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¿DE VERDAD EL ENEMIGO ES EL ESTADO?![]() José Javier ESPARZA (El Manifiesto)
El Estado es un monstruo, cierto. El más frío de todos los monstruos fríos, decía Nietzsche. El terrible Leviatán que caracterizó Hobbes. Claro que sí. Pero esa cualidad monstruosa no descansa en el Estado en sí, ni es algo que pertenezca en exclusiva al Estado. El Estado es un aparato: una burocracia, una organización de poder. Como corresponde a todo poder, siempre intentará ocupar todo el espacio disponible. Así fue en el pasado, cuando suplantó a las comunidades naturales. Pero no es imposible ponerle freno: los hombres siempre han sido capaces de hacer frente a Leviatán –a veces, es verdad, a costa de su propia vida-. Dominar al monstruo ha sido uno de los grandes retos de la modernidad; nunca se ha resuelto el problema por completo, pero hoy estamos asistiendo a la agonía de los Estados, desmantelados por la globalización. Prevenir contra el poder del Estado, hoy, aquí, tiene algo de danza macabra: bailamos sobre un cadáver. Lo que de verdad importa El poder del Mercado, Behemoth, puede ser más terrible que el del Estado, Leviatán, porque es menos controlable. El Estado se asienta en leyes y normas; fija un campo de lucha y tampoco oculta que lo que está en juego es el poder. Por el contrario, el Mercado se asienta en una supuesta espontaneidad de agentes libres, tiende a rehuir normas y leyes (salvo la sacrosanta ley del mercado); no fija un campo de juego, sino que pretende extenderse a todos los campos, y oculta su lógica de poder bajo la nube de humo de la búsqueda de felicidad. Pero cuando el Mercado se extiende a escala planetaria, entonces es cuando todas las caretas caen: lo que de verdad contemplamos no es la emancipación (la libertad de los individuos), sino la dominación (la sumisión de la vida entera de las personas). Comentarios > Ir a formulario
Cierto. De ahí el lema carlista de MÁS SOCIEDAD Y MENOS ESTADO (o mercado) Feliz Navidad Fecha: 24/12/2007 12:58. |
DESDE EXTRAMUROS Y EN LIBERTAD
Criterios plurales y no necesariamente unívocos, aunque coincidentes en un denominador común: el disenso. Disentimos del discurso cultural dominante y de sus cánones laicos que sustentan las relaciones de poder en el siglo XXI. Disentimos del pensamiento débil que deviene único merced a la ocultación de lo dispar. Disentimos de la inmanencia y del materialismo, hoy impuestos sobre toda idea arraigada en valores firmes y principios nobles. La nuestra es una vocación PI: políticamente incorrecta. Temas
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