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Bitácora PI

EL SILENCIO DE LOS EXFUNCIONARIOS

EL SILENCIO DE LOS EXFUNCIONARIOS

Alberto BUELA                    

 

  Llama la atención ver cómo los funcionarios del gobierno de Kirchner(Argentina) cuando se van lo hacen a la inglesa. No dicen nada. Son dados de baja en forma expeditiva, terminante, incluso, ha habido casos de mal trato. Y estos altos funcionarios: por ejemplo, Beliz, ministro de justicia; Bielsa, canciller; Lavagna, ministro de economía; Prat Gay, presidente del Banco Central; en estos días, Acevedo, gobernador de su provincia de Santa Cruz, etc. no han dicho nada. No sólo han desaparecido de los massmedia sino que ellos mismos han cerrado herméticamente su boca de motu proprio. ¿Qué raro, no?

 

  A simple vista y ateniéndonos a lo que se ve, a lo que aparece, la primera pregunta que salta es: ¿esto no se debe al carácter hegemónico y despótico del gobierno de K.? ; ¿ no se maneja acaso K. como un autócrata?. Nunca realizó ninguna reunión de gabinete tal como lo hacen todos los gobiernos republicanos del mundo. Se maneja con decretos de necesidad y urgencia (tiene el récord) salteando así al Congreso. Puso cinco jueces obedientes a él, en la Corte Suprema de Justicia con lo que se quiebra el sacrosanto equilibrio de poderes.

  Esto es grosso modo lo que aparece, aquello que se ve. Pero... es sabido que debajo de lo que aparece se encuentra la sustancia, aquello que hace de soporte a lo que vemos. Así, lo que es, el ente, las cosas están compuestas por accidentes y sustancias, por fenómenos y nóumenos, por apariencias y realidades. Así el hombre no debe guiarse sólo por lo que aparece sino que debe intentar buscar el sentido, la causa, la esencia de aquello que se le muestra o que ve.
  Viene acá como anillo al dedo el viejo diálogo entre el joven y bello Alcibíades y su maestro Platón: Maestro, le dice Alcibíades, yo veo el caballo y no la caballidad del caballo. A lo que Platón responde: Es que tú lo miras con los ojos del cuerpo y no con los de la inteligencia. Y después le da el consejo: que aprovechando su “pinta” se dedicara por la tardecita a levantar “minas” en el ágora en lugar de querer ser filósofo como él.

 

  Así como la primera de las preguntas surgió en forma inmediata porque nos vino de la vista, surge ahora una segunda pregunta pero ya mediada, pues nos viene desde la inteligencia = intus legere= leer adentro: ¿no será este silencio producto de la acomodaticia vocación de los funcionarios?; ¿Este pase a retiro silencioso no encierra acaso una segunda intención de reciclarse en otro puesto?

  Es que la política se ha convertido para estos funcionarios postmodernos en una salida laboral y esto es lo que cuidan antes que nada.  Ninguno de ellos dio un portazo, ni salió con cajas destempladas, dado que evitando el escándalo se aseguran el poder volver, incluso, eventualmente, dentro del mismo gobierno que los echó.
  Y ello es así porque el presente ya no es promesa porque el futuro nos ha alcanzado. Todo nos indica que el futuro es la profundización del simulacro en todos los niveles. Se ha enseñoreado la mentira en todas partes. Los gobiernos progresistas de todo el mundo levantan como bandera, en una actitud más declamativa que real,  la “igualdad de oportunidades”, oportunidades que al no abrirse ni brindarse por los méritos sino por acomodo, por la cuña,  terminan penalizando a los bien dotados, que abrumados se retiran de la vida pública y política, en un repliegue que aprovechan los mediocres.

 

  La impostura del progresismo al otorgar derechos  incumplibles por doquier, que se compromete y obliga a respetar pero que al no poder satisfacer, transfiere al ciudadano perjudicado la responsabilidad de su cumplimiento. Así, la culpa es de la víctima que no supo hacer respetar sus derechos. Ellos desde el poder solo administran los conflictos, no los resuelven.
  Al caducar la idea de “paz perpetua” del mundo moderno planteada por los Ilustrados sólo queda hoy la posibilidad de una “paz aparente”. Y ha sido el filósofo italiano Massimo Cacciari, actual intendente de Venecia, quien se percató primero, cuando afirmó: “La pax apparens sólo organiza el conflicto y las decisiones políticas son inmanentes (ya no con fundamentos). Así, todos los proyectos a priori carecen de valor porque supondrían un orden por encima de los hechos. Entonces a lo que se siente obligado el político es a la “recepción de las demandas” pero no a solucionarlas(1).

  Si nos detenemos a meditar atentamente este breve párrafo las consecuencias que podemos sacar son fulminantes. ¿Saben, nos dice, por qué los gobiernos progresistas y sus funcionarios no tienen ni pueden tener un proyecto y menos aún un proyecto nacional?  Porque los proyectos tienen un fundamento a priori, independiente de la experiencia, son aquellas cosas que están tiradas adelante = pro –iectum, y eso carece de valor para la mentalidad progresista porque supone un orden por encima de los hechos. En una palabra, si yo tengo un proyecto debo dirigir los hechos y las acciones a su logro. El pro-yecto es así el fundamento del obrar político. Pero ellos no pueden concebir un tal orden porque para dicha mentalidad el fundamento de las cosas y los hechos es el fieri, el hacerse de los propios hechos.
Este es el presupuesto ideológico in se del progresismo mismo, concebir la realidad y sobre todo la realidad política como una sucesión lineal-progresiva de hechos y acontecimientos que se suceden por una especie de fuerza de las cosas que a ellos les viene de su interpretación del sentido de la historia. Esto es, el progreso constante e indefinido.

  Y acá no hay vuelta de hoja ni hay con que darle. Este es el pre-supuesto, aquello que está supuesto antes que nada. Y ¿qué es lo su-puesto? Lo que está debajo=sub, de aquello que aparece, de lo puesto o presente.

 

  De ahí que los funcionarios, hijos putativos de estos gobiernos, no hablan, no dicen nada por más que los echen a empujones, porque anida en ellos el claro secreto de volver, de reciclarse permanentemente en otros puestos y cargos. A muchos de entre ellos su origen militante no les permite el regreso. Porque la militancia siempre ha sido un voluntariado gratuito y no quieren volver. Se cumple así la ley de acero: militante que llega  funcionario queda como tal. Es por ello que estos funcionarios pasan de un ministerio a otro, de una diputación a una secretaría, de una gobernación a una embajada. En una palabra, sirven tanto para un zurcido como para un fregado. Hoy, para seguir con los ejemplos puestos, Beliz trabaja para el BID, Bielsa es diputado; Lavagna consultor internacional; Prat Gay para el Banco Mundial, y Acevedo volverá a ser intendente o concejal de Pico Truncado.
  En el fondo estos personajes están convencidos íntimamente que esta es un función y el reciclarse permanente el sentido de su existencia. Es terrible, pero es así. No les cabe a estos funcionarios ninguna convicción, o mejor aún, poseen una sola convicción: durar y perdurar en los cargos, pero por los cargos o puestos, y no por las funciones a que éstos obligan.
  Y esto es así porque si estuvieran convencidos de que los cargos y las funciones obligan a cumplirlas y su cumplimiento enaltece,  una vez desalojados saldrían a hacer política, y política alternativa a la vigente.

 

1.- Cacciari, Massimo: "Drama y Duelo", Madrid, Tecnos, pp.19 y77

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