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UPyD: POR QUÉ UNA IZQUIERDA COHERENTE ROBA VOTOS A LA DERECHA

UPyD: POR QUÉ UNA IZQUIERDA COHERENTE ROBA VOTOS A LA DERECHA

Eduardo ARROYO

 

   La imagen pública de la clase política -y de los cargos públicos en general- a comienzos de 2009 no puede ser más deplorable. Existe una tremenda crisis de liderazgo y más escepticismo.

   Desde un juez egomaníaco que no sabe esconder su servilismo para con el gobierno, hasta un "ministro de Justicia" digno de un país bananero, pasando por una oposición cuyos lugares comunes e inoperancia produce náusea, todo ello hace que los españoles, que se supone que viven en un régimen participativo, cada vez contemplen a todos los que ocupan cargos de relevancia simplemente como unos aprovechados. El resultado es que, entre la mediocridad de unos y la corrupción de los otros, nadie sabe qué hacer y por ello se decide permanecer al margen.

   Sin embargo aquél que tiene las ideas ligeramente claras tiene más fácil llevarse el gato al agua. Y no porque sea muy listo y porque sepa afrontar las crisis de la época con visión de Estado sino porque, sencillamente, ante el nivel de José Blanco, Soraya Sáez de Santamaría o de Mariano Bermejo, es mucho más fácil destacar.

   Éste es el caso de la propuesta de Rosa Díez. Hace un par de días, el barómetro del CIS reflejaba que más del 60% de los españoles "ya no cree en la política". Díez y su partido han hecho inmediatamente bandera de ello. Para Díez, "los ciudadanos ya no creen en la política ni en lo que hacemos los políticos. Perdemos todos porque no sólo porque la democracia ha perdido en transparencia y credibilidad, sino porque existe un divorcio entre las preocupaciones de los ciudadanos y lo que hacemos los políticos".

   Según Díez, el crecimiento de UPyD nace de la "necesidad" de los ciudadanos de contar con una formación que defienda "la transparencia, la verdad y el mensaje único" en toda España. En referencia a las elecciones autonómicas vascas y gallegas, Rosa Díez cree también que su partido obtendrá buenos resultados porque existe "una gran necesidad política" de una formación "que diga lo mismo en todo el país, ofrezca sus posiciones con argumentos y eleve a categoría política los temas que son una demanda ciudadana".

   Es posible que muchos consideren esto una gran aportación pero, lo siento mucho, para mí esto carece del más mínimo interés. Y ello porque la situación de crisis en la que estamos es tan profunda que pensar que "decir lo mismo en todo el territorio" es suficiente para atajar la crisis existencial de la sociedad española es no entender absolutamente nada. Vista la cosa más de cerca, si nos vamos a las propuestas programáticas de UPyD veremos que sus planteamientos pueden suponer solo ligeras diferencias respecto del PP y del PSOE en algunas cuestiones puntuales.

   Concretamente, es cierto que hay diferencias en la negativa a afrontar las propuestas absolutamente enloquecidas de los denominados "nacionalistas periféricos", en vez de asumir la blandenguería y el pasteleo político de los últimos gobiernos. Pero si dejamos esto aparte, por lo demás, la propuesta de UPyD no pasa de ser la de un grupo de izquierda moderada consecuente, al modo del SPD alemán o de otras agrupaciones europeas de izquierda, donde no existe el problema secesionista que padecemos. Salvo esto ¿dónde está la diferencia? Pensar que el ideal político es convertir a España en una especie de república francesa o alemana, en la que el Estado tiene las competencias de educación y no se cuestionan los símbolos nacionales significa soslayar algunos problemas que UPyD no puede ver sencillamente porque es parte de ellos.

 

   De hecho, muchos contemplamos a UPyD como una especie de hijo predilecto de lo "políticamente correcto". Lejos de haber empezado, como pretenden, desde abajo, los resultados actuales de UPyD hubieran sido imposibles sin el apoyo decidido de los medios de comunicación. En concreto, Telemadrid, los martes por la noche, es quien realmente ha hecho posible el éxito de Rosa Díez en una comunidad autónoma que no es la suya, mientras que en el País Vasco su fracaso ha sido notorio. Exmarxistas y exprogres reciclados en la clave del fundamentalismo liberal -que muchos creemos que es el corolario lógico de la evolución de ese tipo de ideas-, como Losantos y el director de El Mundo Pedrojota Ramírez, han regalado a UPyD millones de euros en una publicidad gracias a la cual se ha podido lanzar el partido, por medio de entrevistas y reportajes más o menos favorables. Y que conste que no señalo nada deshonesto en ello; tan solo señalo cual es la lógica de las ideas.

   Al revés que la impresentable trouppe de políticos al uso y demás mediocres, Rosa Díez ha sido capaz de trasladar a la sociedad un mensaje claro y nítido: la izquierda moderada entiende España como un espacio de derechos homogéneo, en el que el Estado debe detentar aquellos recursos necesarios para garantizar esa unidad. Reconozcamos que esto puede sonar mejor que la balcanización de, por ejemplo, el PNV. Pero nada más. Un paseo superficial por su programa de 2008 nos da sin duda más claves. Si tomamos cinco temas candentes -inmigración, cohesión nacional, educación, economía y política exterior- nos damos cuenta de que en ninguno de ellos UPyD saca demasiado los pies del tiesto respecto de las propuestas clásicas de la izquierda moderada.

   Así, UPyD considera la inmigración "un fenómeno positivo" por lo que pretende "mejorar el tratamiento de los inmigrantes extracomunitarios en materia de permisos de trabajo y de residencia; ampliar el cupo de extranjeros a cifras realistas de acuerdo con la oferta de puestos de trabajo" (p. 46). En educación, manifiesta que "apoyamos la asignatura de la Educación para la Ciudadanía (cuyos contenidos deberán ser consensuados dentro del Pacto de Estado por la Educación) y reivindicamos una escuela en cuyo seno no se imparta ninguna religión ni existan signos religiosos" (p. 52). En política exterior, al menos se compromete con una postura distante de la parcialidad y del radicalismo de los liberales españoles y apoya al Cuarteto de Madrid en Oriente Medio.

   Sin embargo, tiene clara la apuesta decidida por lo peor de la administración Bush y el servilismo de Aznar, que pretende implicar a España en regiones donde no se dirimen intereses vitales españoles. Así, UPyD busca "reforzar la presencia española en la región de creciente interés geoestratégico (Asia central)" y "reforzar presencia española en Afganistán y clarificar la apuesta aliada de futuro". UPyD cabalga entre dos aguas de una vaga y difusa defensa de los intereses españoles y una defensa del estúpido intervencionismo en regiones donde no se nos ha perdido nada. Para colmo, y en la línea de lo peor de la era Aznar y Zapatero, promueve el "apoyo al proceso de negociación UE-Turquía iniciado en 2005", quizás para que por Europa tengan libertad de movimientos setenta millones de ciudadanos turcos islamizados.

   En el ámbito económico, UPyD se asemeja muchísimo más de lo que se cree a los estándares de los grandes partidos. Los lugares comunes de un Rajoy -"competitividad", "flexibilidad laboral", "mejora de infraestructuras", etc-, esgrimidos quizás con otra terminología por Solbes y sus compinches, campan por sus respetos en un programa incapaz de ver la naturaleza casi exclusivamente monetaria de la crisis, el papel de destrucción del tejido manufacturero por la deslocalización promovida y sostenida por políticas estatales suicidas o la relación entre la precarización laboral e inmigración, algo que ellos consideran un fenómeno "positivo".

   Es sólo en el ámbito de lo nacional donde UPyD destaca ligeramente sobre el resto. No es mucho decir porque mientras que el PSOE ha pactado miserablemente con quienes buscan la destrucción misma del Estado y Aznar hizo lo mismo en su primera legislatura, a causa de su precariedad, y luego se sumergió en la inoperancia más extrema cuando gozaba de mayoría absoluta, Díez no quiere dar su brazo a torcer y se limita a recordar que España es un espacio de derechos para ciudadanos libres e iguales. En la página 4 de su programa afirman que "somos un partido inequívocamente nacional -es decir, comprometido a defender el mismo programa electoral en todos los territorios de España-, transversal y laico". El Estado debe defender los mismos derechos en sanidad, educación, medio ambiente, etc, en todas las partes de su territorio. De acuerdo pero ¿España es sólo eso? Para UPyD sí, desde luego. De hecho, afirman que "en España conviven ciudadanos con identidades diversas, sean éstas de tipo ideológico, lingüístico, cultural, territorial, religioso, sexual, etc. Para que esta convivencia en libertad e igualdad sea posible es preciso que las instituciones y las administraciones públicas se abstengan de intentar imponer una determinada identidad, sea de la naturaleza que sea, que vaya más allá de la ciudadanía común, la adhesión a los valores y reglas de la democracia y el cumplimiento de las leyes. De ahí que el laicismo, entendido en este sentido amplio, sea esencial a la regeneración democrática que postulamos" (p. 12).

   En resumen, deslocalización de puestos de trabajo -es decir, inmigración- como "valor positivo", modelo económico plagado de reformulaciones de la receta ultraliberal, laicismo beligerante esgrimido como "regeneración democrática", intervencionismo "light" en el exterior y apoyo soterrado a políticas antieuropeas suicidas, como el ingreso de Turquía en la UE. Por último, en lo nacional, reduccionismo burocrático como sustituto del legítimo amor a la patria, a su historia y a su identidad. Me pregunto qué es lo que hay de nuevo en todo esto.

   Que un partido como UPyD robe votos a la derecha del PP sólo demuestra el desamparo extremo de una franja enorme del electorado y el desarme ideológico de unos electores que contemplan indefensos cómo el discurso ideológico se desplaza más y más a la izquierda. Por eso, la usurpación del pensamiento conservador perpetrada por los liberales considera que el robo de votos al PP por la derecha, con formaciones simplemente católicas como Alternativa Española, es condenable, pero esa misma fuga de votos hacia la izquierda es tolerable e incluso merece la pena que sea ayudado en forma de reportajes, entrevistas y tertulias televisivas en la COPE o en El Mundo.

   Hace unos días un hombre honrado y valiente como Pío Moa manifestaba su intención de votar a UPyD mientras que, en el caso del mencionado partido católico, "no está claro su carácter democrático". Incluso una persona de su valía es prisionero de los tópicos del pensamiento "políticamente correcto" -en realidad la policía del pensamiento de la izquierda- de acuerdo con cuyos cánones un sector ideológico está siempre bajo sospecha, y en la necesidad de justificarse, mientras que, en cambio, parece que el "laicismo" equivale indudablemente a "regeneración democrática" y a una vía para la tolerancia y el progreso.

   Hoy día es indudable que mientras, en un espectro ideológico, se ha organizado una eficiente "Guardia Pretoriana" capaz de silenciar a todos los disidentes, en otro campo está por hacer incluso el derecho a existir.

 

El semanal digital

LUIS, DIEZ CON LAS QUE SAQUES

LUIS, DIEZ CON LAS QUE SAQUES

Juan V. OLTRA

 

   Diez años ya, y parece que fue ayer. Lo conocía desde siempre, como todo el mundo, a través de la caja tonta, pero la fortuna hizo que tuviese un trato directo con él, al entrar a formar parte de su familia... y, amigos, lo que se veía por fuera era tan solo un pálido reflejo de todo lo que era Luis.

   Luis, Luis Sánchez Polack, Tip para el mundo, Chavo para la familia, era un actor cómico de reconocida fama. Pero era muchas más cosas, de entre las que destaco su faceta de hombre bueno, que es mucho más que ser un buen hombre. Tras su muerte empezaron a llover agradecimientos por cosas que había hecho y que ni tan siquiera su viuda conocía, siguiendo el más puro precepto que obliga a que la mano izquierda no se entere de lo que haga la derecha. Poca gente con esa calidad y calidez de ser humano he conocido, tan poca que él regaló su nombre a mi hijo pequeño, de Luis a Luis.

 

   Desde que empezó en 1944, como meritorio en el teatro María Guerrero de Madrid, tras años de recorrer nuestra piel de toro, enamoró al público. Y lo enamoró porque él, bajo la piel de Don Poeto Primavero de Quintillas o, bajo la piel que más tiempo llevó, Tip, siempre era el mismo: Luis no se ponía una máscara para actuar, siempre era igual, en la intimidad de una sobremesa familiar o sobre las tablas de una sala de espectáculos abarrotada de espectadores.

   Pronto encontró a un alma gemela, Joaquín Portillo, Top, con quien compartió muchos años como pareja artística y toda una vida como amigos. Al contrario de otras rupturas profesionales, la suya fue un acto de amor: Joaquín temía que, al tener él las salidas de Madrid limitadas por la enfermedad de su mujer, lastraría el genio de su compañero, así que voluntariamente se retiró. Pero nunca lo hizo de su vida pues, más allá de divergencias políticas (Portillo era socialista y Luis no lo era precisamente) ambos compartían la misma forma de ver la vida y a la gente. Ambos estaban, resumamos, igual de locos. Famosa es la situación repetida en que, durante un atasco, Luis y Joaquín imposibilitados de cruzar la calle por los espacios reservados a los peatones, atravesaban la calle por dentro de los coches. Dos tipos capaces de, tras volver de una actuación en una capital de provincia, y ver que en el hotel nadie salía a recibirles, invirtieron la espera en trasladar los muebles del hall y el comedor del hotel al jardín.

   Y es que era imposible, aun proponiéndoselo, sujetar su forma de ser tan abierta, tan explosiva. Recuerdo que en una visita a Madrid, él me llevó a ver el Valle de los Caídos. Bueno... él no. A él le desagradaba conducir, prefería ir de copiloto. Amparo conducía y todos los demás hablábamos. Cuando llegamos a la puerta, antes de que tuviéramos tiempo a hacer nada, salió disparado como una flecha, cogió del brazo al Guardia Civil que estaba en la puerta y, acercándolo a la ventana donde yo estaba, escuché que le decía: "Oiga, buena mujer, hemos venido hasta aquí para enseñarle esta gran obra del Caudillo a ese rojillo que está ahí sentado". Impagable Luis.

 

   Con su muerte, España perdió alegría. Tip, Luis, improvisador nato, genial, lector imparable (su biblioteca hubiera necesitado de algún estudio en profundidad por los expertos) se fue y al irse se llevó parte de nuestra luz. Y a mí el dolor de que mis hijos no pudieran compartir su bonhomía.  Nos queda el consuelo de saber que Luis Sánchez Polack falleció, pero Tip vivirá siempre. Triste consuelo que no quita el dolor de saber perdido para siempre a un hombre bueno.

PRECEDENTE HISTÓRICO

PRECEDENTE HISTÓRICO

Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ

«Conversaciones del Valle, 2009»

 

   ¿De qué queremos hablar este año? ¿De la organización del Estado? Pero ¿a qué Estado nos estamos refiriendo? Porque el gran problema que en nuestros días se plantea es: hay España o no hay España. La respuesta positiva y negativa son igualmente legítimas. En cierta ocasión, don Marcelino Menéndez y Pelayo escribió una frase contundente: «España, martillo de herejes, luz de Trento, cuna de San Ignacio, esta es nuestra grandeza y nuestra unidad, no tenemos otra. El día que volvamos a perderla volveremos a la época de los arévacos o de los vetones, o lo que es peor...». Esto, efectivamente, se ha cumplido.

   Nosotros hoy, hablo de los españoles en general, estamos rechazando lo que fuera la esencia de España durante muchos siglos: su cristianismo, es decir, su concepción de la persona humana, lo que desde un punto de vista cristiano, significa dos cosas paralelas y complementarias. De un lado la existencia de unos derechos naturales humanos que no son el resultado de un convenio, de un contrato social o de algo semejante, sino que son el resultado de la naturaleza que Dios ha querido establecer en el hombre. Y esos derechos naturales, definidos el año 1346, son tres: vida, propiedad y libertad. Y es indudable que los tres derechos, hoy, ya no son respetados. La vida es manipulada y se está preparando una ley que permita de alguna manera destruir aquellas vidas que no son útiles o que puede llegar a ser una carga pesada para las necesidades del Estado.

   Respecto a la libertad, no hay más que ver la prensa y los medios de comunicación: están absolutamente supeditados a un orden de valores sobre el cual se dice que hemos de creer.

   En cuanto a la propiedad, es parte del Estado. La última noticia que tenemos es que ciertos alcaldes han pedido a sus policías municipales que deben aumentar el número de multas para resolver la deuda que los ayuntamientos tienen.

   Por otra parte, esa concepción cristiana acerca de la persona humana reconoce que el ser humano está dotado de dos cualidades fundamentales: el libre albedrío que no es independencia; libertad no es hacer cada uno lo que le dé la gana, sino que es la responsabilidad que viene del deber y del acomodo a la verdad -porque sólo la verdad puede hacernos libres-; y la capacidad intelectual para un conocimiento racional que no se detiene en la materia, sino que llega también al espíritu y también a los conceptos especulativos. Nosotros podemos llegar a conocer mucho de las estrellas, sin duda alguna, pero también podemos llegar a conocer qué es lo bello, qué es lo bueno, qué es lo justo, sin lo cual todo eso desaparece.

   Pues hoy, españa, ha abandonado todo este modo de pensar, y a cambio de eso estamos en una situación que a los medievalistas nos recuerda, de manera extraordinaria, lo que fue el sistema de los reinos de taifas. Es curioso. Además, permítanme decir algo que quizá moleste a algunos. Los taifas son la consecuencia de un sistema autoritario previo que no fue capaz, desde Almanzor, de presentar una acción para el futuro que fuera acomodada a las circunstancias que Europa iba a vivir. Y nosotros probablemente somos también la consecuencia de ese sistema.

   Por esta razón voy a comenzar estas «Conversaciones del valle», que hacen ya el número quince, con una pregunta: ¿Qué fue España? Recientemente una editorial me ha pedido prepare un libro, que ya estoy tratando de llevar adelante, sobre el tema de qué es lo que Europa debe a España. Cuando uno empieza a reflexionar sobre el particular, se lleva las grandes sorpresas. ¿Qué debe Europa a España? Primero le debe el número cero; después le debe el primer estatuto jurídico que anula la servidumbre; le debe la creación del sistema parlamentario; le debe la ordenación de la monarquía como un pacto entre rey y reino -pacto sinalagmático-, basado en el deber que ambos tienen -rey y reino- para el cumplimiento y obediencia de las leyes; le debe el haber roto el horizonte geográfico para hacer del mundo una espléndida unidad; le debe también la salvaguarda de todo lo que fue la reforma católica en donde se defendían los principios a los que aludía al comienzo tomando las frases de don Marcelino Menéndez y Pelayo; le debe el siglo de oro; le debe también algo, en lo que no estamos tan orgullosos pero sin duda tiene mucha importancia, la derrota de Napoleón; y le debe, finalmente, el gran esfuerzo realizado en todo el siglo XIX por los hombres que crearon las generaciones del año 70, del 90, del 98 y después del 30, es decir, una nueva concepción del humanismo sin el cual probablemente muchas de las cosas de Europa no existirían. Pero nos seguimos preguntado: ¿qué es España, cuándo nace España, cómo se desarrolla?

   España es un producto de Roma, no cabe duda. Y salvo que pequemos de una ingratitud de la cual pueden pedirnos cuentas, no tenemos más remedio que reconocer que somos romanos hasta la médula. Nuestra lengua es, probablemente, entre las lenguas de Europa, la que se conserva más próxima del latín, haciendo la salvedad del italiano que no es otra cosa que el mismo latín acomodado a un uso ordinario. España debe a Roma el derecho y la organización municipal. Y debe su nombre. Y es curioso, porque cuando llegamos a este punto, qué significa Hispania, los historiadores no tenemos más remedio que responder: no lo sabemos, no tenemos la menor idea de dónde procede el término Hispania. Hace años, Schulten lanzó una teoría muy curiosa -puede que tenga razón, no lo sé- que no podemos comprobar, que lo que significa es «tierra de conejos», en un término fenicio que habría pasado después al hebreo con el nombre de sĕfārad, cuyo nombre se da todavía hoy a una raza de conejos en Israel y no parece que tengan nada que ver con España. El nombre es un nombre romano. Pero ¿qué es lo que Roma descubre? En la Península, que tiene una forma de piel de toro extendida sobre occidente, se da la circunstancia de que es la comunicación extrema del Mediterráneo -más allá sólo queda la Atlántida-, en donde Europa y África se unen como formando una especie de puente. En un momento determinado, ya al final del Imperio, en la época de Diocleciano, los romanos se dan cuenta de que el Imperio no constituye una unidad sólida e irreversible, sino una suma de unos cuantos elementos culturales para los que utilizan un término griego, diócesis, que significa vivir conjuntamente, es decir, costumbres heredadas dentro de las cuales vive una comunidad. Y Diocleciano, al dividir el Imperio en dos, afirma que Occidente está formado por seis de estas diócesis: África, Italia, Hispania, Galia, Britania y Germania. Con el tiempo, una de estas seis naciones desaparece a causa de la invasión musulmana, África, y no vuelve a recuperarse. Pero con las otras cinco ocurre un hecho muy singular y sintomático: sólo dos de ellas, Italia y España, han conservado su nombre; las otras tres lo han modificado para acomodarse a los pueblos conquistadores: anglo-sajones (Inglaterra), franco-salios (Francia) o teutones (Deutschland). ¿Qué quiere decir? No cabe duda, desde el punto de vista de un historiador, que fue en estas dos naciones, Italia y España, donde la herencia romana consiguió persistir con mayor fuerza, con mayor vigor. Es más, en la Edad Media se inventa una leyenda, falsa, pero como todas las leyendas tiene también su importancia: la entrada de los visigodos en España había sido la consecuencia de un pacto, el año 418, en virtud del cual, un emperador transitorio, llamado precisamente Constancio, había entregado al rey de los godos Walia, la legitimidad que venía del Imperio romano. ¿Leyenda? De acuerdo, pero una leyenda que sirve para asentar uno de los fundamentos esenciales de la Hispanidad: los visigodos aceptan el derecho romano. Y desde la época de Eurico, y con mucha mayor claridad el año 589, dicen que esta monarquía que están haciendo, esta especie de Estado incipiente que está naciendo, va a seguir rigiéndose por el Derecho romano tal como había sido codificado por Teodosio II, adaptándose a las nuevas circunstancias que ahora tenemos que vivir. Esa es la lex romana visigoturum. Es decir, la ley romana que custodian, que guardan, que transmiten, que ejercen los visigodos. Lo que podríamos llamar el primer embrión de Estado. ¿Es un Estado? Probablemente sí tendríamos que utilizar ya este término. Probablemente sí porque lo que los visigodos están empleando es el latín, el godo lo tiran por la borda y no vuelven a preocuparse de él para nada, la prueba está en qué pocas palabras de origen gótico han podido pervivir a través de la lengua española. Sobre la base del derecho romano y del latín nace esa primera forma de Estado que dibuja un elemento fundamental.

   Esto nos obliga a llegar al año 589. Nueve años antes, el 580, dos importantes personajes para el futuro de Europa, paseaba por el pasillo del palacio de las Blachernae, en Constantinopla. Uno era Leandro, el arzobispo de Sevilla, el otro era Gregorio, que llegaría a ser Papa, San Gregorio Magno porque es uno de los grandes Papas de la cristiandad. ¿De qué hablaron en aquel momento? De muchas cosas que tenemos la oportunidad de conocer, pero de algo sumamente importante: había que crear un mundo nuevo en el que las diferencias entre germanos y latinos se borrasen mediante la aceptación del cristianismo, el cristianismo católico romano. Pasan nueve años y esos dos personajes, elevados a la cumbre del poder, el uno en España y el otro en Roma, pueden comunicarse la gran noticia: ya los visigodos han aceptado el catolicismo; y no sólo esto, sino que han aceptado una forma de estado en donde el reino aparece como una representación colectiva: el Concilio. A los concilios de Toledo, desde el tercero en adelante, no asisten únicamente los eclesiásticos. Convoca y preside el rey y asisten también los representantes de la nobleza, lo que entonces en realidad se considera el reino. Lo que va a imitar después Carlomagno, aunque pasa mucho tiempo antes de que lo logre. ¿De qué estamos hablando? Estamos hablando de la raíz de un acontecimiento que se producirá en la España posterior, en el siglo XII: es el nacimiento de Las Cortes, es decir, el nacimiento del parlamentarismo.

   Recuerdo el escándalo que me produjo una vez escuchar por televisión, durante la visita de la ministra Thatcher, que habiendo manifestado ésta que Europa debía el parlamentarismo a Inglaterra, nadie tuvo la menor intención de introducir una rectificación. Tenían que haber dicho: no señora, está usted equivocada, completamente equivocada. Una vez, allá por los primeros años del siglo XIII, un importante inglés vino peregrino a Santiago. Era Simón de Montfort, conde leicester. En ese viaje descubrió que en España se estaba haciendo una cosa sumamente importante: a los Concilios, llamados a veces Curia plena o a veces Cortes, en plural porque era la reunión de la Corte durante varios días, accedían no sólo la nobleza y el clero sino también los procuradores de las ciudades, el estado llano. Eso eran Las Cortes. Y cuando la revolución de 1258 lleva a Simon de Montfort al poder como Lord protector del reino en nombre de un monarca que no lo era mas que de nombre, crea la Cámara de los Comunes. Es, por consiguiente, una trayectoria hispánica nacida el año 589 con los Concilios de Toledo la que educa a Europa para llevar adelante uno de sus grandes logros: la aparición de las asambleas representativas.

   Pero es que España se perdió el año 711. No estoy inventando el término. El término lo utiliza un monje mozárabe, cuyo nombre desconocemos, que escribe en las afueras de Córdoba, hacia el año 754-755, una continuación de la Crónica de san Isidoro, donde habla de la pérdida de España. No la pérdida del Estado visigodo, ni la pérdida de los reyes visigodos, pues bien merecido se lo tenían (viene a decir que hay que ver lo que era Rodrigo, y hay que ver lo que era Witiza, y hay que ver las cosas que hicieron, se lo ganaron a pulso); no, lo que se ha perdido es España. Pero saluda al mismo tiempo un cambio que ha llegado a sus oídos: los europenses de Carlos Martel han vencido a los musulmanes en la batalla de poitiers y por consiguiente hay una esperanza hacia el futuro. Y esa esperanza se cumple. Es decir, España es el único país conquistado por el Islam que ha sido reconquistado. Ningún otro territorio en donde el Islam se haya establecido, ha podido recuperarse. Se pueden citar algunos pequeños trozos de Italia, pero eran como cabezas de puente, no la sustitución de una forma de estado por otra. España, en cambio, sí es recuperada. Es verdad que esta recuperación introduce una circunstancia considerablemente importante: una guerra que se prolonga durante seiscientos años, en la que, además de que las desigualdades cuantitativas eran muy notorias, sobre todo en la primera mitad del tiempo -había 100 soldados musulmanes por cada soldado cristiano al principio- en que no puede lograrse un principio de unidad, porque en ese caso habría que exponer en una batalla la suerte del futuro, y eso es lo que en forma alguna había que admitir. Había que distribuir la frontera de tal manera que cada parcela de la misma contara con los medios suficientes para defenderse, y si era derrotada, no sufrieran los demás. Esto se cumple de una manera estricta en la época de Almanzor. Como saben, Almanzor conquista Santiago y León y llega hasta Pamplona y saquea Barcelona. Pero nunca llega a Oviedo, nunca llega a Burgos, nunca llega a los altos de San Juan de la Peña. Y al final, el esfuerzo musulmán que por parte de Almanzor se había producido mediante de un régimen autoritario, dictatorial, se vuelve en su contra y produce el derrumbamiento. Otro monje, también anónimo -nunca podremos saber quienes escribían las Crónicas-, que escribe en un monasterio de castilla, saluda el acontecimiento con estas palabras: murió Almanzor y fue sepultado en el infierno. Esto es lo que en el fondo se estaba tratando.

   ¿Con quién estamos? ¿Con la cristiandad, con Dios, con la Cruz o al contrario? Esto es lo que quería decir «cruzada». ¿Saben que la palabra «cruzada» no se utiliza por primera vez camino de Jerusalén, sino el año 1063, para designar un ejército internacional que venía a la reconquista de Barbastro, treinta años antes del Concilio de Clemont? Este es un hecho. ¿Saben ustedes también que los monasterios en la línea fronteriza ocultos en lo alto del monte o en lo profundo del valle, como Silos, o como San Juan de la Peña, como Escalada, o como Ripoll, estaba guardando todo lo que era la cultura helenística, romana, para un futuro, y todo lo que venía también por las estrechas vías misteriosas de oriente, y que un día, poco antes del año 1000, un sabio europeo que gozaba de fama de ser el más importante, Gerberto de Aurillac, viene a Ripoll a ver a los más expertos en matemáticas, que es lo que le interesa y en Ripoll le dicen, no, tienes que subir a San Juan de la Peña porque allí está el libro del juarismi? Y va a San Juan de la Peña, copia el libro, lo traduce y desde entonces nosotros solemos llamar guarismos a los signos con los cuales representamos los números. Hasta entonces se representaban con las letras del alfabeto como hace todavía la lengua hebrea. Y entre esas cifras aparece el cero. ¿Qué es el cero? El infinito. Es decir, la posibilidad de expresar todas y cada una de las cantidades que nos pueden pasar por la imaginación. Un uno es poca cosa, pero si ponemos ceros a continuación se puede convertir en una cantidad impensable. El cero, el infinito, constituye el cambio fundamental para Europa. Así nació, renació, España, mientras que el resto de Europa concebía la unidad como un sometimiento a los descendientes de Carlomagno y a los nuevos emperadores germánicos que descendían indirectamente de él, aunque ellos representaban más bien a los enemigos de Carlomagno, imaginaban una Europa unida dentro de un solo poder. España, por estos años afirma para sí que ella también es un Imperio.

   El 25 de mayo de 1085 las tropas cristianas llegan a Toledo, pasean por sus calles. A partir de aquel momento, Alfonso VI, que se siente a sí mismo el restaurador de la patria de Quindasvinto, ordena que en todos los documentos le llamen Imperator toletanus Magnificus Triunfator. Pero ¿qué es lo que allí descubre España, cuál es la gran aportación de Toledo?: la convivencia entre tres religiones, no su coexistencia. No es una coexistencia pacífica; es una necesidad de convivir. Sólo el cristianismo es la verdad, pero de alguna manera a judíos y a musulmanes tenemos que asegurarles un modo de vida, provisional si se quiere, hasta que llegue un día en el que se den cuenta de que la razón está absolutamente de nuestra parte, y se conviertan y se bauticen y formemos una unidad. Eso es lo que España estaba haciendo.

   Pero cincuenta años antes, un rey de León, llamado Fernando, al restablecer la Ley Romana Visigotorum, había introducido una condición, de la cual ahora los europeos nos sentimos muy orgullosos, pero muy pocos después reconocen que se lo debemos a España, que se lo debemos al Reino de León, que también fue el que inventó las Cortes. En esa modificación se reconoce el derecho del siervo a recobrar la libertad cuando quiera, abandonando desde luego la tierra, que es lo que constituye su vinculación hacia el señor. Es el comienzo de la libertad. Por eso a esa España la podríamos definir como el país más adelantado de Europa, hacia el que se vuelven las miradas. ¿Cómo no si tenemos la tumba de Santiago? No me digan ustedes que en Santiago no está enterrado el Apóstol. A mí eso me da igual. Lo que tenemos es la conciencia de Santiago. ¿Y qué es Santiago? El lugar donde todos los pecados pueden ser perdonados, la gran perdonanza y, por consiguiente, el que hasta allí llega, lanzando el grito al cruza el monte de labacolla, por muy graves que sean los pecados que haya cometido, puede alcanzar el perdón y volver a ser, como al principio, un alma limpia. ¿Se dan cuenta lo importante que es esto desde un punto de vista jurídico? España es el país que descubre que no hay ningún delito, por grave que sea, que no pueda obtener el perdón, la reconciliación, si media la oportuna y necesaria penitencia que implica, ante todo, un arrepentimiento. De modo que con ello España se está adelantando en el camino de lo que debe ser el futuro europeo.

   Entonces se plantea la cuestión de cómo organizar todo eso políticamente. La reconquista ha obligado a una división de las fuerzas militares; pero detrás de las fuerzas militares hay una fuerza política y, por consiguiente, también ha obligado a una división de éstas. Son los reinos. En ocasiones cinco aunque al final son únicamente cuatro los que forman España. Ellos reconocen que son España. Al poeta castellano se le escapa la idea de que Castilla es de toda España lo mejor, que encuentra pronto la réplica de Pedro IV de Aragón que dice que no, que de toda España Cataluña es lo mejor. Es decir, es el reconocimiento de que esa manera de ser que constituye la Hispanidad es algo que a todos debe comprender.

   ¿Cómo organizar todo esto? Mediante la creación de una forma de estado que podemos considerar como la primera maduración: la monarquía. Advirtamos también que la monarquía es un sistema que solamente existe en Europa, no hay en ningún otro país monarquía. A veces cometemos el error, por aproximación, de decir «rey de Marruecos». No, no es rey de Marruecos, es un sultán o como quiera que le llamemos, aunque en realidad es el jefe religioso de una comunidad. ¿Qué es la monarquía? La monarquía, tal como se decide en el siglo XIV, que acabará creando la unidad de España, la realidad política de España, no es otra cosa que un pacto que establecen dos elementos: de un lado el rey, a quien viene por Dios, por vía de herencia, la responsabilidad de reinar, y del otro lado el reino a quien pertenece la soberanía. Entre uno y otro se establece un pacto, se establece ese acuerdo, que es lo que constituye la esencia de la monarquía. El rey tiene el deber de reinar, no el derecho, el reino tiene la obligación de obedecer cumpliendo la ley. ¿Pero qué ocurre cuando un monarca no cumple con sus obligaciones? Entonces entra en juego lo que el P. Suárez y el P. Vitoria reconocerán como el derecho al tiranicidio, lo que ya había sido expuesto mucho antes por otros autores. Y en España se cumple esto. Son los reyes de Portugal los primeros que son expulsados del trono y sustituidos, es decir, se va practicando realmente la doctrina de ese convenio, de ese acuerdo. Así nacen las leyes.

   Y así nace, a finales del siglo XIV otro hecho que va a tener una gran importancia en la vida de Europa, y que no inventó montesquieu: la separación entre los tres poderes. En las Cortes de Guadalajara de 1390, y ya un poco antes en las Cortes de Sevilla de 1386, la potestas, el poder del rey, se ejerce a través de tres vías: una, la vía legislativa, que corresponde a las Cortes; otra, la vía administrativa, que corresponde al Consejo; y una tercera, la vía judicial, que corresponde al Consejo Real o a la Audiencia o Chancillería -los nombres varían de unos lugares a otros, pero todos significan lo mismo-. Lo esencial es que cada uno de estos poderes pueda actuar por su cuenta sin mediación ni imposición alguna. Esto hoy ya no se da. Hoy la mediación en todo caso de los poderes está en los partidos políticos. Esta es la realidad por muy duro que nos resulte. El poder no se ejerce sino a través de los partidos que son los que han sido capaces de reconocer estos tres poderes. Cuando en el siglo XVIII Montesquieu descubre esto, y escribe El espíritu de las leyes, lo que está haciendo es recoger una traducción de John Locke de lo que había partido de España, de lo que se había ido estableciendo poco a poco como la forma de estado fundamental para una monarquía.

   Pero ¿cómo resolver, entonces, el problema de la pluralidad? En 1340, y luego en 1348, Alfonso XI tiene la idea, que ahora hemos interpretado muy mal, de que el poder debe ejercerse en dos niveles: en el nivel más alto, donde está la potestad real, es único, no cabe división, no cabe diferencia; pero en el nivel inferior, donde está la administración, donde están los asuntos de cada día, sí cabe que cada uno de los reinos que componen la monarquía pueda tener su propia organización. Esto es lo que sirve de modelo para la corona de Aragón. Cuando los Reyes Católicos, por unas circunstancias familiares, preparadas durante mucho tiempo antes -el proceso a la unificación ha empezado mucho antes, probablemente hacia 1320-1330-, consumen este trayecto y logran la unidad en una corona aplicando este procedimiento. Ellos no intentan, como Luis XIV, crear un estado absoluto totalitario; lo que hacen es mantener el sistema: la unidad en los puntos más altos, incluyendo la economía, y la diversidad, la pluralidad dentro de lo que es la administración del territorio. Porque, como repiten muchos de los consejeros de los reyes católicos, unidad en la pluralidad es una forma superior. Lo cual, probablemente, no deberíamos olvidar nunca. Pero así nace España.

   Ahora bien, ¿dónde está de verdad la unidad en esa monarquía? En algo que había nacido cerca de Guadalajara el año 1372. Algunos de los consejeros de Pedro I, supervivientes en la guerra entre petristas emperejilados -según les llamaban entonces- y trastámaras, se refugian en un lugar llamado Lupiana y deciden crear una nueva forma de vida religiosa. Ellos no saben exactamente lo que se debe hacer, pero sí ven claramente que la crisis que está viviendo España, España en conjunto, en aquellos momentos, es una crisis moral de grandes proporciones. Por consiguiente, o se logra la reconstrucción de esta moralidad o no hay nada que hacer. Uno de ellos, que era hermano del obispo de Córdoba, tiene la oportunidad de hablar con él, quien se compromete a ir a Aviñón a hablar con el Papa. La encomienda para hablar con el Papa es respecto a lo que deben hacer, cómo deben emprender la tarea de la reconstrucción de la moral en España. El obispo viaja a Aviñón, pero cuando llega allí se encuentra con que el Papa no está, ha vuelto a Roma pues hay esperanza de establecer otra vez el centro en Roma. Entonces Fernando, el obispo cordobés, emprende viaje a Roma, y por el camino le hablan de una santa, de una mujer que vive en su casa de Siena. No es monja, no es dominica como ahora los dominicos pretenden. El obispo va a Siena, escucha a Catalina, suspende el viaje a Roma y se convierte en uno de los discípulos de la santa. Él es quien toma nota de las cosas que la santa está enseñando, pues no sabía leer ni escribir, y con esa documentación hace los Diálogos, que trae a España, entrega a sus hermanos e inspiran el nacimiento de la Orden de San Jerónimo, los Jerónimos, una orden exclusivamente española. Jerónimo va a ser El Prado de Valladolid, Las Islas, Guadalupe, Yuste donde muere Carlos V, Jerónimo va a ser El Escorial donde vive Felipe II. Pero ¿qué es la novedad que se está produciendo? Hay que hacer un cambio en la persona humana, es lo que se está diciendo, hay que vaciar al hombre de todo lo que es su egoísmo, su autocentrismo, para llenarle de una doctrina que habla fundamentalmente de la persona humana y de su capacidad para la trascendencia. Esto es lo que llamamos la Reforma Católica española. La cual toma la doctrina de la Iglesia y la convierte en un derecho jurídico, que es lo que hacen los maestros de Salamanca en una labor muy lenta que dura prácticamente desde 1420-1430 hasta 1570: el reconocimiento de unos derechos generales para todos los hombres, el derecho de Gentes. La monarquía española descubre, en la época de los Reyes Católicos y de Carlos V, el Derecho de Gentes, que les mueve a afirmar que los moradores de las tierras de las islas recién descubiertas son libres con los tres derechos de libertad, vida y propiedad que habían sido siempre reconocidos. No se trata de crear colonias, se trata de crear nuevos hogares, nuevas vidas, nuevas naciones.

   España no tiene un imperio colonial -es falso lo que se dice algunas veces-, España tiene reinos. construye, sobre lo que se había conseguido en América, unos modelos que se acomodan al ejemplo que desde España se habían decidido. ¿Pero qué es lo que defiende esta reforma? Algo fundamental, defiende que hay una capacidad del hombre para el conocimiento especulativo y además para trascenderse fuera de sí, para alcanzar a Dios, para construir los méritos necesarios para lograr su plena madurez. Frente a esto, la Reforma protestante, que sigue la línea germánica y no la latina, hace exactamente lo contrario. Nosotros decimos: libre arbitrio, contestan ergo arbitrio; nosotros decimos el hombre es capaz de merecer el bien para la vida eterna, ellos dicen no es verdad, uno se salva porque Dios quiere, está predestinado a ello, no hay libertad. Ello se ve muy bien leyendo El último mohicano; los indios que aparecen en la novela no son igual que los indios que trataban los españoles cuando estaban creando o intentando crear sus grandes estados en américa. El autor, en un momento determinado, tiene que llegar a la gran falsificación de decir que en realidad el héroe no es otra cosa que un anglosajón que los indios capturaron siendo niño y le educaron, porque no era posible concebir una cosa semejante como que los pieles rojas estuviesen servidos. Hay dos Américas como consecuencia de esta actitud.

   No sé por qué hemos seguido tolerando, seguimos tolerando y afirmamos lo de América latina. Latina nada, Ibérica sí, española y portuguesa sí. Los franceses inventaron el término latino. España llegó a ser, a principios del siglo XVI, la gran monarquía con la cual habían soñado los hombres del siglo XIV, mediante el procedimiento de hacer cada vez más rico el modelo inicial. No es verdad lo que algunas veces se ha dicho de que castilla hizo la unidad de España. Eso es completamente falso. La unidad de España se hace sobre el modelo de la Corona de Aragón. Castilla entra como un reino más en el conjunto de la Corona. Lo que ocurre es que Castilla es, por su extensión, por su riqueza y por sus habitantes, muy superior a todo el conjunto de los demás dominios, y al final es quien domina; pero el modelo de la monarquía española, hasta la época de Felipe V, la época de los Borbones, no es otro que el que se había creado en la época de Alfonso XI sobre Las Partidas, sobre el documento de Caja y Corte de Pedro IV y sobre este sistema en el cual la unidad y la pluralidad eran compatibles, pero nunca la repetición. Es decir, no puede haber unas Cortes del Reino y después unas Cortes especiales de Cataluña, porque eso sería una duplicación. ¿Qué ocurrió?

   Para España supuso la desgracia de que en el momento clave, cuando ha llegado a América, cuando está recuperando el Mediterráneo, cuando las siete ciudades más importantes del norte de África forman ya parte de su corona, Europa se rompe en dos. Y se rompe en dos por una razón filosófica: ¿qué debemos elegir?, ¿la capacidad del hombre hacia la trascendencia como sostiene España defendiendo el libre arbitrio, el libre albedrío, defendiendo la capacidad racional, o el otro modelo, el del inmanentismo que nos conduce a un éxito tan grande como es el descubrimiento de la ciencia moderna, que trae los experimentos, el avance técnico? Lo malo es que entonces Europa no entró en un diálogo. Carlos V lo vio con claridad, quiso hacerlo pero no tuvo el medio para ello, no le dejaron. Y si no hay un diálogo no hay posibilidad de entendimiento, y no hay otra cosa que un enfrentamiento, y los de enfrente son los malos, sean los que sean. Si yo soy el bueno no queda otro recurso que sacar la espada e ir a la guerra. Y fuimos a la guerra, y en la guerra España fue vencida.

   Es curioso, pero para el autor final de la victoria la guerra estaba ganada, absolutamente ganada. En 1635 el autor de la victoria protestante es un cardenal de la Iglesia católica, Richelieu, quien se planteó el tema de qué es lo que conviene a Francia. Una victoria católica en este momento significaría el predominio de España. Eso no lo podía admitir porque el interés de Francia tenía que estar por encima de cualquier otra cosa. Y es Richelieu quien, cuando el protestantismo estaba prácticamente en derrota, le da la victoria, e impone a Europa una nueva fórmula que en nada tiene que ver con la fórmula española.

   A mí me hizo mucha gracia ver cómo los periódicos presentaban la firma del tratado de adhesión a la Comunidad Europea por parte del presidente del Gobierno español. Tuvo lugar en Roma en un salón que está presidido por una estatua gigantesca del Papa Inocencio X. Inocencio X publicó entonces una bula anunciando la paz de Westfalia como el gran error que se estaba cometiendo en Europa. ¿Por qué? Porque sometía los valores morales, los valores éticos y todo lo que lleva consigo, al poder del estado, abriendo paso a ese absolutismo que Luis XIV tardaría en llevar a la práctica, y que los ingleses ya empezaron a descubrir que sería un problema. Westfalia entregaba todo al estado e iniciaba el declive de esta Europa tradicional de valores cristianos, afirmando que en el futuro se lograría indudablemente la paz, porque los poderes del estado serían de tal naturaleza que, evitando que uno de ellos pudiera imponerse a los demás mediante un sistema de alianzas, se llegaría a un equilibrio que sería la paz. ¿La paz? Vaya broma. Después de Westfalia viene la guerra de Luis XIV; después la Guerra de sucesión española que entrega España a los Borbones, es decir, renuncia a todo lo que había sido su trayectoria; más tarde la Guerra de la Pragmática; luego la de los Siete años; detrás la Revolución del Imperio napoleónico; luego la de Crimea; la del setenta; la del catorce; y la del treinta y nueve. Cada una de estas guerras multiplicaba por cien los muertos de la guerra anterior, hasta que entre 1939 y 1945 los muertos que se habían generado en la contienda se contaban por millones.

   Es en este momento cuando, siguiendo la inspiración de Churchill, tres grandes políticos, tres grandes pensadores católicos europeos, Adenauer, Shuman y De Gásperi, dicen: hasta aquí hemos llegado, no deberíamos seguir adelante porque habría que devolver a Europa lo que es en sí un mundo cultural. ¿Lo han logrado? No quiero seguir hablando más de este tema, no quiero causarles una preocupación, pero no tengo más remedio que reconocer que, en el interior de mi alma pienso que han fracasado, no hay una Europa, hay un mercado común, que eso es otra cosa completamente distinta. Hay unos valores espirituales, no hay una recuperación de lo que hasta entonces había sido, y la prueba está en el escaso papel que ha podido jugar España en todo esto, el papel al que ahora España está reducida.

   Para mí es tremendamente significativo el día de la Fiesta Nacional española. El presidente del Gobierno, respondiendo a un llamamiento que se le hace se despide del rey a las diez de la mañana para tomar un avión y llegar a París. Quiere decir que no es ya un poder político independiente, ya no es otra cosa que una parte dentro de un sistema.

   ¿Seremos capaces los españoles de hacer una nueva aportación? No lo sé, ojala sea así. Medios sí tenemos, ¿sabremos emplearlos?

LA PREFERENCIA DE NOSOTROS MISMOS

LA PREFERENCIA DE NOSOTROS MISMOS

Alberto BUELA

 

   En un artículo memorable El conflicto dólar-oro y la revolución mundial (1966) el cura Meinvielle, quien tuvo la rara capacidad de distinguir las apariencias de la realidad sostuvo que: "Es el caso actual del dólar como moneda internacional (en esa época ya, de facto, sin respaldo en el oro) que no hace sino absorber la riqueza de los países, sobre todo los menos desarrollados". Poco tiempo después su premonición se cumplió pues en agosto de 1971 el presidente Nixon anuló la convertibilidad dólar-oro a 35 dólares la onza troy tal como lo habían fijado los acuerdos de Bretón Woods en 1944 y comenzó a instalarse "la burbuja financiera y el dinero casino" que denunciara hace ya once años el economista chivilcochino Miguel Angel Gago en el número 13 de la revista Disenso de 1997. Burbuja que estalló hace un mes con un costo tan millonario en dólares, que se hace impensable para una cabeza común. El quiebre de la banca de los "hermanitos Lehman" fue el disparador.  

 

   Pero... ya salieron los tontos de capirote, stultorum infinitus numerus est, a perorar acerca de cómo salir del entuerto. Los gobiernos más serios han propuesto un blindaje a sus empresas e industrias, (Francia y Alemania) otros menos, un mayor control de sus bancos y financias, (Inglaterra y España) mientras que, los poco serios, manotean los ahorros privados y todo lo que les quede a mano. Ahora bien, el asunto fundamental, la causa de toda esta crisis mundial del capitalismo casino ya fue denunciada por el general De Gaulle en una famosa conferencia del 4 de octubre de 1965 donde sostuvo que el drenaje de oro de los Estados Unidos iba a terminar con el sistema monetario internacional y el predominio financiero mundial del dólar.

   El problema consistía, como muy acertadamente lo relata Meinvielle, en si una economía como la usamericana con un fuerte aparato productor, pero con reservas en oro que se debilitan en forma constante, puede predominar sobre una economía como la europea con un fuerte respaldo en oro pero no con tan fuerte aparato productor. De hecho ha primado, las pruebas están a la vista, la impresionante capacidad productiva sobre la financiera. Lo que ha ocurrido ahora en el interior del mercado usamericano es que la formidable capacidad tecnológica, produjo más de lo que se puede adquirir, primó sobre el poder financiero que se vio obligado a prestar aun en condiciones de "no devolución" para mantener el consumo y los intereses mayúsculos que sobre "el consumo inducido" percibía.

    Pero... los tontos, siempre los tontos ya salieron a perorar. Así el ingenuo de Obama propone como solución que los financistas de Wall Street, los padres de este gran zafarrancho, ganen menos, que resignen a sus voluminosas ganancias. O nuestro telúrico Daniel Larriqueta en La Nación diario, se suma al mensaje de un ideólogo del mundialismo como lo es Jacques Attali, que nos propone un Gobierno Mundial, pues afirma: "Tenemos finanzas mundiales pero sin un Estado de derecho mundial".  Es cierto que esta crisis extraordinaria del sistema económico-financiero internacional está demostrando que existe una insuficiencia de respuestas políticas y una incapacidad de los agentes políticos para resolverla. Pero de allí a proponer la creación de un Estado Mundial es un verdadero despropósito. El mundo siempre va a ser más grande que los Estados Unidos y sus intereses, afirmaba hace ya muchos años Carl Schmitt. Lo que puede llegar a dejarnos esta fenomenal crisis es la enseñanza de que el mundo no es un universo sino mas bien un pluriverso. Es decir, que existen muchas y variadas versiones y visiones de lo que sea el mundo.

 

   Hoy, específicamente, Suramérica ya tendría que estar trabajando sobre una moneda única, al menos para Brasil y Argentina con un respaldo sobre sus commodities, y así lograr una moneda fuerte y respetada en el mundo. En el funcionamiento efectivo del Banco del Sur, dejando de lado la parodia brasileña de un "banquito" y crear un "banco fuerte" como propone Venezuela. En la protección de sus industrias estratégicas y sus fuentes de recursos históricos. En la construcción de un mercado interno regional de carácter autocentrado con la estimulación del consumo de sus propios productos. El lema sería el del viejo economista Aldo Ferrer de: Vivir con lo nuestro.

    Y por qué Suramérica y no Argentina sola: porque no alcanza nuestro volumen de negocios (nuestro PBI anual es de sólo 300.000 millones de dólares, o sea, menos de la mitad de lo que dispuso Estados Unidos para auxiliar a los "hermanitos Lehman y Cía."). Porque solos no tenemos ningún peso en el mercado financiero internacional. Porque, en definitiva, carecemos de agentes políticos y económicos que privilegien lo nuestro y defiendan nuestro dinero y nuestras cosas. (Tenemos 260.000 millones de dólares de particulares depositados en el exterior). La única posibilidad de existencia de una burguesía nacional la teníamos en los contratistas del campo, que con seguridad son el único sector de la economía que no lleva sus ahorros afuera, pero, para no ser menos, la castigamos con medio año de incomprensión y medidas desatinadas. Hoy las burguesías de Brasil, Israel y España están más preocupadas por nuestro destino (y sus intereses acá) que nosotros mismos.

   En medio de esta catástrofe internacional vivimos en un limbo interior de problemas caseros y de cabotaje sin lograr la toma de ninguna medida apropiada a las circunstancias desgraciadas que padecemos y que están licuando todos los días nuestros ahorros. Como gran genialidad le preguntamos qué hacer a economistas como Mario Blejer quien primero es ciudadano israelí, luego norteamericano y finalmente argentino.

   Política y culturalmente hemos abandonado el principio de existencia que es "la sana preferencia de nosotros mismos y de nuestros intereses primarios".

SOBRE MONS. WILLIAMSON Y SUS POLÉMICAS DECLARACIONES

SOBRE MONS. WILLIAMSON Y SUS POLÉMICAS DECLARACIONES

Vicente BLANQUER

 

      El 26/27 de enero L’Osservatore Romano publica en primera plana un articulo firmado por Carlo di Cico: "De la aceptación del Concilio desciende necesariamente una límpida posición sobre el negacionismo (se refiere a la negación del holocausto judío). La declaración Nostra aetate, que representa la más autorizada revisión católica respecto del hebraísmo, deplora «los odios, las persecuciones y todas las manifestaciones del antisemitismo dirigidas contra los hebreos en cualquier tiempo y por cualquiera que fuere». Se trata de una enseñanza no opinable para un católico". Y el artículo del portavoz oficial de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, que sostiene que "el que niega la Shoa no reconoce el misterio de Dios ni de la Cruz de Cristo".  Estas declaraciones eran la reacción de la Santa Sede a la difusión por la TV sueca de unas polémicas declaraciones de monseñor Williamson. Sobre la rotundidad de dichas declaraciones nos gustaría introducir algunas matizaciones.

      Las negaciones, como afirma SantoTomás, se basan en afirmaciones y no tiene sentido sostener que afirmar la inocencia del pueblo alemán, o que afirmar la inocencia de alguien en general, por ejemplo de Jesucristo, sea negacionismo, a no ser que la dignidad de los acusadores sea superior a la dignidad de los acusados y que la dignidad de los acusadores y la dignidad de la persona humana sean una única y una misma cosa. Las críticas contra monseñor Williamson olvidan que son los judíos los que irrumpen en el plano teológico al hablar de "Holocausto" y no lo hacen de forma inocente sino mesiánica, para dar a la segunda Guerra Mundial el papel de momento concluyente de las profecías del Canto del Siervo Sufriente de Yaveh, Is 53 y sostener que los judíos - y no Jesucristo - son el Cordero de Dios del que habla Isaías. Conviene fijarse bien en las fechas. Del 1 de noviembre de 2008 es la entrevista de la televisión sueca en la que Monseñor Williamson, preguntado por el entrevistador Ali Fegan sobre unas declaraciones suyas de 1989 en Canadá, cuestionó la versión al uso sobre la muerte de los judíos en campos de concentración como consecuencia de una política deliberada. Sin embargo la entrevista no es publicada hasta el 21 de enero de 2009, coincidiendo con el levantamiento de la excomunión a la Fraternidad San PíoX. Resulta curioso que se intente sacar a colación unas palabras dichas hace bastantes años cuando lo que está en juego es la revisión y clarificación de los aspectos más delicados del concilio Vaticano II, pero ya que hay gente en interesada en hablar del tema vamos a ello.

   La historiografía tradicional (Raul Hilberg, Victor Frankl, Hanna Arendt y Yehuda Bauer) tras la segunda mundial ha sostenido la tesis del genocidio judío como culminación lógica de los postulados ideológicos del nacionalsocialismo. La historiografía revisionista por el contrario ha cuestionado los métodos de análisis empleados. Por último, dentro de la propia historiografía clásica, cabe distinguir entre la postura de quienes como Bauer son favorables a la censura en nombre del honor de las víctimas, que según ellos está amenazado por el revisionismo, y la de aquellos que como el propio Raul Hilberg son favorables a la libertad de expresión dentro de lo que constituye el debate académico propiamente dicho.

   La controversia surgida en torno a los "supervivientes" del Holocausto ha desatado una vivísima polémica en el seno del propio judaísmo al amparo de la cual el revisionismo se ha ido abriendo paso poco a poco. La obra de Filkenstein "La industria del Holocausto" denuncia la contradicción entre un número de muertos elevado para recalcar la barbarie nazi y un número igualmente elevado de supervivientes. No es posible estar vivo y muerto, a la vez. Muerto para denunciar la maldad nazi, de la que nadie duda, y vivo para cobrar las indemnizaciones. No sería muy riguroso incluir a 4.390.049 "supervivientes-peticionarios" de indemnizaciones entre los muertos del Holocausto. Porque son 4.390.049 son los individuos  a los que con arreglo a convenios internacionales ha tenido el gobierno de la República Federal Alemana que pagar 50.18 billones de marcos entre octubre de 1953 y diciembre de 1983 [1]. Si admitimos asimismo que son 600.000 los supervivientes del "Holocausto" ello supondría que ha habido 3.790.049 resurrecciones, lo cual sería una buena noticia que, tal vez, contribuiría al acercamiento ecuménico judeo-cristiano porque si en la segunda mitad del siglo XX pueden producirse tales fenómenos ¿cómo podemos dudar de la resurrección de Cristo en el siglo primero?

       Denuncia este autor que las cifras al alza son peligrosas porque dan argumentos a los "negacionistas" y denuncia la censura del sionismo oficial sobre este tema porque no sólo perjudica a los llamados revisionistas sino también a las propias víctimas del nazismo, que no son indemnizadas directamente sino a través de las organizaciones sionistas que administran dichos fondos. Para autores como Bauer los revisionistas son unos mentirosos que saben que están mintiendo y con la mentira no es posible entrar a considerar sus argumentos. Para él estos autores no revisan sino que niegan la evidencia y por ello no debemos escucharlos ni polemizar con ellos.

       El lego en la cuestión, sin descartar la hipótesis de Bauer, se  plantea una pregunta: si los "negacionistas" sí entran en los argumentos de sus oponentes y los consideran para refutarlos podría ser por dos motivos:

1) Por que consideran que quienes sostienen la tesis del genocidio lo hacen de buena fe pero que sus argumentos son erróneos.

2) Porque admiten la posibilidad de que aquellos entren en los suyos, es decir, que quienes sostienen la tesis del genocidio estén en lo cierto y que  ellos estén equivocados.

      

       A quienes tenemos un conocimiento superficial de la polémica se nos plantea el siguiente problema. No es posible denunciar un asesinato sin un asesino, ni un robo sin un ladrón. Del mismo modo no es posible denunciar una opinión como mentirosa sin juzgar la conciencia y la intención del otro y resulta sorprendente que algunos de quienes más han denunciado la Inquisición como el mayor atropello a la conciencia humana tengan el valor de violarla nada más y nada menos que en nombre de esos derechos humanos que dicen defender. ¿No creen que al actuar así la gente pueda pensar que más que tener la razón den la impresión de tener miedo?

       Un error muy extendido es creer que el revisionismo histórico niega el genocidio, lo cual puede ser cierto en algunos autores pero no en todos ni siquiera la mayoría. Lo que niega el revisionismo es que la mera afirmación del genocidio constituya por sí misma prueba suficiente de su existencia, lo cual es muy distinto. La autentica revisión histórica, la investigación sin "a prioris", se opone tanto al negacionismo como al  afirmacionismo. En historia existe lo que se puede demostrar con pruebas documentales, y lo que no se puede demostrar simplemente no se toma en consideración pues de lo  contrario la ciencia historiográfica volvería a la era del rumor y la leyenda. El cuestionar la fiabilidad de las pruebas o los métodos de análisis en los que se basa la afirmación de que la muerte de judíos bajo el III Reich se debió a un proyecto criminal concreto ¿supone negar el Holocausto o cuestionar su carácter?

       De todas las cuestiones planteadas por el triunfo del materialismo biológico en la Alemania de los años 30 hasta el final de la segunda guerra mundial sin duda la llamada solución final, el exterminio sistemático y deliberado de los judíos europeos por parte de las autoridades nacionalsocialistas, es la que más pasiones suscita. El horror que en todo ser humano producen la tortura y el asesinato de inocentes ha hecho que los estudios sobre dicho tema se hayan abordado desde un punto de vista ético o moral más que estríctamente histórico. Ello ha creado incontables dificultades a los investigadores pues, con frecuencia, su labor se ha visto entorpecida y dificultada por la acción de la opinión pública y los poderes políticos para los cuales la soah, el holocausto, posee un valor escatológico y metarracional que no puede ser, no ya cuestionado, sino ni siquiera estudiado o analizado. Se considera un hecho ante el cual la única actitud es la contemplación y el silencio. No debería ser necesario, sin embargo, recordar a las personas que así piensan cuántas "realidades incuestionables" basadas en la mentira han sido semilla de odio y fanatismo a lo largo de la historia; p.e. que los cristianos practicaban canibalismo o sacrificaban recién nacidos, que los judíos asesinaban  recién  nacidos, que Juana de Arco tenía tratos con el demonio, etc.

      Tras los enfoques emotivos de algunas víctimas de la brutal tragedia se alzaron las primeras denuncias de otras víctimas del nazismo como Paul Rassinier, militante antifascista francés de la resistencia y también ex-deportado en Buchenwald y en Dora, que consideraban que el sufrimiento concede derecho a lo que es justo y sólo a lo que es justo. La obra del Dr. Rassinier "El Drama de los judíos europeos" supuso un análisis crítico del "genocidio posible" a partir de datos estadísticos de los  propios judíos (entre ellos los del Centro mundial de Documentación judía de Tel Aviv) sobre dicha población lo cual arrojaba una cifra de 1.485.292  judíos que con una corrección al alza del 40 % para incluir a los judíos no practicantes podía dar una cifra de 2.079.528 judíos, cifras que no concuerdan con los 6 millones. Pero es que además, si aceptáramos esta última cifra cotejada con las estadísticas judías, tendríamos que admitir que los judíos poseen la capacidad de duplicar su población cada 3 años.

       A estos estudios vendrían a sumarse otros que abordarían cuestiones tales como la ausencia de garantías procesales en Nüremberg, lo cual fue un error para las potencias vencedoras pues si bien, a corto plazo, ello les permitía obtener unas sentencias espectaculares, desde el punto de vista histórico el rigor de las pruebas aportadas por la acusación se devaluaba considerablemente ya que a los acusados correspondía probar su inocencia. Es decir se partía de un "a priori" en contra de lo que es la práctica jurídica habitual.

  

        Para llevar a cabo una empresa de tal magnitud son necesarias unas órdenes muy precisas. Unas órdenes generales que se traduzcan en órdenes particulares y todo ello debería de haber dejado algún rastro de tipo documental. Sin embargo en un sistema tan burocratizado como el nazi la impresión que pretende darse es que las cosas funcionaban de modo "oral".  Es decir que las relaciones administrativas del III Reich se basaban en la "confianza" y que no se comprobaba ni la procedencia de las órdenes ni su cumplimiento. (La petición de confirmación de órdenes es necesaria para evitar la intoxicación enemiga, como se produjo durante la invasión de Francia y es el último recurso de un mando débil incapaz de oponerse a una decisión injusta como cuando Von Paulus solicitaba permiso para retirarse de Stalingrado. La solicitud de confirmación de órdenes desarticuló la operación Walkiria. ¿Pretende hacérsenos creer que en una cuestión como la de la operación Walkiria sí se producen peticiones de confirmación de órdenes y en una cuestión como la de la llamada solución final no se produce ninguna?)

       Por otro lado, indudablemente, en los campos de concentración murieron cientos de miles de personas. Sin embargo, en cualquier juicio por asesinato (y el genocidio mientras no se demuestre lo contrario es un asesinato), sin pruebas forenses, sin autopsias, nadie se atreve a efectuar un dictamen sobre la causa de las muertes [2]. Teniendo en cuenta que, según Iván Lagaz, especialista en crematorios del tanatorio de Calgary (Canadá) que llevó  a cabo un estudio sobre los crematorios de Auschwitz, Maidanek y Treblinka, cada cadáver necesitaba un mínimo de 2 horas para consumirse, y los hornos deben funcionar al 50 % por motivos de seguridad. Teniendo en cuenta que la capacidad de incineración al 100 % de los hornos de todos los campos de concentración durante el periodo de la solución final es de 430.600 personas, suponiendo que funcionaran al 100 % todo ese tiempo ello significaría que tendríamos 1.648.928 cadáveres sobre los que investigar o practicar al menos un estudio aleatorio.  ¡Y no digamos si aceptamos la cifra de los 6 millones! La única posibilidad de justificar la imposibilidad de un estudio forense sería demostrar que los cadáveres judíos arden a mayor velocidad que los cadáveres del resto de las personas y que por tanto 2.079.528  cadáveres de judíos tienen la propiedad de consumirse a mayor velocidad que 2.079.528 cadáveres de no judíos.

 

       De todas las cámaras de gas que se dijo que había en los campos de concentración alemanes la única que se exhibió en cinta fue la de Dachau, que no era sino la antesala de un crematorio. El hecho de que los campos de concentración en muchos casos fueran centros de producción de armamento suscitó dudas sobre que la finalidad de los mismos fuera compatible con un programa de genocidio [3]. De hecho la investigación actual, incluso la más conservadora, limita el número de campos de exterminio a siete: Riga, Treblinka, Sobibor, Maidanek, Bergen Belsen, Birkenau y Chelmo. Auschwitz finalmente ha sido excluido a raíz de las investigaciones de Germar Rudolf sobre análisis químico de las "cámaras de gas" y el nivel freático del campo, aunque para subsanar este "contratiempo" suele hablarse actualmente de Auschwitz-Birkenau.

        El estado actual de nuestros conocimientos nos plantea por consiguiente algunas dudas. Si el programa de genocidio sólo se llevó  a cabo en siete campos, o bien rebajamos las cifras, con lo que podríamos cuestionar que el gaseamiento obedeciera a un programa de genocidio y deberíamos plantear la posibilidad de que obedeciera a un programa de eutanasia, o bien si pretendemos seguir manteniendo la primera hipótesis deberemos confirmar las cifras con un estudio de los registros y archivos de dichos campos. Por el momento, a falta de más pruebas, los 40 archivos de Auschwitz que establecen los registros de los internos por nombre, nacimiento, último lugar de residencia y defunción sólo registran 68.000 defunciones, que no son pocas.

        Sin embargo sabemos que la eutanasia no era una medida antijudía sino una ley de aplicación general para todos los alemanes, que además no habría podido ser aplicada dentro del contexto de la solución final debido a que por presiones de las iglesias tales medidas dejaron de aplicarse en agosto del 41. Lo cual nos lleva a plantear la posibilidad de que dichas muertes se deban a negligencia criminal y no a un asesinato premeditado, lo cual no cambia el juicio moral que podamos tener del nazismo pero sí el que teníamos de los vencedores y en este sentido constituye un importante motivo de reflexión que podría llevar a los investigadores  e intelectuales a identificarse menos con el punto de vista de los aliados y a adoptar las necesarias cautelas que toda exégesis requiere.

 

       La aplicación de la técnica del peritaje químico a los campos de exterminio "seguros" ha sido decepcionante. El problema del gaseamiento se plantea con los análisis químicos por la siguiente razón. El Zyclón B es gas hidrocianídrico. Si realmente se hubiera aplicado éste donde se dice que se aplicó, debería haber dejado una impronta azul en las paredes y hallaríamos restos del mismo en el interior del mortero incluso aunque se hubiesen limpiado las paredes. Sin embargo  los resultados de las llamadas cámaras de la muerte son negativos. El gas hidrocianídrico tiene capacidad para penetrar el cemento de las juntas de los ladrillos traspasando la totalidad del muro. La única forma de borrar esta prueba hubiera sido derribar los muros de las cámaras y construir otros nuevos. Extremo que debería haber sido alegado tanto por los testigos de la acusación que sobrevivieron a los campos como por los nazis (Niemoeller, Gernstein, Hotl, y Höess) que decidieron autoinculparse. La pregunta es la siguiente: ¿cómo consiguieron los aliados que los acusados confesaran que en el lugar de los hechos, las llamadas cámaras de gas, se habían llevado a cabo unos hechos que se ha probado son químicamente indemostrables? [4]

       Según el historiador judío-francés Pierre Vidal Naquet "Los estudios realizados por químicos de diversos países y distintos orígenes ideológicos son de suma importancia y todos ellos son de hecho "negacionistas" y añade: "Sería un grave error poner mala cara a una conquista científica como el hecho de que a las cifras de un testimonio tan importante se les debe aplicar un coeficiente de división por cuatro (6 dividido entre 4). Al renunciar a las cifras falsas no se atenúa el crimen de los nazis. El problema del número de las cifras no es esencial.".

       Sin embargo al cuestionar el "arma del crimen", el principal argumento de la acusación, no se trata ya de una cuestión de cifras sino del concepto mismo de genocidio. Si un solo judío hubiese sido  asesinado por el hecho de serlo con el propósito de destruir al pueblo judío como tal, estaríamos evidentemente ante un hecho genocida. Ahora bien la única forma de mantener tal teoría es establecer que el hambre y el tifus al ser consecuencia de la política alemana convierten a ésta en responsable deliberada de tales muertes. Si admitiéramos dicho punto de vista, ¿cómo deberíamos calificar las muertes de personal civil y militar de los países del Eje en campos de concentración aliados por causas análogas?

        Por otro lado tampoco se explica el lenguaje  empleado por las autoridades nacionalsocialistas para referirse al problema judío. La postura que sostiene la tesis del genocidio intenta explicar el empleo de un lenguaje y una terminología  en el llamado documento Wansee (sin fecha ni firma ni sellos) debido al pudor "religioso" de los nazis ante un hecho tan bárbaro, cuando lo cierto es que a la hora de adoptar decisiones criminales contra la población civil que apoyaba a los partisanos los nazis no parecen mostrar ese pretendido pudor. ¿Qué pudor experimenta Himmler, por ejemplo, por las órdenes criminales que reconoce haber dado en sus discursos de los días 4 y 6 de octubre de 1943 referentes al exterminio de las mujeres y los hijos de los partisanos, para evitar que crezcan en el odio contra Alemania? (sic). Pero estas órdenes, al menos, tienen base documental. Las órdenes son claras y taxativas también a la hora de ordenar represalias o fusilamientos de rehenes. (Práctica que por lo demás es común a todos los ejércitos de la época simplemente con remitirnos a los manuales de guerra aliados tal y como inútilmente denunció la defensa en Núremberg).  Probablemente debamos admitir que los nazis eran muy poco nazis si el asesinato de un judío les daba más vergüenza que el de un gentil o un ario.

       En cuanto al contenido del "documento", si alguien tiene interés en consultarlo se refiere al traslado de población al este lo cual tiene sentido si pensamos que los campos eran centros de producción de armamento y se buscaba alejarlos del radio de acción de la aviación aliada. Mediante este procedimiento los jueces de Nüremberg dieron un paso más allá  de lo lícito a la ciencia jurídica juzgando hechos a partir de intenciones atribuidas a los acusados sin base empírica que las fundamenten. Sólo así tiene sentido unas traducciones  tan "libres" de los términos: endlösung, gemsamtlösung, zurückdrängun, ausschaltung y ausrotung como exterminio cuando en alemán dicho concepto se expresa por medio de la palabra verninchtung [5]. Para encontrar un precedente de tales técnicas jurídicas debemos retrotraernos a alguna de las páginas más negras de la Inquisición.

 

       Pero en fin, asumiendo, a pesar de todo, los criterios metodológicos sostenidos por la tesis favorable a la hipótesis del genocidio creo que el debate académico no tendrá problemas en aplicar dichos criterios al trato aliado a los prisioneros del Eje, puesto que si aplicáramos un criterio diferente estaríamos negando validez universal a los criterios antes mencionados y ello implicaría reconocer que no estamos obrando de forma científica, sino con arreglo a algún otro criterio que se nos escapa. Pero al asumir la tesis tradicional, pues el Parlamento al parecer tiene capacidad para pronunciarse sobre cuestiones de índole académica, para ser coherentes debemos dar por válido el análisis de James Bacque. Lo cual vistas las cosas no resultaría sorprendente que condujera nuevas modificaciones legislativas de nuestro código penal [6].

      Hasta hace poco las fuentes históricas apenas ofrecían posibilidad para los investigadores de trabajar sobre otro tipo documentación distinta de la prensa. Ello ha hecho que  declaraciones de líderes políticos y militares occidentales fueran aceptadas sin contrastar con documentos oficiales limitando considerablemente nuestras posibilidades. Sin embargo la desclasificación de parte de la documentación aliada con la apertura de archivos de 1980, completada con la desclasificación de los archivos soviéticos en 1990, nos está obligando a modificar algunas ideas que veníamos manejando al respecto.

      El final de la segunda guerra mundial ha sido presentado como un final feliz en el que con el triunfo de la causa de la democracia y los derechos humanos sobre la tiranía fascista, tras un breve período, gracias a la ayuda del Plan Marshall, vencedores y vencidos se reconciliaron poniéndose las bases de una Europa unida sin resquemores ni venganzas. Sin embargo, pese a lo atrayente y lo idílico del panorama, desgraciadamente, a la vista de la documentación desclasificada, no siempre se corresponde con la realidad.

      El plan Morgenthau, que preveía la desmembración, desindustrialización y ruralización de Alemania, parecía apuntar en otra dirección. Según Henry Morgenthau su objetivo era el siguiente: "Quiero que se desmantele el Rhur...Sé  que mi plan dejará  sin trabajo de 18 a 20 millones de alemanes... Mi plan tendrá  una enorme influencia sobre Inglaterra y Bélgica y debería garantizar para los próximos 20 años su bienestar económico pues el Rhur ha sido su principal competidor en el carbón y el acero. De esta manera prestaremos un gran servicio a la economía inglesa". De este modo la guerra contra el fascismo se instrumentalizaba al servicio de ciertos intereses que poco tienen que ver con la causa de la democracia o los derechos humanos, y, sus consecuencias iban a repercutir sobre todos, fueran o no fascistas.

       Declaraciones de este tipo y aun otras más duras fueron vertidas por influyentes personajes de la vida política y económica de los países aliados, que no tardaron en  llegar a la prensa alemana. La propaganda evidentemente era nazi pero las declaraciones  y  la existencia de tales planes eran reales y no fue  tanto la oposición de la bondadosa opinión pública angloamericana al plan cuanto el informe del general Donovan del O.S.S. (servicios secretos) sobre el hecho de que la filtración  de dicho plan por los nazis a la prensa había unido incluso a los opositores al nazismo en contra los aliados lo que llevó a aparcarlo, al menos oficialmente. Así que se decidió rechazar públicamente el plan, pero aplicarlo en la medida de lo  posible. Y el alcance de esa "medida de lo posible", la instrucción JCS-1067, según James Bacque, al parecer fue considerable:

       Los prisioneros alemanes fueron sometidos a trabajos forzados para reconstruir Europa, Estados Unidos y las colonias. A parte de ellos se les dejó morir deliberadamente de hambre mientras se quemaba comida en buenas condiciones o se hundía ésta en el mar y, bajo la autoridad de Eisenhower, se castigaba con pena de muerte el alimentar a los presos, siendo fusiladas algunas adolescentes que intentaban alimentar a sus hermanos.

       Las escuelas y universidades fueron cerradas, las radios y los periódicos clausurados y cuando se volvieron a abrir fueron sometidos a censura militar. La cruz roja alemana y  el servicio postal suprimidos. El carbón, las patentes industriales, la madera y las reservas de oro requisadas. Las fábricas destruidas, incluso las que no tenían finalidad bélica.

      La Alemania de preguerra tenía un 80 % de autosuficiencia alimentaria. Los aliados expulsaron a los agricultores alemanes del 24 %  de la superficie cultivable alemana al mismo tiempo que prohibían el uso de fertilizantes. El número de alemanes muertos bajo la ocupación aliada por hambre fue superior al número de alemanes muertos en toda la segunda guerra mundial en todos los frentes y en la retaguardia. ¿Cual fue la causa de esta hambre? Según la explicación tradicional, la barbarie nazi que habría provocado la guerra y los vengativos bolcheviques. Sin embargo  las excavaciones realizadas en 1996 en Lambach, Austria, arrojan nuevas dudas al respecto. En ellas se encontró una fosa común que, en principio, se  atribuyó a víctimas judías del nazismo, no obstante la investigación forense confirmó que las víctimas eran alemanas,  lo que  coincidía con el hecho de que el lugar fue en 1945 un campo de concentración  americano.  Con posterioridad  han surgido otras en Bromberg, Erfurt, Reinberg, etc.

    

      Por otro lado el estudio de las estadísticas aliadas plantea algunos interrogantes.

      Según el gobernador militar norteamericano Lucius Clay, la mortalidad de Alemania en noviembre del 46 era del 12 %al año sólo ligeramente superior a la del 11,9 % del año 39 en el que el impacto de la guerra apenas es apreciable ya que estalló a finales del mismo. Sin embargo el informe secreto del oficial médico de Clay habla del 21,5 %. Es de señalar que los primeros años de la posguerra fueron particularmente duros debido al tifus, la gripe, el cólera, la tuberculosis, la falta de calefacción, de vivienda, etc. Por otro lado si añadimos los nacimientos e inmigración de las estadísticas oficiales observamos lo siguiente:

          5 millones de nacimientos

          8,3 millones de inmigrantes expulsados

          4,8 millones de prisioneros      (cifras de Proodfoot)

         Ello hace un total de 78,5 millones de personas. Sin embargo en el censo de Septiembre de 1950 sólo encontramos 68,8 millones. Es decir tenemos 5,25 millones de "desaparecidos". 5,7 si tomamos como punto de partida las cifras de la ONU. ¿Dónde fueron?

        La explicación clásica es que los soviéticos los hicieron desaparecer en el Gulag. Sin embargo, la desclasificación de los archivos del KGB no parece corroborar esa teoría. Los rusos en su propaganda sobrevaloraron los prisioneros japoneses en manos occidentales; no obstante, en lo que se refiere a Europa los archivos de sus campos de concentración demuestran que sólo tenían 890.000 alemanes porque estos prefirieron rendirse a los aliados creyendo que recibirían mejor trato. Por tanto se justifican 890.000, quedando 4,36 millones que nos vemos obligados a buscar en otra parte. Es curioso observar cómo a finales de los años 60 en pleno desarrollo industrial y económico la mortalidad alemana, según fuentes del gobierno federal era del 12,2 %%, es decir, superior al año 47 con el tifus, la gripe, el cólera, la tuberculosis, el hambre, el frío y los desplazados. Según James Bacque hay que ser muy generosos, por decirlo de forma educada, para creer tales cifras.

      Una explicación podría ser que perecieron de forma natural por las desastrosas consecuencias de la guerra provocada por el nazismo. Para que estas muertes puedan ser consideradas "accidentales" hay que demostrar que no era posible obrar de otro modo. Para tener un punto de referencia podemos observar que las raciones holandesas bajo la ocupación nazi, hacia 1943, eran de 1775 calorías por persona y día mientras en Alemania eran de 1550 calorías por persona y día en esos mismos momentos. Es cierto que en 1944 se redujo, pero no como consecuencia de una política contra la población civil sino por necesidades de la guerra. Si consideramos que los granjeros fueron expulsados del 24 % de la superficie agrícola útil de un país antes autosuficiente en un 80 %; si consideramos que cerca de 6 millones de alemanes se encontraban prisioneros sometidos a trabajos forzados al servicio de los vencedores y no podían aportar su esfuerzo a sus familias; si consideramos que la industria alemana había sido destruida privando al país del recurso al comercio para obtener alimentos es de suponer que ello se debía a que los aliados podían y estaban dispuestos  a hacerse cargo del mantenimiento de los alemanes.

      Pero si el hambre alemana es fruto de la fatalidad de la guerra, ¿qué sentido tiene  la prohibición del gobierno militar aliado a la comunidad menonita canadiense y a los cuáqueros americanos para enviar alimentos a sus correligionarios alemanes?  ¿Qué sentido tiene la orden del general Eisenhower de prohibir a los civiles alemanes entregar comida a los prisioneros bajo pena de muerte?  ¿Qué sentido tiene prohibir pescar a la población?  ¿Qué sentido tiene la destrucción de stocks de alimentos en buen estado?

      Por último, según fuentes de la Oficina americana para el comercio agrícola internacional la producción agrícola mundial había alcanzado el 90 % de los niveles de preguerra. Las cosechas en Europa fueron particularmente buenas de acuerdo con el informe de la ONU de diciembre de 1946. El trigo y el centeno habían alcanzado el 80 % de la producción normal, la remolacha el 66 % de los niveles de preguerra. Por otro lado los Estados Unidos y Canadá  tenían excedentes disponibles según Robert Paterson.

      La ración británica era de 2.900 calorías/ persona y día.

     La ración americana era de 3.300 calorías/ persona y día.

      El control de los mares y los espacios aéreos por parte angloamericana no deja lugar a dudas sobre la infraestructura disponible para hacer llegar esa comida a su destino. La única explicación es que se trató de un ajuste de cuentas  a expensas de quien está indefenso, del mismo estilo que se produjo cuando tras la primera guerra mundial se prolongó por iniciativa del entonces primer Lord del Almirantazgo Sir W.Churchil el bloqueo naval tras la firma de los tratados de paz durante 8 meses causando la muerte de un millón de alemanes.

      El hambre de 1947 coincidiendo con buenas cosechas fue en parte debida al hundimiento industrial de Europa que, al hacer caer los precios, provocó que los agricultores retirasen sus productos del mercado. Debemos tener en cuenta  que el mínimo biológico necesario para mantener vivo a un ser humano son 1.500 calorías/persona y día. La pregunta ya contestada sobre cuál era la capacidad aliada para alimentar a Alemania debe dejar paso a otras cuestiones.

      Los informes de Murfy del año 47, en calidad de asesor político del gobierno militar aliado en Europa, pronosticaban que las muertes excederían los nacimientos en Alemania en 2 millones en los siguientes tres años, lo cual supone una mortalidad del 24%. ¿Cómo explicar tales "pronósticos" con los datos que tenemos, a no ser que no se trate de pronósticos y debamos de hablar de previsiones? Según James Bacque,  si añadimos a los civiles muertos por el hambre 5,7, los expulsados por la limpieza étnica del este y los prisioneros muertos en los campos de concentración conceptuados eufemísticamente como "Otras pérdidas" la cifra total de muertos oscila entre los 9,3 y los 13,7 millones de muertos.

      A los prisioneros debilitados por la falta de alimentos se les enviaba a las llamadas "unidades hospitalarias", donde no recibían ningún tratamiento y así se ocultaban las muertes. Nadie volvía de los "hospitales". Con una ración de 1.390 calorías por persona y día se obtiene una mortalidad de un 0,6 % a la semana, un 2,6 % de la población al mes y un 32 % al año. El plan Morgenthau fue "oficialmente" abandonado para conseguir desmovilizar a la resistencia alemana; sin embargo las raciones cayeron progresivamente de forma sospechosa. De 1.500 (el mínimo vital) a 1.300, a 1.000, a 900, y en la zona francesa bastante menos. Los efectos de esta política fueron devastadores; la mortalidad infantil en Berlín en 1945 fue del 100 %.  La mortalidad por inanición en Landau (Renania) era del 39 % en 1946.  En Hamburgo bajo ocupación británica murieron 100.000 personas de inanición.  En Viena en 1946 era entre el 27 y el 35 % 

     

      Para finalizar  no debería ser  nuestra misión valorar los acontecimientos históricos aunque algunos dediquen más tiempo a la valoración que al análisis, sin embargo como no parece ser ésta la óptica de ciertos manuales escolares, no estaría de más recordar que el genocidio es el asesinato  deliberado de una población por motivos de raza, lengua o religión, sean las víctimas del mismo judíos turcos, o... alemanes. Es decir, por pertenecer a ese grupo nacional con independencia de una culpa personal por un hecho concreto que pueda calificarse de punible. Que el arma del crimen sea  la cámara de gas o sea el hambre provocada es completamente indiferente. Asimismo sería interesante que un debate académico arrojara luz sobre estas cuestiones.

      El limitar el alcance de la persecución judía bajo el III Reich a niveles parecidos a los de la persecución comunista o católica, lejos de constituir una apología del nazismo constituye una denuncia de la manipulación del antinazismo que pretende convencernos de que los nazis fueron más buenos o, más malos, con unos que con otros. Desgraciadamente el debate académico hoy por hoy es imposible, pues para que exista el debate es necesario que haya libertad e igualdad de condiciones para todas las partes y eso no se da. Y no por falta de voluntad de las escuelas revisionistas sino por la negativa de los medios académicos oficiales a "rebajarse" a entrar en dicho debate, sin que al parecer se sientan muy incómodos con el hecho de que sus posturas hayan de ser defendidas por la vía penal. Tal vez tengan otros argumentos pero por el momento no podemos saberlo. Y si la justicia sobre las cosas depende, en última instancia, de la verdad sobre las cosas, no debería ser tanto interés de los historiadores revisionistas el exponer públicamente estas dudas para llegar al fondo del problema cuanto de la propia sociedad en que la justicia de su causa no quede empañada por lo que en su nombre hubieran podido hacer determinadas personas.

 

 

 Conclusiones:

 

      Sería demasiado sencillo detenernos en este momento, dándonos por satisfechos con un recorrido por los puntos oscuros de este tema. Sin embargo, nos habríamos dejado en el tintero la pregunta más importante: ¿por qué? No se trata de un mero ajuste de cuentas entre unas víctimas despechadas y unos aventureros de la política de los años 30. Si sólo fuera eso, muerto el perro se acabó la rabia. Nadie se toma tanto interés en consagrar en la conciencia colectiva, en las escuelas e incluso en las leyes penales la indudabilidad de un hecho histórico, como si a alguien le fuera la vida en el empeño. Hay historiadores que creen que Napoleón fue envenenado por los ingleses e historiadores que creen que el gran corso murió por causas naturales y a nadie normal se le ocurre llamar negacionista a quien sostiene la postura favorable a la inocencia inglesa. En todo caso se trata de cuestiones discutibles, tan legítimas o tan criticables las unas como las otras y, en última instancia, si realmente tuviéramos interés por la cuestión recurriríamos a un medico forense especialista en toxicología y a nadie se le ocurriría considerar que quien sostiene la muerte del emperador por causas naturales estuviera "mancillando" su memoria. Las palabras, como las armas, las carga el diablo y no es inocente escoger unas en vez de otras. El término Holocausto o Soah en hebreo, como sacrificio del inocente, tiene un sentido religioso muy fuerte y, tal vez, en ese significado religioso esté la clave de todo este problema.

      En el estudio del Holocausto lo llamativo es el consenso de los historiadores, consenso entre interpretaciones contrapuestas. Existe consenso, tal vez, no tanto por el hecho en sí como por las posibilidades filosóficas y teológicas que plantea el Holocausto, tanto a creyentes como a no creyentes. Veamos algunas de ellas. Si abordamos una obra de teología fundamental como "La Historia de Jesucristo" del P. Bruckberger O.P. conservamos el siguiente planteamiento: "Nos creemos demasiado evolucionados, demasiado racionales, demasiado astutos para ser idólatras. Afirmamos no adorar a nada ni a nadie. Por el contrario pienso que la puesta en escena ha cambiado de decoración, pero continúa la payasada sacrílega. La empresa de deshonrar a la humanidad y, en especial a la imagen de Dios en el hombre, nunca se ha impulsado con tanta insolencia. No somos nosotros quienes tenemos derecho a reprochar a la Antigüedad las hecatombes inútiles y monstruosas. ¿A qué Moloc, a qué Astarté, a que Baal hemos inmolado todas esas juventudes desde comienzo de siglo? ¿Quizá a nada?... Eichmann no era más que el sacristán del Infierno...Los desgraciados judíos que fueron sus víctimas elegidas podían leer su nombre en sus libros santos: toda la historia de su pueblo es la historia de una guerra con Satanás. No digo que Eichmann sea una prueba irrefutable de la existencia del diablo, pero sé que su mediocre personalidad está en infinita desproporción con la fastuosa puesta en escena de atrocidades de las que él fue un instrumento, si no lúcido al menos sí dócil... Satanás siempre se ha interesado por Israel. Durante milenios fue el único pueblo en el mundo en que la idolatría nunca pudo triunfar del todo. Israel era la cabeza de puente que el diablo no pudo conquistar nunca, la playa mística donde debía desembarcar el héroe de Dios." [7].

      Es decir el Holocausto, de cuya realidad nadie duda, sería una prueba en negativo de la existencia de Dios. Distinguiendo, como muy bien hacen los escolásticos, entre voluntad positiva y voluntad permisiva de Dios. Dios, que escribe recto con renglones torcidos, habría "permitido" que el hombre en su infidelidad conociera el rostro de una libertad que negando a Dios niega al prójimo y, por tanto, al hombre. Esta interpretación que es absolutamente correcta y ortodoxa no debe nada, o no debería deber nada, a la realidad del Holocausto y por otro lado es demasiado ingenuo o generoso creer que la fe depende de prodigios sobrenaturales. Jesucristo advierte en la parábola de Lázaro y Epulón que si el espíritu humano no está dispuesto a la gracia no creerá ni aunque resucite un muerto. Huelga decir mucho menos porque un solo hecho humano sea capaz de mostrar todo el pecado del hombre.  Pero es que si creemos que un solo hecho humano es capaz de mostrar toda la maldad del hombre no obramos de modo muy diferente de los fariseos que dan gracias a Dios "por no ser como los demás." Y tal vez el quid de la cuestión esté ahí porque según Jesucristo "mi Padre podría suscitar hijos de Abraham de las piedras". Y quien dice de las piedras dice de los gentiles. Ahí es donde la parábola del Hijo pródigo alcanza su significado, porque el Hijo mayor que siempre ha estado con el Padre es el pueblo judío y el Hijo perdido es el gentil. El pueblo judío odia al cristianismo por celos, no reconoce al hermano pero es que además no reconoce que Jesucristo sea el Isaac de la Historia. El Padre Bruckberger cuyo libro, dicho sea de paso es excelente, sin embargo no tiene en cuenta que para el judaísmo si el linaje de David se extingue con el sacrificio de Jesucristo, Yahvé le estaría arrebatando a la casa de David, a la realeza de Israel, la promesa hecha a Abraham "tu linaje será como las estrellas del cielo y como las arenas del mar." Dios no estaría  cumpliendo su palabra [8], o al menos no tal y como esperaba el judaísmo. Porque no olvidemos que, por más que se diga, no existe una cosa tal como el judeocristianismo; existe sólo el judaísmo y el cristianismo. Y el cristianismo se reconoce judío hasta un minuto antes del nacimiento de Jesucristo en quien se consuman las promesas hechas por Dios al hombre en Gen. 3-15. Esto significa desconocer tanto la polémica teológica con el judaísmo como las interpretaciones anticristianas. Empezaré por las segundas porque creo que son las menos importantes. Si abordamos la obra del principal estudioso del Holocausto Raul Hilberg [9], veremos que no se trata sólo de un mero estudio académico sobre un acto criminal de los nazis sino que va un poco más allá al calificar al cristianismo como la principal fuerza motora del antisemitismo "que condujo al Holocausto".

     

      Según el teólogo judío Amós Filkenstein "El reconocimiento de que Dios o el teísmo ético murió en Auschwitz porque Auschwitz desafía todo sentido se nos dice que nos llama para un cambio radical de las premisas fundamentales" [10].

      Según el teólogo protestante Robert McAffe Brown "Es la crisis de creencia a la que nos fuerza el Holocausto. Porque ¿Quién, sea cristiano o judío, puede creer en un Dios en cuyo mundo tengan lugar tales cosas? El misterio perenne del mal, la fuente de nuestra mayor vulnerabilidad como creyentes alcanza su expresión única en el Holocausto. Ninguna teodicea puede abarcar este acontecimiento hasta que se cierren las heridas, hasta que sanen las cicatrices. Ello impide la fe sencilla en Dios o en la Humanidad. Ambos están emplazados a juicio y el veredicto o absolución no puede pronunciarse a la ligera, si es que pudiera, por ninguna posibilidad" [11].

      Según Elie Wiessel "el cristianismo sincero sabe que lo que murió en Auschwitz no fue el pueblo judío sino el cristianismo" [12]. Según Harry James Cargas, teólogo católico, "El Holocausto en mi opinión, es la mayor tragedia para los cristianos desde la crucifixión. En el primer caso murió Jesús, en el segundo caso puede decirse que el cristianismo habría muerto" [13].  Ambos argumentos apuntan en la misma dirección: es imposible que una religión inspirada por Dios sea responsable de algo tan horrendo como el Holocausto, pero el Holocausto sucedió y la cristiandad lo inspiró y tiene una gran responsabilidad en el mismo.

      El Dr. John Warwick Montogomery, teólogo luterano, en Christian News, en relación con las pilas de cuerpos encontrados en algunos campos de concentración al final de la segunda guerra mundial declaró; "es inmoral discutir que estas gentes (los judíos) no fueron victimas de un programa de exterminio, sino de enfermedad y malnutrición producida por el colapso total de Alemania" [14]. Según el cardenal Cormac Murphy O’Connor de la archidiócesis católica de Westminster "la negación del Holocausto es equivalente a un sacrilegio" [15].

   Algo así podría decirse de la visita de Juan Pablo II a Auschwitz. Si los cristianos o el cristianismo no tienen responsabilidad en el Holocausto ¿por qué pidió perdón? Tal vez sea una opinión un poco personal, pero me inclino a creer que los cristianos pecamos un poco de ingenuos sobre todo si alguien usa el argumento emocional. ¿Quién va a ser tan malvado para no horrorizarse ante el asesinato de un inocente?  Porque el problema es que todas estas opiniones están muy bien, pero ya advertía Jaime Balmes que por muy cómodo que parezca resultar un argumento, cuando un argumento sirve para justificar una cosa y su contraria a la vez nos encontramos ante un sofisma. ¿Es posible que el Holocausto pueda significar, a la vez, la muerte de Dios y una señal de Dios? Pues eso es lo que parece.

      En primer lugar no se ha caído en la cuenta de la actitud de la intelectualidad judía ante este hecho. Si hojeamos la obra de Don Hedsheimer "El Primer Holocausto", tenemos una rápida panorámica de noticias que denuncian el exterminio de judíos por el hecho de serlo. Veamos las fechas; New York Times 11 de junio de 1900, p. 7; NYT 14 de junio de 1915, p. 3.; NYT 22 de mayo de 1916 p. 11; NYT, 10 de agosto de 1917, Titular: "Los alemanes dejan morir de hambre a mujeres y niños", y pp. 7 a 21; NYT. 3 de marzo de 1919; NYT 29 de septiembre de 1919; NYT 26 de octubre de 1919; NYT 3 de diciembre de 1919; NYT 3 de diciembre de 1919, p. 24. No se trata de una lista exhaustiva ni mucho menos, pero conviene retener el dato de que la acusación de exterminar judíos por el hecho de serlo se remonta a una época en la que Hitler era un completo don nadie y cuando el proyecto de colonización judía de Palestina ya se estaba poniendo en marcha. En esos momentos el sionismo estaba más amenazado por la asimilación que por el antisemitismo. Además, la acusación de odio a los judíos por el hecho de serlo no es un producto del momento sino una constante que ha permitido sobrevivir al judaísmo a lo largo de los siglos. En la tradición judía se considera a los judíos que han perdido la conciencia de ser judíos como tinok shenishba, niños raptados, a los que está reservado el papel de príncipes o profetas como Moisés. La idea del Holocausto está vinculada en la mente del pueblo judío sobre todo con el sacrificio de Isaac y retumba en la conciencia judía en todas las épocas de crisis. Es decir, en épocas de crisis religiosas como la provocada por el fenómeno de la secularización a principios del siglo XX. En el Talmud se informa de que los romanos al derribar la fortaleza de Bethar en el 135 a.C. asesinaron a 40 millones de judíos. Los romanos enrollaban a los niños y los lanzaban a las llamas. Veinte siglos después la misma acusación será lanzada contra los alemanes. Y ¿qué entiende el sionismo por exterminio? Pues, como todo nacionalismo, básicamente la asimilación. El judaísmo a principios de siglo estaba más amenazado por la asimilación que por el antisemitismo. ¿Y qué eran los apostatas sino unos traidores a su pueblo? ¿Cómo frenar la apostasía?  La obra de Anthony Sutton "Wall Street and the Rise of Hitler" hace un interesante estudio de los apoyos financieros de Hitler entre los que destaca la familia Warburg, judío-germano-americanos comprometidos con la colonización de Palestina. Ello no les impidió aportar fuertes sumas al Partido Nazi a través del Mendelshon Bank de Amsterdam actuando como testaferro [16]. Claro que con este tipo de información no resulta extraño lo bien informada que estaba la prensa judía en Estados Unidos, pero incluso eso tiene un valor anecdótico. Lo realmente importante del Holocausto es la interpretación teológica final en la que se juega todo. Probablemente la interpretación más interesante del judaísmo respecto del "Holocausto" sea la que se relaciona con Raíz, acrónimo de Rabí Plomo Ven Isaac del siglos XIII, que según algunos autores es el primero en ofrecer una respuesta coherente a la polémica entre cristianismo y judaísmo [17]. Los cristianos interpretaban el  IV Cántico del Siervo de Yahvé, Is. 53, "Despreciado, deshecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro.... como cordero llevado al matadero", etc.. como una premonición del sacrificio de Jesucristo [18], porque este canto parece anunciar la crucifixión. Tanto es así que el judaísmo postcristiano acabó silenciando este cántico por las implicaciones que tenía. Sin embargo, frente a esta interpretación Razí considera que el sujeto al que se está refiriendo el Canto no es Jesucristo sino Israel tomado en sentido colectivo. En el siglo XIII, no está mal. Israel es el Isaac de la Historia. Sin embargo la idea podría ser más antigua pues esta interpretación ya es dada por Orígenes refiriéndose a algunos  judíos de su época [19], interpretación que según el teólogo protestante Joachim Jeremías se remonta al judaísmo helenizante [20], es decir el de Alejandría posterior a la época de Jesucristo. En este sentido el Holocausto viene a ser algo así como la confirmación de la interpretación de Razí de Is 53 frente a la interpretación cristiana.

      El problema es el siguiente: suponiendo que el genocidio sea el Holocausto del que habla Isaías, es evidente que Hitler es el cuchillo pero, ¿quién es el Abraham del cántico de la Aqquedah? [21] ¿O acaso es Caín imaginándo ser... Abraham? La teología rabínica podrá quedarse muy tranquila con semejante interpretación, pero dicha interpretación no resulta satisfactoria en absoluto ni siquiera para un judío. Podrá hacer temblar a un cristiano acomplejado pero no da respuesta al autentico interrogante sobre el sentido de la Encarnación.  Cuando en una relación una de las dos partes rompe un pacto, o un acuerdo, la responsabilidad de restaurar el pacto es de aquel que lo ha violado. Lo que sucede es que en el caso de la relación del hombre con Dios, la naturaleza de la ruptura, el pecado original, era demasiado grande para que el hombre estuviera en condiciones de reparar su culpa y ése es el sentido del hecho de la Encarnación. Un hombre que mediante un acto de obediencia semejante a la desobediencia primera restaura el vínculo entre Dios y los hombres. Ningún hombre ni ninguna colectividad humana está en condiciones de igualar al sacrificio de Jesucristo; si lo pretende es un anticristo. Y con la teología del Holocausto el pueblo judío se esta forjando un nuevo becerro de oro. Se ha cansado de esperar y se ha escogido como ídolo de sí mismo. Lo cual pone de manifiesto que, lejos de ser los custodios de la promesa, la han perdido, no porque nadie se la haya arrebatado, sino porque el pueblo judío ha renunciado consciente y voluntariamente a ella. Cayendo en el mismo pecado que el demonio en su pretensión de hacerse adorar. Y ése es el fondo de la cuestión.

 

      El presente artículo no pretende más que ser una exposición del punto de vista de la escuela historiográfica revisionista, sin cuernos ni rabo, tan buena o tan criticable como cualquier otra. La obligación del historiador, como ser humano,  es no dejarse ofuscar por las voces de su tiempo y denunciar la instrumentalización que de los Derechos Humanos se está haciendo, como en su día se instrumentalizó la Patria. Hoy se invocan los Derechos Humanos para negar el derecho a la libertad de opinión, a la investigación científica y al derecho a la defensa en relación a un hecho concreto. Si hoy cedemos en este punto concreto pronto deberemos ceder, cada vez más, en relación a más cosas, pues quien cede una vez cede siempre. Los Derechos Humanos de las víctimas del "genocidio", como las de cualquier crimen, se defienden mediante la verdad porque si no es así alguien podría pensar que o bien las "victimas" no lo son tanto, o que incluso las" víctimas" no lo son en absoluto. Los juristas lo llamarían los frutos del árbol envenenado.

      La difamación pública, la pérdida de la libertad, la pérdida de la propiedad, la privación de los derechos civiles y la esterilización o el aborto forzados ya constituyen de por sí crímenes contra la humanidad. Pero la dignidad de las víctimas no se ve respaldada cuando su defensa se hace sobre castillos de arena; es más, quien recurre a tales procedimientos hipoteca su credibilidad en el futuro.

       El caso reciente de monseñor Williamson, de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, vuelve a poner de actualidad este tema con el linchamiento publico a que se somete al citado obispo. Monseñor Fellay tiene razón en que no es propio de la teología definirse sobre cuestiones de indole científico o histórico. Lo que no está tan claro es si las interpretaciones históricas que invaden el terreno de la filosofía de la historia y de la teología pueden ignorar la doctrina de la Iglesia que enseña que "todo aquel que se dice Cristo en lugar de Cristo es un anti-Cristo" Y si ésa es la pretensión de la teología judía desde los tiempos de Razí, e incluso antes, los cristianos ni nos callamos en el siglo I ni nos vamos a callar ahora.  Posiblemente las declaraciones de monseñor Williamson hayan sido inoportunas pero no resultan inapropiadas. La diplomacia occidental ha hipotecado su credibilidad apostando por una esperanza mesiánica que, además, no es la suya y, al hacerlo ha contraído una grave deuda moral con sus propios pueblos a los que envía a la guerra.

 

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       Para más información, buscar:

- "The destruction of the European Jews", de Raul Hilberg (Contrástese la edición de 1961 con la de 1986 y con " El drama de los judíos europeos").

- "El drama de los judíos europeos" de Paul Rassinier. Barcelona 1976.

- "The Holocaust industry", de Norman G. Filkenstein. Londres 2000. 

- "Les Mythes fondateurs de la politique israelienne" de Roger Garaudy, Paris 1996 (Existe en internet versión en español).

- "Crimes and Mercies ", de James Bacque editado por Warner Books, London, 1998 y  por Little, Brown & Company/ 1997 Lancaster Place, London WC2E 7EN. 

   Para lo relativo a la técnica jurídica empleada en Nüremberg, aunque no agota el tema, es interesante el libro "Crímenes de Guerra", de José A. Llorrens Borrás, Ed. Acervo, Barcelona 1958. Es posible que más de uno se lleve alguna sorpresa.

 

     Direcciones y correos

 

Hay varias webs revisionistas pero creo que desde C.O.D.O.H. se tiene acceso a todas.

- http://www.codoh.com/campus/campus.html  Nota: Se observa que este link por razones técnicas ha dejado de ser operativo hasta que su webmaster solucione los problemas que tiene. Algunos más por si acaso:

- http://vho.org Página de Germar Rudolf.  Desgraciadamente su autor disfruta de la hospitalidad de las cárceles alemanas por escribir el Informe Rudolf,  llevado a cabo a instancias de la defensa de Hajo Hermann, sin embargo aún puede descargarse en inglés de este sitio.

- http://www.ihr.org Institute for Historical Review

- http://www.cwpoprter.com

- http://www.fpp.co.uk Página de David Irving

- http://aaarg.vho.org/espa/solavaya/index.html Revisionismo en español (con acceso al archivo Faurisson)

 


 

[1] West Germany’s Holocaust payoff to Israel and World Jewry http://www.ihr.org/jhr/v08/v08p243_Weber.html Pág. 4

[2] ¿Hubo investigación forense en los procesos de Nüremberg? Debemos responder afirmativamente. Concretamente en el proceso de Auschwitz de 1946, el Instituto de Investigación Forense de Cracovia (I.E.S.) llevó a cabo una serie de estudios sobre Auschwitz. Estudios cuya autoridad nunca ha sido cuestionada pese a que las garantías de investigación independiente en las llamadas Democracias del Pueblo siempre han sido limitadas, como ya se tuvo ocasión de comprobar durante el asunto de las fosas de Katyn. ¿Por qué excluyeron los analistas del Instituto de Cracovia el azul prusia de las cámaras de desinfección de su objeto de análisis alegando a priori que se trataba de pintura?¿Cómo es posible una diferencia tan grande entre los restos de ciclón B de las presuntas cámaras de ejecución? ¿Por qué el nivel de ciclón B de las primeras es prácticamente 0, concretamente 0,6 mg./kg, y el de las segundas oscila entre 1 000 y 13 000 mg./kg. ¿Es que los niveles de degradación del ciclón B en mortero varían según el uso que se de a las cámaras? Este extremo ha tenido que ser reconocido incluso por los críticos de Germar Rudolf como Richard Green.  Por lo que respecta a las autopsias las únicas autopsias realizadas, mientras no se demuestre lo contrario, son las llevadas a cabo en el campo de concentración de Struthof, Alsacia, y los resultados de las mismas, mientras no se demuestre lo contrario, apuntan al tifus y no al ciclón B.  Desgraciadamente el original de este informe médico, el único,  que contradecía las acusaciones de la prensa , de diciembre de 1945 llevado a cabo por el toxicólogo Rene Fabré, y confirmado por otros 3 especialistas,  fue extraviado por las autoridades por una extraña falta de celo. La referencia es de Faurisson http://www.irh.org/books/kulaaska30faurisson.html .  Es decir, el peso de la acusación de genocidio, en los términos que tradicionalmente hemos entendido, recae casi exclusivamente en pruebas testimoniales de gentes que tenían motivos sobrados de venganza, lo cual no significa que puedan ser aceptadas sin mayores críticas por la investigación histórica.

[3]   Máxime cuando Burton H. Klein  en sus estudios sobre archivos alemanes ha desvelado que la industria alemana, después de descontar mano de obra esclava inclusive, tenía un déficit de 3´8 millones de trabajadores porque la economía alemana de preguerra, a diferencia de las economías aliadas, se encontraba operando en un nivel de pleno empleo y por ello se resintió más de la incorporación a filas. Burton H. Klein  "Germany’s Economic Preparation for War", Harvard University  1959  pg. 136.

Por otro lado la tesis tradicional interpreta la política judía del nacionalsocialismo como una persecución total a los judíos por el hecho de serlo, sin embargo las revelaciones de Brian Rigg  http://codoh.com/newsdesk/961203.HTML respecto de las excepciones obliga a introducir algún tipo de matización. Al parecer Brian Rigg ha encontrado pruebas documentales que habían escapado a la atención de los historiadores del nazismo, en particular el hecho de que no todos los judíos fueron internados en campos de concentración. La polémica medida fue presentada a la opinión pública como un modo de preservar a los judíos de las furias antisemitas alemanas que en realidad estaban atizadas por el partido nazi. Dicho análisis es correcto. Sin embargo de esta medida quedaron excluidos todos aquellos judíos que decidían prestar servicio como voluntarios en la Wermarcht que fueron bastantes más de los que podríamos creer. Ello significaría que nos encontraríamos ante una involución respecto de los derechos civiles adquiridos por una minoría, pero no ante una persecución total a esta minoría por el hecho de serlo. Este tipo de medidas se exige a aquellos extranjeros que aspiran a adquirir una nacionalidad. Por ejemplo en Estados Unidos se exige jurar la constitución americana, en Gran Bretaña se exige jurar fidelidad a la reina. Y en ambos países el servicio militar es el medio más seguro para obtener la nacionalidad.

Es decir, estaríamos ante un hecho claramente censurable, pero bastante alejado de lo que habitualmente se ha venido diciendo. Lo que sí se ha podido demostrar estudiando las conversaciones cifradas entre los campos de concentración y los cuarteles generales nazis, porque los británicos habían roto las claves alemanas, es un plan de esterilización masiva de los judíos con rayos X, lo que permitiría su destrucción como grupo étnico pero manteniéndolos bien  vivos para que trabajen en las industrias de armamento ayudando a Alemania a ganar la guerra. Véase Irving, D. "Churchill’s War, Vol II, Triumph in Adversity" pg. 700.

Hay quién podría intentar sostener que ello se debió a motivos prácticos, evitar el mantenimiento  de niños demasiado caros en una industria de armamento. Sin embargo tal motivo no pasa de ser una mera excusa,  pues con la separación de sexos en los campos ya se cumplía esa función. Por ello sí puede hablarse de genocidio, pero no con arreglo de la definición de tal dada por el Tribunal Militar Internacional sino con arreglo a la cosmovisión preformacionista nazi. Como botón de muestra basten estas dos citas, que no son únicas, del  Segundo Libro de Hitler: "Pero la guerra más cruel es precisamente aquella que parece ser la más pacífica a los ojos de la humanidad actual, esto es la pacífica guerra económica, ....Porque esta guerra económica afecta no solamente a los vivos , sino que alcanza con su zarpazo a todos aquellos que están a punto de nacer. Mientras que la guerra lo más que hace es matar un fragmento del presente, la guerra económica asesina al futuro. Un solo año de control de nacimientos en Europa mata más gentes que todas las que cayeron en campos de batalla, desde los tiempos de la Revolución Francesa hasta nuestros días, en todas las guerras de Europa, incluyendo la guerra mundial"  Hitler A.  Segundo Libro de Hitler  p. 16,  Ed Barcelona 1969, bajo el título Raza y Destino. En realidad este segundo libro nunca tuvo título ni se publicó hasta después de la guerra. Se trataba de un borrador. Fue escrito entre la primavera y el verano de 1928, permaneciendo en una caja fuerte de la central de publicaciones del N.S.D.A.P. hasta que fue requisado por tropas americanas en 1945, guardados los manuscritos en la II División de Documentos de la II Guerra Mundial de los Archivos Nacionales de Washington. Su autenticidad como obra de Hitler fue comprobada en 1958 y se publicó en N York en 1961 con el título Hitler’s Secret Book, en Stutgart en el mismo año con el título Hitler Zweiter Buch y en Barcelona en 1962 y 1969 con el título Raza y Destino.

"La denuncia pública de niños enfermos, débiles mentales y, en definitiva, su destrucción, era más decente y, en realidad más humana (sic.) que la perversa locura de nuestros días que defendía a toda costa al individuo más patológico. Y en cambio arrebata la vida a centenares de niños sanos, practicando el control de nacimientos o los abortos, de modo que mantiene una raza de degenerados llenos de taras y enfermedades" p. 27 Ídem.

  [4] Para los que estén familiarizados con el documento Gernstein no es novedad la "curiosa" historia de esta confesión de un oficial alemán llevada a cabo en francés, pero cuyos errores sintácticos no son los propios de un alemán hablando francés sino de un anglosajón lo cual, a lo mejor, guarda cierta relación con el hecho de que sus "interrogadores" eran oficiales estadounidenses. El oficial Gersntein abrumado por el peso de su culpa decidió suicidarse aunque las causas de la muerte no pudieron dilucidarse porque no le fue practicada la autopsia al "desaparecer" su cadáver, bajo escolta militar americana. Todo muy normal.  La ambigüedad sobre la posible utilización de métodos poco ortodoxos en el interrogatorio de prisioneros nazis lejos de disiparse se ensombreció aún más cuando en 1983 los antiguos interrogadores de Rudolf Hoëss, comandante en Jefe de Auschwitz se jactan, en su obra Legions of Death, de cómo consiguieron las confesiones, es decir, mediante el empleo de la tortura.

[5] "La Falsificación de la Realidad", Madrid 1998, R. Ceresole, Norberto, pp. 347, 348. Ciertamente Hitler utilizó este término en su discurso de 30 de enero de 1939 ante el Reichstag , y en otras ocasiones, pero dentro del contexto de la campaña de prensa que se había desatado en medios judíos americanos y británicos a favor de la guerra contra Alemania. Rassinier considera ésta la expresión hiperbólica de un hombre de estado. Además si interpretásemos esta expresión como literal ¿no estaríamos actuando como la propaganda nazi cuando hacía eso mismo con declaraciones como las aparecidas el 24 de marzo de 1933 en el  "Daily Express" en cuya página primera el sionismo oficial  se pronuncia a favor de la guerra con Alemania? Krustchev y Ronald Reagan durante la guerra fría se han expresado en términos semejantes cuando se hablaba de la necesidad de aplastar, exterminar o aniquilar al campo imperialista o al imperio del mal, sin que los historiadores otorguen a tales expresiones mayor significado cuando son empleadas en tales contextos.

La actitud científica ante un texto nos exige ceñirnos a lo que el texto dice, no a lo que a nosotros nos hubiera gustado que el texto hubiera dicho, por mucho que podamos odiar la ideología nazi. El científico debe centrarse en la rigurosidad del análisis y aceptar los resultados del mismo aunque estos contravengan sus simpatías personales, no alterar dicho análisis por las simpatías o antipatías que suscite el objeto de estudio. Y sacar un texto de contexto no es una forma no ya muy honesta de proceder, sino ni siquiera  seria.

La pregunta es: ¿cómo un movimiento de carácter gnóstico y neopagano como el nazismo consiguió arrastrar a la sociedad germana centroeuropea a una cruzada contra el judaísmo que está en la base del propio cristianismo? No fue un problema racial sino un problema económico, disfrazado de problema racial, lo que permitió a esta secta hacer lo que hizo, como reconoce el propio Dr. Brunning, último canciller democrático de Weimar, en 1943 desde el exilio al denunciar que después de la gran crisis sólo quedaba un gran banco alemán en manos no judías. El dato lo consigna D. Irving, "Hitler´s War" pg. 24. Reacciones contra minorías en momentos de crisis se han dado en Kenia contra los hindúes, tras la descolonización, o contra los europeos en Argelia sin que tengamos que recurrir a la metafísica para explicar conflictos de intereses.

  [6] Según el artículo 607 del Código Penal español de 1998 se considera genocidio no sólo "Los que, con propósito de destruir a un grupo nacional étnico, racial o religioso, perpetraren alguno de los actos siguientes:

  • a) los que mataren a alguno de sus miembros
  • b) los que agredieran sexualmente a alguno de sus miembros
  • c) los que sometieran a cualquiera de sus individuos a condiciones de existencia que pongan en peligro su vida o perturben gravemente sus salud
  • d) los que llevaran a cabo desplazamientos forzosos del grupo o sus miembros, adoptaran cualquier medida que tienda a impedir su género de vida o reproducción o bien trasladaran por la fuerza individuos de un grupo a otro"

(De lo cual podría inferirse que el legislador ha notado la necesidad de apropiarse de la cosmovisión nazi que iguala la esterilización  y el aborto); sino también "La difusión por cualquier medio de ideas o doctrinas que nieguen o justifiquen los delitos tipificados en el apartado anterior de este artículo, o pretendan la rehabilitación de regímenes o instituciones que amparen prácticas generadoras de los mismos, se castigará con la pena de prisión de uno a dos años".

Obsérvese cómo en nuestro Código penal se amplía el concepto de genocidio al mero traslado de prisioneros.Pero más grave, si quien no distingue confunde, obsérvese cómo se sitúa al mismo nivel el hecho del genocidio, la justificación del genocidio y la negación del mismo. Si consideramos conceptualmente el genocidio como un asesinato ¿se aceptaría dicha "simplificación" en un proceso criminal común? ¿Es lo mismo un delito en si, por ejemplo un asesinato, que su negación, aún considerando la mala fe de quien lo niega? ¿Quiere decir ello que la convicción moral de las víctimas de un delito prima de modo absoluto sobre el derecho a la propia defensa del acusado, defensa cuya mala fe se presupone? Si sustituimos el término genocidio por el término homicidio o si aplicamos dicho criterio al resto de los delitos, al homologar el delito mismo con la negación de haberlo cometido negamos nada menos que el derecho a la defensa, eso sí en nombre de los derechos humanos ¡no faltaba más! Pero como hay más miedo que vergüenza es de esperar que se alcen tantas voces en defensa de los revisionistas como se alzaron en defensa de los judíos.

Aun suponiendo que los revisionistas fueran unos mentirosos y unos apologetas del nazismo que varían la realidad de los hechos para glorificar al III Reich, ¿cómo deberíamos considerar a unos legisladores capaces de variar en un Código Penal de 1998 el concepto de genocidio tal y como fue definido en 1948 por el Tribunal Militar Internacional Aliado en Nüremberg? ¿Acaso no implica dicha modificación del concepto un reconocimiento  de la insuficiencia de la definición del año 48? Pues si es lícito a un jurista definir un nuevo delito, no lo es alterar la definición de un delito de una causa fallada. Y algo de eso debió tener en cuenta el Tribunal Constitucional cuando en sentencia de 7 de noviembre de 2007 sobre el caso Pedro Varela declaró inconstitucional la expresión "nieguen" en el primer inciso art. 607.2 del Código Penal.

 [7] Burckberger O.P., "La historia de Jesucristo" Barcelona 1966, p. 143-144.

 [8] De hecho la propia idea de Encarnación supone que Yahvé excluye a la casa de David porque aunque María también es de la casa de David sin embargo en la antigüedad se considera que la mujer es tierra fértil pero es el hombre el que transmite la semilla.

 [9] Raul Hilberg "The destruction of the European Jews. Student Edition" (Holmes & Meier, 1985) pp 13-15.

[10] François Furet, ed. "Unanswered questions: Nazi Germany and the Genocide of the Jews" (Schoken Books, 1989), p. 296.

[11] "Dimensions of the Holocaust: lectures at the Northwestern University" (Evanston, II, 1977), p. 49.

[12] Citado en Harry James Cargas, "A Christian Response to the Holocaust" (Denver, Col., 1981), p. 31.

[13] Citado en Harry James Cargas, op. Cit. P. V.

[14] Véase "Christian News", marzo 13, 1989, p. 10; Paul Graubach, "Response to Dr. John Warwick Montgomery; Extremationist fallacies", Christian News, April 10, 1989, p. 14.

[15] N. del A. el término sacrilegio dentro de la teología católica es muy fuerte por lo que sería deseable que el cardenal midiera con exquisito cuidado sus palabras porque el sacrilegio se refiere a Dios y la calumnia a los hombres y si lo que pretende decir es que los revisionistas son unos mentirosos no hay inconveniente en ello pero la responsabilidad de demostrar algo en cualquier campo del conocimiento humano no recae no sobre quien niega sino precisamente sobre quien afirma. A quien afirma algo corresponde demostrarlo no al revés. Y como muy bien sabrá su eminencia el principio de falsación de Karl Popper considera que una opinión es científica no cuando puede sostenerse verosímilmente sino cuando es capaz de resistir las objeciones que en su contra se planean. Lo grave del cardenal no  es que comprometa su autoridad con estas declaraciones sino que al hacerlo compromete la autoridad de la Iglesia en una cuestión temporal sobre la cual no se debe intentar fundar el acto de fe pues ello resulta peligroso, como ya ha pasado alguna vez a lo largo de la Historia. Archbishop of Westminster Labels Holocaust Denial as "Sacrilege."  : http://www.totalcatholic.com/universe/index.php?news_id=652&start=0&categ

[16] Sutton, A. Capítulo X de "Wall Street and the Rise of Hitler".

[17] http://serjudio.com/rap2301a2350/rap2333.htm

[18] http://serjudio.com/rap2101-2150/rap2101.htm

[19] Orígenes, "Contra Celso" (libro I, capítulo 55)

[20] Mervin Breneman http://www.kairos.org.ar/articuloderevistaiym.php?ID=1674

[21] La Aqquedah el es cántico mas terrible y más trágico de la lírica judía en el que se narra el sacrificio de Isaac.

EL EXPOLIO DE PALESTINA Y LA ELECCIÓN MORAL

EL EXPOLIO DE PALESTINA Y LA ELECCIÓN MORAL

Jorge ÁLVAREZ

"Nadie será arbitrariamente privado de su propiedad".
Artículo 17.2. de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

   En el primer tercio del siglo XVII los indios de la costa Este de Norteamérica se encontraron con la sorprendente aparición de unos extraños individuos de tez pálida y pobladas barbas que vestían estrafalarios ropajes, manejaban extraños artefactos y hablaban una lengua incomprensible. Habían llegado en gigantescas canoas con sus igualmente extravagantes esposas e hijos. Estas exiguas comunidades de colonos británicos padecieron severísimas privaciones durante los primeros inviernos en las costas de Nueva Inglaterra y de Virginia. Muchos de ellos fallecieron de hambre y de frío y los primeros asentamientos anglosajones en América estuvieron al borde del fracaso. La actitud amistosa de los indios hacia los recién llegados resultó providencial para la subsistencia a la larga de las colonias.

   Pero según nuevas familias de colonos iban llegando, los asentamientos se expandían hacia el interior, hacia las tierras de caza de los indios. Para cuando éstos quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde. En sucesivas guerras contra ellos, los colonos anglosajones los fueron exterminando sin piedad y ampliando la frontera hacia el Oeste. Los indios del interior acabaron corriendo la misma suerte que los del Este. Al igual que a los pequots y a los hurones de Nueva Inglaterra y a los wampanoag de Virginia, ya en el siglo XIX les tocó el turno a los sioux, cheyennes, apaches... En sus desiguales enfrentamientos con los hombres blancos aprendieron que la principal amenaza para su libertad no eran tanto los soldados de azul como las aparentemente inofensivas familias de colonos que se instalaban en sus territorios de caza. A fin de cuentas, los primeros sólo llegaban para proteger a los segundos. Nadie ha podido discutir jamás el derecho de los indios a destruir los ranchos y explotaciones de los intrusos. Sin embargo, la superioridad numérica y tecnológica de los colonizadores selló su suerte. La inmensa mayoría fueron exterminados. Los que sobrevivieron fueron encerrados en reservas, auténticos guetos en páramos estériles en los que morían víctimas de las carencias y de la tristeza que asolaba sus corazones de cazadores libres.

 

   Palestina, a principios del siglo XX era uno más de los territorios controlados por el decadente Imperio Otomano. Una inmensa mayoría de musulmanes convivía en paz desde hacía siglos con cristianos, drusos y con los escasísimos judíos ortodoxos que habían permanecido en Palestina y que concentrados en la ciudad de Jerusalén vivían absortos en el estudio del Talmud y la Torá y dedicados a una modestísima vida contemplativa y carente de ambiciones materiales.

   Pero a finales del siglo XIX otro tipo de judíos comenzó a instalarse entre los palestinos. A diferencia de los judíos piadosos que llevaban siglos en Palestina, estos recién llegados no aspiraban a la vida ascética. Codiciaban el territorio que según ellos, Yahvé les había otorgado en exclusividad. Se trataba de los primeros colonos sionistas, financiados por millonarios judíos como el barón de Rothschild o el barón de Hirsch. La propaganda sionista de aquellos tiempos difundió entre la opinión pública del mundo occidental, a fin de allanar obstáculos morales a sus objetivos, la mentirosa consigna de: "Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra". Sin embargo, la realidad era muy diferente y los sionistas lo sabían. En la "tierra sin pueblo" habitaban a principios del siglo XX casi medio millón de árabes, la mayoría musulmanes.

   Al principio, los árabes de Palestina, totalmente desprevenidos, acogieron a los primeros colonos judíos con simpatía, en el peor de los casos con indiferencia y casi nunca con hostilidad. Al igual que los incautos indios de América, desconocían las verdaderas intenciones de los recién llegados. En el cambio de siglo había ya unos 40.000 colonos sionistas. Veinte años después, hacia principios de la década de los años veinte, había ya cerca de 90.000. Y en 1931 ya pasaban de los 130.000. Entonces, los árabes palestinos empezaron a pensar que tal vez estaban a punto de padecer un destino similar al de los indios de Norteamérica... pero ya era tarde. No sólo no pudieron impedir la llegada de nuevos intrusos. Con el final de la Segunda Guerra Mundial cerca de medio de millón de judíos europeos sobrevivientes de las persecuciones fueron enviados a Palestina después de que ninguna nación occidental, incluidos los Estados Unidos, aceptara hacerse cargo de ellos. Los británicos, mandatarios de Palestina no veían con buenos ojos esta medida, pues eran conscientes de que soliviantaría a las masas árabes de todo Oriente Próximo. Pero las presiones del presidente Truman, que se hallaba en plena carrera electoral y necesitaba el dinero y el voto del lobby judío americano, sellaron la suerte de los palestinos. Truman ganó a su rival republicano Thomas Dewey contra todo pronóstico las elecciones de 1948 y los palestinos perdieron para siempre el derecho a vivir en los hogares de sus antepasados. Con la puesta en marcha por la directiva sionista liderada por Ben Gurion del Plan Dalet, entre Abril de 1947 y finales de 1948, cerca de ochocientos mil palestinos fueron brutalmente expulsados de sus hogares y de sus tierras. En la guerra de agresión de 1967 otro millón más de palestinos fue de nuevo expulsado. Actualmente existen unos ocho millones de palestinos. Más de cuatro millones de ellos son refugiados, es decir, expulsados o descendientes de los que fueron expulsados de sus casas y de sus propiedades. En la práctica, Gaza, con su millón y medio de seres humanos hacinados en condiciones de pobreza extrema es una mezcla siniestra de campo de refugiados... y de reserva india.

 

   No cabe duda de que tanta injusticia no habrá de quedar impune. Los indios que sobrevivieron al exterminio se dejaron morir de pena. Los palestinos, en cambio, siguen luchando y siguen teniendo hijos que también continúan luchando en el lugar de los que son abatidos.

   La elección moral no es difícil. Aunque sigue habiendo mucha gente que prefiere apoyar a los expoliadores antes que a los expoliados. Allá cada cual con su conciencia.

LA POLÍTICA DESDE EL ÁNGULO DOCTRINARIO DE LOS CATÓLICOS

LA POLÍTICA DESDE EL ÁNGULO DOCTRINARIO DE LOS CATÓLICOS

José Antonio RIESCO

 

   Antes de que finalizara el año 2008 en un acto muy concurrido, aunque de público calificado, se hizo la presentación del libro "La Política: obligación moral del cristiano", del que es autor el doctor Mario A. Meneghini, un reconocido expositor y militante de la ortodoxia católica que, a su identificación con los postulados de la Iglesia, suma una manifiesta y permanente vocación política. Egresado de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UCC), se orientó además, con buena formación filosófica, hacia la problemática administrativa del Estado. Es presidente del Centro de Estudios Cívicos.

 

   La obra que comentamos (124 páginas, edición de El Copista- Córdoba), luego de una Introducción, se organiza en dos capítulos principales (I y II), y agrega un Anexo que suma documentos pertinentes al tema como ocurre a lo largo del texto, sobre todo los pontificios. Una bibliografía muy completa oficia de valioso soporte a cada tramo del trabajo.

    No deja de llamar la atención en el diseño de tapa, admirable, la imagen de Tomás Moro, figura consular de tiempos difíciles y que murió en el cadalso en 1535 por su tozudez y limpieza de alma. Se negó a convalidar las infamias domésticas de Enrique VIII de Inglaterra, monarca absoluto y siempre dominado por la impiedad y la lujuria. Al déspota le fue útil Tomás Cromwell, experto en intrigas y ambiciones, de ahí que sustituyó a Moro en el cargo de canciller del reino, aunque luego, al querer imponerle al rey una alemana gorda y sin gracias, para novia, provocando su enojo, también cerró su historia en el cadalso. El nuevo canciller superó en mañas políticas a Moro, pero Enrique sabía más de mujeres que él.

 

   El capítulo 1 comprende: Ideas sobre la crítica a la democracia, La política como obligación moral del cristiano, Actitud política de los católicos frente al sistema de partidos, Mal menor en las elecciones políticas. Votar : ¿Optativo o moralmente obligatorio? - En el capítulo 2: La Política, Doctrina política de la Iglesia, Contenido de la doctrina, Síntesis de la doctrina política de la Iglesia (Enc. Pacem in Terris), Temas polémicos.

 

   La tesis central del Dr. Meneghini -al menos tratándose de los cristianos que responden, con "fe y razón", al magisterio de la Iglesia Católica--  señala la obligatoriedad moral de todos y cada ciudadano de participar de los instrumentos de acción que ofrece la democracia. Se puede cuestionar y/o combatir pacíficamente los males y vicios de la política, donde y cuando ellos dominen el escenario de la participación cívica, pero la prescindencia no es una opción válida, salvo situaciones excepcionales y transitorias. Su teoría del "mal menor" tiene fuerza y se enriquece con una selección de citas de documentos pontificios y de autores de prestigio. Es una obra, la suya, de mucha responsabilidad en las referencias bibliográficas. Sin pretender compararla me hizo acordar la de dos pensadores católicos cuya amistad siempre me honró: "La persona humana" de Miguel A. Grisolía, escritor y docente universitario en Rosario, y "El orden natural" de Carlos Sacheri, este último martirizado en 1975 por el marxismo enloquecido.

 

   Este libro de Meneghini hay que leerlo y estudiarlo. Por los que creen desde la ortodoxia y también por los agnósticos que, pese a las apariencias, tienen preocupaciones religiosas. Después de todo la idea de Dios es más amplia y motivadora que la imperante en una cofradía. Ya que esto de "la política" pertenece a aquello de "este mundo", donde estamos todos, por ahora, y que Cristo dejó al costado o por debajo de "mi Reino". Nuestro autor hace referencia, precisamente, sin abandono de los deberes prácticos y espirituales del Evangelio, al campo político que "los laicos" están compelidos a no tratar con indiferencia ni abstención. Pero es preciso, aceptar, que se trata de un asunto, la acción política, que se da en un terreno resbaladizo con mayor posibilidad que el que ofrece una carretera firme y recta.

    O sea, es bueno aclarar que el deber de participar en los instrumentos de la política, en la actual sociedad compleja y dinámica, brinda oportunidades de servicio al "bien común" que no conocieron los tiempos pasados. El mapa cultural y socioeconómico de la actual vida social contiene una multiplicidad de campos de militancia cívica  que excede en mucho (cantidad y calidad) al magro producto del mero partidismo. Y ya nadie identifica esta realidad de nuestra actual "sociedad  activa" con los proyectos corporativos de otras partes y otras eras.

 

   De otro lado, no debería confundirse el deber moral (ciertamente innegable) de participar en las actividades orientadas al mejor gobierno del grupo, con una especie de martirologio psico-espiritual. Para una persona, sobre todo jóvenes, con cierto pudor en cuanto a ideas, sentimientos y conductas en ningún caso le puede ser indiferente el clima cargado de vicios, picardías, artimañas, corrupción y otras monadas que, con sus excepciones, domina en esos ámbitos. A no ser que eso sea, precisamente, lo que inconscientemente buscaba para realizarse. El dejar abierta esta dimensión polémica de la política es una contribución del libro del Dr.Meneghini. Hay que leerlo y discutirlo; por que hace pensar, un mérito poco común en esta materia. 

 política, DSI, cristianismo, participación, democracia

Buenos Aires, enero de 2009

EL CASTELLANO, MAL LLAMADO ESPAÑOL

EL CASTELLANO, MAL LLAMADO ESPAÑOL

Alberto BUELA

                                                                             

   Como despedida del 2008 el diario El País de España, en la edición argentina, publica un artículo a doble página en el centro del diario firmado por Tereixa Constenla titulado "El español, un filón huérfano de prestigio" , en donde se vuelcan una sarta de mentiras a designio que sublevan al más calmo. Este artículo confirma el título del último libro del pensador español Fernando Sánchez Dragó Si habla mal de España... es español, que a su vez viene de un viejo verso de Joaquín Bartrina que decía así:

 

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol;
si os alaba Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español.

 

   Hablando con amigos colombianos que en estos días nos visitan recordábamos que tanto en sus escuelas como en las nuestras nos enseñaban que la lengua que hablábamos era el castellano y que el término español designaba  la nacionalidad de los nacidos en España. Pero la fuerza de las cosas hace que hoy, Internet mediante, se hable de español para referirse a nuestra lengua y no al castellano. Pero la estulticia, para decirlo elegantemente, de los  que  hablan de su lengua, que es también nuestra lengua, es que lo hacen de manera menguada, recogiendo los argumentos de nuestros históricos enemigos políticos: los angloparlantes.[1]

 

   La primera de las razones falsas argumentada por la autora es que "el español es la cuarta lengua más hablada del mundo, detrás del chino, del inglés y del hindi". Esto, como salta a las claras, es falso de toda falsedad pues el castellano es hablado por 300 millones en América del Sur (incluidos los 12 millones que lo hablan en Brasil), 44 millones en Estados Unidos, 52 millones en América Central y Caribe, y 104 millones en México. En Africa lo hablan de 2 a 3 millones, 500 mil en Europa Oriental, 45 millones en España y alrededor de 2 millones más en el resto del mundo, lo que suma un total de 550 millones de hispano parlantes con lo cual se desmienten totalmente las cifras divulgadas por el artículo de marras.

 

   El castellano, patrimonio común a españoles, americanos y a algunos africanos, es la primera de las lenguas habladas en el mundo, pues el inglés no llega a 500 millones y el chino no es un idioma sino 129 a la vez, de los que se destacan el mandarín, idioma oficial desde la revolución cultural de 1966, el wu, el cantonés o yué, el min, el jin, el xiang, etc. cuyas diferencias entre sí son mayores de las que existen entre el castellano y el portugués. Pues si a sumar fuéramos nosotros contabilizaríamos juntos la bicoca de 788 millones. (Brasil: 190 millones; Mozambique: 21 millones; Angola: 16 millones;  Portugal: 11 millones).   

   Además, esto que estamos afirmando no es ninguna novedad, porque buscando en Internet hay muchas páginas que muestran que el castellano es el segundo idioma hablado del mundo, pero estas páginas no hacen la distinción que hacemos nosotros entre las distintas lenguas que se hablan en China.

   Bueno, y si así fuera vaya y pase, pero de ahí a afirmar que está en un cuarto lugar y tan lejos en millones de hablantes como sostiene el artículo de El País es una mentira ex profeso y una falta de respeto a los millones que lo hablan y no fueron tenidos en cuenta.

 

   La segunda falsedad es que "el español es la lengua de 18 países". Solo en América somos 19 países, a saber: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. En Europa está España y en Africa Guinea Ecuatorial y lo que queda de la República Saharaui. De modo tal que no son 18 los países de lengua castellana sino 22. No es pequeño  el error cuando se comete sobre cifras tan menudas y precisas, lo que denota mejor una intención para desviar y desvirtuar los datos objetivos y reales. Y así a renglón seguido afirma "la gallega" que "no tenemos datos confiables del español pero si del inglés". Lo que confirma que la que no es confiable es la autora y el diario que le publica con los datos que maneja y tergiversa.

   Y para fundamentar su tesis de que "el español" padece de una capitis diminutio congénita trae la opinión de un compatriota suyo, Antonio Muñoz Molina, alguien que dirigió  el Instituto Cervantes de Nueva York, quien afirma suelto de cuerpo: "soy escéptico sobre la futura relevancia social, cultural y política del español vemos si no la escasa calidad de la TVE Internacional; nada que ver con la parrilla exterior de la BBC de Londres".

   Otra falsedad más, la Televisión Española Internacional (cualquiera que tenga TV por cable lo puede apreciar) es de una calidad poco común y superior a la media de los canales internacionales alemanes, franceses, italianos o ingleses que, en general, gastan su tiempo en programas de entretenimientos y musicales. El problema de los canales internacionales de noticias no es el mayor o menor apoyo tecnológico que, en general, es parejo para todos sino la producción de sentido de las noticias que se levantan y las que se dejan pasar sin más. Y en esta "producción de sentido" la Televisión Española Internacional adopta "el sentido" de las cadenas anglonorteamericanas. Y esto es lamentable, pues a ojos vista se ha producido una nefasta  "americanización" de esta televisora. No es quejándose de "la escasa calidad" como se supera la calidad sino haciendo y produciendo calidad. Si el castellano no sirve como lengua mediática no es por el castellano en sí, sino por la incapacidad de sus usuarios. Y esto nos lleva a la tercera de las falsedades del malhalado trabajo.

 

   El artículo termina sosteniendo la vieja tesis de la Ilustración francesa utilizada por los enciclopedistas enemigos de España, que "el español no es una lengua científica". Son las mismas tesis que sostenían que en América los indios no son fuertes porque no tienen barba o los leones son menos peligrosos porque no tienen melena. Las tesis de de Paw y el conde de Boufon, las tesis de Hegel y de tanto ilustrado suelto de los siglos XVIII y XIX.

   Estos carajos, otro epíteto no se me ocurre, no tienen ni siquiera en cuenta los esfuerzos ciclópeos de un Ramón y Cajal, de un Alberto Gaviola, de un Cecilio del Valle, de un Rey Pastor, y de tantísimos científicos e investigadores de primer nivel mundial que han fijado nomenclaturas científicas de todo tipo y en todos los campos. Incluso en Internet, ¿no se le ocurrió siquiera pensar a la autora quién dispuso que fuera la arroba (@), la cuarta parte de un quintal,  el signo fundamental de los correos electrónicos? Ni que decir que el castellano puede como todas las lenguas romances nominar y denominar perfectamente por sí toda la nomenclatura científica que por convención es griega y latina. Cualquiera que haya estudiado seriamente griego y latín, nuestra larga experiencia avala lo que decimos, sabe que los que hablamos castellano tenemos una ventaja exponencial en el aprendizaje y manejo de estas lenguas respecto de los franceses, ingleses o alemanes. Tanto en la escritura pero sobre todo en la pronunciación que se torna en ellos casi ininteligible.

 

   Por supuesto, que ni una palabra siquiera a la dimensión antiimperialista del castellano como lengua de pueblos oprimidos por el imperialismo anglo-norteamericano. Porque para "los gallegos" como el presidente Zapatero el imperialismo no existe, por ello se jacta de imponer el inglés como segunda lengua en todas las escuelas, mientras que un sindicalista pobretón como Lula, reemplazó al inglés por el castellano como enseñanza obligatoria en todas las escuelas primarias y secundarias del Brasil. Claro está, unos renuncian a la capitalidad de un mundo que habla su propia lengua en homenaje a la lengua de sus enemigos históricos y otro quiere asumir la capitalidad de una ecúmene, la iberoamericana, que habla casi la misma lengua suya. En unos hay y se denota un esfuerzo gigantesco por instalarse con un lugar en el mundo y en otros una desidia producto de la autodenigración que los lleva a un seguro suicidio.

 

   Por último, ¿tienen derecho españoles como la autora y el diario El País a bastardear temas importantísimos como lo es la lengua oficial de 19 países, más allá de España? No, no tienen ningún derecho porque es un tema delicado, valioso y que involucra los sentimientos de más de 500 millones de personas. Eso sí, tienen la obligación de tratar "seriamente" el tema de nuestra lengua común porque no se puede renunciar gratuitamente a una capitalidad que, aunque no la quiera ejercer, le corresponde, al menos, históricamente.

El músico que competía con Mozart, Salieri, se queja a Cristo y arroja el crucifijo al fuego diciendo: Toma, esto es lo que te mereces, porque me diste la vocación pero no los talentos. Todo indica que España marcha al revés de Salieri, tiene los talentos y tantos y tan grandes que posee, pero parece ser que no tiene la vocación de tomar el toro por las astas y ocupar un lugar de liderazgo en un mundo al que pertenece raigalmente y que le pertenece desde el fondo de la historia y desde el corazón de nuestros pueblos.

Modificado, el viejo proverbio sería: Dios le da pan a quien no quiere usar los dientes.

 


[1] Por si no lo saben tres mil criollos colombianos al mando de Blas de Lezo derrotaron a la armada inglesa de veintitrés mil hombres al mando de Vermont en 1741 en Cartagena de Indias y criollos argentinos al mando de Santiago de Liniers derrotaron también a los ingleses en 1806 y 1807 en Buenos Aires.