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¿EX SLAVIA LUX?

¿EX SLAVIA LUX?

Ismael MEDINA

 

   Si yo fuera ruso apoyaría a Putin. Sé que algunos me echarán los perros por esta afirmación contraria a lo políticamente correcto en relación con el conflicto de Osetia del Sur entre Georgia y Rusia. Pero como no soy ruso, norteamericano o europeo tal y como lo son Alemania, Francia y Gran Bretaña, sino español no apegado a patrones de izquierda o de derecha, debo explicar que para un correcto y objetivo entendimiento de lo que sucede hay que ahondar en la historia de Rusia, en sus relaciones desde el siglo XIX con la Europa occidental e incluso con los Estados Unidos de Norteamérica. Pero sobre todo, en lo que algunos han llamado el "alma eslava", una mentalidad propia y singular, muy alejada de la tópica homogeneidad democrática nacida del relativismo liberalista. Y es indudable que Putin la encarna hoy de la misma manera que Stalin se la apropió, aun siendo georgiano, tras orillar los cuerpos extraños a Rusia que eran Lenín y Trotsky, para encaramarse sobre la estela histórica de Iván el Terrible y Pedro el Grande: el sueño de la Gran Rusia.

 

   Nadie parece haberse preguntado por la causa profunda de que Putin acuda a orar en las iglesias ortodoxa de cada ciudad o villa a la que viaja en su inmenso país. Tampoco por lo que esconde la persecución, expropiación y procesamiento, si están a su alcance, de determinados y multimillonarios sujetos que, a la sombra no sólo de Yeltsin, se apropiaron de las empresas estatales más valiosas tras la caída del régimen comunista soviético. Ni por las consecuencias para Rusia del desplazamiento del eje geopolítico mundial desde el Atlántico al Pacífico, con el añadido de que hoy es Rusia, y no el conjunto de la Unión Europea, el corazón geopolítico del gran continente euroasiático. Y junto a todo ellos, que Rusia es una de los grandes productores mundiales de petróleo y gas. Una potencia energética, frente a las angustiosas carencias de la UE.

 

ESLAVOS FRENTE A KHAZARES Y A SUS DESCENDIENTES ASHKENAZIS


   Los pueblos se ahorman en función sus raíces históricas y culturales. Los pueblos, al igual que las criaturas, son el resultado en gran medida de su herencia genética, a la que se une la coyuntural de cada circunstancia histórica. De ahí que cada uno de ellos reaccione de manera singular a situaciones en apariencia análogas, hayan fracasado con frecuencia los proyectos uniformadores, como ahora el de la democracia liberalista y racionalista, y los intentos de implantarlos provocaran una y otra vez reacciones más o menos virulentas.

   Existe en el mundo eslavo, por ejemplo, un trasfondo histórico que explica las reiteradas explosiones contra los judíos que se han registrado bajo diferentes regímenes políticos. Hasta aproximadamente el siglo XI existió el imperio de los khazares que dominó gran parte de lo que hoy son las estepas rusas y las áreas de fricción en torno al Mar Negro y al Mar Caspio. Se nutrió el imperio khazar de judíos procedentes de Bizancio, Persia, Mesopotamia y otras regiones y aunque se mezclaron asiduamente con las poblaciones indígenas se impuso a todos la religión mosaica. El imperio khazar fue finalmente aplastado por el expansionismo de los pueblos eslavos. Aquel lejano imperio sigue considerado aún hoy por el sionismo y el judaísmo como el primer Estado independiente de Israel.

   Descendientes de aquellos khazares son los ashkenazis, o asquenazíes, que hoy configuran en torno al 85% de la población judía mundial, en pugna dentro del actual Estado de Israel con sefardíes y sefarditas (los ashkenazis identifican a los sefardíes auténticos, cada vez menos, con los judíos procedentes de espacios mediorientales y africanos a los que desprecian) e integran mayoritariamente en Israel el partido laborista. Y en el resto del mundo se escoran hacia la izquierda y el progresismo intelectual y mediático. No pocos autores sostienen que marchan al compás que marca la Orden de los Illuminati. Su credo, más o menos acomodado a los cambios de los tiempos (ahora la socialdemocracia) lo definieron los ideólogos del Movimiento Revolucionario Sionista, seguidores en su mayoría de Hegel. Se desplazaron en masa hacia el centro y este europeos, luego hacia los Estados Unidos e Iberoamérica, y fueron los verdaderos artífices de la revolución bolchevique bajo el patrocinio y la ayuda del iluminismo mundialista. Cultivan la fidelidad a la tradición talmúdica pese a ser ateos o agnósticos la mayoría de ellos pues la fidelidad a la raíces mosaicas es el empaste insustituible del pueblo judío disperso por el mundo.

   Los eslavos en expansión precisaban oponer un sentimiento religioso que los aunara frente al teocratismo mosaico de los khazares. Y así creció y se consolidó en el alma eslava la Iglesia ortodoxa rusa, prolongación autónoma de la de Bizancio. Resulta altamente significativo que ese sentimiento religioso se haya reactivado de manera explosiva tras la descomposición de la Unión Soviética pese a la terrible persecución de que fue objeto bajo el régimen comunista. Formaba parte inseparable del alma eslava. Y me atrevería a sostener que en alguna medida se la apropió Stalin al componer la figura de "padrecito" de los eslavos y de los otros pueblos, como el georgiano, del que provenía. No en vano había sido seminarista de la Iglesia ortodoxa en la que, por decirlo metafóricamente, suplantó a Dios. Algo muy parecido a lo que hizo Mao en China al encarnar la figura de Buda rojo.

   ¿Es Putin tan fiel ortodoxo como aparenta? Es consciente, en todo caso, de que necesita vivificar y reconducir el componente religioso del alma eslava para consolidar la unidad del Estado y reactivar el ansia imperial eslava, por ahora más defensiva que ofensiva.

 

BOLCHEVISMO ASHKENAZI Y COMUNISMO ESLAVO

 

   La gran pregunta que proponen los progrom de Stalin, con superior número de víctimas que a manos del II Reich, es la de si realmente era antijudío. La suya fue, a mi parecer, un acción más antileninista y antitrotsquista que racista. Lenín y Trotky eran ashkenazis, al igual que en torno al 82% de los cuadros dirigentes de la revolución bolchevique, uno de cuyos respaldos financieros más importantes provino de la banca alemana. A sabiendas de ello pudo plantearse Stalin que si eliminaba el componente judío de la sociedad rusa tendría el camino expedito para consolidar su poder. También comprendió cuando el III Reich rompió sus compromisos con Moscú e invadió la URSS que necesitaba reavivar el patriotismo eslavo, incluso aligerando coyunturalmente la persecución sobre la Iglesia ortodoxa. Putin, hombre políticamente crecido en el KGB, es conocedor de éstos y otros entresijos de la historia política de la URRS, continuación en sus fundamentos estalinianos de los soportes del imperio zarista.

   Considero necesario, asimismo, añadir algunos datos sobre la historia más reciente de la URSS. Jacques Mitterrand (un francojudío que adoptó este nombre durante la resistencia a la invasión germana) y por largo tiempo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, confesaba en sus memorias, rápidamente desparecidas de la circulación, que tras la muerte de Stalin viajó a la URSS con un grupo de hermanos para restablecer las logias aniquiladas por el zar rojo y que seis meses más tarde dejaron en franquía un cierto número de ellas. Parece obvio que echaron las redes con preferencia entre ashkenazis supervivientes de los progroom y que consiguieron insertarse en las estructuras del PCUS. Dos de ellos, procedentes del KGB como Putin, asumirían un papel decisorio en el hundimiento interno de la URSS: Andropov y Gorbachov, éste auxiliado por su mujer, también askhenazi.

 

LA MARCHA HACIA LA SUSTITUCIÓN DEL MARXISMO POR EL LIBERALISMO

 

   Uno de los grandes problemas geopolíticos a que se enfrentaba la URSS era el gran vacío demográfico de la extensa estepa siberiana en la vecindad fronteriza con la superpoblada China a lo largo de miles de kilómetros. Desde hacía años se intentaba su repoblación con la creación de ciudades y el traslado a ellas de multitud de rusos. Pero al igual que sucedió con el fronterismo español de la Edad Media había que ofrecerles ventajas sustanciales. Dos fueron las principales: muy superiores sueldos y mayores márgenes de autonomía y libertad. Entre estas ciudades adquirió relevancia Novosibirsk, con una pujante universidad y complejos de investigación.

   Andropov perseguía promover una reforma neoliberalista de la economía soviética (tanto él como luego Gorbachov se valieron de su embajador en Canadá, viajero impenitente a los Estados Uniditos para contactar con el lobby judío) y pidió un informe en esa dirección a los profesores de la ciudad universitaria y científica siberiana. Se le conoce como los "Papeles de Novosibirsk". Fueron rechazados por la Academia de las Ciencias soviética, todavía dominada por comunistas ortodoxos. Pero la semilla comenzaba a fructificar.

   Fue sin duda importante la rebeldía de Polonia y el papel que jugaron Juan Pablo II y Ronald Regan. Pero el súbito desplome de la URSS no se podrá entender en sus verdaderos términos sin la conspiración interior que inició Andropov y consumó Gorbachov, hoy multimillonario y a la cabeza de una influyente fundación norteamericana que lleva su nombre, la cual difunde ideas análogas a las de David Rockefeller.

   Yelstin no surgió de la nada. Borrachín y paranoico fue catapultado al poder para que consumara la desarticulación política y territorial de la URSS e incluso de la Federación Rusa. La privatización de las grandes empresas estatales se convirtió en un desquiciado y gratuito reparto de todas ellas entre miembros del PCUS, unos eslavos y otros ashkenazis. Así emergieron dos poderosísimas mafias financieras y empresariales que muy pronto entraron en colisión. Es necesario anotarlo para un mejor entendimiento de la lucha de Putin contra determinados y poderosos personajes de la mafia askhenazi. Y en particular, la de sector petrolífero, estrechamente ligada al cártel norteamericano. Es consecuente que Putin persiga unificar bajo control eslavo esta poderosa fuente de energía. Y no sólo como arma de presión sobre la Europa occidental. También para alimentar la mejora de la economía rusa y el sostenimiento de su avanzada tecnología científica, sobre todo en la militar.

 

ILUMINISMO Y DESTRUCCIÓN DE LOS ESTADOS-NACIÓN

 

   Un estudio objetivo de la ideología mundialista de la Orden de los Iluminados descubre que el viejo "divide y vencerás" es parte sustancial de su estrategia de fomento de los nacionalismos locales y de aniquilación de los tradicionales Estados-Nación, amén de estimular las tensiones fronterizas entre unos y otros.

   La existencia del Imperio Austrohúngaro configuró el factor de estabilidad en el bajo vientre sudoriental de Europa. El magnicidio de Sarajevo fue la calculada espoleta que provocó la primera guerra mundial, la cual signó el comienzo de la agonía política de Europa. El renacimiento del poder central europeo bajo Hitler no pasó de un espejismo histórico. Lo percibió Franco cuando, a raíz de la entrada en guerra de los Estados Unidos de Norteamérica, comentó: "Alemania ha perdido la guerra. No podrá resistir al enorme potencial norteamericano". Y no lo resistió. Pero la consecuencia fue que la Europa Occidental se convertiría en adelante en una provincia política y militar de los USA.

   Habría que volver sobre la teoría geopolítica de McKinder que hicieron suya Hausshofer para Hitler y Semianov para Stalin. Sostenía Mckinder que el corazón de Europa, Alemania, era el centro de gravitación geopolítica del mundo y esencial para su dominio. Fue la causa de que en Yalta se lo repartieran por mitad los USA y la URSS, cuyos excesos totalitarios, superiores a los hitlerianos, se silenciaron al convertirse en aliado triunfador y aún hoy se pasan por alto, especialmente desde la progresía internacional.

   También Europa sería víctima de la estrategia de descolonización, la cual le sustrajo las reservas de materia primas estratégicas de sus antiguas colonias que en gran parte pasaron a manos de empresas multinacionales. Parejo mecanismo se aplicaría luego en los Balcanes y en las repúblicas periféricas de la desaparecida Unión Soviética, perturbadora sobre todo en su flanco euroasiático. Los USA y su provincia europea, hoy la bamboleante Unión Europea, ha estado y siguen detrás del descuartizamiento balcánico y de las atrocidades que lo han jalonado. Y no sólo de los serbios, objeto único de una parcial persecución político-judicial.

 

NO TODO ES LUCHA POR EL PETRÓLEO

 

   Es cierto que la pugna por el control de los ricos yacimientos petrolíferos de la meseta mesopotámica y del recorrido de los oleoductos forma parte inseparable de las contiendas en aquella zona. Hay que releer "La guerra secreta del petróleo", de Jacques Bergier y Bernard Thomas, para un apurado conocimiento de sus antecedentes y de la pugna ruso-norteamericana desde el siglo XIX. Pero una cosa son las planificaciones a medio y largo plazo y otra sus variantes imprevistas. Me refiero en concreto a Afganistán. Los USA, con el respaldo de su provincia europea, alimentaron la guerra afgana contra la ocupación de una Rusia en declive. Ahora han cambiado las tornas y deben enfrentarse en una guerra irregular contra aquellos a los que armaron y a su internacionalizado componente del fundamentalismo islámico. Parece que existe mayor preocupación occidental hacia el fortalecimiento de la Federación rusa de Putin que hacia la explosiva expansión de la guerra irregular del islamismo.

   El conflicto suscitado en Georgia es tan artificioso como forzado. La historia de Georgia ha conocido invasiones de todo tipo. Ha soportado múltiples asentamientos ajenos a su componente étnica primitiva y mezclas de población. No es casual, ni mucho menos, que un georgiano, Stalin, se convirtiera en cabeza del nuevo empuje imperial ruso. Y sí paradójico que su enorme estatua perdure y sea objeto de devoción nacionalista en la Georgia sólo presuntamente democrática.

   La "descolonización" de la URSS convirtió a Georgia en una república independiente con fronteras artificiales que englobaba poblaciones eslavas mayoritarias, como son Osetia del Sur y Abjasia. Con independencia del vital oleoducto que la atraviesa, el conflicto estaba larvado en su propia configuración. La presunción de grandes beneficios económicos derivados de su incorporación a la Unión Europea favorecieron el triunfo electoral de Saakasvili, su actual presidente occidentalista y pronorteramericano , aunque por apretado margen. Fue tentado a un arriesgado reto frente a Rusia.

   Saakkasvili se sintió respaldado por unas demasiado oportunas maniobras navales de la OTAN y actuó en consecuencia. Pero no contó con la inmediata reacción de Putin y el tiro le salió por la culata. El parlamento ruso ha hecho suyas las demandas de independencia de las repúblicas Osetia del Sur y Abjasia, de mayoría eslava. Y por muchas que sean las enfáticas amenazas políticas norteamericanas y de su provincia europea no habrá vuelta de hoja, salvo que Putin obtenga otras concesiones a cambio de dar marcha atrás. Dialécticamente le respaldan los antecedes de Kosovo y de Afganistán.

 

RUSIA ES FUNDAMENTAL PARA LA DENFESA DE EUROPA FRENTE EL FUTURO EXPANSIONISMO CHINO

 

   El problema es, sin embargo, de muy superior fondo. El eje geopolítico mundial se desplazó hace ya tiempo al Pacífico y carece de vigencia la tesis de McKinder. China e India son potencias emergentes, a lo que se une el revival islámico. Amenazas para Europa y los USA a medio o largo plazo. Rusia se convierte así para Europa en guardián indispensable frente a nuevas arremetidas que cabalguen desde el este y el sudeste islámico. También lo deberían meditar en Washington y en Nueva Yoork, el centro indiscutible del poder real norteamericano.

   La creciente penetración china en África e Iberoamérica constituyen serios timbrazos de alerta. Difícilmente China se sustraerá al sueño imperial si persiste en su espectacular crecimiento y no se derrumba interiormente. En tanto persista la presión de los USA y de su provincia europea sobre Rusia, Putin y la actual clase dirigente eslava buscarán la aproximación coyuntural a China, aún a riesgo de pagar en el futuro un alto precio.

   Si en la Unión Europea prevaleciera un serio realismo le sería racionalmente exigible un acuerdo de buena vecindad con Rusia. Pero la UE no pasa de ser hoy por hoy un endeble armazón burocrático y económico cuya defensa militar depende de las Fuerzas Armadas norteamericanas.

   "Ex Slavia Lux", concluía el lúcido ensayo "La vuelta de los budas", del profesor Jesús Fueyo Álvarez, tras analizar la tuberculosis que aquejaba ya entonces al alma europea. ¿Exageraba? Deberíamos meditarlo.

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