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Globalización

EN LA ANTESALA DEL GOBIERNO MUNDIAL

EN LA ANTESALA DEL GOBIERNO MUNDIAL

Adrián SALBUCHI

 

   Los Dueños del Poder Mundial enquistados profundamente dentro de los principales Estados y Gobiernos, están decididos a imponer sobre todo el planeta un Gobierno Mundial, a capa y espada… ¡Y cuanto antes, mejor (para ellos)!

   Invito al lector a evaluar doce ’mega-procesos’ que se están utilizando como ’disparadores’ geopolíticos para lograr ese objetivo. Esto ya lo anunciamos en un video a fines del 2009; lamentablemente, los hechos van demostrando que no estábamos errados [1].

   Pareciera que todos los caminos conducen al Gobierno Mundial. Ello no debiera sorprender a nadie. El prestigioso periódico británico Financial Times lo manifestó abiertamente en un artículo redactado por su comentarista en asuntos exteriores Gideon Rachman, el 8 de diciembre de 2008 [2]. Su título lo dice todo: And Now for a World Government (Y ahora vamos por un Gobierno Mundial). Esto es apenas un eco de lo que vienen pregonando desde hace décadas entidades decisorias del poder mundial como la Comisión Trilateral, el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), el Grupo Bilderberg e incluso, más recientemente, hasta el Vaticano.

 

   Empecemos por lo obvio: el gerenciamiento integral del planeta Tierra no es asunto simple. Requiere de planeamiento estratégico y táctico por parte de una vasta red de bancos de cerebros, aliados a universidades de élite, operando a través de ejércitos de académicos, lobbyistas, periodistas, políticos, funcionarios de Gobiernos y operadores de toda clase que interactúan profusamente financiados por la estructura supranacional de bancos y corporaciones.

   Operan de manera mancomunada y holística, diseñando y activando estos ’disparadores’ geopolíticos en diferentes áreas y planos, sabiendo que cada uno tiene sus propias características, dinámica y velocidad. Por ejemplo: 

Disparadores Financieros: se mueven a la velocidad de la luz, gracias a las tecnologías de la informática y las comunicaciones que permiten elevar o colapsar a mercados, monedas, economías nacionales y regionales en apenas horas o días.

Disparadores Económicos: se mueven más lentamente puesto que la fabricación de automóviles, aeronaves, alimentos, indumentaria o la construcción de viviendas, plantas e instalaciones demanda meses, si no años.

Disparadores Políticos: se encuentran sujetos al mal llamado ’sistema democrático’. Maniobran para posicionar, financiar e imponer a sus políticos y operadores en los máximos estamentos de poder de todos los Estados, desde cuyas estructuras impulsan durante años las medidas y leyes que favorecen los intereses de los Dueños del Poder Mundial.

Disparadores Culturales: suelen requerir de varias generaciones para implementar; es aquí donde la Guerra Psicológica ha logrado ’éxitos’ sin igual en la formación, conformación y deformación del imaginario colectivo, imponiendo patrones de comportamiento y pensamiento de efectos perversos y disolventes, con los catastróficos resultados sociales que tenemos a la vista. 

   La compleja administración por parte de los Dueños del Poder de todos los riesgos que abarca este proceso exige tomar en cuenta las trampas, peligros y sorpresas que el futuro depara. De manera que para cada uno de estos y muchos otros rubros, tienen preparados eventuales ’Planes B’ –incluso Planes C y D– que, de ser preciso, pueden ser rápidamente implementados. 

12 DISPARADORES PARA IMPONER UN GOBIERNO MUNDIAL


   Hoy, los Dueños del Poder Mundial están cerrando el proceso geopolítico que en su momento bautizaron con el nombre de ’globalización’, iniciado con el colapso de la antigua Unión Soviética hace poco más de veinte años. Pretenden reemplazarlo con un Gobierno Mundial forjado a su medida. Es así que nuestro mundo se encuentra transitando una peligrosa transición que va desde la prometedora ’globalización’ de aquellos días hasta el Gobierno Mundial que hoy nos amenaza.

   Algo análogo a lo que el filósofo alemán Federico Nietzsche describiera en su Así hablaba Zaratustra: “Un peligroso cruzar, un viaje azaroso, un peligroso mirar hacia atrás, un peligroso temblar y paralizarse".

   Estos 12 Disparadores se encuentran entrelazados y entrecruzados dentro de una matriz altamente compleja y holística, que es muy flexible en sus tácticas, mas rígidamente incambiable en sus objetivos estratégicos. Cuando se lo mira en su totalidad, este modelo de dominio planetario resulta mucho más que la mera suma de sus partes. 

   1) Colapso del Sistema Financiero Global. Desde el año 2008, el Sistema Financiero Global continúa en terapia intensiva. Grandes banqueros como Ben Bernanke, Timothy Geithner y el ’equipo SWAT’ financiero norteamericano (Robert Rubin, Larry Summers y los megabanqueros de Goldman Sachs, CitiGroup, JPMorganChase, Rothschild, Lazard, Warburg) operan junto a sus pares en el Banco de Inglaterra, Banco Central Europeo y demás bancos, sin haber tomado medida alguna para ayudar a las sufrientes poblaciones y a las economías devastadas por este ’cáncer’ financiero. Sólo pretenden ’resolver’ la crisis regalando billones de dólares a la elite bancaria e imponiendo el mito mediático de que ciertos bancos son “demasiado grandes para dejarlos caer” (que en su lenguaje eufemístico orwelliano significa que son demasiado poderosos como para dejarlos caer). ¿Por qué? Porque en el mundo industrializado no son los Gobiernos los que controlan, supervisan y monitorean a los Goldman Sachs, CitiCorp, HSBC, Deutsche Bank y JPMorganChase, sino que la realidad es exactamente al revés: son los megabancos los que controlan a los Gobiernos. 

   2) Crisis económicas. Hoy en día el ’Capitalismo Extremo y Destructivo’ se encuentra muy ocupado colapsando a las economías nacionales y regionales, para entonces reformatearlas como entidades crecientemente esclavistas; una suerte de gulag mundial que el propio José Stalin envidiaría. El problema del mundo no es la economía real global (que sigue mayormente intacta), sino la crisis terminal que afecta al mundo falso y artificial de las finanzas, los bancos y la especulación parasitaria y usurera. 

   3) Convulsiones sociales. Los colapsos en Grecia, Irlanda, Portugal, Islandia y – próximamente – Italia, España y otros, disparan violentos levantamientos y convulsiones sociales, aún en países como Estado Unidos y el Reino Unido, tal como sufrieron Argentina, México y Brasil en décadas pasadas. 

  4) Pandemias. Preparémonos para más ’sorpresas gripales’ que, convenientemente ingenierizadas, preparan el camino para las vacunaciones masivas obligatorias; una oportunidad discreta para introducir minúsculos chips RFID (transponders identificadores por radio frecuencia) en nuestros cuerpos y para probar ’virus inteligentes’ que tendrán como ’blanco’ determinadas secuencias de ADN. ¿Nos enfrentaremos a virus selectivos étnico-raciales como parte de campañas masivas de despoblación? 

   5) Calentamiento global. A medida que la economía global se hunde en el ’crecimiento cero’, los dinamizadores económicos pasan del crecimiento expansivo a la contracción del consumo. ¿Serán los nacientes ’créditos de carbono’ el futuro mecanismo de control social? 

   6) Mega-ataques terroristas de ’Bandera Falsa’. Los dueños del poder mundial mantienen esta carta comodín en sus mangas para detonar nuevas y gigantescas ’crisis’ que servirán de atajos hacia la imposición de un Gobierno Mundial. ¿Veremos nuevos ataques de este tipo que harán empalidecer a los ataques del 11 de septiembre 2001 en Nueva York y Washington? ¿Veremos la detonación de algún artefacto nuclear sobre alguna ciudad occidental, del que luego se culpará a los enemigos de los dueños del poder mundial? 

   7) Guerra generalizada en Oriente Medio. En estos momentos se alistan fuerzas aéreas, navales y terrestres occidentales para atacar a países como Siria e Irán. 

  8) ’Accidentes’ ecológicos y ambientales. El accidente nuclear en la planta ucraniana de Chernóbil en 1986 marcó el principio del fin de la antigua Unión Soviética al mostrarle al mundo y a los propios soviéticos que su Estado no estaba en condiciones de administrar de forma segura su infraestructura nuclear. En abril de 2010 vimos el enorme accidente ecológico de la plataforma petrolífera de la BP Deepwater Horizon en el golfo de México; luego, desde marzo de 2011, Japón y el mundo se enfrentan a un accidente nuclear aún mayor en el complejo nuclear de Fukushima Daiichi. ¿Hubo alguna jugada sucia en torno a estos accidentes? 

   9) Asesinato de figuras políticas o religiosas de alto nivel, de los que se culpará a algún enemigo de los dueños del poder. El Mossad, la CIA y el MI6 tienen vasta experiencia en este tipo de juego sucio. 

   10) Ataques contra ’Estados transgresores’. Ya lo vimos en Irak y Libia. ¿Quiénes serán las próximas víctimas? ¿Siria? ¿Irán? ¿Venezuela? ¿Corea del Norte, quizás? 

  11) Puesta en escena de un ’evento religioso’. La creciente necesidad de las masas de hallar algún significado para sus vidas la torna presa fácil de alguna supuesta ’segunda venida’ de un ’mesías’ electrónico, orquestada y armada por los técnicos de Hollywood con su realidad virtual 3D y hologramas. ¿Veremos la aparición repentina de algún ’ser superior’ electrónico y virtual que actuará en sincronía con los objetivos mundiales de los dueños del poder? En tal caso, ¿quién se atreverá a desobedecer al propio ’dios’? 

   12) Puesta en escena de un supuesto ’contacto con seres de otros mundos’. Puede ser que también se esté planeando algo por el estilo. A lo largo de décadas, grandes sectores de la población mundial han sido convenientemente programados para creer en la existencia de los ’alienígenas’: seres de otros mundos. También aquí puede que veamos la aplicación de tecnologías holográficas que fabriquen el supuesto aterrizaje de una nave espacial extraterrestre –¡en el jardín de la Casa Blanca, por supuesto!– destacando así la imperiosa ’necesidad’ que tiene la humanidad de disponer de una ’representación unificada’ ante los ’extraterrestres’. ¿Una justificación más para imponer un Gobierno Mundial? 

 

   ¿Qué tienen en común todas estas ’crisis’ interrelacionadas? El calentamiento global, las pandemias, el terrorismo internacional, el colapso financiero, la depresión económica, las convulsiones sociales y aún los contactos alienígenas? Todos sirven para demostrar que no pueden ser abordados por ningún Estado-nacional por sí solo, justificando así la necesidad de contar con un Gobierno Mundial. 
   Por todo esto y más, debemos mantenernos particularmente alerta, entendiendo las cosas como realmente son y no como los dueños del poder mundial y sus multimedios globales quieren que creamos que son. 



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[1] Video "Previsiones para 2010: Transición desde la Globalización hacia el Gobierno Mundial" – (15-Dic-09) – 
Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=Rc6zBeDawSI 
Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=DwyMp1Edld0
Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=NIz4sm-Rxlk
[2] http://www.ft.com/cms/s/0/7a03e5b6-c541-11dd-b516-000077b07658.html#axzz23zyTYyKY.

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EL TRASPLANTE DE ALMA

EL TRASPLANTE DE ALMA

Jorge ÁLVAREZ

   
   Ahora que ha llegado esta devastadora crisis, muchos sesudos analistas que hasta el momento se mostraban muy satisfechos con la España democrática que había abandonado la dictadura de forma ejemplar para abrazar la modernidad e integrarse en Europa, intentan buscar las razones que nos han llevado al desmoronamiento más absoluto.

   Lo primero que ninguno admite, es que nos hallamos ante un absoluto fracaso del régimen actual, o sea, el democrático que sustituyó al régimen anterior, la Dictadura de Franco.

   El régimen de 1978, por darle la fecha de la constitución, ha fracasado. El régimen democrático ha llevado a España a la situación actual, la más grave desde 1936, cuando otro régimen democrático estuvo a punto de acabar con ella.

   ¿Por qué hemos acabado así? 


   Las políticas económicas equivocadas, el despilfarro del régimen partitocrático y autonómico, el gasto improductivo desde el punto de vista de la racionalidad económica pero productivo desde la perspectiva electoralista, la cesión constante de soberanía hacia arriba y hacia abajo, la descomposición de la familia, la inmigración masiva, la caída de la natalidad… no son más que parte de una enfermedad con raíces más profundas.

   ¿Qué ocurre cuando a una nación se le hace un trasplante de su alma colectiva?

   En la época de Franco comenzamos a ver series de televisión y películas americanas. Recuerdo a mis padres, a mis abuelos, a mis tíos, con sus amigos, en tertulias relajadas, comentar con bastante sorna la forma de vida de los americanos. Unos tipos que se habían casado todos tres o cuatro veces, que bebían a escondidas sólo para olvidar problemas en tugurios oscuros en los que el “barman” hacía como de confesor, que andaban permanentemente estresados, que no tenían tiempo para nada y que iban regularmente al psiquiatra. Que tenían electrodomésticos impresionantes y unos coches que parecían portaaviones y que tenían que utilizar para todo, porque vivían en urbanizaciones muy coquetas pero en las que era imposible hacer nada sin el automóvil. 

   Nuestra España era un país católico, quiero decir, de impronta católica. Incluso los ignorantes que se cagaban en los curas, vivían como católicos. Era una España de familias amplias; no sólo porque se tenían muchos hijos, también porque los abuelos, los tíos-abuelos, los tíos, los primos, los sobrinos, ocupaban un papel importante. Las familias podían vivir con un sueldo, tenían cuatro hijos de media y además, ¡ahorraban! Casi nadie vivía a crédito ni intentaba aparentar lo que no era. Existían economatos, las amas de casa compraban productos frescos en los mercados de barrio a tenderos con nombre y apellidos a los que conocían y de los que se fiaban. Los hermanos pequeños heredaban la ropa de los mayores, con coderas y rodilleras incluidas, y eran felices. Las marcas no imponían su dictadura a unos padres que tenían bastante más sentido común que los de ahora… Y nadie tenía necesidad de acudir a un “loquero” para que le tratase ni le recetase antidepresivos.

   Para a una nación que entiende que la vida consiste principalmente en formar una familia feliz, trabajar para mantenerla decorosamente, ahorrar lo posible para el futuro y gozar del tiempo libre de forma placentera, sin necesidad de tener que pedir un crédito para pasar las vacaciones en Singapur, el choque que supuso la llegada del nuevo régimen en 1975 fue necesariamente brutal.

   En aquel momento, los gobernantes españoles, de consuno con los que mandan en el mundo democrático, decidieron que España necesitaba un cambio de alma. El trasplante de alma que ya se le había efectuado a algunos países de Europa desde Mayo de 1945. Pero el triunfo de la globalización y de la peor versión que podíamos concebir del proceso de unión europea después de la caída del orbe comunista a finales de los ochenta del pasado siglo, supuso una nueva ofensiva del proceso de uniformización de los espíritus bajo el molde del materialismo.

   En muy poco tiempo, sustituyeron el alma española, austera, recia y sin embargo alegre y optimista, y trascendente, como corresponde a las sociedades formadas por los principios católicos, por un alma judeocalvinista. 

   Las consecuencias de nuestro trasplante de alma están hoy a la vista. Nos han convencido de que debíamos vivir como consumistas compulsivos, de que la mujer debía liberarse de la jaula de la familia, de que la felicidad estaba en comprar lo mejor y lo más caro, de que la competitividad y la eficacia en el trabajo están por encima de todo… 

   De ser Católico-Romanos hemos pasado a ser judeocristianos, es decir, judeocalvinistas. Nuestros jóvenes beben como anglosajones, bailan como anglosajones, escuchan sólo la música de los anglosajones, visten como anglosajones y si no aprenden su lengua, les amenazan de que estarán condenados a la miseria y el ostracismo.

   El españolito de alma trasplantada ya se divorcia cada dos por tres, se pelea con su “ex” por la custodia y la pensión, acaba necesitando un psiquiatra para intentar sobrellevar el lío, toma antidepresivos, intenta trabajar cada vez más para poder pagar todo este follón y además poder comprar todas esas cosas que salen en la televisión y que si no tiene le hacen sentir que no es nadie, se traga horas y horas de programas de televisión que no son más que copias de programas americanos, compra en centros comerciales despersonalizados, come basura precocinada… 

   Como esos yanquis tan raros y grotescos que veíamos en la televisión en 1970.

   Seguramente no es casual que sean en general los países más alejados de la cultura protestante los que peor están saliendo parados de la devastadora crisis actual. Hemos claudicado, hemos aceptado y hemos querido vivir como calvinistas, pero no sabemos, no valemos o no podemos. Las consecuencias del trasplante de alma se están haciendo ver no sólo en España. No creo que sea casual que España, Italia, Irlanda, Portugal y Grecia (los griegos ortodoxos, tan alejados del materialismo como los católicos tradicionales), sean quienes peor estén digiriendo el empacho de globalización consumista que ha arrasado el mundo en las últimas tres décadas.

   El mundo árabe y musulmán, debería tomar muy buena nota de todo lo que está ocurriendo en Europa…

   El trasplante del alma que se le ha hecho a muchas viejas naciones para implantarles un espíritu ajeno a su idiosincrasia, está generando un monstruo inadaptado a su hostil entorno y condenado al fracaso, igual que el monstruo con cerebro trasplantado que imaginó Mary Shelley. Pero tal vez un día, surja un monstruo que se rebele con éxito contra el destino que otros le habían preparado. 

   La verdad, creo que me gustaría verlo.

¡NO ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS!

¡NO ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS!

Denes MARTOS


   En la campaña presidencial de 1992, el equipo de campaña de Bill Clinton inventó la consigna "(es) la economía, estúpido". Con ella consiguieron fijar exitosamente la atención de los votantes sobre los problemas domésticos, enfrentando a los republicanos de George H. W. Bush (padre) cuyo discurso estaba más orientado hacia la política exterior.  Con el tiempo, la frase se popularizó, la repitió todo el mundo, y desde entonces la usan sistemáticamente los que insisten en querer hacernos creer que la economía es el principal factor a tener en cuenta para cualquier consideración política.

   En realidad se trata de una transposición a la política del criterio típicamente norteamericano según el cual, si una empresa gana dinero, todo lo demás está bien. Correlativamente entonces se supone que, si la economía de un país funciona bien, todo lo demás es secundario.

   Y no es tan así. La prueba la tenemos en las ya reiteradas crisis que viene padeciendo el sistema capitalista global; crisis que no son tan estrictamente económicas como lo presentan habitualmente los economistas y quienes insisten en querer explicarlo todo en términos económicos.

 

   Por de pronto, lo primero que se me ocurriría puntualizar respecto de la actual crisis económica es que no es una crisis económica. Es una crisis financiera que arrastra la economía a un agujero negro, lo cual es algo muy distinto. Y no es la primera vez que lo hace; lo cual ya es grave porque de algún modo revela una pertinaz, obcecada, obsesiva, casi patológica insistencia en seguir haciendo siempre lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Como sabemos, ése es uno de los más inequívocos síntomas de la locura.

   ¿Se han vuelto completamente locos quienes dirigen la “superestructura” financiera mundial? ¿Habrá perdido la razón la plutocracia internacional? Cuesta creerlo. Un loco puede pegar manotazos de ahogado pero lo hace a tontas y a locas, completamente al azar, sin que se pueda establecer en ese comportamiento algún patrón de conducta. Por el contrario, los aparentes manotazos económicos de la plutocracia tienen – todos, y aun en medio del aparente caos – un objetivo bastante fácilmente detectable: el aumento del poder de los dueños del dinero mediante el aumento del poder del dinero.

   Contrariamente a lo que muchos afirman, la actual crisis no es un derrumbe y la plutocracia no está en retirada. A lo que estamos asistiendo es a una “reestructuración controlada” (si bien o mal controlada eso es lo que está por verse) del sistema económico mundial tal como éste quedó armado luego del proceso de globalización. Lo que el poder financiero está haciendo es una “huida hacia adelante” para lograr lo que Tomasi di Lampedusa describió en su momento como la estrategia de cambiarlo todo para que nada cambie.

 

   Durante las primeras décadas del Siglo XX, Nikolay D. Kondratyev, un talentoso economista ruso, estudió detenidamente el desarrollo económico de los últimos 240 años y llegó a la sorprendente conclusión de que, cada 40/50 años – en promedio – se detectan “explosiones” tecnológicas en Occidente que impulsan toda la actividad económica hacia nuevos horizontes. [1] Por ejemplo, así como en su momento la máquina de vapor revolucionó todo nuestro sistema de producción, luego lo hicieron el motor a explosión y más tarde la electricidad, los materiales plásticos, la energía atómica, la miniaturización y la electrónica.

   En los últimos 40/50 años el procesamiento electrónico de datos y el control de dispositivos mecánicos mediante unidades electrónicas programables y hasta “inteligentes” ha creado todo un nuevo mundo, parte del cual se ha dado en llamar “virtual” aunque en realidad no posea ni la mitad de virtualidad que muchos suponen.

   Entre las características más sobresalientes de esta nueva “tecnotrónica” se destacan, por un lado la velocidad y, por el otro, la capacidad de procesamiento. Es decir: la posibilidad de establecer en "tiempo real" el control centralizado y la consulta sobre enormes volúmenes de datos .

   Hace apenas unos 40 o 50 años atrás las transacciones financieras y los procesos industriales se registraban en fichas de cartulina o en planillas llenadas manualmente. Hoy es posible tanto consultar en tiempo real el saldo de una cuenta corriente como registrar y contabilizar los productos de una línea de producción robotizada. A la estructura financiera esto le abrió posibilidades completamente inimaginables para la generación anterior a la actual. Enormes sumas de dinero pueden hoy cambiar de mano a una velocidad literalmente cercana a la de la luz. El capital financiero se hizo “volátil” mientras la economía real – las fábricas, los talleres, las oficinas, las centrales de energía, los comercios – se mantuvo casi tan “arraigada” como hace cuatro décadas atrás. Y he resaltado la palabra "casi"porque la modularización de la producción real, con partes fabricadas en ciertos países y productos finales armados en otros, también ha modificado sustancialmente el criterio de las empresas “verticales” que tienden a integrar la totalidad de su producción. 

 

   No obstante y en todo caso, mover millones de dólares se hace en un par de segundos mientras que mover físicamente a toda una planta automotriz sigue llevando una buena cantidad de meses y hasta de años. En otras palabras: mientras el dinero vuela, la producción sigue mayormente corriéndolo desde atrás y de a pié. El capital financiero no tiene, así, prácticamente ningún límite en el tiempo y en el espacio; en cuestión de segundos puede cambiar de divisa, de banco y hasta de país con un simple "click" del mouse. A su vez, el capital físico puede ser subdividido en módulos complementarios algo más fáciles de mover de un lado para el otro que las pesadas y enormes fábricas de hace 50 años, pero aun así el capital tangible sigue todavía mucho más arraigado a su ubicación de emplazamiento que el dinero que lo financia.

   El que no ha seguido esta dinámica con el mismo ritmo, a pesar de una mayor movilidad en materia de comunicaciones y transportes, es el capital humano. El capital financiero vuela, el capital físico puede dado el caso viajar, pero el capital humano todavía se arrastra en comparación. Es cierto que turcos, africanos, hindúes y orientales migran a Europa así como también es cierto que muchos mejicanos migran a los EE.UU. El desplazamiento de personas se ha agilizado y aumentado – en algunos casos no sin causar serios conflictos etnoculturales. Pero, tomando por referencia a los ya 7.000 millones de seres humanos que poblamos el planeta, es bastante fácil ver que la “elasticidad del mercado de trabajo” – como le gusta llamarla a mis amigos economistas – no ha acompañado ni en la misma medida ni con la misma velocidad a la flexibilización de los demás factores.

   Esto es lo que le ha permitido a la plutocracia global explotar el enorme capital humano asiático. Un capital humano detrás del cual hay miles de años de aquiescencia fatalista y de resignación casi mística que el capital financiero ahora cree que puede explotar en profundidad. El éxito económico de países como la India y China no es más que la explotación sistemática de los recursos humanos y naturales que brinda un sustrato milenario de disciplina y obediencia.

   Lo que nadie ve – o nadie quiere ver – es lo que con alta probabilidad puede surgir a largo plazo de los efectos de la retroalimentación del crecimiento económico y tecnológico en estas enormes masas humanas.  Si alguien es tan iluso como para suponer que el Asia/Pacífico se está dejando explotar por la plutocracia occidental sin obtener un importante beneficio neto propio, ese alguien está condenado a sufrir un baño de realidad muy poco agradable dentro de relativamente muy poco tiempo. En especial cuando la tecnología espacial se convierta en un factor de poder mucho mayor de lo que es hoy y se produzca una nueva “explosión” tecno-científica disparadora de otro ciclo de aquellos que estudiaba Kondratyev.

 

   Mientras tanto, el capital financiero busca por todos los medios imponer en Occidente unas condiciones similares a aquellas que le permiten explotar a Oriente. Los Estados han sido políticamente desintegrados por la democracia y económicamente desmantelados por la llamada economía de mercado. La consecuencia, obviamente prevista, es que se endeudan rápidamente más allá de sus capacidades de pago y sus ciudadanos terminan en la decadencia económica, física, moral e intelectual.

   Al capital humano occidental ya no le queda más alternativa que elegir entre salarios reales declinantes o el desempleo liso y llano. Al Estado occidental, por su parte, se lo ha puesto ante la disyuntiva de abandonar la prestación eficiente de servicios públicos indispensables o endeudarse a tasas usurarias. Incluso, a decir verdad, el endeudamiento ya no es ni siquiera una opción; se ha convertido en algo forzoso. Las armas financieras electrónicas, apoyadas por medios masivos generadores de una histeria colectiva, han convencido a una enorme cantidad de personas de que, sin préstamos – es decir: sin una dependencia directa de la dictadura del dinero – lo que nos espera es el colapso total. 

   ¿Es cierto eso? ¿Es realmente inevitable la dictadura del dinero?

   No necesariamente. Lo es solo en la medida en que la política se mantenga en su actual papel de ejecutora de las medidas que convienen a los dueños de la economía. Mientras la política continúe siendo, por un lado, una herramienta para ejercer la demagogia frente a las masas al tiempo en que, por el otro, practica la obediencia bovina a los dictados de la plutocracia; mientras el acceso al poder político esté condicionado por las campañas electorales y éstas por el dinero que es necesario tener para financiarlas; mientras el voto de dos imbéciles valga más que el de una persona medianamente inteligente; mientras las decisiones políticas dependan de representantes y de funcionarios impunemente sobornables; mientras todo ello siga así, ciertamente el poder real estará en manos de quienes tienen suficiente dinero como para comprarse la política que necesitan. Ya sea directamente mediante la corrupción o el desvalijamiento de las arcas del Estado, o bien indirectamente mediante el chantaje y la extorsión.

   Pero la situación podría cambiar drásticamente si la política volviese a ser lo que nunca debió dejar de ser: una herramienta de poder soberana, ejercida en función de las necesidades de síntesis, planificación y conducción de la comunidad. Y una política así no es ninguna utopía irrealizable. Más allá de debilidades humanas e imperfecciones inevitables, lo que la política necesita para poner a la economía bajo control son estructuras de selección adecuadas, un plan estratégico coherente y un sistema de toma de decisiones basado en responsabilidades personales efectivamente exigibles.

   La democracia actual no admite ninguna de estas tres cosas. El proceso electoral democrático, tal como está implementado, es directamente contraselectivo: la política está plagada de arribistas, oportunistas y mediocres. Nadie puede afirmar que nuestros políticos constituyen lo mejor y lo más capaz de la población. Además, en la democracia actual es prácticamente imposible establecer y sostener un plan estratégico a largo plazo. Los políticos viven pensando en plazos electorales y en chances electorales. Todo lo que está más allá de eso, o no se relaciona con eso, sencillamente no les interesa. Y por último, no solo las decisiones de los cuerpos colegiados diluyen completamente las responsabilidades personales sino que la enorme mayoría de las decisiones políticas no es "judiciable" gracias a leyes que salen precisamente de esos mismos cuerpos colegiados constituidos mayoritariamente por abogados.

   Con una política boba, servilmente puesta al servicio del dinero, o fácilmente chantajeable con dinero, o concentrada dogmáticamente en el dinero y en lo que el dinero puede comprar, inevitablemente la economía predominará sobre la política. Para un verdadero cambio en profundidad bastaría tan solo con invertir los términos de la ecuación y subordinar la economía a decisiones políticas coherentes y racionalmente planificadas, tomadas con el criterio de promover el bien común y por políticos personalmente responsables de sus actos de gobierno.

   De modo que, si desean cambios de verdad, proclámenlo en voz bien alta: no es la economía, estúpidos.

   Es la política.

 

 


Notas 

 

1 )- Nikolai Dmitrievich Kondratyev, luego de colaborar en la elaboración de la "Nueva Política Económica" (1921/1928)  de Lenin — la cual, dicho sea de paso fue el único esquema económico que relativamente les funcionó a los bolcheviques — cayó víctima de las purgas soviéticas de los años 1930. Condenado a 8 años de prisión en un primer momento, terminó sentenciado a muerte y ejecutado en 1938. 
No obstante, su teoría cíclica sobrevivió y, aun cuando por supuesto no es una panacea, sirve para "ayudar a pensar" hasta el día de hoy. (Cf. http://kondratyev.com/ – (en inglés) – Consultado el 17/05/2012)

LENGUAJE Y POLÍTICA (II)

LENGUAJE Y POLÍTICA (II)

Alberto BUELA

 

   Desde los griegos para acá es sabido que el lenguaje político tiene una finalidad principal: disuadir, convencer, persuadir. Aquel que está en el uso del poder cuando habla busca, antes que nada y fundamentalmente, persuadir a sus receptores= futuros votantes, de que aquello que hace y propone es lo mejor, lo correcto, lo adecuado. Al mismo tiempo, su discurso siempre busca mostrar un compromiso de su parte, pero de tal forma sutil, que le permita no quedar existencialmente comprometido. Alguna vez hemos sostenido que: “el discurso político de la partidocracia de nuestros días puede resumirse como: un compromiso que no compromete” [1]

 

   Hoy que nos movemos, la mayoría de los países occidentales, dentro del régimen de las socialdemocracias, el lenguaje político se despliega en una concesión de derechos humanos infinita en donde la idea de límite es obviada totalmente. Este discurso de un prometer sin límites que “nos obliga a ser felices”, tiene por contrapartida para el hombre del pueblo el hecho bruto de una realidad cada vez más injusta y alienante. Así, en la Europa socialdemócrata ese hombre de pueblo tiene cada vez menos trabajo y en Nuestra América la falta de seguridad por parte de los gobiernos hace que los criminales lo cacen a uno como moscas (los muertos recientes en México, Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, nos eximen de cualquier comentario).

   Es que el lenguaje político del progresismo (ej. Zapatero) ha responsabilizado en el tema de la falta de trabajo a la gran cantidad de inmigrantes llegados a Europa y el tema de la inseguridad en Iberoamérica (ej. Correa) como un tema “de la derecha”. Cuando, en realidad,  los pobres son los que se quedan primero sin trabajo y los muertos americanos no son de las burguesías locales sino que pertenecen, la mayoría, al pueblo llano.

 

Cambio de los términos

 

   Ya no se habla más de revolución sino de cambio. El pueblo ha pasado a ser “la gente”. En Argentina, dictadura militar reemplazó a proceso militar del 76 al 83. Los derechos humanos suplieron a los derechos ciudadanos o civiles de antaño. Compañero o amigo reemplazaron a militante o camarada. El término liberación fue reemplazado por el de bienestar, el de pobre por el de excluido. La ironía hiriente a la puteada. La expresión grupos concentrados al de imperialismo. Dentro del aspecto gestual del lenguaje ya no hay retos ni suicidios. Claro está, el honor en el dominio de la política es algo que desapareció. La invasión del mundo light  y de la soft-ideología transformó los términos utilizados en el lenguaje político en meros significantes agradables al oído pero sin ningún contenido semántico. El discurso progresista tiene un solo y único temor: no aparecer antiguo y es por ello que siempre se presenta en la vanguardia.

 

Lenguaje y pensamiento

 

   Hace ya muchos siglos, ese gran lingüista que fue Alexander von Humboldt descubrió que los hablantes modelan la lengua y la lengua modela la mente, y así cada idioma fomenta un esquema de pensamiento y estructuras mentales propias. Es decir, que las lenguas proyectan un modelo de pensamiento. Y más acá un filósofo extraordinario como MacIntyre afirmó mucho más cuando dijo: “La semántica se está transformando en la filosofía primera… porque el vínculo entre el lenguaje y la creencia comunitaria es relativamente estrecho”.[2] Así, el esquema de pensamiento no es lo mismo en inglés que en castellano, en alemán que en árabe, o en chino que en guaraní. Esta enseñaza liminar, olvidada en el desván de los recuerdos, nos permite detectar la colonización lingüística de nuestros intelectuales según sea su mayor aproximación y uso de lenguas extranjeras en su expresión, pero paradójicamente, no nos dice nada del lenguaje político: porque nuestros políticos a gatas sí hablan la castilla.  

   La colonización de nuestros políticos no se produce por la lengua sino por el dinero que les permiten ganar, a título individual, los negocios con el extranjero o con los lobbies locales. Así, grandes concesiones de explotación, obras públicas, ubicación de bonos del Estado son los grandes agentes de la colonización de la política menuda, local o nacional.

   ¿Y el lenguaje político? Quedó reducido a un hablar por hablar sin decir que nada es verdadero o falso. Es un compromiso que no compromete. Es una infinita serie de promesas incumplidas e incumplibles. Es, en definitiva, una burla a la inteligencia media del pueblo llano.

 

   ¿Algún político nuestro, y eso que somos veintidós Estados-nación que hablamos la misma lengua, se ha ocupado alguna vez de defender la comunicación internacional en castellano? Leo con estupor en una revista especializada que “el español es el tercer o cuarto idioma más hablado del mundo” [3], cuando todo el mundo sabe que el inglés lo hablan alrededor de 450 millones de personas y el castellano unos 550 millones. Y eso sin contar, como observó el mayor sociólogo brasileño, Gilberto Freyre que: “el hombre hispano comprende, por lo menos, cuatro lenguas: el castellano, el portugués, el gallego y el catalán” [4] con lo cual si sumamos hoy al mundo lusoparlante llegamos a la friolera de casi 800 millones de personas de lengua hispana. Esta masa enorme ¿no es poder?

   ¿Por qué esta cesión gratuita en el orden internacional a la primacía del inglés y su dominio casi absoluto en las relaciones internacionales? ¿Por qué no postular el español como una lengua de trabajo internacional, habida cuenta de la facilidad de aprendizaje que ofrece su estructura, sobre todo a partir de la terminación vocálica abierta de la mayoría de sus sustantivos? Y además por ser una lengua que carece de idiotismos, tan comunes en el francés.  Por otra parte, y esto es lo que no ven los geopolitólogos franceses y sí los geopolitólogos de Itamaraty, la utilización del castellano como lengua de trabajo internacional termina fortaleciendo al francés y al resto de las lenguas romances (ej. portugués, italiano, sardo, occitano, catalán, gallego, rumano, etc.)

   Encuentro dos causas que pueden explicarlo. La primera es interna y se encuentra en la falencia de nuestros políticos hispanoamericanos por la falta de preferencia de ellos mismos, su mundo cultural y la expresión de esta ecúmene. Hasta tanto no nos prefiramos a nosotros mismos, nuestros representantes van a seguir imitando y, como un espejo opaco, van a imitar pero mal. Conozco un solo caso argentino en política internacional que fue el del presidente Roque Sáenz Peña, quien sabiendo perfectamente inglés, en el congreso panamericano de Washington se hacía traducir pues afirmaba: Tengo el sentimiento y el amor de mi raza, quiero y respeto como propias sus glorias en la guerra y sus nobles conquistas en la paz.

   La segunda de la causas es que la lengua es un lugar de poder y el poder de un idioma depende del poder que tienen aquellos que lo hablan. Y hoy los políticos hispanoamericanos no tienen ningún poder. Es decir, hacen política a nivel nacional y no poseen ninguna política a nivel internacional.

   En estos últimos años, en América del Sur han creado la Comunidad Suramericana de Naciones y la Unasur (Unión de Naciones de América del Sur) y lo primero que hicieron fue invitar a Inglaterra y Holanda (a través de Guyana y Surinam) a integrar su comisión directiva, con lo cual algo que podría llegar a tener, a partir de una comunidad lingüística  aunque más no sea, un peso relativo en la política internacional, se transformó en una experiencia frustrada más de las tantas que se han intentado desde esta esquina del mundo.

 

   Observamos el esfuerzo que está haciendo el gobierno brasileño donde todo su funcionariado habla cómodamente castellano, que no es en Brasil ni en las universidades brasileñas considerado un idioma extranjero, por aquello que afirmara don Gilberto Freyre, pero no vemos de parte del mundo político de lengua española ningún esfuerzo, proyecto o iniciativa que vaya en igual sentido. México se conforma con la explosión demográfica expulsando mejicanos hacia los Estados Unidos. La dirigencia colombiana y centroamericana adoptó el inglés en su uso internacional, mientras que Argentina y Chile con el cuerpo diplomático que tienen actualmente, y si seguimos así, van a terminar adoptándolo también.



[1] Buela, Alberto: Ensayos de Disenso, Ed. Nueva República, Barcelona, p. 102

[2] MacIntyre, Alasdair: Justicia y racionalidad, Ed. Internacionales Universitarias, Barcelona, 1994, p. 356

[3] Sberro, Stephan: El español dentro del TLCN, en Estudios-México, Nº 94, otoño 2010

[4] Freyre, Gilberto: A propósito del hombre hispano y su cultura, Cuadernos del Ateneo, Bs.As, 1969

LAS DIEZ ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

LAS DIEZ ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

Sylvain TIMSIT

 

1. La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales" (Armas silenciosas para guerras tranquilas).
 


2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

 

3. La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

 

4. La estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

 

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”).

 

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un cortocircuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

 

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas).

 

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que está de moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

 

9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

 

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

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EL INTERÉS GEOPOLÍTICO DE ESPAÑA

EL INTERÉS GEOPOLÍTICO DE ESPAÑA

Carlos MARTÍNEZ-CAVA

 

   Uno de los capítulos más bochornosos de esta crisis económica, moral e institucional que padece España es la confirmación de haber pasado a ser, abiertamente, un Protectorado de Estados Unidos y de Alemania. Tal parece que no habrá futuro si no se siguen al pie de la letra las recomendaciones y dictados de estas naciones.

   Al margen de todo tipo de juicios y responsabilidades de este Gobierno (y del anterior) en el actual estado de cosas, quizá deberíamos cuestionarnos el porqué de ese interés de Estados Unidos por redireccionar la política económica en un determinado sentido para evitar la quiebra de todo el sistema español. Y tratándose de Estados Unidos, el posicionamiento se ha de ver desde la altura, observando las fichas del tablero donde se juega la partida.

   No es la primera vez en que una sucesión de hechos parece que ocurren al mismo tiempo, pero ninguno de ellos ocurre por casualidad. En 1.980, es derrocado el gobierno liberal turco y toma el poder el Ejercito. En Grecia, ese mismo año, reintegra sus FFAA al mando militar de la OTAN del que habia salido en 1.974. En 1981, EEUU suscribe con Marruecos un tratado de venta de armamento. Que, en España, hubiera un Presidente propalestino y reticente a la entrada en organismos militares supranacionales, está en el origen de lo que sucedió el 23-F donde un curioso y pretendido golpe de timón deviene y precipita esa entrada en esos organismos internacionales.

 

   La situación económica e internacional que se está viviendo en estos últimos meses no invita a pensar en una rápida solución, sino a reflexionar, incluso, sobre las posibilidades de una Gran Guerra que coloque las piezas del tablero donde interesa estén a quienes tienen esa capacidad.

   Ya hay quien ha descrito los movimientos que podremos ver en ese tablero: a) Resolución de la crisis recesiva; b) Ataque militar a Irán; c) Ampliación del conflicto de Afganistán; d) Ocupación militar de Pakistán por EEUU; e) Conflicto armado en el Caucaso y f) Posibilidad de un nuevo “11-S” en territorio europeo que “justifique” una espectacular acción de guerra continental.

   Estados Unidos sólo puede satisfacerse del 25 % de sus necesidades energéticas. Europa es totalmente dependiente de gas y petróleo. Todo fluye desde Rusia. Y ésta nación se convierte en la ficha a mover junto con Irán para tener el control de las rutas y reservas del Golfo Pérsico y Medio Oriente.

   No se puede permitir una desestabilización en España. Su posición geopolítica es demasiado relevante al estar entre dos continentes.

   Quienes han diseñado las “medidas” que España debe adoptar para recuperar la confianza de los mercados, en ningún caso han pensado en las personas, en sus necesidades. Han diseñado la desestructuración definitiva sin tocar la organización territorial de España, auténtico cáncer y causa de la ruina y desigualdad de los españoles.

   Millones de españoles seguirán viendo con buenos ojos la tutela de Obama o Merkel pensando ver caer a Zapatero. Lo malo es que el sustituto seguirá al dictado el guión marcado.

   ¿Podremos abrir los ojos y darnos cuenta que el problema es la soberanía? ¿Qué lo realmente en juego en nuestro tablero somos nosotros, los españoles y nuestro papel en el mundo?

TERREMOTO MORAL

TERREMOTO MORAL

Juan V. OLTRA

 

   Un terremoto terrible en Haití nos ha hecho darnos cuenta a nosotros, mundo dicen que civilizado, de dos cosas al menos. La primera, de la terrible fragilidad del ser humano. La segunda, de que Haití existe.

   Antes del terremoto, Haití era ya el país más pobre del continente americano. Y si bien es cierto que esta desgracia natural ha colocado a sus habitantes en una situación aun peor, no lo es menos que dentro de unas semanas, nadie se acordará de la isla y de sus habitantes y, con nuestras conciencias mirando a otro lado, sea la wii, el carajillo del bar, la sempiterna serie de televisión, la corruptela de nuestra clase política o el último tinte capilar que la vicepresidenta use en su monte de venus, todo esto nos importará una higa.

 

   Así, aprovecho antes de que el tema se pase de moda para preguntarme en voz alta cómo es posible que en un mundo en el que existen tropas de intervención rápida, que pueden ocupar ciudades, países enteros en horas, se tarden cinco días en despejar un aeropuerto para que las ayudas en forma de comida, medicinas o cooperadores lleguen a donde más daño existe.

   Aprovecho para dudar sobre la necesidad de una clase política, a este lado del charco, y al otro también, que es incapaz de mandar al guano al Fondo Monetario Internacional, al capitalismo o al sursum corda si es necesario para lograr salvar siquiera una vida más.

 

  Una catástrofe así da lugar a mucha demagogia. Desde la barata, como la cubana "permitiendo" que los aviones de EE.UU. atraviesen su espacio aéreo para ir a la isla que fue emblema de la hispanidad, "La Española", hasta la cara de Obama que, al menos, con esto nos queda demostrado que no puede andar sobre las aguas.

   No faltan aquellos que, aun declarándose ateos 364 días al año, aprovechan estos momentos de tragedia para culpar al Sumo Hacedor. A mí esto me recordaba aquello que contaba Anthony de Mello, cuando dijo ver por  la calle a una niña casi desnuda y muerta de frío, con hambre acumulada y temblando. Lleno de cólera se dirigió a Dios: "¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo? Durante un rato Dios guardó silencio, pero aquella noche, de improviso, me respondió: Ciertamente que he hecho algo, te he hecho a ti".

 

   Somos nosotros, pues, los que tenemos que hacer algo. Pero no sólo por el terremoto, sino por lo que ya antes del terremoto, y seguramente después, vivirán allí: una vida peor que la de esclavos para muchos. Peor sin duda que la que vivieron en las encomiendas. No olvidemos que fue allí, justamente allí, cuando en la misa de domingo de adviento en diciembre de 1511, el Genio de España dio un paso que no hicieron los sajones hasta mucho después: reconocer la dignidad humana de los habitantes de esas tierras, con la voz del dominico Fray Antonio de Montesinos: "Estos, ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tan profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos?"

   Sí, son hombres; nuestros hermanos si lo vemos con un prisma cristiano, miembros de la única raza, la de los hijos de Dios, o, viéndolo desde un punto más laico, entonando alto y fuerte el "nada humano me es ajeno". Mirémoslo de la forma que sea, pero hagamos algo más que mirar: actuemos. Hoy, y mañana.

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EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LA SEGURIDAD DEMOGRÁFICA

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LA SEGURIDAD DEMOGRÁFICA

Michel SCHOOYANS

 

 

 

   La ambición de controlar la vida humana desde la concepción a la muerte es la máxima expresión del imperialismo integral, tal como hoy se manifiesta. Como vamos a ver, este imperialismo es metapolítico, ya que procede de una concepción particular del hombre. Las expresiones políticas y no políticas de este imperialismo no son más que las consecuencias perceptibles de esta antropología. Esto nos va a llevar a aclarar la dimensión totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todavía no se han mostrado en su totalidad.

   Para analizar la génesis de este imperialismo que está naciendo ante nuestros ojos, vamos a partir de la ideología de la seguridad nacional.

 

 

Hacia la globalización

 

 

 

   Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fría, enfrentamiento Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pacífica, deshielo, distensión, etc. Mas, con motivo de la crisis petrolífera de 1973, algunos círculos norteamericanos empiezan a percibir la importancia de otra división, la división Norte-Sur. El congreso de Bandung, en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las conferencias en la cumbre de países no alienados se imponen a la atención de los países industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino apreciable. Durante todo este tiempo, el diálogo Norte-Sur se organiza y se institucionaliza; los países del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.

   En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski había ya atraído la atención sobre el tema [1]. La crisis petrolífera de 1973 juega el papel de un catalizador: si los países productores de petróleo pueden organizarse y amenazar las bases de la economía de los países industrializados, ¿qué ocurrirá si los países pobres productores de materias primas deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los países ricos?

   Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski, transpone a la división Norte-Sur las recomendaciones que su hermano había aplicado antes a la división Este-Oeste. Y lo que es más importante, generaliza además, al conjunto del mundo, una visión cuyo alcance, en 1969, estaba limitado, provisionalmente, al continente americano. Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia explícita de Brzezinski, organiza la "Comisión Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Japón deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del que dependen los países industrializados para importar materias primas y energía, y para dar salida a sus productos [2]. Y el Tercer mundo está en plena expansión demográfica.

   La amenaza que pesa sobre la seguridad de los países ricos proviene, según ellos, de los países pobres. Las economías dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben devorarse entre sí, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus privilegios. Las empresas multinacionales aparecen aquí como un mecanismo esencial del sistema global de la dominación; llevan a cabo una industrialización que al mismo tiempo se encargan de limitar. Gracias a los centros de decisión y la metrópolis, hacen posible el control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del traslado de fábricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los que las desigualdades de retribución constituyen, a nivel mundial, un factor de división que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones, frenan el desarrollo económico de las naciones satélites. Por su parte, la investigación científica deberá intensificarse y concertarse para garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los países menos desarrollados. La alta tecnología será exportada con gran parsimonia, para que los países más avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producción sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los países de la era postindustrial.

 

¡Multimillonarios de todos los países, uníos!

 

   Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho urgente -se asegura- en razón de la interdependencia de las naciones. Pero lo que sucedía ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa rápidamente de la interdependencia a la dependencia. Todos los países, en efecto, no presentan un mismo nivel de desarrollo; en razón de su presencia y compromisos en todo el mundo, los EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misión de liderazgo mundial. A esta misión deben asociarse las naciones ricas y las clases ricas del mundo entero; la seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupación común y predominante de los ricos. Esta preocupación justifica, por su parte, la constitución de un frente común mundial, una unión sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este imperativo de seguridad común, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen sino una importancia relativa o incluso secundaria.

   Este frente común mundial sólo podrá articularse a partir de los EE.UU. y bajo su liderazgo. En razón de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Japón serán asociados, a título de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad común. Todo ese bloque constituido por las naciones ricas deberá esforzarse en controlar el desarrollo en el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el crecimiento, frenar la capacidad de producción y practicar el maltusianismo económico se imponen tanto más -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado por la contaminación. Y así, la justificación teórica del "crecimiento cero" vio la luz en 1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas generosamente financiadas por el grupo Rockefeller [3].

 

   Los países comunistas tampoco deberían quedar al margen de este proyecto de seguridad global. China merece una atención excepcional. Está probado -como ya hemos visto [4]- que la despiadada política demográfica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada e incluso estimulada por algunos círculos norteamericanos y occidentales inquietos por la aparición de un nuevo "peligro amarillo".

   Los países del Tercer mundo deberán, pues, aceptar un programa "global". Como los países ricos necesitan sus recursos, estos países en vías de desarrollo no podrán sentirse irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos métodos de explotación. Tendrán que admitir que su desarrollo habrá de hacerse bajo control; llegado el caso, podrá alabarse la virtud del compañerismo" podrán, por ejemplo, transferirse a su territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los países desarrollados. En cualquier caso, habrá que impedir que se organicen para esquivar la vigilancia de las naciones poderosas.

 

   De todas maneras, al igual que existen límites para el crecimiento económico, también los hay para el crecimiento político. Así lo subrayaba Samuel P. Huntington en un Informe para la Comisión trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos tenido que reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento económico. E igualmente, en política, existen unos límites potencialmente deseables para la extensión de la democracia política." [5] Estamos, pues, ante una formulación de alcance mundial del antiguo mesianismo norteamericano. Pero es indispensable señalar lo que esta formulación tiene de esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el concurso no sólo de las naciones más ricas, sino también de las clases ricas de las sociedades pobres. Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad. De lo que se trata, en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, más exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero también de la seguridad de los ricos de todos los países, a quienes se invita a constituir, bajo la dirección de los Estados Unidos, una unión sagrada cuya razón de ser y objetivo es el contener el despegue de la población pobre: "¡Multimillonarios de todos los países, uníos!"

   Así reinterpretada, la doctrina de la contención resurge como el Fénix renace de sus cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto universalista actual de los EE.UU. Europa occidental y Japón están asociados de manera especial a este proyecto a título de cómplices y de objetivos al mismo tiempo.

 

Una élite dominante internacional

 

   La preocupación por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ámbito se dividía en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente demográfica. Esta nueva doctrina exige la utilización de instrumentos de acción eficaces. Estos instrumentos son de orden político, educativo, científico, económico y tecnológico. La libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación será orientada o incluso anulada, y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos programas de investigación definidos por la minoría dominante [6].

   Esta minoría concederá una gran importancia al estudio de los problemas ecológicos, pues de ese modo será posible convencer a los países satélites para que se resignen a la austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" [7]. Esta misma minoría financiará las investigaciones sobre la reproducción, la fecundidad y la demografía, con el fin de desactivar la llamada "bomba P". Las universidades, convertidas en "repetidores", junto con los medios de comunicación, se encargarán de difundir por todo el mundo, dramatizándolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases ricas [8]. El programa de acción será conciso. Se pondrá de relieve la escasez de materias primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos serán presentados como necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la población habrá de calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.

 

   De esta forma se reúnen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a un régimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotación del pueblo norteamericano por una minoría norteamericana [9]. En la actualidad, el pentagonismo se ha universalizado y la minoría dominante se ha internacionalizado. Esta minoría estará constituida por "personas con recursos", que se sentirán halagadas al ser admitidas en grupos "informales", más o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables. Esta minoría se arrogará la misión de regentar el mundo y tendrá bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, ya sean cómplices o utilizados como instrumentos involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No será necesaria la constitución de instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos: una vez que haya adoptado la ideología de la seguridad demográfica, esta "élite" se apresurará a recurrir, con gran aplicación, a la táctica de la infiltración.

 

   Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jurídicos y políticos apropiados. En cuanto una "élite" acepta su propia "colonización ideológica", esta misma "élite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.

 

Del Estado al Imperio totalitario

 

   El imperio que está ahora construyéndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la historia. El fascismo, el nazismo y el comunismo soviético son ejemplos perfectos de totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del yo en todas sus dimensiones: física, psicológica y espiritual [10]. Requiere de los individuos una sumisión perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreación, la familia y la educación a un control muy estricto. Más concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del niño. El Estado totalitario que conocemos en la historia actual se esfuerza, pues, en sustraer al niño de la influencia familiar y le proporciona una educación integral. Este Estado inhibe la capacidad personal de juicio y de decisión; instaura una policía de ideas; culpabiliza y adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideología, organiza el culto del jefe e instituye una nueva religión civil.

   La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en trampolín de un proyecto imperialista. La misión este Estado particular será definida y `legitimada’ mediante la ideología totalitaria. El Estado particular no sólo es conocido, sino enaltecido. Y finalmente, una ideología supuestamente científica precipita en las tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma. El proyecto imperialista y totalitario que está tomando cuerpo ante nuestros ojos incrédulos presenta unas características totalmente asombrosas si se le compara con las que marcaron los sueños imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente tiene de increíble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemonía de un Estado particular. Tampoco es la emanación de una coalición de Estados y, lo que es más, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que está construyéndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima de las fronteras, por la internacional de la riqueza.

 

   Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este imperialismo de clase, nadie sabe quién decide ni quién es responsable. El lenguaje parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es anónimo, impersonal y secreto. El productor del mensaje ideológico está oculto. No cabe, pues, someter el discurso al juicio personal: está listo para el consumo: frío, objetivo e imperativo. Evidentemente, aún cuando estén ocultos, el discurso es producido por sujetos, y éstos lo producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor de la ideología rompiera el secreto que le ampara, no podría seguir reivindicando la impersonalidad y la objetividad puras. La dimensión subjetiva, utilitaria, interesada, hipotética de su discurso se pondría inmediatamente de manifiesto. El alcance supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `científicas’ con que se reviste, aparecerían en seguida como lo que son: un engaño. El productor de ideología debe, pues, guardar el secreto: es omnipresente, pero inaprehensible.

   De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el núcleo del discurso. No existe diálogo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo discurso está, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de engaño de la persona que lo emite. El lenguaje, que debería ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierte en el medio por excelencia de la posesión de los demás. Como el sujeto productor de discursos no dice nunca quién es realmente, todo lo que dice está tachado de disimulo y engaño. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia y la voluntad de los destinatarios de las mismas. Este discurso violenta a las personas que lo reciben, reduciéndolas a la condición de receptáculos pasivos de una verdad venida de fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esotérico. De un saber supuestamente científico, cuya revelación ha sido hecha a sus iniciados, según éstos creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel mesiánico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la felicidad...

 

   Pues ¿qué nuevos territorios quedan todavía por conquistar? Las nuevas fronteras del imperialismo ya no son físicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creación, de salvación y de amor.

   Nos encontramos así, en el nuevo imperialismo, ante la tercera característica del totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya hemos dicho, este nuevo imperialismo está desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradición totalitaria clásica: divulga una ideología donde se encuentra, según ella, el fundamento de su `legitimidad’.

La ideología de la seguridad demográfica

 

   La ideología en cuestión es la ideología de la seguridad demográfica [11]. Según palabras de Marx, la ideología presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede siempre de una falsa conciencia. La ideología esconde siempre los intereses de sus autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideología, no pasan de ser hipotéticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble condición, que corresponde, a su vez, a la doble función que se espera de la ideología. Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideología las verdaderas razones de su propio discurso. La ideología está aquí al servicio de la mala fe del ideólogo. Concretamente, la ideología de la seguridad demográfica es una intelectualización que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso. Por otro lado, esta ideología tiene por función el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las mujeres que se hace abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados’ para que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienación.

   De esta forma, la ideología de la seguridad demográfica significa el inicio de una doble perversión. Del lado de sus autores, engendra la doblez; son ellos las primeras víctimas de la racionalización que confeccionan. Y como le colocan a su construcción ideológica la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcción la luz que podría sacarles de la prisión espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la propia sumisión y les confirma en su alienación. Hasta el presente, nos encontramos ante la más peligrosa ideología imperialista totalitaria que ha conocido el mundo.

¿Una nueva humanidad?

 

   Pero esto no es todo. La perversión esencial de esta ideología, de que son víctimas tanto sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por antífrasis: al mal le llama bien. Se niega la trasgresión de la ley moral; la conciencia individual sólo puede referirse a sí misma o, más exactamente, a los intérpretes autorizados de la trascendencia social que le dicen lo que puede desear o debe querer.

   Esta ideología sirve de fundamento a las instituciones políticas y jurídicas que le sirven. El derecho, por ejemplo, que debería, por definición, aplicar sus esfuerzos a la instauración de la justicia para todos, es objeto de una manipulación ideológica en provecho de la minoría dominante constituida por la internacional de la riqueza. Mas si, como individuos, los miembros de la minoría dominante son generalmente inaprehensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el espíritu que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse fácilmente remontando desde la ideología que produce y desde los destinatarios de la misma.

   El discurso ideológico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo. Empieza afirmándose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios. Este principio es ‘liberador’ se nos dice, porque Dios impide la autonomía del hombre y su felicidad. Así pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta condición, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los iniciados.

   En este nacimiento, el papel de algunos médicos ‘ilustrados’ será determinante y, al mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponderá el denunciar las ‘creencias pasadas’, ‘precientíficas’, así como los ‘tabús’ que acompañan a dichas creencias. Son ellos quienes definirán esta tarea, pero su misión se fundará sobre la afirmación e esos mismos postulados [12]. Necesitan una ideología para ‘legitimar’ su papel, pero son ellos los que definen el contenido de dicha ideología. Los tecnócratas médicos que regentan el nuevo imperio no se avergüenzan de semejante petición de principio. Pretenden que el objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demográfica, pero es el imperativo de la seguridad demográfica el que se supone que funda la `legitimidad’ de la tecnocracia.

 

   Con el apoyo valeroso de los demógrafos, los tecnócratas se disponen a asistir a la humanidad en el parto del ’sentido’ de que su evolución es portadora. Están llamados a ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social más que del individuo [13]. Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida; en penetrar en la política con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la concepción tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensión amorosa y la dimensión procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad la gestión de la vida humana, desde la concepción a la muerte; en proceder, con ello, a una selección rigurosa de los que serán autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que aquí se reactivan con energía y se integran en un cuadro lúgubre y mortífero.

   Y en estos temas predominantemente neomaltusianos vienen a injertarse otros temas maltusianos clásicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no sólo una selección cualitativa; requiere igualmente la determinación de unos límites cuantitativos. "Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificación realmente eficaz de la población mundial es condición indispensable para la supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una trágica desproporción entre los recursos vitales y el crecimiento de la población.

 

Una nueva religión civil

 

   La ideología imperialista pretende ser una ideología de oclusión de toda trascendencia que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente hipotético, en el sentido que ha sido explicado más arriba: es el reflejo de la voluntad de los que lo emiten [14]. Tiene una función utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es útil para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos. No tiene ningún valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresión más reciente de la antigua tradición cientificista, con una formulación orientada en provecho de las ciencias biomédicas. Sólo los métodos de esas ciencias pueden proporcionarnos -se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y sólo estas ciencias pueden aportar al hombre la respuesta a sus interrogantes más radicales.

   Este discurso cientificista ignora toda posible búsqueda filosófica -y con mayor razón teológica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una referencia creadora común a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es inútil considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la fraternidad deja de ser posible y no hay una participación en una existencia recibida de un mismo creador. Sólo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una nueva religión civil ha nacido, un nuevo ateísmo político, un nuevo reino, cuyas divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesión y saber. Los que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que están justificados para ejercer un papel mesiánico. En ellos se encuentra en efecto, tanto la medida de sí mismos como la de los demás.

   Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres. Hay que programarlos física y psicológicamente; hay que planificar su producción y su educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente, y contar con la búsqueda del placer. Pero al mismo tiempo, habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.

 

   Este discurso ideológico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad y la capacidad de acción en las personas, ejerce además la misma influencia en el plano de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente desastrosas. Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demográfico. Junto a esa consideración cuantitativa, se insinuará también, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues, llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien general. El uno y el otro recomiendan que el número de pobres sea calculado en función de la utilidad que representen [15].

   Porque según la ideología que estamos examinando, la utilidad es el criterio único que debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia. ¿Produce o consume bienes? ¿Produce beneficios o placer? Si las respuestas son negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que, de ser útil lo seguirá siendo siempre, el ser humano constituye así una amenaza permanente para la seguridad de sus semejantes.

El panimperialismo totalitario...

 

   Finalmente, y lógicamente, la ideología de la seguridad demográfica tiene por fundamento y término el punto de referencia único de la muerte. La ejecución del niño por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto más cuanto que la materialidad de esta ejecución se realiza de manera furtiva [16]. El niño abortado es la víctima propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi rival, es un obstáculo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la pobreza, el obstáculo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: está de más; hay que suprimirlo.

   Pero no se trata aquí de una violencia de menor cuantía, o de una violencia simbólica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la mitología. El niño muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado para proteger la cohesión de la comunidad humana [17]. Es ejecutado sin que la violencia sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la víctima propiciatoria. El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido que justifica la rebelión contra el Padre. Por lo tanto, el niño al que se mata significa la destrucción del Padre Su ejecución no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha más violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que es más grave, una de las funciones de la ideología es la de disimular esa violencia ilimitada sustrayéndola al control de la razón. Así pues, la legalización del aborto señala la inminencia del retorno de un delirio irracional, disimulado bajo el camuflaje engañoso de una ideología de autoprotección.

 

   La ideología neoimperialista de la seguridad demográfica puede, pues, considerarse bastante cercana de la ideología nazi; es, en realidad, en más de un sentido, una extrapolación de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como un nacional-socialismo, en el neoimperialismo actual los métodos se han refinado. No se trata ya de un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o predominantemente económico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un imperialismo de naturaleza claramente totalitaria. Los ideólogos han hecho un esfuerzo notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideología se ha hecho más importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fenómeno nuevo: el panimperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de los cuerpos.

 

...y "metapolítico"

 

   Y finalmente, como su inspiración directa es la forma más reciente del cientificismo, este panimperialismo es de naturaleza metapolítica: se esfuerza en hacer triunfar una nueva concepción de la vida humana en la que ésta sólo tiene sentido a la luz de la trascendencia social. El panimperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la concepción particular del hombre que está por encima del ámbito de lo político. En nombre de esa antropología, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son necesarias para su poder: políticas, científicas, económicas, informativas, jurídicas, militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como por hipóstasis, hasta los confines de la tierra.

   El Estado totalitario clásico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder está limitado por el poder de los demás Estados. Se encarna en un príncipe (o un gobierno) que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible agresión y, por lo tanto, destruible. Aquí, en cambio, la revolución parece imposible, pues el príncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El imperio metapolítico aspira a una supremacía incondicional e incondicionada; no quiere conocer o reconocer ni iguales ni rivales.

 

   Los medios de comunicación, que tienen una función de información, tienen también, en el marco de este proyecto totalizador, una función de ocultación indispensable. No se toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no serán tomados en serio. La información ha de ser tratada según los intereses de los que la producen y según los gustos de los que la consumen. La colonización de la opinión debe tener efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo único que de verdad importa es la seguridad de los pudientes; los débiles no tienen precio: los ricos pueden, pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.

   Los proyectos de la legalización del aborto no son, en suma, como hemos visto, más que la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.

 


Citas:
[1]. "Between two ages. America’s role in the technotronic era", Harmondsworth, Penguin, 1978. Nuestra exposición de las ideas de Brzezinski sigue muy de cerca esta obra.
[2]. En francés, la "Trilatérale" ha sido estudiada sobre todo en "Le Monde diplomatique". Véase, por ejemplo, de Diana Johnstone: "Les puissances économiques qui soutiennent Carter", no. 272 (noviembre de 1976), pp. 1,13 y ss.; de Jean-Pierre Cot: "Un grand dessein conservateur pour l’Amérique", no. 282 (septiembre de 1977), pp. 2-3; de Pierre Dommergues, "L’essor du conservatisme américain", no. 290 (mayo de 1978), pp. 6-9.
[3]. Cfr. "Halte a la croissance".
[4]. Cfr., más arriba, p. 163.
[5]. Cfr., de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, "The crisis of democracy", Nueva York, New York University Press, 1975, p. 115.
[6]. Cfr. "Between two ages", pp. 9-12 y ss. Comentando las ideas de Brzezinski al respecto, Anthony Arblaster escribe: "It is depressing enough that intellectuals should be willing to accept the roles which Brzezinski foresees for them specialists [...] involved [..] in government undertakings and house ideologues for those in power-. But the subordination of intellectuals to the state and its requirements does not occur only at the individual level. There is a strengthening tendency for the institutions within which [...] most intellectuals now work, also to be shaped according to the particular political priorities of a particular government" ("Ideology and intellectuals", en: Knowledge and belief in politics, de Benewick y otros, pp. 115-129; la cita es de las pp. 123 y s.)
[7]. Alusión a la obra de E.F. Schumacher, "Small is beautiful. Economics as if people mattered", Nueva York, Perennial Library, 1975.
[8]. Cfr. Daniel Bell, "The end of ideology. On the exhaustion of political ideas in the fifties", Nueva York-Londres, Free Press Paperback, 1965.
[9]. Véase, de Juan Bosch, "El pentagonismo, sustituto del imperialismo", Madrid, Crónica de un siglo, 1968, y especialmente: pp. 18-21.
[10]. Sobre el totalitarismo, véase, de Jean-Jacques Walter, "Les machines totalitaires", París, Denoel, 1982; de Igor Chafarevitch, Le phénomene socialiste, París, Seuil, 1977; de Hannah Arendt, The origins of totalitarianism, Nueva York, Meridian Books, 1959.
[11]. Por su postura en materia de demografía, la Iglesia constituye una amenaza para la seguridad nacional de los EE.UU. Ésta es la tesis presentada con gran fuerza por un autor al que difícilmente puede tacharse de excesivo progresismo: Stephen D. Mumford, en: "American democracy & the Vatican. Population growth & national security"", Nueva York, Humanist Press, 1984. Complétese con: "Role of abortion in control of global population growth", de Stephen D. Mumford y Elton Kessel, en: "Clinics in obstetrics and gynaecology", t.13 (marzo de 1986), p. 19-31; sobre Kessel, véase, de L. Weill-Halle, L’avortement de papa, p.53.
[12]. Cfr., más arriba, p. 176.
[13]. Cfr., p. 123.
[14]. Cfr., más arriba, p. 112-118.
[15]. Cfr., pp. 166 y 178-181.
[16]. Cuanto menor es la percepción que de la víctima tiene el verdugo, menor es el control que éste tiene de su agresividad. Cfr., de Stanley Milgram, "Soumission a l’autorité. Un point de vue expérimental", París, Calmann-Lévy, 1984.
[17]. Cfr., de René Girard, "La violence et le sacré", París, Grasset, 1972.

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