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Bitácora PI

LUIS, DIEZ CON LAS QUE SAQUES

LUIS, DIEZ CON LAS QUE SAQUES

Juan V. OLTRA

 

   Diez años ya, y parece que fue ayer. Lo conocía desde siempre, como todo el mundo, a través de la caja tonta, pero la fortuna hizo que tuviese un trato directo con él, al entrar a formar parte de su familia... y, amigos, lo que se veía por fuera era tan solo un pálido reflejo de todo lo que era Luis.

   Luis, Luis Sánchez Polack, Tip para el mundo, Chavo para la familia, era un actor cómico de reconocida fama. Pero era muchas más cosas, de entre las que destaco su faceta de hombre bueno, que es mucho más que ser un buen hombre. Tras su muerte empezaron a llover agradecimientos por cosas que había hecho y que ni tan siquiera su viuda conocía, siguiendo el más puro precepto que obliga a que la mano izquierda no se entere de lo que haga la derecha. Poca gente con esa calidad y calidez de ser humano he conocido, tan poca que él regaló su nombre a mi hijo pequeño, de Luis a Luis.

 

   Desde que empezó en 1944, como meritorio en el teatro María Guerrero de Madrid, tras años de recorrer nuestra piel de toro, enamoró al público. Y lo enamoró porque él, bajo la piel de Don Poeto Primavero de Quintillas o, bajo la piel que más tiempo llevó, Tip, siempre era el mismo: Luis no se ponía una máscara para actuar, siempre era igual, en la intimidad de una sobremesa familiar o sobre las tablas de una sala de espectáculos abarrotada de espectadores.

   Pronto encontró a un alma gemela, Joaquín Portillo, Top, con quien compartió muchos años como pareja artística y toda una vida como amigos. Al contrario de otras rupturas profesionales, la suya fue un acto de amor: Joaquín temía que, al tener él las salidas de Madrid limitadas por la enfermedad de su mujer, lastraría el genio de su compañero, así que voluntariamente se retiró. Pero nunca lo hizo de su vida pues, más allá de divergencias políticas (Portillo era socialista y Luis no lo era precisamente) ambos compartían la misma forma de ver la vida y a la gente. Ambos estaban, resumamos, igual de locos. Famosa es la situación repetida en que, durante un atasco, Luis y Joaquín imposibilitados de cruzar la calle por los espacios reservados a los peatones, atravesaban la calle por dentro de los coches. Dos tipos capaces de, tras volver de una actuación en una capital de provincia, y ver que en el hotel nadie salía a recibirles, invirtieron la espera en trasladar los muebles del hall y el comedor del hotel al jardín.

   Y es que era imposible, aun proponiéndoselo, sujetar su forma de ser tan abierta, tan explosiva. Recuerdo que en una visita a Madrid, él me llevó a ver el Valle de los Caídos. Bueno... él no. A él le desagradaba conducir, prefería ir de copiloto. Amparo conducía y todos los demás hablábamos. Cuando llegamos a la puerta, antes de que tuviéramos tiempo a hacer nada, salió disparado como una flecha, cogió del brazo al Guardia Civil que estaba en la puerta y, acercándolo a la ventana donde yo estaba, escuché que le decía: "Oiga, buena mujer, hemos venido hasta aquí para enseñarle esta gran obra del Caudillo a ese rojillo que está ahí sentado". Impagable Luis.

 

   Con su muerte, España perdió alegría. Tip, Luis, improvisador nato, genial, lector imparable (su biblioteca hubiera necesitado de algún estudio en profundidad por los expertos) se fue y al irse se llevó parte de nuestra luz. Y a mí el dolor de que mis hijos no pudieran compartir su bonhomía.  Nos queda el consuelo de saber que Luis Sánchez Polack falleció, pero Tip vivirá siempre. Triste consuelo que no quita el dolor de saber perdido para siempre a un hombre bueno.

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