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DEBATE FOTOGRÁFICO![]() Serafín FANJUL
Hace unos días, Esteban González Pons, uno de los peperos encumbrados por el dedo de Rajoy y personaje que infunde desconfianza en cuanto abre la boca (yo no le compraría ni una barra de pan), nos cantaba la palinodia por enésima vez con motivo de la salida de la cárcel del asesino De Juana Chaos: "Es un deshonor para la democracia", "Una humillación para las víctimas", "La sociedad ha fallado"... hasta llegar al último refugio en el que todo se diluye y nadie debe responder por nada: "Todos somos culpables". Pues no, don González, un servidor y la inmensa mayoría de los españoles no somos responsables de que el criminal se vaya de rositas. Sí lo son los políticos que abolieron del Código Penal anterior los aspectos más duros con los delincuentes mientras reforzaban las garantías para que se sigan riendo de nosotros; y también lo son los juristas que día sí y día también insisten en poner en la calle a forajidos y gentuza sin entrañas agarrándose a especiosidades chistosas: al uno porque dice sufrir depresiones en la cadena, al otro porque asegura estar enfermo y a otra -¡qué jueces tan cariñosos!- para que pueda quedar embarazada en un clima psicológico propicio.
Enternece tanta dulzura dedicada a asesinos asquerosos, aunque no tanto como el burladero que se han buscado jueces y políticos: el llamado Código franquista, un burladero de talanquera doble. La primera, esgrimida triunfalmente por pesoes y peperos, es achacar la reducción de penas a aquella compilación legal, por supuesto olvidando que si se aplicara aquel Código, hace años que se habría ejecutado al De Juana, con lo cual nadie se acordaría de él, ni estaría en situación de burlarse de nosotros. Demasiado arroz para tan poco pollo, pero habría sido así. Mas ya ni siquiera se trata de reimplantar la pena de muerte, tan sólo se reclama por parte de algún padre destrozado (los de Mari Luz Cortés o Sandra Palo, por ej.) o algún jurista consciente de sus obligaciones (hay algunos) que se instaure la cadena perpetua, y lo dicen a medio gas, en voz bajita, al aclarar: "revisable". No se atreven a pedirlo con rotundidad por la mala imagen que le han creado entre progres y tontines de la derecha, aunque, gran paradoja, una mayoría sustancial de españoles está a favor de imponerla a criminales especialmente repulsivos.
La segunda línea del burladero consiste en aseverar campanudos que "nuestro ordenamiento jurídico", o "nuestra Constitución", no admiten la posibilidad de cadena perpetua -como si fuese la palabra de Dios-, de forma que los escasos juristas que dan la cara se dedican a argumentar en terreno de leguleyos, buscando resquicios por los que colar la medida, en vez de cortar por lo sano y poner el asunto en los términos que entiende la gente a la perfección y en los que tendrían el apoyo popular: si hay que cambiar un párrafo, o dos, de la Constitución, se cambian, ¿dónde está el problema? Comentarios > Ir a formulario |
DESDE EXTRAMUROS Y EN LIBERTAD
Criterios plurales y no necesariamente unívocos, aunque coincidentes en un denominador común: el disenso. Disentimos del discurso cultural dominante y de sus cánones laicos que sustentan las relaciones de poder en el siglo XXI. Disentimos del pensamiento débil que deviene único merced a la ocultación de lo dispar. Disentimos de la inmanencia y del materialismo, hoy impuestos sobre toda idea arraigada en valores firmes y principios nobles. La nuestra es una vocación PI: políticamente incorrecta. Temas
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