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Bitácora PI

MILICIA, GÓNADAS Y PSIQUIS.

MILICIA, GÓNADAS Y PSIQUIS.

Jorge GARCÍA-CONTELL

  En 2004 José Antonio Gordo, que había servido anteriormente como cabo a bordo de un buque de la Armada española, se reincorporó a su puesto tras dictaminar un tribunal médico que su recién estrenada apariencia femenina no era causa de inaptitud. Se le facilitó una elegante falda blanca para su uniforme de gala y nueva documentación militar extendida a nombre de María del Mar, que sin duda es nombre adecuado a su puesto en las Fuerzas Armadas. En 2002 el agente de la Guardia Civil Juan Carlos Romero, hijo de guardia y con cuatro hermanos más en el benemérito Cuerpo, pidió licencia para iniciar un tratamiento hormonal y someterse a una operación para extirparse los genitales y la nuez amén de acrecer sus pechos. Hoy ha vuelto al servicio, con el nombre de Alba, tras dictaminar la Guardia Civil que la ausencia de testículos no mengua su aptitud.

 

  No soy profesional de la milicia y no me atrevo a opinar sobre si la presencia de unas determinadas gónadas aporta eficacia al tripulante de un navío en alta mar o si, por el contrario, su ausencia incapacita para salvaguardar el orden público. No; sólo soy una persona normal. Normal significa “sujeto a las normas”. A las normas de la naturaleza por ejemplo, o si ustedes lo prefieren de la biología.

 

 

  En 1990 la Organización Mundial de la Salud, plegándose ante la presión formidable del lobby rosa mundial, dejó de calificar las conductas homosexuales como patológicas. Existen, y siempre existieron, personas que afirman sentir su psiquis prisionera de un cuerpo que no les corresponde. En el siglo XXI la cirugía extirpa cartílagos e implanta glándulas a gusto del cliente, precisamente por ser cliente y no paciente. Antes se ha determinado que es en el cuerpo donde se halla la tara, el error. Pero la vía quirúrgica, la amputación y recreación de órganos, a la que hoy denominamos “transexualidad” no pasa de ser el fruto técnico de una convención social. Convención enteramente anormal, porque la ley natural y la ética caminan de la mano y no pueden disociarse caprichosamente pues los resultados de la arbitrariedad en estas materias suelen ser nefastos y, no pocas veces, monstruosos. Lo reconozca la OMS o no, lo afirme Agamenón o lo niegue su porquero, cuerpo y espíritu en el ser humano son de imposible escisión y la psiquis de cada individuo es adecuada a su estructura física y simultáneamente condicionada por ella. Si un sujeto se siente preso en un cuerpo inadecuado no padece un alteración física sino psíquica, mientras los sentimientos no surjan en los testículos sino en la mente.

 

 

  La tolerancia universal, también conocida como pensamiento débil, suele equiparar la transexualidad con la obesidad, patología incuestionablemente física, sin reparar en que la anomalía de esta última viene determinada por la no adecuación del cuerpo a sus proporciones y funciones biológicamente naturales. No es éste el caso que nos ocupa. Los transexuales poseen una estructura física biológicamente normal, perfectamente funcional y operativa que, sin embargo, rechazan con vehemencia. Más que con la obesidad, tal vez habría de compararse con la anorexia, hoy por hoy catalogada como patología psíquica. Al menos tanto en cuanto los médicos sean incapaces de mantener con vida a mujeres adultas que deseen pesar menos de cuarenta kilos; si algún día esta aberración llega a ser factible tal vez asistamos a la vindicación del derecho, digámoslo así, a la levedad física.

 

  Insisto y concluyo: desconozco por completo si era acertado o erróneo en la Guardia Civil equiparar la carencia de testículos con demérito de las virtudes castrenses. Simplemente me inspira una gran tranquilidad encomendar el uso de las armas sólo a personas psíquicamente equilibradas.

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2 comentarios

F.H. -

Ahí nadie habla de encerrar. Se habla de normalidad y de anomalías. La normalidad no es igual a "corriente", ni "usual". Y, aunque así lo fuera, la transexualidad tampoco sería normal porque ni es usual ni corriente. Afortunadamente.

Teo -

Encerramos a los transexuales en un manicomio o que? Y de paso a todos los que queramos llamar anormales, supongo.
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