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LA ARCADIA FELIZ DE ZP SE DESMORONA SIN QUE LA OPOSICIÓN SE ENTERE

LA ARCADIA FELIZ DE ZP SE DESMORONA SIN QUE LA OPOSICIÓN SE ENTERE

Francisco TORRES

 

   Semana a semana los datos económicos van configurando un paisaje muy distante al de la Arcadia feliz pacientemente dibujada por el gobierno, difundida por el aparato mediático que le rinde apoyo y pleitesía y escasamente contestada por la oposición. En este sentido, asombra a muchos la escasa capacidad de la oposición, del Partido Popular, a la hora de contradecir, en este punto, el discurso de José Luis Rodríguez Zapatero; pese al reiterado anuncio del presidente de hacer del mismo una de sus bazas electorales. Sólo ahora, cuando se produce un repunte del paro, tímidamente, Mariano Rajoy, ha hablado de la dilapidación de la herencia de Aznar, pero sin entrar en profundidad en el debate, ni aportar más alternativa que simples generalizaciones. Golpear sin concretar parece ser la estrategia que va a utilizar el presidente del PP pues ya en su discurso programático tras el periplo estival ante las mesnadas populares se limitó a hablar de la prioridad que la cuestión económica tendrá para su futuro gobierno.

 

   No es la primera vez que este modesto historiador escribe sobre la falsa imagen de bonanza económica generada, con insistencia, por el gobierno. En varias ocasiones me he referido a la manipulación de los datos económicos que el gobierno ha hecho aprovechando los cambios introducidos en la metodología contable del Estado. Los ajustes contables son unas variaciones que se producen cada cierto tiempo y que maquillan los datos ante quienes no son expertos en la materia. Estos ajustes han sobredimensionado los, en líneas generales, buenos datos españoles. La manipulación se produce cuando un gobierno aprovecha, en beneficio propio, esta circunstancia ocultando el alcance real de estos ajustes; también la oposición es culpable por no denunciarlo. Como la materia es árida conviene poner un ejemplo clarificador. Si entramos en los datos referidos a nuestra renta y al PIB es fácil explicar la distorsión porque, por ejemplo, no se contempla el factor corrector de la diferencia entre el número de habitantes reales y el número de habitantes legales; sobre todo cuando después se presenta el incremento del consumo -lógico por ese plus de población- como factor destacado.

   José Luis Rodríguez Zapatero esperaba que unos datos, más o menos bondadosos, le permitieran mantener, hasta las elecciones, la ficción. El optimismo congénito del presidente y su confianza ciega en su autoproclamada buena estrella harían el resto. En todo caso, la culpa de una desaceleración económica y de las dificultades de los españoles para llegar a fin de mes, recaería en elementos ajenos a su influencia; de ahí el socorrido recurso a las decisiones del Banco Central Europeo ante las que nada se puede  hacer. Además, estima que los datos del crecimiento económico español le permiten mantener sin grandes apuros su discurso. Imprudentemente, confiando en su buena estrella, lanzó el mensaje, al iniciarse el periplo estival, en consonancia con la imagen de éxito económico que quiere transmitir, de que su gobierno había conseguido llevar el paro a su nivel más bajo conseguido por España en democracia. Estuvo bien la salvedad de "en democracia", porque alguien podía haber recordado el pleno empleo conseguido en los años sesenta por el régimen de Franco.

 

   José Luis Rodríguez Zapatero, manejando los datos económicos, ha conseguido hasta apabullar a la oposición. Mariano Rajoy fue incapaz de contestar el pretendido éxito de ZP cuando hasta el más torpe de los estudiantes sabe que el empleo repunta a partir de Semana Santa por la demanda creciente del sector turístico. Razón a la que se suma la oferta de empleo agrario y la hipotética continuidad de la absorción de mano de obra por parte de la construcción. La imprudencia de ZP, probablemente impulsada por sus asesores económicos más cercanos que suelen puentear la prudencia de Solbes, hizo que no prestara atención a las advertencias sobre la desaceleración en la construcción, ni fuera capaz de empañar su buena estrella la posibilidad de que las expectativas turísticas no se cumplieran. También decidió prescindir de la constante subida del precio del dinero por parte del BCE o del barril de petróleo. El consumo, aupado sobre una población en constante expansión por la llegada de inmigrantes, también mostraba signos de freno mientras que los bancos alertaban sobre el incremento de la morosidad, y muchos de los préstamos están vinculados al consumo. El resultado de esta burbuja es que transcurrido poco más de un mes desde el anuncio eufórico se ha producido un repunte del paro y los expertos anotan que éste va a continuar creciendo en los próximos meses. Sin embargo, como el debate económico, tiene escasa  incidencia en el electorado, salvo que la situación se agrave de forma alarmante, el gobierno ha conseguido que se contemple el hecho como algo puntual, producto de una coyuntura determinada.

 

   Toda la maquinaría socialista se ha puesto en marcha para tranquilizar a los españoles y responsabilizar a una coyuntura que Solbes rotula como de incertidumbre; con ligera aparente disonancia, el presidente prefiere mostrarse confiado expresando su tesis de que la situación económica global permitirá a España afrontar esta situación. La trastienda de esta imagen publicitaria es mucho más compleja pues el presidente se ha mostrado presto a la hora de conseguir la neutralidad de los poderes económicos en el próximo embite electoral, de ahí la reunión sostenida con Emilio Botín. El presidente no quiere choques o que una serie de malos datos y escasa capacidad de respuesta por parte del gobierno haga que el mundo del interés busque nuevos horizontes políticos. Sobre todo cuando es evidente que el presidente va a prescindir de Solbes y éste va a prescindir del presidente. El mundo económico teme las excentricidades y las boutades de ZP, por ello, el presidente ha buscado tranquilizarlo. No muy lejos debe quedar el temor a que Rodrigo Rato se convierta en una baza popular.

   José Luis Rodríguez Zapatero, una y otra vez, exhibe como gran logro, sin grandes desmentidos por parte de la oposición, un mejor reparto de la riqueza y el incremento y expansión de los beneficios sociales. En su delirio ha llegado a decir que, en realidad, los españoles somos ahora más ricos. Se ha amparado para ello en otro truco contable: somos más ricos porque nuestras viviendas se han revalorizado. Sin embargo, la realidad es que el poder adquisitivo real de los españoles no ha hecho más que descender; que la situación salarial real es comparativamente inferior en su crecimiento a la de los años del desarrollo. Más riqueza, pero España es, por ejemplo, uno de los países con el SMI más bajo de Europa y el más bajo de los países cabecera de la UE. José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió a elevarlo hasta alcanzar los 600 Euros aunque de momento se sitúe en los 570 Euros, pero quedando muy lejos de los 800 que, como mínimo, señala la UE.

 

   La Arcadia feliz de ZP, sostenida en los argumentos macroeconómicos, se está desmoronando entre los españoles, pese a que la imagen de éxito se mantenga. Las reiteradas subidas del precio del dinero y las previsibles de cara al otoño-invierno, pese al mensaje tranquilizador del BCE, han roto muchas economías familiares. El endeudamiento de las familias es muy alto, la capacidad de ahorro se encuentra muy mermada y la factura hipotecaria conduce a reducir los gastos. Es algo que se ha notado este verano en el sector turístico (se mantienen en líneas generales las magnitudes pero desciende el gasto por persona) y en el porcentaje de españoles que no han podido asumir unas vacaciones o que las han reducido recurriendo, en muchos casos, a la opción de la residencia de gran familia.

   España, como todos los países de primer orden de la UE, tiene un problema de inflación. El gobierno, merced al ajuste y a la consideración que tienen los productos, mantiene la tesis de que ésta, aunque al alza, se contiene. La realidad es muy distinta cuando las familias corrigen en su cesta de la compra las magnitudes que se utilizan para contabilizar la inflación. Las subidas acumuladas desde primeros de año, en los productos que de verdad afectan al bolsillo familiar medio, dejaban, antes de un agosto de negros presagios, muy atrás las previsiones de inflación del gobierno y, por supuesto, el incremento salarial. Esta situación ha podido ser apartada del debate político, incluso de la realidad colectiva del español medio, hasta que los incrementos en los artículos básicos, de artículos de primera necesidad (frutas, hortalizas, leche, pollo, pan...) se han hecho dramáticamente reales de cara al próximo otoño-invierno. La cesta de la compra lleva disparándose desde hace unos meses sin que se hayan tomado medidas.

 

   La realidad económica de la Arcadia feliz de ZP es la de unas familias endeudadas, con un facturas hipotecarias que rondan el límite de lo asumible, con problemas para superar el día 20 del mes, sin capacidad de ahorro real, que ahora se enfrentan a nuevos incrementos en las hipotecas y en artículos básicos. Quizás ZP haya olvidado que el día que estalló la revolución en Francia fue cuando las cuatro libras de pan alcanzaron los inasumibles 10 sous. En los países de primera línea, las revoluciones son sueños del pasado, pero quizás éste sea el verdadero talón de Aquiles del presidente, aunque a diferencia de lo acontecido en Troya, aquí no existe un Paris capaz de empuñar el arco que lance la flecha capaz de arrebatarle su aura de glorioso triunfador.

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