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Bitácora PI

SETIÉN, EL JOMEINI DE ETA

SETIÉN, EL JOMEINI DE ETA

Eduardo GARCÍA SERRANO

 

   El documento de EL MUNDO TV emitido en Antena-3, titulado “En el nombre del Padre", nos mostró una Iglesia vasca que no es más que una gorrinera de obispos intrigantes y de curas traidores vendidos a ETA. Un montón de mierda, en fin, coronado por el alzacuellos de Setién, el jomeini de ETA, padre espiritual de la doctrina que equipara a víctimas y verdugos y líder de todos los curas malnacidos que se niegan a oficiar misas por los españoles asesinados por ETA.

   Lo cierto es que, siendo un convencido partidiario de la separación Iglesia-Estado, cuando escucho a Setién y a su recua de cabestros con sotana vomitar azufre no puedo más que echar de menos aquellos tiempos en que los papas gobernaban la Cristiandad como auténticos césares.

 

   Dice Setién que “para hablar con ETA no es imprescindible que deje de matar”. O sea que entre asesinato y asesinato, conversación. Entre un guardia civil de Cáceres zurcido a balazos y otro de Murcia cosido a tiros, negociación. Setién es un sofista ultramontano cuyas meditaciones no son más que reflexivas crueldades esparcidas mediante la vieja técnica de persuasión desde el púlpito y la sutil eficacia del susurro en el confesionario. Sus homilías y cartas pastorales son un brebaje venenoso compuesto de verdades distorsionadas, medias verdades, mentiras, propaganda, prejuicios y conveniencias políticas separatistas, vertidas allí donde el asesinato es el pan nuestro de cada día en el nombre del padre. Del padre de Sabino Arana.

 

   La escandalosa colaboración de ciertos elementos de la Iglesia con ETA se remonta a los tiempos embrionarias de esta organización de asesinos. Conviene no olvidar que ETA nace en una sacristía de una parroquia vasca y que su primer atentado lo perpetra después de haber consultado con un sacerdote, según cuenta el jesuita e historiador Fernando García de Cortázar en su libro El Nacionalismo Vasco.

   Hay ejemplos de esta colaboración entre curas trabucaires y terroristas de ETA capaces de amotinar la sangre del católico más templado, y de llenar de espanto el espíritu de los feligreses más leales a la jerarquía de la Iglesia:

   Roger Idart, conocido como el Obispo Rojo de Sarre, participó en el secuestro en 1970 del cónsul alemán en San Sebastián. Francoise Garat, párroco de Expélete, ha sido reiteradamente detenido por cobijar a etarras huídos de España tras perpetrar asesinatos en nuestro país. Otro de los sacerdotes filoetarras es Martín Carrere, cura francés vigilado estrechamente por la policía por sus caridades para con todo tipo de terroristas desamparados. El párroco de Socoa, Pierre Larzábal, ha afirmado en más de una ocasión que “el País Vasco está bajo ocupación extranjera, igual que lo estuvo Francia bajo los alemanes. Esta es una guerra como la II GM. Luego hay que matar".

   El fraile capuchino Eustaquio Mendizábal, alias Chiquía, comenzó pasando etarras a Francia, estructuró el frente armado de ETA, participó en robos y atracos y, finalmente, murió abatido a tiros por la Guardia Civil. Otro curita de su escuela, Fernando Arburúa, fue más activo que el fraile Chiquía: asesinó a un guardia civil retirado en Irún con una sangre fría espantosa, lo remató con siete disparos en la cabeza. Cuando este piadoso angelito fue detenido, la Guardia Civil encontró en su mesilla de noche 38 balas del calibre 9 mm Parabelum, munición habitualmente utilizada por sus feligreses de ETA. Juan Martín Arrecibitia, párroco de Gorriti (Navarra), colaboró activamente en el atentado que pulverizó la central telefónica de Rios Rosas en Madrid. Su misión consistió en robar dos coches para transportar la Goma-2 para este atentado. Se presentó al Senado por HB, fundó una revista financiada por ETA, se negó siempre a casar a ningún guardia civil, y se inventó un juego para niños, parecido al Monopoli, en el que se ganaban puntos financiando a ETA y matando guardias civiles: El cura Juan Echave, miembro de la plana mayor de ETA, declaró "defender al pueblo vasco de la Policía y de la Guardia Civil”. Y el arcipreste de Irún fue detenido y condenado por haber dado cobijo, refugio y cobertura en la iglesia del Santo Cristo de Artiga a los etarras Recarte y Galarza cuando huían la policía después de haber asesinado a tres personas en Santander.

 

   La Iglesia Vasca se niega a celebrar funerales por las víctimas de ETA mientras ampara a los asesinos. ¿Y el Papa y la Conferencia Episcopal Española, qué hacen? Mi fe ni tiembla ni se tambalea pero no gracias a ellos, sino a pesar de ellos. Mi fe no flaquea en la duda porque me niego a traicionar a la mujer que acunó mi infancia con sus oraciones. Era mi madre.

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