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Bitácora PI

KOSOVO Y LA ESTUPIDEZ ESPAÑOLA

KOSOVO Y LA ESTUPIDEZ ESPAÑOLA

Vicente BLANQUER

 

   La independencia de Kosovo debería a los españoles hacernos reflexionar en términos de razón de Estado y dejar de concebir la política en términos religiosos como si existiera una Iglesia internacional de la democracia.

   Belgrado y Washington han armado el Ejército de Liberación de Kosovo y han alentado el separatismo albanokosovar, satanizando al nacionalismo serbio para forzar a Serbía a romper con su tradicional política de amistad con los paises eslavos de cultura greco-ortodoxa, como Bulgaria y Rusia, obligando a la República Serbia a lanzarse en las garras de la Unión Europea. Claro que, si se le niega a un país tanto la posibilidad de tener su propia política como la de hacer valer su autoridad en el interior de su país o mantener su integridad territorial, ¿en que se diferencia, en ese caso, la condición de miembro de la condición de protectorado? ¿En qué se distingue la unión voluntaria de la anexión? Y si la condición de protectorado no difiere en esencia de la de súbdito a lo mejor es porque el proyecto europeo no resulta tan fascinante como sostienen los intelectuales españoles pagados por Bruselas.

 

   Recuerdo que en el día de la independencia de España hemos asistido abochornados a la prohibición del himno español en favor del himno europeo. ¿Casualidad? ¿Acaso los políticos españoles han recibido sugerencias de tono parecido relativas a los problemas vasco y catalán y de ahí no ese raro consenso sino la absoluta unanimidad en la apuesta por Europa? ¿Acaso el apoyo del parlamento europeo a la negociación con ETA debe ser asumido lacayunamente por el pueblo español? ¿Por qué no se es honesto y se dice que una democracia que pretende representar a varios pueblos, en el fondo no representa a ninguno, más que a unos intermediarios que fungen de árbitros absolutos? Y como todas las comparaciones resultan odiosas no estaría demás recordar que el alentar una minoría separatista para forzar una unión no deseada nos retrotrae a la crisis checa de 1938 cuando Hitler alentó al separatismo sudete para propiciar y obtener la adhesión "voluntaria" de Bohemia y Moravia al Reich por parte del doctor Hacha.

   ¿Tendrán nuestros políticos e intelectuales la presencia de ánimo y el coraje necesarios para denunciar la política de Bruselas, o incluso para reconsiderar nuestra adhesión a las Unión Europea? Porque si la Unión Europea no garantiza la supervivencia de España quienes sí creemos en España no veremos en la Unión Europea más que un doloroso accidente que deberemos sacudirnos, como en su día lo fue el califato, el imperio carolingio o el imperio napoleónico.

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