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HORAS DECISIVAS EN EL PERÚ ( y 3)

HORAS DECISIVAS EN EL PERÚ ( y 3)

Jorge GARCÍA-CONTELL

 

  Alan García Pérez será de nuevo Presidente del Perú pues así lo quiso un 53% de los votantes, frente a un 47% que prefería a Ollanta Humala Tasso. Apasionante objeto de estudio para politólogos es este caso en el que los dos candidatos finales fueron, precisamente, quienes más rechazo concitaban entre los electores al comenzar la primera vuelta electoral. Más de una cuarta parte de los peruanos declararon entonces que jamás, bajo ningún concepto, estarían dispuestos a respaldar a ninguno de ambos. Teniendo presente que el voto es obligatorio, la primera certeza que podemos deducir es que la mayoría del pueblo eligió muy a su pesar.

 

  En buena lógica no podía ser de otra forma. García es en sí mismo un compendio de torpeza e irresponsabilidad política; sus casi dos metros de estatura proyectan la siniestra sombra de un pasado todavía reciente de hundimiento económico, pobreza generalizada, forzosa emigración y corrupción desenfrenada. No; no estoy exagerando. Hasta donde alcanza mi memoria, se trata del primer candidato a un puesto de responsabilidad política que no enumera las virtudes de su primer mandato opportune et importune: antes bien, ha prometido por doquier que no repetirá sus errores del pasado. Humildad parece demostrar y un punto de desvergüenza creo que no se le negará. Ambas cualidades en igual medida y proporción que un hipotético pirómano que reconoce su funesta obsesión de épocas pasadas, ruega disculpas por la devastación que causó y, acto seguido, pide un bidón de gasolina y unos fósforos. Lo paradójico del caso es que más de la mitad de los que escuchan al pirómano acaban, de buen grado o a regañadientes, por facilitarle el combustible.

  Claro es que el segundo candidato no inspiraba mayor confianza. Sobre Humala ya escribí hace más de un mes y he de reconocer que en este periodo el veterano "etnocacerista" ha sabido moderar su manido recurso al racismo indigenista: demuestra ser más hábil que sensato. A mi modo de ver, Humala ha sumado a su contradicción de fundamento un grave error táctico. La contradictio in terminis se plantea al alzar la bandera del indigenismo (y no se trata de una figura retórica por mi parte sino de una realidad evidente repetida dondequiera que Humala ha realizado su campaña) y simultáneamente presentarse como "nacionalista". Racionalmente al menos, no es lícito añorar un pretérito perfectamente concluso en el siglo XVI y al mismo tiempo vindicar uno de los paradigmas de la modernidad. Por otra parte, el error táctico no es directamente imputable al candidato perdedor sino a su padrino y patrón: el Presidente venezolano Hugo Chávez. La ya proverbial verborrea del "neobolivariano" ha terminado por presentar a Humala de la más indeseable forma posible para un sedicente nacionalista: como un promocionado desde extramuros y un resorte en manos ajenas.

 

  El futuro se presenta incierto. Haya o no comprendido Alan García la diferencia entre demagogia y acción de gobierno, su mandato estará seriamente condicionado por la fragmentación parlamentaria en tres grandes bloques. Forzosamente habrá de buscar compromisos estables y se limitará a aplicar en el Perú los cánones socialdemócratas con resultado previsiblente no malo. El Perú de hoy conoce una vitalidad y crecimiento económicos insospechados en la década de 1980: ojalá en esta ocasión acierte a extender la bonanza económica de modo real y efectivo a esa mitad de hogares peruanos donde aún se vive bajo el umbral de pobreza. Pero las dudas no asoman tanto en lo relativo a la política de puertas adentro como a la vinculación peruana con su región y su espacio continental. Alejandro Toledo deja prácticamente ultimado el Tratado de Libre Comercio con los EE.UU., con ventajas y desventajas opinables desde un punto de vista estrictamente material, pero indiscutiblemente nos hallamos ante una alianza estratégica en toda regla con el coloso del norte. Se trata además de una alianza antinatural pues, en definitiva, repite el ya viejo eco del "panamericanismo" orquestado y controlado desde Washington. De la lectura del programa electoral del APRA puede concluirse que el Perú se adherirá al TLC con la rúbrica de Alan García, tras una fase de estudio previo en la que el nuevo Presidente tal vez intente arrancar alguna nueva concesión de la mano del Gran Amo. Lo que ya se antoja más problemático es que esta adhesión al TLC sea compatible con el propósito de potenciar la Comunidad Andina de Naciones (herida tras el abandono de Venezuela) con el objetivo final de avanzar hacia la Unión Sudamericana. Esa unión es cada día más compleja pues se están conformando tres bloques, si no antagónicos al menos diremos no complementarios: la zona TLC, el Mercosur y la "alianza bolivariana". Personalmente habríamos preferido que García mirase realmente hacia el sur, aunque también es verdad que habríamos deseado otro presidente en el Perú.

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