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LA IGLESIA, EL PAPA Y SU RENUNCIA

LA IGLESIA, EL PAPA Y SU RENUNCIA

Alberto BUELA

 

   El agudo sociólogo italiano Carlo Gambescia distinguió cinco actitudes posibles ante la abdicación del Papa: la apocalíptica, como signo del fin de una época; la providencialista donde Dios velará; la drietológica que indica una motivación escondida en la renuncia; la progresista donde se facilita la democratización de la Iglesia y la humanitaria que respeta la dolorosa elección.

   No cabe duda que nosotros como creyentes adherimos a la quinta opción, pero como analistas políticos, ésta no nos explica nada, pues asume y acepta el hecho consumado.

   Los mass media en su inmensa mayoría adoptaron la interpretación progresista o democrático reformista según la cual hay que aprovechar esta dimisión inesperada del Papa para seguir modernizando la Iglesia en la línea inaugurada por el concilio Vaticano II. Línea que fuera interrumpida en parte por un Papa anticomunista, y por ende, antiizquierdista como Juan Pablo II. Y continuada sin mayores convicciones por Benedicto XVI.

   En el fondo los mass media quieren una Iglesia a su gusto y modo. Pretenden un Papa al estilo del que ellos crearon como lo fue Juan XXIII, al que ellos mismos bautizaron “el bueno”, cuando lo que hizo fue abrir las puertas de la Iglesia “al humo de Satanás”, según la expresión de otro Papa arrepentido por los errores cometidos.

   Desde la época de Pío XII, que se le plató al mismísimo Hitler en la plenitud de su poder con una encíclica escrita en alemán Mit Brennender sorge = Con viva preocupación, desde ese papado la Iglesia no ha tenido relevancia internacional ninguna. Ninguno de estos últimos cuatro Papas produjo un hecho de relevancia mundial como el que produjeron antaño infinidad de Papas hasta Pío XII.

   Se nos podrá decir: pero el mundo cambió, y es cierto. Pero la que cambió sustancialmente fue la Iglesia. Y eso a partir del Vaticano II, un concilio sugerido y fogoneado por los medios en el que se buscó el aggiornamento: que comenzó como pastoral y terminó como dogmático; que desacralizó una liturgia milenaria; que transformó a los curas en sociólogos. En definitiva, que no tuvo en cuenta aquel mensaje de un profundísimo filósofo como  Franz Brentano cuando afirmó: El saber de la Iglesia es un “saber de salvación” y no un saber social o político.  La consecuencia política del Concilio fue que la Iglesia terminó jugando la carta al socialismo con Paulo VI. Y fracasó como fracasó el socialismo.

   Con ello la Iglesia perdió vocaciones y conversiones, dos pilares que venía remontando desde la época en que el papado bajo Pío IX y León XIII, triunfa sobre la Kulturkampf de Bismarck. Claro está, de esto el progresismo no habla.

   Es interesantísimo hacer notar, aunque sea una tara de nuestro oficio, cómo en todo este período que va de 1871 a 1950 se multiplica por miles el clero católico así como las conversiones de grandes pensadores y personajes. Scheler, Bergson, Newman,J.Green, el Rabino de Roma, Edith Stein, Simone Weil, Ch. Peguy, P. Claudel, L. Bloy, J. Maritain, Ch. de Foucauld, J. Joergensen, P. Wust, Raisa Maritain,  J. Cocteau, G. Marcel, G. Chesterton, Y.Lewis, G. Greem, F. Copleston, T. Elliot, T. Haecker, E. Jünger, García Morente, para poner un filósofo español.

   Estas grandes conversiones por el nivel intelectual y espiritual se clausuraron a partir del “escándalo” del Vaticano II. Skandalon = piedra, significa estrictamente el obstáculo o incidente público que obra como causa para que alguien actúe o piense mal.

   La Iglesia se confundió y confundió a sus fieles. El famoso aggiornamento quedó limitado a una adecuación a la opinión publicada que en su mayoría proviene del mundo liberal de izquierda que no es precisamente católico.

   Es que el concepto de aggiornamento fue un concepto equívoco que los hombres de la Iglesia lo entendieron como una adaptación parcial a ciertas necesidades que plantea el mundo moderno, mientras que los enemigos de la Iglesia (la masonería, el rabinato, los ateos, el marxismo, el socialismo, el liberalismo, el protestantismo, el neopaganismo) lo entendieron como una adecuación infinita a todas las pautas o normas culturales generadas por ellos: el abandono del celibato, las sacerdotisas, la píldora anticonceptiva, el uso del preservativo, el aborto, el divorcio, el matrimonio gay, la no responsabilidad de los judíos en la crucifixión de Cristo,[1] el sacerdocio de los homosexuales, la eutanasia, el alquiler de vientres para procrear, y un largo etcétera.

 

   El Papa renuncia porque sabe que la Iglesia, en tanto institución política, está en manos de alguien superior a él mismo, sea la Curia romana o sean los poderes indirectos. Y como él no quiere ser un títere de esos poderes renuncia, de allí que el mejor y más profundo titular mediático haya sido el del ex católico diario ABC de Madrid: El Papa libre.

   El Papa no actuó como un débil y senecto agnóstico ni como un burgués individualista al que las cosas no le salen bien, ni tampoco actuó como Papa, pues sino, no hubiera renunciado. Los Papas no se bajan de la cruz, afirmó por ahí un obispo. La decisión fue una determinación privativa de la persona Ratzinger, en tanto único, singular e irrepetible, moral y libre. Y en ese sentido es incuestionable.

   ¿Qué nos está permitido esperar? No mucho. Seguramente que los poderes que generaron la drástica decisión de Ratzinger tomarán buena nota y no van a poner en la silla de Pedro a otro intelectual, políticamente progresista (propuso en su mensaje al parlamente alemán “un Estado socialdemocrático” y al final de su encíclica Caritas in veritate la construcción de un gobierno mundial), ya mayor cuando electo, e inhábil en el manejo de los hombres, sino a alguien del establishment eclesiástico. Que cumpla con todos los requisitos que encierra el concepto de establsihment = grupo dominante que detenta el poder y la autoridad.

   Nos arriesgamos un poco más y decimos que dada la quiebra financiera del Estado Vaticano no sería nada raro que el próximo Papa provenga de alguna gran potencia o potencia emergente. Poderoso caballero es don dinero.

   Pero estas son las opiniones de los hombres y seguramente otro será el criterio de Dios Padre quien puede condolerse y  hacer que sople el Espíritu en el próximo Cónclave. Pero esto último va más allá del análisis politológico.

 


[1] Yendo en contra de lo escrito expresamente por San Pablo en la I Tes. 2, 14-25: Los judíos son los que dieron muerte al Señor Jesús y a los profetas y los que nos han perseguido a nosotros y desagradan a Dios, y son enemigos de todos los hombres. Hoy el más grande teólogo especialista en cristología, Olegario González de Cardedal, hace malabarismo teológicos para explicar lo imposible y acomodar este punto al Vaticano II, hasta que al final apoyándose en otro insigne colega, J.A. Fitzmyer afirma: “ No hay ninguna prueba que demuestre que sea totalmente falsa la imagen general de los relatos de la pasión donde se implica a ambas partes” (Cristología, BAC, Madrid, 2008, p.108)

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CAMBIOS COTIDIANOS

CAMBIOS COTIDIANOS

Juan V. OLTRA
 

   Maruja intentaba que todo siguiera igual. Poco a poco iba parcheando, aquí y allá, manteniendo su ritmo cotidiano sin variación. Es cierto que, cuando tuvo que dejar su piso para irse a otro más cerca de sus hijos, cambió sus muebles de caoba por otros comprados en una gran superficie sueca. Las baldas se combaban con el peso de los libros y ni un solo cajón seguía ejerciendo su función de forma correcta, pero Maruja intentaba no darle importancia alguna.
Quizá lo único que le alteró fue tener que vender las joyas que Manolo le fue regalando. Por mucho que las sustituyera con bisutería, ella se sentía un poco vacía cuando miraba su joyero.
   De todas formas, no faltaba nada en su mesa. Sí, es cierto que el vino, la pasta, el aceite, el atún y su querido chocolate eran ahora de marca blanca, pero no se sentía mal por traicionar a sus marcas de toda la vida, a las que había permanecido fiel desde hace tantos años.
   Puede que el tener que vestirse con ropa comprada en el chino de la esquina y no cosida para ella por su modista de siempre, a cualquier otra mujer le hubiera sentado mal. Pero a ella el murmullo de la tele en el salón siempre le tranquilizaba el ánimo, y como estaba permanentemente encendida, no tenía tiempo de pensar en cosas que la marearan. Desde la mañana, con esas tertulias de todólogos que dominan todas las materias, a los programas con tanto grito de la noche, pasando por los culebrones, series antiguas e incluso algún anuncio de la teletienda, que siempre entretiene, la tele se había convertido en su gran compañera. Sí, su familia seguía ahí, día a día y celebración tras celebración, aunque ya no fuera en el restaurante vasco, sino en la hamburguesería yanqui del centro comercial. Lo importante era estar juntos.
   Aunque hay veces en que le diría algo a Manolito, su hijo mayor, el que se hizo cargo de la fábrica a la muerte de su marido y la fue lanzando lentamente a la quiebra mientras el resto de sus hijos crecían. Le hubiera dado un pescozón. No es que la crisis se cebara con él, o que hubiera tenido mala suerte. No. Manolito lo que había sido era un vividor. Mujeres, alcohol y coches rápidos gastaban su vida, mientras que conforme sus hermanos crecían les daba trabajos mal pagados en la fábrica y a ella... a ella dejó de darle dinero procedente de beneficios para ir pidiéndole cada vez más capital para salvar a la empresa. Patrimonio familiar que no caía en la empresa, sino en sus juergas y francachelas.  
Ahora Manolito, se había asegurado su jubilación en un banco extranjero, y el resto de la familia empezaba a notar el aliento del lobo en su cogote. Pero nadie había hecho, ni hará, nada por solucionarlo.
   ¿Les suena?. No me extraña. Maruja es España. Y a su hijo mayor... lo tenemos en el poder.

EL BAILE HA TERMINADO

EL BAILE HA TERMINADO

José Antonio FUSTER

 

   Con la decisión política de aprobar la constitucionalidad del ‘matrimonio’ homosexual, concluye –en España– la gigantesca operación de marketing puesta en marcha en 1989 en Estados Unidos para ganar reconocimiento y derechos.

   En 1989, la llamada agenda gay constaba de seis puntos inspirados en el libro Después del baile. Cómo América vencerá a sus temores y miedos sobre los gays en los 90 del neuropsiquiatra Marshall Kirk.

   El primer punto era hablar de los homosexuales y lo homosexual tan alto y tan a menudo como fuera posible. El segundo, mostrar a los gays como las víctimas, no como agresores desafiantes. El tercero, dar a los protectores de los homosexuales una causa justa. El cuarto punto es evidente: conseguir que los homosexuales parezcan los buenos. El quinto es más evidente todavía: hacer que aquellos que los victimizan parezcan los malos. Y el sexto, que todo el dinero necesario para esta gigantesca operación de marketing salga de las corporaciones públicas.

   Esto es lo que otros denominan “el método para cocinar una rana”. Un método culinario tradicional que se basa en que jamás hay que echar una rana al agua hirviendo porque luchará para salir fuera del cazo. En vez de eso, lo que hay que hacer es poner a la rana en agua fría e ir calentando el agua poco a poco para que no note que la estás cocinando.

 

Los malos de la película

 

   Ahora mismo, no hay partido político de relieve en Europa, salvo en Polonia, que se permita expresar una opinión contraria a la homosexualidad. Los medios de comunicación están cocinados. El arte está cocinado. Hollywood tiene las ancas rebozadas. La televisión surte de ranas en juliana a un público que se encoge de hombros. Esa pareja de homosexuales de la serie Modern Family que han adoptado una niña vietnamita son los amos de la pequeña pantalla. ¿Quién no querría ser superamigo de Mitchell y Cameron?

   La agenda homosexual, así planteada, evitaba la contienda al estilo Stonewall (el bar de Manhattan que es el símbolo de la lucha física por los derechos de los homosexuales) o al estilo irritante de Harvey Milk en San Francisco. Se trata de conseguir, con mucha mano izquierda y buena presencia, que el estadounidense medio (el español medio, por extensión) llegue a pensar que la homosexualidad sólo es un opción más, otra cosa, y se encoja de hombros.

   De esa manera –aseguraba Marshall Kirk–, la batalla por los derechos y el reconocimiento estará virtualmente ganada y lo único que hará falta será esperar. En el ínterin, al imperativo de que el homosexual se presente como víctima, es decir, hacerle aparecer como el bueno de la película, se le une de forma decisiva señalar a la resistencia antigay como unos tipos malos y desagradables. Los homófobos. Esto desactiva cualquier posibilidad de rebelión de una parte importantísima de la sociedad que opta por mostrarse indiferente mientras otra parte no despreciable jalea con insistencia el poder de los homosexuales, las nuevas reinas del baile.

   Hace un par de años, un joven político demócrata estadounidense ya olvidado, Gregg Kravitz, entró en la carrera electoral dispuesto a arrebatarle la nominación demócrata a una veterana diputada estatal de Pensilvania, Babette Josephs. Ante el público de Filadelfia, Kravitz, que era un bombón rubio de terno impecable, se presentó como un homosexual que pretendía que la voz de los homosexuales (y bisexuales, y transexuales, y también los transgénero) se sentara en el Parlamento pensilvaniense.

   La diputada Josephs, que no era lesbiana, pero sí gayfriendly de toda la vida (siempre a favor de cualquier cambio legislativo que favoreciera a los homosexuales), sufrió como una condenada hasta que logró reunir pruebas de que Krevitz era un heterosexual que tenía novia y se estaba haciendo pasar por homosexual con el fin de ganar más votos.

   Krevitz, en una apresurada rueda de prensa, se defendió asegurando que no era homosexual ni heterosexual, sino bisexual, y que sí que tenía novia, pero lo mismo mañana se le antojaba un novio, pero que en realidad “lo importante es llevar la voz de las lesbianas y gays al Parlamento de Pensilvania”. Perdió, claro. Más que nada, por ser un maldito embustero. Y Josephs ganó, pero dos años después, el pasado abril, perdió contra Brian Sims, un homosexual de 33 años, ex capitán de la selección universitaria de fútbol americano y candidato financiado por el Fondo para la Victoria de Gays y Lesbianas (un comité de acción política fundado en 1991 en Washington para impulsar las carreras de políticos declarados homosexuales). Babette Josephs comprendió así que nada más gayfriendly que un gay.

 

El quinto punto

 

   Con el caso Kravitz, la nación entera comprendió hasta qué punto de control de la escena pública había llegado el lobby gay, que es ese piquete de terciopelo tan influyente que puede hacerte un nombre o arruinarte la vida. Kravitz es ejemplo de haber intentado lo primero.

   De lo segundo hay cientos de ejemplos en los Estados Unidos. Quizá uno de los mejores sea el de Kenneth Howell –un profesor universitario, ministro presbiteriano, que en una clase de introducción al catolicismo de la Universidad de Illinois se le ocurrió enviar un correo a los alumnos sobre “Utilitarismo y sexualidad” en el que explicaba la importancia de separar conducta y persona en el asunto de la valoración moral de la homosexualidad. Ese correo llegó a un activista homosexual ajeno a la universidad que reclamó la expulsión inmediata de Howell. Y Howell, claro, fue expulsado.

   A Howell le acusaron de homofobia (según el diccionario de la Academia: “Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”). Ése es el quinto punto de la agenda gay de 1989. Se le llama “discurso del odio” a todo lo que no sea la promoción activa de la normalidad de los homosexual sin que los valores culturales, tradicionales o religiosos, ni siquiera las reglas de la cultura dominante, puedan ser invocados para justificar cualquier forma de discriminación. Esto lo han sufrido españoles como Aquilino Polaino, Fernando Ferrín Calamita, Javier Otero de Navascués o el célebre obispo Reig Pla.

   Las historias de estos cuatro homófobos son conocidas, pero no por ello menos fascinantes. Aquilino Polaino, catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense, un psiquiatra de enorme prestigio y más de 30 años de investigaciones, fue invitado en 2005 a comparecer como experto a propuesta del PP en una comisión del Congreso sobre proyecto de ley de modificación del Código Civil para albergar el llamado matrimonio homosexual.

   Su intervención, en la que citó una decena larga de estudios sobre los núcleos estructuradores de la psicopatología homosexual, fue resumida en un titular del diario El Mundo como: “Un experto invitado por el PP al Senado dice que los gays son hijos de padres ‘hostiles’ y ‘alcohólicos”. La cacería fue tan extraordinaria que al PP le faltó tiempo para abandonar a su propio experto.

   También fue abandonado al año siguiente el juez Fernando Ferrín Calamita. En su caso, apartado de la carrera judicial y tratado como a un apestado porque retrasó –solicitando informes periciales para determinar qué era lo mejor para un menor– un proceso de adopción por la compañera lesbiana de la madre biológica. En realidad, lo que el juez Calamita hizo fue reconocer, como aseguró el jurista José Javier Castiella, su propia limitación formativa y solicitó el informe pericial sobre la concreción del interés del menor en el asunto sometido a su decisión. Ninguna explicación le sirvió, ni siquiera la prueba de que la demandante le había ofrecido retirar la denuncia a cambio de 10.000 euros. La agenda gay le pasó por encima al juez, que fue condenado por prevaricación y apartado de la carrera judicial.

   El caso de Javier Otero de Navascués es de manual de primero de lobby. Otero es uno de los responsables del restaurante madrileño La Favorita, que en 2006 rogó a una pareja de homosexuales que quería celebrar allí su matrimonio que se buscara otro lugar. La decisión se tomó en conciencia y no hubo mayores problemas. Así lo reconoció sin más uno de los novios a un periódico de Navarra.

 

Una rana cocinada

 

   La pareja gay no llevó su queja a instancia municipal alguna, pero el entonces responsable del área de Economía del Ayuntamiento de Madrid y hoy vicealcalde de Ana Botella, Miguel Ángel Villanueva (que, como reveló LA GACETA, casó por amistad a un hermano de Miguel Ángel Flores, presidente de FSM Group-Infinitamente Gay y propietario de la empresa Diviertt, la sociedad que alquiló el Madrid Arena y donde murieron cuatro jóvenes en la fiesta de Halloween), ordenó que se abriera de oficio un expediente informativo para ver si la actuación de La Favorita podía dar lugar a una sanción. Después de esta campanada municipal, la prensa partidaria se volcó hasta conseguir que los gays (los que no acudieron a instancia municipal alguna) anunciaran una queja en regla ante el Defensor del Pueblo.

   El caso más reciente es el del obispo de Alcalá de Henares, Reig Pla, quien cinco minutos después de terminar su sermón de Semana Santa, fue condenado sin juicio como ejemplo de lo que le pasaría a quien osara atacar la cultura gay. Durante 48 horas, el homosexualismo político crucificó al obispo sin oposición después de que este, en un sermón sobre la necesidad de una profunda reforma moral de España, hablara sobre la corrupción de la infancia y de la juventud a través de ideologías de la sexualidad que invitan a la promiscuidad y que encuentran el infierno (con minúscula).

   Pero el sermón no era importante. Al obispo Reig le estaba esperando la agenda gay desde que hace nueve años fuera el primer obispo en definir la cultura gay: “El fin último al que desea llevarnos el lobby gay: una civilización gay donde sea universalmente aceptada y practicada la homosexualidad o, al menos, la bisexualidad”.

   O lo que es lo mismo, una rana cocinada.

ENTRE EL SER Y EL ESTAR

ENTRE EL SER Y EL ESTAR

Alberto BUELA

 

   El castellano y el portugués son las únicas dos grandes lenguas de cultura contemporáneas que conjugan igualmente ser estar. Así al decir en lenguas extranjeras: être, to be o sein, mentamos un solo significado, el de ser. Mientras que cuando decimos ser en nuestra lengua, decimos ser  y estar.

   Éste es un matiz profundísimo que otorga al castellano/portugués un privilegio extraordinario que no ha sido puesto de manifiesto, en forma explícita, por aquellos que filosofan en nuestro idioma. Y es al mismo tiempo uno de los puntos de mayor dificultad que presenta el aprendizaje del castellano/portugués.

   El francés, el inglés y el alemán tienen que recurrir a neologismos para expresar ente, y así tuvieron que inventar étant, being o seinde, y cada vez que lo utilizan lo tienen que explicar. Mientras que nosotros cuando decimos “ente”, entendemos inmediatamente que significa: lo que es o aquello que es.

   Al decir “ser”, significamos la existencia de algo y cuando decimos “estar” mentamos la permanencia o estado de ese algo. Así, cuando afirmamos que: La biblioteca que nos rodea es, decimos que “existe” y para decir que permanece ahí, decimos que “la biblioteca está en nuestro escritorio”.

 

   Tenemos noticias de al menos tres pensadores de lengua castellana que han utilizado filosóficamente esta diferencia entre ser estar.

   El primero de todos fue un gran antropólogo cultural argentino Bernardo Canal Feijóo (1897-1982), quien en un libro imperdible En torno al problema de la cultura argentina (1944) afirma: “Cultura es ser, o mejor dicho, cultura es… être. O bien, to be. El alarde lingüístico es aquí indispensable. Francés e inglés infunden en être y to be, esto es en una sola palabra, dos ideas, o cosas tan distintas como ser y estar, que el español aísla prolijamente”.[1] … “culturalmente el americano no acaba de “ser” donde “está” y asumir totalmente la existencia de su situación” [2]. Va a definir a los americanos como “seres estando”.

   El segundo es Rodolfo Kusch (1922- 1979) quien conocía la obra de Canal Feijóo y prolongó sus análisis sobre la diferencia entre ser y estar para terminar afirmando que "la razón de América radica en la fórmula del estar siendo". [3]

   El tercero es el filósofo español Xavier Zubiri (1898-1983) quien en Inteligencia sintiente (1980) pone el acento en la diferencia entre ser y estar.

 

   Cuando en metafísica afirmamos que “el ser es”, queremos decir tanto que el ser existe, que es “algo y no más bien nada”, y al mismo tiempo decimos que “está ahí”, presente al pensar. Nada más fácil de concebir para un filósofo de lengua castellana que la distinción entre ser estar porque ésta se funda en nuestra propia lengua original y es una distinción que hacemos diariamente y en forma inconciente, la mayor de las veces, mientras hablamos con otros o con nosotros mismos. Esto mismo para un hablante francés, inglés o alemán requiere un esfuerzo intelectual enorme.

   Esta facilidad que tenemos, esta ventaja comparativa respecto a las otras grandes lenguas de cultura no ha sido cabalmente aprovechada.

   Metafísicamente nosotros podemos afirmar sin temer provocar un equívoco en el lector castellano que,  el hombre como ente que es “está en la realidad como cosa” pero que al mismo tiempo “existe como algo”.

   Cuando decimos que “el hombre es” entendemos inmediatamente que “está ahí” y que “existe”.

   La comprensión plena de este aserto por parte de un filósofo alemán se le hace más difícil que miccionar en un frasquito.

   Luego, en un segundo momento podemos seguir nuestra disquisición metafísica preguntándonos: el ente hombre puede estar pero no existir. Puede “estar como cosa”, como un cadáver pero no existe. O puede existir, como producto de la razón, pero no “estar ahí” como cosa.

 

   Ésta es la razón profunda por la cual alguna vez el filósofo Nimio de Anquín sostuvo la tesis que: “el ontismo es el constitutivo formal de la conciencia argentina, que no tiene ninguna exigencia eficiente o final. El ontismo según nuestra concepción es la consideración de la realidad del mundo de acuerdo a sus determinantes intrínsecos, sin eficiencia y sin finalidad, es decir, en una inmanencia necesitante y deviniente. Esta actitud sí es auténtica y acorde con nuestra primitividad; es fatalmente nuestra, porque no podemos rebasar el nivel de nuestra capacidad especulativa natural, que corresponde isocrónicamente a la situación de los presocráticos, en cuya conciencia emergente y admirante apenas se dibujan los motivos intrínsecos de las esencias o el Ser de las esencias, pero no su existencia, que importarían una extrinsecidad inexplicable (en efecto, la esencia es simplemente porque es; la existencia es innecesaria y extraña al ser de la esencia)… Esto nos abre a una concepción esencialista de las cosas, que en definitiva es propicia a una eliminación de la existencia como sobreagregada a la esencia en un acto de difícil o imposible conceptualización.”[4]  

   Cuando nosotros decimos “el hombre es” no nos estamos preguntando sobre la distinción  entre su esencia y su existencia, que se nos dan juntas. Sino que cuando decimos “el hombre es” estamos diciendo también “el hombre está”. Esta separación entre ser y estar es posterior. Y cuando es realizada desde otras lenguas de cultura distintas del castellano o el portugués, exige un desarrollo intelectual elevado.[5]

   Así el ser se funda para de Anquín en el ontismo, para Canal y Kusch en el estar y para Zubiri en “la cosa”, pero los tres giran sobre un mismo eje, la distinción entre ser estar que les brinda sin ningún esfuerzo de su parte el uso de su lengua maternal: el castellano.

   ¿Podemos avanzar algo más en este tema sin caer en los lugares comunes y en las reiteraciones vacías de contenido?

   El verbo ser se puede utilizar en lugar de existir y, en este sentido, no se confunde con el verbo estar, que  significa primordialmente permanecer. Estar es un verbo de situación en espacio y tiempo, resultado y estado. Su significado propio es el de ocupar un lugar, permanecer en un sitio.

   Cuando se duda, cosa harto difícil en el hablante castellano, sobre el uso de uno de estos dos verbos lo aconsejable es asociar ser con la esencia y estar con el estado o existencia. Es decir que ser atribuye al sujeto algo que hace parte de su esencia, algo necesario, mientras que estar le atribuye un estado o existencia, pero una característica que no le es propia sino sólo transitoria.

   Así cuando afirmamos que: el cenicero está aquí o allá, mentamos su existencia, mientras que cuando decimos que: esto es un cenicero, (porque entendemos que cumple con los rasgos esenciales de cenicero), mentamos su esencia. Aparece una vez más la relación esencia y existencia con respecto al ente como cosa o como algo.

 

   Aparecen los aspectos trascendentes del ente, de todo ente en tanto tal, respecto de todo género. Es decir, que el ente que estudia la metafísica está más allá de los entes específicos de cada disciplina. Es por ello que se enseña que la metafísica es la más profunda, la más original, la más difícil, la más universal, de todas las disciplinas filosóficas.

   Desde la perspectiva del tiempo podemos decir que el ser se vincula a él, en tanto que desde el espacio lo hacemos con el estar.

   Así cuando afirmamos que “el hombre es”, decimos que existe en el tiempo mientras que cuando afirmamos que “el hombre está”, decimos que permanece en un lugar o estado. El permanecer del estar es transitorio mientras que el del ser, es permanente. Uno expresa la existencia, que puede ser o no ser, a través del “algo” y otro la esencia, que expresa lo que es, a través de “la cosa”.

   Cuando Kusch afirma que somos los americanos “un estar siendo” no se percata que el estar siempre es un siendo. De suyo el estar es un siendo porque indica un estado siempre transitorio. Y cuando Canal Feijóo afirma que somos “seres estando”, pronuncia una tautología. Pues los americanos, al ser ya estamos.

   Estos dos gruesos errores de concepción han dado paño para escribir infinita cantidad de libros a la sedicente “filosofía latinoamericana de la liberación” sobre qué somos los americanos y cuál ha de ser su filosofía.

   De todas maneras, debido a este grueso error inicial, “esta filosofía” quedó limitada a ser solo un programa a desarrollar que nunca se pudo completar. Fue una especie de eructo filosófico que no pasó a mayores. Ningún filósofo europeo serio tomó en cuenta nunca semejante divague, más publicitario e ideológico que filosófico. Su partida de nacimiento metafísica fue un error mayúsculo.

   Algo totalmente distinto ha venido ocurriendo con el genuino pensamiento indiano- Este sí, que viene teniendo de manera silenciosa un avance cada vez mayor, y sobre todo acumulativo de un autor a otro y de una generación a otra. Es “la filosofía indiana o iberoamericana de la identidad”, que nace a partir de la pregunta anquiniana de “el ser visto desde América” (1953).

   En eso estamos y sobre eso seguimos trabajando. “Pues quien filosofe genuinamente como americano no tiene otra salida que el pensamiento elemental dirigido al ser objetivo existencial que nos rodea”.

 

 


[1] Canal Feijóo, B: op.cit p. 113

[2] Idem: op. cit. p. 27

[3] Kusch, Rodolfo: La negación en el pensamiento popular, Ed. Cimarrón, Buenos Aires, 1975, p. 77

[4] Anquín, Nimio de: La filosofía en la argentina (1972)

[5] Habría que ver si siguiendo esta línea de interpretación no podemos llegar a explicarnos porqué el más elevado metafísico de lengua castellana/portuguesa, Francisco Suárez (1548-1617), no distinguió entre esencia y existencia.

EN LA ANTESALA DEL GOBIERNO MUNDIAL

EN LA ANTESALA DEL GOBIERNO MUNDIAL

Adrián SALBUCHI

 

   Los Dueños del Poder Mundial enquistados profundamente dentro de los principales Estados y Gobiernos, están decididos a imponer sobre todo el planeta un Gobierno Mundial, a capa y espada… ¡Y cuanto antes, mejor (para ellos)!

   Invito al lector a evaluar doce ’mega-procesos’ que se están utilizando como ’disparadores’ geopolíticos para lograr ese objetivo. Esto ya lo anunciamos en un video a fines del 2009; lamentablemente, los hechos van demostrando que no estábamos errados [1].

   Pareciera que todos los caminos conducen al Gobierno Mundial. Ello no debiera sorprender a nadie. El prestigioso periódico británico Financial Times lo manifestó abiertamente en un artículo redactado por su comentarista en asuntos exteriores Gideon Rachman, el 8 de diciembre de 2008 [2]. Su título lo dice todo: And Now for a World Government (Y ahora vamos por un Gobierno Mundial). Esto es apenas un eco de lo que vienen pregonando desde hace décadas entidades decisorias del poder mundial como la Comisión Trilateral, el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), el Grupo Bilderberg e incluso, más recientemente, hasta el Vaticano.

 

   Empecemos por lo obvio: el gerenciamiento integral del planeta Tierra no es asunto simple. Requiere de planeamiento estratégico y táctico por parte de una vasta red de bancos de cerebros, aliados a universidades de élite, operando a través de ejércitos de académicos, lobbyistas, periodistas, políticos, funcionarios de Gobiernos y operadores de toda clase que interactúan profusamente financiados por la estructura supranacional de bancos y corporaciones.

   Operan de manera mancomunada y holística, diseñando y activando estos ’disparadores’ geopolíticos en diferentes áreas y planos, sabiendo que cada uno tiene sus propias características, dinámica y velocidad. Por ejemplo: 

Disparadores Financieros: se mueven a la velocidad de la luz, gracias a las tecnologías de la informática y las comunicaciones que permiten elevar o colapsar a mercados, monedas, economías nacionales y regionales en apenas horas o días.

Disparadores Económicos: se mueven más lentamente puesto que la fabricación de automóviles, aeronaves, alimentos, indumentaria o la construcción de viviendas, plantas e instalaciones demanda meses, si no años.

Disparadores Políticos: se encuentran sujetos al mal llamado ’sistema democrático’. Maniobran para posicionar, financiar e imponer a sus políticos y operadores en los máximos estamentos de poder de todos los Estados, desde cuyas estructuras impulsan durante años las medidas y leyes que favorecen los intereses de los Dueños del Poder Mundial.

Disparadores Culturales: suelen requerir de varias generaciones para implementar; es aquí donde la Guerra Psicológica ha logrado ’éxitos’ sin igual en la formación, conformación y deformación del imaginario colectivo, imponiendo patrones de comportamiento y pensamiento de efectos perversos y disolventes, con los catastróficos resultados sociales que tenemos a la vista. 

   La compleja administración por parte de los Dueños del Poder de todos los riesgos que abarca este proceso exige tomar en cuenta las trampas, peligros y sorpresas que el futuro depara. De manera que para cada uno de estos y muchos otros rubros, tienen preparados eventuales ’Planes B’ –incluso Planes C y D– que, de ser preciso, pueden ser rápidamente implementados. 

12 DISPARADORES PARA IMPONER UN GOBIERNO MUNDIAL


   Hoy, los Dueños del Poder Mundial están cerrando el proceso geopolítico que en su momento bautizaron con el nombre de ’globalización’, iniciado con el colapso de la antigua Unión Soviética hace poco más de veinte años. Pretenden reemplazarlo con un Gobierno Mundial forjado a su medida. Es así que nuestro mundo se encuentra transitando una peligrosa transición que va desde la prometedora ’globalización’ de aquellos días hasta el Gobierno Mundial que hoy nos amenaza.

   Algo análogo a lo que el filósofo alemán Federico Nietzsche describiera en su Así hablaba Zaratustra: “Un peligroso cruzar, un viaje azaroso, un peligroso mirar hacia atrás, un peligroso temblar y paralizarse".

   Estos 12 Disparadores se encuentran entrelazados y entrecruzados dentro de una matriz altamente compleja y holística, que es muy flexible en sus tácticas, mas rígidamente incambiable en sus objetivos estratégicos. Cuando se lo mira en su totalidad, este modelo de dominio planetario resulta mucho más que la mera suma de sus partes. 

   1) Colapso del Sistema Financiero Global. Desde el año 2008, el Sistema Financiero Global continúa en terapia intensiva. Grandes banqueros como Ben Bernanke, Timothy Geithner y el ’equipo SWAT’ financiero norteamericano (Robert Rubin, Larry Summers y los megabanqueros de Goldman Sachs, CitiGroup, JPMorganChase, Rothschild, Lazard, Warburg) operan junto a sus pares en el Banco de Inglaterra, Banco Central Europeo y demás bancos, sin haber tomado medida alguna para ayudar a las sufrientes poblaciones y a las economías devastadas por este ’cáncer’ financiero. Sólo pretenden ’resolver’ la crisis regalando billones de dólares a la elite bancaria e imponiendo el mito mediático de que ciertos bancos son “demasiado grandes para dejarlos caer” (que en su lenguaje eufemístico orwelliano significa que son demasiado poderosos como para dejarlos caer). ¿Por qué? Porque en el mundo industrializado no son los Gobiernos los que controlan, supervisan y monitorean a los Goldman Sachs, CitiCorp, HSBC, Deutsche Bank y JPMorganChase, sino que la realidad es exactamente al revés: son los megabancos los que controlan a los Gobiernos. 

   2) Crisis económicas. Hoy en día el ’Capitalismo Extremo y Destructivo’ se encuentra muy ocupado colapsando a las economías nacionales y regionales, para entonces reformatearlas como entidades crecientemente esclavistas; una suerte de gulag mundial que el propio José Stalin envidiaría. El problema del mundo no es la economía real global (que sigue mayormente intacta), sino la crisis terminal que afecta al mundo falso y artificial de las finanzas, los bancos y la especulación parasitaria y usurera. 

   3) Convulsiones sociales. Los colapsos en Grecia, Irlanda, Portugal, Islandia y – próximamente – Italia, España y otros, disparan violentos levantamientos y convulsiones sociales, aún en países como Estado Unidos y el Reino Unido, tal como sufrieron Argentina, México y Brasil en décadas pasadas. 

  4) Pandemias. Preparémonos para más ’sorpresas gripales’ que, convenientemente ingenierizadas, preparan el camino para las vacunaciones masivas obligatorias; una oportunidad discreta para introducir minúsculos chips RFID (transponders identificadores por radio frecuencia) en nuestros cuerpos y para probar ’virus inteligentes’ que tendrán como ’blanco’ determinadas secuencias de ADN. ¿Nos enfrentaremos a virus selectivos étnico-raciales como parte de campañas masivas de despoblación? 

   5) Calentamiento global. A medida que la economía global se hunde en el ’crecimiento cero’, los dinamizadores económicos pasan del crecimiento expansivo a la contracción del consumo. ¿Serán los nacientes ’créditos de carbono’ el futuro mecanismo de control social? 

   6) Mega-ataques terroristas de ’Bandera Falsa’. Los dueños del poder mundial mantienen esta carta comodín en sus mangas para detonar nuevas y gigantescas ’crisis’ que servirán de atajos hacia la imposición de un Gobierno Mundial. ¿Veremos nuevos ataques de este tipo que harán empalidecer a los ataques del 11 de septiembre 2001 en Nueva York y Washington? ¿Veremos la detonación de algún artefacto nuclear sobre alguna ciudad occidental, del que luego se culpará a los enemigos de los dueños del poder mundial? 

   7) Guerra generalizada en Oriente Medio. En estos momentos se alistan fuerzas aéreas, navales y terrestres occidentales para atacar a países como Siria e Irán. 

  8) ’Accidentes’ ecológicos y ambientales. El accidente nuclear en la planta ucraniana de Chernóbil en 1986 marcó el principio del fin de la antigua Unión Soviética al mostrarle al mundo y a los propios soviéticos que su Estado no estaba en condiciones de administrar de forma segura su infraestructura nuclear. En abril de 2010 vimos el enorme accidente ecológico de la plataforma petrolífera de la BP Deepwater Horizon en el golfo de México; luego, desde marzo de 2011, Japón y el mundo se enfrentan a un accidente nuclear aún mayor en el complejo nuclear de Fukushima Daiichi. ¿Hubo alguna jugada sucia en torno a estos accidentes? 

   9) Asesinato de figuras políticas o religiosas de alto nivel, de los que se culpará a algún enemigo de los dueños del poder. El Mossad, la CIA y el MI6 tienen vasta experiencia en este tipo de juego sucio. 

   10) Ataques contra ’Estados transgresores’. Ya lo vimos en Irak y Libia. ¿Quiénes serán las próximas víctimas? ¿Siria? ¿Irán? ¿Venezuela? ¿Corea del Norte, quizás? 

  11) Puesta en escena de un ’evento religioso’. La creciente necesidad de las masas de hallar algún significado para sus vidas la torna presa fácil de alguna supuesta ’segunda venida’ de un ’mesías’ electrónico, orquestada y armada por los técnicos de Hollywood con su realidad virtual 3D y hologramas. ¿Veremos la aparición repentina de algún ’ser superior’ electrónico y virtual que actuará en sincronía con los objetivos mundiales de los dueños del poder? En tal caso, ¿quién se atreverá a desobedecer al propio ’dios’? 

   12) Puesta en escena de un supuesto ’contacto con seres de otros mundos’. Puede ser que también se esté planeando algo por el estilo. A lo largo de décadas, grandes sectores de la población mundial han sido convenientemente programados para creer en la existencia de los ’alienígenas’: seres de otros mundos. También aquí puede que veamos la aplicación de tecnologías holográficas que fabriquen el supuesto aterrizaje de una nave espacial extraterrestre –¡en el jardín de la Casa Blanca, por supuesto!– destacando así la imperiosa ’necesidad’ que tiene la humanidad de disponer de una ’representación unificada’ ante los ’extraterrestres’. ¿Una justificación más para imponer un Gobierno Mundial? 

 

   ¿Qué tienen en común todas estas ’crisis’ interrelacionadas? El calentamiento global, las pandemias, el terrorismo internacional, el colapso financiero, la depresión económica, las convulsiones sociales y aún los contactos alienígenas? Todos sirven para demostrar que no pueden ser abordados por ningún Estado-nacional por sí solo, justificando así la necesidad de contar con un Gobierno Mundial. 
   Por todo esto y más, debemos mantenernos particularmente alerta, entendiendo las cosas como realmente son y no como los dueños del poder mundial y sus multimedios globales quieren que creamos que son. 



________________________________________
[1] Video "Previsiones para 2010: Transición desde la Globalización hacia el Gobierno Mundial" – (15-Dic-09) – 
Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=Rc6zBeDawSI 
Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=DwyMp1Edld0
Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=NIz4sm-Rxlk
[2] http://www.ft.com/cms/s/0/7a03e5b6-c541-11dd-b516-000077b07658.html#axzz23zyTYyKY.

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EL TRASPLANTE DE ALMA

EL TRASPLANTE DE ALMA

Jorge ÁLVAREZ

   
   Ahora que ha llegado esta devastadora crisis, muchos sesudos analistas que hasta el momento se mostraban muy satisfechos con la España democrática que había abandonado la dictadura de forma ejemplar para abrazar la modernidad e integrarse en Europa, intentan buscar las razones que nos han llevado al desmoronamiento más absoluto.

   Lo primero que ninguno admite, es que nos hallamos ante un absoluto fracaso del régimen actual, o sea, el democrático que sustituyó al régimen anterior, la Dictadura de Franco.

   El régimen de 1978, por darle la fecha de la constitución, ha fracasado. El régimen democrático ha llevado a España a la situación actual, la más grave desde 1936, cuando otro régimen democrático estuvo a punto de acabar con ella.

   ¿Por qué hemos acabado así? 


   Las políticas económicas equivocadas, el despilfarro del régimen partitocrático y autonómico, el gasto improductivo desde el punto de vista de la racionalidad económica pero productivo desde la perspectiva electoralista, la cesión constante de soberanía hacia arriba y hacia abajo, la descomposición de la familia, la inmigración masiva, la caída de la natalidad… no son más que parte de una enfermedad con raíces más profundas.

   ¿Qué ocurre cuando a una nación se le hace un trasplante de su alma colectiva?

   En la época de Franco comenzamos a ver series de televisión y películas americanas. Recuerdo a mis padres, a mis abuelos, a mis tíos, con sus amigos, en tertulias relajadas, comentar con bastante sorna la forma de vida de los americanos. Unos tipos que se habían casado todos tres o cuatro veces, que bebían a escondidas sólo para olvidar problemas en tugurios oscuros en los que el “barman” hacía como de confesor, que andaban permanentemente estresados, que no tenían tiempo para nada y que iban regularmente al psiquiatra. Que tenían electrodomésticos impresionantes y unos coches que parecían portaaviones y que tenían que utilizar para todo, porque vivían en urbanizaciones muy coquetas pero en las que era imposible hacer nada sin el automóvil. 

   Nuestra España era un país católico, quiero decir, de impronta católica. Incluso los ignorantes que se cagaban en los curas, vivían como católicos. Era una España de familias amplias; no sólo porque se tenían muchos hijos, también porque los abuelos, los tíos-abuelos, los tíos, los primos, los sobrinos, ocupaban un papel importante. Las familias podían vivir con un sueldo, tenían cuatro hijos de media y además, ¡ahorraban! Casi nadie vivía a crédito ni intentaba aparentar lo que no era. Existían economatos, las amas de casa compraban productos frescos en los mercados de barrio a tenderos con nombre y apellidos a los que conocían y de los que se fiaban. Los hermanos pequeños heredaban la ropa de los mayores, con coderas y rodilleras incluidas, y eran felices. Las marcas no imponían su dictadura a unos padres que tenían bastante más sentido común que los de ahora… Y nadie tenía necesidad de acudir a un “loquero” para que le tratase ni le recetase antidepresivos.

   Para a una nación que entiende que la vida consiste principalmente en formar una familia feliz, trabajar para mantenerla decorosamente, ahorrar lo posible para el futuro y gozar del tiempo libre de forma placentera, sin necesidad de tener que pedir un crédito para pasar las vacaciones en Singapur, el choque que supuso la llegada del nuevo régimen en 1975 fue necesariamente brutal.

   En aquel momento, los gobernantes españoles, de consuno con los que mandan en el mundo democrático, decidieron que España necesitaba un cambio de alma. El trasplante de alma que ya se le había efectuado a algunos países de Europa desde Mayo de 1945. Pero el triunfo de la globalización y de la peor versión que podíamos concebir del proceso de unión europea después de la caída del orbe comunista a finales de los ochenta del pasado siglo, supuso una nueva ofensiva del proceso de uniformización de los espíritus bajo el molde del materialismo.

   En muy poco tiempo, sustituyeron el alma española, austera, recia y sin embargo alegre y optimista, y trascendente, como corresponde a las sociedades formadas por los principios católicos, por un alma judeocalvinista. 

   Las consecuencias de nuestro trasplante de alma están hoy a la vista. Nos han convencido de que debíamos vivir como consumistas compulsivos, de que la mujer debía liberarse de la jaula de la familia, de que la felicidad estaba en comprar lo mejor y lo más caro, de que la competitividad y la eficacia en el trabajo están por encima de todo… 

   De ser Católico-Romanos hemos pasado a ser judeocristianos, es decir, judeocalvinistas. Nuestros jóvenes beben como anglosajones, bailan como anglosajones, escuchan sólo la música de los anglosajones, visten como anglosajones y si no aprenden su lengua, les amenazan de que estarán condenados a la miseria y el ostracismo.

   El españolito de alma trasplantada ya se divorcia cada dos por tres, se pelea con su “ex” por la custodia y la pensión, acaba necesitando un psiquiatra para intentar sobrellevar el lío, toma antidepresivos, intenta trabajar cada vez más para poder pagar todo este follón y además poder comprar todas esas cosas que salen en la televisión y que si no tiene le hacen sentir que no es nadie, se traga horas y horas de programas de televisión que no son más que copias de programas americanos, compra en centros comerciales despersonalizados, come basura precocinada… 

   Como esos yanquis tan raros y grotescos que veíamos en la televisión en 1970.

   Seguramente no es casual que sean en general los países más alejados de la cultura protestante los que peor están saliendo parados de la devastadora crisis actual. Hemos claudicado, hemos aceptado y hemos querido vivir como calvinistas, pero no sabemos, no valemos o no podemos. Las consecuencias del trasplante de alma se están haciendo ver no sólo en España. No creo que sea casual que España, Italia, Irlanda, Portugal y Grecia (los griegos ortodoxos, tan alejados del materialismo como los católicos tradicionales), sean quienes peor estén digiriendo el empacho de globalización consumista que ha arrasado el mundo en las últimas tres décadas.

   El mundo árabe y musulmán, debería tomar muy buena nota de todo lo que está ocurriendo en Europa…

   El trasplante del alma que se le ha hecho a muchas viejas naciones para implantarles un espíritu ajeno a su idiosincrasia, está generando un monstruo inadaptado a su hostil entorno y condenado al fracaso, igual que el monstruo con cerebro trasplantado que imaginó Mary Shelley. Pero tal vez un día, surja un monstruo que se rebele con éxito contra el destino que otros le habían preparado. 

   La verdad, creo que me gustaría verlo.

¡NO ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS!

¡NO ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS!

Denes MARTOS


   En la campaña presidencial de 1992, el equipo de campaña de Bill Clinton inventó la consigna "(es) la economía, estúpido". Con ella consiguieron fijar exitosamente la atención de los votantes sobre los problemas domésticos, enfrentando a los republicanos de George H. W. Bush (padre) cuyo discurso estaba más orientado hacia la política exterior.  Con el tiempo, la frase se popularizó, la repitió todo el mundo, y desde entonces la usan sistemáticamente los que insisten en querer hacernos creer que la economía es el principal factor a tener en cuenta para cualquier consideración política.

   En realidad se trata de una transposición a la política del criterio típicamente norteamericano según el cual, si una empresa gana dinero, todo lo demás está bien. Correlativamente entonces se supone que, si la economía de un país funciona bien, todo lo demás es secundario.

   Y no es tan así. La prueba la tenemos en las ya reiteradas crisis que viene padeciendo el sistema capitalista global; crisis que no son tan estrictamente económicas como lo presentan habitualmente los economistas y quienes insisten en querer explicarlo todo en términos económicos.

 

   Por de pronto, lo primero que se me ocurriría puntualizar respecto de la actual crisis económica es que no es una crisis económica. Es una crisis financiera que arrastra la economía a un agujero negro, lo cual es algo muy distinto. Y no es la primera vez que lo hace; lo cual ya es grave porque de algún modo revela una pertinaz, obcecada, obsesiva, casi patológica insistencia en seguir haciendo siempre lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Como sabemos, ése es uno de los más inequívocos síntomas de la locura.

   ¿Se han vuelto completamente locos quienes dirigen la “superestructura” financiera mundial? ¿Habrá perdido la razón la plutocracia internacional? Cuesta creerlo. Un loco puede pegar manotazos de ahogado pero lo hace a tontas y a locas, completamente al azar, sin que se pueda establecer en ese comportamiento algún patrón de conducta. Por el contrario, los aparentes manotazos económicos de la plutocracia tienen – todos, y aun en medio del aparente caos – un objetivo bastante fácilmente detectable: el aumento del poder de los dueños del dinero mediante el aumento del poder del dinero.

   Contrariamente a lo que muchos afirman, la actual crisis no es un derrumbe y la plutocracia no está en retirada. A lo que estamos asistiendo es a una “reestructuración controlada” (si bien o mal controlada eso es lo que está por verse) del sistema económico mundial tal como éste quedó armado luego del proceso de globalización. Lo que el poder financiero está haciendo es una “huida hacia adelante” para lograr lo que Tomasi di Lampedusa describió en su momento como la estrategia de cambiarlo todo para que nada cambie.

 

   Durante las primeras décadas del Siglo XX, Nikolay D. Kondratyev, un talentoso economista ruso, estudió detenidamente el desarrollo económico de los últimos 240 años y llegó a la sorprendente conclusión de que, cada 40/50 años – en promedio – se detectan “explosiones” tecnológicas en Occidente que impulsan toda la actividad económica hacia nuevos horizontes. [1] Por ejemplo, así como en su momento la máquina de vapor revolucionó todo nuestro sistema de producción, luego lo hicieron el motor a explosión y más tarde la electricidad, los materiales plásticos, la energía atómica, la miniaturización y la electrónica.

   En los últimos 40/50 años el procesamiento electrónico de datos y el control de dispositivos mecánicos mediante unidades electrónicas programables y hasta “inteligentes” ha creado todo un nuevo mundo, parte del cual se ha dado en llamar “virtual” aunque en realidad no posea ni la mitad de virtualidad que muchos suponen.

   Entre las características más sobresalientes de esta nueva “tecnotrónica” se destacan, por un lado la velocidad y, por el otro, la capacidad de procesamiento. Es decir: la posibilidad de establecer en "tiempo real" el control centralizado y la consulta sobre enormes volúmenes de datos .

   Hace apenas unos 40 o 50 años atrás las transacciones financieras y los procesos industriales se registraban en fichas de cartulina o en planillas llenadas manualmente. Hoy es posible tanto consultar en tiempo real el saldo de una cuenta corriente como registrar y contabilizar los productos de una línea de producción robotizada. A la estructura financiera esto le abrió posibilidades completamente inimaginables para la generación anterior a la actual. Enormes sumas de dinero pueden hoy cambiar de mano a una velocidad literalmente cercana a la de la luz. El capital financiero se hizo “volátil” mientras la economía real – las fábricas, los talleres, las oficinas, las centrales de energía, los comercios – se mantuvo casi tan “arraigada” como hace cuatro décadas atrás. Y he resaltado la palabra "casi"porque la modularización de la producción real, con partes fabricadas en ciertos países y productos finales armados en otros, también ha modificado sustancialmente el criterio de las empresas “verticales” que tienden a integrar la totalidad de su producción. 

 

   No obstante y en todo caso, mover millones de dólares se hace en un par de segundos mientras que mover físicamente a toda una planta automotriz sigue llevando una buena cantidad de meses y hasta de años. En otras palabras: mientras el dinero vuela, la producción sigue mayormente corriéndolo desde atrás y de a pié. El capital financiero no tiene, así, prácticamente ningún límite en el tiempo y en el espacio; en cuestión de segundos puede cambiar de divisa, de banco y hasta de país con un simple "click" del mouse. A su vez, el capital físico puede ser subdividido en módulos complementarios algo más fáciles de mover de un lado para el otro que las pesadas y enormes fábricas de hace 50 años, pero aun así el capital tangible sigue todavía mucho más arraigado a su ubicación de emplazamiento que el dinero que lo financia.

   El que no ha seguido esta dinámica con el mismo ritmo, a pesar de una mayor movilidad en materia de comunicaciones y transportes, es el capital humano. El capital financiero vuela, el capital físico puede dado el caso viajar, pero el capital humano todavía se arrastra en comparación. Es cierto que turcos, africanos, hindúes y orientales migran a Europa así como también es cierto que muchos mejicanos migran a los EE.UU. El desplazamiento de personas se ha agilizado y aumentado – en algunos casos no sin causar serios conflictos etnoculturales. Pero, tomando por referencia a los ya 7.000 millones de seres humanos que poblamos el planeta, es bastante fácil ver que la “elasticidad del mercado de trabajo” – como le gusta llamarla a mis amigos economistas – no ha acompañado ni en la misma medida ni con la misma velocidad a la flexibilización de los demás factores.

   Esto es lo que le ha permitido a la plutocracia global explotar el enorme capital humano asiático. Un capital humano detrás del cual hay miles de años de aquiescencia fatalista y de resignación casi mística que el capital financiero ahora cree que puede explotar en profundidad. El éxito económico de países como la India y China no es más que la explotación sistemática de los recursos humanos y naturales que brinda un sustrato milenario de disciplina y obediencia.

   Lo que nadie ve – o nadie quiere ver – es lo que con alta probabilidad puede surgir a largo plazo de los efectos de la retroalimentación del crecimiento económico y tecnológico en estas enormes masas humanas.  Si alguien es tan iluso como para suponer que el Asia/Pacífico se está dejando explotar por la plutocracia occidental sin obtener un importante beneficio neto propio, ese alguien está condenado a sufrir un baño de realidad muy poco agradable dentro de relativamente muy poco tiempo. En especial cuando la tecnología espacial se convierta en un factor de poder mucho mayor de lo que es hoy y se produzca una nueva “explosión” tecno-científica disparadora de otro ciclo de aquellos que estudiaba Kondratyev.

 

   Mientras tanto, el capital financiero busca por todos los medios imponer en Occidente unas condiciones similares a aquellas que le permiten explotar a Oriente. Los Estados han sido políticamente desintegrados por la democracia y económicamente desmantelados por la llamada economía de mercado. La consecuencia, obviamente prevista, es que se endeudan rápidamente más allá de sus capacidades de pago y sus ciudadanos terminan en la decadencia económica, física, moral e intelectual.

   Al capital humano occidental ya no le queda más alternativa que elegir entre salarios reales declinantes o el desempleo liso y llano. Al Estado occidental, por su parte, se lo ha puesto ante la disyuntiva de abandonar la prestación eficiente de servicios públicos indispensables o endeudarse a tasas usurarias. Incluso, a decir verdad, el endeudamiento ya no es ni siquiera una opción; se ha convertido en algo forzoso. Las armas financieras electrónicas, apoyadas por medios masivos generadores de una histeria colectiva, han convencido a una enorme cantidad de personas de que, sin préstamos – es decir: sin una dependencia directa de la dictadura del dinero – lo que nos espera es el colapso total. 

   ¿Es cierto eso? ¿Es realmente inevitable la dictadura del dinero?

   No necesariamente. Lo es solo en la medida en que la política se mantenga en su actual papel de ejecutora de las medidas que convienen a los dueños de la economía. Mientras la política continúe siendo, por un lado, una herramienta para ejercer la demagogia frente a las masas al tiempo en que, por el otro, practica la obediencia bovina a los dictados de la plutocracia; mientras el acceso al poder político esté condicionado por las campañas electorales y éstas por el dinero que es necesario tener para financiarlas; mientras el voto de dos imbéciles valga más que el de una persona medianamente inteligente; mientras las decisiones políticas dependan de representantes y de funcionarios impunemente sobornables; mientras todo ello siga así, ciertamente el poder real estará en manos de quienes tienen suficiente dinero como para comprarse la política que necesitan. Ya sea directamente mediante la corrupción o el desvalijamiento de las arcas del Estado, o bien indirectamente mediante el chantaje y la extorsión.

   Pero la situación podría cambiar drásticamente si la política volviese a ser lo que nunca debió dejar de ser: una herramienta de poder soberana, ejercida en función de las necesidades de síntesis, planificación y conducción de la comunidad. Y una política así no es ninguna utopía irrealizable. Más allá de debilidades humanas e imperfecciones inevitables, lo que la política necesita para poner a la economía bajo control son estructuras de selección adecuadas, un plan estratégico coherente y un sistema de toma de decisiones basado en responsabilidades personales efectivamente exigibles.

   La democracia actual no admite ninguna de estas tres cosas. El proceso electoral democrático, tal como está implementado, es directamente contraselectivo: la política está plagada de arribistas, oportunistas y mediocres. Nadie puede afirmar que nuestros políticos constituyen lo mejor y lo más capaz de la población. Además, en la democracia actual es prácticamente imposible establecer y sostener un plan estratégico a largo plazo. Los políticos viven pensando en plazos electorales y en chances electorales. Todo lo que está más allá de eso, o no se relaciona con eso, sencillamente no les interesa. Y por último, no solo las decisiones de los cuerpos colegiados diluyen completamente las responsabilidades personales sino que la enorme mayoría de las decisiones políticas no es "judiciable" gracias a leyes que salen precisamente de esos mismos cuerpos colegiados constituidos mayoritariamente por abogados.

   Con una política boba, servilmente puesta al servicio del dinero, o fácilmente chantajeable con dinero, o concentrada dogmáticamente en el dinero y en lo que el dinero puede comprar, inevitablemente la economía predominará sobre la política. Para un verdadero cambio en profundidad bastaría tan solo con invertir los términos de la ecuación y subordinar la economía a decisiones políticas coherentes y racionalmente planificadas, tomadas con el criterio de promover el bien común y por políticos personalmente responsables de sus actos de gobierno.

   De modo que, si desean cambios de verdad, proclámenlo en voz bien alta: no es la economía, estúpidos.

   Es la política.

 

 


Notas 

 

1 )- Nikolai Dmitrievich Kondratyev, luego de colaborar en la elaboración de la "Nueva Política Económica" (1921/1928)  de Lenin — la cual, dicho sea de paso fue el único esquema económico que relativamente les funcionó a los bolcheviques — cayó víctima de las purgas soviéticas de los años 1930. Condenado a 8 años de prisión en un primer momento, terminó sentenciado a muerte y ejecutado en 1938. 
No obstante, su teoría cíclica sobrevivió y, aun cuando por supuesto no es una panacea, sirve para "ayudar a pensar" hasta el día de hoy. (Cf. http://kondratyev.com/ – (en inglés) – Consultado el 17/05/2012)

RAÍCES DOCTRINARIAS DEL JUSTICIALISMO

RAÍCES DOCTRINARIAS DEL JUSTICIALISMO

   Mario MENEGHINI

   
   La lectura de un artículo del filósofo Silvio Maresca, nos motivó a publicar este breve comentario. No cabe duda que una frase de Perón citada por el autor mencionado[1], se inspira en la Carta Apostólica de Pablo VI, Octogesima adveniens[2]. Esto no es algo meramente casual, sino que responde a una coincidencia de fondo entre el Justicialismo como doctrina política, y el cristianismo.

 

   En el documento que se considera como el testamento político del general Perón, el Modelo Argentino para el proyecto nacional, presentado oficialmente ante la Asamblea Legislativa el 1 de mayo de 1974, se encuentran varias definiciones que muestran con claridad lo afirmado anteriormente y que conviene recordar:

-Existe una cabal coincidencia entre nuestra concepción del hombre y del mundo, nuestra interpretación de la justicia social y los principios esenciales de la Iglesia.

-Un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, realizando su existencia como sujeto histórico que desempeña en el mundo una mística espiritual entre los seres de la Creación.

-En este sentido, no sólo los principios filosóficos guardan plena coherencia; la Iglesia y el Justicialismo instauran una misma ética, fundamento de una moral común, y una idéntica prédica por la paz y el amor entre los hombres”.

-No pretendo evaluar integralmente la concepción de la Iglesia a los propósitos de un modelo temporal como es el Modelo Argentino. Pero estoy seguro, eso sí, que el llamamiento de las cartas encíclicas, las constituciones pastorales y las cartas apostólicas –particularmente las más recientes- constituyen para nosotros un aporte claro y profundo. Pienso que, en este terreno, el Modelo Argentino sólo necesita que ese mensaje sea adoptado eficientemente.

Presento un Modelo Nacional, Social y Cristiano.

-La ruta que debemos recorrer activamente es la misma que definen las Escrituras: un camino de fe, de amor y de justicia, para un hombre argentino cada vez más sediento de verdad.[3]

 

   Los conceptos transcriptos guardan coherencia con lo que un cuarto de siglo antes, Perón había expuesto en la Doctrina Peronista:

-El cristianismo, que constituyó la primera gran revolución, la primera liberación humana, podría rectificar felizmente las concepciones griegas, pero esa rectificación se parecería mejor a una aportación.

Enriqueció la personalidad del hombre e hizo de la libertad, teórica y limitada hasta entonces, una posibilidad universal (…).

Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta de la comunidad y del Estado fue, precisamente, lo aportado por el Cristianismo: su hombre vertical, eterno, imagen de Dios”.[4]

 

   En un momento de crisis profunda de la sociedad argentina, 43 ciudadanos destacados de la cultura y de la política –Grupo Consensos-, firmaron un manifiesto[5], en el que destacan que, al margen de preferencias partidistas, el núcleo básico de la doctrina política del justicialismo puede ser compartida hoy por muchos, y contribuir al esclarecimiento de los dirigentes, sin desconocer los errores y desviaciones ideológicas de quienes han pretendido aplicar dicha doctrina en el pasado. Precisamente, en la actualidad asistimos a una profunda embestida cultural que pretende destruir desde el gobierno nacional, las mismas bases de la nación argentina, en abierta contradicción con los principios del justicialismo.

 

Editor: Centro de Estudios Cívicos 

Dirección:  Flavia y Mario Meneghini

cecivicos@gmail.com

www.cdbcba.blogspot.com

 


[1]La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas.”: Modelo argentino para el proyecto nacional; citado por Silvio Maresca, “Incursiones intempestivas políticamente incorrectas”, en revista Consensos, Nº 2, junio 2012, p. 68.

[2]La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas”; Octogesima adveniens, 1971, p. 37.

[3] Op. cit., pp. 135 y 136.

[4] Perón, Juan Domingo. Doctrina Peronista; Buenos Aires, Ediciones Macacha Guemes, 1973, p. 67.

[5] Grupo Consensos. Hacia la comunidad organizada del siglo XXI, 2012.

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