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Bitácora PI

DÍA DE ELECCIONES

DÍA DE ELECCIONES

Juan V. OLTRA

 

   Sí, lo reconozco: yo voté en las pasadas elecciones. Aunque no tanto por apostar a un candidato convincente y digno, sino por no oír la tabarra que me daban mi mujer y mi madre. Prefiero aguantar a un memo (o mema, ¡viva la paridad!) durante cuatro años en una institución alejada de mi casa, que ser vapuleado en ella un solo día por las mujeres de mi vida. Usted también lo haría, créame.

   Así pues, fuimos todos a esa "gran fiesta democrática", a sentirnos partícipes de las actuaciones públicas por el mero hecho de votar a unos candidatos que, en el mejor de los casos, nos olvidarán una vez sean conocidos los resultados del escrutinio. Acudimos juntos, niños incluidos, al colegio electoral que, como su nombre indica, es un colegio (parece una tontería, pero la lógica no siempre funciona con estas cosas). Un colegio construido a base de barracones con un calor digno del país tercermundista en que vamos camino de convertirnos, pues esos políticos a los que votábamos, en gobierno y oposición, que sólo visitan en el mejor de los casos el barrio a paso rápido durante el periodo de campaña electoral, no han caído en que los niños necesitan estudiar crudos, que cuando se convierten en alumnos a l´ast no asimilan bien la docencia; misterios de la pedagogía moderna.

 

   Una vez dentro, tuve un déjà vu, una experiencia no sé si paranormal o simplemente anormal: los mismos interventores, las mismas mesas, los mismos carteles, incluso los mismos listados ajados de votantes y las mismas papeletas con los partidos de siempre y algún advenedizo: tres o cuatro agrupaciones comunistas, doscientas cincuenta falanges, ecologistas de extrema izquierda, ecologistas de extrema derecha y la agrupación electoral de los adoradores del huevo frito. Vamos, lo de costumbre.

   Lo que no esperaba era la reacción de mi hijo pequeño, enano de tres años quien, dotado de una gran intuición, veía como natural aquello que, debido a su corta edad, era un espectáculo totalmente inédito para él. Pero mi niño es todo acción, así que quizá valorando en su tierna cabecita que el mejor destino de las urnas es el de ser rotas, introdujo sus brazos entre las urnas dedicadas a Ayuntamiento y Gobierno autonómico y se dispuso a tirarlas al suelo. Como no tengo ganas de ir a visitarlo a un centro de reeducación, me lancé al quite y, con un punto de remordimiento, se lo impedí. Al oído le dije que, si dentro de unos años quería mantener sus posiciones, ya hablaríamos, que podía contar conmigo, pero que de momento era demasiado joven para beber, fumar, ir con mujeres, leer a Antonio Gala o tener ideas políticas propias. Eso pareció calmarle lo suficiente como para alejarse. Eso y una golosina con la que astutamente le soborné.

 

   Una vez ya fuera, declaré cerrado el día electoral. No porque no me importaran los resultados, sino porque los conocía al dedillo, y con esto no quiero tomar atribuciones de futurólogo o asimilado: se trataba de una realidad cantada. Para Valencia, mi demarcación electoral o como demonios (demoniocratas en este caso) la quieran llamar, sólo había dos alternativas: PP o PSOE  (vale, esta bien, lo reconozco, para mi demarcación y para el práctico resto de esta piel de toro). Y yo ya sabía no quién ganaría, sino quién perdería. El PSOE no sólo había llevado a cabo una campaña electoral que parecía desarrollada en la sede del PP (recuerdo con gozo aquellas fotos de sus candidatos que parecían anuncios del lanzamiento en DVD de "la familia Monster", a lo que replicaban que "las habían hecho en Madrid y no tenían permiso para modificarlas", ¡toma ya autonomía!; aquellos "puntoscarmen" que canjeaban por chapas, globos, camisetas y bolsos con la efigie de Carmen Alborch convenientemente arreglada por el photoshop, y como traca final aquellos tangas con el logo del partido, dignos del mejor sex-shop). Repito, no sólo había empezado mal... sino que si en algún sitio sabía que tenían de antemano perdida la partida era en Madrid y en Valencia. ¿Motivo?... elemental: los candidatos Miguel Sebastián y Carmen Alborch habían sido elegidos como una apuesta personal del presidente Rodríguez Zapatero. Y ya conocen ustedes  la maldición de ZP: al que le da la mano, se le pudre: recuerden las elecciones de EE.UU., Alemania, Francia...

 

   Precisamente, hace poco he visto unas imágenes de Sarkozy dándole la mano a Rodríguez Zapatero. Yo de él, iría corriendo a hacerme una resonancia y pegarme un chute de antibióticos. Se lo digo con toda mi buena intención.

"DEONTOLOGÍA Y ASPECTOS LEGALES DE LA INFORMÁTICA"

"DEONTOLOGÍA Y ASPECTOS LEGALES DE LA INFORMÁTICA"

Sento FERRER

 

   Fruto de una larga colaboración de la profesora María de Miguel, doctora en Derecho y del profesor Juan Vte. Oltra, doctor ingeniero en Informática y colaborador de nuestra publicación, aparece el libro "Deontología y Aspectos Legales de la Informática: cuestiones éticas, jurídicas y técnicas básicas".

   Este volumen pasa a ser un documento de referencia no sólo para los alumnos universitarios que quieran tener una visión general de los aspectos éticos, jurídicos o técnicos básicos que intervienen en el día a día de las nuevas tecnologías, sino que resulta de gran utilidad para cualquier profesional que necesite tener una perspectiva amplia de los aspectos jurídicos que plantean las TIC´s (tecnologías de la información y comunicación).

   Temas diversos, que van desde la protección de datos personales y la propiedad intelectual a aspectos básicos del entramado legal que recubre el comercio electrónico o los primeros pasos para hacer un peritaje informático, quedan cubiertos por este libro, publicado por la Universidad Politécnica de Valencia y disponible en la práctica totalidad de las universidades públicas españolas.

UNITED FRUIT: BANANAS, ABOGADOS Y AMETRALLADORAS

UNITED FRUIT: BANANAS, ABOGADOS Y AMETRALLADORAS

Roberto BARDINI

 

 

   Creada en 1899, la compañía bananera United Fruit se estableció en pocos años en alrededor de una decena de países del continente. Los pioneros del imperio del plátano no fueron economistas, ni contadores, ni administradores de empresa, ni -mucho menos- filántropos. Eran especuladores, aventureros y buscavidas dispuestos a enriquecerse por cualquier medio.

   En 1916, un diplomático estadounidense acreditado en Honduras calificó a una empresa, que luego se unió a la United Fruit, como "un estado dentro del estado". Y aunque cambió varias veces de nombre, siempre fue un poder detrás del trono. Sobornó a políticos, financió invasiones, promovió golpes de estado, quitó y colocó presidentes, acabó a balazos con huelgas y respaldó a escuadrones de la muerte.

   En 1970, la United Fruit se fusionó con otra firma y pasó a llamarse United Brands. En 1990 volvió a cambiar de nombre: ahora es Chiquita Brands. Con 15 mil hectáreas en América Latina y cerca de 14 mil trabajadores, sigue siendo un gigante del negocio. Actualmente, la banana es el segundo cultivo del mundo después de la naranja. En los países pobres es el cuarto alimento más accesible detrás del arroz, el trigo y el maíz. En algunos países africanos, como Ruanda y Uganda, el consumo de plátano por persona a veces llega a los 250 kilos por año.

 

     El rey sin corona de Centroamérica

 

   Antes de 1870 los estadounidenses nunca habían visto un plátano. Pero ese año el ingeniero ferroviario Minor Cooper Keith, nacido en Brooklyn y de sólo 23 años, exporta desde Costa Rica las primeras bananas al puerto de Nueva Orleáns. Tres décadas después, Estados Unidos consume aproximadamente 16 millones de racimos al año.

   Minor C. Keith, nacido en 1848, el año en que Karl Marx publicó El Capital, no se detiene ante las dificultades de la época. Para el tendido de las vías que van de Puerto Limón a San José, ha reclutado un primer cargamento de 700 ladrones y criminales de las cárceles de Louisiana; sólo sobreviven 25 a las duras condiciones de junglas y pantanos. El hombre de negocios no se amilana y lleva a dos mil italianos. Al ver las condiciones de trabajo, casi todos prefieren escapar a la selva. El empresario atrae entonces a chinos y negros, al parecer más resistentes a las enfermedades tropicales. En la instalación de los primeros 40 kilómetros de rieles mueren cinco mil trabajadores.

   El emprendedor Keith se casa la hija del ex presidente José María Castro Madriz, primer mandatario de la república. Hace relaciones entre la provinciana alta sociedad costarricense, soborna políticos, compra autoridades y obtiene la concesión del flamante ferrocarril por 99 años. Ahora sí puede dedicarse de lleno al negocio del plátano. En 1899, busca socios y funda en Boston la United Fruit Company, la compañía bananera más grande del mundo, con plantaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá y Santo Domingo. En poco tiempo es dueño del diez por ciento del territorio costarricense y conocido como "el rey sin corona de Centroamérica".

   Además de los trenes de Costa Rica y la producción bananera de América Central y el Caribe, Keith y sus socios controlan los mercados municipales, los tranvías, la electricidad y el agua, poseen 180 kilómetros de ferrocarril que unen las plantaciones con los puertos y en poco tiempo son dueños una línea marítima que lleva el banano hacia los muelles de Estados Unidos y Europa. Ese imperio naviero, creado en 1907 con cuatro barcos que aumentaron a cien en 1930, existe hasta hoy y se llama Gran Flota Blanca.

   Minor Keith funda en 1911 la International Railroads of Central America, que une sus líneas férreas con México y El Salvador. Muere a los 81 años, en 1929, cuando se produce el famoso "martes negro" de Wall Street que da origen a la llamada Gran Depresión. El hombre que había llegado a Costa Rica con una mano atrás y otra adelante, tenía una fortuna de 30 millones de dólares que nunca se supo a dónde fue a parar.

 

     El hombre banana

 

   Samuel Smuri, hijo de un campesino judío de Besarabia (Rusia), llega a Estados Unidos en 1892, a los 15 años. A los 18, cambia su apellido por Zemurray y comienza a comprar a bajo precio plátanos a punto de descomponerse en los muelles de Nueva Orleáns, que luego vende rápidamente en pueblos cercanos. A los 21, posee cien mil dólares en una cuenta de banco. Sam Zemurray no tiene estudios y no logra hablar bien el inglés, pero ya está listo para los grandes negocios. Se casa con la hija de Jacob Weinberger, el vendedor de bananas más importante de Nueva Orleáns, compra una empresa naviera en bancarrota y en 1905 desembarca en Puerto Cortés (Honduras). Allí adquiere otra compañía al borde de la quiebra, la Cuyamel Fruit Company.

   En 1910 es dueño de seis mil hectáreas, pero está endeudado con varios bancos estadounidenses. Entonces decide apoderarse de todo el país a muy poco costo. Lo logra al año siguiente. Zemurray regresa a Nueva Orleáns y busca a Manuel Bonilla, ex presidente hondureño exiliado, a quien convence de dar un golpe de estado para recuperar el gobierno. Bonilla es un ex carpintero, violinista y clarinetista que al calor de las guerras civiles llegó de cabo a general. Zemurray también entusiasma para participar en la aventura centroamericana al "general" Lee Christmas, un soldado de fortuna, y a su protegido Guy "Ametralladora" Molony, un pistolero profesional.

   En enero de 1911, los cuatro se embarcan junto con una gavilla de corsarios rumbo a Honduras. Armados sólo con una ametralladora pesada, una caja de rifles de repetición, 1.500 kilos de municiones y varias botellas de bourbon, durante un año los mercenarios arrasan todo a su paso, llegan a Tegucigalpa y el 1 de febrero de 1912 instalan a Bonilla en el poder. En 1911, el agradecido presidente otorga a Zemurray una concesión libre de impuestos de diez mil hectáreas para cultivar bananos durante 25 años. "El territorio controlado por la Cuyamel es un estado en sí mismo", informa el cónsul estadounidense en Puerto Cortés en 1916. "Alberga a sus empleados, cultiva plantaciones, opera ferrocarriles y facilidades terminales, líneas de vapores, sistemas de agua, plantas eléctricas, comisariatos, clubes".

   En 1929, en medio de una gran crisis mundial, el comerciante ruso vende la Cuyamel a la United Fruit a cambio de 300.000 acciones valuadas en 31 millones de dólares, lo que le permite quedar como el principal accionista individual. Para entonces al especulador ya se le conoce como "el hombre banana". Sam Zemurray ocupa altos puestos en la United Fruit Company hasta 1957, incluyendo la presidencia. En 1961, a los 84 años, fallece víctima del mal de Parkinson. Es autor de una frase que pasa a la historia centroamericana: "En Honduras es más barato comprar un diputado que una mula".

 

     La masacre de Santa Marta

 

   En 1928 la United Fruit Company llevaba tres décadas en Colombia y se beneficiaba de la falta de legislación laboral. El 6 de diciembre de ese año, luego de casi un mes de huelga, tres mil trabajadores de la empresa se reúnen en los alrededores de la estación de trenes de Ciénaga, en el departamento de Magdalena, al norte del país. Ha corrido el rumor que el gobernador llegará para escuchar sus reclamos. El funcionario nunca llega y a ellos los acribillan a tiros. A pedido de la compañía bananera, el ejército había rodeado el lugar. El general al mando da cinco minutos para que la multitud de disperse. Transcurrido ese plazo, ordena a la tropa que dispare. Según el gobierno, murieron "nueve revoltosos comunistas". Sin embargo, el 29 de diciembre de 1928 el cónsul estadounidense en Santa Marta envía un telegrama a Washington en el que indica entre 500 y 600 víctimas. En enero del año siguiente, el diplomático informa que los muertos son más de mil y menciona como fuente al representante de la United Fruit en Bogotá. Los cadáveres fueron llevados en trenes a la costa y arrojados al océano Atlántico.

   La empresa de ferrocarriles de la región es propiedad de la firma británica Santa Marta Railway Company, pero la mayoría de sus acciones pertenecen a la United Fruit.

 

     "Mi banana republic"

 

   El neoyorkino Minor Cooper Keith también desembarca en Guatemala. En 1901, el dictador Manuel Estrada Cabrera otorga a la United Fruit la exclusividad para transportar el correo a Estados Unidos. Después, permite la creación de la compañía de ferrocarril como una filial de la empresa bananera. Luego le concede el control de todos los medios de transporte y comunicaciones. Y como si esto fuera poco, la propia firma se exime de pagar cualquier impuesto al gobierno durante 99 años.

   Estrada Cabrera -personaje central de la novela El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias- se mantuvo en el poder 22 años, hasta que en 1920 el Congreso lo declaró "insano mentalmente", pero la United Fruit continuó manejando los hilos de la política. El 75 por ciento de la tierra cultivable es propiedad de dos por ciento de la población y, dentro de ese escandaloso porcentaje, la United Fruit es la mayor poseedora. Para entonces, hacía mucho tiempo que Keith se refería a Guatemala como "mi banana republic". A él deben agradecerle los centroamericanos y caribeños la denominación.

   En 1952, cuando el presidente Jacobo Arbenz intenta realizar una cuidadosa reforma agraria en beneficio de cien mil familias campesinas, la United Fruit sabe que se le acabarán todos sus privilegios y se pone en marcha para evitarlo. La solución está en Washington. Uno de los accionistas de la firma es secretario de estado del presidente Dwight Eisenhower: se trata de John Foster Dulles, que también es abogado de Prescott Bush, abuelo del presidente George W. Bush. Su hermano menor, Allen Dulles, es el primer director civil de la CIA.

   Con el pretexto del "peligro comunista" en Guatemala, los hermanos Dulles le hacen el trabajo sucio a la United Fruit. El 27 de junio de 1954, una fuerza militar encabezada por el general Carlos Castillo Armas -que parte de los campos bananeros de la empresa en Honduras- invade el país. Pilotos estadounidenses bombardean la capital. Arbenz es derrocado y se exilia en México. Doce mil personas son arrestadas, se disuelven más de 500 sindicatos y dos mil dirigentes gremiales abandonan el país. Castillo Armas, formado en Fort Leavenworth (Kansas), es "barato, obediente y burro", según el escritor Eduardo Galeano. Y asume la presidencia. Es el hombre que la United Fruit necesita para seguir siendo "dueña de campos baldíos, del ferrocarril, del teléfono, del telégrafo, de los puertos, de los barcos y de muchos militares, políticos y periodistas".

 

   La Chiquita Brands protagonizó su último escándalo en Colombia, donde se comprobó que desde 1997 le pagaba a los paramilitares por eliminar a dirigentes campesinos y sindicalistas "molestos". Se retiró del país en 2004 y a comienzos de abril de este año fue multada con 25 millones de dólares por una corte estadounidense, tras admitir que pagó 1.7 millones de dólares a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a cambio de seguridad.

   La historia de la United Fruit-United Brands-Chiquita Brands es casi interminable. Pero se puede resumir en una frase de El Padrino, de Mario Puzo: "Una docena de hombres con ametralladoras son nada frente a un solo abogado con una billetera repleta". A lo largo de 108 años, el imperio bananero ha recurrido a los servicios de unos y otros.

LA SALUD DE SAN MARTÍN Y EL PROBLEMA DEL OPIO

LA SALUD DE SAN MARTÍN Y EL PROBLEMA DEL OPIO

Mario MENEGHINI (*)

 

   En la vida del General San Martín, se advierte una extraña paradoja: condiciones intelectuales superlativas para la conducción militar, acompañadas por un físico delicado, recurrentemente enfermo. Advierte el Dr. Oriol I Anguera una contradicción entre la estructura somática del General y su reacción funcional, lo que conduce a un "conflicto entre sus querencias y sus dolencias"[2]; las querencias corresponden a un hombre de acción, y las dolencias lo obligaban a veces a la inacción.

   Me ha parecido conveniente, entonces, analizar el tema de esta exposición, con vistas a desentrañar una leyenda negra sobre la terapéutica que adoptó nuestro héroe. Mitre comenta que abusaba del opio; Vicuña Mackenna afirma que el Dr. Zapata lo envenenaba casi cotidianamente con opio, en lo que coincide con Guido, que manifiesta que dicho médico lo inducía a un uso desmedido del opio. Últimamente se ha difundido esta cuestión, de un modo que hace sospechar la mala fe; baste citar dos ejemplos:

     a) En un sitio peruano en Internet, dedicado a la educación, en un trabajo sobre la Independencia del Perú, se afirma: "...los errores tácticos de San Martín y su adicción al opio producto de enfermedades quebraron las posibilidades de consolidar la independencia en el Perú"[3].

     b) En un reportaje al Dr. Ignacio García Hamilton, publicado por Página12, la periodista pregunta: "¿San Martín consumía opio por prescripción médica o era adicto?". El escritor responde: "Las dos cosas. A él se lo recomendó un médico por sus dolores de estómago, causados probablemente por una úlcera. Pero después padeció una adicción. (...) Creo que las enfermedades que padeció son pruebas de que no estamos hablando de un hombre que estuviera satisfecho con su vida"[4].

 

   Fundamentado en la bibliografía consultada, procuraré pasar revista, en forma sucesiva a: las afecciones del General, la repercusión de las mismas sobre su comportamiento, las características del dolor físico, la utilización del opio, y una hipótesis sobre la manera en que pudo sobrellevar sus padecimientos.

 

     II. Las dolencias físicas

 

   1. Explica el Dr. Guerrino que San Martín, en el plano orgánico, "era proclive a la reactividad del tejido mesenquimático y pronto acusó una acentuada diátesis neuro-artrítica, típica de los abiotróficos de Gowers, es decir, de individuos que se desgastan precozmente"[5]. De manera semejante a su padre, antes de los cincuenta años padecía los achaques propios de un hombre mayor, aunque en su aspecto exterior no lo aparentaba.

   2. Los médicos tienen en cuenta, para diagnosticar a un paciente, los antecedentes familiares del mismo, así como el tipo de actividad que desarrolla y lugares en que ha vivido. San Martín, residió y participó en acciones militares en Europa, África y América, sufriendo climas y alimentos, que desgastaron su organismo, e influyeron en su salud futura.

   No hay registros, por el contrario, de enfermedades en su infancia. Sabemos que ingresó como cadete del Regimiento de Murcia, a los 11 años, siendo de suponer que la admisión implica que el aspirante goza de buena salud.

 

   3. Podemos abrir su historia clínica  en 1801, cuando tenía 23 años: en cumplimiento de una misión del ejército español, transportaba caudales entre Valladolid y Salamanca, siendo víctima de un asalto, y sufriendo heridas en el pecho y en la mano; desde entonces tuvo molestias en el tórax. A partir de Bailén y Tudela, tuvo regularmente vómitos de sangre y dificultades respiratorias.

 

   4. Durante la batalla de Albuera, en 1811, fue herido en el brazo izquierdo de un sablazo. Y en el combate de San Lorenzo, recibió una herida en el rostro, quedándole una cicatriz; además sufrió el aplastamiento de una pierna y tuvo una luxación de hombro al caer del caballo. Se supone que fue el hombro izquierdo, pues pudo redactar el parte del combate.

 

   5. Con referencia a la tuberculosis que algunos le adjudicaron, ese diagnóstico merece dudas, teniendo en cuenta la sintomatología de dicha enfermedad (tos, hipertemia, adelgazamiento), que no se dió en San Martín. El Dr. Galatoire afirma que el general fue afectado por el bacilo de Koch, y que fue ésa, también, la causa de la muerte. El diagnóstico parece deducible de la lucidez mental que mantuvo hasta el final de su vida, así como de sus variantes anímicas y un perfil psíquico sui generis. Sin embargo, se ha cuestionado esa conclusión, pues en una época en la que se carecía de antibióticos y de quimioterápicos efectivos, un hombre con esa afección no hubiera podido cruzar los Andes y luego, además, llegar a una edad avanzada para el siglo XIX.

   Para una mayor precisión, habría que conocer de qué tipo fueron los vómitos sanguíneos de San Martín: hemoptisis o hematemesis. Las hemoptisis proceden del pulmón, las hematemesis del tracto disgestivo; además, las hemoptisis también pueden ser provocadas por bronquiectasias y hematomas, que no tienen relación con la tisis. Recordemos que San Martín, al ser atacado en 1801, sufrió heridas y contusiones en el tórax, que le podrían haber generado un hematoma o lesiones cicatriciales del parénquima pulmonar (Guerrino: 55-57).

 

   6. De manera que puede sostenerse que las crisis disneicas que afectaban a San Martín eran de origen asmático. El general aludió a menudo a su tremenda enfermedad del pecho, sin otra aclaración. El Dr. Sacón, descarta la tuberculosis considerando que la estructura física de San Martín no era la más compatible con dicha enfermedad; por su parte, el Dr. Aníbal Ruiz Moreno agrega que no existen constancias de que haya tenido fiebre, tos o expectoración.

   Profesionales del Instituto de Historia de la Medicina, de la Facultad de Buenos Aires, investigaron esta cuestión, llegando a la conclusión de que San Martín "sufría de un asma aguda, mal del que ya había sentido síntomas en España"[6]. El tipo de asma sería la exoalergénica, pues comenzó a los 30 años, y es sabido que el asma intrínseca -al igual que la tuberculósis- se agrava con la proximidad del mar, cosa que no le ocurrió al general.

 

   7. Las hematemesis, en cambio, se producen habitualmente por úlceras gastroduodenales, citándose como causas de éstas: la ansiedad, fatigas prolongadas, actividad intelectual intensa y estímulos psíquicos frecuentes. Las situaciones de stress pueden generar reacciones fisiológicas, afectando la mucosa del tracto digestivo, originando dispepsias, álgias y hemorragias. No caben dudas de que San Martín padecía de úlceras; queda esto en evidencia por sus gastralgias y vómitos, con lapsos de calma. Asimismo, comía mucha carne, fumaba cigarros negros y tomaba café; esa bebida la ingería a menudo, en forma de mate, y es la más perjudicial para los ulcerosos, pues provoca irritación de la mucosa gástrica.

 

   8. Desde los treinta y nueve años, San Martín sufrió dolores ósteo-musculares, que lo mortificaban, pero sin dejar huellas. Se ha creído que se trataba de reumatismo, pero el Dr. Ruiz Moreno afirma que San Martín fue afectado crónicamente por la gota. Llega a esa conclusión considerando la edad en que comenzó ese problema, que los ataques tenían una duración variable, y que nunca tuvo trastornos cardiovasculares, secuela habitual del reuma. Recordemos que Guido dejó escrito que su amigo padecía a veces ataques agudos de gota, que le entorpecían la articulación de la muñeca derecha, impidiéndole escribir.

   Por otra parte, esta enfermedad puede originarse en preocupaciones y tensiones nerviosas, por lo que no resulta extraño que afectara a nuestro héroe. Por la descripción de Mitre podemos deducir que tuvo un ataque gotoso el día de la batalla de Chacabuco, en que apenas pudo montar su caballo; el dolor que provoca la gota es muy intenso, y en esas condiciones libró la batalla.

 

   9. Estando en Lima el Ejército Libertador, se desató la fiebre amarilla, en marzo de 1821, diezmando la tropa. San Martín estuvo muy grave durante siete días, pero se supone que no lo afectó dicha peste, sino una violenta hematemesis.

 

   10. Al dejar el Perú, y volver a Chile, en 1822, contrajo el chavalongo, nombre con el que se designaba a los trastornos tifoídicos. Aparentemente, San Martín fue afectado por el tifus exantemático, transmitido por la rata a través de pulgas. Al año siguiente, ya en Mendoza, sufrió una recidiva del asma bronquial, que le provocaba fatiga y lo debilitaba, a lo que se agregó la infausta noticia del fallecimiento de su esposa.

 

   11. Los padecimientos articulares de San Martín aumentaron en Europa; el clima de Bélgica, frío y lluvioso lo perjudicó. Pero también se accidentó estando de viaje, en 1826, dislocándose el brazo derecho, y produciéndole una erisipela molesta.Tres años después, sufrió otro accidente, en viaje a Londres, cuando un vidrio lo hirió en la zona axilar izquierda. A esto se sumó el sarampión que contrajo Merceditas, y que, como le cuenta el general a Miller la puso al borde del sepulcro.

 

   12. En 1832, tanto San Martín como su hija contrajeron cólera, cuando se encontraban en Montmorency, cerca de París; el general se contagió mientras se reponía de una recidiva de su malestar gástrico. Tengamos en cuenta que esa enfermedad, con ribetes de pandemia produjo en Europa un millón de muertos, entre 1831 y 1837; sólo en París, fallecieron cien mil personas.

 

   13. Diez años más tarde, comienza a ser afectada la visión, sufriendo una iritis, que lo mantuvo un mes sin poder ver la luz; dicha afección fue el inicio de la ceguera provocada por cataratas, que lo privó de uno de sus mayores placeres que era la lectura. En carta a Rosas, a fines de 1848, le manifiesta que ésa sería la última misiva escrita por su mano.

 

   14. Otro problema que le provocaba crisis convulsivas, llevó a algunos que lo trataron en esa época, a sostener que el general sufría de ataques epilépticos, diagnóstico que no se puede confirmar ante la falta de datos verificables. En todo caso, habría sido una forma tardía, que aparece pasados los cuarenta años, y corresponde a varias causas, una de ellas la arterioesclerosis; tal vez a esta dolencia se refiriera San Martín cuando aludía a los cólicos nerviosos que padecía.

 

 

     III. Médicos que lo atendieron

 

   15. Entre los médicos que lo atendieron en América, puede citarse al norteamericano Guillermo Colisbery, a quien San Martín propuso para inspector del Hospital Militar de Mendoza, y  al inglés Diego Paroissien, que dirigió la fábrica de pólvora de Córdoba, y luego designado Cirujano Mayor del Ejército de los Andes. Pero quien estuvo muy próximo al general, llegando a ganar su amistad,  fue Juan Isidro Zapata, de quien se discute si era chileno o peruano; no era profesional sino médico empírico, con conocimientos logrados a través de la experiencia práctica.

   En Francia, San Martín fue atendido por Soligny, un médico militar, y en la última etapa de su vida, estuvo a su lado un doctor Jardon o Jordan, quien lo asistió en el momento de la muerte.

 

     IV. Terapéutica

 

 

   16. San Martín, recurrió a las sanguijuelas y a los baños termales; aparentemente, no utilizó purgantes ni sangrías. Se puede deducir de los registros de los médicos militares, que los medicamentos más usados en el ejército eran el tártaro emético, la raíz de escila y el opio. Colisberry y Zapata, para aliviar los dolores del general, le preparaban una poción, que él identificaba como su pomito, a base de láudano de Syndenham y yerbas medicinales.

 

     V. La muerte

 

   17. Sobre las causas de la muerte, se han sostenido varias hipótesis: ruptura de un aneurisma, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca derivada de una tuberculósis fibrosa y complicaciones de la úlcera.

 

   - El aneurisma lo menciona Mitre, pero la rotura conforma un síndrome perforativo produciendo un dolor intenso, equivalente a una puñalada, que en este caso no existió.

   - El Dr. Ramón Brandán considera que San Martín sufrió un infarto de miocardio, debido al episodio del 6 de agosto, frente al canal de la Mancha, cuando se llevó la mano al pecho. Lo que pudo haber sufrido es un angor o bien disnea, pero ese malestar fue transitorio, ya que no consta otro en los días siguientes.

   - El Dr. Galatoire sostiene que tuvo una insuficiencia cardíaca, consecutiva a la tuberculósis, basándose en relatos de Gérard, vecino y amigo del general, pero San Martín no tuvo tuberculósis ni fibrosis.

   - Verdú, por su parte, sostuvo que San Martín padeció la enfermedad de Ayersa, que produce el escleroenfisema pulmonar y escleroextasia bronquial, manifestándose en la coloración oscura del tegumento. Se descarta esta posibilidad, dado que la melanodermia de Ayerza es tardía en la edad adulta, siendo que el general siempre tuvo el mismo color de piel; en España se lo conocía, desde niño, como el indiano.

   - El Dr. Dreyer concluye que la causa de la muerte fue una hemorragia cataclísmica, común en la patología ulcerosa. El frío glacial que experimentó, según los testigos, se debe a hipotensión por hipovolemia, manteniendo la plena conciencia de la situación, hasta que la pérdida de sangre fue muy crítica, produciéndole pérdida del conocimiento y convulsión, producidas por anemia y anoxia cerebral.

 

     VI. Acerca del dolor

 

   18. Las afecciones de San Martín le producían periódicos dolores, de los que se queja en muchas ocasiones, y por eso conviene detenerse y analizar este tema. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), define así este fenómeno: "El dolor es una experiencia sensorial y emocional no placentera relacionada con daño potencial o real del tejido, o descripta en términos de tal daño. El dolor siempre es subjetivo"[7].

   Que el dolor sea siempre subjetivo significa que es una experiencia somatopsíquica, concepto que ya destacaba Aristóteles al decir que es una pasión del alma. Existen una variedad de factores diversos que pueden causar o agravar el dolor, los que deben considerarse en la evaluación y tratamiento. Es conocido, por ejemplo, el caso del dolor del miembro fantasma -que ha sido amputado- que produce dolor muy intenso en el paciente.

 

   19. El dolor es causado por la estimulación de las terminaciones nerviosas libres (nociceptores) y estos estímulos pasan a lo largo del nervio periférico hacia el asta dorsal de la médula espinal, desde donde llega al tálamo. Los impulsos del dolor transmitidos al tálamo son enviados a diferentes áreas de la corteza cerebral: a) en el lóbulo parietal, permiten la localización e interpretación del dolor; b) el sistema límbico está involucrado en las respuestas afectiva y autónoma al dolor; c) el lóbulo temporal en la memoria del dolor; y d) el lóbulo frontal evalúa la importancia del dolor y la respuesta emocional al mismo.

 

   20. El dolor crónico es consecuencia de un proceso patológico crónico; los pacientes que sufren dolor crónico manifiestan cambios de personalidad, debido a las alteraciones progresivas en el estilo de vida y en su capacidad funcional. Sobre esto, sostiene Mitre que San Martín en Chacabuco ya no era el sableador de Arjonilla o Baylén y San Lorenzo; ganaba las batallas en su almohada, fijando el día y el sitio preciso. Por su parte, Ludwig, biógrafo de Bolivar considera que los padecimientos físicos de San Martín lo llevaron a preferir la táctica al combate, adaptando su carácter a los inconvenientes de una salud precaria.

 

     VII. Influencia de las dolencias en su conducta

 

   21. Es necesario detenerse en este punto dada la influencia que ejerce la salud de quienes conducen, en la sociedad de su época; se ha dicho, incluso, que "las enfermedades de los que están en el poder las padecemos todos"[8].

   Los relatos de contemporáneos y la documentación histórica, demuestran que San Martín actuó siempre con mesura y que su conducta no fue afectada por impulsos de euforia o de depresión. Se mostró siempre parco, sereno y equilibrado, advirtiéndose las características del tipo atlético, que tienden a un raciocinio reflexivo. Destacó nuestro héroe como modelo de orden y disciplina, dando el ejemplo con un modo de trabajo perseverante.

 

   22. No cabe duda, sin embargo, que su salud lo mortificaba, y en sus cartas manifiesta ese tema como una amarga letanía. Además, no se trataba de molestias leves o pasajeras, sino graves y recurrentes.

   El 7-7-1817, desde Chile, envió su renuncia, alegando que su estado de salud lo tenía expuesto a una próxima muerte, y en carta a Godoy Cruz, reflexiona de que no hay filosofía para verse caminar al sepulcro y con el desconsuelo de conocerlo y no poder remediarlo. Un año después, Zapata le advierte a Guido que corre peligro la vida de San Martín si no se le distrae de su trabajo. Explica que su cerebro, afectado por las constantes preocupaciones, irrita al pulmón, el estómago y la tecla vertebral, provocando los vómitos de sangre, derivados de su sistema nervioso.

   En 1819, marcado por los conflictos políticos, fue Colisberry quien estimó que su existencia no se prolongaría más de seis meses. Cualquier médico hubiera coincidido en el diagnóstico al evaluar la salud de San Martín, que, no obstante, superó el trance. Aunque, en 1822, el agente norteamericano, con sede en Santiago, informa al Secretario de Estado de su país, que en cuanto llegó de Perú sufrió una recaída y estuvo a las puertas de la muerte.

 

   23. Ya en Europa, en 1836, cuenta en una carta que había mandado llamar a su hija, pues no creía sobrevivir,  pero como sólo Dios es el que dispone de las cosas de la vida, él me ha permitido que lejos de sucumbir, la haya recuperado en términos que hace muchos años que no me encuentro tan completamente bueno. Actitud ante los contratiempos que se reitera en carta a Guido, a quien le dice que es preciso conformarse y hacerse cargo que casa vieja debe tener goteras.

 

   24. Pese a la cronicidad de sus dolencias, las mismas no lo transformaron en un hombre amargado; cuando fallece, Gerard, su vecino de Boulogne, escribió para un diario sosteniendo que era un lindo anciano de elevada estatura, que ni la edad ni la fatiga, ni los dolores físicos había podido doblegar. También Balcarce relató que su padre político conservó hasta el final gran lucidez y energía, lo cual provocaba admiración entre quienes frecuentaban su trato.

   San Martín se adaptó a sus sufrimentos, superando sus achaques físicos con una voluntad excepcional, que le permitió el dominio de su persona, pese a todos los contratiempos, y aún alcanzar la longevidad,  duplicando el promedio de vida de su época. Mitre dejó escrito que:  "Los héroes necesitan tener salud robusta, para sobrellevar las fatigas y dar a sus soldados el ejemplo de la fortaleza en medio del peligro; pero hay héroes que con cuatro miembros menos, sujetos a enfermedades contínuas, o con un físico endeble, se han sobrepuesto a sus miserias por la energía de su espíritu. A esa raza de los inválidos heróicos pertenecía San Martín"[9].

 

     VIII. Opio

 

   25. Para tratar de precisar lo referido al consumo de opio, por parte de San Martín, es necesario analizar los detalles sobre esta droga (Inaba-Cohen, 1992). De la diferenciación entre las drogas, que hacen los consumidores, surgió una clasificación práctica de las mismas, por los efectos que producen. El opio pertenece a la clase de los depresores, llamados así pues deprimen el sistema nervioso. Aún en pequeñas dosis, hacen más lento el ritmo cardíaco y la respiración, disminuyendo la coordinación muscular y la energía, y embotando los sentidos.

   Con respecto a sus efectos en la mente, en un principio, las dosis pequeñas pueden actuar como estimulantes pues reducen las inhibiciones, pero en la medida en que aumente el consumo, se hacen sentir los efectos depresores, embotando la mente y entorpeciendo los movimientos corporales.

 

   26. Ya hace 5.000 años, los sumerios describieron los efectos del opio, al llamarla la planta de la alegría. A su vez, los egipcios fueron los primeros en comprobar la naturaleza dual del opio; sus textos médicos la consideraban como remedio para toda enfermedad, y como veneno.

   La amapola de opio (papaver somniferum), tomó ese nombre por el dios romano del sueño -Somnis. Los griegos y romanos la llamaban destructor de la aflicción.

 

   27. Para comprender su uso vinculado al dolor, es preciso saber que el dolor es una señal de alarma del organismo humano. El mensaje del dolor es transmitido por un neurotransmisor, llamado sustancia P. Si el dolor es demasiado intenso, el cuerpo busca protegerse atenuando las señales dolorosas; lo consigue inundando el cerebro y la médula espinal con neurotransmisores especiales, llamados endorfinas.

   Las endorfinas se unen a la membrana de la célula nerviosa emisora, ordenándole que no envíe sustancia P, pero algunas señales logran, sin embargo, emitirse. Si el opio y sus derivados son eficaces, es porque actúan como endorfinas; no sólo impiden que se libere demasiada sustancia P, sino que también bloquean lo poco que se filtra hasta la neurona receptora. Los médicos pueden recetar opiáceos y opioides para anular el dolor, detener la tos y controlar la diarrea.

 

   28. Algunas personas consumen estas drogas, sin intervención médica, para procurar euforia, anular su dolor emocional o intentar sentirse mejor. Pues otro efecto de los opiáceos y los opioides se relaciona con el placer. Así como el dolor es una señal de advertencia para alertar sobre un daño, el placer es una señal para alentarnos a hacer algo que es bueno para el cuerpo y la mente. Así como las endorfinas se liberan naturalmente, para bloquear el dolor en una zona del cerebro -corpus striatum-, también se liberan para activar el centro del placer/recompensa del sistema límbico: el centro emocional del cerebro.

   Cuando no es activado el centro de placer/recompensa, o si no hay suficientes endorfinas en el sistema, no nos sentimos bien y no experimentamos placer. Algunas personas, que buscan euforizarse o aliviarse, utiliza los opiáceos u opioides pues estas drogas, pueden activar artificialmente, de manera directa, el citado centro de recompensa, alojándose en los receptores de las neuronas adonde van las endorfinas, enviando falsas señales de placer.

 

   29. De todos modos, estas drogas no bloquean el dolor ni inducen el placer, exactamente igual que las propias sustancias bioquímicas naturales del cuerpo humano. La diferencia con las endorfinas propias del organismo, consiste en que el opio afecta otros órganos y tejidos, además de los centros de placer y de dolor. Afectan el corazón, la respiración, el sistema reproductivo, la digestión, la excreción, los ojos, las cuerdas vocales, los músculos, los centros de la tos y la náusea, el sistema inmunológico, así como el pensamiento. La droga, hace que se relajen los músculos y  que se caigan los párpados, la cabeza se incline, el habla se vuelva pastosa y lenta, y se haga más dificultosa la marcha.

   En cualquier forma en que ingrese al cuerpo, la droga siempre termina en el torrente sanguíneo, donde se traslada dentro de las células de la sangre o en el plasma exterior a ellas, o acoplándose a las moléculas proteínicas.

 

   30. A los 10 ó 15 segundos de ingresar al torrente sanguíneo, la droga llega a las inmediaciones del sistema nervioso central, la barrera hemato-encefálica. La sangre que contiene la droga, fluye a través de las arterias carótidas internas hacia el sistema nervioso central (SNC) -cerebro y médula espinal. La estructura de los vasos sanguíneos que rodean a las células nerviosas que constituyen el SNC, es de tal tipo que sólo ciertas sustancias pueden penetrar y afectar el funcionamiento del sistema nervioso.

   Las drogas psicoactivas -entre ellas el opio- pueden atravesar esta barrera hemato-encefálica. Como el cerebro es el órgano más protegido del cuerpo, las drogas que pueden atravesar su barrera protectora, de hecho pueden penetrar y afectar todos los demás órganos del cuerpo.

   El sistema nervioso central actúa como una computadora y un tablero de comando, recibiendo mensajes del sistema nervioso periférico y el autónomo; también nos permite razonar y formular juicios. Una droga psicoactiva, siendo una sustancia extraña, altera la información enviada a nuestro cerebro, y perturba los mensajes que se envían a las diversas partes del cuerpo; afectando nuestra capacidad de pensar y razonar.

   No sólo afecta el sitema nervioso, sino que la droga psicoactiva afecta a los otros ocho sistemas del cuerpo igualmente; en forma directa, al pasar a través del tejido, o indirectamente al manipular los nervios del sistema nervioso central.

 

   31.  El opio proviene de la disecación del látex de la cápsula de la amapola; la planta tiene una cápsula o fruto que al hacerle una incisión segrega un líquido lechoso, que en contacto con el aire se oscurece y diseca, y al que luego se lo pulveriza para elaborar el opio. La palabra deriva del griego opion que significa jugo, en referencia al látex que exuda la amapola al cortarla; contiene el opio varios alcaloides, siendo los más importantes la papaverina, la morfina y la codeína.

   Esta droga es una de las más adictivas; recordemos que los ingleses la introdujeron en China desde la India, provocando que en 1839 ya existiera una epidemia de adictos. El emperador le encargó a un mandarín, Lin Tse- hsu, comisionado de Cantón, que frenara el tráfico del opio. Éste apresó un navío que transportaba 20.000 cajas de opio, lo que condujo a las llamadas guerras del opio, que perdió China. El Tratado de Nanquín, de 1842, le dió a la Corona inglesa el gobierno del puerto de Hong Kong, y el emperador se vió forzado a aceptar la libre disponibilidad de la droga, la que llegó a afectar a 28 millones de personas. Por eso, cuando China comunista recuperó Hong Kong se erigió una estatua de Lin, considerado héroe nacional.

 

   32. Thomas Syndenham, uno de los padres de la medicina inglesa, recomendaba el opio para el tratamiento del dolor y para ayudar a los pacientes a descansar y a dormir. Esta droga fue para la inglaterra del siglo dieciocho la que al Valium para el siglo veinte, a tal punto que Syndenham llegó a decir que si el opio no existiera él no sería médico. Es claro que no se conocían entonces sus efectos negativos.

   En realidad, el opio no cura de por sí ninguna enfermedad, pero alivia el dolor y hace desaparecer los síntomas molestos o peligrosos (tos, disnea, diarrea). En el aparato disgestivo, la anulación de los espasmos de la musculatura lisa aporta beneficios, pues el dolor intenso que los acompaña (cólicos), se alivia rápidamente al relajarse la musculatura y ceder el espasmo.

   Ahora bien, los especialistas en toxicomanía sostienen que el empleo contínuo de narcóticos lleva a  la intoxicación, y ésta conduce a un deterioro generalizado del organismo[10]. La causa de la adicción al opio se explica por los fenómenos de la tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia.

 

   33. La tolerancia metabólica consiste en una transformación en el hígado, lugar donde se metabolizan las drogas. Si la ingesta del tóxico es contínua, los efectos del mismo son menos duraderos al haberse acelerado su eliminación. El tipo de tolerancia más destacado es la celular, de forma tal que quienes la poseen apenas sienten el efecto de la sustancia, a pesar de tenerla en cantidad  en el organismo. Esas mismas concentraciones en la sangre de un sujeto no adicto, resultaría fatal.

   Tras el efecto de la tolerancia, sucede la dependencia física cuyos efectos son: epidermis enrojecida, pupilas contraídas, decaimiento de la función respiratoria, pérdida de reflejos, hipotensión, desacerelación cardíaca, convulsiones, y riesgo de muerte por colapso cardiorespiratorio, complicaciones pulmonares o muerte cerebral.

La dependencia psíquica se manifiesta en que, en cuanto decae la acción de la droga, aparece la angustia, la depresión y la desazón. Finalmente, deviene el síndrome de abstinencia o búsqueda compulsiva de la droga; en el adicto sobrevienen cambios fisiológicos que ponen en perpetua dependencia al consumidor de opio, en forma similar al diabético que precisa insulina para sobrevivir. El plazo en que se adquiere la dependencia es breve, y la adicción puede contraerse aunque su uso haya sido prescripto por razones terapéuticas.

 

   34. Entonces, si como afirman sus biógrafos, San Martín consumió opio desde los 34 años hasta su muerte, es necesario indagar por qué no se convirtió en adicto y pudo conservar la vida hasta los 72 años. No podemos compartir la convicción del Dr. Galatoire de que: "una vez más la férrea voluntad del General se sobrepuso y cumplió la promesa hecha a Pueyrredón...de que sólo tomaría el opio durante los accesos de fatiga"[11]. Tengamos en cuenta que la palabra adicto, proviene de esclavo; toda persona dominada por la droga está enajenada y no es capaz de actuar libremente[12].

 

     IX. Homeopatía

 

   35. Si bien es posible, con un tratamiento adecuado, y mucho esfuerzo del propio paciente, que un adicto se libre de la drogadependencia, es imposible evitar las consecuencias ya detalladas del consumo de la droga, y no llegar nunca a la etapa de dependencia, sin dejar de consumirla.

   Si, como vimos, el opio no cura ninguna enfermedad, y sólo evita el dolor, es necesario preguntarse: ¿cómo pudo un hombre con salud tan precaria, con tantos vómitos de sangre y con dificultad respiratoria, ser capaz de hazañas semejantes, sin eludir nunca una obligación del servicio, ni postergar una acción bélica?

 

   36. Participar en las batallas, obnubilado por el opio, hubiera incidido inevitablemente en el resultado, dandole gran ventaja al jefe enemigo. Y, si en esas ocasiones, prescindía de tomar calmantes, no puede creerse que en Maipú y en Chacabuco, por ejemplo, haya dirigido a sus soldados en medio de un ataque de asma, o que su proctopatía no le afectaba cuando montaba a caballo. Tampoco es admisible que nunca le molestaran en medio de la batalla, los efectos de la úlcera o de la gota.

 

   37. El Dr. Mario Dreyer afirma que el prócer era escéptico con la medicina de su época, la cual sólo le ofrecía opio para el asma, opio para la gota, opio para la úlcera. Y ocurre que en los tres casos, el opio está contraindicado. El mismo autor destaca que, en una época, la mayoría de los fallecimientos derivados del asma, fueron provocados por el opio. A su vez, el opio es el peor remedio para la úlcera, porque aunque calme el dolor, provoca un espasmo a nivel del píloro que agrava la enfermedad (Bonomi, 1984).

 

   38. San Martín no era una especie única de ser humano, a la que el opio le resultara un bálsamo suavisante de sus mucosas y sus bronquios. La lógica nos lleva a pensar que, si bien usó el opio, no era el único ni principal remedio que utilizaba, sino que empleaba otra terapéutica que le permitía resistir sus dolencias, y evitar la dependencia de esa droga. Pues, en realidad, el panorama queda despejado teniendo en cuenta una evidencia tangible: en el Museo Gral. San Martín, de Mendoza, se conserva un botiquín homeopático que perteneció al Libertador, y que había recibido de su amigo Ángel Correa, quien lo había traído al país desde Europa, poco antes[13]. El donante le enseñó como utilizar los remedios de esta nueva especialidad médica.

   Debe señalarse que dicha terapéutica fue practicada por Mitre, quien tuvo un botiquín homeopático durante la guerra del Paraguay, que se conserva en el Museo Mitre de esta ciudad de Buenos Aires; Sarmiento y Alsina, también usaron la homeopatía[14]. Se puede deducir, entonces, que fue con la ayuda de esta terapéutica que San Martín pudo cruzar siete veces los Andes, vencer a los realistas en Chacabuco y Maipú, recuperarse de la derrota de Cancha Rayada,  consolidar la independencia de Chile y el Perú, y continuar sirviendo a la causa de la independencia argentina hasta el fin de sus días.

 

   39. Puede explicarse, asimismo, que mantuviera plenamente la lucidez, y su energía vital se mantuviera equilibrada, cosa imposible de lograr con el opio que embota. No podemos negar que haya empleado dicho narcótico, pero, si no cayó en la dependencia, es lícito deducir que habitualmente utilizaba el opio, sí, pero preparado homeopáticamente, lo que lo transforma en opium, un remedio que se puede usar permanentemente sin peligro de adicción, ni efectos secundarios, al punto de que puede ser usado incluso en niños. Este medicamento homeopático se prepara utilizando la especie más fuerte: el opio negro o de Esmirna[15]. "La tintura madre se prepara a partir de la exudación de la cápsula o pericarpo del fruto maduro de la papaver somniferum... es un jugo lechoso que se deja secar al aire, dándole formas de panes o píldoras, y desde ese estado se hacen las subsiguientes diluciones"(De Medio, 1997).

   La deducción que efectuamos tiene su fundamento, en que este remedio es útil para el asma -aún en las crisis de asma nocturnas, como las que sufrió San Martín-, en la artritis, en úlceras y sus consecuencias. También está indicado para las náuseas al levantarse de noche, que aquejaban al general (Bonomi).

 

     X. Conclusión

 

   40. Para concluir: casi toda la sintomatología clínica que presentaba San Martín, podía ser atendida por este medicamento, opium. Debe aclararse que la medicina homeopática es una terapéutica natural, pero con fundamentos científicos, no un sistema mágico de curación; fue creada por el Dr. Samuel Hahnemann y, al igual que la medicina llamada alopática, está basada en la experimentación. La curación homeopática aplica la ley de la semejanza: similia similibus curentur (el similar se cura por similar) preconizada por Hipócrates. Opium fue uno de los primeros medicamentos citados en la Materia Médica Homeopática, integrando el grupo de los 103 medicamentos experimentados por Hahnemann, quien, utilizando el opium obtuvo 144 síntomas, siendo de destacar que muchos de ellos provienen de la toxicología. En la Enciclopedia de Allen figuran 350 citas de intoxicados con opio que fueron rescatados por la homeopatía (De Medio).

   Cabe agregar que los remedios homeopáticos se seleccionan no sólo por la enfermedad que afecta al paciente, sino por la personalidad del mismo, para la que existe un medicamento básico (su simillimun). Precisamente, la personalidad del general hace que el opium sea aconsejable como simillimun.

 

   En síntesis: la prueba física del botiquín sanmartiniano, y todos los datos consignados, nos animan a sostener la hipótesis de que el opio que consumía el General San Martín no era la droga depresora -papaver somniferum-, sino el opium que carece completamente de cualquier tipo de droga. Esta interpretación permite explicar el misterio de su resistencia a las dolencias físicas, y que no haya caído en el vicio de la drogadicción como sostienen sus detractores.

 

 

 

Bibliografía consultada

 

  Arroyo de Sáenz, Estela. "El secreto de San Martín"; Mendoza, Gladius & Narnia, 2000, pgs. 25/27.

  Bischoff, Efraín U. "San Martín en Córdoba"; Córdoba, Copiar, 1999.

  Bonomi, Néstor H. "El Gral. San Martín y la homeopatía"; Buenos Aires, Homeopatía; 50 (3): 160-164, julio/setiembre-1984.

  Castro, Nelson. "Enfermos de poder. La salud de los Presidentes y sus consecuencias"; Buenos Aires, Vergara, 2005.

  Coleman, Vernon. "Adictos y adicciones"; Buenos Aires, Grijalbo, 1988.

  De Medio, Horacio. "Opium: una visión desde la medicina veterinaria"; en revista Homeopatía, vol. 62: 291-298, 1997.

  Executive Intelligence Review. "Narcotráfico S.A. La nueva guerra del opio"; Buenos Aires, Peña Lillo, 1985.

  Galatoire, Adolfo. "Cuáles fueron las enfermedades de San Martín"; Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1973.

  Guerrino, Antonio Alberto. "La salud de San Martín"; Buenos Aires, Ciudad Argentina, 1999.

  Iros, Mariano. "El Gral. José de San Martín. Sus padecimientos físicos y energía espiritual"; Córdoba, Revista UNC, Año III, Nº 1-2, mayo/julio-1962, págs. 651-686.

  Inaba, Darryl-Cohen, William. "Drogas: estimulantes, depresores, alucinógenos. Efectos físicos y mentales del abuso de drogas"; Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1992.

  Kalina, Eduardo. "Temas de drogadicción"; Buenos Aires, Nueva Visión, 1987, pag.100-101.

  Lathoud. "Materia médica homeopática"; Buenos Aires, Editorial Albatros, 1988.

  Longenecker, Gesina L. "Cómo actúan las drogas: abuso de las drogas y el cuerpo humano"; Buenos Aires, Quark, 1999.

  Mitre, Bartolomé. "Enfermedades de San Martín"; www.i-n-sanmartiniano.com.ar

  Mitre, Bartolomé. "Las cuentas del Gran Capitán"; en: "Comisión Nacional Ejecutiva de Homenaje al Bicentenario del Nacimiento del General San Martín"; Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1978.

  Oriol I Angera, A. "Agonía interior del muy egregio señor José de San Martín y Matorras"; Buenos Aires, Librería del Colegio, 1954.

  Oromi Zacañino. "El general San Martín y su vínculo con la homeopatía"; Revista Militar, Nº 705, julio-septiembre 1981, pgs. 69/70.

 

 

Referencias on line:

 

  www.bioetica.org/bioetica/curso5.htm-100k

  www.elhomeopatico.com.ar

  www.educared.edu.pe/estudiantes/historia5/independencia.htm-11k

  www.pagina12.com.ar/2000-08-02/pag03.htm-25k

  Dreyer, Mario. "Las enfermedades del viejo guerrero" (www.i-n-sanmartiniano.com.ar)

  www.cmpc.org.ar/datos/sernoticias.asp?id=430-33k

  www.amha.org.ar/historia/histemarg.htm-21k

 

 


   NOTAS:

   (*)  Conferencia pronunciada en la Academia Sanmartiniana, el 9-5-07, al incorporarse el autor como Miembro Correspondiente.

   [2]  Oriol I Anguera: págs. 73 y 76.

   [3]  www.educared.edu.pe/estudiantes/historia5/independencia.htm-11k

   [4]  www.pagina12.com.ar/2000-08-02/pag03.htm-25k

   [5]  Guerrino: 29.

   [6]  Bischoff: 31.

   [7]  www.bioetica.org/bioetica/curso5.htm-100k

   [8]  Castro: 17.

   [9]  Cit. por Guerrino: 184.

   [10]  "El hábito determina una tolerancia cada vez mayor hacia el tóxico y conduce a la exageración de ciertos fenómenos que apenas se esbozan en el sujeto normal, (estado de euforia inicial) y luego estado de necesidad"; Rosello, Héctor. "Terapéutica Experimental"; cit. p.: Galatoire: 139.

   [11] Galatoire: pág. 140.

   [12]  Kalina: págs. 100-101.

   [13]  Al pie de dicho botiquín figura esta leyenda: "BOTIQUÍN DE HOMEOPATÍA. -de bolsillo- que perteneció al Prócer de la Independencia Dn. Ángel Correas, y que él cediera al Gral. San Martín, para llevarlo durante el cruce de la Cordillera, cuyos medicamentos usó el Gran Capitán, y el Ejército de los Andes. Esta reliquia fue heredada por Doña Eustaquia Correas, hija del gran amigo de nuestro Libertador, quien se lo obsequió más tarde a su sobrino Dn. Juan Burgos Correas, siendo sus últimas poseedoras las señoritas Elina y Delfina Burgos Videla, bisñetas (sic) del Sr. Correas, quienes lo donan para ser conservado en este Museo"; cit. p.: Oromí: pgs. 69/70.

   [14]  www.elhomeopatico.com.arwww.amha.org.ar/historia/histenarg.htm-21k

   [15]  Lathoud: pág. 637.

BENEDICTO XVI: DOS AÑOS

BENEDICTO XVI: DOS AÑOS

José Javier ESPARZA

 

   Juan Pablo II tenía algo de cruzado: combativo, ferviente, movilizador. Benedicto XVI es otro perfil: un filósofo que cultiva conceptos como un jardinero, abonándolos, podándolos, hasta que florezcan -él mismo se definió como un labrador en la viña del Señor. Juan Pablo II era un torrente, impetuoso incluso cuando ya no se podía mover. Benedicto XVI es un estanque de agua clara, quieto y rumoroso. Juan Pablo II quiso hacer una nueva evangelización. Benedicto XVI no es que esté en otro camino, pero sí representa otro momento: donde el polaco abrió unas tierras, el alemán las está roturando. Juan Pablo II detuvo la decadencia de la Iglesia en un momento en el que parecía que todo se estaba descomponiendo -por eso le pegaron un tiro. Benedicto XVI da la impresión de estar pintando las paredes, poniendo verjas, dibujando arriates -no es un ejercicio menos peligroso.

 

   Es una impresión personal, por supuesto: nada más que eso. Pero es la que uno recibe cuando escucha al papa, cuando lee sus textos, cuando estudia sus movimientos, sus viajes, la matemática meditada de sus declaraciones y sus compromisos. Había que señalar con claridad al gran enemigo del espíritu en este siglo, y el papa filósofo no dudó en nombrar al nihilismo y al relativismo, esas dos nubes que han llevado a Europa a ignorar quién es. Había que definir sin confusiones la propia identidad, y el papa teólogo apuntó sin ambages al diálogo de la fe y la razón, al pensamiento griego y a la riqueza de la tradición clásica. Había que marcar con nitidez la propia linde, y el papa romano subrayó dónde y con quién es posible el diálogo, cuál es el problema del Islam y cómo puede haber paz donde tantos sólo quieren guerra. Añádase al expediente el abrazo a la Iglesia oriental o la mano tendida a los judíos. Por eso digo que Benedicto XVI me da la impresión de alguien que está roturando un campo, como para quedarse allí hasta el final de los tiempos.

 

   Otra cosa: el coro de la abrumadora mayoría mediática nos había anunciado la llegada de un bárbaro inquisidor, de un panzer-cardenal intolerante y dogmático, o sea todos los fantasmas del anticlericalismo del XIX, pero lo que el mundo ha descubierto es a un abuelo encantador que habla de amor y de Dios, y que siempre tiene una sonrisa solícita para lo sencillo de la vida. Esto es algo que probablemente la Iglesia necesitaba con urgencia: un pensar tranquilo y sereno sobre la vida, sus gozos y sus cuitas, para recuperar el equilibrio perdido por los trastornos de un siglo funesto (quizá tan funesto como todos los siglos). En eso el magisterio de Benedicto XVI está siendo benéfico no sólo para los católicos, sino también para cualquiera que aún no haya cerrado los oídos. Frente a todas esas cosas, la agitación de los teólogos progresistas y demás compaña ofrece el aspecto de una problemática lejana, como de otros tiempos y, sobre todo, de otros intereses.

 

   Benedicto XVI sólo lleva dos años de pontificado. Es un anciano, pero hay espíritus que brillan más a medida que su corteza se desgasta por el tiempo. Para quien lo dude, sólo una recomendación: léanse los escritos de este hombre; los de antes y los de ahora. Son música para el alma.

BANCO DEL SUR: UNA VISIÓN GEOPOLÍTICA

BANCO DEL SUR: UNA VISIÓN GEOPOLÍTICA

Alberto BUELA

 

   Pasó desapercibido el encuentro de ministros de economía y finanzas de Suramérica en Quito, capital de Ecuador, el día 3 de mayo de 2007. Y pensándolo bien, mejor que los mass media no hayan casi registrado la noticia, pues de lo contrario hubieran surgido cientos de analfabetos culturales locuaces, según acertada expresión de Paul Feyerabend, (1924-1994) enmerdándolo todo.

 

   El Banco del Sur es una iniciativa promovida por Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay. Grosso modo la intención es crear un banco al servicio de las necesidades de la región suramericana con depósitos de la banca pública. Esto es resistido por los gobiernos de Chile, Perú, Uruguay y Colombia, porque pagaría menor interés que el internacional a sus colocaciones, ya que el Banco del Sur está pensado para otorgar créditos y préstamos más baratos que los que está cobrando la banca internacional y, por ende,  pagaría menos interés.

   El conjunto de reservas internacionales que tienen los seis países mencionados en  dinero que está depositado en bancos de Estados Unidos y Europa suman 164.000 millones de dólares. Pero se da la paradoja, afirmó el ministro ecuatoriano de economía Ricardo Patiño que "nuestros países tienen todo ese dinero depositado ganando tasas de interés muy bajas, sin embargo, después están pidiendo al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Desarrollo que les ayuden a solucionar sus problemas financieros cuando tenemos un caudal inmenso de ahorros de nuestros países que pudieran ser utilizados para estos mismos fines sin caer en las condicionamientos".

 

   El Banco del Sur arrancaría con un capital inicial de 7.000 millones de dólares, la controversia respecto del aporte de los países accionistas impulsores de la idea radica que unos, como Brasil o Paraguay, proponen hacer aportes menores del orden de los 300 millones y otros como Ecuador, Venezuela y Argentina proponen aportes significativos. En una palabra, unos quieren que el Banco del Sur nazca chico y otros piensan en términos de grandeza.

   La contradicciones surgen con las declaraciones de Guido Mantega, ministro de hacienda del Brasil, quien sostuvo que: "la prioridad del Banco del sur será financiar proyectos de infraestructura, logística y energía" y recordó que "sólo el Banco de Desarrollo de Brasil tiene 120.000 millones de dólares para financiar al sector productivo de su país, en tanto que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene sólo 100 millones de dólares para toda la región". ¿Qué pretende entonces la intelligensia brasileña, crear un banco pobre esterilizando otra idea que puede servir para liberarnos, como lo hizo con la Comunidad Suramericana de naciones invitando a Surinam y Guyana, o sea, Holanda e Inglaterra a participar?

 

   Esta idea del Banco del Sur, hay que decirlo con todas las letras, la lanzó Chávez y le mostró sus beneficios a Kirchner, quien honesta y cabalmente la aceptó. Brasil se sumó como se suma a todos los intentos de integración suramericana, no por su vocación integradora, sino porque Itamaraty no descansa en su ambición de dominio. Y así, si los proyectos o ideas que se lanzan benefician su política permanente de "extensión al oeste" los apoya, de lo contrario los esteriliza, pero nunca los rechaza, pues su rechazo generaría una resistencia que no tiene porqué crear.

   Esto hay que saberlo y nuestros gobiernos hispanoamericanos deberían alguna vez hacerlo notar. Brasil, a través de su cancillería Itamaraty, interpuso, interpone e interpondrá todos los recursos a su alcance para impedir la integración norte-sur o sur-norte de Suramérica, de modo tal que si hay algo que no desea ni quiere es la relación Caracas-Buenos Aires, y el Banco del Sur abona y refuerza esta integración.

   Hace ya más de un siglo y a partir de los trabajos de don Tulio Jaguaribe, el padre de Helio Jaguaribe, los gobiernos de Argentina y Venezuela están solicitando al de Brasil avanzar en los trabajos para la integración fluvial de Suramérica, sobre todo en la vinculación entre los ríos Paraguay - Guaporé a través del dragado de los ríos Alegre y Aguapey, atravesando la laguna Rebeca y el riacho Barbados y su respuesta siempre ha sido una dilación continuada. Vemos cómo el Banco del Sur nos llevó a consideraciones que hacen al riñón de la geopolítica suramericana, a tratar de llamar a las cosas por su nombre y a correr el velo de las intenciones ocultas.

 

   Mientras tanto los seis países que inicialmente constituirían el Banco del Sur tienen presos 164.000 millones de dólares, en Bancos de USA y Europa, esto es, diez veces más de los créditos que recibimos con condicionamientos de todo tipo, durante el 2006. El Banco del Sur si naciera grande se transformaría automáticamente en la expresión financiera de la Unión Suramericana lo que le permitiría negociar como bloque y no aisladamente con los poderes internacionales. La consecuencia natural de un Banco del Sur pensado en términos de grandeza sería la implantación de una moneda única tal como se propuso en la reunión del Mercosur, aquella a la que asistió Nelson Mandela, realizada en Ushuaia en 1999 y dilatada por Brasil sine die.

 

   Finalmente la creación del Banco del Sur, y por eso escribimos sobre él sin ser economistas, no debe verse ni valorarse con visión financiera sino desde una visión geopolítica.

SECTAS EVANGÉLICAS

SECTAS EVANGÉLICAS

Juan Manuel DE PRADA
   Llevo casi un par de semanas por tierras hispanoamericanas, en una gira de promoción de mi última novela. Me está causando una hondísima impresión el auge de las sectas evangélicas por estas tierras; un auge que, según me cuentan diversos amigos, se ha producido en unos pocos años y que registra un crecimiento de adeptos en progresión geométrica. Algunas de estas sectas cuentan, incluso, con canales televisivos volcados en el proselitismo. Cuando vuelvo al hotel, busco estos canales, para poner a prueba mi capacidad de asombro. Aparecen en la pantalla unos sedicentes «pastores», híbridos de orate y vendedor de crecepelos, que enardecen a sus auditorios con una retórica de parvulario, aderezada de apóstrofes que los adeptos a la secta jalean con entusiasmo. La Biblia es usada en estas alocuciones como una especie de manual de autoayuda; la exégesis que se hace de ella es de una zafiedad tergiversadora que causa grima. Tarde o temprano, el sedicente «pastor» acaba llevando el agua a su molino: ofrece su prédica como una vía de éxito profesional; pero enseguida liga esa promesa de prosperidad a la satisfacción de un diezmo. Para legitimar la exacción, el sedicente «pastor» invoca citas cogidas por los pelos de los Proverbios o de Malaquías en las que Dios reclama a los creyentes las primicias de su trabajo. La prédica alcanza hacia su desenlace un clímax lisérgico: el sedicente «pastor» lanza proclamas rescatadas del repertorio de un charlatán de feria; los adeptos asienten, se entregan al llanto, se desgañitan, gritan alabanzas que más bien parecen imprecaciones. Al sedicente «pastor» le brilla el rostro con un sudorcillo atocinado y risueño.
   Tras la prédica se suceden unos anuncios con estética de teletienda en los que se ofrecen recetarios para la sanación del alma, colgantes con propiedades de talismán, zarandajas y bisuterías varias a las que se atribuyen poderes sobrenaturales. No faltan tampoco los llamamientos a quienes se sienten solos, incomprendidos, desahuciados; la propaganda de estas sectas evangélicas se dirige muy especialmente a las mujeres, a quienes seduce con promesas de plenitud espiritual entreveradas de morralla feministoide. Aparecen también un par de individuos ataviados con una indumentaria que se pretende similar a la de los sacerdotes, invitando a los espectadores a participar de no sé qué ceremonia que parodia la Eucaristía. Según me cuentan, una de las estrategias más empleadas por estos sacaperras consiste en infundir el espejismo de que sus celebraciones son aproximadamente católicas; de este modo, muchos neófitos ni siquiera tienen conciencia de haber abandonado la Iglesia.
   Le pregunto a mis amigos si entre los medios de comunicación pretendidamente serios y entre las élites intelectuales no han surgido muestras de alarma ante el auge de estas sectas. Me sonríen sarcásticos: los medios de comunicación pretendidamente serios y las élites intelectuales están demasiado ocupados arremetiendo contra la Iglesia católica. Aunque, por supuesto, contemplan con desdén el fenómeno, con ese tibio desdén que se destina a las faunas infrahumanas, lo toleran; y justifican esa tolerancia amparándose en la libertad de culto. Pero la razón verdadera de su transigencia es mucho más artera: de un modo retorcido, han hallado en el auge de las sectas evangélicas un formidable aliado en su designio de destrucción, que dirige su artillería contra la Iglesia católica. Durante siglos, el combate contra la Iglesia se presentó como una lucha contra el oscurantismo; ahora ya sabemos que el propósito de ese combate era muy diverso: se trataba de derrotar una fe religiosa sustentada sobre dos mil años de sabiduría acumulada, sustentada sobre una tradición cultural que ofrecía una visión concertada del mundo. Estas nuevas expresiones seudorreligiosas carecen de esa tradición, se alimentan del caos y actúan como arietes contra los baluartes culturales tan costosamente erigidos a lo largo de los siglos, dejando que sus adeptos chapoteen en un cenagal de ignorancia. Las sectas evangélicas se convierten, de este modo, en un instrumento más de ese designio de destrucción que guía a quienes desean instaurar una nueva forma de esclavitud.

PROHIBIDO LEER

PROHIBIDO LEER

Juan V. OLTRA

 

   Cuando en 1995 Bill Gates vino a España a presentar su Windows 95, le invitaron a la presentación de Infovía en el edificio de Telefónica. Al pasar las camareras del catering con una bandeja de pinchos de tortilla, Bill Gates cogió uno por la tortilla, no por el palillo, y se lo metió en la boca con éste. Hubo que aclararle que el palillo no se comía. ¿Resulta ridículo? Quizá. Lo que está claro es que es un magnífico ejemplo de lo que provoca el desconocimiento de un país extraño. Y eso es algo que sufrimos los españoles de continuo. Uno de los mejores ejemplos de absurdos aplicados por este desconocimiento es el canon de bibliotecas.

 

   En nuestra piel de toro, la verdad es que Diógenes para encontrar a un lector hubiera agotado montañas de baterías de litio en su linterna. Dicen las encuestas que sólo el 55,5% de los españoles lee, lo cual ya es una mentira piadosa, pues entiendo que de ese magro porcentaje habría que deducir aquellos que compran las novedades editoriales porque lucen bellas en sus estanterías y después les hacen el mismo caso que al tabasco en sus alacenas (he llegado a conocer el caso de supuestos lectores que compraban libros por metraje: "póngame un metro de libros con el lomo verde"). Esto parece venir avalado por las cifras que relacionan la venta de libros con los préstamos realizados en biblioteca. Mientras en Dinamarca, por citar un país exótico, la cifra está en un 19,8 %, en España se queda en un parco 1,4%. Esto, al tiempo, desmiente la malsana teoría que habla del daño que el préstamo público de libros provoca en las ventas.

 

   Y es que en Europa esto funciona como ayuda al mundo editorial, sí... pero es que aquí existen otros mecanismos como  las ayudas directas a la creación de obras, las subvenciones a la edición con la compra de un determinado número fijo de ejemplares de una obra para las bibliotecas y el precio fijo de los libros que allí no se dan. ¿O es que el gobierno va a eliminarlos en compensación? Porque yo, simplemente, no me lo creo. El pago del canon, veinte céntimos de euro de vellón por cada ejemplar prestado, pásmense, provocará por otra parte una sangría en los recursos disponibles para aumentar las colecciones de nuestras bibliotecas, que redundará por otra parte en beneficio de los autores (y editores) más vendidos. Una manera muy curiosa de socializar la cultura.

   Pero es que además, cumplimos la directiva comunitaria de marras, por cuyo supuesto incumplimiento, el legislador ha tenido que pergeñar esta ley: en el artículo 5.3 de la directiva se lee: "Los estados miembros podrán eximir a determinadas categorías de establecimientos del pago de la remuneración". Y es lo que se hizo... aunque ahora la Comisión Europea ha denunciado que la excepción aplicada por España a las bibliotecas es demasiada amplia.

 

   Todo esto tendría gracia si no fuera por lo lamentable que es tener que compaginarlo con el fomento de la lectura en un país en el que los índices son bajísimos. Sin bibliotecas los autores tendrán menos lectores; es más, no se crearán lectores nuevos. Y sin lectores los escritores... no sobrevivirán.

   No se trata de emular a Unamuno, de quien se cuenta que cuando entraba en una reunión preguntaba: "¿De qué se trata? ¡Porque yo me opongo!", pero la verdad es que últimamente uno tiende a responder así cuando se encuentra con estas sorpresas tan desagradables procedentes del legislador.