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Bitácora PI

¿EX SLAVIA LUX?

¿EX SLAVIA LUX?

Ismael MEDINA

 

   Si yo fuera ruso apoyaría a Putin. Sé que algunos me echarán los perros por esta afirmación contraria a lo políticamente correcto en relación con el conflicto de Osetia del Sur entre Georgia y Rusia. Pero como no soy ruso, norteamericano o europeo tal y como lo son Alemania, Francia y Gran Bretaña, sino español no apegado a patrones de izquierda o de derecha, debo explicar que para un correcto y objetivo entendimiento de lo que sucede hay que ahondar en la historia de Rusia, en sus relaciones desde el siglo XIX con la Europa occidental e incluso con los Estados Unidos de Norteamérica. Pero sobre todo, en lo que algunos han llamado el "alma eslava", una mentalidad propia y singular, muy alejada de la tópica homogeneidad democrática nacida del relativismo liberalista. Y es indudable que Putin la encarna hoy de la misma manera que Stalin se la apropió, aun siendo georgiano, tras orillar los cuerpos extraños a Rusia que eran Lenín y Trotsky, para encaramarse sobre la estela histórica de Iván el Terrible y Pedro el Grande: el sueño de la Gran Rusia.

 

   Nadie parece haberse preguntado por la causa profunda de que Putin acuda a orar en las iglesias ortodoxa de cada ciudad o villa a la que viaja en su inmenso país. Tampoco por lo que esconde la persecución, expropiación y procesamiento, si están a su alcance, de determinados y multimillonarios sujetos que, a la sombra no sólo de Yeltsin, se apropiaron de las empresas estatales más valiosas tras la caída del régimen comunista soviético. Ni por las consecuencias para Rusia del desplazamiento del eje geopolítico mundial desde el Atlántico al Pacífico, con el añadido de que hoy es Rusia, y no el conjunto de la Unión Europea, el corazón geopolítico del gran continente euroasiático. Y junto a todo ellos, que Rusia es una de los grandes productores mundiales de petróleo y gas. Una potencia energética, frente a las angustiosas carencias de la UE.

 

ESLAVOS FRENTE A KHAZARES Y A SUS DESCENDIENTES ASHKENAZIS


   Los pueblos se ahorman en función sus raíces históricas y culturales. Los pueblos, al igual que las criaturas, son el resultado en gran medida de su herencia genética, a la que se une la coyuntural de cada circunstancia histórica. De ahí que cada uno de ellos reaccione de manera singular a situaciones en apariencia análogas, hayan fracasado con frecuencia los proyectos uniformadores, como ahora el de la democracia liberalista y racionalista, y los intentos de implantarlos provocaran una y otra vez reacciones más o menos virulentas.

   Existe en el mundo eslavo, por ejemplo, un trasfondo histórico que explica las reiteradas explosiones contra los judíos que se han registrado bajo diferentes regímenes políticos. Hasta aproximadamente el siglo XI existió el imperio de los khazares que dominó gran parte de lo que hoy son las estepas rusas y las áreas de fricción en torno al Mar Negro y al Mar Caspio. Se nutrió el imperio khazar de judíos procedentes de Bizancio, Persia, Mesopotamia y otras regiones y aunque se mezclaron asiduamente con las poblaciones indígenas se impuso a todos la religión mosaica. El imperio khazar fue finalmente aplastado por el expansionismo de los pueblos eslavos. Aquel lejano imperio sigue considerado aún hoy por el sionismo y el judaísmo como el primer Estado independiente de Israel.

   Descendientes de aquellos khazares son los ashkenazis, o asquenazíes, que hoy configuran en torno al 85% de la población judía mundial, en pugna dentro del actual Estado de Israel con sefardíes y sefarditas (los ashkenazis identifican a los sefardíes auténticos, cada vez menos, con los judíos procedentes de espacios mediorientales y africanos a los que desprecian) e integran mayoritariamente en Israel el partido laborista. Y en el resto del mundo se escoran hacia la izquierda y el progresismo intelectual y mediático. No pocos autores sostienen que marchan al compás que marca la Orden de los Illuminati. Su credo, más o menos acomodado a los cambios de los tiempos (ahora la socialdemocracia) lo definieron los ideólogos del Movimiento Revolucionario Sionista, seguidores en su mayoría de Hegel. Se desplazaron en masa hacia el centro y este europeos, luego hacia los Estados Unidos e Iberoamérica, y fueron los verdaderos artífices de la revolución bolchevique bajo el patrocinio y la ayuda del iluminismo mundialista. Cultivan la fidelidad a la tradición talmúdica pese a ser ateos o agnósticos la mayoría de ellos pues la fidelidad a la raíces mosaicas es el empaste insustituible del pueblo judío disperso por el mundo.

   Los eslavos en expansión precisaban oponer un sentimiento religioso que los aunara frente al teocratismo mosaico de los khazares. Y así creció y se consolidó en el alma eslava la Iglesia ortodoxa rusa, prolongación autónoma de la de Bizancio. Resulta altamente significativo que ese sentimiento religioso se haya reactivado de manera explosiva tras la descomposición de la Unión Soviética pese a la terrible persecución de que fue objeto bajo el régimen comunista. Formaba parte inseparable del alma eslava. Y me atrevería a sostener que en alguna medida se la apropió Stalin al componer la figura de "padrecito" de los eslavos y de los otros pueblos, como el georgiano, del que provenía. No en vano había sido seminarista de la Iglesia ortodoxa en la que, por decirlo metafóricamente, suplantó a Dios. Algo muy parecido a lo que hizo Mao en China al encarnar la figura de Buda rojo.

   ¿Es Putin tan fiel ortodoxo como aparenta? Es consciente, en todo caso, de que necesita vivificar y reconducir el componente religioso del alma eslava para consolidar la unidad del Estado y reactivar el ansia imperial eslava, por ahora más defensiva que ofensiva.

 

BOLCHEVISMO ASHKENAZI Y COMUNISMO ESLAVO

 

   La gran pregunta que proponen los progrom de Stalin, con superior número de víctimas que a manos del II Reich, es la de si realmente era antijudío. La suya fue, a mi parecer, un acción más antileninista y antitrotsquista que racista. Lenín y Trotky eran ashkenazis, al igual que en torno al 82% de los cuadros dirigentes de la revolución bolchevique, uno de cuyos respaldos financieros más importantes provino de la banca alemana. A sabiendas de ello pudo plantearse Stalin que si eliminaba el componente judío de la sociedad rusa tendría el camino expedito para consolidar su poder. También comprendió cuando el III Reich rompió sus compromisos con Moscú e invadió la URSS que necesitaba reavivar el patriotismo eslavo, incluso aligerando coyunturalmente la persecución sobre la Iglesia ortodoxa. Putin, hombre políticamente crecido en el KGB, es conocedor de éstos y otros entresijos de la historia política de la URRS, continuación en sus fundamentos estalinianos de los soportes del imperio zarista.

   Considero necesario, asimismo, añadir algunos datos sobre la historia más reciente de la URSS. Jacques Mitterrand (un francojudío que adoptó este nombre durante la resistencia a la invasión germana) y por largo tiempo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, confesaba en sus memorias, rápidamente desparecidas de la circulación, que tras la muerte de Stalin viajó a la URSS con un grupo de hermanos para restablecer las logias aniquiladas por el zar rojo y que seis meses más tarde dejaron en franquía un cierto número de ellas. Parece obvio que echaron las redes con preferencia entre ashkenazis supervivientes de los progroom y que consiguieron insertarse en las estructuras del PCUS. Dos de ellos, procedentes del KGB como Putin, asumirían un papel decisorio en el hundimiento interno de la URSS: Andropov y Gorbachov, éste auxiliado por su mujer, también askhenazi.

 

LA MARCHA HACIA LA SUSTITUCIÓN DEL MARXISMO POR EL LIBERALISMO

 

   Uno de los grandes problemas geopolíticos a que se enfrentaba la URSS era el gran vacío demográfico de la extensa estepa siberiana en la vecindad fronteriza con la superpoblada China a lo largo de miles de kilómetros. Desde hacía años se intentaba su repoblación con la creación de ciudades y el traslado a ellas de multitud de rusos. Pero al igual que sucedió con el fronterismo español de la Edad Media había que ofrecerles ventajas sustanciales. Dos fueron las principales: muy superiores sueldos y mayores márgenes de autonomía y libertad. Entre estas ciudades adquirió relevancia Novosibirsk, con una pujante universidad y complejos de investigación.

   Andropov perseguía promover una reforma neoliberalista de la economía soviética (tanto él como luego Gorbachov se valieron de su embajador en Canadá, viajero impenitente a los Estados Uniditos para contactar con el lobby judío) y pidió un informe en esa dirección a los profesores de la ciudad universitaria y científica siberiana. Se le conoce como los "Papeles de Novosibirsk". Fueron rechazados por la Academia de las Ciencias soviética, todavía dominada por comunistas ortodoxos. Pero la semilla comenzaba a fructificar.

   Fue sin duda importante la rebeldía de Polonia y el papel que jugaron Juan Pablo II y Ronald Regan. Pero el súbito desplome de la URSS no se podrá entender en sus verdaderos términos sin la conspiración interior que inició Andropov y consumó Gorbachov, hoy multimillonario y a la cabeza de una influyente fundación norteamericana que lleva su nombre, la cual difunde ideas análogas a las de David Rockefeller.

   Yelstin no surgió de la nada. Borrachín y paranoico fue catapultado al poder para que consumara la desarticulación política y territorial de la URSS e incluso de la Federación Rusa. La privatización de las grandes empresas estatales se convirtió en un desquiciado y gratuito reparto de todas ellas entre miembros del PCUS, unos eslavos y otros ashkenazis. Así emergieron dos poderosísimas mafias financieras y empresariales que muy pronto entraron en colisión. Es necesario anotarlo para un mejor entendimiento de la lucha de Putin contra determinados y poderosos personajes de la mafia askhenazi. Y en particular, la de sector petrolífero, estrechamente ligada al cártel norteamericano. Es consecuente que Putin persiga unificar bajo control eslavo esta poderosa fuente de energía. Y no sólo como arma de presión sobre la Europa occidental. También para alimentar la mejora de la economía rusa y el sostenimiento de su avanzada tecnología científica, sobre todo en la militar.

 

ILUMINISMO Y DESTRUCCIÓN DE LOS ESTADOS-NACIÓN

 

   Un estudio objetivo de la ideología mundialista de la Orden de los Iluminados descubre que el viejo "divide y vencerás" es parte sustancial de su estrategia de fomento de los nacionalismos locales y de aniquilación de los tradicionales Estados-Nación, amén de estimular las tensiones fronterizas entre unos y otros.

   La existencia del Imperio Austrohúngaro configuró el factor de estabilidad en el bajo vientre sudoriental de Europa. El magnicidio de Sarajevo fue la calculada espoleta que provocó la primera guerra mundial, la cual signó el comienzo de la agonía política de Europa. El renacimiento del poder central europeo bajo Hitler no pasó de un espejismo histórico. Lo percibió Franco cuando, a raíz de la entrada en guerra de los Estados Unidos de Norteamérica, comentó: "Alemania ha perdido la guerra. No podrá resistir al enorme potencial norteamericano". Y no lo resistió. Pero la consecuencia fue que la Europa Occidental se convertiría en adelante en una provincia política y militar de los USA.

   Habría que volver sobre la teoría geopolítica de McKinder que hicieron suya Hausshofer para Hitler y Semianov para Stalin. Sostenía Mckinder que el corazón de Europa, Alemania, era el centro de gravitación geopolítica del mundo y esencial para su dominio. Fue la causa de que en Yalta se lo repartieran por mitad los USA y la URSS, cuyos excesos totalitarios, superiores a los hitlerianos, se silenciaron al convertirse en aliado triunfador y aún hoy se pasan por alto, especialmente desde la progresía internacional.

   También Europa sería víctima de la estrategia de descolonización, la cual le sustrajo las reservas de materia primas estratégicas de sus antiguas colonias que en gran parte pasaron a manos de empresas multinacionales. Parejo mecanismo se aplicaría luego en los Balcanes y en las repúblicas periféricas de la desaparecida Unión Soviética, perturbadora sobre todo en su flanco euroasiático. Los USA y su provincia europea, hoy la bamboleante Unión Europea, ha estado y siguen detrás del descuartizamiento balcánico y de las atrocidades que lo han jalonado. Y no sólo de los serbios, objeto único de una parcial persecución político-judicial.

 

NO TODO ES LUCHA POR EL PETRÓLEO

 

   Es cierto que la pugna por el control de los ricos yacimientos petrolíferos de la meseta mesopotámica y del recorrido de los oleoductos forma parte inseparable de las contiendas en aquella zona. Hay que releer "La guerra secreta del petróleo", de Jacques Bergier y Bernard Thomas, para un apurado conocimiento de sus antecedentes y de la pugna ruso-norteamericana desde el siglo XIX. Pero una cosa son las planificaciones a medio y largo plazo y otra sus variantes imprevistas. Me refiero en concreto a Afganistán. Los USA, con el respaldo de su provincia europea, alimentaron la guerra afgana contra la ocupación de una Rusia en declive. Ahora han cambiado las tornas y deben enfrentarse en una guerra irregular contra aquellos a los que armaron y a su internacionalizado componente del fundamentalismo islámico. Parece que existe mayor preocupación occidental hacia el fortalecimiento de la Federación rusa de Putin que hacia la explosiva expansión de la guerra irregular del islamismo.

   El conflicto suscitado en Georgia es tan artificioso como forzado. La historia de Georgia ha conocido invasiones de todo tipo. Ha soportado múltiples asentamientos ajenos a su componente étnica primitiva y mezclas de población. No es casual, ni mucho menos, que un georgiano, Stalin, se convirtiera en cabeza del nuevo empuje imperial ruso. Y sí paradójico que su enorme estatua perdure y sea objeto de devoción nacionalista en la Georgia sólo presuntamente democrática.

   La "descolonización" de la URSS convirtió a Georgia en una república independiente con fronteras artificiales que englobaba poblaciones eslavas mayoritarias, como son Osetia del Sur y Abjasia. Con independencia del vital oleoducto que la atraviesa, el conflicto estaba larvado en su propia configuración. La presunción de grandes beneficios económicos derivados de su incorporación a la Unión Europea favorecieron el triunfo electoral de Saakasvili, su actual presidente occidentalista y pronorteramericano , aunque por apretado margen. Fue tentado a un arriesgado reto frente a Rusia.

   Saakkasvili se sintió respaldado por unas demasiado oportunas maniobras navales de la OTAN y actuó en consecuencia. Pero no contó con la inmediata reacción de Putin y el tiro le salió por la culata. El parlamento ruso ha hecho suyas las demandas de independencia de las repúblicas Osetia del Sur y Abjasia, de mayoría eslava. Y por muchas que sean las enfáticas amenazas políticas norteamericanas y de su provincia europea no habrá vuelta de hoja, salvo que Putin obtenga otras concesiones a cambio de dar marcha atrás. Dialécticamente le respaldan los antecedes de Kosovo y de Afganistán.

 

RUSIA ES FUNDAMENTAL PARA LA DENFESA DE EUROPA FRENTE EL FUTURO EXPANSIONISMO CHINO

 

   El problema es, sin embargo, de muy superior fondo. El eje geopolítico mundial se desplazó hace ya tiempo al Pacífico y carece de vigencia la tesis de McKinder. China e India son potencias emergentes, a lo que se une el revival islámico. Amenazas para Europa y los USA a medio o largo plazo. Rusia se convierte así para Europa en guardián indispensable frente a nuevas arremetidas que cabalguen desde el este y el sudeste islámico. También lo deberían meditar en Washington y en Nueva Yoork, el centro indiscutible del poder real norteamericano.

   La creciente penetración china en África e Iberoamérica constituyen serios timbrazos de alerta. Difícilmente China se sustraerá al sueño imperial si persiste en su espectacular crecimiento y no se derrumba interiormente. En tanto persista la presión de los USA y de su provincia europea sobre Rusia, Putin y la actual clase dirigente eslava buscarán la aproximación coyuntural a China, aún a riesgo de pagar en el futuro un alto precio.

   Si en la Unión Europea prevaleciera un serio realismo le sería racionalmente exigible un acuerdo de buena vecindad con Rusia. Pero la UE no pasa de ser hoy por hoy un endeble armazón burocrático y económico cuya defensa militar depende de las Fuerzas Armadas norteamericanas.

   "Ex Slavia Lux", concluía el lúcido ensayo "La vuelta de los budas", del profesor Jesús Fueyo Álvarez, tras analizar la tuberculosis que aquejaba ya entonces al alma europea. ¿Exageraba? Deberíamos meditarlo.

¿EXISTE UNA ARGENTINA FUNDACIONAL?

¿EXISTE UNA ARGENTINA FUNDACIONAL?

Ignacio TEJERINA CARRERAS

 

   Si se nos pide una respuesta a la pregunta que encabeza este artículo, ella es un contundente sí. Existe una Argentina Fundacional. Y ¿qué entendemos por ello? Afirmamos que hay un momento, un tiempo y un espacio en que se genera esto que va a resultar ser lo que somos, la Argentina contemporánea. La Argentina tal cual es hoy, con habitantes procedentes de los pueblos originarios y de los otros cuatro continentes, entre los límites geográficos que tenemos actualmente. ¿Cuál sería ese momento entonces? Ese momento lo podemos establecer documentalmente y con prístina claridad el 29 de junio de 1550, cuando el capitán Juan Núñez de Prado funda la ciudad de Barco, en la actual Quebrada del Portugués, provincia de Tucumán, junto a un grupo de españoles y criollos, acompañados por nativos de la tierra. Al fundarse Barco se dieron todos los requisitos necesarios que el derecho, dentro del mundo hispánico, exigía para darle validez al hecho fundacional: acta de fundación, constitución del Cabildo y reparto de solares entre otras cosas. Todo obedecía al cumplimiento que le fue encomendado a Núñez de Prado por el licenciando La Gasca, gobernante del Perú, de poblar un pueblo, o sea primero fundarlo, luego buscar sustento para luego proyectarlo y todo eso se cumplió. Puede afirmarse entonces, que a partir de ese momento y en forma absolutamente ininterrumpida, a través de más de cuatro siglos y medio, se fue generando y desarrollando lo que hoy es la República Argentina, lo cual puede comprobarse científica y documentalmente siguiendo el desarrollo institucional, jurídico, socioeconómico, poblacional y biocultural.

 

   Como ya dijimos, hubo acta de fundación, y se designaron los nombres de los cabildantes, que merecen ser recordados: capitán Juan Núñez de Prado - fundador -; Martín de Rentería y Francisco de Valdenebro - alcaldes -; Juan Vázquez, Diego de Torres, Alonso Díaz Caballero, Alonso de Larco y Lorenzo Maldonado - regidores -. Casi inmediatamente, una vez trazada la ciudad y repartidos los solares, Núñez de Prado reunió en la plaza a vecinos y religiosos para distribuirles 2000 fanegas de semillas de maíz y de trigo, frijoles, zapallos y quinoa, para que hicieran las sementeras de cuyo resultado dependería su alimentación en el futuro cercano. Con el tiempo, parte de la siembra fracasó y el trigo se perdió, quizás por el ambiente excesivamente húmedo del área donde estuvo asentada la ciudad de Barco.

   La experiencia no duró mucho tiempo, pues por motivos no de sublevaciones indígenas sino por conflictos jurisdiccionales con el grupo de españoles situados en Chile, Núñez de Prado tuvo que trasladar en dos oportunidades la ciudad. Primero a Tolombón, situado en los Valles Calchaquíes, en junio de 1551, para volver a trasladar la ciudad en enero de 1552 a los llanos de los juríes, junto al Río Dulce. Como todos lo saben, uno de los hombres de la conquista en Chile, Francisco de Aguirre, vino en mayo de 1553 y el día 27 de ese mes apresa a Núñez de Prado y lo envía a Chile; luego traslada Barco media legua más al norte  y le cambia el nombre por Nuevo Maestrazgo de Santiago, conocida luego como Santiago del Estero, Madre de Ciudades.

   Pues bien, una vez asentada definitivamente la ciudad, a partir de allí se genera todo un movimiento de expansión, y se fundan otras ciudades, entre las cuales van a estar Tucumán (1565) y Córdoba (1573).

   Asimismo, y en forma paralela, existen dos focos o fuentes de conquista que vienen de Chile y el Paraguay. La primera funda Mendoza en 1561; San Juan en 1562 y San Luis en 1594. Desde Asunción del Paraguay viene Juan de Garay y funda Santa Fe de la Veracruz en 1573 y en 1580 la ciudad de Buenos Aires. En 1588 Juan Torres de Vera y Aragón funda la ciudad de Corrientes en la confluencia de los Ríos Paraná y Paraguay. En 1592 y 93 fueron fundadas las ciudades de La Rioja y San Salvador de Jujuy, por lo cual a 40 años de Barco, y como lo afirma Teresa Piossek Prebisch, "dentro de esa área estaba armada la estructura básica de nuestro país. No sólo estaban fundadas todas las llamadas ciudades históricas argentinas, sino que éstas se encontraban enlazadas por caminos, unos prehispánicos y otros abiertos por los conquistadores - colonizadores que, al tener su nudo en Córdoba, permitían la circulación oeste - este y norte - sur, más la comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico por Perú y Chile." (1)

 

   Desde las actas capitulares de Barco hasta hoy hay una sociedad con un régimen jurídico que ha ido renovándose o modificándose según las circunstancias, pero que no ha tenido interrupción hasta hoy. Esa sociedad se dio escuelas, hospitales, leyes, unas continuaciones de las otras. Con respecto a la parte humana, biológica y cultural, encontramos que los nombres de pobladores de Barco se repiten en Tucumán y luego el de ellos y sus hijos en Córdoba, por lo cual hay muchos miles de argentinos que descienden de esos primeros pobladores peninsulares, la mayoría de ellos ya mestizados con las poblaciones autóctonas.

   En lo cultural, ya nuestro país cuenta con una universidad, la de Córdoba, fundada en el primer tercio del siglo XVII y en el orden literario cuenta, entre otras cosas, con la mejor poesía del Siglo de Oro español asentado en matriz americana. No hay más que leer los centenares de poemas, villancicos, romances, rimas infantiles, canciones históricas y religiosas, coplas, que fueron rescatadas por este gran estudioso de lo nuestro que fue el catamarqueño Juan Alfonso Carrizo, desafortunadamente ignorado al presente, en sus famosos "Cantares", donde describía el patrimonio cultural del Tucumán, hoy el Noroeste Argentino, patrimonio que era vivido con total autenticidad por todos los sectores sociales de la época, pero especialmente por campesinos y labriegos, que es precisamente en ellos donde buceó Carrizo para descubrir el tesoro cultural que encerraba nuestra tierra y su gente. Y algo muy importante que no debemos olvidar es que ya nosotros en Córdoba teníamos al primer poeta argentino: Luis de Tejeda.

 

   En el orden religioso, desde un comienzo se asentaron las principales órdenes, a quienes tanto debe nuestra cultura, como en el caso de los jesuitas. También fue creado el primer obispado en lo que hoy es la Argentina, y fue el obispado del Tucumán, con sede primeramente en la ciudad de Santiago del Estero, para pasar luego a Córdoba.

Con todos estos antecedentes que se pueden multiplicar ad infinitum ¿Alguien puede dudar de que existe una Argentina Fundacional y de que ésta debe ser conocida para que no repitamos como loros que somos un país joven y por eso nos ocurren tantos quiebres y caídas por inexperiencia?. Por ello es que siendo el día 29 de junio la fecha de la fundación de Barco, podría recordársela como el día de la Argentina Fundacional, y con ello honraríamos a nuestros antepasados y haríamos justicia a la memoria histórica.

   ___________________________________________________

 

(1) Teresa Piossek Prebisch, "Poblar un pueblo", San Miguel de Tucumán, 2004, página 486.

XII UNIVERSIDAD DE VERANO DE LA FUNDACIÓN JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

XII UNIVERSIDAD DE VERANO DE LA FUNDACIÓN JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

"REFORMAS CONSTITUCIONALES EN EL BICENTENARIO DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. LECCIONES Y DESAFÍOS"

 

 

PROGRAMA

Sábado 20 de Septiembre.

10´00 horas. Inauguración de la Universidad a cargo del Director.


10´15 horas. 30 años de monarquía de izquierdas.

Ponente: D. Javier Castro-Villacañas
Comentarista: D. Pedro Conde.


11´45 horas. La transición y la Constitución de 1978.
Ponente: Dña. Consuelo Martínez de Sicluna.
Comentarista: D. José Ramón Sánchez Carballido


16´30 horas. De la Ilustración al Estado Social y Democrático de Derecho.
Ponente: D. Moisés Simancas Tejedor
Comentarista: D. Manuel Parra


18’00 horas. El Estado de las autonomías a la luz de la prestación de los servicios públicos esenciales. ¿Es posible la reversión de competencias?
Ponente: D. Guillermo de Rocafort
Comentarista: D. Javier C. Montero de Espinosa

19´30 horas. Novedades bibliográficas en 2008. Tertulia con autores, investigadores y críticos literarios.
Moderador: D. Miguel Ángel Vázquez
Con la participación de: D. Joaquín Fernández, Dña. Lola Bermúdez-Cañete, D. Antonio Brea, D. Luis López Novelles, D. Gustavo Morales

22’00 horas. Excursión opcional por los lugares más emblemáticos del levantamiento popular del 2 de Mayo de 1808.

Domingo 21 de Septiembre.

10´00 horas. Consecuencias de la Guerra de la Independencia
Ponente: D. Federico Sánchez Aguilar
Comentarista: D. Francisco Díaz de Otazú

12´00 horas Nacionalismos periféricos. De la Disposición adicional 2ª a la impugnación constitucional. El papel de la comunicación institucional.
Ponente: D. Luis Buceta Facorro
Comentarista: D. Rafael Ibáñez Hernández


13´30 horas Clausura de la Universidad a cargo del presidente de la Fundación José Antonio, D. José Gárate Murillo.

MATRÍCULAS

 

  • El precio de la matrícula del curso es de 15 euros a abonar en el mismo lugar de la celebración. El precio es independiente del número de sesiones a las que se asista.
  • El precio de la matrícula no incluye la excursión, cuyo precio se avanzará en breve.
  • Para realizar la matrícula es necesario enviar un correo electrónico a través de la página www.fundacionjoseantonio.es con los siguientes datos: Nombre, número de DNI y dirección postal.
  • El número de inscripciones está limitado por la capacidad del aforo.

 

MADRID, 20 y 21 de Septiembre de 2008

Hotel Sanvy. C/. Goya nº 3 (Plaza de Colón)

 

EL MÉTODO GARZÓN

EL MÉTODO GARZÓN

Carlos Gregorio HERNÁNDEZ

 

   Mientras daba mis primeros pasos en la licenciatura de Historia y más allá del maremágnum de asignaturas, la Guerra Civil fue uno de los temas que cautivaron mi interés, porque en ella radicaban buena parte de las claves de la historia contemporánea de España. Desde aquellos tiempos han sido muchas las horas que he dedicado a la lectura e investigación de esta cuestión y especialmente a la represión, que ha sido el caballo de batalla de la historiografía más reciente. Ya por entonces los políticos, con las iniciativas parlamentarias votadas durante las dos legislaturas del Partido Popular, vinieron a inmiscuirse en un tema que en principio había quedado en manos de los historiadores y que ahora, gracias a la providencia del juez Garzón y continuando el trastorno de los pasos lógicos, también se abre a la Justicia.
 
          

   La intervención de la Justicia en un tema tan polémico como es el de la represión debería ofrecer, al menos a priori, un principio de equidad del que sin duda adolece la extemporánea iniciativa de Garzón. Las manifestaciones del juez en foros internacionales, como hizo durante su estancia en Estados Unidos de 2006, prejuzgando hechos y posicionándose de forma tendenciosa ante los acontecimientos que ahora ha decidido considerar, deberían sin duda inhabilitarle. Si entramos en los detalles de la noticia y observamos el planteamiento de fondo, el juez contribuye a amplificar, tal y como están haciendo los políticos con la cobertura de la Ley de Memoria Histórica, la tesis binaria, sectaria y antihistórica de la historiografía dominante, de la que su acción es una consecuencia lógica. En algunos artículos, con razón, se echa en cara al juez que no contemple los crímenes acaecidos durante la Segunda República, sin los que es imposible entender lo que ocurrió a partir del 17 de julio de 1936, al igual que los crímenes frentepopulistas, que su provisión igualmente omite. Garzón actúa de esta manera tan sectaria porque no juzga sino que sostiene una tesis -un prejucio o juicio previo si ustedes lo prefieren-, dentro de la cual estos y otros hechos carecen de toda relevancia puesto que no se acomodan a ella. Por eso cuantifica nombres, fechas y lugares y no investiga singularmente las causas de cada una de las muertes.
 
   La calificación de los crímenes de los nacionales como de lesa humanidad y no así los de los frentepopulistas le permite situar a unos y otros en planos distintos, llegando incluso a contrariar la expresa voluntad de los familiares, como ocurre en el caso de Federico García Lorca, cuyos descendientes prefieren dejar en paz a los muertos. En sentido contrario y apoyándose en la misma y perversa lógica, mientras perseguía a Pinochet, ya desestimó en 1998 la denuncia contra Santiago Carrillo para procesarle por los hechos de Paracuellos, de los que el socialista fue protagonista. El descrédito del juez ante los españoles debe ser manifiesto por el espíritu sectario y maniqueo que le inspira.
 
   El método Garzón no busca la verdad y, si me lo permiten, es poco serio. La manera de recabar la información de D. Baltasar va a ofrecer un totum revolutum equiparable al obras como la del historiador Santos Juliá, donde se confunde a combatientes con desaparecidos y se hace republicanos a los que murieron siendo nacionales. Los detalles en cada una de las muertes no son una cuestión superflua sino sustantiva a la hora de esclarecer los hechos y dar verdadero sentido a las cifras, que por si solas no dan toda la información necesaria para comprender lo sucedido. Es curioso que entre las organizaciones e instituciones a las que requiere documentación no estén el Archivo Histórico Nacional ni el Archivo de la Guerra Civil. Un historiador -en este caso un juez- con un conocimiento somero de los hechos que se pretenden analizar no podría excluir estas dos instituciones que guardan entre sus fondos material de tanto valor como la Causa General. Aunque sólo estudie los muertos de un bando animo al juez Garzón a solicitar, además de los datos vitales básicos, otros datos adicionales tan importantes como los procesos judiciales, que ayudarían sin duda a desechar la tesis oficial, evidenciando los crímenes que algunos de los represaliados cometieron antes de ser ejecutados por la Justicia del nuevo Estado. No estaría de más que cotejara las piezas del material judicial recopilado en la Causa General para que verificara cuántos de los represaliados lo fueron por haber sido autores o colaboradores de crímenes durante la contienda.
 

   Significativamente entre las organizaciones que han dado pie a la acción del juez Garzón está la CNT. Si la organización de hoy guarda alguna relación con la de ayer, sus compañeros de viaje en la demanda, en la mayoría de los casos comunistas, fueron los principales asesinos de sus conmilitantes de 1936. Los recientes hallazgos en Madrid de unos supuestos restos de Andreu Nin podrían dar pie a que esta organización quisiera también poner sobre la mesa uno de los hechos más significativos de la guerra civil: en el seno del Frente Popular se dilucidó una segunda guerra, que tuvo su punto álgido en mayo de 1937 en Barcelona. El socialista Negrín y sus aliados comunistas asesinaron a los que hasta entonces habían sido sus aliados en la lucha, haciéndose con el control absoluto de la plaza fuerte del anarquismo y, por ende, del Frente Popular. Pese a quien pese, en España los republicanos también mataron a republicanos. Esas víctimas, que son republicanas, no tuvieron ni siquiera una línea de recuerdo en la ley de memoria de Rodríguez Zapatero porque contravienen la tesis oficial y, por lo que se desprende de la providencia de Garzón, seguirán esperando otra ocasión mejor para ser reconocidas.
 
   En este sentido, su petición incluye otras extrañas anomalías, como es el hecho de solicitar los nombres de las personas que yacen en el Valle de los Caídos. Esos hombres no son represaliados, que son los que supuestamente han suscitado el interés de Garzón, sino que se trata de caídos en combate de ambos bandos y que fueron expresamente enterrados en este lugar bajo un ánimo de reconciliación y paz. Ciertamente sería de desear que la petición a la abadía benedictina, aunque errática en origen, le lleve a profundizar, comprender y, en último término, asumir, el sentido con el que fue erigida esa obra y del que carecen sus actos.

COVADONGA, LA CUEVA Y LA BATALLA

COVADONGA, LA CUEVA Y LA BATALLA

Gustavo BUENO

 

Prólogo al libro de José Ignacio Gracia Noriega, "Historias de Covadonga"

 

   Tenemos delante otra obra maestra de José Ignacio Gracia Noriega. No es fácil -por no decir: es imposible- encontrar a un escritor de nuestros días que sea capaz de escribir un libro sobre Covadonga que, como el de Gracia, sin perjuicio de sus proporciones enciclopédicas (en este libro encontrará el lector todo sobre Covadonga), mantenga, a través de una envidiable prosa caudalosa y transparente, una organización admirable de la materia y un juicio maduro, y a veces irónico, sobre su significado y alcance.
   Covadonga, en efecto, no es asunto que pueda ser tratado por cualquiera, aunque sea un refinado geógrafo o un erudito historiador profesional.
   Quien se ocupa de Covadonga, desde una perspectiva global, requiere disponer, no sólo de refinados conceptos geográficos y de notable erudición histórica y literaria sino también, y sobre todo, de buen juicio para establecer, con la distancia necesaria en cada caso, el significado y el alcance relativo de los muy diversos asuntos que se encierran tras esta palabra sonora: Covadonga.
  

   Covadonga no es, en efecto, un asunto susceptible de ser «descompuesto analíticamente» en partes o aspectos que, una vez tratados en detalle y por separado, puedan ser reunidos después en una «visión sintética de conjunto». Covadonga no puede descomponerse, por ejemplo, en sus «aspectos geográficos» y en sus «aspectos históricos». Porque Covadonga, el nombre -como Maratón, o Capua, o Waterloo-, designa mucho más que un lugar, que un accidente de la corteza terrestre, determinable por sus coordenadas gps. Porque es el lugar en el que ha tenido lugar una batalla cuya trascendencia histórica es precisamente la que ha determinado que ese lugar haya sido delimitado como tal, conceptualizado y denominado con un nombre propio, que desborda su condición de topónimo.
   Covadonga es el lugar desde el cual don Pelayo dirigió la batalla contra los caldeos que habían arruinado el reino visigodo, contra los invasores musulmanes -árabes, bereberes, sirios- cuyas oleadas sucesivas amenazaban con inundar a Europa y al mundo. La batalla de Covadonga fue el primer dique de contención que, en el año 722, pudo detener la inundación mora, y permitió no sólo que pudieran tener efecto otros diques de contención (el más notable, el de Poitiers, en el año 732) sino también que el oleaje pudiera volverse en sentido contrario, hasta lograr, tras siglos de reflujo, la expulsión de los mahometanos de la península.

   La batalla de Covadonga -tal es la tesis que se defiende paladinamente en este libro, y que por supuesto compartimos plenamente- fue el punto de partida de la «España española» -como algo distinto de la Hispania romana o de la Hispania visigoda-. El punto de partida de una España llamada además a desbordar los mismos límites peninsulares de las Hispanias antiguas, para extenderse por todo el mundo, y dar lugar al español, como «lengua del Imperio», y todo lo que ella envuelve. Una España de la que, en nuestros días, muchos de los pueblos y naciones étnicas que se conformaron políticamente en el torbellino de ese oleaje reniegan, llenos de odio precisamente contra la lengua española, llegando incluso a prohibir su uso desde su «dominio autonómico», que conciben como el primer paso para un Estado federado, no se sabe bien si con Francia, con Inglaterra o acaso con Alemania.
   Y son estos mismos españoles renegados quienes, o bien apartan la vista de Covadonga o, a lo sumo, si la miran, lo hacen desde las perspectivas más anodinas propias de turistas o montañeros, que meten en el mismo paquete a Covadonga, a los Lagos y a los Picos (de Europa), es decir, que buscan anegar la Covadonga histórica en una Covadonga geológica, en un «parque natural» que no hubiera sido «tocado por la mano del hombre» (en expresión del Congreso de Nueva Delhi de 1969). Así advertimos como Covadonga, que fue el primer Parque Nacional de España (en 1918, «Parque Nacional de la Montaña de Covadonga», el mismo año en el que se celebraron los XII siglos de la batalla de Covadonga), en donde «la montaña» conserva la huella idiográfica de Don Pelayo, «el Rey de las Montañas», va convirtiéndose en el «Parque Nacional de los Picos de Europa», con la voluntad de sustituir la Nación política por la Naturaleza, acaso porque las naciones étnicas directamente implicadas (la nación cántabra, la nación asturiana, la nación leonesa) encuentran un modo de borrar sus diferencias refundiéndose en una Naturaleza mítica, sin fronteras, independiente de la Historia. De este modo, el Parque Nacional de Covadonga queda anegado, al menos por la parte de Asturias, en un «Paraíso Natural», como si el mero hecho de delimitar un «trozo de la Naturaleza» como parque (con todo lo que esto implica: leyes, vigilancia, senderos, eliminación de fieras, control de fauna y flora...) no fuera suficiente para transformar la «naturaleza» en «cultura».

   Otros, aunque también hablan de Covadonga, incluso de Covadonga después de la batalla, tienden a borrar todo cuanto tenga que ver con España como nación: Covadonga queda reabsorbida en un lugar sagrado para el cual es un accidente el estar en la Cordillera Cantábrica o en el Corcovado. A lo sumo Covadonga es un lugar de Europa, en la que España queda ignorada: a la izquierda de la entrada al «túnel artificial», excavado en el Paraíso Natural, que lleva a la Cueva, pueden leerse en una lápida estas palabras (en las que vemos la mano oculta de algún clérigo nacionaliego): «Peregrino de la Fe. S. S. Juan Pablo II visitó nuestra diócesis los días 20 y 21 de Agosto de 1989. En la Santa Cueva oró largamente ante la Santina y celebró la eucaristía en la explanada de la Basílica. En la Colegiata recibió al Patronato Real presidido por S. A. R. el Príncipe de Asturias. ’Covadonga es una de las primeras piedras de una Europa cuyas raíces cristianas ahondan en su historia y en su cultura. El Reino cristiano nacido en estas montañas puso en movimiento una manera de vivir y de expresar la existencia bajo la inspiración del Evangelio.’ (De la homilía).» (No estará de más advertir que el Sitio de Covadonga todavía pertenece legalmente a la Iglesia Católica, por lo cual ella tiene derecho a colocar las lápidas que le parecen oportunas.)

   Unos terceros, que tanto sienten aversión a la Nación histórica española nacida de Covadonga como a la Iglesia católica, prefieren encontrar un significado más profundo y misterioso en una Covadonga anterior a la Batalla, que aludiría al significado de una Cueva misteriosa, habitación de alguna Diosa precristiana y prehispánica, que incluso llegan a identificar con alguna matriarca céltica, o en un delirio erudito, con Isis Atenea. Covadonga será vista ahora como la «Cueva de la Señora», la Cova Domina que, sólo después de la Batalla se transformó en una «superestructural» Virgen de Covadonga e incluso en una cueva milagrosa. Y sin duda, la cueva suscita en estas gentes las imágenes que ellos ya poseían y que van más allá de la pura geología. Ramón Pérez de Ayala lo expresaba así: «Numen hic est.», aquí está el númen. Y no seré yo quien diga que estas «intuiciones» sean gratuitas; pero no porque la cueva haya sido habitación de una Señora, precursora de la Virgen de Covadonga.
   Podemos dar poderosas razones para afirmar que, en efecto, la cueva, antes de Pelayo, fue habitación de un númen, del que se conservan restos positivos (no imaginarios), que están enterrados efectivamente en lo más profundo de la cueva: me refiero a los huesos de la osa o del oso de las cavernas, una estirpe de osos que desde el musteriense vivían en esta cueva, como también en otras cercanas, por ejemplo, en la cueva del Buxu (en Cardes, Cangas de Onís), descubierta en 1916 por el Conde de la Vega del Sella, en la que se encuentran restos de osos de las cavernas y grabados rupestres de caballos, ciervos y un bisonte. O lejanas, como la cueva de Drachenloch, en Saint Gall, en la que aún podemos ver seis cistas rectangulares y dentro de ellas tres o más cráneos de osos que habían sido previamente decapitados: los más antiguos enterramientos que se conocen en la prehistoria humana, y que no son enterramientos de hombres sino de animales numinosos. Pero no sólo en las cuevas lejanas. En la misma cueva de Covadonga están descritos, desde 1897 (por Mariano de la Paz Graells), restos de oso de las cavernas, que obviamente no han podido ser estudiados con excavaciones posteriores porque ellas pondrían en peligro la misma existencia del actual santuario católico. Es decir, el significado que precisamente la Cueva recibió a raíz de la Batalla.

   En el libro de Gracia encontramos materiales abundantes que podrían ser aducidos como pruebas decisivas: la denominación de «Cueva de los milagros» tiene que ver no con hipotéticos sucesos paleolíticos, ni siquiera con «milagros de la Virgen», al estilo de los que tuvieron lugar siglos después de Lourdes o en Fátima; los milagros de Covadonga van referidos a sucesos que ocurrieron en la misma batalla contra los moros, es decir, a una interpretación religiosa del hecho real de que las flechas arrojadas por los caldeos rebotaban en las peñas de la cueva y daban muerte a los invasores que las habían disparado. Y esta es la razón de fondo por la cual la Virgen de Covadonga fue reconocida, en los días de la visita de Alfonso XIII en 1918, como «Virgen de las Batallas». Y todo esto sin perjuicio de reconocer la certera observación del autor al comparar las figuras paralelas del Rey Don Pelayo, del que sabemos muy poco (pero todo lo que sabemos es histórico), con el Rey Arturo (del que no sabemos nada, salvo muchas leyendas fantásticas), según la cual observación no existen animales totémicos en los relatos de Covadonga, a la manera como existe el león en las leyendas artúricas. Porque los animales totémicos, decimos nosotros, presentes en los pueblos bárbaros que inspiraron las leyendas artúricas, habían desaparecido de la superficie de Covadonga, y los huesos de esos animales, los huesos de las osas y los osos de las cavernas, permanecen enterrados en lo más profundo de la Cueva, sin que podamos llegar a ellos.
   Resulta por tanto que Covadonga, ya en su mismo nombre, no puede «desdoblarse» en unos componentes geológico-geográficos y en unos componentes histórico-míticos: es una cueva, pero caracterizada precisamente porque fue allí donde Don Pelayo obtuvo la victoria en una batalla fundacional. En una batalla que, como todas las grandes batallas, alcanzó su importancia, no tanto por lo que pudo ser en sí misma, cuanto por sus consecuencias; más por sus consecuentes que a raíz de sus antecedentes.

   Sin duda, está muy extendida la idea de que el cometido de la Historia tiene que ver, sobre todo, con la investigación de los antecedentes de los sucesos pretéritos, cuando en realidad es el curso de sus consecuentes lo que confiere el alcance histórico (los mismos antecedentes de un hecho histórico se convierten, cuando están probados, en consecuentes de sus causas). Quienes defienden esta idea -que deriva, no de una perspectiva histórica, sino a lo sumo prehistórica, por no decir antropológica (y muchas veces propia de una antropología ficción, fruto de la celtomanía)- suelen llamar «covadonguistas», con un sentido despectivo, a quienes mantienen la perspectiva histórica. Pero quienes así hablan son también covadonguistas, afectos al covadonguismo propio del nacional autonomismo astur y desafectos al covadonguismo asociado al nacional catolicismo español. En realidad la tonalidad despectiva de este adjetivo se dirige contra la misma Covadonga, en la medida en que pretende secar su sangre histórica desvinculándola de sus consecuencias históricas, políticas o religiosas. Destruirla, porque Covadonga, segregados sus consecuentes políticos o religiosos, se reduce a la nada, a una nada que es el fruto más viscoso emanado de los caletres de unas gentes que suelen considerarse de izquierdas porque se oponen al nacional catolicismo, y a la interpretación político religiosa de Covadonga. Los más moderados tienden a una interpretación que se mantiene dentro del tinglado autonomista en el que la Cueva se disuelve en el contexto del Paraíso Natural. Pero circunscrita a los límites de este tinglado, el significado de Covadonga también se diluye, o a lo sumo se reduce a unos límites similares a los que Montserrat pueda tener dentro del tinglado autonómico catalán. Hasta tal punto llega la estolidez de algunos nacionaliegos celtistas y republicanos que se atreven a proclamar su defensa de Covadonga como una pieza central de este Paraíso Natural ahistórico mediante el cual pretenden redefinir al Principado de Asturias, como «mandato constitucional», olvidando por ejemplo que si Asturias recibe hoy la denominación de «Principado» no es tanto por razón de los antecedentes de Don Pelayo o de Covadonga, sino por razón de sus consecuentes, a saber, el Reino de Castilla y León, sólo desde el cual, a partir del siglo XIV, se hizo posible hablar del Principado de Asturias. La izquierda nacionaliega astur, según esto, es en rigor una corriente extremadamente reaccionaria, en la medida en que tiende a reducir a Covadonga, desde su condición política de embrión de la Nación política española, a la condición cavernícola de una cueva habitada por diosas o númenes misteriosos, que en realidad nos remiten, como hemos dicho, a las osas y a los osos de las cavernas; a unos osos que habitaron estas cuevas y que siguieron habitándolas después de la Batalla, cuando por ejemplo, uno de estos osos, en el año 739, abrazó al Rey Favila, el hijo de Don Pelayo y de su esposa Gaudiosa (en nuestros días algunos republicanos rinden cada año homenaje a aquél «oso regicida»).

   Covadonga es la cueva de Pelayo, en la que está enterrado, y Pelayo es el rey que fue proclamado en Covadonga, como rey de un nuevo Reino, que no era una mera recuperación del reino de los visigodos, aunque, desde luego, tampoco tenía por qué desentenderse de todo lo que aquel reino tenía de recuperable, que a su vez contenía la herencia del Imperio (o del imperialismo romano cristiano).
   José Ignacio Gracia Noriega subraya claramente cómo en realidad Don Pelayo se identifica con la Batalla de Covadonga. Añadimos: y no hace falta más para tomarlo como el primer héroe nacional español, porque el que prueba demasiado no prueba nada. Y sería probar demasiado atribuir a Don Pelayo otras gestas fantásticas distintas de las que derivan de la Batalla de Covadonga, gestas de las cuales además no hay constancia alguna. Como subraya Gracia, de Don Pelayo sólo sabemos hoy lo que tiene que ver con Covadonga. Sabemos, eso sí, que después bajó a Cangas de Onís, en donde estableció su «corte» («porque las cortes -dice Gracia, con espíritu platónico- no se establecen en las montañas sino en el valle»). Y en esta corte permaneció durante diez y nueve años, sin que tengamos noticia alguna de sus actividades (lo que ya es por sí muy significativo, en todo lo que concierne al alcance del «nuevo Reino»). Su «corte» acaso se parece más al cortejo de una jefatura rural que a la corte de un reino consolidado que todavía no existía. Sin embargo hay algo verdaderamente importante, que observa Gracia, que hizo Don Pelayo en Cangas, a saber, dar a su hija Ermesinda como esposa al hijo del duque Pedro de Cantabria, Alfonso (el futuro Alfonso I el Católico). Porque Alfonso, sucesor de Don Pelayo, ya no pudo permanecer más tiempo dentro de límites tan estrechos como los que se encerraban en la corte de Cangas. Alfonso I fue quien inició el «imperialismo» del nuevo reino constituido a raíz de la Batalla de Covadonga. Un imperialismo que Don Pelayo no pudo siquiera comenzar, y menos aún el hijo que Pelayo engendró con su esposa Gaudiosa, demasiado entretenido en luchar con osos antes que con caldeos.
   Pero Alfonso I el Católico, el hijo del Duque de Cantabria y de Gaudiosa (y seguramente sin que mediase aquí ninguna oscura razón de matriarcado, sino acaso todo lo contrario) sale de las montañas y se convierte en Alfonso el Yermador. «El matrimonio de Ermesinda con Alfonso fue el gran logro político de Don Pelayo, quien, gracias a él, emparenta con la alta nobleza visigótica, a la que no pertenecía. Mas Alfonso no sólo aporta su noble estirpe, sino también su espada. Con él viene su hermano Fruela, personaje secundario aunque importantísimo, ya que era un formidable guerrero, y aunque no fue rey, fue tronco de reyes: padre de Aurelio y Bermudo I, abuelo de Ramiro I, bisabuelo de Ordoño I y tatarabuelo de Alfonso III», dice el autor en su libro anterior, Don Pelayo, el Rey de las Montañas. Y añade: «El gran pacto entre los refugiados godos e hispanorromanos y los clanes de las montañas tuvo que producirse durante el reinado de Alfonso I, que empezó gobernando un reino que nunca había sido de sus antepasados, pero que pudo controlar lo suficiente como para, al cabo de unos años, salir a guerrear más allá de sus límites naturales, contando con la seguridad de que cántabros, astures y vascones, convertidos de aliados en súbditos por acuerdos que se desconocen, no le cerrarían el paso al regreso. (...) Alfonso muere el año 757, dejando un reino mucho más extendido que el que había recibido, y después de haber poblado Primorias o el extremo oriental de Asturias, la Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias o zona del norte de Burgos ’que ahora llaman Castilla’ -según la versión Rotense de la Crónica Alfonsina- y la parte costera de Galicia

   El rey Fruela (757-768), hijo de Alfonso I, ya vio la necesidad de buscar para su corte un lugar más estratégico que el de Cangas, para el reino ampliado por su padre que «cobraba fuerzas al andar». En realidad fue Fruela quien advirtió la importancia del lugar en el que más adelante se emplazaría Oviedo, y puso allí sus primeros fundamentos. Pero Fruela, que acaso había planeado ya el asesinato en Cangas de su hermano Wimarano, por razones del reino, fue a su vez asesinado en 768, circunstancia que contribuyó sin duda a que la corte se alejase de la Cangas sangrienta y tendiera a buscar asentamientos hacia occidente, hacia el Nalón, luego hacia Pravia (Aurelio, Mauregato, Silo, Bermudo), y muy pronto, con Alfonso II, en Oviedo, refundada como sede regia, émula de Toledo y de Constantinopla, o como «ciudad imperial» y nueva capital de los llamados grandes «Reyes de Oviedo»: Ramiro I (842-850) y Alfonso III el Magno (866-910).
   Los reyes de Oviedo ya no pueden considerarse como reyes de un «minúsculo centro de resistencia» contra los invasores musulmanes. Fueron reyes imperialistas, cuyos dominios se extendieron de Oeste a Este, desde Finisterre hasta los territorios de la futura Castilla: Alfonso III fundó Burgos, y desde Norte a Sur, hasta más allá del Duero, lo que les permitió llegar, aunque fuera en campañas de exploración, a Lisboa y hasta Algeciras. Precisamente fue la misma extensión de los territorios recuperados por los reyes de Oviedo lo que les obligó a trasladar su corte a León, con las consecuencias históricas que este traslado tuvo en el desarrollo de España.
   Covadonga no es un mixtum compositum de Geografía y de Historia, es una unidad y sólo por disociación podría hablarse de componentes geográficos o ecológicos e históricos o políticos. En su libro Gracia nos hace ver cómo son indisociables los componentes «geográficos y los históricos» de Covadonga. Sus primeros capítulos se abren con una magistral «obertura geográfica» de Covadonga. Pero se trata de una geografía en su sentido más estricto, es decir, como un análisis del paisaje práctico de las montañas y de sus valles, tal como pudieron ser vistos y recorridos por Don Pelayo y sus hombres, y por Alkama y lo suyos. Es una descripción geográfica a escala de las coordenadas que ya existían en las bandas de cazadores, una escala de coordenadas que fue suficiente, y aún necesaria hasta que llegó la invención del telescopio y del microscopio óptico. Sólo entonces las descripciones geográficas pudieron asumir otras coordenadas, a través de las cuales las morfologías geográficas irán transformándose en morfologías geológicas. Sin embargo las magníficas descripciones geográficas de Covadonga y sus contornos que Gracia nos ofrece no son meras descripciones empíricas, «retratos del natural», que se atienen a los datos que los sentidos ponen delante del observador; la morfología geográfica «natural» no es resultado de percepciones ingenuas, empíricas, porque está ya organizada por conceptos prácticos tales como valle accesible, escarpadura inaccesible, desfiladero, peñas gigantescas y terribles cuando se contemplan desde abajo, sendas misteriosas... Además multitud de conceptos prácticos, precientíficos sin duda, son sin embargo conceptos perfectamente establecidos, tales como «lugares húmedos», «zonas pedregosas», arcillas, diversas especies de vegetación o de animales, cielos estrellados en las alturas vistos desde el valle, rocas-atalayas, cuevas, &c.

   Estos conceptos pragmáticos son los que constituyen precisamente la perspectiva geográfica antrópica, procedente de las bandas humanas, que irán desarrollándose, sobre todo a partir del siglo XVIII, mediante conceptos nuevos (de los que Evaristo Álvarez Muñoz nos ha dado ideas muy precisas en Filosofía de las ciencias de la tierra, Oviedo 2004). Conceptos geológicos cuya utilización en una descripción geográfica antrópica sería impertinente.
   Las descripciones geográficas de Gracia se mantienen precisamente en perspectiva antrópica y, por tanto, en los umbrales mismos de la Historia: «Un valle rodeado de montañas y cerrado por montañas: eso es Covadonga, con una senda que enseguida se eleva hacia el corazón de la montaña. Por aquí escaparían los moros derrotados, que en una huida alucinada recorrieron los tres macizos de los Picos de Europa: por Amuesa salieron a Cosgaya, donde el desbordamiento del río y los lebaniegos terminaron la obra que había iniciado Don Pelayo al borde del macizo occidental. (...) Los moros tuvieron la montaña para escapar, sin reparar en que se trataba de una montaña sin salida. A partir de aquel hecho de armas, Covadonga figura como el escenario de la gran batalla de montaña de la historia de España, porque una batalla fundacional requiere un escenario excepcional. Y nada existe sobre la tierra que pueda equipararse a la montaña; el mar, acaso.» Y la disciplina a la norma antrópica propia de la descripción geográfica se mantiene en lo que tiene que ver en la norma secuencial de la disciplina histórica. Gracia nos hace ver cómo la importancia de Covadonga como lugar geográfico con significado histórico sólo puede advertirse no ya tanto «ensañándose» en los componentes fantásticos del relato de la Batalla, o en los antecedentes de la Virgen de la Cueva, cuanto mirando en la dirección de sus consecuencias, y no como un epílogo de la Batalla, sino como expresión misma del arco histórico que se apoya en ella.
   Gracia nos ofrece un cuidadoso resumen de los reyes que sucedieron a Don Pelayo, en el que hay que agradecer la selección ajustada de los eslabones que van a formar la cadena histórica que cuelga de Covadonga, y al margen de la cual Covadonga misma sería un puro «detalle oligofrénico» no sólo en el mapa mundi sino también en el mapa histórico de España. El autor también se preocupa de ofrecernos una exposición de los relatos que de Covadonga han ido ofreciéndose por los visitantes más diversos, desde Ambrosio de Morales, comisionado por Felipe II, y Tirso de Avilés, en el siglo XVI, hasta Luis Alfonso de Carvallo en el siglo XVII; desde, ya en el siglo XVIII, las Notizias de un peregrino, de Cipriano González Santirso, hasta los relatos de Jovellanos. Por supuesto, encontramos reseñas del Álbum de un viaje por Asturias de Nicolás Castor de Caunedo, preparando el viaje de Isabel II («qué tesoro de filosofía -decía Caunedo- encierra esta pobre tumba de piedra...»), de Manuel de Foronda, o de Víctor Hugo, de Hans Gadow o de Roso de Luna, incluso del exabrupto de Cela, en forma de transcripción de unas palabras de doña Josefa.
   También encontramos en este libro informes del mayor interés sobre películas relacionadas con Covadonga y, en conexión con ellas, una curiosa reivindicación literaria (por su «geografía panteísta», dejando aparte los componentes de novela rosa) de la novela Altar Mayor de Concha Espina, que sirvió de base para una película de Gonzalo Delgrás muy celebrada en los años cuarenta.
   Podemos felicitarnos, como lectores, de la publicación de este libro de Ignacio Gracia Noriega. Estamos ante un «gran relato» enciclopédico, que absorbemos casi sin advertirlo, gracias a la virtud de una envidiable prosa al servicio de unos conceptos claros y distintos, y de unos juicios históricos maduros y certeros.

MULTICULTURALISMO O INTERCULTURALISMO

MULTICULTURALISMO O INTERCULTURALISMO

Alberto BUELA

 

   Hace ya bastantes años que venimos combatiendo la idea del multiculturalismo como una categoría ideológica de dominación nacida desde los antropólogos culturales usamericanos por la cual se exalta a las minorías por el hecho de ser minorías en desmedro de las mayorías populares. Y de dominación porque lo que se busca con su utilización política es quebrar la idea de comunidad nacional en una multitud de minorías o grupos minoritarios, políticamente de más fácil manejo que un poder nacional centralizado.
   Este multiculturalismo es el que tiene vigencia política en Bolivia, en estos últimos tiempos, con la sanción de una constitución con 36 naciones aborígenes. Así bajo la mascarada y el simulacro de defender los intereses postergados históricamente de los "originarios" se quiebra desde el ejecutivo la comunidad nacional boliviana. El Estado-nación creado por Sucre corre el riesgo de dejar de existir. A decir verdad tampoco les sirvió de mucho su existencia pues estos últimos doscientos años fueron de mayor explotación que los del período hispánico. Pero al menos, gracias al Estado-nación fueron reconocidos como tales, como bolivianos, en el orden internacional, que no es poco. ¿Cuál es la ventaja para Bolivia que le traen las tesis multiculturalistas? Ninguna, sino por el contrario, será mucho mejor manejada por los intereses brasileños, chilenos, argentinos y de yanquilandia en la región al no existir un poder central de decisión nacional sino 36 "decisiones nacionales". Un verdadero disparate.

   Las tesis multiculturalistas también son aplicadas en Chile con la exaltación del pueblo mapuche con sus oficinas en Londres (siempre detrás Inca-laperra como dice el Martín Fierro). Algo también en Argentina y Colombia. Mucho más en Ecuador y Venezuela.
  

 

   En el fondo el multiculturalismo es una trampa, porque no consiste en un respeto verdadero por el otro. Hace como si lo respetara pero en realidad no lo tiene en cuenta tal como es, sino más bien lo toma al otro por la caricatura de lo que es. Que el multiculturalismo es un instrumento del imperialismo lo pone de manifiesto Rodrigo Argulló cuando afirma: "En realidad el multiculturalismo apunta en su estadio final no a la coexistencia de culturas sino a su fusión en el seno de un Mercado global" [1].

   Esta parodia respecto a la valoración del otro sólo a través de su pintoresquismo y no en lo que verdaderamente es o existe, nos ha llevado a plantear la teoría del disenso [2] según la cual proponemos "otro sentido" al actualmente vigente sobre las cosas y las acciones de los hombres. El disenso se torna peligroso para el pensamiento único y políticamente correcto, una de cuyas categorías es el multiculturalismo, dado que permite crear teoría crítica.  Pues como afirmara ese gran filósofo suramericano que fue Alberto Wagner de Reyna: "Detrás del contenido lógico del disenso siempre hay una necesidad - axiológicamnete fundada en lo insobornable- de hacer vencer la verdad. Nada más lejos de él, que el parloteo- hablar por hablar y discutir por discutir- que la jovial disposición a un compromiso que no compromete a nada. Tal suele ser el tan celebrado consenso" [3].
   El consenso y sus famosas "mesas de consenso" como instrumentos del multiculturalismo fundan lo que hemos denominado "falso diálogo", es decir, un diálogo que comienza con el consenso como petición de principio, escondiendo de entrada nomás, las diferencias de las partes y de los intérpretes. Este disimulo, esta parodia ha malogrado las mejores iniciativas, porque ha partido siempre de "la parodia del otro" como lo es tomar "al otro" antes que nada  como un igual. Ignorando que la única igualdad posible en un diálogo abierto y franco es la diferencia. Y ésta se manifiesta siempre y de entrada en el disenso. Pretender definir "al otro" bajo el apotegma de "todos por igual" es ocultar su identidad en la categoría ideológico política del igualitarismo. Falsedad que se viene repitiendo desde la Revolución Francesa para acá en todos "los ismos".

   Al ser el consenso entendido por el progresismo como razón de causa eficiente y no como causa final a la cual llegar, se establece entonces por acuerdo de los grupos de poder o minorías. Es sabido que los pueblos no consensuan, ellos simplemente dicen qué y quiénes son en la historia del mundo. Y la lógica interna de las minorías es que la decisión se toma siempre antes que la deliberación, con lo que esta última se transforma en un simulacro más. Con justa razón ha afirmado ese gran pensador de la política que es Dalmacio Negro Pavón: "El consenso, como mito político, está al servicio de las oligarquías que se presentan como representantes de la sociedad" [4].
   El multiculturalismo se presenta como una idea fuerza para preservar la diversidad y la pluralidad del mundo bajo los principios de igualdad, tolerancia y democracia cuando en realidad lo que produce es algo totalmente distinto. Viene como caballo de Troya del imperialismo a quebrar las comunidades nacionales en múltiples tribus urbanas o rurales (Maffesoli dixit) que ya no serán contenidas por la pertenencia al Estado-nación sino sólo por el dios monoteísta del Mercado Global. Así extraña a los pueblos de sus propias raíces, pues entiende la identidad como la de todos por igual y la tolerancia no para evitar un mal mayor sino como "la demorada negación del otro" a través de la retórica del consenso (habla, habla que yo ya tomé la decisión) y la democracia como respeto al procedimiento jurídico político y no como poder al pueblo.
 

   La mejor, mayor y más profunda respuesta al multiculturalismo ha nacido del filósofo cubano Raúl Fornet Betancourt, radicado hace muchos años en Alemania, con su trabajo Filosofía intercultural (México, 1994).
   Allí nace por así decir el concepto de interculturalidad no tanto como oposición a multiculturalidad sino como afirmación del mestizaje hispanocriollo de lo que es América. Nosotros, los americanos, que somos muchas culturas al mismo tiempo no nos podemos identificar con una sola como pretende el multiculturalismo sino que vivimos varias culturas al mismo tiempo. De modo tal que nosotros vivimos entre culturas, una interculturalidad raigal. Pretender desgajarnos de estas muchas culturas que somos para exaltar una de entre ellas, como pretende el indigenismo multiculturalista, es extrañarnos de nosotros mismos. Así el interculturalismo encarna y representa al pluralismo cultural genuino porque muestra y respeta los múltiples aspectos que viven en nosotros mismos. A diferencia del multiculturalismo que nace y depende de un centro cultural interpretativo: Usamérica y el pensamiento único, "El interculturalismo - afirma Fornet -  desecha y renuncia a operar con un solo modelo teórico-conceptual que sirva de paradigma interpretativo" [5].

   Ya el término inter-culturalismo nos indica que nosotros vivimos "entre-culturas", entre varias culturas y pretender definirnos o comprendernos por una sola de entre ellas es, en definitiva, no entendernos en lo que somos.
   Pero también es cierto que nosotros, los americanos, no somos todas esas culturas acabadamente, no somos la  "raza cósmica" como ingenuamente pretendía el gran Vasconcelos; somos o tenemos, análogamente, parte de esas culturas, de algunas más y de otras menos. Todo ello se plasmó luego de quinientos años en un tipo humano: el criollo, que no es  ni tan español ni tan indio, según afirmaba Bolivar. El criollo bajo la forma del huaso, el gaucho, el llanero, el cholo, el colla, el montubio, el ladino, el boricua, el charro es la encarnación de este mundo intercultural de que hablamos aquí. Él es en sí mismo la encarnación de una pluralidad cultural viviente. Es una cultura de síntesis que nos habla de un tipo humano de lo mejor que América ha dado.
 

   Poéticamente esto lo expresaron Darío y Hernández cada uno a su modo:  

 

Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, oh Roosevelt, ser, Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, os falta una cosa: ¡Dios!
 


........................................................................

Tiene el gaucho que aguantar
Hasta que lo trague el hoyo,
O hasta que venga un criollo
En esta tierra a mandar.

  

   Y políticamente se ha encarnado el interculturalismo en hombres gobernantes como Eloy Alfaro (Ecuador), Juan José Arévalo (Guatemala), Getulio Vargas (Brasil), Perón (Argentina) Ovando y Candia (Bolivia), Natalicio González (Paraguay), Herrera (Uruguay), Balmaceda (Chile), López Michelsen (Colombia), Belaúnde (Perú), Cárdenas (México), Caraso (Costa Rica), Arnulfo Arias (Panamá) y hoy día Chávez(Venezuela) y Uribe (Colombia) más allá de sus diferencias ideológicas. Todos ellos, cada uno a su tiempo, han sabido responder desde el poder qué son ellos y los pueblos que gobiernan. Es que el ejercicio de la interculturalidad es una vivencia, no crea dudas, éstas nacen cuando se aplican modelos ideológico- políticos como sucede con el multiculturalismo para entender una realidad, la realidad nuestra y de nuestros pueblos, que escapa a sus categorías de interpretación.

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[1] Argulló, Rodrigo: "El progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo" en revista El Manifiesto Nº 10, Barcelona, junio 2008.
[2] Buela, Alberto: Teoría del disenso, Bs.As., Ed. Cultura et Labor, 2004
[3] Wagner de Reyna, Alberto: "prólogo a Ensayos de Disenso", Barcelona, Ed. Nueva República, 1999, p.5
[4] Negro Pavón, Dalmacio: "Desmitificación del consenso político" en revista Razón Española Nª 145, Madrid, sep-oct. 2007, p.152
[5] Fornet Betancourt, Raúl: Filosofía intercultural, México, Univ. Pontificia, 1994, p. 10

¿VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD HOMOSEXUAL?

¿VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD HOMOSEXUAL?

Antonio MARTÍNEZ

 

   El viraje es de los que hacen época: hasta no hace mucho, Occidente sentía horror ante la homosexualidad como vicio nefando, reflejando la condena bíblica contra la perversión de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, desde la década de 1970, la sociedad occidental posmoderna siente una creciente fascinación por el universo homosexual. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Cómo ha sido posible, en un brevísimo lapso de tiempo, una metamorfosis tan radical?
 
   La explicación se encuentra en el plano de los valores y los principios. Durante siglos, la homosexualidad se consideró como un hecho extraño a la estructura objetiva de la realidad. El mundo se ajustaba a unas ciertas leyes metafísicas, antropológicas y morales. Y tales leyes componían el orden del universo, el dharma eterno de los hindúes, la ley natural de los medievales. Ahora bien: al menos desde Kant, la filosofía del Occidente moderno ha tendido históricamente a afirmar cada vez más la subjetividad del individuo y a negar la existencia de esas supuestas "leyes objetivas" de lo real. Esta es la raíz filosófica del individualismo moderno. Y la preferencia moderna por lo homosexual sería una consecuencia particular de la opción filosófica a favor del reinado del individuo: el sujeto occidental moderno, en nombre de la diosa Libertad, pasa a prevalecer sobre las leyes ontológicas que hasta entonces lo limitaban. Y una de ellas era la ley de la heterosexualidad.
 

Los tres mitos modernos de la homosexualidad
 

   Pero aún hay más. La homosexualidad ha pasado de la vergüenza al general aplauso, ante todo, porque se ha convertido en un mito en al menos tres sentidos dentro de la cultura contemporánea.
 
   En primer lugar, el homosexual es el gay, es decir, el individuo que ha recuperado el sentimiento de la vida como juego, diversión, carnaval, máscara, transgresión, fiesta, colorido y glorificación de lo sensorial. El heterosexual obedece el freudiano principio de realidad, contrae nupcias, se aparea, crea una familia y mantiene la estructura de la sociedad. El heterosexual es el hombre del deber, de la responsabilidad y, al final, del aburrimiento. En cambio, el homosexual conserva la envidiable independencia del adolescente y cultiva el sentido lúdico del sexo y de la vida. La Love Parade berlinesa y el desfile del Día del Orgullo Gay serían hoy los símbolos más difundidos de este sentimiento lúdico y desinhibido de la existencia.
 
   En segundo lugar, la cultura occidental del siglo XX ha identificado "homosexualidad" y "aristocracia espiritual". El heterosexual es el hombre material, "simple", atado a la tradición y a las convenciones sociales; y, desde luego, es menos interesante que el homosexual. El sujeto homosexual representa el "hombre complejo": el filósofo, el escritor, el artista, el metafísico, el melancólico, el solitario, el romántico, el rebelde, el heterodoxo, el genio. Aquel que ya no vive en el orden habitual del mundo, sino en los laberintos infinitos de su propia psique. Por esta razón se ha mitificado en el siglo XX a Leonardo da Vinci como "genio homosexual". Rimbaud, Proust, Foucault constituyen otros tres símbolos de la moderna mitología homosexual. La atracción homosexual del profesor Aschenbach hacia Tadzio, el efebo perfecto, en La muerte en Venecia, de Thomas Mann, expresa una profunda tendencia anímica del hombre occidental moderno en su etapa de decadencia -recordemos a Spengler, aún aprovechable-, del mismo modo que la bisexualidad del Demian de Hermann Hesse manifiesta la obsesión moderna por superar todos los antiguos tabúes antropológicos en pos de la suprema coincidentia oppositorum: ir más allá del bien y del mal, de lo masculino y lo femenino, de lo bello y lo feo, de lo verdadero y lo falso. En este mismo orden de ideas, y viniendo a la actualidad, el erudito Teabing, alto dirigente del Priorato de Sión en El Código da Vinci, constituye también, en su gélido aislamiento, una figura claramente homosexual.
 
   Finalmente, la homosexualidad simboliza -lo apuntábamos más arriba- el individualismo moderno. El homosexual es el habitante del loft urbano, el individuo que se reabsorbe en sí mismo, el que medita adoptando la postura del loto. En este sentido, la homosexualidad sería una manifestación particular del individualismo y el narcisismo contemporáneos. Por supuesto, ni todos los propietarios de lofts ni todos los adeptos a la meditación zen son homosexuales. Pero, metafísicamente, sintonizan con una cierta atmósfera homosexual. Lo mismo puede decirse, entre nosotros, de Babelia, el suplemento literario de El País, cuyo carácter homosexual resulta evidente, al igual que el de la cultura posmoderna en general.
 

Una revolución pendiente: de la cultura homosexual a la "cultura de la vida".
 

   Conclusión que extraemos de todo lo anterior: que la sociedad posmoderna, aunque sea mayoritariamente heterosexual (el mitológico 10% de homosexuales difundido desde Kinsey nunca ha existido: el porcentaje real oscila entre el 1% y el 2%), está ampliamente invadida por el ambiente homosexual dominante hoy en el mundo de la cultura y en los medios de comunicación. El individuo homosexual la fascina por las razones que ya hemos explicado: no es simplemente "la persona que siente atracción por el sexo propio", sino mucho más que eso. Se ha convertido en todo un mito: el homosexual es el hombre libre, el rebelde, el heterodoxo, el que se ha desvinculado del peso de la tradición y accede, así, a la esfera ingrávida y transparente del ángel demoníaco. En este sentido, el gnóstico y el cátaro, hoy tan apreciados, serían también arquetipos claramente afines a la metafísica de la homosexualidad.
 
   Una homosexualidad que, dentro de la cultura occidental, se acentúa como seña de identidad contemporánea a partir de de Mayo del 68: desde ese momento crítico, el espíritu de Andy Warhol se convierte en signo de los tiempos y comienza el reinado absoluto de la subjetividad. Mientras la burguesía europea iba al cine a contemplar los dúos y tríos lésbicos de Silvia Krystel en Emmanuelle, la izquierda posmoderna se convirtió por completo a la mística de la homosexualidad, hoy ampliamente asumida en el mundo de la cultura popular y universitaria. Y, en la medida en que tal cultura impregna hoy la sociedad occidental, podemos hablar legítimamente de que vivimos en una "sociedad homosexual". Gianni Vattimo -homosexual, como se sabe-, los hermanos Chapman -enfants terribles del arte británico- o la MTV serían algunas manifestaciones concretas, entre muchas otras, de esta atmósfera.
 
   Y, a partir de ahora, ¿qué? ¿Tal vez nos espera un futuro "cada vez más homosexual", es decir, cada vez más individualista y narcisista? Dentro de veinte años, ¿serán minoría los países del mundo que no reconozcan los matrimonios gays? ¿Será obligatorio estudiar en las escuelas a Barthes y Derrida, y leer los artículos de Vicente Verdú? ¿Empezará a considerarse como una anomalía moral y psicológica la orientación exclusivamente heterosexual? ¿Veremos imanes gays en las mezquitas de ese "Islam europeo y laico" que propugna El País? O, en todo caso, y prescindiendo de las anteriores ironías, ¿la vanguardia cultural de Occidente seguirá siendo entonces, como parece ser todavía hoy, abiertamente homosexual? ¿Se acentuará, en fin, aún más el tópico que identifica la heterosexualidad con el pasado, y la homosexualidad, con el futuro, con lo moderno y con la libertad?
 
   No necesariamente. El tópico y el engaño no pueden reinar indefinidamente. La ficción resulta ya manifiesta: la subjetividad homosexual, lejos de ser "más sensible" y "más interesante", termina en un callejón sin salida. La cultura homosexual contemporánea vive mirándose a sí misma en el espejo de su psique solipsista y termina haciéndose incapaz de cualquier auténtica creación, de cualquier auténtica relación luminosa con el mundo: he ahí los ejemplos del arte contemporáneo, del cine europeo, de la literatura posmoderna. La subjetividad homosexual se pierde en un laberinto sin centro y sin luz.
 
   La cultura del futuro sólo tiene una oportunidad para salir de su actual marasmo: redescubrir el universo del "afuera", la maravillosa objetividad del mundo y del ser. El hechizo narcisista que engendra el pathos homosexual ya ha durado demasiado tiempo. No soportamos ya más elegías alejandrinas ni languideces crepusculares. Necesitamos vida, luz, verdad, misterio. La objetividad de las cosas es la única fuente que enriquece realmente nuestra subjetividad. La sustitución del paradigma homosexual se ha convertido hoy en una inaplazable urgencia histórica. Una nuevo tipo de cultura clama por eclosionar. El día en que esto suceda, la homosexualidad seguirá existiendo como paradójico fenómeno humano -¡hay tantos!-. Pero ya no viviremos dentro de una cultura enclaustrada en sí misma, es decir, dentro de una cultura espiritualmente homosexual

OSETIA DEL SUR: GUERRA Y DESINFORMACIÓN

OSETIA DEL SUR: GUERRA Y DESINFORMACIÓN

Juan A. AGUILAR

 

   Desde que el pasado 7 de agosto, las tropas georgianas armadas y entrenadas por EE.UU., Israel y Ukrania, lanzaron una brutal ofensiva sobre la provincia prorusa de Osetia del Sur, provocando más de un millar de muertos entre la población civil de la capital suroseta, hemos asistido en todo Occidente y muy especialmente en España, a una monumental ceremonia de la confusión siguiendo los más elaborados manuales de la tecnología de la desinformación. El espectáculo dado por la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles ha sido patético. La sensación lastimosa de unos profesionales de la información que parecían unos indocumentados rellenando sus espacios con tópicos y lugares comunes, sin aportar el más mínimo análisis de la situación y tomando partido en el conflicto basándose en abstracciones pueriles y vacías de contenido material, sólo puede explicarse por la atmósfera acrítica que domina en nuestros medios y a la que se someten complacientes unos profesionales que han perdido toda capacidad de sentir su propio ridículo. Sin ser exhaustivos, los hechos son los siguientes:

1.       El 19 de enero de 1992, la mayoría de los habitantes de Osetia del Sur, que quedaron dentro de la actual Georgia cuando se independizó tras la caída de la URSS, votó a favor de su incorporación a Rusia.

2.       Tras abiertas hostilidades, se firma en Dagomis un acuerdo entre Rusia y Georgia, por el cual, a partir del 14 de julio de 1992, en la zona se desplegarían fuerzas de paz, entre ellas, militares rusos con objeto de evitar que vuelvan a iniciarse los combates.

3.       Tras la llegada al poder en Georgia del presidente Mijaíl Saakashvili comienza un rearme espectacular con la ayuda de centenares de asesores militares norteamericanos e israelíes y la tensión en la zona no deja de aumentar.

4.       Seguro de sí mismo y del apoyo de EE.UU. y las potencias occidentales, el 7 de agosto, Saakashvili se lanza a la aventura de atacar militarmente Osetia del Sur con todo lo que tiene a su alcance, incluido el bombardeo con cohetes múltiples Grad de la capital suroseta, Tskhinvali, provocando centenares de víctimas civiles y un número significativo de soldados rusos destinados en misión de paz.

5.       En su plan no cuenta con la respuesta firme y decidida de Rusia de acudir en ayuda de sus soldados y de la población suroseta, que en su inmensa mayoría tiene nacionalidad rusa. A partir de ese momento, el ejército georgiano -el agresor- se hunde y la derrota es total en 48 horas.

6.       El presidente francés Sarkozy consigue el 13 de agosto un compromiso ruso de alto el fuego si se cumplen una serie de condiciones que suponen un desastre para el gobierno de Saakashvili, entre ellas, la acusación de genocidio a las autoridades georgianas.

 

   Todos estos hechos son fáciles de comprobar; basta ir a las hemerotecas y repasar las noticias de los días 7 y 8 de agosto para contrastar lo expuesto. Sin embargo, a partir del 9 de agosto hasta la fecha, comienza una auténtica ofensiva "desinformativa" para pintar a Rusia como la agresora y a los "pobres georgianos" como víctimas del potencial irrefrenable del ejército enviado por Moscú.

   Campaña que se adorna, bochornosamente, con las típicas herramientas dialécticas como poner en boca de la denominada "comunidad internacional", lo que no eran más que los lamentos de los gobiernos de EE.UU. y sus aliados incondicionales. Como si Rusia y China, juntas en el Consejo de Seguridad de la ONU y sumando casi dos mil millones de habitantes de este planeta, no fueran parte de esa comunidad internacional.

   Tal descaro y desvergüenza tiene la campaña en lo que se refiere a los medios en nuestro país, que el agregado de prensa de la embajada de Rusia en España emitió una nota oficial el pasado 10 de agosto protestando por el comportamiento indecente de los medios de comunicación españoles y de la que entresaco únicamente unas líneas: <<¿cómo era posible pasar por alto la catástrofe humanitaria de la ciudad entera de Tsjinvali, borrada de la faz de tierra por los tanques y lanzacohetes georgianos? ... Confío en que los periodistas honestos rehúsen la practica de «dobles raseros», aun persistente en algunos medios. Les llamo a abstenerse de prestar el amparo mediático a los verdugos de centenares de surosetios, ancianos, mujeres y niños, así como de decenas de pacificadores, perecidos por ser procedentes de Rusia a causa de la aventurera ofensiva georgiana>>.

 

   Ahora bien, ¿qué se oculta tras toda esta campaña antirusa? Más allá de los análisis políticos y geoestratégicos, de los que iremos informando en este medio digital, lo que subyace es que a las potencias anglosajonas se le hace insoportable tener que reconocer que Rusia recupera su fuerza y vuelve a la Gran Política, de la que Yeltsin  había conseguido expulsarla.

   Deberá irse acostumbrando la decadente, nihilista y hedonista "comunidad internacional" a que la Santa Rusia vuelva a contar en el concierto de las naciones.