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Bitácora PI

EUROPA SE MUERE

EUROPA SE MUERE

Daniel MARÍN

 

   Europa se muere. Y esto no es una afirmación emanada del raciocinio lógico de personas a las que algunos catalogan como catastrofistas. Ciertamente, para aquellos que su realidad depende exclusivamente de lo empíricamente demostrable, los datos proceden de la estadística más pura. Es decir, números que relatan la pérdida de potencia humana de un Occidente cada día más tecnificado y menos humanizado; donde la burocracia al servicio de la ideología política mira el dígito olvidando la persona que aguarda detrás de él. Una vida entera, con sus anhelos y deseos, con sus metas y proyectos, con sus amores y sus desamores, con sus penas y sus alegrías.
   Pues bien para aquellos que no vean con sus propios ojos la cruda realidad que se cierne sobre Occidente, emitiré los datos correspondientes.


   En primer lugar, para que la población sobreviva, el número de hijos por mujer ha ser 2,1. Una cifra que dejaría el crecimiento demográfico a cero y exclusivamente produciría el reemplazo generacional. No obstante, hoy en día esa cifra no solo es que no se alcance, sino que está muy por debajo. El retraso de la maternidad unido a su paulatina inexistencia arrojan el dato de 1,4 hijos por mujer en la actualidad. El profesor de la Universidad de Navarra Alban d’Entremont además sentencia lo siguiente: “el déficit de nacimientos se hace cada vez mayor, hasta tal punto que, de continuar así otros veinte años, se podría hacer irreversible el proceso de depauperación demográfica” .
Pues bien, esto lo dijo en 2002.


   Pero claro, esta cifra no es casuística ni capricho del destino.
   La sociedad Occidental, plenamente sensualizada, egoísta y narcisista, acopla una visión antropológica donde el matrimonio es una carga pesada y el sentido de la maternidad es un lastre y casi un obstáculo para la dignidad de la mujer. Una mujer a la que se erotiza en series de televisión, anuncios y publicidad, usándola como objeto de placer para lograr un objetivo claro en las marcas: vender más productos a base de despertar el instinto sexual del ser humano.


   Así, en la pequeña pantalla, en los folletos informativos y en todos los impactos audio y visuales que nos trasmiten, se enseñan familias desestructuradas -véase el anuncio de Renault Scenic-, se incita a la infidelidad y a tener aventuras extramatrimoniales –véase “revive la pasión, ten una aventura” de la Web Victoria Milan-, se ridiculiza a los adultos y a las autoridades, como profesores o policías, -véase series como “Los hombres de Paco” o “Física y Química”- y se venden marcas a cambio de sexo –véase Axe- o placer sin límites -véase marcas de bebidas alcohólicas-.


   La potenciación de los valores relativistas del todo vale y del aquí y ahora dificultan el emprendimiento de decisiones que requieren de gran madurez, como tener hijos o casarse. Madurez de la que adolecen los miembros de la sociedad occidental infantilizada, que recurren al divorcio express o al aborto en cuanto se ven envueltos en algún tipo de responsabilidad que les supera. De esta forma, cada día, en España, se rompen 451 matrimonios, y de cada 3 que se crean 2 se separan. El número rupturas ha aumentado en la última década un 205%, y lo preocupante de las cifras es que cada año aumentan más en lugar de disminuir. Conforme a los abortos, cada 4,7 minutos en España se procede a erradicar la vida de un nasciturus. El rango de edad mayoritario de las mujeres que se someten a este tipo de operación es de 20-24 años, seguido de menores de 19. En la última década el número de madres que renuncian a sus hijos no nacidos ha aumentado un 98,31%.
   La destrucción de la familia y por ende, la destrucción de la sociedad occidental, se ha escondido detrás de una venta derechos. Falsos derechos que esconden tras su aspecto lozano una falta total de responsabilidad y un profundo resultado de insatisfacción.


   Familias hundidas, hijos con problemas psicológicos, falta de plenitud y realización de las personas, y a la postre, una ingrata infelicidad generalizada.
   Los estudios demuestran que alrededor de la mitad de la población española sufre trastornos depresivos. Según la Organización Mundial de la Salud, esta patología será en 2020 la segunda causa de incapacidad del mundo. No obstante, otros problemas que surgen de la ansiedad, de la falta de autoestima y de la depresión también están aumentando en cifras preocupantemente graves cada año. Según la propia OMS, el 53% de la población española sufre sobrepeso y de ese 53%, alrededor de un 30% acucian una obesidad que afecta directamente a la salud.


   La situación de infelicidad a la que finalmente se llega ocasiona estados de inestabilidad, irritabilidad y convulsión en la acción humana que llevan a situaciones de violencia express, como modo exclusivo de canalizar la insatisfacción. De esta manera, año tras año aumentan el número de agresiones, el número de homicidios, el número maltratos conyugales y en definitiva el número de denuncias y juicios en comisarías y juzgados.


   La cultura del consumo, la cultura de lo material, la cultura de lo individualista, la cultura de lo egoísta, la cultura de la irresponsabilidad, la cultura de la imagen y la belleza narcisista, la cultura de los falsos derechos y de los deberes invisibles, está llevando a Occidente a un estado de extinción. Y no son meras percepciones personalistas, cualitativas y subjetivas, sino que son realidades que trascienden en datos cuantitativos y objetivos.


Europa se muere y nosotros con ella. Debemos curarla, debemos curarnos.

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