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EUROPA RECRISTIANIZADA PARA SUPERVIVIR, O EURABIA PARA MORIR

EUROPA RECRISTIANIZADA PARA SUPERVIVIR, O EURABIA PARA MORIR

Ismael MEDINA

 

   ¿Llegará el momento durante el siglo XXI en que, quien sabe dónde, será necesaria en Europa una nueva Covadonga? Si diéramos validez al "Ex Slavia lux" que cerraba el premonitorio "La vuelta de los budas", ensayo ficción sobre la última historia del pensamiento y de la política, del profesor Jesús Fueyo Alvarez (Ed. Instituto de Estudios Políticos, 1973), sobre la tuberculosis del alma europea, habría de ser en tierras de eslavos occidentales u orientales. Los Cárpatos polacos, que tanto gustaba recorrer con sus jóvenes a Karol Wojtila en sus tiempos de sacerdote y de obispo de Cracovia, podría ser lugar idóneo por el acendrado catolicismo de sus gentes, su historia, su poso cultural y la trágica experiencia de invasiones y sometimientos padecidos. La Iglesia ortodoxa rusa, renacida tras el hundimiento de la Unión Soviética, acaso pudiera polarizar un mismo brote, u otro, frente a la invasión musulmana, o la Eurabia anticipada en sus vibrantes libros de denuncia por Oriana Fallaci.

   El resultado del referendo suizo sobre la existencia de minaretes en las mezquitas fue acogido con satisfacción en amplios sectores sociales de otras naciones septentrionales. Es posible que en algunas de ellas habría ofrecido similares resultados, caso de celebrarse un referendo similar. E incluso en la Confederación Helvética no hubiese variado mucho si en vez de sólo a los minaretes se extendiera la consulta a las mezquitas. Es evidente la existencia en Europa de un creciente rechazo social al islamismo.

EL CÁNCER DEL RELATIVISMO DESTRUYE LA CAPACIDAD DEFENSIVA DE OCCCIDENTE

   La actitud de la progresía europea de izquierda y derecha ante el referendo suizo ha sido reticente, cuando menos. También en España. De inmediato echó mano de los tópicos habituales: una expresión de xenofobia y racismo que atenta contra los principios básicos de la democracia y de la libertad religiosa. El asunto posee, sin embargo, harto más complejidad y calado.

   Quienes se sienten heridos por el resultado del refrendo helvético argumentan desde posiciones ideológicas encarnadas en el relativismo racionalista, alma del liberal-capitalismo. Aquél al que, según Adam Smith, no podía ponerle freno la moral. Y más en concreto, aunque no lo dijera de manera expresa, la moral católica. Una suerte de relativismo materialista trufado de calvinismo, tuétano doctrinal de la Orden los Iluminados. Y por consecuencia, de las revoluciones norteamericana y francesa. También, históricamente, de generalizada impregnación occidental del absolutismo democrático, degradado de manera progresiva a la condición de totalitarismo partitocrático.

   Más llamativo es que la progresía de izquierda apele a parejos argumentos de libertad desde posiciones ideológicas ancladas en el materialismo marxista, aunque traten de esconderlo a duras penas tras la fachada escenográfica de la socialdemocracia. Hijo también del iluminismo (ya traté explicarlo en más de una crónica), el socialismo hizo suyo el lema leninista de ¿Libertad, para qué? Libertad sólo para valerse de ella en las sociedades liberalistas con el fin de imponer su totalitarismo extremo.

   Debo recordar al respecto unas declaraciones de Franco a una agencia norteamericana en pleno fragor de la ?guerra fría? y de la amenaza de un pavoroso conflicto nuclear con que se nos atosigaba de continuo.
Advirtió que Stalin no recurriría a la fuerza de las armas para llevar adelante su sueño expansionista en tanto avanzase en su consecución por medio de los partidos comunistas y socialistas cuyos objetivos revolucionarios estaban favorecidos por la libertad de acción que les proporcionaban los Estados democráticos. Y que si no lo conseguía, tampoco se valdría de la guerra nuclear pues en el Kremlin eran conscientes de que la peor parte se la llevaría siempre la URSS, dado el muy superior potencial atómico y tecnológico norteamericano. 

   Persona muy cultivada me proponía días atrás una cuestión incitante. Sostenía que el marxismo, o Marx, pues a efectos prácticos es lo mismo, había generado un sistema de absoluta y brutal tiranía, radicalmente injusto en términos sociales, rudamente encorsetado en materia económica como capitalismo de Estado y gangrenado por la corrupción. Pero que el absolutismo opresor del capitalismo habría alcanzado cotas insufribles sin el freno que supuso su confrontación con el marxismo. Una contención que desapareció con el calculado hundimiento de la Unión Soviética, resultado a un mismo tiempo de una conspiración interna y de una presión externa. Nada de insólita la coincidencia a partir de entonces entre David Rockefeller y Mihail Gorbachov en el acelerado despliegue de la estrategia del Nuevo Orden Mundial. Cuando se conozcan los resultados finales de la actual recesión económica mundial, se descubrirá que los ganadores volverán a ser los mismos poderosos grupos financieros que engordaron con todas las anteriores, desde la de 1907. Esos mismos que integran la cúpula iluminista del NOM.

LA TUBERCULOSIS DEL ALMA EUROPEA

   Pero ese proceso, acorde en su dinámica con la aceleración de la historia, se solapó, o fue consecuencia congruente, con las premoniciones del profesor Fueyo Alvarez, no sólo en el libro citado, sin duda alguna la culminación de su pensamiento, ya apuntado en "La época insegura" (1962) y en "La mentalidad moderna" (1967). También en "Eclipse de la historia", discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1981).

   Compartí con Jesús Fueyo durante algunos años la tertulia que encabezaba en el Hotel Velázquez y luego en el restaurante Mariscal, junto a juristas e intelectuales de gran densidad, amén de Salvador Vallina, un personaje excepcional por muy variados motivos, con quien cada madrugada mantenía una prolongada y enriquecedora conversación telefónica. La muerte prematura de Fueyo en 1993, le impidió terminar otro libro, continuación del discurso "Eclipse de la historia", que pensaba titular "La muerte de la Historia", del que nos hablaba en repetidas ocasiones. Nada que ver con el de Fukuyama, cuyas previsiones barrerían los acontecimientos. Fueyo no era un oportunista, sino un pensador de alta entidad al que, como a otros valiosos intelectuales, se les silencia por sobresalir durante el régimen de Franco.

   Basta cotejar la duración de los imperios y de los ciclos de civilización que cada uno de ellos engendró para tomar conciencia del proceso de aceleración de la historia. También de la homogeneidad de los fenómenos de decadencia que se dieron en unos y otros. Todos padecieron esa tuberculosis de su alma cultural que ya Fueyo denunciaba en 1973 respecto de Europa y que hoy adquiere dimensiones inquietantes de acabose. Pero que también afecta por entero a la llamada "civilización occidental", fruto de la revolución relativista.

   La ley histórica de los ciclos reproduce la del equilibrio del orden natural. Un poder único mundial es insostenible. Necesita de un contrapoder para sustentarse y justificarse. Hegel sostenía que el Estado precisa crear y controlar su contradicción para ser fuerte. Lo fue la URSS para USA mientras subsistió. Ahora se nos muestra China como sustitución, aunque no más allá del plano económico y acaso militar.

   Pero ¿qué es China en realidad? Una combinación entre capitalismo liberalista y dictadura comunista en el que se contraponen una minoría político-financiera de poder omnímodo y una masa inmensa de proletariado en grado permanente de explotación y de muy variada entidad étnica y hasta cultural, con minorías religiosas que colisionan. China, de otra parte, está tan estrechamente ligada a los USA en el ámbito financiero y en el soporte ideológico de relativismo materialista que sería aventurado pronosticar que ambas potencias colisionaran. Al menos, a corto y medio plazo. Sobre la economía china pende, además, la amenaza de una "burbuja" similar a la recesión occidental, o a la reciente de Dubai, que el NOM procurará atenuar en la medida de lo posible por sus efectos nocivos sobre la todavía débil recuperación norteamericana. Y la europea de rechazo.

ES EL ISLAMISMO EL MOTOR DEL ACTUAL CHOQUE DE CIVILIZACIONES

   El contrapoder emergente no es económico, sino religioso: el islamismo. Una amenaza ante la que el relativismo pone de manifiesto su debilidad. Frente a un expansivo radicalismo religioso como el musulmán sólo cabe activar un consistente espíritu religioso que fortalezca a las sociedades agredidas y se lo opongan sin fisuras.
   Pero el iluminismo relativista y materialista sigue empecinado en destruir los fundamentos cristianos de la cultura occidental. Aquéllos que frenaron la expansión musulmana en la Edad Media y a España le supusieron seis siglos de durísima lucha hasta su total derrota.
   Pugna que posteriormente se reproduciría para Europa con el imperio otomano. Parece evidente que la historia se reitera.

   La conspiración neomalthusiana y la impregnación hedonista que la acompaña en las sociedades opulentas ha desembocado nuevamente en los fenómenos característicos del fin de los ciclos de civilización.
Por ejemplo: hundimiento de la natalidad; desprecio de los trabajos que se consideran serviles; necesidad imperativa de importar mano de obra esclava de las colonias del imperio; desplome de la moral religiosa, civil y laboral, con el acompañamiento de una creciente corrupción en todos los ámbitos; propensión del poder político hacia formas cada vez más acusadas de despotismo; desprecio hacia el servicio en la Milicia, sustituida por ejércitos pretorianos y mercenarios compuestos en su mayor parte por esclavos liberados; y, en fin, un acentuado proceso entrópico que acaba por corroer las estructuras económicas del Estado y favorecer su implosión.

   Los sangrientos choques entre las diversas ramas religiosas del Islam, especialmente virulentas entre chiítas y suníes, hace creer a muchos la existencia de una fractura interna en el islamismo que lo debilita. Y les conduce a suponer que hay un islamismo radical y otro moderado. Una falsa y suicida apreciación que la realidad desmiente. Todas las ramas musulmanas tienen en común una fidelidad estricta a los preceptos coránicos que aplican a rajatabla en los países que gobiernan. También las comunidades musulmanas en las naciones occidentales que las acogen y les otorgan márgenes de libertad en los que el islamismo no cree ni practica.

   Es de sobra conocido que las minorías musulmanas en naciones occidentales propenden a aplicar a los suyos de manera expeditiva la justicia coránica, sobre todo si son sus mujeres quienes incumplen los preceptos coránicos. También que forman sociedades cerradas, resistentes a la integración incluso en la segunda y tercera generaciones de inmigrados. Y asimismo, que las prédicas de los imanes en muchas mezquitas van mucho más allá de la mera práctica religiosa y de la enseñanza coránica, hasta convertirse en centros de propagación del más extremo fundamentalismo y de reclutamiento de terroristas para Al Qaeda.

   Se reproduce ahora en otros términos y bajo otras formas un fenómeno similar al que ya se vivió en la España medieval entre los presunta y culturalmente moderados Omeyas (conviene releer la historia de sus muchos excesos, no sólo bélicos) y las tres oleadas fundamentalistas llegadas desde las estribaciones desérticas del Atlas. No sólo arrasaron gran parte de España, sino que también acabaron con el Califato. En aquellas áreas del Atlas se incubó un radical fundamentalismo coránico equivalente al que hoy se fragua y fortalece en las abruptas zonas montañosas que comparten Paquistán y Afganistán.
   Y expande sus tentáculos por todo el África musulmana, hasta el Atlántico. El secuestro de tres cooperantes españoles en Muritania, amén de intermitentes atentados en toda la región, evidencia la crecida de la mancha del terrorismo islámico.

LA INTERNACIONAL DEL TERROR TRASLADÓ SU CENTRO DE PODER DESDE LA URSS AL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO

   El renacimiento del terrorismo islámico emergió en buena medida al amparo de los movimientos de descolonización e independencia patrocinados por la ONU y estimulados por los USA. No es el momento de retornar sobre los entresijos de aquella estrategia mundialista, denunciada por González Mata en "Les vrais maîtres du monde". Ya lo referí tiempo atrás. Pero sí es oportuno recordar que Ben Barka , líder del independentismo marroquí, participó en la Conferencia Tricontinental, celebrada en La Habana (1967). Reunión patrocinada por el Secretariado del PCUS y el KGB, a la que concurrieron representaciones de todos los llamados movimientos de liberación nacional y las organizaciones terroristas del más variado pelaje (también las europeas marxista-leninistas, ETA entre ellas) que se agruparon en la llamada Internacional del Terror, o Interterror, cuyo contenido y alcance describió Jacques Bergier en "Ha estallado la III Guerra Mundial".

   Pese al hundimiento de la Unión Soviética y sus Estados satélites se han perpetuado las conexiones nacidas en la Conferencia Tricontinental de la Habana. Sólo que el centro de dirección se trasladó inicialmente al Líbano y hoy lo comparten Irán y Venezuela en el ámbito político; y Al Qaeda y las FARC- FLN en Hispanoamérica.
Es consecuente la estrecha relación que mantienen Hugo Chávez y Ahmadinejad. Se emparentan socialismo materialista y socialismo islámico, afincado en el dogmatismo coránico. Dos formas de absolutismo que siguen las pautas del teórico italiano del neomarxismo, para quien las masas inmigratorias formarán el nuevo proletariado que protagonizará otra vez la revolución. Y aunque se trate de un factor meramente logístico, tampoco es desdeñable que el narcotráfico sea común alimento financiero del terrorismo hispanoamericano y del terrorismo islámico.

LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES FAVORECE EL EXPANSIONISMO ISLÁMICO

   La Alianza de Civilizaciones de Rodríguez es un recuelo tardío y radicalizado de la conspiración iluminista destinada a destruir el soporte cristiano, y por ende moral, de la civilización europea mediante la imposición del relativismo materialista. Nada extraño que amparase el invento la Secretaría General de las Naciones Unidas de la que Rodríguez se ha convertido en un dócil títere. Ni que su gran y casi único aliado sea el primer ministro turco, Recep Tayir Endogan, cada vez más próximo al Irán de Jamenei en su dirigismo coránico. Y no debe olvidarse que, como ha recordado Ramón Pérez Maura, muy buen conocedor del paño (¿Turquía, entre Irán y Occidente?, ABC 09.12.2009), que el Erdogán actual ?es el mismo que cumplió pena de cárcel en su país por decir que hacían falta más minaretes para emplearlos como misiles?. Gracias a la crecida islámica Erdogán accedió al poder, desplazando al movimiento laico de Kemal Atartuk, e impreso a Turquía un viraje hacia el dogmatismo coránico. Una forma también de chantaje hacia los USA y la OTAN que precisan mantener sus posiciones militares en Turquía respecto del laberinto bélico de Oriente Medio. Y más en concreto, de la plataforma mesopotámica.
   Erdogan juega ambas cartas para fortalecer a un tiempo su posición en el mundo islámico y para ingresar en la Unión Europea.

   Ben Bella, el liberador de Argelia del colonialismo francés y presidente de la nueva República argelina, también muy conocedor de Marruecos (nació en la disputada zona fronteriza entre uno y otro país), sentenció que "la falta de tolerancia es una perversión del Islam". Y esa falta de tolerancia, ese rígido absolutismo coránico, es común, insisto, a todas las teocracias musulmanas, aún en aquéllas bajo sistemas de apariencia democrática, mera formalidad encubridora como se ha demostrado en Irán.

   El Nuevo Orden Mundial pretende imponer por doquier regímenes de despotismo democrático, además de debilitar la fortaleza unitaria de las naciones con vieja tradición histórica y cultural. Los USA, su principal instrumento coactivo, no lo han conseguido ni en Irak ni en Afganistán. Ya lo advirtió Ben Bella a finales del siglo pasado al enjuiciar otros procesos de "descolonización" Dijo: ¿Ha fracasado el modelo de desarrollo occidental para nuestros pueblos?. Defensor de un modelo de socialismo islámico de factura relativista, también Ben Bella fracasó en su empeño. El dogmatismo coránico no admite opciones que no sean las suyas. Y el odio al cristianismo, y como natural consecuencia a Occidente, está en su entraña cultural e histórica. La Alianza de Civilizaciones implica una suicida utopía cuando nos enfrentamos a la ruda realidad de un choque de civilizaciones.

EL DILEMA EUROPEO: O SE RECRISTIANIZA O MUERE

   Obama, el negro de alma blanca y gran actor mediático alzado por el NOM a la presidencia de los Estados Unidos, no ha tardado mucho en toparse con la realidad del choque de civilizaciones y en seguir, e incluso acentuar, la política militar del denostado Bush. Su discurso en la ceremonia de recepción del Premio Nobel de la Paz no ofrece dudas, aunque envuelto en su retórica buenista. Ha venido a decir aquello mismo que acuñaron los romanos: "Si quieres la paz, prepárate para la guerra" Y a hacer suya en no poca medida la doctrina de Clauasewitz reclamada por sus mandos militares.

   Las guerras de Irak y Afganistán, además de los terribles conflictos étnico-religiosos que se suceden en Africa y el área musulmana del Pacífico, no sólo confirman la imposibilidad metafísica anunciada por Ben Bella de implantar formas occidentales de desarrollo en el mundo islámico. Alertan asimismo de que una guerra irregular de corte terrorista como la que practica el integrismo islámico no puede combatirse con éxito desde criterios militares de guerra convencional, sino adaptándose con superioridad a la estrategia, las tácticas y la estructura social y religiosa del enemigo a batir.

   La debilidad occidental, sobre todo la europea, frente al enemigo islámico, radica en tres fenómenos interdependientes de consecuencias letales: el empecinamiento relativista en la destrucción de los fundamentos cristianos y morales de su cultura y de su historia; la anteposición de intereses económicos y comerciales de sus naciones, en particular las más poderosas, a la defensa común frente a la expansión islámica; y un envenenado pacifismo, recuelo de un antinazismo y antifascismo cuya amenaza dejó de existir con su derrota en la la II Guerra Mundial, pero asumido como coartada por la progresía que se dice intelectual, dominadora en gran medida de los espacios culturales y mediáticos de Occidente y que, en el caso de España, forma la Corte de los Milagros de Rodríguez, un personaje siniestro, no sólo a causa de su trasnochado y montaraz izquierdismo. También por su insondable vaciedad y una mente enfermiza.

   El resultado del referendo suizo sobre los minaretes de las mezquitas y su eco acorde en otras sociedades europeas evidencian una inequívoca reacción defensiva frente al expansionismo islámico y su creciente y descarado quintacolumnismo en toda Europa. Un fenómeno respecto del que pueden aducirse antecedentes reactivos, como los reiterados en Francia. Pero no siempre serán insuficiente para la defensa de Occidente reacciones instintivas de índole más o menos local. Resulta indispensable restaurar los fundamentos religiosos, culturales e históricos del alma europea para liberarla de la tuberculosis relativista que denunciaba el Profesor Fueyo Álvarez y la conduce a su destrucción. Es la única opción para que, remedando a Mao, el islamismo no siga moviéndose en Europa como el pez en el agua. Si se aspira a ganar esta guerra de civilizaciones resulta in exorable quitar el agua en que actualmente se mueven a sus anchas los peces del fundamentalismo islámico en el mar del relativismo anticristiano.

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LA SEGURIDAD DEMOGRÁFICA

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LA SEGURIDAD DEMOGRÁFICA

Michel SCHOOYANS

 

 

 

   La ambición de controlar la vida humana desde la concepción a la muerte es la máxima expresión del imperialismo integral, tal como hoy se manifiesta. Como vamos a ver, este imperialismo es metapolítico, ya que procede de una concepción particular del hombre. Las expresiones políticas y no políticas de este imperialismo no son más que las consecuencias perceptibles de esta antropología. Esto nos va a llevar a aclarar la dimensión totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todavía no se han mostrado en su totalidad.

   Para analizar la génesis de este imperialismo que está naciendo ante nuestros ojos, vamos a partir de la ideología de la seguridad nacional.

 

 

Hacia la globalización

 

 

 

   Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fría, enfrentamiento Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pacífica, deshielo, distensión, etc. Mas, con motivo de la crisis petrolífera de 1973, algunos círculos norteamericanos empiezan a percibir la importancia de otra división, la división Norte-Sur. El congreso de Bandung, en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las conferencias en la cumbre de países no alienados se imponen a la atención de los países industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino apreciable. Durante todo este tiempo, el diálogo Norte-Sur se organiza y se institucionaliza; los países del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.

   En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski había ya atraído la atención sobre el tema [1]. La crisis petrolífera de 1973 juega el papel de un catalizador: si los países productores de petróleo pueden organizarse y amenazar las bases de la economía de los países industrializados, ¿qué ocurrirá si los países pobres productores de materias primas deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los países ricos?

   Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski, transpone a la división Norte-Sur las recomendaciones que su hermano había aplicado antes a la división Este-Oeste. Y lo que es más importante, generaliza además, al conjunto del mundo, una visión cuyo alcance, en 1969, estaba limitado, provisionalmente, al continente americano. Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia explícita de Brzezinski, organiza la "Comisión Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Japón deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del que dependen los países industrializados para importar materias primas y energía, y para dar salida a sus productos [2]. Y el Tercer mundo está en plena expansión demográfica.

   La amenaza que pesa sobre la seguridad de los países ricos proviene, según ellos, de los países pobres. Las economías dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben devorarse entre sí, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus privilegios. Las empresas multinacionales aparecen aquí como un mecanismo esencial del sistema global de la dominación; llevan a cabo una industrialización que al mismo tiempo se encargan de limitar. Gracias a los centros de decisión y la metrópolis, hacen posible el control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del traslado de fábricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los que las desigualdades de retribución constituyen, a nivel mundial, un factor de división que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones, frenan el desarrollo económico de las naciones satélites. Por su parte, la investigación científica deberá intensificarse y concertarse para garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los países menos desarrollados. La alta tecnología será exportada con gran parsimonia, para que los países más avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producción sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los países de la era postindustrial.

 

¡Multimillonarios de todos los países, uníos!

 

   Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho urgente -se asegura- en razón de la interdependencia de las naciones. Pero lo que sucedía ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa rápidamente de la interdependencia a la dependencia. Todos los países, en efecto, no presentan un mismo nivel de desarrollo; en razón de su presencia y compromisos en todo el mundo, los EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misión de liderazgo mundial. A esta misión deben asociarse las naciones ricas y las clases ricas del mundo entero; la seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupación común y predominante de los ricos. Esta preocupación justifica, por su parte, la constitución de un frente común mundial, una unión sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este imperativo de seguridad común, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen sino una importancia relativa o incluso secundaria.

   Este frente común mundial sólo podrá articularse a partir de los EE.UU. y bajo su liderazgo. En razón de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Japón serán asociados, a título de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad común. Todo ese bloque constituido por las naciones ricas deberá esforzarse en controlar el desarrollo en el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el crecimiento, frenar la capacidad de producción y practicar el maltusianismo económico se imponen tanto más -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado por la contaminación. Y así, la justificación teórica del "crecimiento cero" vio la luz en 1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas generosamente financiadas por el grupo Rockefeller [3].

 

   Los países comunistas tampoco deberían quedar al margen de este proyecto de seguridad global. China merece una atención excepcional. Está probado -como ya hemos visto [4]- que la despiadada política demográfica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada e incluso estimulada por algunos círculos norteamericanos y occidentales inquietos por la aparición de un nuevo "peligro amarillo".

   Los países del Tercer mundo deberán, pues, aceptar un programa "global". Como los países ricos necesitan sus recursos, estos países en vías de desarrollo no podrán sentirse irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos métodos de explotación. Tendrán que admitir que su desarrollo habrá de hacerse bajo control; llegado el caso, podrá alabarse la virtud del compañerismo" podrán, por ejemplo, transferirse a su territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los países desarrollados. En cualquier caso, habrá que impedir que se organicen para esquivar la vigilancia de las naciones poderosas.

 

   De todas maneras, al igual que existen límites para el crecimiento económico, también los hay para el crecimiento político. Así lo subrayaba Samuel P. Huntington en un Informe para la Comisión trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos tenido que reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento económico. E igualmente, en política, existen unos límites potencialmente deseables para la extensión de la democracia política." [5] Estamos, pues, ante una formulación de alcance mundial del antiguo mesianismo norteamericano. Pero es indispensable señalar lo que esta formulación tiene de esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el concurso no sólo de las naciones más ricas, sino también de las clases ricas de las sociedades pobres. Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad. De lo que se trata, en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, más exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero también de la seguridad de los ricos de todos los países, a quienes se invita a constituir, bajo la dirección de los Estados Unidos, una unión sagrada cuya razón de ser y objetivo es el contener el despegue de la población pobre: "¡Multimillonarios de todos los países, uníos!"

   Así reinterpretada, la doctrina de la contención resurge como el Fénix renace de sus cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto universalista actual de los EE.UU. Europa occidental y Japón están asociados de manera especial a este proyecto a título de cómplices y de objetivos al mismo tiempo.

 

Una élite dominante internacional

 

   La preocupación por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ámbito se dividía en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente demográfica. Esta nueva doctrina exige la utilización de instrumentos de acción eficaces. Estos instrumentos son de orden político, educativo, científico, económico y tecnológico. La libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación será orientada o incluso anulada, y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos programas de investigación definidos por la minoría dominante [6].

   Esta minoría concederá una gran importancia al estudio de los problemas ecológicos, pues de ese modo será posible convencer a los países satélites para que se resignen a la austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" [7]. Esta misma minoría financiará las investigaciones sobre la reproducción, la fecundidad y la demografía, con el fin de desactivar la llamada "bomba P". Las universidades, convertidas en "repetidores", junto con los medios de comunicación, se encargarán de difundir por todo el mundo, dramatizándolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases ricas [8]. El programa de acción será conciso. Se pondrá de relieve la escasez de materias primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos serán presentados como necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la población habrá de calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.

 

   De esta forma se reúnen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a un régimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotación del pueblo norteamericano por una minoría norteamericana [9]. En la actualidad, el pentagonismo se ha universalizado y la minoría dominante se ha internacionalizado. Esta minoría estará constituida por "personas con recursos", que se sentirán halagadas al ser admitidas en grupos "informales", más o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables. Esta minoría se arrogará la misión de regentar el mundo y tendrá bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, ya sean cómplices o utilizados como instrumentos involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No será necesaria la constitución de instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos: una vez que haya adoptado la ideología de la seguridad demográfica, esta "élite" se apresurará a recurrir, con gran aplicación, a la táctica de la infiltración.

 

   Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jurídicos y políticos apropiados. En cuanto una "élite" acepta su propia "colonización ideológica", esta misma "élite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.

 

Del Estado al Imperio totalitario

 

   El imperio que está ahora construyéndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la historia. El fascismo, el nazismo y el comunismo soviético son ejemplos perfectos de totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del yo en todas sus dimensiones: física, psicológica y espiritual [10]. Requiere de los individuos una sumisión perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreación, la familia y la educación a un control muy estricto. Más concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del niño. El Estado totalitario que conocemos en la historia actual se esfuerza, pues, en sustraer al niño de la influencia familiar y le proporciona una educación integral. Este Estado inhibe la capacidad personal de juicio y de decisión; instaura una policía de ideas; culpabiliza y adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideología, organiza el culto del jefe e instituye una nueva religión civil.

   La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en trampolín de un proyecto imperialista. La misión este Estado particular será definida y `legitimada’ mediante la ideología totalitaria. El Estado particular no sólo es conocido, sino enaltecido. Y finalmente, una ideología supuestamente científica precipita en las tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma. El proyecto imperialista y totalitario que está tomando cuerpo ante nuestros ojos incrédulos presenta unas características totalmente asombrosas si se le compara con las que marcaron los sueños imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente tiene de increíble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemonía de un Estado particular. Tampoco es la emanación de una coalición de Estados y, lo que es más, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que está construyéndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima de las fronteras, por la internacional de la riqueza.

 

   Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este imperialismo de clase, nadie sabe quién decide ni quién es responsable. El lenguaje parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es anónimo, impersonal y secreto. El productor del mensaje ideológico está oculto. No cabe, pues, someter el discurso al juicio personal: está listo para el consumo: frío, objetivo e imperativo. Evidentemente, aún cuando estén ocultos, el discurso es producido por sujetos, y éstos lo producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor de la ideología rompiera el secreto que le ampara, no podría seguir reivindicando la impersonalidad y la objetividad puras. La dimensión subjetiva, utilitaria, interesada, hipotética de su discurso se pondría inmediatamente de manifiesto. El alcance supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `científicas’ con que se reviste, aparecerían en seguida como lo que son: un engaño. El productor de ideología debe, pues, guardar el secreto: es omnipresente, pero inaprehensible.

   De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el núcleo del discurso. No existe diálogo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo discurso está, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de engaño de la persona que lo emite. El lenguaje, que debería ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierte en el medio por excelencia de la posesión de los demás. Como el sujeto productor de discursos no dice nunca quién es realmente, todo lo que dice está tachado de disimulo y engaño. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia y la voluntad de los destinatarios de las mismas. Este discurso violenta a las personas que lo reciben, reduciéndolas a la condición de receptáculos pasivos de una verdad venida de fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esotérico. De un saber supuestamente científico, cuya revelación ha sido hecha a sus iniciados, según éstos creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel mesiánico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la felicidad...

 

   Pues ¿qué nuevos territorios quedan todavía por conquistar? Las nuevas fronteras del imperialismo ya no son físicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creación, de salvación y de amor.

   Nos encontramos así, en el nuevo imperialismo, ante la tercera característica del totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya hemos dicho, este nuevo imperialismo está desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradición totalitaria clásica: divulga una ideología donde se encuentra, según ella, el fundamento de su `legitimidad’.

La ideología de la seguridad demográfica

 

   La ideología en cuestión es la ideología de la seguridad demográfica [11]. Según palabras de Marx, la ideología presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede siempre de una falsa conciencia. La ideología esconde siempre los intereses de sus autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideología, no pasan de ser hipotéticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble condición, que corresponde, a su vez, a la doble función que se espera de la ideología. Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideología las verdaderas razones de su propio discurso. La ideología está aquí al servicio de la mala fe del ideólogo. Concretamente, la ideología de la seguridad demográfica es una intelectualización que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso. Por otro lado, esta ideología tiene por función el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las mujeres que se hace abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados’ para que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienación.

   De esta forma, la ideología de la seguridad demográfica significa el inicio de una doble perversión. Del lado de sus autores, engendra la doblez; son ellos las primeras víctimas de la racionalización que confeccionan. Y como le colocan a su construcción ideológica la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcción la luz que podría sacarles de la prisión espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la propia sumisión y les confirma en su alienación. Hasta el presente, nos encontramos ante la más peligrosa ideología imperialista totalitaria que ha conocido el mundo.

¿Una nueva humanidad?

 

   Pero esto no es todo. La perversión esencial de esta ideología, de que son víctimas tanto sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por antífrasis: al mal le llama bien. Se niega la trasgresión de la ley moral; la conciencia individual sólo puede referirse a sí misma o, más exactamente, a los intérpretes autorizados de la trascendencia social que le dicen lo que puede desear o debe querer.

   Esta ideología sirve de fundamento a las instituciones políticas y jurídicas que le sirven. El derecho, por ejemplo, que debería, por definición, aplicar sus esfuerzos a la instauración de la justicia para todos, es objeto de una manipulación ideológica en provecho de la minoría dominante constituida por la internacional de la riqueza. Mas si, como individuos, los miembros de la minoría dominante son generalmente inaprehensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el espíritu que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse fácilmente remontando desde la ideología que produce y desde los destinatarios de la misma.

   El discurso ideológico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo. Empieza afirmándose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios. Este principio es ‘liberador’ se nos dice, porque Dios impide la autonomía del hombre y su felicidad. Así pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta condición, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los iniciados.

   En este nacimiento, el papel de algunos médicos ‘ilustrados’ será determinante y, al mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponderá el denunciar las ‘creencias pasadas’, ‘precientíficas’, así como los ‘tabús’ que acompañan a dichas creencias. Son ellos quienes definirán esta tarea, pero su misión se fundará sobre la afirmación e esos mismos postulados [12]. Necesitan una ideología para ‘legitimar’ su papel, pero son ellos los que definen el contenido de dicha ideología. Los tecnócratas médicos que regentan el nuevo imperio no se avergüenzan de semejante petición de principio. Pretenden que el objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demográfica, pero es el imperativo de la seguridad demográfica el que se supone que funda la `legitimidad’ de la tecnocracia.

 

   Con el apoyo valeroso de los demógrafos, los tecnócratas se disponen a asistir a la humanidad en el parto del ’sentido’ de que su evolución es portadora. Están llamados a ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social más que del individuo [13]. Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida; en penetrar en la política con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la concepción tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensión amorosa y la dimensión procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad la gestión de la vida humana, desde la concepción a la muerte; en proceder, con ello, a una selección rigurosa de los que serán autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que aquí se reactivan con energía y se integran en un cuadro lúgubre y mortífero.

   Y en estos temas predominantemente neomaltusianos vienen a injertarse otros temas maltusianos clásicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no sólo una selección cualitativa; requiere igualmente la determinación de unos límites cuantitativos. "Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificación realmente eficaz de la población mundial es condición indispensable para la supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una trágica desproporción entre los recursos vitales y el crecimiento de la población.

 

Una nueva religión civil

 

   La ideología imperialista pretende ser una ideología de oclusión de toda trascendencia que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente hipotético, en el sentido que ha sido explicado más arriba: es el reflejo de la voluntad de los que lo emiten [14]. Tiene una función utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es útil para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos. No tiene ningún valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresión más reciente de la antigua tradición cientificista, con una formulación orientada en provecho de las ciencias biomédicas. Sólo los métodos de esas ciencias pueden proporcionarnos -se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y sólo estas ciencias pueden aportar al hombre la respuesta a sus interrogantes más radicales.

   Este discurso cientificista ignora toda posible búsqueda filosófica -y con mayor razón teológica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una referencia creadora común a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es inútil considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la fraternidad deja de ser posible y no hay una participación en una existencia recibida de un mismo creador. Sólo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una nueva religión civil ha nacido, un nuevo ateísmo político, un nuevo reino, cuyas divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesión y saber. Los que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que están justificados para ejercer un papel mesiánico. En ellos se encuentra en efecto, tanto la medida de sí mismos como la de los demás.

   Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres. Hay que programarlos física y psicológicamente; hay que planificar su producción y su educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente, y contar con la búsqueda del placer. Pero al mismo tiempo, habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.

 

   Este discurso ideológico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad y la capacidad de acción en las personas, ejerce además la misma influencia en el plano de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente desastrosas. Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demográfico. Junto a esa consideración cuantitativa, se insinuará también, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues, llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien general. El uno y el otro recomiendan que el número de pobres sea calculado en función de la utilidad que representen [15].

   Porque según la ideología que estamos examinando, la utilidad es el criterio único que debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia. ¿Produce o consume bienes? ¿Produce beneficios o placer? Si las respuestas son negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que, de ser útil lo seguirá siendo siempre, el ser humano constituye así una amenaza permanente para la seguridad de sus semejantes.

El panimperialismo totalitario...

 

   Finalmente, y lógicamente, la ideología de la seguridad demográfica tiene por fundamento y término el punto de referencia único de la muerte. La ejecución del niño por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto más cuanto que la materialidad de esta ejecución se realiza de manera furtiva [16]. El niño abortado es la víctima propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi rival, es un obstáculo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la pobreza, el obstáculo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: está de más; hay que suprimirlo.

   Pero no se trata aquí de una violencia de menor cuantía, o de una violencia simbólica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la mitología. El niño muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado para proteger la cohesión de la comunidad humana [17]. Es ejecutado sin que la violencia sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la víctima propiciatoria. El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido que justifica la rebelión contra el Padre. Por lo tanto, el niño al que se mata significa la destrucción del Padre Su ejecución no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha más violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que es más grave, una de las funciones de la ideología es la de disimular esa violencia ilimitada sustrayéndola al control de la razón. Así pues, la legalización del aborto señala la inminencia del retorno de un delirio irracional, disimulado bajo el camuflaje engañoso de una ideología de autoprotección.

 

   La ideología neoimperialista de la seguridad demográfica puede, pues, considerarse bastante cercana de la ideología nazi; es, en realidad, en más de un sentido, una extrapolación de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como un nacional-socialismo, en el neoimperialismo actual los métodos se han refinado. No se trata ya de un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o predominantemente económico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un imperialismo de naturaleza claramente totalitaria. Los ideólogos han hecho un esfuerzo notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideología se ha hecho más importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fenómeno nuevo: el panimperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de los cuerpos.

 

...y "metapolítico"

 

   Y finalmente, como su inspiración directa es la forma más reciente del cientificismo, este panimperialismo es de naturaleza metapolítica: se esfuerza en hacer triunfar una nueva concepción de la vida humana en la que ésta sólo tiene sentido a la luz de la trascendencia social. El panimperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la concepción particular del hombre que está por encima del ámbito de lo político. En nombre de esa antropología, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son necesarias para su poder: políticas, científicas, económicas, informativas, jurídicas, militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como por hipóstasis, hasta los confines de la tierra.

   El Estado totalitario clásico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder está limitado por el poder de los demás Estados. Se encarna en un príncipe (o un gobierno) que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible agresión y, por lo tanto, destruible. Aquí, en cambio, la revolución parece imposible, pues el príncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El imperio metapolítico aspira a una supremacía incondicional e incondicionada; no quiere conocer o reconocer ni iguales ni rivales.

 

   Los medios de comunicación, que tienen una función de información, tienen también, en el marco de este proyecto totalizador, una función de ocultación indispensable. No se toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no serán tomados en serio. La información ha de ser tratada según los intereses de los que la producen y según los gustos de los que la consumen. La colonización de la opinión debe tener efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo único que de verdad importa es la seguridad de los pudientes; los débiles no tienen precio: los ricos pueden, pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.

   Los proyectos de la legalización del aborto no son, en suma, como hemos visto, más que la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.

 


Citas:
[1]. "Between two ages. America’s role in the technotronic era", Harmondsworth, Penguin, 1978. Nuestra exposición de las ideas de Brzezinski sigue muy de cerca esta obra.
[2]. En francés, la "Trilatérale" ha sido estudiada sobre todo en "Le Monde diplomatique". Véase, por ejemplo, de Diana Johnstone: "Les puissances économiques qui soutiennent Carter", no. 272 (noviembre de 1976), pp. 1,13 y ss.; de Jean-Pierre Cot: "Un grand dessein conservateur pour l’Amérique", no. 282 (septiembre de 1977), pp. 2-3; de Pierre Dommergues, "L’essor du conservatisme américain", no. 290 (mayo de 1978), pp. 6-9.
[3]. Cfr. "Halte a la croissance".
[4]. Cfr., más arriba, p. 163.
[5]. Cfr., de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, "The crisis of democracy", Nueva York, New York University Press, 1975, p. 115.
[6]. Cfr. "Between two ages", pp. 9-12 y ss. Comentando las ideas de Brzezinski al respecto, Anthony Arblaster escribe: "It is depressing enough that intellectuals should be willing to accept the roles which Brzezinski foresees for them specialists [...] involved [..] in government undertakings and house ideologues for those in power-. But the subordination of intellectuals to the state and its requirements does not occur only at the individual level. There is a strengthening tendency for the institutions within which [...] most intellectuals now work, also to be shaped according to the particular political priorities of a particular government" ("Ideology and intellectuals", en: Knowledge and belief in politics, de Benewick y otros, pp. 115-129; la cita es de las pp. 123 y s.)
[7]. Alusión a la obra de E.F. Schumacher, "Small is beautiful. Economics as if people mattered", Nueva York, Perennial Library, 1975.
[8]. Cfr. Daniel Bell, "The end of ideology. On the exhaustion of political ideas in the fifties", Nueva York-Londres, Free Press Paperback, 1965.
[9]. Véase, de Juan Bosch, "El pentagonismo, sustituto del imperialismo", Madrid, Crónica de un siglo, 1968, y especialmente: pp. 18-21.
[10]. Sobre el totalitarismo, véase, de Jean-Jacques Walter, "Les machines totalitaires", París, Denoel, 1982; de Igor Chafarevitch, Le phénomene socialiste, París, Seuil, 1977; de Hannah Arendt, The origins of totalitarianism, Nueva York, Meridian Books, 1959.
[11]. Por su postura en materia de demografía, la Iglesia constituye una amenaza para la seguridad nacional de los EE.UU. Ésta es la tesis presentada con gran fuerza por un autor al que difícilmente puede tacharse de excesivo progresismo: Stephen D. Mumford, en: "American democracy & the Vatican. Population growth & national security"", Nueva York, Humanist Press, 1984. Complétese con: "Role of abortion in control of global population growth", de Stephen D. Mumford y Elton Kessel, en: "Clinics in obstetrics and gynaecology", t.13 (marzo de 1986), p. 19-31; sobre Kessel, véase, de L. Weill-Halle, L’avortement de papa, p.53.
[12]. Cfr., más arriba, p. 176.
[13]. Cfr., p. 123.
[14]. Cfr., más arriba, p. 112-118.
[15]. Cfr., pp. 166 y 178-181.
[16]. Cuanto menor es la percepción que de la víctima tiene el verdugo, menor es el control que éste tiene de su agresividad. Cfr., de Stanley Milgram, "Soumission a l’autorité. Un point de vue expérimental", París, Calmann-Lévy, 1984.
[17]. Cfr., de René Girard, "La violence et le sacré", París, Grasset, 1972.

LA MISIÓN SECRETA. DE CUANDO GUILLERMO ROCAFORT ABRAZÓ A ROGER DE FLOR

LA MISIÓN SECRETA. DE CUANDO GUILLERMO ROCAFORT ABRAZÓ A ROGER DE FLOR

Juan V. OLTRA

 

  Leer a Guillermo Rocafort es algo higiénico y necesario. Cuando lo que nos rodea nos embrutece y envilece, cuando no podemos ver películas o leer libros hechos en nuestra piel de toro sin sentir un tanto de vergüenza al ver un reflejo distorsionado, estúpido y mentiroso de lo que somos, lleno de cochambre y humillación, se hace imprescindible ir a una librería y adquirir el último libro de Guillermo Rocafort, lleno de gallardía y de gestas inolvidables pero ¡ah! olvidadas.

 

   Las páginas de las obras de Rocafort rezuman épica, valor, amor a nuestra historia sin contar con leyendas negras... ganas de seguir peleando, pese a quien pese. Y si eso es aplicable a cualquiera de sus novelas, con esta última, La misión secreta, la saga de Roger de Flor junto a los almogávares y los secretos templarios, este juicio que tiene validez general cobra especial fuerza.

   En un prólogo brillante, Luis Togores (casi nadie al aparato, Vicerrector de la Universidad San Pablo - CEU) nos regala la idea de que héroes como los que aparecen en las novelas de Guillermo Rocafort nos devuelven la infancia perdida. Sin atreverme a enmendarle la plana, yo sumaría algo: no solo nos devuelven la infancia, nos devuelven la esperanza. La esperanza de que todo es posible aun cuando solo hay nubes negras a la vista. De que cuando todo está perdido, siempre surge una compañía de almogávares dispuesta a resolver de forma expedita los problemas.

 

   En un mundo de novelas para modistillas y de best sellers putrefactos, en una sociedad donde el tango del maestro Discépolo cobra vida día a día, cuando vemos que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador..., que los ignorantes nos han igualao, se hace necesario que alguien se atreva, rompa, rasgue la bruma del caos y grite a los cuatro vientos el ¡AUR, AUR! almogávar para reclamar que los suyos vayan al combate, a la muerte si es preciso, por un sagrado ideal. Que nade contra corriente. Que en su posición solitaria nos recuerde que los cuervos vuelan en bandada, pero las águilas vuelan solas.

    Situado en una época convulsa, con reyes y mandatarios traidores, los personajes principales del libro van en busca de nuestra complicidad. La lucha contra el poder que estos abanderados de causas perdidas establecen provoca la curiosa simultaneidad en nuestro interior de la rabia contenida y la paz que proporciona el deber cumplido. Nos hacen sentir como almogávares en pleno combate, con la espada humeando al dar al contraste del frío ambiente la sangre del enemigo. Nos cura la arcada infinita que nos provocó tanta protagonista frustrada  que puebla y domina nuestras letras.

 

   No voy a desvelar nada más de este magnífico libro. Deben ustedes comprarlo, sin duda, para sí mismos y para regalarlo estas próximas fiestas. Descubrirán como se puede ver con simpatía a un personaje maldito y linchado por la Historia que deviene en héroe de rasgos sublimes y al tiempo demasiado humanos en las páginas que magistralmente nacen de la pluma de Guillermo Rocafort, más que un joven valor, una promesa cumplida. 

EN DEFENSA DE LOS TOROS

EN DEFENSA DE LOS TOROS

Juan Manuel DE PRADA

 

   Durante siglos, la execración de las corridas de toros, como la execración de la conquista de América, fue lugar común entre los promotores de la llamada «leyenda negra», que en esencia era propaganda anticatólica.

   A los promotores de la «leyenda negra» les gustaba pintar a Moctezuma y Atahualpa como bondadosos salvajes, aunque supiesen que en realidad arrancaban corazones palpitantes y bebían a morro sangre de la carótida de sus víctimas; pero lo que los promotores de la «leyenda negra» combatían, bajo el disfraz roussoniano, era la evangelización de América, que entre otras cosas sirvió para que los indios no compartieran el destino secular de esclavitud que los conquistadores protestantes asignaron a los negros del África.

   Del mismo modo, a los promotores de la «leyenda negra» les gustaba pintar al toro bravo como un animalito dulce que pastaba margaritas y madrigales en un prado, aunque supiesen que en realidad era un animal fiero y embestidor; pero lo que los promotores de la «leyenda negra» combatían, bajo el disfraz bucólico, era la subsistencia de una fiesta católica, «el espectáculo de un pueblo religioso acostumbrado por su sangre a pasearse con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá», que es como muy certeramente definió Agustín de Foxá las corridas de toros.


   Los toros sólo son comprensibles desde el genio católico, que es el único capaz de concebir una religión donde cuerpo y alma vayan juntos de la mano, paseándose con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá. Las religiones paganas (religiones con cuerpo, pero sin alma) crean el deporte; las religiones espiritualistas (religiones con alma, pero sin cuerpo) crean el yoga: unas y otras huyen de la muerte como de un nublado, bien mediante el frenesí corpóreo, bien mediante la sublimación y la ataraxia.

   Pero la religión católica afronta la pujanza de la muerte con gallardía, porque cree en la resurrección de la carne; y por eso el genio católico se toma la muerte muy en serio, tan en serio que la expone a la luz del sol en su cruda realidad dramática -desnudo redondel de arena-, pero a la vez muy en broma, tan en broma que la viste de domingo -trajes de seda y lentejuelas, quiebros de percal-. Los toros son, en fin, una sencilla catequesis con música de clarines; y sólo puede disfrutarlos quien es católico, aun sin saberlo.


   Y, del mismo modo que disfrutar plenamente de la fiesta de los toros sólo puede hacerlo un católico (aunque no sepa que lo es), perseguirla con saña y anhelar su prohibición sólo puede hacerlo un católico vuelto del revés. Al pagano o al espiritualista una corrida de toros le resulta ininteligible, tan ininteligible como al budista o al ateo le resulta el crucifijo que se expone en una pared; para revolverse furiosamente contra los toros, como para revolverse contra un crucifijo, hace falta odiar algo en lo que íntimamente crees, algo que íntimamente entiendes.

   Luego ese odio se puede disfrazar de coartadas ideológicas varias; y así, el que odia el crucifijo se envuelve en la coartada de la libertad religiosa ofendida, como el que odia los toros se envuelve en la coartada animalista.

   Ahora hay quienes, para contrarrestar ese odio disfrazado de coartadas ideológicas, defienden los toros recurriendo asimismo a la coartada ideológica, y nos recuerdan que los toros también les gustaban a Picasso o a Companys (quienes, a su pesar o sin saberlo, eran católicos); pero la defensa que de ahí salga será una adulteración de la fiesta nacional, y las plazas que sigan abiertas gracias a esa defensa serán -como anticipó Foxá- «estadios de cemento, con altavoces y alegres anuncios de naranjadas sobre la puerta del toril, por donde antes salía la Muerte».

   O sea, el antiguo rito de un pueblo acostumbrado a pasearse con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá convertido en un espectáculo en technicolor para horteras.

SOBERANÍA NACIONAL: 1845 - 2009

SOBERANÍA NACIONAL: 1845 - 2009

Mario MENEGHINI

 

   Recordamos hoy el combate de la Vuelta de Obligado que se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, al norte de la provincia de Buenos Aires. Se enfrentaron la Confederación Argentina, liderada por el general  Rosas y las naves de la alianza anglo-francesa, cuya intervención se realizó con el pretexto de  intervenir en  las disputas entre Buenos Aires y Montevideo.

   Con el desarrollo de la navegación a vapor ocurrido en la tercera década del siglo XIX, grandes barcos podían navegar los ríos en contra de la corriente. Este avance tecnológico impulsó a los gobiernos británicos y franceses que, desde entonces, siendo las superpotencias de esa época, exigían que se les permitiera el libre tránsito de sus naves por el Plata y los ríos interiores.

   En el año 1811, poco después de la Revolución de Mayo, Hipólito Vieytes había recorrido la costa del  Paraná buscando un lugar en donde poder montar una defensa contra un hipotético ataque de naves realistas. Para este propósito consideró al recodo de la Vuelta de Obligado como el sitio ideal, por sus altas barrancas y la curva pronunciada que obligaba a las naves a recostarse para pasar por allí. Rosas estaba al tanto de sus anotaciones, y es por ello que decidió preparar las defensas en dicho sitio. Buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre; estos navíos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época, impulsados tanto a vela como con motores a vapor. Una parte de ellos estaban parcialmente blindados, y todos dotados de grandes piezas de artillería forjadas en hierro y de rápida recarga y cohetes a la Congrève, que nunca se habían utilizado en esta región.

   El general Mansilla hizo tender tres gruesas cadenas de costa a costa, sobre 24 lanchones. Después de varias horas de lucha,  los europeos consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria. Tras varios meses de haber partido, las naves agresoras debieron regresar a Montevideo "diezmados por el hambre, el fuego, el escorbuto y el desaliento", de modo que la victoria anglofrancesa resultó pírrica; al respecto había escrito el general San Martín  desde Francia:

"Los interventores habrían visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca. (...) Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España".

 

   Este combate - pese a ser una derrota táctica - dio como resultado la victoria diplomática y militar de la Confederación Argentina, la resistencia opuesta por el gobierno argentino obligó a los invasores a aceptar la soberanía argentina sobre los ríos interiores. Gran Bretaña, con el Tratado Arana-Southern, y Francia, con el Tratado Arana-Lepredour, concluyeron definitivamente este conflicto.

   En un gesto evidente del triunfo argentino, el 27 de febrero de 1850, el contraalmirante Reynolds, por orden de Su Majestad Británica, izó la bandera argentina al tope del mastil de la fragata Southampton,  y le rindió honores con 21 cañonazos.

   A pedido del historiador José María Rosa, se promulgó la ley 20.770 que declara el 20 de noviembre "Día de la Soberanía Nacional", a modo de homenaje permanente a quienes defendieron con valentía y eficiencia los derechos argentinos.

 

   Es importante reflexionar hoy sobre el tema de la soberanía, en un momento de profunda crisis en el país. Hoy existe en la Argentina, como nunca antes, un desaliento generalizado sobre su destino; cunde un clima de descontento, de protesta, una especie de atomización social. Estos síntomas evidencian que está debilitada la concordia, factor imprescindible para que exista una nación en plenitud.

 

   El primer tópico a analizar es la relación entre los conceptos de nación y estado. La nación es una forma típica de comunidad, o sea, un grupo humano que no se ha formado deliberadamente, y que surge históricamente como vínculo espiritual entre personas que poseen una serie de factores comunes. No es una persona moral, ni puede organizarse. De allí el error de definir al Estado como una nación jurídicamente organizada, metamorfosis sostenida por los teóricos de la Revolución Francesa. De esta confusión surge el Estado jacobino, que también confunde los conceptos de soberanía nacional y soberanía popular.

   En realidad, la nación es algo no político, y según la experiencia histórica puede convivir con otras dentro de un mismo Estado, así como puede extenderse más allá de las fronteras de dicho Estado. Mientras el Estado es un ente de existencia necesaria para la convivencia humana; la nación está condicionada históricamente.

 

   El segundo tópico a considerar es el peligro que creen advertir muchos de que, en esta época signada por la globalización,  el estado sufra una disminución o pérdida total de su soberanía. Para ello, debemos precisar el concepto mismo de soberanía, que es la cualidad del poder estatal que consiste en ser supremo en un territorio determinado, y no depender de otra normatividad superior. No es susceptible de grados; existe o no. Por lo tanto, carece de sentido mencionar la "disminución de soberanía" de los Estados contemporáneos.

   Lo que puede disminuirse o incrementarse es el poder propiamente dicho, es decir, la capacidad efectiva de hacer cosas, de resolver problemas e influir en la realidad. El hecho de que un Estado acepte, por ejemplo, delegar atribuciones propias en un organismo supraestatal -como el Mercosur-, no afecta su soberanía, pues, precisamente, adopta dichas decisiones en virtud de su carácter de ente soberano.

 

   Habiendo analizado los aspectos conceptuales de la cuestión, podemos ahora encararla con referencia a nuestro Estado. No cabe duda que la globalización implica un riesgo muy concreto de que disminuya en forma alarmante el grado de independencia que puede exhibir un país en vías de desarrollo. Ningún país es hoy enteramente libre para definir sus políticas, ni siquiera las de orden interno, a diferencia de otras épocas históricas en que los países podían desenvolverse con un grado considerable de independencia. Entendiendo por independencia la capacidad de un Estado de decidir y obrar por sí mismo, sin subordinación a otro Estado o actor externo; la posibilidad de dicha independencia variará según las características del país respectivo y de la capacidad y energía que demuestre su gobierno. Pues, más allá de las pretensiones de los ideólogos de la globalización, lo cierto es que el Estado continúa manteniendo su rol en nuestros días. En varios países europeos el Estado maneja más de la mitad del gasto nacional, y no es consistente, por lo tanto, afirmar que los políticos son simples agentes del mercado. Es claro que ello exige fortalecer el Estado, que sigue siendo el único instrumento de que dispone la sociedad para su ordenamiento interno y su defensa exterior.

 

   La situación internacional, vista sin anteojeras ideológicas ofrece, - en especial desde 1989- posibilidades de actuación autonómica aún a los países pequeños y medianos. Por cierto, que para poder aprovechar las circunstancias, es necesario que los gobernantes sepan distinguir los factores condicionantes de la realidad, de los llamados "factores determinantes" de la política exterior; estos son los hombres concretos que deciden en los Estados, procurando mantener su independencia.

   El economista Aldo Ferrer ha aportado un concepto interesante, el de "densidad nacional", que expresa el conjunto de circunstancias que determinan la calidad de las respuestas de cada nación a los desafíos y oportunidades de la globalización. Atribuye dicho autor a la baja densidad nacional, la causa de los problemas argentinos.

   Desde nuestra perspectiva no deben ser motivo de preocupación los cambios de tamaño, forma y funciones del Estado, mientras cumpla su finalidad esencial de gerente del Bien  Común.

 

   Resumiendo lo expresado, consideramos que el mundo contemporáneo permite conservar cuotas significativas de independencia, siempre que exista una estrategia que seleccione el método de análisis y de elaboración de planes, apto para resolver los problemas gubernamentales.

   Si es correcto el análisis, la prioridad absoluta consiste en restaurar el Estado, y procurar que actúe eficazmente al servicio del bien común.

 

   Lamentablemente, tropezamos con un generalizado abstensionismo cívico. Nos parece que, si a la política se la sigue considerando la cenicienta del espíritu -en expresión de Irazusta-, seguirá careciendo el país de suficientes políticos aptos en el servicio a la comunidad. No puede extrañar que esta actividad genere recelos, pues es la función social más susceptible a la miseria humana, la que exacerba en mayor medida las pasiones y debilidades. Pero la situación actual en nuestro país es, y desde hace mucho tiempo, verdaderamente patológica; la mayoría de los buenos ciudadanos, comenzando por los más inteligentes y preparados, abandonan deliberadamente la acción política a los menos aptos y más corruptos de la sociedad, salvo honrosas excepciones.

 

   Explica Marcelo Sánchez Sorondo que: al ocurrir la vacancia del Estado por el ilegítimo divorcio entre al Poder y los mejores, en la confusión de la juerga aprovechan para colarse al Poder los reptiles inmundos que, denuncia Platón, siempre andan por la vecindad de la política, como andan los mercaderes junto al Templo. Se ha llegado a esta situación por un progresivo y generalizado aburguesamiento de los ciudadanos, de acuerdo a la definición hegeliana del burgués, como el hombre que no quiere abandonar la esfera sin riesgos de la vida privada apolítica.

 

   Un proyecto nacional puede contribuir, a compatibilizar la inevitable integración del país con los demás países, y la preservación de la propia identidad cultural. Entonces, un proyecto nacional deberá estar basado en las raíces históricas del pueblo argentino. La definición más común de la patria, indica que es "la tierra de los padres". No es sólo un territorio, es una geografía permeada por siglos de asentamiento de una comunidad determinada. Curiosamente, todos las propuestas de proyecto nacional que se han publicado en el país, reconocen el pasado de la nación argentina, que se distingue por una cultura, una lengua y una religión. Dicha cultura tiene su origen en Grecia y Roma, y nos llegó a través de España, junto con el cristianismo.

   La fidelidad a esos valores, estaba presente en los hombres que forjaron la patria. Incluso cuando se produjo la emancipación, la ruptura política no significó renegar de la tradición, de la herencia recibida. Los argentinos de hoy no tenemos derecho a traicionar esa herencia. Pese a tantos problemas y desencantos, debemos decir, parafraseando a un poeta español: quiero a mi patria, por no me gusta como es hoy. Nuestro amor a la patria, no debe ser una complacencia sensible, no solamente un sentimentalismo de discurso escolar, sino conciencia de la realidad de esta patria y de este pueblo. De este pueblo que quiere seguir siendo fiel a la herencia que  le están arrebatando tantos aventureros y delincuentes.

 

   Quien es considerado, con justicia, el Padre de la Patria  -San Martín-, fue combatido y obligado al exilio por aquellos que renegaban del pasado de la patria. Que negaban  la tradición hispánica, pues preferían los postulados masónicos de la Revolución Francesa. Aun desde Europa, San Martín continuó hasta su muerte preocupándose por el cuerpo y el alma de la Argentina. En varias de sus cartas aboga por una mano firme que ponga orden en la patria. Cuando esa mano firme enfrenta al invasor extranjero, en la Vuelta de Obligado, San Martín redacta su testamento, disponiendo:

"El sable que me ha acompañado en la independencia de América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido de ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla."

 

   Los argentinos que vivimos hoy en esta patria, la recibimos como herencia del pasado y debemos transmitirla a las generaciones futuras. Es algo que tenemos en custodia, no nos pertenece. No la podemos vender, ni mucho menos regalar.

   Nunca es más grande y fuerte un pueblo que cuando hunde sus raíces en el pasado. Cuando recuerda y honra a sus antepasados. Por eso, debemos mirar hacia ese pasado y recordar el ejemplo de los héroes nacionales, para pensar después en el presente; para pensar en el presente sin desanimarnos, a pesar de todo. Para que, aunque parezcamos una patria y un pueblo de vencidos, no seamos vencidos en nuestra alma, no seamos vencidos en nuestro espíritu, en nuestra manera de pensar, en nuestro compromiso de argentinos.

   Frente a la decadencia actual de la Argentina, la peor tentación, mucho peor que la derrota exterior, es la tentación de la derrota interior. La tentación del desaliento, la tentación de la desesperación, la tentación de pensar que no hay nada que hacer. La tentación de rendirnos.

 

   La cultura de un pueblo se mantiene vigorosa, cuando defiende sus tradiciones, sin perjuicio de una lenta maduración. La identidad nacional se deforma cuando se corrompe la cultura y se aleja de la tradición, traicionando sus raíces. La nación es una comunidad unificada por la cultura, que nos da una misma concepción del mundo, la misma escala de valores. La nacionalidad es tener:

                                     glorias comunes en el pasado;

                                     voluntad común en el presente;

                                     aspiraciones comunes para el futuro.

 

   Quienes pretenden, por ejemplo, suprimir del calendario el Día de la Raza, instituido por el Presidente Irigoyen, amenazan con dejarnos sin filiación, sin comprender que la raza, en este caso, no es un concepto biológico, sino espiritual. Constituye una suma de imponderables que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por nuestro origen y nuestro destino. Ese sentido de raza es el que nos aparta de caer en el remedo de otras comunidades, cuyas esencias son extrañas a la nuestra. Para nosotros, la raza constituye un sello personal inconfundible; es un estilo de vida.

 

   La identidad nacional, está marcada por la filiación de un pueblo. El pueblo argentino es el resultado de un mestizaje, la nación argentina no es europea ni indígena. Es el fruto de la simbiosis de la civilización grecolatina, heredada de España, con las características étnicas y geográficas del continente americano. Lo que caracteriza una cultura es la lengua, en nuestro caso el castellano. Los unitarios consideraban a este un idioma muerto, pues no era la lengua del progreso, y preferían el inglés o el francés.

   Dos siglos después, muchos argentinos manifiestan los mismos síntomas del complejo de inferioridad. Muchos jóvenes caen en la emigración ontológica; en efecto, se van a otros países, creyendo que van a poder ser en otra parte. Olvidan la expresión sanmartiniana: serás lo que debas ser, sino no serás nada.

 

   En esta hora, resulta evidente que solo podrán resistir los embates de la globalización y conservar su independencia, los Estados que se afiancen en sus propias raíces, y mantengan su identidad nacional. El ex-Presidente Avellaneda, en un discurso famoso sostuvo que: los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos; y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir.

   Únicamente procediendo así podremos conmemorar, sin incurrir en hipocresía, La Vuelta de Obligado.

 

          ________________________________________________________

Fuentes:

 

Bidart Campos, Germán José. "Doctrina del Estado Democrático"; Buenos Aires, Jurídicas Europa-América, 1961.

Ferrer. Aldo. "La densidad nacional"; Buenos Aires, Capital Intelectual, 2004.

Mahieu, Jaime María de. "El Estado Comunitario"; Buenos Aires, Arayú, 1962.

Meneghini, Mario. "Identidad nacional y el bien común argentino"; Córdoba, Centro de Estudios Cívicos, 2009.

Rosa, José María. "Historia Argentina"; Buenos Aires, Editor Juan Granda, 1965, Tomo V.

JUAN LUIS CEBRIÁN. ESTUDIOS UNIVERSITARIOS Y COMIENZO DE SU ETAPA PROFESIONAL

JUAN LUIS CEBRIÁN. ESTUDIOS UNIVERSITARIOS Y COMIENZO DE SU ETAPA PROFESIONAL

José Martín BROCOS

 

   1º) Estudios Universitarios.

 

   Hay 2 biografías, accesibles por red, sobre Juan Luis Cebrián Echarri. En Wikipedia (1) y en Buscabiografías (2).

   Acerca de sus estudios académicos, en Wikipedia aparece:

 

En 1963, se graduó en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, en la que entró a los 15 años de edad. Con 19 años, [SERÍA EN 1964. FECHA NACIMIENTO: 30.X.1944 (Lo subrayado es comentario propio)] ya con dos carreras acabadas, entró a trabajar como redactor jefe en Pueblo...

 

   Acerca de sus estudios académicos, en Buscabiografías aparece:

Cursó estudios de Filosofía y Humanidades en la Universidad Complutense de Madrid y se graduó por la Escuela Oficial de Periodismo en 1963. Fue becado por la Fundación Juan March, en Francia y Gran Bretaña. En 1964, ingresó en el diario Pueblo...

 

   Resumiendo, según Wikipedia, Juan Luis Cebrián sería licenciado en dos carreras, la primera sería Periodismo, y la segunda, en ningún momento nos lo escriben. Según Buscabiografías, cursa estudios de Filosofía, de Humanidades, y se gradúa en la Escuela Oficial de Periodismo. En las dos biografías coinciden en que al finalizar sus estudios entró a trabajar en el diario Pueblo, según Wikipedia, como redactor jefe.

   Hay varias incongruencias en esta parte académica de ambas biografías de Juan Luis Cebrián. Con el plan de enseñanza de Jesús Rubio García-Mina, el vigente entonces cuando comenzó estudios Juan Luis Cebrián, se empezaba el Bachillerato a los 10 años, tras superar el examen de ingreso en Bachillerato, la reválida de 4º de Bachillerato (con 14 años), la reválida de 6º de Bachillerato (16 años), y el último curso, a los 17 años, siempre superando curso por año como estaba establecido, el PREU, que daba acceso al año siguiente a la Universidad, pues el denominado "Examen de Estado" ya no estaba por esos años vigente, estudios universitarios que comenzabas con 18 años si los cumplías antes de octubre, y con 17 años si los cumplías de octubre a diciembre. Teniendo presente lo anterior, Cebrián empezaría los estudios universitarios, siempre y cuando aprobase curso por año, y se decidiese por seguir estudiando en la Universidad, en octubre de 1962. Y tenemos, coincidencia en las dos biografías, Wikipedia y Buscabiografías, que se gradúa en la Escuela Oficial de Periodismo en 1963.

 

   Juan Luis Cebrián nunca se licenció en Periodismo, por una razón evidente y es que cuando finalizó los citados estudios éstos no eran considerados a nivel universitario. Los estudios de Periodismo con categoría universitaria de licenciatura se implantaron en España en 1971 (3). Hay una comunicación presentada en el II Congreso de Periodismo Especializado en la que se analiza los planes de estudio y la génesis (4).

   Los estudios de la Escuela Oficial de Periodismo no eran estudios universitarios. Las antiguas Escuelas Oficiales de Periodismo eran consideradas, en su tiempo, una especie de Formación Profesional, paralela al Bachiller Superior, con formación generalista en Humanidades y específica de conocimientos que se necesitaban para trabajar en un periódico: imprenta, litografía, dibujo, grabado... En su comienzo, hasta mediados de la década de los 50, para el ingreso en las Escuelas Oficiales de Periodismo no se exigía tener el Bachiller completo, sí por lo menos hasta la reválida de 4º, y eran estudios de 3 años, aunque ciertamente con un exigente examen de ingreso en el que había más alumnos deseosos de entrar que plazas. En la década de los 60, -no he podido concretar el año exacto, pues parece que hubo unos años de concurrencia-, para su ingreso se exigía ser Bachiller, esto es, tener aprobada la reválida de 6º, aunque todavía admitieron algún escolar con la reválida de 4º de Bachiller, pero en ningún caso se exigía el denominado PREU -obligatorio para acceder a la Universidad-, y el plan de estudios de estas Escuelas Oficiales de Periodismo se incrementó un año, pasando a 4 años. A partir de 1970, y en vistas a convertir estos estudios en universitarios, empezaron a exigir en las Escuelas Oficiales de Periodismo el PREU.

 

   Juan Luis Cebrián accedió a la Escuela Oficial de Periodismo, en el mejor de los casos posibles y siempre y cuando hubiese superado curso por año, tras superar 6º de Bachiller y la reválida, por lo que ingresaría en el curso académico 1960-1961, y finalizó estudios en 1963, siempre sin realizar el PREU, algo exigido para acceder a la Universidad, pero no exigido para los estudios de la Escuela Oficial de Periodismo. Entonces todavía eran 3 años de estudio los exigidos en la dicha Escuela. Ahora bien, si hacemos caso a Wikipedia, "entró [en la Escuela Oficial de Periodismo] a los 15 años de edad", entraría bien tras superar la reválida de 4º de Bachiller, o bien al siguiente año, pero siempre sin haber culminado el Bachiller.

   Si hubiese cursado el PREU, éste lo hubiese realizado en el curso académico 1960-1961, con lo que resulta imposible que superase los 3 años conducentes al título en la Escuela Oficial de Periodismo para finalizar éstos en 1963.

 

   Una vez implantada la carrera de periodismo en la Universidad, 1971 (5), se les asimiló automáticamente a los antiguos titulados por las antiguas Escuelas de Periodismo, a licenciados. Una medida que se tomó en su momento, en cierto modo endogámica y para salvaguardar el prestigio y los puestos profesionales de los periodistas entonces activos. Es entonces cuando Juan Luis Cebrián, tras 3 años de estudio en la antigua Escuela Oficial de Periodismo, y habiendo accedido a estos estudios, presuntamente con el Bachiller finalizado (6º), aunque también cabe la posibilidad que hubiese accedido sin finalizarlo, pero en cualquier caso sin el PREU (con posterioridad tras la reforma de Villar Palasí denominado COU), puede considerarse licenciado (asimilado a licenciado). De aquí se deduce claramente que accedió a la licenciatura a través de una asimilación y no por haber realizado estudios universitarios, que entonces no existían en la rama de periodismo.

 

   En Buscabiografías aparece que:

 

Cursó estudios de Filosofía y Humanidades en la Universidad Complutense de Madrid.

 

   Partimos entonces del hecho que finalizado 6º de Bachiller, realizó en algún momento, en un año académico, ¿?, el PREU.

   De Humanidades es imposible que hubiese cursado estudios conducentes a una titulación universitaria, puesto que la licenciatura de Humanidades se creo en España por R.D 913/1992, y los primeros licenciados salieron en el año 1997. Acerca de los estudios de Filosofía, afirma el propio Cebrián, que en un libro-entrevista (6), de preguntas-respuestas:

           

... Quería ser cura de los de la Teología de la Liberación. Se lo dije a mis padres. Por eso estudié filosofía pura. Como mi intención era hacerme cura, pensaba que con los estudios de filosofía tendría ya mucho ganado. No acabé filosofía. Me quedé en cuarto y a partir de entonces me enderecé hacia el periodismo...(7)

 

   Es el propio Cebrián el que, según sus propias declaraciones, plasmadas por escrito en el citado libro-entrevista autorizado y revisado, afirma que no finalizó estudios de Filosofía. Con todo, este texto nos plantea dos interrogantes:

 

     1º) Afirma que primero comenzó estudios universitarios de Filosofía y después derivó su carrera profesional hacia el periodismo... No cuadran los años con lo anteriormente expuesto.

     2º) ¿En qué años estudió filosofía? Está claro en la biografía de Cebrián, diferentes fuentes, que en 1964 pasó a dirigir Pueblo.

 

   En la misma entrevista, podemos leer que:

 

Yo estaba estudiando filosofía y pude estudiar el marxismo desde la crítica católica. Leí mucho sobre el marxismo desde esa óptica crítica. Eran los tiempos del debate entre marxismo y cristianismo. Me interesaba mucho el tema de la "alienación". Pero enseguida me puse a trabajar. Conseguí una beca y viajé por Europa. Estuve en París y Londres. Era aún antes de la revolución del sesenta y ocho y aquello...(8)

 

   Referente a esta estancia como becario en París y Londres, en Buscabiografías, aparece que:

 

Fue becado por la Fundación Juan March, en Francia y Gran Bretaña.

 

   En ningún momento indica que era una beca de estudios, sino como declara el propio Cebrián: "conseguí una beca y viajé por Europa". No era por tanto una beca de ampliación de estudios, becas que antaño estaban destinadas no sólo para los mejores expedientes, sino exclusivamente para estudios doctorales o posdoctorales, no para estudiantes que estaban cursando una licenciatura. Por otro lado, su estancia de viaje en el extranjero no debió superar las 3-5 semanas, y debió coincidir con su primer año de trabajo en Pueblo, pues como testimonia Cebrián

 

salir de la España cavernícola de entonces y conocer la Europa progresista y democrática marcaba mucho. Por eso cuando yo volví, con menos de veinte años, y regresé a mi trabajo en el periodismo, en Pueblo, con Emilio Romero y Jesús de la Serna, que fue cuando tú me conociste, yo pasaba como un enfant terrible de la profesión, como sabes. Pero era sólo porque había estudiado en la Universidad, conocía idiomas y había salido fuera. Los periodistas de entonces, en su mayoría, o no tenían formación o eran puramente patrióticos o gente de noche. (9)

 

   ¿Cómo consiguió la mencionada beca de viaje? Quizá, lo mismo que su acceso a la Escuela Oficial de Periodismo, pueda explicarse por la influencia paterna ya que:

 

Mi padre era falangista y dirigía el periódico Arriba, el periódico de la Falange. (10)

 

   De todo lo anterior y expuestas las contradicciones, tengo dudas razonables no sólo sobre estos estudios universitarios iniciados, y no finalizados, según el propio testimonio de Juan Luis Cebrián, sino sobre su misma estancia en la Universidad, y si realmente llegó a empezar la licenciatura de Filosofía en la Universidad Central; e incluso sobre la finalización de sus estudios de Bachiller y la realización del PREU.

 

   2º) Comienzo de su etapa Profesional. Ascensión meteórica de la nada a Redactor Jefe del Diario Pueblo y a Director Adjunto de Informaciones.

 

   No resulta fácilmente explicable el hecho de que un recién titulado en unos estudios, que no licenciado, entre como Redactor Jefe de un diario, el diario Pueblo. Quizá pueda explicarse por la ya mencionada "influencia paterna".

   De ahí en 1968, no siendo nadie en el mundo de la comunicación, pasa nada menos que a dirigir el diario Informaciones. Existe un valiosísimo testimonio escrito (11), publicado, sobre este hecho [el subrayado es mío]:

 

Antes de mi salida de Banesto, en una de las reuniones periódicas que celebrábamos en casa de Bérgamo, "los martes de Bérgamo" como decíamos entonces, Víctor de la Serna propuso el nombramiento de Juan Luis Cebrián, al que no conocíamos ninguno de los asistentes, como director adjunto del periódico. Se trataba de un joven periodista que mantenía una excelente relación con Jesús de la Serna, quien se veía desbordado en sus tareas. La pregunta de los banqueros fue inevitable: "Pero este señor, ¿se identifica con las ideas que nos han llevado a sacar otra vez este periódico?". Quedaron en que yo hablara con el interesado, para lo que tuvo lugar un almuerzo en el hotel Suecia, al que acudí con Víctor de la Serna. Apareció entonces ante nosotros un joven de aspecto macilento, que delataba cierta agitación mientras se mostraba dogmático al exponer sus puntos de vista, lo que hacía con un lenguaje precario e indeciso. Víctor centró con oportunidad y sin rodeos el carácter del periódico y pudimos comprobar la identificación incondicional del aspirante con los principios que habían inspirado la resurrección del Informaciones. Incluso me pareció que llegaba a excederse un punto al proclamar las excelencias de la economía de mercado y la función social que correspondía a las entidades de crédito. A fin de cuentas, aquello era el motivo principal de la conversación, lo que acotaba mi competencia en el trance, por lo que en el siguiente "martes de Bérgamo" informé favorablemente de los criterios que con tanta convicción había expuesto durante el almuerzo el pretendiente a formar parte del periódico.

Más tarde, cuando decidí poner mi granito de arena para que la transición política se ajustara a propósitos de reforma y no de ruptura, se me ocurrió la idea de trasladarme a Londres y mantener con Manuel Fraga una larga conversación mientras paseábamos muy de mañana por el Hyde Park. Propuse a Jesús y a Víctor de la Serna que una persona cualificada del periódico, acompañada de un fotógrafo, se trasladase a Inglaterra para redactar un reportaje con la entrevista que yo me proponía mantener con el embajador. Aspiraba a que Fraga dejara constancia de su propósito irrevocable que a la muerte de Franco se instaurase en España una verdadera democracia. El periodista designado fue Juan Luis Cebrián, que con un fotógrafo de la casa nos acompañó durante más de dos horas en nuestro peripatético coloquio por el parque. Pero su trabajo resultó un remedo del parto de los montes. Era tan pobre de concepto y tan alejado de la realidad que, con rigurosa sujeción a lo que había sucedido en la mañana londinense, rehice de cabo a rabo el reportaje, que ocupó cuatro páginas del periódico, aunque, como es lógico, atribuyese su autoría a Juan Luis Cebrián, de lo que ha quedado constancia en las hemerotecas.(12)

               

   Años más tarde sería elegido por Jesús Polanco, director de El País, frente a los consejos de sus más cercanos. [El subrayado es mío]

 

En El País, después de las incertidumbres iniciales, ya empezaban a calentar motores. Se especulaba sobre quién iba a ser el director del periódico, y un buen día Jesús Polanco me expuso sus dudas sobre la opción más conveniente en torno a dos candidatos: Miguel Delibes y Juan Luis Cebrián. Me pronuncié más o menos en estos términos: "Delibes es un formidable escritor, pero desconozco su capacidad para dirigir un periódico. A su vez, Juan Luis escribe mal y habla peor, lo que se nota a la legua, a pesar de su constante esfuerzo para disimular sus limitaciones literarias...(13)

 

 


 

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Luis_Cebri%C3%A1n

(2) http://www.buscabiografias.com/cgi-bin/verbio.cgi?id=8032

(3) "Decreto 2070/1971 del Ministerio de Educación y Ciencia, de 13 de agosto, por el que se regulan los estudios de Periodismo y demás medios de comunicación social en la Universidad". BOE, 14 de septiembre de 1971

(4) Nieto Hernández, Juan Carlos (2004), "El periodismo especializado en los planes de estudio de las Universidades españolas en 2003-2004", en Sanz Establés, Carlos; Sotelo González, Joaquín; Rubio Moraga, Ángel (Coords.), Prensa y Periodismo Especializado II, Guadalajara, Editores del henares, págs. 161-171.

(5) Vid. nota 3.

(6) Juan Arias, Juan Luis Cebrián, una mirada diferente, Madrid, Maeva, 2003, 159 págs.

(7) Juan Arias, Op. cit., pág. 17.

(8) Ibidem, pág. 18.

(9) Ibidem, pág. 18.

(10) Ibidem, pág. 19.

(11) Rafael Pérez Escobar, Memorias, Tres Cantos (Madrid), Foca, 2005, 634 págs.

(12) Rafael Pérez Escobar, Memorias, Tres Cantos (Madrid), Foca, 2005, págs. 131-132.

(13) Ibidem, pág. 133.

LOS CAMPOS DE LA MUERTE DE EISENHOWER: EL ÚLTIMO SECRETO SUCIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

LOS CAMPOS DE LA MUERTE DE EISENHOWER: EL ÚLTIMO SECRETO SUCIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

James BACKE

Llámelo crueldad, llámelo represalias, llámelo una política de hostil negligencia: un millón de alemanes capturados como prisioneros por los ejércitos de Eisenhower murieron en cautiverio después de rendirse.

 

   En la Primavera de 1945, el III Reich de Adolf Hittler estaba a punto del colapso, atrapado entre el Ejército Rojo avanzando desde el este hacia Berlín y los ejércitos norteamericanos, británicos y canadienses, bajo el comando total del General Dwight David Eisenhower, moviéndose desde el oeste a lo largo del río Rhin. Desde el desembarco del día D en Normandía, el pasado junio, los aliados occidentales habían recapturado Francia y los Países Bajos y algunos Comandantes de la Wehrmacht estaban tratando de negociar las rendiciones locales. Otras unidades, sin embargo, continuaban obedeciendo las órdenes de Hitler de luchar hasta el último hombre. La mayoría de los sistemas, incluyendo el transporte, habían colapsado y los civiles huían en pánico, de los rusos que avanzaban a lo largo.
  

   "Hambrientos y atemorizados, yaciendo en terrenos de cultivos, a 15 metros de nosotros, esperando el momento apropiado para saltar con sus manos alzadas": Así es como el Capitán H. F. McCullough del 2º Regimiento anti-tanques de la 2ª División Canadiense, describe el caos de la rendición alemana al final de la Segunda Guerra Mundial.
   En un día y medio, de acuerdo con el Mariscal de Campo Bernard Montgomery, 500.000 alemanes se rindieron a su 21º Grupo de Ejército en el norte de Alemania. Poco después del día V-E - el 8 de mayo de 1945- los británicos y canadienses capturaron a más de dos millones de alemanes. Virtualmente casi nada del tratamiento que les fue dado, sobrevive en los archivos en Ottawa o en Londres, sólo algunas escasas evidencias del Comité Internacional de la Cruz Roja, los ejércitos involucrados y los relatos de los prisioneros mismos que indican que la mayoría continuaron con buena salud. En todo caso, la mayoría fueron pronto liberados y enviados a casa, o fueron transferidos a Francia para ayudar en el trabajo de reconstrucción de post-guerra. (El ejército francés había capturado poco menos de 300.000 prisioneros.)
Tal como los británicos y canadienses, los norteamericanos se enfrentaron con un sorprendente número de soldados alemanes rendidos. La cuenta final de prisioneros capturados por el ejército norteamericano en Europa (excluyendo Italia y el Norte de África) fue de 5,25 millones. Pero los norteamericanos respondieron en forma diferente.
Entre los primeros cautivos en manos de EEUU había uno, el Cabo Helmut Liebich, que había trabajado en un grupo anti-aéreo experimental en Peenemunde en el Báltico. Liebich fue capturado por los norteamericanos el 17 de abril, cerca de Gotha en el centro de Alemania. Cuarenta y dos años después, recuerda perfectamente que no habían tiendas de campaña en el Campo Gotha, tan sólo un cerco de alambres de púas alrededor de un campo que pronto se transformó en un barrial.

   Los prisioneros recibían una pequeña ración de alimentos el primer día, pero fue reducida a la mitad. Para obtener la ración fueron forzados correr una manga. Agachados debían correr entre los guardias norteamericanos, que les golpeaban con palos mientras se movían hacia el alimento. El 17 de abril, fueron transferidos al campo norteamericano Heidesheim más hacia el oeste, donde no hubo alimentos durante días; luego muy pocos.
   Al aire libre, hambrientos y sedientos los hombres comenzaron a morir. Liebich vio sacar a entre 10 y 30 cuerpos cada día desde su sección, la "B", que al principio tenía alrededor de 5200 hombres. Vio a un prisionero golpear a otro hasta la muerte para obtener su pequeño trozo de pan. Una noche, mientras llovía, Liebich vio a los costados del agujero donde estaban refugiados, agujeros cavados en la blanda tierra arenosa, colapsar sobre los hombres que estaban muy débiles para luchar por salir. Se ahogaban antes de lograr sacarlos. Liebich se sienta y comienza a llorar: "Me es muy difícil creer que los hombres puedan ser tan crueles unos con otros"

 

   El tifus estalló en el Campo Heidesheim aproximadamente desde principios de mayo. Cinco días después del día V-E, el 13 de mayo, Liebich fue transferido a otro campo norteamericano de prisioneros, a Bingen Rüdesheim en Rhineland cerca de Bad Kreusnach, donde se le dijo que había una gran cantidad de prisioneros, algo así como entre 200.000 y 400.000, todos ellos sin algo para cobijarse, sin alimentos, sin agua, ni medicinas o suficiente espacio.
   Pronto se sintió enfermo con disentería y tifus. Fue transferido nuevamente, semi inconciente y delirando, en carros de ferrocarril sin techos hacia el nororiente bajando el Rhine, con un desvío a través de Holanda, donde los holandeses se apostaban sobre los puentes para lanzar piedras sobre las cabezas de los prisioneros. A veces los guardias norteamericanos disparaban tiros de advertencia hacia los holandeses para mantenerlos alejados, A veces no.
   Después de 3 noches, sus compañeros prisioneros le ayudaron tambaleante, a ingresar al enorme campo en el Rheinberg, cerca de la frontera con Holanda, nuevamente sin protección ni alimentos. Cuando llegó una pequeña cantidad de alimento, estaba descompuesto. En ninguno de los cuatro campos vio Liebich protección alguna para los prisioneros.
   La tasa de muertes en los Campos norteamericanos en el Rhineland en ese momento, de acuerdo con los datos de sobrevida de una encuesta médica, fue del 30 por ciento al año; la tasa normal de muertes de la población civil en 1945, estaba entre el 1 y el 2 por ciento.

   Un día en junio, a través de sus alucinaciones por la fiebre que le consumía, Liebich vio a los "Tommies" que llegaban al Campo, Los británicos se hacían cargo del Campo Rheinberg y eso probablemente salvó su vida. En ese momento, Liebich que mide 1,75 mts. pesaba 43 Kg. De acuerdo con las historias referidas por otros ex prisioneros del Campo de Rheinberg, el último acto de los norteamericanos, antes que los británicos tomaran el control del Campo, fue aplanar con buldózer una sección del campo mientras aún había hombres vivos en los agujeros que habían cavado en la tierra.

    

Eisenhower mismo firmó la solicitud para crear una categoría de prisioneros que no era cubierta por la Convención de Ginebra.

 

   Bajo la Convención de Ginebra, tres derechos fundamentales están garantizados para los prisioneros de guerra, (a) que serán alimentados y cobijados en la misma forma que las tropas de base o de reserva de las Fuerzas que capturan, (b) que podrán enviar y recibir cartas y (c) que serán visitados por delegados del Comité de la Cruz Roja Internacional quienes reportarán en secreto, acerca del trato que reciben a un Poder de Protección. (En el caso de Alemania, como el gobierno se desintegró en las etapas finales de la guerra, Suiza había sido designada como Poder Protector)
   De hecho, a los prisioneros alemanes capturados por el ejército norteamericano a fines de la Segunda Guerra Mundial, se les negaron estos y la mayoría de los otros derechos, a través de una serie de decisiones y directivas específicas, que se originaban principalmente desde Cuartel Central del Ejército norteamericano o SHAEF –Cuartel Central Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias.

   El general Dwight Eisenhower era el Supremo Comando de SHAEF – de todos los ejércitos al noroeste de Europa y el Comandante General de las Fuerzas norteamericanas en el teatro europeo. Estaba sujeto al Staff Combinado de Jefes (CCS) de Bretaña y EEUU, a la Junta del Staff de Jefes (JCS), y a las políticas del Gobierno norteamericano, pero en ausencia de directivas explícitas –de lo contrario o de otra forma- la responsabilidad última para el trato dado a los prisioneros alemanes en manos norteamericanas, yacían en él.
   “Dios, cómo odio a los alemanes” escribió Eisenhower a su mujer, Marnie, en septiembre de 1944. Antes, en frente del embajador británico en Washington, había dicho que todos, los 3.500 aproximadamente, de los oficiales del Staff de Generales alemanes deberían ser “exterminados”.

 

   En marzo de 1945, un mensaje al Staff Combinado de Jefes e iniciado por Eisenhower recomendaba la creación de un nuevo tipo de prisioneros -Fuerzas Enemigas Desarmadas, o DEF -quienes a diferencia de los prisioneros de Guerra, definidos por la Convención de Ginebra, no serían alimentados por el ejército después de la rendición de Alemania.
   Esto era una directa violación de la Convención de Ginebra. El mensaje datado el 10 de Marzo, argüía en parte: "El compromiso adicional de manutención que conlleva el declarar a las Fuerzas armadas alemanas, Prisioneros de Guerra (sic) haría necesaria provisiones de raciones en una escala igual a las tropas de base, lo que podría estar más allá de la capacidad de los Aliados, incluso si todas las fuentes alemanas fueran usadas." Finaliza: "Se solicita su aprobación, ya existen planes preparados sobre esta base."

 

   El 26 de Abril de 1945, la combinación de Jefes aprueba el Status DEF, solamente para los Prisioneros de Guerra alemanes en manos de los norteamericanos: Los miembros británicos habían rehusado adoptar el plan norteamericano para sus propios prisioneros. La Combinación de Jefes estipuló que el status de las tropas alemanas desarmadas sería mantenido en secreto. En ese momento, el general del Cuartel Central de Eisenhower en el SHAEF, el General Robert Littlejohn, había ya reducido dos veces las raciones de los prisioneros y un mensaje del SHAEF firmado "Eisenhower" había informado al General George Marshall, Jefe de Staff del Ejército de EEUU, que los corrales para los prisioneros "no tendrán refugios, o techo u otros acomodos".

                                                             Vista aérea de un campo de prisioneros

 

   Las provisiones no eran un problema, había material suficiente acumulado en Europa para construir locaciones de Campos de Prisioneros. El ayudante especial de Eisenhower, el General Everett Hughes, había visitado los enormes almacenes de provisiones en Nápoles y Marsella e informado: "Existe más stock del que podamos llegar a usar. Puesto en línea hasta donde la vista puede alcanzar". Los alimentos no habían sido un problema, más bien, en Estados Unidos la sobreproducción de trigo y maíz eran las mayores de toda la historia, y existía un record de cultivos de papas. El ejército mismo tenía tanto alimento de reserva, que un almacén totalmente cargado fue sacado por accidente de las listas de vituallas en Inglaterra y no se dieron cuenta hasta 3 meses después. Además, el Comité Internacional de la Cruz Roja tenía más de 100.000 toneladas de alimento en almacenes en Suiza. Cuando la Cruz Roja intentó enviar dos trenes cargados con alimentos al sector norteamericano de Alemania, oficiales del Ejército norteamericano hicieron volver los trenes, diciendo que sus almacenes ya estaban sobresaturados de alimentos de la Cruz Roja, alimento que ellos jamás distribuyeron.

   Sin embargo, fue a través de la provisión de alimentos que la política de aniquilación fue llevada a cabo. Agua, alimentos, tiendas de campaña, espacio, medicinas, - todo lo necesario para los prisioneros fue fatalmente negado. En el Campo Rheinberg, donde el cabo Liebich, arribaría a mediados de mayo, con tremores por la disentería y el tifus, no tenía algo de alimentos el 17 de abril cuando fue inaugurado. Tal como en los otros Campos, en las "praderas de Rhine", abiertos por los norteamericanos a mediados de abril, allí no había torres de vigilancia, tiendas de campaña,edificios, edificación para cocinar, agua, letrinas o alimentos.
  

   George Weiss, un mecánico de tanques que ahora vive en Toronto, recuerda el Campo donde estuvo junto al Rhine: "Toda la noche teníamos que estar sentados uno contra otros. Pero la falta de agua era la cosa peor de todas. Durante tres día y medio no tuvimos nada de agua, Teníamos que beber nuestra orina...."

   El soldado Heinz T. (su nombre se mantiene en reserva ante su solicitud) había cumplido justo 18 años en el hospital, cuando los norteamericanos entraron en su sala el 18 de abril, él y sus compañeros heridos fueron sacados del hospital y llevados al Campo en Bad Kreuznach en el Rhineland, donde ya se encontraban varios cientos de miles de prisioneros. Heiz llevaba solamente un pantalón corto, zapatos y una camisa.
   Heinz estaba lejos de ser el más joven en el campo, Había niños de 6 años entre los prisioneros, así como mujeres embarazadas y hombres de más de 60 años. Al comienzo cuando los árboles comenzaron a crecer en el campo, algunos lograron cortar sus ramas para hacer fuego, Los guardias ordenaron apagar el fuego. En muchos lugares estaba prohibido cavar agujeros en el suelo para hacer refugios. "Todo lo que teníamos para comer era el pasto". Recuerda Heiz.

   Charles von Luttichau estaba convaleciente cuando decidió entregarse voluntariamente a las tropas norteamericanas que estaban cerca de su casa. Fue llevado al Campo Kripp, en el Rhine cerca de Remagen.
   Fuimos mantenidos en hacinadas prisiones de alambres de púas, al aire libre, con escasos alimentos, recordaba recientemente. "Más de la mitad del tiempo no tuvimos alimentos, el resto del tiempo teníamos una pequeña ración K. Pude ver desde el encierro que nos estaban dando una décima parte de lo que le entregaban a sus propios hombres...Le reclamé al Comandante norteamericano del Campo que estaban violando la Convención de Ginebra, pero simplemente me dijo: ¡Olvide la Convención, ustedes no tienen ningún derecho!"

   "Las letrinas eran sólo una tabla sobre una zanja junto al cerco de alambre de púas. Por las enfermedades, los hombres tenían que defecar en el suelo. Pronto muchos de nosotros estábamos demasiado débiles para sacarnos los calzoncillos. Así nuestra ropa estaba infectada, y así estaba también el barro donde caminábamos, nos sentábamos o nos acostábamos. Es esas condiciones nuestros hombres muy pronto, dentro de pocos días, hombres que habían ingresado sanos al Campo estaban muertos. Vi a nuestros hombres llevar muchos cuerpos a la entrada del Campo donde eran apiñados arriba de un camión que se los llevaba".

 

   La madre de Luttichau era norteamericana y él posteriormente emigró a Washington D.C., donde llegó a ser historiador y escribió una historia militar para el ejército norteamericano.Estuvo en el Campo Kripp cerca de tres meses.
   Wolfang Iff, que estuvo prisionero en Rheinberg y aún vive en Alemania, informa que, en su sección de aproximadamente 10.0000 prisioneros, se sacaban de 30 a 40 cuerpos cada día. Como miembro del equipo de enterradores, Iff dice que ayudaba a sacar los cuerpos del espacio cercado hasta la entrada del Campo, donde los cuerpos eran llevados en carretillas hasta grandes garages de fierro. Allí Iff y su grupo le sacaban la ropa a los cuerpos, partían en dos sus medallas de identificación, ponían los cuerpos en hileras de 15 a 20 hombre, aplicaban 10 paladas de pegamento rápido sobre cada hilera de cuerpos hasta que alcanzaban un metro de alto, ponían los efectos personales en una bolsa que entregaban a los norteamericanos y luego se iban.

   Algunos de los cuerpos habían muerto de gangrena como consecuencia del congelamiento (fue una lluviosa y fría primavera anormal ese año). Una docena o más estaban tan débiles para sostenerse en las tablas sobre la zanja de las letrinas que habían caído allí y se habían ahogado.

 

Los campos de prisioneros de guerra a lo largo del Rhin marcan el éxito final del avance al interior de Alemania. Los oficiales del ejército norteamericano capturaron 5,25 millones de prisioneros.

 

   Las condiciones en los Campos norteamericanos a lo largo del Rhine a finales de abril fueron observadas por dos coroneles del Cuerpo Médico del Ejército norteamericano, James Mason y Charles Beasley, quienes escribieron en un informe publicado en 1950: "

   El 4 de mayo de 1945, los primeros prisioneros de Guerra alemanes fueron transferidos al status DEF [hoy los sionistas usan el status de ‘Combatiente Enemigo para justificar Guantánamo’]. El mismo día el Departamento de Guerra de EEUU prohibió toda la correspondencia desde y hacia los Prisioneros. (Cuando el Comité Internacional de la Cruz Roja sugirió un plan para considerar el fin de la Guerra en una semana, una orden del SHAEF firmada "Eisenhower" los anuló el 15 de mayo.
   Ese mismo día, de acuerdo con una minuta de una reunión, el General Eisenhower y el Primer Ministro Churchill hablaron acerca de la reducción de las raciones de los Prisioneros. Churchill pidió un acuerdo en la cantidad de ración para los prisioneros, porque el quería anunciar pronto un recorte en las raciones británicas de carne y quería estar seguro que los Prisioneros "podrían ser alimentados con esos suministros que nos podríamos perfectamente ahorrar". Eisenhower replicó que él ya había "prestado a esa materia una atención considerable", pero que estaba pensando revisar todo este asunto para ver "si era o no posible una reducción aún mayor". Le dijo a Churchill que los prisioneros de Guerra estaban recibiendo 2150 calorías diarias (El Cuerpo Médico del ejército de EEUU ha obtenido que 2.200 calorías diarias es el mínimo absoluto para el nivel de subsistencia de adultos sedentarios viviendo bajo techo en un refugio. Las tropas norteamericanas eran provistas de 4.000 calorías diarias). Lo que no le dijo a Churchill fue que el ejército ya no estaba alimentando a los DEF, (Fuerzas enemigas desarmadas), o los estaba alimentando con mucho menos que aquello que recibían el status de-Prisioneros-de- Guerra.

 

   Las raciones fueron prontamente reducidas después de esto: una reducción directa fue grabada en los informes del Cuartel Central. Pero las reducciones indirectas también fueron llevándose a cabo. Una de estas, fueron las extraordinarias diferencias entre el número de prisioneros en las listas de raciones y el conteo oficial "a mano", y entre el conteo oficial "a mano" y el número real de prisioneros en los Campos.

   El meticuloso General Lee estaba tan abrumado acerca de la s discrepancias que envió un cable desafiante desde su Cuartel Central en París al Cuartel Central del SHAEF en Frankfurt: "Este Cuartel Central está teniendo considerables dificultades en establecer una base adecuada para requerir raciones para los Prisioneros de Guerra actualmente mantenidos en el teatro.....En respuesta a interrogantes de este Cuartel Central...... Varios declaraciones difieren del número de hombres en nuevos campos o implica alguna nueva organización para obtener raciones de la población civil alemana para ellos". Los hombres están donde estaban. Todo lo que sucedió fue eso, por el ruido de una máquina de escribir, su escaso y poco alimento del ejército de EEUU fue detenido.

  El efecto de una política arreglada entre libros de contabilidad y transportada entre guiños y movidas de cabezas -sin órdenes escritas- primero mistificó, luego frustró y finalmente cansó a los oficiales de rango medio que eran los responsables de los Prisioneros de Guerra.
   Un coronel en el Cuartel Central de la sección de unidades de combate avanzada norteamericana escribió una petición personal al General Robert Littlejohn del Cuartel Central el 27 de abril; "Aparte de la 750 toneladas recibidas del 15º Ejército, no se ha recibido subsistencia y tampoco la espero recibir. Las deseables raciones de Clase II y IV han sido totalmente debido al sufrimiento del ejército, sobre la petición personal y ha sido insignificante en relación a la demanda que ha sido puesta sobre nosotros por la influencia de los Prisioneros de Guerra".

 

   Los rumores acerca de las condiciones en los Campos corrieron a través del ejército norteamericano, "Muchacho, esos Campos fueron una mala noticia" dijo Benedict K. Zobrist, un Sargento técnico en el Cuerpo médico. "Fuimos advertidos de mantenernos tan alejados como fuese posible". En mayo y a principios de junio un grupo de médicos del Cuerpo Médico del Ejército de EEUU hizo una encuesta en algunos Campos del Rhineland, que mantenían más de 80.000 Prisioneros de Guerra alemanes. Su informe está perdido de la sección correspondiente en los Archivos Nacionales de EEUU en Washington, pero dos fuentes secundarias reproducen parte de lo encontrado. Los tres mayores asesinos fueron las diarreas y la disentería (tratadas como una categoría), las enfermedades cardíacas y la neumonía. Pero al buscar la terminología médica, los doctores también apuntaron a las muertes por "falta de alimentos y agotamiento total" y sus datos revelan un índice de muertes 80 veces más alto que las normas en tiempos de paz.

 

   Sólo el 9,7% de los Prisioneros habían muerto por causas claramente asociadas a la falta de alimentos, tal como extrema desnutrición, deshidratación y "agotamiento". Pero las otras enfermedades, directamente atribuibles a la exposición a un hacinamiento, suciedad extrema y la falta de medidas sanitarias fueron indudablemente exacerbadas por el estado agónico. Tal como el informe hace notar, "Contagio, hacinamiento en las jaulas y la falta de alimentos y lugares de sanidad todos ellos contribuyeron a este índice excesivo de muertes". Los datos, debe recordarse, fueron tomados de los campos de Prisioneros de Guerra no de los Campos DEF (Fuerzas Enemigas Desarmadas).

   A finales de mayo, habían muerto más personas en los campos norteamericanos que morirían con el estallido de la Bomba Atómica en Hiroshima.

 

   El 4 de junio de 1945, un cable firmado "Eisenhower" decía a Washington que era urgente reducir el número de prisioneros, que a la primera oportunidad había que deshacerse de toda clase de prisioneros que no fueran aptos para ser requeridos por los aliados. Es difícil de comprender a qué incitaba este cable. No hay ninguna razón para esto, y es evidente en el masivo tráfico de cables que sobrevivieron el período en los archivos de Londres, Washington, y Abilene Kansas. Y está muy lejos de ordenar a Eisenhower de capturar o mantener prisioneros. El mensaje de la Combinación de Jefes del 26 de abril, le ordenó no capturar más prisioneros después del Día V-E, incluso para trabajos. Sin embargo más de dos millones de DEF fueron encerrados después del 8 de mayo. Durante junio, Alemania fue dividida en zonas de ocupación y en julio de 1945 SHAEF fue desmantelada, Eisenhower es relevado de su único cometido como Comandante General de EEUU en Europa: se transforma en Gobernador Militar de la zona norteamericana. Continúa manteniendo alejados a los representantes del Comité de la Cruz Roja Internacional y el ejército de EEUU también informa a los grupos de socorro que la zona estaba cerrada para ellos. Fue cerrada también para todos los embarques de ayuda hasta diciembre de 1945 cuando se produjo una leve relajación.

 

    También a comienzos de julio, los norteamericanos entregaron entre 600.000 y 700.000 cautivos alemanes a los franceses para ayudar a reparar los daños hechos a su país durante la guerra. Muchos de los transferidos estaban en 5 campos agrupados alrededor de Dieterheims, cerca de Mainz, en la sección de Alemania que estaba justo en la porción de Alemania que quedaría en las manos de Francia (la mayoría de los que restaban estaban en campos norteamericanos en Francia).

 

   El 10 de julio, una unidad del ejército francés tomó Dietersheims y 17 días después el Capitán Julien arribó para asumir el mando. Su informe sobrevive como parte de una investigación del ejército en una disputa entre Julien y su predecesor. En el primer Campo al cual entró, dijo haber encontrado un terreno fangoso "habitado por esqueletos vivientes" algunos de los cuales murieron mientras los observaba. Algunos se apretujaban unos junto otros bajo trozos de cartón a pesar de que el día de julio era cálido. Mujeres que yacían en agujeros cavados en el suelo le miraban directamente con edemas de hambre en sus abultados vientres en una grotesca parodia de embarazo; ancianos con largas barbas grises le miraban débilmente, niños de seis o siete años con los anillos de un mapache en sus ojos del hambre le miraban con sus ojos faltos de vida. Dos médicos alemanes en el "hospital" estaban tratando de cuidar a los moribundos en el suelo, bajo el cálido cielo, entre las marcas dejadas por las tiendas de campaña que los norteamericanos se habían llevado con ellos. Julien que había luchado contra los alemanes con su regimiento, el Tercer Regimiento de Tiradores Escogidos Argelinos, se encontró a sí mismo pensando en el horror: "Esto es exactamente igual a las fotografías en Buchenwald y Dachau".

 

   Había 103.500 personas en los cinco campos alrededor de Dietersheims; entre ellos los oficiales de Julien contaron a 32.640 que absolutamente no podían trabajar. Estos fueron liberados inmediatamente. En total, dos tercios de los prisioneros tomados por los franceses ese verano que venían de Campos en manos de los norteamericanos en Alemania y en Francia eran inservibles para el trabajo de reparación de post-guerra.

  En el Campo en Saite Marthe, según los informes, 615 de los 700 cautivos eran incapaces de trabajar. En Erbiseul, cerca de Monz en Bélgica, de acuerdo a un reclamo escrito, 25% de los hombres recibidos por los franceses eran "deshechos" o basura. En julio y agosto, tal como el General Littlejohn del Cuartel Central señala a Eisenhower a su debido tiempo, las reservas de alimentos del ejército en Europa habían crecido en un 39 por ciento.

  El 4 de agosto, en una frase, firmada "Eisenhower" condenaba a todos los prisioneros de guerra, que aún estaban en manos de los Campos norteamericanos, al status DEF (Fuerza Enemiga Desarmada): "Con efecto inmediato todos los miembros de las Fuerzas Alemanas que se mantienen en custodia norteamericana en la zona de ocupación en Alemania, serán considerados como Fuerzas Enemigas Desarmadas y no tendrán el status de Prisioneros de Guerra"

 

   No se dieron razones; las cuentas semanales de los sobrevivientes sugieren que ambas clasificaciones fueron preservadas, pero, para los prisioneros que ahora eran tratados como DEF, la tasa de muertes se cuadruplicó en pocas semanas, de un 2 por ciento por semana, a un 8 por ciento. Durante largo tiempo los DEF fueron muriendo a casi cinco veces esa tasa de muertes.

   El "Weekly PW & DEF report" [Informe semanal de Prisioneros de Guerra (POW) y Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF)] para la semana que finalizaba el 8 de septiembre de 1945, aún existía en los Archivos Nacionales de EEUU en Washington, muestra un agregado de 1.056.482 prisioneros que estaban en manos de los norteamericanos en el teatro europeo, de los cuales cerca de dos tercios son identificados como Prisioneros de Guerra (POW). El otro tercio 363.587 hombres son Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF). Durante una semana 13.051 de estos últimos murieron.

 

  En noviembre de 1945, el General Eisenhower alcanzó el puesto de George Marshal como Jefe de Staff del Ejército norteamericano y retornó a EEUU.
   En enero de 1946, los campos aún mantenían un número considerable de cautivos pero EEUU había rebajado el número de sus prisioneros casi a cero a finales de 1946. Los franceses continuaron manteniendo a cientos de miles durante 1946, pero gradualmente redujeron el número hasta la nada cerca de 1949. Durante el año 1950 la mayoría del material no archivado, con relación a los Campos de Prisioneros en manos norteamericanas fue destruido por el Ejército.

   Eisenhower lamentaba la inútil defensa alemana del Reich en los últimos meses de la guerra por la pérdida de vidas. Pero por lo menos 10 veces más alemanes, sin duda 800.000, quizás más ciertamente 900.000 y bastante probable, más de un millón de alemanes - murieron en los Campos norteamericanos y franceses, más que aquellos que murieron en todos los combates en el Frente Occidental al norponiente de Europa, desde que EEUU entró en la guerra en 1941 hasta abril de 1945.-

 

PRO-VIDAS Y ABOLICIONISTAS: ES IGUAL PERO NO ES LO MISMO

PRO-VIDAS Y ABOLICIONISTAS: ES IGUAL PERO NO ES LO MISMO

Francisco TORRES

 

   No creo escandalizar a nadie si afirmo que la cuestión del aborto, y por ende la Defensa de la Vida, por más que esté presente en el debate público desde hace algunos años, por más que haya adquirido un cierto peso específico en el mismo, en realidad, a la hora de la verdad no entraña coste político alguno para los dos grandes partidos, para el PP y para el PSOE.

   La oposición, desde un plano estrictamente teórico, al aborto en España es común a una parte importante de la sociedad española. Ahora bien, no es menos cierto que esa oposición y la lucha por la Vida, que en abstracto comparten tantos, en la que un número importante de españoles milita, no influye para nada a la hora de participar o militar en política. Sólo en una minoría ínfima, inapreciable, de electores el posicionamiento de los partidos ante el aborto es decisorio a la hora de escoger, pese a que estamos hablando del primero de los derechos fundamentales: el derecho a nacer.

 

   Son numerosísimos los españoles que, desde posicionamientos teóricos, se oponen al aborto, que llegado el momento se movilizan y salen a la calle, pero esos mismos españoles prescinden, llegado el momento de votar, de esa cuestión. Y entre ellos es necesario incluir, porque no hacerlo sería un ejercicio de hipocresía, a las centenas de miles de religiosos o miembros de comunidades cristianas, de católicos practicantes, para los que teóricamente la Defensa de la Vida constituye, tal y como señala Benedicto XVI, un principio innegociable. La justificación de tal comportamiento reside en la tesis de que no estamos ante una lucha política, ante una cuestión política; que, en todo caso, estamos ante un problema social contra el que debe lucharse desde la sociedad civil. Ese ha sido el marco de actuación de las diversas asociaciones provida desde la legalización del aborto en España en 1985.

   Esta despolitización del tema del aborto, entendida como no contemplado o incluso en el debate político, es la que ha contribuido, durante décadas, a su marginación por parte de los partidos. Que esto es así lo revelan las manifestaciones de María Dolores de Cospedal, Secretaria General del Partido Popular, coincidiendo en ello con la ministra socialista Trinidad Jiménez,  afirmando hace unas semanas que lo que estaba en debate era la reforma de la ley propuesta por el PSOE pero que el debate ya no era "aborto sí o aborto no". En este sentido el discurso de populares y socialistas es coincidente: el aborto cabe dentro de la Constitución, con lo que es perfectamente admisible, porque no se ha producido una despenalización absoluta del mismo, por lo que se protege también al nasciturus. De ahí que, sin el menor rubor, ambos partidos puedan afirmar que defienden la Vida, y ambos partidos puedan ser apoyados y votados por los católicos. De ahí que, por ejemplo, cuando la Iglesia Católica recomienda que no se vote a quienes no defiendan la Vida nadie, ni candidatos ni electores, se da realmente por aludido. Los votantes populares comparten con los dirigentes del PP la idea de que con la actual ley del aborto se defiende la Vida y los votantes socialistas piensan absolutamente lo mismo.

 

   Hoy tanto el Partido Popular como el Partido Socialista son partidos partidarios del aborto. Ni más ni menos. El PP defiende la actual ley, la que ha conseguido que cada año sean abortados más de cien mil niños, y nunca se planteó su derogación. Nunca la derogación de la ley del aborto se incluyó en el programa del Partido Popular. Ni con Fraga, ni con Hernández Mancha, ni con Aznar, ni con Rajoy. Y nunca se sintió incomodado por movimientos pro-vida entre cuyos miembros destacados figuraban hombres y mujeres del PP.

   El PSOE hoy propone sustituir la ley vigente por una de las denominadas de plazos. Constitucionalmente, salvo que la nueva ley reconociera explícitamente el aborto como un derecho, también la nueva propuesta socialista entraría dentro de la doctrina del constitucional, al no producirse una despenalización completa del aborto y por tanto, de algún modo, continuaría existiendo una protección del nasciturus; lo que además entraría dentro del concepto moderno de "viabilidad de la vida", porque científicamente no es ya posible obviar que existe vida desde el momento de la concepción, que se propone desde la ONU para conciliar la Declaración de Derechos del hombre con la existencia de las leyes abortistas.

   La reciente manifestación madrileña ha mostrado en todo su dramatismo las complejidades del denominado "movimiento provida" en España. En el mismo es posible distinguir entre los "abolicionistas" y los "posibilistas". Durante treinta años, desde la aprobación de la anterior ley, controlado y reconducido por la doctrina del "consenso social sobre la actual ley del aborto" grata al Partido Popular y a muchos sectores católicos, el movimiento contra el aborto ha sido posibilista e invisible socialmente. Es el incremento escandaloso de las cifras, especialmente a partir de los gobiernos del señor Aznar, quien no hizo absolutamente nada a favor de la vida, y de los datos que año tras año han demostrado que en las Comunidades gobernadas con mayoría absoluta por el Partido Popular (Madrid, Valencia...) se aborta con igual o mayor celo que en las socialistas, el que provoca la aparición de un poderoso movimiento abolicionista. Para estos sectores del movimiento pro-vida, como de verdad "cada vida importa", el problema no es si la ley es socialista o popular, el problema es la existencia misma de leyes abortistas y de políticas a favor de la cultura de la muerte (distribución de Píldoras abortivas). Este movimiento abolicionista, reducido y silenciado, ha impulsado y empujado al movimiento provida a una actuación mucho más visible obligándole, a pesar de los intentos de algunos sectores del mismo próximos al Partido Popular, a ir pronunciándose, en lógica coherencia, a favor de las tesis abolicionistas.

 

   El problema, que se trasluce en alguna de las informaciones recogidas aparecidas a raíz de la manifestación del 17 de octubre, que ha sido distante de la convocada antes del verano con aparente idéntico fin, es que si los abolicionistas se imponen, si lo que se plantea de verdad, en lógica coherencia con los lemas de la última convocatoria, "cada vida importa", es la erradicación de las leyes abortistas en España, podrían producirse variaciones sensibles en el mapa político español. Que los manifestantes salieron a la calle para oponerse no sólo a la reforma socialista sino a toda la legislación abortista es un hecho demostrable. Los hechos son tozudos: ¿No vimos todos a unos niños de la organización que portaban unos carteles con el año y el número de abortos producido en ese año? ¿Esa manifestación plástica era contra la ley socialista o contra toda ley del aborto? ¿No fueron inequívocas las palabras de Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, al decir que "no pararemos hasta que no haya ni un solo aborto más en España"? ¿No advirtió a los políticos que "nos gobiernan y a los que están en la oposición"?

 

   Lo que los medios afines al PP, sólo basta con repasar el sentido de la cobertura informativa que dieron tanto la prensa escrita como la televisiva, querían era una manifestación "contra la nueva Ley del Aborto", una manifestación contra el PSOE. Como, pese a lo ambiguo de los mensajes de la convocatoria, no parecía seguro que ese fuera el sentido final, ellos pondrían la lectura política. Ahí están como prueba los titulares del día siguiente o el largo desfilar de dirigentes del PP haciendo declaraciones en las que se manifestaban contra la ley socialista e interpretaban la manifestación y la lucha por la vida en ese sentido.

   Paradigmática fue, por ejemplo, la entrevista sostenida en el estudio televisivo de IntereconomíaTV en la Puerta de Alcalá, con el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular, señor Güemes. Naturalmente el presentador se abstuvo de recordarle cuál es la política de su Consejería en materia de defensa de la Vida; de preguntarle sobre los conciertos que la Comunidad de Madrid tiene con las clínicas abortistas; de permitirle que explicara cuál es la política que sigue la Comunidad de Madrid con respecto al reparto de Píldoras abortivas, con horario incluido, en los Centros de Salud o dispensarios madrileños. Eso sí le pidió que explicara cómo el Partido Popular se opone al aborto. Y Güemes se explicó: en 1985, AP, presentó el recurso de inconstitucionalidad a la actual ley y gracias a ello, gracias al PP, la doctrina del constitucional reconoce el derecho del nasciturus. Naturalmente el periodista-editorialista de la manifestación no le recordó que gracias a esa protección conseguida por el PP sólo han sido asesinados en España algo más de un millón de niños y una porción significativa de los asesinatos se ha realizado en la Comunidad de Madrid o que el señor Guemes es el Consejero de Sanidad con mayor número de abortos absolutos en su demarcación. Y estaba allí, luchando por la vida.

   Los medios próximos al PP, en especial los televisivos en su retransmisión en directo, se encargaron de subrayar la presencia de destacados miembros del PP, desde Cospedal a Esperanza Aguirre pasando por Aznar o Mayor Oreja. E incluso anunciaron la apocalíptica revuelta interna que se desatará en el PSOE, donde también existen defensores de la Vida (al menos existen en el mismo sentido que en el PP, dejar la ley como está), si Zapatero y Bibiana se mantienen en sus trece. Se hicieron eco de los miembros del PP desplazados desde toda España que, junto con una treintena de diputados del partido, iban a protestar por la ley socialista y, en definitiva, a fundir su imagen con la de la manifestación en previsión de hipotéticas y futuras fugas de votos. Se han aprendido bien la lección y todos, cuando les preguntan, dicen que el aborto es un fracaso y que lo que se tiene que hacer es poner en marcha políticas de ayuda a las mujeres embarazadas. Y todos se manifiestan rotundamente contra la tesis de que el aborto es un derecho de la mujer. Lo que en realidad no pasa de ser una oposición terminológica, porque, sea reconocido o no tal derecho, el aborto seguirá existiendo en España. Cierto es que el PP no lo reconoce como tal, pero sí es partidario de que existan leyes abortistas como la actual. Con ello cubren el expediente pero, en ningún caso, son partidarios de la derogación de la legislación abortista.

 

   Es evidente que políticamente preocupa el devenir del movimiento antiabortista que amenaza con desbordar el posibilismo de los pro-vida. El diario EL MUNDO, advertía que los concentrados no sólo protestaban por la nueva Ley del Aborto. Lo que según David Gistau "desnaturalizó en parte el espíritu de la protesta" (sería de la protesta que esperaban que fuese tanto los medios afines al PP como Génova 13). Y es que al diario EL MUNDO le parece "razonable" una protesta contra las medidas gubernamentales que "no figuraban en el programa votado y que se antojan ligeras e insensatas", argumento repetido por otros medios próximos al PP, pero no "regresar a la revisión general de una ley del aborto, que ya nos habíamos dado y digerido -también el PP- y que formó parte de la epifanía española de la Transición".    

   No me cabe duda de que, al menos mediáticamente, el PP ha conseguido su objetivo, ser el usufructuario político de la corriente de opinión contraria al aborto; que para millones de españoles el PP continua siendo un partido antiabortista que se opone al abortista partido socialista. De hecho, Mariano Rajoy no ha dudado a la hora de sumarse a la manipulación de la manifestación del 17 de octubre afirmando que los que salieron a la calle compartían sus puntos de vista y demuestran lo acertado de su planteamiento. Pero no es menos cierto que esa imagen monolítica de defensor de la vida del PP, a la que sirve con empeño algún sector provida -y está en su derecho-, empieza a tener fisuras entre aquellos que son capaces de pensar.