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"EL PRÍNCIPE DE ÉBOLI". LA PASIÓN IMPERIAL DE GUILLERMO ROCAFORT![]() Juan V. OLTRA
No hace demasiado publicábamos en estas mismas páginas electrónicas la crítica del primer libro de Guillermo Rocafort: Yo, Berenguer de Rocafort, Caudillo Almogávar. En esa ocasión me deshice en elogios hacia esa opera prima. Cabría pensar que lo hice por la amistad que me une a esa gran persona que es Guillermo. Cabría pensar también que al tratarse de una primera obra, podría haber sucedido lo que con muchos: que ponen todo lo que tienen dentro en su primera publicación, incluyendo de alguna manera datos autobiográficos. Pues bien, aunque la amistad no la puedo ni quiero negar, sí procede desmentir la segunda premisa. Guillermo Rocafort demuestra en esta segunda novela histórica que posee un don mucho mayor que el de saber documentarse y emplear esa información sin ánimo torticero, con justicia y lealtad para con la historia. Mucho mayor que seguir las huellas de un personaje y describir paisajes con la claridad de un buen pintor. Mucho mayor que el tino preciso para dar luz a personajes generalmente como secundarios cuando deberían tener altares en el templo de Clío. Incluso mucho mayor que el escribir libros que se leen de un tirón, libros de los que se hace duro separarse hasta que su lectura no se ha concluido. Mucho mejor que todo eso. Guillermo tiene el don de hacernos ver épocas pretéritas por los ojos de sus protagonistas. No sólo centrados en la ética y estilo de una época concreta y no con los ojos presentes, sino con todo lo que rodea al personaje, bien sean esas grandes cosas que pasan a los manuales de historia, bien esas pequeñas percepciones que solo tuvo el personaje. Y esto, de cara a escribir novela histórica, es el don más preciado, el punto de partida sin el cual nada es posible, más allá del aburrimiento del lector. Y es que cuando acompañamos al pequeño Ruy en su infancia y sentimos las lágrimas de su madre cuando lo separan de su lado, su dolor es nuestro dolor. Y cuando vivimos su día a día con su esposa, Ana de Mendoza, su felicidad nos invade y cauteriza las heridas anteriores.
Conocer el reinado de Felipe II, uno de los mejores Austrias que nos gobernaron, y quizá el último Rey de verdad que tuvimos, es posible sin leer a Guillermo Rocafort, pero, desde luego, es menos dulce y agradable. Este texto, como decía el clásico adagio, enseña deleitando. ¡No se lo pierdan!.
Ficha: "El príncipe de Éboli. Ruy Gómez de Silva". Guillermo Rocafort. Aurea editores, Barcelona 2007. http://www.elprincipedeeboli.com/ Comentarios > Ir a formularioAutor: Juan Sánchez Magnífico libro de uno de los colaboradores de la revista Disidencias. Fecha: 10/08/2007 22:07.
Juan: cada vez escribes más claro y exacto. Lo haces bien y eso convierte tus trabajos en antídoto contra el aburrimiento y lo enrevesado. Enhorabuena Fecha: 08/09/2007 16:22. |
DESDE EXTRAMUROS Y EN LIBERTAD
Criterios plurales y no necesariamente unívocos, aunque coincidentes en un denominador común: el disenso. Disentimos del discurso cultural dominante y de sus cánones laicos que sustentan las relaciones de poder en el siglo XXI. Disentimos del pensamiento débil que deviene único merced a la ocultación de lo dispar. Disentimos de la inmanencia y del materialismo, hoy impuestos sobre toda idea arraigada en valores firmes y principios nobles. La nuestra es una vocación PI: políticamente incorrecta. Temas
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