![]() http://bitacorapi.blogia.com DESDE EXTRAMUROS Y EN LIBERTAD
Criterios plurales y no necesariamente unívocos, aunque coincidentes en un denominador común: el disenso. Disentimos del discurso cultural dominante y de sus cánones laicos que sustentan las relaciones de poder en el siglo XXI. Disentimos del pensamiento débil que deviene único merced a la ocultación de lo dispar. Disentimos de la inmanencia y del materialismo, hoy impuestos sobre toda idea arraigada en valores firmes y principios nobles. La nuestra es una vocación PI: políticamente incorrecta. |
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Mario MENEGHINI Me interesa reflexionar sobre Belgrano y la Nación Argentina, debido a que se están programando actividades para celebrar en el 2010 el Bicentenario de la Argentina. En realidad, es un aniversario equívoco. Si se toma la expresión Nación Argentina como equivalente a Estado Argentino, es necesario decir que el mismo no quedó constituido el 25 de mayo de 1810, fecha en que se formó un gobierno propio, pero provisorio, hasta que el Rey Fernando VII -que estaba preso de Napoleón- reasumiera su corona. El Estado Argentino sólo surgiría seis años después, con la Declaración de Independencia. En efecto, al asumir sus cargos los integrantes de la Junta Provisional Gubernativa, consta en el acta de acuerdos del Cabildo: “el presidente [Saavedra], hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar lealmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano Fernando VII y sus legítimos sucesores y guardar las leyes del Reino...”. Por otra parte, si se toma la expresión Nación Argentina en su sentido sociológico, como conjunto de personas que conviven en un mismo territorio y poseen características comunes: étnicas, linguisticas, culturales, históricas y religiosas, y manifiestan el deseo de continuar viviendo juntas; la Argentina ya estaba consolidada antes del 25 de mayo. Consideramos que en ocasión de las invasiones inglesas, quedó en evidencia que la Argentina como nación estaba ya consolidada pues: 1) Existía ya en esta parte del territorio del Virreynato del Río de la Plata, mayoría de criollos, algunos de los cuales, como el mismo Belgrano, desempeñaban funciones públicas de importancia. Los recuerdos de Belgrano sintetizan bien la opinión general del momento: “me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación, y sobre todo en tal estado de degradación que hubiese sido subyugada por una empresa aventurera...”. Luego acota que como el Consulado tenía jurisdicción sobre todo el Virreynato, le manifestó a los demás funcionarios del organismo, que él como Secretario del mismo, debía trasladarse con el archivo y sellos a donde estuviese el Virrey Sobremonte, y que de ningún modo convenía a la fidelidad de los juramentos que habían efectuado, que reconocieran la autoridad del monarca inglés. Pero los demás miembros decidieron someterse a las autoridades británicas, por lo que Belgrano prefiere exiliarse. Al tomarse conocimiento en Buenos Aires, que Napoleón había sido derrotado, y Fernando VII recuperado su libertad y entrado en Madrid en mayo de 1814, el gobierno argentino, presidido por el Director Posadas designa a Belgrano como enviado extraordinario ante Su Majestad Británica, pero con misión oficial ante Fernando VII, “para obtener de sus reales manos la seguridad de las pretensiones de estos pueblos, compatibles con los derechos de la Corona, y la cesación de las calamidades en que han envuelto al continente americano la insensatez, la pasiones y la ambición de las autoridades que dejó el reinado anterior y continuaron los gobiernos establecidos en su ausencia”. Se produjo un abandono paulatino de las provincias del imperio por parte de la metrópoli, que crearon una separación de hecho entre ella y los dominios de ultramar. En 1790 deja de funcionar la Secretaría del Despacho Universal de las Indias, pasando a depender sus trámites de los otros Secretarios de Estado, con la consecuencia lógica de que los funcionarios del rey delegaban los problemas de américa en empleados subalternos que no tenían facultades para resolverlos. Por otra parte, las guerras contra Inglaterra, que domina el Atlántico, paralizan el tráfico entre ambos sectores del imperio, situación agravada desde la batalla de Trafalgar (1805) donde quedó destruida la marina española. De modo que en los últimos cuatro años del régimen hispánico, el nuevo mundo estuvo desvinculado de España y sus pobladores comenzaron a habituarse a actuar por sí mismos. La conclusión de este recuerdo del prócer, en momentos en que la nación argentina se está desdibujando, por la pérdida de la concordia cívica, y el intento de suplantar nuestra tradición cultural por ideas de cuño gramsciano, es que sólo seremos dignos herederos del general Belgrano si situamos el verdadero Bicentenario de la Nación en la emulación del espíritu de la Reconquista, y convocamos a los patriotas dispersos, a modo de retreta del desierto, para los arduos combates que nos esperan si queremos restaurar la Argentina. FUENTES: Fecha: 12/06/2006 00:58. |