
Juan V. Oltra
Resulta difícil de por sí hacer la crítica de un libro. Hacerla de forma objetiva, imposible, más cuando la materia tratada apasiona. Tarea de titanes si el autor es, además, amigo. Sin embargo, soy consciente de que hay que trabajar en esa dirección, buscar en nuestro subjetivo interior todos los rasgos de objetividad que encontremos y trenzarlos olvidando todo lo demás para, con esa cesta, poder empezar a recoger frutos.
En busca de esa catarsis me embarqué yo a bordo del libro “Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo almogávar”, texto de mi amigo y sin embargo admirado Guillermo Rocafort.
Hacía escasas horas que abusando de su amabilidad, Guillermo había dado una charla a mis alumnos, cuando empecé su lectura. Me disponía a darle una lectura combinada, invento que utilizo cuando no quiero que un libro me mediatice, cuando no quiero que el autor me termine vendiendo nada: compartir la lectura con cuatro o cinco títulos más es la mejor manera de evitar que nadie secuestre mi mente. Pero no pudo ser, fue imposible… una vez empezada la lectura me sumergí en el vórtice de la vida almogávar. Los gritos de “Desperta Ferro” mientras golpeaba con la espada el suelo al tiempo que miraba con fiereza a mis enemigos me impedían pensar. Sin saber cómo, me encontré en un barco camino de Bizancio, me vi desfilando ante Andrónico Paleólogo. Me descubrí segando cabezas de turcos. Nunca he probado el LSD ni otras sustancias con efectos estupefacientes, pero el vuelo que emprendí debía ser algo parecido, con la ventaja de ahorrarme el síndrome posterior.
Si, debía estar preparado: había leído y oído de forma previa palabras que reputaba en exceso generosas para con la obra. Craso error; no había generosidad sino justicia. Se trata de un libro que más que leerse, se ve, se vive. Cuando el autor nos sumerge en la intrahistoria de la llamada “venganza catalana”, la sangre enemiga nos salpica, nos obliga a chapotear en ella para avanzar, no muy deprisa, pues da miedo a que el volumen concluya y el goce termine.
Tengo que hacer una apostilla. He dejado claro que me cabe el orgullo de llamar amigo a Guillermo Rocafort. Pues bien, aunque no fuera sí, aunque ese libro lo hubiera escrito la persona más deleznable y malvada del mundo, mi criterio sobre su obra se mantendría. Pocos libros han tenido en mí estos últimos años el efecto de “abducirme”, como si en lugar de páginas tuviera las luces de un Objeto Volante No Identificado. Y es que, visto a posteriori, esto era absolutamente esperable. Guillermo, además de amar a este personaje, un hombre excepcional en la historia universal al que se encuentra unido genéticamente, es de por sí alguien capaz de aunar en su persona la reflexión y la acción propia de un caudillo almogávar: profesor universitario, Caballero legionario, abogado…
En resumen: les invito a hacerse con este libro, publicado por Aura editores, que les hará codearse con este héroe, este soldado fiel a la Corona de Aragón, que surge de entre la neblina mezcla de mito y realidad que envuelve aquellos oscuros años. Oscuros o negros: no olvidemos que el negro, es el color de la guerra.
Es preciso, pues, concluir estas líneas con un homenaje a los almogávares, con sus gritos de combate: ¡AUR! ¡AUR! ¡Desperta Ferro!
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Autor: Aldeborn
Fecha: 27/08/2008 02:07.
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Hecha en España
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