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Bitácora PI

PROHIBIDO LEER

PROHIBIDO LEER

Juan V. OLTRA

 

   Cuando en 1995 Bill Gates vino a España a presentar su Windows 95, le invitaron a la presentación de Infovía en el edificio de Telefónica. Al pasar las camareras del catering con una bandeja de pinchos de tortilla, Bill Gates cogió uno por la tortilla, no por el palillo, y se lo metió en la boca con éste. Hubo que aclararle que el palillo no se comía. ¿Resulta ridículo? Quizá. Lo que está claro es que es un magnífico ejemplo de lo que provoca el desconocimiento de un país extraño. Y eso es algo que sufrimos los españoles de continuo. Uno de los mejores ejemplos de absurdos aplicados por este desconocimiento es el canon de bibliotecas.

 

   En nuestra piel de toro, la verdad es que Diógenes para encontrar a un lector hubiera agotado montañas de baterías de litio en su linterna. Dicen las encuestas que sólo el 55,5% de los españoles lee, lo cual ya es una mentira piadosa, pues entiendo que de ese magro porcentaje habría que deducir aquellos que compran las novedades editoriales porque lucen bellas en sus estanterías y después les hacen el mismo caso que al tabasco en sus alacenas (he llegado a conocer el caso de supuestos lectores que compraban libros por metraje: "póngame un metro de libros con el lomo verde"). Esto parece venir avalado por las cifras que relacionan la venta de libros con los préstamos realizados en biblioteca. Mientras en Dinamarca, por citar un país exótico, la cifra está en un 19,8 %, en España se queda en un parco 1,4%. Esto, al tiempo, desmiente la malsana teoría que habla del daño que el préstamo público de libros provoca en las ventas.

 

   Y es que en Europa esto funciona como ayuda al mundo editorial, sí... pero es que aquí existen otros mecanismos como  las ayudas directas a la creación de obras, las subvenciones a la edición con la compra de un determinado número fijo de ejemplares de una obra para las bibliotecas y el precio fijo de los libros que allí no se dan. ¿O es que el gobierno va a eliminarlos en compensación? Porque yo, simplemente, no me lo creo. El pago del canon, veinte céntimos de euro de vellón por cada ejemplar prestado, pásmense, provocará por otra parte una sangría en los recursos disponibles para aumentar las colecciones de nuestras bibliotecas, que redundará por otra parte en beneficio de los autores (y editores) más vendidos. Una manera muy curiosa de socializar la cultura.

   Pero es que además, cumplimos la directiva comunitaria de marras, por cuyo supuesto incumplimiento, el legislador ha tenido que pergeñar esta ley: en el artículo 5.3 de la directiva se lee: "Los estados miembros podrán eximir a determinadas categorías de establecimientos del pago de la remuneración". Y es lo que se hizo... aunque ahora la Comisión Europea ha denunciado que la excepción aplicada por España a las bibliotecas es demasiada amplia.

 

   Todo esto tendría gracia si no fuera por lo lamentable que es tener que compaginarlo con el fomento de la lectura en un país en el que los índices son bajísimos. Sin bibliotecas los autores tendrán menos lectores; es más, no se crearán lectores nuevos. Y sin lectores los escritores... no sobrevivirán.

   No se trata de emular a Unamuno, de quien se cuenta que cuando entraba en una reunión preguntaba: "¿De qué se trata? ¡Porque yo me opongo!", pero la verdad es que últimamente uno tiende a responder así cuando se encuentra con estas sorpresas tan desagradables procedentes del legislador.

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