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Bitácora PI

LA POBLACIÓN AMERICANA EN 1492

LA POBLACIÓN AMERICANA EN 1492

Ángel ROSEMBLAT

 

   Hemos seguido paso a paso el movimiento de la población indígena de América retrocediendo desde la actualidad hasta 1570. Estamos, pues, en condiciones de plantearnos el problema final: la población que tenía el continente a la llegada de Colón. De más está decir que la fecha de 1492 tiene sólo un valor convencional. Significa, en términos generales, el momento en que se produce el contacto entre el mundo americano y la civilización europea. Ya hemos visto que ese contacto se produjo por etapas y que en 1570 una gran parte del continente, apenas descubierta, seguía sometida a sus propias leyes demográficas.

   Las apreciaciones de los contemporáneos y de los autores coloniales, que juegan muchas veces con los millones, están falseadas fundamentalmente en varios sentidos:

 1º Cuando Fray Toribio de Benavente, o Motolinia, dice que en Méjico los padres franciscanos bautizaron, de 1521 a 1536, cerca de cinco millones de indios (según Pedro Fernández de Quirós, en 1609, 16 millones; según Fray Buenaventura Salinas, en 1631, más de 18 millones; según Juan Díez de la Calle, en 1657, 43 millones) trata indudablemente de exaltar la obra evangelizadora de la Orden. (1)

 2º Cuando Hernán Cortés, en carta a Carlos V, describe una lucha contra más de 149.000 tlascaltecas "que cubrían toda la tierra" (el número tiene apariencias de precisión), trata sin duda de destacar el valor temerario de los 400 soldados que le acompañan y su maestría de capitán. (2)

 3º Cuando el historiador mejicano Clavijero cree verosímil que hayan acudido seis millones de indios a las fiestas de inauguración del templo de la ciudad de Méjico en 1486 se deja llevar, sin duda, por la tendencia, bastante general, a engrandecer el pasado indígena. (3)

 4º Cuando Fray Juan de Zumárraga, en 1531, dice que sólo en la ciudad de Méjico sacrificaban a los ídolos más de 20.000 víctimas al año, o Fray Juan de Torquemada dice que en todo el país inmolaban 72.244 víctimas por año, cifra que otros hacen ascender a 100.000, se hacen expresión del horror que produjo a los españoles esta manifestación del culto azteca y tratan, sin duda, de justificar la destrucción de los templos y la conquista misma. (4)

 5º Finalmente, cuando el P. Las Casas afirma que los conquistadores de Méjico exterminaron más de cuatro millones de indios en los doce años que siguieron a la entrada de Cortés, no hace indudablemente una afirmación de tipo estadístico, sino que maneja las cifras con espíritu de hombre de partido, como defensor apasionado de la causa de los indios y detractor del poder civil y militar. (5)

 

   Podrían agregarse otras causas de deformación, entre ellas la siguiente, anotada ya por Clavigero: el afán universal de agrandar las cosas nuevas que se describen. Al encontrarse con el Nuevo Mundo, el descubridor y el conquistador tuvieron una primera visión de deslumbramiento. Toda visión global, sobre todo del número de habitantes o de casas de una ciudad, el cómputo de una muchedumbre o de un ejército, se expresa siempre hiperbólicamente, como puede comprobarse con la experiencia cotidiana.

   Esas cifras tienen sin duda un valor histórico, aunque no, desde luego, un valor estadístico. ¿Hay acaso cifras de otro género? Evidentemente sí. Cuando se aparta uno de las polémicas político-religiosas, debidas a veces a rivalidades entre órdenes, a conflictos entre el poder eclesiástico y el temporal o a rencillas y rivalidades entre los mismos capitanes y gobernadores, se encuentran abundantes elementos que se prestan para un cálculo aproxima­do: empadronamientos parciales, repartimientos de indios realizados al día siguiente de la conquista, y a veces también la magnitud de los ejércitos. Con ayuda de estos elementos, tomando en cuenta el desarrollo histórico y analizando los medios de vida de las poblaciones precolombinas y los restos de sus culturas, hemos elaborado el cuadro que damos a continuación: (6)

 

POBLACION DE AMÉRICA HACIA 1492

       Norteamérica, al Norte del Río Grande .................................. 1.000.000

       Méjico, América Central y Antillas ......................................... 5.600.000

       Méjico ............................................................................... 4.500.000

       Haití y Santo Domingo (La Española) ....................................... 100.000

       Cuba ..................................................................................... 80.000

       Puerto Rico ............................................................................ 50.000

       Jamaica ................................................................................. 40.000

       Antillas Menores y Bahamas ............. ........................................30.000

       América Central.................................. ....................................800.000

       América del Sur ................................. ..................................6.785.000

       Colombia .............................................................................. 850.000

       Venezuela ............................................................................. 350.000

       Guayanas .............................................................................. 100.000

       Ecuador ................................................................................. 500.000

       Perú ................................................................................... 2.000.000

       Bolivia ................................................................................... 800.000

       Paraguay ............................................................................... 280.000

       Argentina .............................................................................. 300.000          

       Uruguay.....................................................................................5.000

       Brasil. ................................................................................ 1.000.000

       Chile .................................................................................... 600.000

       Población total de América en 1492 ...................................... 13.385.000

    

      Esta cantidad de casi trece millones y medio de habitantes, con un margen de error que en conjunto no creemos mayor del 20 por ciento, está de acuerdo con el conocimiento del grado cultural que había alcanzado el continente en 1492.

   La densidad de población depende, en efecto, no sólo del medio, sino también de la estructura económica y social. En el estudio de todos los pueblos se ha observado, como es natural, cierto paralelismo entre densidad de población y nivel cultural. Se da particularmente un gran centro de población allí donde cristaliza una gran formación política bajo formas agrícolas de existencia. Tal fue, en América, el caso de las civilizaciones azteca, maya, chibcha e incaica. En ellas alcanzó su apogeo la agricultura precolombina y se congregaron densos núcleos de población. El maíz (América se ha llamado la "civilización del maíz") era la base de la alimentación y se cosechaba en algunas partes dos veces al año. La zona agrícola abarcaba toda la región alta del Occidente americano, especialmente la meseta, desde Arizona hasta Chile. Pero ni siquiera el maíz era general; el cultivo se reducía, en gran parte de esa zona, a plantas tuberosas como la patata y la mandioca, a granos como la quinua ("el trigo de la puna"), a legumbres como los frijoles o las calabazas. La irrigación, el abono artificial y el empleo de instrumentos agrícolas, de madera o piedra, eran excepcionales. Las crónicas mejicanas han conserva­do el recuerdo de horribles períodos de hambre anteriores a la llegada de Cortés. (7)

 

   Pero si las grandes culturas llegaron a la etapa agrícola, y en el Perú se llegó a domesticar la llama y la alpaca, la mayor parte del continente vivía de la caza, de la pesca y de la recolección. Los pueblos cazadores necesitan extensas praderas y no crean por sí solos grandes centros urbanos, que resultan de la convergencia de los resortes políticos, el comercio y la producción industrial. Se han analizado admirablemente los medios de vida de la América precolombina. (8) Las regiones polares y subtropicales llegan muy pronto a un grado de superpoblación. Los pueblos que se alimentan de la caza y de la pesca están obligados a cierto nomadismo intermitente. La selva no ha albergado nunca grandes poblaciones, por la gran mortalidad, las condiciones climatológicas difíciles, la lucha con insectos y fieras y la escasez de plantas alimenticias. Contra lo que se cree, los recursos alimenticios de la selva son tan limitados -dice Sapper- que el viajero que no vaya bien provisto se morirá seguramente de hambre. Es paradójico -dice por su parte Humboldt­, pero en la zona tórrida, "donde una mano benéfica parece haber derramado el germen de la abundancia, el hombre indolente y flemático se encuentra periódicamente falto de alimentos". (9) Aun hoy las expediciones científicas que llegan a regiones inexploradas se encuentran con poblaciones poco numerosas que se han creado, a través de una lucha secular con los elementos, un pequeño oasis habitable.

   Fuera de la zona agrícola, que se escalonaba en una estrecha franja a lo largo de los Andes (en la región atlántica sólo hubo islotes, seguramente puntos de expansión), el continente era en 1492 una inmensa selva o una estepa. Ya hemos visto que Kroeber, que aplica exclusivamente el criterio de la densidad de población de las áreas culturales, sin detenerse en los datos históricos, calcula para toda América una población de 8.400.000 habitantes. Por nuestra parte hemos llegado a casi trece millones y medio.

   Según nuestros cálculos, desde 1492 hasta 1570 se ha producido una disminución de 2.557.850 indios, balance negativo del primer período de contacto del blanco y del indio en toda amplitud del continente. ¿A qué se debe que se haya hablado de la extinción de decenas de millones de indios? Sería pueril explicarlo simplemente por la fabricación deliberada de una leyenda negra. Por una parte se ha creído en una grandeza legendaria de América; por otra se ha generalizado a todo el continente el proceso de extinción cumplido en las Antillas y se han tomado los hechos aislados -en el proceso que hemos llamado periférico- como índice de una evolución general.

 

   Analicemos, pues, con alguna detención, el proceso que condujo a la desaparición del indio antillano.

   Dos cuestiones vamos a considerar:

 

1º ¿Cómo se explican los millones de indios atribuidos a esas islas cuando nosotros apenas encontramos un total de 300.000 indios?

2º ¿Cómo se explica la extinción vertiginosa del indio antillano? Veámoslo en la Española, el primer ensayo de colonización americana. Es un hecho comprobado repetidas veces que los primeros viajeros que se  han puesto en contacto con un país exótico han exagerado considerablemen­te su población, en muchos casos hasta decuplicarla. Es lo que pasó con Groenlandia, con Tahití y las islas Sandwich, con Marruecos y el África Occidental. Es lo que pasó también con las Antillas. El navegante, propenso siempre a descubrir grandezas, calcula la población total por las gentes que sus barcos atraen a la costa o generaliza a todo el país la densidad de población del punto hospitalario donde desembarca. (10)

 

   La Española fue durante unos años el Dorado americano. Colón, sugestionado por su propio descubrimiento, o calculando sus frases con frialdad de propagandista, había visto en ella un puerto hondo "para cuantas naos hay en la Cristiandad", un río en el que cabían "cuantos navíos hay en España", y hasta montañas "que no las hay más altas en el mundo"(11). La Española era el Ofir de las Sagradas Escrituras. Pero la realidad fue algo distinta. El segundo viaje de Colón -17 naves, 1.500 hombres- debía iniciar la gran empresa colonizadora. Años después no quedaban más que recuerdos fatídicos: por las ruinas de la Isabela, la primera colonia, vagaban, según la leyenda, los espectros blasfemantes de los que habían muerto de hambre. El Nuevo Mundo no era aún capaz de alimentar a 1.500 europeos. Hubo que expedir urgentemente barcos a España en busca de víveres. Hubo que desistir de expediciones iniciadas, por miedo a morir de hambre en el trayecto.

   Sin embargo, la isla, fuera de las cordilleras casi inaccesibles, de las depresiones áridas y de los bosques espinosos, era de una fertilidad extraor­dinaria, "un verdadero Paraíso arahuaco", como dice Sven Loven en su estudio de la agricultura de los taínos. (12) Los indios vivían fundamentalmen­te de los productos del suelo y cultivaban de manera intensiva la yuca o mandioca, la batata, el aje, el maíz, los frijoles o porotos, la yautía, el lerén, etcétera. Tenía, además, gran riqueza de árboles frutales, silvestres y de huerta. Pero el único instrumento agrícola era la coa, una especie de azada de madera: "unos palos tostados que usan por azada", según la definición del P. Las Casas. La base de la alimentación era el pan de yuca, el famoso cazabe antillano. La cultura taína, que dominaba en la isla, una rama de la cultura arahuaca del continente, se encontraba aún en la edad de piedra y no había alcanzado un grado avanzado de agregación social, la única base para la existencia de poblaciones densas. La isla estaba dividida en una serie de cacicatos independientes (cinco al menos, "los cinco reinos" del P. Las Casas) y no presentaba más que pequeñas aldeas de bohíos y caneyes. (13) Una población de 100.000 habitantes nos parece lo máximo que podía haber sustentado la isla en 1494, cuando se inició el choque con el blanco, y es también lo máximo que permiten suponer los 60.000 habitantes con que contaba, según parece, en 1508 y los 30.000 de 1514. (14)

 

   La fama de la isla, como expresión de la riqueza de las Indias, debió difundirse rápidamente por España. No fue ajeno a ello, sin duda, la necesidad de alentar la empresa colonizadora y de neutralizar los primeros fracasos. Rápidamente surgieron villas y ciudades: en 1502 había tres pueblos; en tres o cuatro años se fundaron quince, "con mucha gente de vezinos, tratantes e trabajadores de minas y granjerías"(15). Las ilusiones crearon una grandeza ficticia que pronto se desmoronó. Cuando se percibió el fracaso de la explotación minera, y el Dorado se desplazó hacia tierra firme, sobre todo hacia Méjico y el Perú, los colonos empezaron a emigrar. Sólo quedó el recuerdo de una grandeza; mejor dicho, de la ilusión de una grandeza.

 

   Colón había creído luchar con 100.000 indios en la Vega Real, había creído que la isla era tan grande como Portugal, aunque con el doble de población, y que con los indios había "para hinchar a Castilla y a Portugal, y a Aragón, y a Italia, a Sicilia, e las islas de Portugal y de Aragón, y las Canarias". ¿Qué tenía de extraño que Las Casas, que había visto 25.000 ríos riquísimos de oro sólo en la Vega de Maguá, hubiera visto también tres o cuatro millones de indios en la isla?

   Con todo, ¿cómo se reducen esos 100.000 indios de la Española a 60.000 en 1508, a 30.000 en 1514, incluyendo en este número los introducidos de otras islas y de Tierra Firme, y a unos 500 escasos en 1570, para desaparecer lentamente en los siglos siguientes, absorbidos en la población blanca y negra? El proceso, al mismo ritmo, se repite en Cuba, Puerto Rico y Jamaica, y luego, con un siglo de intervalo, en las Antillas Menores y Bahamas, colonizadas por franceses, ingleses, daneses y holandeses.

   Siempre que se ha puesto en contacto una raza conquistadora con un pueblo aborigen, ese contacto, aunque haya sido pacífico, se ha producido a expensas del pueblo conquistado: su población ha decrecido necesariamen­te, al menos en la primera etapa. Este hecho ha sido estudiado entre los pueblos coloniales de África y Asia, y sobre todo en las islas de Oceanía. El mismo proceso se ha registrado aun en la conquista de un pueblo de cultura superior: la Grecia antigua, sometida al Imperio Romano. Es el "clash of peoples" de los ingleses, choque entre pueblos, tantas veces mortal. Aun en los casos en que el conquistador, por propia necesidad, ha puesto todos sus esfuerzos para estimular el crecimiento demográfico de la colonia, la pobla­ción ha descendido día a día, en forma incontenible. Se ha llegado a hablar de "una atmósfera pestilencial" creada por la raza vencedora, de pueblos destinados por la naturaleza a la extinción como una especie de vegetación inferior, y hasta se ha pensado en una acción oculta de carácter misterioso (16). Y no ha faltado quien sostuviera la necesidad de apresurar portadas los medios el proceso para que "sobre las ruinas de los pueblos desaparecidos se pueda desarrollar la vida superior de razas mejor dotadas".

   Pero la extinción del indio antillano no tiene nada de misterioso ni de oculto.

   Un siglo antes de la llegada de Colón, los taínos de la Española y de Puerto Rico se encontraban en una fase expansiva: colonizaron el este de Cuba, superponiéndose a la cultura, más primitiva, de los siboneyes. Les detuvo el avance de otro pueblo, el caribe, que en 1492 había conquistado ya gran parte de las Antillas Menores y había invadido el extremo oriental de Puerto Rico, llegando a hacer incursiones, según parece, hasta la costa de Haití. Por un lado, "los indios cobardes y fuera de razón" de Colón frente a la "gente sin miedo". Expresión clara de este proceso era la coexistencia en algunas islas de dos lenguas, una lengua de las mujeres, de origen arahuaco, otra de los guerreros, de la familia caribe, manifestación lingüística de un sistema de conquista bastante general en el mundo primitivo: exterminio de los hombres y apropiación de las mujeres. La llegada del blanco vino a interrumpir la expansión caribe y a inaugurar un período nuevo (17).

   Resumamos ahora brevemente los hechos externos de la extinción del indio haitiano. El primer contacto entre Colón y "los indios cobardes" fue pacífico. Pero al volver en su segundo viaje, con instrucción expresa de que tratara a los indios "muy bien y amorosamente", encontró las ruinas del pequeño fortín que había dejado, y muertos los 40 hombres de la guarnición. A principios de 1494, fundada la Isabela, comenzaron las expediciones a la "gran Vega", el Dorado haitiano. Las ansiadas riquezas seguían ocultas. Colón inició una activa campaña contra los indios, que duró casi un año, con el empleo de armas de fuego, caballos, perros de caza. Los indios se sometieron. Pero cuando se les impusieron tributos de oro y de algodón, o el servicio personal en minas y granjerías, talaron los campos y huyeron al monte. Era imprescindible llevar oro a España, pagar las primeras expediciones, apaciguar a los colonos descontentos y desmentir a los que se habían fugado a la Península pregonando la pobreza de las decantadas Indias. Esta misión debía recaer sobre los indios. Prosiguió la campaña (la caza del indio) hasta lo más intrincado de los bosques. Se les esclavizó, se les marcó a fuego en la frente, como a los negros (la prohibición de herrar a los indios es del 13 de enero de 1532), y aun se inició el envío de cargamentos de indios esclavos para ser vendidos en la Península, hasta que lo prohibió la reina Isabel (18). Los primeros años transcurrieron en luchas contra los indios y disensiones entre los españoles. Hasta 1500 la empresa era un fracaso. Símbolo de ese fracaso, Colón volvió a España con grillos en las manos y cargado de cadenas.

 

   Las instrucciones de 1501 y de 1503 a Ovando, y la Real Cédula del 20 de diciembre de 1503, especificaban la libertad del indio, pero también el derecho de compelerlo, mediante salario, para el trabajo en las minas o en los edificios, y para la labranza y la granjería. En ese compeler está el destino de la población indígena, porque el indio rehuía el trabajo, y su rebeldía era ya motivo de justa guerra, y por lo tanto de esclavitud. Las instrucciones de 1503 establecían, además, que debía juntárseles "para ser doctrinados, como personas libres que son, y no como siervos". Desde 1502 surgieron ciudades y comenzó la explotación intensiva. A cada colono se le concedió una cantidad de indios, a veces cincuenta, a veces cientos (a los oficiales del Rey mucho más). Los indios repartidos trabajaban a la fuerza en la construcción de edificios, en la agricultura, en las minas. Era preciso alternar la vigilancia del trabajo con cruentas expediciones punitivas y con la caza constante de indios. La Reina Isabel murió en 1504. En el codicilo de su testamento suplicaba al Rey, y encargaba y mandaba a su hija la Princesa, y al Príncipe, su yerno, que procuraran atraer e instruir a los indios en la fe católica y mandaran "que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien" (19). En 1508 quedaban, según parece, unos 60.000 indios.

   Como los indios no alcanzaban para las necesidades de la colonia, se empezaron a traer indios caribes, los temidos antropófagos de las Lucayas y de Tierra Firme, que la legislación autorizaba a capturar y vender como esclavos, y aun indios pacíficos de las islas no colonizadas todavía. Pero las cantidades fueron sin duda reducidas (20). En 1509, al llegar Diego Colón con su nueva corte de favoritos, se hicieron otros repartos de los indios de la Española. Entonces comenzó en favor de los indios la violenta campaña de los dominicos, que culminó con el apostolado vehemente y fanático de Las Casas (21).

 

   Fray Antonio de Montesinos dio carácter público a la protesta dominica. En 1511 predicó en una iglesia de Santo Domingo, con violenta elocuencia, contra los abusos de los colonos y contra la encomienda como atentado a la naturaleza libre del indio (22). Diego Colón le acusó ante los superiores de su Orden, que se solidarizaron con el predicador. Se desencadenó una violenta hostilidad entre dominicos y el poder temporal. Los franciscanos se pronun­ciaron contra la orden rival. Los dominicos llegaron a negar los sacramentos a los que tenían indios encomendados. La lucha se enconó. El provincial dominico de España reprendió a sus hermanos de la Española y les anunció que en la corte se había pensado expulsarlos de la isla. Fray Antonio fue a España y se presentó ante Fernando el Católico. El rey convocó una Junta de letrados, que promulgó, el 27 de diciembre de 1512, las famosas Leyes de Burgos, el primer código que reglamenta la situación del indio. Las Leyes proclamaron la libertad del indio, pero sancionaron la encomienda como forma obligatoria, aunque paternal, de trabajo asalariado (23). Entonces se produjo en la Española el repartimiento de Alburquerque.

   El repartimiento de los indios hecho por Rodrigo de Alburquerque en 1514 muestra el proceso de la extinción indígena en una fase aguda. El dinamismo demográfico de la Española estaba ya roto. Hay repartimientos de 40 y 50 indios en que consta expresamente que no hay ni un solo niño; sobre un total de 22.336 hombres y mujeres de servicios, no había con seguridad más de 3.000 niños, a juzgar por los datos parciales (hemos contado 1515, pero no siempre consta el número). Hay aún otro factor de desequilibrio: había más hombres que mujeres, contra lo que se podía esperar después de un período de guerra (en la Concepción, por ejemplo, contamos 1.072 hombres por 880 mujeres). Consta que 60 encomenderos estaban casados con cacicas. ¿Y el resto de los varios miles de españoles que poblaban la isla? Se sabe que muchos de ellos vivían con mujeres indígenas, y de la época de Roldán y de Bobadilla hay testimonios de que muchos hasta tenían un harén de indias. La escasez de niños está relacionada indudablemente con la escasez de mujeres, y los cronistas dicen que el indio ponía además trabas a la procrea­ción. Es indudable que en 1514 la población indígena de la Española -unas 30.000 almas- estaba a un paso de la extinción. Pocos años después casi no quedaban indios, y casi tampoco quedaban colonos, ahuyentados por la miseria.

 

   El repartimiento de Alburquerque, con su cohorte de favoritismos, injusticias y venalidades, desencadenó la lucha entre dominicos y el poder temporal. Las Casas había llegado a la Española en 1502. En 1511 había acompañado a Velázquez en la Conquista de Cuba mientras fray Antonio predicaba contra las encomiendas en Santo Domingo. Luego, en 1514, se siente iluminado, vende sus tierras, pone en libertad a los indios que tenía en encomienda y se entrega, durante cincuenta años, incansable, heroico, fanático, manejando el ruego o el anatema, arrastrando burlas, amenazas y persecuciones, acusado de delirante, loco, bellaco, desvergonzado, revoltoso y sedicioso, y a pesar de fracasos, derrotas y humillaciones, a la lucha contra "la codicia insaciable" y "la innata ambición" de "los tiranos que comen la carne y beben la sangre de sus ovejas" y a su fervoroso apostolado: la defensa del indio, que para él era manso, dócil, débil, fiel, humilde, paciente, delicado, pacífico, tierno, sufrido, sin maldad ni doblez, sin rencor ni odio, sin soberbia ni ambición ni codicia. El P. Las Casas quería la conquista pacífica y una especie de república india bajo la tutela de los dominicos.

   La campaña de Las Casas, proseguida ante el rey y ante el cardenal Cisneros, determinó el envío, en 1516, de tres Padres Jerónimos para que pusieran paz en la isla. Las instrucciones que llevaban habían sido redactadas por el mismo Las Casas, con modificaciones del Cardenal y de su Consejo. Los Padres Jerónimos llegaron en diciembre de 1516; según algunos creían, para asegurar la libertad de los indios. Encontraron a los nativos "derramados por toda la isla e tan pocos en cada asiento, por estar todos divididos por las mismas e estancias de los castellanos, que no era posible ni convertirlos en buenos cristianos ni asegurar su procreación". Decidieron entonces reunirlos en pueblos de 400 ó 500, manteniendo las encomiendas. Las Casas, de nuevo inquieto, volvió a España con el propósito de mudar "el tiránico gobierno" de la encomienda por otra manera "razonable y humana" de regir los indios.

 

   El poder temporal, que no podía renunciar al indio -la principal, casi la única riqueza- , puso todos sus esfuerzos en conservar y aumentar la población indígena. Entonces, para relevar al indio del trabajo exterminador de las minas, y ante las demandas insistentes de los colonos, apoyados por los Jerónimos y por Las Casas, se intensificó el comercio negrero, practicado ya intermitentemente desde 1511, pero suspendido por temores políticos (24). El negro, más fuerte, más resistente, con mayor capacidad de adaptación a las formas europeas de trabajo, desplazó al indio. Los colonos preferían un negro a cinco indios. Para el cultivo de la yuca un indio fuerte podía hacer 12 montones diarios; un negro podía hacer 140 (25). Hacia 1520 escribía Fernández de Oviedo (Historia, 1, 141): ’’Ya hay tantos en esta isla, a causa destos ingenios de azúcar, que paresce esta tierra una efigie o imagen de la misma Ethiopía". En 1545 -cuenta Benzoni- muchos españoles de Tierra Firme estaban seguros de que los negros se iban a apoderar de la isla. En 1560, cuando apenas quedaban unos centenares de indios, había ya unos 20.000 negros. (26)

   El negro agravó la situación del indio aun desde otro punto de vista: las epidemias. A las enfermedades introducidas por el blanco, para las que el indio carecía de inmunidad (epidemias exterminadoras de sarampión o de viruelas), vinieron a agregarse las enfermedades africanas. Se ha dicho que la caballería invisible de los microbios ha hecho en toda conquista más víctimas que las armas. El antropólogo alemán Waitz ha llegado a atribuir a las viruelas el exterminio de la mitad de la población indígena de América. En diciembre de 1518, cuando los indios de la Española iban a abandonar las minas para ir a sus pueblos, los treinta pueblos en donde los Padres Jerónimos esperaban que se harían buenos cristianos y podrían procrear, "ha placido a Nuestro Señor -dicen los Padres de dar una pestilencia de viruelas que no cesa, e en la que se han muerto e mueren hasta el presente (10 de enero de 1519) casi la tercera parte de los dichos indios". Los oficiales y oidores reales, en carta al rey, calculaban el 20 de mayo de 1519 que de esa pestilencia había muerto más de la mitad de los indios.

   Las viruelas, el sarampión, el romadizo y cualquier enfermedad infecciosa cobran especial virulencia cuando son el sello de la conquista de una población desnutrida. La gran mortalidad de las epidemias en la Española es un síntoma de que la población indígena estaba derrotada. Frente a la extraordinaria receptividad para el germen, y ante los estragos de la enfermedad, el indio no tenía más defensa que los recursos de su magia.

   Los esfuerzos para salvar al indio fueron infructuosos. Irremediablemente, entró en franca extinción. Su vida espiritual (sentimientos, creencias, jerar­quías) estaba aniquilada, su sistema de vida desintegrado, sus clases dirigentes destruidas. Tuvo la sensación de su impotencia, de su inferioridad, de su esterilidad. La anarquía se adueñó de su mundo moral y psíquico. Lo que pasaba a su alrededor era superior a su capacidad intelectual. De su familia poligámica, de su desnudez, de sus placeres primitivos, se le quería llevar a la monogamia rígida, al trabajo forzado, a vestirse, a un Dios único. Se sintió abandonado por sus "zemíes" protectores. Su "perversidad" llegó entonces hasta el punto de negarse "a los deberes de la reproducción" o el usar hierbas para practicar el aborto. Para "sustraerse al trabajo" se suicidaba (con zumo de yuca brava, ahorcándose, despeñándose de las rocas o comiendo tierra), y lo hacían las familias enteras, grupos de 50 indios, y aún pueblos íntegros que "se convidaban a ello"; su crueldad llegaba hasta el punto de hacerlo "por pasatiempo" (27). Sin embargo, todavía fue capaz de una insurrección cruenta y larga: desde 1519 hasta 1533, Enriquillo, un indio educado por los francis­canos, con 4.000 indios según unos, con 50 según otros, dirigía la resistencia. Hubo que llevar 200 hombres de la Península y movilizar más soldados que los que acompañaron a Cortés en la conquista de Méjico. En 1542, cuando se dictaron las Leyes Nuevas, con disposiciones de favor para el indio antillano (28) -era el triunfo de Las Casas- , sólo quedaban para poner en libertad, porque los colonos alegaban que sus indios no eran los autóctonos, sino comprados en el continente y en otras islas.

 

   El proceso de la Española se repitió, con variantes, en Cuba y Puerto Rico. En las Antillas Menores, pobladas por indios belicosos, los caribes o caníba­les, el proceso fue más violento: la legislación permitió capturarlos, marcarlos a fuego en la frente, venderlos y hasta mandarlos a España. En último término, el mismo proceso de las Antillas españolas se cumplió luego en las francesas, inglesas, holandesas y danesas. ¿Era el indio antillano tan débil que su existencia constituía -como se ha dicho- "un milagro fisiológico"? Su historia prueba evidentemente que no. Además, la desaparición fue más lenta de lo que se cree. En Cuba quedaban indios casi en nuestros días, y también en Santo Domingo. Los últimos indios antillanos se diluyeron en la mezcla con el blanco y el negro.

   ¿Por qué se ha extinguido entonces en las Antillas mientras se conserva hasta nuestros días, con bastante vitalidad, el indio continental? Sin duda por su carácter de indio insular. El mismo proceso de extinción se ha cumplido ­como hemos visto- en grandes regiones del continente, desde el descubri­miento hasta nuestros días. En los Estados Unidos, en la Argentina, en todos los países, el indio ha sido arrojado hacia zonas del interior, hacia las tierras de renta más baja. El indio se ha visto obligado a replegarse hacia lo que hemos llamado zona nuclear. En las Antillas, prescindiendo de los indios que huyeron de isla en isla hasta el continente, en proporciones difíciles de determinar (29) -en el cual, por otra parte, se conservan restos densos del indio antillano- ese proceso tenía poco margen. La zona de extinción debía abrazar pronto todo el ámbito de las islas.

   Se explica así que mientras la población indígena del continente ha aumentado, al parecer, en sus cifras de conjunto, desde 1492 hasta la actualidad, en las islas del Mar Caribe no hayan quedado más que familias aisladas en las que el ojo experto puede reconocer, a través del mestizaje con el blanco y con el negro, un resto de la antigua población antillana.

 

   El proceso antillano no se puede generalizare a toda América, sino a la que hemos llamado zona periférica. De todos modos, el primer contacto entre el blanco y el indio fue fatal para el indio en toda la amplitud del continente. Lo fue en las regiones donde el contacto se produjo en forma pacífica, pero aún más en Méjico y el Perú, donde adquirió caracteres de gran violencia. La primera época fue sombría. La historia se detiene en los hechos que más impresionan: la persecución del indio con perros de caza, la venta de indios esclavos, marcados con hierro en la frente, ¿No se les llegó a negar el carácter de seres racionales, y no fue necesario que el Papa Paulo III afirmara, en su bula del 2 de junio de 1537, que los indios eran verdaderamente hombres, capaces de adoptar la fe de Cristo? Aun un espíritu bastante mesurado como el P. Toribio de Benavente, o Motolina, que era contrario a que se imprimieran las obras del P. Las Casas y escribía a Carlos V que "los indios desta Nueva España están bien tratados tienen menos pecho y tributo que los labradores de la vieja España, cada uno en su manera", analiza diez causas de la despoblación de la Nueva España, "diez plagas con que Dios hirió las tierras y los habitantes de Méjico"; Las epidemias, las guerras con los españoles, el hambre, los tributos y servicios de los indios, el trabajo de las minas, la esclavitud, etc. Un dominico, Fr. Domingo de Betanzos, profetizó la extinción de la raza indígena si continuaban los desastres. (30)

 

   Los testimonios son coincidentes en toda la extensión de América, y a veces se apoyan en cifras para presentar más gráfica y elocuentemente la destrucción de las Indias. Fuera de los círculos afectos al P. Las Casas, un cronista de Su Majestad, Francisco López de Gómara, dice que en las guerras civiles entre Pizarros y Almagros murió un millón y medio de indios. Nada se presta más para las cifras hiperbólicas que los cálculos de la mortalidad bélica. Y, sin embargo, no hay que olvidar que las huestes españolas nunca pasaron de varios centenares de hombres, y muchas veces no llegaron al centenar. En 1580 el padre jesuita Luis López, en Lima, dice que la guerra de Vilcabamba, en que se apresó a Túpac Amaru, y la guerra contra los chiriguanos se han hecho "con injusticia y mucha costa de indios y españoles y muertes, y particularmente la de los chiriguanes", A lo cual contestaba el Virrey Toledo: "solos murieron cuatro en entrambas guerras, y de indios no entiendo que murieron veinte: los ocho o diez mataron los indios de guerra, y los demás se murieron de sus enfermedades" (31). Más verosímiles son las cifras de la mortandad producida por las epidemias: en la mayoría de las provincias de Méjico -dice Motolina- murió la mitad de la gente de las viruelas introducidas en 1520 por el negro de Narváez; según Torquemada murieron 800.000 indios en la epidemia de 1545 y dos millones en la de 1576. Pero son siempre sospechosas las cifras inspiradas en el terror.

   Con todo, por más discutibles que sean los números, parece evidente que el contacto violento o pacífico, las epidemias, las guerras, la migración de pueblos a consecuencia de la conquista, el nuevo régimen de trabajo y de vida, y aun las arbitrariedades y abusos de autoridades y encomenderos, repercu­tieron desfavorablemente en el desarrollo de la población indígena en el siglo XVI. Pero ya hemos visto que ese contacto no fue simultáneo en todas partes, y hemos visto también, a través de cuatro siglos de historia indígena, que aun en las condiciones más desfavorables una población concentrada en núcleos densos, manteniendo casi intactas su cultura, su familia, su organización social, puede rehacerse después de la hecatombe inicial. George Kubler; que ha estudiado detenidamente el movimiento de la población mejicana en el siglo XVI, cree que ha habido un gran descenso de 1520 a 1545, un aumento apreciable de 1546 a 1575 y un período estacionario de 1577 a 1600 (32). Los hechos luctuosos no constituyen toda la historia. La acción indianófila de fuertes núcleos misioneros, que ganaron muchas veces para su causa a las autoridades y a la corona, el apostolado tan discutido del P. Las Casas y el apostolado indiscutido de Vasco Quiroga, la actitud generosa de una parte de los nuevos pobladores, las reformas administrativas y judiciales, la legislación protectora, y aun el matrimonio legal entre españoles e indias, junto a la necesidad de mantener el desarrollo de la población indígena. Sin dejamos llevar por la tentación de una leyenda negra o de una leyenda áurea -a ninguna de las dos se ajusta la historia del hombre, y menos la del hombre hispano­- hemos llegado a calcular una disminución de unos dos millones y medio de indios de 1492 a 1570, y una población americana de unos trece millones y medio en 1492.

 

 

CONCLUSIONES GENERALES

 

 

   Hemos seguido hasta ahora un camino inverso al de toda investigación histórica: desde la actualidad nos hemos remontado paulatinamente hacia el pasado. Desandemos ahora el camino recorrido. El desarrollo de la población indígena y el proceso demográfico de América desde la llegada del blanco se expresa en las siguientes cifras:

 

AÑOPOBLACIÓN INDÍGENAAUMENTO O DISMINUCIÓNPOBLACIÓN TOTAL% INDÍGENA
149213.385.000 13.385.000100%
157010.827.150- 2.557.85011.229.65096´41%
165010.035.000- 792.15012.411.00080´85%
18258.634.301- 1.400.69934.531.53625´10%
194016.211.670+ 7.577.369274.275.1115´91%

  

   Dentro de su valor relativo e hipotético, estos números constituyen un índice de la historia de América. La población indígena, sometida a un proceso continuado de extinción por el juego de diversos factores (epidemias de origen europeo, guerras de conquista, régimen de trabajo, sistema colonizador, alcoholismo, despojos y arbitrariedades, nuevas condiciones de vida, derrota material y moral, mestizaje), llega hasta nuestros días acrecida en número, pero muy mermada en su integridad racial. Pueblos enteros, hasta una cultura floreciente como la chibcha, han desaparecido casi sin dejar rastros. En la mayor parte del continente no quedan hoy ni las huellas del indio. Pero las cifras muestran al mismo tiempo un proceso acelerado de reestruc­tura étnica y cultural. Más que de una extinción del indio hay que hablar de una absorción del indio.

   Hace cuarenta siglos que un conjunto de pueblos, portadores de la lengua y de la cultura, penetraron en Europa. Por todos los procedimientos, desde la conquista pacífica hasta el exterminio, se superpusieron a los pueblos primitivos del continente, creando lo que llamamos hoy civilización occidental. La historia moderna de América no es más que una fase de ese mismo proceso. En cuatro siglos de expansión indoeuropea, el continente americano se ha incorporado al mundo occidental. Aun los grandes núcleos de la América india (Méjico, Perú) o de la América negra (Haití) viven, en su vida histórica, dentro de los moldes culturales, políticos y económicos de Europa. Desde luego, se han incorporado a la vida americana muchos elementos de la cultura material y espiritual del indio, en amplias zonas se conservan poblaciones indígenas casi intactas y en zonas aun más amplias el indio sobrevive en el mestizo ("el neo-indio"). Pero en su conjunto, culturalmente, aun más que étnicamente, el continente está ganado para la raza blanca.

   ¿Cabe esperar -como hoy tiende a afirmarse- un renacimiento de la cultura autóctona? Después de cuatro siglos de desintegración étnica, política, cultural y lingüística, parece evidente que no. Pero el indio no ha muerto. Si la cultura propiamente indígena quedó paralizada en su desarrollo desde el momento de la conquista, el indio se fue incorporando a la vida social y cultural de América, y su aportación fue fecunda desde la primera generación americana. Una figura del siglo XVI puede simbolizar esa fusión del alma americana con la cultura europea: el Inca Garcilaso de la Vega, hijo de conquistador y de princesa indígena, criado en el Cuzco hasta los veinte años entre duros conquistadores españoles y los restos de la destronada monar­quía incaica, y que supo, en la más pura y armoniosa lengua de Castilla, traducir los Diálogos de amor de León Hebreo, historiar dramáticamente la conquista de la Florida y reconstruir el pasado incaico y la conquista del Perú en sus magníficos Comentarios Reales, según Menéndez y Pelayo "quizá el único en que verdaderamente ha quedado un reflejo del alma de las razas vencidas".

   Parece que el porvenir está decidido, y que el pasado americano podrá, cuanto más, sobrevivir como matiz, como estilo, en la gran obra colectiva y universal de nuestra cultura.       .

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   - Sobre la población de América en la época de Colón. Comentario de Alberto Buela.

   Es sabido que hoy día uno de los temas y asuntos más aprovechados políticamente por el progresismo, tanto de izquierda como liberal, es el del indigenismo. No existe prácticamente ningún gobernante- nacional o provincial- de Nuestra América que no cante loas al mundo precolombino, a los indios, a los autóctonos, a los pueblos originarios.

   Ni que decir de los militantes políticos y los intelectuales del pensamiento único, el tema está comprado en bloque. Es como si una voz de orden venida del imperialismo yanqui dijera: "Así como para nosotros el único indio que vale es el indio muerto, para Uds. lo único valioso es: que todos sean o se declaren indios". Para apoyar este principio de dominación política y cultural nos han vendido, y nuestra intelligentsia ha comprado, la teoría del multiculturalismo que hace pedazos la poca unidad que hemos logrado luego de 500 años de existencia. Esta teoría ruin se expresa en el apotegma: la minorías tienen derechos por el sólo hecho de ser minorías, tenga o no algún valor lo suyo. Y así como es políticamente correcto criticar a los fumadores y a los cazadores de ciervos, por el contrario, es políticamente incorrecto criticar a cualquiera de las mil variantes del indigenismo americano.

   De acá se desprende la primera mentira mayúscula: la matanza de indios que realizaron los españoles fue de 120 millones según Escarrá Malavé, presidente de la comisión de relaciones exteriores del Congreso de Venezuela,  de 70 millones según el sociólogo brasileño Darcy Ribeiro y así siguen los números más inverosímiles.  Pero estas cifras son sólo suposiciones artificiosas teñidas por el odio a España y lo español producto de la "leyenda negra" creada por las oficinas políticas de Holanda e Inglaterra.

   El filósofo e historiador mejicano José Vasconcelos, nada hispanista, hace constar en su Breve historia de México que no había más de seis millones de indios en todo el norte de América, tesis que años después convalidarían las investigaciones del antropólogo W. Denevan.  Mientras que don Ángel Rosemblat, profesor de historia de América colonial y nada sospechoso de prohispanismo, estimó una población a la llegada de Colón de trece millones y medio para toda América. La que disminuyó en gran parte, no por las matanzas que ciertamente las hubo sobre todo en los primeros treinta años de la conquista,  sino,  por las epidemias que los españoles trajeron: gripe, viruela, sífilis, etc.

   Ángel Rosemblat nació en Polonia en 1902 en el seno de una familia judía y llegó a Buenos Aires a los seis años, realizó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, se perfeccionó en Europa y en 1946 se afincó en Venezuela contratado por ese gran pensador venezolano que fue Mariano Picón Salas, allí murió en 1984. Nosotros tuvimos ocasión allá por 1968 de asistir a varias de sus clases magistrales en la Universidad de Buenos Aires. El trabajo que acá publicamos pertenece al libro que le dio mayor fama internacional La población de América en 1492 de 1945 y que ha tenido múltiples reediciones. En este trabajo Rosemblat estudió el proceso demográfico de América desde la llegada de los europeos y para ello utilizó un original método "invertido cronológicamente", es decir, que fue desde nuestros días - donde contamos con datos más o menos ciertos-  hasta 1492, donde la incertidumbre es mayor. Pasó así de los datos comprobables desde 1940, 1825, 1650, 1570, 1492 hasta los datos menos ciertos o verosímiles.

   Este trabajo eximio de don Ángel de 1945, sobre el que siguió trabajando hasta las ediciones mejicanas de 1964 es de una erudición apabullante que hoy no se encuentra, y da al traste con la inmensa cantidad de trabajos posteriores a al suyo, que ni por asomo se aproximan en rigor metodológico ni en el manejo de las fuentes. Un signo más de la decadencia de nuestro tiempo.

 

(1) Historia de los indios de Nueva España, por Fr. Toribio de Benavente o Motolina, Edic. de Méjico, 1941, pág. 118: "Yo creo que después que la tierra se ganó, que fue el año de 1521, hasta el tiempo que esto escribo, que es en el año de 1536, más de cuatro millones de ánimas se bautizaron". En la pág. 121 hace el cálculo: De los sesenta sacerdotes franciscanos que hay, veinte todavía no habían bautizado, y de los cuarenta restantes calcula que cada uno ha bautizado cien mil o más, "porque algunos de ellos hay que han bautizado cerca de trescientos mil, otros hay de doscientos mil y a ciento cincuenta mil, y algunos que mucho menos, de manera que con los que bautizaron los difuntos y los que se volvieron a España, serán hoy día bautizados cerca de cinco millones" Y luego hace el recuento por pueblos y provincias de la manera siguiente: "A México y a sus pueblos, ya Xochimilco con los pueblos de la laguna dulce, y a Tlalmánaco y Chalco, Cuauhuáhuac con Ecapitztlán, y a Cuauhquechollan y Chietla, más de un millón. A Tezcoco, Otompay Tepepolco, Tollantzinco, Cuautitlán, Tallan, Xilotepec con sus provincias y pueblos, más de otro millón. A Tlaxcallan, la Ciudad de los Ángeles, Cholollan, Huexotzinco, Calpa, Tepeyacac, Zacatlán, Hueytlapan, más de otro millón. En los pueblos de la Mar del Sur, más de otro millón. Y después que esto se ha sacado en blanco se han bautizado más de quinientos mil, porque en esta cuaresma pasada del año 1536, en sola la provincia del Tepeyacac se han bautizado por cuenta más de setenta mil ánimas; por manera que a mi juicio y verdaderamente serán bautizados en este tiempo que digo, que serán quince años, más de nueve millones de ánimas de indios". Motolina alude a los debates producidos entre los frailes por el hecho de que los misioneros, que tenían que bautizar a veces dos y tres mil indios por día, abreviaban la ceremonia. Véase también a este respecto CLAVIGERO, Storia, IV, 282 (dice que según Motolina, entre 1524 y 1540 fueron bautizados en el Valle de Méjico y provincias vecinas más de seis millones de habitantes, y que él mismo bautizó 400.000, "de los que dejó el recuento escrito por su mano") Humboldt, Essai, edic. París, 1825,1,298, dice: "Todos los partidos estaban igualmente interesados en exagerar el estado floreciente de los países recién descu­biertos: los Padres de San Francisco se vanagloriaban de haber bautizado, desde 1524 hasta 1540, más de seis millones de indios, y, lo que es más, de indios que no habitaban más que las regiones vecinas a la capital". EZEOUlEL A. CHÁVEZ, Fray Pedro de Gante, le atribuye a Fr. Pedro el haber bautizado en la provincia de Méjico, con otros compañeros, más de 200.000 indios, "y aun tantos que ya no sabía el número: en un día 14.000 personas; a veces diez y a veces ocho mil" (cit. por GRANADOS, op. cit., 5) Fr. Martín de Valencia le escribía en 1531 al comisario general de la Orden franciscana, Fr. Matías Weynssen: ... "hablando con verdad, y no por vía de encareci­miento, más de un millón de indios han sido bautizados por vuestros hijos, cada uno de los cuales ha bautizado a más de cien mil" (TOROUEMADA, libro XX, cap. XVI, apud ROMÁN ZULAICA GÁRATE, Los franciscanos y la imprenta en México en el siglo XVI, México, 1939, pág. 86). GIL GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico de la primitiva iglesia de las Indias occidentales, Madrid, " pág. 25, afirma que los dominicos y franciscanos bautizaron en Méjico y sus contornos, de 1524 a 1539, 10.500.000 indios (lbíd.) Prescott dice que los misioneros pregonan que han convertido 9 millones de indios, "suma probablemente superior a la población del país" (cit. por CHASE, México, 102).

En 1609 el capitán PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS, en un Memorial dirigido a S.M. (Colección de documentos inéditos de L. Torres de Mendoza, Madrid, V, 507­511), dice lo siguiente: "Se tiene por cierto que cuando se descubrieron las Indias del Occidente había en ellas 30 millones de sus naturales ... ; no se deben tener por mucho los 30 millones de naturales que digo, pues yo mismo he escrito en un convento de San Francisco que está en un lugar que se llama Suchimilco, cinco leguas más acá de la ciudad de Méjico, que solos los frailes de su orden bautizaron 16 millones dellos, y éstos, juntados con los que bautizaron todos los otros sacerdotes y con los que no se bautizaron y con más 14 millones que se dice había en las islas Española, Cuba, Jamaica, Puerto Rico y otras, parece que serían 60 y más millones" (págs. 507-508). Casi los mismos términos se expresa Fr. BUENAVENTURA SALINAS, Memorial de las historias del Nuevo Mundo, Lima, 1631, pág. 291... : "Se dize en las historias de México que solos los frailes de S. Francisco baptizaron en aquellos reinos más de diez y ocho millones; y éstos sin los que baptizaron los otros sacerdotes y otros que no se baptizaron".

DÍEZ DE LA CALLE, Noticias sacras y reales de los dos Imperios de las Indias Occidentales, año 1657 (Ms. de la Biblioteca nacional de Madrid, nº 3.023-4, fol. 7 r.) dice: "En el gobierno de Méjico sólo los religiosos de la Orden de San Francisco le administraron el bautismo a 43 millones de indios, sin los que bautizaron los de Santo Domingo y el clero". Esta cantidad de 43 millones la da ya antes (¿hacia 1613?) el P. Fr. BAL TASAR MALDONADO, lector de Teología y custodio de la Provincia de San Pablo y San Pedro y calificador del Santo Oficio: los franciscanos en sólo el gobierno de Méjico bautizaron 43 millones de indios, sin los que bautizaron los dominicos, agustinos y el clero, y dice "que lo tiene averiguado con muy grande satisfacción", y que "ahora cinco años halló por los libros del rey que había solos 300.000 tributarios, que son 700.000, y que los hijos y personas que no tributan se podría a todo lo más poner un millón, que son 1.700.000, de lo cual se colige los muchos millones que han parecido con estos malos tratamientos en Nueva España, y cuán cerca están de acabar de perecer todos" (Nota marginal para reforzar el alegato de don Juan de Silva contra las encomiendas y servicios personales, Memorial de 1613, ms. de la Biblioteca Nacional de Madrid).

 

(2) HERNÁN CORTÉS, Cartas de relación de la conquista de Méjico, Madrid, 1922, pág. 49: "así nos llevaron peleando hasta nos meter entre más de cien mil hombres de pelea, que por todas partes nos tenían cercados...; otro día, en amaneciendo, dan sobre nuestro real más de ciento y cuarenta y nueve mil hombres, que cubrían toda la tierra". Cortés estuvo peleando una hora con los indios de Yucatán, "Y era tanta la multitud de indios -dice- que ni los que estaban peleando con la gente de pie de los españoles veían a los de caballo ni sabían a qué parte andaban, ni los mismos de a caballo, entrando y saliendo en los indios, se veían unos a otros"; "y preguntó el capitán de dichos indios ... que qué gente era la que en la batalla se habían hallado, y respondiéronle que de ocho provincias se habían juntado los que allí habían venido, y que, según la cuenta y copia dellos tenían, serían por todos cuarenta mil hombres". Pág. 61:100.000 tlascaltecas "muy bien aderezados de guerra" le custodian hasta dos leguas de Cholula. Pág. 63: 50.000 soldados de Moctezuma, etc.

Más moderado en general, aunque juega a veces con las cifras, es BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, ed. de Madrid, 1928. Anotamos los siguientes pasajes: Página 102 (capítulo XXXIV), en una batalla contra los indios de Tabasco, Diego de Ordaz dice que había 300 indios para cada uno de los españoles (algo más de 400x 300= más de 120.000); pág. 200 (cap. LXII), un escuadrón de 3.000 tlascaltecas; pág. 201 (cap. LXIII), dos escuadrones de guerreros, que habría 6.000; más de 40.000 guerreros tlascaltecas, con su capitán general Xicotenga; pág. 206 (cap. LXIV), el capitán Xicotenga traía consigo cinco capitanes, y cada capitanía 10.000 guerreros; pág.226 (cap. LXX), el capitán Xicotenga tenía apercibidos 20.000 guerreros escogidos; pág. 471 (cap. CXXVI), "los mejicanos tenían tantos escuadrones que se remudaban de rato en rato, que aunque estuvieran allí 10.000 Héctores troyanos y otros tantos Roldanes no les pudieran entrar ... "; "unos tres o cuatro soldados que se habían hallado en Italia ... juraron muchas veces a Dios que guerras tan bravosas jamás habían visto en algunas que se habían hallado entre cristianos y contra la artillería del Rey de Francia ni del Gran Turco"; pág. 496 (cap. CXXVI/I), Xicotenga hace juntar 30.000 guerreros tlascaltecas para ir en socorro de Cortés; etc. Es característico, para la significación de sus cifras, el siguiente pasaje: en fol. 139 v. del Ms. de Guatemala (pág. 299, col. a, de la edición crítica que preparó Ramón Iglesias en la Sección Hispanoamericana del Centro de Estudios Históricos de Madrid y que acaba de publicarse de manera fragmentaria) dice que salen al encuentro de Gonzalo de Sandoval sobre 15.000 mexicanos; primeramente había escrito 30.000, luego 20. 000 y, por fin, se decidió por 15.000. Correcciones de este tipo son frecuentes en el ms. Bernal.

Tiene más valor estadístico, como observa CLAVIGERO, Storia antica, IV, 281, 287, el recuento de los ejércitos aliados del conquistador (el conquistador Ojeda contó 150.000 indios aliados de Cortés, de Tlascala, Cholula, Tepeyacac y Huexotzinco, que se dirigen a cercar la ciudad de Méjico; Cortes afirma que más de 100.000 indios le acompañaban en la guerra contra Ouauhquechollan y más de 200.000 en el asedio de Méjico). Clavigero calcula así (III,202) que el ejército sitiador de Cortés llegó a sumar 240.000 hombres (sólo el rey de Tezcuco le envió 50.000). Agrega (1V,281) que durante el sitio murieron 150.000 nombres en la ciudad.

(3) CLAVIGERO, Storia, IV, 185, nota. Clavigero escribe hacia 1780 y dedica la Disertación VII, §II, de su Storia (Iv, 271-287) al estudio de la población del Anáhuac y a combatir la tendencia de PAW, Recherches philosophiques, y de ROBERTSON, Histoire, a reducir las cifras de la población mejicana (Paw consideraba una exagera­ción de los autores españoles atribuir 30 millones de habitantes a Méjico en 1518). Clavigero afirma que el valle de Méjico estaba al menos tan poblado como el país más poblado de Europa, con cuarenta ciudades enormes, y que la corona de Méjico tenía 30 grandes feudatarios con 100.000 vasallos cada uno y 3.000 señores con menor número de vasallos. Analiza también la población de la ciudad de Méjico y de otras ciudades. Véase nuestro Apéndice V.

La tendencia a engrandecer e idealizar el pasado indígena en forma más exage­rada en otro historiador mejicano, descendiente de los reyes de Tezcuco: FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL, Obras históricas, publicadas y anotadas por ALFREDO CHAVERO, Méjico, 1891: Págs. 57-58: según la historia de los toltecas (del período precolombino), en la guerra que sostuvieron contra los reyes rivales, murieron por ambas partes 5.600.000 personas, y era tal la población del reino tolteca "que hasta los muy altos montes estaban cubiertos de casa y sementeras, pues no había palmo de tierra que estuviese baldío"; págs. 82-83: en el año 1012 de nuestra era, Xólotl conducía 3.002.200 chimecas, hombres y mujeres, al valle de Méjico (el rey contó exactamente el número de invasores, dando una piedra a cada uno antes de la partida; en la pág. 286 dice 1.600.000 hombres); en la págs. 169-170 habla de muchos millones "de la gente común" de la nación Aculhua, y que había el doble de gente que cuando vino Cortés, que el más pequeño pueblo "que hoy ya no tiene ninguna persona", pasaba de 30.000 vecinos. Véanse además págs. 304 (500.000 hombres contra 200.000), 316, etc.

La misma tendencia a engrandecer e idealizar el pasado indígena se encuentra también en Las Casas y su escuela. También, desde luego, en el lnca Garcilaso: más de 300.000 indios presencian en el Cuzco la ejecución de Túpac Amaru en 1572 (Segunda parte de los Comentarios Reales, libro VIII, cap. XIX), cifra que queda reducida a 15.000 en ROBERTO LEVILLIER, Don Francisco de Toledo, 1, Buenos Aires, 1935, pág. 348, el cual se basa en otras fuentes. Y cuando FUENTES y GUZMAN (véase en nuestro Apéndice V, Centroamérica) cree que los reyes de Ouiché tenían, al llegar Alvarado, 1.400.000 hombres en estado de tomar las armas, exalta a la vez el pasado indígena y el valor de los conquistadores.

(4) Fr. JUAN DE ZUMÁRRAGA, obispo de Méjico, en carta del 12 de junio de 1531 dirigida al Capítulo general de su Orden reunido en Tolosa (cit. por CLAVIGERO, Storia, libro VI, §19). TORQUEMADA, Monarquía indiana, libro VII, cap. XXI, dice que según Fr. Juan de Zumárraga sacrificaban 20.000 niños por año, pero Clavigero dice que la cita es inexacta No hemos podido encontrar en Torquemada la cifra de 72.244 víctimas (construida sobre el sistema vigesimal azteca) que le atribuye FRIEDERICI, Der Charakter der Entdeckung und Eroberung, 255. Torquemada, libro VII, cap. XVII, dice que los mejicanos llevan la palma "en el horrendo modo y cruel acto de sacrificar hombres, de los cuales, si se pudiera dar cuenta cierta de los que desde su principio fueron hasta que por la misericordia de Dios cesaron, tengo para mí que se pudiera poblar otro Nuevo Mundo, tan poderoso y cuajado de moradores como lo era éste cuando entraron en él los españoles".

Las cifras de los diversos autores varían mucho. FRIEDERICI, op. cit., 1,255-256, recoge algunas: 1.000, 2.000, 2.300, 3.000, 5.000 y hasta 8.000 en un día, 20.000 por año, 80.400 con motivo de la consagración del gran templo de la ciudad de Méjico; Cortés admitía 3.000 a 4.000 por año y Torquemada 72.244, mientras que Las Casas decía que no pasaban de 50 por año. Véase también FRIEDERICI, en Festrchrift F. Seler, 114 y sigs.

Fr. DIEGO DURÁN, Historia de las Indias de Nueva España y islas de tierra firme, ed. de México, 1867, 430-431, después de describir las ceremonias de la coronación de Moctezuma y los sacrificios, dice: "había días de dos mil, tres mil sacrificados, y días de ocho mil, y otros de cinco mil, la cual carne se comían, y hacían fiesta con ella, después de haber ofrecido el corazón al demonio" (JOSÉ FERNANDO RAMÍREZ, que anota la edición, dice que eso sólo pasaba después de las guerras o en grandes solemnidades, y que aun en ese caso hay que rebajar las cifras; dice que hoy se conoce el ritual y se sabe el número ordinario de víctimas, según la festividad).

MOTOLlNIA, op. cit., se ocupa detalladamente de los sacrificios sangrientos, pero no da cifras globales (en la pág. 67 describe la fiesta del año en Tlascallan, en la que sacrificaban 800 hombres en la ciudad y provincia, etc.). FRANCISCO ANTONIO DE LORENZANA, Historia de Nueva España, 181, nota, dice que en Cholula se sacrificaban 6.000 niños por año.

CLAVIGERO, 1. C., resume las cifras de diversos autores: según el obispo Zumárraga sólo en la capital se sacrificaban anualmente 20.000 víctimas humanas; Gómara afirma que el número de sacrificados llegaba a 50.000; según Acosta había días, en diversos lugares del Imperio, en que se sacrificaban 5.000, y en alguno hasta 20.000; otros creen que sólo en el monte Tepeyacac o sólo en la capital, esa cifra le parece inverosímil. El número de sacrificados -dice- no era fijo, y estaba en relación con el número de prisioneros de guerra, las necesidades del Estado y la calidad de las fiestas (por ejemplo, en la consagración del templo mayor de la ciudad de Méjico la crueldad de los mejicanos sobrepasó todo lo verosímil). A los prisioneros de guerra hay que agregar los esclavos comprados expresamente y los delincuentes. Los sacrificios aumentaban en los años divinos y en los años seculares.

GEORGES MONTANDON, en la Enciclopedia Italiana, XII, 112-113 (s. v. cicli culturali), dice que los sacrificios humanos costaban entre los aztecas de Méjico 100.000 vidas por año, de donde deduce que esta civilización estaba condenada y que su destrucción por la conquista española era inevitable. Sobre los cautivos de guerra y los sacrificios sangrientos, véase también CARLOS BOSCH GARCÍA, La esclavitud prehispánica entre los aztecas, Méjico, 1944, pág. 91-105.

(5) Véase pág. 13, nota 1. El P. Nuix, Reflexiones imparciales, págs 13-14, para ilustrar las exageraciones del P. Las Casas extracta de su Destruición el siguiente resumen de los indios muertos por los conquistadores:

En Santo Domingo... 3 millones y más.

En San Juan, Jamaica, Cuba, Lucayas y otras islas... 3 millones.

En Nicaragua... 1 millón y más en sólo 14 años.

En Méjico... 4 millones y más en sólo 12 años.

En Honduras... millones y más en menos de 20 años.

En Guatemala... 5 millones y más

En Costa de Paria ... 2 millones y más.

En el Perú....4 millones y más.

Total ... 24 millones y más, sin contar los muchos millares exterminados en Quito, en el reino de Granada, en Popayán, Xalisco, costa de Santa Marta, etc., y los muertos después de esos 14 años en Nicaragua, de los 20 en Honduras y los 12 en Méjico.

Véase también ROMULO D. CARBIA, Historia de la leyenda negra hispano­americana, Buenos Aires, 1943. El P. Las Casas tenía una personalidad extraordinaria de escritor y de observador. Las cifras tienen para él un valor polémico y las maneja como arma. Desglosadas fríamente y convertidas en dato estadístico carecen en absoluto de valor.

Del mismo modo, Alonso de Zorita, enemigo de los tributos y de utilizar a los indios en los trabajos públicos, que eran para él una de las peores plagas de la Nueva España, dice que "pasó de dos millones la gente de peones y albañiles que se ocupó en hacer la albarada de Méjico", en cuatro meses o poco menos (Colecc. de doc. inéd. de Torres de Mendoza, 11, 115). FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL, Horribles crueldades de los conquistadores de México, México, 1829, pág. 19, dice que tardaron en hacer la zanja "50 días, más de cuatro mil cada día" (el editor corrige en el texto 40.000, considerando 400.000 como "yerro de pluma", en vista, sin duda, de la cantidad que trabajaba diariamente y de que en las págs. 13 y 16 habla de 60.000 hombres de Ixtlilxóchitl).

 

(6) La población está calculada dentro de los límites actuales. Damos al final, en nuestro Apéndice V, todos los datos y elementos bibliográficos que hemos podido reunir sobre esta época. Servirán para discutir el valor de nuestro cuadro y como aportación para estudios especiales.

(7) TORQUEMADA, en su Monarquía Indiana, y CLAVIGERO en su Storia antica del Messico, describen un periodo terrible de hambre en el reinado de Moctezuma, hacia el año 1453. El hambre duró tres años, y los mejicanos se alimentaban de raíces, hierbas, insectos y peces. El emperador permitió a sus súbditos emigrar para preservar la vida, y hombres y mujeres se vendían como esclavos para poderse mantener (CLAVIGERO, libro IV, 612; México a través de los siglos, 1, 558-559). Véase también CLAVIGERO, libro V, §7, sobre un período de hambre en las provincias del Imperio en 1504 por las guerras con los tlascaltecas y por la sequía. Además, RICARDO MOLINA SOLÍS, Las hambres de Yucatán, Mérida, 1935 (citado por Mendizábal, obra cit., 329) y CARLOS BOSCH GARCIA, La esclavitud prehispánica entre los aztecas, Méjico, 1944. Sobre epidemias prehispánicas trae abundante bibliografía KUBLER, obra cit., pág. 631.

No faltaban en América guerras de conquista y de exterminio, venta de esclavos, sacrificios sangrientos, antropofagia, división en clases y en castas, arbitrariedades e injusticias, epidemias y años de hambre y de sequía. Cuando Cortés llegó a Yucatán encontró gran cantidad de ciudades en guerra entre sí, diezmadas las poblaciones por las luchas, el hambre y la peste (Historia de América, dirigida por RICARDO LEVENE, edic. Jackson, 1,269).

No es simple azar que al llegar a los umbrales de los dos grandes imperios americanos el conquistador español se haya encontrado con la disensión y la guerra: aztecas y tlascaltecas, Huáscar y Atahualpa. Conocemos bastante las imperfecciones del régimen político y social europeo, lo cual no autoriza a idealizar el régimen precolombino. Las utopías sobre una edad de oro americana son expresión del espíritu utopista de la civilización occidental y tiene su fuente común en el sueño humano y universal en un pasado mejor.

 

(8) KARL SAPPER, Die Zahl und die Volksdichte der indianischen Bevolkerung in Amerika, en Proceedings of the twenty-first international Congress of Americanists, La Haya, 1924, págs. 95-102; ID., Der Kulturzustand der Amerikanisten- Kongresses, Hamburgo, 1934, pág. 73 y sigs.; ID., Beitrage zur Geographie und Geschchte der indianischen of agriculture in America, Proceedings of the 19th. International Congress of Americanists, Wáshington, 1917, pág. 269 y sigs.; RICARDO E. LATCHAM, La agricultura precolombina en Chile y los países vecinos, Ediciones de la Universidad de Chile, 1936; Id., Los animales domésticos de la América precolombina, Publicaciones del Museo de Etnología y Antropología de Chile, Santiago, 1922,/11; CLARK WISSLER, The American Indian, Nueva York, 1917 (págs. 1-40); A.L. KROEBER, Cultural and natural areas of native North America, Berkeley, 1939.

 

(9) Ensayo, 1, 147.

 

(10) Véase GASTAN BOUTHOUL, La population dans le monde, París, 1935, pág. 75; HUMBOLOT, Ensayo político de la Isla de Cuba,  133, 138 (Essai, 299: "Cook calculó en 100.000 el número de habitantes de la isla de Tahití los misioneros protestantes de la Gran Bretaña no suponían más que una población de 49.000 almas; el capitán Wilson la fija en 16.000; Turnbull cree probar que el número de habitantes no pasa de 5.000. Dudo que estas diferencias sean efecto de una disminución progresiva"). Todavía en la segunda mitad del siglo XVIII los testimonios sobre la población de París varían entre 500.000, 700.000 y un millón (CLAVIGERO, Storia, IV, 278, nota).

(11) Véase a este respecto el interesantísimo trabajo de RAMÓN IGLESIA PARGA, El hombre Colón, en Revista de Occidente, Madrid, Febrero de 1930, 156-192.

(12) SVEN LOVEN, Über die Wurzeln der tainischen Kultur, Gotemburgo, 1924, págs. 326 y sigs. ( edición, revisada y al día, en inglés: Origins of the Tainan Culture, West Indies, Gotemburgo, 1935, cap. VI, pág. 350 y sigs.).

(13) Colón -nada parco en sus cálculos- alcanzó cuanto más a ver (cerca de Puerto de Paz, en la costa norte de la actual República de Haití) una población de 1000 casas y 3000 habitantes (cfr. por SVEN LOVEN, op. cit., pág. 336 de la versión inglesa).

Sven Loven habla también de la abundancia de peces en los ríos y costas, y de roedores y aves. Pero dice que no practicaban la gran caza y que su alimentación procedía fundamentalmente del suelo.

(14) Véase nuestro Apéndice V la población de la Española.

(15) Memorial de Hernando de Gorjón acerca de la despoblación de la Isla Española, en Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquis­ta y colonización, Madrid, 1864,  428-429. En el mismo volumen hay numerosos documentos que atestiguan los dos momentos, el apogeo y la decadencia de la isla.

(16) Véanse GEORG GERLAND, Das Aussterben der Naturvolker, Leipzig, 1868; RENE MAUNIER, Les causes de la dépopulation des indigines dans les colonies, en Actas del Congreso Internacional de Estudios sobre la Población, Roma, VI, 1934, 235 y sigs. (con bibliografía); CARR-SAUNDERS, Población mundial, Méjico, 1939, pág. 304; RODOLFO BARÓN CASTRO, La población de El Salvador, Madrid, 1942, págs. 130-132; Indians at Work, Nueva York, enero-febrero de 1944, n95, págs. 1-5.

(17) FERNANDO ORTIZ, Historia de la Arqueología Indocubana, Habana, 1922, resume los trabajos sobre arqueología cubana, especialmente los de Fewkes y Harrington.

(18) En un Memorial del 30 de enero de 1494 Colón anunciaba a los Reyes Católicos el envío de hombres, mujeres, niños y niñas para que fueran puestos en poder de personas que les enseñaran la lengua castellana y los ejercitaran en cosas de servicio, poniendo en ellos "algún más cuidado que en otros esclavos", para que dejaran de comer carne humana y se bautizaran. Colón pedía que se autorizara el comercio de caníbales, al menos durante un año o dos años, hasta que la colonización se arraigara. El 24 de febrero de 1495 envió a España, desde la Española, un cargamento de 500 esclavos de 12 y 35 años, que llegaron a la Península en abril; los Reyes ordenaron la venta, preferentemente en Andalucía (Cédula del 12 de abril de 1495), pero en seguida concibieron dudas sobre la legitimidad de la venta, y al día siguiente decidieron consultar a una junta de teólogos y juristas (Cédula del 13 de abril de 1495); en tanto, la venta se hizo, y se entregaron al menos 50 para las galeras. El 24 de marzo de 1495 Colón hizo más esclavos, luchando en la Vega Real contra el cacique Caonabó. En junio de 1496 Francisco Roldán, que quedó de Alcalde Mayor por haber regresado Colón a España, envió a Cádiz 300 indios. Al volver Colón a la Española habló de la posibilidad de vender 4.000 indios y obtener 20 cuentos. La sublevación de Roldán intensificó el tráfico; Colón envió en octubre de 1498 otro cargamento de indios, y además entregó indios a los maestres, para cubrir los fletes, y cada pasajero. Cuando los indios llegaron a España y lo supo la reina Isabel, "recibió grandísimo enojo y dijo que el Almirante no tenía su poder para dar a nadie sus vasallos"; una Cédula de Granada, 20 de junio de 1500, ordenó la libertad de los indios y la restitución a los lugares de origen. Cristóbal Guerra cautivó también indios en la isla Bonaire y los vendió en Sevilla, Cádiz, Jerez y Córdoba en 1501; por Cédula Real se dispuso el rescate de todos los indios y el regreso a la isla de origen. Una Cédula Real de Segovia, 30 de octubre de 1503, prohibió que nadie cautivara indios para llevarlos a España ni a ninguna otra parte, pero los caníbales, que habían sido requeridos y evitaron ser doctrinados, que agredían a los españoles, que idolatraban y comían carne humana, podían ser cautivados y vendidos en otras tierras, en España inclusive.

Por esta excepción se explica que haya noticias de venta de indios en España por aquella época, aun de indios de la Española, que no eran caribes. En 1511 se repite la prohibición de llevar indios esclavos de la Española a los reinos de Castilla, para evitar la despoblación y el desvío de las minas, y el 23 de diciembre de ese mismo año el rey D. Fernando, al autorizar la captura y venta de los indios caribes de las otras islas, prohíbe que se los saque de las Indias. No deben haber cesado los envíos, a juzgar por los hechos siguientes, que parece que no se refieren ya a las Antillas; en agosto de 1529 los oficiales de Sevilla recibieron la orden de exigir la certificación del estado legal de los indios esclavos que se introdujeran; en diciembre de 1531 se les ordenó visitar los navíos para evitar introducciones clandestinas; en enero de 1536 se les encargó revisar los títulos para aceptar o prohibir el desembarco; en marzo de 1536 y abril de 1538 se ordenó a las justicias de España que reconocieran el estado de esclavitud de los indios cuando exhibieran la prueba respectiva; en mayo de 1549 se comisionó a los oficiales de Sevilla que libertaran a los indios existentes en España; en agosto de 1549 se mandó que aunque los indios hubieran sido dados por esclavos, si volvían a pedir libertad fueran oídos y se les hiciera justicia, y que el fiscal de la Casa de Contratación de Sevilla fuera su procurador; en junio de 1555 se dispuso que el asesor de la Casa de Contratación actuara como letrado y el fiscal como procurador en la comisión conferida al tesoro Francisco Tello para entender en la libertad de los indios. Complementariamente, una Cédula de Valladolid, 23 de septiembre de 1543, prohibió la conducción por mar de los indios libres o esclavos de unas provincias a otras de las Indias.

Resumimos estas noticias del estudio de SILVIO ZAVALA, Los trabajadores antillanos del siglo XVI, en la Revista de Historia de América, n92, junio de 1938, págs. 32-35, 38-40.

(19) Incorporando a la Recopilación de leyes de Indias, ley 1, título X, libro VI. (20) Los dominicos protestaron contra ese traslado de indios. Los dominicanos de la Española escribían en 1519 que se despoblaron más de 40 islas de Lucayos y tres de Gigantes, tomando en total 50, 60 ó 70.000 indios; aun admitiendo -dicen- que no se introdujeran más de 20.000, no quedaban vivos ni 800. Fray Pedro de Córdoba, basándose en el testimonio del P. Las Casas, decía que se llevaron a la Española más de 30 ó 40.000 indios de las Islas de Lucayos y Gigantes y no quedan 5.000 (citado por SILVIO ZAVALA, Los trabajadores antillanos, 47, que cree que esas cifras eran elementos de protesta).

También se enviaron a las islas muchos indios esclavos de Pánuco en la época de Nuño de Guzmán, hasta que lo prohibió la segunda Audiencia de México, en 1530. (Ibíd., 50).

(21) Véase SERRANO y SANZ, op. cit., Y SILVIO A. ZAVALA, La encomienda indiana, Madrid, 1935, págs. 1-39.

(22) Damos a continuación un fragmento del sermón que hizo temblar al almirante Diego Colón y a los funcionarios y encomenderos de la Española: "Soy voz de Cristo, en el desierto desta isla ... Esta voz es que todos estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid: ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban  en sus tierras, mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quién los doctrine y conozcan a su Dios y Criador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos no son hombres?, ¿no tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos, que carecen y no quieren la fe de Cristo" (El texto del sermón lo ha reconstruído el P. Las Casas en su Historia de las Indias, libro III, cap. IV; con algunas variantes figura en las Obras de Manuel José Quintana, ed. Rivadeneyra, tomo XIX, págs. 504-505). El P. Las Casas describe la honda repercusión de las palabras del P. Montesinos.

(23) El texto, descubierto recientemente, ha sido publicado por varios autores: ROLAND D. HUSSEY, "Text of the Laws of Burgos: 1512-1513, concerning the  treatement of the Indians", en la Hispanic American Historical Review, 1932; LESLEY BIRD SIMPSON, Studies of the administration of the Indians in New Spain, Berkeley, 1934, Ibero-Americana, n 7; RAFAEL ALTAMIRA, El texto de las Leyes de Burgos de 1512, en la Revista de Historia de América, nº 4, diciembre de 1938,5-77.

Para estos comienzos de la legislación indiana y para la época posterior véanse además los siguientes trabajos: DIEGO LUIS MOLlNARI, Las encomiendas y la esclavitud en Indias, 1501-1516, Introducción a la reproducción en facsímil de las Leyes y ordenanzas nuevamente hechas, Instituto de Investigaciones Históricas, Biblioteca Argentina de Libros Raros Americanos, tomo 1, Buenos Aires, 1923; Id., Introducción a la edición de las Confirmaciones Reales (Ibíd., tomo f); RÓMULO CARBIA, Los orígenes de Chascomús, 1752-1825. Con una introducción sobre el problema del indígena en América durante los siglos XVI a XVIII, La Plata, República Argentina, 1930; RAFAEL ALTAMIRA, La legislación indiana como elemento de la historia de las ideas coloniales españolas, en Revista de Historia de América, México, marzo de 1938, págs. 1-24; GENARO VÁZQUEZ, Legislación para los indios (Reco­pilación de las Leyes de Indias, estudio repartido en el Congreso Indigenista america­no); LUIS AZNAR, Legislación sobre indios en la América hispano-colonial, en Humanidades, La Plata, XXV, 233-274; SILVIO ZAVALA, Los trabajadores antillanos en el siglo XVI, en la Revista de Historia de América, nº 2, junio de 1938, 31-37; nº 3, septiembre de 1938, 60-88; nº 4, diciembre de 1938, 211-216; etc. Véase también sobre la encomienda y mita la bibliografía que damos en las notas de las páginas 61y 62.

(24) Negros penetraron en América desde las primeras expediciones, como esclavos de los navegantes. Pero el tráfico es más tardío. Un Real Decreto de 1502 permitió introducir negros esclavos en Santo Domingo, pero los Reyes Católicos prohibieron la introducción en 1503, para evitar la propagación de la idolatría. Los primeros negros no llegaron hasta 1508. Las reales cédulas del 22 de enero y 15 de febrero de 1510, de Fernando el Católico, inauguran la trata. Una cédula del 22 de julio de 1513, impone la licencia. En 1516 el Cardenal Cisneros dio permiso para llevar negros esclavos a las Indias. En 1517, muerto el Cardenal, Carlos V dio otras licencias, y después de algunos trámites concedió al gobernador de Brescia una licencia por 4.000 esclavos, el cual la vendió a los genoveses. En 1518 concedió también unas licencias menores (400, 50, 10,20). En 1523 se concedió permiso para llevar a 1.500 negros a la Española, 300 a Cuba, 500 a Puerto Rico, 300 a Jamaica y 500 a Castilla del Oro. Luego hubo un abuso de licencias, sin contar el tráfico clandestino. Véanse ILDEFONSO PEREDA VALDES, Negros esclavos y negros libres, Montevideo, 1941; ALBERTO ARREDONDO, El negro en Cuba, La Habana, 1939; DIEGO LUIS MOLINARI, La trata de negros. Datos para su estudio en el Río de la Plata, Prólogo al tomo VII de los Documentos para la historia Argentina, publicados por la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 1916,97 págs.; AGUSTÍN ALCALÁ y HENKE, La esclavitud de los negros en la América española, Madrid, 1919; ARTHUR RAMOS, Las culturas negras en el Nuevo Mundo, Méjico, 1943 (comentado por Román Beltrán en Cuader­nos Americanos, Méjico, marzo-abril de 1944, págs. 149-154; Actas capitulares del Ayuntamiento de la Habana, con un estudio de Emilio Roig de Leuchsenring, 1, Habana, 1937, págs. 113-119.

El tráfico existía, pues, antes de la intervención del P. Las Casas. Los jerónimos, el 22 de junio de 1517, aconsejaron al Cardenal Cisneros la introducción de "negros bozales" en las Antillas. Abundan en esa época los clamores sobre la falta de indios y su capacidad para el trabajo, y las demandas a favor de la introducción de negros. De esos clamores se hace eco el P. Las Casas: "Y porque algunos de los españoles desta isla dijeron al clérigo Casas, viendo lo que pretendía y que los religiosos de Santo Domingo no querían absolver una docena de negros esclavos, abrirían mano de los indios; acordándose desto el clérigo, dijo en sus memoriales que le hiciese merced a los españoles vecinos dellas de darles licencia para traer de España una docena, más o menos, de esclavos negros, porque con ellos se sustentarían en la tierra y dejarían libres los indios. Este aviso de que se diese licencia para traer negros a estas tierras odió el primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses los toman y hacen esclavos; el cual, después de que cayó en ello, no lo diera por cuanto había en el mundo, porque siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, porque la misma razón es dellos que de los indios". (LAS CASAS, Historia de las Indias, libro III, cap. CII).

(25) CARLOS PEREYRA, Historia de la América Española, vol. V; Cap. 11.

(26) El licenciado Echagoyan escribe a Su Majestad en 1561 que en la Española había más de 30 ingenios de azúcar; dos de esos ingenios tenían más de 900 negros, y los demás a 200, 300, 100 y 150; sólo el mayordomo y algunos maestros eran españoles; calculaba que en las estancias e ingenios y en la ciudad había 20.000 negros (citado por SILVIO ZAVALA, en Revista de Historia de América, nº 4, diciembre de 1938, 214).       .

(27) J. WISSE, Selbestmord und Todesfurcht bei den naturvolkern, Zutphen, 1933, págs. 207-220 (el suicidio en las Antillas). El supuesto suicidio comiendo tierra podría ser un síntoma de anquilostomiasis, enfermedad introducida por los negros, o bien una manifestación de geofagia, bastante frecuente entre los indios de América (véase Tierra firme, /1, 1936,259-266).

Dice Fernández de Oviedo: "Muchos dellos, por su passatiempo, se mataron con ponzoña para no trabajar, y otros se ahorcaron con sus manos propias, y a otros se les recrescieron tales dolencias... que en breve tiempo los indios se acabaron" (Historia, Parte 1, libro III, cap. VI, pág. 71).

El suicidio colectivo, que se practica entre numerosos pueblos, pudo tener valor de una venganza de orden mágico contra el conquistador.

(28) Dicen expresamente: "Es nuestra voluntad y mandamos que los indios que al presente son vivos en las islas de San Juan y Cuba y la Española, por agora y el tiempo que fuere nuestra voluntad, no sean molestados con tributos ni otros servicios reales ni personales ni mixtos más de como lo son los españoles que en las dichas islas residen, y se dexen holgar para que mejor puedan multiplicar y ser instruidos en las cosas de nuestra santa fe católica, para lo cual se les den personas religiosas cuales convengan para tal efectos (Leyes y ordenanzas nuevamente hechas para la gober­nación de las Indias, ed. 1603, pág. 9, reproducción en facsímil, Buenos Aires, 1923).

Yen cuanto a los indios de toda América las Nuevas Leyes disponen: "Ordenamos... y mandamos que de aquí adelante por ninguna causa de guerra ni por otra alguna, aunque sea a título de rebelión, ni por rescate ni de otra manera, que no se pueda hazer esclavo indio alguno, y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son (Ibíd., pág. 12)

Ya se sabe que estas Leyes produjeron la revuelta de Gonzalo Pizarra y la guerra civil en el Perú. En la Nueva España el virrey D. Antonio de Mendoza suspendió su aplicación, y lo mismo Díez de Armendáriz en la Nueva Granada.

(29) DU TERRE, op. cit., //,363, dice (2ª ed.) que por informes de M. de I’Olive, sieur de la Ramé y de los habitantes más viejos de "nuestras islas había dicho en la 1ª edición que los habitantes de las Antillas francesas eran restos de las matanzas de los españoles en cuba, la Española y Puerto Rico; por ahora dice que ello no está lejos de lo verosímil como cree el sieur de Rochefort. HUMBOLDT, Ensayo político sobre la isla de Cuba, 1, 136, dice que si es cierta la afirmación de Gómara de que en 1545-1564 ya no existía ningún indio, "es absolutamente preciso convenir que los que se escaparon a la Florida en su piraguas eran restos muy considerables de aquella población, creyendo según antiguas tradiciones, volver al país de sus antepasados". ABBAD, op. cit., 122, dice que los indios de P. Rico desampararon la isla (hacia 1530), pasándose a las circunvecinas de Mona, Monico, Vieques y otras de la costa, donde se alimenta­ban con la pesca y algunas cortas sementeras. El informe del capitán Melgarejo dice que, al conquistarse la isla, una porción de los indígenas se pasó a otras islas con los caribes (Brau, P.Rico y su hist., 313). IGNACIO J. DE URRUTlA y MONTOYA, Teatro histórico, jurídico y político-militar de la Isla Fernandina de Cuba, en Los tres primeros hist. de la isla de Cuba, //, Habana, 1876, 109-110, habla de muchos indios que de la Española se retiraron a la isla de Cuba, entre ellos el cacique Hatuey. En nuestro Apéndice III  hemos mencionado ya la suerte de los caribes de Dominica y S. Vicente transportados a la América Central.

(30) FRAY TORIBIO DE BENAVENTE, Historia de los indios de la Nueva España, ed. de Méjico, 1941, págs. 15-22; AGUSTÍN DÁVILA PADILLA, Historia de la fundación de la provincia de Santiago, México, 2ª ed., Madrid, 1625, pág. 100 (apud KUBLER, obra cit., 606).

(31) Véase PIETSCHMANN, Geschichte des Inkareiches, Berlín, 1906, pág. LXXI, nota 3.

(32) GEORGE KUBLER, Population movements in Mexico 1520-1600, en The Hispanic American Historical Review, noviembre de 1942, págs. 606-643.

CAFETERÍA CATHOLIC

CAFETERÍA CATHOLIC

Alberto BUELA

 

   Como todo el mundo sabe, el clan de los Kennedy en Estados Unidos es un clan católico, a su manera pero católico al fin. Y es dentro de este clan que surgió la expresión del título del artículo que podemos traducir como: católico a la carta (1). El título es así nomás con una palabra en castellano y otra en inglés. ¿Será indicio de la colonización del castellano sobre el inglés? Deo volente.

   La expresión engloba a todos aquellos católicos, o mejor, sedicentes católicos que seleccionan de los dogmas y enseñanzas de la Iglesia aquellos en que quieren creer y dejan los otros de lado. Así el divorciado irá a comulgar y dejará de lado su situación, el abortista, abortará y se dirá católico. En nuestro país el caso emblemático es la diputada Lilita Carrió, católica portadora de un crucifijo al cuello más pesado que collar de melones, que cuando llegó la hora de votar a favor o en contra del gaymonio se abstuvo porque no quería aparecer de acuerdo con la Iglesia. Ni que decir del centenar y medio de diputados, nominalmente católicos la mayoría, entre los que estaba Kirchner el ex presidente, transformados en adalides del matrimonio homosexual.

   Esto es "cafetería catholic" y estos son nuestros dirigentes peronistas ortodoxos, peronistas disidentes, peronistas kirchneristas, peronistas revolucionarios como Pino Solanas, socialistas, democristianos, conservadores y liberales. Sin contar con el apoyo explícito e irrestricto de las madres de Plaza de mayo, los piqueteros y el secretario general de la CGT para quien "los gays trabajan más que nosotros".

   Para la sanción de esta ley no se abrió ningún debate en nuestra sociedad, como ocurrió meses atrás con la ley de medios. Todos los factores de poder consensuaron en que la ley debía ser sancionada. La colectividad judía, la más poderosa de la Argentina, guardó silencio de radio, mientras que la Iglesia sólo ensayó una tímida advertencia.   

   ¿Podemos sacar alguna explicación para poder terminar con alguna conclusión? Vamos a intentarlo.

 

 

   Es conocido que existen dos Apocalipsis: el conocido de San Juan y uno breve de San Pablo (II Tes.6-9). Es de este último que nos vamos a ocupar. San  Pablo emplea allí la teoría del katechón, en griego impedimento u obstáculo, para señalar que hay que impedir la venida e instauración del reinado de Satanás en este mundo. Hoy diríamos que hay que evitar la llegada de los males pues éstos se multiplican más rápidamente que los bienes. Y él distingue allí además  "qué se retiene o impide" (la llegada de Satanás), "quién lo impide o retiene" (la Iglesia). Los antiguos teólogos como San Agustín de Hipona vieron en el Imperio Romano el katechon, otros teólogos vieron en la evangelización de todos los pueblos el impedimento al Anticristo. Y así siguió la historia.

   Hoy en día  ya no tenemos más vigente al Imperio Romano, la Iglesia católica está como perro cascoteado con esto de la pedofilia y además ha perdido, al menos en Argentina, el rumbo y sentido de su acción apostólica. Es que ella misma se ha transformado con los años respecto de las enseñanzas de Roma en una Cafetería Catholic. Las sectas, las iglesias protestantes, los cultos le han pasado por arriba. Quedan a lo más unos curitas en las villas, que con el tiempo se terminan acollarando con alguna criollita linda. La Iglesia desde un punto de vista profano está liquidada, habrá que ver si Dios tiene previsto algo mejor para ella.

   ¿Qué quedaba, al menos en la sociedad argentina, que pudiera presentarse como kathechon a la venida de los males? Lo poco que nos restaba del Imperio Romano, parte del sistema de leyes que nos gobiernan, una de las cuales es la ley de matrimonio (matri=madre) y de propiedad privada o patrimonio (pater=padre). De modo tal que esta ley de "matrimonio homosexual" o gaymonio, da al traste (nunca mejor el término) con la ley de matrimonio, entendido desde los lejanos tiempos de Roma hasta ayer nomás, como la unión de un hombre y una mujer con el objeto de tener hijos y formar una familia para que ésta, integrada a otras, conforme la comunidad política nacional.

   ¿Qué nos está permitido esperar a los argentinos? Que como somos un pueblo mistongo, como solía decir Castellani, ni siquiera se barrunta una nueva Sodoma. Va a resultar algo de una hibrides lamentable, todo mezclado por la calle como el tango Cambalache de Discépolo: don Bosco con Napoleón y Carnera con San Martín. Travestis y travestas, gays y gayas, primogenitor A y B, y pobres chicos y chicas yendo al colegio diciendo que su mamá se llama Ramón.

   Lo más lamentable que este zafarrancho político institucional de proporciones de difícil estimación, por la enormidad desproporcionada del error, no lo paga nadie, no lo paga ningún adulto sino que sus víctimas van a ser los pobres niños y niñas inocentes y desprotegidos de la sociedad.

   Heidegger, seguramente el filósofo más significativo del siglo XX, cuando las tropas rusas estaban a las puertas de Berlín, dijo: que el final no se demore.

 

 


 (1) Cfr. El excelente artículo de Aurelio Agustino: Ted Kennedy, o los estragos del catolicismo a la carta, en Razón Española Nº 158, Madrid, nov-dic. 2009

JOSÉ LUIS CONOCE A NAPOLEÓN

JOSÉ LUIS CONOCE A NAPOLEÓN

Juan V. OLTRA

  

 

   Harto de dar vueltas en la cama, mareado por los problemas que sus colaboradores ponían sobre su mesa, José Luis decidió levantarse.  

   Pepiño y Maritere, que fueron los últimos en irse, le dejaron sobre la mesa de trabajo un buen número de papeles que tenía que revisar. Decidido a no perder más tiempo a la captura de un sueño que se escapaba, se encaminó al despacho tras calzarse las pantuflas para poder ir adelantando algo y ahorrar tiempo al día que aún ni se anunciaba.

   De camino, aún aturdido por las nieblas de la noche, tropezó con una gran librería que, en el pasillo, almacenaba todos esos textos que sus predecesores en el cargo habían adquirido para dar lustre al despacho, aunque nunca los hubieran abierto, ni siquiera desprecintado, pero que a él incluso incomodaban por su mera presencia. Del anaquel más alto, se le cayó en la cabeza "El príncipe", comentado por Napoleón. Frotándose levemente el chichón que esa encuadernación noble le había causado, entró en el despacho y, apenas cerró la puerta, escuchó un roce sobre su moqueta. No estaba solo.

 

    - ¿Sonso, ¿eres tú?

 

 

   No encontró respuesta. Encendió el flexo de su mesa y lo vio. Notó que el corazón se le escapaba por la boca al reconocer esa silueta, esa imagen tan reproducida a lo largo de la historia, esa mano en el pecho...

   Salió de su sopor, balbuceando "es absurdo, es absurdo", cuando escuchó a Napoleón decir...

 

N: En política, un absurdo no siempre es un obstáculo

JL: No, no puedes ser tú, es increíble...

N: La credulidad reside en nuestra naturaleza imperfecta

JL: Que vengas a visitarme me alegra, me da un espaldarazo definitivo como gobernante

N: Me siento solidario con todo, desde Clodoveo hasta el comité de salud pública 

JL: Aun así, me siento conmovido y agradecido, porque...

N: El hombre de Estado no tiene derecho a ser sentimental. 

JL: Vale, perdona. Justo estos días estoy muy preocupado por los ajustes económicos que he tenido que hacer...

N: Nada más difícil que decidirse.

JL: Dije muchas cosas de las que ahora debo arrepentirme, ¿sabes?

N: La mejor manera de tener palabra es no darla nunca.

JL: Los sindicatos, a los que tanto he dado, ahora están enfadados.

N: La ingratitud es el defecto más vil del corazón humano.

JL: Yo creía que tendrían en cuenta la situación, el esfuerzo necesario, el...

N: Las naciones, como la historia, sólo tienen en cuenta los acontecimientos.

JL: Bueno, de todas formas, con esto lo que hago es salvar la situación. La historia ésa que mencionas me considerará un gran líder.

N: De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso.

JL: ¡Pero si ni siquiera he tomado todas las medidas que me recomendaban!

N: Es lo mismo hacer las cosas a medias que no hacerlas. 

JL: ¡Pero yo no podía hacer todo eso! ¡Entonces si que me crucifican!

N: No atreverse significa no hacer nada valioso. 

JL: ¡Sí me atrevo! He explicado a todo el mundo que nos esperan días duros, que...

N: Sólo se puede gobernar un pueblo ofreciéndole un porvenir. Un jefe es un vendedor de esperanzas.

JL: ¿Me sugieres que les mienta?

N: La mentira pasa, la verdad permanece.

JL: Menos mal; una cosa es que me llamen tonto, otra mentiroso o malvado.

N: Cuando se ha sido pérfido, uno no puede convertirse en tonto. 

JL: Hacer lo que tengo que hacer, sin al menos maquillar la verdad, es imposible, créeme.

N: Lo imposible es el refugio de los cobardes.

JL: Tendría que hacer cosas que dirían que son inmorales.

N: Lo más inmoral es desempeñar un oficio que no se conoce.

JL: Al menos me reconocerás que hasta ahora mi gobierno ha brillado.

N: Un gobierno nuevo tiene que deslumbrar y sorprender; cuando deja de brillar, cae. 

JL: Además del pueblo, tengo a Su Majestad de mi lado, sus últimas declaraciones...

N: Los reyes sólo aprecian a aquellos que les resultan útiles, y sólo mientras lo son.

JL: ¿Útil yo al Rey? 

N: Hay dos palancas para mover a los hombres: el miedo y el interés.

JL: Bah, de todas formas, siempre tendré a los míos, a mi partido, ayudándome...

N: Gobernar por un partido significa, tarde o temprano, depender de él; ¡A  mí no me cogerán! Soy nacional. 

JL: ¿Insinúas que sólo atiendo a sus razones?

N: Aquél que lucha contra su patria es un hijo que mata a su madre.

JL: La gente se queja en la calle, pero no hay mejor manera de gestionar.

N: Mi política consiste en gobernar a los hombres como la mayoría quiere ser gobernada. Creo que ésa es la manera de reconocer la soberanía de un pueblo. 

JL: Eso es lo que intento hacer. Por eso respondí al clamor popular colocando a la Iglesia Católica en su sitio.

N: Una sociedad sin religión es como un barco sin brújula. 

JL: Discrepo. La religión en general es una mentira que...

N: La religión atribuye al cielo una idea de igualdad que impide que los ricos sean masacrados por los pobres. 

JL: Yo soy ateo, no me hace falta ese apoyo.

N: El ateismo ha sido un principio destructor de toda organización social que niega al hombre toda posibilidad de consuelo y toda esperanza.

JL: No me hacen falta los curas para eso.

N: La religión cristiana será siempre el apoyo más sólido para el gobierno que sepa cómo servirse de ella.

JL: Insisto, podemos sustituir esa estructura clásica.

N: Los conquistadores hábiles nunca se enemistan con los sacerdotes. 

JL: Me hablas de una institución con los días contados.

N: Los pueblos pasan, los tronos caen, la Iglesia permanece.

JL: La Iglesia caerá en el momento en que no tenga fieles. Y la Fe es algo escaso en la España del XXI.

N: Si le arrebatáis al pueblo la Fe, sólo tendréis salteadores de caminos.

JL: Veo que abogas por la Iglesia como apoyo al gobernante.

N: No puede existir sociedad sin moral; no hay buena moral sin religión Así pues, no hay más religión que la que proporciona al Estado un punto de apoyo firme y duradero. 

JL: Estás desfasado, eres de otro siglo.

N: Sólo la religión consigue que los hombres soporten las desigualdades de rango, porque tiene consuelo para todo. 

JL: En esta España multicultural hay más de una forma de llegar a eso.

 

 

   Napoleón se revolvió inquieto, y mientras mascullaba "El mérito de Mahoma es haber fundado una religión prescindiendo del infierno", se sentó en el silloncito azul de la esquina.

 

 

JL: Hablas demasiado de conceptos caducados. La religión, la moral... son tiempos de democracia

N: No son necesarios cien hombres para discutir las leyes dictadas por treinta: no hacen más que parlotear.

JL: No discuten. Mi discurso les cautiva...

N: Los grandes oradores que dominan a las asambleas por el esplendor de sus discursos son, en general, políticos mediocres; su fuerza esta en la imprecisión, la práctica los mata.

JL: De acuerdo con que en la práctica algunas cosas fallan, pero es que las circunstancias...

N: Quienes no saben aprovecharse de las circunstancias son tontos.

JL: La oposición no lo pondrá fácil.

N: Hay que presentarse ante los enemigos y poner buena cara; si no, creen que se les teme y eso les hace intrépidos.

JL: De todas formas no me dan miedo, seguro que al final los sindicatos me ayudan, es su enemigo común.

 

 

   Napoleón le miró con un brillo de ironía en sus ojos y dijo "En las revoluciones hay dos tipos de personas: las que hacen y las que sacan provecho"

No se dio por aludido José Luis.

 

 

JL: Eso sí, estarán un poco enfadadillos porque no he podido cumplir mi palabra.

N: Los gobiernos sólo cumplen su palabra cuando se ven forzados a ello, o cuando hacerlo les resulta provechoso.

JL: ¿Tú qué hacías cuando ocurrían cosas sorprendentes?

N: Un incidente no puede dirigir la política, sino que la política debe dirigir los acontecimientos.

JL: Pero ¿cómo lo capeabas?

N: Actúo en política como en la guerra: distraigo un flanco para batir al otro.

JL: Básicamente es lo que yo hago también, claro. Pero no logro tener contento a todo el mundo.

N: Se gobierna mejor a los hombres por sus vicios que por sus virtudes.

JL: Creo que te voy entendiendo...

N: La ambición es la más poderosa de las pasiones.

 

José Luis se rascaba la cabeza intentando digerir lo que el corso le decía, cuando éste continuó: "Los hombres que han cambiado el mundo no lo han conseguido remplazando a los gobernantes, sino agitando a las masas".

JL: ¡Eso! Agitación. Se lo decía a Iñaki. Agitación y aparentar estar convencido de lo que se dice

N: Es necesario emplear el tono conveniente para que los pueblos obedezcan, y obedecer, en general, es temer.

JL: Me gusta eso de que me teman. Cada vez me gusta más, pero eso sí, guardando las formas.

N: La buena política consiste en hacer creer a los pueblos que son libres.

JL: Aunque no me acompañen las circunstancias...

N: En la guerra, como en la política, la oportunidad perdida nunca vuelve a presentarse.

JL: Ya, eso lo he comprobado, me refería a que suelen decir que mi gobierno deja muchos cabos sueltos.

N: En toda gran operación, siempre nos vemos obligados a dejar algo al azar.

JL: ¡Exacto! Pero yo no tengo mucha suerte, dicen que soy gafe...

N: Recordad que a mi lado marchan los dioses de la guerra y de la fortuna.

JL: Yo creo que es culpa de mi gabinete. No he tenido demasiada suerte al elegir...

N: Un hombre al que haga ministro no ha de poder volver a mear al cabo de cuatro años. Es un honor y una suerte eterna para su familia.

JL: A algunos de los míos se les acusa de enriquecerse; mira a Pepe, que le recriminan los pisitos que tiene.

N: En general hay una disposición negativa hacia los que tienen dinero.

JL: Al menos tengo a la gente de la cultura oficial dando palmas con las orejas, haga yo lo que haga; eso me consuela.

N: Todos los hombres de talento y todos los que han obtenido un rango en la república de las letras son hermanos, sea cual sea el país que les haya visto nacer. 

 

 

   José Luis se giró para coger un periódico. Quería preguntarle a Napoleón cómo solucionar algunos problemas candentes del momento. Pero el pequeño corso se dio cuenta, sacó la mano de su pechera y espetó "Es necesario que la moral y las ideas políticas de la generación que está formándose dejen de depender de la noticia del día o de las circunstancias del momento". Enfadado, salió de la habitación. José Luis le siguió, pero al girar, de nuevo un libro le golpeó en la cabeza.

 

 

Sonso: José, José ¿estás bien?

JL: ¿Qué ha pasado?

S: Estabas en el suelo. Ven, anda, vamos a acostarnos, que las niñas aún no han vuelto del concierto de "Malas pulgas satánicas"; vamos a esperarlas mientras vemos la grabación de "La Noria", que tanto nos gusta.

 

 

 

Nota para inquisidores: Ésta es, obviamente, una historia inventada, pura ficción. Las frases del pequeño gran corso son, eso sí, suyas. Las de José Luis deben adjudicarse única y exclusivamente a mi animus jocandi, zarandeado por una digestión pesada. Cualquier parecido con la realidad, es obvio, no puede dejar de ser más que una terrible coincidencia.

 

EL MARX DEL QUE NADIE HABLA

EL MARX DEL QUE NADIE HABLA

Fernando DÍAZ VILLANUEVA

 

   Karl Marx, rebautizado Carlos en España por no se sabe bien qué razones, se pasó la vida pidiendo dinero prestado para no devolverlo jamás. Fue el arquetipo elevado al cubo de lo que él denunciaba: un vago, un caradura, un ser irascible, egoísta y desalmado que vivió, literalmente, a costa de los que le rodearon durante sus 64 años de vida.

   Tras el célebre retrato que John Mayall le hizo en Londres allá por 1875, algo se atisba: muestra un hombre con barba muy poblada pero anárquica, medio negra medio cana, que sube por los lados de la cara, tapando las orejas, hasta llegar al pelo, con el que se funde en un amasijo greñoso y descuidado. Aunque lleva una levita limpia bajo la que esconde la mano, el retratado no parece un sabio, sino un mendigo al que algún alma caritativa, por alguna razón difícil de explicar, ha decidido inmortalizar.

   Y no, la suya no fue una pose contestataria precursora del perroflautismo contemporáneo: eso de ir hecho un guarro para hacer méritos revolucionarios no se puso de moda hasta 1968; Marx era tal cual: tenía auténtica fobia al aseo personal. Tanta, que terminaron por salirle purulentos forúnculos por todo el cuerpo: en la cara, en la espalda, en el trasero y hasta en el pene. Se quejaba amargamente de ello en sus cartas, y esperaba -escribió por las mismas fechas en que andaba componiendo la primera parte de El Capital... con el trasero hecho cisco- que la burguesía, mientras existiera, tuviera "motivos" para recordar sus forúnculos.

   Su escaso apego por el aseo se juntaba con su desmesurada afición a la bebida, el tabaco y la vida nocturna. Pasaba las noches en vela discutiendo con unos y con otros para luego, ya de amanecida, recostarse sobre un sofá y dormitar todo el día. Luego, si estaba de buenas se metía en la biblioteca, donde consultaba libros y periódicos para ir apuntalando las tesis... que ya traía fabricadas de casa. Con un estilo de vida semejante, lo último que podía hacer era ganarse el pan honradamente.

   La pregunta que asalta al curioso es cómo él, un simple filósofo alemán exiliado en Londres sin más patrimonio que su pluma y con una familia que mantener, pudo vivir así tantos años. Simple: pidiendo prestado y procurando, a la vez, no atender los vencimientos de pago. Gracias al inmenso archivo epistolar que se conserva, y que ha sido estudiado en infinidad de ocasiones, se calcula que Marx disfrutó de una renta media de unas 200 libras anuales, es decir, tres o cuatro veces lo que ganaban los obreros ingleses, a la sazón los mejor pagados del mundo. Traducido a las circunstancias de nuestro tiempo y lugar, estaríamos hablando de 80 ó 90.000 euros brutos al año. Y todo por no hacer casi nada. Jamás hubo de enfrentarse al mercado y satisfacer las necesidades de otros mediante el trabajo, que es lo que exige el sistema capitalista. ¿Explotación? Nada: esa es una vaina que aireó Marx tras birlar la idea a Jean-Pierre Proudhon y a Johann Rodbertus. Este último le acusó de plagio, y Engels hubo de acudir en socorro de su amo. Con éxito: de Marx se sabe mucho y del infeliz de Rodbertus, nada.

   Su primera fuente de ingresos fue su propia familia, que vivía holgadamente en la ciudad alemana de Tréveris. El padre, Herschel, un competente abogado judío, se había convertido al protestantismo para prosperar en la vida e integrarse en la sociedad prusiana. La madre, Henrietta Pressburg, era holandesa, hija de un rabino y buena paridora de 8 vástagos, a los que no les faltó de nada. Por esa razón el joven Karl pudo estudiar en la universidad y convertirse luego en el perfecto ejemplar de revolucionario de salón. Nunca visitó una fábrica, un taller, ni siquiera una imprenta. En una ocasión su amigo Engels, magnate del textil con intereses mercantiles en Inglaterra, le invitó a visitar un telar de algodón, pero él, hecho a las comodidades de la ciudad y a pasar la tarde en la taberna, declinó la invitación. Parece mentira, pero es así: el emancipador del proletariado muy pocas veces vio a un proletario con sus propios ojos.

   Durante años, hasta bien entrado en la edad adulta, vivió de sus padres. Recibía un estipendio periódico, que reclamaba ofuscado por carta si no le llegaba a tiempo. Al morir su padre, en 1838, tomó su parte de la herencia -la respetable cantidad de 6.000 francos de oro- y se la gastó íntegra. Lo mismo haría al fallecer Henrietta, aunque ahí tuvo que conformarse con menos, ya que había ido pidiendo anticipos a la parentela holandesa.

   Finiquitada la ubre paterna, y ya de romería política por Europa, se especializó en desvalijar a los amigos y a los militantes con que iba topando por los clubes de exiliados alemanes, de donde procuraba no salir sino lo imprescindible, no fuese a ser que tuviera que aprender un nuevo idioma o integrarse en un país distinto al suyo. Por lo general, lo que pedía no lo devolvía. Buscaba las excusas más insospechadas para escaquearse; algunas de ellas ciertas, como el argumento de la numerosa prole que trajo al mundo junto a su esposa, Jenny von Westphalen.

   Económicamente hablando, Jenny tampoco era manca. Hija de un barón prusiano -de ahí el von del apellido-, recibió una generosa dote al casarse y, luego, continuos préstamos de su familia. Pero los Westphalen se iban muriendo, y la fuente, consecuentemente, secándose...

   Cuando en casa no había ni para comer ni forma de recurrir a los prestamistas de confianza, los Marx recurrían al mercado crediticio ordinario, es decir, al usurero de la esquina, que siempre han existido porque siempre ha habido manirrotos como el autor de El Capital. Pero incluso los auténticos profesionales del riesgo evitaban al matrimonio en los peores momentos de éste. En 1850, el casero les puso en la calle con cuatro niños y todos los muebles, que tuvieron que empeñar para liquidar las cuentas de la carnicería y la panadería. Entonces se acogieron a la beneficencia. Su pequeño hijo Guido murió aquel invierno de frío siendo un bebé.

   A pesar de los contratiempos, Marx no tenía intención de cambiar. "Lleva una vida de intelectual bohemio -se lee en un informe redactado por aquellos días por la policía prusiana, que le seguía los pasos-. Pocas veces se lava, se acicala o se cambia de ropa, y a menudo está borracho. No tiene una hora estipulada para irse a la cama o levantarse por la mañana. A menudo se pasa la noche en vela y al mediodía se tumba en el sofá con la ropa puesta, donde duerme hasta la tarde. Cuando entras en la habitación de Marx, el humo y las emanaciones del tabaco hacen llorar los ojos... Todo está sucio y cubierto de polvo, y sentarse se convierte en una tarea peligrosa". Una joya de hombre.

   A Marx le salvó su amistad con el ricacho Engels, al que sangró a modo. Durante cuarenta años, el multimillonario del textil estuvo dando dinero a Marx, al principio como apoyo para que se dedicase a escribir libros y luego, a partir de 1869, ya de modo formal: le hizo beneficiario de una asignación vitalicia.

   Teniendo en cuenta que, por aquellas mismas fechas, Engels se había retirado del negocio, asegurándose antes una buena pensión de jubilación, su amigo Marx se convirtió en el rentista de un rentista. Las dos mentes más preclaras del socialismo, los padres de El Capital, fueron unos rematados rentistas, figura que sólo fue posible en el siglo XIX gracias a la extraordinaria prosperidad que había forjado el capitalismo. Una paradoja y una verdad ligeramente incómoda... que no todos están dispuestos a reconocer.

LA MONTAÑA PARIÓ UN RATÓN

LA MONTAÑA PARIÓ UN RATÓN

Mario MENEGHINI

 

   La expresión citada en el título se usa cuando se crean grandes expectativas sobre un acontecimiento y se obtienen magros resultados. Por eso cabe recordarla cuando se acaba de conocer el fallo de la Corte internacional de Justicia de La Haya (CIJ), por el caso Botnia, planteado por la Argentina contra Uruguay. La Corte decidió hoy que Uruguay incumplió disposiciones internacionales al autorizar la instalación de las pasteras Botnia y ENCE (desactivada) y de un puerto en la ciudad de Fray Bentos. Para la CIJ, era "indispensable" que Montevideo diera cuenta a Buenos Aires y a la Comisión del Río Uruguay de la autorización para que Botnia comenzara a funcionar, y, al no hacerlo, "no respetó el artículo 7 del Estatuto de 1975", que imponía esa obligación. Pese a ello, la Corte considera suficiente reparación la propia sentencia, es decir, una condena moral; de allí, la expresión utilizada.

 

   La Corte dividió el fallo en tres partes:

     -Por 13 votos a 1 consideró que Uruguay "incumplió obligaciones procesales";

     -por 11 a 3 que "no hubo incumplimiento de obligaciones de fondo";

     -por unanimidad, desestimó el resto de los reclamos centrados en la contaminación que, según la denuncia argentina, provocó la puesta en marcha de Botnia.

 

Contaminación

 

   El juez Tomka, a cargo de la lectura del fallo, sostuvo que La Haya "no ve nada que pueda sustentar las demandas" de la Argentina en materia de contaminación visual y ambiental.

   El mismo criterio aplicó respecto de los malos olores que, según la presentación argentina, produjo la puesta en marcha de la pastera finlandesa. "Ningún artículo del estatuto de 1975 aborda los malos olores que alega la Argentina. Por estas razones, la demanda relativa a los malos olores y a su impacto sobre el turismo argentino no es de competencia de esta Corte", plantea la sentencia. Sobre este punto dijo además no contar con pruebas respecto de que la pastera utilice procesos contaminantes. "La Corte desestima, en base a la documentación presentada, que la tecnología utilizada por la pastera no cumpla con la utilización de las mejores técnicas para el tratamiento de efluentes", se señala en el fallo.

   También en alusión a la supuesta contaminación ambiental indicó: "No hay relación directa entre el uso de Uruguay del suelo y de los cambios que se han producido en las aguas que la Argentina atribuye a las plantas de celulosa. No se puede atribuir a Uruguay el cambio de las aguas". Y añadió: "No hay elementos suficientes para decir que Uruguay violó sus obligaciones con respecto a la protección de la fauna y la flora".

 

   No obstante, el tribunal ordenó a los gobiernos argentino y uruguayo realizar un monitoreo conjunto para medir el impacto ambiental de la producción de pasta de celulosa que Botnia realiza desde noviembre de 2009. "La Corte coloca a las partes bajo la condición de cooperar a fin de asegurar la cooperación en ese sentido", dice la sentencia.

   Hacia el final, la Corte se detuvo en si correspondía o no ordenar el desmantelamiento de Botnia. "No hay motivos para ordenar el cese. Ordenar el desmantelamiento de la planta no sería adecuado", sentenciaron los jueces.

   El veredicto de la CIJ es inapelable y vinculante, es decir, debe ser acatado por ambas países, sin recurso posible.

 

   De esta manera, termina un conflicto internacional generado por nuestro país, sin ninguna justificación que no sea someterse el gobierno nacional a las presiones de los grupos ecologistas que batieron el parche de una contaminación que podría provocar daños enormes, y arrastraron a la población de la ciudad de Gualeguaychú a una actitud de fanatismo irracional. Tres  años lleva cortado el puente internacional que une la provincia de Entre Ríos con la ciudad uruguaya de Fray Bentos, en clara violación de normas constitucionales y legales.

    Era previsible desde el comienzo cuál sería la sentencia de la Corte, así como la falta de fundamentos para alegar contaminación. Sobre esto publicamos en Bitácora PI dos artículos (21-11-06 y 30-1-07), a los cuales remitimos a quien desee conocer los detalles técnicos del problema (1). Ahora sólo resta, como lo ha señalado el ex presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, que ambos países cumplan con lo dispuesto en el fallo, y reanuden las tradicionales relaciones de amistad entre ambos pueblos, dañadas por la increíble torpeza de un gobierno autoritario que no respeta nada ni a nadie.

 

 Córdoba, 20-4-10

 

(Fuentes: La Nación, y Página 12, 20-4-10)

 

   (1) "Papeleras: un caso de irracionalidad política" (21-11-2006) "Las papeleras del papelón" (30-1-2007).

A PROPÓSITO DE LA DIALÉCTICA SINAGOGA-IGLESIA

A PROPÓSITO DE LA DIALÉCTICA SINAGOGA-IGLESIA

Alberto BUELA

   En estos días escribí un breve artículo sobre la campaña internacional mass mediática contra la Iglesia católica y el Papa por el tema del abuso de niños por parte de los curas. Y recibí tres tipos de respuestas: a) de aquellos, los más, que nos han felicitado y compartido el criterio b) de los anticatólicos furibundos diciendo cosas horribles contra el Papa, la Iglesia y uno mismo y c) la de los progresistas que están en el gobierno,  que me acusan de escribir para los curas Baseotto o von Wernich, con lo cual muestran que no entienden nada de nada, menos aun del tema Iglesia, y que su vuelo es de cabotaje, todo se reduce a política interna. Lo que explica su fracaso rotundo en política internacional.

   Antes que nada declaro, por temor a la policía del pensamiento que se ejerce sin tapujos en todos "los medios de confusión",  que no soy pederasta ni pedófilo, me encantan las mujeres, y estoy totalmente en contra y condeno abiertamente que "un solo cura abuse de un solo niño", pero el objetivo de mi artículo no fue ocuparme de la defensa de los niños abusados sino intentar explicar el por qué de la agresión desmedida que viene soportando la Iglesia por este tema y, sobre todo, su falta de reacción.

   Lo hago desde un punto de vista profano pues no soy "hombre de la Iglesia", no soy un profesional del catolicismo, ni siquiera me siento un laico (1), en el mejor de los casos, un católico amateur. Y por lo tanto tengo todas las limitaciones y taras de un hombre del pueblo (2), un Juan Nadie, que observa que la Iglesia no ofrece ninguna resistencia ni tiene ninguna reacción. Para fundamentar mi parecer tendría que exponer  sucintamente mi opinión acerca del actuar histórico de la Iglesia en este último medio siglo y para ello me remito a lo que escribí hace unos diez años como respuesta a mi amigo Methol Ferré (3) cuando participamos juntos en el Fogón de la Utopía organizado por Vicente Joga en Formosa.

       

         "Si bien el tema que me han propuesto desarrollar en este fogón es "la visión peronista del hombre y la economía", permítanme que me extienda por espacio de quince minutos tratando de ofrecer una visión profana del Concilio Vaticano II, como respuesta a la visión  sub specie aeternitatis  plena de optimismo eclesial que nos acaba de dar Methol Ferré. Y decimos visión profana porque no somos nosotros  lo que se llama "hombres de iglesia" y entonces estamos libres de ciertas ataduras y pruritos de conciencia.

         La Iglesia, según nuestra visión profana, siempre ha trabajado sobre la base de lo que existe (Pío XII) de ahí su adaptación a los tiempos. Tomemos como punto de partida, para no remontarnos hasta el fondo de la historia eclesiástica, la segunda guerra mundial, para mostrar lo que queremos decir.

         En el año 1931 la iglesia saca una encíclica denominada Quadragessimo Anno, con motivo de los cuarenta años de la Rerum Novarum, donde propone la organización corporativa de la economía como lo hacía  mutatis mutandi el fascismo de la época.

         Durante la guerra se aleja rápidamente del Reich alemán y condena al comunismo como intrínsecamente perverso abriéndole una amplia carta de crédito a la sociedad industrial capitalista. En el ínterin crea la Acción Católica, con aspirantes, juniors y seniors y adopta el scoutismo, con lobatos, scouts y rangers, instrumentos con los que comienza a trabajar a nivel social.

         Finalizada la gran guerra a través de Luigi Sturzo crea la Democracia Cristiana contando con el apoyo de Jacques Maritain, entonces el más renombrado filósofo católico. Y triunfa en los países vencidos de Europa con Adenauer en Alemania y De Gasperi en Italia. En nuestra América, sólo en el Chile de Frei padre, el famoso Kerensky chileno. Todo ello es muy poco logro para semejante esfuerzo. La democracia cristiana fracasa en nuestros países de América allá donde existen movimientos nacionales y populares, porque tanto ella como la Acción Católica o el scoutismo son una fábrica de "gorilas". Esto es, actitud contraria a todo lo que huela a desorden popular y cordialista como es el caso de los movimientos de masas. En Argentina estaba el peronismo, en Brasil el varguismo, en Bolivia el MNR, en Colombia el gaitanismo, en Ecuador el velazacoibarrismo, en Venezuela el perezgimenismo, etc., etc.

        A ello hay que sumarle la no-participación de la Iglesia en los procesos de descolonización africana, a fines de los años 50 y  principio de los 60. Con lo que pierde protagonismo en África en desmedro de una evangelización incipiente que habían comenzado. Dejó a los pueblos africanos abandonados a su suerte mientras se entretenía en problemas de alcoba de los episcopados francés, holandés, alemán e italiano. El Vaticano II no fue más que una disputa entre los episcopados centroeuropeos, sobre todo de Francia y Alemania. América, Asia, África y Oceanía no cortaron ni pincharon. La connivencia con las potencias coloniales hace que hoy el continente negro sea casi todo musulmán. Así repitió en África el mismo error cometido un siglo y medio atrás en Hispanoamérica: No se sumó inmediatamente a los movimientos independentistas. Claro está, que aquí había detrás tres siglos de trabajo y evangelización hispana, mientras que en África sólo había intereses económicos y casi ninguna tarea cultural y evangelizadora, resultado típico en las colonias inglesas, francesas, belgas y holandesas en todo el mundo. Sólo Portugal, con Angola y Mozambique salvó un poco la ropa. Sobre esto el pensamiento, políticamente correcto no dice nada, porque ¿cómo atreverse a condenar y criticar a las fuerzas progresistas y democráticas del "Occidente cristiano" ante los logros culturales de la rémora medieval que son España y Portugal?

         Que Occidente nos deje de hacer el cuento de Occidente, decía por esos días ese gran poeta que fue Ignacio B. Anzoátegui.

         Ante semejantes fracasos reiterados con pérdida real de fieles, lo que significa desde el punto de vista profano, pérdida de poder, Juan XXIII llama al Concilio, que no fue dogmático como el de Trento sino pastoral. Esto es, que se va a ocupar de cómo mantener y acrecentar las ovejas. Es un Concilio exclusivamente europeo orientado por teólogos de neto corte iluminista y bajo influencia protestante como la que ejerció Bultmann sobre Rahner y Ratzinger  para tomar un ejemplo emblemático. (4)

         Simplificando, porque el paño da para muchos cortes, las consecuencias político-culturales del Concilio Vaticano II son  dos: Una, que la iglesia invita a los católicos a il aggiornamiento, es decir, poner los relojes en hora con la modernidad en el mismo momento que ésta entró en una crisis decadente y, dos: que la Iglesia se enfeuda en la línea interpretativa del marxismo. Comienza el diálogo de católicos y marxistas, en Nuestra América aparecen primero los curas obreros y luego la Teología de la liberación (5), todo ello para sumarse a los distintos movimientos guerrilleros de neto corte marxista.

         El único trabajo serio de evangelización en África fue Biafra que cuando se intentó independizar de Nigeria, Estados Unidos miró para otro lado y no quedó un biafrano vivo (genocidio de 1967 al 70). No es para menos ya que desde el Vaticano II la Iglesia católica era su enemiga porque le hacía el juego al marxismo internacional.

   Como consecuencia de este disparate político y del marasmo ideológico y doctrinario la Iglesia comenzó a quedarse vacía. Sus seminarios despoblados, sus conventos abandonados y sus fieles captados a manos llenas desde fines de los 60 por las sectas de origen norteamericano.

         En una palabra el Concilio Vaticano II fue un tiro por la culata que le salió a la Iglesia romana.

         Recién con la aparición de un Papa venido del Este, que sufrió en carne propia el flagelo del comunismo, la Iglesia comenzó el gran viraje. El entendimiento Reagan-Juan Pablo desembocó en la guerra de las galaxias y la caída del muro de Berlín. La Iglesia abandonó definitivamente su coqueteo con el marxismo que costó miles de feligreses muertos en Nuestra América y ofreció su apoyo crítico al capitalismo.

         Deseaba dar esta pequeña respuesta un poco para pinchar ese enorme globo que infló Methol durante una hora y media, y bajar en lo posible a "este mundo terrenal" lleno de intereses contrapuestos".

 

   En mi opinión la Iglesia ha desarmado en todas sus líneas, desde el fin de la segunda guerra mundial en el 45, aquello que le permitió existir durante dos mil años: ha diluido la relación dialéctica amigo-enemigo entre Ella y la Sinagoga. (5)

   La pérdida de la visión sobrenatural de la Iglesia y de una teología de la historia, que es la única que le da sentido a todos estos ataques, hace que el silencio de los obispos muestre su chatura y extravío espiritual.  No aprovechar las circunstancias concretas para mostrar al pueblo cristiano la tensión teológica entre la Sinagoga y la Iglesia, no es otra cosa que una actitud vergonzante de un montón de cómodos burgueses que se niegan, explícita y conscientemente a decir la verdad sobre lo que viene ocurriendo en la historia. O por lo menos, decir la verdad católica, de lo que sucede desde hace 2000 años para acá. Licuar la tensión entre la Sinagoga y la Iglesia, esconder conscientemente la actitud disolvente de los valores cristianos en sociedad, que los judíos vienen realizando desde Cristo para acá, es en boca de un cuerpo colegiado episcopal no sólo un acto de cobardía expresa sino de una ruindad rayana en lo miserable.

   ¿Qué temen los obispos? ¿Qué se los declare antisemitas? Hay que esconder o mejor borrar del Evangelio (como en la película de Mel Gibson) el más terrible y horrendo grito de la historia: Crucifícale.... crucifícale (Juan 19,7) de los rabinos, escribas y fariseos al condenar a muerte a Cristo.

   Es éste el momento inicial de la tensión entre la Sinagoga y la Iglesia que no se resolverá sino al final de la historia con la conversión del pueblo judío. Mientras tanto, los judíos que rechazaron a Cristo y su reino espiritual se aferran a la construcción de un reino material y carnal (6) que los obliga a la consolidación de un poder mundial sin límites, pero con todo, guste o no, como afirmara San Bernardo  "Ellos son los signos vivientes que nos recuerdan la Pasión del Salvador". La historia profana, se lo quiera reconocer o no, está al servicio de la historia sacra y esto es lo que se ha subvertido en la Iglesia en este último medio siglo de existencia. Cosa que ya había sucedido en la política siglos antes, como observa Carl Schmitt: "todos los conceptos sobresalientes de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados". (7)

 

   Sobre el sentido de esta dialéctica afirma el más penetrante teólogo argentino: "Con el advenimiento de Cristo toda la dialéctica que agita el mundo se mueve entre los polos Iglesia-Sinagoga. Cristo vence a la Sinagoga. Y a la era de los mártires de los primeros siglos del cristianismo, cuando la Sinagoga azuza al mundo pagano para que torture a los cristianos, no ha de servir sino para regar la simiente cristiana, que, vigorosa, ha de brillar con la Iglesia de los Padres y Doctores, sobre la Sinagoga. El esplendor medieval de la Iglesia ha de reducir a la Sinagoga a la vida de los ghettos. Pero en la edad moderna la Sinagoga se ha de vengar del exilio a que la redujo el mundo cristiano, y la Cábala penetra dentro de la Cristiandad hasta secularizarla y amenazarla con la secularización del mismo cristianismo. Frente a este último fenómeno nos encontramos actualmente. Con la táctica de la amistad y del "diálogo judeo-cristiano", la Sinagoga está obteniendo un triunfo sobre la Iglesia. Es claro que, en manos de Dios, este triunfo puede trocarse en un triunfo de la Iglesia".(8)

 

   Los obispos en grado eminente, por la plenitud de su sacerdocio (pueden ordenar nuevos sacerdotes) tienen la obligación de convertir a los judíos. Así los grandes obispos convirtieron a judíos notables, como lo hizo el  Papa Pío XII en 1940 con el gran rabino de Roma, Eugenio Levy. Pero al mismo tiempo, son ellos los que están obligados a denunciar los males que provocan los judíos en y a los pueblos cristianos. Y afirmamos que son los obispos, ellos y sólo ellos, (si respetaran la fórmula duos testes habeo et bene pendentes -dos testículos tengo y bien puestos- de su viejo juramento antes de su consagración. El relato es de Giovanni Papini y de Enrique Oliva en nuestro medio) los que están obligados a denunciar la nefasta, por totalitaria, injerencia judía en la vida del pueblo (en nuestro caso del argentino), porque la denominada cuestión judía es, en definitiva, una cuestión teológica. Y los obispos no solo son maestros en teología sino que tienen potestad, poder de aplicación teológica. Por otra parte de nada sirve que cualquier gentil (en lenguaje eclesiástico sería laico) (9) intente resolver el tema pues, como lo mostró la novela del rumano Virgil Gheorghiu La Hora veinticinco, a cualquier no-judío que hable bien de ellos no le creerán y si habla mal lo demonizan como fascista o nazi, por lo tanto la única salida para el "hombre natural" es la ataraxia griega, la indiferencia o la suspensión del juicio sobre la cuestión. Pero ese "hombre natural" no puede resolver la cuestión sino que la deja en suspenso.

    De modo tal que si los obispos no hablan, en tiempo y forma adecuada,  la tensión social que genera el poder omnímodo y total de los judíos sobre la sociedad, el Estado y el pueblo, se corre el riesgo que surja como solución la vía pagana, al estilo nacional socialista, buscando la exterminación de los judíos. Que no es ninguna solución, como lo han demostrado para los pueblos cristianos las consecuencias nefastas de la segunda guerra mundial.

 

   Y ello es así, porque la cuestión judía sobre la que los grandes autores hasta 1945 han escrito tratados específicos, así lo hicieron Marx, Sartre, Guardini, Belloc, Sombart, Dumont, etc., no se resuelve ni desde el punto de vista  racial, ni cultural, ni económico, ni político, la cuestión es teológica y se resuelve en ese plano o no se resuelve. Y los únicos que están habilitados para ello son los obispos.

   Cuando a nosotros desde los púlpitos de nuestras iglesias parroquiales nos quieren hacer creer que "la Iglesia somos todos", lo que están haciendo es trasfiriéndonos las culpas y quedándose con los beneficios. Mutatis mutandi como hizo el teólogo Gera conmigo: la culpa no es de los obispos sino del laicado que no se moviliza. Esto no quiere decir que nosotros pongamos en tela de juicio el Cuerpo místico de Cristo y cosas por el estilo, lo que ponemos en duda es la existencia de la ekklesia como asamblea del pueblo, porque el pueblo en la Iglesia sigue siendo el convidado de piedra, sólo útil para las procesiones. (10)

   Esto explica el por qué la Iglesia es gorila en Argentina y escuálida en Venezuela, del PRI en México y conservadora en Colombia.

  


(1) La idea de laicado es un invento moderno que nace a mediados del siglo XIX con los pensadores sociales católicos. La Iglesia, salvo la primera, fue siempre de los curas, obispos y mojas. El pueblo llano a "tomar por culo" como dicen tan gráficamente los gallegos.

(2) Mi doble origen existencial, Parque Patricios y Magdalena, al igual que Juan Nadie, el personaje de Miguel D. Etchebarne sobre la vida y la muerte de un compadre, me emparienta aún mucho más con lo más genuino de mi pueblo.

(3) Historiador uruguayo recientemente fallecido que fuera asesor del CELAM(consejo episcopal latinoamericano).

(4) Alguien que sabe más que nosotros en estos temas como el Lic. Urbani me hace notar. "Lo de Benedicto tiene una connotación especial puesto que fue el último y definitivo corrector del texto final del Concilio Vaticano II, junto a diez teólogos protestantes. Por ende, de tradicionalista no tiene nada".

(5) Hay que distinguir entre la teología de la liberación de neto corte marxista (Gutiérrez, Boff, Segundo) y la de corte popular, la que intenta recuperar la religiosidad popular (Gera, Scannonne). Pero pasó a la historia sin pena ni gloria.

(6) Nosotros no invalidamos el Vaticano II, como lo hacen los sedevacantistas diciendo que como el Papa no es Papa desde Juan XXIII para acá la sede de Roma está vacante. Esto es un exabrupto teórico que no hay que tomar ni en cuenta. Nosotros decimos que las consecuencias concretas del Vaticano II han sido nefastas para la Iglesia. (ej. vaciamiento de seminarios, ingreso masivo de gays en los mismos, pérdida del espíritu misional y de pobreza, evaporación de lo sagrado en la liturgia como en la vida sacerdotal, etc.).

(7) La carnalidad judía fue puesta de manifiesto en un imperdible artículo del mayor metafísico argentino, Nimio de Anquín (1896-1979) en Racismo nazi, racismo judío y linaje cristiano (1939): "El judío sin fe - sin la historia teológica- es nada, y el judío actual simboliza el hombre incrédulo. La fe es la acción del hombre por la que entra en relación con un ser, y la fe religiosa está dirigida a lo intemporal, al ser absoluto, a la vida eterna. Y el judío es nada, en el más profundo sentido, porque él en nada cree. La fe es todo en la vida del hombre, la fe en Dios o por lo menos la fe en el propio ateísmo; pero el judío no cree en nada, ni en su propia fe; duda de su duda; es el hombre impío en el más amplio sentido del vocablo; es el hombre irreligioso por excelencia. Este ser infra-humano no es el judío del Antiguo Testamento, el de la tradición profética en que vive como incluida la vocación real y sacerdotal del pueblo elegido. En él no hay ni rastros de fidelidad a la idea de la venerable teocracia. Ha roto deliberadamente su nexo con el grandioso pasado y ha quedado vacío de su historia inigualable que sólo pudo escribirse con el auxilio del brazo de Dios".

(8) Schmitt, Carl: Teología política, Bs.As. Ed. Struhart, 1985, p. 95,

(9) Meinvielle, Julio: De la Cábala al progresismo, Bs.As., Ed. Epheta, 1994, p. 361

(10) Otra de las consecuencias de mi articulo sobre la sotana blanca es la invitación que me hicieran a dialogar con el P. Lucio Gera uno de los teólogos del concilio y de la liberación latinoamericana que más fama ha acumulado en estos últimos 50 años. Su respuesta ante mis planteos fue sacarse el sayo de encima afirmando que hay que movilizar al laicado. En una palabra que nosotros los laicos nos convirtamos en el personaje de la Hora Veinticinco. Una vez más poniendo el carro delante del caballo.

RECONQUISTANDO LA HISTORIA: "SUEÑO QUE SOY PIEDRA", DE GUILLERMO ROCAFORT

RECONQUISTANDO LA HISTORIA: "SUEÑO QUE SOY PIEDRA", DE GUILLERMO ROCAFORT

Juan V. OLTRA

 

   Me reconozco un vago integral. Rara vez releo un libro que ya leí en su momento, pero para todo hay excepciones y ésta era obligada.

   Hace ya algún tiempo disfruté con el borrador de "Sueño que soy piedra", por cortesía de su autor, Guillermo Rocafort, quien con una mentira amable me pidió que lo revisara, cuando ya éste era de por sí una obra prácticamente impecable.

   Su lectura me llevó no a la edad de polvo y hierro del reinado de Enrique II e Isabel la Católica, sino a mis mejores fantasías infantiles, cuando jugaba a ser uno de los soldados a las órdenes del Cid. Llevó el sabor de la sangre a mi boca y el polvo de la batalla a pegarse en el sudor de mi frente, a los tiempos de la reconquista.

   Ese es el viaje en el tiempo de este libro, aunque unos años más tarde, a la reconquista en estado puro, ya en los tiempos en que la invasión musulmana tocaba a su fin, vista a través de los ojos de un gran desconocido para los españoles: Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza, personaje que no obstante atrajo a tantos grandes, desde Hernando del Pulgar a Rafael García Serrano. Personaje que destila magnetismo, de los que provocan ansia  de saber más.

   Por eso, al llegarme el volumen magníficamente editado por De librum tremens, no dudé en volver a embarcarme en esa aventura repleta de heroísmo, valor y entrega, que fue la vida del Doncel.  Ese niño que de pequeño quiso seguir al Cid en su destierro, ahora anhela vestir el hábito de Santiago y embarcarse en la campaña de Granada. En un tiempo que, como decía Ernesto Giménez Caballero, la hispanidad toma tanto impulso para echar a los moros de España que, del salto, llega a las Américas y las descubre.

   Al tiempo, los guiños históricos a Gonzalo Fernández de Córdoba, al Conde de Cabra, al Cardenal Mendoza, a la Reina Isabel o, no podía faltar, a un viejo almogávar que por allí aparece, hacen que cualquier amante de la historia desee al tiempo pasar página para seguir vibrando, y, por otra parte, que ésta no se acabe nunca para que el placer se eternice.

   Con este texto, Guillermo Rocafort pasa de ser un valor en alza en el mundo de la historia novelada, a convertirse en referencia obligada; sus títulos precedentes unidos a éste le dan un lugar en el pedestal de las letras españolas contemporáneas.

   No puedo cerrar mejor esta crónica que con la frase de cierre que el autor da a su libro: Magnorium non est laus sed admiratio (De los más grandes no cabe la alabanza, sino la admiración).

PEDOFILIA: HAY QUE SALPICAR "LA SOTANA BLANCA"

PEDOFILIA: HAY QUE SALPICAR "LA SOTANA BLANCA"

Alberto BUELA

 

   La formidable campaña mediática internacional que viene soportando la Iglesia católica en todo el mundo por casos de abusos sexuales de menores en los años 50 del siglo pasado no tiene ninguna otra explicación que el odium Ecclesiae de los hijos de Satanás.

   En estos últimos días la campaña tomó una fuerza inusitada pues va directamente contra la figura del Papa Benedicto XVI. La voz de orden de todos los medios masivos internacionales es: salpicar la sotana blanca. Acá no hay medias tintas ni componendas ni diálogo ni nada, acá la lucha es a muerte: hay que liquidar al Papa. Pues cayendo éste cae todo- la Iglesia y su catolicismo- que es el último kathéjon, el último obstáculo al señorío de Satanás. (Que es lo mismo que el señorío de nosotros, dicen sus hijos).

   Si se ensucia la sotana blanca, luego está todo permitido ya que se logra socavar la legitimidad de todo aquello que realiza la Iglesia en el mundo. Universidades, escuelas, hospitales, asilos para los más pobres, comedores populares, centros de recuperación de la droga y de investigación científica et alii. Al quebrarse el principio de autoridad moral que encarna el Papa estas instituciones pierden de suyo su sentido católico, su validez universal.

 

   ¿Quiénes son los que pretenden salpicar la sotana blanca?  

 

   a) Los abortistas: "los niños en boca de quienes predican el derecho inalienable de eliminar a gusto a los niños que aun no han nacido", como observa justamente el periodista italiano, Vittorio Messori.

 

   b) Los eugenetistas: Quienes asesinan a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide o aceleran el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable como dice Marcello Pera.

 

   c) El gaymonio: Quienes sostienen que "progenitor A" y progenitor B son lo mismo que padre y madre. d) El lobby hebreo de los mass media, para quienes la Iglesia sigue siendo la Gran Enemiga, la Infame.

 

   ¿Qué ha hecho la Iglesia católica para sufrir tan descomunal agresión internacional? Ha desarmado en todas sus líneas, en estos últimos 50 años, aquello que le permitió existir durante dos milenios: ha diluido la dialéctica de enfrentamiento entre la Sinagoga y Ella.  Ha permitido el ingreso de sus enemigos en el corazón de su interior y ha renunciado a ejercer su defensa con los argumentos que usó con eficacia durante estos dos mil años.

   La Iglesia no se defiende. La sotana blanca escribe una formidable carta a la iglesia de Irlanda y no menciona a sus enemigos. Del centenar de obispos argentinos ninguno salió a defenderla. La paradoja es tal que un laico incrédulo como yo tiene que hacerlo. Es lamentable.

   Es lamentable el silencio cómplice de los curas y obispos maricones, de esos que pervierten a los chicos, pero es más lamentable la mordaza del silencio a que son sometidos los buenos curas del pueblo: de eso no se habla, como la película de Mastroiani.

   La Iglesia tiene que sacudirse y sacarse de encima a los putos que la han invadido en forma de seminaristas, curas, obispos y maestros de grado. Los homosexuales, si se caracterizan por algo, es por su "sexo compulsivo" que busca en los otros, sobre todo en los niños y jóvenes, su partenaire. Éste es el origen de la pedofilia en la Iglesia y no otro.

 

   La Iglesia ha dejado de pensarse como complexio oppositorum (reunión de los opuestos) como tan bien la caracterizó ese eximio teólogo y pensador que fue Juan Maldonado(1485-1554) para pasar a pensarse como coincidencia oppositorum, como pretende el pensamiento único instalado en ella. La Iglesia católica, maestra de la diversidad por su propia catolicidad, ha adoptado en ciertos temas (igualitarismo, holocausto, feminización, tolerancia, etc. 1) un discurso único que la lleva a su propia indefensión.

   En Inglaterra piden la destitución del Papa y los abogados inescrupulosos publican avisos: "¿Quiere hacerse millonario? Haga entrar a su hijo al seminario y el año viene venga a vernos"  y en Estados Unidos el mejor negocio jurídico son los juicios contra los curas pederastas que llevaron a la quiebra a más de una opulenta diócesis. Inglaterra y Estados Unidos juntos, políticamente falta un socio que no se ve. Está en las sombras de las que hablaba Disraeli: "el mundo está manejado por aquellos que están detrás de los bastidores".  Solo se le ve la cola. ¿Será la cola de Satanás? Como barrunta el viejo exorcista Gabriele Amorth o la cola de miles de "satanases" que han hecho de la Iglesia católica un negocio, tanto sea para denostarla como para vivir de Ella.

 


 1 Sobre estos temas, y otros muchos, hemos desarrollado una intensa meditación como la contraposición entre igualdad e igualitarismo. Así los hombres somos iguales en dignidad y no antológicamente iguales. El holocausto tiene un sentido teológico y existe una "industria del holocausto u holocuento". La femineidad como la cualidad de lo femenino y no "homofemenización". La tolerancia como virtud para evitar el mal mayor y no como ideología de "la de todos por igual".