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¿ESPAÑA ES EUROPA?

¿ESPAÑA ES EUROPA?

José Manuel RODRÍGUEZ PARDO

 

  Después de padecer durante los años 2004 y 2005 una propaganda estúpida e insufrible a causa del referéndum del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, parece conveniente un año después analizar el significado de tales fenómenos. Tal fue el revuelo y la propaganda a favor del “Sí a Europa”, que los inmigrantes residentes en España preguntaban con extrañeza si España es parte de Europa. Pero lo cierto es que sólo desde una posición ingenua, ignorante o simplemente de mala fe puede decirse que España volviera “al corazón de Europa” gracias al voto afirmativo al referéndum. O afirmar que España sea Europa sólo a partir del 1 de enero de 1986 a causa de nuestra adhesión a la unión monetaria europea. Más allá de los acuerdos de los burócratas europeos, es necesario conocer las distintas versiones de lo que suele denominarse como Europa.

 

  Como bien señala Gustavo Bueno en España frente a Europa y en España no es un mito, el concepto de Europa es esencialmente geográfico, y sólo tras el descubrimiento de América y la primera globalización efectiva, iniciada con la vuelta al mundo de Elcano en 1519, puede hablarse de una Europa definida en sus límites actuales. Dada la definición geográfica, en cuanto a lo cultural no cabe ninguna duda de que España es Europa mucho antes que Francia o Alemania, cuyos habitantes vivían en la barbarie mientras la romanización se consolidaba en la Península Ibérica. Tras la caída del Imperio Romano y su división en distintos reinos tenemos la “Europa política”, una verdadera jungla de Estados donde todos han querido dominar al resto, lo que ha provocado sangrientos conflictos; el último de ellos la guerra de Yugoslavia que derrocó al finado Milosevic, sin olvidar el más intenso del pasado siglo: la Segunda Guerra Mundial provocada por el deseo de los nazis de imponer su proyecto europeo. Conflictos que desmienten la Europa sublime de Husserl u Ortega y Gasset, para quien Europa era la solución de todos los males. Tras la segunda guerra mundial, Europa como parte de la civilización occidental vivió un proceso de reconstrucción dirigido por Estados Unidos para frenar el comunismo. Su resultado es la actual “Europa sin fronteras”, la unión monetaria y aduanera.

 

  Como resumen de estas versiones de Europa aquí enunciadas tenemos la actual Europa que cada día aparece en conversaciones y artículos periodísticos. La Unión Europea como unidad política es en realidad una Europa puramente virtual, una “Europa de papel” cuyo “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa” no puede ir más allá de lo firmado anteriormente en Maastrich o Niza: el artículo 80 del Tratado establece que cualquier Estado firmante puede retirarse del mismo cuando quiera. Pero ello no quiere decir que tal “Europa de papel” no tenga connotaciones políticas, las propias de una historia plagada de conflictos y rivalidades originada con el fin del Imperio Romano, como ya señalamos. Esta “Europa de papel” es realmente una plataforma desde la que imperios frustrados como Francia o Alemania intentan crear una suerte de dominio regional. Para España, cuya plataforma es la Hispanidad, Europa es simplemente un mercado económico donde vender sus productos, pero los acuerdos europeos comprometen su unidad, favoreciendo al nacionalismo secesionista, y debilitan su industria hasta haberla hecho desaparecer. Además, el español, lengua con pretensiones de universalidad, queda reducida en Europa a una más entre el checo, el italiano o el danés, aunque no precisamente para beneficio del alemán o el francés, sino del inglés que actualmente impera en todo el mundo.

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