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RODRÍGUEZ, O TRAICIÓN TRAICIONADA

RODRÍGUEZ, O TRAICIÓN TRAICIONADA

Ismael MEDINA

 

   Pasaron las elecciones municipales y autonómicas y hasta el próximo 16 de junio asistiremos al espectáculo de juegos canallescos de póquer para decidir los amancebamientos que a unos u otros garanticen su participación en la tarta del poder. Ruedan las cabezas de los perdedores por propios errores o para salvar a sus superiores o verdaderos responsables del fracaso. Y todo se vuelven cábalas en los medios sobre depuraciones en el seno de los partidos y si las próximas elecciones generales acarrearán sorpresas. Pero un observador ayuno de afecciones partidistas habrá de convenir que nada ha cambiado sustancialmente. Y que los problemas de fondo nos seguirán asediando con independencia del partido que gane cuando, de nuevo, el cebo de las urnas nos sitúe ante una mayoría parlamentaria insuficiente que obligue a concesiones contrarias al bien común de los españoles.

  

   Éste podría ser el comienzo de la crónica semanal sobe la rutinaria anormalidad en que los españoles nos vemos envueltos. Pero en la madrugada del martes ETA le reventó a Rodríguez la esquizofrénica pantomima de la paz. Un envenenado buñuelo de viento que sólo podía caber en la cabeza del político más inepto, presuntuoso y desquiciado u ha conocido España en los últimos siglos Lo anormal no es que el terrorismo retorne a su actividad criminal para avanzar aún más en sus objetivos. Lo anormal es que el gobierno de una nación claudique ante el bandidaje independentista. Rodríguez, la gentuza que lo rodea, los medios que encubren y jalean sus delirios y quienes todavía votan al P(SOE), incapaces de ver más allá de su narices, han tenido la respuesta a que se hicieron merecedores y que de nuevo pagaremos los españoles con sangre indiscriminada.

   Rodríguez y el P(SOE) se alzaron con el poder sobre la sangre derramada el 11 de marzo de 2004 por una tenebrosa conjunción terrorista tan minuciosamente instrumentada que el interminable proceso judicial parece incapaz de descifrar. Y salpicado con la sangre que él mismo propició caerán Rodríguez y el P(SOE) si a los españoles en conjunto aún nos resta algo de sensatez, un rescoldo de autodefensa y espíritu de rebeldía. Estaba cantado que llegaría este día. Y no es un consuelo que se haya producido para quienes advertimos desde un comienzo sobre la mariconada política de que el Estado y sus instituciones se desparramen boca abajo en el catre dispuesto por el terrorismo.

 

     EL MAL VIENE DE LEJOS Y ANIDA EN LA CONSTITUCIÓN

 

   EL hoy es siempre hijo del ayer para bien o para mal. Depende de los precedentes y de si en el poder, sea el visible o el oculto, existe proclividad al continuismo, al entreguismo, a la revancha o a la rectificación. Y asimismo, del momento histórico que cada partido o partidillo, personajes o personajillos, tomen como referencia para asentar sus ambiciones. ¿Ocupar y mantener el poder a cualquier precio? ¿La caverna prehistórica? ¿El fraudulento romanticismo nacionalista? ¿La II República? ¿La más reciente tarangana constitucional? ¿La mimetización de modelos trasfronterizos o trasatlánticos que no nos van? Si cada una de estas opciones está preñada de incertidumbres, el amasijo parlamentario de todas ellas deriva en aquelarre. En conciliábulo de brujas en torno al la hoguera del poder. En noche iluminista de Walpurgis. Goethe reflejó en "Fausto" su índole luciferina. Y no andaba descaminado si nos atenemos a lo que padecemos en España bajo Rodríguez en vestes de recojemierdas.

   Miguel Angel Loma publicó en “Contraportada” un lúcido artículo sobre lo fácil y lo sencillo, aplicado a los ámbitos político, social y religioso. Lo fácil conduce a un proceso de progresiva degradación que desemboca en la pocilga del relativismo y de la trampa. En mondo y lirondo nihilismo. Lo sencillo tiene su asidero en la afección a los valores morales permanentes del orden natural, sean cristianos o no quienes los asumen. Lo sencillo es, de otra parte, lo que alimenta y fortalece el sentido común. Virtud que en la actualidad parece ser privilegio de muy pocos y de la que están ayunos la inmensa mayoría de nuestros políticos de uno u otro signo.

   "La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio", aleccionaba Cicerón un siglo antes de la era cristiana y del que cobran especial actualidad "De senectute", "De republica" y "De legibus". La actividad política es hoy una ciénaga de mentiras que el altavoz sectario de los medios de desinformación contribuye a hacerla más perniciosa y hedionda. Y que se impone como método de despotismo desilustrado merced al silencio cómplice de una sociedad amansada, desnortada y envilecida. Es consecuente que todo se corrompa cuando la verdad la corrompen quienes por su posición tendrían el deber de la ejemplaridad. ¿Podíamos esperar otra cosa de un sistema nacido con el estigma del perjurio?.

 

   No es casualidad de que el bandidaje terrorista haya escogido para anunciar la ruptura del chalaneo con el gobierno Rodríguez la jornada en que se echaban al vuelo las campanas mediáticas por el cercano XXX aniversario del juancarlazo al que Adolfo Suárez sirvió de diligente manijero. ETA le ha marcado los tiempos a Rodríguez y también sabe marcar su criminal andadura con simbolismos para la ignominia. Nos ha venido a decir con la elección de un empachoso aniversario que el origen de su poder coactivo como brazo armado del secesionismo vascongado, capitaneado por el PNV, proviene del fraude democratizador, de la inmediata y temeraria ley de amnistía y de la propia constitución de 1978. El Titulo VIII, amén de las transitorias adicionales y el virus de la "nacionalidades", contenía una bomba de relojería que, llegado el momento, despanzurraría el presunto orden constitucional, las instituciones básicas del Estado y la unidad de España.

 

     EL PODER DEL ESTADO SE DEGRADA CUANDO SE NEGOCIA CON EL TERRORISMO

 

   Hubo un momento a comienzos de los setenta, en que se pudo descabezar por completo a ETA, quebrar sus articulaciones y aniquilar sus todavía incipientes bandas de asesinos. Un infiltrado propuso aprovechar una asamblea de los terroristas para envenenar el condumio y acabar con todos los participantes. Los servicios de información elevaron la propuesta a Carrero Blanco y éste denegó el permiso aduciendo que su conciencia católica le prohibía dar muerte a los asesinos al margen de la ley y del Estado de Derecho. Pagó con la vida aquella inhibición. Años más tarde, cuando ya el terrorismo nacional-marxista había centuplicado sus crímenes preconstitucionales, lo intentó Felipe González, con las debidas anuencias, mediante los GAL. Pero operaciones de esta índole, propias de servicios secretos avezados, no se pueden encomendar a ineptos, más preocupados por lucrarse de los fondos reservados que por la cautela y el sigilo que requieren acciones de tal envergadura. El desfondamiento político de los GAL, encaminado a desbancar del poder a González y el PSOE, desembocó en dos letales consecuencias: la desarticulación de la unidad de la Guardia Civil que mejor conocía los secretos del terrorismo etarra y de sus cobertura políticas en España y Francia, convirtiendo a su jefe, Galindo, en chivo expiatorio; y el fortalecimiento de la banda criminal.

   Si traigo a colación estos antecedentes, indispensables para descifrar la causa de que todavía en 2007 sea el terrorismo un gravísimo y recrecido problema en España, es para evidenciar que sólo se puede terminar con él mediante la aniquilación sistemática y sin contemplaciones. Nunca con la negociación. Negociar la paz a escondidas con el bandolerismo organizado que persigue romper la unidad de la nación equivale a situarlo en el mismo e incluso superior plano que al Estado. El terrorismo debe conocer de manera fehaciente la determinación del Estado a no aceptar otra realidad que no sea la entrega de las armas y el sometimiento a la ley de quienes lo integran. También el terrorista ha de estar persuadido de que puede morir en cualquier vereda o esquina. Y de que no podrá jugar con la ventaja de un código penal permisivo, más inclemente con quienes se enfrentan al terror que con los terroristas.

 

     SE PRECISAN LEYES IDÓNEAS CUANDO NO SON VÁLIDAS LAS VIGENTES

 

   Resulta irónicamente macabro que el gobierno parapete su proclividad a un infamante pasteleo con los terroristas y sus escudos tras apelaciones hipócritas a la ley y al Estado de Derecho. Y no solo queda en evidencia por las cínicas transgresiones de la ley y del Estado de Derecho a que hemos asistido en los últimos tiempos, protagonizadas por el Fiscal general del Estado y magistrados igualmente sectarios y serviles a un gobierno cocinador empedernido de desastres.

   El gobierno y su torticera mayoría parlamentaria han promulgado leyes inicuas de las que sale malparada la sociedad. Si realmente mantuvieran una verdadera lucha contra el terrorismo, estaba en sus manos establecer un exigente marco punitivo acorde con la entidad de la amenaza. Pero rehúsan esa respuesta rigurosa a lo que demanda la sociedad y la oposición reclama desde hace tiempo. Rodríguez, tan amante de la II República, podría retomar de ella la Ley de Orden Público y la Ley de Vagos y Maleantes. Serían hoy muy eficaces para acabar con ETA y sus amparadores. Pero es inútil pedirlo a quienes están atados por el compromiso de despedazar España. Es mentira, una gran mentira, que a Rodríguez sólo la mueva la enfermiza ensoñación de pasar a la historia, a toda costa, como un nuevo príncipe de la paz e incluso conseguir el Nobel de la Paz. Su rencoroso infantilismo le ha conducido a creérselo, aunque habría de ser consciente de que fue elevado a la secretaría general del P(SOE), y luego a la presidencia del gobierno, para que cumpliera la miserable tarea en la que se empeñó y sigue empeñado.

 

     LA PAZ SÓLO SE CONSIGUE ANIQUILANDO AL TERRORISMO

 

   Paz y guerra son entidades contrapuestas. Pero inseparables la una de la otra. Cuando no hay guerra carece de sentido buscar la paz puesto que ésta es un bien existente. ETA proclamó desde sus inicios, y lo ha repetido hasta la saciedad y hasta ayer mismo, que su objetivo irrenunciable es la independencia de esa invención que llama Euskal-Herría mediante la lucha armada contra España. O contra el opresor Estado español, como ellos y cualesquiera partidos separatistas sostienen. ¿Y qué es la lucha armada del terrorismo sino una guerra irregular y revolucionaria? Quien conozca las siete pautas de la estrategia revolucionaria que diseñó Lenín habrá comprobado que coincide en sus principales tramos con la desarrollada por el terrorismo etarra-batasuno, nacido en el seno juvenil PNV y pronto derivado en nacional-comunismo al socaire conventual y de sacristía de la llamada "teología de la liberación" y "teología de la violencia".

   Rodríguez y sus huestes insisten en enmascarar su claudicación tras la presunción de practicar una lucha antiterrorista. Si lucha es "lid, contienda, combate", se admite la existencia de un conflicto armado entre España y un enemigo que pugna por apropiare a sangre y fuego de una parte de su territorio. Y el desenlace de una guerra, por muy irregular que ésta sea, apenas si tiene tres salidas: la victoria sobre el enemigo mediante su aplastamiento, la capitulación del enemigo o la capitulación ante el enemigo para servirle en bandeja el triunfo.

   Se pueden mandar emisarios al campo enemigo para sondear su disposición a la entrega de las armas y a su disolución. Lo intentó González con las infructuosas conversaciones de Argel y el fracaso le aconsejó oponer a la guerra irregular de ETA una burda guerra irregular de los GAL. Lo pretendió más tarde Aznar y las inadmisibles exigencias terroristas le impulsaron a poner en marcha una enérgica acción policial contra ETA; y a negociar con el ministro de Interior francés un eficiente acuerdo de colaboración encaminado a liquidar los "santuarios" terroristas en suelo galo. De ahí le viene su amistad y entendimiento político con Sarkozy, hoy presidente de la vecina República. Desde esta perspectiva se entiende mejor la doble advertencia de Sarkozy a Rodríguez, a ETA y al nacionalismo vascongado durante su reciente visita presidencial a España: la lucha antiterrorista y la subversión nacionalista en España son responsabilidad del gobierno español; y Francia no consentirá que esa amenaza siente planta en su territorio. En definitiva, que el gobierno español y los españoles se cuezan en su propia salsa; y que el gobierno francés no negocia con terroristas en su suelo y usará todos los recursos del Estado para aplastar cualquier asomo de contagio. El Estado francés, en suma, no traiciona a su pueblo ni se traiciona a sí mismo. Tampoco traicionara al Estado español en tanto éste no traicione al francés.

   El problema reside, sin embargo, en que Rodríguez no sólo traicionó la eficaz colaboración antiterrorista entre Aznar y Sarkozy, aún a despecho de Chirac. Traicionó también los pactos antiterroristas con el PP y a las víctimas de ETA. Pero traicionó sobre todo al pueblo español que comenzaba a respirar tras de muchos años de sangrientos atentados. Ahora el traidor se ve traicionado por la banda criminal a la que alentó y fortaleció, así como a los separatismos, con indignas dejaciones de la soberanía del Estado. No parece, sin embargo, que se haya caído del guindo a raíz del comunicado de ETA, como algunos quieren creer piadosamente o para escurrir el bulto de su respaldo a la traición.

 

     RODRÍGUEZ FALSEA LA VERDAD Y NO RECTIFICA

 

   Rajoy cometerá un grave error para él, para su partido y para España si se deja atrapar en la red que le tiende Rodríguez para escapar se sus propias culpas y reemprender de manera subrepticia el camino de la negociación de paz por territorios. Hay que leer con detenimiento y entre líneas su "declaración institucional" en la sala de prensa de la Moncloa sin dar opción a preguntas de los periodistas por miedo a quedar en evidencia.

   Suenan a falsete, como siempre, las apelaciones a la democracia y al Estado de Derecho en un trasgresor impenitente de los usos democráticos, que se pasa el Estado de Derecho por el arco de triunfo siempre que conviene a sus delirios, que usa sectariamente las instituciones básicas del Estado y las corrompe, que tiene una concepción totalitaria del poder, que cabalga sobre la mentira, que es un tramposo empedernido y al que nada la importa trocear España en el matadero de la historia con tal de aferrarse al poder que conquistó sobre los surcos de muerte del 11 de marzo de 2004.

   No habla Rodríguez de utilizar las fuerza del Estado para aplastar al terrorismo, sino de exigirle una vez más el fin de la violencia. Tampoco de retrotraer la situación en Vascongadas a como la encontró cuando accedió a La Moncloa con el aparato político y facial del terrorismo en la ilegalidad y con el operativo casi asfixiado, hasta el punto de que, según declaraciones recientes de un representante sindical de la Policía Nacional, a ETA sólo le restaban en vísperas de las elecciones del 14 de marzo cuatro tersitas capaces de asesinar. Ni renuncia a proseguir el disparatado camino hacia una falsa paz cuyo anhelo atribuye a "la sociedad vasca y la española", y que a causa de su torpeza e incapacidad ha contribuido de manera decisiva al fortalecimiento del conglomerado nacional-comunista y a su capacidad de agresión a la sociedad española, de la que la vascongada es una parte tan acogotada como indesgajable.

   Rodríguez tampoco renuncia a culpar a Rajoy y al PP del fracaso de las negociaciones con el terrorismo, aunque en esta ocasión lo encubra con el agradecimiento a "los grupos políticos que han dado un respaldo incondicional al gobierno y su compromiso en este periodo". Aquellos, en definitiva, que le otorgan mayoría parlamentaria, y le dejan hacer y deshacer a su antojo a cambio de prebendas y parcelas de poder. El PP no entra en esa contabilidad de nefastas colaboraciones. Yen ese punto asoma Rodríguez la oreja de la trampa que le tiende a Rajoy con el encuentro a celebrar el próximo lunes: "Tengo la esperanza de que, ante el anuncio de ETA, ese respaldo de los grupos sea unánime". Lo dejaron más claro Pepino Blanco, Fernández de la Vega y Bermejo en vísperas del comunicado etarra, cuando ya en la cueva moncloaca conocían que, conseguidos sus inmediatos objetivos, ETA anunciaría el final de un "alto el fuego permanente", en realidad una ficción convenida con los emisarios de Rodríguez. Insistieron con su habitual cinismo en que el bloqueo del "proceso de paz" era culpa de la falta de colaboración del PP y de su crispada oposición al gobierno. Una campaña sostenida durante los últimos tres años con aviesa predeterminación y el respaldo mediático del polanquismo y de algunos columnistas que no perdonan Aznar la negativa a subvencionar sus ambiciones empresariales.

 

     RAJOY SE JUEGA EL FUTURO DE ESPAÑA Y NO SÓLO EL SUYO Y DEL PP

 

   Rodríguez requirió de urgencia a Rajoy para encontrarse con él en La Moncloa a sabiendas de que ssu única opción razonable es negare al apoyo incondicional a su pretensión de continuar el "proceso de paz" que le obsesiona y del que no se apea. Persigue manipular el rechazo de Rajoy para acusar una vez más al PP favorecer el terrorismo de ETA y de echar sobre sus espaldas la sangre que en adelante vierta el terrorismo. De nada le serviría a Rajoy hacer gala de la moderación y la sensatez que le reclaman desde las esquinas mediáticas y desde aquellas en que se cobijan los pusilánimes o arribistas de su propio partido.

   Nos enfrentamos una situación política parecida a la posguerra revolucionaria de 1934, cuando Alcalá Zamora impuso al gobierno de Lerroux, del que la CEDA formaba parte, una suicida moderación en el castigo a los culpables de aquel sangriento episodio, prólogo de la guerra civil. Aún sin retroceder tanto en la historia, Rajoy no puede desconocer la mentalidad traidora de Rodríguez. Promovió desde el P(SOE) el pacto antiterrorista del que tanto se ufana. Pero ya en 2002 negociaba en secreto con ETA. Un sórdido doble juego del que ha hecho eje de su política durante estos tres años de desdichado y tramposo gobierno, ejemplo clarificador de lo que es capaz un rencoroso sin talento y absolutamente falto de ética.

   Rajoy se jugará el lunes, si entra al trapo, algo más que su mañana político y el de su partido. Se jugará el futuro de España. Y no caben milongas cuando España está en peligro y se rompe por los cuatro costados. Le ha llegado la hora de demostrar si tiene mentalidad, valor y recursos de hombre de Estado frente a la incompetencia y la truhanería de Rodríguez, un personaje que en circunstancias normales ni tan siquiera habría llegado a sentar sus posaderas de asténico acomplejado en el Congreso de los Diputados. No sólo habrá de poner a Rodríguez contra las cuerdas en el curso de la reunión y exigirle algo más, mucho más, que el retorno al Pacto Antiterrorista que traicionó y violó desde su mismo nacimiento, y en el que meter a CiU Y PNV, como ha sugerido Rajoy, es como dejar a un ladrón para que guarde la casa en vacaciones. O como mantener a Piqué al frente del PP en Cataluña. Tampoco puede caer en la tentación de asumir la exigencia de confidencialidad que le pedirá Rodríguez. Correría el riesgo de que éste, según hábito irrefrenable, le madrugue luego con versiones falaces o grabaciones adulteradas.

 

     HA LLEGADO EL MOMENTO DE LAS GRANDES DECISIONES

 

   El P(SOE), por boca de Pérez Rubalcaba, ya se anticipó a presentar la vuelta a la cárcel de sanguinario De Juana Chaos como una demostración del rigor que Rodríguez aplicará en su peculiar lucha contra el terrorismo y para la consecución de la paz. Pero Pérez Rubalcaba conoce muy bien que ETA ha utilizado a De Juana Chaos para obtener de Rodríguez mayores concesiones usarlo como mártir ante los suyos y sus aledaños nacionalistas. Ahora ya no lo precisa y tengo para mí que le incitará a una nueva huelga e hambre, esta vez hasta la muerte. O que se suicide o sea suicidado al igual que los encerrados en el piso de Leganés. Algo similar a lo que el PCE hizo con Grimau cuando operativamente ya le era inservible. Son otras determinaciones de Estado, constitución en mano, las que el gobierno debería aplicar en una situación excepcional de alarma como la actual, la cual excede de Vascongadas. No lo osará Rodríguez, al que atenaza el miedo a perder el poder como lo ganó. Pero exigírselo sin rodeos es obligación del jefe de la oposición, si es que atiende más al interés de España y al bien común que a las conveniencias coyunturales del partido que encabeza. Se ha acabo el tiempo de las medias tintas y del pespunteo dialéctico. Ha llegado el momento de las grandes decisiones y de arriesgarse a asumirlas.

   Rodríguez, junto a sus envilecidos brazos institucionales y del partido, es el principal culpable del atentado en la T-4 de Barajas, del crecimiento e impunidad de la guerrilla urbana, de que Otegui siga retando impunemente al Estado desde una libertad fraudulenta, de la oleada etarra de extorsiones, de que ANV, como antes el Partido Comunista de las Tierras Vascas, se haya infiltrado en no pocos ayuntamientos, de que ETA disponga de fondos públicos para financiar sus actividades criminales y de dejar inermes a los españoles frente a las bombas y las balas asesinas. Motivos más que sobrados todos ellos para forzarle a la dimisión por los que en el P(SOE) todavía no se hayan degradado a su imagen y semejanza. Y desde una masiva rebeldía en la calle y en las instituciones de los españoles dispuestos a luchar por la libertad, por una veraz democracia y por su Patria. Por quienes, en definitiva, hemos sido y nos sentimos traicionados.

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