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POR QUÉ LA VERDADERA GUERRA ESTÁ DENTRO DEL ISLAM

POR QUÉ LA VERDADERA GUERRA ESTÁ DENTRO DEL ISLAM

Sandro MAGISTER

 

   Chiítas contra sunitas, y sunitas en conflicto entre ellos: totalitarios contra místicos. Los enemigos no son solamente los cristianos. El análisis de un gran experto musulmán: Khaled Fouad Allam

 

   Cinco meses después del viaje de Benedicto XVI a Turquía y catorce meses después del asesinato del sacerdote católico Andrea Santoro en una iglesia de Trebisonda, tres cristianos presbiterianos han sido degollados en la ciudad turca de Malatya, culpables de imprimir unas Biblias con su pequeña casa editorial. Pero las crónicas de estos últimos meses han puesto al descubierto que los enemigos contra los que se abalanza el Islamismo radical ciertamente son los cristianos, Occidente e Israel, pero antes lo son los regimenes musulmanes considerados traidores y apostatas.

   En la agenda de Benedicto XVI, el 4 de mayo, está anotada una audiencia con Mohammad Khatami, presidente de Irán del 1997 al 2005. Khatami es clasificado generalmente entre los exponentes “moderados” del islamismo chiíta. Tomará parte en un congreso en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana sobre el tema: “Diálogo intercultural, un desafío para la paz”. Sin embargo, el modelo político al cual él se adhiere es el establecido por la revolución religiosa de Khomeini, que por cierto no es “moderada”.

   En el Islam chiíta, la corriente revolucionaria de corte khomeinista – en Irán, en Irak y en el Líbano con Hezbollah – tiene como principal oponente a la tendencia “quietista” que tiene por jefe a la máxima autoridad de los lugares santos iraquíes de Najaf y Kerbala, el gran ayatollah Ali Sistani, según el cual el poder político debe ser ejercitado no por los jefes religiosos sino por laicos democráticamente elegidos. En Irak el conflicto entre las dos tendencias no es sólo teórico, sino también político y militar. Y se suma al más profundo, insanable conflicto que desde hace siglos divide el mundo musulmán entero entre chiítas y sunitas.

   Además, también en el campo sunita hay guerra. Los últimos atentados suicidas llevados a cabo por Al Qaeda y por los grupos terroristas afines han golpeado casi todos a países musulmanes causando víctimas musulmanas. En Afganistán, el secuestro del reportero italiano Daniel Mastrogiacomo, de su chofer y de su intérprete terminó con la liberación del primero y con la muerte de los otros dos, ambos musulmanes.

   En el siguiente comentario se explica el por qué. La nota salió el 11 de abril del 2007 en “la Repubblica”, el importante diario italiano del que Mastrogiacomo es reportero. El autor, Khaled Fouad Allam, musulmán observante de origen argelino, ciudadano italiano y profesor en la universidad de Trieste y de Urbino, es un gran experto del pensamiento y de la historia del Islam y ha estado entre los primeros en expresar aprecio por la lección pronunciada por Benedicto XVI en Ratisbona.

 

Un Islam totalitario

por Khaled Fouad Allam

 

   ¿Qué hay de especial en Afganistán, más allá de la posición estratégica de este país, que hace que en él la fractura creada al interior del Islam sea tan profunda? ¿Por qué Al Qaeda nació precisamente allí y no en otra parte, más allá de las circunstancias que le han permitido desarrollarse? La línea de fractura que atraviesa el Islam afgano permite intuir por qué, por ejemplo, entre el reportero italiano Daniele Mastrogiacomo y su joven interprete afgano Adjmal Nashqbandi, ambos secuestrados el pasado marzo, el primero fue liberado y el segundo, en cambio, asesinado.

   El nombre de familia del intérprete revela todo un mundo: un mundo que ha contribuido a la formación del Islam, desde el Afganistán al Asia central. En el mundo islámico el nombre de familia (nisba) generalmente se forma a partir del lugar de origen de la tribu o del grupo religioso al que se pertenece. En el caso de Nashqbandi el origen está en la Nashqbandiya, una de las más importantes confraternidades religiosas del Asia central fundada por Mohammed Barahuddin Nashqbandi (1318-1389), que tiene en la ciudad de Bukhara su centro espiritual, pero que se ha difundido en toda el Asia central hasta el Cáucaso. Sus seguidores profesan un Islam sufí, por tanto de tipo místico, a veces llamado esotérico o paralelo, un Islam pacífico y tolerante en total antítesis con el Islam profesado e impuesto por los talibanes. Este último ha producido una forma destructiva del wahabismo, que en mi opinión se sale de la definición de “fascismo islámico”, y más bien encarna un totalitarismo de tercera generación. El centro neurálgico de la guerra dentro del Islam se coloca precisamente en esa línea limítrofe entre un Islam abierto y liberal y un Islam totalitario.

 

   En el secuestro de Daniel Mastrogiacomo y de su intérprete Adjmal Nashqbandi, probablemente el origen de este último ha favorecido el trágico resultado de la historia: para los talibanes el mundo sufí representa el adversario por excelencia, que tiene que ser combatido y eliminado, precisamente porque el Islam místico contiene en sí la alternativa al Islam político. El relato del cautiverio de Daniele Mastrogiacomo ha sido quizá una de las primeras observaciones científicas del universo mental talibán. La oposición ritual entre puro e impuro – que se traduce por ejemplo en el no tocar el alimento o los objetos de un occidental – es significativa no sólo de una actitud religiosa sino de un orden político que se basa en la dicotomía entre el bien y el mal: el Islam opuesto al Occidente, el califato o el emirato a la democracia, los hombres a las mujeres. Recuérdese que el régimen talibán definía a Afganistán como un emirato.

   Los talibanes son el producto de la actual fractura entre un Islam totalizador y un Islam abierto. Ellos han encontrado en el wahabismo árabe de la escuela coránica de Deoband, fundada en Nueva Delhi a fines del siglo XIX, su punto de partida ideológico, para a continuación convertirlo en la ideología de los Pashtun, más de 12 millones de personas entre Afganistán y Pakistán.

   ¿Por qué precisamente los Pashtun, y no otra tribu, se han hecho portadores del wahabismo en esa zona? Porque ellos son la única tribu del lugar que reivindica una genealogía árabe: Wazir, uno de sus antepasados que da nombre a la provincia pakistaní de Waziristán, era originario de la península arábica. El wahabismo, nacido en el siglo XVIII en el contexto árabe, ha funcionado como aglomerante para gran parte de esta tribu. Al Qaeda comprendió perfectamente que se podía hacer un experimento político con el fenómeno talibán, un laboratorio del que el Islam político podía aprender para arrastrar consigo a todo el mundo musulmán. Es pues una batalla de significados la que se está desarrollando en Afganistán; y de su resultado dependerá la suerte de gran parte del mundo musulmán.

 

   Pero Afganistán no puede ser visto solamente a través del prisma de los Pashtun y de los talibanes, porque es otra cosa, como revela el nombre de origen del desafortunado Adjmal Nashqbandi. No muy lejos de Herat está la tumba de Abdullah Ansari, uno de los más grandes místicos afganos, que escribió en el siglo XI: “¡Oh, Dios mío! ¿Qué has hecho por tus amigos? Quien te busca te encuentra, pero hasta que no te ve no los reconoce”.

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