SECTAS EVANGÉLICAS

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Juan Manuel DE PRADA
   Llevo casi un par de semanas por tierras hispanoamericanas, en una gira de promoción de mi última novela. Me está causando una hondísima impresión el auge de las sectas evangélicas por estas tierras; un auge que, según me cuentan diversos amigos, se ha producido en unos pocos años y que registra un crecimiento de adeptos en progresión geométrica. Algunas de estas sectas cuentan, incluso, con canales televisivos volcados en el proselitismo. Cuando vuelvo al hotel, busco estos canales, para poner a prueba mi capacidad de asombro. Aparecen en la pantalla unos sedicentes «pastores», híbridos de orate y vendedor de crecepelos, que enardecen a sus auditorios con una retórica de parvulario, aderezada de apóstrofes que los adeptos a la secta jalean con entusiasmo. La Biblia es usada en estas alocuciones como una especie de manual de autoayuda; la exégesis que se hace de ella es de una zafiedad tergiversadora que causa grima. Tarde o temprano, el sedicente «pastor» acaba llevando el agua a su molino: ofrece su prédica como una vía de éxito profesional; pero enseguida liga esa promesa de prosperidad a la satisfacción de un diezmo. Para legitimar la exacción, el sedicente «pastor» invoca citas cogidas por los pelos de los Proverbios o de Malaquías en las que Dios reclama a los creyentes las primicias de su trabajo. La prédica alcanza hacia su desenlace un clímax lisérgico: el sedicente «pastor» lanza proclamas rescatadas del repertorio de un charlatán de feria; los adeptos asienten, se entregan al llanto, se desgañitan, gritan alabanzas que más bien parecen imprecaciones. Al sedicente «pastor» le brilla el rostro con un sudorcillo atocinado y risueño.
   Tras la prédica se suceden unos anuncios con estética de teletienda en los que se ofrecen recetarios para la sanación del alma, colgantes con propiedades de talismán, zarandajas y bisuterías varias a las que se atribuyen poderes sobrenaturales. No faltan tampoco los llamamientos a quienes se sienten solos, incomprendidos, desahuciados; la propaganda de estas sectas evangélicas se dirige muy especialmente a las mujeres, a quienes seduce con promesas de plenitud espiritual entreveradas de morralla feministoide. Aparecen también un par de individuos ataviados con una indumentaria que se pretende similar a la de los sacerdotes, invitando a los espectadores a participar de no sé qué ceremonia que parodia la Eucaristía. Según me cuentan, una de las estrategias más empleadas por estos sacaperras consiste en infundir el espejismo de que sus celebraciones son aproximadamente católicas; de este modo, muchos neófitos ni siquiera tienen conciencia de haber abandonado la Iglesia.
   Le pregunto a mis amigos si entre los medios de comunicación pretendidamente serios y entre las élites intelectuales no han surgido muestras de alarma ante el auge de estas sectas. Me sonríen sarcásticos: los medios de comunicación pretendidamente serios y las élites intelectuales están demasiado ocupados arremetiendo contra la Iglesia católica. Aunque, por supuesto, contemplan con desdén el fenómeno, con ese tibio desdén que se destina a las faunas infrahumanas, lo toleran; y justifican esa tolerancia amparándose en la libertad de culto. Pero la razón verdadera de su transigencia es mucho más artera: de un modo retorcido, han hallado en el auge de las sectas evangélicas un formidable aliado en su designio de destrucción, que dirige su artillería contra la Iglesia católica. Durante siglos, el combate contra la Iglesia se presentó como una lucha contra el oscurantismo; ahora ya sabemos que el propósito de ese combate era muy diverso: se trataba de derrotar una fe religiosa sustentada sobre dos mil años de sabiduría acumulada, sustentada sobre una tradición cultural que ofrecía una visión concertada del mundo. Estas nuevas expresiones seudorreligiosas carecen de esa tradición, se alimentan del caos y actúan como arietes contra los baluartes culturales tan costosamente erigidos a lo largo de los siglos, dejando que sus adeptos chapoteen en un cenagal de ignorancia. Las sectas evangélicas se convierten, de este modo, en un instrumento más de ese designio de destrucción que guía a quienes desean instaurar una nueva forma de esclavitud.
10/05/2007 10:05. Autor: bitacorapi. #. Tema: Fe y Razón.

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gravatar.comAutor: moises

es importante que cada catolico pueda tener mas conociminetos de los ataque de estos hermano que quieren destuir la iglesia

Fecha: 20/11/2008 19:03.


gravatar.comAutor: daniel alves

Yo soy un sobreviviente del infierno evangelico, llevo 1 año y medio de tratamiento sicológico a causa de la manipulacion mental que sufri, por esta razon hago un llamado a todos los que ven este sitio a tener cuidado con los cultos evangelicos porque son sectas destructivas.

Fecha: 27/03/2009 17:22.


gravatar.comAutor: marga

Hola, Daniel Alves,por favor, me gustaria tener informacion sobre los cultos evangelicos, estoy preparando un trabajo y si no te importa me gustaria tu opinion sobre este tema. Saludos

Fecha: 13/05/2009 15:46.


gravatar.comAutor: jose

conosereis la verdad y la verdad os hara libres....yo soy el camino la verdad y la vida nadie va al padre si no es por mi dice jesucristo en la biblia...amigos no confies en el hombre ni en pastores mentirosos sin ver a jesucristo como salvacion

Fecha: 11/07/2009 10:19.


gravatar.comAutor: gustavo

los evangelicos destruyeron mi hogar a mi esposa le lavaron el cerebro y descuido lo mas importante que dios formo el hogar, para ellos yo era un poseido y por reclamar al pastor lo justo y verdadero mas se fanatizo mi esposa ahora estoy separado pero se que nuestro señor jesus tomara todo esto en cuenta,no soy vicioso ni irresponsable solo un padre que ama mucho a sus hijos y espera que esto cambie algun dia. que dios los bendiga hermanos

Fecha: 20/10/2009 01:02.


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