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FILOSOFÍA, INDIVIDUO Y HOMOGENEIZACIÓN

FILOSOFÍA, INDIVIDUO Y HOMOGENEIZACIÓN

Alberto BUELA

 

   Resumen: Se comienza con la distinción de los conceptos de mundialización, globalización y aldea global. Se definen luego las ideas de Estado, nación y pueblo, al tiempo que se funda el rechazo de la idea de humanidad como "idea política". Se estudian las categorías ideológicas de homogeneización cultural, multiculturalismo y derechos humanos, pero finalmente, como aporte original, ofrecer la idea de isostenia cultural como una de las patologías del denominado pensamiento único.

 

   Los viejos filósofos, aquellos que con creces, sabían más que nosotros, aconsejaban antes de cualquier exposición: distinguere ut iungere (distinguir de entrada para después, si se puede, unir). De modo tal que siempre convine comenzar aclarando que se entiende por los principales conceptos que se usarán en un artículo o estudio, para que el otro, el lector o auditor, sepa a que atenerse.

   Los términos de mundialización y globalización se suelen emplear en forma indistinta por la mayoría de los usuarios, pero en nuestra opinión es pertinente hacer una distinción.

   Mundialización es un concepto más antiguo, básicamente político,  que significa la tendencia a la organización de un gobierno mundial único. El acento se coloca en la dimensión política de la unificación del mundo. Es un ideario que nace con los viejos iluministas como Kant, y pasando por toda la tradición socialista llega a nuestros días.

   Globalización es un concepto más reciente, básicamente económico, que proclamado en 1991 por George Bush (p), postula la constitución de un one world. El mundo es concebido como un gran supermercado en donde las reglas las coloca la OMC, su parlamento es Davos y su gerente el FMI.

   Ambos conceptos no son contradictorios no compiten entre sí, sino más bien se  complementan en la conformación de un pensamiento único y políticamente correcto.

   Tenemos un tercer concepto, el de Aldea Global que pedimos aprestado a McLuhan, que indica la unidad, de facto, del mundo por el avance tecnológico aplicado fundamentalmente a la especulación financiera - imperialismo desterritorializado - y a los medios masivos de comunicación.

  

   Estado, nación, pueblo y humanidad

 

   Así como el Estado ofrece el marco jurídico a una nación, aun cuando aquél sólo existe en sus aparatos y no "en sí", pues su ser está dado por la nación que encarna. De la misma manera, la nación es la expresión del proyecto político-cultural que un pueblo se da para existir en la historia política del mundo. En tanto que un pueblo es un conjunto unido por una conciencia étnico-cultural (léase: valores) de pertenencia, pero no necesariamente política. Pues hay pueblos - los judíos ayer, los kurdos hoy- que no existen como naciones.

   Vemos pues cómo en la base se encuentra un núcleo de valores compartidos por un conjunto de hombres que denominamos pueblo. Este pueblo puede o no inscribir su existencia política en la historia si intenta instaurar su proyecto de nación. Esta existe formalmente si es reconocida; esto es, encarnada en un Estado. De lo contrario queda en potencia, como sucede con la Gran Nación Hispanoamericana, proyecto político de nuestros padres fundadores, San Martín y Bolivar, todavía no plasmado.

   Ahora bien, si al hombre para vivir le basta su pertenencia a un pueblo, y para hacerlo políticamente le alcanza con una nación encarnada en un Estado. Nos preguntamos ¿en qué lo afecta o no la existencia de la humanidad?

 

   La idea de humanidad puede ser religiosa - los hombres todos descendemos de Adán y Eva o constituimos el cuerpo místico de Cristo -. O puede ser filosófica - el cosmopolitismo penetrado por el Alma Universal  de los estoicos como el caso del griego Crisipo.

   Pero lo que no puede ser la idea de humanidad es política. La humanidad entendida como República Universal es una creación ideológica que desemboca en un totalitarismo político. Este es el gravísimo error de Kant en política cuando la postula en su opúsculo de La Paz Perpetua, pues al adversario, el disidente de tal República no tiene a donde ir. Esto lo observó el filósofo del derecho Carl Schmitt: "Al adversario no se llama ya enemigo (hostis) pero en cambio se lo coloca hors la loi et hors l‘humanité"[1].

   Así, el Estado es negado al enajenar parte de su soberanía en un ente supranacional. Que si nos atenemos a la historia del siglo XX vemos, como acertadamente señala Thomas Molnar: "La creación de una organización supraestatal- y la ONU nos sirve aquí de ejemplo por excelencia- no es nunca el fruto de un consenso mundial, sino del interés que tienen las grandes potencias de la época en imponer a las demás naciones ciertas fórmulas. Dichos intereses están disimulados bajo una ideología mundialista, cuya encarnación es la organización supraestatal" [2].Así pues las relaciones estrictamente políticas se establecen entre los Estados y nunca con la humanidad.

   Al respecto afirmaba  premonitoriamente el filósofo francés Joseph de Maestre(1753-1821) agobiado por la prédica  que venía llevando a cabo el Iluminismo liberal en favor del humanismo universal cosmopolita: " He visto polacos, rusos ,italianos; pero en cuanto al hombre, declaro no haberlo jamás encontrado".

   Igual reacción encontramos en el filósofo danés Soren Kierkegaard (1813-l855) "Desgraciados de esos filósofos que declaman acerca de la humanidad, porque no se percatan que ésta no tiene manos ni pies. Sólo el hombre concreto los tiene, y éste es el que debe interesarnos"[3].

 

   Apreciemos que han pasado casi dos siglos del enunciado de estos pensamientos. En el ínterin muchos han sido los pensadores y hombres públicos que se han opuesto abiertamente al ideario liberal-cosmopolita. Pero nada pudo la oposición individual para torcer el brazo en la aplicación de la receta liberal en el gobierno de las naciones y el manejo de los hombres.

   Hubo también enfrentamientos sistemáticos que, en su momento, parecieron triunfar: los diferentes nacionalismos y comunismos.

   Pero los nacionalismos fueron vencidos uno a uno como los diez indiecitos de la novela de Agatha Christie y el comunismo "por implosión" autosignó su partida de defunción con la caída del Muro del Berlín en 1989, aún cuando se escuchan algunos estertores en Cuba o Corea del Norte.

  

   Individuo, homogeneización, multiculturalismo y derechos humanos

 

   Libre de oposiciones, Bush (p) lanzó su idea del  one world, del nuevo orden mundial, de aplicación a la aldea global. Los gobiernos de las naciones que integran esta gran aldea planetaria son concebidos como los agentes de aplicación de las recetas propuestas por el scheriff planetario.

   Tres son los medios fundamentales con que cuenta el poder mundial en su tarea de persuasión y condicionamiento de respuestas en favor del nuevo orden: la producción incontrolada de billetes dólar, la producción del sentido de las cosas con el control de los mass media de alcance planetario y el incontrastable poderío militar.

   A la homogeneización del mundo, denunciada por nosotros  aún antes de la caída del Muro de Berlín, corresponde una única imagen de hombre, hoy, paradigmática: el homo oeconomicus dollaris. Los iconos de este hombre son la droga, la imbecilización rockera mundializada, el alcoholismo infantil, la pornografía visual antierótica); la colección de baratijas, el baby talk, la moda clochard, los fast food de los Mac Donalds, el autismo musical de los walkman, los productos light, la cultura del zapping a control remoto como sucesión de imágenes truncas etc.etc.           

   Occidente, renunciando a su significado original, (el lugar donde muere el sol) se transformó en el metasistema que comprende ahora Filipinas, Taiwan, Hong Cong, Corea del Sur, Japón, es decir, lo que geopolíticamente se denominó Oriente, que ofrece, hoy día, los pliegues y las fisuras donde se desarrolla compulsivamente la idea de aldea global mercantil.

   Los dos principios  que sustentan la noción de aldea global son  el multiculturalismo  dentro de cada nación, que conduciría a la comprensión recíproca y a la convivencia universal. Y la nueva teoría de los derechos humanos, no ya como dogma liberal sino como la ideología el hombre universal. El multiculturalismo entendido como derecho privilegiado de las minorías, por el solo hecho de ser minorías y los derechos humanos no ya fundados en la naturaleza humana sino en el consenso internacional, que como es sabido siempre es de los poderosos.

   La nación que no respetare estos dos principios se hará acreedora de los cargos de racismo y totalitarismo, motivo por el cual el scheriff planetario puede justificar su intervención en dicho país. Hoy se ha quebrado, de facto, el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados. La finalidad de este proyecto mundialista es lograr la uniformidad, la homogeneización del hombre a nivel global para transformar a los pueblos en público consumidor.

 

   La uniformidad del hombre se logra mediante el desarraigo de su tierra y su tradición cultural. Estrictamente, lo que denominamos país. De donde provienen los términos de paisaje y de paisano. Uno de sus medios ha sido la sugerida inmigración masiva de los pueblos del tercer mundo hacia los países centrales basada en la ingenua convicción que el multiculturalismo, el melting pot, el crisol de razas, conduce a la comprehensión recíproca y a la grandeza de las naciones, cuando en realidad lo único que ofrece es mano de obra barata para realizar trabajos bastardos. Es que aquello a que han propendido es a una inmigración sin integración. Hoy día esta inmigración llegó a su punto de saturación, así, los países centrales (vgr.USA, Francia, Alemania) la rechazan por peligrosa y está siendo derivada hacia sus países satélites. Es que la parodia de la convivencia multicultural se ha hecho trizas, pues no puede haber verdadera inmigración sin integración como ha gritado en su último trabajo el afamado politólogo liberal Giovanni Sartori: "Reunir muchas culturas sobre un mismo territorio es peligroso. Así, no deben entrar en un país aquellos que no se encuentren listos para integrarse. Pues, la inmigración no seguida de la integración conlleva la muerte del pluralismo y la democracia"[4] .

   El invento político yugoslavo, las interminables guerras tribales del Africa arbitrariamente dividida por las potencias coloniales son, entre otros, ejemplos incontrastables.

 

   Reiteramos nuestra idea, expuesta en varios de nuestros trabajos[5]. El pluralismo cultural es válido en el mundo únicamente a partir de las diversas ecúmenes culturales (iberoamericana, anglosajona, arábiga, eslava, etc.).Es por ello que nuestro universo es en realidad un pluriverso. Y es éste, el argumento más poderoso a la propuesta de homogeneización monocorde de todas las culturas en una sola, como pretende el ideal del nuevo orden del one world, hijo natural del cosmopolitismo iluminista del siglo de las Luces.

   En cuanto al publicitado dogma de los derechos humanos su significación es diferente según cada cultura. Acertadamente dice el pensador y embajador croata Tomislav Sunic: "Si un hombre reside en Brooklyn, sus derechos humanos probablemente tienen un significado diverso de aquel que asumen si vive en Borneo; si es un musulmán fundamentalista, su sentido del deber cívico será percibido como algo diverso del que se conforma a los cánones católicos. Encontrar un denominador común para una miríada de destinos étnicos parece imposible. La ideología de los derechos humanos acompañada de la teología de la aldea global, sugiere un hombre abstracto, un hombre en sí, cuando en su lugar, en la vida real, encontramos mejicanos, árabes o vietnamitas de carne y hueso, con los cuales no siempre compartimos las pasiones y los modos de actuar políticos"[6].

 

   Los derechos humanos se encuentran expuestos, hoy día, a la crítica demoledora de los derechos de los pueblos que vienen a representar la continuidad histórica de los mismos. Surgen de las memorias nacionales. De los que fueron sus valores encarnados; esto es, de sus bienes. Comparten sus mitos fundadores al decir de Mircea Eliade. Defienden sus identidades culturales en el desarrollo histórico. Se oponen a la homogeneización del mundo. Defienden el derecho a la diferencia. Son expresión de la especificidad de cada ecúmene cultural y sostenedores sus ideales. En nuestro caso, ante la organización planetaria propuesta ya no caben nacionalismos parroquiales atrincherados en vetustos esquemas de "países iberoamericanos cono naciones completas". Ello es políticamente estéril e ideológicamente reaccionario. Es necesario oponer al nacionalismo de Patria chica el ideal de Patria Grande expresado en un Nacionalismo Continental Hispanoamericano.

 

   Observamos, entonces, cómo el mentado nuevo orden mundialista propone como modelo la aldea global mercantil y los pueblos, exterminadas sus identidades nacionales, uniformados bajo el concepto de público consumidor.

   El sheriff planetario se reserva la exclusividad del poder en sus tres aspectos- económico, cultural y militar- y sostiene como ideales, para el orden interno de las naciones, el multiculturalismo y los derechos humanos e invocando a los cuales, justifica si injerencia en el orden interno de cualquier nación del planeta. ¿Cuál es, mientras tanto, la respuesta de los pueblos?

   En unos casos el desmembramiento de repúblicas que fueron creaciones ideológicas. Así tenemos el mencionado caso yugoslavo; la separación de Eslovaquia de la república Checa; la de Moldavia de Rumania; las antiguas repúblicas de la URSS. En otros casos la lucha a muerte por existir en la histórica, como la de los kurdos, los somalíes, los palestinos, y ya en las puertas, los zulúes y los viejos boers.

   En nuestra América tuvimos un aviso, con la aparición del Ejército zapatista en Chiapas, o el caso de la entrañable Colombia partida en dos. Estos datos fácticos muestran de suyo que las cosas no van sobre rieles para los agentes de aplicación del modelo mundialista.

  

   La isostenia  cultural: patología del pensamiento único

 

   Quisiera dejar en esta breve meditación si no una idea original (que lo es sin duda), al menos originaria (pues se origina en nosotros y no es copia de nadie). Este es el concepto de isostenia cultural. Con la inauguración de este concepto lo que pretendemos es trabajar en la descripción  del pensamiento único y políticamente correcto.
   El termino proviene del griego isoV (igual), y  stenoV (estrecho), que se traduce por similar consideración. La noción quiere indicar la existencia de gustos, actitudes, normas, estimaciones y expresiones artísticas, contradictorias entre sí, pero de igual valoración cultural. Ello hace imposible una valoración jerárquica de los productos culturales al mismo tiempo que nivela todos por el mismo rasero. No se distingue lo bueno de lo malo y se intentan borrar todas las diferencias entre la cursilería y la maestría, lo lícito y lo ilícito, lo sagrado y lo profano, lo cotidiano y lo festivo.
   Así, la televisión basura está al mismo nivel que el más exquisito de los pintores y los grandes textos literarios, perdiendo su valor en sí, son sólo pre-textos para otros textos. El reinado de la mediocridad desea justificar su propia incapacidad nivelando todo por lo bajo. La época de la nivelación que llamara Max Scheler.
   La imposición del concepto de isostenia, (debida en primer lugar a los antropólogos sociales noramericanos según los cuales no existe ninguna cultura superior a otra, desde Franz Boas para acá) al ámbito reducido de las expresiones artísticas y culturales personales logró en nuestra época postmoderna relativizar toda expresión cultural en donde lo más vulgar, burdo y plebeyo es equiparado en valor a lo más noble, fino y profundo que produce el hombre.

 

  Pero no termina allí la funcionalidad de la isostenia, sino que llevado el concepto a dominios más amplios, que aquellos de la persona, ha reemplazado a las culturas populares por la vulgaridad más chata y mercantil. Así, la denominada bailanta – mezcla de cumbia, chebere, salsa y mal gusto – sustituyó la música popular. Y no faltará el estulto que iguale y equipare lo popular con lo masivo, lo popular con lo homogéneo, lo popular con la carencia de matices. El grave problema que se plantea hoy día a las identidades nacionales y personales no es la identidad de los otros, sino la identidad entendida de todos por igual.

   En realidad el concepto de isostenia cultural, que se aplica de igual manera al arte, la filosofía, la literatura, la política, la historia, la música, la arquitectura es producto de la razón calculadora de la modernidad en donde el hombre aparece por primera vez definido como una res extensa, como una cosa mensurable. Y si lo podemos medir, se preguntaron, lo podemos etiquetar y encorsetar en un modelo único y de validez universal siguiendo el modelo de la mathesis matematica.

 

   La isostenia tiene su proyección en el campo político a través del concepto de lo políticamente correcto en donde el consenso massmediático va reemplazando a los partidos políticos. De allí que con agudeza se haya hecho notar que hoy, el discurso político, que hemos caracterizado como “un compromiso que no compromete”, se encuentre dirigido no al pueblo sino a los mass media.
   Largas horas pasan nuestros políticos hoy explicando en los medios sus propias declaraciones a los medios, mientras que la realidad sigue su curso que no es, casualmente, gobernado por ellos sino por los poderes indirectos que son a la postre, entre otras cosas, los dueños de los medios. Hoy la instalación política de cualquier candidato es antes que nada mediática y luego, pero lejos, se resalta su capacidad de ejecución y gestión.

 

   El concepto de isostenia cultural al sostener por principio el relativismo cultural y el escepticismo filosófico limita la crítica a la esfera de la reflexión, dejando de lado toda proyección de ésta (la mera crítica cultural) al campo de la vida social y política. Es por ello que sus intelectuales orgánicos pertenezcan a la izquierda progresista y sus variantes socialdemócratas carecen de pensamiento político crítico, pero se llenan la boca acerca de la creación de un pensamiento crítico. Son simples agentes del simulacro, del “como si” kantiano, que es uno de los signos de nuestro tiempo.

   La isostenia cultural rechaza de plano lo diferente y su expresión: el disenso, porque significa y exige otra cosa distinta de lo vigente, de lo dado. El disenso funda la alternativa real y exige de suyo un paso que va más allá de la crítica meramente teórica, porque el disenso es ruptura con la opinión, que en las sociedades de masas y de consumo es siempre y sólo opinión publicada, y no ya más opinión pública.

   La isostenia cultural es, en definitiva, la patología propia del pensamiento único y políticamente correcto, que ha devenido en nuestros días la consecuencia más evidente del fracaso por los errores filosóficos del liberalismo y del marxismo en sus concepciones sobre el hombre, el mundo y sus problemas. Como gustaba decir don Miguel Angel Virasoro, uno de nuestros máximos filósofos.


 


[1]  Schmitt, Carl: El concepto de la política, Bs.As., Ed. Struhart. p.139.-

[2]  Molnar, Thomas: Nation et humanité, revue Eléments, Paris, 2002.-

[3]  Kierkeggard. Soren: Diario íntimo, Bs.As., Rueda, p.248.-

[4] Sartori, Giovanni: Pluralismo, multiculturalismo e inmigración, en el periódico Il Giorno, 15/9/2001.-

[5] Cfr. Metapolítica y filosofia, Ensayos de Disenso, Hispanoamérica contra Occidente, etc.

[6] Sunic, Tomislav: La aldea global y el derecho de los pueblos, en revista Disenso, Bs.As., 1995.-

2 comentarios

new balance -

Stars are less than the place of darkness! Smile more places are less trouble! There is a lonely place! Less lonely when the mood is good! When I'm in a good mood all good! Let us forget all the troubles! Every day happy!

Cecilio Lucena -

Es por las razones citadas por Alberto Buela en este excelente trabajo que para comprender como funciona el mundo (cinco potencias que integran el Consejo de Seguridad de la ONU tienen poder sobre los 190 países de la ONU y sobre ellas nadie tiene poder, las mismas cinco potencias manejan de hecho el FMI, el BM, la OCDE, la OMC, etc, recordando a las cinco "famiglias" que manejaban Nueva York)es más conveniente ver y re-ver la saga de El Padrino I, II y III que intentar comprender cómo funciona el mundo a través de los filósofos citados (en El Padrino III uno de los personajes le dice a otro: "la economía es un arma, y la política es la que dice cuándo se debe apretar el gatillo" Más claro, agua. No cabe dudas que en un futuro en los EEUU la efigie de Al Capone compartirá sitial junto a la de George Washington. Cosas vederes Sancho que non crederes.