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Bitácora PI

JOSÉ LUIS CONOCE A NAPOLEÓN

JOSÉ LUIS CONOCE A NAPOLEÓN

Juan V. OLTRA

  

 

   Harto de dar vueltas en la cama, mareado por los problemas que sus colaboradores ponían sobre su mesa, José Luis decidió levantarse.  

   Pepiño y Maritere, que fueron los últimos en irse, le dejaron sobre la mesa de trabajo un buen número de papeles que tenía que revisar. Decidido a no perder más tiempo a la captura de un sueño que se escapaba, se encaminó al despacho tras calzarse las pantuflas para poder ir adelantando algo y ahorrar tiempo al día que aún ni se anunciaba.

   De camino, aún aturdido por las nieblas de la noche, tropezó con una gran librería que, en el pasillo, almacenaba todos esos textos que sus predecesores en el cargo habían adquirido para dar lustre al despacho, aunque nunca los hubieran abierto, ni siquiera desprecintado, pero que a él incluso incomodaban por su mera presencia. Del anaquel más alto, se le cayó en la cabeza "El príncipe", comentado por Napoleón. Frotándose levemente el chichón que esa encuadernación noble le había causado, entró en el despacho y, apenas cerró la puerta, escuchó un roce sobre su moqueta. No estaba solo.

 

    - ¿Sonso, ¿eres tú?

 

 

   No encontró respuesta. Encendió el flexo de su mesa y lo vio. Notó que el corazón se le escapaba por la boca al reconocer esa silueta, esa imagen tan reproducida a lo largo de la historia, esa mano en el pecho...

   Salió de su sopor, balbuceando "es absurdo, es absurdo", cuando escuchó a Napoleón decir...

 

N: En política, un absurdo no siempre es un obstáculo

JL: No, no puedes ser tú, es increíble...

N: La credulidad reside en nuestra naturaleza imperfecta

JL: Que vengas a visitarme me alegra, me da un espaldarazo definitivo como gobernante

N: Me siento solidario con todo, desde Clodoveo hasta el comité de salud pública 

JL: Aun así, me siento conmovido y agradecido, porque...

N: El hombre de Estado no tiene derecho a ser sentimental. 

JL: Vale, perdona. Justo estos días estoy muy preocupado por los ajustes económicos que he tenido que hacer...

N: Nada más difícil que decidirse.

JL: Dije muchas cosas de las que ahora debo arrepentirme, ¿sabes?

N: La mejor manera de tener palabra es no darla nunca.

JL: Los sindicatos, a los que tanto he dado, ahora están enfadados.

N: La ingratitud es el defecto más vil del corazón humano.

JL: Yo creía que tendrían en cuenta la situación, el esfuerzo necesario, el...

N: Las naciones, como la historia, sólo tienen en cuenta los acontecimientos.

JL: Bueno, de todas formas, con esto lo que hago es salvar la situación. La historia ésa que mencionas me considerará un gran líder.

N: De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso.

JL: ¡Pero si ni siquiera he tomado todas las medidas que me recomendaban!

N: Es lo mismo hacer las cosas a medias que no hacerlas. 

JL: ¡Pero yo no podía hacer todo eso! ¡Entonces si que me crucifican!

N: No atreverse significa no hacer nada valioso. 

JL: ¡Sí me atrevo! He explicado a todo el mundo que nos esperan días duros, que...

N: Sólo se puede gobernar un pueblo ofreciéndole un porvenir. Un jefe es un vendedor de esperanzas.

JL: ¿Me sugieres que les mienta?

N: La mentira pasa, la verdad permanece.

JL: Menos mal; una cosa es que me llamen tonto, otra mentiroso o malvado.

N: Cuando se ha sido pérfido, uno no puede convertirse en tonto. 

JL: Hacer lo que tengo que hacer, sin al menos maquillar la verdad, es imposible, créeme.

N: Lo imposible es el refugio de los cobardes.

JL: Tendría que hacer cosas que dirían que son inmorales.

N: Lo más inmoral es desempeñar un oficio que no se conoce.

JL: Al menos me reconocerás que hasta ahora mi gobierno ha brillado.

N: Un gobierno nuevo tiene que deslumbrar y sorprender; cuando deja de brillar, cae. 

JL: Además del pueblo, tengo a Su Majestad de mi lado, sus últimas declaraciones...

N: Los reyes sólo aprecian a aquellos que les resultan útiles, y sólo mientras lo son.

JL: ¿Útil yo al Rey? 

N: Hay dos palancas para mover a los hombres: el miedo y el interés.

JL: Bah, de todas formas, siempre tendré a los míos, a mi partido, ayudándome...

N: Gobernar por un partido significa, tarde o temprano, depender de él; ¡A  mí no me cogerán! Soy nacional. 

JL: ¿Insinúas que sólo atiendo a sus razones?

N: Aquél que lucha contra su patria es un hijo que mata a su madre.

JL: La gente se queja en la calle, pero no hay mejor manera de gestionar.

N: Mi política consiste en gobernar a los hombres como la mayoría quiere ser gobernada. Creo que ésa es la manera de reconocer la soberanía de un pueblo. 

JL: Eso es lo que intento hacer. Por eso respondí al clamor popular colocando a la Iglesia Católica en su sitio.

N: Una sociedad sin religión es como un barco sin brújula. 

JL: Discrepo. La religión en general es una mentira que...

N: La religión atribuye al cielo una idea de igualdad que impide que los ricos sean masacrados por los pobres. 

JL: Yo soy ateo, no me hace falta ese apoyo.

N: El ateismo ha sido un principio destructor de toda organización social que niega al hombre toda posibilidad de consuelo y toda esperanza.

JL: No me hacen falta los curas para eso.

N: La religión cristiana será siempre el apoyo más sólido para el gobierno que sepa cómo servirse de ella.

JL: Insisto, podemos sustituir esa estructura clásica.

N: Los conquistadores hábiles nunca se enemistan con los sacerdotes. 

JL: Me hablas de una institución con los días contados.

N: Los pueblos pasan, los tronos caen, la Iglesia permanece.

JL: La Iglesia caerá en el momento en que no tenga fieles. Y la Fe es algo escaso en la España del XXI.

N: Si le arrebatáis al pueblo la Fe, sólo tendréis salteadores de caminos.

JL: Veo que abogas por la Iglesia como apoyo al gobernante.

N: No puede existir sociedad sin moral; no hay buena moral sin religión Así pues, no hay más religión que la que proporciona al Estado un punto de apoyo firme y duradero. 

JL: Estás desfasado, eres de otro siglo.

N: Sólo la religión consigue que los hombres soporten las desigualdades de rango, porque tiene consuelo para todo. 

JL: En esta España multicultural hay más de una forma de llegar a eso.

 

 

   Napoleón se revolvió inquieto, y mientras mascullaba "El mérito de Mahoma es haber fundado una religión prescindiendo del infierno", se sentó en el silloncito azul de la esquina.

 

 

JL: Hablas demasiado de conceptos caducados. La religión, la moral... son tiempos de democracia

N: No son necesarios cien hombres para discutir las leyes dictadas por treinta: no hacen más que parlotear.

JL: No discuten. Mi discurso les cautiva...

N: Los grandes oradores que dominan a las asambleas por el esplendor de sus discursos son, en general, políticos mediocres; su fuerza esta en la imprecisión, la práctica los mata.

JL: De acuerdo con que en la práctica algunas cosas fallan, pero es que las circunstancias...

N: Quienes no saben aprovecharse de las circunstancias son tontos.

JL: La oposición no lo pondrá fácil.

N: Hay que presentarse ante los enemigos y poner buena cara; si no, creen que se les teme y eso les hace intrépidos.

JL: De todas formas no me dan miedo, seguro que al final los sindicatos me ayudan, es su enemigo común.

 

 

   Napoleón le miró con un brillo de ironía en sus ojos y dijo "En las revoluciones hay dos tipos de personas: las que hacen y las que sacan provecho"

No se dio por aludido José Luis.

 

 

JL: Eso sí, estarán un poco enfadadillos porque no he podido cumplir mi palabra.

N: Los gobiernos sólo cumplen su palabra cuando se ven forzados a ello, o cuando hacerlo les resulta provechoso.

JL: ¿Tú qué hacías cuando ocurrían cosas sorprendentes?

N: Un incidente no puede dirigir la política, sino que la política debe dirigir los acontecimientos.

JL: Pero ¿cómo lo capeabas?

N: Actúo en política como en la guerra: distraigo un flanco para batir al otro.

JL: Básicamente es lo que yo hago también, claro. Pero no logro tener contento a todo el mundo.

N: Se gobierna mejor a los hombres por sus vicios que por sus virtudes.

JL: Creo que te voy entendiendo...

N: La ambición es la más poderosa de las pasiones.

 

José Luis se rascaba la cabeza intentando digerir lo que el corso le decía, cuando éste continuó: "Los hombres que han cambiado el mundo no lo han conseguido remplazando a los gobernantes, sino agitando a las masas".

JL: ¡Eso! Agitación. Se lo decía a Iñaki. Agitación y aparentar estar convencido de lo que se dice

N: Es necesario emplear el tono conveniente para que los pueblos obedezcan, y obedecer, en general, es temer.

JL: Me gusta eso de que me teman. Cada vez me gusta más, pero eso sí, guardando las formas.

N: La buena política consiste en hacer creer a los pueblos que son libres.

JL: Aunque no me acompañen las circunstancias...

N: En la guerra, como en la política, la oportunidad perdida nunca vuelve a presentarse.

JL: Ya, eso lo he comprobado, me refería a que suelen decir que mi gobierno deja muchos cabos sueltos.

N: En toda gran operación, siempre nos vemos obligados a dejar algo al azar.

JL: ¡Exacto! Pero yo no tengo mucha suerte, dicen que soy gafe...

N: Recordad que a mi lado marchan los dioses de la guerra y de la fortuna.

JL: Yo creo que es culpa de mi gabinete. No he tenido demasiada suerte al elegir...

N: Un hombre al que haga ministro no ha de poder volver a mear al cabo de cuatro años. Es un honor y una suerte eterna para su familia.

JL: A algunos de los míos se les acusa de enriquecerse; mira a Pepe, que le recriminan los pisitos que tiene.

N: En general hay una disposición negativa hacia los que tienen dinero.

JL: Al menos tengo a la gente de la cultura oficial dando palmas con las orejas, haga yo lo que haga; eso me consuela.

N: Todos los hombres de talento y todos los que han obtenido un rango en la república de las letras son hermanos, sea cual sea el país que les haya visto nacer. 

 

 

   José Luis se giró para coger un periódico. Quería preguntarle a Napoleón cómo solucionar algunos problemas candentes del momento. Pero el pequeño corso se dio cuenta, sacó la mano de su pechera y espetó "Es necesario que la moral y las ideas políticas de la generación que está formándose dejen de depender de la noticia del día o de las circunstancias del momento". Enfadado, salió de la habitación. José Luis le siguió, pero al girar, de nuevo un libro le golpeó en la cabeza.

 

 

Sonso: José, José ¿estás bien?

JL: ¿Qué ha pasado?

S: Estabas en el suelo. Ven, anda, vamos a acostarnos, que las niñas aún no han vuelto del concierto de "Malas pulgas satánicas"; vamos a esperarlas mientras vemos la grabación de "La Noria", que tanto nos gusta.

 

 

 

Nota para inquisidores: Ésta es, obviamente, una historia inventada, pura ficción. Las frases del pequeño gran corso son, eso sí, suyas. Las de José Luis deben adjudicarse única y exclusivamente a mi animus jocandi, zarandeado por una digestión pesada. Cualquier parecido con la realidad, es obvio, no puede dejar de ser más que una terrible coincidencia.

 

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linxiong -

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