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Bitácora PI

Politología y Metapolítica

LA MUJER Y LA NACIÓN

LA MUJER Y LA NACIÓN

Mario MENEGHINI

 

  Con motivo del próximo segundo centenario de la Argentina, nos parece oportuno reflexionar sobre la mujer y la nación. Puesto que la mujer es el eje de la familia, y la familia es la base insustituible de la nación.

 

  La persona humana  es creada, desde el principio, como varón y mujer; la vida de la colectividad humana lleva la señal de esa dualidad originaria. De ella derivan la masculinidad o la femineidad de cada persona; esta es la primera afirmación de la igual dignidad del hombre y de la mujer: ambos son personas igualmente. El hombre y la mujer aportan su propia contribución, gracias a la cual se encuentran, en la raíz misma de la convivencia humana, el carácter de comunión y de complementariedad.
  Ambos sexos están, pues, ordenados a complementarse, en una mutua coordinación que influye sobre las múltiples manifestaciones de la vida  social, ya sea desde el matrimonio, ya sea a través del celibato voluntario. En las diversas realidades, pueden, hombre y mujer coordinar esfuerzos en bien de la sociedad de la que forman parte y, por extensión, a la nación.
  Cuando la mujer abandona el puesto que le corresponde en la sociedad, ésta, y con ella la nación, pierden su rumbo y caen, inevitablemente, en el vacío. Teniendo igual dignidad que el hombre, la mujer posee cualidades físicas y espirituales diferentes del hombre, que se fundan en la misma naturaleza femenina, orden natural que no se puede trastocar sin que la propia naturaleza vuelva a restaurarlo. Sólo una obstinada ceguera o una ideologización utópica pueden desconocer o ignorar esta realidad.

 

  La mujer debe, primero, ser fiel a su naturaleza y a la dignidad que correspondientes, para luego pensar en otros objetivos, sean ellos económicos, culturales, sociales o políticos. Pues la maternidad, por ejemplo, no es incompatible para una mujer con la utilización de su talento. Precisamente, en los últimos meses, varias mujeres -que son madres- han asumido la máxima magistratura de su país (Chile, Alemania, etc.). Lo antinatural, y por ende antifemenino, sería que, sin la vocación decidida, o sin aptitudes relevantes, antepusiera el ejercicio mediocre de una profesión, al silencioso, aunque heroico, gobierno del hogar y crianza y educación de sus hijos.
Es que la influencia de la mujer es insustituible. Ella es naturalmente formadora, educadora de sus hijos, dadora de vida, y ello es tan así, que aún siendo soltera ejerce en diversos medios esa capacidad que le es propia.
Dijimos que la mujer es el eje de la familia; y en la familia toda persona encuentra satisfacción a las legítimas aspiraciones y afectos propios de la vida privada. La familia da lugar al nacimiento de nuevos seres que perpetúan la sociedad y procura el mantenimiento del orden social, sin el cual no se podría vivir. En todas las razas y en el curso de cada existencia individual, la familia es el primer medio de educación: no sólo produce los renuevos que perpetúan la raza, sino que transmite a cada uno de sus miembros, poco a poco, desde su nacimiento, la práctica de la ley moral.
  No solamente durante la niñez y la juventud es la familia el medio más poderoso de educación; en la edad adulta continúa ejerciendo gran influencia moral sobre la persona, a la que mantiene en la senda del deber y atrae al camino de la virtud y la dignidad a través del ejercicio del sacrificio, del trabajo y de todas las virtudes domésticas que elevan y ennoblecen. En el orden social la familia es, además, depositaria y transmisora de las tradiciones sociales y políticas del pueblo, que van pasando de generación en generación.
Históricamente, hallamos a la familia constituida, en una u otra forma, desde los tiempos más primitivos. El hombre, un ser necesariamente social que en aislamiento no podría realizar ninguno de sus fines humanos, donde quiera y como quiera se lo estudie, se ofrece al observador formando parte de esa comunidad natural y afectiva, que todas las edades conocieron y todas las civilizaciones han respetado, porque en ella descansa y se asegura la perpetuación de la especie.
  El género humano se propaga por generación. Una generación que, por naturaleza, debe obtenerse no como resultado de una relación casual de los dos sexos, sino por una unión estable del varón con la mujer. La familia es la más antigua de las instituciones sociales y si bien está subordinada -desde ciertos puntos de vista- al Estado, constituye el fundamento de la sociedad al ser la institución vital por excelencia, aquella sin la cual no existiría ninguna de las otras instituciones.

 

  Cabe señalar que la familia inestable provoca graves inconvenientes:
   - incrementa el individualismo
   - amortigua el espíritu de solidaridad
   - rebaja el sentimiento de respeto a la autoridad de los padres
   - dificulta la conservación de las tradiciones populares y domésticas, que contribuyen a la continuidad histórica de los pueblos.

 

  Si hay una realidad cada vez más evidente en la sociedad contemporánea es la crisis de la familia, que se manifiesta sobre todo en el rechazo de valores tradicionales como la fidelidad conyugal o la misión educadora de los padres.
  Esta crisis, que  en esencia es una crisis de civilización, tiende a ser vista como resultado inevitable de una evolución socio-cultural, cuando, en realidad, es provocada por la acción de quienes profesan determinadas ideologías o integran grupos de presión. Por ejemplo, los proyectos de educación sexual que se han presentado en la Legislatura de Buenos Aires y en el Congreso, han sido preparados por la Sociedad Gay-Lésbica, lo que explica las deformaciones que se pretende imponer, negando en la práctica el derecho de los padres sobre la educación de sus hijos. También existen teorías educativas que conducen a una dictadura de los niños, mediante un permisivismo que, muchas veces, diluye la primacía de los deberes de los padres. Respetar al niño no es consentir en su autodeterminación prematura, que no le corresponde ni está en condiciones psíquicas y espirituales de concretar.

 

  La educación familiar también contribuye a la educación cívica, al transmitir el sentimiento del arraigo, el orgullo de la pertenencia a una tradición, el apego, respeto y defensa de los valores que hacen a la identidad nacional. Cicerón llamaba a la familia “principio de la ciudad y semillero de la República”, pues de ella salen los hombres que deben dirigir sus destinos.
  Como sostiene el sociólogo Kliksberg, la sociedad paga costos altísimos por el debilitamiento de las familias. La familia es fundamental para la formación afectiva, espiritual y emocional de los jóvenes. No son supuestos. Se ha verificado que el 50% de su rendimiento escolar está ligado al grado de apoyo y estímulo del núcleo familiar. También es importante para difundir actitudes de salud pública preventiva.
  La familia es también la más efectiva unidad preventiva del delito con que cuenta una sociedad. Si forma éticamente a los jóvenes a través del ejemplo, los apoya y controla, ello será de alta incidencia. Estudios realizados en distintos países indican que dos tercios de los delincuentes jóvenes vienen de familias desarticuladas. Asimismo, se ha comprobado que cuando los miembros de la familia comen juntos en forma regular se producen efectos favorables en los niños. Una comida cotidiana en la que se discute lo que pasa en el hogar, en el trabajo, en el país y en el mundo, y en la que los niños participan, ayuda a su futuro. Hay menos problemas de comportamiento, menos problemas internos, como depresión y ansiedad, y menos problemas externos, como agresiones y delincuencia.

 

  Felizmente, según una reciente encuesta efectuada por la agencia Gallup en nuestro país, para el 80% de los argentinos, la familia fundada en el matrimonio es el eje sobre el cual debe organizarse la vida social. En la fidelidad a esa concepción del hogar como ámbito formativo que determina la educación y la orientación moral de las personas aparece expresado el espíritu de una sociedad firmemente decidida a conservar lo mejor de su tradición cultural y espiritual.
  Por supuesto, la idea de la familia como célula básica de la sociedad remite, en principio, a una imagen teórica o abstracta del núcleo hogareño. Es sabido que entre ese modelo ideal y la experiencia concreta de todos los días existen, a menudo, distancias difíciles de salvar. Pero los modelos abstractos son síntesis culturales necesarias: la humanidad se vale de ellos para asegurar la conservación de ciertos valores y transmitirlos de generación en generación. La cultura opera siempre mediante visiones idealizadas de la realidad.
Por todo lo señalado, corresponde valorizar especialmente el rol que se atribuye a la familia, que se destaca hoy como un agente difícil de sustituir en la lucha contra la delincuencia y contra las desviaciones morales que llevan a los jóvenes a los abismos de la drogadicción o de la violencia. La contención familiar será siempre un aliado fundamental en el combate contra esos flagelos sociales, recurrentes y sombríos.
  Debemos destacar que el Foro Ético Mundial que acaba de realizarse en Méjico, resolvió gestionar ante las Naciones Unidas la declaración de la familia como Patrimonio de la Humanidad.

 

  ¿Qué es la nación? Los símbolos que la representan: la bandera, el himno, el escudo, no expresan integralmente el concepto de nación o patria. La nación está asentada en un territorio, pero es más que eso. La nación son también los argentinos que viven en ese territorio, los argentinos que han muerto por ese territorio, y aquellos que en el futuro vivirán en él.
  Por eso la nación es una familia grande. San Agustín decía: “Ama a tus padres y más que a tus padres, a tu patria, y más que a tu patria sólo a Dios”.
  La nación esta integrada por nuestra familia y por todas las otras familias que están vinculadas entre sí, porque habitamos el mismo territorio, hablamos la misma lengua, compartimos una tradición común, tenemos una historia común, y compartimos un mismo destino. La nación es un agregado de familias.
  Decíamos que la nación es algo más que el territorio, pero el territorio es para la nación, lo que es la casa para la familia. Aunque, actualmente, en este mundo moderno de los edificios de departamentos y de las torres, la casa se ha transformado en algo así como una máquina de vivir: un lugar de alojamiento transitorio donde se duerme y se come, y que no evita el sentimiento de desarraigo.
  Cuando pensamos en el soporte físico de la nación, debemos pensar más bien en las casas de nuestros antepasados, donde la familia se aquerenciaba y que tenia historia en sus paredes, en sus plantas, en sus muebles; en esa casa que había sido habitada durante generaciones, en la cual se arraigaba profundamente una familia. Decía León Degrelle: “hace falta haber sido nómada de los pisos anónimos, donde uno se sienta como en un tren, para conocer la pasión y la nostalgia del primero y el mejor de los paisajes, de ese marco de nuestro corazón que es nuestra casa”.

 

  Así también debemos pensar cuando hablamos del territorio de la nación; de la base material en la cual se sustenta esta gran familia que todos nosotros constituimos.
  Y decíamos que la nación no la integramos solamente los que estamos viviendo hoy; como expresara un poeta francés: la nación son los hombres y los muertos. Por eso la componen los predecesores, que establecieron los fundamentos de esta nación. Aquellos que formaron parte de los primeros regimientos que lograron la independencia de la Argentina y ayudaron a otros países hermanos a independizarse. Aquellos que habitaron los fortines para defender las fronteras de los malones, y los que tendieron cadenas sobre el Paraná para detener las tropas anglo-francesas en la Vuelta de Obligado.
  Y, más tarde, también se agregaron a la nación quienes, habiendo nacido en otras tierras, vinieron a trabajar y se arraigaron, como lo están haciendo hoy miles de extranjeros, algunos venidos desde muy lejos -China, Corea, Rusia- pudiendo aquerenciarse en poco tiempo, precisamente porque la Argentina es una nación con valores que atraen pues están desapareciendo en otros lugares: hospitalidad, tolerancia, solidaridad.
  Se ha definido a la nación como: “la porción de tierra donde un alma puede respirar”.
  Por eso, los argentinos que hoy vivimos en este territorio, hemos recibido una herencia que debemos custodiar celosamente, para entregarla a nuestros descendientes. Esa herencia, que llamamos patria cuando miramos al pasado, pues es la tierra de los padres, y llamamos nación, cuando miramos al heredero. Hoy somos administradores de esa herencia, que no nos pertenece en propiedad, pues debemos transmitirla, sin malversarla.

 

  Aunque en el futuro algunos argentinos, indignos de ese nombre, prefirieran renunciar a vivir en una nación con identidad propia, para obtener los beneficios económicos derivados de subordinarse a una potencia, los demás tendríamos la obligación moral de oponernos. El vínculo que nos une con la nación no es un contrato voluntario, es un sello indeleble que recibimos con el nacimiento. Así como no elegimos a los padres, tampoco elegimos la nación. Pero así como tenemos la obligación de amar a nuestros padres, también debemos amar a nuestra nación. Por encima de ese nivel, el amor al prójimo se diluye en fronteras lejanas. Mientras más se ama a la humanidad abstracta, se ama menos a los hombres en concreto. Ése es el riesgo que comienza a advertirse en la Argentina; se están aflojando los lazos que mantienen la cohesión social en un pueblo. Cuando se pierde el sentido de pertenecer a una nación, ésta se disgrega, desaparece la concordia y el sentido de la unidad.
  Cuando una crisis se prolonga mucho tiempo, como ha ocurrido en nuestro país, surge la peor de las tentaciones, que es mucho peor que sufrir una derrota militar, una derrota externa: es la tentación de la derrota interna. Es la tentación del desaliento, de la desesperación, de pensar que no hay salida. La tentación de bajar los brazos y llegar a la conclusión de que no vale la pena luchar; la de rendirnos. Por eso nunca es más grande y fuerte un pueblo, que cuando conserva sus raíces que se hunden profundamente en el pasado. Un pueblo que reniega de su pasado, o lo desconoce, no tiene ningún porvenir en el futuro. Entonces, debemos mirar hacia ese pasado y al ejemplo de quienes nos precedieron, para pensar después en nuestro presente y para pensarlo sin desanimarnos, a pesar de todo y cueste lo que cueste.

 

  Cuando Juan Pablo II era todavía Arzobispo, en Polonia -país que tuvo que padecer primero la invasión nazi y después largos años de tiranía comunista- afirmaba: “No nos desarraiguemos de nuestro pasado, no dejemos que éste nos sea arrancado del alma, es éste el contenido de nuestra identidad de hoy. No puede construirse el futuro más que sobre este fundamento. Que nadie se atreva a poner en tela de juicio nuestro amor a la patria. Que nadie se atreva”.

 

  Para concluir, el rol de la mujer es insustituible en una nación vigorosa, que mantenga su identidad propia. Pero a su vez, cuando los integrantes de una nación renuncian a mantenerse independientes, la vida social asumirá rápidamente los criterios que estén de moda en las grandes potencias o sean difundidos por organismos internacionales. En ese caso, la mujer verá dificultado mantener el rol que le compete, según hemos detallado al comienzo. Esto significa que la nación quedará convertida en una colectividad amorfa, desgajada de sus raíces originales, y la mujer perderá la protección de una comunidad que la ayude a mantener su esencia. De allí que la relación mujer / nación es de la máxima importancia, y debería ser motivo de honda reflexión al cumplirse el segundo centenario de la Argentina.

 


Fuentes:
-Klisksberg, Bernardo. “
La familia en peligro”; La Nación, 6-1-06.
-Editorial “
Familia, fundamentos de la sociedad”; La Nación, 21-1-06.
-Barisani, Blas. “
Apuntes para una historia de la familia”; Buenos Aires, Claretiana, 1998.
-Ezcurra, Alberto Ignacio P. “
Sermones patrióticos”; Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1995.
-Siebert, Marta. “
La mujer en la problemática actual”; Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1996.

LA FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA COMO INSTRUMENTO DE DOMINIO

LA FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA COMO INSTRUMENTO DE DOMINIO

Adrián SALBUCHI

Quien controla el pasado controla el presente;
quien controla el presente, controla el futuro
”.
George Orwell – “1984

 

”La historia no es simple “pasado”. Es la forma que suelen adoptar
las angustias y las luchas del presente. Es por eso que ante una
misma historia existen – y deben existir – distintas  interpretaciones
historiográficas… La tarea del pensador es analizar las conexiones
de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de
los que quieren confrontar “el mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”.

Norberto R. Ceresole - “La falsificación de la realidad”

 

 

La única verdad es la realidad”.
Juan D. Perón

 

  Para un pueblo, conocer su pasado - su historia - es tan importante como lo es para un individuo conocer quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces. Las personas que sufren de amnesia quedan inermes ante la voluntad ajena y corren el riesgo de que cualquier pillo los embauque haciéndose pasar por su “amigo”, o “hermano”, o “familiar” para así aprovecharse de él. 
Lo que les ocurre a estos individuos puede ocurrirle también a los pueblos si olvidan, confunden o desconocen el pasado; con las tecnologías modernas, incluso puede ocurrirle al mundo entero. Hoy, poderosísimos grupos compactos disponen de los medios para literalmente controlar nuestra visión del pasado - la Historia – y del presente, descarrilando así la Realidad que es reemplazada por una suerte de “realidad virtual”, alineada con sus propios y a menudo inconfesables objetivos e intereses.

 

LA “INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO”


  Bajo este insinuante título el historiador norteamericano Norman Finkelstein, profesor de teoría política en la City University of New York, Hunter College, publicó en el año 2000 un libro muy polémico: “The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering(1), en el que critica los poderosos motivos financieros y geopolíticos de quienes hoy promueven en forma exagerada el así llamado “Holocausto” con el fin de, entre otras cosas,  extraer gigantescas sumas de dinero para el Estado de Israel a un conjunto de “víctimas pudientes”: bancos suizos, los gobiernos estadounidense y alemán, grandes empresas alemanas y otras víctimas actuales y futuras. 
  Finkelstein define a Israel como un Estado terrorista, invasor y altamente peligroso no sólo para la paz en Medio Oriente sino de todo el mundo, particularmente si se considera su enorme capacidad nuclear gracias a las Armas de Destrucción Masiva atómicas que desde hace décadas le cediera sumisa y obedientemente Estados Unidos de Norte América. Norman Finkelstein se inserta en la corriente de pensamiento de su amigo y mentor Noam Chomsky, ambos prestigiosos intelectuales judíos anti-sionistas, que se han ganado las iras de la poderosísima maquinaria del sionismo internacional, al calificar a sus principales organizaciones y operadores como "gangsters" y "delincuentes"; al celebrado propagador del Holocausto, Elie Wiesel (2) como su “payaso residente”; y a las exigencias sionistas a Alemania para que les pague gigantescas reparaciones monetarias, como un desfachatado “chantaje”.
  Lo interesante del caso es que Finkelstein se inserta dentro de un creciente conjunto de historiadores, periodistas, intelectuales y sectores de opinión a nivel mundial que no aceptan mansamente el Dogma del Holocausto, emanado desde los centros de poder esencialmente privado del Nuevo Orden Mundial ubicados en Nueva York, Londres, París y Jerusalén, entre otras ciudades.  Se trata de un amplio sector de personas intelectualmente independientes que consideran que esta auténtica “Industria del Holocausto” como bien la define Finkelstein, es utilizada no solo para el robo de dineros públicos y privados en todo el mundo, sino también para justificar el genocidio que hoy perpetra el Estado de Israel contra el cautivo pueblo palestino y otras futuras agresiones en distintas partes del mundo que ya empiezan a avizorarse.

 

TERRORISMO INTELECTUAL


  En el actual y tan liberal "mundo desarrollado" existe, sin embargo, un auténtico terrorismo intelectual que prohíbe – en algunos países bajo pena de cárcel - que se investigue y se propague cualquier opinión o investigación que siquiera cuestione la veracidad de este Dogma del Holocausto.  Así, se ha perseguido e incluso encarcelado a historiadores como el francés Robert Fuarisson, a centros de investigaciones como el Instituto de Revisionismo Histórico de California, al investigador alemán Ernst Zundel y, más recientemente, el prestigioso historiador inglés David Irving, quien fuera arrestado en Austria bajo un viejo cargo que data del año 1989 cuando osó dar una conferencia en la que cuestionó la historia oficial de los 6 millones de judíos muertos en los campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial, aseverando – como mantienen muchos investigadores – que más allá de la persecución de los judíos en la Alemania nacionalsocialista, no existe sustento serio y verificable a esa tremenda cifra de los 6 millones. (3) 
  Esta cifra casi emblemática y cabalística de 6 millones hoy se acepta como buena, no porque se halle avalada por investigaciones históricas serias y sólidas, sino porque se la ha repetido, dramatizado y taladrado en el imaginario colectivo gracias a los cientos de miles de  millones de dólares invertidos a lo largo de sesenta años de propaganda en películas, documentales propagandísticas, libros, novelas, entrevistas, actos, monumentos, recordatorios, “memorias activas”, y muchas otras acciones psicológicas colectivas tendientes a imponer el “Holocausto de los 6 millones” como una realidad, a pesar de carecer tal cifra de un riguroso sustento fáctico. 
  Uno de los tantos instrumentos de guerra psicológica utilizados en este proceso es la neoyorquina Anti-Difamation League (ADL – www.adl.org), una de las organizaciones de choque encargada de ejercer presión de todo tipo contra quienes cuestionen el Mito del Holocausto en cualquier parte del mundo. Utilizando una metodología agresiva, copiosamente financiada y con amplia cobertura entre los multimedios monopólicos mundiales, la ADL ejerce una suerte de terrorismo intelectual tendiente a acallar toda crítica hacia el sionismo, sus objetivos mundiales y sus operadores, esgrimiendo – a menudo con tono rayano en la histeria – la acusación de “¡antisemitismo!” contra quienes pretendan promover un estudio serio de estos temas fundamentales, o cuestionen las políticas israelíes, equiparando erróneamente “antisemitismo” con “antisionismo(4).  Señalemos que la ADL opera estrechamente con la muy influyente y exclusiva logia masónica judía B´Nai B´Rith.

 

SIN PELOS EN LA LENGUA…

 

  Es dentro de este marco que creemos conveniente interpretar las agudas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, realizadas hace pocos días en La Meca, Arabia Saudita, cuando expresó dudas sobre la veracidad de la historia oficial en torno al Holocausto judío y sugirió que Israel debiera ser trasladada a Europa. Ello, naturalmente, generó el inmediato rechazo de las muy poderosas organizaciones sionistas mundiales y de los gobiernos y multimedios bajo su control, notablemente los de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Austria y, desde luego, de la propia Israel.
  Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que hoy tienen Irán y su gobierno entre los medios “occidentales”, la lógica de Ahmadinejad es históricamente impecable.  Entre otras cosas, manifestó el jefe de Estado iraní que "algunos países insisten en decir que Hitler mató a millones de inocentes judíos en una caldera y ellos insisten a tal punto en esto que si cualquiera dice algo contrario a lo que ellos condenan, es enviado a prisión" (por ejemplo, el historiador David Irving hoy encarcelado en Austria).  "Aunque no aceptamos esta afirmación (la del “Holocausto”), si suponemos que es verdad nuestra pregunta para los europeos es: "¿Es la matanza de personas judías inocentes llevada a cabo por Hitler la razón para que respalden a los ocupantes de Jerusalén?"  "Ahora que admiten que los judíos fueron oprimidos, ¿por qué deben pagar el precio los musulmanes palestinos?  Dado que ustedes (por los europeos) fueron los que los persiguieron, ofrézcanles ustedes un pedazo de tierra al régimen sionista para que pueda establecer allí el gobierno que más desea.  Nosotros lo apoyaremos", indicó Ahmadinejad.  "Que Alemania y Austria den dos o tres de sus provincias al régimen sionista y el problema estará resuelto desde sus raíces". (5)
  Innegablemente, Ahmadinejad está poniendo el dedo en la llaga, lo que pudo verificarse en la seguidilla de reacciones casi histéricas de las “democracias occidentales”, comenzando por las de la flamante canciller germana Angela Merkel, quien consideró "totalmente inaceptables" esas declaraciones iraníes recordando que "con nuestra responsabilidad histórica en mente, solo puedo decir que las rechazamos en los términos más duros". 
  Ahora, bien, nosotros preguntamos: ¿Por qué ese “rechazo” germano?  Si la actual Alemania está tan convencida de la veracidad del Holocausto de los 6 millones, y si su gobierno rechaza lo que muchísimas personas dentro y fuera de aquella otrora gran Nación hoy creemos en el sentido de que se trata de una tergiversación histórica, entonces que Alemania y Austria (oficialmente, los perpetradores del “Holocausto”) le cedan en compensación a los sionistas alguno de sus bellos Länder como Silesia, o Westfalia, o Brandenburgo, o, incluso – ¿por qué no? la histórica Baviera... 
  Haberles tirado este fardo a los palestinos, robándoles su Nación podrá ser muy cómodo para los aburguesados y decadentes alemanes y austriacos de hoy, pero el costo para los palestinos ha sido uno de genocidio, sangre, tortura, vejaciones, miseria y humillación.  ¿Por qué deben los palestinos pagar las culpas de alemanes y austriacos?  Máxime cuando la intrusión de Israel en el mundo musulmán ha sido causa de casi sesenta años de guerras, invasiones, y crímenes contra prácticamente todos los pueblos islámicos por parte de las fuerzas militares de Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña.
Ursula Plassnik, ministra de relaciones exteriores de Austria por su parte dijo que "no se pueden plantear dudas sobre el derecho a la existencia de Israel", no sólo aludiendo a estas declaraciones de Ahmadinejad sino también a las que hiciera el líder iraní hace poco tiempo invitando a "borrar a Israel del mapa".   A su vez, Raanan Gissin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sharon manifestó su preocupación ante “el consenso que existe en muchos círculos del mundo árabe de que los judíos no tienen derecho de establecer un Estado judío democrático en su patria ancestral”. 
  Por nuestra parte, agregaríamos que no sólo en el mundo árabe se cuestiona ese derecho a usurpar tierras ajenas, sino que en nuestro continente y en nuestra Argentina, somos muchísimas las personas que sostenemos precisamente ese punto de vista.  El Sr. Gissin incluso le recordó al presidente Ahmadinejad que "los judíos hemos estado aquí mucho antes que sus ancestros", dando a renglón seguido "gracias a Dios que tenemos la capacidad de disuadir y prevenir que semejante declaraciones se transformen en realidad".

  Resulta muy interesante la posición israelí.  Señalemos que si todos los pueblos y etnias del mundo se dedicaran a reclamar las tierras que según sus Libros Sagrados y tradiciones culturales, religiosas y étnico-raciales les corresponden porque “sus ancestros llegaron antes”, ello indudablemente generaría enormes cambios en el mapa mundi político.  Sin ir más lejos, los norteamericanos deberían retirarse de la totalidad del territorio que hoy ocupa su poderosa nación para devolvérselo a las naciones Sioux, Chinook, Tonkawa, Wichita, Ute, Apache, Delaware, Algonquin, Iowa, Cheyenne, Mojave, Mohawk, Chocktaw, Iroquí, Miami, Omaha y muchas otras tribus originarias, cuyas tierras les fueron robadas por el gobierno de EE.UU. a lo largo de casi cuatro siglos de invasiones y genocidios.  Pues, no caben dudas que estas tribus “llegaron ahí mucho antes” que los conquistadores ingleses, holandeses, españoles, portugueses, alemanes e, incluso, inmigrantes judíos que se establecieron en esas tierras para terminar fundando el voraz imperio hoy conocido como Estados Unidos de Norte América.
  Similarmente, en estas latitudes sudamericanas, nosotros los argentinos – al menos quienes somos de descendencia europea italiana, española, sajona, y también quienes sean miembros de la comunidad judía – debiéramos todos ir preparando nuestras maletas para retirarnos de estas tierras usurpadas hace apenas un par de siglos a las tribus Ranquel, Pampa, Mapuches, Comechingones, Guaraní, Tobas, Selcnam, Aimara, Ranquel, Quilmes, Guayaquí, entre tantas otras.
  Y con respecto a la “posibilidad de disuadir y prevenir" a la que alude el vocero del premier Ariel Sharon, no nos caben dudas de que tienen esa capacidad por cuanto las fuerzas del sionismo israelita hoy han logrado secuestrar al propio gobierno de los Estados Unidos de Norte América para que opere como instrumento dócil y subordinado a sus propios intereses geopolíticos mundiales, de claro corte mesiánico y racista.  Este insólito y complejo proceso mediante el cuál se secuestró el Estado norteamericano tiene nombre y apellido concreto: el así-llamado “Project for a New American Century” (www.newamericancentury.org), sobre el cual brindamos detalles en el Cap. V. del ensayo "Bienvenidos a la Jungla…:” (pags. 105 a 113.)

 

Y A NOSOTROS, ¿QUÉ NOS IMPORTA TODO ESTO?


  Cada vez que nuestra prensa pueril informa sobre estos temas, siempre lo hace fuera de contexto, usualmente en forma incompleta, y siempre de manera distorsionada, consecuencia de su obligado alineamiento con la visión global impuesta por los dueños del Nuevo Orden Mundial.  En síntesis, alineados sumisamente a los intereses del sionismo internacional. 
  Así, leemos en el matutino “Clarín” de Buenos Aires del 10-Dic-05, que las declaraciones del presidente iraní "expresan un sentimiento antisemita, intolerante, beligerante y antidemocrático", dijeron en Argentina, en un comunicado conjunto, la AMIA, la DAIA y la Organización Sionista Argentina, que "reclamaron al presidente Néstor Kirchner que se sume a la condena al presidente iraní por sus dichos”. Seguramente, Kirchner prontamente obedecerá, mientras que el mismo artículo periodístico vuelve a azuzar el “peligro nuclear” representado por Irán (soslayando que el verdadero peligro nuclear actual para la paz mundial son Estados Unidos, Israel y el Reino Unido), e incluso lanza una no muy velada amenaza sobre un futuro ataque israelí contra Irán al recordar que “Israel quiere que haya una actitud más firme de la comunidad internacional sobre el programa atómico que desarrolla Teherán. Ya en 1981, la Fuerza Aérea israelí bombardeó el reactor atómico iraquí Osirak, a 17 kilómetros al sur de Bagdad.”  No recordamos que por entonces las Naciones Unidas sancionaran a Israel por semejante agresión flagrante contra la soberanía iraquí, por más que hoy el siempre genuflexo secretario general de la ONU Koffi Annan se manifieste “horrorizado” por las declaraciones de Ahmadinejad cuestionando el Mito del Holocausto.

 

  Conviene recordar que las presiones sionistas sobre la República Argentina vienen de larga data.  Desde que su propio fundador Theodor Herzl propusiera en 1896 - hace ya más de un siglo - fundar el Estado israelita en territorio argentino “a cambio de una compensación financiera” (Preguntamos: ¿cobrará esto forma a través de algún venidero “canje de deuda por territorio”?). Hoy, esas presiones han derivado en un tremendo deterioro diplomático entre la Argentina e Irán, que no sólo le ha costado a nuestro país la pérdida de miles de millones de dólares en exportaciones a Irán a lo largo de la última década, sino que – muchísimo peor - nos arrastra peligrosamente a involucrarnos directamente en la guerra que Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña hoy preparan contra Irán, al tiempo que nos comportamos de manera despreciable al agredir e insultar gratuitamente al noble y milenario pueblo iraní. 
  Las consecuencias potencialmente catastróficas para nuestro país de haber permitido semejantes maniobras por parte de servicios de inteligencia de ciertos Estados foráneos, apenas  pueden enfatizarse.  Los graves peligros que hoy corre la Argentina al estar en manos de un gobierno integrado por personajes ignorantes en materia internacional como el presidente Néstor Kirchner - quien hasta hace pocos días confió nada más y nada menos que nuestra Cancillería a un personaje inepto, claramente incapaz e impotente para tomar decisiones como Rafael Bielsa - nos exime de todo otro comentario.

 

¿QUIÉNES SON; DÓNDE ESTÁN NUESTROS ENEMIGOS?

 

  La propia existencia de un Estado Nacional soberano implica un relacionamiento con todos los demás Estados nacionales soberanos y con otros operadores en el escenario mundial.  Lo queramos o no; nos guste o no. 
  Para abordar este hoy tan complejo y peligroso entorno externo sobre el cual la Argentina tiene poco o ningún control ni poder, debemos comenzar por comprenderlo, identificando cuáles son las amenazas y oportunidades que nos presenta, para luego diseñar las políticas y planes de acción correspondientes que promuevan nuestro objetivos y consoliden nuestros intereses.  Una Nación seria dispone de instrumentos concretos para estas tareas, que incluyen al Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa y – se supone – un presidente mínimamente lúcido, idóneo y equilibrado.
  La auténtica Política – mal que le pese a nuestra dirigencia de politiqueros de alcantarilla - es la Política Exterior, que es el plano donde una Nación se mide con otros Estados, a menudo vastamente más poderosos.  Un axioma fundamental de la Política Exterior requiere identificar a los Estados y operadores amigos, diferenciándolos de aquellos que se presentan como enemigos o al menos adversariales, para luego poder buscar alianzas con los primeros, y tomar acciones preventivas y de defensa respecto de los segundos. 
  Los Estados y operadores identificados como “enemigos” no lo son porque sean “malos”, sino  porque tienen otros intereses y otros objetivos no coincidentes con los nuestros, que al promoverlos pueden potencialmente entrar en conflicto indirecto o directo con nuestro país. Ahora bien: cuando esos Estados y operadores externos identificados como enemigos o adversariales resultan ser vastamente más poderosos que nosotros y, encima, claramente agresivos, entonces tenemos un problema.  Y cuando se presenta este tipo de problema, hay que hacer algo con el mismo, puesto que si se lo deja solo, decididamente no desaparecerá.  Todo lo contrario: aumentará su peligrosidad, presión y amenaza.  En nuestro caso, lo hará hasta que el Estado Nacional argentino ya no pueda hacer nada ante su creciente presión, fuera de ceder ante intereses y objetivos foráneos, claramente en detrimento de los objetivos e intereses de nuestro Pueblo (si no, no los hubiéramos identificado como enemigos, ¿verdad?). 
  Para administrar este complejo panorama, una Nación dispone de una Cancillería, de Fuerzas Armadas, de un Ministerio de Economía; en síntesis: para eso una Nación tiene un Estado Nacional cuyas estructuras se confían a un conjunto de ciudadanos que se integran en lo que denominamos “el Gobierno” que administra – para bien o para mal - los destinos del país. De más está enfatizar que colocar a un Gobierno de ineptos en las estructuras de Poder del Estado, termina resultando fatal para la Nación.
  Por eso, hoy la Argentina debe abordar esta compleja problemática internacional desde un ángulo diferente alineado en base a:
   (a) un enfoque equilibrado de la historia contemporánea (para comprender los orígenes del problema); 
   (b) un enfoque equilibrado respecto de las titánicas fuerzas que hoy conforman y deforman la política mundial (para comprender las amenazas que enfrentamos) y, por sobre todo,
   (c) un enfoque alineado con el Interés Nacional Argentino, o sea, el Bien Común de la mayoría de sus 39 millones de habitantes y no tan sólo los intereses de alguna de sus minorías sociales, económicas o étnicas (para preservar la Nación).


  Primeramente, resulta, como mínimo, sospechoso verificar la manera en que nuestros multimedios “formadores de opinión” se alinean sistemáticamente con la visión e intereses sustentados por la “historiografía oficial” promovida desde las más poderosas y violentas naciones del mundo.  Naciones que desde hace siglos son enemigas – o al menos adversarias – reales y concretas de la Republica Argentina: me refiero al Reino Unido y a los Estados Unidos de Norteamérica, que a lo largo de varios siglos nos han agredido y siguen agrediendo en los frentes económico, financiero, político, moral y militar casi sin interrupción, sea directamente o a través de sus agentes y operadores dentro del país en los sectores público y privado. 
  Así por ejemplo, y en relación a la compleja problemática en torno a la Segunda Guerra Mundial – contienda que definió quiénes serían los dueños del planeta en las décadas subsiguientes – y su desenlace, hemos adoptado la irracional posición de asumir como "nuestro enemigo" a una satanizada Alemania derrotada en aquella terrible y complejísima contienda bélica de hace más de sesenta años. Sin embargo, tanto Alemania y Austria como su principal aliado Japón, jamás agredieron a la Argentina ni a nuestro continente, ni nos atacaron ni vulneraron nuestros intereses, como sí lo hicieron y siguen haciendo sistemáticamente la rapiña  estadounidense y británica.  Tampoco olvidemos que la Unión Soviética, entonces aliada de Estados Unidos e Inglaterra, en los años sesenta y setenta lanzó contra nosotros sus huestes guerrilleras iniciando una catastrófica guerra civil en nuestro país.  Así caímos bajo un sincronizado efecto de “pinzas”, mediante el cual nuestro pueblo era agredido, por un lado, por la URSS a través de la guerrilla apátrida y sus “jóvenes idealistas”, mientras que por el otro, sufrimos la represión, entrega y traición de una cúpula cívico-militar usurpadora del Estado que se alineó estúpidamente con la geopolítica de Estados Unidos.
  Así llegamos a la irracionalidad de considerar como nuestros “amigos” a Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel que decididamente no lo son; al tiempo que creemos que son nuestros “enemigos” aquellas fuerzas opositoras a la alianza anglo-estadounidense-israelí: desde Alemania y Japón como actores históricos en la mayor contienda bélica del siglo XX, hasta Irán y las organizaciones liberación islámicas en Palestina, Irak y Afganistán. Esta Argentina cultural e intelectualmente colonizada pareciera disfrutar del veneno que a diario le hacen beber a borbotones.

 

NADA QUE VER CON NOSOTROS…

 

  El Estado de Israel es un país foráneo aliado a Estados Unidos y Gran Bretaña.  Si pensáramos con nuestro propio cerebro y no con el de nuestros enemigos y adversarios tanto fuera como dentro del país, entonces mantendríamos aunque más no sea una actitud decorosamente neutra y objetiva ante la catástrofe desatada en Medio Oriente desde hace más de medio siglo.  Como muestra de un mínimo de autoestima intelectual no aceptaríamos sin más la historia oficial mundial interesadamente propagada e impuesta por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en momentos en que casi ni se conoce cuál fue esa misma historia desde el punto de vista de los grandes derrotados de aquella Guerra Mundial, y no me refiero a los gobiernos títeres que hoy ocupan el poder en Alemania y Austria “por la gracia de un Dios tribal” que atiende en Nueva York, Londres y Jerusalén, entre otras cosmopolitas metrópolis.
  Desde 1945, la Opinión Pública planetaria ha sido informada sobre terribles matanzas, campos de  concentración y persecuciones perpetradas por la Alemania nacionalsocialista.  Sin embargo, aquello viene ocurriendo en un marco sin precedentes y único en la historia de la humanidad en el que un Estado (el Tercer Reich alemán) sucumbió militarmente en forma total e inerme a manos de sus irreconciliables enemigos (Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia), que así lograron robarle su territorio, condenar a sus dirigentes (la travestía jurídica de los Juicios de Nuremberg son un símbolo de ello), robarle cientos de miles de patentes, inventos, procesos industriales y derechos intelectuales de toda índole, y – muy importante – quitarle la totalidad de su documentación de Estado, especialmente aquella calificada como secreta; todo como gran botín de guerra. Aquella documentación fue retirada y llevada a Nueva York, Londres, París y Moscú desde donde con los años se fue escribiendo una "historia oficial" según la conveniencia, intereses y objetivos mundiales de aquellas potencias victoriosas.  Entre esos futuros objetivos y planes se encontraba la creación, el financiamiento y la poderosa militarización ad aeternum del Estado de Israel. 
  A modo de ejercicio mental, preguntamos: ¿cuál sería la imagen que tendría el mundo hoy si la totalidad de los documentos secretos de, por ejemplo, Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel cayeran íntegramente en manos de sus adversarios para que éstos los seleccionaran y armaran su propia “historia oficial”, con el fin de satanizarlos y promover su propio conjunto de objetivos? ¿Se imagina el lector las cosas que descubriríamos si pudiéramos, por ejemplo, investigar a fondo  los capítulos más oscuros, sanguinarios, perversos, patológicos y destructivos escondidos en los archivos secretos de la CIA, del Pentágono, y de la Nacional Security Agency estadounidenses?  O del MI6 y el Foreign Office británico?  O del Mossad, Shin Beth y Fuerzas de Defensa Israelí? 
  Hoy, los Estados Unidos ni siquiera logra quedar bien parada ante la opinión pública a pesar de ser la nación más poderosa del planeta.  Imaginémonos cómo quedaría ante la opinión pública si se pudiera desnudar a estadounidenses, británicos e israelíes íntegramente como ellos hicieron con Alemania a partir de 1945… ¿Cuántos “Tribunales de Nuremberg” tendríamos que montar para juzgar y condenar a los Kissinger, Truman, Eisenhower, Roosevelt, Bush, Johnson, McNamara, Bundy, Kennan, Deutch, Baruch, Mongenthau, Cheney, Perle, Wolfowitz, Feith, Rockefeller, Harriman, Clinton, Albright, Carlucci, Reagan, Hoover, Westmoreland, Rusk, Schwartzkopf, Powell, Braden,  Rhodes, Kagan, Podhoretz, Brzezinski, Abrams, Negroponte, Bolton, Dulles, Rice, Rumsfeld, Baker, Casey, Berger, Armitage, Lehman, Kaplan, Helms, Solardz, Sokolski, Thatcher, Churchill, D’Amato, Nixon, Ford, Carter, Eden, Carrington, Nott, Harris, Shamir, Meir, Sharon, Netanyahu, Barak, Peres, Gore, Beghin, Gurion, y tantos, tantos, más.   El mundo jamás habría visto tantos encumbrados juzgados por crímenes de lesa humanidad, genocidio y de crímenes contra la paz.
  Por eso, el alineamiento vergonzoso y sistemático de todos los gobiernos argentinos desde hace al menos treinta años a favor de los objetivos, intereses y planes de los dueños del Nuevo Orden Mundial conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel debe terminar.  Este vulgar proceso de decadencia se vio agudizado a partir de la traición menemista de los años noventa en todos los planos de la vida nacional y de sus relaciones internacionales, signadas desde entonces por las “relaciones carnales” con el imperio anglo-norteamericano-israelí (hoy intactas bajo el gobierno Kirchner que mantiene los ejes principales de esa sumisión, a pesar de haber cambiado el “estilo”).  
  En el caso específico de las declaraciones del presidente iraní, recordemos que la Argentina acusó a Irán por los atentados de la AMIA y, tangencialmente, de la Embajada Israelí, solo aportando pistas falsas, “pruebas” obviamente plantadas por fuerzas israelíes y norteamericanas que se hicieron cargo de investigar ambos “Ground Zero” en marzo 1992 y julio 1994.  Así, se trabajó durante más de una década en inventar una obviamente inexistente “pista iraní” con el bochornoso espectáculo que incluyó a un juez federal cometeando a un preso para que dé falso testimonio (el destituido juez Galeano) y, hace pocas semanas, a un histérico fiscal de Estado (Nissman) mostrando una foto de un supuesto “terrorista asesino” que se auto-inmoló en el atentado a la AMIA, tesis que rápidamente quedó descartada debido a su burda falsedad.  Todo, por supuesto, con altísima cobertura mediática de los diarios, radios y televisión local. Pero hoy se sigue trabajando intensamente para “encontrar” las “pruebas” que den sustento a la “pista iraní” que necesitan Bush y Sharon para armar un nuevo casus belli, esta vez contra Irán, mientras que lo que realmente hace falta es profundizar en la mucho más verosimil “pista israelí” (remitimos al lector al Cap. VI de nuestro citado ensayo “Bienvenidos a la Jungla…”).

 

LA CÁBALA DE LAS CIFRAS

 

  Para comprender cómo opera el mecanismo mistificador en torno a los 6 millones, señalemos que en un entorno mucho más pequeño y reciente en nuestro país, hemos visto un proceso parecido al propagarse el mito de los “30.000 desaparecidos”, cifra que no sólo no tiene ningún sustento, sino que la propia CONADEP – Comisión Nacional de la Desaparición de Personas creada por el gobierno Alfonsín en 1984 - en su conocido informe “Nunca Más”, describe la existencia de unos 8.700 “casos” denunciados de personas desaparecidas, al tiempo que reunió pruebas concretas que permitieron juzgar a los militares responsables en sólo un par de centenares de casos. 
  Aun entre esta cantidad mucho menor de “desaparecidos” descriptos por la CONADEP, hallamos casos notables de “desaparecidos” que terminaron apareciendo en el exterior; incluso alguno ha llegado a integrar el actual gobierno del presidente Kirchner, como el caso notable de la Dra. Carmen Argibay quien figura en el listado del informe “Nunca Más”, y que recientemente fuera nombrada jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por Kirchner. 
  Lo importante es señalar que, también aquí, el mito fue echado a rodar dinamizado por los medios de difusión que lo repiten una y otra y otra vez, taladrándolo en el cerebro de la ciudadanía, hasta que se lo terminó integrando de preppo al imaginario colectivo argentino. Señalamos esto para enfatizar la importancia que tiene no permitir que se falsifique la realidad - según la frase de Norberto Ceresole citada al inicio de este artículo -, lo que decididamente NO implica en lo más mínimo justificar la barbarie, estupidez y entrega del gobierno cívico-militar que usurpó el poder en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. 
  Los despreciables victimarios deben pagar por sus crímenes.  Sin embargo, una cosa es castigar a los individuos responsables – especialmente por tratarse de militares de alta gradación - y otra muy diferente es defenestrar a la institución de las fuerzas armadas y de seguridad, esenciales para la defensa y seguridad del Estado Argentino. Así, un conjunto de personajes internos y externos se ha aprovechado del terrible dolor de aquellos años para promover otros intereses menos confesables que apuntan a lograr la paulatina disolución y destrucción de la República Argentina.
  Moralmente, un solo ser humano injustamente perseguido o muerto merece Justicia, haya sido perseguido por militares argentinos, alemanes, estadounidenses, iraquíes, soviéticos, o israelíes, o por fanáticos chinos, sionistas, franceses o ingleses.  Pero la Justicia debe ser pareja y para todos y no sólo para algunos.  Y si hemos de condenar a militares argentinos y jerarcas alemanes, también debemos condenar a torturadores israelíes e ingleses y a invasores norteamericanos. 
  Por eso, pongamos las cosas en su justa proporción: ¿6 millones del Holocausto? ¿30.000 Desaparecidos? La exageración no sólo no acerca la Justicia y la Verdad, sino que, todo lo contrario, las aleja e insulta la memoria de quienes fueron realmente víctimas en todas estas complejas contiendas y guerras.
  Primero, entonces, generemos un ámbito objetivo y equilibrado que permita conocer los datos reales en torno a estos dolorosos hechos y procesos, y luego podremos determinar las cantidades de víctimas que sucumbieron. Hoy parece que se hace al revés: primero se tiran las cifras que permiten armar el Mito más conveniente para determinados objetivos encubiertos y luego se ejerce presión para obligar a todos a creer en ellas, con lo que se cobra una víctima más: la Verdad.
  Lo hemos dicho reiteradamente: si los Argentinos hemos de superar los males que nos aquejan, lo primero a hacer consiste en “entender y saber de qué se trata”, lo que por sobre todas las cosas presupone pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno.


 (1) También publicado en la Argentina bajo el título "La Industria del Holocausto: Reflexiones sobre la Explotación del Sufrimiento Judío" (Siglo XXI de Argentina Editores, Buenos Aires, 2002), extrañamente, hoy casi inhallable en nuestras librerías.
 (2) Premio Nobel de la Paz de 1986, miembro del poderoso Council on Foreign Relations, Inc., de Nueva York, y Gran Pope del Mito del Holocausto a nivel universal.  En 1980, Wiesel fue nombrado presidente del Consejo Estadounidense del Monumento al Holocausto por el entonces presidente Jimmy Carter (a su vez, también miembro del Council on Foreign Relations y de la Trilateral Commission de David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger y Maurice Greenberg, entre muchos otros poderosos).  www.eliewieselfoundation.org
 (3) Recordamos al lector que en 1935, Alemania sancionó legislación que severamente coartó las libertades individuales de los judíos en aquél país, prohibiéndoseles ocupar cargos públicos y ejercer diversas profesiones, aunque se les permitió ejercer sus actividades comerciales (solo así se explica que, más de tres años después, en Octubre 1938 pudiera tener lugar la lamentable “Noche de los Cristales” en la que miembros del partido nazi rompieron las vidrieras de miles de negocios pertenecientes a judíos en las ciudades alemanas, en protesta por la muerte del encargado de negocios alemán en la embajada de París a manos de un asesino judío).  Resulta notable señalar que aquella legislación – las conocidas “Leyes de Nuremberg” de Septiembre 1935 – se basaron, entre otros antecedentes, sobre la legislación y las constituciones estatales racistas de los Estados norteamericanos de Louisiana, Alabama, Mississippi, Georgia, Carolina del Sur y Arkansas, y también en las leyes del Apartheid que regían en la británica Sud Africa, que desde hacía décadas dejaron sin derechos civiles a los pobladores negros, reduciéndolos a un estado de cuasi-esclavitud que habría de perdurar décadas después de que la Alemania nacionalsocialista fuera derrotada por los democráticos norteamericanos e ingleses.  Las vueltas de la historia…
 (4) Para un análisis más profundo, ver del autor “Bienvenidos a la Jungla: Dominio y Supervivencia en el Nuevo Orden Mundial” (Ediciones Anábasis, Córdoba, 2005, 252 pags), particularmente su Cap. VI sobre el tema del “Sionismo”  
 (5) Citado por “La Nación” de Buenos Aires, 09-Dic-05, artículo “Irán desata otra polémica mundial: propone mudar Israel a Europa”.  También “El País” de Madrid de misma fecha, artículo “El presidente de Irán propone que Alemania y Austria acojan a Israel”

MAYORÍAS ABSOLUTAS VERSUS BLOQUES PLURIPARTIDISTAS: Hacia un nuevo modelo de correlación de las fuerzas políticas

MAYORÍAS ABSOLUTAS VERSUS BLOQUES PLURIPARTIDISTAS: Hacia un nuevo modelo de correlación de las fuerzas políticas

Francisco TORRES
 
  ¿Se han terminado las mayorías absolutas vinculadas a un solo partido o por el contrario continúan siendo el objetivo estratégico de las dos grandes fuerzas políticas existentes en España? ¿Se producirá en España un fenómeno similar al de otros países europeos con la irrupción de las fuerzas políticas transversales? ¿Han iniciado los partidos mayoritarios un cambio de estrategia sustituyendo la noción de partido = mayoría absoluta por la de partido hegemónico dentro de un bloque más amplio, configurado con anterioridad a los procesos electorales? ¿Está el socialismo constituyendo ese bloque mientras que la oposición se aferra al modelo antiguo?


 
  Casi todos los politólogos comparten la tesis del fin de la concreción de partidos-ideologías heredado del final de la II Guerra Mundial; aunque, en muchos casos, no fuera más que un remozamiento del modelo asentado durante el siglo XIX. Esta concreción de partidos, definidora del régimen político, se asentó sobre la tesis de agrupar la voluntad electoral de los ciudadanos, como eje vertebrador del juego político, en dos corrientes alternas: conservadora y liberal primero; conservadora-liberal y socialista, revolucionaria o no, después; democratacristiana y socialdemócrata más tarde. Estas corrientes podían quedar no adscritas a un único partido, aunque uno de ellos tuviera la capacidad de polarizar un mayor número de adhesiones convirtiéndose en la fuerza hegemónica del sector.

  Los profundos cambios acontecidos en la mentalidad colectiva, la imposición de la secularización de los modos de vida, la minusvaloración del Estado social, la desintegración del sistema de valores tradicional y la lenta disolución de los bloques ideológicos, entre otros factores, han contribuido a que las diferencias entre ambas corrientes, entre ambos espacios, fueran, en sus límites políticos, cada vez menos nítidas apareciendo un amplio espacio de convergencia electoral. Un espacio que se definió como "centro", sinónimo de moderación, que, en algún momento buscó traducirse en una fuerza política concreta y que en la actualidad se dibuja como un espacio sociológico más que político; espacio electoral por el que han acabado compitiendo, por su falta de adscripción definida, las dos grandes opciones políticos, favoreciendo el proceso de convergencia política.

  Teóricamente, circunscribiéndonos al modelo europeo, subsisten las marcas que se identifican con los términos derecha, centro o espacio de convergencia e izquierda; habitualmente se utiliza la polarización terminológica de derechas e izquierdas; aparentemente se mantienen las diferencias conceptuales entre unos y otros, auque se utilicen más como elemento descalificador del contrario que como elemento definidor. Inconscientemente, esta distribución, inexacta e irreal, continua ejerciendo una importante presión a la hora de la emisión del voto, convirtiéndose en elemento decisivo cuando, en las vísperas electorales, se hace realidad el denominado "vértigo electoral".

  Atendiendo a esta cuestión, basta mirar a Europa para sostener que, desde hace una década, algo está cambiando en este paisaje. Los partidos políticos tradicionales, que han dominado la escena política desde el final de la II Guerra Mundial, ya no son el único referente. Existe, en toda Europa, una amplia corriente de desencanto, de deseo de cambio con respecto a los partidos, de irrepresentatividad política, de disociación sociológica de los ciudadanos con respecto a las dos grandes opciones, que ha comenzado a cristalizar en la presencia en la vida pública y en las instituciones de otro tipo de fuerzas políticas, a las que se ha intentado marginar aplicándoles clichés propios de otros tiempos históricos. Fuerzas políticas que están logrando la identificación de ese nuevo espacio político con su opción. Son las denominadas fuerzas transversales porque su voto, a pesar de la visión simplista con la que a veces se aborda el fenómeno, no procede de un área concreta, definida y limitada; son grupos que logran integrar en su discurso elementos definidores que antes aparecían, teóricamente, vinculados en exclusiva, aun cuando fuera de forma propagandista, a una de las dos grandes opciones que se ofrecían al elector. Elementos que, además, los partidos tradicionales han ido relegando al subordinarlos al interés supremo de permanecer en el poder. Elementos que, en manos de los partidos tradicionales, presentan alto grado de incompatibilidad, pero que en el discurso de estos grupos adquieren una nueva vertebración integradora, capaz de hacer que se sientan partícipes del mismo, espacios sociales supuestamente antitéticos.  

  Hasta ahora, en la mayor parte de los países, el recurso de quienes se desenganchaban o no creían en los partidos políticos tradicionales era o votar a la opción que pareciera menos mala o, simplemente, abstenerse. Hoy, se pude afirmar que una parte sensible de esos ciudadanos comienza a optar por apoyar con su voto el cambio que anuncian los grupos transversales. Transversalidad, sociológicamente distante de la definición política que, en concordancia con la distribución tradicional de las fuerzas políticas, se da a cada uno de estos grupos en cada uno de sus países. Transversalidad definida por un discurso que escapa a las formulaciones de derecha e izquierda, haciendo posible que, votantes antiguos de esos espacios, cambien su voto, siendo capaces, al mismo tiempo, de atraer un voto nuevo cada vez menos condicionado por las etiquetas políticas.

El modelo español ante el cambio.

  Este proceso aún no se ha hecho tangible en España, aunque existan grupos que se identifiquen con esa ubicación política. El régimen de partidos, en España, se encuentra mantenido por la pervivencia propagandista de la división ideológica y por la propia Ley Electoral. Quienes estudian los comportamientos electorales y realizan proyecciones de futuro determinan que en España, pese a la permanencia del modelo bipartidista, lentamente, se va a producir un cambio significativo en el régimen de partidos. Cambio que va a ir más allá de la aparente respuesta actual, forzada por los partidos nacionalistas / separatistas / independentistas, que, sin embargo, obedece al esquema de partidos heredado del siglo XIX. ¿Razones? Fundamentalmente dos: primera, que el efecto "peso de la historia" se va diluyendo aceleradamente; segunda, que la renovación generacional del electorado dificulta la permanencia de la adscripción ideológica heredada.

  Ante esta realidad las fuerzas políticas tradicionales se han ido reubicando a sabiendas de que el comportamiento electoral de los españoles está comenzando a cambiar. Quienes trazan las estrategias de los partidos, en función de la realidad sociológica de nuestro cuerpo electoral, asumen, cada vez con más certeza, que alcanzar el objetivo de la "mayoría absoluta", que ha regido o condicionado el comportamiento del electorado en las dos últimas décadas, será cada vez más difícil; que la conciliación política, en un solo partido o programa, de grupos sociológicos / sociales diversos, que hasta hoy se hacen presentes en un voto más o menos uniforme, será cada vez más compleja.

  De forma un tanto simplista, pero al mismo tiempo fácilmente comprensible, podemos asumir que la base de esa ruptura del comportamiento electoral, probablemente, vendrá determinada porque la base social que hasta ahora, pese a su diversidad, deposita su confianza en un solo partido, que tiene  intereses distintos, que tiene valores distintos, se verá cada vez menos representada en ese partido; pues, en ese esquema, su capacidad de presión, su capacidad de pesar a la hora de tomar las decisiones políticas prácticamente desaparece, asumiendo la idea de que es mejor, sin dejar de formar parte de un bloque mayor, tener una representación propia desde la que obtener réditos, desde la que hacer valer su voto como minoría dentro de una mayoría de bloque.

  Atendiendo a esta realidad, difícilmente prescindible, los diseños estratégicos que buscaban la obtención de la mayoría absoluta como gran opción están comenzando a orientarse hacia la consecución de amplios bloques pluripartidistas bajo una fuerza política dominante. Bloques en los que el ciudadano se siente más representado y más defendido, porque su voto no se diluye en el monolítico partido único sino que, al fragmentarse, obliga a la fuerza hegemónica del bloque a tenerlo presente.

La reubicación política en socialistas y populares.

  La reordenación del espacio político teniendo presente ese dibujo del futuro inmediato (irrupción de las fuerzas transversales, configuración de los bloques de gobierno, aparición de grupos de presión ideológica, intervención directa de la sociedad civil…) ya se está produciendo, aunque la vorágine política del último año lo esté difuminando. Si nos acercamos al modelo español es fácil percibir, sin grandes análisis, el inicio de fragmentación del espacio sociológico que ocupan tanto el Partido Popular como el Partido Socialista, lo que no puede traducirse en una quiebra electoral inmediata. Sin embargo, existen grandes diferencias con respecto a las vías y posibilidades de reubicación de ambos partidos que son, salvo desintegración y atomización, los ejes constitutivos de los dos posibles bloques de gobierno, pero que, al mismo tiempo, comienzan a asumir que por sí solos, pese a antidemocráticas primas electorales, no pueden llegar a constituir ese bloque.

  La experiencia europea nos indica que el modelo de la izquierda está agotado, que éste es incapaz de generar más opciones, pese a la irrupción de los denominados grupos verdes; grupos que, pese a su teórica transversalidad, no han logrado configurarse más que como un sector más de la izquierda o como receptor de las viejas añoranzas de la izquierda revolucionaria que ha cambiado el marxismo por la ecología, algo que igualmente sucede con los denominados grupos antiglobalización. Se trata pues de un espacio que ya se encuentra tradicionalmente dividido en dos, tres o cuatro opciones.

  Parece evidente que el socialismo, tras su salida del poder en 1996, ha experimentado una profunda reflexión con respecto a la necesidad de asegurar un bloque de dominio que le pueda dar y mantener, nuevamente, la mayoría absoluta. Los estrategas socialistas asumieron que el PSOE era, como partido, insuficiente para lograr ese objetivo.

  José Luis Rodríguez Zapatero ha hecho suyo el análisis y la tesis y está tratando de conformar ese bloque: reconstruyendo, por un lado, la vieja alianza española de republicanos-socialistas-nacionalistas; por otro, asegurando una importantísima red mediática capaz de apagar cualquier voz crítica y, finalmente, asegurando la vinculación ideológica de las nuevas generaciones de votantes a través de la introducción en el modelo educativo de pautas de adoctrinamiento que impidan a ese nuevo elector disociarse de las pautas de comportamiento electoral heredadas. Nadie puede negar que en esto, Rodríguez Zapatero, esté actuando con una indudable astucia política. Así, hemos visto como el socialismo ha procurado cambiar su imagen corporativa, su marca para superar la desintegración del "peso de la historia" y sobre todo la pérdida de la "adscripción ideológica heredada" por la renovación generacional del electorado; y ahora asistimos a la concreción de su alianza con los llamados nacionalistas moderados una vez que juzga completado el ciclo con el nacionalismo radical. Con todo ello, el socialismo, pretende contener la erosión que está sufriendo la base sociológica del bloque que encabeza. De momento esta erosión no es políticamente preocupante ya que, al contrario que está sucediendo en otros países de Europa, en España no se está produciendo la conjunción entre los votantes tradicionales de la izquierda, que vuelven la espalda a los partidos socialistas o comunistas, y los nuevos grupos transversales, aunque, paradójicamente, se estén acelerando las condiciones óptimas para que el proceso se abra (problemas sociales, ruptura de la integridad de la nación, inmigración, inseguridad, empobrecimiento…). De momento, los analistas socialistas, asumen que esa pérdida de electores, reducida por el "vértigo electoral" y la falta de opciones, irá a otros grupos de izquierda, a grupos ecologistas, al voto testimonial o a la abstención pero, en ningún caso, se podrá traducir en un trasvase de votos a las aguas de la oposición, entre otras razones por el mantenimiento de la ficción derecha-izquierda.

  A diferencia de los movimientos estratégicos que, desde hace años, están removiendo las aguas de la izquierda, existe en el Partido Popular una inconsciente quietud.

  La evolución política española ha acabado configurando dos realidades muy distantes: por un lado, el cada vez más definido bloque de izquierdas pinzado con el nacionalismo; por otro, un partido, el Partido Popular, que se aferra a la tesis del partido = bloque = mayoría absoluta. Una visión muy extendida entre el grupo dirigente y el grupo burocrático de los populares, de ahí su insistencia en la idea de recuperar la mayoría absoluta. Esta concepción del partido igual a bloque está produciendo enormes tensiones en el seno del PP, no por la hipotética división de su grupo dirigente sino por la propia insatisfacción que está generando en su base sociológica. Una base que se ha ampliado tanto que, en algunos sectores, ya no se identifica, aunque aún mantenga la intención de voto, con el discurso oficial del partido. Los estrategas populares no han asumido la noción de bloque y fuerza hegemónica del mismo, aferrándose a la imagen del voto útil y el mal menor. Son conscientes del proceso de "desencanto" y buscan asegurar la fidelidad del votante a través de la creación, utilización o simple aparición como beneficiario de grupos que, de un modo u otro, manteniendo una posición crítica con respecto al PP, representen a esos ciudadanos que se sienten incómodos en el discurso popular, con la clara intención de reconducir su protesta hacia las posiciones menos rotundas del discurso popular. Sin embargo, a diferencia de lo que acontece en la izquierda, el volumen de electores que, en un momento dado, superando el vértigo electoral, se inclinan por la abstención, al no disponer más que de opciones meramente testimoniales, tiene un impacto cada vez más negativo en las expectativas electorales.

  Aparentemente, el Partido Popular, confía en que esta realidad pese poco debido al efecto antizetapé, pero el tiempo largo que aún queda hasta las próximas elecciones puede tamizarlo mucho y, aunque en las encuestas sobre intención de voto las diferencias entre socialistas y populares sean mínimas, continúan siendo trascendentes entre los populares y el bloque que está conformando la izquierda. Por todo ello, los estrategas del Partido Popular, si quieren volver al poder deberán replantear su estrategia sustituyendo la concepción partido = bloque por la de partido hegemónico dentro de un nuevo bloque.

El espacio transversal.

  Sociológicamente los grupos transversales han surgido de espacios insertos tradicionalmente en lo que comúnmente se entiende por derecha. Desde ahí han logrado articular un discurso que, sin embargo, ha sido capaz de atraer a votantes de izquierda. Muchos de estos grupos, en Europa, en la actualidad, capitalizan una buena parte del voto obrero. El populismo y el cosismo, que constituye una parte de su discurso, sintoniza, sin grandes problemas, con amplias capas sociales. Los elementos más tradicionales de su discurso no generan, sin embargo, rechazo, porque constituye la base cultural y moral real de los ciudadanos, por lo que no se producen problemas de identificación ideológica, porque se trata de conceptos igualmente transversales. Su presencia lleva nuevos aires y modos a la política, atrayendo a los electores desencantados de los partidos de centroderecha o izquierda que se orientaban, en función de la coyuntura política, hacia la abstención.

  Este espacio transversal es el único capaz de generar nuevas mayorías de gobierno, nuevos bloques, al otorgar representación y valor real a grupos sociológicamente amplios, introduciendo importantes cambios políticos. Todo ello sin perder su independencia política y sin dejar a un lado el compromiso con sus votantes, con sus principios y valores. Es el único espacio donde quedan sectores suficientes de votantes para ello; muy por encima de los votos libres del denominado "centrismo sociológico" que en realidad disputan socialistas y populares.

  Cierto es que estos grupos generan una profunda desconfianza; fundamentalmente por lo que encierran de ruptura del monopolio político que ejercen los partidos tradicionales, por lo que difícilmente escapan a un proceso de  anatemización mediático-político. Sin embargo son estos grupos los que rompen la hegemonía que el socialismo tiene a la hora de constituir esos bloques políticos mayoritarios. Un socialismo, conviene recordarlo, que manteniendo el esquema habitual sólo abandona el poder tras años de catastrófica gestión.

QUIENES DE VERDAD MANDAN SON AQUELLOS QUE NUNCA ELEGIMOS

QUIENES DE VERDAD MANDAN SON AQUELLOS QUE NUNCA ELEGIMOS

Alberto BUELA

 

   Si un mérito político tiene Condorcet (1745-1794) al confluir en él el pensamiento de la Ilustración francesa —D’Alambert, Voltaire, Diderot— con la ideología racionalista de Rousseau, es su definición de hombre como homo suffragans. Definir al hombre como "aquel que vota" es mutilar los aspectos sustantivos de su naturaleza e historia para limitarlo a la ecuación liberal "un hombre, un voto". Nadie discute hoy que un hombre es más que un voto o que un voto no agota la naturaleza del hombre. Y que es un error gravísimo definir al hombre como "el que sufraga". Muchos han sido los filósofos que han criticado esta postura, y de entre ellos nosotros elegimos a Guiseppe Rensi, el irregular, por su brevedad, concisión y contundencia. "Si no hay unanimidad en la votación se convierte en ley aquello que la minoría no quería, tal ley al no ser aceptada racionalmente por la minoría se impone como fuerza ciega. No hay ninguna diferencia cualitativa entre tal ley y la impuesta por un tirano... entonces Rousseau dice que el consentimiento de aquellos que no la votaron se da por el hecho de que continúen viviendo en el país: Habitar el territorio quiere decir someterse a su soberanía. El ciudadano que no se expatria se entiende que adhiere a la ley" (1). Todo el racionalismo político de la Ilustración termina en el hecho brutal de la fuerza ciega: Si no te gusta, te vas. Se termina de instalar el "totalitarismo democrático".

   Denunciar este sutil totalitarismo tiene hoy, por supuesto, otras variantes más sutiles y diplomáticas como, en primer lugar la inversión de la prueba: aquel que se anima a denunciar la democracia procedimental como totalitaria, es un totalitario, viene luego una seguidilla de medidas: el exilio interior, la condena del silencio de los mass media, el desprestigio por la infamia, el no acceso a las cátedras y publicaciones, en definitiva, la falta de reconocimiento. ¡No existís! diría un adolescente hoy. Este totalitarismo democrático tiene sus propios y selectos ejecutores: en primer lugar las oligarquías partidarias donde los nombres se repiten y se intercambian por años en todos los cargos del escalafón del Estado. Ora senador, ora diputado, ministro, embajador, gobernador, presidente, juez, interventor. Son los hombres confiables, predecibles, obedientes a, por decirlo de alguna manera, los poderes indirectos.

   En segundo lugar tenemos los lobbies, que mediante el totalitarismo democrático, buscan por todos los medios eliminar la idea de soberanía nacional. En los pocos casos históricos en que han funcionado Estados soberanos, el totalitarismo democrático pierde terreno. No tiene capacidad de gestión, no incide en las decisiones últimas e importantes. Los lobbies, estos grupos cerrados de presión que se crean en defensa de los intereses específicos de sus miembros en detrimento del bien común general, se multiplican y son eficaces cuando se ha disuelto la idea de soberanía nacional. Así la administración de los Estados no tiene objeto de preferencia y es fácil presa de las presiones lobbísticas. Los gobiernos son gobiernos de lobbies y los parlamentos sólo tienen por tarea convalidar los paquetes de medidas propuestos por estos poderes indirectos.

   En estos días tenemos un ejemplo mundial de cómo funciona este sistema de embaucar a los pueblos. El vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney, principal impulsor de la terrible y devastadora guerra contra Iraq, se opone al presidente Bush en nombre de la libertad, porque este tiene planes de prohibir el matrimonio de homosexuales. Dick Cheney es un caso emblemático. Está denunciado como lobbista petrolero y por eso instigador de la guerra contra Iraq para apoderarse de los pozos petroleros. Y ahora actúa como lobbista de los poderosos grupos gays de los Estados Unidos a favor del matrimonio homosexual y la sexualidad polimorfa. ¿Y la defensa del bien común general motivo y causa de su elección por parte del pueblo norteamericano, para cuando la deja? Otro caso. Se queja hoy la decana revista política francesa Lectures Françaises, n. 568, p. 29, diciendo: "¿Quién sostiene a Nicolas Sarkozy? (Primer ministro de Francia y candidato a la presidencia). No es difícil comprenderlo: Cuando viajó a Estados Unidos en el mes de abril por 24hs. Sarkozy buscó los medios para presidir un desayuno organizado por The American Jewish Commitee, uno de los principales grupos de presión (lobbies), de los Estados Unidos. ¿Es necesario para hacerse elegir presidente de Francia ir a buscar un mandato de una minoría (los judíos son el 2% de la población americana) que viven a 6.000 km. de nosotros? El asunto es grave y más aún si nadie da razón de la enormidad de tal comportamiento." Tomamos dos ejemplos al voleo y que nos llegaron entre las noticias del día, sobre dos de los países más poderosos de la tierra Francia y Estados Unidos. Dicho sea de paso, ellos también comparten el honor de haber sido los dos países occidentales que más tiempo han mantenido en vigencia la institución de la esclavitud y los primeros en proclamar la democracia liberal. Es decir, si las democracias más antiguas y sólidas del mundo son penetradas e instrumentadas por los poderes indirectos casi en forma descarada, ¿qué podemos esperar nosotros de las democracias periféricas y absolutamente formales? Democracias sin tradición ni convicciones. Simulacros democráticos para justificar moralmente la expoliación de nuestros pueblos.

   Ante esta tristísima realidad sólo podemos constatar aquello que afirmamos al comienzo: Quienes de verdad mandan son aquellos que nunca elegimos. De lo que se deduce que nuestros representantes no sólo no nos representan sino que además nos representan mal, porque convalidan con sus decisiones, las de otros que, además, nos son perjudiciales. El desguace de los activos fijos del Estado Nacional (argentino) realizado por el gobierno de Menem (1989-1999) a través del siniestro mecanismo de las privatizaciones de las empresas públicas (petróleo, gas, agua, energía, teléfonos, espacio aéreo, etc.) es el ejemplo más claro y más directo que tenemos, para poder sostener la tesis que: Quienes de verdad mandan son aquellos que nunca elegimos. Y esto se da tanto en los espacios nacionales como en el orden mundial.

 

Notas

 

 (1) Rensi, Giuseppe: "Filosofía de la autoridad", Bs.As., Doucalion, 1957, pp. 20 y 20. Filósofo italiano nacido en Verona (1871-1941) y refugiado en Suiza entre 1898 y 1908. Estuvo separado del fascismo triunfante, crítico terrible del racionalismo y del idealismo, distante de Croce y Gentile, los dos filósofos italianos más importantes de su tiempo, marginado del neopositivismo y del marxismo, sistemas generosos en promesas y salvación, se refugió en un escepticismo crítico a todo el sistema de valores de su tiempo. Fue conocido bajo el nombre de el irregular, por su concepción sobre la misión del filósofo: colui che rivolta il pensiero come un guanto. Puede decirse que el núcleo de su pensamiento invierte la fórmula hegeliana "todo lo real es racional y todo lo racional es real" por aquella otra: "lo real es irracional y lo racional es la irrealidad". Sus obras más conocidas son Los antiguos regímenes y la democracia directa (1902), Estudios y notas sobre historia, literatura, economía y política (1903),La antinomia del espíritu(1910), Lineamientos de filosofía escéptica (1919-21), Filosofía del absurdo (1924-37). En castellano se publicó en 1957 en Buenos Aires por la editorial Deucalion y distribuido por la librería Hachette su libro Filosofía de la autoridad con la traducción de Carlos Vallejo.