aquel que era esclavo cuando fue llamado por el Señor, es un liberto en el Señor. La norma paulina supone que alguien puede ser, al mismo tiempo, redimido y esclavo. Por más deseable que sea la liberación socioeconómica, no es parte esencial de la redención cristiana, ya que ésta puede acontecer aún en un esclavo.

   20. Es cierto que el Sínodo de Obispos de 1971 - La justicia en el mundo- concluyó que la misión de la Iglesia incluye la liberación de toda situación opresiva. Pero el documento de Puebla precisa: Debe ponerse en claro que esta liberación se funda en los tres grandes pilares que el Papa Juan Pablo II nos trazó como definida orientación: la verdad sobre Jesucristo, la verdad sobre la Iglesia, la verdad sobre el hombre (484).

   21. Precisamente el Papa había advertido: La verdadera liberación del hombre, la liberación que Cristo le trae, es también liberación de las apariencias de la liberación, de las apariencias de la libertad que no son la libertad verdadera (25-3-79).

 

C) Opresión

   22. El hombre sufre opresión en distintos niveles de su existencia; de orden natural como el hambre, enfermedad, calamidades. De orden político: por la opresión de un pueblo sobre otro, o de un grupo social por otro, o de una raza por otra, por el totalitarismo. Pero, la causa última, la raíz de todas las opresiones, es el pecado original. Las causas próximas o inmediatas, son nuestros pecados personales, y las estructuras injustas, fruto del pecado y el egoísmo humano. El cristianismo exige primero la conversión del hombre, de la que se derivará después el cambio de la sociedad. Aun las mejores estructuras se convierten pronto en inhumanas, si las inclinaciones inhumanas del hombre no son saneadas.

 

Contradicción: catolicismo-marxismo

   23. El instrumental metodológico marxista, lleva anexo un esquema ideológico inaceptable; constituye una concepción materialista totalmente contradictoria con el catolicismo. Frente a los angustiantes problemas que aquejan a la sociedad contemporánea, la Iglesia, que es experta en humanidad,  ofrece su doctrina social que incluye un conjunto de principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción, para que los cambios  en profundidad  que exigen  las situaciones de miseria y de injusticia, sean llevados a cabo de una manera tal que sirvan al verdadero bien de los hombres.

 

Conclusión

   24. La desviación de la recta doctrina, que surgió hace ya cuatro décadas, no ha desaparecido. Los téologos de la liberación continúan actuando, aunque variando las maneras de hacerlo. En la reciente reunión de los Obispos americanos en Aparecida, intervino activamente el grupo Amerindia. De allí que el Papa debiera efectuar unas 200 correcciones al texto del Documento Conclusivo. Citemos la redacción oficial de los párrafos referidos a las Comunidades Eclesiales de Base, donde se advierte:

que no han faltado miembros de comunidad o comunidades enteras que, atraídas por instituciones puramente laicas o radicalizadas ideológicamente, fueron perdiendo el sentido eclesial.  [por eso]  cuidarán de no alterar el tesoro precioso de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia (178/180).

 

   25. Ya hace muchos siglos alertaba San Cipriano: Es más fácil ser cauto cuando se percibe a lo que debe temerse y, ante un adversario manifiesto, el alma se prepara al combate. Más peligroso y alarmante es el enemigo que avanza sin ruido y que, bajo las apariencias de una falsa paz, repta con ocultos designios; por tal proceder ha merecido el nombre de serpiente.

   26. Para finalizar queremos hacer referencia a una declaración de un grupo de sacerdotes argentinos, emitida con motivo del asesinato del Gral. Aramburu, en julio de 1970 (Sacheri, 155/160); estaba firmada, entre otros, por Mons. Derisi, los Padres Furlong y Meinvielle, y por dos frailes dominicos que hemos conocido: Alberto Garcia Vieyra y Jerónimo Rodríguez. En ella aluden a los sacerdotes que se hallan empeñados en cambiar la imagen de la Iglesia y del mismo Jesucristo, y efectúan reflexiones, que hacemos nuestras; reproducimos como conclusión las siguientes frases:

 

Pertenecemos a aquella gran parte de la Iglesia que adhiere al Concilio Vaticano II, pero también a todos los precedentes; acepta sus textos auténticos, pero no siempre la interpretación de los peritos; acata la autoridad del Concilio Ecuménico, pero también la del Romano Pontífice.

Pertenecemos a aquella gran parte de la Iglesia que quiere con empeño la elevación material y espiritual de los hombres, clases y pueblos pobres, pero por caminos diversos en absoluto de los de Marx, Lenin, el Che o Mao...y que con elemental nobleza, estricta justicia histórica y ausencia de lastimosos complejos, reconoce agradecida todo lo que la misma Iglesia ha hecho a este respecto en veinte siglos, en gesta estrictamente incomparable.

 


    Bibliografía

   -Basso, Domingo y Laje, Enrique. "¿Es liberador el marxismo?"; Buenos Aires, Editorial Claretiana, 1977.

   -Bresci, Domingo (Comp.). "Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo"; Buenos Aires, Centro Salesiano de Estudios "San Juan Bosco", 1994.

   -Campos, Esteban. "Arquetipos del compromiso militante en la revista Cristianismo y Revolución"; en Revista Lucha armada en la Argentina, nº 9, 2007.

   -Caturelli, Alberto. "La libertad, cinco meditaciones filosófico-teológicas"; Córdoba, Centro de Estudios Filosóficos, 1997.

   -Congregación para la Doctrina de la Fe. "Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación"; 1984.

   -Cursos de Cultura Católica. "La Teología de la Liberación y el marxismo"; Buenos Aires, Universidad Católica Argentina, 1985.

   -Hoffner, Joseph Card. "¿Doctrina Social de la Iglesia o Teología de la Liberación?"; Buenos Aires, Ediciones Gladius, 1985.

   -Laje S.J., Enrique. "Iglesia y sociedad humana"; Buenos Aires, Ediciones Diego de Torres, 1989.

   -López Trujillo, Alfonso. "Liberación marxista y liberación cristiana"; Madrid, BAC, 1974.

   -Palumbo, Carmelo. "Cuestiones de Doctrina Social de la Iglesia"; Buenos Aires, Cruz y Fierro, 1982.

   -Poradowski, Miguel. "El marxismo en la Teología"; Madrid, Speiro, 1976.

   -Sacheri, Carlos. "La Iglesia clandestina"; Buenos Aires, Ediciones del Cruzamante, 1977.

 


 

(1) Me interesa sistematizar y difundir las investigaciones realizadas por los autores citados en la bibliografía.

RÍASE USTED DEL IMPERIO YANKI... MIENTRAS PUEDA

RÍASE USTED DEL IMPERIO YANKI... MIENTRAS PUEDA

Bitácora PI

 

   Los Estados Unidos no son responsables de todo cuanto de barbarie, codicia y materialismo ramplón existe en este mundo. Por supuesto que no; pero de una buena y muy grande porción, sí. Ellos ganaron la última (de momento) guerra mundial en 1945 y moldearon media Europa a su gusto y conveniencia. Otro tanto hicieron con la mitad del mundo que se adjudicaron en el reparto con su rival, aunque socio durante años, soviético. Y cuando el gigante rojo se desmoronó los EE.UU. se declararon herederos universales del legado soviético.

   Se ha convenido en dar al mundo contemporáneo la denominación de "unipolar", que en lenguaje llano quiere decir que no tiene más que un dueño, le pese a quien le pese, y la humanidad entera está a su servicio. ¿Toda la humanidad? No, todavía quedan algunos pueblos altivos que se resisten a rendir pleitesía al coloso useño. Ninguno de esos pueblos vive en Europa ni en Oceanía, unos pocos en Asia y alguno, mal que bien, en América. África, sencillamente, no existe. Y, además, subsisten bandas incontroladas de rebeldes insumisos que predicamos la subversiva doctrina del orgullo nacional y el derecho a la diferencia frente al rodillo mundialista. Estos rebeldes consideramos que el "american way of life" y sus pseudovalores decadentes son la perfecta antítesis de la genuina civilización occidental. Esa misma civilización cuyo nombre - y sólo el nombre - dice defender el nuevo imperio cuando actúa en funciones de policía planetaria.

 

   La resistencia antiyanqui goza de un buen sentido del humor y, a fin de cultivarlo, dejamos aquí dos vídeos que recomendamos vivamente. El primero de ellos corresponde al grupo musical alemán Rammstein, cuya canción "Amerika" es en si misma un colosal alegato contra la globalización bajo modelo USA. El segundo de los vídeos corresponde a una sátira elaborada curiosamente por norteamericanos sobre el ya extendido tópico de la enciclopédica ignorancia y patética simpleza del gringo medio.

   ¡Ánimo! Aprovechen ahora que todavía pueden; tal vez mañana se lo prohíban en nombre de la "libertad y democracia de Occidente".

   No se los pierdan.

 

 

 

LA ACCLAMATIO COMO NUEVA-VIEJA FÓRMULA DE DEMOCRACIA DIRECTA

LA ACCLAMATIO COMO NUEVA-VIEJA FÓRMULA DE DEMOCRACIA DIRECTA

Alberto BUELA 

 

   Sabido es que nuestra sociedad postmoderna cuestiona todos los grandes relatos o mitos de la modernidad. Así, por ejemplo, la idea de progreso indefinido se ha mostrado como una falsa idea luego del zafarrancho de la Segunda Guerra Mundial y su rúbrica con las masacres atómicas de Hiroshima y Nagasaki, pues el desarrollo de la técnica se desvinculó de la moral. O dicho de otra forma, la técnica y la moral no se desarrollaron en forma equivalente, en forma pareja y, así, la modernidad progresó técnicamente y retrocedió en el orden moral. Por lo tanto, la idea de progreso indefinido, enunciada claramente por primera vez por el Abad de Saint Pierre, después de terminada la guerra de sucesión de España y que dominara por casi tres siglos la mentalidad europea y americana, se ha mostrado y demostrado como una falsa idea.

  

   Otro de los grandes mitos de la modernidad ha sido la idea de democracia como forma de vida, sintetizada en la frase "con la democracia, se come, se educa y se vive", que reemplazó a la noción de democracia como una forma de gobierno, entre otras varias, como la monarquía, la república, la tiranía, etc.

   La democracia entendida como forma de vida ha ido vaciando lentamente el contenido de la democracia como forma de gobierno hasta dejarla reducida a la democracia procedimental de nuestros días, en donde sólo interesa a los dirigentes políticos cumplir con el formalismo democrático, dejando de lado todo contenido de valores. La democracia procedimental vació al Estado de todo contenido ético licuando todos sus aparatos de poder y así, vía privatización de todas la empresas públicas o vía anulación de las reparticiones estatales, logró dejar de lado los tres principios que lo constituían: la idea de bien común como principio de finalidad, la idea de solidaridad como principio de integración y la idea de subsidiariedad como principio supletivo o de ayuda. Quedando así reducido a "simple regulador de los contratos jurídicos y a represor de los sectores descontentos". No llega ni siquiera como en el antiguo capitalismo liberal, a Estado gendarme que garantizaba la seguridad de las personas y la propiedad privada. Hoy la seguridad es cosa privada y la propiedad privada está "socializada" en los countries, esos castillos modernos, sitiados por barrios paupérrimos.

 

   El fracaso de la democracia procedimental con la consecuente crítica a los partidos políticos por ejercer la representatividad popular en forma espuria no sólo porque monopolizaron dicha representatividad sino porque la bastardearon con las oligarquías partidarias, ha hecho surgir nuevas formas de representación políticas, en Argentina hoy: los piqueteros que cortan las rutas, los caceroleros que manifiestan ante los bancos y el Congreso nacional, los desocupados que viven en los lugares públicos, los sin tierra en Brasil, los truequistas que se manejan sin dinero porque no hay, toda la sociedad civil argentina fue estafada por los bancos y el gobierno de De la Rúa-Cavallo y confirmada por sus continuadores.

 

   Ahora bien, cuál es el mecanismo por el que estas nuevas representatividades eligen a sus autoridades. La vieja acclamatio. La voluntad pública del pueblo se expresa por aclamación popular, como consentimiento de los gobernados. Dado que el pueblo existe sólo en lo público cuanto más fuerte es el sentimiento democrático tanto más seguro que la democracia es otra cosa distinta a la ecuación liberal de " un hombre = un voto".

   La democracia se torna así directa y zafa del aparato estadístico y cuantitativo del recuento de votos y las empresas de sondeos, para expresarse lisa y llanamente por aclamación popular. Se elimina así toda mediación entre el pueblo y sus representantes. Estos son elegidos directa y espontáneamente por aquellos. Recordemos aquí el discurso del éforo Stenelaidasa a favor de la guerra que nos relata Tucídides: "Él dijo que no podía determinar cuál fue la aclamación más fuerte - su modo de decisión es por aclamación y no por votación -" (1). En América tenemos, entre otras, la aclamación de Irala por sus huestes como gobernador de Asunción en 1544; en Brasil la de Amador Bueno en 1651 como rey de los paulistas. La aclamación de Perón como conductor de los argentinos por el pueblo reunido en la Plaza de Mayo, el 17 de octubre de 1945.

   Existe además la forma negativa de acclamatio, que podemos traducir por abucheo, que es lo que evitan los políticos profesionales cuando esquivan ir a los lugares públicos- canchas de fútbol, teatros- refugiándose sólo en la legitimidad estadística del escrutinio que in illo tempore los llevó al poder pero que ya no pueden sustentar. Los miembros del G8 son maestros consumados en este saber esquivar el abucheo multitudinario de las grandes ciudades, replegándose cada vez a lugares más remotos y aislados.

 

   Esta institución de la acclamatio utilizada durante 1500 años en la proclamación popular de los reyes desde Roma hasta finales de la edad media (2) ha sido recuperada en este comienzo del tercer milenio. Pero, y aquí viene la paradoja, ha sido recuperada, desde las sociedades periféricas sometidas al "totalitarismo democrático" de aquellos que se apropiaron de los partidos políticos, los aparatos culturales, los mass media y las empresas comerciales y bancarias.

   ¿Y por quiénes recuperada? Por los miembros de la sociedad civil que se han dado espontáneamente una organización popular, eligiendo a sus autoridades por aclamación y no por sufragio. Algo de esto perduraba en las elecciones gremiales que casi siempre son precedidas por una asamblea de delegados en donde se vota por aclamación a los candidatos. La acclamatio es en los sindicatos la condición previa de la elección formal de autoridades. Es digno de tener en cuenta esto, para que se pueda apreciar que las instituciones no dan saltos, se desarrollan y se despliegan en el tiempo regularmente. Así, es lógico que estas nuevas organizaciones, que se está dando la sociedad civil comiencen naturalmente por la acclamatio, dado que aún no se ha producido el extrañamiento de su índole en el aparato legal-formal que modifica la forma de elegir sus representantes.

   La crisis de representatividad de la sociedad postmoderna es de tal magnitud que sería provechoso que los jurisconsultos a cargo de la modificación de los sistemas de elección tuvieran en cuenta la incorporación de la acclamatio como un complemento necesario al régimen del sufragio. Ellos comprenderían así, la proposición filosófica que sostiene que la solución a los problemas de la modernidad no los ofrece ni una modernidad más avanzada ni una postmodernidad débil y desengañada, sino un postmodernidad fuerte que hunda sus raíces en una premodernidad vital y generosa. O en otros términos, para ser auténticamente postmoderno hay que ser genuinamente premoderno. La restauración de la acclamatio nueva-vieja fórmula de elección es una muestra de ello.

Notas:

   (1) Tucídides: La guerra del Peloponeso, libro I, cap.II, parágrafo 87.-

   (2) Conocemos un estudio interesante sobre la institución de la acclamatio, aquel de Ernst Kantorowicz: "Laudes Regiae,( A study in liturgical acclamations and medieval rule worship)",Univ.California Press, Los Angeles, 1946, en donde el autor va historiando el uso litúrgico de la aclamación para terminar en el capítulo VII reseñando el uso político en los tiempos modernos de la acclamatio. Sin embargo Kantorowicz, correcto en la descripción del asunto, se equivoca en la interpretación, o mejor aun forma parte del pensamiento políticamente correcto al limitar la acclamatio a los regímenes autoritarios "Political acclamations have been resuscitated systematically in the authoritarian countries"(p.185). Dejando de valorar el aspecto de la participación popular en el ejercicio de una democracia directa, tan necesaria para liberar tensiones insatisfechas, cuando las democracias procedimentales fracasan con sus mecanismos representativos. Desde el punto de vista politológico cabe recordar dos trabajos que sin ocuparse específicamente de la aclamación, nos hablan de ella. Uno, aquel de Carl Schmitt Sobre el Parlamentarismo en donde a propósito de su crítica a la ley electoral de Reich alemán, que adoptó las máximas liberales según las cuales el pueblo sólo puede expresar su voluntad a través de cada ciudadano por sí mismo "sin ser observado", olvidando afirma Schmitt que " El Pueblo es un concepto perteneciente al derecho público. La opinión unánime de cien millones de particulares no es ni la voluntad del pueblo ni la opinión pública. Cabe expresar la voluntad del pueblo mediante la aclamación- mediante acclamatio- , mediante su existencia obvia incontestada, igual de bien y de forma aún más democrática que mediante un aparato estadístico, elaborado desde hace medio siglo con esmerada meticulosidad" (p.22). Otro es la de Norberto Ceresole: "Caudillo, ejercito, pueblo", quien siguiendo a Schmitt va a recuperar el valor positivo de la aclamación popular para aplicarlo al caso de Hugo Chávez en Venezuela.